Pasar al contenido principal

Opinión

Hugo Prieto

La primera pregunta abrió el espacio para que Luis Zambrano Sequín, profesor de Economía de la Universidad Católica Andrés Bello y de la Universidad Central de Venezuela e Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, trazara un recorrido, necesario y obligado, por el devenir de una sociedad que por más de 100 años ha vivido del petróleo. Hubo crecimiento sostenido y posibilidades, aunque no siempre bajo un régimen político democrático. La estatización del petróleo y el cambio estructural que produjo en la administración política, además de la falta de una cultura ciudadana se combinaron para abrirle las puertas a un falso discurso que ha desembocado en el desastre que vivimos actualmente.

El petróleo, a pesar de su abundancia en el subsuelo, no ofrece los recursos necesarios para apuntalar el crecimiento. El país, de acuerdo a Zambrano Sequín, va a tener que entregar la renta petrolera a inversionistas privados que estén dispuestos a arriesgar recursos, entre otras cosas, porque no hay instituciones ni estabilidad política. Ese es el precio que hay que pagar por darle alas al populismo del señor Hugo Chávez.

La economía venezolana es como esos televisores que repentinamente se quedan en blanco, sin señal. Es sólo eso: Un parpadeo incesante. No hay una continuidad y las investigaciones de economistas como Héctor Malavé Mata, Ricardo Hausmann o Asdrúbal Baptista, por mencionar a unos pocos, son cosa del pasado. ¿Estamos viviendo la peor crisis económica en la historia de Venezuela?

Haciendo un poco de historia diría que durante la época colonial la economía de lo que entonces era Venezuela tuvo una estabilidad generada por el dominio de imperio español, que además duró siglos. Posteriormente, Venezuela se enfrentó al cisma de la Independencia, inducida por la invasión napoleónica a buena parte de Europa, incluida España. Ese cisma produjo un caos político profundo que generó una crisis severa en lo que fue la sociedad venezolana. Es el intento de construir un Estado nacional sobre algo prácticamente inexistente y en medio de una diatriba sobre el modelo político a seguir. En eso se nos fue el siglo XIX que termina, como se ha dicho tantas veces, con la muerte de Juan Vicente Gómez, pero también con la conversión de una pobre economía agrícola en una importante economía petrolera. Ese hecho tuvo un impacto tremendo en Venezuela, desde la integración política y territorial, hasta la creación de un país urbano. Consolidar ese país, que fue de la mano con la madurez de la industria, nos lleva a la primera mitad del siglo XX y luego a algo más de dos décadas de estabilidad, de crecimiento sostenido, y a gobiernos que ciertamente no eran del todo democráticos.

¿Cuál sería el carácter de la economía venezolana durante la segunda mitad del siglo XX?

Surgió un país nuevo, basado en la industria petrolera, cuyos ingresos impactaron las finanzas públicas, con un sector privado que funcionaba con bastante autonomía que aportaba al fisco, al Estado. Un Estado que no tenía mayor injerencia en la actividad económica en general, que se dedicó a crear infraestructura, equipamiento, pero lo que no tuvimos, justamente, fue un liderazgo político que acompañara todo ese proceso con instituciones sólidas.

Uno podría asociar la democracia al ciclo de vida de Rómulo Betancourt. Se echaron las bases, pero el edificio estaba por construirse. Había más sueños que realidad y el liderazgo que tomó el testigo parece que no tenía un plan para llegar a la meta ¿Pedirle a Betancourt que dejara como legado una sociedad como la de los países nórdicos no es acaso un exabrupto? Es cierto, faltó liderazgo político, ¿Pero qué más faltó?

Faltó un liderazgo político, en el sentido de la construcción de ciertos aspectos de la sociedad, que estamos pagando y vamos a pagar muy caro. Probablemente no se hizo un esfuerzo más consistente en la educación ciudadana. Allí hay un déficit muy importante y eso va de la mano con la creación de instituciones. Me refiero a instituciones sólidas que pudieran dirimir los conflictos sociales de una manera más eficiente. Pero quizás no hubo el tiempo suficiente para crear esas cosas. Otro factor, que produjo un cambio importante en la economía venezolana, es la estatización del petróleo. Se empoderó el Estado de una manera muy significativa. Se generaron una serie de incentivos en el mundo de la política, en el mundo de la gerencia pública, que trajo como consecuencia que desde el Estado se empezaran a introducir una serie de rasgos que inhibieron, considerablemente, el desarrollo del sector privado. Digamos, como un sector realmente empresarial.

Ese desequilibrio no es propiamente un factor atribuible a las variables económicas —al empleo, al gasto público, al ahorro, por ejemplo— sino a una particularidad, a una especificidad muy de la economía petrolera venezolana. ¿Usted cree que ese ingrediente, por llamarlo de alguna manera, fue el que desencadenó esta crisis?

El hecho de que el Estado pasara a asumir la propiedad y la gerencia del sector que había sido la causa fundamental de la modernización y la construcción de la Venezuela post agrícola, implicó un cambio que tiene que ver con el devenir posterior.

¿Qué tiene más de negativo que positivo?

Sí, pero no por el hecho de que estas riquezas pasaran a manos del Estado, sino básicamente por la manera, por la forma, en que se gerenció ese Estado. Es decir, el hecho de que esas riquezas pasaran a ser administradas por venezolanos no es por definición una condena en el futuro. Pero ciertamente, hubo un cambio estructural con la imposición de controles, y la injerencia del Estado en la vida económica tienen mucho que ver con lo que estamos viviendo.

Es cierto, por fin se cumple la profecía de Betancourt en “Venezuela Política y Petróleo”: El Estado venezolano pasa a ser el gran actor de la política petrolera. Pero allí está el germen del cambio estructural que menciona, allí está el germen de los controles y las intervenciones. ¿No hubo una profundización de ese factor al aprobarse la Constitución del 99, la más presidencialista, la más estatista de América Latina?

La doctrina de Betancourt tampoco es que se desarrolla desde la nada, hay un contexto internacional, un contexto ideológico y político determinado, donde la aspiración de la dirigencia política venezolana, que se genera después de la muerte de Gómez, es justamente el deseo de independizarse, de controlar los recursos de la nación, reducir la relevancia de las empresas petroleras internacionales. Allí hay elementos de todo este discurso antiimperialista y muy nacionalista. ¿Qué ocurre? Que el Estado, ahora todopoderoso, pasa a regular todos los aspectos de la vida económica, a hacer del sector privado un sector rentista, un apéndice del Estado, buscador de protección, muy distante de lo que es el concepto de un empresariado innovador que además arriesga.

Sí ya el sector privado, de alguna manera, estaba inserto en la economía mundial y actuaba con autonomía o independencia del Estado, ¿cómo fue que se entregó sin disparar un tiro?

Así como teníamos una dirigencia política… bueno, también teníamos una dirigencia empresarial probablemente pobre, que miraba más sus negocios que los intereses del país, que miraba más el corto plazo que el largo plazo. Y aún más, la renta petrolera era de tal magnitud que tener acceso a ella se convirtió en el negocio más rentable del país. Sí tenías que invertir en una nueva maquinaria, en una nueva tecnología versus invertir en un ministro, en un senador o en un diputado que pudiera pasar una regulación, un subsidio que te favoreciera, pues invertir en un funcionario ofrecía una rentabilidad, estrictamente hablando, mucho más alta que arriesgarte con un nuevo proyecto.

En medio de la crisis financiera del año 94, el gobierno anunciaba la intervención de un banco y se desataba el pánico, el público corría a retirar su dinero en las agencias bancarias. Ahora se anuncia una medida similar y no pasa nada. Las pocas señales de vida están en el sector público, en lo que haga o no haga el Estado, lo demás no cuenta. Hasta allá ha llegado el poder del Estado.

La injerencia del Estado en la vida económica del país no es un fenómeno del chavismo, eso viene de mucho antes. Tiene muchísimo que ver y se profundizó con este cambio estructural que produce la estatización del petróleo, digo estatización porque hay que ser precisos en eso. Esa estatización no sólo tiene que ver a lo interno, sino que va acompañada de cambios en lo internacional. Es decir, una vez que se produce la ola de estatizaciones a escala mundial, conocemos el shock de los precios del petróleo —el embargo petrolero árabe de 1973— que cuadriplicó los precios del barril y eso trajo como consecuencia una recesión en la economía mundial que duró casi una década. Casi todos los países petroleros se endeudaron, si no todos, porque fueron mucho más allá de los recursos que obtenían por la venta del petróleo. Venezuela terminó en una profundísima crisis debido a que no pudo digerir bien la renta petrolera.

¿Usted no cree que el año 83, el viernes negro, para ser más preciso, fue una oportunidad para darle un vuelco a esa situación?

La crisis del 83 no sólo es consecuencia de la estatización sino de todo lo que afectó el mercado petrolero mundial. Obviamente, eso afectó al Estado y afectó al país y prácticamente va a paralizar la economía interna. Allí hubo una posibilidad cierta de acabar con esa crisis.

De acabar con esa noción del Estado mágico. ¿Está de acuerdo?

Quizás si hubiese habido más claridad sobre lo que implicó la estatización y la necesidad de corregir un conjunto de errores que eran ya visibles se pudo diversificar la economía venezolana. La administración de la crisis fue muy ineficiente.

No solamente deficiente, diría que vergonzosa. El Estado venezolano, bajo el gobierno de Jaime Lusinchi, fue el único en América Latina en reconocer la deuda externa privada.

Exactamente, pero lo que quiero decir es que esa crisis va a tener efectos que se van a prolongar a lo largo del tiempo, porque resquebraja las expectativas que había en el país. Incluso la actitud de muchos empresarios. Se produjo una fuga de capitales de la cual no nos vamos a recuperar jamás. Ni siquiera en el reciente boom petrolero, por todas las razones atribuibles al chavismo y también de índole política. La crisis financiera de los 90 es hija de esa crisis. El sistema financiero venezolano acompañó el boom petrolero y se sobredimensionó ciertamente. En lugar de aplicar una política que corrigiera ese sobredimensionamiento de manera progresiva a la nueva realidad del país, que era muy diferente, no se hizo lo necesario y al final explotó la crisis financiera de la forma más cruda.

Venezuela surfeó la ola en los picos más elevados del precio del petróleo. La estrategia fue correr la arruga y nos anclamos en esa noción del Estado mágico, del Estado que todo lo puede. ¿Cómo fue que en medio de la crisis del año 98 no se hizo nada?

La crisis, insisto, fue la consecuencia de un boom petrolero extraordinario y no lograste administrar el ajuste que significó la caída del precio del barril. Además, tenías una deuda externa tremendamente alta. ¿Qué vas a tener? Problemas de inestabilidad que, en algunos momentos, se va a mostrar con mucha más crudeza que en otros, en una economía absolutamente incapaz de retomar el crecimiento.

Los economistas dicen que la economía avisa primero y luego viene la crisis política.

Normalmente tienes un rezago entre el momento en que estalla la crisis y cómo luego esa crisis se va expresando en términos de empleo, en términos de ingresos, incluso, en términos institucionales y políticos. El caso venezolano es clarísimo. El boom petrolero, sobre todo el primero, produjo que los venezolanos se dotaran de activos. Del rancho de cartón pasó al rancho de bloques. Pudo tener un televisor, una nevera, un carro. Estalla la crisis, pero tú todavía tienes esos activos. Porque el televisor, por ejemplo, no se echa a perder de la noche a la mañana. El salario cayó pero no tuve que reponer el televisor. ¿Pero qué ocurre a la vuelta de tres o cuatro años? Que el televisor se dañó y ahora no tengo cómo reponerlo. Me quedé sin televisor. Entonces las crisis, sobre todo las crisis sociales, se producen con un rezago.

Llega el año 98, el ascenso de Chávez y otro nuevo boom petrolero. El Estado, gracias a la Constitución del 99, la más presidencialista y estatista, termina por asfixiar la economía del país.

¿Pero Chávez que significa? Chávez es el populismo llevado a uno de sus extremos en un escenario ideal marcado por una sociedad que se ha estancado, que no ha crecido, porque tiene problemas distributivos, problemas de empleo crónicos, una economía que no es capaz de reaccionar y una falta evidente de hacer políticas económicas. Ahí es donde el populismo que representa Chávez tiene la probabilidad de hacer metástasis y llegar al poder, con un discurso montado sobre falsas promesas, sobre un falso diagnóstico que, para cualquiera que tuviera un mínimo de educación ciudadana, resultaba obvio que era imposible de cumplir.

Era obvio, pero eso fue lo que ocurrió.

Yo creo que esa es la expresión más clara de una sociedad que no tenía una ciudadanía con la suficiente educación política, como para entender las graves implicaciones de ese discurso y unas instituciones extremadamente débiles que no pudieron ni contrarrestarlo ni evitar la toma del poder. Para establecer un parangón, el populismo hoy en el mundo está resurgiendo como consecuencia de una crisis de la civilización occidental, crisis que está muy relacionada, entre otras cosas, con la globalización, la cuarta revolución tecnológica y la inteligencia artificial, que están afectando enormemente las estructuras sociales, el mercado de trabajo y la vida cotidiana en general. Lo de Venezuela fue un preanuncio, pero por razones muy diferentes. ¿Cómo se defienden las sociedades occidentales, si es que se defienden? Mediante las instituciones. En Inglaterra, por ejemplo, el señor Boris Jhonson cierra el parlamento y hay un tribunal que le dice: Usted está equivocado. El señor Trump enfrenta la amenaza de un impeachment.

En el papel, Venezuela tiene unos activos. Un aparato productivo, unas fábricas industriales paralizadas, pero esos activos están obsoletos y a lo mejor es mejor que no los tuviera. La economía venezolana está en el piso.

El populismo de Chávez consiguió la manera de afianzarse y desarrollarse. ¿Qué hace el chavismo? No solamente controla fácilmente todas las instituciones sino que además potencia en extremo la intervención en la economía, con la finalidad de consolidarse en el poder. Y lo hace por dos razones: O bien para anular cualquier amenaza que pudiera poner en peligro ese poder, o bien para someterla a su voluntad. Y esa es, básicamente, la estrategia de Chávez con relación al mundo empresarial venezolano.

Si esa era la intención, el resultado está a la vista. Este es un país en ruinas. ¿Qué se puede reconstruir en medio de este desastre?

En buena medida, creo, que no se trata de una reconstrucción sino de una construcción.

¿Qué se puede construir entendiendo que la continuidad del actual modelo está garantizada?

El modelo chavista se levantó sobre la base de una renta petrolera muy elevada, cuyo nivel mínimo requerido fue creciendo en la medida en que se destruía la capacidad interna de producir. Y eso ocurrió no sólo en el sector privado sino también en el sector público. Se fue deteriorando el equipamiento, la infraestructura, las empresas del Estado colapsaron, casi desde cualquier punto de vista y, por supuesto, la inversión privada en equipos y capacidad de producción mermó muy rápidamente por décadas. Es decir, la industria que tenemos o que teníamos, ciertamente es obsoleta por falta de inversión, que sólo podía mantenerse con subsidios, energía y mano de obra barata y créditos prácticamente gratis. Es la única forma de mantenerse, porque si no has invertido allí, ¿cómo te haces competitivo? Todo eso se podía mantener por vía de subsidios generalizados que llegaban por todas las vías posibles. Y, además, con un mercado cautivo que, en buena medida, lo representaba el propio Estado. Es decir, si con esa industria y con ese empresariado es que pensamos retomar el crecimiento sostenido, ciertamente no vamos a llegar muy lejos.

¿Bajo este régimen no le ve ninguna posibilidad a la economía venezolana?

Ninguna. Bajo el régimen chavista la economía funcionó y sigue funcionando, sólo si tiene una sustentación financiera importante, básicamente fundamentada en el petróleo.

Vamos a utilizar la imagen del enfermo terminal. La familia se reúne y dice. Hay que desconectarlo, porque de esta no sale. ¿Eso es lo que está planteado aquí?

La economía chavista, repito, cada vez más sustentada sobre una renta petrolera mínima, ya no es posible, entre otras cosas, porque el mercado petrolero mundial cambió y de forma radical y eso lo vamos a seguir viendo de forma progresiva. Ya no nos ayuda. Pero, además, nuestra capacidad de producir petróleo se ha reducido en forma dramática. Hoy está, y con dudas, en un millón de barriles diarios. Llegar a las cifras que teníamos en 2012, que ya eran cifras mermadas, cuesta muchísimo dinero, que el petróleo ya no ofrece. Eso sólo es posible, en el mejor de los casos, si cambias radicalmente el escenario donde se está moviendo la sociedad y la economía venezolana.

La gente pudiera sospechar que el señor Maduro no quiere sacar los dólares a la calle, que hay que aguantar hasta que se produzca un nuevo boom petrolero. Pero a nadie le importa la verdad y decir que esto ya no es posible. Pudiera ser como en Japón, como en Corea, después de la II Guerra Mundial, cuando la gente trabajaba a cambio de un plato de comida. ¿Hemos llegado a ese punto?

Obviamente, el nivel del salario real en Venezuela está muy por debajo de cualquier salario que se pudiera obtener en ocupaciones equivalentes, no sólo en América Latina sino en cualquier parte del mundo. Ya hay publicaciones que señalan que el salario en Venezuela está por debajo de países que se consideran miserables. ¿Cómo se puede recuperar el salario y llegar a niveles socialmente aceptables? Para poder seguir produciendo petróleo se necesitan cifras impresionantes. ¿Cómo se va a hacer eso, si el Estado no tiene ni la capacidad ni los ingresos para hacerlo? La única manera de hacerlo es con inversión privada extranjera. Pero nadie va a invertir aquí sin pedir una rentabilidad alta, entre otras cosas, porque este es un país inestable que tiene una gran cantidad de defectos, de desequilibrios. A mayor riesgo, mayor rentabilidad. Así es como funcionan todos los negocios. ¿Eso qué significa? Que el Estado va a tener que entregar la renta petrolera al inversionista para que pueda producir.

¿De qué vamos a vivir?

Ahí es donde interviene el tema del salario. El país necesita invertir no sólo en petróleo, sino en servicios, en energía, en acueductos, en vialidad, en comunicaciones, hay que reconstruir el sistema de salud y restablecer las redes educativas. Eso cuesta dinero. Los venezolanos no pensábamos en esas cosas, porque se creía que había un Estado para hacerlo. Pero ya eso no va hacer así. El Estado venezolano está condenado a ser un Estado pobre y a vivir de los impuestos a la renta y al valor agregado, la renta petrolera se va a minimizar. No hay otra manera, si queremos recuperar la industria petrolera. Pareciera que no tenemos otra opción porque es lo único que tenemos a la mano.

¿Todo eso pasa por el cambio político?

Bueno, ¿Por qué? Si yo quiero inversión extranjera, si el Estado no puede jugar el papel que jugaba antes y ahora tengo que contar con un sector privado que debe asumir los espacios que antes ocupaba el Estado para que esta sociedad pueda funcionar, pues obviamente, yo tengo que cambiar todo, prácticamente, en materia regulatoria, este país tiene que cambiar sus instituciones y todo eso pasa por un cambio en la administración política.

Empezar desde cero pudiera tener su atractivo. ¿Podemos sacar algo positivo de todo esto?

Yo creo que Venezuela tiene un reto. Es un país que sigue teniendo recursos. Afortunadamente, el petróleo pudiera jugar un papel importante en las próximas dos décadas en el mercado energético mundial. No es mucho, pero es una opción. Hemos perdido recursos humanos importantes y en la medida que alarguemos este proceso, donde no se ve ningún cambio, cada día se pierden más recursos humanos, no porque se fueron, sino porque se enraízan en los países donde migraron.

La gente cree que el cambio es de una cara conocida por otra, de una clase política por otra… no caballero, el cambio es de otra naturaleza, de otro carácter y de una magnitud diferente.

Hay que crear instituciones y para poder aspirar a salarios socialmente aceptables tienes que tener un país creciendo en forma sostenida, con un empresariado fuerte y capaz, con estabilidad política y algo que ofrecerle al capital internacional porque vamos a depender más que nunca de eso para poder recuperar el aparato productivo.

 16 min


Cuando hablamos del desarrollo nos referimos a los procesos económicos, sociales, culturales y políticos que conducen a la realización de la mayoría de los miembros de una sociedad, procesos que son protagonizados por las personas ejerciendo su libertad, apalancándose en sus propias capacidades y en la cooperación con otras personas.

Tres consideraciones basadas en este concepto son importantes para definir el rol que debería jugar el Estado en las iniciativas futuras de desarrollo que acometa Venezuela. La primera es que los protagonistas del desarrollo son los ciudadanos y no el Estado, quien debe dar apoyo sin pretender ser el actor principal de los procesos; la segunda es que las capacidades humanas son palancas fundamentales de los procesos involucrados y por lo tanto ameritan estrategias para su creación y consolidación; y la tercera es que -por lo tanto- no basta definir el rol del Estado en la economía, hay que definirlo en el conjunto de los procesos del desarrollo.

En el marco de las consideraciones anteriores, hay que realizar un conjunto de reformas institucionales que son particularmente importantes para apoyar el éxito de las estrategias de creación de capacidades y las de reconstrucción del tejido social.

Se trata de las reformas que constituirán los marcos regulatorios de la Nueva Economía, incluyendo las que son indispensables en el proceso de transición a la democracia; las reformas que son requeridas para apoyar la creación de un nuevo sistema de seguridad social, aquellas que más ayudarán a maximizar los impactos reales de la educación en nuestro desarrollo, las que serán sustento de las políticas dirigidas a fortalecer el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, y aquellas que darán soporte a la estrategia de reconstrucción del tejido social, incluidos la Reconciliación con Justicia y el Pacto para el Progreso de Todos y la Superación de la Pobreza.

Tomando en cuenta lo dicho, el Estado no debe limitar su papel en el desarrollo a proteger los derechos económicos de los ciudadanos. Él tiene mucho que aportar creando condiciones propicias para que las personas acumulen capacidades y ejerciten con éxito las libertades de emprendimiento económico, social, cultural y político, y para que los resultados de las iniciativas beneficien a toda la sociedad.

Lo que no debe hacer el Estado es asumir el protagonismo de iniciativas que corresponden a los ciudadanos y que ellos pueden acometer por sí solos, y menos aún impedir a estos ejercerlo. Por lo tanto, la regla general debe ser que el Estado no ocupe los roles del empresario que invierte, arriesga y concurre a competir en los mercados de bienes y servicios, y que sólo actúe como productor en servicios sociales como la salud y la educación, o en servicios que implican grandes inversiones en externalidades que no pueden desarrollar por sí solos los privados, casos en los cuales debe preferir la actuación en alianzas público-privadas.

Solo en casos excepcionales debería el Estado asumir el rol de empresario, nunca con reserva exclusiva de la actividad que realice, y siempre sujeto a leyes especiales y sistemas regulatorios que impidan que su rol limite indebidamente las iniciativas de los actores privados. Ese podría ser el caso de la producción de hidrocarburos, un tema que amerita un debate amplio y sustantivo que lleve a una estrategia de consenso en el futuro.

Caben basicamente tres clases de acciones del Estado para dar esos aportes en el nuevo estilo de desarrollo. La primera es proteger la vida, la integridad personal y los derechos de todo tipo de los ciudadanos y garantizarles seguridad jurídica y acceso a la justicia; la segunda es crear oportunidades para que todos ellos puedan acrecentar sus capacidades humanas, por ejemplo a través del acceso sin discriminación ni barreras a la educación de calidad, la seguridad social, los servicios de salud y los mercados de financiamiento. La tercera es crear externalidades que favorezcan la eficiencia de las iniciativas que emprenden los ciudadanos, como por ejemplo la promoción de la competencia y la provisión de infraestructuras que incrementan la productividad y la competitividad de la economía.

El Estado puede dar aportes de los tres tipos a través de la creación y la supervisión de marcos regulatorios, como son los conjuntos de leyes y reglamentos que gobiernan la descentralización o la competencia, o de la implementación de políticas activas, como son por ejemplo las políticas de educación, de estabilización macroeconómica y de fomento a la innovación tecnológica.

 3 min


Jesús Elorza G.

El largo camino recorrido para llegar al Mundial de Atletismo en Doha, Qatar, desde su comienzo, estuvo plagado de hechos poco transparentes que llevaron a pensar que detrás del “Espíritu Deportivo” de los solicitantes, estaba presente el “Negocio Fácil” de ponerle la mano a grandes sumas de dinero que girarían alrededor del evento.

Cuatro siniestros personajes resaltan en esta historia de corrupción deportiva que, llevada a la realidad del atletismo, pudiéramos decir que fueron los artífices ganadores de una importante “Medalla de Dólares” en el Relevo 4x100.

El primero, en tomar la posición de salida fue el presidente del club francés de fútbol París Saint-Germain.(PSG) Nasser Al-Khelaïfi, quien ha sido acusado de "corrupción activa" en la investigación por las sospechas sobre la elección de Doha como sede de los Campeonatos del Mundo de Atletismo 2019, según han confirmado las fuentes judiciales francesas.

Se investigan dos pagos realizados en 2011 por un total de 3,5 millones de dólares a través de la sociedad Oryx Qatar Sports Investment, propiedad del presidente del PSG y de su hermano Khalid, a beneficio de una sociedad de marketing deportivo dirigida por el segundo corredor del Relevo 4x100, Papa Massata Diack.

Este corredor que recibió el testigo de tres millones y medio de dólares de mano de Al-Khelaifi, es nada más y nada menos, que el hijo del expresidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), Lamine Diack. Con toda razón, se le vio correr el segundo tramo de la carrera, tranquilo y sin nervios, estaba protegido por su papá. Las autoridades francesas lo imputan por corrupción activa y blanqueo en bandas organizadas.

A pesar de sus 86 años de edad, el expresidente de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) Lamine Diack, tercer hombre del relevo, se movió como un peso pluma con el testigo de dólares en los bolsillos. Este corredor está imputado principalmente por varios cargos: corrupción activa y pasiva, blanqueo en banda organizada y complicidad con el gobierno ruso para el ocultamiento de los casos de dopaje. También, tiene un expediente abierto por los casos de sobornos en la compra de votos para otorgar la sede de los Juegos Olímpicos en Río 2019 y Tokio …sin lugar a dudas, tiene garantizado su ingreso al Salón de la Infamia.

El rematador de la prueba, es Sebastian Coe quien no solo fue vicepresidente y miembro del Consejo con el corrupto Lamine Diack entre 2007 y 2015, sino que, además formaba parte de la comisión que evaluaba las candidaturas y avaló otorgar la sede del Mundial a Doha. Habría que preguntarse si fue ¿Cómplice o Ingenuo?

Sin embargo, hay que destacar que Coe recibió un abrumador apoyo en el congreso extraordinario de la IAAF celebrado en diciembre de 2016, a sus planes de reforma encaminados a hacer más transparente el gobierno de la organización y a recuperar el crédito perdido en los últimos tiempos con los escándalos de corrupción y dopaje…pero la realidad nos lleva a pensar que más que un relevo generacional lo que ocurrió fue un cambio gatopardiano para que todo continuara igual. Su defensa a ultranza para justificar los errores del mundial de Doha (Altas temperaturas, horarios, contaminación ambiental, ausencia de público) y pretender hacer ver que Doha fue algo así como la octava maravilla del mundo en lo que a atletismo se refiere.

La ceremonia de premiación del Relevo 4x100, no se pudo realizar, porque las autoridades judiciales francesas sentaron en el banquillo del Tribunal Correccional de Paris a tres de los corredores

 2 min


Carlos Raúl Hernández

1. Rómulo Betancourt es el más grande líder político que ha dado Latinoamérica. Escritor, activista, organizador, ideólogo, gobernante de crisis. Con pocas excepciones, las demás leyendas de la región, Fidel, Perón, Villa, Velasco, Torrijos, Guevara, Cárdenas, son caudillos autoritarios, déspotas o simples bandidos. Valiente en el peligro, decidido, honrado, profundo, trabajador, clarividente, triunfante, generoso, es lo más parecido posible a un héroe. Pensó que la atrasada hacienda Venezuela, debía ser un país libre como las grandes naciones.

2. Se rodeó de importantes hombres de su época, Rómulo Gallegos, Andrés Eloy Blanco, Raúl Leoni, Luis Beltrán Prieto, Alberto Carnevalli, Leonardo Ruiz Pineda y de la inteligencia política más prodigiosa del siglo XX, Gonzalo Barrios, quien lo contrariaba y complementaba. La democracia no hubiera sobrevivido sin la llave Betancourt-Barrios. Fundó el primer partido moderno AD, el régimen de partidos, la democracia, y la defendió de la barbarie de izquierda y derecha cuando llegó a la Presidencia. Demasiadas hazañas en la vida de un solo hombre.

3. Desconfiaba de la Asamblea Constituyente de 1946 porque era un poder absoluto, una figura anacrónica en el siglo XX. Por eso en 1958 se empeñó en que el Congreso, institución sometida a Estado de Derecho, elaborara la Constitución de 1961.

4. En la caída de Gallegos en 1948, además de la impericia del gran novelista, jugaron papeles estelares Rafael Caldera y Jóvito Villalba. Por su generosidad y genialidad estratégica, lejos de guardar rencores, Betancourt incorporará ambos al Pacto de Puntofijo y al gobierno.

5. La oposición a Betancourt en el partido era tan poderosa que su candidatura presidencial se aprobó por apenas un voto en la Convención de 1958. La otra mitad proponía un candidato independiente, como Rafael Pizani o Francisco De Venanzi. Ya electo inició la política de desarrollo industrial llamada sustitución de importaciones. Mientras, su ministro Leopoldo Sucre Figarella emprendía la masiva construcción de cloacas, acueductos, represas, escuelas, viviendas populares, aeropuertos, sistemas de riego, tendidos eléctricos. Eso cambió la fisonomía y la fisiología de Venezuela. Proseguido por Raúl Leoni, convirtieron en diez años a Venezuela, de un país atrasado en el más moderno de América Latina. Una hazaña pocas veces lograda en algún lugar del mundo.

6. Fundó un partido que venía inficionado de marxismo y tuvo que vivir en batalla sin cuartel para derrotar en la lucha interna esas ideas que él compartió en su juventud. Fue el único líder político de la región que se enfrentó abiertamente a Fidel Castro cuando su prestigio y el de la revolución cubana estaban en el cenit. Con eso ganó el odio de la izquierda cultural y artística del mundo entero.

7. Entre 1958-1963 derrotó más de veinte conspiraciones militares de izquierda y derecha, entre ellas golpes efectivos como el del general Castro León en Táchira, el “porteñazo”, el “barcelonazo” y el “carupanazo”. También la insurrección armada del MIR y el PCV y superó dos divisiones del partido, las del MIR y ARS. AD concurre a las elecciones de 1963, en medio del boicot armado, con la tarjeta electoral negra, porque el Consejo Electoral le quitó la blanca. “Por encima de las tumbas”, dejó la banda presidencial en manos de Leoni.

8. Valoraba las resistencias que despertaba en izquierda y derecha, y en su segundo gobierno designó Secretario de la Presidencia a R. J. Velásquez, bien visto por ambos sectores. Hombres clave, el mismo Velásquez y Leandro Mora, avisaban a Pompeyo Márquez, Teodoro Petkoff y otros jefes de la insurrección cuando la policía develaba sus “conchas” e iban a apresarlos. Lo hacía porque en los cuerpos de seguridad abundaban renegados izquierdistas y otros que actuaban con saña asesina.

9. En las elecciones de 1968, decididas por 30 mil votos adulterados en Socopó de Barinas, Betancourt y Barrios tomaron la decisión dramática para la historia y contra la opinión del partido, de reconocer el triunfo de Caldera aunque no hubiera ganado. “Prefiero una derrota discutida que un triunfo cuestionado”; dijo Barrios en una frase más duradera que el bronce.

10. Toda alegría trae su tristeza pero la nuestra es trágica. A la obra creadora de Betancourt durante 40 años de democracia, la liquidó el Leviatán, el espíritu de la destrucción que se apoderó del alma de los venezolanos, en pleno proceso de reformas, descentralización, aperturas desde 1989. El de Caldera en 1993 es el primer gobierno chavista. Y se empañan sus aportes al proceso político haber sido esencial en la exterminio de la democracia en 1948 y 1993 y de Copei, el partido que creó.

11. Por desgracia las generaciones posteriores no pudieron mantener la democracia ni el monumental legado de Betancourt. A la muerte de Barrios el país quedó sin horizonte en manos de seudo elites ineptas que acabaron todo y continúan en eso. Ahora falta que dividan el territorio nacional.

12. Y la pregunta inevitable: ¿aparecerá un estadista entre nosotros? ¿Alguien que ponga orden y restañe las heridas? ¿Con talento y habilidad suficientes para mantenerse en los mandos en medio de la zozobra?

13. Si no hubiera hecho nada más, Betancourt estaría en la historia del pensamiento por su extraordinario libro; Venezuela, política y petróleo.

@CarlosRaulHer

 4 min


Simon Johnson

WASHINGTON, DC - La United States Business Roundtable, una organización de directores generales de grandes empresas estadounidenses, emitió recientemente una declaración que causó bastante revuelo en algunos círculos. En lugar de centrarse principal o exclusivamente en maximizar el valor para los accionistas, los titanes corporativos de Estados Unidos argumentaron que las compañías deberían dar más peso al bienestar de su comunidad de partes interesadas más amplia, incluyendo trabajadores, clientes, vecinos y otros.

Como los directores generales de las grandes empresas son contratados y despedidos sobre todo por sus contribuciones a los beneficios, estas declaraciones merecen cierto grado de cinismo. A menos y hasta que los incentivos creados por los mercados financieros cambien, debemos esperar que prevalezca el motivo del beneficio a corto plazo.

Los puntos de vista de la Mesa Redonda de Negocios son parte de intentos más amplios de reimaginar el capitalismo, tema ahora de cursos de alto perfil en la Escuela de Negocios de Harvard, la Universidad de Brown, y en otros lugares. En su reciente libro The Economists' Hour, Binyamin Appelbaum, un influyente periodista del New York Times, sostiene que los economistas tienen la culpa de inclinar demasiado el mundo hacia las ganancias. Y los candidatos presidenciales demócratas están presentando ideas que van desde una reforma modesta hasta una revisión más sustancial de cómo funcionan los mercados.

Hay tres cuestiones principales a considerar cuando se piensa en cómo ajustar el papel de los mercados en la economía americana moderna de una manera sensata.

La primera cuestión es que los incentivos de mercado son realmente positivos en algunos contextos. Si usted es un empresario y desea recaudar capital, apelar a un bien social más amplio le aportará muy poco. Para transformar una industria - y desafiar a los titulares representados en la Rueda de Negocios - se necesita un modelo de negocio que prometa ganancias futuras. Por ejemplo, el capital de riesgo privado financió el proceso de conversión de la investigación sobre el genoma humano en medicamentos que salvan vidas durante las dos últimas décadas.

En segundo lugar, es evidente que hay que encontrar un equilibrio entre los esfuerzos públicos y privados (con fines de lucro). El argumento más fuerte de Appelbaum es que los principales economistas denigraron la acción pública y, al menos desde la década de 1960, veían el negocio privado a través de lentes de color de rosa. Como bien señala James Kwak (mi coautor sobre otros temas), detrás del desarrollo y la difusión de estas ideas hay poderosos intereses (aunque su propio libro, Economismo, también destaca cómo los políticos distorsionan el análisis económico sensato para reforzar la visión ingenua de que el negocio es infalible).

En tercer lugar, el sector privado normalmente no considera las externalidades positivas y negativas, es decir, las acciones que afectan a otras personas pero no al actor. Por ejemplo, en Jump-Starting America, Jonathan Gruber y yo argumentamos que el sector público tiene un papel importante que desempeñar en la inversión en ciencias básicas, porque el conocimiento general de los resultados afecta a muchas personas, de manera difícil de predecir. Esta fue exactamente la razón por la que el gobierno respaldó con gran éxito el proyecto del genoma humano; también motiva el financiamiento más amplio que se proporciona a los Institutos Nacionales de la Salud. Casi todos los medicamentos modernos surgen de un proceso apoyado, en sus primeras etapas, por los NIH.

Por lo general, el sector privado tampoco es bueno para regularse a sí mismo, también debido principalmente a las externalidades. Por ejemplo, las empresas del sector financiero ejercen presión para que se flexibilice la regulación, lo que les permite obtener mayores beneficios pero también asumir mayores riesgos. Ninguna empresa individual se preocupa lo suficiente por los riesgos para todo el sistema. Del mismo modo, las empresas energéticas quieren extraer más recursos naturales. A sus directores generales no se les paga para que se preocupen por el cambio climático.

El modelo que prevaleció durante mucho tiempo para la economía estadounidense fue permitir que el mercado organizara la mayor parte de la actividad económica y luego regulara o redistribuyera en relación con los resultados. Pero la crisis financiera de 2008, junto con los esfuerzos fallidos para combatir el cambio climático y los decepcionantes resultados económicos a largo plazo para la mayoría de los estadounidenses (mientras que algunos ricos se han vuelto mucho más ricos), ha desgastado el consenso subyacente a este modelo.

¿Podemos tener una forma más inclusiva de capitalismo que produzca mejores resultados? Sí, según la senadora Elizabeth Warren, que se presenta a la candidatura presidencial demócrata en una plataforma pro-reforma. Warren, que se hizo un nombre político al abogar por una mayor protección del consumidor para los productos financieros, no está en absoluto en contra del mercado. Más bien, argumenta que diseñar estructuras de mercado de manera diferente conducirá a resultados diferentes (y mejores). Muchas de sus diversas propuestas consisten en repensar lo que se permite en términos de estructuras de mercado y comportamiento firme, así como en cómo limitar la influencia del dinero en la política.

El mercado no es necesariamente bueno o malo. Lo que se obtiene del capitalismo depende de cómo se le da forma. Si usted depende de gente rica y de empresas ya poderosas para tomar las decisiones clave, obtendrá en su mayoría lo que ya tiene - una economía altamente desigual, propensa a las crisis, precipitándose hacia una catástrofe climática.

1 de octubre de 2019

*** Translated with www.DeepL.com/Translator (free version) ***

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/how-to-rethink-capitalism-b...

 4 min


Moisés Naím

¿Qué tienen en común España, Italia, Israel y el Reino Unido? La incapacidad de formar gobiernos estables y capaces de gobernar. Y no son solo estos cuatro países, los cuales, después de todo, cuentan con regímenes en los que aún se respetan la división de poderes y los límites al poder del Ejecutivo. Como sabemos, sobran los países donde la disfuncionalidad política es mucho más grave.

En todo el mundo, gobernar se está haciendo más difícil y, en muchos casos, imposible. Estamos viendo cómo las elecciones ya no actúan como ancla que estabiliza la política y hace posible que el gobierno gobierne. Más bien, elecciones y referendos ahora revelan la profunda polarización del electorado, trancan el juego político y hacen imposible la toma de decisiones. Así, los resultados electorales formalizan y cuantifican la profunda fisura de la sociedad y, en algunos casos, contribuyen a dificultar la convivencia civilizada entre las facciones. ¿Qué respuesta se le está dando a este problema? Convocar nuevas elecciones.

Esto no es normal.

Pero gobernar no solo se le está haciendo más difícil a las democracias. Tampoco parece normal que Xi Jinping y Vladimir Putin, dos de los hombres más poderosos del mundo, tengan que estarse preocupando por protestas callejeras espontáneas en las que participan principalmente jóvenes desarmados. Xi Jinping y Putin ejercen un férreo control sobre sus respectivos países y quienes protestan en las calles de Hong Kong y Moscú no son una amenaza para la sobrevivencia de estos regímenes. Pero lo que sorprende es que Xi Jinping y Putin no hayan acabado antes con las protestas. Sería lo normal. Quizás la relativa tolerancia que vienen mostrando estos dos autócratas hacia estas marchas es un síntoma de cuán seguros se sienten y de la irrelevancia de las protestas. O quizás es porque no saben cómo combatirlas.

Estas protestas no tienen líderes obvios, ni jerarquías claras, y la organización, coordinación y movilización de quienes participan en ellas dependen de las redes sociales. En Hong Kong, los líderes del gobierno pro-Beijing se quejan de que, aunque quieran buscar arreglos con quienes protestan, no saben con quién negociar. Obviamente Xi Jinping y Putin podrían acabar con las protestas usando los métodos normales de las dictaduras: a sangre y fuego. Pero el uso de la fuerza siempre implica riesgos y en vez de acabar con las protestas puede avivarlas, convirtiéndolas en amenazas políticas más graves.

Eso pasó en Siria, por ejemplo, donde las marchas en la ciudad de Daraa en reacción al encarcelamiento y tortura de 15 estudiantes que estaban pintando grafitis en contra del gobierno, escalaron hasta convertirse en una guerra civil que lleva ocho años y se ha cobrado más de medio millón de vidas.

Pero si lo que está pasando en la política mundial no es normal, lo que está pasando con el medio ambiente lo es aún menos. Los datos son conocidos, las imágenes de todas partes del planeta mostrándonos las catástrofes producidas por incendios, lluvias torrenciales, sequías prolongadas y vientos huracanados son cotidianos. La evidencia científica es abrumadora y la inacción para atender esta amenaza lo es aún más. La parálisis para enfrentar con eficacia el cambio climático sin duda constituye el mayor peligro que enfrenta nuestra civilización.

La ineptitud de los gobiernos para responder a la emergencia climática es exacerbada por la influencia de intereses económicos. ExxonMobil y los hermanos Charles y David Koch son solo dos ejemplos de empresas y acaudalados individuos que durante décadas financiaron copiosamente “centros de investigación” y “científicos” dedicados a sembrar dudas sobre la gravedad del problema climático e impedir que los gobiernos adopten las políticas necesarias.

Que las grandes empresas influyan sobre el gobierno para evitar la toma de decisiones que afecten a sus ganancias no es nada nuevo. De hecho, es lo normal.

Lo que no es normal es que líderes de algunas de las empresas más grandes del mundo repudien públicamente la idea de que su objetivo primordial deba ser maximizar ganancias. Pero fue lo que ocurrió hace unas semanas cuando los jefes de 181 de las más grandes empresas estadounidenses firmaron un comunicado que mantiene exactamente eso. Estos altos ejecutivos afirman que las empresas privadas deben reconciliar los intereses de sus accionistas con los de sus clientes, empleados, proveedores y con los de las comunidades en las que operan.

Obviamente, estos titanes del capitalismo están llegando tarde a la conversación. Para muchos ya es obvio que resulta insostenible para cualquier empresa el ignorar los intereses y necesidades de los grupos de los cuales depende, además de sus accionistas. El debate es cómo hacerlo y, sobre todo, cómo garantizar que las empresas hagan lo que prometen. Hay algunos importantes líderes empresariales que tienen ideas al respecto. Brad Smith el presidente de Microsoft, por ejemplo, ha publicado un artículo en la revista “The Atlantic” titulado “Las empresas tecnológicas necesitan más regulación”.

Esto no es normal. Sin duda, sorprende que el presidente de la decimosexta empresa más grande del mundo exhorte a los gobiernos a que regulen su industria. Pero esta, como las demás anomalías que hemos discutido aquí, sacadas de los noticieros de estos días, es tan solo un ejemplo más de cuán difícil de descifrar es el mundo en el que nos ha tocado vivir.

El Comercio

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/cambio-climatico-putin-esto-no...

 4 min


Los resultados de las elecciones austriacas del domingo 29-9 no pudieron ser mejores para las fuerzas democráticas de Europa. Es cierto que en algunos países – Holanda, Dinamarca- la derecha nacional-populista ya había obtenido derrotas, pero nunca tan dramáticas. La de Austria fue catastrófica: 16,2%, casi un 10% menos que en las elecciones del 2017.

Los partidos democráticos con excepción de los socialdemócratas (21,2% con un descenso de 5,7%) obtuvieron excelentes resultados. Los conservadores cristianos del antiguo y nuevo canciller, Sebastián Kurz, alcanzaron un 37,5% subiendo 6%. Los Verdes un 13,8% subiendo nada menos que 10% y los liberales (NEO) 8,1% subiendo un 2,8%. En síntesis, un amplio arco donde Kurz puede elegir a quienes lo acompañarán en su próximo gobierno. La primera enseñanza que dejan entonces las elecciones austriacas es que, frenar el avance del nacional-populismo, y más aún, infligirle derrotas, es posible cuando es enfrentado con fuerza y decisión.

Los medios, en su gran mayoría, han señalizado como causa de la derrota ultraderechista al escándalo de su líder Heinz Christian Strache quien fuera sorprendido vendiendo su política a una empresaria rusa. Fechorías a las que se ha sumado recientemente su esposa, receptora de lujosos regalos de dudosos grupos financieros. Curioso es que esos mismos medios habían predicho que las corrupciones del matrimonio Stracher no mermarían la votación de FPÖ, opinión apoyada en encuestas, incluso por algunas prestigiosas.

Hay dos posibilidades: o las encuestas eran falsas, o el repudio a Stracher se debe a razones que van más allá de su corrupto comportamiento. La segunda parece ser más plausible. Querría decir que el descenso de los nacional-populistas se debe más a motivos políticos que mediales. Uno de ellos es que, como todos los partidos xenófobos europeos, FPÖ es mono-temático. Su éxito solo puede ser posible si los emigrantes son percibidos como amenaza. Durante 2017, cuando los ultraderechistas batieron sus propios récords de popularidad, así sucedió.

Pero desde fines de 2018, diversos gobiernos, entre ellos el del propio Kurz, optaron por regular los problemas migratorios en la UE. Hay que agregar, además, que el avance migratorio ya no es tan imponente como en un comienzo. Mala noticia para los nacional-populistas. Sus partidos no viven de programas, ni siquiera de ideologías, sino de miedos. Para ellos rige el lema: tanto peor, tanto mejor.

Las elecciones de septiembre dejaron una segunda enseñanza: desde sus diversas tiendas los demócratas austriacos demostraron unidad en un propósito común: impedir el avance de FPÖ. En diversos foros esa unidad fue más que visible. De modo más implícito que explícito los partidos democráticos demostraron estar ligados por una suerte de pacto histórico: el de no permitir transgresiones a valores heredados de la Ilustración. Como pocas veces los ciudadanos austriacos, comúnmente muy localistas, actuaron de modo tan europeo. A su vez, con sus permanentes ataques a la Europa moderna, los extremistas de la derecha lograron una unidad en contra suya, una que no reconoce fronteras partidarias y que no cabe en el corset izquierda-derecha. No deja de llamar la atención el beneplácito con que fue recibido el triunfo de Kurz y de su ÖVP por partidos ideológicamente contrarios al que representa el joven candidato.

Una vez más ha sido demostrado que ante los peligros que asolan a Europa, elecciones apenas mencionadas en los noticieros adquieren una importancia gravitante. La conciencia de que todo lo que sucede en otro país afecta al propio, es cada vez más notoria. Europa, valga la paradoja, ha sido políticamente europeizada. La derrota de FPÖ fue también una derrota para los gobiernos que han hecho del anti-europeísmo una doctrina. Entre ellos se cuentan los vecinos italianos y húngaros. Y algo más lejos, el británico de Johnson. Pero sobre todo el de Putin para quien los partidos nacional- populistas son fichas muy importantes en el tablero del ajedrez internacional

Tan europeas han llegado a ser las elecciones nacionales que incluso de manera inequívoca se repitieron en Austria dos tendencias continentales. Una fue la caída brutal de los socialdemócratas. La “culpa” como es común en estos casos, la llevan los candidatos. Cierto es que la socialista Pamela Rendi-Wagner estuvo muy lejos de ser una candidata carismática. Pero también es cierto que los socialdemócratas se han condenado a sí mismos a la derrota. Insólito por ejemplo es que en un país donde el tema central es el migratorio, los socialdemócratas trataban de evitarlo por todos los medios. Del mismo modo evitaban referirse al cambio climático, probablemente para no asustar a trabajadores y empresarios de las empresas industriales. El hecho es que los socialistas austriacos ya no tienen política que ofrecer, ni para el futuro ni para el presente. La derrota del que fuera uno de los partidos históricos de la nación es merecida. Para no pocos entendidos anuncia, como suele ocurrir, la que sufrirán los socialistas alemanes en el futuro próximo.

De igual manera el notable apoyo que recibieron los Verdes, partido que ha sabido unir las demandas ecológicas con las sociales, corresponde a una tendencia continental. Definitivamente los Verdes europeos han dejado de ser aliados menores de los socialistas para llegar a ser lo que ya son: sus sucesores históricos. Los Verdes austriacos fueron los grandes vencedores de las elecciones de septiembre. Y si todo marcha bien, podrían - mejor dicho, deberían- ser miembros de la coalición del gobierno de Kurz.

ÖVP puede aliarse con los Verdes, con los socialistas, con los liberales, e incluso con los nacional-populistas, para formar gobierno. Matemáticamente es posible. Políticamente, no tanto. Lo ideal sería con los Verdes. Pero para que esa alianza sea viable es necesario que en ambos partidos sean vencidas fuertes resistencias.

En ÖVP existen desconfianzas frente al “anticapitalismo” de algunas fracciones verdes. Entre no pocos verdes el ÖVP sigue siendo un partido anti-ecologista. Además está el tema migratorio, y ahí las diferencias entre ambos partidos son más grandes. Pero ¿no es la política el lugar dónde no solo se dirimen sino también conviven las diferencias? Lograr una alianza entre conservadores y ecologistas sería sin duda una primicia histórica. Una que daría luz verde (valga la redundancia) a otra similar que podría tener lugar en Alemania después de las elecciones de 2021. Si se diera esa posibilidad, ya estaríamos hablando de palabras mayores. Pero para eso falta tiempo.

Polis

4 de octubre 2019

https://polisfmires.blogspot.com/2019/10/fernando-mires-la-noticia-austr...(POLIS)

 4 min