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Opinión

Kaushik Basu

En mi libro La república de las creencias: un nuevo enfoque al derecho y la economía, tenía mucho interés en demostrar cómo los métodos que han surgido del largo y fructífero diálogo entre estos campos podía, con una pequeña ayuda de la teoría de juegos, aplicarse a disputas multilaterales y conflictos entre múltiples jurisdicciones. Así que incluí un capítulo sobre el reto de crear una constitución mundial. Se trata de una idea con una larga historia.

En el siglo catorce, por ejemplo, las ciudades estado semiautónomas italianas desarrollaron la “doctrina estatutaria” para solucionar los problemas que surgieran en el comercio e intercambio de múltiples jurisdicciones legales. Como sugiere Stephen Breyer, juez asociado de la Corte Suprema estadounidense, sin algún mecanismo de resolución de disputas institucionales, una demanda de un nativo de Florencia entablada por un nativo de Roma podría haber causado que ambos estados entraran en guerra.

O piénsese en la confiscación de una nave mercante portuguesa, la Santa Catarina, por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en el Estrecho de Singapur en 1603. El episodio ocasionó conflictos multijurisdiccionales de tal tensión que hubo que llevar al jurista Huig de Groot (Grotius) para que mediara, llevando a uno de los intentos más tempranos de codificación de la ley internacional.

A pesar de su larga historia, los intentos de establecer una ley internacional solo han tenido un éxito limitado. La creación de un sistema sensible al bienestar de todas las personas –lo que Eric Posner, de la Universidad de Chicago, llama el “enfoque del bienestar”- choca rápidamente con el problema de la soberanía del estado nación. Como único encargado de hacer cumplir la ley y garante de los derechos de los ciudadanos dentro de su jurisdicción, el estado nación tiene la prerrogativa de pasar por alto o anular leyes o derechos reconocidos por terceros.

Con todo, no podemos esperar a que los debates académicos sobre estos asuntos lleguen a una conclusión. El mundo está lleno de disputas que cruzan jurisdicciones, no en menor medida la debacle del Brexit. ¿Cómo se manejará el flujo de bienes y personas entre la Unión Europea y Gran Bretaña, y entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda? Ni la Primera Ministra británica Theresa May ni otros actores tienen una respuesta contundente. El resultado del Brexit sigue en la incertidumbre, a pesar de que la salida de la propia May se vuelve cada vez más previsible.

Mientras tanto, y en otro ámbito, es cada vez más evidente que las actuales leyes antimonopolio pueden no ser suficientes para hacer frente a los problemas surgidos de la economía digital. Aunque Estados Unidos es sede de 12 de las 20 mayores compañías tecnológicas del mundo, no ha podido limitar sus peores prácticas. Ante la ausencia de un marco internacional, los gobiernos nacionales y regionales como la UE han comenzado a impulsar medidas regulatorias unilaterales, aun a riesgo de generar tensiones con la imprevisible administración del Presidente estadounidense Donald Trump.

De manera similar, desde el Mar Mediterráneo a la frontera entre EE.UU. y México, el flujo de personas con diferentes costumbres y creencias desde países con marcos legales distintos está tensando al límite los actuales sistemas de inmigración. Algunas de estas diferencias pueden llegar a un punto de comicidad. Un técnico en control de plagas que trató mi casa en Delhi, India, me aseguró una vez que mi hogar quedaría sin termitas porque estaba usando sustancias químicas fuertes, y recalcó que “estaban totalmente prohibidas en Estados Unidos”. Pero existen conflictos de creencias y costumbres más serios, no en menor medida los que implican choques de religiones. Los incesantes conflictos sectarios en una era de armas sofisticadas y guerra cibernética podrían acabar en catástrofe.

Si bien los detalles de una ley internacional se seguirán debatiendo indefinidamente, podemos –y, cada vez con mayor urgencia, debemos- adoptar una constitución global para el aquí y el ahora. Como mínimo, el texto consagraría reglas de comportamiento básicas que todos acordemos seguir, y autorizar su puesta en cumplimiento por un tercero que cuente con medios reales para hacerlo.

A menudo apelamos a la moralidad individual y a la decencia humana básica al intentar solucionar conflictos políticos y culturales. El supuesto es que, si todos respetáramos el derecho de los demás a practicar su religión, desaparecerían muchos de nuestros problemas. En la práctica, esos conflictos suelen ser muy difíciles de tratar, ya que existen algunas costumbres y prácticas que son fundamentalmente incompatibles entre sí.

Imaginemos dos sociedades. En una, la religión predominante exige a todos que conduzcan por la izquierda; en la otra, todos deben conducir por la derecha. Si vivieran por siempre en islas separadas, habría paz. Pero con la globalización y el movimiento de personas entre las dos islas, se habrán sembrado las semillas del conflicto.

Las sociedades pueden perpetuar el conflicto mediante la guerra y la dominación, o pueden acordar un código común. Es posible que algunas partes tengan que recibir compensaciones por sus sacrificios, o bien cada parte pueda tener que ofrecer concesiones en ciertos temas a cambio de términos favorables sobre otros. Ese es el punto de negociación y transigencia, ya que no hay alternativa más allá de un conflicto duradero.

Rara vez es fácil transigir, especialmente cuando se superponen los intereses y la identidad. Pero, dado el grado en que la globalización ya ha avanzado, no podemos mantenernos en nuestra vía y esperar lo mejor. Estados Unidos, que por largo tiempo ha sido un líder en establecer normas mundiales, se está retirando tras un muro sicológico. Necesitaremos que los ciudadanos de a pie, los miembros de la sociedad civil y, en efecto, los líderes religiosos reconozcan la necesidad de una colaboración global y exijan a las autoridades que tomen la iniciativa.

18 de abril de 2019

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Project Sybdicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/case-for-a-global-constitut...

 4 min


Simón García

Durante las últimas décadas hemos tenido gobiernos dominados por el extremismo revolucionario. Se atribuyen el lado correcto de la historia, proclamación que expulsa a todo lo que esté fuera de su ámbito, en territorio del error. Esa supremacía, empaquetada en falsos juicios morales, presupone que el resto de los mortales son nematelmintos por aplastar.

Porque es verdad que los extremos se empecinan en unirse, se proyectan en la oposición argumentos extremistas que parecen eco de la lejana confusión caribe que gritaba ser los únicos hombres, cuando comenzaba su exterminio a caballo y con espadas de dos manos, trabucos, arcabuces, pólvora y caña.

Su mantra es rechazar el diálogo, repudiar la negociación, criminalizar el voto y derivar hacia una salida militar, el peor escenario para quien enfrente armas con curare.

La unidad, aún vista como medio, es un recurso poderoso. Posee efectos multiplicadores de la moralización y refuerza la voluntad de lucha. Además de acumular cantidad, adquiere más relevancia, mientras más aproxima un consenso nacional. Por ello, debemos practicarla tanto para unir políticamente a la oposición, como para unificar al país.

¿Hay puntos que brinden un peldaño para superar el jaque continuado entre los dos polos antagónicos? Sin indicar orden de precedencia, podría sugerir los siguientes: 1. Compartir el convencimiento de que hay que detener la destrucción del país. 2. Considerar urgente paliar los efectos de la crisis que inducen un genocidio entre sectores vulnerables de la población. 3. Encontrar una forma pacífica y negociada para sustituir al régimen de facto de Maduro por un gobierno de unidad nacional con participación de todos los actores que aseguren cambios sustentables. 4. Un acuerdo de convivencia, reconciliación y justicia transicional a mediano plazo. 5. Hacer útil la solidaridad determinante de los EEUU, la UE, el Grupo de Lima y todos los países democráticos preservando la decisión de los venezolanos en la solución del conflicto interno.

El desafío de toda fuerza de cambio, en la oposición o en el gobierno, es pensar al país desde una visión de Estado y actuar desde una atención prioritaria a su tragedia social. Tragedia mayor mientras más perdure Maduro y mientras más se insista en sanciones que afectan indirectamente a los responsables de la usurpación y que directamente aumenta los daños que la imposición autocrática ocasiona desde hace años a la mayoría.

En la oposición el consenso parece inclinarse hacia: 1. Contribuir al éxito de una estrategia de cambio democrática, pacífica, integradora y sustentable. 2. Fortalecer el liderazgo de Guaidó, desde el deber de apoyarlo y el derecho a expresar diferencias que aporten mejoras a su desempeño. 3. Construir una gran coalición alternativa, sin exclusiones, cuyo eje inicial sea la AN y la alianza entre radicales y moderados. 4. Mantener la movilización y presión interna, atada a la organización y al ejercicio de una cultura cívica democrática. 5. Preservar el vínculo entre política y crisis social. 6. Definir una oferta clara de incentivos para el PSUV, la FAN y bases de sustentación del régimen.

Persisten temas polémicos sobre los cuales hace falta método para estimular su deliberación interna y pública. Entre ellos, el riesgo de recaer en el paso atrás de la óptica extremista. Pero, son temas que aluden a formular un nuevo estadio en la política transicional inicial, cuyos avances extraordinarios aún están a la vista. Un giro que sólo pueden encabezar Guaidó y la AN.

@garciasim

Abril 21, 2019

TalCual

http://talcualdigital.com/index.php/2019/04/21/el-gran-viraje-por-simon-...

 2 min


Jesús Elorza G.

En los pasillos de la Facultad de Economía de la Universidad, el tema de conversación giraba en torno al cierre por más de tres semanas del Banco Central de Venezuela (BCV). Por más que trato de entender, no consigo una explicación lógica para esta situación, comentaba uno de los estudiantes.

-Yo que soy un ratón de biblioteca, he buscado y requetebuscado en los textos de Adam Smith, Milton Friedman, Alan Greenspan, John Stuart Mill, Karl Marx y tampoco consigo ninguna orientación que me ayude a entender esta situación, señalaba Luis, estudiante del último año.

El profesor de la cátedra de Economía y Política viendo el estado de incertidumbre generalizada, se atrevió a intervenir para tratar de orientar a sus estudiantes en la comprensión del problema planteado:

…Haciendo un poco de historia, debo señalarles en primer lugar que a pesar de que la Constitución de 1999 –Art. 318- establece la autonomía del BCV, fueron Hugo Chávez y Nicolás Maduro quienes eliminaron su independencia, convirtiéndolo en un organismo subordinado a los caprichos de Miraflores. El Presidente de la institución tiene que ser designado por la Asamblea Nacional, sin embargo, Maduro y el TSJ le arrebataron esa competencia al Parlamento. Ahora, ese funcionario, por órdenes de Maduro, ni siquiera acude a las comparecencias a las que los diputados de la Asamblea Nacional le convocan, violando, en consecuencia, “el principio de responsabilidad pública” señalada en el artículo 319 de la Constitución. Esto, apreciados estudiantes, nos da un marco de referencia para decir que el centralismo totalitario del ejecutivo nacional clavó sus garras en la institución bancaria.

Ninguno de los factores asociados con el banco se ha salvado de la razzia: ni el bolívar, ni el capital humano, ni las reservas internacionales, ni las variables macroeconómicas, ni las instalaciones.

Las consecuencias de esa política totalitaria impuesta por el régimen del socialismo del siglo XXI se evidencian en que el BCV dejó de cumplir las funciones básicas para las que fue creado: no se ocupa de lograr la estabilidad de precios, ni preservar el valor interno y externo de la unidad monetaria, a pesar de que las dos reconversiones -2008 y 2018- le tumbaron ocho ceros a nuestra moneda, en un período de crecimiento de los ingresos petroleros; es uno de responsables fundamentales de la hiperinflación porque no detiene la emisión inorgánica de dinero; no controla el gasto excesivo del Gobierno, quien ha contado con la aprobación de la directiva del BCV para perpetrar toda clase de desmanes; no propicia los equilibrios macroeconómicos, uno de los cuales es mantener la relación adecuada entre la masa monetaria y la generación de bienes y servicios; no ejerce funciones de coordinación de la política económica para “alcanzar los objetivos superiores del Estado y la Nación”, Art. 318; no participa activamente en el diseño y ejecución de la política cambiaria, crediticia y fijación de las tasas de interés; permitió el saqueo del Fondo de Estabilización Macroeconómico; ha autorizado el endeudamiento del régimen en el plano nacional e internacional de forma escandalosa, en una etapas en las que han abundado los recursos fiscales provenientes del crudo; no ha salvaguardado las reservas internacionales del país, patrimonio que se ha reducido en más de dos tercios durante la última década.

En otras palabras, el BCV fue transformado en un apéndice servil del régimen, colocando el Tesoro Nacional solo al servicio de la “revolución socialista”. Convirtieron al Banco Central en una factoría de Miraflores para cometer actos ilícitos: traficar clandestinamente con el oro y otros minerales preciosos, ocultar o maquillar las cifras del comportamiento económico y eludir los controles institucionales.

No resulta extraño, continuo explicando el profesor, que hoy vemos con profunde rabia e impotencia como toneladas del oro que estaba en las bóvedas del banco han sido sacadas progresivamente para un destino o negociaciones desconocidas; pareciera ser que la consigna del régimen, ahora es “Oro o Muerte nos llenaremos”.

Al final, los estudiantes coincidieron con el análisis del profesor y en consecuencia, tomaron la decisión unánime de incorporarse activamente a la ruta democrática para luchar por el cese de la usurpación, un gobierno de transición y el llamado a elecciones libres…El argumento principal expresado por los estudiantes era que solo superaremos la profunda crisis que hoy vivimos con un cambio de gobierno.

 3 min


Alejandro J. Sucre

Mientras Venezuela esté bajo la dirección de Maduro y sus ministros permanecerá muerta bajo tierra o encerrada en una botella. La razón para esta afirmación es que ningún empresario venezolano, chino, ruso, turco e hindú y mucho menos latinoamericano, europeo o norteamericano invertirá en Venezuela mientras el grupo de Maduro tenga control de las políticas económicas. Ni siquiera las propias empresas del Estado que debido a la corrupción generan recursos para reinvertir. Y las instituciones al servicio del Estado no funcionan por los mismos motivos. La corrupción con los prestamos rusos y chinos, el impago de deudas de Pdvsa, los asaltos expropiatorios, los controles de cambio y precios asfixiantes del pasado, el uso de fuerza y violación de DDHH para frenar protestas y cambios democráticos, la emisión de dinero inorgánico hace que a pesar del gran interés mundial que existe por invertir en Venezuela nadie ni los propios aliados lo hagan.

En este momento la estrategia de Maduro es mantenerse en las riendas del poder, hacer cambios en las políticas cambiarias y económica, levantar las sanciones y asfixia burocráticas que impidieron la actividad empresarial a los venezolanos, aprovechar la ayuda humanitaria estadounidense para calmar a la población, ir resolviendo el tema de la luz e ir haciendo negocios con chinos, rusos, turcos y algunos venezolanos, ir mejorando el manejo de la política monetaria y tasas de interés y promoviendo inversiones de a cuenta gota entre amigos que irán sumando hasta que la oposición se canse y todos los inversionistas decidan invertir y reactivar la economía. Aprovechándose que la población venezolana no reclama sus derechos políticos con arrojo, excusándose en las sanciones estadounidenses, que no habrá intervención militar extranjera, y que los líderes de los países democráticos no se ponen de acuerdo en cómo enfrentar a Maduro y que pronto perderán elecciones, Maduro tiene tiempo de sobra y una ANC para ir recapturando la estabilidad política.

Por el otro lado, el presidente encargado Guaidó aglutina una inmensa porción de apoyo de los ciudadanos del país, y define un plan de reactivación económica donde garantiza tasas de crecimiento de mas de 20 % anual y motiva a los capitales del mundo incluyendo China y Rusia y los grandes inversionistas de las industrias minera, energética, turísticas, manufactureras y agroindustrial a nivel mundial. Estos inversionistas globales y locales están dispuestos a invertir con entusiasmo centenares de miles de millones de dólares. Hoy, una Venezuela libre con apertura a los inversionistas sería el polo de atracción de capitales e inversiones mas importante del planeta. Ningún país en el mundo hoy ofrece (a excepción del sector tecnológico estadounidense) mejores tasas de retorno a la inversión que Venezuela en las industrias de petróleo, petroquímica, minería, y demás sectores ligados a las industrias alimenticias y turística.

Pareciera que la reactivación del aparato productivo venezolano está a punto de estallar y que el tapón que lo impide es la desconfianza en las políticas del presidente Maduro. Incluso EEUU arma un fondo de USD 10.000 millones y el FMI y el Banco Mundial hasta USD 80.000 millones sin sumar la inmensa cantidad de dinero de inversión que entrará a Venezuela vía inversión en el rescate de las empresas del Estado y otras inversiones. Ni Rusia ni China ofrecen un similar plan de inversiones. Incluso el plan de inversiones de EEUU haría viable recuperar las inversiones de China y Rusia. Luego de la administración Maduro 2013- 2019, Venezuela quedó en las cenizas como la iglesia de Notre Dame luego del feroz fuego, con la gran diferencia que la lucha por mantenerse en el poder no permite la reconstrucción.

@alejandrojsucre

 2 min


Carlos Raúl Hernández

Qué sería la historia sin el pecado original? Está en la raíz todo lo ocurrido en los últimos tres mil quinientos años. Imperios y naciones surgieron, guerrearon, crecieron y sucumbieron bajo el signo cultural del primer pecado, que marca a los pueblos del libro en el desierto, o por su antítesis y síntesis posterior, Jesucristo, quien vino a la tierra a redimirlo. La paradoja es que no se sabe muy precisamente en qué consistió, y el debate, al parecer, no ha llegado a algún consenso. Puede haber dudas sobre si eran uno o dos los prohibidos porque se habla del árbol de la ciencia del bien y el mal y también del de la vida y no está claro que sean el mismo.

Se piensa que la falta fue que Adán y Eva tuvieron sexo, descartado porque obedecían a la voz de “creced y multiplicaos” desde el momento de su creación. Ambos estaban hechos para eso, macho y hembra, en tiempos que no existían la TV ni las redes, y haber violado la castidad como hipótesis es picaresca popular. Desde otro punto de vista, cuya máxima expresión es Miguel Ángel, el problema surgió porque Eva práctico sexo no reproductivo y hedonista, felático a Adán, como retrata en el audaz y escandalosa imagen del fresco en la Capilla Sixtina, provocación del maestro en su interminable pelea de amor-odio con el furioso Papa Julio II.

El enredo crece porque se suele decir que el Demonio tentó a Eva incitándola a comer el fruto y dárselo a Adán, y si lo hacían “seréis como dioses”. Pero en esos tiempos bíblicos el demonio no existía y quien hacía maldades era una especie de sirviente de Jahvée, que obedecía sus órdenes y no guarda relación con el futuro Príncipe de las Tinieblas. Jamás se hubiera atrevido aquél mandadero intrigante a tomar una iniciativa así con el hombre, creación de la que el Señor estaba orgulloso, y no estuvo involucrado.

Serpiente de dos patas

Así que la serpiente no era el Diablo sino simplemente una serpiente, solo que tenía patas. Por eso cuando descubre la conspiración, el Creador la condena a “arrastrarte sobre tu vientre”. Añadamos que se han conseguido evidencias de una especie desaparecida de serpientes con dos patas delanteras pues de no haber sido así, la maldición carecería de sentido porque ya se arrastraba. Tampoco en ninguna parte se dice que el fruto prohibido fuera o estuviera representado por una manzana y si de alguno con asociaciones eróticas se tratara, debería ser más bien la níspola o níspero que tiene fisonomía más apropiada para reclamar el honor.

El pecado consistiría en que al comer el fruto prohibido habrían conocido el mal, y se rompe la inocencia de lo que Hegel llamó irónicamente “un jardín para animales”. Pero hay elementos contradictorios en la situación, porque Adán y Eva descubren el mal, no al morder la fruta prohibida, sino cuando se les hace saber que en el jardín donde los árboles son iguales, uno de ellos es el mal. Me recuerda la anécdota de chicas que se bañaban en el tanque de la terraza de un edificio, mientras unos hombres hacían reparaciones en el techo del contiguo.

Enfrascados en su trabajo y con un sol para hacer parrilla, los trabajadores no se percataban de las bañistas en el otro edificio hasta que una gritó “¡señor, señor… que no miren para acá”! Es la prohibición la que contiene el mal, no la acción posterior. Dice San Pablo en agudos reparos sobre el pecado y la ley … “…pues nada sabría yo de la concupiscencia si la ley no hubiera dicho no seas concupiscente. Pero entonces el pecado tomó el mandato como causa y excitó en mí toda clase de apetitos, pues sin ley el pecado estaba muerto” (Tesalonienses)

La ley crea el pecado

Las ya malas relaciones empeoran porque Caín asesina a Abel con lo que Dios decide destruir su obra, eliminar la estirpe. Solo la integridad de Noé salvó a la especie de la extinción precoz. Con Moisés el Decálogo renueva la alianza y da al hombre la capacidad y la obligación de castigar el crimen para que Dios se salga del drama humano ¿Será que el pecado fue la desobediencia? Tal vez, pero nacen ahí la libertad y la responsabilidad de los seres humanos, a cambio de haber perdido la inmortalidad en el Edén.

Ya no son unos niños venturosos y desocupados que jamás conocerían la muerte, sino que emprenden un camino de tomar decisiones, equivocarse y pagarlas o acertar, triunfar, y morir. Los hijos de Adán y Eva inventan la agricultura y la cría, se reproducen y pueblan el mundo, lo que hace a Dios exclamar: “¡Miren. Adán a llegado a ser como uno de nosotros!” y con eso redimensiona las palabras de la serpiente maldita.

Hegel en sus mordaces notas sobre el Génesis, sugiere que Dios hizo a los humanos porque estaba fastidiado, para sustraerse del horror vacui que debía traer desde la eternidad sin hacer nada. Cerremos la Semana Santa con un simpático párrafo de Soren Kierkegaard que coincide con Hegel: “Dios estaba aburrido e hizo al hombre. Adán se aburría solo y crearon a Eva… luego se aburrieron Adán y Eva en común, más tarde se aburrieron con Caín y Abel en familia y luego los pueblos se aburrieron en masa. Para distraerse decidieron construir una torre que llegara hasta el cielo. Más tarde se dispersaron, hoy viajan por el mundo igual de aburridos”.

@CarlosRaulHer

 4 min


Pedro Vicente Castro Guillen

Los gerifaltes rojos se sienten maltratados y calumniados cuando los acusan de que están al frente de un estado fallido, de que tienen relaciones incestuosas con gobiernos y grupos de conducta reprochable o directamente non sancta. Y se olvidan del viejo proverbio que: la mujer del cesar no sólo tiene que ser casta sino parecer serlo. Así vemos que estos que reaccionan como vírgenes ofendidas cada vez que reciben acusaciones no de su agrado, pero, no cesan de dar pie y validar las incriminaciones, p.e. cuando el canciller Arreaza se reúne con el tirano de Siria, cuando el régimen iraní ofrece unos cuantos soldados de la guardia revolucionaria islámica, se traen soldados de Cuba, Rusia y ahora se dice que hasta de China, de manera ilegal sin autorización de la Asamblea nacional y pare de Usted de contar. Es decir, que la condición de Estado fallido si de algún lado procede su calificación es del propio régimen.

A pesar de las advertencias que se han hecho a la kakistocracia roja para que deponga sus actitudes de franca violación a la Constitución, a los DD.HH., civiles y políticos de los venezolanos ellos avanzan en una línea pertinaz de estulticia de reto al imperialismo. Lo cual, ha obligado a los EE.UU. a elevar el nivel de amenaza y de nuevo plantear la salida militar como una opción para dar de baja al “socialismo en el siglo xxi”. Creer como aparentemente cree el filibusterismo rojo, que afianzar de manera abierta alianzas con aquellos que mantienen políticas francamente antioccidentales, es una posibilidad para permanecer eternamente en el poder es una apuesta sin fundamento. Rusia es un país subdesarrollado sin musculo financiero para apoyar ninguna aventura a tantos miles de millas de distancia, los chinos están demasiados involucrados en el comercio mundial (¡en el capitalismo, pues!), como para correr aventuras a este lado del mundo. Y países como Siria, Irán y Turquía pueden fastidiar, pero no pueden más allá.

Lo que han logrado es que el imperialismo bote la piedra y aumente el nivel de posibilidad de una intervención que puede ser concertada con el grupo de Lima y la Unión Europea o simplemente unilateral, porque lo que se juega después de todo, y es lo más importante en el nivel de decisión norteamericano, es que se trata de eliminar una amenaza a la seguridad nacional de los EE.UU., cosa que la ineptocracia roja no deja que a los gringos se le olvide.

Nuestro Presidente Juan Guaidó, le ha tocado surfear en este mar proceloso y se ha concentrado en crear capacidad interna para enfrentar a los bucaneros rojos con un liderazgo que se consolida día con día y construyendo el nivel de organización que se necesita para realizar la tarea de sacar al castro-chavo-madurismo del poder, la fuerza interna existe y el apoyo internacional no cesa de expresarse desde todos los rincones del mundo democrático, pero Guaidó de manera inteligente ha evadido convertirse en un simple vocero de la coalición internacional que lo apoya y trabaja en lo que le corresponde hacer a los venezolanos que es donde se apoya la resolución final de esta inmensa tragedia que agobia al país.

La combinación de concentración de fuerza nacional en forma organizada y el apoyo internacional es la fórmula para salir de la pesadilla roja. Pero, esta solución no esta cantada de una única manera, al contrario, está marcada por la contingencia, puede ser hasta posible por unas elecciones libres y transparente, pero el que esta sea una posibilidad depende casi única exclusivamente del régimen, que hasta ahora no hace sino bloquearla. Esta revolución de pacotilla esta irreversiblemente en su termidor el cómo se produzca la acción fáctica final depende casi exclusivamente de los bucaneros rojos.

@pedrovcastrog

 3 min


Trino Márquez

El Banco Central de Venezuela dejó de ser un banco central desde hace bastante tiempo. Así como el chavismo destruyó a Pdvsa, la CVG, la Petroquímica, la Cantv, el Metro de Caracas, la Electricidad de Caracas, las Fuerzas Armadas y todos los demás símbolos de la modernidad y el tránsito de la Venezuela rural y atrasada a la Venezuela urbana y moderna, también acabó con el BCV, institución que concretó la unidad del Tesoro Nacional y acabó con la dispersión y el desorden en las finanzas públicas existentes antes de su creación.

A pesar de que la Constitución de 1999 –Art. 318- establece la autonomía del BCV, fueron Hugo Chávez y Nicolás Maduro quienes eliminaron su independencia, convirtiéndolo en un organismo subordinado a los caprichos de Miraflores.

El BCV dejó de cumplir las funciones básicas para las que fue creado:no se ocupa de lograr la estabilidad de precios, ni preservar el valor interno y externo de la unidad monetaria, a pesar de que las dos reconversiones -2008 y 2018- le tumbaron ocho ceros a nuestra moneda, en un período de crecimiento de los ingresos petroleros;es uno de responsables fundamentales de la hiperinflación porque no detiene la emisión inorgánica de dinero; no controla el gasto excesivo del Gobierno,quien ha contado con la aprobación de la directiva del BC para perpetrar toda clase de desmanes; no propicia los equilibrios macroeconómicos, uno de los cuales es mantener la relación adecuada entre la masa monetaria y la generación de bienes y servicios; no ejerce funciones de coordinación de la política económica para “alcanzar los objetivos superiores del Estado y la Nación”, Art. 318; no participa activamente en el diseño y ejecución de la política cambiaria, crediticia y fijación de las tasas de interés;permitió el saqueo del Fondo de Estabilización Macroeconómico; ha autorizado el endeudamiento del régimen en el plano nacional e internacional de forma escandalosa, en una etapas en las que han abundado los recursos fiscales provenientes del crudo; no ha salvaguardado las reservas internacionales del país, patrimonio que se ha reducido en más de dos tercios durante la última década.

El BCV, quien junto al Instituto Nacional de Estadísticas, es el responsable de informar acerca del comportamiento de los principales indicadores económicos, sociales y financieros del país, desde hace varios años no suministra esos datos. Esta tarea la cumplía con eficacia porque contaba con un grupo de profesionales y técnicos de alto nivel, muchos de ellos de izquierda, por cierto. Ese cuerpo fue desarticulado. El clientelismo dinamitó a la meritocracia.

El Presidente de la institución tiene que ser designado por la Asamblea Nacional, sin embargo, Maduro y el TSJ le arrebataron esa competencia al Parlamento. Ahora, ese funcionario, por órdenes de Maduro, ni siquiera acude a las comparecencias a las que los diputados de la Asamblea Nacional le convocan. Desconoce la autoridad de la mayoría de los parlamentarios de la Asamblea. Viola, en consecuencia, “el principio de responsabilidad pública” señalado en el artículo 319 de la Constitución.

Nicolás Maduro convirtió al Banco Central en una sucursal de Miraflores. La transformó en una factoría para cometer actos ilícitos: traficar clandestinamente con el oro y otros minerales preciosos, ocultar o maquillar las cifras del comportamiento económico, eludir los controles institucionales, destruir la meritocracia, manipular los bonos públicos. Hasta la sede del Banco, edificio que debería ser patrimonio nacional, se ha deteriorado.

Ninguno de los factores asociados con el Banco Central se ha salvado de la razzia: ni el bolívar, ni el capital humano, ni las reservas internacionales, ni las variables macroeconómicas, ni las instalaciones.

Ahora que los Estados Unidos sanciona al Banco, que le prohíbe transar con dólares norteamericanos, Nicolás Maduro sale a quejarse. Dice que en todos los países el banco central “es sagrado”. ¡Ah, sí! Pues quienes comenzaron a derrumbar esa institución, ciertamente sagrada, fueron Hugo Chávez y Nicolás Maduro. De qué se queja, si lo que restan son despojos de un banco centralque fue modelo de independencia, autoridad, firmeza y seriedad.

Las sanciones no resolverán nuestro drama, pero van a impedir que el régimen siga beneficiándose del asalto a la nación.

@trinomarquezc

 3 min