Pasar al contenido principal

Opinión

Carlos Raúl Hernández

Desde hace años languidece el socialismo del siglo XXI, una monstruosidad apoyada por los venezolanos, significativamente sus élites, cuando ya la utopía había fenecido muchas veces. Desde los inicios del Gran Terror de Robespierre, la primera forma de dictadura ideológica en la modernidad, el drama de los revolucionarios en el poder se repite. Es un ciclo hasta ahora fatal en el que quedaron atrapados los que quisieron corregir las deficiencias de la condición humana, enderezar la madera torcida de la Humanidad por medio del ejercicio severo del poder para crear sociedades justas y armónicas.
Las revoluciones modernas se inspiran en ese afán profiláctico social que solo se observa en movimientos marginales de la Edad Media y la Antigüedad. Al principio del ciclo, se ejercen dosis variables de violencia para someter la reacción, las resistencias de los privilegiados que defienden sus oscuros y mezquinos intereses. Pero fatalmente con el paso del tiempo, encarcelados los disidentes, aplastadas las libertades burguesas y las expresiones de rechazo, el modelo sigue sin funcionar. Las empresas expropiadas quiebran, la escasez de bienes impera y la miseria, rasgo inseparable de las revoluciones, se impone.

Dicen que es obra del saboteo interno y externo, se requiere apretar la represión y afinar los sistemas de espionaje, ya no contra los opositores políticos sino contra toda la sociedad, globalmente sospechosa. Cualquier ciudadano, imbuido por la pérfida ideología del pasado puede ser terrorista o saboteador, hasta que aparezca por fin el hombre nuevo. Luego al pasar los años viene el desencanto y partes importantes del grupo dirigente entienden que el sistema no sirve, que es un fracaso, que lo que era la ciudadanía en la sociedad anterior, hoy mera población, es cada vez más pobre e infeliz.

Hambruna: solo en socialismo

Pero la “vanguardia” debe mantenerse en el poder a toda costa para eludir la venganza colectiva que pudiera venir sobre sus cabezas. Ya perdió los ideales, por siniestros que fueran su ejercicio y sus consecuencias prácticas, y se convirtió en pragmatismo puro, en afán de conservar la cabeza en su sitio. La gente es una masa violada, hambrienta, temerosa, diezmada por las enfermedades y por la represión, que recibe alimentos escasos y de mala calidad por medio de una tarjeta de racionamiento. Sustituido el mercado por el economato.

En la estremecedora y magna obra Vida y destino de Vasili Grossman, dos militantes del Partido Comunista Soviético, maestro y discípulo que habían luchado juntos, se consiguen después de muchos años en una horrenda cárcel stalinista acusados de trotskismo. El primero, moribundo en la enfermería sobre una colcha manchada de sangre, excrementos y pus, disertaba de allí a su antiguo discípulo, que lo oía con afecto y desinterés, que la culpa del horror no era del comunismo sino de los excesos de Stalin. El comunismo seguía siendo el puro ideal a buscar.

Ya habían transcurrido por la etapa de cristalización plena de la nueva sociedad y vivían las hambrunas, rasgo distintivo, ya que en el siglo XX solamente se han producido en regímenes de la familia socialista. No debe confundirse hambruna con crisis alimentaria, porque mientras la segunda es coyuntural, la primera afecta las variables demográficas de mortalidad y natalidad y se produce cuando hay menos de tres litros de agua potable diaria por persona, con 30% de la población afectada por la desnutrición, y mortalidad de 2 por cada 10 mil personas.

Fidel, langosta y Chablis

Mientras durante la Guerra Civil en la Unión Soviética hubo un millón y medio, durante los primeros quince años de consolidación del régimen se produjeron 30 millones de muertes, gran parte por hambruna. Stalin las provocó con las colectivizaciones forzosas en Ucrania (Holodomor) y otras regiones, sin descuidar que luego de la república de 1936 y la guerra civil subsecuente, también la hubo en España. Luego Mao la engendró en China cuando decidió convertir a los campesinos en obreros metalúrgicos, y más tarde la revolución teorizada por Jean Paul Sarte y Frantz Fanon en Los condenados de la tierra, la generalizó en África poscolonial y antiimperialista.

En Cuba no hubo hambruna gracias a la ayuda del bloque socialista, que suplía la vagancia y la improductividad implantada en la isla con un subsidio directo y durante el periodo especial, a la caída del comunismo soviético, gran parte de la gente se alimentaba con conchas de plátano disfrazadas de carne mechada. En Venezuela durante los 20 años de socialismo, el gobierno consumió una asombrosa riqueza petrolera equivalente a 200 veces el ingreso de los 40 años de democracia puntofijista y el país está pisando la alfombra de la crisis alimentaria con lo que termina el mito de que las revoluciones se asfixian por el embargo imperialista.

Las revoluciones mueren porque ponen en práctica una visión aberrante de la sociedad y practican políticas demostradamente criminales. Todas transitaron por las hambrunas y los déspotas se fotografiaban con los turistas de izquierda devorando langostas y bebiendo Chablis mientras sus pueblos morían de hambre. Ni las hambrunas ni los embargos sirvieron para otra cosa que no fuera aherrojar y remachar la dominación de la nomenclatura en el poder.

@CarlosRaulHer

 4 min


El país empotrado en un verdadero berenjenal. La lucha por el poder ha exacerbado las pasiones y los bandos en conflicto como en la Guerra Civil Española se juegan el todo por el todo. Detrás de ellos las grandes potencias. En las guerras internas de pequeños pueblos siempre estarán grandes potencias. Ha sido así en el correr de la historia humana. Aunque en Venezuela aun no se ha llegado al nivel de guerra armada hay señales que apuntan a la tendencia de armar a la oposición. Se observa entre líneas en algunas de las declaraciones emitidas. ¿Será eso inevitable? En mi entender por ahí van los tiros. Las posiciones se han radicalizado y las posturas últimas de ambos lados así lo indican. El juego está trancado y no hay señales de cambio. Las diferencias son de tal tamaño que no importa el acatamiento a las reglas institucionales y constitucionales vigentes. Como topos de túnel se mueven abriendo paso hacia la toma de la colina. Arrastrando con ello todo vestigio de legalidad, derecho y racionalidad. La doctrina y la estructura normativa constitucional están siendo constreñidas para la justificación de metas y estrategias de cada bando.
Juicio a los designados

Mientras, la oposición se aferra a la instalación de un gobierno paralelo, llegada de ayuda humanitaria y movilización permanente de su gente en la calle, dentro de las líneas de “Cese de la Usurpación”, gobierno de transición y elecciones libres. El Presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó que funge como Presidente Interino de la República, designa Embajadores en varios países del mundo; nombra las Directivas de Pdvsa y Citgo; ordena la entrada de la ayuda humanitaria y oficializa su llegada para el día 23F. El gobierno, por otro lado, amenaza con convocar elecciones para la Asamblea Nacional, someter a juicio al Diputado Juan Guaidó, a través de la Contraloría. Inicia juicio a los designados por usurpación de funciones. Cada uno marcando su territorio, registrando sus límites y lentamente esperando el movimiento del contendor para mover las piezas. El tablero en la mesa y las piezas de ambos tras un jaque… o mejor un jaque mate.

En juego… el poder

Está en juego el poder y quién sabe si la estabilidad democrática. El poder, a decir de Bertrand Russell, conjuntamente con la gloria, continúa siendo la aspiración más alta y la recompensa más grande de la humanidad. Y de acuerdo a Max Weber, sociólogo y científico político alemán, “Poder es la posibilidad de imponer la propia voluntad al comportamiento de otras personas”. Eso es lo que está en juego en esta compleja y crítica situación nacional. La lucha de sectores políticos, militares, económicos y sociales por el control del Estado… sus poderes públicos. Lo que no se podrá negar es el hecho de un clamor general por el cambio de gobierno. Ya son veinte años de desafueros, políticas erradas, arbitrarias y acciones fracasadas. Más de dos años de hiperinflación que metió a la población en un agudo proceso de empobrecimiento, caos de los servicios e inseguridad de bienes y personas. Una situación creada por los propios gobernantes. Fracaso de un modelo socialista que privilegió irresponsablemente la corrupción, la malversación de los recursos de la nación y permitió el ascenso al Poder Ejecutivo de personas incompetentes y carentes de adiestramiento puntual.

Sin embargo, la última palabra no se ha dicho. El momento de implosión no ha sido decretado. Ambos empujan hacia objetivos contrapuestos. Se cruzan las acciones y con aparente indiferencia ellas demarcan estrategias con sentido calculado y propósito anticipado. Todo va bien en la querella entre combatientes. Huele a libreto diseñado allende los mares. Pero del lado del liderazgo opositor comienzan a verse fisuras de descontento y división. Lo reseñan las redes y el ambiente algo tenso que se vive en las manifestaciones. Las rivalidades están allí, se expresan y comunican. Flotan los egos y las ambiciones. Algunos pescando en río revuelto. ¡Todos quieren ser presidente! Pudieran boicotearle el plan a Guaidó. Hasta ahora llevado con aplomo y resolución. No es tanto lo que ha decidido lo que impresiona, es su arrojo y valentía demostrada. Aparenta más madurez de la que tiene. Lacónico y oportuno. Sin ambigüedades ni improvisaciones. Por lo demás lo exigen las circunstancias. Yo no sé en qué va a terminar el fenómeno Guaidó; en esta situación tan compleja. Por ahora, le cambió la cara a la oposición y luce sobresaliente en su papel protagónico dentro del libreto.

fcordero@eluniversal.com

efecepe2010@gmail.com

@efecepe2010

 3 min


Estoy terminando de ver por Netflix la excelente serie de Caracol, “Pablo Escobar, el patrón del mal” que relata en detalle la carrera de este temible capo. De un bandido sagaz y ambicioso que medía fríamente sus pasos en la prosecución de su negocio –el tráfico de drogas a EE.UU.—, se convierte en un monstruo sanguinario embriagado por el enorme poder que acumuló, dispuesto a retar al Estado colombiano con una guerra a base de atentados terroristas. Obnubilado, pierde toda capacidad de discernir sus límites y se embarca en una temeraria y cruel confrontación que provoca muchas muertes y, finalmente, la suya: “el poder corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente” (Lord Acton dixit). La serie revela a un psicópata que no se detiene ante consideraciones morales, políticas o legales para subirle la apuesta al Estado por cada revés sufrido. Lo insólito es que va “justificando” sus crímenes con una curiosa ética que considera legítimo su oficio. Deshonestos, injustos, marrulleros y corruptos son los funcionarios públicos, no él. Culpabiliza a la oligarquía colombiana por arrinconarlo como un antisocial. La organización criminal que forjó, absolutamente obsecuente y vertical, junto a los demás capos socios, le refuerzan su conducta ciega de violencia, empujándolo a la conflagración final.

Escobar quiso capturar al Estado desde afuera, desde su posición de poderoso capo mafioso, uno de los hombres más ricos de Colombia. Tuvo en su nómina a oficiales de policía, funcionarios públicos y por lo menos un senador de la República. Coqueteó incluso con la idea de una candidatura presidencial suya. Más, en definitiva, no pudo poner las instituciones del Estado a su servicio, a pesar de haber intentado arrodillarlas asesinando a un ministro, a altos oficiales de la policía, al procurador y a Luis Carlos Galán, quien se perfilaba como próximo presidente de Colombia.

El paralelo con Maduro y sus cómplices es ineludible, a pesar de que sus negocios se centran más en la depredación de la riqueza social que en el narcotráfico. Pero donde fracasó Escobar, la mafia militar civil venezolana tuvo éxito. Se evitó tener que buscar el control del estado desde afuera porque ya lo había conquistado desde adentro. Habiendo capturado la presidencia en elecciones legítimas, Chávez empezó a desmantelar sus instituciones y a arrinconar las fuerzas de mercado, abriéndole oportunidades a allegados para toda suerte de corruptelas. La acumulación de fortunas pasó a depender cada vez más de la correlación de fuerzas derivadas de la estructura de poder, fomentando complicidades internas que terminaron colonizando al aparato estatal. Central a ello fue corromper la cúpula militar.

Igual que “el patrón del mal”, Maduro, siendo dictador, se fue embriagando con el poder desmedido, perdiendo la perspectiva de sus limitaciones. Cuando los precios del crudo revirtieron desde los niveles extraordinarios alcanzados, prefirió recostarse en la complicidad de militares corruptos que en intentar legitimarse corrigiendo sus políticas. Le declaró así la guerra a la sociedad venezolana, labrando trincheras fraudulentas para ello: una asamblea constituyente y un tribunal supremo desvergonzado. Y como Escobar, desafía abiertamente al mundo y recluta malandros para su defensa. Rota su conexión con la realidad, no se da cuenta que se le acabó la partida, que debe negociar su salida.

El temible capo de Medellín hizo explotar un vuelo de Avianca y a edificios públicos, matando a muchísimos inocentes. La crueldad de Maduro sacrifica millares de vidas igualmente inocentes impidiendo la entrada de ayuda humanitaria. Y, como el capo --quien alegaba ser de izquierda--, se encubre en una retórica justiciera para echarle la culpa a otros de sus crímenes.

Escobar, abandonado por sus antiguos compinches, termina acribillado por la fuerza pública. Se le había cerrado toda otra salida. ¿Qué va a decidir la mafia venezolana una vez termina de resquebrajarse la complicidad militar? Para bien de los venezolanos, se les está ofreciendo salida.

Economista, profesor de la UCV.

humgarl@gmail.com

 3 min


Progres y fachos, fachos y progres. No son por cierto categorías de tipo weberiano, provienen más bien del habla pública, de hilos comunicativos formados bajo el calor de la pasión política, allí donde la gente se nosotriza en contra de otros que los cuestionan en sus ideologías, en sus creencias, en sus modos de ser, en sus culturas, en sus identidades. Son palabras destinadas a estigmatizar al otro, a marcar diferencias, a constituir bajo la forma de un simple mote a un enemigo más imaginario que real. Se trata en fin de una relación de negatividad, destinada, como toda negatividad, a construir una afirmación de “un sí mismo”.

Denominaciones radicalmente excluyentes, sin duda. Pues para un facho un progre es todo quien no es facho y para un progre, facho todo quien no es progre. Pero a la vez -paradoja- ni progres ni fachos se consideran a sí mismos como progres o fachos. Nadie dice yo soy progre o yo soy facho con el orgullo con que en el pasado derechistas e izquierdistas proclamaban a los cuatro vientos sus identidades políticas. La razón parece ser la siguiente: progres y fachos son categorías destinadas a ridiculizar al depositario del deseo de agresión gramatical que habita en cada una de nuestras bocas. Fachos y progres son una creación negativa del otro por el otro.

Las palabras progres y fachos tienen, como casi todas las palabras, dos orígenes. Uno etimológico que es el que menos importa y otro histórico, que sí importa demasiado.

De acuerdo a sus orígenes etimológicos, las palabras progres y fachos son derivados de las palabras progresistas y fascistas. Sin embargo, no todos los llamados progres son progresistas ni todos los llamados fachos, fascistas. Muchos progres adhieren a ideologías del pasado, propias a la era del capitalismo industrial –el marxismo- leninismo, por ejemplo - y en ese sentido no solo no son progresistas sino reaccionarios. A la inversa, muchos fachos no son reaccionarios sino progresistas. La mayoría de ellos se declaran amantes del progreso tecnológico y económico y para ello están dispuestos a sacrificar al medio ambiente (Trump) e incluso a comunidades indígenas (Bolsonaro).

Ahora, desde el punto de vista histórico, las denominaciones progres y fachos pueden ser consideradas sucedáneas de las de izquierda y derecha. Y aquí salta la pregunta: ¿por qué el habla popular se ha visto en la necesidad de inventar significantes alternativos a los de izquierda y derecha? La respuesta es obvia: solo se usan nuevos significantes cuando los vigentes ya no están en condiciones de cubrir el significado de lo que intentamos significar. Prueba semiótica de que los términos izquierda y derecha han ido perdiendo su transparencia. Sobre las razones de esa pérdida hay muchos escritos y no insistiremos aquí sobre el tema. Lo importante es que las palabras progre y facho no designan solamente a objetos políticos sino, además, culturales. No a enemigos de clase o a ideologías contrarias, sino a dos modos de concebir y vivir el mundo. De ahí que ambos términos no pueden ser definidos de un modo objetivo sino a partir del mundo subjetivo de los progres y de los fachos. ¿Qué es un progre para un facho y que es un facho para un progre? Esa es la pregunta.

Progre para un facho tiene un significado polisémico. En su sentido originario sirvió para calificar a los que mantienen posiciones de la antigua izquierda y por lo mismo están dispuestos a rendir pleitesía a dictaduras militares como la cubana, la nicaragüense y la venezolana. Pero después el término ha sido extendido hasta llegar a designar a quienes forman parte o simpatizan con movimientos sociales como los feministas, los ambientalistas y los pacifistas. Para los fachos de hoy los progres forman un arco que va desde Kim Jong Un, pasando por Maduro, hasta llegar nada menos que a Merkel, Macron u Obama, estos últimos, representantes del “pensamiento correcto” (así lo llaman progres y fachos). Un facho, en consecuencia, puede ser perfectamente reconocible por la mega-dimensión e indiferenciación de sus antagonismos.

Lo mismo sucede con los progres. En un comienzo el término facho fue usado por ellos solo para calificar a personas que rinden culto a siniestras dictaduras militares a la Pinochet o a la Videla o a aquellos que ven en cada reforma social una amenaza comunista. El término ha cobrado vigencia después del aparecimiento de los macro y micro nacionalismos europeos en los cuales conviven fachos con fascistas de tomo y lomo. No obstante, el término ha sido extendido aún más por los progres y hoy les sirve para calificar a todo aquel que no vea en los EE UU un imperio asesino, a todos quienes no estamos de acuerdo con los excesos del me too, o a todos quienes nos oponemos a cualquier fundamentalismo ideológico o religioso.

Puede pensarse entonces que los progres y los fachos son los dos extremos de la política. Geométricamente podría ser cierto. Sin embargo, al ser designados el uno por el otro y el otro por el uno, es inevitable que entre ambos tengan lugar entrecruces identitarios hasta el punto de que pueden llegar a confundirse en una simbiosis. ¿Qué es un progre sin un facho o un facho sin un progre? La respuesta ha sido dada por los propios progres y fachos. La encontramos en Europa, en la indisoluble alianza contraída por ambos alrededor de la figura del autócrata Putin: el padre de todas las dictaduras del mundo. Pues para nadie es un misterio que Le Pen del FN, Gauland de AfD, Salvini de LN y Orban de FIDESZ, son aliados de Putin. Pero no menos aliados de Putin son Pablo Iglesias de Podemos, Mélenchon de Francia Insumisa y Tsipras de Syriza.

¿Qué ven los fachos en Putin? Sin lugar a dudas, el hombre fuerte y autoritario, el restaurador de costumbres patrióticas y viriles, el defensor de la familia, de la religión y el garante en contra de la odiada UE. ¿Y qué ven a su vez los progres en Putin? El anti-imperio, el hombre que se las planta a EEUU, el restaurador geográfico de la URSS con otro nombre, y (otra vez) el garante en contra de la odiada UE.

Del mismo modo un castrista y un pinochetista ayer, un bolsonarista y un madurista hoy, comparten similares valores políticos. Están dispuestos a transgredir los derechos humanos, son enemigos del debate público -y, luego, del parlamento- rechazan las vías electorales, asumiéndolas solo cuando pueden ganar, y buscan soluciones inmediatas, sin compromisos ni diálogos con “el enemigo”. Todo en nombre de una supremacía moral que nadie les ha otorgado. Solo así se explica por qué los progres son a veces tan fachos y los fachos son a veces tan progres. En verdad, para referirnos a ellos deberíamos inventar otras palabras: fapros o profas, por ejemplo.

No obstante, siempre y cuando no sean mayoría o por cualquier vía alcancen el poder, progres y fachos pueden jugar bajo determinadas condiciones un rol positivo. Ambos, visto así, representan en sus extremos a los enemigos de la por Karl Popper llamada “sociedad abierta”. Por lo mismo, ambos nos alertan que en momentos políticos como los que atravesamos, a quienes no somos ni progres ni fachos no nos está permitido bajar la guardia ni dormir sin mantener un ojo abierto.

La lucha por la democracia está plagada de peligros y hay veces -pienso inevitablemente en la Venezuela de Maduro- en las que los demócratas deben combatir contra dos frentes a la vez: los progres que ven en el dictador y su camarilla un baluarte en contra del imperialismo y los fachos que buscan cualquiera salida bajo la condición de que no sea política.

¡Progres y fachos del mundo, unidos seréis siempre vencidos!

febrero 15, 2019

https://polisfmires.blogspot.com/2019/02/fernando-mires-los-progres-y-lo...

 5 min


Jesús Elorza G.

Un grupo de embajadores, representantes de los países que reconocen al Presidente Guaidó, se encontraban reunidos observando y comentando el desarrollo de las multitudinarias concentraciones y marchas que se realizan semanalmente en toda

- Manifestação democrática tremenda, expresaron al unisono los diplomaticos deBrasil y Portugal.

- Borgere hævder Frihed, los ciudadanos reclaman Libertad señaló el embajador de Dinamarca.

- Przypominają mi ruch Solidarności, me hacen recordar al MovimientoSolidaridad de Lech Walesa, dijo el polaco.

- Ich denke, das Regime fällt wie die Berliner Mauer, el regimen se esta cayendo como el Muro de Berlin,expresó el aleman.

- Frezident guaid ó firt di venezuelan mentshn vi mshh geydid aundz, El Presidente Guaidó guia al pueblo venezolano como Moises nos guio a nosotros, expresó muy religiosamente el diplomatico israeli.

- Cese de la usrpacion, gobierno de trancision y elecciones libres fue el planteamiento colectivo de los plenipotenciarios representantes del GrupodeLima (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay y Perú).

- Awesome. Yo creer que el usurpador tiene los days contados, dijo el norteamericano.

-La liberté, l'égalité et la fraternité sont des droits des citoyens, le totalitarisme est contraire à la démocratie, señaló el embajador frances.

-Degustando unos sushis el embajador japonés expresó que “Hitobito no nīzu o mitasazu, shihai-sha no fuhōna fuyū-ka nomi ni seigen suru taisei wa, kenryoku o nigirubekide wanai.”… No debe permanecer en el poder un régimen que no atienda las necesidades de un pueblo y sólo se limite al enriquecimiento ilegal de los gobernantes.

-El diplomático de Kosovo, expresó muy contundentemente: Politika ovog režima me tera da pomislim na novi model "etničkog čišćenja" koji se manifestuje kada se režim drži kao politika "da svako ko se ne slaže sa revolucijom odbija i mora biti istrebljen." To je neprihvatljivo. Izvan uzurpatora.

Uno de sus secretarios se permitió traducir las palabras del diplomático: Las políticas de este régimen me hacen pensar en un nuevo modelo de “Limpieza Étnica” que se manifiesta cuando el régimen sostiene como política “Que todo aquel que no esté de acuerdo con la revolución es un enemigo y hay que exterminarlo”, Eso es inaceptable. Fuera el usurpador.

Todos los miembros del cuerpo diplomático, presentes en la reunión, fueron sorprendidos al observar en las pantallas de televisión, que los manifestantes que se encontraban en las concentraciones, en un momento determinado, gritaban a todo pulmón “Coño de tu madre” ¿Qué significa esa expresión? Se preguntaban unos a otros los embajadores.

-El español, no encontraba ninguna relación entre una manifestación y la vulva de una mujer.

-Gustavo Tarre, embajador especial, designado por el Presidente Guaidó, ante la Organización de Estados Americanos OEA, tomó la palabra para explicarle a sus colegas diplomáticos el significado de la expresión. Si bien es cierto que literalmente significa “Vagina de tu madre” no menos cierto es que para los venezolanos se usa con el sentido de la interjección que denota contrariedad y sirve para expresar diferentes estados de ánimo, fundamentalmente enojo, extrañeza y también de alegría.

En el caso particular que nos ocupa, llamar “coño de madre” a alguien, es expresar que la persona insultada hace mal en la vida, perjudica a los demás con palabras y acciones, en vez de hacer lo correcto y actuar justamente a favor del prójimo se prefiere actuar en perjuicio de este. La gestión gubernamental en 20 años se ha caracterizado por haber llevado al país y sus habitantes a los más altos niveles de inseguridad, a la criminalización de la protesta social, a la militarización del poder ejecutivo, al secuestro de los organismos de justicia y electorales, al desconocimiento de la Asamblea Nacional, a la creación de organismos legislativos paralelos e ilegales, a la situación caótica de los hospitales, a la falta de medicamentos, a la expropiación y quiebra de las empresas, al cerco presupuestario contra las universidades, a una hiperinflación que pulverizó el salario de los trabajadores, a la compra de apoyos por bolsas de alimentos, a la intención de establecer el “Pensamiento Único” en el sistema educativo, a la represión más sanguinaria en nuestra historia republicana (el promedio anual de asesinatos supera los 26.000 por año), a la represión y muerte de opositores y a la pretensión de mantenerse en la presidencia a través de procesos electorales anticonstitucionales.

Por todo esto, hoy más del 90% de la población repudia a este régimen de oprobio, totalitario y dictatorial. En las calles a todo lo largo y ancho del país los ciudadanos reclaman el cese de la usurpación, un gobierno de transición y elecciones libres. Esa expresión “Coño de tu madre” es un grito de Libertad.

En su totalidad, luego de escuchar el prontuario de acusaciones contra el régimen, el cuerpo diplomático, ratificó su apoyo a los ciudadanos venezolanos y al Presidente Juan Guaidó y el embajador de Francia interpretando el sentir de sus colegas gritó “La chatte de votre mère.

 3 min


Mientras esperamos el desenlace de la entrada de la ayuda humanitaria en Las Tienditas, algunos se recrean desenterrando “hachas de guerra”. Me refiero a las amenazas de “guerra” que, según algunos, revolotean sobre Venezuela y con las que tendría que lidiar Juan Guaidó. Estas son: un nuevo escenario de guerra fría, entre EEUU y Rusia, con sus respectivos aliados, que tendría a Venezuela como uno de sus epicentros; y una supuesta guerra civil, como la española, por ejemplo. Me referiré en esta oportunidad a la supuesta “guerra fría”, cuyo escenario veo más inmediato.

No me cabe duda sobre lo que algunos analistas, demasiados como para nombrarlos a todos, han señalado. Primero, es obvio que la Rusia del ex-KGB, Putin, anhela fervientemente restaurar el viejo poderío y preponderancia en el mundo de la antigua Unión Soviética. Segundo, tampoco me cabe ninguna duda acerca del intolerable involucramiento de la Rusia de Putin en Venezuela, en la búsqueda de petróleo, oro y otros minerales y tercero, su probable interés, de paso, establecer una cabeza de puente en América Latina, considerado el patio trasero de los EEUU; y eso pudiera estar influyendo en la toma de acciones más decisivas en Venezuela, por parte de los EEUU; aunque las ya tomadas son bastante decisivas.

Pero, en primer término, no creo que la Rusia actual sea lo mismo que la Unión Soviética de antaño. La información militar que yo manejo, me lleva a pensar que no hay detrás de Rusia la “potencia militar” que algunos quieren ver; es decir, que la Rusia de Putin no es ni mucho menos la potencia militar que era la Unión Soviética, por más que así lo aspire Putin y algunos analistas políticos lo piensen y quieran ver en lo que está ocurriendo en el mundo y en Venezuela. No creo que Rusia tenga la capacidad de instalar bases militares en América Latina, como lo intentó a principios de los años sesenta del siglo pasado en Cuba. Sobre el poderío ruso, ya lo señaló hace algunos años el presidente Obama de los EEUU cuando afirmó, palabras más, palabras menos, que Rusia era solo un poder local, con capacidad de amenaza militar únicamente para algunos vecinos y que esa era su gran debilidad, no superable, por los momentos o en un tiempo cercano. Por más que Putin, Rusia y la dictadura pudieran tener la aspiración de “instalar” alguna base en Venezuela, creo que el interés ruso en nosotros es más económico, que otra cosa, aunque no dejen de hacer ver alguna arista “geopolítica”, como para perturbar a los EEUU.

Con respecto al involucramiento de Rusia en Venezuela, es notorio que entre préstamos e inversiones, según algunos, la cifra ronda los 17 mil millones de dólares, que en estos momentos es un monto considerable para Rusia, como para perderlo. Sea por esta “deuda”, sea por el temor del régimen a las represalias por parte de los EEUU, y aunque el monto de lo adeudado o invertido no fuera de una magnitud importante, la dictadura así nos lo quiere hacer ver, a nosotros y a los EEUU, para sentirse “apoyada” y “protegida” por quien no estaría dispuesto a perder ese dinero.

Además, no deja de ser un atractivo importante para los planes rusos, aun cuando no pueda ir muy lejos, ejercer influencia sobre el país que posee las reservas de petróleo más importantes del planeta, ingentes cantidades de otras riquezas en minerales, que está sumido y debilitado por una profunda crisis económica y humanitaria y situado tan cerca de los EEUU.

La dictadura venezolana ha dado pasos firmes en dirección a Rusia y esos pasos van más allá de los rumores sobre traslados de oro y otros minerales; o los paseos a Rusia en búsqueda de financiamiento; o los paseos “inocentes” de aviones de guerra rusos; o supuestas movilizaciones de barcos de ese país hacia el Caribe, y sobre eso si hay que llamar la atención del mundo.

Venezuela ha cedido importantes yacimientos petrolíferos a Rusia, le ha cedido un 49% de las acciones de CITGO, empresa ubicada en los EEUU; la empresa rusa Rosneft ha incrementado su producción petrolera en Venezuela, a pesar de las sanciones de los EEUU, para aliviar al régimen venezolano; y recientemente PDVSA ha abiertos cuentas en el Gazprombank AO, banco ruso, donde aspira que las empresas petroleras que extraen petróleo de Venezuela, depositen el monto de la factura petrolera, en un intento por evadir las sanciones impuestas por el Departamento de Tesoro de los EEUU. De ocurrir o continuar esto –lo de la apertura de las cuentas ya ocurrió– Rusia estaría siendo cómplice de la expoliación de recursos al pueblo venezolano y eso debe ser tomado en cuenta de manera apropiada por la comunidad internacional.

Por lo tanto, creo que el gobierno interino de Venezuela, que preside Juan Guaidó –y esta es mi propuesta– debe situarse en un escenario pre bélico, de “guerra fría”, denunciar estas maniobras rusas con la dictadura venezolana y advertir también a algunos gobiernos –China, Italia, Turquía, Irán– pero sobre todo a Rusia, lo que ya la Asamblea Nacional (AN) advirtió en 2018: que todo tratado que se firme entre gobiernos o contrato entre empresas, que afecten los intereses del país, no es válido y no será reconocido ni honrado, si no es aprobado por la AN.

De esta manera, esos países, que además no han reconocido la magnitud del problema que vive Venezuela, ni al gobierno de Juan Guaidó, verían que están en riesgo la recuperación de préstamos ilegales y cuantiosas inversiones.

Este sería un paso importante para el gobierno interino, que haría que algunos gobiernos pusieran sus barbas o bardas en remojo. Y sería, si no un paso de “guerra fría”, al menos un paso muy fríamente calculado que debería dar el presidente Juan Guaidó.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 4 min


I.

Estos tiempos no han sido nada buenos para la democracia venezolana. Desde hace rato el Gobierno ha eliminado todas las resistencias institucionales diseñadas para contrapesar el ejercicio del poder y, para muestra el botón de la Asamblea Nacional Constituyente. Ha erosionado, igualmente, el sistema de arbitraje institucional, factor esencial de la convivencia colectiva. Pareciera que lo anterior, y otras tantas medidas del mismo talante, se ha generado, en buena medida, porque el oxígeno de la política ha sido la confrontación con el “otro”, entendido éste como enemigo, bajo la inspiración de un delirio ideológico que ha servido para justificar todo.

Cierto, entonces, que una tarea urgente e inmediata, aparte, claro, de acomodar el desmadre económico y reparar el tejido social, es la de re institucionalizar, sin rendirle tributo a la nostalgia - éramos felices y no lo sabíamos -, la vida venezolana. En buena medida se trata de recuperar al Estado y de establecer la política como instrumento para definir, mediante diálogos y negociaciones, rumbos comunes, contando con los indispensables mecanismos que permitan zanjar conflictos y discrepancias de manera civilizada.

II.

Hay, así pues, que acometer esta tarea, un propósito lógico a corto plazo para un nuevo gobierno que debe recoger los trastos rotos que le deja la gestión de Maduro.

Pero se trata, además, de comenzar a pensar en nuevos diseños institucionales de cara a las claves que rigen en la época actual, marcada, en primer término, por la emergencia de la sociedad del conocimiento, de la que derivan gruesas implicaciones en la acción de gobierno y en su armadura institucional.

Se trata, en este sentido, de incluir en el libreto las transformaciones tecno científicas y el impacto radical que causan en todos los espacios de la vida social, incluso en donde cuesta más imaginarlo como en la cocina (hay robots que preparan comida japonesa y gana espacio la gastronomía molecular), en el deporte (asoma el dopaje genético), en los procesos electorales (según quedó ampliamente demostrado con el uso de big data en el triunfo de Trump y Bolsonaro, por sólo citar dos ejemplos) y no digamos, porque es demasiado obvio, en la actividad productiva bajo el sello de la Cuarta Revolución Industrial, fundamentada en las llamadas “tecnologías disruptivas”. Se trata, además, de la rapidez con la que ocurren tales cambios y de la incertidumbre que generan (la sociedad del conocimiento es también la sociedad del desconocimiento), con la consecuente dificultad para evaluarlos, regularlos e, incluso, valorarlos desde el punto de vista ético.

Y en segundo término hay que tomar en cuenta, así mismo, la fuerza que vienen cobrando los procesos de globalización – hoy en día se habla de la Globalización 4.0 - que rebosan claramente los dominios y las capacidades de los Estados Nacionales, como lo deja ver claramente, aunque no exclusivamente el problema del cambio climático, poniendo de relieve que la cooperación y la multilateralidad son esenciales en la gestión de los gobiernos. Ocurre esto porque en la actualidad, el sistema internacional es más complejo que nunca, con innumerables actores locales, regionales y globales operando en un contexto de conectividad instantánea y de una creciente interdependencia, como nunca en la historia. Si no recuerdo mal es Moisés Naím, en su libro “El Fin del Poder”, quien señala que los cambios mundiales, tecnológicos, institucionales y legales dispersaron el poder.

III.

No se puede articular la política al margen de estos hechos. Ha escrito el filósofo español Daniel Innerarity, quien lleva años ocupándose de estos asuntos, que una teoría adecuada para entender cómo gobernar las sociedades actuales requiere modificar sustancialmente conceptos que están vinculados al universo de la sociedad industrial y al espacio articulado por los estados nacionales autosuficientes. En suma, añade, la política ya no tiene que enfrentarse a los problemas del siglo XIX o XX sino a los del XXI, que exigen capacidad de gestionar la complejidad social, las interdependencias y externalidades negativas, todo ello, me gustaría añadir, en el escenario, de la sociedad del conocimiento (y del desconocimiento).

Lo indicado implica, desde luego, otras formas y otras funciones en el Estado y también otras maneras de gobernar y de hacer política, sobre la base de otra organización institucional, todo asociado a la reorganización de la democracia a partir de una visión distinta los temas públicos y el establecimiento de nuevos valores de vigencia universal.

IV.

Son las anteriores cuestiones cercanas, aunque nos parezcan lejanas como si no tuvieran que ver con nosotros. Ponen de manifiesto temas que, en medio de la coyuntura que nos agobia, es necesario que se vayan pensando de cara a estos tiempos políticos que se le avecinan a Venezuela.

No olvidemos el Siglo XXI empezó hace rato

HARINA DE OTRO COSTAL

El Instituto de Investigaciones Científicas (IVIC) cumple sesenta años de vida institucional. Se trata de una organización emblema en su ámbito, que demostró que aquí se podía hacer ciencia de muy buen nivel. Mirando su historia uno podría señalar fallas, cierto, que organización no las tiene, pero deja ver tras de sí una obra muy buena, extremadamente significativa, de mayor trascendencia de la que se le suele reconocer por estos días.

Tristemente, el IVIC no vive hoy en día buenos momentos. Es apenas otra muestra más de un cuadro general que no habla bien de la manera como el país está encarando su desarrollo tecno científico, en el escenario de la sociedad del conocimiento, cosa que preocupa porque, como diría el escritor brasileño Jorge Amado, deja la sensación de que Venezuela ha venido entrando al Siglo XXI reculando.

El Nacional, viernes 15 de febrero de 2109

 4 min