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Opinión

Jesús Elorza G.

Sólo la ignorancia o la maldad pueden explicar la decisión, hace una año, del muftí Abdulaziz Al- Sheikh (jurisconsulto musulmán con autoridad pública, cuyas decisiones son consideradas como leyes.) de prohibir el ajedrez en Arabia Saudí. Quizá no tenga la menor idea de la gran importancia histórica del deporte mental en el mundo y en la cultura árabe en concreto. O todavía peor, tal vez le asuste que sus fieles puedan pensar con lógica.

Sus argumentos son aberrante porque intenta convertir en lacras algunas de las grandes virtudes del ajedrez: “Hace pobre al rico, y rico al pobre. Crea hostilidad y hace malgastar el tiempo”.

El muftí cita asimismo razones ampliamente superadas hace siglos: que el ajedrez implica apuestas de dinero, expresamente prohibidas por el Corán. Eso era cierto, a veces en la Edad Media, pero ha desaparecido desde entonces, con la reciente excepción de las apuestas por Internet sobre el resultado de los torneos, como ocurre en casi todos los demás deportes. Pero es muy improbable que Abdulaziz al-Sheij se refiera a esto último porque entonces tendría que prohibir todos los deportes.

La frase más jugosa del muftí, que nos incita a un interesante recorrido histórico, es muy contundente: “El ajedrez es obra de Satanás”. Pero no es nada original porque otros fanáticos religiosos, tanto musulmanes como cristianos, ya dijeron tonterías semejantes a lo largo de los siglos. Con mención especial para el imán Jomeini, quien lo prohibió tras liderar la Revolución de 1979, nada más tomar el poder en Irán, con esta otra sentencia redonda: “El ajedrez es un juego diabólico que perturba la mente de quienes lo practican”. Lo que provocó la huida despavorida de varios jugadores profesionales, como Sharif (nacionalizado francés) o Shirazi (USA), quienes veían peligrar sus vidas.

El ajedrez estaba considerado como pernicioso por varias razones; entre ellas, las citadas apuestas antiguas; y también que sus piezas representan figuras humanas y de animales, algo rechazado por los coranistas extremos.

Por su parte, los talibán afganos también lo prohibieron, en 1996, hasta el punto de que los jugadores de la selección nacional se han jugado la vida varias veces o se han escapado del país para participar en las Olimpiadas de Ajedrez u otros torneos.

La ocurrencia del muftí Saudí ha tenido mucho eco internacional y ha indignado a los ajedrecistas de su país, quienes sin embargo no parecen asustados. El presidente de la Federación Saudí, Musa bin Thaily, ha anunciado que no piensa cambiar su programación de torneos nacionales, ha cuestionado la decisión del muftí y, para no dejar el menor resquicio de duda, ha matizado: “En las piezas que empleamos en nuestro país, ¡¡¡el rey no está coronado por una cruz sino por la media luna creciente del Islam!!!”.

Tal vez porque las religiones se basan en la fe ciega, en contraposición al cálculo preciso y la lógica del ajedrez, éste ha sido prohibido en algún momento por el cristianismo, el Islam y el judaísmo. Incluso Buda vedó los juegos que se practicaban en un tablero de ocho por ocho. Sólo así puede entenderse, por ejemplo, que el famoso monje cisterciense francés San Bernardo de Claraval, líder religioso del siglo XII, definiera el ajedrez como “un placer carnal”. Tampoco se sabe por qué al arzobispo de Florencia le parecía que el ajedrez era “vergonzoso, absurdo y asqueroso”, por lo cual castigó a su obispo tras pillarlo in fraganti. Pero el castigo fue benigno porque le mandó lavar los pies a doce pobres. Y algo parecido ocurrió en el siglo XIII con el arzobispo de Canterbury, que calificó el ajedrez como un “vicio execrable”, y condenó al prior de Norfolk, tras descubrir que era ajedrecista, a tres días de pan y agua. La lista de prohibiciones es tan larga que sería tediosa, pero conviene añadir que durante los tiempos de la Sagrada Inquisición, el famoso Savonarola, confesor de Lorenzo de Médicis, amenazó con la condenación eterna a quienes pillase jugando al ajedrez.

Para mayor escarnio del gran desconocimiento o la sutil perversión del muftí, debe subrayarse la enorme importancia de los árabes en la evolución histórica del ajedrez. Ellos lo tomaron de los persas y lo llevaron a España hacia el siglo VIII o IX. Al principio sólo se practicaba entre los ricos, y era uno de los signos de distinción de la clase alta. Pero en los siglos siguientes se hizo interclasista e interétnico, hasta el punto de que el rey Alfonso X, El Sabio, escribió un libro de ajedrez en el siglo XIII, donde desliza la idea que el ajedrez es una magnífica herramienta para favorecer la buena convivencia de musulmanes, judíos y cristianos. Ese concepto sigue siendo muy válido hoy: la Federación Internacional de Ajedrez aglutina a 188 países; entre ellos, casi todos los musulmanes. Sin embargo, que los ciudadanos piensen puede ser muy peligroso para los líderes extremistas irracionales. De allí, la importancia de darle una “Jaque Mate a la intolerancia religiosa”

Ahora el Mundial Femenino se celebró en un país musulmán y de nuevo surgieron las manifestaciones de intolerancia religiosa contra “los no creyentes” o contra las mujeres. A los israelíes se les ha denegado el visado, pero no a los cataríes e iraníes; las jugadoras deben cubrirse la cabeza en la calle, como las ciudadanas saudíes, pero no en la sala de juego. El Mundial de ajedrez en las modalidades rápidas se disputó en Riad (Arabia Saudí) tras un acuerdo por tres años de ese país con la Federación Internacional (FIDE), que necesitaba una solución urgente tras la renuncia de Catar, organizadora de la edición anterior.

Arabia Saudí encabeza desde hace meses un boicot político a Catar de varios países de la zona, y mantiene pésimas relaciones con Irán como reflejo de la tensión permanente entre suníes y chiíes, las dos ramas principales mayoritarias en Arabia Saudí e Irán, respectivamente. Si a ese volcán en erupción se le añade la tradicional marginación de las mujeres saudíes, era fácil comprender que el ofrecimiento de Riad para ser la nueva sede del Mundial era delicado incluso para la FIDE, un organismo que aglutina a 188 países.

Corresponde en consecuencia, a los ajedrecistas de los distintos países, asumir la defensa de los derechos universales de la mujer y rechazar la intolerancia y los abusos en contra de ellas. El movimiento de las piezas: Peones, alfiles, caballos, torres y reina deben tener como objetivo final un “Jaque Mate a la intolerancia”.

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​José E. Rodríguez Rojas

Estas líneas están basadas en los planteamientos de Colette Capriles, expuestos en una entrevista que le realizara recientemente Alonso Moleiro, en una sección del periódico Tal Cual denominada Tal Cual Debates. La entrevista se centró sobre las negociaciones que se están llevando a cabo en República Dominicana. En la entrevista Capriles destacó el rol clave que está desempeñando la comunidad internacional en las negociaciones, que son más que una negociación entre el gobierno y la oposición, una negociación entre el gobierno y la comunidad internacional. Destacó el interés del gobierno en que le levanten las sanciones, lo cual podría llevar a un acuerdo en materia electoral, que es uno de los temas relevantes para la oposición.

Después del triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias del año 2015, el gobierno decidió implementar medidas para torcer la voluntad de cambio de la sociedad venezolana. En consecuencia decidió convertir los eventos electorales en una farsa. Agudizó la represión contra la oposición política, cuyos dirigentes fueron enviados a prisión o forzados al exilio. Ante esta situación la comunidad internacional ha optado por la aplicación de sanciones a fin de presionar al gobierno de Maduro a retornar al camino democrático. En esta línea de acción ha sido clave la acción de la comunidad latinoamericana a través de la creación del “grupo de Lima”, el cual ha decidido unirse a las sanciones internacionales a fin de presionar al gobierno venezolano a un cambio de conducta.

En este contexto se inscriben, según Colette Capriles, las negociaciones que se están llevando a cabo en República Dominicana. Según la escritora y analista político estas negociaciones difieren de las anteriores en un aspecto fundamental; se ha abierto una nueva etapa en la cual las negociaciones se han internacionalizado con la comunidad internacional asumiendo un rol clave en las mismas. En este sentido las negociaciones en Republica Dominicana no son una negociación entre el gobierno y la oposición, sino entre el gobierno y la comunidad internacional. Ello se refleja en la metodología adoptada según la cual el gobierno y la oposición exponen sus reparos y exigencias, pero al final el borrador de acuerdo que se discute es elaborado por los representantes de la comunidad internacional. Si bien esta iniciativa responde fundamentalmente a la iniciativa de los países latinoamericanos, los Estados Unidos están actuando en coherencia con estos representantes y han ofrecido desmontar las sanciones si se alcanza un acuerdo.

La percepción de Capriles es que el interés del gobierno en sentarse a la mesa de negociaciones, es porque necesita dinero para activar su base electoral a través de mecanismos perversos como los ligados al carnet de la patria. Para ello necesita plata, pero las sanciones han trabado toda operación financiera que tenga relación con Venezuela, lo cual ha agravado la crisis financiera que el gobierno padece. Por ello necesita que las sanciones se levanten y le den un respiro a fin de obtener dinero fresco que le permita aumentar el gasto público y activar su base electoral. Creen que si ello se logra pueden ganar en un evento electoral donde se den condiciones competitivas a la oposición.

El interés de la oposición es que se normalicen los eventos electorales y retornemos a elecciones competitivas. Por otro lado estamos ante una emergencia social y hay que buscar una salida. Las negociaciones son una puerta, abren la posibilidad de una salida y hay que explorarla. Las otras opciones han probado no ser una salida. Hemos visto los resultados de la calle como alternativa. También las elecciones, que han demostrado ser una farsa.

Hay sectores del gobierno que están interesados en que las negociaciones fracasen. No tienen problema en que entremos en una etapa similar al periodo especial cubano con todos los costos sociales que ello implica. Se están planteando permanecer seis años más en el poder en base a la represión y triquiñuelas electorales. Esta posición es el enemigo a combatir. Si estos sectores se imponen y las negociaciones fracasan, que el gobierno asuma los costos de esta decisión ante la comunidad internacional, a la cual no le quedará otra opción que agudizar las sanciones a Venezuela. El régimen debe asumir los costos de esta decisión de sobrevivir como un estado paria, si es que lo hace.

Hay antecedentes en los cuales se han utilizado las sanciones internacionales para abrirle la puerta a procesos de democratización. El caso más emblemático quizás sea el de Sudáfrica que posibilitó elecciones competitivas con la participación de la población negra, permitiendo el acceso de Mandela al poder, lo cual abrió una nueva etapa en la sociedad sudafricana.

Nota: Colette Capriles es escritora y analista político y forma parte del equipo técnico que ha estado presente en las negociaciones de la República Dominicana.

Profesor UCV

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Las actuaciones de Hermelinda y la de algunos trabajadores petroleros de Petrocedeño no son paralelas, como le hubiese gustado escribir a Plutarco, sino muy divergentes. Hermelinda defendió principios y valores de la democracia. Los trabajadores mencionados, o al menos un grupo de sus dirigentes sindicales, se quejan pero siguen apoyando este totalitarismo Siglo XXl.

Los principios de Hermelinda la motivaron a protestar en contra de un régimen que no cree en la meritocracia y que no respeta la Constitución y las leyes, particularmente en lo referente a los Derechos Humanos. A los trabajadores de Petrocedeño que participaron en uno de los videos que está circulando, solo les importa su situación económica.

Hermelinda no aceptó un bozal de arepa. No tuvo miedo de quedar desempleada a pesar de no contar con medios para sostener a su hija. Solo tuvo miedo por el futuro del país, si no se realizaban acciones para cambiar al régimen. Nunca creyó en que era conveniente “conservar espacios”, ya que la convivencia se convierte en complicidad ante un régimen totalitario.

Los trabajadores de Petrocedeño dan ruedas de prensa para denunciar que “los ingresos no les alcanzan, que no tienen insumos para trabajar, que están pasando hambre, el comedor de la empresa no funciona, no tienen papel higiénico, ni jabón en los baños, que muchos trabajadores han renunciado”. No les importa que otros venezolanos pasen penurias. Solo solicitan que las empresas extranjeras, socias minoritarias en Petrocedeño, Total( 30,3%) y Statoilhydro (9,7%), les den un complemento del sueldo en dólares. A Pdvsa, que tiene el 60% de las acciones, solo le piden que obligue a sus socias a realizar el aporte mencionado.

Hermelinda participó en todas las marchas de protesta para exigir democracia. No le rogó al régimen que le pagará sus prestaciones sociales y haberes en el Fondo de Ahorros que fueron confiscados por Alí Rodríguez, Rafael Ramírez y Eulogio Del Pino, siguiendo órdenes de Chávez y de Maduro. Tampoco pidió perdón para que le permitieran regresar a Pdvsa, de la cual fue despedida ilegalmente.

Los trabajadores de Petrocedeño se declaran revolucionarios. Alaban a Chávez, al Ché Guevara y a Maduro. Solo piden a cambio que les den unos dólares. No les importa que Pdvsa esté quebrada, que solo produzca 1.834.000 barriles por día, que las refinerías estén en el suelo, que su presidente Manuel Quevedo sea un general ignorante en materia petrolera pero diestro en represión, tampoco que los directores y muchos de los gerentes carezcan de méritos. No tienen coraje para responsabilizar a Maduro por la inflación, escasez de alimentos, de medicinas y de repuestos. Mientras les den los dólares solicitados pareciera no preocuparles las violaciones a los derechos humanos, ni la inseguridad promovida por el régimen.

Todos deben entender que el régimen tomó medidas para quebrar o debilitar al sector privado e inducir el exilio de talento. La estatización de empresas fracasó por ineptitud y corrupción. Hoy están afectados negativamente Pdvsa, la salud, la educación, el sistema eléctrico, las empresas del hierro y del aluminio, la Petroquímica, el sistema de salud, la infraestructura, la agricultura y ganadería, el turismo y la cultura. Ojalá los petroleros y otros sectores reaccionen y entiendan que la situación del país solo se arreglará cuando Maduro y su pandilla salgan del gobierno. Para ello, una huelga general es más efectiva que protestas en las calles que son violentamente reprimidas.

Hermelinda jamás bajó la cabeza. Todos los sábados atendía un puesto en el mercadito de Los Palos Grandes y en la semana se dedicaba a realizar todo tipo de gestiones para sobrevivir dignamente. Hermelinda no era directora, ni gerente, ni supervisora en la Pdvsa meritocrática. Era una secretaria eficiente. Al igual que el resto de sus compañeros despedidos por sumarse a un paro cívico convocado por todos los partidos políticos, por la CTV y por Fedecámaras, no estaba ajena a la problemática del país y no podía permanecer pasiva ante las violaciones a la Constitución y ante la diáspora de gente joven, la cual ahora incluye a balseros como los cubanos y africanos y campos de refugiados en Colombia y Brasil.

Hermelinda Aguilera nos dejó la semana pasada. Este reconocimiento es para ella y para los muchos compañeros que pasaron a mejor vida, dejando una estela de dignidad en un país en el que esta virtud es cada día más escasa.

Como (había) en botica:

Masacrados animales en Miraflores. En esa finca unos facinerosos mataron a pedradas y machetazos a numerosas reses. Sin duda hay hambre pero esos hechos dantescos no tienen justificación y algunos son propiciados por el régimen el cual, cuando se les escapa de las manos, asesina a algunos participantes.

Descalificar a priori a nuestros representantes en la negociación en Santo Domingo no es justo. Esperemos a ver si mantienen lo prometido.

El general Quevedo declaró que Pdvsa está muy endeudada, que no tiene flujo de caja y que no es rentable. También una meta para este año de 2. 470.000 barriles por día, monto que los expertos consideran no alcanzable.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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José Rosario Delgado

Los colombianos presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Venezuela, Nicolás Maduro, se pelean sobre dónde paren más las colombianas y las venezolanas fronterizas, si en la Nueva Granada o en la nueva cubada, en virtud de que ambos caliches, en aras de la integración latinoamericana, defienden a capa y espada la tierra donde murió Bolívar y la tierra donde nació Bolívar.

Nicolás Maduro miente y miente como si mintiendo más y más profundiza más y más su revolución mientras hunde más y más a su patria adoptiva hablando mal y mal de su patria natal. Maduro cree que estamos en los años ‘50 del siglo pasado, cuando los colombianos preferían la dictadura de Pérez Jiménez a la de Rojas Pinilla, o los años ’60 cuando la democracia que nació con buen pie en 1959 atrajo a las familias colombianas, incluida la familia Maduro Moros.

Tamaña mentira no se la cree ni el mismo Maduro, pues de sobra sabe que los colombianos pueblos fronterizos están repletos de venezolanos que huyen del hambre y se van en busca de comida o tratamiento médico y medicamentos que no consiguen aquí hace bastante rato y que, gracias a la media y baja solidaridad, pero solidaridad al fin, logran la misericordiosa ayuda para no morir en el intento de atenerse a la revolución bonita.

Estos necios que hoy nos desgobiernan insisten en mostrar los supuestos logros de la revolución bolivariana en el discurso a través de la televisión o de las redes sociales y se olvidan de que en las calles, en las adyacencias de los hospitales y en las playas de los mercados se nota el hambre pareja, la falta de dinero y de dinero en efectivo, la escasez de alimentos, la desaparición del transporte colectivo, que siempre fue barato en Venezuela, tienen a la gente pariendo sin que el desgobierno asome una solución a corto o mediano plazo.

Dice bocazas Maduro que de cada 24 partos que hay en San Cristóbal 12 carajitos son de madres colombianas que huyen a Venezuela por la frontera, cuando la realidad es al revés totalmente. Este señor no se cansa ni descansa de meterle cobas a este desdichado pueblo venezolano, al que se la acabó la suerte que siempre le achacaban en todas partes y la fortuna que todavía sacan de la tierra y que hasta con eso acabaron estos bandoleros que día a día despilfarran más y más esos recursos naturales de los que también presumíamos.

El parto andino con el cual se encuentran entretenidos el presidente y sus adláteres no es más que eso, otro intento de distracción para que los venezolanos pobres y los pobres venezolanos muertos de hambre creamos que en cualquier momento el colombiano de aquí, alentado o azuzado por el colombiano de allá, nos hará salir de este atolladero que ya está llegando al llegadero.

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Héctor E. Schamis

La guerra por el recurso y la tragedia venezolana

Una buena parte de mi aprendizaje sobre Venezuela ha tenido lugar gracias a mis frecuentes intercambios con Ibsen Martínez y la regular lectura de sus textos, varios de ellos en este mismo periódico. Un tema es recurrente en sus escritos, casi una obsesión, me animo a decir: el petróleo, siempre la variable explicativa de su propio Macondo, esa Venezuela Saudita donde la mismísima categoría “tiempo” parece inexistente. Como en Macondo, precisamente, un pueblo sin historia.

Habiendo trabajado sobre la economía política del desarrollo, mi afinidad con este tema no podría ser más directa e inmediata. Es que el Macondo petrolero de Ibsen es una genial acuarela literaria de lo que, en un dialecto intelectual diferente, llamamos “la maldición del recurso”. Son narrativas gemelas.

Esta literatura, fundamental en economía política, habla de países que funcionan en base a exportar recursos naturales. Nos dice que dichas economías crecen durante shocks de precios favorables, pero con las clásicas distorsiones de la “enfermedad holandesa”. El exceso de divisas aprecia el tipo de cambio real, afectando la competitividad del sector industrial y desplazando el grueso de la inversión hacia el sector exportador. De este modo, la renta exportadora se usa para financiar importaciones de manufacturas. Cuando los precios internacionales caen, y siempre caen, se desacelera el crecimiento.

En consecuencia, en estos países la economía crece por debajo de su potencial, modestamente en el largo plazo y con visibles desequilibrios sectoriales y regionales, resultado de pronunciados ciclos de boom and bust. Típicamente, ello invita políticas fiscales inconsistentes, sumando otro desequilibrio: de presupuesto. El final de este camino los encuentra en medio de una gran crisis macroeconómica y una masiva destrucción de activos. Tanta riqueza los ha hecho pobres.

La política, a su vez, refleja, al mismo tiempo que exacerba, estos ciclos. Diversas facciones se disputan las rentas a efectos de distribuir beneficios entre sus clientes políticos, un escenario propicio para sistemas de dominación patrimonialistas. Un corolario de esto es un aparato estatal de tenue densidad institucional, propicio para un jefe del ejecutivo con autoridad discrecional sobre la política económica.

Con un Aureliano Buendía sentado sobre oro negro, entonces, la democracia es improbable. La Venezuela del Punto Fijo, democrática mientras el resto de América Latina estaba bajo dictaduras militares, constituía una anomalía teórica. Era democrática no por su riqueza petrolera sino a pesar de ella. Uno no encuentra semejante extravagancia en el Golfo Pérsico, continuando con la metáfora Saudita. Evidentemente, Chávez llegó determinado a corregir dicha rareza.

Por supuesto que Noruega—donde dos tercios de la canasta exportadora son en gas y petróleo—es la excepción a la regla, aunque en gran medida por el beneficio de una excepcional secuencia histórica. Es que Noruega descubrió la democracia casi un siglo antes de descubrir petróleo. El tiempo puede ser una variable relevante.

Pero si la economía de recursos naturales está asociada a desequilibrios macroeconómicos y al autoritarismo, también lo ha estado al conflicto prolongado y la guerra civil. Uno tras otro, los estudios empíricos confirman una robusta asociación entre una economía dependiente de exportaciones de recursos naturales y la violencia interna en países de bajo ingreso per cápita. El factor precipitante puede ser el petróleo, como en Sudan y Congo; pero también diamantes, como en Sierra Leone; oro y cobre, como en el Congo Democrático; cacao y café, como en Liberia; fosfatos, como en Marruecos; o bien sustancias ilícitas, como el opio en Afganistán.

Lo común a todos es que la volatilidad de los ciclos económicos en un sistema político de carácter patrimonial incentiva a las facciones a obtener la propiedad del recurso. La erosión de la legitimidad y autoridad del Estado magnifica esta tendencia. Irremediablemente, dichos grupos cumplen funciones cuasi estatales: control del territorio (léase, definir y hacer cumplir derechos de propiedad) y el cobro de tributos (léase, extorsión), claro que sin detentar el monopolio absoluto de la coerción y generando entonces competencia entre sí y mayor fragmentación.

Es decir, generando violencia. El rango de la misma puede ir de la violencia anómica, como es el caso del crimen urbano, hasta una declarada guerra por el recurso dirigida y financiada por warlords—contrabandistas, extorsionadores, traficantes, terroristas o una combinación de todo lo anterior—en ejercicio de una proto-soberanía. Ante la ausencia de autoridad política centralizada, el Estado, una cierta secesión ocurre de facto.

Una vez que la violencia se dispara, ello desencadena una fatal reversión del desarrollo. A medida que el conflicto escala, el ingreso se contrae, la mortalidad crece, las enfermedades se propagan, el crimen se desborda. El hambre se esparce y el consumo de proteínas colapsa. Toda una generación puede estar privada del desarrollo neuronal necesario para el aprendizaje. Las pérdidas en capital humano son irrecuperables.

Los efectos de estos conflictos no reconocen fronteras. Se cuentan en epidemias, refugiados y en la propagación de actividades ilícitas. Todo lo cual supone costos crecientes para los países vecinos en defensa, salud pública y seguridad. El control de fronteras, narcotráfico y lavado de dinero requiere mayores presupuestos en toda la región contigua al conflicto. Una carrera armamentista también es plausible, la violencia engendra más violencia.

He obviado a Venezuela deliberadamente en la segunda parte de esta columna, en la esperanza que el lector haya hecho el paralelo en su mente. Ocurre que, entre sus muchos crímenes, el chavismo ha instalado la guerra por el recurso en América Latina y el Caribe, un tipo de amenaza que la región tendrá que enfrentar por décadas. La Venezuela Saudita ha traído África a América Latina. Su tragedia le pertenece a todo el hemisferio.

@hectorschamis

14 de enero de 2018

El País

https://elpais.com/internacional/2018/01/14/america/1515889676_910862.html

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Hugo Alconada Mon

La noticia pasó de largo en los medios de comunicación y agencias de noticias de la Argentina y el resto de América Latina. Apenas un par de cables, del 22 de diciembre, informaron que un exejecutivo de la multinacional alemana Siemens se declaró “no culpable” ante una Corte Federal en Nueva York de lavar dinero para pagar coimas en la Argentina y, por tanto, afrontará un juicio oral en Estados Unidos en julio de este año.

Dicho de otro modo, la justicia de Estados Unidos detuvo y juzgará a un alemán por presuntos delitos cometidos en la Argentina, donde esos crímenes siguen impunes desde hace ya veinte años. O: la justicia de Estados Unidos juzgará lo que la de la Argentina no pudo o no quiso juzgar durante las últimas dos décadas. Y eso nos lleva a algo más profundo que el “caso Siemens”, algo más sistémico y generalizado que solo un caso en la Argentina.

La impunidad es un viejo flagelo en América Latina. Porque aún en los contados casos en que un acusado se arrepiente y se declara culpable —como ocurrió con Siemens en 2008 y, más acá en el tiempo con el gigante brasileño Odebrecht—, los poderes judiciales del hemisferio se resisten a aplicar condenas contra el poder político o económico.

Los motivos también son conocidos: el temor a las represalias en ciertos casos —y es cierto que más de un juez terminó en la calle por enfrentar al poder— y la carencia de herramientas indispensables son dos de los principales. Pero también muchos jueces y fiscales forman parte del sistema —del “círculo rojo”, como le dicen en la Argentina— que ellos mismos deberían investigar y condenar.

Comencemos por el inicio. ¿De qué se trata el capítulo argentino del Caso Siemens? En 1998, unos años después de dos atentados terroristas en Buenos Aires, el entonces presidente Carlos Menem ordenó mejorar los controles fronterizos y modernizar los documentos de identidad y los pasaportes.

El objetivo era correcto, pero la idea se sazonó con las tentaciones de unos cuantos y, tras una serie de enjuagues que incluyeron a varios pesos pesados criollos —entre ellos, Alfredo Yabrán, los Macri y los Ciccone—, Siemens se quedó con el contrato.

El problema es que esas tentaciones fueron demasiado lejos, los valores del contrato resultaron demasiado llamativos y Siemens terminó en el peor de los mundos: pagó sobornos para ganar el contrato, pagó para mantenerlo vivo —mientras la justicia argentina iniciaba una investigación por corrupción— y, tras la asunción del siguiente presidente, Fernando de la Rúa, pagó también a algunos de sus colaboradores para tratar de resucitarlo.

¿Total? Siemens pagó más de 106 millones de dólares en sobornos. Pero aun así, cuando tras el colapso económico de 2001 la clase política comprendió que no podía darse el lujo de apoyar una negociación tan escandalosa, se quedó sin contrato.

Para entonces Alemania ya había iniciado su propia investigación sobre las trampas de Siemens alrededor del mundo y Estados Unidos metió también sus narices. Algo similar ocurrió con la corporación Odebrecht durante los últimos tres años, tras una investigación que comenzó en Curitiba se expandió tocando a poderosos y ramificándose por varios países, hasta generar la reacción del Departamento de Justicia estadounidense, que multó a Odebrecht, como en 2008 sancionó a Siemens.

Por el contrato firmado en la Argentina, Siemens echó a ejecutivos, pagó multas millonarias en Alemania y en Estados Unidos, pidió perdón alrededor del mundo, retiró una demanda contra la Argentina ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi) y dijo ser una nueva compañía, con prácticas transparentes y cero corrupción.

Para resumir la historia, los ejecutivos quedaron a la deriva con sus problemas penales en Alemania, en Estados Unidos y en la Argentina. Entre ellos, Eberhard Reichert, un apacible jubilado alemán de 78 años ahora, pero que en los años noventa fue un alto ejecutivo de Siemens Business Services (SBS) que viajó a la Argentina en 1998 para firmar el contrato con el gobierno de Menem y se encargó también de varios contratos ficticios de consultoría para canalizar los sobornos. Ahora el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo juzgará, a partir del 16 de julio, por esos fraudes.

Así, mientras Siemens expió sus pecados en Múnich y Nueva York —multa récord de 1600 millones de dólares—, y sus exdirectivos lidian con los platos rotos, la investigación argentina sigue sin establecer condenas. Por el contrario, el expediente que tramita en Buenos Aires desde 1998 estuvo a un paso de terminar en el archivo o cerrarse por prescripción.

¿A qué se debe esa inacción? Nada que a un latinoamericano sorprenda demasiado, ¿o sí? Durante años jueces y fiscales no quisieron investigar, las defensas plantearon todo tipo de apelaciones dilatorias, los políticos evitaron exponerse entre ellos y los empresarios fueron parte del juego. Por eso, el Caso Siemens es sintomático del cuadro de impunidad que impera en la Argentina y otros muchos países de América Latina, donde la justicia es ciega y dura con los débiles, pero servicial con los poderosos.

El Caso Siemens representa una oportunidad perdida en la Argentina y otros países de la región para combatir la corrupción y terminar con la impunidad.

¿Cuál es el remedio para ese flagelo permanente? No hay una receta universal. Pero Lava Jato aporta algunos indicios que pueden llenar el vacío y ser imitados en toda América Latina: mejores herramientas legales y más presupuesto, sí, pero también contar con instituciones que seleccionen, promuevan y protejan a jueces y fiscales que tengan, como decía Tom Wolfe, “lo que hay que tener”.

Jueces y fiscales deben contar con ciertos recursos legales —como la figura del “arrepentido” o de la “delación premiada”— que le permitan enfrentar al poder sin temor a perder sus trabajos, quebrar la omertá —el código mafioso de silencio entre cómplices—, sancionar empresas corruptas y enviar a la cárcel a los protagonistas del negociado. Pero incluso las leyes adecuadas, las mejores herramientas y el contexto ideal de nada sirve si los magistrados no se comprometen a impartir justicia.

8 de enero de 2018

The New York Tines. Es

https://www.nytimes.com/es/2018/01/08/lo-que-hay-que-tener-para-derrotar...

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Nívea Celeste Español

Sí, Venezuela tuvo democracia y más democracia para que los grupos de "náufragos" derrotados en los 60, por la democracia resucitaran con su discurso permanente en las universidades, libres como deben ser y "estudiaron" digo: se titularon para resentir con un militarucho, el más fracasado en la escuela militar, a la cabeza.

La democracia, como era democracia, les dio libertad, hasta para conspirar desde todas las instituciones. Un golpista, electo (tampoco fue que arrasó en las elecciones en las que un indulto inmerecido le abrió las puertas). Después vino la militarización y la repartición del petróleo a 100 $ a los del eje del mal. ¡CORRUPTOS MILITARES Y LATINOAMERICANOS AL PODER! para atornillarse con el narcotráfico y el petróleo (los Kischner, Lula, Evo, Correa, Ortega, las islitas con su famoso CARICOM, otros...jaja después vendió a Venezuela como ¿la esclava, la prostituta rica y bella pero sin dolientes...? que podía "acabar con los EEUU". Se apropió de la OEA, casi que de Honduras, si no es por hombres e instituciones a quienes el aspirante a dictador Zelaya (con el brazo ejecutor del dictador y ayudantes, enviados por éste se lo impidieron).

EEUU volteó la cara porque no nos necesitaban y "ese militarucho era solo un bocón" (3 presidentes de Norteamérica, pero el último, más interesado en invisibilizarnos, por su Nobel de la Paz con la FARC, Juan Manuel Santos y Cuba) Mientras,...ahora el antipático, bruto Trump, heredó el bulto: narcotráfico expendio garantizado desde Venezuela. Y con Rusia, China y los iraníes, en su propio vecindario.

Mientras...entre tantos errores cometidos uno más de ensueño: que nuestra AN, resuelva este mega problema de tantas implicaciones mundiales y nacionales con un decreto: "Nombrar un nuevo CNE". Estamos ingrávidos, sólo nosotros, eso sí: JUNTOS y con las alianzas de los pueblos hermanos que retornaron a la democracia, podemos resolver esta planetaria guerra.

¿Cómo? Sin dejar de llorar, más de lo que lo hacemos diariamente ante tanto dolor (como la última trágica noticia el naufragio del bote a Curazao, los muertos de Mérida, los de Bolívar con malaria,...Aún con ese dolor a cuestas: No sin rabia controlada, pensando con lógica, con inteligencia, sindéresis, cabeza fría, corazón sensible, decisión y actuar en consecuencia. ¿Con quiénes?: con los mismos que somos: La oposición democrática. ¿No es fácil? No lo es. Para alcanzar la Democracia y la Libertad nos queda sólo un camino; o nos juntamos para buscarla o perecemos sin ella.

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