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Opinión

Thays Peñalver

No lo duden ni por un segundo. Cuando escribí, “Este cuento se acabó”, no fueron pocos los que me enviaron el articulo de Luis Vicente León titulado “¿Colorín Colorado?” a modo de refutación, sin darse cuenta que ambos artículos no son contradictorios, sino que se complementan. Yo hablo del chavismo-madurísimo como ciclo histórico. Uno que se mató solito y se enterró solito, uno que nació de la desesperanza, vivió en la abundancia y terminó en la miseria. Ya ellos no son capaces de gobernar y nadie en el planeta cree que deben seguir gobernando. Solo les queda como es lógico, amagar con la violencia y les va a salir el tiro por la culata.

El chavismo en abundancia convenció a todo el planeta que eran “el mal necesario” con el “solo nosotros podemos gobernar”. Y paradójicamente en ese momento, con el barril a mas de cien dólares y repartiendo el dinero ridículamente sin crear empleo real, dieron la sensación de unos logros que nunca alcanzaron. Si dos millones y medios de venezolanos viajaron a Disney gratis, pretender que venia un cambio era francamente absurdo. La oposición en aquella época no era mayoría, no porque el chavismo gustara, sino porque todo estaba subvencionado y eso encantaba. Cuando hay boom económico, solo las minorías, apuestan por la transformación. Pero todo eso cambió amigos. El chavismo-madurismo es hoy hambre y lo saben hasta ellos mismos.

Ahora, de los creadores de “solo nosotros podemos gobernar” viene la lógica. Están tratando de convencer a los pocos suyos internacionalmente y a parte de la oposición, con sus lobistas, de que “siguen gobernando o viene la guerra civil”. O su variante: “seguimos gobernando o viene un golpe del ala militar de izquierda”. Por eso el expresidente Pepe Mujica sostiene que: “El problema que puede tener Venezuela es que nos podemos ver frente a un golpe de Estado de militares de izquierda, y con eso la defensa democrática se va al carajo” y es por lo mismo que el presidente Solís, un conspicuo votante contra la coalición de naciones en el caso Venezuela sostiene que: Sería una tragedia que se produjera un autogolpe de Estado y que de una manera u otra las fuerzas más radicales logren colocar a Venezuela en la antesala de lo que uno podría pensar que es una guerra civil”.

Fíjense amigos, que el lenguaje de sus viejos apoyos, no es que nosotros vamos a dar un golpe de Estado o que nosotros vamos a matar gente. El lenguaje de sus viejos apoyos, es que quienes gobiernan son un montón de matones que impiden que los más matones que los apoyan, maten a un gentío. El mensaje es determinante porque refleja en si mismo, la derrota del régimen.

Por eso Zapatero, es tan contradictorio. El hombre que logró nada menos que la coalición de partidos españoles para intervenir en Libia diciendo: “Estamos en Libia para defender a los ciudadanos de ataques de las propias fuerzas libias”, “intervenir es el principio humanitario para proteger a los ciudadanos de los ataques de las tropas libias” es el mismo que hoy trata de convencer a muchos de “evitar” una mentira como lo es “la guerra civil venezolana”. No amigos, eso no pasará. La oposición debe salirle al paso a esas declaraciones.

Sigamos presionando porque viene lo contrario, la verdadera negociación de Estado. No tengamos miedo a la retórica incendiaria de los pocos que ven sus bolsillos en peligro. Aquí quien llame individualmente a la “Guerra Civil” será sancionado ya no solo por Estados Unidos sino por Europa. Pronto el pendejo que diga que van a matar o a armar ciudadanos o a sus cuadros públicamente le van a reventar precisamente en sus bolsillos. Compren amigos sus cotufas, porque la cacería internacional de idiotas, que llaman a armar a la gente, acaba de comenzar.

Me preguntan ¿Que por qué vamos a salir bien parados? Porque hemos demostrado hasta el cansancio que no somos Cuba. Que somos irreductibles. Que detienen a cien y la segunda vez tienen que detener a mil. Cuando esto ocurre tienen que detener a dos mil y ahora van por cinco mil. Mañana serán diez mil los detenidos. Porque estos bolsas no se han dado cuenta que son a quienes le han robado su futuro los que están en la calle luchando por su destino. ¿Y si no hay otro destino? O ven que el ofrecimiento de “un mejor porvenir” viene del mismo mentecato que los ha llevado al hambre su mejor destino es pelear y ser detenidos.

¿Que por qué vamos a salir bien parados? No se dan cuenta que usan la retórica de la guerra urbana, sin comprender que están frente a una Intifada llena de chicos y piedras. Estos zoquetes, no se dan cuenta, que no se están llevando detenidos a los de siempre, o a los viejos que añoran el pasado, o a quienes ven perdido algún privilegio. Se están llevando detenidos de a miles, “a los hijos de Chávez” a los que solo vivieron lo que Maduro les ofrece y eso ya lo conocen y lo detestan. Porque como una vez me dijo un cubanito recién bajado del barco, sobre Fidel: “Es que con poesía no comemos”. Quienes están bajando a patadas las estatuas de Chávez, son los mas humildes y tienen la edad de la Revolución. Es la historia, que ocurre frente a nuestros ojos. Es la poderosísima fuerza del cambio.

¿Que por qué vamos a salir bien parados? Porque los brutos que usan esa retórica incendiaria saben muy bien que le vendemos la mitad de los barriles de petróleo diarios a Trump. Que la mitad de los dolaritos que recibimos, la mitad de su sueldo, la mitad de la cartera Luis Vuitton de la mujer, la comida que importan, los paga el Tío Sam y el ochenta por ciento de la deuda se la debemos precisamente a ese Tío Sam. Por más tanqueta rusa o china, el dinero para repararla nos lo da Donald Trump. Y si proceden con la Constituyente y continúan con el golpe de Estado, la Ley Helms Burton será una ridiculez en comparación a la Ley que nos aplicarían. De un solo plumazo y sin invasiones Yankis, luego del default, a Venezuela le quitarían todos sus activos y cada barco de PDVSA que toque puerto, porque los muy imbéciles la endeudaron a los fondos buitres capitalistas. Cada cargamento del subsuelo que pertenece a la Republica para pagar sus deudas será arrebatado en los puertos y los aviones no podrían surcar los cielos. Nadie le dará crédito de nada. Los pozos se secarán. De un plumazo este gobierno no duraría ni quince minutos cuando el hambre se apodere de los suyos y hasta las novias les caigan a carterazos con la misma Vuiton gritándoles. Ellos amenazan con la violencia y con la Constituyente sabiéndose perdidos.

¿Qué por qué vamos a salir bien parados? Porque a los gaznates estos, ya los chinos le dieron la espalda, el planeta demócrata entero les tiene asco y sus ex colegas ya les ha llegado el tufillo de su descomposición (solo miren la cantidad de abstenciones, hasta Podemos). Porque Putin no se va a meter con Trump, porque quiere que Exxon invierta centenares de millardos en Rusia.

¿Qué por qué vamos a salir bien parados? Porque el poder Judicial nada menos que en la figura de la Fiscal no va a permitir ni el menor intento de llamado a Guerra Civil. No se fijen solo en la palabra de la Fiscal, sino en los aplausos y vítores de sus fiscales. El noventa por ciento del Poder Judicial, no quiere mas despelote. Y si seguimos presionando, buena parte de ese poder judicial, que está a punto de levantarse y pronunciarse, tampoco lo va a permitir.

¿Qué por qué vamos a salir bien parados? Porque al chavismo-madurismo lo cohesionaba Chávez, que ya no está. Lo cohesionaba un proyecto que gracias al boom económico, lucía exitoso y ya todos saben que fue un fracaso. Lo cohesionaba la mayoría electoral, ya no existe. Lo cohesionaba el apoyo internacional masivo, que hoy es exiguo. Lo único, que hoy sostiene cohesionado al chavismo-madurísmo, es el miedo. Por eso puertas adentro, la gigantesca campaña de propaganda es: “Si ellos ganan, tu serás despedido”, “Si ellos ganan van a matarte”, “Si ellos ganan van a liquidar a la Fuerza Armada”, “Si ellos ganan te van a quitar todo”. Y contra ese miedo, la oposición va a presentar sus propuestas. Y créanme, abandonaran el barco masivamente.

Pero sobre todo. ¿Por qué vamos a salir bien parados? Porque la Fuerza Armada habló. Porque saben que lo único que no matan las balas, es el hambre. Y esta rugiendo duro de abajo hacia arriba. Las elecciones serán “universales directas y secretas” dijeron “no se preocupen por los 500 mil fusiles”, ni por las armas de la Republica que no somos idiotas, no se las entregaremos a nadie para causar daño. No se preocupen de los milicianos que no somos tontos y a esos los entrenamos en repartición de pollos o en paradas para que Maduro sienta que es exitoso. No se preocupen por los empleados que quieran hacer su servicio militar, porque en lo que los pongamos a hacer flexiones, se le acabara la gracia al asunto. Así de simple quedo la retórica de los loquitos incendiarios. Y la Fuerza Armada, en su espíritu colectivo, como cuando avaló los resultados electorales, acaba de apuntalar la democracia.

Por supuesto que Maduro de inmediato les dijo que estarían en la Constituyente a los militares. Pero ellos de pendejos, no tienen absolutamente nada. Van a apostar por ganador como lo han hecho siempre. Aunque quizás, también como siempre, los ganadores serán ellos mismos y es allí donde cabría un tercer escenario que no necesariamente, nos guste.

Amigos, no preguntemos más cuando esto va a cambiar porque está cambiando frente a nuestros ojos de manera increíble. Sigamos presionando, porque lo que hemos logrado es bárbaro, logramos la coalición internacional y agrietar la cohesión del chavismo, que viene en desbandada, (todos sus apoyos internos y partidos alternativos condicionaron la Constituyente) estamos logrando el cometido. Al sistema moribundo le queda amagar, para negociar. Y a la oposición le queda presionar en las calles, para que esa negociación sea efectiva. Si amigos, Negociación. Métanselo en la cabeza.

Este cuento, repito, se acabó. Cuánto queda para que sobrevenga esa negociación? Por primera vez en esta historia, depende de usted y de la fuerza que tenga para seguir presionando. La era, esta pariendo una hermosa nación.

Y ahora yo les pregunto ¿Están cansados?

 8 min


I.

El país se encuentra en crisis. No lo niega ni el propio gobierno, aunque lo atribuya siempre a causas que no caen dentro de su responsabilidad. El país es un desmadre, y perdónese esta palabra usada por los mexicanos, tan poco elegante en cuanto a su sonido, pero tan cabalmente apropiada para señalar una situación en la que algo se sale de su cauce habitual. Venezuela es un ejemplo, según lo reflejan las estadísticas, no las del Gobierno, desde luego. Pero lo refleja, sobre todo, la vida personal de cada venezolano, convertida en una tragedia descrita por la violencia, la escasez de alimentos y medicinas, la inseguridad, la incertidumbre, la angustia y no sigamos porque la lista es larga y desoladora.

Ante lo anterior, asombrosamente (¿asombrosamente?), el Presidente Maduro ha reaccionado convocando a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Lo ha hecho a la brava, no solo esquivando las normas vigentes, auxiliado por interpretaciones rebuscadas, sino, peor aún, contrariando el más elemental sentido común democrático.

Nos propone, así pues, una iniciativa que a la postre deberá terminar en una Constitución Nacional, redactada conforme a un mapa previamente elaborado por el Presidente y sus asesores, basado, pareciera, en un manuel de sobrevivencia política, y que, según se ha dicho con argumentación irrebatible, desmejora visiblemente el país trazado en la Carta Magna del año 1999. Para no redundar en lo que ya se ha opinado al respecto, diré, apenas, que tendríamos un texto elaborado desde el sectarismo oficialista, a partir de electores cautivos (nuevos sujetos políticos sociales y políticos, en la jerga oficial) que menoscaba la democracia y reitera con fuerza la vigencia del modelo del Socialismo del Siglo XXI, de cuyos pobres resultados ya se tiene una muy amplísima prueba.

II.

Imposible, a todas éstas, quitarse de la cabeza la idea de que la ANC le sirve al Gobierno de mampara para tratar de esconder el trance en el que se encuentra el país. Y, sobre todo, ocultar el objetivo central que lo mueve, esto es, seguir siendo gobierno a como dé lugar, dicho esto último de manera literal.

Así las cosas, la ANC no sólo no resuelve los problemas que agobian a nuestra sociedad, sino que los empeora. Pone la linterna en la presunta deficiencia de la Constitución vigente para encarar tales problemas, sugiriendo, piensa uno, que la misma ha impedido que la inflación baje, se desarrolle la agricultura, se castigue la corrupción, mejore la educación o se reduzca nuestra tasa anual de homicidios, entre las primeritas del planeta. Pone la linterna allí, digo, en vez de colocarla en la gestión de un gobierno que se ha equivocado en su diagnóstico y en sus soluciones, llevado siempre de la mano de un galimatías ideológico que ha inspirado planes y políticas voluntaristas, además de dogmáticos, que suelen correr en paralelo con la terca realidad.

E, igualmente, saca del foco a las elecciones, ese invento de la democracia que a partir de la aritmética, sirve para dirimir diferencias, marcar preferencias y determinar futuros posibles para una sociedad. Teniendo siempre por delante las encuestas, el gobierno lleva largo rato rehuyéndolas, contando siempre con la colaboración del CNE, el TSJ y hasta de la propia Contraloría. Ahora, y para guardar una cierta apariencia republicana, ha convocado a la realización de la ANR, a sabiendas de que es la única consulta en la que puede triunfar, porque está construida para que ello ocurra así.

III.

No puede ser que alguien considere seriamente que la ANC pueda ser el remedio. En las actuales circunstancias y dada la naturaleza de nuestras dificultades, es una calle ciega, sobre todo si el país no termina de tener un horizonte electoral claro. En abril y lo que va del mes de mayo han muerto cuarenta venezolanos como consecuencia de la represión a las protestas populares. ¿No es suficiente mensaje para quienes tienen en sus manos la posibilidad de que en el país se solventen los problemas y zanjen las diferencias de manera democrática y en paz?

El Nacional, viernes 12 de mayo de 2017

 3 min


¿Será que en vez de civilidad hay que enseña al liderazgo venezolano sobre Clausewitz como consecuencia de que estos bárbaros del cuerpo armado, representantes de la represión política, han iniciado una guerra, una Guerra Civil? ¡Bestias! La Guerra es un arte que no puede ser enmarcada en ideas seductoras, mentiras y/o programas atrabiliarios. La Guerra, según la Polemología, es una tarea de los genios del arte militar atados a la Gran Estrategia del político, no de los matones carentes de ética. La Guerra, aún la extrema, tiene reglas y requiere de hombres capacitados virtuosos y no serviles ideologizados como los que muestra el régimen del hiato de Maduro-Padrino.

Régimen vergüenza de un momento trágico de esta tierra única bendita del Todopoderoso, y quizás olvidada del dios de la guerra: Ares. La guerra como masacre, como aniquilamiento, es la violencia irracional ideológica como muestra su dios rojo de la guerra: Marte. La Guerra masacre que hoy ha declarado el hiato Maduro-Padrino al país -instrumentada por manos de unos mercenarios que además de no conocer y menos entender a Clausewitz-, donde se atreven a retar a toda una gran mayoría de venezolanos en donde ya contamos con héroes. Héroes a quienes hemos rendido honores, bajándolos al sepulcro con el toque de silencio y el Himno Nacional, pero que no puede ni debe repetirse.

La Guerra Civil declarada por el hiato Maduro-Padrino fundamentada en el Plan Zamora tiene que ser, entonces, materia de estudio obligatorio para el liderazgo político emergente y para los operadores políticos con el objeto de que interpreten y apliquen las cuatro acciones recíprocas de Clausewitz. En especial, la primera acción recíproca en donde, después de entender la guerra como “un combate singular amplificado”, la respuesta de los demócratas en protesta incremental debe ser imponerle la voluntad al enemigo a como dé lugar. Ese enemigo está formado por apátridas, bárbaros y matones que creen que pueden asaltar la geografía humana y geografía terrestre de Venezuela.

Esa Guerra Civil declarada y expresada por la exponencial violencia del 10 de Mayo es materia crítica hoy para el liderazgo político emergente, de tal manera que pueda, en primer término, acoplar una organización de protesta y reforzarla con una logística que le permita alternancia de acciones. Esos dos pasos facilitarán resultados y sobre todo negará área a las acciones criminales que ya nos muestran 39 héroes. Héroes por una guerra decretada por el marxismo en pleno siglo XXI a través de una revolución absurda del socialismo a juro.

Esa Guerra Civil requiere una respuesta cierta del ciudadano, en la cual los demócratas muestre la energía en el espacio que ellos escojan pudiendo maniobrar para alcanzar el fin propio de los demócratas: convencer a los bárbaros del derecho a elecciones negado por el dictador el 20 de Octubre de 2016. Los demócratas y su expresión de protesta frente a esta Guerra Civil tenemos que crecer en nuestra intención y sentimiento: libertad y democracia que la Historia nos lo reconocerá. Asimismo la Historia, apuntará hacia los bastardos armados que ya están identificados por el mundo como los asesinos de jóvenes, mujeres y hombres que quieren reinstalar la democracia en Venezuela por la vía electoral, sustituyendo el absurdo del socialismo ajuro.

Clausewitz y la Polemología, señores líderes político emergentes, nos guiará a cooperar junto a la inteligencia para ser superiores a unos enemigos tarifados que sólo accionan como parte del latrocinio de un Estado narcoterrorista, incapaz y cobarde, que emplea las bocas de fuego de la República contra la protesta legítima de la ciudadanía. Desde ya, Clausewitz y Ares derrotarán junto al liderazgo político emergente y a la sociedad democrática a la barbarie de la Guerra Civil. Esa guerra civil guiada por el dios rojo de la guerra, que no sabe lo que Marte les impondrá por arbitrarios y traidores en sus funciones paramilitares-policiales dirigidas por el partido político en armas responsabilidad de Nicolás-Padrino.

Es auténtico,

@JMachillandaP

Director de CEPPRO

Caracas, 11/05/2017

 3 min


Nosotros, en nuestra condición de constituyentes, corredactores de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, refrendada por el pueblo el 15 de diciembre de 1999, manifestamos nuestra preocupación y rechazo ante el intento del Presidente de la República, señor Nicolás Maduro Moros, de convocar una Asamblea Nacional Constituyente, tanto por el procedimiento utilizado como por sus propósitos.

Consideramos que el proyecto de país consagrado en nuestra Carta Magna mantiene plena vigencia, lo que exige voluntad política por llevarlo adelante, iluminado por sus valores superiores y principios en que la constitución se sustenta, así como por el modelo de Estado que pretende construir, el Estado democrático y social de Derecho y de Justicia.

Lamentablemente, cumplidos diecisiete años de la vigencia de nuestra Ley Superior, el proyecto constitucional muestra un balance negativo que a todas luces deja mucho que desear. La ausencia de desarrollos legislativos imprescindibles, la violación recurrente de normas y derechos fundamentales, la concentración del poder en manos del Poder Ejecutivo, en detrimento del principio de la separación de poderes, baluarte de la libertad, consagrado como postulado fundamental de la Constitución y la tergiversación de muchos de sus principios y reglas, son hechos que definen la negligencia o la intencionalidad de actuar con discrecionalidad y arbitrariedad frente a la sociedad, a la cual se tiene que servir dentro del marco establecido por la Constitución. En suma, lo que cabría esperar de un régimen de naturaleza y vocación democrática es transitar la senda del respeto y cumplimiento de la Constitución y facilitar al pueblo, como poder soberano, la decisión sobre su destino político.

El proyecto de Asamblea Constituyente que nos propone el Presidente Maduro, aparte de lo improvisado e innecesario, dada su inutilidad para resolver los gravísimos problemas de satisfacción de las necesidades materiales elementales para sobrellevar una vida mínimamente digna, como lo revelan las carencias de alimentación y de medicamentos a los que son sometidos cotidianamente todos los sectores de la población, de manera especial los sectores empobrecidos, contiene tres fallas estructurales que lo definen como espurio;

Así, en primer lugar, la ambigüedad en relación a la activación del proceso constituyente, pues el decreto no lo deja claro, y la sospecha nos la reiteran algunos de sus voceros, la nítida distinción, tal como lo recogen los artículos 347 y 348 de la CRBV, entre la iniciativa y la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente. Si bien el Presidente de la República es uno de los actores legitimados para asumir dicha iniciativa, no lo es para convocarla, pues se trata de un derecho irrenunciable del pueblo, que en su condición de poder soberano y por ende como único titular del poder constituyente originario, se define como el exclusivo actor facultado para decidir su destino político, es decir si desea continuar siendo regido por la Constitución por él convocada y refrendada el año 1999, o si por el contrario desea abrirle el paso a una nueva Constitución.

En segundo término, el decreto presidencial se plantea una asamblea constituyente en parte segmentada, donde diversos sectores de la colectividad participen como expresión de fracciones de la sociedad. Una de las características del poder constituyente es su indivisibilidad, pues se trata de una unidad política configurada en nación, que se expresa de una manera unida, como un todo, independientemente de sus diferencias, sea su base el sexo, la raza, la edad, el credo, la condición social o, como se pretende en este caso, en razón estatus o rol que se cumple en la sociedad, en consecuencia el poder constituyente originario, es una entidad universal e indivisible integrada unitariamente en la nación. Como lo exige la constitución todos los representantes del pueblo deben ser electos mediante votación libre, directa, secreta y universal y se debe garantizar la personalización del sufragio y la representación proporcional.

En tercer lugar, el objeto de una Asamblea Nacional Constituyente es transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva constitución, porque resulta indispensable acudir nuevamente al pueblo para que en ejercicio de su soberanía, mediante referéndum aprobatorio, se pronuncie sobre el contenido de la Carta Magna.

En materia constituyente el pueblo tiene la primera y la última palabra. En conclusión, consideramos inaceptable e inapropiada la propuesta de Asamblea Constituyente que pretende imponer el régimen a la nación venezolana, reiteramos nuestro apego y defensa de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, y hacemos votos porque sus más caros ideales, valores y principios guíen la voluntad de reconciliación que debe imponerse en esta aciaga hora de la patria.

Caracas, 09 de mayo de 2017

Los Constituyentes:

Ricardo Combellas, Pablo Medina, Ernesto Alvarenga, Segundo Melendez, Alberto Jordán Hernández, Antonio Di Giampaolo, Carlos Tablante, Humberto Prieto, Liborio Guarulla, Leonel Jimenez Carupe, Haydee Brizuela, Freddy Gutiérrez, Henri Falcón, Reinaldo Rojas, Florencio Porras, Virgilio Avila Vivas, Jesus Molina Villegas, Gilmer Viloria, Froilan Barrios, Geovanny Finol.

 3 min


Al morir el General Juan Vicente Gómez, hubo profundas discusiones sobre la legitimidad del Congreso que estaba vigente para ese momento. Un documento de la época, firmado por Carlos Parisca, de fecha 8 de mayo de 1935, titulado El Congreso debe Disolverse, advertía que era preferible conformarse con el que estaba, que correr el riesgo de no tener ninguno, a los fines de no romper el hilo constitucional y ante la imposibilidad de constituir un nuevo Congreso. Y reconocía Parisca en ese escrito, la urgencia por disolver el Congreso vigente para 1936. No era por asuntos de honradez o idoneidad, sino porque ese Congreso no representaba de manera genuina la voluntad popular.

Por su parte, otro documento de la época, firmado por Ramón Díaz Sánchez el 10 de julio de 1936, expresaba que era preciso que los congresistas volvieran para satisfacer la marcha armónica de la República, a los fines de elegir al nuevo presidente y aprobar una nueva Ley de Presupuesto y una reforma Constitucional. El reconocimiento a aquel Congreso dependió sólo de la voluntad de los propios ciudadanos, como lo advirtió en su momento Ramón Díaz Sánchez. Importante recordar que aquel Congreso se negó a aceptar la propuesta de disolverse.

Lo que interesa destacar es que aquél Congreso, electo bajo el régimen gomecista, tuvo la responsabilidad de aprobar la Constitución de 1936, cuyo contenido puso fin a la continuación del gomecismo, y sentó las bases muy importantes en nuestra historia constitucional. Por ejemplo, en ella se reconoció por primera vez los derechos de carácter social, que más adelante permitió la aprobación de la Ley del Trabajo.

Años más tarde, cuando las Fuerzas Armadas Nacionales asumen el poder absoluto del Estado, con la finalidad de enrumbarlo hacia un Estado Democrático de Derecho, como lo advertía el Acta Constitutiva de la Junta Militar de Gobierno de 1948, reconocía que su labor estaba condicionada a impulsar la reorganización constitucional de los Poderes de la República. Claramente se planteó que el orden jurídico existente en 1948 se mantenía vigente, mientras no fuera contrario a los objetivos perseguidos por la Junta Militar.

En aquél episodio, luego de la caída del régimen de Pérez Jiménez, aquella Constitución de 1953 permitió la elección de un nuevo Congreso de la República, que claramente expresó su compromiso por reformar la Constitución de 1953.

Para aquellos parlamentarios, el compromiso con el país eran los siguientes:

No hacer una reforma provisoria.

Asumir la reforma como urgente, ya que era un problema moral mantener en vigencia la Constitución pérezjimenista;

Asumir como anteproyecto la Constitución de 1947, producto de una Constituyente pero que no tuvo larga vida y seguir el procedimiento de reforma establecido por la Constitución de 1953.[1]

Estos dos hechos históricos, coinciden en el reconocimiento a la Constitución vigente, como hoja de ruta para impulsar los cambios políticos que son necesarios.

Es importante destacar que las reformas constitucionales de 1936 y 1961 no tuvieron como fuente un proceso Constituyente, por el contrario, el proceso político que llevó a su aprobación final y definitiva tiene en sus bases la legalidad de una institución política como el Congreso y en el caso de 1958 la legitimidad de un proceso electoral.

Eso resulta interesante cuando se advierte que la Constitución de 1961, desde 1811, cuando aún no éramos República de Venezuela, es la que más tiempo de vigencia ha tenido a lo largo de nuestra historia Constitucional. A excepción de la Constitución de 1830, las distintas constituyentes a lo largo de nuestra historia no han producido Constituciones sostenibles en el tiempo, tal vez, porque cada una respondía a los intereses de quien las impulsaba.

Desde que se aprobaron de manera inmoral las Leyes del Poder Popular en diciembre de 2010, la Constitución de 1999 empezó a debilitarse, hasta que finalmente quedó derogada, luego de las inconstitucionales sentencias 155 y 156 y más aún, cuando fueron corregidas por exhorto de un Consejo Nacional de Defensa, que carece de toda jerarquía sobre los Poderes Públicos.

Por ello la obscena labor del Poder Judicial de obstaculizar y desconocer las atribuciones de la Asamblea Nacional actual, pues han querido evitar que el Poder Público que detenta la mayor legitimidad posible en estos momentos pueda impulsar constitucionalmente los cambios que el país reclama a través de los mecanismos de control y de nuevos instrumentos legales.

En estos momentos confusos, la Asamblea Nacional sigue jugando un papel fundamental, siendo el deber de todos los venezolanos defenderla y respaldar sus acuerdos políticos, pues ello representa dos formas efectivas y por demás, cívicas de relegitimar su actuación y reivindicar la soberanía popular.

En 1999 permitimos que una Constituyente técnicamente cerrara el Congreso de la República; entonces una inmensa mayoría de venezolanos aceptaron esa medida, porque querían una vía expedita y rápida de resolver los problemas del país.

Más de 3 millones de venezolanos dijeron Sí a la Constituyente, pero más de 6 millones no dijeron “ni pio”. Así se inició el camino de una propuesta fraudulenta y por tanto, engañosa que hoy nos ha traído a estas páginas oscuras de nuestra historia, en la que estamos experimentando una guerra desigual entre un Pueblo sin armas y un Gobierno armado que se le olvidó aquél principio del Pueblo Protagónico y Participativo.

El problema no es cambiar de constitución, el problema inmediato es recuperar la institucionalidad para que desde ellas se inicien los cambios políticos necesarios para reencontrarnos con la democracia en un marco constitucional que permita restaurar el hilo constitucional y desde de allí impulsar las mejoras que son necesarias realizar en materia institucional, económica y de garantías constitucionales.

Son tiempos complicados, duros y violentos, pero no hay otra alternativa que tomar la calle y con la Constitución en la mano, reclamar respeto y buscar en los valores de nuestros ancestros la razón para rescatar a Venezuela.

[1] Suárez Figueroa, Naudy. Punto fijo y otros puntos. Los grandes acuerdos políticos de 1958. Fundación Rómulo Betancourt. 2006. Pág. 65

Artículo escrito para PolitiKa UCAB en mayo 5, 2017

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​José E. Rodríguez Rojas

El gobierno de Maduro es incapaz de cumplir con los compromisos derivados de la deuda externa, declarando por la vía de los hechos, la cesación de pagos (default), aislándose de los mercados financieros internacionales. Ante esta situación, el diputado José Guerra plantea que un eventual gobierno de la oposición debe retornar a los mercados internacionales, proponiendo un programa de refinanciamiento de la deuda. Este programa debe incluir, como tarea previa, la implementación de un programa económico orientado a impulsar el crecimiento y controlar la inflación. Ambas iniciativas deberían dirigirse a la generación de recursos que permitan incentivar las importaciones, a fin de aliviar la crisis humanitaria que padecemos.

Un grupo de pasajeros de la línea aérea CONVIASA quedaron varados en el aeropuerto de Maiquetía durante varios días, sin que la línea aérea les informara sobre las razones del retraso. Entre los pasajeros figuraban un grupo de médicos que planeaban asistir a un congreso de medicina en Argentina. La paralización de los vuelos internacionales de CONVIASA , se debió a la suspensión de la póliza de seguros de varios aviones por deudas pendientes y al retiro de una de las aeronaves que rentaba a la empresa española Wamos, la cual procedió a confiscar el avión, por la imposibilidad de cobrar la deuda por el alquiler de la aeronave.

La situación de CONVIASA, una empresa pública, es parte de la bancarrota que sufre el gobierno de Maduro, la cual se refleja en la imposibilidad de cumplir con los compromisos adquiridos con los acreedores internacionales. El gobierno está actuando en la práctica como si hubiera declarado una cesación de pagos de la deuda externa (default). Reflejo de ello es que los bonos de Venezuela en el mercado de valores de Nueva York se están cotizando a precio de default, según fuentes financieras citadas por el programa CNN Dinero. En otras palabras el mercado está actuando como si el gobierno hubiera declarado el default.

El gobierno ha intentado paliar esta situación tratando de obtener préstamos de las instituciones financieras internacionales, colocando como garantía el oro de las reservas y otros activos que posee. Esta opción fue discutida en una edición reciente del programa CNN Dinero, donde se entrevistó a Alejandro Arreaza, un economista de la compañía de servicios financieros Barclays. En dicho programa se puso en cuestión la capacidad de pago del gobierno de Venezuela y las alternativas que tiene. El entrevistador del programa Xabier Serbiá expuso que el gobierno venezolano posee diversos activos que lo colocan en condiciones de pagar sus compromisos de deuda en el futuro inmediato. Entre esos activos mencionó el oro de las reservas internacionales, bonos de PDVSA, recursos en el Fondo Chino y dinero en cuentas de PDVSA en el exterior. Arreaza respondió que la mayoría de esos recursos no son líquidos o sea requieren ser transformados en efectivo para poder ser utilizados en los pagos de la deuda. El gobierno venezolano ha intentado realizar esta operación, pero en la medida que se ha colocado en una situación de ilegitimidad al violar la constitución nacional, las puertas de los mercados financieros internacionales se le han cerrado, ya que los entes financieros no están dispuestos a involucrarse en una operación con el gobierno en tales condiciones.

En la situación descrita el gobierno que suceda al régimen bolivariano heredará, parafraseando a Luis Herrera Campins, un país hipotecado, aunque en esta ocasión los compromisos derivados de la hipoteca serán imposible de pagar. Ello ha generado un debate sobre la deuda externa que ha implicado varios aspectos: el precario estado de PDVSA, la legalidad y legitimidad de la deuda, la capacidad de pago del gobierno, el elevado costo social de la estrategia de pago de la deuda por parte del régimen de Maduro, las políticas requeridas para impulsar la generación de divisas en áreas diferentes a las petroleras y la conveniencia de renegociar y refinanciar la deuda en un eventual gobierno de la oposición (Ver : Rodríguez Rojas, José E. Deuda externa y crisis humanitaria, Dígalo Ahí, n° 1, mayo 3, 2017 ).

En este contexto el diputado José Guerra ha venido insistiendo en que, a los precios del petróleo vigentes, la deuda es impagable. Así lo expresó en una entrevista realizada en una edición reciente del programa CNN Dinero. Según el diputado, ante esta situación el gobierno de Maduro ha optado por pagar la deuda utilizando las divisas requeridas para importar alimentos y medicinas, lo cual implica una solución que ha conllevado un costo social muy elevado. A juicio del economista es necesario encontrar una solución al pago de la deuda que involucre un menor costo social. Ante la situación actual, donde el gobierno se ha aislado de los mercados financieros declarando por la vía de los hechos un cesación de pagos, Guerra ha planteado que un gobierno de la oposición debe retornar a los mercados financieros internacionales solicitándole a los acreedores una renegociación de la deuda y un programa de refinanciamiento de la misma, ya que la deuda en las condiciones actuales no se puede pagar. La renegociación debe implicar la consecución de nuevos recursos para incrementar las importaciones y aliviar la crisis humanitaria.

El programa de refinanciamiento mencionado debe incluir, como tarea previa, la implementación de un programa económico que se oriente a impulsar el crecimiento. Este programa debe implicar un desmantelamiento de las políticas de controles y la liberalización del tipo de cambio y de los precios de los productos de consumo diario. Adicionalmente a ello es necesario una reforma fiscal y dotar a al Banco Central de instrumentos que le permitan el control de la inflación. Las políticas de controles limitan la generación de divisas en las actividades diferentes al petróleo, su eliminación permitiría incentivar las exportaciones no petroleras y compensar la alicaída oferta de moneda extranjera que provee PDVSA. La liberalización del tipo de cambio es una idea compartida por otros economistas como Francisco Rodríguez de la firma Torino Capital y asesor de UNASUR, quien ha señalado que la eliminación del control de cambio y el logro de un tipo de cambio más próximo al del mercado, estimularía un ingreso de divisas por exportaciones no petroleras del orden de los 8 mil millones de dólares.

El otro aspecto abordado por economistas entrevistados por Victor Salmeron, en la página de Prodavinci, es la necesidad de involucrar a los organismos multilaterales como el Banco Mundial y el FMI en la búsqueda de una solución al problema de la deuda venezolana. Estos organismos son claves en la obtención de nuevos préstamos que ayuden a incrementar las importaciones y aliviar la crisis humanitaria. Este es un tema polémico dada la resistencia del régimen chavista a vincularse a estos organismos.

Profesor UCV

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La palabra viene de la unión de dos voces latinas: vix, que significa “apenas” y luminare, que significa “alumbrar”. Vislumbrar algo es, entonces, “medio ver” algo que está ahí, pero que todavía no se ve bien. En el amanecer se vislumbran los objetos que han quedado ocultos por la noche. No se ven todavía del todo, pero tenemos el indicio de que –si el mundo no se acaba antes– los vamos a ver pronto.

Así como la noche está irremediablemente condenada por la salida del sol, a los regímenes fracasados solo les queda la fuerza para sostenerse, pero hasta el uso de la fuerza agota. Al que reparte palos todo el día se le cansa el brazo y no llega a la casa con ganas de abrazar a su esposa. Al que se pasa todo el día lanzando “gas del bueno”, algo también le llega a él; y al que tiene hijos adolescentes, en una refriega con “el enemigo” se le puede presentar la duda de si aquel con la franela en la cabeza al que le lanzó un perdigonazo no sería su hijo. Cuentan que una de las razones por las cuales los nazis se inventaron “la solución final” fue porque a sus soldados les era muy penoso pasarse el día fusilando judíos; a las tres o cuatro horas de estar en ello, les era inevitable albergar la duda de por qué lo hacían y de si aquellos seres en una de esas no serían también gente. Comenzaron a enloquecer, a caer en el alcoholismo, a suicidarse.

Algo se termina en Venezuela y se vislumbra algo diferente. La neblina de los gases no deja ver bien todavía qué será, pero la historia no es una reflexión inútil; el conocimiento del pasado es como una lámpara sobre el oscuro presente, que nos ayuda también a vislumbrar cómo podría ser y, especialmente, como valdría la pena que fuera.

Menéndez Pidal, en su introducción a la Historia de España –no olvidemos que el 60,76% de la nuestra se corresponde con la suya– dice que el tiempo de los Reyes Católicos fue, con mucho, el mayor período de la grandeza española y que ello no fue obra de la casualidad ni del azar, sino de hechos muy concretos: Castilla venía del nefasto reinado de Enrique IV, llamado “el impotente”, que la había llevado a su peor momento de ruina, con el tesoro exhausto, la población descontenta y hundida en la miseria, los nobles desmoralizados, teniendo por única justicia el capricho del rey y –encima– la moneda devaluada como consecuencia de la corrupción. Al morir Enrique, asciende al trono su hermana Isabel, casada con el heredero del reino de Aragón. Isabel y Fernando unificaron España y protagonizaron lo que Menéndez Pidal considera el momento cúspide de esa nación.

¿Cuál fue el secreto? Según el historiador –y el mérito es de la aguda visión política de Isabel– los Reyes Católicos se ocuparon de que en España hubiese, quizá por vez primera, justicia imparcial y, además, para las labores de gobierno escogieron a los más capaces, sin importar si eran nobles o plebeyos, e incluso si habían sido enemigos en algún momento; la inteligencia privaba por encima de todo. Esto produjo un efecto multiplicador, se regó como una mancha de aceite: una cadena de capaces escogiendo a más capaces como subalternos, no por adulación, sino por ingenio y preparación; un círculo virtuoso, como el rector de la UCAB. La reina tenía una habilidad extraordinaria para detectar el talento y es fama que guardaba un libro donde anotaba los nombres de las personas que destacaban por su inteligencia. Cuando le tocaba proveer un cargo apelaba a su “diccionario” de gente capaz.

Dice Menéndez Pidal, al referirse a este vuelco inusitado de su tierra, lo siguiente: “De la decadencia más baja al florecimiento mayor de un pueblo no hay más que un paso”, pero es un paso difícil de dar pasar del “lodazal de las codicias particulares al terreno de las nobles aspiraciones”, porque requiere un acto de voluntad que deseche el oportunismo, la viveza y la indolencia.

Vislumbro que Venezuela va a renacer si somos capaces de asumir el compromiso. Si lo sabemos hacer como es, sorprenderemos al mundo con nuestro brillo. Las nobles aspiraciones no son otra cosa que hacer coherente el país que se sueña con el que se practica cada día, el compromiso ético con la honestidad. Si logramos dar ese paso el florecimiento vendrá, porque inteligencia es lo que aquí sobra. Ese diccionario te lo tengo, Isabel, desde la A hasta la Z.

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