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Opinión

Asdrúbal Aguiar

Vistos los años transcurridos desde la entronización hasta el despido de Hugo Chávez –ahora hecho estatua de bronce frío, símbolo de la opresión venezolana y que ha de durar mientras esta dura, mordaz testimonio en el sitio que humilla y hace correr a su heredero al golpe de las ollas vacías por la hambruna, isla de Margarita– se observa, claramente, que muerto aquel también muere su habilidosa ficción democrática. Se derrumba su régimen de la mentira, el socialismo del siglo XXI.

Beneficiario de la manipulación posdemocrática –a saber, su afirmación como líder mediante el uso exponencial de la tecnología mediática y su propaganda instantánea– explota su tiempo dionisíaco apalancado sobre una manida legitimidad electoral. No hay elección que pierda. El argumento mayoritario le basta para encubrir violaciones sistemáticas de derechos humanos y alteraciones graves del orden constitucional que provoca sin miramientos, con la complicidad de gobernantes extranjeros envidiosos con el inédito espectáculo.

Lo cierto y veraz es que ni Chávez ni Nicolás Maduro, su causahabiente, menos los “montesinos” de aquel y de este, llámense Cabellos, llámense Rodríguez, creen en las elecciones.

Al apenas salir de la cárcel el primero demoniza a su conmilitón golpista, Francisco Arias Cárdenas, por someterse al escrutinio de las urnas y ser gobernador del Zulia bajo las reglas de la democracia representativa. Le tacha por traidor.

Y apenas forma su primer movimiento político, controlado por militares retirados, como paradoja bebe de la misma medicina. Sus primeros aliados civiles –Maduro y Cilia Flores– le señalan de corrupto por pensar y admitir, convencido por Luis Miquilena, sobre la conveniencia de la vía electoral para acceder al poder. La violencia, el terrorismo, el uso de las armas para imponerse sobre el colectivo quedan atrás, en la historia, “por ahora”.

Entre 2002 y 2004, cuando su popularidad se ve amenazada y la oposición promueve un referéndum consultivo sobre su gobierno, Chávez lo anula usando el Tribunal Supremo a su servicio. Y al demandársele luego, que se someta a un referéndum revocatorio, lo aleja lo más posible. Al final lo acepta a regañadientes. Se lo imponen Jimmy Carter y César Gaviria, pues la calle hierve y amenaza, y las recolecciones de firmas –rebanadas en cada oportunidad por los áulicos del régimen en el Poder Electoral– superan todo obstáculo.

“Si no hubiéramos hecho la cedulación, ¡ay, Dios mío!, yo creo que hasta el referéndum revocatorio lo hubiéramos perdido, porque esta gente [de la oposición] sacó 4 millones de votos... Entonces fue cuando empezamos a trabajar con las misiones, diseñamos aquí la primera y empecé a pedirle apoyo a Fidel. Le dije –confiesa Chávez–: Mira, tengo esta idea, atacar por debajo con toda la fuerza, y me dijo: Si algo sé yo es de eso, cuenta con todo mi apoyo”.

Informado por el CNE de los opositores que firman por su salida, los persigue a mansalva y los transforma en “muertos civiles”, y Rodríguez –auxiliado por Tibisay Lucena– se encarga de instalar el andamiaje digital que daría el puntillazo y otra vez le pondría careta de demócrata al soldado felón de La Planicie.

Chávez y Maduro, en suma, nunca han creído en elecciones democráticas competitivas y equitativas, ajenas a las meras contabilidades entre mayorías y minorías como si fuesen salchichas de ventorrillo, que no reparan en condimentos ni en su procedencia. Menos esta vez, cuando los recursos del petróleo faltan y no bastan para la democracia de utilería, obra de la astucia, esa que, a la manera del Reineke, el zorro de Goethe, practican incluso algunos opositores de mirada corta.

La desnudez de la vocación dictatorial y totalitaria agarra al último, a Maduro, en medio de la calle, aturdido por el ruido de las cacerolas de Santa Rosa. Le quedan como compañía, en burbuja protegida por esbirros, la estatua que inaugura y el Movimiento de No Alineados, club de parias creado por Cuba –la proxeneta– y cuyo último emblema es el dictador zimbabuense, Robert Mugabe.

La hora de la ficción ha finalizado. La lucha opositora pide mucho coraje; sabiduría para discernir sobre las acciones éticas pero eficaces, que hagan cesar la falacia y renueven la unidad en el sacrificio común. Exige de serenidad emocional, sintonía permanente con el dolor del pueblo, sobre todo visión de conjunto, narrativa que dibuje al país posible y a todos nos comprometa como mito movilizador posible.

La hora de las medianías políticas y de quienes juegan a la supervivencia como marqueses de Casa León se agotó. Como enseñanza y como prevención ante los sincretismos de laboratorio, diría Miranda, el Precursor, que “mal comienzo es contar con gente de mala laya en la refundación de la patria”.

correoaustral@gmail.com

20 de septiembre 2016 - 12:01 am

 3 min


El estado de ánimo de los venezolanos se hunde en una situación deplorable. Es una crisis de confianza que golpea el corazón, aturde el alma y nos llena de incertidumbre.

Dos bandos
El país está dividido en dos bandos. Uno claramente mayoritario y que confronta a diario problemas tales como la inseguridad, la inflación, la escasez ... y una frustración creciente. Muchos se han ido. Como el nuestro nunca fue un país de emigrantes, esa diáspora golpea duramente la conciencia nacional, porque los que se están yendo son jóvenes bien preparados que en condiciones normales deberían ser el reemplazo generacional del liderazgo de una sociedad.

Pero hay otro bando. Es un bando que en pocos años se ha transformado en una nueva oligarquía, entendiendo como tal a una clase que controla simultáneamente el poder político y el poder económico.

Es un grupo que alguna vez tuvo ideales y, en nombre de ellos llegaron al poder, pero éste les transformó el alma.

Para colmo llegaron en momentos de una abundancia inusitada donde el cielo parecía el límite y los valores y principios comenzaron a diluirse en medio de un torrente de recursos que aportaba una industria petrolera construida por otros y cuya renta comenzaron a disfrutar sin entender que se trataba de una ilusión pasajera. En el camino perdieron los ideales y sus dogmas se transformaron en palabras huecas.

El temor al futuro
En este segundo bando el temor al futuro es aún mayor. Saben que el suyo es un poder vacío porque perdieron el apoyo popular. Saben que solo pueden conservarlo mediante la fuerza y retorciendo la Constitución y las leyes sin ningún pudor.

Saben también que su permanencia solo es posible gracias a una guardia pretoriana que les cuida el sueño, pero que al igual que todas las guardias pretorianas a lo largo de la historia son las que deciden si el César debe seguir o no. Y, como tuvieron conciencia, tampoco el sueño les llega fácil y sobreviven haciendo gala de un cinismo sin límites que les enturbia el alma. Muchos quisieran que esta farsa se acabe. Otros saben que no tienen más alternativas que seguir con las botas puestas y amenazar a diestra y siniestra para ocultar sus miedos.

Lo anterior describe lo que ocurre en nuestra patria. Es una situación de desasosiego generalizado; es una sociedad en condición bipolar. Pero pasemos ahora de lo emotivo a lo racional. ¿Qué está pasando en realidad en Venezuela?

¿Cuál es la realidad?
La realidad es que la economía del país ya colapsó. Nos dice el FMI que la inflación en el 2016 alcanzará al 720% y el PIB caerá en un 10%. Lo ilustra con una frase lapidaria: “La economía peor administrada del mundo”. El gobernante sin embargo creyó que podría superar esa situación porque tanto la OPEP como la Agencia Internacional de la Energía coincidían en vaticinar un aumento de los precios del petróleo para el segundo semestre de este año. Pero ahora ambas organizaciones cambiaron de parecer y anuncian que la caída se profundizará a lo largo del 2017.

El aparato productivo
¡Empeorará porque el aparato productivo está destruido! ¿A qué podrá recurrir entonces el Gobierno? ¿A nuevos empréstitos? ... ¡No! Ya nadie quiere prestarnos porque las empresas calificadoras le atribuyen a Venezuela el peor riesgo soberano del mundo. ¿Nuevos impuestos? ... ¡No! Porque nuestra economía es como una esponja seca. Por más que la exprimas ya nada se le puede sacar. ¿Producir más petróleo? ... ¡No! Porque habría que invertir y ya nadie se atreve. De hecho, nuestra producción petrolera se está viniendo a pique. Más aún, incapaz de cumplir con compromisos vitales para seguir produciendo, Pdvsa trata desesperadamente de canjear unos 7.000 millones de dólares en bonos que vencen este año y el próximo. Sin embargo, el mercado la percibe con tal desconfianza que no solo le exige un rendimiento impagable, sino que como garantía pide el 51% de las acciones de Citgo que es el principal brazo comercializador de nuestro petróleo. ¡Qué locura!

El único camino que le queda al Gobierno es la opción más empobrecedora: que el BCV financie el gasto mediante la emisión de dinero sin respaldo; es decir, clavarle una puntilla en la nuca a los más pobres, en momentos en que la inflación y la escasez están sumiendo al país en una crisis humanitaria reconocida por todos menos por el Gobierno.

Y en medio de esta situación la gente se pregunta: ¿Habrá Revocatorio? La verdad es que es una pregunta retórica. Ya no importa. Ya esto dejó de ser viable. La realidad es tan apabullante que el cambio resulta inevitable.

petoha@gmail.com
@josétorohardy

 3 min


El revocatorio solicitado por la tríada formada por los 112 diputados, la MUD y la sociedad civil organizada, es un reflejo del poder comitente o poder natural del ciudadano que ha venido expresándose en una gesta democrática desde el 6D por la vía de la participación política contendiente y culmina el 1S. Desde el 6D de 2015 los más de ocho millones abrazados a la Constitución, decidieron con su participación política contendiente como pulsión política genuina y suprema no atada a ningún partido, ideología, grupo de interés y/o facción, sino al sentir democrático venezolano, que debería iniciarse el proceso del revocatorio del régimen autocrático-militarista de Nicolás Maduro.

El RR nace en el voto ético, se fortalece con la gesta política democrática entre el 6D y 1S, para motorizar a operadores políticos –ya que Venezuela no cuenta con una Clase Política- a que se cubriera el trance histórico-político para la realización del RR previsto en el artículo 72 de la Constitución vigente. El voto ético del 6D y la gesta democrática del siglo XXI deben ser símbolos y arquetipos de la más estricta interpretación por quienes, por razones políticas coyunturales hoy, aparecen como operadores nacionales para la realización del RR.

El RR, queda demostrado, no puede ser negociado, no pertenece a ningún grupo, ni subgrupo o facción, por cuanto su origen surge de un voto ético entendido como valor transempírico de la ciudadanía democrática, para generar un cambio político en el país. El RR no puede ser objeto de acuerdos, diálogos o pre-diálogos entre camarillas de espaldas a la sociedad, por cuanto esto le restaría transparencia y virtud política al revocatorio en sí mismo. Demostrado queda que la trampa en la cual cayeron necios e ingenuos de la MUD, puesta por los bárbaros militaristas, ha empezado a cobrar aceleradamente desconfianza en la masa democrática venezolana.

Desconfianza motorizada por el aparato comunicacional del régimen autocrático-militarista con lo cual se pudiera comprometer en dos diferentes y peligrosas tendencias la solicitud del referendo revocatorio. La primera podría ser el desencadenamiento de parcialidades de la oposición que angustiados se acerquen a la violencia política y acaricien la explosión social; la segunda que se fracture la concepción de “unidad política” alrededor del referendo revocatorio, mientras que el CNE y Gobierno puedan ganar tiempo para frustrar el hecho legítimo y políticamente previsto por la vía de la elección para producir un cambio a través de los votos.

Desconfianza es lo que cunde hoy en ocho millones de demócratas que no pueden comprender la ingenuidad y ligereza de quienes de espalda a la política real, se han atrevido a irrespetar a ocho millones de venezolanos que siguen estando claros y ciertos sobre la necesidad política de reemplazar y desplazar a este régimen que emplea a un partido político en armas como gobierno. 17 años de militarismo obsecuente con Jefes Militares corruptos, conspiradores, amantes de la violencia y torpes pudieran ser el factor de confusión y desorientación del referendo revocatorio, con lo cual la táctica le habría ganado a la política.

Desconfianza sienten hoy ocho millones de indignados que rechazan los acuerdos y pre-arreglos subterráneos al creerse que podían representar frente a un régimen hambreador y traidor a la ciudadanía democrática del país. Esos ocho millones son quienes construyen el Ambiente Político Real, ambiente político real –estudiado y analizado por centros de investigación politológica- del cual parecieran no tienen conocimiento quienes intentan representar a los demócratas para el logro del RR. Ese ambiente político real refleja que los venezolanos están inmersos en la participación política y reclaman un nuevo funcionamiento del Estado y, por lo tanto, la violación vía acuerdos o arreglos podría bien dar paso a la violencia política. Todo ello por la ingenuidad, deshonestidad o irresponsabilidad de quienes han intentado negociar.

¡Negociadores subterráneos! despiértense… Reconduzcan su equívoco y terminen por entender e internalizar que el referendo revocatorio NO es negociable. El referendo revocatorio es una decisión ciudadana, civilista y nadie puede estar por encima de ella, mucho menos quienes pudieran aproximar arreglos temporales, aproximativos a sus intereses de espaldas al sentido único del RR, cual es el cambio político categórico.

¡Negociadores!, a partir de este entuerto doloroso, de este descalabro infantil e ingenuo, están obligados a solicitarle perdón a la ciudadanía venezolana. Perdón que hablaría de la nobleza del juicio y criterio de quienes se equivocaron, pero que mostrará también que están dispuestos a re-enrutar la energía de la gesta política para crecer y hacer cierto que los venezolanos alcancemos el referendo revocatorio. Esos mismos venezolanos estamos dispuestos a crecer hacia la resistencia civil como lo enseña la historia y la ciencia política, a objeto de que la Venezuela del siglo XXI re-instale la democracia… ¡así de simple!

Director de CEPPRO

Caracas, 19/09/2016

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Si fuera cierto que gobierno y oposición se reúnen, habría que alegrarse porque es el primer paso. Pero no deberían asumirlo de manera vergonzante, como quien peca, sino defenderlo con claridad. Todas las actividades de los mortales tienen momentos sublimes y grises, y así es la política, “bestial y humana”, como la definió un pensador italiano. Los presos que salían de la Seguridad Nacional el 23 de enero de 1958; Yeltsin montado encima de una tanqueta en Moscú, o Violeta Chamorro en su triunfo, son episodios gloriosos en los que todos reclaman haber participado. Pero asuntos incómodos también existen en la política, la familia, las parejas, las iglesias, los negocios y en cualquier otra cosa. Líderes son aquellos que asumen magnas empresas y las explican, y nunca dejan ver costuras, debilidades.

No permiten chantajes de las musarañas del camino. “Actúa como si cada una de tus acciones fuera a convertirse en ley general de la Humanidad”, escribió Kant. Es éticamente correcto hablar con el adversario. En cambio los políticos ligeros trasudan resentimiento, pasiones menudas, minucias políticas de barbería. Si estás en desacuerdo con lo que hacen otros, se agradece que endereces la torcida realidad, trueques el deber ser en estado práctico y no que te conviertas en simple némesis, detractor, negación esperada, previsible, crónica, ni te ocupes solo de arrojar pelos a la leche. Si no estás de acuerdo con A, construye B y no vivas invadido por la amargura en el sordo rencor al que tiene más éxito, el estómago contraído y el rictus marcado en rostro. El 6-D todo el mundo triunfó, incluso los que han pasado la vida llamando a no votar (o que dificultaron ese triunfo).

¡Patria o heridas leves!
Hoy vuelven a morder la mano una vez que las papas se ponen duras. Se cae en el vicio de invocar con estridencia to be or not to be, traducido es este caso como ahora o nunca, alternativa demasiado grave para ruletearla y manosearla. Cuando Fidel Castro dijo patria o muerte al abordar la desvencijada barcaza Abuela para invadir Cuba, lo hizo en serio y al atracar en las playas de oriente, el ejército de Batista liquidó a 80 de los 92 invasores. Por desgracia ahora o nunca se repitió tanto en estos dieciocho años bolivarianos, que dio origen a un híbrido, a un ornitorrinco verbal: ahora o nunca, por ahora. Y si hablamos del RR, más allá de los ácidos digestivos que perturban la racionalidad, lo real es que existen dos opciones para este año, no una: que haya o que no haya. Dice que si no es este año no sirve para nada. Eso es un error político que asocian a una trastada: si no hay este año, es porque “nos vendieron”.
El dilema existencial, voy jugando a Rosalinda, la apuesta estocástica, ahora o nunca, tienen de malo que la gente lo cree y si pierde, tiende a expandir una marea de frustración entre los que compraron boletos solo de ida a la victoria. Reverdece el abstencionismo, se pone camisa limpia el bocón radical, recomienza el asalto anti Unidad. Y la joya de la corona, la guerrilla off-shore arroja su barcucho a las redes. Es una relación parasitaria: no hacen nada, cuando lo intentan es un desastre, pero sobreviven gracias a los granos de maíz que caen de la carreta de la Unidad. Saben perfectamente bien que la oposición apostó mucho en la jugada RR -aunque algunos no la creen viable- y que el desenlace no tiene que ver con ninguna fabulesca transacción para la que nadie está autorizado ni posee poder. No se puede transar lo que no se tiene y la Unidad hasta ahora no ha nombrado plenipotenciarios.

Un parpadeo
¿Qué se puede ofrecer a cambio de la libertad de los presos políticos sin que estos estén de acuerdo? Pero hay una inquina premeditada de calumnias contra los que estarían “negociando la entrega del revocatorio” para arrojar sospechas. Se trata de maniobras editoriales, inventar falsos “misterios” para desacreditar. Lo cierto es que si no hay RR no se acabará el mundo, se mantendrá la lucha, y ese es el mensaje que debe trasmitirse. Pero la posibilidad de elecciones en un futuro próximo, obliga a precaverse de mordiscos en el zapato de la Unidad, y también de tormentas mayores: si los restos del PSUV ya no son peligro electoral, surgirán intensas pulsiones a la ruptura, a que los partidos desarrollen su instinto democrático natural de buscar el poder. En 1958 Venezuela vivió una situación parecida.

Luego de la caída de la dictadura, entra en suspenso el Pacto de Nueva York acordado entre Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera contra Pérez Jiménez, y los partidos concurren con sus propios candidatos a las elecciones. Betancourt gana la candidatura de Acción Democrática por un voto frente a la terna independiente en la que figuraban Rafael Pizani, Francisco De Venanzi y un tercero. Pero tuvo claro que su organización sola no garantizaba la gobernabilidad y posteriormente firma con Copei y URD el Pacto de Punto Fijo, coalición que le permite derrotar veintidós intentos militares, la subversión armada del MIR y el PCV y dos divisiones de AD. Los líderes tuvieron la claridad suficiente para hacer lo que reclamaba el momento y eso permitió 40 años de democracia modelo para el mundo, un vertiginoso camino de modernización y evitar las dictaduras militares que poblaron el continente. Bienvenidos el diálogo si hubiera nacido y el RR si nace.
@CarlosRaulHer

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Los procesos mediante los cuales una persona o grupo insiste en sus formas de ser y de pensar, aún a pesar de los males que puedan éstas causar, son complejos, pero podemos referirnos a tres de los más evidentes: la ideología, la asociación diferencial y el costo de salida.

Al profesar una ideología se adopta un credo sobre cuáles deben ser los fines o valores a alcanzar por la sociedad y los medios para alcanzarlos. Estas definiciones incluyen preceptos morales sobre lo bueno y lo malo y sobre quienes son buenos y quienes son malos. Esas prescripciones se asocian a emociones y estas últimas se interponen entre el pensamiento racional y las reacciones automáticas generalmente asociadas a tales emociones. Esto explica por qué podemos tropezar dos veces con la misma piedra.

La adopción de una ideología va relacionada con la asociación diferencial o pertenencia a un círculo de personas que tienen el mismo credo. Desafortunadamente, estas personas se ven a sí mismas como “los buenos” y tienden a ver a los ajenos como “los malos” o, al menos, como objetos de desconfianza o como “venidos a menos porque no han visto la luz.” Obviamente, los grupos se protegen y desarrollan mecanismos para ejercer un control social que mantenga a sus miembros dentro del grupo y obedientes a sus credos y, en la medida que su ideología tenga más definiciones sobre lo bueno y lo malo y sobre los buenos y los malos, más inducirá al juego “amigo-enemigo” y más tenderá a castigar la salida de sus miembros.

El control de la salida ya supone un costo: la pérdida de privilegios, el descrédito o la muerte. Pero hay otros costos relacionados a dicha salida. Si ninguna ideología es perfecta, su práctica acarrea costos sociales percibidos, sobre todo, por quienes no la profesan. De allí que quienes sí la profesan se sienten amenazados por el castigo que les vendría de los no miembros del grupo. Por eso no es fácil salirse ni perder la cohesión interna que les permite protegerse unos a otros.

¿Ven por qué no es fácil cambiar, sobre todo después de haber infringido tantos costos a los demás?
@jagilyepes

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Luis Ugalde

Simplificando un poco podemos decir que hay dos chavismos. Uno atrapado y dominado por la lógica de los delincuentes poderosos: cualquier medio es válido si refuerza su dominio. Por eso el régimen se convirtió en tiranía, unas veces con halago y dádivas generosas, y otras con miedo e imposición de las armas, con abuso de leyes y de propaganda falsificadora que transforma en bueno lo que sirve al poder y en delito cuanto se opone. El poder es la verdad y debe perpetuarse. Además en este chavismo se dan la mano la corrupción y la incapacidad, que juntas han llevado al país a la miseria en los años de ingresos petroleros más fabulosos, empeñados en imponer un modelo económico y político fracasado en otros países. Aquí el derrumbe ha sido más rápido, pues la insensata prédica presidencial de que nuestro problema no es la producción (por la inmensa riqueza petrolera) sino la distribución; por lo que “buen gobierno” es el que reparte y distribuye la riqueza existente, sin tener que esforzarse en producirla. Por eso su rapiña e ineficacia supera lo visto en otras sociedades de poder comunista.

El otro chavismo expresó la esperanza y dignidad de la gente con un humanismo mesiánico que ponía en primer lugar la vida y felicidad de millones de venezolanos frente al empobrecimiento y corrupción crecientes desde la década de los ochenta, no corregidos por los partidos hegemónicos y la economía reinante. Nunca voté por Chávez, pero es claro que millones de venezolanos vivieron esta esperanza cuasi-religiosa de paraíso prometido y todavía bajo la ceniza de su frustración están las brasas, prontas a encenderse al primer nuevo viento favorable. Este segundo chavismo se siente cada vez más traicionado e indignado al contrastar su creciente miseria con las cuentas bancarias de muchos de sus dirigentes que disfrutan del poder y de las riquezas robadas.

Debemos distinguir entre la legítima demanda humana a la que el chavismo dio alas y la oferta política chavista que además de desacertada es delictiva. La actual catástrofe de colas, hambre, inseguridad, miedo… dejan en evidencia el fraude del “poder popular”, pero no le quitan verdad, ni legitimidad a esas necesidades y aspiraciones de millones de venezolanos, sobre todo la de los pobres. La necesidad-demanda sigue ahí y no se podrá construir una Venezuela nueva, productiva y justa, excluyendo e ignorando a los necesitados. Esas aspiraciones insatisfechas no siempre fueron chavistas. Por ejemplo AD en sus albores fue el “partido del pueblo” y la partera de la democracia para las mayorías relegadas secularmente a ser peones y carne de montoneras caudillistas.

La nueva democracia debe contar con ese “chavismo” y convertirlo en dignidad productiva, política, económica y social. En cada persona están sus talentos y resortes productivos y la esperanza no ha de ser pura demanda desde su indigencia, sino el descubrimiento y transformación de su condición humana y sus posibilidades, oportunidades y responsabilidades en productores de soluciones. No habrá nuevo liderazgo sin renovación espiritual que ponga en el centro de la esperanza el talento, la creatividad y la solidaridad. Devolver su dignidad a Venezuela entera con “el levántate y camina” de Jesús al tullido que pedía limosna: levántate para la producción económica y socio-política. La profunda enfermedad del país está en la antropología cultivada de limosnero político frente al rico poseedor del Estado petrolero.

En el debate político y productivo luego de 2016 es imprescindible la participación activa del segundo chavismo con sus frustraciones y esperanzas. Pensemos en una democracia que acoja en su pluralismo político esta fuerza con sus verdades y propuestas, necesitada de ser liberada de su alienación rentista-caudillista-mesiánica. En una verdadera democracia cada sector social se acerca a la producción del bien común democrático desde sus necesidades e intereses específicos. El chavismo que no vive el actual disfrute delictivo del poder necesita sentirse invitado a liberarse de aquellas actitudes y visiones de país que excluían a otros y demonizaban realidades humanas tan necesarias y básicas como productividad, ganancia, pluralismo y complementariedad democrática de diversos sectores sociales… Todos deben ser invitados a participar, con propuestas que vienen del chavismo o de otras fórmulas políticas. Es bueno que los más antichavistas recuerden que la primera caída de Perón ocurrió hace 60 años y todavía hoy el peronismo multicolor es la fuerza política mayor de Argentina y que en Perú el fujimorismo, con Fujimori en la cárcel, se convirtió recientemente con votos en la fuerza mayor del Congreso Nacional.

La verdadera reconciliación en Venezuela pasa por descubrir y fomentar esta complementariedad de fuerzas sociales y de propuestas políticas, siempre que no excluyan a los demás.

15 de septiembre de 2016

http://revistasic.gumilla.org/2016/dos-chavismos/

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Es conocida la grave e inocultable escasez de medicamentos e insumos médicos- quirúrgicos en hospitales y ambulatorios de la red pública de salud, razón por la que sus familiares deben adquirir la totalidad, o la mayor parte de los suministros que requiere el enfermo. Hasta los formatos de las historias clínicas de los establecimientos de salud deben ser comprados por los pacientes, mientras que los récipes para hacer las indicaciones son de papel reciclable donados por los trabajadores de la salud o por quienes acuden a recibir atención.

Esta escasez de medicinas e insumos que no se consiguen en la red pública, hace que la gente tenga que comprar todo, o casi todo, lo cual coincide con un estudio del Dr. Marino González, quien demuestra con cifras de la OMS que Venezuela es el país con mayor “gasto de bolsillo” de América Latina, hecho contrario al discurso de “gratuidad de la salud” que mantiene el gobierno, y de lo que ha hecho tanta publicidad.

Según la OMS, la Organización Mundial de la Salud, el gasto de bolsillo en salud “es el gasto en salud que más impacto tiene en el presupuesto del hogar, siendo la fuente de financiamiento más inequitativa y menos eficiente. El gasto de bolsillo podría tornarse un evento catastrófico para las familias”. El gasto de bolsillo es un componente muy importante del gasto privado. El gasto de bolsillo incluye: medicamentos, insumos médicos, lentes, aparatos ortopédicos y terapéuticos, honorarios a profesionales de la salud, servicios dentales, estudios paraclínicos, servicio de hospitalización, servicio de emergencia domiciliaria, entre otros.

Esta erogación es parte de la decisión de las personas de buscar salud al costo que sea, vendiendo sus pocos activos, o endeudándose, explicado por los Economistas como la “inelasticidad de la demanda”, lo que dicho en cristiano significa que la vida no tiene sustituto. La OMS recomienda disminuir el porcentaje del gasto por debajo del 10 %.

Volviendo al estudio del Dr. González, en el gráfico de gasto de bolsillo cómo % del gasto total en salud, insertado, se constata como nuestro país pasó de 50,6 % en 1.995, que era muy alto, a 65,8 % del gasto total en salud en 2.013, mientras países vecinos lo disminuyeron, pasando a ser el más alto de América Latina. En resumen, la salud en Venezuela está privatizada, aunque la red de servicios sea pública. Esto hace que seamos el país con menor equidad en salud de nuestro continente, lo cual favorece el incremento de la pobreza, al tener los ciudadanos que vender su patrimonio para salvar la vida del ser querido enfermo. Sabemos que el presupuesto asignado al sector salud es insuficiente y peor manejado. Habría que revisar si lo poco estipulado para la salud se queda en el camino, obligación contralora que debe realizar la AN, pero eso es harina de otro costal.

Si a esto se le agrega la conocida escasez de medicamentos en la red de farmacias privadas, y en la pública también, acompañado de un incremento feroz en sus costos, podremos entender que el discurso de la salud gratuita es solo un discurso, negado por la realidad, y la explicación del porque los especialistas han señalado que mueren personas por falta de tratamiento oportuno. No puede ser de otra manera, a menos que los libros de medicina mientan.

Por todo lo anterior, el próximo gobierno, tanto en el ámbito nacional, como en los Estado, van a recibir unos servicios de salud gravemente deteriorados, con pacientes que se mueren por falta de insumos, con financiamiento insuficiente, por lo que se deben llegar a acuerdos con actores fundamentales para enfrentar tan grave situación.

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