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Opinión

Jorge G. Castañeda

El Estado asistencial ha sufrido múltiples embates a lo largo de los últimos 40 años. Socialdemócrata o demócrata cristiano, europeo o canadiense, latinoamericano —pocas veces— o asiático —menos aún— la idea según la cual las desigualdades y las incertidumbres inherentes a la economía de mercado y a las sociedades que de ella se derivan deben ser proactivamente corregidas por el Estado es a la vez resiliente —desde Bismarck— y vulnerable —desde Reagan y Thatcher. Hoy, el Estado asistencial nacido en Europa occidental se encuentra debilitado por las transformaciones del capitalismo moderno en los países ricos, y socavado por la informalidad y la desesperación en los países de ingreso medio o francamente pobres de América Latina. Pero extraña y alentadoramente, su destino se juega donde jamás ha jugado: en Estados Unidos.

No es que nunca haya existido nada por el estilo en ese país. En los años 30, Roosevelt creó el sistema de pensiones: lo que se llama Social Security. En los años 60, Johnson fundó el seguro de salud para adultos mayores o para quienes se hallaban en la pobreza: Medicare y Medicaid. Un programa de seguro de desempleo, mínimo y breve, fue establecido entonces. La educación pública gratuita, hasta niveles universitarios, surgió desde mediados del siglo XIX, con fuertes variaciones Estado por Estado. Pero tanto del lado de la fiscalidad —con impuestos más bajos que en Europa— como del gasto —prestaciones más exiguas o puramente privadas— el welfare state estadounidense siempre dejó mucho que desear.

Por ello, resulta novedoso que en la campaña por la candidatura del Partido Demócrata para las elecciones del 2020, aspirantes susceptibles de ser postulados hayan enarbolado la bandera de consumar la construcción del Estado asistencial norteamericano. No todos en la misma medida: hay unos más centristas o prudentes que otros. Ni es seguro que alguno de ellos pueda derrotar a Donald Trump, o en caso de lograrlo, que ponga en práctica un programa con esas características. Pero por primera vez desde la Gran Depresión y la presidencia de Roosevelt, candidatos verosímiles proponen un proyecto social ambicioso, audaz y progresista.

Hasta ahora, estas ofertas pertenecían más bien a los candidatos marginales o extremistas. Ya no. La explicación es doble. De la misma manera que Trump representa de algún modo una reacción extrema contra Obama, no tanto por sus políticas sino por su raza, el giro a la izquierda del Partido Demócrata constituye la respuesta de jóvenes, mujeres, afroamericanos y latinos contra Trump. Y por otro lado, la creciente desigualdad en Estados Unidos, comprobada en libros y estadísticas oficiales recientes, parece haber llegado a un límite.

Del lado del gasto, así como de los ingresos, los principales contendientes demócratas han abrazado propuestas que hace apenas cuatro años únicamente fueron suscritas por Bernie Sanders. Si bien el senador socialista por Vermont obtuvo un importante caudal de votos contra Hillary Clinton, era percibido como un político ubicado en la extrema izquierda del espectro y sin ninguna representatividad, salvo en el seno de la juventud universitaria activista. Hoy, sin embargo, casi todos sus colegas prometen más o menos lo mismo que él sugería en 2016. El llamado Medicare for all, es decir, un sistema de atención médica universal, de pagador único, semejante al inglés, canadiense o español, figura en los programas de Sanders, de Elizabeth Warren —la principal rival del puntero, el exvicepresidente Joe Biden—, de Cory Booker, el senador por Nueva Jersey, de Julián Castro, de San Antonio, y en alguna medida de Kamala Harris, la senadora por California. Todos ellos proponen extender el sistema existente para adultos mayores y para los indigentes a todos los norteamericanos, suprimiendo el mecanismo actual de seguros privados pagados en parte por empleadores, o el Obamacare complementario de 2009. Warren y Harris encierran buenas posibilidades de ocupar un lugar —el primero o el segundo— en la boleta demócrata de 2020.

Pero lo más interesante yace en la definición de sus rivales. Todos —el propio Biden; el alcalde Pete Buttigieg; Beto O’Rourke, de Texas; la senadora Amy Klobuchar de Minnesota— respaldan una doble opción: la privada para quienes la tienen, y Medicare para los 20 millones que no cuentan con ella o que se encuentran insatisfechos con el esquema privado. Ellos han entendido, al igual que los más radicales, que el gran reto en materia de salud en Estados Unidos no reside únicamente en la tragedia de los no asegurados, sino también en la magnitud de los deducibles y de las primas de las pólizas privadas. Ello ha llevado a que los norteamericanos gasten más que cualquier país rico en salud (como porcentaje del PIB) y tengan la peor salud de los países ricos.

Un segundo tema del lado del gasto involucra las guarderías para niños de tres a seis años, o incluso de cero a tres años. Warren ha sido la más insistente en esta materia, pero sus correligionarios también. Con el tránsito de una gran cantidad de mujeres a la fuerza de trabajo, y con el leve incremento del número de hogares de un solo jefe —a partir de niveles de por si elevados— la cuestión del child care se vuelve decisivo. ¿Quién lo paga, suponiendo que fuera universal? La vieja teoría del Estado asistencial sostiene que deben ser los contribuyentes, no los usuarios. En un país plagado de hogares encabezados por mujeres solteras, y donde a la vez la proporción de mujeres con empleos fuera del hogar crece de maneara vertiginosa, la respuesta socialdemócrata es contundente. Deben pagar los contribuyentes, no solo quienes se benefician del servicio pertinente.

Por ello, un segundo punto —del lado del gasto— dentro del proyecto de construcción de un Estado asistencial norteamericano como Dios manda, yace en la creación de un sistema universal de ayuda a la niñez, por lo menos de los tres a los seis años. Existe una gran cantidad de guarderías en Estados Unidos, pero o bien no son accesibles por su costo a muchas familias, o no se encuentran en las zonas donde habita el mayor número de madres solteras o emparejadas que trabajan fuera del hogar, o los sueldos que se pagan a las encargadas de los centros infantiles son tan mediocres que terminan siendo indeseables o inviables. Para concluir esta rápida reseña convendría incluir propuestas otras varias versiones del Estado asistencial como volver a la educación superior gratuita y condonar las enormes deudas estudiantiles existentes (propuesta de Sanders y Warren), la creación de un fondo a largo plazo para cada niño en situación de pobreza (propuesta de Cory Booker), el regreso a políticas de afirmación afirmativa en materia de créditos o avales hipotecarios para minorías y abrir el debate sobre reparaciones para descendientes de esclavos de antes de 1863.

Del lado del gasto, lo más innovador se halla en la respetabilidad que ha adquirido el impuesto sobre riqueza o patrimonio, y el incremento significativo del impuesto sobre herencias. Varios candidatos han propuesto reformas fiscales tendientes a establecer un impuesto sobre el capital de 2%, por ejemplo, a partir de 50 millones de dólares, o de 1% desde 32 millones. Y de 8% a partir de 10.000 millones. Varios aspirantes sugieren no solo regresar a las tasas anteriores de impuesto sobre las herencias, sino elevarlas. No es ninguna casualidad que los principales asesores fiscales de algunos de los demócratas en liza sean Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, colaboradores de Thomas Piketty, cuyo nuevo libro, The Triumph of Injustice, seguramente causará furor en Estados Unidos.

Nada garantiza que un promotor del nuevo Estado asistencial norteamericano obtenga la candidatura. Tampoco que gane la presidencia o que logre poner en práctica su programa. Todo indica que aun si un centrista como Biden abandera al Partido Demócrata, se verá obligado a hacerse acompañar como vicepresidente por un “socialdemócrata”, rodearse de un Gabinete análogo y emprender su campaña con una plataforma de esta naturaleza. Incluso si no triunfa, se tratará de una transformación profunda de la configuración política estadounidense, como no habíamos atestiguado desde los años 30. De todos los cambios en curso en el mundo de hoy, este tal vez resulte ser el más trascendente.

11 de octubre 2019

El País

https://elpais.com/elpais/2019/10/11/opinion/1570750994_445181.html

 6 min


Daniel Eskibel

La política tiene, por diseño, una zona ciega imposible de ver desde dentro del sistema político. Es una zona plena de oscuros determinantes irracionales que solo podemos iluminar con la ayuda de la psicología.

¿2500 años de psicología le aportan algo a la política?

Hace 2500 años que la humanidad comenzó a reflexionar sobre psicología. Dos mil quinientos años. Y hace unos 150 años que esa reflexión psicológica comenzó a desprenderse de la filosofía y a recorrer el camino de la ciencia.

¿Acaso la política es y debe ser ajena a todo ese proceso? ¿Acaso debe incorporar otras ciencias humanas y sociales pero no la psicología?

Estas preguntas se responden solas. La política se nutre de la economía, de la historia, de las matemáticas, de la sociología, de la antropología y de muchas otras disciplinas científicas. También la psicología tiene para ofrecer un territorio que es ancho pero que más esencialmente es profundo.

Sin psicología ya no podemos comprender los fenómenos políticos. Y más aún: sin psicología ya no podemos operar con efectividad dentro del mundo político.

En esto pensaba una tarde del invierno español de 2019 mientras caminaba por Madrid luego de una reunión con el Dr. Jorge Santiago Barnés, Decano de la Facultad de Comunicaciones y Humanidades de la Universidad Camilo José Cela.

Durante la reunión habíamos avanzado significativamente en el objetivo de concretar en 2020 una vieja aspiración de ambos: la formación universitaria en psicología política. Y por mi cabeza cruzaban múltiples ejemplos de temas donde el aporte psicológico agrega mucho valor al ejercicio práctico de la política.

Temas actuales, que están un día sí y otro también en el debate periodístico, en la preocupación de partidos y gobiernos y en el día a día de las campañas electorales. Temas que a todos inquietan pero cuyos determinantes entran en lo que denomino la zona ciega de la política.

Porque la política está tan cargada de racionalidad, tanto a nivel teórico como práctico, que deja en las sombras el intrincado mundo de la vida interior, de las emociones, del inconsciente, de lo irracional…

Y eso que la racionalidad política deja de lado retorna al centro de la escena produciendo resultados electorales inesperados, comportamientos imprevistos de los ciudadanos y estilos de liderazgo que nadie pudo prever.

¿Cómo comprender lo que ocurre en esa zona ciega? Pues encontrando las puertas, las vías de acceso.

22 puertas para entrar en la zona ciega

Para comprender la zona ciega de la política y operar mejor dentro de ella es necesario abordar en profundidad algunos asuntos esenciales que interpelan hoy a todo el sistema político.

Cada asunto es una puerta de entrada a la zona ciega. Seguramente hay muchas, pero después de décadas atravesando en una y otra dirección las fronteras entre psicología y política puedo aislar 22 de esas puertas que me parecen de singular importancia.

Ya sabes que no son las únicas, pero aquí están 22 de las áreas temáticas que nos ayudan a entrar desde la psicología en la zona ciega de la política:

  1. Cuáles son los mecanismos mentales a través de los cuales los votantes procesan el inmenso flujo de comunicación política que reciben.
  2. Cómo influye la personalidad de cada votante en sus simpatías y antipatías políticas y en su decisión de voto.
  3. Cuáles son las emociones que influyen sobre la intención de voto y cuáles son los estímulos que las provocan.
  4. Cómo incorporar las variables psicológicas a los estudios cuantitativos y cualitativos de la opinión pública.
  5. Qué tipos psicológicos de votantes existen y cómo comunicarse mejor con cada uno de ellos.
  6. Cuáles son los tiempos y las etapas por las que atraviesa un votante antes de llegar a su decisión final.
  7. Qué atributos psicológicos caracterizan a un líder y resultan buenos indicadores acerca de su desempeño.
  8. Cómo influye la personalidad de cada líder en sus acciones políticas, gubernamentales y electorales.
  9. Cuáles son los procesos psicosociales que favorecen la aparición y la consolidación de los liderazgos políticos.
  10. Qué variantes, explicaciones y detonantes tienen los comportamientos políticos en función de que sean individuales, grupales o masivos.
  11. Cuáles son los efectos psicológicos que tienen las redes sociales sobre votantes y políticos.
  12. Qué variables favorecen o bloquean el activismo y las diversas formas de participación y movilización política.
  13. Cómo se generan y circulan los rumores por las diversas redes de la sociedad del siglo 21.
  14. Por qué se consumen las fake news y qué mecanismos psicológicos se involucran en su viralización.
  15. Cómo se radicalizan las personas que cometen o pretenden cometer actos terroristas.
  16. Cuáles son los factores psicológicos que inciden sobre los prejuicios y la discriminación social, política y cultural.
  17. Por qué unos discursos políticos tienen mayores efectos persuasivos que otros.
  18. Por qué los marcos mentales que se activan durante una campaña electoral son decisivos en la producción del resultado final de la elección.
  19. Cuáles son los efectos psicológicos reales que tiene la publicidad política televisiva sobre los potenciales votantes.
  20. Cómo influyen sobre el comportamiento electoral los debates televisivos entre candidatos.
  21. Qué ocurre en el votante cuando escucha y ve que un candidato expresa con intensidad sus emociones.
  22. Cuál es el peso de lo irracional en el comportamiento tanto del líder político como del votante.

Si ingresamos por cualquiera de estas 22 puertas podremos ver de frente el abismo irracional de la psicología humana operando activamente dentro del campo de la política.

Muchos querrán dejar esas puertas cerradas y mirarán hacia otro lado con desinterés. Pero muchos otros querrán enfrentarse al desafío de comprender más y mejor para además actuar con mayor efectividad.

¿A quién le interesa iluminar la política con psicología?

Esta frontera teórico-práctica no es para todos. Pero es de gran utilidad e interés para algunos sectores de la sociedad. A saber:

Académicos que buscan profundizar sus conocimientos y profesores que quieren enriquecer el legado que brindan a sus estudiantes.

Periodistas que intentan bucear más allá de lo aparente para darle a sus lectores ángulos diferentes y explicaciones más hondas acerca de los temas en debate.

Equipos de campaña electoral que saben que la profesionalización y la especialización son herramientas vitales para ganar elecciones.

Empresas de investigación de opinión pública que comprenden que la dimensión psicológica de los votantes está en la raíz misma de las más imperiosas necesidades de la investigación actual.

Empresas de consultoría política que advierten que la psicología puede ser un factor diferencial en el valor agregado que aportan a sus clientes.

Profesionales de la comunicación política que saben lo poderosa que es la comunicación cuando articula creatividad y estrategia con un conocimiento profundo de la psicología de los votantes.

Partidos políticos que se enfrentan al desafío de las campañas permanentes en un tiempo en el cual la competencia es feroz y los votantes imprevisibles.

Como ves, iluminar con psicología el mundo de la política es una tarea en la cual vale la pena invertir tiempo y recursos.

Porque si no lo haces, entonces tarde o temprano quedarás atrapado en la zona ciega. Y en política eso significa derrota.

Maquiavelo&Freud

https://maquiaveloyfreud.com/psicologia-zona-ciega-politica/

 5 min


Orlando Goncalves

Cuando vemos lo convulsionado que está el conteniente latinoamericano, nos salta la pregunta, ¿qué estará pasando por la mente de la clase política?

Argentina en reciente pasado hizo un cambio de dirección, tres años y medio después tratan de regresar a donde estaban inicialmente. No digo que sea malo o bueno, los argentinos sabrán. Pero, está claro que, los ciudadanos con sus votos, quisieron y generaron el cambio, ahora sienten que los resultados no han estado a la altura de sus expectativas, generando la probabilidad de volver al pasado.

En el medio de la incertidumbre, el país recibe un préstamo del FMI, obligándose el Gobierno de Macri a tomar medidas económicas que golpean a los ciudadanos más vulnerables. Por supuesto, estas medidas generaron rechazo y por ello los electores giran en busca de quien los saque de la situación actual.

Definitivamente, el conglomerado social no logra unirse en torno a una causa común que forzará así a la clase política a tomar decisiones que beneficien al país, y no a un grupo.

En el Perú, país azotado por el escándalo de Odebrecht, hecho que involucra a varios expresidentes y, otros casos de corrupción con jueces de altas cortes, tribunales y personeros del Congreso Nacional. Consecuencias del escándalo Odebrecht, llevaron a la ascensión a la Presidencia a Martín Vizcarra, quien, sin ningún respaldo parlamentario, trata de implementar políticas para sanear el maltrecho sistema político, sin éxito hasta ahora, con lo cual, se vio obligado a disolver el Congreso y convocar nuevas elecciones.

De nuevo las preguntas son: ¿por qué no nos entendemos?, ¿por qué la clase política se enfrasca en una lucha por sus intereses y deja al ciudadano de lado? Y más dramático aún, ¿por qué los ciudadanos lo permiten?

Mientras escribo este artículo, en el Ecuador transcurren protestas contra medidas económicas tomadas por el presidente Lenín Moreno, degenerando en un alto índice de violencia, saqueos del comercio, excesos de la fuerza pública. La medida que más ha molestado es la eliminación del subsidio a los combustibles, asistencia que tenía más de 20 años de estarse aplicando y, que, por supuesto, genera un impacto directo e inmediato en el bolsillo de los ciudadanos más humildes.

Las medidas las toma el presidente Moreno para tener acceso a un préstamo, nada más y nada menos que, del FMI; así que, se podría suponer, de dónde vienen la recomendación de eliminar el subsidio a los combustibles.

Nuevamente, ¿por qué los ecuatorianos no logran entenderse y buscar, unidos, soluciones a sus problemas? ¿Por qué unos acusan de golpistas al expresidente Correa, y este a su vez, acusa al presidente Moreno de traidor? Y la gente, cada vez más empobrecida, en el medio de las batallas de los políticos.

En Bolivia, el Ejecutivo, en complicidad con el Tribunal Constitucional y las autoridades electorales, hace reinterpretación de la Constitución, permitiendo entonces que el presidente Evo Morales se postule para un cuarto período. La oposición, en vez de cerrar filas, pensando primero en el país, la democracia y en su Constitución, no es capaz de entenderse, poniendo sus intereses grupales sobre el interés nacional.

La tragedia que sufre Venezuela ha sido larga y dolorosa, pero, todo indica que, la situación política, económica, social se deteriorará cada día más, y, de seguir así, la huida de venezolanos podría aproximarse a 8 millones, generando el mayor éxodo de población registrado en la historia, superando al de Siria. Mientras tanto, habría que preguntarse ¿por qué ante las circunstancias, la oposición no logra entenderse, ponerse de acuerdo y actuar de manera unificada, con el solo fin de terminar la tragedia que viven? ¿Por qué después de tantos aciagos años, persisten los grupos de oposición en imponer su criterio?, mientras la población muere por hambre, inseguridad, insalubridad, represión, etc.

Podría seguir enumerando casos de la región —Guatemala, Honduras y Nicaragua, entre otros—, donde, por no ponerse de acuerdo, no entenderse los ciudadanos, las crisis se agravan cada día más. Irónicamente quienes sufren las consecuencias, son los propios ciudadanos.

Desde hace mucho tiempo, por no decir que siempre, nos quejamos de la política y de los políticos, pero cabría preguntarse ¿y quién los elige?

Entonces, de nueva vuelta, ¿por qué no nos entendemos?

Es hora de que, los ciudadanos asumamos la responsabilidad que nos cabe por los errores en nuestras decisiones al elegir los personajes equivocados para que construyan nuestro sueño de país.

Si no nos gustan los países que tenemos, no basta quejarnos, debemos cambiarlos, y para hacerlo, debemos ponernos de acuerdo, y entendernos.

La Estrella de Panamá

https://www.laestrella.com.pa/opinion/columnistas/191008/entendemos

https://twitter.com/orlandogoncal/status/1181902717503119360?s=19

 3 min


La Comisión de Encuesta establecida por el Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para Venezuela presentó su informe sobre la queja interpuesta en 2015 por treinta y tres delegados empleadores en la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT). En el reporte, emitido el 3 de octubre de 2019, se refleja que el Gobierno de Nicolás Maduro, “el presidente obrero”, hostiga a empleadores y trabajadores en un contexto de impunidad.

La instancia reportó, por primera vez en América Latina y por virtud de una denuncia de empleadores y no de trabajadores, la grave persecución contra Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras) y sus afiliados, además de los ataques a organizaciones sindicales no afines al régimen. En tal sentido, exigió el cese inmediato de actos de violencia, amenazas, intimidación y vulneración de libertades civiles en el país.

Asimismo, la Comisión de Encuesta alertó que el Gobierno viola el Convenio n.° 87 cuando promociona organizaciones paralelas y de discriminación, suplantación e injerencia en las actividades de las organizaciones de empleadores y trabajadores e impulsa la injerencia en las relaciones entre empleadores y trabajadores.

Acceso a la Justicia recuerda que la Comisión de Encuesta de la OIT para Venezuela quedó conformada en junio de 2018 por tres miembros: Manuel Herrera Carbuccia (República Dominicana), María Emilia Casas Vaamonde (España) y Santiago Pérez del Castillo (Uruguay). La investigación de la delegación de la OIT incluyó la recopilación de documentación e información escrita, la interacción directa con las partes y otros actores involucrados a través de videoconferencias y la visita al país que se realizó entre el 7 y el 13 de julio de 2019. En el proceso de evaluación también se efectuaron audiencias contradictorias en Ginebra.

La representación de la OIT se reunió con funcionarios del Ministerio para el Proceso Social del Trabajo, el Instituto Nacional de Tierras (INTI), el Consejo Nacional Electoral (CNE), la Fiscalía General y la Procuraduría General de la República (PGR); entre otros, con testigos de los querellantes y representantes de organizaciones de empleadores y trabajadores, pero fueron ignoradas las solicitudes hechas al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) y las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES).

La Comisión instó al régimen de Maduro a garantizar un clima libre de violencia, amenazas, persecución, intimidación u otra forma de agresión, en el que los interlocutores sociales puedan ejercer sus actividades legítimas, incluida la participación en un verdadero diálogo social. En 2018 Fedecámaras solicitó ante la OIT el restablecimiento del diálogo social y el respeto a las normas internacionales para superar la crisis del país.

La OIT pidió al Gobierno de Maduro no coartar la libertad sindical con procedimientos judiciales y medidas cautelares y sustitutivas; esto pasa por detener la práctica de someter civiles a la jurisdicción militar. Asimismo, exige la liberación inmediata de empleadores o sindicalistas que estén en prisión por el ejercicio de sus actividades legítimas, como es el caso de Rubén González y Rodney Álvarez.

Acceso a la Justicia advierte que la falsa institucionalidad del régimen político venezolano llega al punto de que los jueces militares, contrariamente a lo que dice la Constitución, son nombrados por el Poder Ejecutivo para luego juzgar a civiles, como ocurrió con Rubén González, condenado a cinco años de prisión.

La Comisión de Encuesta de la OIT recomienda el establecimiento de criterios objetivos, verificables y plenamente respetuosos de la libertad sindical. La instancia subraya que la intervención del CNE debe ser verdaderamente facultativa y respetar la preminencia de la autonomía sindical en los procesos electorales.

Al mismo tiempo, aboga por eliminar los mecanismos institucionales que obstaculizan la autonomía de las organizaciones de empleadores y de trabajadores. Dentro de esos mecanismos figuran los Consejos Productivos de Trabajadores (CPT). Acceso a la Justicia ha alertado que los CPT fueron creados como mecanismos colectivistas que reducen la productividad, porque esta no se logra quitándoles a las empresas más de la mitad de lo que producen para quedárselo el Gobierno sin pagarlo, ni imponiéndoles trabajadores que actúen como fiscales.

La Comisión plantea además la realización del establecimiento de procedimientos de consulta a través del diálogo tripartito con las organizaciones representativas de empleadores y de trabajadores. También recomienda que se someta a la consulta tripartita la revisión del decreto con rango, valor y fuerza de Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTTT). La comisión enfatiza que las recomendaciones dadas al Gobierno deben aplicarse, a más tardar, el 1º de septiembre de 2020.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

El informe de la Comisión de Encuesta de la OIT sobre Venezuela deja al descubierto que en el país no existe un diálogo social y que el régimen de Nicolás Maduro, que se asume como “obrero”, revolucionario y en favor del pueblo, hostiga tanto a empleadores como a trabajadores. En medio de un contexto de impunidad, coarta la libertad sindical y también la autonomía del sector laboral.

Hasta la fecha, el Ejecutivo está en mora con las normas de la OIT y, dentro de ellas, se encuentra la activación de la consulta tripartita sobre la fijación del salario mínimo. Todo esto se agrava por la inexistencia de un verdadero Estado de derecho.

Enlace a la nota: https://www.accesoalajusticia.org/gobierno-obrero-condenado-oit/

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Hace pocos días se celebró, con un imponente desfile militar, el 70 aniversario de la llegada del Partido Comunista al poder en China, marcando una época, sobre todo durante el último cuarto de siglo, con Deng Xiaoping a la cabeza, de cambios profundos que han desdibujado su perfil socialista, el que Mao y sus seguidores le trazaron.

Capitalismo, hoz y martillo

Cierto, la transformación de China ha sido espectacular. Desde principios de los ochentas, la economía se encuentra entra las que más crece en el planeta, según lo demuestran el tamaño del PIB (que ha crecido a un promedio del 10% durante los últimos años), su creciente participación en la economía mundial, los niveles de consumo y en general todos los indicadores que suelen emplear los técnicos para medir los asuntos del desarrollo, incluso el esfuerzo descomunal invertido en la educación de su gente, todo ello sin rehuir, por cierto, su decidida participación en la carrera armamentista con Rusia y Estados Unidos.

Pero se observan, así mismo, cifras elevadas de desempleo, marcados desequilibrios regionales, niveles muy altos de contaminación ambiental (China es uno de los principales causantes del cambio climático y consume cerca de la mitad del carbón que se produce en el mundo), notable desigualdad social y como éstos, otros aspectos que traslucen un desarrollo que, si bien es notable, tiene sus luces y sus sombras.

China navega capitalismo en popa. El suyo es un capitalismo rudo, por no decir salvaje, y busca ser la primera potencia económica del planeta y cuenta, inclusive, las agallas propias de una nación imperialista. No re inventó, entonces, el socialismo, tratando de amoldarlo al Siglo XXI, según pregonan con terquedad de algunos ideólogos, no sé si dogmáticos o despistados, sino que instaló el capitalismo a su estilo, bajo la mano visible del Partido Comunista, controlando cuidadosamente los espacios a la otra mano, la invisible del mercado.

Qué diría Orwell

Por donde quiera que se le mire el suyo es un gobierno despótico. El Partido Comunista es la madre de todas las organizaciones y el cargo de Presidente, desempeñado por Xi Jinping, concentra todos los poderes y supone su permanencia indefinida en el puesto. La participación de la gente en la orientación del proceso social es muy limitada. La organización de los trabajadores siempre resulta muy cuesta arriba. Y por citar apenas un último asunto, el informe de los organismos internacionales en cuanto a los derechos humanos es casi impresentable, entre ellos el de Human Rights Watch. En China pareciera, así pues, asomar un capitalismo de estado incubado dentro de un férreo autoritarismo político que ofrece estabilidad y altísimas tasas de crecimiento económico. En algunos estudios lo han calificado de “tecnodictadura”, expresión de un modelo fundamentado en los últimos avances tecnológicos, que prefiere abiertamente el “orden” por sobre la libertad.

En este sentido cabe mencionar entre otras cosas, que el gobierno usa cada vez más circuitos cerrados de televisión, grandes bases de datos e inteligencia artificial con el objetivo de estudiar el comportamiento, las esperanzas, los miedos y los rostros de los ciudadanos chinos e impedir la disidencia y los desafíos a su autoridad.

Es sabido por diversas fuentes, que el régimen chino estableció bases de datos de «crédito social» en línea, acompañado de una suerte de “carnet por puntos” (cualquier parecido con el gobierno venezolano es simple ocurrencia), lo que sugiere que eventualmente podría lanzar una sola calificación para todos los ciudadanos chinos, que incluye evaluaciones crediticias, comportamiento en línea, registros de salud, expresiones de lealtad al partido y otras informaciones, mediante la mayor utilización de la inteligencia artificial, el reconocimiento de voz, los datos masivos y otras tecnologías digitales, al paso que restringe el acceso de los ciudadanos a internet mediante una nueva versión de la “gran muralla China”.

Made in China 2025

En 2015 el Presidente Xi Jinping aprobó un plan estratégico orientado a modernizar su base manufacturera mediante el desarrollo de diez sectores de alta tecnología, entre los que figuran la robótica, los vehículos alimentados por nuevas energías, la aeronáutica espacial, la inteligencia artificial e incluso la genética. Pekín aspira, así, lograr una autosuficiencia del 70% en las áreas escogidas.

Y la cosa va tan en serio que en 2017 fue el país del mundo que registró más patentes (un 43,6% del total), más del doble que Estados Unidos, y que en 2018 su inversión en Investigación y Desarrollo (IyD) representó el 2,1% de su PIB frente al 1,4% de diez años atrás. En el mismo sentido vale la pena hacer notar que ya figura como potencia en campos como la inteligencia artificial, el big data y la robótica y varias de sus empresas se codean con las más importantes en el escenario internacional. Habrá, pues, que ver cuáles son las consecuencias que derivan de este dominio chino en el resto del mundo.

Hasta en el fútbol

En los últimos años el gigante asiático aspira, así mismo, a figurar de manera estelar en el fútbol, en donde su actuación ha sido hasta ahora muy modesta. En función de lo anterior, ha convertido el desarrollo del balompié en un asunto de Estado y tiene como objetivo que el país sea una "superpotencia mundial de fútbol" dentro de pocos años y para ello, aparte de fortalecer su liga profesional, atrayendo entrenadores y jugadores de todas partes del mundo, está realizando importantes inversiones en infraestructura (estadios, canchas, centros de entrenamiento). Según el plan propuesto, llevado a cabo por la Federación China de Fútbol, se ha previsto destinar alrededor de 800.000 millones de dólares durante la próxima década y se espera que el año 2020 el equipo masculino figure como el mejor de Asia y sea campeón mundial a más tardar dentro de 15 años.

La idea es, pues, sustituir a Europa como nuevo eje del balompié mundial, no sólo en el sentido meramente deportivo, sino, sobre todo, desde el punto de vista comercial. Así, el fútbol seguramente tomará otros rumbos y asumirá otros esquemas, quien sabe con qué consecuencias.

Y como se dice del fútbol se dice, en general, del deporte. Resulta difícil suponer que China no resulte el país que obtenga más medallas en los próximos Juegos Olímpicos.

¿Modelo para estos tiempos?

En resumen, China ha adoptado, desde hace tres décadas, un capitalismo sui generis, que combina con una forma de gobierno asentada en el partido único y la centralización del poder, un formato que los chinos han dado en identificar, más antes que ahora, como “socialismo de mercado”, buscando hacer simbólicamente amigables la hoz y martillo con su sistema capitalista peculiar, un injerto que comienza a verse con simpatía en algunos sectores ideológicamente vario pintos, en diversas partes del planeta.

Mala noticia ésta, me parece. Preocupa pensar que el modelo chino pueda ser considerado como una opción política deseable frente a los desafíos que derivan de la denominada Cuarta Revolución Industrial, cuyas implicaciones abarcan, de manera radical, todos los ámbitos de la vida humana.

El Nacional, miércoles 9 de octubre de 2019

 5 min


Un problema al parecer insalvable de las teorías políticas reside en el hecho de que por lo común son elaboradas para sujetos históricos definidos de acuerdo a la propia teoría. Tomemos como ejemplo a las teorías marxistas y veremos como sus sujetos actúan de acuerdo a determinaciones de clase teóricamente diseñadas. O también, piénsese en las teorías liberales construidas sobre la base de supuestos individuos autónomos en condiciones de discernir claramente sobre sus intereses políticos.

Las teorías modernas no van a la zaga. Las construcciones habermasianas, por ejemplo, parten de la premisa de que la llamada sociedad está constituida por seres racionales en condición de establecer relaciones comunicativas las que deberán conducir –nadie sabe como- a la articulación discursiva de un orden democrático.

Quizás la única excepción está representada por algunos alcances teóricos de Ernesto Laclau quien al recurrir a Lacan pudo observar como las demandas sociales han de ser descifradas en el espacio difuso y opaco de las representaciones simbólicas. Pero, lamentablemente, también en Laclau los actores sociales son deducidos desde la lógica de una teoría sustentada por un futuro “estratégicamente” condicionado.

Podría entonces afirmarse que la mayoría de las teorías políticas han sido hechas para seres humanos “normales”, es decir, para un “Homo politicus” ideal.

No obstante, una simple mirada a los lugares marcados por confrontaciones políticas, mostrará como ese ser humano “normal”, deducido de la racionalidad de una teoría (todas las teorías son racionales) dista de ser la regla. Más bien es la excepción.

Dicho más claramente: la llamada sociedad está formada por personas que padecen de horrorosos miedos a morir. Por lo mismo, todo análisis político debe tratar con seres imprevisibles, paranoicos, histéricos, adictos, deseantes, megalómanos, sicóticos o simplemente neuróticos. Esa es, nos guste o no, “la madera carcomida” –expresión de Kant- sobre la cual han de carpinterear quienes intentan explicar las conductas ciudadanas.

En términos psicoanalíticos, la materia de toda infraestructura humana está formada por ocultas pasiones. ¿Bajas pasiones? Exactamente. Pero no porque sean bajas sino porque están “abajo”, aguardando el momento de aparecer en la superficie, disfrazadas de lógicos intereses y sublimes ideales. En ese sentido, todas las pasiones son “bajas”.

No fue un político, fue un economista, A. O. Hirschman, quien en su libro The Passions and the Interests pudo percibir como los intereses económicos racionales son, en muchos casos, simples pasiones revestidas (sublimadas, en lenguaje freudiano). Por lo mismo, aún convertidas en intereses, las pasiones no desaparecen. Suele suceder más bien lo contrario: los intereses racionales se convierten según Hirschman, en súbditos del imperio de las pasiones.

Extrapolando hacia lo político la tesis de Hirschman, podemos observar como, más aún que la economía, la política es un espacio proyectivo, no tanto de intereses, sino de pasiones mal disimuladas. Ahí reside el trasfondo patológico de muchas representaciones políticas. Por ese motivo algunos analistas de la política sostenemos que, aunque parezca paradoja, el análisis de lo político no se agota en lo político. Hay que recurrir a otras fuentes. Entre ellas, a las psicoanalíticas.

Ahora, desde una perspectiva inversa, la práctica política podría cumplir bajo ciertas condiciones una función terapéutica. Lo dicho se explica si consideramos que la política al ser actividad pública es también un espacio de ex -presión (liberación de presiones). Las re-presiones en cambio, cumplen el objetivo de impedir que las presiones salgan hacia fuera. No existe por lo mismo la represión política. Toda represión es anti- política.

Por otra parte, la política es una zona de conflicto. Allí los unos se enfrentan con los otros a través del uso de la palabra escrita u oral. En cierto modo, más que en los consultorios, la palabra debatida puede cumplir en la política una función liberadora, pero siempre y cuando esta no se convierta en un medio de agresión. Esa es la razón por la cual tanto las prácticas políticas como las clínicas requieren de cierta supervisión. Dicha función suele estar encargada en la política a la gobernancia. La tarea principal de una gobernancia, por lo tanto, no es incentivar, tampoco anular o disminuir el conflicto, pero sí, supervisarlo

De modo más preciso: entendemos por gobernancia no solo al gobernante sino al conjunto de personas e instituciones destinadas a regular la lucha política. Es por eso que la gobernancia, al no tomar parte por ningún bando en conflicto es la menos política de todas las tareas políticas. Pero sin gobernancia la política carecería de supervisión y las pasiones se revelarían en toda su desnudez como ocurre en los regímenes antipolíticos. En otras palabras, así como hay personas que no se saben gobernar a sí mismas, hay naciones sin, o con precaria gobernancia.

La gobernancia representa teóricamente al conjunto de la ciudadanía. Luego, si la gobernancia sólo atiende a una de las partes del conflicto o monopoliza todos los poderes en la persona de un gobernante, las ex -presiones ciudadanas dejan de pertenecer a la lucha política para transformarse en lucha por la política, o lo que es lo mismo, en una lucha por la recuperación de los escenarios de la política. En ese sentido las luchas democráticas no persiguen el desgobierno sino todo lo contrario: una mejor gobernabilidad. Las protestas sociales son en ese sentido más conservadoras de lo que se piensa. Buscan, antes que nada, “poner orden”.

Fue el Papa Benedicto XVl quien al referirse a los excesos cometidos por la Iglesia en los tiempos de la Inquisición, nos habló de las patologías de la religión. Al escucharlo no pude sino recordar el cuadro de Goya: “El sueño de la razón (también) produce monstruos”. Pues en los dos casos, el de la religión y el de la razón, las patologías latentes en la condición humana logran apoderarse de instancias sublimes de la vida. Mucho más en la vida política la que al ser esencialmente conflictiva estará siempre expuesta a los embates de las pasiones más primarias. Es cierto que al final siempre ha terminado por imponerse la cordura. Pero los regueros de sangre que dejan detrás de sí esas luchas, no son para rememorar.

Hasta ahora no tenemos ninguna prueba de que las patologías sean solo fenómenos individuales. Al contrario, todo nos muestra cuan fácilmente logran adquirir dimensiones colectivas. Más grave aún si la gobernancia ya ha sido “contagiada” (transferida).

Pero lo peor ocurre al revés, a saber, cuando una gobernancia enloquecida “contagia” –o transfiere- su patología a toda una nación. En ese caso extremo la patología política podría llegar a convertirse en un trauma de profundas dimensiones históricas. Hay efectivamente naciones que no pueden apartar la vista de un pasado que nunca termina definitivamente de pasar.

7 de octubre de 2019

Polis

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Estamos en la sombra, inmovilizados, encogidos, escondidos, olvidados y victimizados, lo cual impone llamar al gentilicio de la raza cósmica, a los tres minotauros para que con genio, carácter y direccionalidad política nos aboquemos a construir la transición impostergable. Transición que lo primero que no debe tener… es fecha. Sí debe tener un contrato: la ciudadanía en participación política, en nuestro espacio y tiempo de enorme confusión e irresponsabilidad masiva política, para comenzar a crecer y sólo parar cuando en el paredón de la justicia hayamos hecho valer el honor cívico de los venezolanos y Venezuela. Venezuela país, que después de 20 años, ha sido objeto del más grande y doloroso asalto por parte de una regresión política autocrática primitiva.

Es tal la regresión que esa supuesta maldita casta de ladrones e ignaros armados, -bazofia social militarizada- han violado la ley, la Constitución y sobre todo irrespetado el espíritu del venezolano. Todo, absolutamente todo. Los venezolanos como ciudadanía, como sistema central del sistema político hoy violentado por la barbarie, con nuestro propio entendimiento de demócratas, con conciencia sobre nuestra comprensión de “pueblo-asamblea” y el rol del gran actor del ciudadanos, reubicaremos nuestro honor y convicción política, con el ánimo que nos es propio y como un todo lleno de honor ciudadano dibujaremos de nuevo la República, la real República.

La República de una sociedad civil -ciudadanía real- con voluntad de Asamblea venezolanista, de patria heroica y genuina que nada tiene ver con este castrismo obsecuente, servil y criminal. La ciudadanía-República distante de esas falacias del pasado primitivo que tenemos que cambiar, para montarnos en el concepto de Patria Civilista. Patria Civilista que privilegia la Constitución, la tradición venezolanista y la necesidad de la democracia, esa democracia que reposa en nuestro imaginario y que requerimos convertirla hoy 7 de octubre en fuerza moderadora para dibujar con tino civilista la democracia huidiza arropada por la barbarie militarista

La ciudadanía creciendo desde el barrio, desde el caserío, sin estridencia pero con genio venezolano, con genio venezolanista para apostar a la masa decisoria “con voluntad y definición de pueblo libre para ganar y guarecer espacio y tiempos políticos importantes”, que nos fortalezcan como grupo determinante que quiere la paz, la concordia, el desarrollo y la fe en el futuro. La ciudadanía tiene que saber y fortalecer a la política que descansa sobre el ciudadano participante, activo y nunca más sobre actores operadores y negociadores fusílameles, cobardes, que apuestan al partidismo y a su predictibilidad de negociación oscura de espalda al ciudadano.

Ciudadanos civilistas como productores-propietarios y realizadores de una nueva democracia lejana al grupalismo insolente y acomodaticio, ciudadanos categóricamente confrontados con la escoria del socialismo, ignaro y propio del simplismo revolucionario. Los ciudadanos civilistas apuntan desde ya a la nación democrática, prospera que llama desde este instante al cursus honorum para ser ciudadanos capacitados, léase, republicanos, demócratas practicantes y elite de la decencia y hartos, ¡Por Dios! de la revolución asquerosa y perversa inmoral, que cree que todavía puede engañar al 87% que la adversa.

Ciudadanos venezolanos, participantes contendientes como pueblo universal, si se quiere elitesco, decente, diferenciados de este horror, que ahoga al gentilicio venezolano que hoy sufre vejámenes por culpa de unos locos atrabiliarios, ladrones e incapaces con capuchas politiqueras, que no saben que la primera responsabilidad que nace en Política es la función protectora. Función protectora que impone buen gobierno enmarcado en la ley y en la Constitución, para resolver las demandas previstas y pospuestas del ciudadano en educación, alimentación, trabajo, salud, vivienda y recreación. Bestiarios revolucionarios, obcecados e ignorantes que fueron a una isla del Caribe a buscar maestros y guías, y vinieron a destruir a una patria maravillosa.

La ciudadanía y los ciudadanos estamos cansados y no lo permitiremos. Los ciudadanos como elite tenemos que decir ¡Basta ya!, debemos ser universalistas y accionar de manera tal que, con organización, luces y razón, podamos atrevernos a generar un entendimiento sagaz y necesario para construyendo ciudadanía con la universalidad ciudadana… se desobedezca esta locura. Y con la desobediencia, la historia y el mundo de apoyo construir el milagro de la Venezuela en desobediencia civil hasta detener un país que no existe, aunque la guerra psicológica y primitiva se empeñe en un engaño permanente de que triunfa la revolución bonita, lo cual es totalmente falso, impone y obliga que los ciudadanos mostremos el camino de la nueva democracia.

Es original,

Director de CEPPRO

@JMachillandaP

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