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Opinión

Jesús Seguías

Micro Análisis

1. El arte de la negociación, de cualquier acuerdo, sociedad, matrimonio consiste en buscar el punto de equilibrio, donde todos se sientan ganadores. Quedan excluidos de este escenario de negociación las exigencias de capitulación, la rendición incondicional, el “todo o nada”.

2. En la guerra, el “todo o nada” sólo es posible cuando se tiene un “poder de fuego” superior al del adversario. Entonces no hace falta negociar nada. Se va por la victoria y punto. Y ese escenario no existe en Venezuela. Ni el gobierno ni la oposición cuentan con ese “poder de fuego” para pulverizar al otro. Es hora que terminen de comprenderlo.

3. Insistir en la capitulación y rendición del gobierno o de la oposición venezolana es una fantasía de políticos que aún no aprenden a contar cañones y a valorar objetivamente sus propias fuerzas.

4. Muchos opositores están dominados por las buenas intenciones pero tienen escasez de destreza y experiencia políticas. Y ni hablar de los que fanfarronean de un poder tangible que carecen y andan exigiendo la rendición del enemigo.

5. La verdad es que en Venezuela todos estamos quebrados, debilitados, agotados y a merced de una crisis devastadora. Esa es la premisa de la cual deben partir todos los actores políticos. Millones de seres humanos están sufriendo en extremo, tanto los que están adentro como los que están afuera del país. Es la segunda premisa.

6. Es hora de comprender que los únicos que pueden desplazar al gobierno de Nicolas Maduro por la vía fáctica son las mismas fuerzas internas del chavismo (especialmente el ala militar), lo cual no es descartable en cualquier momento. Y es a este poder al que más temen en Miraflores. No a una oposición desarticulada y sin capacidad de convocatoria real (por ahora), y con cero poder de fuego.

7. O lo que es lo mismo, todo cambio en Venezuela pasa por el chavismo como un todo más no contra el chavismo como un todo. Los matices juegan. Todo juega en este momento.

8. Por eso, la salida a la crisis pasa por acuerdos, es decir, negociaciones con el chavismo. Y eso ya no lo discute nadie. Hasta quienes se oponen públicamente a las negociaciones no hacen más que pedir a los militares chavistas que intervengan para deponer a Maduro. De ocurrir así, será el resultado de negociaciones. O es que creen ingenuamente que éstos intervendrán sin que medien previos acuerdos no sólo en torno a la justicia transicional sino para el reparto de poderes? Y eso cómo se llama?

9. Entonces, si estos renuentes a las negociaciones están dispuestos a negociar con los militares chavistas (que son, por cierto, los que ejercen el poder real en Venezuela y son los grandes responsables de la destrucción del país) por qué no hacerlo también con los civiles chavistas y terminamos de ponerle punto final a esta confrontación suicida y estúpida que está devastando al país entero, el único país que tenemos (fuera de aquí todos somos extranjeros).

10. Somos millones los que queremos justicia en Venezuela, y los que queremos ver tras las rejas a los culpables de tanta tragedia. Pero en la arena política no sólo juegan las denuncias y los deseos de justicia y libertad sino la acumulación y ejercicio de poderes. Ese es el juego duro y real de la política en la cual estamos involucrados. Y Venezuela es un caso severo de confrontación de poderes políticos.

11. Hay que repetirlo. No son los poemas y las loas a la libertad y la justicia los que definirán el desenlace del conflicto de poderes en Venezuela. Llamar a la guerra tal como lo sugieren algunos también es inútil e irresponsable. Algunos de éstos propiciadores de la guerra de “los otros” están en el exterior bajo resguardo y piden a los venezolanos que estamos adentro que salgamos a matarnos. Eso es picardía y cobardía. Los que quieran presidir gobiernos de transición (son unos cuantos) deben venir a decirlo en Venezuela. Quizás cambien de opinión cuando lleguen.

12. Por eso respeto a María Corina y muchos otros que sí dan la cara dentro de Venezuela, aunque no estemos de acuerdo políticamente. Son valientes y honestos. Pero sus conclusiones están más marcadas por la emociones que por la racionalidad. Y eso, lejos de ayudar, nos hundirá más.

13. Comprendemos a los que están afuera, a su dolor, a su rabia infinita, pero hay que pedirles que tengan paciencia. Todos (políticos, ciudadanos, chavistas, opositores derecha e izquierda) sabremos salir de este atolladero de manera exitosa. No tenemos más camino. Este país no le sirve a nadie como está. Lo contrario será la disolución temporal de la nación. Y eso sí es lo peor. Estamos caminando por el filo de una navaja.

14. El juego corresponde ahora a jugadores aplomados, pragmáticos, con control absoluto de sus emociones y con alta dosis de sabiduría. No es cuestión de edades sino de madurez. Es mucho lo que nos estamos jugando en las próximas horas. Es la hora del aplomo y de la alta política. Una equivocación más, un fracaso más será mortal para el país entero. La frustración, la desesperanza, el odio y el éxodo masivo serían las tendencias dominantes como resultado de una aventura política. A quién lo conviene ese escenario?

Fecha: antes del 10 de enero de 2018.

@JesusSeguias

www.GerenciaPolitica.com

 4 min


Yuval Noah Harari

La democracia liberal se enfrenta a una doble crisis. Lo que más centra la atención es el consabido problema de los regímenes autoritarios. Pero los nuevos descubrimientos científicos y desarrollos tecnológicos representan un reto mucho más profundo para el ideal básico liberal: la libertad humana.

El liberalismo ha logrado sobrevivir, desde hace siglos, a numerosos demagogos y autócratas que han intentado estrangular la libertad desde fuera. Pero ha tenido escasa experiencia, hasta ahora, con tecnologías capaces de corroer la libertad humana desde dentro.

Para asimilar este nuevo desafío, empecemos por comprender qué significa el liberalismo. En el discurso político occidental, el término “liberal” se usa a menudo con un sentido estrictamente partidista, como lo opuesto a “conservador”. Pero muchos de los denominados conservadores adoptan la visión liberal del mundo en general. El típico votante de Trump habría sido considerado un liberal radical hace un siglo. Haga usted mismo la prueba. ¿Cree que la gente debe elegir a su Gobierno en lugar de obedecer ciegamente a un monarca? ¿Cree que una persona debe elegir su profesión en lugar de pertenecer por nacimiento a una casta? ¿Cree que una persona debe elegir a su cónyuge en lugar de casarse con quien hayan decidido sus padres? Si responde sí a las tres preguntas, enhorabuena, es usted liberal.

El liberalismo defiende la libertad humana porque asume que las personas son entes únicos, distintos a todos los demás animales. A diferencia de las ratas y los monos, el Homo sapiens, en teoría, tiene libre albedrío. Eso es lo que hace que los sentimientos y las decisiones humanas constituyan la máxima autoridad moral y política en el mundo. Por desgracia, el libre albedrío no es una realidad científica. Es un mito que el liberalismo heredó de la teología cristiana. Los teólogos elaboraron la idea del libre albedrío para explicar por qué Dios hace bien cuando castiga a los pecadores por sus malas decisiones y recompensa a los santos por las decisiones acertadas.

Si no tomamos nuestras decisiones con libertad, ¿por qué va Dios a castigarnos o recompensarnos? Según los teólogos, es razonable que lo haga porque nuestras decisiones son el reflejo del libre albedrío de nuestras almas eternas, que son completamente independientes de cualquier limitación física y biológica.

Este mito tiene poca relación con lo que la ciencia nos dice del Homo sapiens y otros animales. Los seres humanos, sin duda, tienen voluntad, pero no es libre. Yo no puedo decidir qué deseos tengo. No decido ser introvertido o extrovertido, tranquilo o inquieto, gay o heterosexual. Los seres humanos toman decisiones, pero nunca son decisiones independientes. Cada una de ellas depende de unas condiciones biológicas y sociales que escapan a mi control. Puedo decidir qué comer, con quién casarme y a quién votar, pero esas decisiones dependen de mis genes, mi bioquímica, mi sexo, mi origen familiar, mi cultura nacional, etcétera; todos ellos, elementos que yo no he elegido.

Esta no es una teoría abstracta, sino que es fácil de observar. Fíjese en la próxima idea que surge en su cerebro. ¿De dónde ha salido? ¿Se le ha ocurrido libremente? Por supuesto que no. Si observa con atención su mente, se dará cuenta de que tiene poco control sobre lo que ocurre en ella y que no decide libremente qué pensar, qué sentir, ni qué querer. ¿Alguna vez le ha pasado que, la noche anterior a un acontecimiento importante, intenta dormir pero le mantiene en vela una serie constante de pensamientos y preocupaciones de lo más irritantes? Si podemos escoger libremente, ¿por qué no podemos detener esa corriente de pensamientos y relajarnos sin más?

Aunque el libre albedrío siempre ha sido un mito, en siglos anteriores fue útil. Infundió valor a quienes lucharon contra la Inquisición, el derecho divino de los reyes, el KGB y el Ku Klux Klan. Y era un mito que tenía pocos costes. En 1776 y en 1939 no era muy grave creer que nuestras convicciones y decisiones eran producto del libre albedrío, y no de la bioquímica y la neurología. Porque en 1776 y en 1939 nadie entendía muy bien la bioquímica, ni la neurología. Ahora, sin embargo, tener fe en el libre albedrío es peligroso. Si los Gobiernos y las empresas logran hackear o piratear el sistema operativo humano, las personas más fáciles de manipular serán aquellas que creen en el libre albedrío.

Para conseguir piratear a los seres humanos, hacen falta tres cosas: sólidos conocimientos de biología, muchos datos y una gran capacidad informática. La Inquisición y el KGB nunca lograron penetrar en los seres humanos porque carecían de esos conocimientos de biología, de ese arsenal de datos y esa capacidad informática. Ahora, en cambio, es posible que tanto las empresas como los Gobiernos cuenten pronto con todo ello y, cuando logren piratearnos, no solo podrán predecir nuestras decisiones, sino también manipular nuestros sentimientos.

Quien crea en el relato liberal tradicional tendrá la tentación de restar importancia a este problema. “No, nunca va a pasar eso. Nadie conseguirá jamás piratear el espíritu humano porque contiene algo que va más allá de los genes, las neuronas y los algoritmos. Nadie puede predecir ni manipular mis decisiones porque mis decisiones son el reflejo de mi libre albedrío”. Por desgracia, ignorar el problema no va a hacer que desaparezca. Solo sirve para que seamos más vulnerables.

Una fe ingenua en el libre albedrío nos ciega. Cuando una persona escoge algo —un producto, una carrera, una pareja, un político—, se dice que está escogiéndolo por su libre albedrío. Y ya no hay más que hablar. No hay ningún motivo para sentir curiosidad por lo que ocurre en su interior, por las fuerzas que verdaderamente le han conducido a tomar esa decisión.

Todo arranca con detalles sencillos. Mientras alguien navega por Internet, le llama la atención un titular: “Una banda de inmigrantes viola a las mujeres locales”. Pincha en él. Al mismo tiempo, su vecina también está navegando por la Red y ve un titular diferente: “Trump prepara un ataque nuclear contra Irán”. Pincha en él. En realidad, los dos titulares son noticias falsas, quizá generadas por troles rusos, o por un sitio web deseoso de captar más tráfico para mejorar sus ingresos por publicidad. Tanto la primera persona como su vecina creen que han pinchado en esos titulares por su libre albedrío. Pero, en realidad, las han hackeado.

La propaganda y la manipulación no son ninguna novedad, desde luego. Antes actuaban mediante bombardeos masivos; hoy, son, cada vez más, munición de alta precisión contra objetivos escogidos. Cuando Hitler pronunciaba un discurso en la radio, apuntaba al mínimo común denominador porque no podía construir un mensaje a medida para cada una de las debilidades concretas de cada cerebro. Ahora sí es posible hacerlo. Un algoritmo puede decir si alguien ya está predispuesto contra los inmigrantes, y si su vecina ya detesta a Trump, de tal forma que el primero ve un titular y la segunda, en cambio, otro completamente distinto. Algunas de las mentes más brillantes del mundo llevan años investigando cómo piratear el cerebro humano para hacer que pinchemos en determinados anuncios y así vendernos cosas. El mejor método es pulsar los botones del miedo, el odio o la codicia que llevamos dentro. Y ese método ha empezado a utilizarse ahora para vendernos políticos e ideologías.

Y este no es más que el principio. Por ahora, los piratas se limitan a analizar señales externas: los productos que compramos, los lugares que visitamos, las palabras que buscamos en Internet. Pero, de aquí a unos años, los sensores biométricos podrían proporcionar acceso directo a nuestra realidad interior y saber qué sucede en nuestro corazón. No el corazón metafórico tan querido de las fantasías liberales, sino el músculo que bombea y regula nuestra presión sanguínea y gran parte de nuestra actividad cerebral. Entonces, los piratas podrían correlacionar el ritmo cardiaco con los datos de la tarjeta de crédito y la presión sanguínea con el historial de búsquedas. ¿De qué habrían sido capaces la Inquisición y el KGB con unas pulseras biométricas que vigilen constantemente nuestro ánimo y nuestros afectos? Por desgracia, da la impresión de que pronto sabremos la respuesta.

El liberalismo ha desarrollado un impresionante arsenal de argumentos e instituciones para defender las libertades individuales contra ataques externos de Gobiernos represores y religiones intolerantes, pero no está preparado para una situación en la que la libertad individual se socava desde dentro y en la que, de hecho, los conceptos “libertad” e “individual” ya no tienen mucho sentido. Para sobrevivir y prosperar en el siglo XXI, necesitamos dejar atrás la ingenua visión de los seres humanos como individuos libres —una concepción herencia a partes iguales de la teología cristiana y de la Ilustración— y aceptar lo que, en realidad, somos los seres humanos: unos animales pirateables. Necesitamos conocernos mejor a nosotros mismos.

Códigos defectuosos

Este consejo no es nuevo, por supuesto. Desde la Antigüedad, los sabios y los santos no han dejado de decir “conócete a ti mismo”. Pero en tiempos de Sócrates, Buda y Confucio, uno no tenía competencia en esta búsqueda. Si uno no se conocía a sí mismo, seguía siendo una caja negra para el resto de la humanidad. Ahora, en cambio, sí hay competencia. Mientras usted lee estas líneas, los Gobiernos y las empresas están trabajando para piratearle. Si consiguen conocerle mejor de lo que usted se conoce a sí mismo, podrán venderle todo lo que quieran, ya sea un producto o un político.

Es especialmente importante conocer nuestros puntos débiles porque son las principales herramientas de quienes intentan piratearnos. Los ordenadores se piratean a través de líneas de código defectuosas preexistentes. Los seres humanos, a través de miedos, odios, prejuicios y deseos preexistentes. Los piratas no pueden crear miedo ni odio de la nada. Pero, cuando descubren lo que una persona ya teme y odia, tienen fácil apretar las tuercas emocionales correspondientes y provocar una furia aún mayor.

Si no podemos llegar a conocernos a nosotros mismos mediante nuestros propios esfuerzos, tal vez la misma tecnología que utilizan los piratas pueda servir para proteger a la gente. Así como el ordenador tiene un antivirus que le preserva frente al software malicioso, quizá necesitamos un antivirus para el cerebro. Ese ayudante artificial aprenderá con la experiencia cuál es la debilidad particular de una persona —los vídeos de gatos o las irritantes noticias sobre Trump— y podrá bloquearlos para defendernos.

No obstante, todo esto no es más que un aspecto marginal. Si los seres humanos son animales pirateables, y si nuestras decisiones y opiniones no son reflejo de nuestro libre albedrío, ¿para qué sirve la política? Durante 300 años, los ideales liberales inspiraron un proyecto político que pretendía dar al mayor número posible de gente la capacidad de perseguir sus sueños y de hacer realidad sus deseos. Estamos cada vez más cerca de alcanzar ese objetivo, pero también de darnos cuenta de que, en realidad, es un engaño. Las mismas tecnologías que hemos inventado para ayudar a las personas a perseguir sus sueños permiten rediseñarlos. Así que ¿cómo confiar en ninguno de mis sueños?

Es posible que este descubrimiento otorgue a los seres humanos un tipo de libertad completamente nuevo. Hasta ahora, nos identificábamos firmemente con nuestros deseos y buscábamos la libertad necesaria para cumplirlos. Cuando surgía una idea en nuestra cabeza, nos apresurábamos a obedecerla. Pasábamos el tiempo corriendo como locos, espoleados, subidos a una furibunda montaña rusa de pensamientos, sentimientos y deseos, que hemos creído, erróneamente, que representaban nuestro libre albedrío. ¿Qué sucederá si dejamos de identificarnos con esa montaña rusa? ¿Qué sucederá cuando observemos con cuidado la próxima idea que surja en nuestra mente y nos preguntemos de dónde ha venido?

A veces la gente piensa que, si renunciamos al libre albedrío, nos volveremos completamente apáticos, nos acurrucaremos en un rincón y nos dejaremos morir de hambre. La verdad es que renunciar a este engaño puede despertar una profunda curiosidad. Mientras nos identifiquemos firmemente con cualquier pensamiento y deseo que surja en nuestra mente, no necesitamos hacer grandes esfuerzos para conocernos. Pensamos que ya sabemos de sobra quiénes somos. Sin embargo, cuando uno se da cuenta de que “estos pensamientos no son míos, no son más que ciertas vibraciones bioquímicas”, comprende también que no tiene ni idea de quién ni de qué es. Y ese puede ser el principio de la aventura de exploración más apasionante que uno pueda emprender.

Filosofía práctica

Poner en duda el libre albedrío y explorar la verdadera naturaleza de la humanidad no es algo nuevo. Los humanos hemos mantenido este debate miles de veces. Salvo que antes no disponíamos de la tecnología. Y la tecnología lo cambia todo. Antiguos problemas filosóficos se convierten ahora en problemas prácticos de ingeniería y política. Y, si bien los filósofos son gente muy paciente —pueden discutir sobre un tema durante 3.000 años sin llegar a ninguna conclusión—, los ingenieros no lo son tanto. Y los políticos son los menos pacientes de todos.

¿Cómo funciona la democracia liberal en una era en la que los Gobiernos y las empresas pueden piratear a los seres humanos? ¿Dónde quedan afirmaciones como que “el votante sabe lo que conviene” y “el cliente siempre tiene razón”? ¿Cómo vivir cuando comprendemos que somos animales pirateables, que nuestro corazón puede ser un agente del Gobierno, que nuestra amígdala puede estar trabajando para Putin y la próxima idea que se nos ocurra perfectamente puede no ser consecuencia del libre albedrío sino de un algoritmo que nos conoce mejor que nosotros mismos? Estas son las preguntas más interesantes que debe afrontar la humanidad.

Por desgracia, no son preguntas que suela hacerse la mayoría de la gente. En lugar de investigar lo que nos aguarda más allá del espejismo del libre albedrío, la gente está retrocediendo en todo el mundo para refugiarse en ilusiones aún más remotas. En vez de enfrentarse al reto de la inteligencia artificial y la bioingeniería, la gente recurre a fantasías religiosas y nacionalistas que están todavía más alejadas que el liberalismo de las realidades científicas de nuestro tiempo. Lo que se nos ofrece, en lugar de nuevos modelos políticos, son restos reempaquetados del siglo XX o incluso de la Edad Media.

Cuando uno intenta entregarse a estas fantasías nostálgicas, acaba debatiendo sobre la veracidad de la Biblia y el carácter sagrado de la nación (especialmente si, como yo, vive en un país como Israel). Para un estudioso, esto es decepcionante. Discutir sobre la Biblia era muy moderno en la época de Voltaire, y debatir los méritos del nacionalismo era filosofía de vanguardia hace un siglo, pero hoy parece una terrible pérdida de tiempo. La inteligencia artificial y la bioingeniería están a punto de cambiar el curso de la evolución, nada menos, y no tenemos más que unas cuantas décadas para decidir qué hacemos. No sé de dónde saldrán las respuestas, pero seguramente no será de relatos de hace 2.000 años, cuando se sabía poco de genética y menos de ordenadores.

¿Qué hacer? Supongo que necesitamos luchar en dos frentes simultáneos. Debemos defender la democracia liberal no solo porque ha demostrado que es una forma de gobierno más benigna que cualquier otra alternativa, sino también porque es lo que menos restringe el debate sobre el futuro de la humanidad. Pero, al mismo tiempo, debemos poner en tela de juicio las hipótesis tradicionales del liberalismo y desarrollar un nuevo proyecto político más acorde con las realidades científicas y las capacidades tecnológicas del siglo XXI.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

El País

5 de enero 2019

https://elpais.com/internacional/2019/01/04/actualidad/1546602935_606381.html

 12 min


Una mirada al discurso de Juan Guaidó como Presidente de la AN para la gestión parlamentaria del 2019.

  1. Los compromisos que en concreto asumió el nuevo Presidente de la AN.

Juan Guaidó, en sus palabras como nuevo Presidente de la Asamblea Nacional, asumió dos compromisos concretos:

El primero de esos compromisos tiene que ver con su papel como Presidente del Parlamento, en tal sentido planteó:

“Ejercer la Presidencia de la Asamblea Nacional como el espacio de articulación, encuentro y unificación de todas las fuerzas democráticas, dentro y fuera de Venezuela, para lograr el cambio.”

Cuando Guaidó habla de la unificación de las fuerzas democráticas, aclara que no se refiere solamente a la Unidad de los partidos, si no a la Unidad Superior contra la dictadura, que incluye: liderazgos políticos y de la disidencia interna al régimen, de la sociedad civil, venezolanos en el exterior y de los venezolanos en uniforme que sirven en nuestra Fuerza Armada Nacional y demás instituciones del Estado.

El segundo compromiso que se puede identificar en las palabras de posesión de Guaidó como Presidente de la Asamblea Nacional por el año 2019, está enfocada hacia el papel de la Asamblea Nacional como actor político en estos momentos históricos.

Guaidó propuso un Parlamento que sea la representación efectiva del Estado, como consecuencia de ser el “único poder en pie producto de la elección popular reconocido nacional e internacionalmente.”

Esos dos compromisos, encuentran a su favor, según Guaidó, la existencia de una Asamblea Nacional que a lo largo de estos años ha logrado consolidar una unión necesaria para resistir y mantener sus puertas abiertas.

Pero la realidad histórica, exige del nuevo Presidente de la Asamblea Nacional, de su junta directiva y de todos los parlamentarios del sector democrático, un esfuerzo mayor de resistencia que supone ir más allá de la responsabilidad de mantener las puertas abiertas del Parlamento venezolano.

  1. Una realidad que sólo puede calificarse de dictadura.

Por años muchos actores sociales habían reclamado de la dirigencia política una clara calificación del modelo político, social y económico que el régimen quiere imponer, en tal sentido, Guaidó en su discurso fue claro y enfático al señalar que este régimen debe ser asumido como una Dictadura, sin disimulo y sin filtros, agregó el nuevo Presidente de la Asamblea Nacional.

Además, advirtió que esa Dictadura se presenta como un modelo opresor y miserable, caracterizado por:

-Obligarnos a depender de una caja CLAP.

-Unas instituciones y funcionarios que operan en función de la corrupción.

-Un pueblo cuyo salario es destruido por la hiperinflación que no han podido frenar;

-Un sistema que no solo saqueó PDVSA, sino destruyó su capacidad productiva y la de toda la industria venezolana;

-Un sistema del cual solo se benefician cinco envilecidos ladrones a costa de la destrucción y el empobrecimiento de aquel país de oportunidades donde crecimos todos.

Guaidó reclamó en su discurso la traición al pueblo y a las banderas de la justicia social, la inclusión, la igualdad y la lucha contra la corrupción, por parte de quienes a lo largo de estos 20 años han dirigido al país a través de un sólo partido y en el marco de una de las más grandes bonanzas económicas de toda nuestra historia.

En tal sentido, de manera muy clara, denunció que el único responsable de toda esa situación es Nicolás Maduro, quien además, denunció Guaidó, ahora pretende ejercer de facto su poder.

Así mismo, Juan Guaidó, denunció que Maduro es también responsable directo del desmantelamiento del Estado de Derecho, que destacó, no es un invento de leguleyos, sino que por el contrario, recordó que es “el piso que debería permitirle a cada venezolano defender su vida, su trabajo, sus ideas y decidir su destino.”

Ese desmantelamiento del Estado de Derecho, representa para Guaidó la única respuesta del gobierno ante un país que no ha querido doblar su espíritu.

El nuevo Presidente de la Asamblea Nacional, de manera categórica advirtió que “Maduro no le garantiza a nadie estar a salvo, ni de la persecución, ni del hambre. Lo que garantiza protección, es el estado de derecho y el respeto a los derechos humanos”, que el régimen ha violado sistemáticamente.

En ese sentido, aseguró Guaidó que a diferencia de Maduro y sus colaboradores, la dirigencia política democrática, quiere y aspira la protección de todos los venezolanos sin distingo, porque se cree en la vida, en el sistema republicano y en la paz.

Por último en ese diagnóstico de la realidad, Juan Guaidó, aseguró que Venezuela no ha caído en los chantajes del régimen y en tal sentido, recordó que el 20 de mayo 2018, hubo un acto de desobediencia civil al no participar en la farsa electoral que nos intentaron imponer, reflexión ésta que sin duda tiene y tendrá distintas lecturas.

  1. La solución debe encontrarse en la Constitución y con la participación de todos los sectores.

En el discurso de Juan Guaidó como nuevo Presidente de la Asamblea Nacional para la gestión parlamentaria del año 2019, reconoció que la solución a la crisis del país, exige “lograr el cese de la usurpación de Nicolás Maduro y conformar un Gobierno de Transición que, con el respaldo del pueblo, la comunidad internacional y la fuerza armada, convoque elecciones libres y atienda la emergencia humanitaria de manera inmediata.”

La crisis venezolana, advirtió Guaidó, es de naturaleza política, pero su solución está condicionada al restablecimiento pleno del orden constitucional, que permita reestablecer el Estado Derecho y proceder a elegir a un nuevo presidente en elecciones libres, justas y transparentes.

El Parlamento, reconoció Guaidó, tiene una deuda pendiente con los venezolanos, pues en el pasado reciente generaron grandes expectativas que no lograron satisfacer, bien por omisión o por error, por lo que comprende claramente el derecho de los electores a ser críticos y a formular reclamos.

En tal sentido, expresó su convicción en buscar la unificación de todas las fuerzas democráticas dentro y fuera del país, porque así se podrá alcanzar mejores resultados.

Sobre la restitución del orden constitucional, advirtió, que la aplicación efectiva del texto constitucional, no depende exclusivamente de la voluntad y menos aún de la decisión del Poder Legislativo, por el contrario, está condicionada a la capacidad de todos de crear una fuerza que permita hacerla cumplir. A tal fin, alerta, que es necesario que las decisiones de la Asamblea Nacional cuenten con la expresión simultánea del respaldo popular, político, militar e internacional para conseguir el cese de la usurpación y garantizar la realización de nuevas elecciones presidenciales libres.

Como complemento a ese llamado para la participación de todos, Guaidó reconoció, que ya la comunidad internacional en el Grupo de Lima, y en otras instancias, ha respondido al llamado que se le ha hecho desde Venezuela y a través de distintos actores políticos, con ello llamó a la reflexión sobre los desafíos que tenemos como sociedad, los cuales deben ser abordados por nosotros mismos.

  1. Una hoja de ruta plantea el Presidente de la AN:

El Presidente de la Asamblea Nacional, planteó en su discurso una hoja de ruta, que además, ha sido distribuida por redes, pero que sin duda necesita mayor divulgación y compromiso para lograr una cohesión efectiva sobre la hoja de ruta hacia el cambio político.

Esa hoja de ruta propuesta es:

1. Reafirmar la ilegitimidad y desconocimiento de Nicolás Maduro, así como la declaratoria de usurpación del cargo de la Presidencia de la República.

2. Asumir, como único Poder legítimo electo por los venezolanos, la representación del pueblo y de Venezuela ante la comunidad internacional, para defender y resguardar los intereses, derechos y patrimonio del pueblo y Estado, dentro y fuera de Venezuela, mientras dura la usurpación.

3. Crear un órgano de transición para la restitución del orden constitucional, la lucha contra la usurpación y la coordinación de las autoridades legítimas, la sociedad civil y la Fuerza Armada Nacional.

4. Retomar el proceso de renovación y designación de los poderes usurpados.

5. Promover la designación y reconocimiento de representantes legítimos ante instancias y organismos internacionales para impulsar la cooperación humanitaria y la restitución del orden constitucional.

6. Autorizar la ayuda humanitaria y asumir la interlocución directa con países que han comunicado su intención de apoyar en esta materia, para superar los bloqueos impuestos por este régimen miserable. porque no es otro que este régimen el que le ha negado a los venezolanos la asistencia que tantos han ofrecido.

7. Crear el fondo para la recuperación de activos provenientes de la corrupción, para que el dinero saqueado, que actualmente está siendo incautado en el exterior, pueda ser congelado y devuelto al pueblo cuando cese la usurpación.

8. Aprobar la agenda legislativa para la transición, que incluya el conjunto de leyes que definan el marco jurídico para la recuperación institucional, económica y social de nuestro país.

Los puntos 1, 2, 3 y 8, son acciones muy claras, viables e inmediatas, que sólo depende de la voluntad política de los parlamentarios, y su concreción, sería la mejor demostración de esa unidad necesaria a la que se refirió Juan Guaidó en su primer discurso como Presidente de la Asamblea Nacional.

Los demás puntos, exigen mayor detenimiento, estrategia política y por supuesto, no son inmediatos, pues su consecución depende de muchos otros factores.

  1. Un mensaje a la Comunidad internacional.

A los miembros de de la comunidad internacional, Juan Guaidó como Presidente de la Asamblea Nacional, les recordó que hoy “es imposible decir que el régimen tenga intención alguna de rectificación ..... Simplemente juegan con el tiempo y con medias verdades para hacer ver ante sus acreedores y prestamistas que quieren buscar una solución a la crisis, mientras de manera desesperada se alían con grupos irregulares que han cruzado nuestra frontera.”

Tanto a la comunidad internacional, como a la sociedad venezolana, en particular a quienes aún son seguidores del régimen, Guaidó les recordó que si Maduro quisiera una solución, pues el Parlamento está ahí y ha estado siempre, denunciando que los curules del sector oficialista han estado vacíos todo el año, con lo cual han demostrado que es el oficialismo quienes han abandonado la “posibilidad de entendimiento en el espacio natural de diálogo de cualquier país, su parlamento.”

  1. El reto que se presenta en el 2019.

Juan Guaidó calificó como un reto inédito, el hecho de iniciar el año 2019 con un periodo constitucional sin un Presidente. En consecuencia, llamó a enfrentar esa realidad con la responsabilidad de conducir el destino de la nación y asumir la representación del Estado, reconociéndose a la Asamblea Nacional como el único poder en pie producto de la elección popular reconocido nacional e internacionalmente.

Advirtió Guadió que la salida no debe ser una concesión, por el contrario debe ser una exigencia y obligación que venga del pueblo, la comunidad internacional, de su soporte político y de la Fuerza Armada Nacional.

El reto, afirmó Guaidó se asume, con el pueblo, pero para ello, reconoce es fundamental que haya el respaldo a la Asamblea Nacional.

“La libertad de nuestro país sólo podrá alcanzarse si superamos la desesperanza, y retomamos la organización política y social para la movilización y protesta masiva, firme y decidida en todo en el territorio nacional”.

Por último una frase que considero oportuna, que complementa el llamado que ha hecho Juan Guaidó a los electores venezolanos y que reconoce el papel que ha jugado la sociedad venezolana hasta el momento por restaurar el orden constitucional y democrático en Venezuela:

“El pueblo lo ha dado todo porque los venezolanos queremos ser dueños de nuestro propio destino. Y por eso vale la pena luchar.”

Según Guaidó, el “país que no ha querido doblar su espíritu”, es el momento de organizarnos, responder en unidad y demostrar que nuestro espíritu democrático no se negocia y que mantenemos la creencia en un pueblo que es capaz de recuperar la soberanía popular a través de sus acciones y como mandato del artículo 4 y 333 de la Constitución de 1999.

6 de enero 2019

Fuente:

Tal cual digital. Este fue el discurso de Juan Guaidó al asumir la Presidencia de la Asamblea Nacional. 5 de enero 2019. Online en: http://talcualdigital.com/index.php/2019/01/05/este-fue-el-discurso-de-j...

 9 min


Basta de majaderías, de descalificaciones mutuas y de creerse dueños de la verdad. Estamos en dictadura por culpa de muchos ciudadanos sin formación cívica y por crisis de dirigentes. Lo que procede es rectificar, lo cual requiere reconocer que no existe una solución fácil. Con las excepciones del caso, nuestros dirigentes han enfrentado al régimen y la sociedad civil ha luchado incansablemente en las calles. Prueba de ello son los civiles y militares presos o exiliados. Sin desconocer errores, salir de un totalitarismo de izquierda es difícil cuando no existe unidad entre los demócratas y proliferan las difamaciones.

Quizá el principal problema de la oposición es que tanto políticos, como ciudadanos del resto de la sociedad civil, no entienden que dentro de la unidad es posible disentir, siempre que no sean diferencias en contra de principios y valores. La unidad de la oposición no sería imprescindible si nuestros partidos políticos democráticos o grupos de la sociedad civil estuviesen identificados con los ciudadanos y contaran con líderes con gran arraigo popular. Es decir, que un grupo mayoritario de venezolanos tenga confianza en lo que predican tanto para salir de la dictadura, como para recuperar al país. Lamentablemente, las encuestas reflejan que ninguno logra aceptación de cierta importancia. Por ello es importante la unión.

Hay que reconocer que la gran mayoría está dando la pelea. El tiempo demostró que no eran ciertas las acusaciones de “colaboracionismo”. Desde luego con algunas excepciones conocidas. Los casos de Arias Cárdenas, Herman Escarrá, Ricardo Sánchez y William Ojeda, entre otros, contribuyeron a que prive la desconfianza entre los ciudadanos. También la conducta de un Heliodoro Quintero, de Juan Carlos Caldera y de Timoteo Zambrano. Posiciones como la de Henry Falcón, quien se presentó como candidato en la farsa electoral de mayo, quizá más para promoverse que por colaboracionista, no ayuda a crear confianza Tampoco el artículo de Luis Fuenmayor Toro, quien se refiere al “sabotaje petrolero”, haciendo comparsa con Rafael Ramírez; que critique ese paro cívico al que se sumaron los petroleros podría ser respetable, pero que lo tilde de sabotaje es repudiable. Pareciera que en su izquierdismo los paros y huelgas no son válidos cuando el gobierno es de extrema izquierda. Hoy las esperanzas están cifradas en la Asamblea Nacional, la cual es la representante de los venezolanos. Tenemos que darle un voto de confianza. El discurso del joven Juan Guaidó, nuevo presidente de la Asamblea, fue excelente. Los diputados tendrán que decidir los pasos siguientes.

La salida del dictador tiene que trabajarse políticamente. En nada contribuyen posiciones extremas que dificultan acuerdos. Tampoco es constructivo negar la posibilidad de negociaciones, siempre y cuando los nuestros no claudiquen ante lo fundamental que es la salida de Maduro. Lo demás cambiaría por inercia. Durante la guerra de Vietnam las partes negociaban y se echaban plomo ¿Qué podremos ofrecer a cambio? Respeto para quienes no hayan cometido graves violaciones a los derechos humanos y libertad de participación política del PSUV. Los casos de corrupción deberán ser investigados por fiscales independientes.

Como nuestra oferta potencial puede no ser suficientemente atractiva, será necesario profundizar la crisis con protestas generalizadas que culminen en una huelga general. Sin duda la posición del Grupo de Lima, de la Unión Europea y de Almagro, así como las sanciones a funcionarios son una importante contribución a la salida del régimen. Debemos agradecerlas y apoyarlas. Para muchos de nosotros Maduro nunca ha sido un presidente legítimo, pero para el mundo y para la Fuerza Armada a partir de 10 de enero no debe caber duda de su ilegitimidad. La oposición unida, con apoyo popular y de los países democráticos lograrán el cambio.

Como (había) en botica:

Se constituyó el Consejo Exterior de la Venezuela Libre como “instancia política para articular y coordinar el esfuerzo de los venezolanos en el exterior con el trabajo de la resistencia interior en Venezuela, para promover dentro del marco constitucional el restablecimiento de la libertad y la democracia…”. El grupo que tomó la iniciativa “acordará mecanismos para la incorporación de organizaciones y personas, teniendo siempre una visión amplia que reconozca los aportes de las distintas organizaciones que operan desde la diáspora, el exilio o el destierro, y que han actuado con patriotismo y dedicación durante estos 20 años de ignominia”. El que alguien difiera en algunos puntos no debería ser motivo para no participar. La idea es que abarque gran amplitud de pensamientos.

Lamentamos el fallecimiento del padre Armando Janssen, sacerdote belga que realizó una gran labor social en nuestro país.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Jesús Elorza G.

Al terminar, la tradicional Misa del Deporte, el sacerdote celebrante, muy preocupado, le pregunta a un viejo dirigente deportivo que religiosamente asiste a este santo oficio ¿Que está pasando?, siento y veo muy desunidos a los fieles deportistas. Noté, con mucha preocupación qué a su llegada, el Ministro del Deporte, solo se limitó a decir ¡Fó, aquí hiede a azufre! y no se sentó en el puesto asignado para él.

Por otro lado, el presidente del Comité Olímpico, con cara de pocos amigos ni siquiera lo saludó. Además, los dirigentes deportivos asistentes, se dividieron y buscaron ubicarse, unos alrededor del ministro y otros al lado del representante olímpico. Agrégale, a todo esto, la Rebelión de los Espíritus, representada en el tradicional reclamo de los trabajadores del IND, que todos los años reclaman la homologación e indexación de sus salarios y pensiones.

-Padre, con todo respeto, debo decirle que con la llegada de Eduardo Álvarez a la presidencia del IND, se soltaron los demonios en el sector deportivo, dijo el dirigente. Comenzaron las amenazas y persecuciones contra las federaciones para obligarlas a modificar los estatutos del COV y hacer permisible que un agente del gobierno presidiera el comité olímpico. Puede decirse, mi apreciado sacerdote, que allí se vulneró la autonomía del sector federado y se consolido la autocracia y el totalitarismo gubernamental.

Al destapar esa Caja de Pandora, los que ocupan el cargo de ministro del deporte, creen tener el derecho divino de ser solo ellos presidentes del movimiento olímpico y continúan presionando a las federaciones para que se mantenga ese status quo.

Ave María purísima, fue la exclamación del sacerdote, continua por favor.

-En el transcurso del tiempo, el sector deportivo ha visto desfilar a los distintos ministros en su burocrática manía de ser olímpicos y a las federaciones, solo les ha quedado el camino de tratar de expiar su pecado original de permitir que el gobierno asaltara la dirección del movimiento olímpico. En el tránsito por ese purgatorio, siguen actuando los demonios. Se les somete con el látigo de las asignaciones presupuestarias para comprar sus apoyos o con la paila de aceite hirviendo que representa la intervención ilegal de las autoridades del IND para desconocer a las juntas directivas y nombrar comisiones interventoras sumisas y complacientes con el demonio patronal.

Dios mío, que locura. Escuchándote, viene a mi memoria, el famoso poema de Dante Alighieri, La Divina Comedia y me hace pensar que el olimpismo venezolano es un inferno.

-Así es Padre.

Entonces, dime, querido amigo, cual es el Edén de esa tragedia.

-Bueno, siguiendo la letra del universal poema, quiero decirle que Eduardo y el Ministro, entraran al paraíso al igual que Dante y Beatriz.

Entonces no veo la razón de la confrontación, exclamó el sacerdote.

-Es que no la hay, ambos representan la misma política, de acabar con la autonomía del sector deportivo y centralizar toda su administración y funcionamiento en manos del Estado, que para ellos es el mismo gobierno y el partido único de la revolución. Su aparente confrontación electoral, no pasa de ser una pelea burocrática. Son, como dice el refrán: Caimanes de un mismo pozo.

-Padre, también debo decirle, que la manzana de ese paraíso, es el aporte qué por cada ciclo, el comité olímpico internacional le suministra al COV por el orden de un millón de dólares y que es administrado discrecionalmente por su presidente, sin rendirle cuentas a nadie.

Arrodillándose y con el rosario en la mano, el prelado exclamó: voy a elevar una plegaria al Dios Todopoderoso, contra esos paradisiacos representantes de la codicia y el autoritarismo totalitario: ¨Castígalos Señor, porque si saben lo que hacen¨. Acto seguido, el eco de los feligreses, retumbó por toda la iglesia: ¨Te lo exigimos Señor¨.

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​José E. Rodríguez Rojas

El 1° de enero se cumplieron 60 años de la llegada de los Castros al poder. En sus inicios crearon una utopía igualitarista que se planteó como una alternativa a las desigualdades propias de las economías de mercado, llamadas capitalistas. Sin embargo, las evidencias apuntan a que durante este lapso lo que han logrado es instalar un régimen generador de pobreza y desigualdades, que se ha prolongado en el tiempo gracias a una sistemática política de terror contra la disidencia.

Hace 60 años los barbudos revolucionarios cubanos, con Fidel Castro a la cabeza, tomaron el poder. El camino recorrido y los logros son frustrantes. El régimen instalado ha hostigado a la iniciativa privada desde su inicio y provocado un empobrecimiento generalizado de la población, generando una involución en una economía que era una de las más prosperas de la región. El ingreso medio de los cubanos en la actualidad ronda los 30 dólares al mes, el cual se ubica abiertamente por debajo de la línea internacional de pobreza, estimada en 60 dólares mensuales por el Banco Mundial. El proceso de empobrecimiento generado se da en el marco de un sistema que genera privilegios y desigualdades. La elite de civiles y militares que gobierna la isla se beneficia del acceso privilegiado a los escasos dólares que genera la deprimida actividad económica y a los bienes que controla y administra el Estado cubano.

La desigualdad se generó desde el inicio, cuando la elite dirigente se abalanzó como aves de rapiña sobre los bienes incautados a los miembros del sector empresarial y de la clase media, que abandonaron apresuradamente la isla temiendo por sus vidas. Pudimos observar esta situación cuando viajamos a Cuba en 1992, a un congreso de la Asociación de Economistas de Cuba. Al recorrer La Habana pudimos ver como la población vivía hacinada en edificios arruinados por el tiempo y la desidia. Mientras ello ocurría, los altos funcionarios gubernamentales y del partido comunista vivían en las cómodas y amplias viviendas incautadas a los empresarios que habían emigrado a Miami. El escritor cubano Leonardo Padura presenta esta situación en su serie sobre el detective de ficción Mario Conde, la cual ha sido llevada a la televisión. En uno de los episodios el detective interroga a un funcionario, el cual estaba encargado de administrar los bienes incautados a los llamados traidores o enemigos de la revolución. En el desarrollo de la trama, se hace evidente que el funcionario de marras se había asignado a dedo una de las mansiones más lujosas. El cuadro de desigualdad lo completa el minoritario sector de la población que recibe remesas en dólares de sus familiares en el exterior, gracias a lo cual logran escapar de la trampa de pobreza creada por los Castros y sus allegados.

La propaganda del régimen trata de ocultar el fracaso del proceso revolucionario apelando a lo que llaman los logros del mismo. Uno de ellos es un sistema sanitario gratuito accesible a toda la población. La data reciente muestra que si bien el sistema de salud se ha extendido a todo el territorio, el mismo se encuentra en franco deterioro. Según un reportaje de la BBC el sistema sanitario cubano tenía una buena prestación de servicios en el periodo previo a la llegada de los Castros al poder. Los revolucionarios tuvieron la sensatez de mantener la calidad del mismo gracias al subsidio soviético. Pero esta realidad cambió con el tiempo y la situación actual es que el sistema se ha deteriorado y es muy deficiente. Otro de los logros que la propaganda del régimen difunde es la educación. Los trabajos de Orlando Albornoz han analizado este supuesto éxito. Los mismos muestran que la educación es ideológica y no prepara para el trabajo productivo y la iniciativa requerida en una economía de mercado. Adicionalmente a ello la educación es excluyente, pues en la medida que los estudiantes muestran algún signo de discrepancia de las ideas impartidas, son excluidos del sistema.

El fracaso del sistema sanitario y el educativo lo refleja Yoani Sánchez, la bloguera cubana, en un artículo publicado en un medio alemán y reproducido por Tal Cual: En “los servicios públicos de educación y salud, tampoco hay mucho que mostrar. La extensión de ambos sistemas sigue llegando a cada rincón del país, pero el deterioro de la infraestructura, los bajos salarios de los profesores y médicos, junto a los excesos de la ideología y los vacíos éticos han hecho que las aulas y los hospitales no se parezcan al sueño de un pueblo culto y bien atendido sanitariamente que una vez arrancó los aplausos de miles de cubanos…”

El gran logro del sistema cubano es la instrumentación de una política de terror contra la disidencia política, lo cual le ha permitido prolongar en el tiempo el régimen estalinista que se ha instalado en la isla. En las primeras etapas del régimen estas tareas eran llevadas a cabo por cubanos asesorados por agentes de la policía secreta rusa y de Alemania del Este. Los agentes de la policía secreta cubana se especializaron en tales menesteres y en la actualidad es uno de los productos de exportación, como lo ha mostrado el caso de Venezuela.

En la actualidad se está discutiendo una constitución para ampliar los diversos tipos de propiedad que son posibles y dar un espacio a la propiedad privada. Sin embargo, Carlos Montaner opina que son toques cosméticos que lleva a cabo la tiranía para seguir prolongándose en el tiempo. Según Montaner, las perspectivas no apuntan al desarrollo de un sector privado de la dimensión que observamos en países socialistas, como China, que se han abierto a la inversión de las empresas multinacionales. En el caso cubano lo que se trata de impulsar es un capitalismo de Estado, con un núcleo duro de 2.500 empresas grandes y medianas manejadas por militares o ex militares de confianza. Entre ellas figuran las empresas que generan divisas, las cuales reciben sus ingresos en dólares o euros y les pagan a los trabajadores salarios de hambre, en pesos cubanos devaluados, generando una plusvalía que según Montaner oscila entre 80 y 90%.

Mientras los trabajadores cubanos reciben salarios que los condenan a una vida de penurias y estrecheces de todo tipo, los familiares de los Castros disfrutan de una vida de lujo. El diario El Nuevo Herald muestra las fotos, que el nieto de Fidel Castro colocó en las redes sociales, donde se le ve paseando en carros de lujo, yates y realizando turismo en ciudades europeas. El sistema de privilegios que priva en la isla no puede ser más evidente.

Desafortunadamente para nosotros, los que nos gobiernan han tenido la poca sensatez de tomar el modelo cubano como referencia y han transformado a Venezuela en una copia al carbón del desastre cubano y del sistema generador de pobreza y desigualdad que caracteriza a la isla.

Profesor UCV

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Moisés Naím

En 2018 se cumplieron 60 años de la emisión por la cadena estadounidense de televisión CBS de un episodio de la serie de wésterns llamada Trackdown o Rastreando. ‘El fin del mundo’ es el título del episodio de esa serie que cuenta la historia de un charlatán que llega a un típico pueblo del lejano Oeste y convoca a la población a que acuda a oír la urgente noticia que les trae.

Está por ocurrir una “explosión cósmica” que va a acabar con el mundo, les dice. Pero él los puede salvar. El, y solamente él. Para sobrevivir deben construir un muro alrededor de sus casas y comprarle unas sombrillas especiales que desvían las bolas de fuego que lloverán del cielo. ¿El nombre del charlatán que protagoniza este episodio? Trump. Walter Trump.

En el programa de televisión —que se puede ver en YouTube— Hoby Gilman, un Texas Ranger que representa el sentido común, trata de persuadir a sus vecinos de que no le hagan caso a Trump. “Es un estafador… nos está mintiendo”, les dice. Al igual que su homónimo de la vida real que capta la atención del mundo medio siglo después, el Trump de la serie suele usar a sus abogados para neutralizar a críticos y rivales: Walter Trump amenaza a Gilman con demandarlo.

Los charlatanes siempre han existido. Son bribones que con gran habilidad verbal logran venderle a incautos algún tipo de producto, remedio, elixir, negocio o ideología que, sin mayor esfuerzo, les quitará sus penas, aliviará sus dolores o los hará prósperos.

Últimamente, el mercado de la charlatanería, especialmente en la política, ha tenido un gran apogeo. Ha aumentado tanto la demanda como la oferta de soluciones simples a problemas complejos. La demanda la impulsan las crisis y a la oferta la potencian las redes sociales.

Las crisis de todo tipo que aquejan al mundo de hoy son el resultado de potentes fuerzas: tecnología, globalización, precariedad económica y desigualdad, criminalidad, corrupción, malos gobiernos, racismo y xenofobia, entre otras. El resultado es la proliferación de sociedades con grandes grupos de personas que se sienten, con toda razón, agraviadas, frustradas y amenazadas por el futuro. También constituyen un apetitoso mercado para charlatanes que ofrecen soluciones simples, instantáneas e indoloras.

En la serie de televisión de 1958, un anónimo narrador nos relata lo que pasó: “El pueblo estaba listo para creer. Y como corderos corrieron al matadero. Y allí, esperándoles, estaba el sumo sacerdote del fraude”. Medio siglo después, estas frases suenan muy actuales. Hay cada vez más sociedades dispuestas a votar por quien les haga la promesa más simple y que, además, ofrezca romper con todo lo anterior y sacar del poder “a los de siempre”.

Los embaucadores de hoy son, en esencia, similares a los que siempre han existido, solo que ahora disponen de tecnologías digitales que les dan inimaginables oportunidades. Son charlatanes digitales.

La intervención clandestina de un país en las elecciones de otra nación es un buen ejemplo de prácticas antiguas que se han repotenciado. Ahora los charlatanes digitales operan a través de los famosos bots. Estos son programas que diseminan a través de las redes sociales millones de mensajes automáticos dirigidos a usuarios que han sido seleccionados porque tienen ciertas características: una determinada edad, sexo, raza, localización, educación, religión, clase social, preferencias políticas, hábitos de consumo, etcétera. Como todos los buenos charlatanes, los administradores de los bots saben identificar a las personas propensas a creerles. Antes, los charlatanes usaban su intuición para identificar a sus víctimas, ahora usan algoritmos. Una vez identificadas sus víctimas, los creadores de los bots les envían mensajes que confirman y refuerzan sus creencias, temores, simpatías y repudios. Los charlatanes digitales saben cómo estimular ciertas conductas en quienes reciben sus mensajes (votar por un candidato y difamar a su rival, apoyar a cierto grupo y atacar a otro, diseminar información falsa, unirse a un grupo, protestar, hacer donaciones, etcétera.)

Estas nuevas tecnologías digitales tienen la propiedad de ser, al mismo tiempo, masivas e individuales. Quienes las usan pueden, simultáneamente, contactar a millones de personas y hacerle sentir a cada una de ellas que está interactuando de una manera directa, personal y casi íntima con alguien con quien comparten formas de pensar. Esto fue exactamente lo que pasó en las elecciones estadounidenses que llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca. El consenso de las agencias de inteligencia de EE UU y de otros países es que esta fue una operación brillantemente diseñada y ejecutada —a muy bajo costo— por el Gobierno ruso bajo la supervisión directa de Vladímir Putin.

Pero sería un error suponer que los charlatanes digitales solo influyeron en las elecciones estadounidenses. Se estima que 27 países han sido víctimas de la interferencia política orquestada por el Kremlin. Tanto en la crisis de Cataluña como en el Brexit se detectaron intensas actividades de los bots y otros actores digitales controlados o influidos por el Gobierno ruso. Sembrar el caos y la confusión y agudizar los conflictos sociales, debilitando así las democracias occidentales, es el propósito de estos esfuerzos.

De hecho, una de las evidencias más reveladoras del impacto de los charlatanes de estos tiempos fueron las búsquedas de información que ocurrieron después del voto sobre el Brexit, en el cual, por un margen del 4% del voto popular, Reino Unido decidió divorciarse de Europa. Según Google, ¿qué es el Brexit? fue una de las preguntas más frecuentes de los buscadores de aquel país después de que se conocieran los resultados del referendo. También se supo que muchas de las afirmaciones y datos usados por quienes promovieron el Brexit eran falsas. Pero, al igual que los habitantes en la serie de televisión, en este caso también “el pueblo estaba listo para creer”.

Lo mismo ocurre con las mentiras de Trump. Según The Washington Post, Trump hizo 5.000 afirmaciones falsas en sus primeros 601 días como presidente, una media de 8,3 diarias. Recientemente, rompió su récord y en un solo día dijo 74 mentiras. No importa, el presidente sabe que “el pueblo está listo para creerle”.

Todo esto apunta a una lamentable realidad: los seguidores de los charlatanes son tanto o más culpables que los charlatanes de que una sociedad apoye malas ideas, elija malos gobernantes o crea en sus mentiras. Con frecuencia los seguidores están irresponsablemente desinformados, son indolentes y están dispuestos a creer en cualquier propuesta que los seduzca, por más descabellada que sea.

Esto tiene que cambiar. En los últimos tiempos le hemos hecho la vida demasiado fácil a los charlatanes y hemos sido muy benevolentes con sus seguidores. Hay que reconstruir la capacidad de la sociedad para diferenciar entre la verdad y la mentira, entre los hechos confirmados por evidencias incontrovertibles y las propuestas que nos hacen sentir bien, pero que ofrecen soluciones que no lo son o que agravan el problema.

Necesitamos más educación ciudadana acerca de los usos y abusos de la tecnología digital y aceptar que la democracia requiere más esfuerzos que el de ir a votar cada cierto tiempo. Hay que informarse mejor, tener la mente abierta a ideas que no nos son cómodas y desarrollar el sentido crítico que nos alerta cuando nos manipulan. También hay que

regular las redes sociales. Sobre todo, hay que recuperar la capacidad de diferenciar entre líderes decentes y los charlatanes que nos mienten impunemente.

Fe de errores

En una primera versión de este artículo se indicaba que El fin del mundo es el título de un episodio de la serie Backtrack, cuando es de Trackdown.

El País

Diciembre 30, 2018

https://elpais.com/elpais/2018/12/28/opinion/1546018097_816013.html

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