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Opinión

Jesús Elorza G.

El fair play o juego limpio es un término usado en el ámbito de los deportes, para señalar el comportamiento honesto y correcto, el cual deben mantener los atletas ante sus oponentes, el árbitro, y los asistentes. Éste se distingue por anteponer la satisfacción de competir limpiamente, y priorizar el deporte por encima del deseo de obtener la victoria. Esta expresión demuestra respeto al contrincante, al árbitro y a las normas; por consiguiente, enseña el efectuar el juego limpio, sin trucos o simulaciones que lleven a confundir al rival, o al juez.

Sin embargo, a lo largo de la historia del deporte hemos visto como la norma del juego limpio se ha visto inmersa en hechos contradictorios ocasionados a título personal o por gobiernos sin escrúpulos que buscaron los triunfos en las competencias a través de medios ilícitos. Los ejemplos más resaltantes han sido las políticas de estado para el dopaje de los atletas, empleadas durante muchos años por los regímenes de la República Democrática Alemana y la ya desaparecida Unión Soviética, pero, continuada en Rusia por Putin en la época actual.

Hoy en día, el juego limpio está sometido a un debate universal ocasionado por la participación de personas transexuales que tienen una identidad de género que no coincide con su sexo obtenido al nacer y desean hacer una transición al sexo con el que se identifican.

Cabe recordar situaciones en las que, por ejemplo, en 1977 la Corte Suprema de Nueva York falló a favor de la tenista Renée Richards -antes Richard Raskind-, a la que el Abierto de Estados Unidos había prohibido jugar en categoría femenina. En 2009, ante el triunfo de Caster Semenya en la final del Campeonato Mundial de Atletismo de Berlín, otras corredoras manifestaron dudas acerca de su sexo.​ La Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) publicó que había pedido un test de verificación de sexo, debido a que los resultados de las pruebas realizadas en Sudáfrica, previas al Campeonato del Mundo, habían mostrado una cantidad de testosterona tres veces superior a lo considerado normal en una mujer. Rodrigo Pereira de Abreu tiene 37 años y juega en el Osasco, un club de la máxima división del voleibol en Brasil. Fue elegido dos veces el jugador más valioso en ligas masculinas y en 2015 comenzó su transición de género, para convertirse en Tiffany Abreu.

Pero los últimos casos de la halterófila australiana Laurel Hubbard -que compitió en los Juegos Olímpicos de Tokio- y la nadadora estadounidense Lia Thomas, entre otros, han reavivado la controversia sobre la transexualidad en el deporte y sobre cuál es la frontera entre los derechos individuales de las personas que cambian de sexo y la justicia y equidad deportiva.

El marco legal que debe regular la participación de los deportistas transexuales en las distintas competiciones y disciplinas aún no tiene un desarrollo exhaustivo y en la actualidad depende de cada disciplina o federación internacional. Esa es la última directriz del Comité Olímpico Internacional, que publicó en noviembre unas pautas en las que suprimió criterios anteriores que incluían, por ejemplo, la exigencia de mantener los nivexales de testosterona por debajo de 10 nanomoles por litro de sangre o haber completado la cirugía de reasignación de sexo al menos dos años antes-, para establecer ahora que debe ser competencia de cada federación deportiva designar el marco para la participación de las mujeres trans. El Comité Olímpico Internacional se lava las manos para alejarse del debate sobre la materia y traslada la responsabilidad de las decisiones a las federaciones deportivas.

El deporte necesita abordar la inclusión o no de las mujeres transgénero en las competiciones deportivas femeninas, una cuestión compleja en la que han de conciliarse el derecho a la identidad y a la no discriminación de las deportistas con el juego limpio, entendido como la igualdad de oportunidades de las participantes. No hay soluciones únicas: hay quienes abogan por negar la participación de las deportistas trans en competiciones femeninas al considerar que tienen superioridad física y dejan en desventaja a sus compañeras y quienes solicitan la integración de toda aquella persona que se sienta mujer. En el medio, voces que piden un estudio caso por caso y otras que sugieren superar las categorías sexuales en pro de otras divisiones más afinadas que tengan que ver con la talla o el peso.

En esta dialéctica controversia, por un lado, está el derecho a que las mujeres trans compitan y se integren en la competición con su identidad sentida, como mujeres, y en el otro lado de la balanza estaría la integridad de la competición entendida como la igualdad de las participantes. Parafraseando a Shakespeare, podríamos decir “Juego limpio o sucio esa es la cuestión”.

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​José E. Rodríguez Rojas

Putin, el líder autoritario ruso, aspira restablecer la Unión Soviética. A tal fin ha iniciado una ofensiva contra los países que formaron parte de la Unión Soviética, como Ucrania, a fin de anexarlos de nuevo a su órbita de influencia. Paralelamente a ello ha emprendido iniciativas a fin de enaltecer la imagen de Stalin, el sanguinario sátrapa ruso, tirando un manto de oscuridad sobre sus crímenes. En los últimos años el círculo cercano a Putin denunció una confabulación contra Rusia. Un aspecto central de esta confabulación es el film “The death of Stalin” (la muerte de Stalin) una comedia satírica que pone en evidencia el régimen de terror que existió en la Unión Soviética.

El argumento de la obra se desarrolla inicialmente bajo un formato de historietas en francés bajo el título “La mort de Staline” creadas por el artista Thierre Robin y el escritor Fabien Nury, publicada en dos volúmenes entre el año 2010 y el 2012 por la editorial franco belga Dargaud radicada en Paris. El primer volumen “Agonie” ganó el Historia Prize en el 2011 y el segundo “Funérailles” ganó le Prix Chateau de Cheverny de la bande desinée hitorique en el año 2012.Posteriormente es traducida al inglés y publicada como una novela gráfica en el 2017, creada en este formato por los mismos autores de la versión francesa bajo el título “The death of Stalin”. Fue publicada por la editorial Titan Comics. Finalmente la novela en su versión inglesa es llevada al cine dando lugar a la película “The death of Stalin”. La cinta fue galardonada como la mejor comedia europea en los Premios del Cine Europeo del 2018.

La película muestra en forma magistral la atmosfera de terror vigente durante la era soviética, lo que se observa claramente desde el inicio de la obra. Esta comienza con la transmisión de una obra musical por Radio Moscú, interpretada por una orquesta de música sinfónica, abierta al público. Una vez que la presentación finaliza, el público y la orquesta se retiran como es de esperar. Posterior a ello se recibe una solicitud de Stalin que desea que le envíen una grabación del concierto. El presentador de la radio entra en pánico y comienza a dar carreras a fin de lograr que la orquesta y el público regresen. En forma apresurada se recluta a mendigos callejeros, barrenderos y trabajadores que a esa hora ubican en la calle. La orquesta regresa pero no logran localizar al director de la misma. Recurren a un director retirado y lo sacan de su apartamento en pijamas y en esa facha dirige la orquesta. La pianista, cuya familia ha sido enviada a los campos de concentración del Gulag por el dictador se resiste, pero al final acepta participar por una considerable compensación en rublos. Finalmente se logra concluir la grabación en un disco de vinilo el cual se introduce en un sobre y se remite en forma urgente al dictador.

La pianista logra introducir subrepticiamente en el sobre una nota en la cual le desea la muerte al tirano. Stalin recibe el sobre y cuando retira el disco se da cuenta de la nota, la lee y sonríe. Después de leer la nota sufre un ataque y se desploma. Aparentemente el ataque fue producto de una embolia cerebral. Los guardias ubicados en la puerta de la habitación oyen el cuerpo caer pero no se atreven a entrar porque saben que pueden ser enviados a Siberia por contravenir la orden del tirano de no ser molestado. Cuando llega la mucama y descubre el cuerpo es cuando se llama a los miembros del círculo íntimo de Stalin. Estos se reúnen alrededor del cuerpo del dictador, sin saber qué hacer. Agarrándose la cabeza expresan su desconcierto y su incapacidad de sustituir al jefe y su genio sin par. Continúan con su actitud servil, a pesar de la incapacidad del tirano, pues no está claro si revivirá.

Después del desconcierto inicial deciden llamar a un médico, lo cual no es fácil de llevar a cabo pues la mayoría de los médicos han sido enviados a campos de concentración en Siberia, acusados de haber participado en un complot contra el régimen. Al final logran ubicar a un desprevenido anciano que paseaba con su perro y lo obligan a presentarse en el sitio donde yace el cuerpo de Stalin. El anciano galeno ausculta el cuerpo y llega a la conclusión que no se puede hacer nada y que el dictador no se recuperará del ataque que ha sufrido. Poco después de esto el dictador parece revivir, pero finamente se desploma sin vida.

A continuación se inicia un forcejeo entre los presentes en el cual el jefe del aparato represivo de Stalin, Lavrenti Beria, trata de imponerse como sucesor, amenazando a los demás con revelar sus secretos. Ante esto el resto de los presentes liderados por Nikita Jrushchov deciden actuar y asesinan a Beria. El brazo ejecutor que pone fin a la vida del jefe de seguridad es Georgui Zhúkov el legendario general ruso que lideró la resistencia en Leningrado contra los invasores alemanes, en la segunda guerra mundial. Poco a poco el liderazgo de Jrushchov se impone y es designado presidente del Comité Central del Partido Comunista ruso. Gracias a Jrushchov la sucesión en la Unión Soviética de allí en adelante se llevará a cabo sin las sangrientas purgas que eran características del régimen de Stalin, ese será su legado.

Profesor UCV

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Claudio Bifano

Cuando se tiene el atrevimiento de hacer un llamado a los colegas, ese llamado debe comenzar haciéndoselo uno mismo. En mi larga trayectoria universitaria no había manifestado con tanta insistencia mis opiniones sobre las elecciones de autoridades universitarias como lo estoy habiendo ahora. No porque en otros momentos no me haya interesado en qué manos quedaba el destino de nuestra Universidad, ni porque estuviera conforme con las credenciales académicas de todos los que aspiraban a ser decanos o rectores. Fui uno de los que prefirió guardar para sí, o compartir con un pequeño grupo de amigos, las preocupaciones sobre el futuro que estábamos construyendo para nuestra universidad. No involucrarse en la llamada “política universitaria” y trabajar para construir una hoja de vida presentable dentro y fuera del país fue el objetivo de muchos profesores, algo que pudo lograrse en cierta forma, gracias a unas condiciones de vida y de trabajo muy favorables. Pero la realidad que aplasta al país desde hace ya demasiado tiempo obliga, primero por deber ciudadano y más aún por el respeto al oficio de profesor a actuar de otra forma; con mucho respeto, pero sin filtros ni sesgos

Pudiendo o no compartir el contenido del acuerdo alcanzado entre el gobierno y las autoridades universitarias para las elecciones y la forma como se logró, después de más de dos lustros, la elección de nuevas autoridades es imprescindible. No es necesario volver a describir en qué estado se encuentra la UCV desde el punto de vista académico y administrativo. No hay que abundar en la hostilidad que repetidamente ha mostrado el gobierno hacia las universidades, que un distinguido colega la llamado la “política de destrucción por diseño de la universidad”, ni en seguir lamentando la pérdida de profesionales calificados o el visible decaimiento de la investigación y de los estudios de postgrado. Es vox populi; es tema obligado de conversaciones en los pasillos de la universidad, que cada quien narra e interpreta a su manera.

Ahora bien, aun estando convencido de que la elección de nuevas autoridades no es la receta milagrosa para sanar los problemas de fondo de la universidad, podría esperarse que la comunidad académica viera propicia esta coyuntura para dar comienzo a la muy necesaria y tan cacareada discusión interna sobre las fortalezas y debilidades de nuestra universidad y explorar posibles vías de solución a sus apremiantes necesidades. Pero, por lo menos para mi sorpresa, eso no está pasando. Se están reviviendo los viejos esquemas de proselitismo basados en compromisos grupales para alcanzar cuotas de un supuesto poder y así mantener un statu quo como si nada hubiese pasado en el país y en la universidad. Abundan aspirantes a ocupar cargos de dirección que no proponen un análisis serio del presente y sobre todo del futuro de la institución. Pareciéramos estar empeñados en revivir la “fiesta de la democracia universitaria” de tiempos pasados, cuando los partidos políticos pretendían medir en las universidades su fuerza electoral. ¡Pero no! Estas elecciones ya no son una fiesta democrática, los universitarios estamos frente al compromiso y el deber de levantar a nuestra universidad malherida, y eso requiere iniciativas que rompan con los esquemas del pasado y exige el compromiso de la comunidad académica; será un trabajo muy duro por las dificultades de vida que todos debemos atender.

Para justificar de alguna forma la indiferencia del profesorado ante esta coyuntura, se comenta que no se puede esperar otra cosa, porque la universidad es un reflejo del país en todas sus manifestaciones y que las circunstancias políticas imposibilitan intentar o hasta proponer cambios, y se la compara con las elecciones nacionales de 2024. Discrepo de ese discurso simplista, porque la historia es dinámica y se construye en la medida en la que sus protagonistas orientan sus estrategias. La universidad, a través de su comunidad académica, tiene el deber de señalar rumbos propios y ofrecer alternativas para mejorar su funcionamiento, aun a contrapelo de lo que disponen quienes por infelices circunstancias gobiernan al país. Las posibilidades de lograrlo pueden ser limitadas, pero intentarlo es un deber insoslayable.

Los profesores no podemos seguir disimulando la realidad de nuestra universidad con el trabajo de colegas, que por iniciativa propia hacen esfuerzos puntuales para mantener viva la docencia sin apoyo ni reconocimiento institucional.

Tengamos el valor de, por lo menos, acometer el rescate de la universidad que se acerque a los ideales que proclamamos, pero hagámoslo no solo con palabras o con los recuerdos de un pasado que no volverá, sino comprometiéndonos a interpretar con sentido de futuro que “la Universidad vale lo que valen sus profesores”.

Buscar vías para reforzar la sustentabilidad financiera de la institución, mejorar la producción de conocimiento, mejorar y actualizar la oferta académica de pre y postgrado, explorar posibilidades de trabajo con colegas que han emigrado, resolver asuntos de gerencia interna, entre muchas otros temas, podrían formar parte de un programa de trabajo que los candidatos deberían complementar con propuestas sobre cómo tratar de lograrlo.

Los profesores tenemos el deber de exigir propuestas concretas y posibles vías para ser abordadas a los colegas que se proponen la difícil tarea de dirigir la universidad.

Profesor Titular de la UCV

Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas Matemáticas y Naturales

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Centro de Estudios de Integración Nacional (CEINA)

Presentación

La Revista de Integración Nacional es un órgano de divulgación del Centro de Estudios de Integración Nacional (CEINA) de la Universidad Monteávila. Su objetivo principal es divulgar los principios, valores, proyectos y acciones relacionados con el concepto de Integración Nacional, en su sentido más amplio y siempre dentro del espíritu académico de la Universidad Monteávila.

Con este fin, el CEINA se propone estudiar, investigar y analizar diversos aspectos políticos, económicos, sociales o de cualquier otra naturaleza, siempre relacionados con la Integración Nacional, enten- dida ésta como la conversión de la pluralidad política, económica y social de Venezuela en una unidad relativa, que sume la conducta y actuación de personas y grupos sociales, sus valores éticos y los sis- temas de poder, para alcanzar los fines de libertad, paz, justicia, cre- cimiento económico, equidad social y progreso.

Su segundo objetivo es constituirse en un medio de debate y de- liberación sobre la Integración Nacional, mediante la publicación de artículos relacionados con el tema que, si bien son de la estricta res- ponsabilidad de los autores, se basen sobre principios de intercambio y respeto a las ideas. En anteriores números hemos invitado especia- listas y amigos a escribir en nuestra Revista. En esta oportunidad re- producimos el artículo del Dr. Luis A. Pacheco, publicado en Bogotá en el 2017, en el que elabora una particular narrativa de cómo hemos enfocado el tema petrolero, con frases como esta:

“Buscar una respuesta a la pregunta de porqué Venezuela, después de más noventa años de explotación petrolera y después de incontables coqueteos con la modernidad, se encuentra aún tan lejos de transitar el camino del desarro- llo, es una tarea titánica, quizás tan titánica y utópica como la construcción de ese huidizo desarrollo”.

O esta: “El atreverse siquiera a intentar explorar por qué el petróleo no nos ha conducido por la vía definitiva del pro- greso es una tarea peligrosa, y llena de medias verdades y de cronistas mal intencionados.”

En un segundo artículo, Maxim Ross discute el problema de apos- tar solamente al “petróleo como único sostén” de la economía y la sociedad venezolanas, tal como ha sido hasta ahora y pareciera de- fenderse en la coyuntura actual. En él se examinan los “Riesgos Eco- nómicos y Políticos de la Venezuela Petrolera” que han sido parte de nuestra historia y que, de continuar por esa vía, tendríamos que vol- ver a enfrentar.

Ver la revista completa en el anexo.

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Froilán Barrios Nieves

Con el disparo de partida anunciando las primarias cuyo objetivo es definir un candidato opositor para las elecciones presidenciales, a realizarse en nuestro país en diciembre 2024, se ha provocado la irrupción de decenas de candidatos aspirantes cuyo norte debiera ser la pretenciosa tarea de recoger los pedacitos de una nación decepcionada y dispersa por el planeta.

Las circunstancias determinan reconocer el estado de una nación que refleja un país disociado, cuyo significado no es otro que la disgregación de las partes componentes de su origen y de su historia, donde sus ciudadanos dejaron de creer no solo en las instituciones públicas, los poderes públicos, como elementos integrantes del estado, también en los partidos políticos tanto el gobernante como los representantes de la oposición.

Esta ruptura de la sociedad en su conjunto frente al poder gobernante y a su posible relevo político, se expresa en múltiples sentimientos adversos, indiferencia, desprecio, desconsuelo, entre otros, acompañado de la actitud resignada de resolver cada uno su propio destino ante la manifiesta incapacidad de ambos: Gobierno y oposición de reconstruir el alma del país extraviado.

En la travesía de este desierto del siglo XXI los venezolanos no andamos solos, en América Latina varios países sufren condiciones similares aun cuando las realidades sociopolíticas sean diferentes, como los casos de Perú, Haití, en el caso del primero han ejercido la presidencia en los últimos 6 años 5 mandatarios y por otra parte el congreso nacional es repudiado por la población, y en el caso del segundo las pandillas criminales han puesto en jaque a lo que queda de Estado.

Por tanto, nos corresponde abordar los caminos de la vida para recuperar a nuestro país. Ese trance pasa por reconocer la magnitud de la tragedia nacional que va más allá de una salida electoral, cuyo principal obstáculo es el "Estado fallido" que padecemos, en su lugar debiera ser llamado “Estado retorcido” por su capacidad infinita de maldad, de practicar la tortura para reprimir la disidencia y postrar a la población en la miseria.

Esta camarilla cívico militar es irrecuperable para recuperar la patria, y en el mismo tenor aquellos colaboracionistas opositores, quienes han contribuido a tender la cama a una dictadura que retrocedió al país política, social y económica a las montoneras del siglo XIX. En realidad, su objetivo es mantener al país disperso y acorralado en el Estado Comunal

Los venezolanos conocimos de liderazgos políticos responsables en el siglo XX, todos independientemente de las toldas políticas que militábamos, en el socialcristianismo, socialdemocracia, marxismo, teníamos nuestros héroes, a quienes seguíamos en sus debates en el congreso nacional, o en los medios de comunicación. Mas allá de las divergencias y de los pescozones teóricos había una característica común, tenían una visión de país, un concepto de nación y de estado, que se contrastaban como signo característico de la democracia.

Hoy el liderazgo que pretende ser el relevo luce superficial y oportunista, y en la mayoría de los casos agobiado por los señalamientos prominentes de corrupción, los más recientes endilgados al Gobierno Interino y al G-4, aderezados con la arrogancia de la impunidad, la falta de transparencia y sin propósito de enmienda.

El pueblo venezolano merece una oferta creíble no solo de epítetos, capaz de esbozar la nueva sociedad que se pretende construir, ya sabemos que Maduro y su pandilla son la fragua continental de las dictaduras del siglo XXI, comparsas de Ortega en Nicaragua, del castrismo en Cuba y del malvado Putín en Rusia.

Ahora es el escenario propicio para presentar el programa que permita a Venezuela ingresar oficialmente al siglo XXI, en cuanto a democracia, derechos humanos, trabajo digno, ciencia y tecnología, educación, salud y desarrollo humano, como elementos integrantes del proyecto de país en cuyo diseño debe participar la academia, los sindicatos, organizaciones de la sociedad civil, los empleadores privados y la Iglesia.

Estas propuestas las he planteado en diferentes oportunidades al ser contrario a la postura de que a Venezuela hay que colocarle una lápida que rece: “aquí yace un país”, por el contrario de su seno hay las reservas morales y éticas para su reconstrucción, solo es necesario un punto de encuentro.

Movimiento Laborista

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David Toscana

Allá cuando vivía en Varsovia, se instalaron en los bajos de mi edificio dos tiendas con nombre en inglés. Una era Winelovers; la otra, el local de un diseñador de ropa: Philosophy by Mariusz. El mensaje de esta última aseguraba que sus productos eran mucho más que prendas de vestir: eran una filosofía. Ciertamente resultaba imposible hallar en las prendas el imperativo categórico o la prueba ontológica de la existencia de Dios, y difícilmente Platón pensaría que en el cielo hubiera formas perfectas de los muy estrambóticos pantalones que diseñaba Mariusz. En cambio, sí podía imaginar a Sócrates diciendo al mirar la tienda: “Cuánta cosa que no necesito”.

Verdad es que algunos filósofos optaron por vestir de cierto modo que supuestamente respalda sus ideas, pero más bien a la baja, a la modestia y pobreza, aunque a veces con el resultado opuesto, pues muchas ganas de llamar la atención había en la vestimenta de pelos de camello de Juan, y también en la túnica desgarrada con la que se ataviaba Antístenes. “Veo tu vanidad a través de las rasgaduras de tu túnica”, le dijo Sócrates.

El tema del pantalón y la falda para hombres y mujeres se ha puesto a debate en distintos momentos de la historia y con distintas posturas religiosas, pero desde hace milenios las mujeres han usado pantalón y los hombres falda. A los antiguos griegos les parecía costumbre bárbara de los persas el uso de pantalones, si bien tal palabra no es tan antigua y debe su origen al personaje Pantalone, de la comedia italiana. En el diccionario de la RAE aparece por vez primera en 1822, y revela que “se compone de dos piezas, una para cada pierna, y por esta cualidad se le nombra comúnmente en plural”.

Entre los consejos del Antiguo Testamento está la forma de aproximarse al templo, ya que al subir los escalones, los hombres de cortas enaguas podían descubrir sus vergüenzas. Era un mundo sin ropa interior, y apenas el decoro pictórico le dio al Cristo crucificado un taparrabos. El mismo decoro lo viste con una extraña túnica que puede descubrirse de arriba para abajo cuando Santo Tomás le encaja la uña en el costado.

No pienso ahora repasar la historia del vestido. Mi intención inicial era mirar cómo se ha devaluado la palabra filosofía, sobre todo cuando se le agrega el posesivo “mi”. En Los hermanos Karamazov, el padre de ellos menciona dos o tres opiniones sobre la vida y acaba diciendo: “Haz decir una misa por mí si quieres; si no, vete al diablo. Esta es mi filosofía”.

Las páginas de prensa dan espacio a mucha gente famosa que habla de “mi filosofía”, para dar un mensaje bastante ordinario. “Mi filosofía es no darme por vencido” o “Mi filosofía es vivir el presente” y cosas así. Muy distinto vemos a Schopenhauer cuando escribe: “La raíz de mi filosofía se encuentra en la de Kant, en especial en la doctrina del carácter empírico e inteligible, pero en general en que, cuando Kant se acerca algo a la luz con la cosa en sí, esta siempre se asoma a través de su velo como voluntad; sobre esto he llamado expresamente la atención en mi crítica de la filosofía kantiana y he afirmado, en consecuencia, que mi filosofía solo es un pensar la suya hasta el final”.

Ningún problema hay en suponer que uno pueda tener una filosofía personal, tomando en cuenta que las máximas de sabiduría que se dictaban en el oráculo de Delfos son asuntos que brotan de explorarse uno mismo. Así lo leemos en el Cármides de Platón: “Porque «el conócete a ti mismo» y el «sé sensato» son la misma cosa, según dice la inscripción, y yo con ella; pero fácilmente podría pensar alguno que son distintas. Cosa que me parece que les ha pasado a los que después han hecho inscripciones como, por ejemplo, la de «Nada en demasía» y «El que se fía, se arruina»”. Éste último algunos lo traducen como: “La certeza trae la ruina”.

Son tres consejos en apariencia sencillos pero que requieren mucha reflexión y voluntad para conducirlos con las riendas. Cabe preguntar por qué habríamos de hallar sabiduría en una mina de charlatanería como fue el oráculo de Delfos. No tengo respuesta.

Acepto el reto de “conócete a ti mismo”, pero me parece que “nada en demasía” es una tibieza innecesaria. La filosofía tiende a moralizar y en el proceso trata de anular la condición humana. La filosofía puede ser dosis de razón en demasía. Los diálogos platónicos me ponen de mal humor. Sócrates me irrita profundamente. Beberse la cicuta fue un profundo acto de pedantería. Ni él ni Séneca ni Epicteto me sirven como ejemplo. No confío en Marco Aurelio.

En la sabiduría griega se hallan muchas citas trucadas que buscan una moderación empobrecedora. Cosas como: “Piensa que es mejor ser sensatamente desafortunado que gozar de buena fortuna con insensatez”. Aquí el embeleco es comparar dos situaciones no excluyentes. ¿Por qué no gozar de buena fortuna con sensatez?

Leyendo todo esto se entiende la contienda intelectual que Nietzsche tuvo con muchos de ellos.

Comoquiera es bueno saber que “mi” filosofía no ha de ser una opinión espontánea o una actitud momentánea sino algo meditado, estudiado y razonado. La filosofía está para filosofar, no para citarla.

Luego de unos años, volví a pasar por mi calle de Varsovia. Noté con cierta felicidad que ya no existía Philosophy by Mariusz y que en su lugar se instaló un local de lencería llamado Almost Naked. Verdadera maravilla para la imaginación y los sentidos que hace a uno despreciar eso de “nada en demasía”. A su lado, se mantiene firme Winelovers. Eros y Dioniso. Todo con exceso, nada con moderación. ~

Letras Libres

No.291 / marzo 2023

https://letraslibres.com/ideas/david-toscana-todo-con-exceso/

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Rosario Orellana

A treinta y cuatro años, el “llamado Caracazo” sigue siendo tema principal de análisis y reflexión. Un vasto parecer de buena fe creyó que las alteraciones de orden público y saqueos que se iniciaron el 27 de febrero y que derivaron en trágicos sucesos, fueron absolutamente espontáneos y estrictamente en contra el gobierno que apenas se iniciaba, en reacción a los efectos inmediatos de los primeros anuncios y medidas de lo que en el tiempo se fue perfilando como el hasta la fecha único intento de transformación y modernización estructural del Estado venezolano.

Aun ahora quizá sea esa la percepción generalizada, a pesar de múltiples edulcoradas confesiones de conspiración de larga data con pretensiones de meritorio reconocimiento, por parte de actores vivos y fallecidos, apropiándose del dolor de aquellos días, como precursor de sus ulteriores triunfos.

¿Qué fue el llamado Caracazo? ¿Tiene asidero seguir asumiendo, sin cuestionamiento alguno, la inexistencia de un hilo conductor entre la prolongada tragedia en la que ha sido sumergida la nación venezolana, el llamado Caracazo y otros acontecimientos?

Mirando desde mi ventana, la sincronización de la atribuida espontaneidad me resulta, de suyo, una curiosidad. Bastantes propuestas, opciones van, opciones vienen y tiempo suele consumir un grupo aun poco numeroso en concertar lugar, fecha y hora para un desayuno o almuerzo o un mero encuentro.

Me luce pertinente recordar la llamada “Noche de los Tanques”. El 26 de octubre de 1988, a poco más de un mes de las elecciones generales, estando fuera del país el entonces Presidente Jaime Lusinchi, un Mayor del Ejército ordenó movilizar una columna de 26 vehículos blindados del Batallón Ayala a las 7 de la noche, hacia la zona del Palacio de Miraflores. Los tanques, bajo el mando de un Capitán, tomaron posiciones estratégicas alrededor de la sede del Ministerio de Relaciones Interiores, donde se encontraba el ministro, Simón Alberto Consalvi, encargado aquellos días de la presidencia, mientras al mando de otro capitán, una columna más tomó La Viñeta en el área de Los Próceres, residencia destinada a Jefes de Estado visitantes y otras personalidades.

Tanto el Encargado de la Presidencia como el Ministro de la Defensa a quien aquél llamó, se sorprendieron, el segundo, ordenó retirar los tanques y ambos capitanes fueron arrestados. El mayor que dio la orden violó todos los protocolos y procedimientos establecidos para la realización de cualquier operación militar, que requiere una serie de confirmaciones y otras medidas de seguridad. Fue interrogado por varios días y sometido a juicio militar, argumentó que obedecía órdenes impartidas telefónicamente por el inspector general y segundo comandante del ejército, un general de división, quien negó ser el autor de tal orden. El expediente fue cerrado por orden del Ministro de la Defensa. No obstante, según informaciones posteriores, los conspiradores de los intentos de golpe de Estado de 1992 aparecieron involucrados en el incidente de 1988, incluyendo a Hugo Chávez, por lo que surgió la hipótesis según la cual la Noche de los Tanques fue un primer golpe frustrado.

No me parece descartable que el llamado Caracazo, ocurrido apenas cuatro meses después de “La Noche de los Tanques” fuese parte del complot tanto tiempo enquistado y pendiente de cualquier oportunidad para golpear, debilitar o subvertir la constitucionalidad democrática. Tal vez algunas emergencias insospechadas e inadvertencias tácticas derivadas pudieron contribuir a configurar el llamado Caracazo como una de tales oportunidades. Los días que precedieron a aquellos explosivos de febrero y marzo, se agregaron imprevisiones, siempre más fáciles de identificar a posteriori, por supuesto.

El archivo personal y frágil, almacén de vivencias que es la memoria, me trae imágenes, registros, sensaciones y reflexiones. Seguidamente reseño algunas.

Aquel lunes 27 de febrero, el Ministro de la Secretaría regresó del despacho presidencial a su oficina preocupado y tarde al almuerzo de trabajo al que había convocado con otro asesor y conmigo para tratar la implantación de un sistema de seguimiento a las decisiones adoptadas por el Consejo de Ministros, así como las resultantes de las cuentas presentadas por cada ministro al Presidente. Nos informó que un auto mercado había sido saqueado, según recuerdo, en Cumaná. Como quien se asoma al porvenir, agregó, palabra más palabra menos «esas cosas se sabe cuándo empiezan, pero no cuándo terminan». Con el ambiente algo tenso, abordamos el tema de la reunión. Luego, el Ministro se fue a Barquisimeto con el Presidente. Mas tarde, un edecán angustiado entró a una oficina del Ministro que éste me había asignado, para preguntarme si podía decirle el lugar específico en Barquisimeto, dónde se encontraba el Presidente. Lo que ocurrió los días posteriores es harto conocido.

El ritmo de los pasos para ejecutar el programa de reformas no gozó de unanimidad entre los ministros, pero ese mismo mes de febrero, Jaime Lusinchi había entregado la Presidencia con más del 60% de aceptación o popularidad, significaba que, en la percepción de al menos esa proporción de venezolanos, no había nada que cambiar pues vivíamos en el mejor de los mundos. Aunque es poco recomendable tomar decisiones importantes en situaciones de emergencia, la terca realidad contraria se impuso al gobierno entrante, que se encontró con precario margen de maniobra y sin tiempo para convencer. La publicitada “botija llena” no existía, la situación de las reservas, por ejemplo, era apremiante, apenas alcanzaban los tres o cuatrocientos millones de dólares frente a algo así como seis mil millones, asimismo de dólares, solamente en compromisos por cartas de crédito.

El mismo lunes 27, en lugar de un viernes, por ejemplo, entró en vigor un aumento del costo del transporte, que ocasionó tempranos disturbios en Guarenas.

Es difícil estimar la medida en que la información sobre una próxima liberación de precios, sin previa labor de concientización, recibida por oídos fanáticos de la ganancia fácil o, simplemente, cuidadosos del valor de reposición, agravó la escasez que los prolongados controles venían provocando. Pero es incuestionable que los anaqueles vacíos en los expendios de alimentos contribuyeron a caldear los ánimos y abonaron a desatar la ira popular.

La Policía Metropolitana, por su parte, vivía una aguda crisis ¿también espontánea y sólo espontánea? que no había trascendido y que la incapacitaba para cumplir su función de preservación del orden público. Así la actuación de sus efectivos tuvo más relación con el clima interno un tanto anárquico, que con sus funciones y responsabilidades. Uno de los botones menos trágicos de la muestra, lo tuvimos sólo el lunes 27 en las pantallas de televisión al transmitir en directo, cómo sus efectivos impusieron colas en la entrada de varios de los negocios que fueron saqueados, en espera de la salida de otras personas cargadas con cuanto podían.

Adicionalmente, el país venía de nueve o diez años sin necesidad de utilizar equipos antimotines y apenas se encontraron unas inservibles máscaras antigases.

Se omitió, al parecer, el escenario de eventuales reacciones de violencia o perturbación y la sorpresa fue total, con su consecuente desconcierto.

A falta de policía efectiva se improvisó en La Carlota, que no contaba con balizaje, la llegada nocturna de tropas desde el interior porque en Caracas el número de efectivos apenas rondaba los mil quinientos. Aún después, el Ministro de la Defensa al salir del Despacho presidencial y ser abordado por algunas personas en los corredores, comunicó que nada se podía hacer porque el Presidente no quería represión. Un día más tarde, se repitió la escena y el Ministro transmitió el siguiente diálogo con el Presidente. Ministro, esto no puede continuar ¿Qué hago Presidente? Haga lo que tiene que hacer para que esto no continúe.

Desde una de las oficinas más cercanas al Consejo de Ministros, identificada en la puerta como Oficina Privada del Ministro de la Secretaría, hacía yo aquellos días mi trabajo como una de sus asesores. El Ministro hizo instalar allí dos planos de la ciudad, uno de Seguridad y otro de Abastecimiento y vinieron 4 oficiales quienes, mediante tachuelas de colores mantenían actualizada la información que les llegaba, en particular desde el comando estratégico, a través de varios teléfonos punto a punto, instalados a tal efecto. Fueron, desde luego, días muy intensos y largos. Sin que estuviera previsto y tampoco pregunté por qué lo hacían, en las noches la central nos remitía llamadas de angustia pidiendo apoyo frente a supuestos grupos amenazantes. Con el personal de oficina que me acompañaba, las canalizábamos como podíamos. Salvo una que se identificó desde una urbanización del este de la ciudad, todas ellas se decían procedentes de zonas populares, las más frecuentes de Catia y del 23 de enero. Desde este último sector, no sabría precisar si a las 11 de la noche o las dos de la madrugada, una voz femenina clamaba por ayuda ¡Por favor, envíen a alguien que nos quieren quitar nuestras casas! ¿Quiénes? pregunté. ¡Ellos, ahí vienen! Aunque insistí no logré precisión y le pedí sus datos. En esa ocasión acudí a uno de los oficiales encargados de los planos de seguimiento quien luego de hacer gestiones, diligente y amable, me refirió que sólo podían enviar una tanqueta. Avisé a aquella persona, pidiéndole no asustarse cuando llegara una tanqueta. Para mi estupor, contestó, sin vacilar ¡Mejor, que vengan y los maten que nos quieren quitar nuestras casas!

Entre tantas incidencias impactantes que se me quedaron grabadas, recuerdo el asesinato de un soldado de la Guardia de Honor. El joven efectivo, confiado y desaprensivo, salió de Palacio Blanco no se a qué y en la esquina noreste fue derribado por un francotirador, desde un edificio vecino. El tema de los francotiradores fue recurrente y su sola presencia me pareció desbordar la explicación de la espontaneidad de aquellos hechos. Ello se me hizo más robusto porque uno de los oficiales encargados del seguimiento de la situación de Seguridad, me expresó su confusión. No entiendo, me dijo, pero los francotiradores están siendo coordinados por radioaficionados. Entendí que era su modo de expresar la sorpresa de constatar que estaban concertados mediante equipos de comunicación, no que lo fuesen mediante la red de radioaficionados

Tuve que ir en misión a Bogotá por dos días, después cuando vivíamos el sabor amargo de lo ocurrido, comenté el asunto de los francotiradores con una persona de seguridad, de mi confianza. No se inmutó y me ofreció un regalo. En efecto, tiempo más tarde me trajo casi una carretilla de papeles con copia de informes y fotos de inteligencia relativas a las actividades de exguerrilleros, entre otros activistas, durante décadas. Aquel material me resultó impresionante. Incluía testimonios gráficos y reportes de reuniones de aquellos con insospechadas personalidades. Hay fotos que no dicen nada y otras que revelan mucho. En una de éstas un reconocido y respetado personaje me transmitió que trataba con especial deferencia a un exguerrillero también muy conocido porque salió a despedirlo afuera, con la puerta de su casa a su espalda. Como juego del destino, aquel legajo se me extravió en una mudanza.

Testigo de excepción del 27F

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