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Opinión

Timothy Snyder

El fascismo nunca fue derrotado como idea.

Como culto a la irracionalidad y la violencia, no podía ser derrotado como argumento: mientras la Alemania nazi parecía fuerte, los europeos y otros se sentían tentados. Fue solo en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial que el fascismo fue derrotado. Ahora ha vuelto, y esta vez, el país que lucha en una guerra fascista de destrucción es Rusia. Si Rusia gana, los fascistas de todo el mundo se consolarán. Nos equivocamos al limitar nuestros miedos al fascismo a cierta imagen de Hitler y el Holocausto.

El fascismo era de origen italiano, popular en Rumania —donde los fascistas eran cristianos ortodoxos que soñaban con limpiar la violencia— y tenía adeptos en toda Europa (y América). En todas sus variedades, se trataba del triunfo de la voluntad sobre la razón. Por eso, es imposible definirlo satisfactoriamente.

La gente no está de acuerdo, a menudo con vehemencia, sobre lo que constituye el fascismo. Pero la Rusia de hoy cumple con la mayoría de los criterios que los académicos tienden a aplicar. Tiene un culto en torno a un solo líder, Vladimir Putin. Tiene un culto a los muertos, organizado alrededor de la Segunda Guerra Mundial. Tiene el mito de una edad de oro pasada de grandeza imperial, que será restaurada por una guerra de violencia curativa: la guerra asesina contra Ucrania.

No es la primera vez que Ucrania ha sido objeto de una guerra fascista. La conquista del país fue el principal objetivo de guerra de Hitler en 1941. Hitler pensó que la Unión Soviética, que entonces gobernaba Ucrania, era un estado judío: planeó reemplazar el gobierno soviético por el suyo propio y reclamar el fértil suelo agrícola de Ucrania. La Unión Soviética moriría de hambre y Alemania se convertiría en un imperio. Imaginó que esto sería fácil porque la Unión Soviética, en su opinión, era una creación artificial y los ucranianos un pueblo colonial. Las similitudes con la guerra de Putin son sorprendentes. El Kremlin define a Ucrania como un estado artificial, cuyo presidente judío demuestra que no puede ser real. Después de la eliminación de una pequeña élite, se piensa, las masas incipientes aceptarían felizmente el dominio ruso.

Hoy es Rusia la que está negando la comida ucraniana al mundo, amenazando con una hambruna en el sur global. Muchos dudan en ver a la Rusia de hoy como fascista porque la Unión Soviética de Stalin se definió a sí misma como antifascista. Pero ese uso no ayudó a definir qué es el fascismo, y hoy en día es más que confuso.

Con la ayuda de aliados estadounidenses, británicos y otros, la Unión Soviética derrotó a la Alemania nazi y sus aliados en 1945. Sin embargo, su oposición al fascismo fue inconsistente. Antes del ascenso de Hitler al poder en 1933, los soviéticos trataban a los fascistas como una forma más de enemigo capitalista. Los partidos comunistas en Europa debían tratar a todos los demás partidos como enemigos. Esta política en realidad contribuyó al ascenso de Hitler: aunque superaban en número a los nazis, los comunistas y socialistas alemanes no pudieron cooperar. Después de ese fiasco, Stalin ajustó su política y exigió que los partidos comunistas europeos formaran coaliciones para bloquear a los fascistas. Eso no duró mucho. En 1939, la Unión Soviética se unió a la Alemania nazi como aliado de facto y las dos potencias invadieron Polonia juntas. Los discursos nazis se reimprimieron en la prensa soviética y los oficiales nazis admiraron la eficiencia soviética en las deportaciones masivas. Pero los rusos de hoy no hablan de este hecho, ya que las leyes de memoria tipifican como delito hacerlo.

La Segunda Guerra Mundial es un elemento del mito histórico de Putin sobre la inocencia rusa y la grandeza perdida: Rusia debe disfrutar del monopolio del victimismo y la victoria. El hecho básico de que Stalin permitió la Segunda Guerra Mundial al aliarse con Hitler debe ser indecible e impensable. La flexibilidad de Stalin sobre el fascismo es la clave para entender a Rusia hoy.

Bajo Stalin, el fascismo fue primero indiferente, luego fue malo, luego estuvo bien hasta que, cuando Hitler traicionó a Stalin y Alemania invadió la Unión Soviética, volvió a ser malo. Pero nadie definió nunca lo que significaba. Era una caja en la que se podía poner cualquier cosa. Los comunistas fueron purgados como fascistas en juicios espectáculo. Durante la Guerra Fría, los estadounidenses y los británicos se convirtieron en fascistas. Y el “antifascismo” no impidió que Stalin atacara a los judíos en su última purga, ni que sus sucesores fusionaran a Israel con la Alemania nazi. El antifascismo soviético, en otras palabras, era una política de nosotros y ellos. Esa no es una respuesta al fascismo. Después de todo, la política fascista comienza, como dijo el pensador nazi Carl Schmitt, a partir de la definición de un enemigo. Debido a que el antifascismo soviético solo significaba definir un enemigo, le ofreció al fascismo una puerta trasera a través de la cual regresar a Rusia.

En la Rusia del siglo XXI, el “antifascismo” se convirtió simplemente en el derecho de un líder ruso a definir enemigos nacionales. A los fascistas rusos reales, como Aleksandr Dugin y Aleksandr Prokhanov, se les dio tiempo en los medios de comunicación. Y el propio Putin se basó en el trabajo del fascista ruso de entreguerras Ivan Ilyin. Para el presidente, un “fascista” o un “nazi” es simplemente alguien que se opone a él o a su plan para destruir Ucrania. Los ucranianos son “nazis” porque no aceptan que son rusos y se resisten.

Un viajero en el tiempo de la década de 1930 no tendría dificultad en identificar al régimen de Putin como fascista. El símbolo Z, las manifestaciones, la propaganda, la guerra como acto de limpieza de la violencia y los pozos de muerte alrededor de las ciudades ucranianas lo dejan todo muy claro. La guerra contra Ucrania no es solo un regreso al campo de batalla fascista tradicional, sino también un regreso al lenguaje y la práctica fascista tradicional. Otras personas están ahí para ser colonizadas. Rusia es inocente debido a su antiguo pasado. La existencia de Ucrania es una conspiración internacional. La guerra es la respuesta.

Debido a que el Sr. Putin habla de los fascistas como el enemigo, es posible que nos resulte difícil comprender que, de hecho, podría ser un fascista. Pero en la guerra de Rusia contra Ucrania, "nazi" simplemente significa "enemigo infrahumano", alguien a quien los rusos pueden matar. El discurso de odio dirigido a los ucranianos hace que sea más fácil asesinarlos, como vemos en Bucha, Mariupol y cada parte de Ucrania que ha estado bajo la ocupación rusa. Las fosas comunes no son un accidente de guerra, sino una consecuencia esperada de una guerra fascista de destrucción.

Fascistas llamando a otras personas "fascistas" es el fascismo llevado a su extremo ilógico como un culto a la sinrazón. Es un punto final donde el discurso del odio invierte la realidad y la propaganda es pura insistencia. Es el apogeo de la voluntad sobre el pensamiento. Llamar fascistas a los demás siendo fascista es la práctica putinista esencial. Jason Stanley, un filósofo estadounidense, lo llama "propaganda de socavamiento". Lo he llamado “esquizofascismo”. Los ucranianos tienen la formulación más elegante. Lo llaman “ruscismo”.

Entendemos más sobre el fascismo que en la década de 1930. Ahora sabemos a dónde llevó, debemos reconocer el fascismo, porque entonces sabemos a lo que nos enfrentamos. Pero reconocerlo no es deshacerlo. El fascismo no es una posición de debate, sino un culto a la voluntad que emana ficción. Se trata de la mística de un hombre que cura el mundo con violencia, y será sostenida por la propaganda hasta el final. Solo se puede deshacer mediante demostraciones de la debilidad del líder.

El líder fascista tiene que ser derrotado, lo que significa que aquellos que se oponen al fascismo tienen que hacer lo necesario para derrotarlo. Sólo entonces los mitos se derrumban. Como en la década de 1930, la democracia está en retirada en todo el mundo y los fascistas se han movilizado para declarar la guerra a sus vecinos. Si Rusia gana en Ucrania, no será solo la destrucción de una democracia por la fuerza, aunque eso ya es bastante malo. Será una desmoralización para las democracias en todas partes. Incluso antes de la guerra, los amigos de Rusia —Marine Le Pen, Viktor Orban, Tucker Carlson— eran enemigos de la democracia. Las victorias fascistas en el campo de batalla confirmarían que el poder hace el bien, que la razón es para los perdedores, que las democracias deben fracasar.

Si Ucrania no se hubiera resistido, esta habría sido una primavera oscura para los demócratas de todo el mundo. Si Ucrania no gana, podemos esperar décadas de oscuridad.

20 de mayo 2022

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2022/05/timothy-snyder-deberiamos-decir...

 6 min


Benjamín Tripier

A medida que el chavismo fue incursionando en la economía de mercado, se iba creando la incertidumbre de si podía o no podía haber un retroceso a la economía propuesta por el Plan de la Patria. Mercado versus controles, en una pulseada permanente, que aún sigue vigente, desde que se derogó la ley de ilícitos cambiarios, que funcionó como si se le quitara un tapón al flujo económico, que habilitó a que muchas cosas comenzaran a mejorar.

A partir de allí no hubo más modificaciones de leyes, pero sí hubo “desaplicaciones” que comenzaron a mostrar que a medida que el Estado y sus controles se replegaban de la economía, milagrosamente el desabastecimiento y la escasez desaparecieron, y el sistema de precios de referencia fue encontrando nuevos equilibrios.

Claro que la libre circulación del dólar, que, sin ser una moneda de curso legal, ayudó a la estabilidad, favoreció la transaccionalidad, porque ahora ya no era necesario tener bolívares para transar… ahora, en cualquier negocio se aceptaban dólares en las más diversas formas posibles: desde el billete usado y viejo de un dólar, pasando por los más nuevos, hasta todo tipo de instrumento de pago o transferencia.

Aun así, la incertidumbre del retroceso reaparecía de tanto en tanto; con lo del IGTF, los niveles de desconfianza aumentaron, porque era la señal de que el radicalismo económico de la revolución, seguía allí, acechando y esperando su oportunidad. De hecho, el temor sobre el aumento del ingreso petrolero, podía significar mayor capacidad para financiar ese regreso al radicalismo económico, con los controles sueltos en la calle, las prohibiciones, y las tomas, nacionalizaciones y expropiaciones que todo lo anterior implica.

No obstante, el tema IGTF está siendo internalizado y las empresas formales lo están considerando, y las que no lo son tanto, pues lo están ignorando. Es cierto que ahora hay más uso de bolívares, pero no tanto como para cambiar tendencia. O sea que el radicalismo lo intentó, y no le funcionó. Pero claro… la ley del IGTF le da todavía un espacio de presión que podría llegar del 3% actual, al 20% máximo previsto. Si vemos que lo aumentan, entonces podremos entender que siguen intentándolo.

Una primera conclusión es que el tema dólar ya se instaló en la sociedad, y que por más que le pongan trabas, continuará su asentamiento, hasta que, por fuerza de los usos y costumbres. termine aceptándose como una moneda de curso legal, sin que por eso el bolívar deje de ser la moneda de Venezuela.

Este nuevo tema de que el gobierno ofrezca en la Bolsa de Valores de Caracas entre el 5% y el 10% de empresas públicas como Cantv y Movilnet, las empresas mixtas petroleras, empresas de gas e industrias de hierro y acero, es un paso más en el sentido de liberalización de los mercados en Venezuela. El anuncio tiene un sentido táctico concreto, que es el expresado por el presidente: “Necesitamos capital para el desarrollo de las empresas públicas”; pero también un sentido estratégico asociado al traspaso al sector privado de las empresas que opera sin éxito el Estado. Y al hacerlo a través del mercado de capitales ―que es algo que personalmente vengo proponiendo desde hace tiempo― no solo transparenta el verdadero estado de esas empresas, sino que dificulta la posibilidad de un stepback y que los radicales vuelvan por sus fueros revolucionarios.

O sea que, a la dolarización y flexibilización de la economía, ahora se suma la salida al mercado de las empresas públicas; si se unen los puntos, ya se puede ver con mayor claridad un nuevo sentido de dirección. Pero como aún despierta desconfianza, habrá que ver más señales para que termine siendo algo más sólido que una coyuntura.

Les decía que el aumento del nivel de actividad que ha llamado la atención aquí y en el mundo se debía principalmente al tramo transaccional de última milla de nuestra economía. Y que sería bueno que, en vez de nutrirse principalmente de productos finales importados, también comenzará a transar bienes locales con mayor agregación de valor.

Bueno… hay que reconocer que el número de utilización de planta que publicó Conindustria del 29%, en comparación al 18%-20% de hace un año, es una señal alentadora de que la actividad económica está encontrando mayor profundidad; pese a que, con un dólar atrasado, la liberación de los aranceles de importación no lo alientan. Pero bueno…los números (que son creíbles por la fuente) hablan e indican que la actividad ya no es solo cuantitativa y superficial, sino que va adquiriendo mejores perfiles de calidad y de profundidad. Ojalá siga en esa dirección.

Lo anterior es lo que he dado en llamar el “neochavismo”, que es la evolución necesaria que permita recuperar los niveles de actividad y se reduzca la pobreza. Se nota un nuevo posicionamiento político que está tratando de dejar atrás los postulados de la revolución, aunque será difícil ocultar los daños profundos que causó, y el aislamiento mundial al que nos llevó.

Recomendación

Al gobierno:

…Que ordene a los líderes de las diferentes empresas públicas a abocarse a un proceso de revisión interna, para hacer frente a los requerimientos de los estructuradores que vayan a ocuparse de la salida al mercado de los paquetes accionarios mencionados por el presidente

A la dirigencia de la oposición:

…Que la Plataforma Unitaria consiga la adhesión de la cantidad de dirigentes medios y bajos que están pensando que esto no tiene solución, y que “el chavismo es para siempre”. Esto que lograron es solo el principio de algo, que, si no muestra acciones de oposición contundentes, se quedará en las cúpulas y no conseguirán adhesiones duras y genuinas

A los dirigentes empresarios:

…Que eviten caer en la trampa del pronunciamiento político, para un lado o para el otro, porque les dará malos resultados. En un período de tres años ―nada en términos de país― invitaron a Guaidó y a los hermanos Rodríguez, apoyando a cada uno en su momento.

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 4 min


Fernando Mires

Decía Kant que entre moral y política no hay ninguna contradicción, y cuando esta aparece, algo anda mal en la política, o algo anda mal en la moral. En consecuencia, si esta contradicción es constatada, importa mucho realizar el correspondiente ajuste para que moral y política no aparezcan desfasadas entre sí. Lo expuesto no significa que Kant hubiera dicho que política y moral sean lo mismo. Solo afirmó que la política no debe prescindir de un sustrato moral, lo que es distinto. En ese sentido Kant puede ser visto como un anti-Maquiavelo.

Pero que Maquiavelo haya separado a la moral de la política no se debe a que Maquiavelo hubiera sido muy maquiavélico, sino al simple hecho de que en su tiempo la razón política estaba recién apareciendo en contraposición a la razón teológica. Maquiavelo, de ahí viene su gloria, intentó emancipar a la política del pensar teológico, y lo logró. Ese mérito nadie se lo va a quitar. Pero transformar a la política en la simple consecución de objetivos sin atender a razones morales, no se le ocurrió ni siquiera al mismo Maquiavelo.

Para zanjar el litigio entre Kant y Maquiavelo, si es que hay uno, podríamos decir que, para Kant, si el político no debe ser un moralista, su acción debe estar situada en el marco de una constitución y de unas leyes, hijas genéticas de la razón moral. Mientras que para Maquiavelo la moral se deducía del poder, para Kant el poder se deducía de la moral (y de la Ley)

Una moral que no solo está en las leyes sino en su espíritu, agregaría con precisión Montesquieu, dando forma sintética a la frase de Kant, quien afirmaba que cuando no hay ley que legitime un acto, hay que actuar como si existiera una. Ese fue tal vez el motivo que llevó al kantiano Jürgen Habermas a percibir que entre la indignación moral que provocan los crímenes de Putin y una política necesaria para impedir una escalada de la guerra a Ucrania, hay algo que no encaja bien.

Las opiniones de Jürgen Habermas

Según Habermas, el compromiso moral de algunos gobiernos occidentales al apoyar a Ucrania no es excluyente con una actitud pragmática orientada a buscar una salida que no pase necesariamente por una guerra mundial y su consecuente holocausto nuclear. Ese término medio no lo conoce Habermas, ni nadie. Su ensayo titulado Guerra e Indignación, debe ser considerado como un llamado a buscar ese término medio. Por cierto, la argumentación de Habermas es mucho más matizada que esta conclusión. Podemos estar o no de acuerdo con el filósofo-sociólogo alemán. Pero es evidente que realiza un esfuerzo por buscar una política de guerra a partir de las condiciones que esa guerra determina. Todo político que se precie de tal, debería leer este breve ensayo de Habermas.

Habermas comienza su ensayo defendiendo al Canciller Olaf Scholz, muy criticado por los medios debido a sus indecisiones, vacilaciones y contradicciones para enviar armamento, sobre todo de artillería pesada, a Ucrania. Pero según Habermas, Scholz está obligado a actuar de modo dubitativo y reflexivo puesto que Alemania y Occidente caminan sobre terreno fangoso. Cada paso debe ser calculado con precisión y cautela a fin de no desatar una escalamiento que obligará a Occidente a ser parte explicita de la guerra (implícita ya lo es, olvidó decir Habermas).

Según Habermas, al no ser parte explícita de la guerra, Europa se ha atado las manos. Está encerrada en un dilema, escribe. Tal vez deberá elegir entre dos males: «la derrota de Ucrania o la conversión de un conflicto limitado en una tercera guerra mundial». Sin embargo, hay caminos que están moral y políticamente vedados, pues Europa no puede ni debe dejar jamás a Ucrania librada a su suerte. Justamente este es el punto que diferencia a Habermas de los signatarios de una carta de algunos intelectuales y artistas que pedían a Scholz no enviar armamento pesado a Ucrania.

Para Habermas no hay que capitular frente a la política del miedo ni tampoco dejarse chantajear por el dictador ruso. Pero a la vez, reconoce Habermas, el chantaje es inevitable pues «la amenaza nuclear por parte de Rusia depende de que Occidente crea capaz a Putin de utilizar armas de destrucción masiva». ¿Creerle o no? No hay ningún motivo para no creerle, piensa Habermas.

Habermas, en contra de su sobria costumbre, no pierde palabra para adjetivar de modo negativo al dictador ruso. Estamos frente una persona imprevisible, dominado por ideologías arcaicas, y aconsejado por ideólogos fascistas – esa es su opinión-. Y bien, precisamente estas deformaciones humanas son las que convierten paradojalmente a Putin en agresor y a la vez en el conductor de la guerra. Puede que Putin esté verdaderamente loco. Pero lo esté o no, lo decisivo es que lo crean loco. Gracias a esa locura, real o supuesta, está en condiciones de decidir sobre el curso de la guerra. «Esto» – dice Habermas – «proporciona al bando ruso una ventaja asimétrica sobre la OTAN, la cual, debido a las dimensiones apocalípticas de una guerra mundial – con la participación de cuatro potencias nucleares – no quiere convertirse en parte beligerante». Dicho de modo más popular, Putin tiene tomada la sartén por el mango. Su chantaje puede resumirse así: o me dejan apoderarme de Ucrania, o volamos todos.

¿Simple jaque o jaque mate?

Occidente, según Habermas, no puede dejar de apoyar a Ucrania, pero tampoco puede hacerlo con todo su arsenal so pena de desatar un escalamiento del delirante dictador ruso. Habermas no se engaña en ese punto. Sabe muy bien que si Putin se apodera del estado y del gobierno en Ucrania, las horas para Moldavia, Georgia y los países de la región balcánica, estarán contadas. Putin ha descubierto la amenaza atómica como arma de guerra y con ella ha puesto en jaque a Occidente. Todavía no es un jaque mate. Por eso mismo, parece pensar Habermas, hay que buscar una salida. En esa búsqueda, la prudencia y el cálculo racional son indispensables. Para jugar ese juego, aconseja Habermas, hay que dejar de lado toda actitud heroica.

Vivimos un periodo post-heróico, aduce Habermas. Los soldados, por los menos los occidentales, son profesionales a quienes pagamos para que nos defiendan. La guerra, para Occidente, es y debe ser una actividad instrumental, aunque sometida a una razón que viene de la moral. En otros términos, podría afirmarse que, dadas las condiciones en las que está siendo librada la guerra contra Ucrania, no hay que esperar ganar ni perder en forma definitiva y para siempre. Después de ese veredicto, el Canciller Scholz repetiría casi textualmente las palabras de Habermas: «Ucrania no puede perder esta guerra». Pero ni el uno ni el otro dijo: «Ucrania debe ganar esta guerra».

La diferencia entre no perder y ganar, aparentemente sutil, reside en que Ucrania, para no perder la guerra, no puede derrotar en términos definitivos al enemigo.

De una u otra manera, ambos bandos, para no perder la guerra, estarán obligados a hacer mutuas concesiones. De eso precisamente se trata: del curso de la guerra dependerán las concesiones que deberán hacer los unos o los otros y no como parece pensar Habermas, de las concesiones el curso de la guerra. El problema adicional es que hasta ahora Putin no ha mostrado la menor voluntad para hacer alguna concesión. Su desorbitado objetivo es reconstruir a la antigua Rusia imperial y así crear un nuevo orden mundial. ¿Cómo hacer frente a un enemigo que amenaza nada menos que con una inmolación colectiva? O preguntando otra vez en términos ajedrecistas: ¿qué hacer contra un jugador que amenaza con patear el tablero antes de reconocer un jaque? Podemos creerle, pero también no creerle, repetimos. Y bien, esa duda, es la que mantiene frenado a Occidente en su defensa a Ucrania. Pero por otro lado Ucrania no es negociable. ¿Cómo salir de ese problema? La salida no está dada: hay que buscarla. Ese es el muy modesto mensaje de Habermas.

Como seres racionales, la gran mayoría de los políticos occidentales está de acuerdo en que como en muchas guerras, la que tiene lugar en Ucrania deberá generar una salida negociada. El problema es que Putin, al estar empeñado en la anexión total de Ucrania, no quiere (todavía) negociar, y así puede continuar usando a la amenaza nuclear como extorsión (o bajo tortura, dice la profesora Adela Cortina) sin necesidad de buscar el diálogo con el enemigo. El objetivo entonces (esto no lo dice Habermas) debería ser, obligar a Putin a negociar. Ese es el punto que en líneas generales separa a los políticos de Occidente en dos grupos.

A un lado, los de tipo “kantiano”, a los que pertenece Habermas, piensan que la ayuda militar a Ucrania debe practicar una autocontención a fin de no constituirse en parte oficial de la guerra y así impedir que Putin lleve sus amenazas hacia un escalamiento irreversible en donde la guerra deberá ser decidida con el uso de armas atómicas.

El otro grupo, al que podríamos denominar “maquiavélico”, aduce que nunca Putin llegará a la negociación si no es obligado. Y para obligarlo se hace necesario expulsarlo de Ucrania. El grupo “kantiano”, apela al poder de la razón. El grupo “maquiavélico”, en cambio, a la razón del poder.

Y como el poder, en una guerra se decide con armas, las precondiciones de la negociación deberán ser deducidas desde el propio terreno militar. Esa, a mi entender, es la verdadera diferencia que separa a los políticos democráticos de Occidente, y no esa división caricaturizada por Habermas entre quienes “solo pueden imaginar la guerra desde la alternativa entre la victoria y la derrota, y los que “saben que las guerras contra una potencia nuclear ya no se pueden “ganar” en el sentido tradicional”. No, no es así.

Todos sabemos que en guerras sobre las que se ciernen amenazas nucleares, no puede haber victorias ni derrotas totales. Incluso los que gritan: “Putin a la Haya”, saben que eso es un deseo imposible de ser cumplido. Luego, la diferencia radical entre los dos sectores se puede resumir en una pregunta y después en una sub-pregunta: La pregunta: ¿Cómo evitar que la guerra se convierta en nuclear sin entregar Ucrania a Putin? La sub-pregunta:¿Haciendo concesiones militares o infligir derrotas a Putin que lo obliguen a negociar no a Ucrania, sino con Ucrania y con el Occidente democrático?

Nadie está pidiendo que Putin pida perdón y se rinda. Basta que reconozca a Ucrania como lo que es: una nación independiente y soberana, tan independiente y soberana como es Rusia.

Ese punto, lamentablemente, no lo afirma Habermas con decisión. Con cierta razón, Slavoj Žižek critica al ensayo de Habermas al sugerir que la intención del filósofo alemán es mostrar a una Alemania amenazada por dos chantajes: el atómico de Rusia y el moral de Ucrania. Sin embargo, por el respeto que me merece Habermas, prefiero interpretarlo de otro modo: el dilema de Alemania, de Europa y de Occidente, es elegir entre la amenaza de un chantaje atómico y una obligación moral y política ineludible con Ucrania Hay que ir a negociar, por supuesto. Más todavía: hay que obligar a Putin si es preciso con las armas, a negociar. Pero el tema de la independencia de Ucrania no puede estar sobre la mesa de ninguna negociación.

Escenarios

Sin la sabia reflexibilidad de Habermas, pero gracias a su experiencia política, el ex ministro de relaciones exteriores de Alemania, Joschka Fischer, ha oteado el horizonte bélico de un modo diferente, hasta llegar a dibujar tres escenarios que complementan el dualismo habermasiano (guerra nuclear – obligación moral)

El primer escenario de Fischer es el más temido por Habermas. Pero también es al que más hay que evitar, a saber, que la OTAN se vea arrastrada a un conflicto directo con Rusia, desatándose una guerra continental, y con ella, la posibilidad de un conflicto nuclear.

El segundo escenario tendría lugar si Putin, aun utilizando los medios más brutales de lucha, no logre someter a Ucrania. Pero como los líderes rusos actuales seguirían al mando – deduce Fischer- «lo mejor que se podría afirmar es que Ucrania no habría perdido y Putin no habría ganado». Esa parece ser también la tesis habermasiana.

El tercer escenario, al que Fischer, después de las atrocidades cometidas por el ejército ruso en Bucha y otros lugares, no ve como posible, sería «una suerte de tregua basada en algún tipo de compromiso negociado».

Probablemente Fischer sabe muy bien que los llamados escenarios son solo construcciones abstractas basados sobre la realidad actual la que seguramente irá cambiando en la medida en que los acontecimientos vayan precipitándose. Lo más seguro entonces es que no se dé ninguno de estos escenarios, y la alternativa que aparezca sea una combinación de ellos y otros imaginados por la inagotable fantasía humana. El pasado existió, el futuro no existe y el presente está existiendo.

Putin está matando a mucha gente, inspirado en un pasado imaginario y en función de un futuro inexistente. Esa es la locura que hay que parar. Ni Habermas el filósofo, ni Fischer el político, saben cómo. Para ser honestos, nadie lo sabe. Hay que aprenderlo. Lo único claro, y en ese punto coincidimos con Fischer, es que Europa, después de esta absurda guerra, nunca volverá a ser la misma que conocimos. La utopía de una Europa sin guerras deberá ser postergada para otra ocasión.

«Ahora tiene la palabra el camarada Mauser», escribió una vez Bertold Brecht. Eran, claro está, otros tiempos. Hoy habría que decir «Ahora tiene la palabra el camarada misil». El detalle es que ninguno de ambos camaradas, ni el fusil ni el misil, sabe hablar. Solo saben matar. No debemos darles nunca la palabra. El idioma de las armas es el de Putin. El de Occidente debe ser, no renunciar nunca a la palabra, o lo que es igual, a la política. Pero no desde fuera –en esto estarían de acuerdo Maquiavelo y Kant– sino desde los interiores más oscuros de la guerra. De una que Occidente nunca ha querido ni buscado. La guerra, en fin, es hoy la realidad. Desde ahí hay que comenzar a pensar.

Textos de referencia:

Adela Cortina – ¿NEGOCIACIÓN BAJO TORTURA? (polisfmires.blogspot.com)

Joschka Fischer – LA GUERRA A UCRANIA Y EUROPA (polisfmires.blogspot.com)

JÜRGEN HABERMAS – ¿HASTA DÓNDE APOYAMOS A UCRANIA? (polisfmires.blogspot.com)

POLIS : ARTÍCULOS DE FERNANDO MIRES SOBRE LA GUERRA DE RUSIA A UCRANIA (polisfmires.blogspot.com)

SLAVOJ ŽIŽEK – HÉROES DEL APOCALIPSIS (polisfmires.blogspot.com)

Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista Político, Escritor, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol. Fundador de la revista POLIS, Político,

Twitter: @FernandoMiresOl

 11 min


Ismael Pérez Vigil

Tal parece que resucita el Proyecto de Ley de Cooperación Internacional, enterrado hace un año en alguna gaveta de la Asamblea Nacional. No es de esperar ninguna buena intención o la solución de algún problema con esta Ley; se trata de una nueva arremetida contra la sociedad civil −contra las organizaciones no gubernamentales (oenegés) defensoras de derechos humanos, de asistencia humanitaria, defensoras de derechos políticos, etc. − arremetida que ha sido práctica constante desde 1999.

Desde la instauración de este régimen por Hugo Chávez Frías y desde la aprobación y entrada en vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999 el gobierno ha arremetido en contra de la sociedad civil, que, en un principio, parecía haber impulsado. Todos recordamos que en 1999 en las regulaciones con las que se convocó a una Asamblea Constituyente, a la sociedad civil se le estaba dando preeminencia y mayor espacio; pero, no tardamos en descubrir que en realidad esto no era así, sino que se trataba simplemente de una forma más de restar importancia y relegar a los partidos políticos.

TSJ y sociedad civil

No cabe duda cuál es la posición de la Constitución Bolivariana y la “intención del legislador” en cuanto al papel que le atribuye a la sociedad civil; sin embargo, el TSJ con varias sentencias dictadas por la Sala Constitucional, en las que se alude a la sociedad civil y en las que se ha disminuido, confiscado o menoscabado sus funciones. (No haré una descripción pormenorizada, para ello ver: La Sociedad Civil Resiste en https://bit.ly/3mWlhuM)

En estas sentencias hay varios elementos en común; uno de ellos es la interpretación restrictiva del artículo 70 de la Constitución, al restringir la participación ciudadana y hasta quitarle el carácter de sociedad civil, para que no puedan ejercer las funciones que les confiere la Constitución. A través de estas sentencias, el TSJ ha moldeado y restringido, considerablemente, el concepto de sociedad civil y deja el terreno preparado para que, eventualmente, a futuro −como de hecho está pronto a ocurrir si se aprueba el Proyecto de Ley de Cooperación Internacional mencionado−, prácticamente ninguna organización pueda considerarse como parte de la sociedad civil.

Sin embargo hay que aclarar que si bien la intención de la desinformación gubernamental es atemorizar, las sentencias del TSJ no restringen, ni limitan o prohíben la posibilidad de actuar o de constituir oenegés o que la sociedad civil se organice u obtenga financiamiento interno o externo. Simplemente –sin ironía– limitan las posibilidades de actuar en el contexto de la Constitución Bolivariana.

Es decir, si de acuerdo con la Constitución es condición para actuar en alguno de los comités o actividades señaladas en la Constitución o se necesita la calificación de organización de la sociedad civil, las sentencias del TSJ limitan considerablemente esa capacidad y restringen y menoscaban los privilegios y beneficios que la Constitución había conferido a la sociedad civil organizada. Estamos frente a una confiscación legal o el menoscabo de un derecho por culpa de una interpretación del TSJ, pero no se trata, de una actividad ilegal, ni para la organización de la sociedad civil, ni para quien la financie. Esto es bueno aclararlo para que las organizaciones y quienes las apoyan, no desistan de su empeño ni merme el apoyo financiero a ellas.

Asamblea Nacional y sociedad civil

Las arremetidas contra la sociedad civil no solo provienen del TSJ; también la Asamblea Nacional desde hace más de veinte años ha hecho sus propias interpretaciones de carácter restrictivo. La más notoria es la relativa a la Ley Orgánica del Poder Electoral, LOPE, del19 de noviembre de 2002, en cuyo artículo 19, sobre el Comité de Postulaciones para el CNE, dispone que se integra con 21 miembros, de los cuales 11 son diputados; decisión que no solo contradice el espíritu de la Constitución, sino que está claramente en contra de sentencias del TSJ −la del 21 de noviembre de 2000, por ejemplo− que señala que las organizaciones y partidos políticos “… no conforman la sociedad civil, sino la sociedad política cuyos espacios están delimitados por la Constitución y las leyes…”

Esta intromisión, que impacta la composición del Poder Electoral, es el caso más emblemático y notorio de restricción al papel de la sociedad civil, pues en él, la sociedad civil debe ejercer de manera directa y activa un papel muy importante en la designación directa de tres de los cinco miembros.

Gobierno actual y sociedad civil

Durante el Gobierno electo en el año 2018 han seguido estos intentos de controlar las actividades de las oenegés, y a tal efecto ha intentado algunas iniciativas; veamos unos pocos ejemplos:

1.- El acoso a diversas organizaciones defensoras de derechos humanos y de ayuda humanitaria; todos recordamos la agresión, allanamientos de su sedes y detención de sus directores en contra de los comedores de Caracas Mi Convive −Alimenta la Solidaridad− en Miranda y Azul Positivo, en el Zulia; dos iniciativas cuyo propósito es aliviar el hambre en algunos sectores populares de Miranda, Caracas y Zulia. Y no podíamos dejar de mencionar, el arresto de tres directivos de Fundaredes, en julio de 2021, tras denunciar graves irregularidades y violaciones de derechos humanos en estados fronterizos del país; su director principal, José Javier Tarazona, al momento de publicar este escrito, después de diez meses, continúa detenido, en precario estado de salud y a pesar de todas las denuncias y solicitudes nacionales e internacionales reclamando su libertad.

2. Las amenazas contra las organizaciones de la sociedad civil revisten características peculiares, como lo fueron dos providencias administrativas, en marzo y mayo de 2021, de la Oficina Nacional Contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo, que con base en la Ley Orgánica Contra la Delincuencia Organizada y el Financiamiento al Terrorismo, que −sin ninguna justificación legal− crearon un Registro Unificado de Sujetos Obligados ante la Oficina Nacional Contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo (RUSO-ONCDOFT), por el cual se pretende, como indica su nombre, el establecimiento de un registro de estas organizaciones, en el cual deben figurar, entre otros, los objetivos, actividades, aliados, directivos y personal de las mismas.

Desde luego la reacción de las oenegés afectadas no se hizo esperar, denunciaron la ilegalidad de la providencia ante organismos internacionales, la opinión pública nacional, el propio Gobierno y el TSJ; se declararon en rebeldía frente a esta disposición y manifestaron que no procederán a hacer el mencionado registro; transcurrido un año, no ha podido establecerse dicho registro y el Gobierno no ha hecho intentos por forzar su aplicación.

3.- Tras los intentos de criminalización de la actividad de las oenegés, la Asamblea Nacional elegida en el 2020 comenzó a discutir un Proyecto de Ley de Cooperación Internacional para regular las actividades −y sobre todo el financiamiento internacional− de las oenegés; el Proyecto que ha tenido una sola discusión en la Asamblea Nacional, está paralizada su aprobación desde hace más de un año.

La última arremetida

Los hechos referidos nos indican que la amenaza contra las organizaciones de la sociedad civil sigue pendiente y −como ya hemos dicho− tal parece que ahora se activa de nuevo al desempolvar el Proyecto de Ley de Cooperación Internacional que reposa en la Asamblea Nacional.

Con respecto a esta ley, más de 500 organizaciones de la Sociedad Civil han emitido y puesto a circular un documento denominado: “Organizaciones de la sociedad civil rechazan proyecto de ley anti-solidaridad que cierra la cooperación internacional”, en el cual analizan a fondo dicha Ley y los prejuicios que ocasiona.

Esperamos que ese documento y otras iniciativas logren sensibilizar al país y a la comunidad internacional y alertar acerca de los peligros que encierra esa ley para las libertades públicas y los derechos humanos y los continuos intentos del régimen venezolano de hostigar, controlar los recursos y criminalizar la actividad de las organizaciones de la sociedad civil, defensoras de los derechos humanos y asistencia humanitaria.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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José Luis Cordeiro

“La edad de piedra se acabó y no por falta de piedras, y la edad del petróleo se acabará pronto y no por falta de petróleo”.
Jeque Ahmed Zaki Yamani, Arabia Saudita.

La compañía británica BP hace años que ha ido cambiando su imagen y hasta su propio nombre. Antes BP era simplemente British Petroleum, pero actualmente prefiere ser conocida como “Beyond Petroleum”, es decir, más allá del petróleo. BP también cambió su logo y ahora emplea una especie de flor solar ecológica. De hecho, las nuevas estaciones de gasolina de BP en Europa y Norteamérica funcionan con paneles solares para generar su propia electricidad, con la que funcionan las bombas de gasolina, los cajeros y las máquinas vendedoras de refrescos.
Otras compañías petroleras también están pensando mucho más allá del petróleo. Por ejemplo, Shell ya abrió sus primeras estaciones de hidrógeno para vehículos en algunos países. Su primera estación para distribuir hidrógeno en vez de gasolina fue ubicada estratégicamente en Washington, DC, y está siendo utilizada como modelo para nuevas estaciones del futuro, las cuales venderán múltiples combustibles, entre ellos hidrógeno y electricidad. Islandia también ha anunciado que se convertirá en el primer país del mundo en tener una economía basada en el hidrógeno como fuente de combustible. Otros países europeos quieren seguir el mismo camino.
Por otro lado, compañías de vehículos como DaimlerChrysler y Toyota, por ejemplo, ya están produciendo carros y autobuses híbridos, con hidrógeno y con celdas de combustible. Los carros eléctricos también han comenzado a comercializarse masivamente, primero con la compañía Tesla de Elon Musk y luego con varias empresas chinas. Esto es apenas el inicio de los carros del futuro que funcionarán con electricidad y no con gasolina. Los nuevos carros serán inteligentes y autónomos, además estarán siempre conectados.
Mientras el mundo avanza más allá del petróleo y avanza al futuro, Venezuela parece que cada día depende más del petróleo y se queda en el pasado.
www.JoseCordeiro.es

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Carlos Raúl Hernández

Tres semanas ago, con fascinante brillo, @Mibelis Acevedo escribió en estas páginas sobre el aburrimiento (“Este tedio”, EU:07/05/2022) y no perderé la ocasión de desenvainar sobre el mismo tema una espada que yacía en reposo. En los últimos tiempos la pandemia hizo que el espacio cultural se llenara de demasiados disparates. Pero Mibelis nos refresca con su inimitable manera. Va para ella.

Romeo esperaba ansiosamente a Julieta con la complicidad de fray Lorenzo, horas eternas, pero no se aburría. Su mente estaba depositada en el encuentro y el lapso que lo separaba de ella era angustia, pero no tedio. Nadie se hastía en el purgatorio, que se distingue del infierno, por ser dolor con esperanza. Un siglo de su compañía hubiera sido un instante para él. Juana de Arco en la pira siente que un segundo es eterno, y abjura. No atendemos al tiempo en el tráfago de actividades, ni en la intensidad del placer. Para el insaciado, en cambio, es la dura espera, igual que para quien padece agónicamente. Un condenado a muerte no aguarda la fecha fatal con fastidio. Al contrario, quien no tiene expectativas sobre mañana, ni le aguarda algo, un día va detrás de otro, la existencia misma es un hastío, una faena inerte.

Escribe Neruda “pasan días iguales persiguiéndose… día que has sido niño, inútil /que naciste desnudo/las leguas de tu marchan van corriendo sobre tus doce extremidades”. El aburrimiento y el tiempo se personalizan cuando no pasa nada. Dice Cioran “…Son las tres de la madrugada… Siento este segundo y luego el siguiente y saco la cuenta de cada minuto”. Tal vez por casualidad, B.B King nos impacta con su blues inolvidable, llamado casualmente Las tres de la mañana, en el mismo tono intenso del filósofo rumano del suicidio. Varios films, por ejemplo, Lejos del cielo (Haynes: 2002) narran la vida asfixiante, repetitiva de las mujeres enclaustradas en sus hogares durante la era represiva del machismo en los años cincuenta, previa al reventón de los sesentas. En contraste, Historia de una pasión (Davies: 2016) describe el sentimiento que mantuvo a dos amantes en lucha contra la separación impuesta por el entorno. El Dr. Jhivago y Lara (Lean: 1965) jamás se aburrieron durante mil páginas y durante todas se buscaron en medio del infierno comunista.

Nos aburrimos cuando “no pasa nada” pero depende de cuánto nos interesamos por el entorno. Es un engaño que no pase nada porque los acontecimientos se producen por zettabites a nuestro alrededor. Por obra del coronavirus que nos obligó a aislarnos, experimentamos varios tipos de vivencia. Algunos lo tomaron como una maravillosa oportunidad de ver películas, leer libros y planear acciones sobre el futuro, crear arte o dedicarse a hobbies. Parejas nuevas o bien avenidas, vivieron lunas de miel, pero en situación contraria, devienen aburrimiento, contrariedad y crisis. Quienes disfrutan la soledad, encuentran la situación ideal, mientras los socialites padecen molestias insufribles. Algunos lamentan perder la oportunidad de hacer el negocio de su vida o ventajas que se les presentaron. Otros sin entornos placenteros o expectantes, sufren trastornos físicos y emocionales. Atormentado por la conciencia del tiempo, Vallejo escribe “cómo me duele el pelo al columbrar los siglos semanales”.

Pocos describen en el arte las vidas sin mañana como Francis Bacon. Sus figuras humanas son amasijos deformes, abotagados, semi disueltos, en el ciclo opresivo entre el trabajo y cuartos de pensión de mala muerte, salas de baño sórdidas y sucias, bajo un escueto bombillo pendiente del cable. Bacon presenta el hastío aterrador: contar el tiempo de un plazo que es la propia vida sin mañana. La cuarentena, sin tal dramatismo, no tenía un final predeterminado, e inquietaba su término incierto. Para un condenado, la sentencia tiene plazo fijo. En Sueños de fuga (Darabont: 1994), el protagonista enfrentaba su larga e injusta condena con optimismo pues cavaba en la pared el túnel con una inofensiva cucharita, camuflado en un afiche de Raquel Welch. Sería libre y podría reconstruir su esperanza a base de esfuerzo y decisión. Algunos con teleologismo optimista dicen que las pestes son el preámbulo de las grandes reconstrucciones, cosa que no creo sea una determinación sino descripción de que la voluntad recoge los escombros y sigue la marcha.

El Renacimiento arranca con Dante en el siglo XIII y lo interrumpe la Muerte Negra del siglo XIV pese a Boccaccio y Petrarca. Hubo que esperar hasta el XV para que se reiniciara la vida. Las pestes lanzan millones de seres humanos a la muerte y la miseria, lo que no abona a verlas como bendiciones progresistas. Pero el ser humano se sobrepone, que es otra cosa. En un momento de humor, el atormentado Soren Kierkegaard dejó su versión del desarrollo humano como obra de la monotonía, según cita Mibelis. “Los dioses fastidiados, crearon a los humanos. Adán se aburría y le trajeron a Eva. Luego los dos se aburrían junto a Caín y Abel en familia. Aumentó la población del mundo, y los pueblos se aburrían masivamente. Para entretenerse, se les ocurrió la idea de construir una torre, tan alta que llegara hasta el cielo… Después se dispersaron por el mundo y viajaron por todas partes, pero aún se aburren”.

@CarlosRaulHer

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Acceso a la Justicia

«El sistema de justicia ha jugado un papel significativo en la represión estatal de opositores al Gobierno». Este señalamiento fue hecho por la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos (MDH) sobre Venezuela, en su segundo informe sobre el país publicado en 2021. A ´pesar de la dureza de la acusación, el Poder Judicial, en particular el área penal, continúa sirviendo como instrumento para perseguir y silenciar a las voces disidentes en el país.

Prueba de lo anterior es la demanda por «difamación agravada continuada» que el gobernador de Carabobo, el chavista Rafael Lacava, interpuso contra los activistas de derechos humanos, Marino Alvarado y Alfredo Infante, luego de que estos solicitaran al Ministerio Público (MP) que investigara al funcionario por las ejecuciones extrajudiciales ocurridas en la entidad y que habrían sido cometidas por agentes de la policía estadal, la cual está bajo su mando.

«Lo que hemos hecho (…) es lo que nos corresponde: Hay unas graves violaciones a los derechos humanos y [hemos exigido] que se investigue a los autores materiales y a las cadenas de mando. Esta es la consecuencia [en alusión a la demanda] de ser exigentes en materia de Derechos Humanos, es el riego que corremos los defensores de derechos humanos por exigir que se investiguen las cadenas de mando».

Así se quejó Alvarado, quien es coordinador de Exigibilidad del Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) en un mensaje publicado a través de la cuenta de Twitter de la organización.

El pasado 14 de marzo, ambos activistas presentaron un informe, en el cual denunciaban que en 2021 se registraron en el país 1.414 ajusticiamientos, de los cuales 347 (25,54%) presuntamente habrían sido cometidos por el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), mientras que 426 (30%) por policía estadales, siendo la de Carabobo la más señalada, con 132 casos. Ante estos datos los defensores instaron al MP y a la Defensoría del Pueblo a iniciar las respectivas averiguaciones y no limitarse solo a los autores materiales, sino investigar también incluir a sus superiores.

No es la primera vez

La acción de los defensores no quedó sin respuesta, sin embargo, no en la forma en la que seguramente estos esperaban: el gobernador Lacava, en lugar de iniciar una investigación administrativa motu proprio o incluso presentar elementos que prueben que no está relacionado con los abusos antes mencionados, acudió a los tribunales para presentar una querella contra los activistas por «exponerlo al desprecio o al odio público». El 16 de mayo los defensores recibieron una boleta del Tribunal Tercero de Primera Instancia de Juicio de Carabobo, fechada tres días antes, en la cual los insta a designar a sus abogados para enfrentar el respectivo proceso.

Esta no es la primera vez que Provea afronta un proceso judicial por ejercer su labor de defensa de las garantías fundamentales. En agosto de 2012 el MP denunció a esta organización y a la agrupación Sociedad Homo et Natura por apoyar y difundir información sobre una protesta que realizaron representantes de comunidades yukpa frente al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en julio de ese año. En este caso la Fiscalía acusó a las organizaciones de violar disposiciones de la Ley Orgánica de Niños y Adolescentes (Lopnna), pues en la manifestación participaron niños indígenas.

Así como en el caso anterior, en el presentado por el gobernador Lacava, no solo se vuelve a apuntar contra reconocidos miembros del movimiento de derechos humanos en Venezuela, sino que también se recurre a la justicia penal para criminalizarlos, esta vez mediante el empleo de la figura prevista en el artículo 442 del Código Penal, alegando que las denuncias formuladas contienen mensajes lesivos a su «honor o reputación».

Pero esto tampoco es nuevo. En las últimas dos décadas funcionarios de distinta jerarquía han iniciado decenas de juicios privados contra abogados, defensores, periodistas y políticos. Uno de los casos más antiguos, y posiblemente el que allanó el camino para esa estrategia, fue el que en 2003 inició el entonces presidente de la Asamblea Nacional (AN), el fallecido Willian Lara, contra el constitucionalista Tulio Álvarez.

El jurista, en un artículo publicado en el desaparecido diario Así es la Noticia, recordó un informe de la Superintendencia de Seguros que denunciaba irregularidades en la Caja de Ahorros del Parlamento, lo cual provocó la ira del legislador oficialista. En 2009 la justicia condenó a Álvarez, a quien, aunque no terminó tras las rejas, se le impuso prohibición de salida del país. En 2019 la Corte Interamericana de Derechos Humanos declaró que esa decisión supuso una violación a la libertad de expresión del abogado.

Esto se lee al respecto en el fallo del tribunal continental:

«Si bien el señor Álvarez se manifestó de forma crítica, eso no implica que su discurso quede desprotegido bajo la óptica del derecho a la libertad de expresión. Esta clase de discurso también debe ser protegido pese a ser incómodo y emplear un lenguaje incisivo, máxime cuando en una sociedad democrática las críticas hacia los funcionarios públicos no son solamente válidas sino necesarias».

Además, la corte reiteró su criterio de que

«sin una efectiva libertad de expresión, materializada en todos sus términos, la democracia se desvanece, el pluralismo y la tolerancia empiezan a quebrantarse, los mecanismos de control y denuncia ciudadana se empiezan a tornar inoperantes y, en definitiva, se empieza a crear el campo fértil para que sistemas autoritarios se arraiguen en la sociedad».

En 2004, el entonces ministro de Comunicación, Jesse Chacón, se querelló contra la periodista Alicia La Rota pues esta publicó una información en la que aseguraba que el funcionario compró un cuadro de Armando Reverón por más de 100.000 dólares. Pese a que la comunicadora rectificó, el funcionario no se dio por satisfecho y siguió con el juicio.

En 2016, el exministro de Agricultura, Carlos Osorio, presentó una demanda contra los entonces diputados Carlos Berrizbeitia e Ismael García, al señalarlo de estar incurso en hechos de corrupción. La jueza Tercera de Primera Instancia en lo Civil de Carabobo, Omaira Escalona, falló a favor del exfuncionario al prohibir a los diputados declarar, publicar y difundir información en los medios y redes sociales que «atenten contra el honor y reputación» de Osorio. Además, les ordenó indemnizarlo con 900 millones de bolívares.

Cabello, el gran demandante

Sin embargo, quien ha hecho de los juicios por difamación su arma predilecta para lidiar con sus oponentes ha sido el diputado Diosdado Cabello. En 2013, el vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) demandó al editor del diario Tal Cual, el fallecido Teodoro Petkoff, y a los demás miembros de la directiva del matutino, por un artículo de opinión escrito por el exministro de Ciencia, Carlos Genatios, en el que aseguraba –incorrectamente– que el oficialista había declarado que «si no les gusta la inseguridad, váyanse». Tras tres años de proceso, durante el cual se le obligó a Petkoff a presentarse periódicamente a los tribunales y se le impidió salir del país, la jueza declaró el sobreseimiento del mismo.

Dos años después, Cabello inició una batalla legal contra El Nacional. También lo hizo contra otros medios, lo que generó que sus directores huyeran del país para poder salvarse de la cárcel. ¿El delito? Replicar unas publicaciones de los diarios Miami Herald y ABC en las cuales se hacían señalamientos contra el legislador. En 2018 el Tribunal Tercero de Primera Instancia en lo Civil, Mercantil, Tránsito y Bancario de Caracas declaró con lugar la demanda y le ordenó al diario pagarle a Cabello mil millones de bolívares (para ese entonces cerca de 12.700 dólares) como indemnización.

No obstante, en 2021 la Sala de Casación Civil del TSJ, atendiendo una petición de los abogados del diputado, revisó el monto de la sanción y la fijó en 237.000 petros (equivalentes a poco más de 13,25 millones de dólares), debido al «gravísimo» daño que sufrió el parlamentario en su honor. Ante el impago de la multa, la justicia le arrebató al matutino su sede y se la entregó al parlamentario demandante.

Y a ti venezolano, ¿cómo te afecta?

Con la demanda de Lacava contra Marino Alvarado y Alfredo Infante el oficialismo reitera el uso de la justicia penal para perseguir y silenciar a las voces disidentes y críticas. La rapidez con la que el tribunal carabobeño aceptó esta solicitud y comenzó a tramitarla es otra prueba más de la alineación del Poder Judicial con el Gobierno, una situación que pone en minusvalía y riesgo a los ciudadanos, en particular aquellos que osan alzar su voz y exigir sus derechos. La querella contra estos dos reconocidos activistas de derechos humanos confirma los riesgos y peligros que corren estos por ejercer su labor. Asimismo, parece indicar que el espacio cívico no hace más que achicarse día a día en Venezuela: no hay que olvidar que este proceso se da justo cuando la AN anuncia que reactivará las discusiones del cuestionado proyecto de Ley de Cooperación Internacional, repudiado por 500 ONG y 250 personas.

19 de mayo 2022

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