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Opinión

Humbero García Larralde

La consideración de la situación actual del país –si en verdad empieza a “arreglarse”-- amerita repasar un concepto básico de la economía, que es el de Bien Público. Un Bien Público (puro) es aquel que, una vez producido, no puede privar de su consumo a ningún integrante de la comunidad. Otra manera de entender esto es que los beneficios que genera no pueden ser capturados (privatizados) totalmente por ninguno, en exclusión de los demás. Debido a ello, nadie se siente incentivado a financiar, por sí solo, su producción. Ésta, por tanto, depende de la voluntad colectiva, la cual suele ser asumida a través del Estado.

La producción de bienes públicos es la función principal del Estado, según enfoques ortodoxos. De la naturaleza no privativa de su consumo se desprende el problema del gorrión o free-rider: la persona que decide no contribuir para la producción de un Bien Público a conciencia de que no puede ser excluido de sus beneficios. Un ejemplo sencillo es el del vecino que se niega a aportar a la pintura del edificio donde reside o a reparar el ascensor, a sabiendas que, una vez terminada esta labor, también disfrutará de ello de todas formas. A nivel general, evade su deber ciudadano como corresponsable del manejo de la cosa pública. Se asume “masa”, pendiente de que le den, propósito de regímenes como el chavista.

A nivel nacional, los bienes públicos más conocidos son los referidos a los sistemas de salud y asistencia social, educación, seguridad y protección, así como los servicios de agua, electricidad, comunicación y transporte. Son la sustancia que define la calidad de vida de la población –atención de salud, mejor educación, seguridad personal, protección de los derechos ciudadanos, etc. A la vez, fomentan la actividad productiva y comercial, proporcionando lo que se conoce como “externalidades positivas”, que reducen los costos de transacción y amplían las oportunidades de negocio. Es decir, el disfrute de los bienes públicos por parte de ciudadanos y empresas, está en la base de su bienestar y prosperidad.

Un gobierno interesado en el bienestar del pueblo procurará que el Estado produzca con eficiencia los bienes públicos en la cuantía, calidad y variedad realmente deseada por la sociedad. Debe tomar en cuenta su costo de oportunidad, pues una propuesta excesivamente ambiciosa –sea una autopista, represa, un estadio o lo que fuera-- implica restarle recursos, por ejemplo, a la educación o la salud.

En países “normales”, en los que la producción de bienes públicos se financia con impuestos, tasas o cargos específicos, una persona podría sentirse motivada a manifestar poco interés por alguno en particular, como excusa para evadir que le pechen por ello. Esta tendencia a no revelar las auténticas preferencias por un bien público plantea el problema de cuál debe ser su oferta, si no se conoce su demanda: ¿Cuánto gastar en cada uno, sabiendo que reduce los recursos disponibles para otros? ¿Cómo no sobrepasarse o evitar quedarse corto? Los textos de economía proponen medidas para que la gente revele sus verdaderas preferencias por tales bienes, pero, más allá, subyace la necesidad central de profundizar la democracia para que la toma de decisiones se aproxime, lo más posible, a sus verdaderos deseos.

Por supuesto que el sustento de una oferta adecuada de bienes públicos reside en el funcionamiento adecuado de las instituciones. Son las normas que determinan los objetivos a proseguir, la adecuación de las organizaciones para optimizar su logro, el sistema de premios y castigos que contribuyen con ello, los mecanismos de supervisión y control para corregir las fallas y/o para ajustar los propósitos, y una cultura de servicio, de transparencia y de rendición de cuentas entre quienes tienen responsabilidades al respecto. Son propias de la democracia liberal, asentada en el equilibrio y autonomía de poderes, el imperio de la ley y la representación abierta y sin trabas de la voluntad popular.

El problema fundamental de la Venezuela actual es que el desmantelamiento de tal institucionalidad en manos de autoproclamados “revolucionarios”, se ha traducido, de manera cada vez más extendida, en que el Estado produzca, no bienes públicos, sino “males” públicos. Por ejemplo, el sistema de administración de justicia, que debe asegurar la igualdad de los ciudadanos ante la ley y velar por que sus derechos sean respetados (protección), fue “privatizado” (bien público impuro) por la jerarquía chavista a través de sucesivas reformas y modificaciones en la conformación del poder judicial. Lo transformó en su propio bufete de abogados, dedicado a perseguir y penalizar a quienes disienten, en un mal público.

El desprecio por los derechos humanos, otra de sus responsabilidades constitucionales, ha permitido todo tipo de abusos por parte de los cuerpos policiales y militares encargados del “resguardo de la paz y la tranquilidad ciudadana”, resultando en matracas y confiscaciones en sus razzias y en una atroz ristra de ajusticiamientos –concentradas en los barrios populares—, como ha sido denunciado por Provea, el padre Infante y muchas ONGs defensoras de derechos humanos. Un mal público transformado hasta el extremo en fatalidad. Asimismo, la defensa de la soberanía nacional, objetivo básico de la FAN, ha sido vulnerada por militares traidores que han permitido que el país se someta a intereses foráneos –Cuba, Rusia—, y que sea cauce para el tráfico de estupefacientes.

La degradación del Estado para producir males públicos en vez de bienes públicos ha sido resultado, fundamentalmente, de la corrupción deliberada de quienes ejercen responsabilidades en sus órganos correspondientes. Al comienzo, también incidieron las gríngolas ideológicas de quienes creían realmente en los cantos de sirena de Chávez. Pero, a estas alturas, los clichés sólo sirven para encubrir e intentar absolver las pillerías cometidas contra el país. Hoy se afianza en la impunidad y en las complicidades compartidas entre quienes, desde el poder, se han ufanado en expoliar a la nación. Mientras, además de la inseguridad y la pobreza, los venezolanos padecen de servicios colapsados.

Es en este contexto que debe evaluarse si la situación mejora, como pretende acreditarse el gobierno. ¿Están dadas las condiciones para que la venta de cinco o diez por ciento de las acciones de algunas empresas públicas, por ejemplo, rescate su función de proveedoras de bienes públicos o se trata, más bien, de una vía para lavar dinero sucio? ¿Dónde están las reformas en su gestión, la divulgación de sus estados financieros y las garantías para motivar la inversión privada en ellas u en otras áreas? ¿Puede esperarse que el levantamiento de algunas sanciones redunde en la conversión de muchos males públicos en bienes públicos?

Lamentablemente, la reciente “reforma” del poder judicial en absoluto abona a favor de las garantías y seguridades requeridas para que podamos confiar en que vamos bien encaminados. Más bien, ahora el congreso chavomadurista asoma un proyecto de ley de cooperación internacional que restringe a las ONGs y las amenaza con sanciones diversas, pero libera al Estado de la necesidad de rendir cuentas por sus actividades de “cooperación internacional”. Es decir, cocinan otro mal público, en perjuicio de quienes se amparan en los servicios –bienes públicos—de estas ONGs.

La lucha por rescatar la institucionalidad democrática, para que impere el Estado de Derecho y se respeten cabalmente los derechos humanos, no puede descansar, por más que algunos se ilusionen con que la situación mejore. Es evidente que, en absoluto, la gestión del gobierno se traduce en un proyecto incluyente, donde todos puedan beneficiarse, y con perspectivas de prosperidad creciente y de justicia social. No puede soslayarse el cambio político. Es importantísimo, además, tener en cuenta que solo en este marco, con una reforma y un saneamiento del Estado, podrá éste dedicarse a producir los bienes públicos que requiere la población. Entre los obstáculos a tal transformación destaca la falta de independencia del poder judicial y la corrupción del mando militar. Los informes sobre la violación de derechos humanos y las indagaciones de la CPI dan fe de sus implicaciones.

La propuesta de algunos de instrumentar un mecanismo autónomo, con supervisión externa, para asegurar que el ingreso petrolero resultante de un levantamiento negociado de las sanciones sea canalizado a atender la emergencia humanitaria del país, es un claro reconocimiento de la necesidad de contar con mecanismos institucionales que eviten su desvío hacia fines perversos. Pero, con un Estado como el que tenemos, ¿puede esperarse que redunde en beneficio de los servicios públicos de salud, educación, seguridad ciudadana, transporte y en las posibilidades de recreación del venezolano?

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

 6 min


Eddie A. Ramírez S.

En el 2024 habrá elección presidencial. No vale la pena desgastarnos en discutir si la convocatoria del régimen es o no legítima. Tendrá lugar, salvo algo imprevisto. Incluso podría ser en el 2023, por lo que es necesario prepararse. ¿Nos abstendremos porque sería validar a Maduro como el actual presidente o decidiremos acudir a votar? ¿Cómo elegiríamos los demócratas a nuestro candidato, ¿mediante encuestas, por primarias o por consenso? ¿Lo decidimos pronto o esperamos el último minuto?

Al respecto, nuestra dirigencia tiene que orientar a los ciudadanos. No puede vender espejismos de insurrección popular o de intervención militar, que ojalá se dieran. Mucho menos de una invasión abierta o encubierta bajo la figura de responsabilidad de proteger. La dirigencia que tenemos, con sus más y sus menos, es la que tiene la responsabilidad de utilizar los medios a su alcance para salir del régimen. Este es un requisito necesario, pero no suficiente, para solucionar los problemas que enfrentan millones de compatriotas para sobrevivir, dentro y fuera del país. Si para lograrlo deben negociar con el régimen, para lograr elecciones supervisadas por la OEA y la Unión Europea, y una amnistía para presos y exiliados políticos, tienen que hacerlo. Si deben ceder en algunos puntos, no queda otra, porque el costo de que permanezca en el poder es muy elevado para la gran mayoría de los venezolanos. Esperar lo que no está en nuestras manos resolver es como que alguien diga que no va a trabajar porque se sacará la lotería. No debemos engañar a la población.

Este simple escribidor de cuartillas insiste en que, en este momento, no hay otra opción viable vía para salir del régimen que votar. Si ganamos, ¿el régimen nos arrebatará el triunfo? ¡Claro que lo intentará! Ya lo hizo con las parlamentarias del 2015 y con la inhabilitación de candidatos ganadores, pero la otra opción es cruzarnos de brazos esperando que llegue la caballería, como en las antiguas películas.

La selección de nuestro candidato no debería ser de inmediato. Es necesario crear el clima propicio, ojalá de acuerdo con quienes de buena fe y sin duda con algunos argumentos válidos, predican que no se debe votar hasta que no haya condiciones acordes a nuestro derecho a elegir. Unidos debemos exigir esas condiciones, pero conscientes de que al régimen nunca jugará limpio. Además, si es lo elegimos muy pronto, el régimen intentará neutralizarlo. Por otra parte, nuestro candidato tiene que comprometerse a no intentar la reelección y los partidos que lo respalden deben acordar un plan de gobernabilidad por un mínimo de tres períodos presidenciales. Es decir, hay que estar preparados por si el régimen adelanta la fecha.

La selección mediante encuestas confiables es tan democrática, como por elecciones primarias, aunque sin duda es menos transparente para el ciudadano de a pie. Teóricamente, lo ideal sería por primarias. El punto a discutir es qué esperamos de esas primarias. ¿Podremos escoger entre varios candidatos que, con diferentes porcentajes de popularidad, tengan una aceptación razonable y poco rechazo? ¿Es suficiente presentar un solo candidato, sea cual fuere, para ganarle a Maduro? ¿Se podría esperar una alta abstención, que favorecería a Maduro, si nuestro candidato único tiene elevado rechazo? Al respecto, no podemos obviar que las encuestas no son favorables a ninguno de nuestros dirigentes. No discutamos si esa percepción es justa o injusta, o si las encuestas no son confiables. Por ahora, es la única herramienta que mide la aceptación y el rechazo de cada dirigente.

Ante esta realidad, ¿sería factible que nuestros dirigentes depongan, por ahora, sus legítimas aspiraciones y por consenso se preparen para seleccionar, en el momento propicio, un candidato independiente o relacionado con alguno de los partidos, pero que no se haya desgastado en esta larga lucha? Reconozco que es mucho pedir e incluso puede ser injusto. Sin embargo, es necesario solicitarles ese desprendimiento. El costo de perder sería demasiado alto.

Como (había) en botica:

Citgo, la refinería de Petróleos de Venezuela en Estados Unidos, fue la malquerida de Hugo Chávez, de Maduro y de Rafael Ramírez, quienes en su tiempo declararon que no era necesaria y que la iban a vender. Con el visto bueno de los gerentes designados por ellos, no invirtieron, ni dieron mantenimiento preventivo entre el 2010 y el 2018, y la endeudaron para enviar dividendos inexistentes que fueron dilapidados por la dictadura. La directiva del gobierno interino del presidente Guaidó está luchando para que sus acreedores no se apoderen de la misma. Además, han logrado recuperarla. En los dos últimos trimestres ha dado ganancias para ir pagando deudas de los rojos. Nuestro reconocimiento a su gerente general Carlos Jordá, a Horacio Medina, presidente de Pdvsa ad hoc, y a sus respectivos equipos.

Quinientas ONG, entre ellas Gente del Petróleo, y 200 personalidades, publicaron un manifiesto rechazando un proyecto de ley que pretende limitar la cooperación internacional para prestar ayuda humanitaria y fortalecer las instituciones democráticas.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Julio Castillo Sagarzazu

Cuando el presidente Joe Biden ofreció a Vladimir Zelensky sacarlo junto con su familia de Ucrania, apenas se inició la invasión a su país, estaba revelando que ni sus informes de inteligencia, ni lo que le decían sus asesores, era de fiar. La respuesta del presidente Zelensky cambió el curso de los acontecimientos y la geopolítica del globo, en ese mismo instante. Le respondió que él no necesitaba un Uber que lo sacara de Kiev, que lo que necesitaba eran armas y recursos para resistir la agresión rusa.

Tampoco los informes de inteligencia de Putin eran verdaderos. Pensó que la “operación militar” sería un paseo hasta la capital, que sus tropas serian recibidas como liberadoras en las calles del país invadido y que algún general prorruso tomaría el poder y enviaría a Zelensky preso, o al exilio.

En el caso de Ucrania, estamos en presencia de una situación en la cual la decisión de un hombre pudo cambiar el curso de los acontecimientos y revelar que todas las previsiones, los cálculos y las teorías de juegos estratégicos se pueden estrellar contra esa voluntad desplegada con valentía, audacia y tesón.

Pues bien, tengo para mí que en el caso de lo que esta ocurriendo hoy en relación con la conducta de los principales actores de la geopolítica mundial con Venezuela, pudiéramos también estar en presencia de un desconcierto generalizado, en el que los hechos de Ucrania han tenido mucho que ver.

Expliquémonos: La primera reacción de Europa y de los Estados Unidos, luego de que fueran sorprendidos por la decisión de Zelensky y de los ucranianos de luchar contra la invasión, fue la de tratar de organizar un frente común para solidarizarse con esta lucha. Todos han estado contestes en que no podrían intervenir directamente en la guerra, a través de la OTAN, porque ello implicaría una escalada insospechada del conflicto. Por esa razón, tomaron la decisión de avanzar con una serie de sanciones que ha ido in crescendo, a medida que el conflicto ha seguido y a medida en que se va haciendo evidente que Putin puede perder la guerra.

A partir de entonces, es igualmente evidente que la OTAN ha rediseñado su participación en la guerra de Ucrania para transformarla en una guerra de desgaste, para hacer empantanar a los rusos -como en Afganistán- y enviar el mensaje de que juegan a la salida de Putin del gobierno, producto del fracaso militar.

Rusia (Los rusos también juegan) saben que su arma estratégica son sus suministros energéticos a occidente. Cortarlos es una amenaza grave y los gobernantes europeos y de Estados Unidos lo saben. La primera y lógica reacción ha sido la de tratar de garantizar fuentes alternativas. Es en ese marco que se explican las movidas de la Casa Blanca, tratando de reestablecer contactos con Miraflores en Venezuela. Explicaría igualmente la reacción de Putin de llamar al botón a Maduro en Turquía para que disimulara mejor sus devaneos con los gringos.

Una situación geopolítica como ésta, era el momento de activar los poderosos lobbies de norteamericanos y venezolanos que hace tiempo apuestan por una flexibilización de las sanciones y una apertura del negocio petrolero.

Los movimientos se han hecho. Incluso, mientras escribimos estas líneas, se realiza en Davos una reunión muy bien montada y financiada por esos factores, con el objeto de darle mas resonancia a su intención de que Venezuela vuelva a ser una fuente de negocios para ellos. Veremos en qué resulta toda esta frenética y bien financiada gestión.

Lo cierto del caso es que los sectores que, “cazando el guiri” de la guerra de Ucrania, esperaban un explosivo cambio en la situación, al menos por ahora, solo han parido un ratón.

La licencia de Chevron, por ejemplo, es una renovación y se inscribe más en los intereses de la petrolera que en los del régimen de Maduro. En efecto, Chevron estaba autorizada desde siempre a producir, pero no a comercializar. Le vendía todo al estado venezolano y éste no le retribuía el dinero de las ventas que hacía. Se especula que la deuda es ya mayor a los 3 mil millones de dólares. De manera que, con la autorización de Chevron para vender, quien más se alivia es la empresa misma.

En lo político, tampoco las cosas les han ido mejor. La posición oficial de la Casa Blanca sigue siendo “wait and see”. Esperarán que Maduro haga movimientos para hacer modificaciones al régimen de sanciones. La inminencia de las elecciones del “mid term” no parecieran autorizar grandes audacias en ese terreno. Un movimiento brusco podría hacer bascular parte importante de la votación latina hacia los candidatos republicanos. Maduro debería tomar nota de esta realidad, porque si los republicanos avanzan electoralmente, le será mucho más difícil obtener flexibilidades de la administración. Está visto que Biden lo que menos necesita en este momento es un bloqueo de su política exterior, nada mas que para complacer al ala izquierda de sus parlamentarios. Si yo fuera Maduro, me apuraría por crear un ambiente que haga avanzar las negociaciones en México y en obtener resultados decentes para la organización de unas elecciones libres. Una mayoría republicana y una derrota de Putin, es el peor de los escenarios que puede tener y ninguna de las dos cosas son imposibles.

De manera entonces que, con las cosas así planteadas, lo que las Fuerzas Democráticas deben hacer es preparar las condiciones para que la comunidad internacional sepa de manera clara y meridiana que lo que queremos no es que nos manden un Uber a salvarnos. Que lo que queremos es restearnos en la lucha por nuestra democracia y nuestra libertad.

Anecdóticamente, quisiéramos recordar el 30 de abril de 2019. A esta hora no conocemos qué ocurrió aquel día en Venezuela. Cuando se desclasifiquen los documentos correspondientes, lo sabremos. Lo que sí sabemos es lo que expresaron muchos funcionarios americanos. El propio delegado especial del presidente Trump, declaró públicamente que los “complotados” apagaron los teléfonos y no atendieron más llamadas. Dicho en latín vulgar, estaban entendidos con gente del entorno de Maduro y nosotros no sabíamos quiénes eran. Estaban dispuestos a dejarlos en un régimen de transición. Cuando sepamos todo lo que ocurrió podremos decir si aquello nos convenía o no. Al final del día, recordemos, “los países no tienen amigos, sino intereses”.

Lo cierto es que nadie defiende a quien no se defiende a sí mismo. Una respuesta como la de Zelensky por parte de la oposición venezolana, es más necesaria que nunca. Son respuestas que cambian la historia.

En eso hay que trabajar.

 5 min


Edgar Benarroch

"VA DE RETRO SATANA"

"Va de retro satana" es una expresión latina que significa en castellano "Apártate , Satanas". Es una oración del medievo católico usada en el exorcismo. Esta frase fue pronunciada por Jesucristo, según el Evangelio de Marcos y dirigida a Pedro cuando éste, después de escuchar a Jesus decir que iba a Jerusalén para ser apresado, torturado y crucificado pero que al tercer día resucitaría, lo tomó por un bazo, lo apartó y le reprochó lo dicho. Jesus pensando que en ese instante Pedro había sido tocado por el demonio porque obstaculizaba la voluntad del Padre Eterno, dijo "Va de retro satana".

En la tradición católica actual la frase es utilizada para repeler cualquier posible mal. Las iniciales de esta fórmula (Va de retro satana) a menudo se ha grabado en medallas, particularmente en la de San Benito (Que la cruz sea mi luz. Que no sea el dragón mi señor, ¡Vete atrás, satanas¡ ).

Seguramente en algún momento hemos escuchado esta frase en el cine cuando un sacerdote católico trata de liberar a una persona víctima de posesión diabólica.

La medalla de San Benito surgió a causa de un proceso de brujería realizado en Baviera en 1647. El Papa Benedicto XIV la aprobó en 1742, incorporando al Ritual Romano la fórmula de su bendición. Como hemos dicho, en los bordes de esa medalla aparecen las letras iniciales de la oración Va de retro, que dice: "Que la Santa Cruz sea mi luz. Que no sea el dragón mi señor. ¡vete atrás satana¡". Nunca me persuadas con cosas vanas. Es malo lo que das de probar. Bebe tu propio veneno".

Hoy en nuestro país, parafraseando la anterior oración, podemos decir y decimos, Va de retro régimen totalitario, apártate de nosotros y colabora, aunque sea ésta y única vez, en buscar caminos para superar cuanto antes la enorme crisis en que nos encontramos.

Sabemos que nuestras oraciones deben ir acompañadas de acciones concretas, "A Dios rogando y con el mazo dando". "Ayúdate que yo te ayudaré", son sentencias que nos indican que debemos actuar y dada la profundidad del drama que padecemos debe ser desde ya, hemos dejado pasar mucho tiempo en observación y sufrimiento y se hace perentorio nuestro actuar.

Nuestra acción para que produzca resultados prácticos, rápidos y definitivos debe ser mancomunada, de todos en UNIÓN firme y combativa. Rogamos a Dios pero con el látigo en las manos para sacar a empujones a quienes detentan el poder que tanto daño y perjuicio le ha traído al país y cada uno de nosotros.

En este momento crucial de nuestra historia, no puede haber nada más importante, como el derecho a la vida, que salir de lo que tenemos y empezar la ardua tarea de construir un nuevo y mejor país donde podamos soñar y ver realizados nuestro sueños.

Va de retro régimen totalitario. Apártate de nosotros para siempre. Que se aparte y nos deje el camino libre de obstáculos para lograr un país próspero con bienestar y felicidad para todos. Lo hemos pedido de manera civilizada mil veces y el régimen no nos para, por ello debemos empujarlo hasta que salga y como queremos que sea cuanto antes, debemos hacerlo todos UNIDOS empleando nuestras fuerzas en el mismo sentido.

22 de mayo 2022

PARA VICTORIANOS YPARA QUIENES NO LO SON: MIGUEL ÁNGEL ÁLVAREZ , UN PERSONAJE

Miguel Ángel Álvarez Mudarra Muguerza, nació en La Victoria, Estado Aragua, en 1904 y murió en Maracay en 1975. Era hijo de Jesus María Álvarez y Belén Mudarra. El padre de la madre, su abuelo, Manuel María Mudarra, era hijo de Simona Muguerza, hija del general Pedro José Muguerza. Miguel Ángel fue un poeta de fina prosa y primer cronista de su ciudad natal.

Tuve la inmensa suerte de ser Concejal en La Victoria, capital del antes Distrito Ricaurte, durante el periodo 1969-1974 y ocasión de alternar con el poeta cronista muchas veces. En una ocasión con motivo de la programación para celebrar un aniversario de la Batalla de La Victoria ocurrida el doce de febrero de 1814, instituido como "Día de la juventud de Venezuela en Aragua", se realizó un encuentro de victorianos en los alrededores de la Plaza Ribas, iba para allá y me encontré al cronista parado en la "esquina de la CANTV", con su liqui liqui de lino blanco que acostumbraba, frente la Plaza y me detuve a hablar con él.

Le pregunté cómo estaba y me dijo, aquí viendo pasar gente y grupos de homosexuales, prostitutas, bandidos, mentirosos y locos. Yo estoy entre los locos, aunque aún no tiro piedras en la calle ni como caca, me agregó. Tú estás en los políticos jóvenes que Dios quiera tengan oportunidad de hacer de esta tierra lo que todos deseamos. Cuando conversábamos, una señora muy buen trajeada y con "permanente protuberante" apresurosamente caminaba hacia dónde estábamos nosotros y gritaba Miguel Ángel, Miguel Ángel, el poeta me pregunto, quien es esa que vocifera mi nombre y yo le dije, no la conozco pero parece de tu época.

La mujer se acerca, nos saluda y le dice a Miguel Ángel, hola, cómo estás, creo no te acuerdas de mí y él le responde, no, no me acuerdo de ti. Pues yo soy fulanita, hija de fulano y menganeja de tal; le responde el poeta, ya me acuerdo de ti, ha pasado mucho tiempo y él borra los recuerdos. La mujer se distancia un poco y le pregunta al cronista ¿Qué tal, como me ves? Y el responde con su portentosa voz, HORROROSA.

Ella hizo una mueca de confusión y dijo, tu y tus cosas. Se despidió y se fue. Me comentó el poeta luego, yo no estoy para dar flores inmerecidas, me emplazó y le dije lo que vi. Ciertamente la señora no era muy agraciada. Más adelante me dijo que en muchas veces la cortesía mata la verdad y ello no debe ser; la verdad primero y luego lo después. Así era Miguel Ángel, sincero en extremo y sin consideraciones que afectaran la verdad.

En una de nuestras conversaciones me habló de "Los macabeos" y si mal no recuerdo, me dijo: es una antigua historia transmitidas de generación en generación y se trata de cinco hermanos (los Muguerza) de padre español y madre victoriana. Ello murieron en la guerra. Un día General José Félix Ribas se acercó a la casa de la familia y les dijo, les tengo una mala noticia para ustedes y para la Patria, mataron a los muchachos. La madre victoriana respondió, General,la mala noticia es solo para mi y nosotros, para la Patria no , porque de los cinco ahora queda uno que la defenderá; ese hijo tenía diez años de edad.

Miguel Ángel era tataranieto del General Pedro José Muguerza, el mayor de los macabeos . Lo del nombre macabeo, se me escapó preguntarle al cronista sobre su origen; a lo mejor hace referencia a la rebelión de los judios que tuvo lugar en el año 160 antes de Cristo y que fue dirigida contra el imperio de entonces y la influencia helenística en la vida judía.

En 1967, con motivo de arribar Caracas a su cuatricentenario de fundación, también se abrió un debate sobre la fundación de La Victoria y entonces el señor Francisco Jaramillo, quien sustituyó después de su muerte a Miguel Ángel como cronista de la ciudad, le dirigió una carta publicada en "El Provinciano", periódico de la ciudad, donde precisa a Miguel Ángel ha pronunciarse de manera oficial y pública como cronista sobre quien fundó La Victoria y cuando.

El poeta le respondió en ese mismo periódico y en El Nacional, en los siguientes términos: "Si, que se ponga una placa de bronce, del color de la América India en el pórtico de nuestra hermosa Iglesia Mayor con la cara recia de un cacique indio, con la leyenda relativa a su rango y a su estirpe, como el primero y único fundador de este pequeño país tan lleno de maravillas y de embusteros". Esta ocurrencia del cronista dio pie a disparatadas versiones de una supuesta fundación de La Victoria por indígenas precolombinos que al parecer habitaban la zona. De La Victoria se sabe que el 18 de noviembre de 1620 fue erigida su Iglesia , pero no se sabe aún a ciencia cierta la fecha de la fundación de la ciudad y quien o quienes la propiciaron, esta discusión aún se mantiene. Estudiosos de la historia trabajan con mucha dedicación.

Rindo con esta nota honor a un victoriano de excepción, que como su hermana, Margoth Álvarez de Cardozo, eximia maestra de escuela primaria, dejó una honda e indeleble huella de ciudadanía de las mejores. Siempre es acertado que los buenos muertos sigan vivos para tener claro el camino a seguir. Los antecesores de Miguel Ángel Álvarez defendieron hasta el final la Patria y ofrendaron sus vidas por ella. Ellos y él deben seguir entre nosotros por siempre.

22 de mayo 2022

EN UNA SESIÓN DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS: ENTRE "PIPOTES".

En una sesión de la otrora Cámara de Diputados del Congreso de la República de Venezuela, en la que se discutía un tema de actualidad nacional, hizo uso de la palabra Manuel Alfredo Rodríguez y luego del análisis respectivo concluyó con su posición. Después habló Pablo Medina que haciendo referencia Manuel Alfredo pretendió descalificarlo y lo llamó "Pipote de grasa" (entonces era muy obeso). Manuel Alfredo; que estaba a mi lado, me dijo, a este "rufián" le responderé con sus palabras y esto dijo: A este sujeto, que no llamo colega porque somos muy diferentes, le digo que como es su costumbre nada positivo aportó a este debate y se dedicó a querer descalificarme, por supuesto no lo logró y nunca lo lograra y a llamarme pipote de grasa, yo prefiero ser un pipote de grasa y no un pipote de excrementos como tú lo eres. Este tipo de intercambios personales tan gruesos no era usual ni normal en las sesiones de la Cámara, pero se vieron casos, aislados, repito, donde, lamentablemente, la descalificación personal y hasta la ofensa se manifestaron.

Manuel Alfredo Rodríguez, ya lento al caminar y con problemas respiratorios, fumaba en exceso, siempre hacia buenos y sustanciosos aportes co intervenciones sustantivas y de alto contenido histórico y conceptual. Pablo era, no sé si aún lo es, muy contestatario, no recuerdo haberle escuchado una intervención de reconocimiento o elogio de alguien o de algo, siempre discrepaba de todo y a veces era bastante imaginativo. Como bien se entiende, entre Manuel Alfredo y Pablo existían serias diferencias que tocaban lo personal, no se saludaban. Al parecer todo proviene desde el Estado Bolívar.

Era relativamente ordinario en la Cámara de Diputados que mientras un parlamentario intervenía, el resto mantuviera conversaciones con el de al lado, el de atrás o de adelante, hasta había un sector en la parte atrás del salón de sesiones que llamábamos " dogaut " y que coordinaba "El chivo" Óscar Yáñez. Allí nos reuníamos, cuando la sesión era tediosa o de poco interés, a hablar de todo lo humano y divino. Habían oradores que provocaban la atención de todos los Diputados por su especificidad, densidad y talento, uno de ellos era Manuel Alfredo, que cuando utilizaba la tribuna de oradores utilizaba más tiempo de lo normal para ir desde su curul hasta la referida tribuna.

Cuánta falta nos hacen los Manuel Alfredo Rodríguez con sus enseñanzas, conceptos e historia y los Pablo Medina con su protesta y comportamiento contestatario frecuentes que nos alertaba.

Antes, el Congreso de la República llenaba un espacio muy importante en la vida de la Nación, ahora la Asamblea Nacional transcurre con muchas penas y sin glorias. Allí están levanta manos incondicionales del régimen y actores cómplices del desastre nacional y del malestar de todos los venezolanos. Qué distinto era aquello y que horror lo que hoy tenemos.

24 de mayo de 2022

 9 min


Timothy Snyder

El fascismo nunca fue derrotado como idea.

Como culto a la irracionalidad y la violencia, no podía ser derrotado como argumento: mientras la Alemania nazi parecía fuerte, los europeos y otros se sentían tentados. Fue solo en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial que el fascismo fue derrotado. Ahora ha vuelto, y esta vez, el país que lucha en una guerra fascista de destrucción es Rusia. Si Rusia gana, los fascistas de todo el mundo se consolarán. Nos equivocamos al limitar nuestros miedos al fascismo a cierta imagen de Hitler y el Holocausto.

El fascismo era de origen italiano, popular en Rumania —donde los fascistas eran cristianos ortodoxos que soñaban con limpiar la violencia— y tenía adeptos en toda Europa (y América). En todas sus variedades, se trataba del triunfo de la voluntad sobre la razón. Por eso, es imposible definirlo satisfactoriamente.

La gente no está de acuerdo, a menudo con vehemencia, sobre lo que constituye el fascismo. Pero la Rusia de hoy cumple con la mayoría de los criterios que los académicos tienden a aplicar. Tiene un culto en torno a un solo líder, Vladimir Putin. Tiene un culto a los muertos, organizado alrededor de la Segunda Guerra Mundial. Tiene el mito de una edad de oro pasada de grandeza imperial, que será restaurada por una guerra de violencia curativa: la guerra asesina contra Ucrania.

No es la primera vez que Ucrania ha sido objeto de una guerra fascista. La conquista del país fue el principal objetivo de guerra de Hitler en 1941. Hitler pensó que la Unión Soviética, que entonces gobernaba Ucrania, era un estado judío: planeó reemplazar el gobierno soviético por el suyo propio y reclamar el fértil suelo agrícola de Ucrania. La Unión Soviética moriría de hambre y Alemania se convertiría en un imperio. Imaginó que esto sería fácil porque la Unión Soviética, en su opinión, era una creación artificial y los ucranianos un pueblo colonial. Las similitudes con la guerra de Putin son sorprendentes. El Kremlin define a Ucrania como un estado artificial, cuyo presidente judío demuestra que no puede ser real. Después de la eliminación de una pequeña élite, se piensa, las masas incipientes aceptarían felizmente el dominio ruso.

Hoy es Rusia la que está negando la comida ucraniana al mundo, amenazando con una hambruna en el sur global. Muchos dudan en ver a la Rusia de hoy como fascista porque la Unión Soviética de Stalin se definió a sí misma como antifascista. Pero ese uso no ayudó a definir qué es el fascismo, y hoy en día es más que confuso.

Con la ayuda de aliados estadounidenses, británicos y otros, la Unión Soviética derrotó a la Alemania nazi y sus aliados en 1945. Sin embargo, su oposición al fascismo fue inconsistente. Antes del ascenso de Hitler al poder en 1933, los soviéticos trataban a los fascistas como una forma más de enemigo capitalista. Los partidos comunistas en Europa debían tratar a todos los demás partidos como enemigos. Esta política en realidad contribuyó al ascenso de Hitler: aunque superaban en número a los nazis, los comunistas y socialistas alemanes no pudieron cooperar. Después de ese fiasco, Stalin ajustó su política y exigió que los partidos comunistas europeos formaran coaliciones para bloquear a los fascistas. Eso no duró mucho. En 1939, la Unión Soviética se unió a la Alemania nazi como aliado de facto y las dos potencias invadieron Polonia juntas. Los discursos nazis se reimprimieron en la prensa soviética y los oficiales nazis admiraron la eficiencia soviética en las deportaciones masivas. Pero los rusos de hoy no hablan de este hecho, ya que las leyes de memoria tipifican como delito hacerlo.

La Segunda Guerra Mundial es un elemento del mito histórico de Putin sobre la inocencia rusa y la grandeza perdida: Rusia debe disfrutar del monopolio del victimismo y la victoria. El hecho básico de que Stalin permitió la Segunda Guerra Mundial al aliarse con Hitler debe ser indecible e impensable. La flexibilidad de Stalin sobre el fascismo es la clave para entender a Rusia hoy.

Bajo Stalin, el fascismo fue primero indiferente, luego fue malo, luego estuvo bien hasta que, cuando Hitler traicionó a Stalin y Alemania invadió la Unión Soviética, volvió a ser malo. Pero nadie definió nunca lo que significaba. Era una caja en la que se podía poner cualquier cosa. Los comunistas fueron purgados como fascistas en juicios espectáculo. Durante la Guerra Fría, los estadounidenses y los británicos se convirtieron en fascistas. Y el “antifascismo” no impidió que Stalin atacara a los judíos en su última purga, ni que sus sucesores fusionaran a Israel con la Alemania nazi. El antifascismo soviético, en otras palabras, era una política de nosotros y ellos. Esa no es una respuesta al fascismo. Después de todo, la política fascista comienza, como dijo el pensador nazi Carl Schmitt, a partir de la definición de un enemigo. Debido a que el antifascismo soviético solo significaba definir un enemigo, le ofreció al fascismo una puerta trasera a través de la cual regresar a Rusia.

En la Rusia del siglo XXI, el “antifascismo” se convirtió simplemente en el derecho de un líder ruso a definir enemigos nacionales. A los fascistas rusos reales, como Aleksandr Dugin y Aleksandr Prokhanov, se les dio tiempo en los medios de comunicación. Y el propio Putin se basó en el trabajo del fascista ruso de entreguerras Ivan Ilyin. Para el presidente, un “fascista” o un “nazi” es simplemente alguien que se opone a él o a su plan para destruir Ucrania. Los ucranianos son “nazis” porque no aceptan que son rusos y se resisten.

Un viajero en el tiempo de la década de 1930 no tendría dificultad en identificar al régimen de Putin como fascista. El símbolo Z, las manifestaciones, la propaganda, la guerra como acto de limpieza de la violencia y los pozos de muerte alrededor de las ciudades ucranianas lo dejan todo muy claro. La guerra contra Ucrania no es solo un regreso al campo de batalla fascista tradicional, sino también un regreso al lenguaje y la práctica fascista tradicional. Otras personas están ahí para ser colonizadas. Rusia es inocente debido a su antiguo pasado. La existencia de Ucrania es una conspiración internacional. La guerra es la respuesta.

Debido a que el Sr. Putin habla de los fascistas como el enemigo, es posible que nos resulte difícil comprender que, de hecho, podría ser un fascista. Pero en la guerra de Rusia contra Ucrania, "nazi" simplemente significa "enemigo infrahumano", alguien a quien los rusos pueden matar. El discurso de odio dirigido a los ucranianos hace que sea más fácil asesinarlos, como vemos en Bucha, Mariupol y cada parte de Ucrania que ha estado bajo la ocupación rusa. Las fosas comunes no son un accidente de guerra, sino una consecuencia esperada de una guerra fascista de destrucción.

Fascistas llamando a otras personas "fascistas" es el fascismo llevado a su extremo ilógico como un culto a la sinrazón. Es un punto final donde el discurso del odio invierte la realidad y la propaganda es pura insistencia. Es el apogeo de la voluntad sobre el pensamiento. Llamar fascistas a los demás siendo fascista es la práctica putinista esencial. Jason Stanley, un filósofo estadounidense, lo llama "propaganda de socavamiento". Lo he llamado “esquizofascismo”. Los ucranianos tienen la formulación más elegante. Lo llaman “ruscismo”.

Entendemos más sobre el fascismo que en la década de 1930. Ahora sabemos a dónde llevó, debemos reconocer el fascismo, porque entonces sabemos a lo que nos enfrentamos. Pero reconocerlo no es deshacerlo. El fascismo no es una posición de debate, sino un culto a la voluntad que emana ficción. Se trata de la mística de un hombre que cura el mundo con violencia, y será sostenida por la propaganda hasta el final. Solo se puede deshacer mediante demostraciones de la debilidad del líder.

El líder fascista tiene que ser derrotado, lo que significa que aquellos que se oponen al fascismo tienen que hacer lo necesario para derrotarlo. Sólo entonces los mitos se derrumban. Como en la década de 1930, la democracia está en retirada en todo el mundo y los fascistas se han movilizado para declarar la guerra a sus vecinos. Si Rusia gana en Ucrania, no será solo la destrucción de una democracia por la fuerza, aunque eso ya es bastante malo. Será una desmoralización para las democracias en todas partes. Incluso antes de la guerra, los amigos de Rusia —Marine Le Pen, Viktor Orban, Tucker Carlson— eran enemigos de la democracia. Las victorias fascistas en el campo de batalla confirmarían que el poder hace el bien, que la razón es para los perdedores, que las democracias deben fracasar.

Si Ucrania no se hubiera resistido, esta habría sido una primavera oscura para los demócratas de todo el mundo. Si Ucrania no gana, podemos esperar décadas de oscuridad.

20 de mayo 2022

Polis

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Benjamín Tripier

A medida que el chavismo fue incursionando en la economía de mercado, se iba creando la incertidumbre de si podía o no podía haber un retroceso a la economía propuesta por el Plan de la Patria. Mercado versus controles, en una pulseada permanente, que aún sigue vigente, desde que se derogó la ley de ilícitos cambiarios, que funcionó como si se le quitara un tapón al flujo económico, que habilitó a que muchas cosas comenzaran a mejorar.

A partir de allí no hubo más modificaciones de leyes, pero sí hubo “desaplicaciones” que comenzaron a mostrar que a medida que el Estado y sus controles se replegaban de la economía, milagrosamente el desabastecimiento y la escasez desaparecieron, y el sistema de precios de referencia fue encontrando nuevos equilibrios.

Claro que la libre circulación del dólar, que, sin ser una moneda de curso legal, ayudó a la estabilidad, favoreció la transaccionalidad, porque ahora ya no era necesario tener bolívares para transar… ahora, en cualquier negocio se aceptaban dólares en las más diversas formas posibles: desde el billete usado y viejo de un dólar, pasando por los más nuevos, hasta todo tipo de instrumento de pago o transferencia.

Aun así, la incertidumbre del retroceso reaparecía de tanto en tanto; con lo del IGTF, los niveles de desconfianza aumentaron, porque era la señal de que el radicalismo económico de la revolución, seguía allí, acechando y esperando su oportunidad. De hecho, el temor sobre el aumento del ingreso petrolero, podía significar mayor capacidad para financiar ese regreso al radicalismo económico, con los controles sueltos en la calle, las prohibiciones, y las tomas, nacionalizaciones y expropiaciones que todo lo anterior implica.

No obstante, el tema IGTF está siendo internalizado y las empresas formales lo están considerando, y las que no lo son tanto, pues lo están ignorando. Es cierto que ahora hay más uso de bolívares, pero no tanto como para cambiar tendencia. O sea que el radicalismo lo intentó, y no le funcionó. Pero claro… la ley del IGTF le da todavía un espacio de presión que podría llegar del 3% actual, al 20% máximo previsto. Si vemos que lo aumentan, entonces podremos entender que siguen intentándolo.

Una primera conclusión es que el tema dólar ya se instaló en la sociedad, y que por más que le pongan trabas, continuará su asentamiento, hasta que, por fuerza de los usos y costumbres. termine aceptándose como una moneda de curso legal, sin que por eso el bolívar deje de ser la moneda de Venezuela.

Este nuevo tema de que el gobierno ofrezca en la Bolsa de Valores de Caracas entre el 5% y el 10% de empresas públicas como Cantv y Movilnet, las empresas mixtas petroleras, empresas de gas e industrias de hierro y acero, es un paso más en el sentido de liberalización de los mercados en Venezuela. El anuncio tiene un sentido táctico concreto, que es el expresado por el presidente: “Necesitamos capital para el desarrollo de las empresas públicas”; pero también un sentido estratégico asociado al traspaso al sector privado de las empresas que opera sin éxito el Estado. Y al hacerlo a través del mercado de capitales ―que es algo que personalmente vengo proponiendo desde hace tiempo― no solo transparenta el verdadero estado de esas empresas, sino que dificulta la posibilidad de un stepback y que los radicales vuelvan por sus fueros revolucionarios.

O sea que, a la dolarización y flexibilización de la economía, ahora se suma la salida al mercado de las empresas públicas; si se unen los puntos, ya se puede ver con mayor claridad un nuevo sentido de dirección. Pero como aún despierta desconfianza, habrá que ver más señales para que termine siendo algo más sólido que una coyuntura.

Les decía que el aumento del nivel de actividad que ha llamado la atención aquí y en el mundo se debía principalmente al tramo transaccional de última milla de nuestra economía. Y que sería bueno que, en vez de nutrirse principalmente de productos finales importados, también comenzará a transar bienes locales con mayor agregación de valor.

Bueno… hay que reconocer que el número de utilización de planta que publicó Conindustria del 29%, en comparación al 18%-20% de hace un año, es una señal alentadora de que la actividad económica está encontrando mayor profundidad; pese a que, con un dólar atrasado, la liberación de los aranceles de importación no lo alientan. Pero bueno…los números (que son creíbles por la fuente) hablan e indican que la actividad ya no es solo cuantitativa y superficial, sino que va adquiriendo mejores perfiles de calidad y de profundidad. Ojalá siga en esa dirección.

Lo anterior es lo que he dado en llamar el “neochavismo”, que es la evolución necesaria que permita recuperar los niveles de actividad y se reduzca la pobreza. Se nota un nuevo posicionamiento político que está tratando de dejar atrás los postulados de la revolución, aunque será difícil ocultar los daños profundos que causó, y el aislamiento mundial al que nos llevó.

Recomendación

Al gobierno:

…Que ordene a los líderes de las diferentes empresas públicas a abocarse a un proceso de revisión interna, para hacer frente a los requerimientos de los estructuradores que vayan a ocuparse de la salida al mercado de los paquetes accionarios mencionados por el presidente

A la dirigencia de la oposición:

…Que la Plataforma Unitaria consiga la adhesión de la cantidad de dirigentes medios y bajos que están pensando que esto no tiene solución, y que “el chavismo es para siempre”. Esto que lograron es solo el principio de algo, que, si no muestra acciones de oposición contundentes, se quedará en las cúpulas y no conseguirán adhesiones duras y genuinas

A los dirigentes empresarios:

…Que eviten caer en la trampa del pronunciamiento político, para un lado o para el otro, porque les dará malos resultados. En un período de tres años ―nada en términos de país― invitaron a Guaidó y a los hermanos Rodríguez, apoyando a cada uno en su momento.

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Fernando Mires

Decía Kant que entre moral y política no hay ninguna contradicción, y cuando esta aparece, algo anda mal en la política, o algo anda mal en la moral. En consecuencia, si esta contradicción es constatada, importa mucho realizar el correspondiente ajuste para que moral y política no aparezcan desfasadas entre sí. Lo expuesto no significa que Kant hubiera dicho que política y moral sean lo mismo. Solo afirmó que la política no debe prescindir de un sustrato moral, lo que es distinto. En ese sentido Kant puede ser visto como un anti-Maquiavelo.

Pero que Maquiavelo haya separado a la moral de la política no se debe a que Maquiavelo hubiera sido muy maquiavélico, sino al simple hecho de que en su tiempo la razón política estaba recién apareciendo en contraposición a la razón teológica. Maquiavelo, de ahí viene su gloria, intentó emancipar a la política del pensar teológico, y lo logró. Ese mérito nadie se lo va a quitar. Pero transformar a la política en la simple consecución de objetivos sin atender a razones morales, no se le ocurrió ni siquiera al mismo Maquiavelo.

Para zanjar el litigio entre Kant y Maquiavelo, si es que hay uno, podríamos decir que, para Kant, si el político no debe ser un moralista, su acción debe estar situada en el marco de una constitución y de unas leyes, hijas genéticas de la razón moral. Mientras que para Maquiavelo la moral se deducía del poder, para Kant el poder se deducía de la moral (y de la Ley)

Una moral que no solo está en las leyes sino en su espíritu, agregaría con precisión Montesquieu, dando forma sintética a la frase de Kant, quien afirmaba que cuando no hay ley que legitime un acto, hay que actuar como si existiera una. Ese fue tal vez el motivo que llevó al kantiano Jürgen Habermas a percibir que entre la indignación moral que provocan los crímenes de Putin y una política necesaria para impedir una escalada de la guerra a Ucrania, hay algo que no encaja bien.

Las opiniones de Jürgen Habermas

Según Habermas, el compromiso moral de algunos gobiernos occidentales al apoyar a Ucrania no es excluyente con una actitud pragmática orientada a buscar una salida que no pase necesariamente por una guerra mundial y su consecuente holocausto nuclear. Ese término medio no lo conoce Habermas, ni nadie. Su ensayo titulado Guerra e Indignación, debe ser considerado como un llamado a buscar ese término medio. Por cierto, la argumentación de Habermas es mucho más matizada que esta conclusión. Podemos estar o no de acuerdo con el filósofo-sociólogo alemán. Pero es evidente que realiza un esfuerzo por buscar una política de guerra a partir de las condiciones que esa guerra determina. Todo político que se precie de tal, debería leer este breve ensayo de Habermas.

Habermas comienza su ensayo defendiendo al Canciller Olaf Scholz, muy criticado por los medios debido a sus indecisiones, vacilaciones y contradicciones para enviar armamento, sobre todo de artillería pesada, a Ucrania. Pero según Habermas, Scholz está obligado a actuar de modo dubitativo y reflexivo puesto que Alemania y Occidente caminan sobre terreno fangoso. Cada paso debe ser calculado con precisión y cautela a fin de no desatar una escalamiento que obligará a Occidente a ser parte explicita de la guerra (implícita ya lo es, olvidó decir Habermas).

Según Habermas, al no ser parte explícita de la guerra, Europa se ha atado las manos. Está encerrada en un dilema, escribe. Tal vez deberá elegir entre dos males: «la derrota de Ucrania o la conversión de un conflicto limitado en una tercera guerra mundial». Sin embargo, hay caminos que están moral y políticamente vedados, pues Europa no puede ni debe dejar jamás a Ucrania librada a su suerte. Justamente este es el punto que diferencia a Habermas de los signatarios de una carta de algunos intelectuales y artistas que pedían a Scholz no enviar armamento pesado a Ucrania.

Para Habermas no hay que capitular frente a la política del miedo ni tampoco dejarse chantajear por el dictador ruso. Pero a la vez, reconoce Habermas, el chantaje es inevitable pues «la amenaza nuclear por parte de Rusia depende de que Occidente crea capaz a Putin de utilizar armas de destrucción masiva». ¿Creerle o no? No hay ningún motivo para no creerle, piensa Habermas.

Habermas, en contra de su sobria costumbre, no pierde palabra para adjetivar de modo negativo al dictador ruso. Estamos frente una persona imprevisible, dominado por ideologías arcaicas, y aconsejado por ideólogos fascistas – esa es su opinión-. Y bien, precisamente estas deformaciones humanas son las que convierten paradojalmente a Putin en agresor y a la vez en el conductor de la guerra. Puede que Putin esté verdaderamente loco. Pero lo esté o no, lo decisivo es que lo crean loco. Gracias a esa locura, real o supuesta, está en condiciones de decidir sobre el curso de la guerra. «Esto» – dice Habermas – «proporciona al bando ruso una ventaja asimétrica sobre la OTAN, la cual, debido a las dimensiones apocalípticas de una guerra mundial – con la participación de cuatro potencias nucleares – no quiere convertirse en parte beligerante». Dicho de modo más popular, Putin tiene tomada la sartén por el mango. Su chantaje puede resumirse así: o me dejan apoderarme de Ucrania, o volamos todos.

¿Simple jaque o jaque mate?

Occidente, según Habermas, no puede dejar de apoyar a Ucrania, pero tampoco puede hacerlo con todo su arsenal so pena de desatar un escalamiento del delirante dictador ruso. Habermas no se engaña en ese punto. Sabe muy bien que si Putin se apodera del estado y del gobierno en Ucrania, las horas para Moldavia, Georgia y los países de la región balcánica, estarán contadas. Putin ha descubierto la amenaza atómica como arma de guerra y con ella ha puesto en jaque a Occidente. Todavía no es un jaque mate. Por eso mismo, parece pensar Habermas, hay que buscar una salida. En esa búsqueda, la prudencia y el cálculo racional son indispensables. Para jugar ese juego, aconseja Habermas, hay que dejar de lado toda actitud heroica.

Vivimos un periodo post-heróico, aduce Habermas. Los soldados, por los menos los occidentales, son profesionales a quienes pagamos para que nos defiendan. La guerra, para Occidente, es y debe ser una actividad instrumental, aunque sometida a una razón que viene de la moral. En otros términos, podría afirmarse que, dadas las condiciones en las que está siendo librada la guerra contra Ucrania, no hay que esperar ganar ni perder en forma definitiva y para siempre. Después de ese veredicto, el Canciller Scholz repetiría casi textualmente las palabras de Habermas: «Ucrania no puede perder esta guerra». Pero ni el uno ni el otro dijo: «Ucrania debe ganar esta guerra».

La diferencia entre no perder y ganar, aparentemente sutil, reside en que Ucrania, para no perder la guerra, no puede derrotar en términos definitivos al enemigo.

De una u otra manera, ambos bandos, para no perder la guerra, estarán obligados a hacer mutuas concesiones. De eso precisamente se trata: del curso de la guerra dependerán las concesiones que deberán hacer los unos o los otros y no como parece pensar Habermas, de las concesiones el curso de la guerra. El problema adicional es que hasta ahora Putin no ha mostrado la menor voluntad para hacer alguna concesión. Su desorbitado objetivo es reconstruir a la antigua Rusia imperial y así crear un nuevo orden mundial. ¿Cómo hacer frente a un enemigo que amenaza nada menos que con una inmolación colectiva? O preguntando otra vez en términos ajedrecistas: ¿qué hacer contra un jugador que amenaza con patear el tablero antes de reconocer un jaque? Podemos creerle, pero también no creerle, repetimos. Y bien, esa duda, es la que mantiene frenado a Occidente en su defensa a Ucrania. Pero por otro lado Ucrania no es negociable. ¿Cómo salir de ese problema? La salida no está dada: hay que buscarla. Ese es el muy modesto mensaje de Habermas.

Como seres racionales, la gran mayoría de los políticos occidentales está de acuerdo en que como en muchas guerras, la que tiene lugar en Ucrania deberá generar una salida negociada. El problema es que Putin, al estar empeñado en la anexión total de Ucrania, no quiere (todavía) negociar, y así puede continuar usando a la amenaza nuclear como extorsión (o bajo tortura, dice la profesora Adela Cortina) sin necesidad de buscar el diálogo con el enemigo. El objetivo entonces (esto no lo dice Habermas) debería ser, obligar a Putin a negociar. Ese es el punto que en líneas generales separa a los políticos de Occidente en dos grupos.

A un lado, los de tipo “kantiano”, a los que pertenece Habermas, piensan que la ayuda militar a Ucrania debe practicar una autocontención a fin de no constituirse en parte oficial de la guerra y así impedir que Putin lleve sus amenazas hacia un escalamiento irreversible en donde la guerra deberá ser decidida con el uso de armas atómicas.

El otro grupo, al que podríamos denominar “maquiavélico”, aduce que nunca Putin llegará a la negociación si no es obligado. Y para obligarlo se hace necesario expulsarlo de Ucrania. El grupo “kantiano”, apela al poder de la razón. El grupo “maquiavélico”, en cambio, a la razón del poder.

Y como el poder, en una guerra se decide con armas, las precondiciones de la negociación deberán ser deducidas desde el propio terreno militar. Esa, a mi entender, es la verdadera diferencia que separa a los políticos democráticos de Occidente, y no esa división caricaturizada por Habermas entre quienes “solo pueden imaginar la guerra desde la alternativa entre la victoria y la derrota, y los que “saben que las guerras contra una potencia nuclear ya no se pueden “ganar” en el sentido tradicional”. No, no es así.

Todos sabemos que en guerras sobre las que se ciernen amenazas nucleares, no puede haber victorias ni derrotas totales. Incluso los que gritan: “Putin a la Haya”, saben que eso es un deseo imposible de ser cumplido. Luego, la diferencia radical entre los dos sectores se puede resumir en una pregunta y después en una sub-pregunta: La pregunta: ¿Cómo evitar que la guerra se convierta en nuclear sin entregar Ucrania a Putin? La sub-pregunta:¿Haciendo concesiones militares o infligir derrotas a Putin que lo obliguen a negociar no a Ucrania, sino con Ucrania y con el Occidente democrático?

Nadie está pidiendo que Putin pida perdón y se rinda. Basta que reconozca a Ucrania como lo que es: una nación independiente y soberana, tan independiente y soberana como es Rusia.

Ese punto, lamentablemente, no lo afirma Habermas con decisión. Con cierta razón, Slavoj Žižek critica al ensayo de Habermas al sugerir que la intención del filósofo alemán es mostrar a una Alemania amenazada por dos chantajes: el atómico de Rusia y el moral de Ucrania. Sin embargo, por el respeto que me merece Habermas, prefiero interpretarlo de otro modo: el dilema de Alemania, de Europa y de Occidente, es elegir entre la amenaza de un chantaje atómico y una obligación moral y política ineludible con Ucrania Hay que ir a negociar, por supuesto. Más todavía: hay que obligar a Putin si es preciso con las armas, a negociar. Pero el tema de la independencia de Ucrania no puede estar sobre la mesa de ninguna negociación.

Escenarios

Sin la sabia reflexibilidad de Habermas, pero gracias a su experiencia política, el ex ministro de relaciones exteriores de Alemania, Joschka Fischer, ha oteado el horizonte bélico de un modo diferente, hasta llegar a dibujar tres escenarios que complementan el dualismo habermasiano (guerra nuclear – obligación moral)

El primer escenario de Fischer es el más temido por Habermas. Pero también es al que más hay que evitar, a saber, que la OTAN se vea arrastrada a un conflicto directo con Rusia, desatándose una guerra continental, y con ella, la posibilidad de un conflicto nuclear.

El segundo escenario tendría lugar si Putin, aun utilizando los medios más brutales de lucha, no logre someter a Ucrania. Pero como los líderes rusos actuales seguirían al mando – deduce Fischer- «lo mejor que se podría afirmar es que Ucrania no habría perdido y Putin no habría ganado». Esa parece ser también la tesis habermasiana.

El tercer escenario, al que Fischer, después de las atrocidades cometidas por el ejército ruso en Bucha y otros lugares, no ve como posible, sería «una suerte de tregua basada en algún tipo de compromiso negociado».

Probablemente Fischer sabe muy bien que los llamados escenarios son solo construcciones abstractas basados sobre la realidad actual la que seguramente irá cambiando en la medida en que los acontecimientos vayan precipitándose. Lo más seguro entonces es que no se dé ninguno de estos escenarios, y la alternativa que aparezca sea una combinación de ellos y otros imaginados por la inagotable fantasía humana. El pasado existió, el futuro no existe y el presente está existiendo.

Putin está matando a mucha gente, inspirado en un pasado imaginario y en función de un futuro inexistente. Esa es la locura que hay que parar. Ni Habermas el filósofo, ni Fischer el político, saben cómo. Para ser honestos, nadie lo sabe. Hay que aprenderlo. Lo único claro, y en ese punto coincidimos con Fischer, es que Europa, después de esta absurda guerra, nunca volverá a ser la misma que conocimos. La utopía de una Europa sin guerras deberá ser postergada para otra ocasión.

«Ahora tiene la palabra el camarada Mauser», escribió una vez Bertold Brecht. Eran, claro está, otros tiempos. Hoy habría que decir «Ahora tiene la palabra el camarada misil». El detalle es que ninguno de ambos camaradas, ni el fusil ni el misil, sabe hablar. Solo saben matar. No debemos darles nunca la palabra. El idioma de las armas es el de Putin. El de Occidente debe ser, no renunciar nunca a la palabra, o lo que es igual, a la política. Pero no desde fuera –en esto estarían de acuerdo Maquiavelo y Kant– sino desde los interiores más oscuros de la guerra. De una que Occidente nunca ha querido ni buscado. La guerra, en fin, es hoy la realidad. Desde ahí hay que comenzar a pensar.

Textos de referencia:

Adela Cortina – ¿NEGOCIACIÓN BAJO TORTURA? (polisfmires.blogspot.com)

Joschka Fischer – LA GUERRA A UCRANIA Y EUROPA (polisfmires.blogspot.com)

JÜRGEN HABERMAS – ¿HASTA DÓNDE APOYAMOS A UCRANIA? (polisfmires.blogspot.com)

POLIS : ARTÍCULOS DE FERNANDO MIRES SOBRE LA GUERRA DE RUSIA A UCRANIA (polisfmires.blogspot.com)

SLAVOJ ŽIŽEK – HÉROES DEL APOCALIPSIS (polisfmires.blogspot.com)

Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista Político, Escritor, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol. Fundador de la revista POLIS, Político,

Twitter: @FernandoMiresOl

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