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Opinión

Thomas L. Friedman

La década pasada lucía bien para los regímenes autoritarios y desafiante para los democráticos. Las ciber herramientas, los drones, la tecnología de reconocimiento facial y las redes sociales parecían hacer que los líderes autoritarios eficientes fueran aún más eficientes y las democracias, cada vez más ingobernables.

El mundo occidental perdió la confianza en sí mismo, y los líderes rusos y chinos se lo restregaron e hicieron correr la voz de que los caóticos sistemas democráticos eran una fuerza que se había agotado.

Y luego sucedió algo inesperado: Rusia y China se extralimitaron.

Vladimir Putin invadió Ucrania y, para su sorpresa, provocó una guerra indirecta con la OTAN y Occidente. China insistió en que era lo suficientemente inteligente como para crear una solución local a una pandemia, con lo que dejó a millones de chinos desprotegidos y, en la práctica, inició una guerra contra uno de los virus más contagiosos de la Madre Naturaleza: la mutación ómicron del SARS-CoV-2. Esto ha llevado a China a imponer cierres en todo Shanghái y en partes de otras 44 ciudades, lo que afecta a unos 370 millones de personas.

En pocas palabras, Moscú y Pekín se están enfrentando a fuerzas y sistemas mucho más poderosos e implacables de lo que habían pensado. Y esas batallas están exhibiendo, al mundo entero y a sus poblaciones, las debilidades de sus sistemas. Ahora el mundo tiene que preocuparse por la inestabilidad en los dos países.

Temamos.

Rusia es un proveedor clave de trigo, fertilizantes, petróleo y gas natural para el mundo. Y China es el origen o un eslabón crucial de miles de cadenas mundiales de suministro industrial. Si Rusia está aislada y China está cerrada por un periodo de tiempo prolongado, todos los rincones del planeta resultarán afectados. Esta situación ya no es una posibilidad impensable.

Comencemos con Putin. Se tranquilizaba con la idea de que como su ejército había aplastado a un grupo variopinto de opositores militares en Siria, Georgia, Crimea y Chechenia, podría acabar con rapidez con un país de 44 millones de personas, Ucrania, que durante la última década se había estado moviendo hacia Occidente y tácitamente estaba siendo armado y entrenado por la OTAN.

Hasta ahora, ha sido una debacle militar y económica para Rusia. Pero lo que es igual de importante: ha mostrado con precisión lo mucho que el “sistema” de Putin se sustenta en mentir hacia arriba —todos les dicen a sus superiores lo que quieren oír, hasta a Putin— y en perforar hacia abajo, para extraer los recursos naturales de Rusia, con lo que unos cuantos rusos se han enriquecido en lugar de liberar los recursos humanos del país y empoderar a la mayoría.

La Rusia de Putin se basa básicamente en petróleo, mentiras y corrupción, y ese no es un sistema que pueda resistir.

Se podía ver desde el preludio de la guerra, cuando Putin celebró una reunión televisada con sus principales asesores de seguridad nacional y nada menos que Serguéi Naryshkin, el director del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia, lucía confundido sobre qué mentira era la que Putin quería que le contara.

Putin dijo que se debería permitir que las provincias de Donetsk y Luhansk, en el este de Ucrania, se convirtieran en Estados independientes, y, para confirmarlo, le preguntó a sus asesores. Pero Naryshkin parecía pensar que Putin quería que le dijeran que los dos territorios deberían anexarse a Rusia. Mientras Naryshkin tartamudeaba con la respuesta equivocada, Putin, sin una pizca de ironía, le dijo dos veces que “hablara directamente”, como si eso fuera posible en la Rusia de Putin. Solo después de que Naryshkin le dijera a Putin la mentira que quería oír, Putin espetó: “Puedes sentarte ahora”.

¿Cuántos militares rusos que vieron esa humillación estaban listos para decirle a Putin la verdad sobre Ucrania cuando la guerra empezó a ir mal? Cuando el ejército ruso se enfrentaba a sus enemigos en Georgia, Siria, Crimea y Chechenia, Rusia podía simplemente bombardear indiscriminadamente cualquier problema. Pero ahora que el ejército de Putin combate contra el muy motivado ejército de Ucrania y su industria armamentista, respaldada por armas de precisión más sofisticadas de la OTAN y entrenamiento de la organización, ha comenzado a mostrarse la podredumbre. Las fuerzas logísticas y de tanques de Rusia quedaron despedazadas y ahora yacen como depósitos de chatarra en el oeste de Ucrania.

Y es difícil ponderar lo incompetente que tuvo que ser la Marina rusa para permitir que el buque de guerra al mando de su Flota del mar Negro, el crucero lanzamisiles Moskva, fuera impactado, según se informa, por dos misiles antibuque desarrollados por los ucranianos, llamados Neptuno, y sufriera daños tan graves como para que se hundiera la semana pasada. Se trata de la mayor pérdida en 40 años de un barco naval en combate.

Para que el buque ruso insignia, a cargo de coordinar todas las defensas aéreas de la flotilla, que llevaba 64 misiles de defensa aérea S-300F Rif, fuera eliminado por misiles antibuque enemigos tuvo que haber pasado una serie de fallas en la detección y respuesta a un ataque.

Por si fuera poco, los misiles Neptuno no son necesariamente “destructores de embarcaciones”. Es más probable que fueran diseñados para ser “destructores de misiones”, pensados para desactivar el radar y el sistema electrónico de navíos sofisticados como el Moskva, no para hundirlos.

Así que compadezco al comandante que tuvo que decirle a Putin que el buque de guerra más imponente y aterrador de Rusia en el mar Negro —su favorito, según los rumores— había sido hundido por un misil ucraniano lanzado por primera vez en una guerra.

China es un país mucho más serio que Rusia: no se sostiene en el petróleo, las mentiras y la corrupción (aunque tiene mucho de esto último), sino en el trabajo duro y los talentos de manufactura de su población, dirigida de manera férrea y vertical por el Partido Comunista Chino, que es inflexible pero parecía ansioso por aprender del extranjero. En el pasado, al menos, estaba ansioso por aprender, pero recientemente menos.

El éxito económico de China, y el sentimiento de orgullo derivado de este, parece haber hecho pensar a sus líderes que era posible enfrentarse solos a una pandemia. Al producir sus propias vacunas, en lugar de importar mejores vacunas de Occidente, y al utilizar su eficiente sistema autoritario de vigilancia y control para detener los viajes, realizar pruebas masivas y poner en cuarentena a cualquier persona o vecindario donde aparezca la COVID-19, China apostó por una política de “cero covid”. Si lograran superar la pandemia con menos muertes y una economía más abierta, enviarían otra señal al mundo, una gran señal: el comunismo chino es superior a la democracia estadounidense.

Pero Pekín, mientras se mofaba de Occidente, se volvió asombrosamente negligente al vacunar a sus mayores. No fue un factor tan importante cuando China pudo detener la propagación de variantes anteriores del coronavirus con sus estrictos controles de población. Pero ahora sí es relevante, porque las vacunas chinas Sinopharm y Sinovac, aunque son efectivas para reducir la hospitalización y la muerte, parecen no ser tan efectivas contra la variante ómicron como las vacunas de ARNm fabricadas en Occidente. En China, más de 130 millones de personas “de 60 años o mayores no están vacunadas o han recibido menos de tres dosis”, lo que las pone “en mayor peligro de desarrollar síntomas graves de covid o morir si contraen el virus”, informó The Financial Times recientemente, citando un estudio de la Universidad de Hong Kong.

Esto ha llevado al gobierno chino a optar por el cierre total de Shanghái, que ha sido tan mal gestionado que, según los reportes, los residentes han tenido que pelear por comida.

David L. Katz, un experto en salud pública y medicina preventiva de Estados Unidos y quien escribió al inicio de la pandemia uno de los primeros ensayos sobre cómo manejar la covid —que ha resultado profético—, me explicó que el problema de tener la política draconiana de cierres que China ha impuesto garantiza que su población desarrolle poca inmunidad nativa, que se adquiere por haberse contagiado y sobrevivir al virus. Por lo tanto, dijo Katz, si el virus muta a nivel mundial, como sucedió con ómicron, y tienen “una vacuna poco efectiva, no hay inmunidad natural en la población y millones de personas mayores no están vacunadas, el escenario es malo, y no hay una salida fácil”.

No puedes jugar con la Madre Naturaleza o hacer propaganda con ella; ella es despiadada.

¿Cuál es la moraleja de esta historia? Los sistemas autoritarios de alta coerción son sistemas de baja información, por lo que a menudo se ciegan más de lo que creen. E incluso cuando la verdad se filtra, o la realidad —materializada en forma de un enemigo más poderoso o de la Madre Naturaleza— los golpea con tanta fuerza que no pueden ignorarla, a sus líderes les resulta difícil cambiar de rumbo porque sus pretensiones de ser mandatarios vitalicios se sustentan en sus alardes de infalibilidad. Y es por eso que Rusia y China están en apuros.

Estoy muy preocupado por nuestro sistema democrático. Pero mientras podamos votar para reemplazar a los líderes incompetentes y mantener ecosistemas de información que expongan las mentiras sistémicas y desafíen la censura, podemos adaptarnos en una era de cambios vertiginosos, y esa es la ventaja competitiva más importante que un país puede tener estos días.

18 de abril 2022

NY Times

https://www.nytimes.com/es/2022/04/19/espanol/opinion/rusia-china-putin....

 7 min


Fernando Mires

La contradicción propuesta por Joe Biden a nivel planetario es la de democracia contra autocracia. Como Biden es presidente de los EE UU, es decir, un político y no un politólogo, no explicó la razón de esa nueva contradicción. Nueva, porque en el pasado reciente no era la principal para los EE UU. La del periodo de la Guerra Fría, recordemos, era comunismo versus democracia. Después de 1990, sin embargo, la impresión general fue que, si no entrábamos al fin de la historia, adveníamos a un mundo multipolar que pondría fin a la confrontación de bloques. Luego, al desaparecer el bi-polarismo, sería difícil situar una contradicción principal de carácter mundial. La de Biden, democracia contra autocracia, en cambio, reactualiza en su simpleza un nuevo orden político binario, una nueva división en bloques bajo otro formato.

1. Definiciones y conceptos

No quiso decir Biden que la contradicción democracia-autocracia eliminaba otras contradicciones históricas, pero sí que la de democracia-autocracia adquiría un lugar hegemónico. Podríamos afirmar entonces que la de democracia-autocracia surge como una contradicción regulativa y que los EE UU ajustarán a ella, al menos durante la administración de Biden, su política internacional.

Naturalmente, salta la pregunta: ¿Por qué democracias contra autocracias? ¿O por qué no nos habló, Biden lisa y llanamente de una contradicción entre democracias y dictaduras? ¿O es el concepto de autocracia un término de uso diplomático cuyo objetivo es no irritar a los dos principales oponentes de los EE UU, China y Rusia? ¿O hay para Biden, y por supuesto, para quienes discutieron el nuevo antagonismo, una intención, una cuyo objetivo es caracterizar a un nuevo tipo de formación política emergente, materializada en gobiernos que no siendo democráticos tampoco podemos caracterizar como dictatoriales? Al parecer así es: cada vez son más las naciones gobernadas de modo no democrático que no corresponden a los parámetros del siglo XX, los que tomaban como referencia a las dictaduras del mundo comunista, a las militares del sur europeo y a las clásicas militares latinoamericanas.

Inevitable será entonces preguntarnos acerca del significado del término autocracia. Intentemos, a modo de premisa, una definición preliminar. Como el nombre indica, autocracia se refiere a una forma de dominación política ejercida por un líder o un círculo político, burocrático o militar. La diferencia con una dictadura es que la autocracia no monopoliza o no intenta monopolizar todo el poder, sino que mantiene franjas o segmentos subalternos que permiten la existencia del juego político.

2. Una escala de diferencias

Para mejorar la idea, quizás sea mejor entender el concepto autocracia a partir de una escala de diferencias. Dicha escala estaría construida con los siguientes peldaños: el de un gobierno democrático, el de un gobierno autoritario, el de un gobierno autocrático, el de una dictadura militar y el de una dictadura totalitaria.

Un gobierno democrático garantiza la plena división de los poderes públicos sometidos a una constitución reconocida por toda la ciudadanía. Un gobierno autoritario tiene como característica fundamental un sobrepeso del ejecutivo por sobre el legislativo y no necesariamente puede ser catalogado como no-democrático. Un gobierno autocrático es el que concentra una parte de la totalidad del poder, manteniendo, como ya ha sido dicho, segmentos o espacios formales para la práctica política. Así nos explicamos por qué algunos autores, al referirse a las autocracias, nos hablan a veces de dictaduras electorales, o dictaduras híbridas o mixtas.

Pero una dictadura, a diferencia de un orden autocrático, no permite ningún espacio político, ni formal ni real. Una dictadura aparece allí cuando gobierno y estado son convertidos en sinónimos. Una dictadura totalitaria en cambio va mucho más allá en la escala anti-democrática. De acuerdo a Hannah Arendt podemos hablar de totalitarismo solo cuando en nombre de una ideología única y total desaparecen los límites que separan al espacio de lo privado del de lo público y, al ser todo político, será eliminada la política.

Y bien, hasta aquí con las definiciones.

Las definiciones son solo aproximaciones a la realidad la que al transcurrir es dinámica, cambiante y por sobre todo, histórica. Ninguna definición puede dar cuenta total del objeto definido. Toda definición es parcial y transitoria. En cada definición sobra o falta algo. En consecuencias, el punto que en este momento nos preocupa, la caracterización de las autocracias, topa con el problema de que las formas que las constituyen suelen ser modificadas en el transcurso de su propia historia.

Un gobierno autoritario puede llegar a ser de modo inadvertido una autocracia y esta, transformarse en una dictadura. Así lo demuestra un reciente artículo de Jan Werner Müller (“Cómo soportar una autocracia”) al analizar como la autocracia ya establecida por Viktor Orban en Hungría, daba cuenta de la dificultad para precisar el carácter exacto de una autocracia en sus diversos momentos históricos.

3. Del autoritarismo al autocratismo

Orban, según Werner Müller, inició su carrera presidencial como un gobernante democrático. Luego, y muy lentamente, pasó a la fase autoritaria. Hoy es un perfecto autócrata.

Orban ha establecido un predominio absoluto del ejecutivo por sobre los demás poderes, ha eliminado la libertad de prensa en términos casi absolutos, su partido Fidesz es gobierno y estado a la vez. Orban propaga un gobierno confesional y unipersonal. En fin, el de Orban, en su cuarto periodo, está al borde de ser una dictadura con todas sus letras. Si no lo es, es porque Hungría está inserto en un marco europeo democrático-liberal, al cual él, con su concepto i-liberalismo, intenta subvertir, pero del que no se puede desligar ni política ni económicamente en tanto siga siendo miembro de la UE. Lo mismo podemos decir del catolicismo ultraconservador de Kacsinsky en Polonia.

Pero a diferencias de Hungría, Polonia se encuentra geopolíticamente en peligro frente a la voracidad del imperio ruso, situación que la obliga a permanecer inscrita dentro del marco occidental, aunque solo sea por razones militares. Más cerca de Orban en su sentido integrista, nos encontramos con el gobierno turco de Erdogan. La diferencia es que este último ha sido obligado por la oposición a recorrer un camino contrario al de su homólogo húngaro, hecho que demuestra que una autocracia puede llegar a ser dictadura, pero a la inversa, que también puede ser presionada para volver a la condición de simple gobierno autoritario.

Desde la perspectiva de una politología-historiográfica, el proceso más interesante de todos parece ser el de Rusia desde los tiempos de la URSS. Bajo Stalin primó un régimen totalitario en el más clásico sentido del término. Pero a partir de Jruschev, pasando por Breschnev, descendió un peldaño en la escala, para llegar a conformarse como una dictadura burocrática de estado (Nomenklatura). Bajo Gorbachov, descendió otro peldaño más, convirtiéndose en una simple autocracia personalista. Bajo Yelsin, otro peldaño hacia abajo, llegando a ser un simple gobierno autoritario.

4. Putin: del autoritarismo al totalitarismo

Bajo Putin, en cambio, Rusia ha reiniciado un proceso ascendente en la escala no- democrática. Putin inició su mandato como un gobernante autoritario (durante su primer periodo se llegó a hablar de la incorporación de Rusia a la UE e incluso a la OTAN). Todavía pertenece al G-20. Muy pronto Putin se convertiría en un autócrata con tendencias militaristas y expansivas. La reconversión de Rusia en un imperio llevaría a Putin a adoptar la forma dictatorial de gobierno, desarticulando por la fuerza a cualquiera oposición en condiciones de disputar el poder. En la Rusia actual ya no rige un estado de derecho. La Duma (parlamento) no es más que un brazo del presidente cuya palabra es ley, y los opositores son asesinados o encarcelados.

Y bien, durante el curso de la guerra a Ucrania, Putin ha alcanzado el último escalón antidemocrático. En el marco determinado por la guerra a Ucrania, Putin está a punto de convertir a su dictadura personal, en un nuevo sistema totalitario.

Ya de hecho, los rasgos estaban inscritos en la ideología ultraconservadora del régimen, en la reglamentación de la sexualidad, en la vigilancia de los cuerpos ciudadanos, en la multiplicación de los servicios secretos, en fin, dicho en los términos de Foucault, en el desarrollo de un bío-poder.

Hoy, durante la invasión a Ucrania, Putin ha pasado a convertirse en un presidente de corte orwelliano. Las principales connotaciones del totalitarismo están presentes en todas sus formas, antes que nada, en la alteración del lenguaje. Ya hay palabras prohibidas (guerra, anexión, invasión) La agresión a un país democrático la llama Putin “desnazificación”, los opositores son llamados traidores.

Nadie sabe como terminará la guerra de Putin a Ucrania. Pero sí sabemos que, mientras continúe Putin al mando de Rusia, sean cuales sean los resultados de esa guerra, estaremos presenciando el regreso del totalitarismo en Rusia.

Ni Catalina la Grande, ni Pedro el Grande, ni Stalin. Putin, es el precursor y creador de un orden totalitario multiforme que integra en sí al expansionismo zarista, a la ideología de la Madre Rusia, a la crueldad del stalinismo, al culturalismo fascista, al populismo de Mussolini, al integrismo religioso de Franco y al odio a Occidente y a la democracia de Hitler.

Hemos vuelto, queramos o no, a la era del totalitarismo. Putin nos ha llevado a ella. Bajo otras formas, sí. Pero es totalitarismo. Por donde lo miremos.

5. La alianza entre el totalitarismo ruso y las autocracias de Occidente

¿Tenemos entonces que sustituir la contradicción democracia-autocracia propuesta por Biden por la contradicción democracia -totalitarismo como ocurrió durante la era de Hitler y Stalin? No necesariamente. Si en Rusia termina de imponerse la tendencia totalitaria, Putin deberá buscar aliados entre las naciones no democráticas de la tierra, las que en su inmensa mayoría son regidas por gobiernos autocráticos. De tal manera que la derrota política del totalitarismo putinista pasa por desarticular su sistema de alianzas internacionales con naciones autocráticas. Eso, como lo demostró la votación de la ONU (02.03.2022), cuando 141 naciones condenaron la invasión de Rusia a Ucrania, es perfectamente posible. Hay gobiernos no democráticos a los que conviene más ser clientes de Occidente que de un totalitarismo desprestigiado internacionalmente como es el de Putin (China, por ejemplo). Por otra parte, la línea de demarcación de Biden tiene un efecto suplementario. Esa línea no solo cruza el campo de las relaciones internacionales, también la vemos trazada al interior de la mayoría de las naciones del mundo. Más todavía, como ya han destacado muchos autores, la guerra de Putin a Ucrania ha tenido por efecto fortalecer la “idea de Occidente”. Ha nacido, en contra de la brutal agresión a Ucrania, una suerte de “orgullo occidental”.

El Occidente político, muy distinto al Occidente geográfico, enfrentado al peligro de una tercera guerra mundial, ha descubierto su identidad, la de ser un espacio de libertad para la coexistencia de diversas culturas siempre y cuando estas subscriban a las constituciones y a las instituciones democráticas. Por eso es tan importante defender a Ucrania, un país que ha encontrado su identidad nacional y su identidad occidental en lucha contra un invasor cruel y despiadado. Ucrania era y debe seguir siendo una democracia: un lugar donde puedan expresarse las diferentes tendencias políticas del país, sean estas de izquierda o de derecha.

La resistencia de Ucrania ha tenido el efecto de ser un verdadero test al exterior y al interior de las naciones. No es casualidad que en las dos votaciones de la ONU sobre Rusia, la de condena de la agresión y la de exclusión de Rusia de la Comisión de los Derechos Humanos, Rusia no recibió el apoyo de ninguna nación democrática. La línea de separación según Biden, ha probado ser cierta en la práctica.

6. América Latina merece una mención especial.

En el subcontinente, las líneas políticas de demarcación no son hoy muy diferentes a las que se dan en Europa y muestran como la globalización no ha sido solo económica y digital, sino también política. Incluso, en líneas generales, podemos observar un cierto crecimiento del ideal democrático en gran medida manifestado en oposición a la agresión a Ucrania.

La alianza internacional de las izquierdas antidemocráticas anhelada por Castro, Guevara y Chávez, está muy lejos de ser cumplida. Las dictaduras militares de derecha también pertenecen al pasado. La línea cursa más bien en dirección contraria: tanto izquierdas como derechas están paulatinamente democratizándose pero sin reconocer todavía su occidentalidad política a la cual históricamente pertenecen. Los mismos conceptos de “izquierda” o “derecha” son denominaciones occidentales (en la mayoría de los países islámicos, no hay izquierdas ni derechas, en China y en el sudeste asiático tampoco). La Rusia de Putin no es de izquierda ni de derecha, es “otra cosa”. Si la dictadura de Putin es todavía apoyada por algunos harapos políticos, son simples remanentes de un anti-norteamericanismo anacrónico que permanece incrustado en el discurso de las izquierdas latinoamericanas desde los tiempos de Stalin.

Tratando de conjugar analogías, así como hablábamos en el pasado de países en vías de desarrollo, desde una perspectiva no económica sino política, podemos hablar de países en vías de democratización. A esa categoría pertenece la mayoría de los países latinoamericanos. Aparte de Cuba -síntesis de lo peor de las dictaduras centroamericanas y de lo peor de las ex burocracias soviéticas- y de la dictadura neo-somocista de Ortega en Nicaragua, la lucha entre el ideal autocrático y el ideal democrático sigue librándose al interior de cada país latinoamericano.

Quizá muchos observadores no se han dado cuenta que del futuro de la guerra de Putin en contra de Ucrania depende el destino político de muchas naciones del globo. Si el dictador ruso no logra imponerse sobre la inmolada Ucrania, las autocracias de la tierra, que son muchas, habrán perdido su eje de rotación. La derrota de Putin sería, en este caso, una victoria de la democracia a nivel mundial.

22 de abril 2022

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2022/04/fernando-mires-democracias-cont...

 10 min


Cecilia Barría

Fueron 18 minutos de caos.

A las 5:42 de la mañana del 8 de marzo el precio del níquel comenzó a subir tan rápido que causó pánico en la Bolsa de Metales de Londres.

En solo 18 minutos escaló hasta superar los US$100.000 la tonelada en un salto sin precedentes que provocó la suspensión de las operaciones del metal.

Antes de romper ese récord, el valor del metal ya venía experimentando un aumento del 250% en las últimas 24 horas.

El episodio marcó la primera gran crisis de los metales desde que la invasión rusa a Ucrania sacudió los mercados globales.

La impactante subida, vinculada a las sanciones impuestas por Occidente a Rusia y los movimientos especulativos en los contratos a futuro, dejó claro que metales como el níquel, esenciales en la transición hacia una economía menos contaminante, se han vuelto esenciales en un mundo que ya no confía en la dependencia de los combustibles fósiles.

Rusia, unos de los grandes exportadores de gas y petróleo, demostró que por la dependencia que tienen muchos países de sus exportaciones, especialmente los europeos, los combustibles son un arma de guerra en medio de las duras presiones económicas que EE.UU. y sus aliados le han impuesto al Kremlin para que ponga fin a la invasión de Ucrania.

Rusia es el tercer productor mundial de níquel.

"Construir un futuro de energía limpia producida en EE.UU. ayudará a salvaguardar nuestra seguridad nacional", dijo el presidente Joe Biden el 31 de marzo.

"Necesitamos poner fin a nuestra dependencia a largo plazo de China y otros países para obtener insumos que impulsen el futuro", apuntó el mandatario tras anunciar que invocaría la Ley de Producción para la Defensa para apoyar la producción y el procesamiento local de minerales utilizados en la fabricación de baterías eléctricas y almacenamiento de energías renovables.

Entre ellos, apuntó la Casa Blanca, están el litio, níquel, grafito, manganeso y cobalto.

Las armas energéticas de Rusia

Pero hay muchos más. De acuerdo a sus propias necesidades, cada país tiene distintos minerales en la mira para competir mejor por una cuota de mercado en la transición energética hacia una economía más electrificada.

Los expertos advierten que aquellas naciones que se queden ancladas en la exportación de petróleo, gas y carbón, corren el riesgo de volverse cada vez menos competitivos.

Basta con mirar el caso de Rusia, cuyo poder económico reside en gran medida en los combustibles fósiles: es el segundo mayor productor de gas del mundo y el tercero de petróleo.

Sin embargo, en la carrera por los metales que tendrán un papel crucial en el desarrollo económico futuro, Rusia tiene sus ventajas: es el segundo mayor exportador de cobalto a nivel mundial, el segundo de platino y el tercero de níquel.

Pese a que Rusia tiene cartas para jugar en este nuevo escenario, lo cierto, dicen los expertos, es que la extracción de los superminerales está altamente concentrada en otros países.

La inmensa mayoría del cobalto que existe en el mundo viene de la República Democrática del Congo, el níquel de Indonesia, el litio de Australia, el cobre de Chile y las tierras raras de China.

Los expertos consideran al menos 17 minerales críticos para la transición energética del mundo y, por lo tanto, aquellos países con la capacidad para extraerlos o procesarlos tienen una mayor ventaja.

De los 17, la Agencia Internacional de Energía (IEA por sus siglas en inglés) estima que los más cruciales son el litio, el níquel, el cobalto, el cobre, el grafito y el conjunto de tierras raras.

¿Quiénes dominan la producción de estos minerales?

Para el año 2040, la demanda por esos minerales escalará velozmente, dice Tae-Yoon Kim, analista de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) y autor principal del informe "El rol de los minerales críticos en la transición hacia energías limpias".

Para estimar qué naciones podrían ser las más beneficiadas con la transición energética, el experto distingue entre aquellos países líderes en la extracción de los minerales y los que son líderes en su procesamiento.

Productores metales

Si bien la extracción está dividida entre varias naciones, hay un solo país que domina el procesamiento de todos esos minerales: China.

"Es difícil saber qué países serán los más beneficiados en la transición energética porque dependerá de dónde se ubiquen en la cadena de producción", dice el experto en diálogo con BBC Mundo.

Lo que sí está claro es que estamos en un momento crucial. Mientras el petróleo marcó la historia del siglo XX, los minerales de la transición energética podrían marcar la historia del siglo XXI.

En ese sentido, agrega el experto, "son los minerales del futuro".

No es nada raro entonces que en medio de la guerra, y con el hambre de minerales previsto para las próximas dos décadas, Estados Unidos y Europa encendieran los motores de la transición energética para disminuir su dependencia actual y futura de países como China y Rusia.

El peor dolor de cabeza lo tienen los países europeos que ahora están contra la espada y la pared porque el 40% del gas que consumen viene de Rusia.

"Europa le está financiando los caprichos a Putin", le dijo a BBC Mundo en marzo Ángel Saz-Carranza, director del Centro de Economía Global y Geopolítica de Esade (EsadeGeo), en España.

Los cuatro más codiciados

Aunque los metales son necesarios para las baterías eléctricas, también son clave para el almacenamiento de distintos tipos de energía, para la actividad industrial y, en definitiva, para una economía más electrificada donde nuevos jugadores -estatales y privados- verán emerger grandes riquezas.

"Si la oferta no logra abastecer un aumento de la demanda por estos metales los precios se van a disparar", le dice a BBC Mundo Lukas Boer, investigador del Instituto Alemán de Investigación Económica.

Un factor esencial es que los proyectos mineros para extraer estos metales pueden tomar más de una década (en promedio 16 años) en estar operativos y, por lo tanto, es probable que en la década que viene la escasez sea aún mayor, explica Boer, quien junto a Andrea Pescatori y Martin Stuermer publicaron a fines del año pasado la investigación "Los metales de la transición energética".

Además de las tierras raras, señala el estudio, los cuatro metales más codiciados serán el níquel, el cobalto, el litio y el cobre, cuyos precios podrían alcanzar récord históricos por largos períodos de tiempo, una tendencia que rompe con los habituales ciclos de alza y caída del valor en los mercados internacionales.

El valor total de la producción de estos metales puede aumentar más de cuatro veces entre el 2021 y el 2040, en un escenario de cero emisiones netas hacia la mitad de este siglo.

Tanto así, que los productores de estos cuatro metales por sí solos podrían generar ingresos similares a los del sector petrolero durante los próximos 20 años, argumenta Boer, dependiendo de cómo evolucione un contexto internacional que actualmente está lleno de incertidumbre.

"Estos metales pueden ser el nuevo petróleo", apunta Boer. Y "China se ha convertido en el mayor jugador invirtiendo en otros países como, por ejemplo, en la producción de cobalto en Congo".

En el nuevo escenario bélico y la necesidad de Occidente de disminuir su dependencia energética, hay países que pueden suministrar suplir parte de la demanda que se necesita para acelerar la transición.

Kwasi Ampofo, jefe de Metales y Minería en el centro de investigación BloombergNEF, sostiene que China está en una muy buena posición para beneficiarse del cambio.

"China podría ser el mayor ganador si decide encaminar la producción de metales de Rusia a través de sus refinerías y luego venderla a otros países", le dice a BBC Mundo.

Otros países han estado moviendo las piezas del tablero. En el caso del níquel, Indonesia ha estado ampliando su capacidad de producción en los últimos dos años, agrega, y puede seguir aumentándola para cubrir el déficit de Rusia.

De hecho, el níquel es el metal más expuesto a cualquier suspensión del suministro en Rusia, país que genera alrededor del 9% de la producción global.

"Cualquier interrupción a través de sanciones o reducción de la producción tendrá un impacto significativo en el precio", argumenta Ampofo, especialmente porque la demanda de níquel para baterías eléctricas aumentará significativamente este año.

Por otro lado, si se producen interrupciones en la producción de los metales del grupo del Platino (PGM, por sus siglas en inglés), los productores de Sudáfrica pueden llenar el vacío con suministro adicional, apunta.

En la batalla por controlar la producción de los metales del futuro hay espacios donde China ha puesto el acelerador: aunque más de dos tercios de toda la producción mundial está en Congo, las empresas chinas poseen o financian la mayoría de las minas más grandes del país.

Es este escenario, si Occidente no avanza más rápido, se expone a perder la carrera.

BBC

https://www.bbc.com/mundo/noticias-61144362

 7 min


Miguel Ángel Criado

En 1995 la campiña inglesa vivió la sequía más intensa en lo que iba de siglo. Entre sus víctimas estuvo la mariposa de la col, cuyas poblaciones descendieron en un 66%. Pero el declive llegó casi al colapso en las zonas más fragmentadas por la agricultura. Una investigación publicada 20 años después mostró además que en los hábitats menos alterados estos lepidópteros se habían recuperado, no así en las zonas de cultivo. Ahora, el estudio de 800.000 registros de casi 18.000 especies obtenidos de 6.095 partes del planeta eleva a global el drama de estas mariposas: allí donde coinciden la agricultura intensiva con un mayor cambio climático local, la abundancia de insectos es casi la mitad que en las zonas menos deterioradas por las acciones humanas.

Los entomólogos llevan años alertando del descenso tanto de la abundancia (densidad de las poblaciones) como de la diversidad (número de especies) de los insectos. El declive se ha confirmado para polinizadores como los abejorros y las abejas. Las causas son muchas, la mayoría humanas, como sucede con el impacto de la contaminación lumínica sobre las luciérnagas o el de los fertilizantes en las mariposas. Pero también están el avance de la urbanización, la deforestación y, en especial el cambio en el uso de la tierra, de natural a cultivada, y el cambio climático.

Ahora, investigadores de la University College de Londres encabezados por la entomóloga Charlie Outhwaite han combinado una impresionante base de datos sobre la biodiversidad animal (PREDICTS) con la evolución de las temperaturas máximas y medias en el último siglo y el uso dominante de la tierra en las áreas recogidas en aquella base de datos: que si hábitat natural, que si agricultura o ganadería extensiva o si se trata de cultivos intensivos, entendidos estos como los que usan elevadas cantidades de químicos, grandes áreas de monocultivo o mecanización.

Los resultados de este trabajo, que acaban de ser publicados en la revista Nature, muestran que las zonas con agricultura intensiva y que además han sufrido un mayor calentamiento histórico han visto cómo la abundancia de insectos es un 49% menor que en las zonas donde aún no hay cultivos y el cambio climático local es relativamente menor. En cuanto a la diversidad, en las zonas más alteradas el número de especies es un 27% inferior.

“Por lo tanto, los sitios de agricultura intensiva que también han experimentado un cambio climático sustancial tienen alrededor de un 50 % menos de insectos que los sitios de vegetación primaria que no han experimentado un cambio climático destacable”, detalla Outhwaite. Las sinergias entre tipo de uso del suelo y calentamiento es la gran novedad de este trabajo. “El porcentaje de la reducción es el resultado de la interacción de los dos factores, no medimos cuánto de este cambio es responsabilidad de cada uno por separado. Lo importante es que ambos [alteración climática y cultivos] trabajan juntos para provocar un declive mayor que si trabajaran solos”, añade. Y lo saben porque “con el mismo nivel de cambio climático, vemos reducciones mayores en la agricultura intensiva en comparación con la agricultura de baja intensidad”, concluye. De hecho, en la segunda, la reducción de abundancia se queda en el 30% y la de diversidad en un 23%.

Los insectos llevan peor el cambio climático que otros animales. Una investigación de hace dos años demostró cómo centenares de especies estaban adelantando su vuelo para acompasarlo con la emergencia de las flores. Desde el punto de vista de la fisiología, muchas de las especies son ectotermos, por lo que tienen que ajustar su temperatura corporal a la ambiental. Otros modulan su conducta según el calor que haga. “Así que el aumento de las temperaturas afectará directamente a los insectos y también a la disponibilidad de temperaturas más frescas, como en los lugares sombreados”, recuerda Outhwaite. Por su parte, el cambio de uso del suelo “también puede afectar a la disponibilidad de sombra, lo que significa que es más probable que los insectos estén más expuestos a temperaturas elevadas”, añade la entomóloga británica.

Hace ahora dos años, la revista Science publicaba uno de los trabajos más ambiciosos sobre el declive de los insectos hasta la fecha. Aquella investigación mostró que, aunque con grandes variaciones entre unos lugares y otros, la abundancia de estos artrópodos ha ido desciendo de media en torno a un 10% por década, al menos desde los años ochenta. Roel van Klink, del Centro Alemán para la Investigación Integrativa de la Biodiversidad (iDiv) Halle-Jena-Leipzig, fue el principal autor de esta investigación. Sobre el nuevo estudio publicado en Nature valora que sus autores hayan podido probar el impacto de la interacción entre la agricultura y el cambio climático. “Muestran que la agricultura es mala para los insectos, algo previsible, y que el cambio climático lo ha empeorado”, comenta en un correo.

Sin embargo, el trabajo de van Klink también encontró que los insectos propios de ríos, lagos y embalses no solo estaban en declive, sino que habían aumentado sus poblaciones un 11% por década. Aunque las especies acuáticas son una minoría, representan una décima parte del total, es una buena noticia. Y esta vez, los humanos son los responsables. Lo cuenta van Klink: “Es muy probable que los incrementos, al menos en Europa y América del Norte, se deban a las mejoras en la calidad de las aguas desde los años 70. A menudo olvidamos la pésima calidad que tenía el agua. Gracias a las legislaciones [la primera norma ambiental que protegía los recursos hídricos es de 1970 en Estados Unidos] y la construcción de plantas depuradoras, buena parte de los residuos dejaron de acabar en los ríos”. Otra cosa que habría ayudado es el cambio climático, “que habría ampliado la distribución de diversas especies hacia el norte”, sostiene van Klink.

Pero el nuevo trabajo muestra que mientras en las áreas naturales de áreas templadas los insectos prosperan, no sucede igual en las tropicales. Aquí las especies estaban acostumbradas a unas oscilaciones térmicas más pequeñas y su elasticidad ante el calentamiento parece menor. De hecho, es en el sudeste asiático y América del Sur donde la sinergia entre agricultura y cambio climático es más acusada y donde las reducciones en abundancia y diversidad son mayores.

¿Qué consecuencias puede tener un descenso generalizado de las poblaciones de insectos? Más allá de la función polinizadora, son también agentes de control de plagas: muchas especies son insectívoras, se comen a otros bichos que, en su ausencia, devorarían las plantas sin freno. El profesor de Ecología Aplicada de la Universidad de Reading (Reino Unido) Tom Oliver, autor del estudio de las mariposas, recuerda otras funciones: “Son claves para la descomposición de los residuos y el ciclo de nutrientes. Dado que los insectos constituyen una gran proporción de la biomasa, también tienen un papel básico de sostén a otras especies en la pirámide de la vida, como proporcionar alimento a aves, murciélagos y pequeños mamíferos.”

Lo paradójico es que la agricultura esté acabando con unos insectos que necesita. Como demostraba una investigación en 2019, cuantos más insectos, mejores cosechas. El principal autor de aquel trabajo, el biólogo Matteo Dainese, de Eurac Research (Italia), recuerda que no solo se trata de los polinizadores, sino también de otros insectos importantes para la agricultura. “En particular, me gustaría resaltar el papel clave de los enemigos naturales de las plagas, como las mariquitas depredadoras, los escarabajos de tierra o los insectos parasitoides que se alimentan de plagas que, de otro modo, dañarían o incluso destruirían los cultivos”.

El investigador de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) Ignasi Bartomeus recuerda que incluso las cucarchas tienen su función, siendo las principales limpiadoras biológicas de los entornos urbanos. Bartomeus fue coautor del trabajo de Dainese sobre insectos y agricultura y no cree que estemos ante un colapso de las poblaciones de insectos, no hay datos, dice, para afirmar algo así. “Pero sí estamos ante una señal de alarma muy clara de que podría suceder dentro de unas décadas”. Para Bartomeus, además de las amenazas que rondan a estos animales, también hay un problema de actitud: “No se protege a los insectos como hacemos con los vertebrados”, dice.

Sin embargo, la conservación de los insectos sería más fácil que la de otros seres vivos. Dado su menor rango geográfico, la actuación en microhábitat podría reducir en mucho su merma. El propio estudio de Outhwaite que origina este artículo encuentra que en las áreas de agricultura no intensiva y con impacto del cambio climático la reducción de la abundancia de insectos es mucho menor (en torno del 7%) si hay a su alrededor porciones significativas de paisaje natura no alterado.

20 de abril 2022

El País

https://elpais.com/ciencia/2022-04-20/el-mundo-se-esta-quedando-sin-inse...

 6 min


Humberto García Larralde

Hace diez años, Daron Acemoglu y James Robinson, académicos de universidades estadounidenses, publicaron un libro, Por qué fracasan los países, que ayuda a aclarar la grave disyuntiva que, en materia económica, enfrenta Venezuela. Argumentaron que la diferencia fundamental entre países desarrollados y aquellos que no lo son reside en el tipo de instituciones, tanto políticas como económicas, engendradas al calor de sus respectivos procesos históricos.

En los primeros, las luchas sociales labraron instituciones de naturaleza inclusiva, caracterizadas por reglas de juego comunes a los integrantes de una sociedad, base de un Estado de Derecho capaz de hacer respetar la pluralidad de intereses y de iniciativas que en ella se desenvuelven, y de amparar los intereses legítimos de las minorías. Afianzaron las garantías a la propiedad, de contratación y de respeto por los derechos adquiridos, permitiendo que la gente pudiese proseguir, libremente, la satisfacción de sus necesidades. Se asentó un mayor reparto del poder político entre la población, limitando su concentración y ejercicio arbitrario.

Por el contrario, la incapacidad de otros países por exhibir procesos sostenidos de desarrollo a favor de las mayorías se debe a que sus instituciones son de naturaleza extractiva, puestas al servicio de la extracción de rentas y riquezas del resto de la sociedad por parte de las élites dominantes. Se asocian, por ende, con autocracias que concentran el poder, con pocas limitaciones a su provecho personal. Está en el interés de estas élites fortalecer esa institucionalidad extractiva, tanto en su dimensión económica como política, sin escatimar para ello mecanismos de naturaleza abiertamente represiva. Pocos dudarán que esta caracterización viene como anillo al dedo para describir al régimen chavomadurista.

En Venezuela, la dependencia de enormes rentas petroleras para financiar las inversiones y el gasto público corriente forjó instituciones de naturaleza extractiva en lo económico, conformando un Estado interventor, con gran discrecionalidad para manejar esa renta. Coexistieron, empero, con instituciones inclusivas en lo político, resultado del celo democrático de los dirigentes políticos que sucedieron a las dictaduras de Gómez y de Pérez Jiménez. Sin embargo, quedaba patente la tensión entre ambos tipos de instituciones, en particular, la tentación de un presidencialismo protagónico por aprovechar las potestades económicas concentradas en el Estado, propietario del petróleo, para adelantar proyectos particulares. Alimentó una cultura política que afrontaba los problemas de desarrollo, no con mayor protagonismo ciudadano en la toma de decisiones –profundizando la inclusividad--, sino con una mayor sumisión de los mecanismos autónomos de mercado al Estado, en función de objetivos políticos.

Esta contradicción fue “resuelta”, como sabemos, por Chávez. Desmanteló las instituciones con base en las cuales se sostenía la inclusividad en lo político –las de la democracia liberal—, reemplazándolas por potestades concentradas en su persona. En fin, era heredero del Libertador (¡!) y, por tanto, “uno con el pueblo”. Al eliminar la autonomía y separación de poderes, y al desconocer las garantías del Estado de Derecho, el chavismo terminó alineando las instituciones políticas con la naturaleza extractiva de la institucionalidad económica, que concentraba el usufructo de la renta en quienes controlaran al Estado. Esta autocracia sustituyó a las fuerzas de mercado en la asignación y distribución de recursos por criterios políticos “revolucionarios” --el más importante, el de la lealtad-- blandiendo la construcción de un “socialismo del siglo XXI”. Tras la falta de transparencia y de rendición de cuentas, se acentuó la naturaleza extractiva, depredadora, de las instituciones económicas y políticas, conformando un régimen de expoliación en torno al cual se tejieron los intereses de quienes se lucran de este arreglo. Mientras duró la bonanza petrolera, permitió atender, también, el reparto a sectores populares que apoyaban al régimen. Pero al retroceder los precios petroleros, el sostén político de Maduro pasó a depender de su capacidad para alimentar complicidades de militares traidores y “enchufados”, y para tejer alianzas con agrupaciones criminales más allá, dentro y fuera del país. Se forjó un régimen cleptocrático, que buscó amparo en una cofradía de estados paria similares, en particular, la Rusia de Vladimir Putin.

La exacerbación de prácticas depredadoras, en el marco de una institucionalidad extractivista acentuada por el chavomadurismo, arruinó al país. Esta tragedia es harto conocida por los venezolanos, pues la sufren a diario. No es menester reproducir acá cifras que la documentan. Pero la destrucción de la economía doméstica, incluyendo a la industria petrolera, ha sido tal, que encogió drásticamente las oportunidades de expoliación de las mafias que se apoderaron del Estado. Obligó a levantar los controles de precio y del mercado cambiario, dando lugar a atisbos de reactivación económica.

Estos reacomodos, empero, poco han modificado la naturaleza extractiva de las instituciones. No se han restablecido las garantías a la actividad económica, a la solución de controversias y, mucho menos, las libertades y derechos personales, civiles y económicos, que nutren la iniciativa privada y la inversión. Más bien, se ha incrementado el saqueo de las riquezas minerales de Guayana y las operaciones irregulares con el petróleo. Y las pugnas entre militares fieles a Cabello y aquellos identificados con Maduro han desnudado profundas corruptelas dentro de las filas castrenses. No son sólo las extorsiones denunciadas recientemente en televisión por Ernesto Villegas, sino también el contrabando de gasolina y otros robos[1]. Las armas de la nación puestas al servicio del lucro personal, resultado de la destrucción de la FAN urdida por Padrino, Ceballos, Reverol y otros.

Adicionalmente, combatir la inflación reduciendo violentamente el gasto público, contrayendo el crédito con encajes elevados a la banca y anclando el tipo de cambio, ha acentuado una situación de colapso y de anomia, propias de un Estado fallido, en el que se imponen las arbitrariedades e improvisaciones del más fuerte. La destrucción de las capacidades de cumplir con los servicios básicos de luz, agua, seguridad, transporte, salud y educación dibujan un país a la deriva, inestable y sin la confianza necesaria para atraer inversiones. Encima, la mayor vulnerabilidad internacional producida por el extravío madurista de anotarse con el agresor en la guerra librada por la autocracia rusa contra Ucrania aumenta aún más la incertidumbre. No puede quedar fuera la inseguridad que significa el irrespeto flagrante a los derechos humanos en Venezuela, con unos 260 presos por razones políticas, y la presencia de torturas y desapariciones.

Aun en este escenario, la economía venezolana puede crecer. Pero sujeto a las arbitrariedades de una institucionalidad puesta al servicio de un régimen gansteril, será errático. En algunos años, puede que no crezca. Esto no puede entenderse como una “normalización” de la actividad económica, más con la terrible inequidad sufrida por quienes no tienen ingresos regulares en divisas. La apremiante necesidad de mejorar cuanto antes y de manera significativa las condiciones de vida del venezolano no pueden confiarse en eventualidades precarias, sujetas a la buena de Maduro y/o de reacomodos entre las mafias que buscan conservar sus fortunas. Confiar en que el levantamiento de algunas sanciones sea funcional a que ello ocurra me parece pueril, dados los intereses afianzados en torno a las instituciones extractivas que sustentan la expoliación chavista del país. El bienestar de la población no entra en su agenda.

Pero aprovechar los reacomodos para forjar cambios hacia reglas de juego –instituciones—inclusivas, que asienten las garantías, derechos y libertades que estimulen el despliegue de iniciativas capaces de aprovechar las enormes potencialidades –hoy asfixiadas—que anidan en Venezuela y en los venezolanos, es otra cosa. Es condición, además, para los sustanciales empréstitos requeridos para recuperar los servicios públicos y demás potestades del Estado. Implica, por supuesto, cambios políticos. Los reacomodos deben servir para reconstruir un arco de fuerzas para forzar esos cambios, buscando ampliar y consolidar algunas de las mejoras instrumentadas, y arrinconar, a la vez, las arbitrariedades de quienes insisten en manejar el país como si fuera su propiedad personal.

Les toca a los liderazgos que están emergiendo en torno a la lucha reivindicativa, por demandar servicios públicos y que se manifestaron en las conquistas recientes de algunas alcaldías a nivel nacional, asumir esta plataforma como programa. Sin cohesionar voluntades en torno al rescate de instituciones inclusivas no habrá solución. El levantamiento de sanciones tiene que ser instrumental para avanzar en estos propósitos. La discusión de una temática con tantas implicaciones apenas comienza, pero es imprescindible.

[1] https://www.lapatilla.com/2022/04/14/fuerza-armada-encubre-cada-vez-mas-...

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

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Julio Castillo Sagarzazu

Decía Abraham Lincoln: “No se ahorca a la gente porque se roba los caballos. Se les ahorca para que no se roben los caballos” En las sociedades civilizadas, el objeto de una sanción no es solazarse en el castigo al delincuente. Si así fuera estaríamos en presencia del sadismo institucional, propio de los regímenes del horror y de las dictaduras. Efectivamente, el objetivo final de toda sanción es disuadir a los potenciales infractores a no quebrantar la ley. Posteriormente la civilización democrática ha incorporado la función de reeducación y reinserción del reo a la sociedad a la que ha lesionado con su conducta.

Esto que es cierto a nivel de un estado particular, lo es también a nivel de las organizaciones que se han creado a nivel internacional. De hecho, la Corte Penal Internacional es el pináculo de ese sistema que los países han convenido en crear para proteger los mismos valores y evitar que las “inmunidades” de mandatarios y autoridades, les permita burlar la ley y violar los derechos humanos de sus nacionales o los de otro país, como acontece hoy con la brutal invasión de Putin a Ucrania.

Hoy se ha puesto de nuevo en el debate el tema de las sanciones que una parte importante de la comunidad internacional ha dictado contra autoridades y contra el estado venezolano. La mayoría de ellas fundadas en la evidencia de graves violaciones a los derechos humanos y políticos de los venezolanos.

En el caso de los Estados Unidos, las sanciones se han dictado, tomando como base legal un decreto emitido por el presidente Obama y ratificado por Trump y recientemente por Biden, mediante el cual, se declara a Venezuela como una amenaza a la seguridad de los Estados Unidos.

Sobre el particular valdría la pena afirmar que ciertamente Venezuela no es ninguna amenaza militar para los Estados Unidos. En realidad, la seguridad de un país no atañe solo a la esfera de la defensa militar de sus fronteras o de su integridad territorial. El fundamento de este decreto es la evidencia, no controvertida, de las amistades peligrosas tanto de Chávez como de Maduro. Recordemos su relación con Sadam Hussein; las espadas de Bolívar repartidas entre todos los enemigos de los Estados Unidos; los vínculos evidentes y públicos con Hezbolah; el homenaje al jefe de la Guardia pretoriana de los Ayatolas en el ministerio de la defensa; los pasaportes venezolanos incautados en aeropuertos europeos a terroristas del medio oriente y, aún más grave que todo esto: El efecto corruptor del dinero opaco que sale de aquí y que ha sido lavado en inmuebles e inversiones norteamericanas, tocando a funcionarios y lobistas y amenazando con hacer metástasis en sectores más amplios de la sociedad. Todo eso sin contar el peligroso efecto social de la emigración irregular de más de 6 millones de compatriotas que se ha convertido en un tema de seguridad, no solo para USA, sino también para todos los países latinoamericanos.

Lo que hemos enumerado son hechos que, de acuerdo con la doctrina de seguridad de los Estados Unidos y muchos países europeos, pueden dar lugar a reacciones de defensa, una de las cuales es la de imponer sanciones a los gobiernos que consideren potencialmente hostiles o peligrosos que es lo que ha acontecido con Venezuela.

Dicho esto, no podemos negar que estas sanciones afectan también a los venezolanos comunes y corrientes. ¿Cómo podríamos negar esto? ¿Cómo podríamos censurar que los venezolanos busquemos la manera que, en el marco de un proceso de negociación, estas sanciones sean aliviadas y que se concerté un progresivo levantamiento versus un cambio de conducta del régimen en relación con los hechos que le dieron origen? Desgraciadamente, no es esto lo que está ocurriendo.

Quien esto escribe, no es especialista en política norteamericana, pero no cabe duda de que una carta dirigida a Biden por un grupo de venezolanos no tendrá probablemente mucho recorrido. Hasta la visita de sus funcionarios a Caracas pareciera que no tendrá mayor repercusión después de las tormentas que desató entre los propios demócratas. No vemos a Biden, en vísperas de la elección de “mid term” alborotando ese avispero, nada más que porque quiere un poquito de petróleo venezolano para sus reservas estratégicas. Le sale más barato políticamente, comprarlo en Colombia, México o Canadá. Tampoco vemos a Maduro desentendiéndose de Putin (ya lo llamaron al botón en Turquía) y quebrando lanzas en favor de un acuerdo con Biden. No le interesa.

La situación en Venezuela tampoco ayuda “argumentalmente” hablando. Para tragedia del régimen y varios de sus aliados, “Venezuela se está arreglando” y está mejor hoy que antes de las sanciones. Antes de las sanciones hacíamos largas colas por un paquete de harina Pan. Hoy los supermercados están a reventar de cualquier producto. De manera que la campaña por el levantamiento de estas sanciones está un pelo desfasada en el tiempo. El argumento de que las sanciones no han sacado a Maduro es cierto, pero también lo es que sin sanciones tampoco salieron ni él ni Chávez. Es ahondar en un falso dilema continuar por ese camino.

Por otro lado, y opinando ya en el tema político del país, nos parece que este tema de las sanciones no es una prioridad en el debate opositor. A nuestro juicio, la prioridad, en este momento, es otra. Es justamente aprovechar este impulso espiritual de decenas de miles de venezolanos que han logrado burlar las leyes intervencionistas y que con su trabajo han ido progresando y saliendo adelante obligando al régimen a hacerse el policía de Valera y “dejar hacer y dejar pasar” para que la mano invisible del mercado no le de otra bofetada. Organizar ese sentimiento y aprovechar que ahora hay menos dependencia de los mecanismos de control social del gobierno, si es una tarea importante.

También deberíamos estar ocupados en desenredar la madeja de las contradicciones internas; en tener una política comun ante el desafío de unas eventuales elecciones presidenciales. Deberíamos igualmente estar montados en una campaña por la derogación definitiva de todas las normas que asfixian la economía que siguen pendiendo como espada de Damocles sobre todos; por la libertad de los presos de conciencia y la restitución de los derechos políticos de todos los venezolanos.

El tema de las sanciones y las cartas pasaran. Al final, como nos dice Serrat, después de la fiesta: “vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas” De seguro habrá otros temas en el debate y aunque el anterior se olvide, seguiremos mostrándonos desunidos y sin estrategia común. Todo eso está e la columna del “Debe” de nuestra lucha y en la región del cerebro donde se almacena los rencores y las facturas.

Definitivamente, hay que retomar los temas importantes del debate y pasar de largo los que no lo son.

Tal Cual Digital

 5 min


Eddie A. Ramírez S.

Sobre el tapete está la Carta enviada al presidente Biden por el G25, grupo de conocidos venezolanos que, con todo respeto, pareciera que se reunieron para redactarla jugando al cadáver exquisito. Este juego lo pusieron de moda los surrealistas franceses, al compás de los años 20 del siglo pasado. Cada uno redactaba un párrafo, dejando solo descubierto la última palabra que pasaba al siguiente jugador. En una oportunidad, los ilustres escritores obtuvieron como resultado la frase “El cadáver exquisito beberá buen vino”, que quedó como nombre para escribir poesía en conjunto. De allí, las diferentes interpretaciones de la polémica carta.

Unos consideran que no debió ser enviada. Algo así como la carta a Eufemia, que popularizó Pedro Infante, por aquello de “Cuando recibas esta carta sin razón, Eufemia….”. Otros la comparan con la carta a los Efesios, atribuida a San Pablo, que entre otros consejos dice que “La esposa se someta a su marido, como al señor. Esclavo obedece a tu patrón…”. No falta quien le encuentre semejanza con la Carta de las Naciones Unidas; es decir, bien intencionada, pero muchos no la toman en cuenta.

La carta adolece de un análisis sobre el efecto de las sanciones. ¿Cómo afectan? Los signatarios sostienen que “Si bien las sanciones no son la raíz de la emergencia humanitaria de Venezuela, las condiciones empeoraron gravemente para el venezolano promedio”. Sin embargo, los proponentes no aportan data. Al reconocer que las sanciones no son la raíz del empobrecimiento, el eliminarlas no resolvería el problema. ¿Acaso consideran que la solución a la grave situación que aqueja a la población se solucionaría con paños tibios?

Las sanciones tienen como objetivo presionar para lograr elecciones transparentes. Además, conllevan un castigo moral. Eliminar las sanciones sería darle la razón a un régimen que tuvo inmensos ingresos y que, por corrupción, ineptitud, resentimiento y mala intención, descuidó el mantenimiento de la infraestructura, no invirtió en otras que eran necesarias y que se apropió indebidamente de empresas agropecuarias e industriales y a todas las quebró. Además, destruyó las empresas estatales del hierro, del aluminio, Pdvsa, el Metro, y las que suministran la electricidad y el agua.

Desde luego que las sanciones teóricamente tienen algunos efectos indeseables. Sin embargo, el G25 no toma en cuenta que la mayoría son burladas por el régimen. En el caso de la industria petrolera, esta exporta sin limitaciones lo poco que produce a China e India, que por cierto desde hace años el régimen escogió como su mercado preferido, por razones geopolíticas y no económicas. Gradualmente fue abandonando nuestro mercado natural que es Estados Unidos. En los dos últimos años, antes de las sanciones, solo exportaba a ese país un promedio de 220.000 barriles de petróleo por día. Importa libremente combustibles y diluyentes desde Irán. Adquiere maquinarias, equipos y repuestos de Rusia, Turquía, Irán y de la Unión Europea. Las transacciones financieras en dólares se le dificultan al régimen, pero logra sortearlas usando el yuan, rublo y criptomonedas. La importación, desde Estados Unidos y de otros países, de medicinas y alimento no está prohibida.

El siguiente párrafo de la carta puso la guinda “Hacemos un llamado al gobierno de los EE. UU. para que negocie por el mejor interés del pueblo venezolano y supere las presiones políticas internas, que lamentablemente han obstaculizado el proceso”. Cabe preguntar cuáles presiones internas. ¿Acaso no fue el régimen quien suspendió las conversaciones en México y se ha negado a reanudarlas? En qué entorpeció Estados Unidos, ¿extraditando a Saab, por decisión judicial?

Por otra parte, el G25 escribe “Hemos instado a Nicolás Maduro a aceptar reformas políticas y electorales significativas y continuar con la liberación de presos políticos. El gobierno debe reconocer que los acuerdos no pueden limitarse al ámbito económico”. Sin duda es lo que todos aspiramos. No tendría sentido suspender las sanciones sin que el régimen acepte lo que la Constitución nos otorga. Agrega que “A la oposición venezolana le hemos planteado la necesidad de unificarse en torno a principios básicos y realistas que sustenten posibles acuerdos. Hemos alentado a la oposición a no ser rehén de posiciones extremas que solo prolongan el doloroso statu quo”. Lo de la unidad es obvio. Falta que los proponentes aclaren qué consideran posiciones extremas.

La carta de Antonio Ledezma señala las causas de la emergencia humanitaria. Apoyamos su petición, aunque hubiésemos preferido que fuese en conjunto con la posición del gobierno de Guaidó. Desconocemos si Ledezma realizó gestiones en este sentido o si el gobierno interino sigue en hibernación. El artículo de Gustavo Coronel fustiga con razón al G25. Los tuiters de Liliana Fasciani son de lectura obligatoria. Ojalá el G15 reflexione sobre el rechazo que ha tenido su carta, pero sobre todo de lo extemporáneo de su posición.

Hay que reconocer que las sanciones no han logrado que el régimen acepte realizar elecciones transparentes, ni que libere a los 220 presos políticos. Cabe preguntar si es porque el régimen ha podido burlarlas o porque no han sido suficientemente severas. Pensamos que por las dos causas. También por despelote de la oposición.

Como (había en botica)

Hoy, 19 de abril, recordemos que Venezuela no acepta sumisión. Mucho dolor produce el caso de la ingeniera de Pdvsa que en horas nocturnas fue encontrada lavando su ropa en un edificio de oficinas de la empresa en Anaco. Al ser sorprendida por los vigilantes declaró “Duermo en la oficina porque no tengo para pagar una habitación. Tengo una hijita de cinco años y mi esposo tuvo un ACV, no tiene empleo y vive en otra localidad en vivienda prestada”. Este es un lamentable caso de cómo sobreviven los trabajadores de la Pdvsa roja. Antes, el personal devengaba un sueldo dentro del 75 percentil de las mejores empresas venezolanas, tenía acceso a un préstamo para adquirir vivienda y un buen seguro médico.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

19 de abril 2022

 4 min