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Opinión

Marcos Hernández López

En tiempos electorales si pensamos en los ciudadanos como los protagonistas de las elecciones desde sus nodos y redes, se podría reducir la distancia y la incredulidad entre la clase política y los electores, apuntando construir unos métodos de debate que incluyan lo relevante para la mayoría y pongan en juego lo que es de trascendencia para la gente. Quizás logremos que los procesos electorales en el caso venezolano la participación del ciudadano en lo público sea otra vez significativo.

Las estrategias electorales empiezan en la biblioteca, es fuente de información, sobre todo en lo referente a los datos histórico político del país, región o ciudad que se desea estudiar, de los propios manuales y estudios de elecciones, de los mapas electorales, de los resultados obtenidos en las anteriores elecciones o de encuestas. Candidatos o candidatas no olviden nunca que el diseño de las estrategias de su campaña electoral se inicia visitando las hemerotecas, elemento este muy significativo para que la memoria de los políticos, propios y extraños, no les juegue una mala pasada. Recordemos que uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras.

“No hay campaña sin estrategia, no hay estrategia sin estudio de opinión”. La estrategia es el componente fundamental de la organización de una campaña electoral. Saber qué hacer, dónde, cómo y con quien es el objetivo para desarrollar aquí. Estrategia es pensar, es construir ideas, no hacer. A eso le llaman táctica. La estrategia se concreta a través del Plan de Campaña, a veces conocido como manual de campaña. Éste es un documento escrito, no público y solo conocido por poca gente dentro del comando de campaña, creado para cumplir la misión de definir las estrategias que direccionan hacia el colectivo electoral.

Para explicar que es una estrategia de campaña, quisiera establecer analogías entre el concepto militar y las campañas políticas, esta última mucho más pacíficas, claro está, a pesar de que como dijo Winston Churchill: «La política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra sólo se muere una vez». Si vinculamos lo anterior con el proceso electoral del próximo 21N, las estrategias juegan un espacio significativo para la sobrevivencia política-electoral. En una campaña electoral todas las decisiones finales son y serán parte de las estrategias que se orientan a buscar únicamente votos, no importa el medio o la manera como se impongan.

En el mismo orden de ideas, la brecha y abstención se combaten simplemente con estrategias. Estos son dos escenarios complejos que todo comando de campaña debe tener presente si un aspirante está situado con una brecha muy significativa y estratégicamente juega a la abstención. Seguramente le estará dando jaque mate a su oponente. Ahora bien, si un candidato está perdiendo por una brecha importante y la abstención baja, estaremos hablando de probabilidades de una victoria no segura. En un momento electoral la brecha y la abstención son el tema fuerte o mejor dicho desafíos que deben resolver todos los jefes de campaña.

La tendencia histórica de la abstención de las elecciones regionales se mueve entre 45% y 47%. Un candidato a alcalde que tenga una brecha de hasta 10%, por el corto tiempo de la campaña pudiera proyectarse su triunfo; sin embargo, todo va a depender de la naturaleza política del contexto electoral y la maquinaria política -electoral que tenga su comando. Es más fácil proyectar victorias en regiones con características urbanas a las que tengan aspectos rurales, el voto reflexivo mueve la brecha y muchas veces baja la abstención.

Brecha y abstención, la primera se ataca a través de estrategias y diversos análisis fácticos y científicos para localizar sus fisuras y la segunda se puede resolver con presupuestos epistemológicos de la psicología social y política que apunten a potenciar la motivación de ir a votar el próximo 21N.

Para los especialistas en materia electoral, la abstención se evita. Las respuestas, aunque parezcan retóricas, deberían de ser muy sencillas: a) volviendo a los electores protagonistas de la elección; b) acercando a la política y a los políticos con la gente; c) poniendo algo relevante en juego; d) entendiendo los nuevos paradigmas y formas de actuar de la sociedad.

Presidente Hercon Consultores

hernándezhercon@gmail.com

Twitter: @Hercon44 / IG: @hercon44

10 de septiembre 2021

Hispano Post

https://hispanopost.com/palabras-claves-21n-brecha-vs-abstencion/

 3 min


José Machillanda

La ciudadanía democrática frente al 21N ya ha decidido su participación política contendiente, propia de la efervescencia política del demócrata venezolano que, como replanteamiento político, entiende la necesidad de aproximarse al hecho electoral del 21N para votar a los Gobernadores y Alcaldes de la oposición política. Es por ello que la elección de Gobernadores y Alcaldes marcará un hito en el afianzamiento democrático del país, ya que su ciudadanía democrática tiene muy claro que el sistema político venezolano tiene que ser repensado y reforzado. Sólo es posible en la medida que la sociedad con su iniciativa y su educación política, es decir como ciudadano, acuda al hecho electoral para darle vigencia y peso a la democracia como cuerpo social.

La democracia tiene que ser conquistada en extremo por los venezolanos, eso ya se ha comprendido el ciudadano después de 20 años frente a esta revolución militarista, vergüenza, desgracia y atraso político. El 21N tendrá su respuesta. Pero, motivada esa masa democrática, ya ha reaccionado, yse entiende en una efervescencia ciudadana que le da certeza y que no permite que haya espacio para equívocos mediante la participación política contendiente. El revolucionarismo militarista, regresión y vergüenza de este país, será una vez más derrotado en el hecho electoral del 21N, no se olviden que vienen siendo derrotados y enjuiciados públicamente desde la brutal abstención del 6D. No más revolucionarismo militarista. Eso será verificado el próximo 21N.

La ciudadanía democrática tiene claro que la República requiere Gobernadores y Alcaldes demócratas, en consecuencia, así votará. Estos Gobernadores y Alcaldes impondrán un camino reformador en lo político y en lo administrativo, la norma será perfectamente cumplida, las leyes serán respetadas, será la imposición ética-ciudadana aplicada como guía facilitará el ejercicio del poder. Es decir, está claro que la democracia venezolana tiene un camino en el hecho de elegir para fortalecer la República, indiscutiblemente que el tiempo desde este momento hasta el 21N permitirá a un ciudadano que, como pieza central de la democracia, acuda al voto sin escándalo, pero con decisión firme. Las próximas elecciones de Gobernadores y Alcaldes lo verificará.

Efervescencia ciudadana, expresión del voto inteligente, será la energía, la visualización y la decisión política del demócrata para agrupar a Gobernadores y Alcaldes en el espacio de la democracia. Democracia donde y cuando mediante vías múltiples de pluralidad, pero sobre todo de compromiso ético, aparecerán los votos del ciudadano en ese camino reformador propio de los demócratas. Camino reformador para el destino de la comunidad, gobierno inmediato de crítica importancia democrática en donde la comunidad, el liderazgo y la democracia coinciden para que el 21N sea posible instrumentar a futuro el juicio que, a partir del 5 de enero de 2022 le corresponde a quien cumple la mitad de su periodo y debe presentarse frente a la ley.

La participación política contendiente de los demócratas el próximo 21N ya otea, ya se siente para que Gobernadores y Alcaldes como poder representen el todo y, en ese volver a empezar, la comunidad sea tratada como esencia que requiere la democracia, tal y como lo sugiere la Constitución y las leyes amparados por la ética. El 21N y el hecho electoral se avizoran ya como el desplazamiento de esa grotesca y primitiva figura de hombres uniformados, armados amenazando y amenazadores, intimidando e intimidadores al ciudadano. La ciudadanía el 21N será la representación cierta, clara, manifiesta para que los Gobernadores y Alcaldes demócratas, simplemente al ocupar sus cargos representen la imagen defensiva de la dignidad, de la ciudadanía, en contrario a lo que significan las bocas de fuego que han venido invadiendo a la República de la cual ya estamos cansados.

Frente al hecho electoral del 21N, el ciudadano democrático expresará todo para que se pueda empezar. Empezar que significa elegir democráticamente a los Gobernadores y a los Alcaldes, ambas acciones serán realizadas por la ciudadanía, por la comunidad y por la decisión de destino que quienes son demócratas que creen firmemente en la paz y en la ley. El venezolano mediante su voto el 21N entiende de manera precisa lo que significa tener Gobernadores y Alcaldes que devengan del hecho electoral prístino, claro, decisivo en donde el aspecto fundamental es la ética para la aplicación del poder.

El 21N no ocurrirá un perfeccionamiento en el ejercicio del voto, ya que el voto como una expresión de cultura política con máximo orden social ya es costumbre del ciudadano venezolano demócrata que cree en la paz, que requiere la armonía, que entiende que con el cumplimiento de la norma, de la ley y de la Constitución quienes ejercen el poder serán ciudadanos que amen la paz. Desde ya, el hecho electoral del 21N será el hecho de la gran masa democrática decididamente política, decididamente venezolanista, decididamente expresión del comportamiento ejemplar de los demócratas, del liderazgo y, sobre todo, de una ciudadanía y una ecuación política que está convencida que hay que ratificar el sentir y el privilegio de la democracia frente a este grotesco régimen ya desplazado, armado, lleno del complejo de poder, que no entiende de República y sociedad, pero sí entiende de dictadura, persecución y armas.

Es original,

Director de CSB-CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 14 de septiembre de 2021

 4 min


Eddie A. Ramírez S.

Todo cambia, nada es, decía Heráclito en el siglo VI AC. Sin embargo, muchos piensan que nada ha cambiado y permanecen confiados en su parcela. El fin de semana pasado finalizó el torneo Abierto de tenis femenino de Estados Unidos y del mismo se pueden hacer tres observaciones: 1-Siempre hay espacios para nuevos actores y no hay que rendirse, aunque el adversario se perciba como más fuerte. 2- La juventud, si se prepara, puede llegar a la cima y 3- Los emigrantes enriquecen al país que los recibe.

1- Las jóvenes que llegaron a la final, Emma Raducanu, que fue la ganadora, y Leyla Fernández estaban en los puestos 150 y 73, respectivamente, de la clasificación mundial. No deberían estar presentes en ese partido decisivo. Había otras con más experiencia y reconocimiento. Sin embargo, no se amilanaron. Al igual que en el tenis, hoy la política no es exclusiva de un pequeño grupo de personas conocidas. Es decir, dejó de ser un campo solo para los políticos Al juego ingresaron actores que antes no tenían voz y que un simple celular para enviar y recibir mensajes los hizo visibles.

Considerando lo crítico que son los mensajes que se envían, muchos de ellos por parte de jóvenes, algunos dirán que eso es la antipolítica o que los ciudadanos ya no se interesan por la política. Al respecto, el francés Pierre Rosanvallón sostiene en su libro La Contra-démocratie: la politique a l’age de la défiance, que en estos tiempos los ciudadanos intervienen sin inscribirse en los partidos políticos, pero están vigilantes de la actuación de los políticos, evaluando su gestión y oponiéndose a decisiones que no les agradan. Como comprobamos los venezolanos, en nuestras redes sociales abundan las críticas por incumplimiento de ofertas, electorales o no.

Sin duda, el contenido de las redes influye en la percepción que algunos se forman sobre los políticos, artistas y en general sobre cualquier persona más o menos relevante. Esto tiene el peligro de hundir o elevar indebidamente el prestigio de una persona. A veces se cae en el error, bien o mal intencionado, de no investigar determinado hecho, sino que se emiten juicios basados en mensajes recibidos. Ojalá los nuevos actores tomen conciencia de su responsabilidad y, por otra parte, todos nos percatemos de que con voluntad es posible derrotar a los poderosos. Lo importante es persistir, trabajar en equipo y no enviar mensajes derrotistas o sin fundamento.

2- El que las dos finalistas sea tan jóvenes indica que la juventud está asumiendo roles importantes. Esto no significa que los no tan jóvenes deben ser tirados al cuarto de los corotos viejos, sino que no les será posible cerrar el paso a los más jóvenes. En Venezuela, la juventud estuvo presente en la lucha contra la dictadura de Juan Vicente Gómez y al final de la dictadura de Pérez Jiménez. Equivocadamente, participó en la guerrilla castro-comunista de los años 60 del siglo pasado. Permaneció dormida al inicio de la dictadura de Hugo Chávez, despertando después del 2007, participando en protestas, creando partidos políticos y organizaciones no gubernamentales.

En esta juventud tenemos puestas las esperanza quienes estamos en nuestra última etapa. Ella es la llamada a recuperar la democracia y a reconstruir el país, hoy devastado por la marabunta roja. Ojalá estos jóvenes se percaten que Emma, de dieciocho años, y Leyla quien durante el torneo cumplió diecinueve, llegaron a la final por su perseverancia, entrenando muchas horas y sacrificando tiempo de disfrute. Si quieren cambiar el rumbo del país, nuestros jóvenes deben dedicar mucho tiempo a la lectura de diferentes tópicos, a intercambiar ideas con quienes piensan diferente y con quienes tienen experiencia. Así mismo, no deben caer en la tentación de la prepotencia.

3- El origen de las bellas jóvenes finalistas indica la importancia de las migraciones. Emma Raducanu nació en Canadá, hija de un rumano y una china que se trasladaron al Reino Unido. Leyla Fernández es hija de un ecuatoriano y una filipina que se radicaron en Canadá. Los países que acogieron a sus padres se beneficiaron. Todos los que han tenido una política de apertura a la inmigración han progresado. El caso de Venezuela es evidente. Sin los inmigrantes que llegaron, en los siglos XIX y XX, no hubiésemos alcanzado el crecimiento y desarrollo acelerado que tuvimos hasta que se revirtió ese movimiento. Incluso, en pueblos aislados como Montecarmelo, en el estado Trujillo, a principios del siglo XX existía una excelente comunidad de origen italiano que contribuyó al auge del pueblo, el cual llegó a contar con una filarmónica de 63 músicos, un beneficio de café y varios trapiches para moler caña de azúcar.

Uno de los aspectos que llamó la atención fue el comportamiento alegre de Emma y de Leyla en momentos difíciles ¿Sería aventurado afirmar que se debe a que viven en países democráticos? Ello contrastó con la amargura y rabia que expresaba la bielorrusa Sabalenka cuando perdía un punto. Quizá pequemos de injustos con ella, ya que todos tenemos malos momentos, pero es tentador especular que su comportamiento es producto del mal ejemplo del dictador Lukashenko.

Como (había) en botica:

Algunos no quieren votar porque no hay condiciones transparentes, porque el CNE es ilegítimo, porque a unos partidos les robaron la tarjeta para darla a representantes del régimen, porque hay candidatos inhabilitados, porque, cuando ganamos, el régimen arrebata el triunfo o quita atribuciones. Tienen argumentos para abstenerse y podría tener algún efecto si hubiese consenso al respecto, pero otros postulan la necesidad de votar a falta de una mejor opción. Cabe preguntarnos: ¿Es preferible ganar algunas gobernaciones y alcaldías o que la dictadura se las lleve todas? ¿La gente prefiere tener un gobernador o alcalde rojo o uno democrático? ¿Con la abstención se desconocería a Maduro y al CNE o ellos seguirían ejerciendo, aunque sean usurpadores? ¿Cómo puede seguir la lucha? ¿Sería válido abstenerse ante un posible revocatorio presidencial?

Lamentamos el fallecimiento de Germán Marín y Jesús Andrade, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


Manuel Delgado Campos

Lo que voy a expresar pareciera como llover sobre mojado, pero no debemos cansarnos de ser reiterativos en la protesta contra el régimen que hoy detenta y usurpa el poder en Venezuela, por la forma en que aviesamente ha vulnerado la dignidad de todos quienes conformamos el denominado sector universitario, al igual que lo han hecho con otros grupos humanos y con las instituciones que ellos representan.

En aras del espacio y tiempo voy a limitarme a los docentes, pero ello es válido, en gran parte, para estudiantes, empleados y obreros.

Sueldos y salarios tan bajos que, si se dependiera exclusivamente de ellos, se estaría en la indigencia. Lamentablemente, hay colegas en esas condiciones. Quien, que se alimente deficientemente, sin recursos para ropa y calzado apropiados, sin medios de transporte propio o público y con la salud desprotegida puede cumplir eficazmente las labores que le son propias y a las cuales quiere dedicarse. Casi imposible.

Y en el caso de que, circunstancialmente, ese profesor tuviese los recursos económicos suficientes, donde y bajo qué condiciones ejercería su actividad de manera digna. Las instalaciones universitarias llámense aulas, laboratorios, talleres o campos experimentales están prácticamente destruidas o tan deterioradas que se hace muy cuesta arriba laborar en las mismas. Que estudiantes pueden recibir enseñanza alguna bajo esas condiciones. La capacidad de sacrificio no es infinita.

No podemos dejar de mencionar las precarias condiciones de seguridad personal, sanitaria, social y jurídica que imperan en la universidad y su entorno. Además, los servicios adicionales indispensables para cumplir de manera adecuada con todas las tareas y labores universitarias son actualmente inexistentes o no operativas. Su mantenimiento y su reposición prácticamente nulos, porque el régimen ha negado, desde hace mucho tiempo, los recursos tanto para los equipos como para el personal correspondiente. Esas personas estan en condiciones similares a las de los profesores y no pueden ejercer apropiada ni dignamente sus obligaciones.

Mención especial merece el esfuerzo perverso del régimen para destruir los sistemas de seguridad social y médico-asistenciales de los universitarios. Los institutos de previsión social y las cajas de ahorro funcionaban con un alto nivel de eficiencia y, gozaban de la aceptación y el aprecio de sus beneficiarios. Ahora, solo que queda el recuerdo de lo que fueron y poco puede hacerse para recuperarlos mientras permanezca en el poder ese grupo delicuencial, cuyo principal objetivo es el de practicar una especie de ''yijad'' contra todo lo que les huele a universidad autónoma y quienes la conforman.

La protesta debe ser de todos porque todos somos los afectados. No podemos dejar solos a los dirigentes gremiales máxime, cuando el régimen se ha empeñado en amenazar, minimizar y casi destruir la labor gremial universitaria. Han utilizado gran cantidad de artimañas, la mayoría de ellas ilegales, contra los dirigentes que de manera digna se oponen al estado actual de cosas. A las autoridades universitarias las han colocado en tan ambiguas y precarias condiciones que se les hace muy difícil tomar las decisiones acertadas y oportunas para contribuir a la búsqueda de las soluciones apropiadas. Están como entre la espada y la pared.

No nos queda otra que protestar y luchar hasta el infinito, si fuera posible, para recuperar y mejorar la Universidad venezolana. Al menos hasta los niveles que tuvimos hace más de veinte años. Los miembros del Consejo de Profesores Jubilados de la UCLA apoyaremos todo lo que pueda hacerse en ese sentido.

Ing. Agrónomo, Ph. D.

Profesor titular (jubilado) de laUniversidad Centroccidental Lisandro Alvarado

Barquisimeto, Venezuela.

12 de septiembre de 2021

 2 min


Américo Martín

Las vueltas y revueltas acerca del posible destino de la negociación, que afortunadamente sigue avanzando en México, se multiplican con el correr de los días. Es una negociación con agenda previa y un par de acuerdos logrados, pero aún se nota cierta renuencia en la parte oficialista de llamarla por su nombre, y a nadie se le ocurre otra explicación de otorgarle la trascendencia que indudablemente tiene. ”Diálogo” prefieren, sin duda, para que sus eventuales acuerdos no vayan muy lejos.

Curiosamente pesa el recuerdo de lo ocurrido con la primera negociación de este tipo celebrada en Venezuela, entonces durante el gobierno de Hugo Chávez, específicamente entre el 8 de noviembre de 2002 y el 29 de mayo de 2003.

Para dejar claro que no se trataba de un diálogo abierto sino de una negociación en serio, se definió una agenda y se precisó que nada se considerará definitivamente aprobado “hasta que todo fuera aprobado”. Puesto que la OEA estaba facilitando la negociación, junto con el PNUD y el Centro Carter, se encomendó la coordinación de la Mesa a Cesar Gaviria, su secretario general. Con tantas previsiones se esperaba con buenas razones que se encontrara una salida electoral a la considerable crisis que afectaba como nunca a nuestro maltratado país. Pese a las profundas diferencias reinantes, el objetivo se alcanzó bajo la forma del Referendo Revocatorio que destituiría o ratificaría al Mandatario.

Menudearon las acusaciones de fraude y ventajismo esgrimiendo instrumentos de prueba pero Chávez, aún en el tope de su popularidad, fue ratificado y así lo atestiguaron los acreditados representantes internacionales. Tal reconocimiento proviniendo de la Comunidad Internacional, a la que la oposición había invocado y ha seguido haciéndolo, resultó decisivo, muy a pesar de las prácticas agresivas del presidente Chávez, que profundizarían el distanciamiento mundial y la desconfianza hacia los serios problemas con la mayoría de las naciones americanas.

No obstante, la oposición unida exhibe una poderosa musculatura. Por carencia de imaginación para entender el resultado, optó por negarlo sin suficiente análisis, al extremo de enfrentarse a sí misma entrando en un proceso de continuas escisiones que atentaron contra su propia fortaleza y, peor aún, contra su unidad. Debilitada, sin conducción única y fabricando enemigos en lugar de ganar más y más amigos, así vinieran de las filas contrarias en todos los grados posibles.

Al definir el significado de la guerra el célebre teórico prusiano, general Karl Clausewitz, emitió una serie de conceptos ciertamente insuperables, que en varias ocasiones me ha parecido muy pertinente citar, especialmente frente a quienes afirmen que a la guerra se va, ni más ni menos que a matar a tantos enemigos como balas llevemos en la cartuchera. Eso se llama borrarlos del mapa sin contemplaciones. Expresamente lo rechaza el gran general prusiano. En su sabio criterio, de lo que se trata es de colocar al otro en condición de no seguir haciendo lo que está haciendo. Y ese propósito, a la vez humano y político es lo que genera las más encomiables victorias.

Lograr que parte de los soldados enemigos sea persuadida de la profunda verdad de la causa democrática, permitiría vencer sin verter más sangre de la que sería inevitable. Esa justa orientación define un rasgo del manejo democrático, que consiste en encontrar la manera de ganar a cuantos se pueda y neutralizar a quienes, sin romper expresamente con sus antiguos compañeros, acepten la mano tendida que se les ofrece.

Si en nuestro país hubiera más interés en aprender las buenas lecciones que nos han dejado los líderes de la Independencia, después de la abolición del decreto bolivariano de la guerra a muerte, ya estaríamos más cerca que nunca de dejar atrás la tragedia que nos agobia.

El sorprendente viraje patriota postulaba ahora la unidad de los nacidos en el país, a sabiendas de que en su mayoría, los soldados y muchos oficiales considerados peninsulares y consecuencialmente realistas, debía tratárseles como venezolanos y esencialmente patriotas. Bolívar no mordía y soltaba la presa, al igual que los bulldog se aferraba a ella sin aflojar jamás. Esa fiera tenacidad se descubre en la cadena de hazañas que protagonizaron los grandes jefes que lo acompañaron.

Obviamente semejante viraje no puede calcarse con la esperanza de cosechar frutos similares. Bien sabido es que la historia no se repite al carbón, sin embargo, aparecen sorprendentes analogías, que la Historia, la ciencia-arte de la Política y la Politología aprovechan asiduamente en sus elaboraciones sobre el sistema democrático y el proceso que le conduce a ese destino.

¿Estoy siendo víctima de mi imaginación?

¡Ojalá así fuera!

¡Con mucha imaginación se alcanzan los mejores logros!

Y así espero que ocurra en la auspiciosa reunión que transcurre en México.

Twitter: @AmericoMartin

 3 min


Carlos Raúl Hernández

El totalitarismo moderno tiene tres elementos constitutivos esenciales que provienen de lo más profundo del inconsciente: llegará la hora, el día de la ira, en el que los que sufrieron vejámenes e injusticias, se vengarán por las manos de un caudillo duro pero benefactor y justiciero, el mesías que creará un mundo feliz donde los hombres serán buenos. Esa yerba viene desde las raíces de la cultura y es indestructible pese a que utopía signifique “en ningún lugar” y la tríada con el mesianismo y el hombre nuevo haya demostrado su horror. Esos tres factores componen la esencia del sistema totalitario moderno. Los judíos sufrieron siglos y siglos de opresión, colonización, secuestro por Egipto, Babilonia, Asiria, Roma, y afirmaron la esperanza de que, con un mesías, un ungido “de brazo fuerte y tenso” vendría “el día de la ira”, la reivindicación de los oprimidos, y se les devolvería su patria y su libertad (“haré comer a tus opresores su propia carne/con su propia sangre se embriagarán como si fuera vino”).
Viene a castigar el egoísmo y la maldad, a instaurar la justicia, y a crear un mundo con “ríos de leche y miel”. Luego del escarmiento, su herencia será alegría y abundancia, la Tierra Prometida, arrebatada, y la esperanza mesiánica se convirtió en el báculo moral para soportar la opresión, sostener sus vidas ante la adversidad. Nos espera la “…tierra de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares, de aceite y de miel, donde el pan que comas no será racionado y no careceréis de nada…”. “Bendito serás en la ciudad y el campo/ bendito será el fruto de tus entrañas, el producto de tu suelo. El fruto de tu ganado. El parto de tus vacas y la cría de tus ovejas”. De allí proliferan demagogos, déspotas que vinieron a demoler la sociedad y construir una nueva y que usará la violencia para trasformar la condición humana y crear un hombre sin egoísmos ni falsas necesidades.
Los cinco o más mesías de la historia hebrea fueron caudillos militares, mientras el arma del Mesías con mayúsculas, es la palabra, el bien y el amor a los demás, que lejos de hacer que los malvados se comieran entre sí, dejó en la comunión su propia sangre y carne. Mientras el cristianismo habla del paraíso en la vida eterna, la utopía consiste en crearlo sobre la tierra. Que los hombres serán ajenos a la escasez, e incluso a la muerte nace en el Antiguo Testamento, fundamento óseo y poderoso de la civilización occidental, de sus valores fundacionales. El milenario sueño utópico lo inicia la serpiente, a la que injustificadamente confunden con el Demonio, que incita a la pareja del año a probar el fruto prohibido “y seréis como dioses”. Ese acto de insubordinación les hizo salir del Edén, que Hegel compara con “un corral de animales”, procrear, hacerse dueños del mundo.
El costo fue muy alto porque Yahvé como castigo los convirtió en mortales, les hizo presa de la negra nada de la muerte (“maldita sea la tierra por tu causa… Con el sudor ganarás el pan… y polvo eres y al polvo regresarás”). Después los hombres cometen el segundo crimen: Caín asesina a Abel por envidia, y Yahvé decide revocar su obra, exterminar al hombre con el Diluvio, porque criatura tan vil no merecía existir, aunque la mediación de Noé salvó las especies. Decíamos que la esperanza mesiánica viene con su complemento directo, el día de la ira en el que el pueblo tomará venganza de los oprobios y humillaciones, el día de la revolución (“Día de ira, el día aquel/ día de angustia y ahogo/ de devastación y desolación/ de tinieblas y oscuridad…”. Tal vez el texto más obscuro, tormentoso, insondable, esta vez del Nuevo testamento es el Apocalipsis. Después de las borrascosas narraciones del Anticristo, la Bestia, los Jinetes, se establece el Reinado de Cristo de los mil años, el corazón de la Utopía.
Pero la Iglesia, con su poderosa mano izquierda que le hizo triunfar en tantas batallas, generalizó la versión de Dante muy lejana de la creencia utópica que refirió la felicidad y la perfección al Cielo en la otra vida y no a algún futuro sobre la tierra. Por eso hablamos del “otro mundo”. No hay duda de que la noción que predomina desde el siglo XIII es la Divina Comedia. A pesar de esa “sustitución”, al decir de Aristóteles seguido por Lacan, todos esos fantasmas son indestructibles porque tienen raíces en lo más profundo de la cultura, es decir, del alma, el Ello donde nace los mitos. Un rasgo esencial de los movimientos totalitarios es que desparraman el inconsciente y en los más recónditos entresijos del espíritu reaparecen los fantasmas que hicieron retroceder la humanidad a etapas furiosas y turbias, ligadas al caudillo mesiánico, el ejercicio de la ira justiciera colectiva y la construcción de paraísos humanos. El mesianismo moderno trata de hacer creer que los desarreglos del mundo se deben a la maldad ínsita de los poderosos, a su deseo, y no a la falibilidad humana pese a la profundidad y exactitud de frase de Holderlin: “quienes hacen el mundo infernal son los que quieren convertirlo en el paraíso”. Nos persigue la pesadilla utópica de un mundo feliz donde todos seamos iguales y felices, el socialismo o el Reich de los mil años. Fidel o Hitler debían tener el poder absoluto para acabar con el mal.

@CarlosRaulHer

 4 min


Ismael Pérez Vigil

Al decidir la oposición mayoritaria participar en las elecciones regionales y locales del 21 de noviembre (21N), el problema pasa a ser cómo derrotar a los candidatos del régimen; pero, este no es el único problema que tiene la oposición democrática; otros obstáculos se presentan, nada fáciles y sin ninguna garantía de que se puedan evitar satisfactoriamente: la abstención y los problemas internos.

¿Posible triunfo?

Por algunos indicios podemos pensar que derrotar al régimen y sus candidatos es posible. El primer indicio de que esto es posible, es la actitud del propio gobierno y sus esfuerzos por incrementar la abstención. Paradójicamente, el régimen se presenta “celebrando” la decisión de la oposición democrática de participar, porque sabe bien que cualquier alabanza o celebración suya al respecto produce el efecto contrario: hace que la gente se cierre más y rechace la convocatoria. De allí las intervenciones del propio Nicolás Maduro “festejando” que la oposición democrática participe.

El segundo indicio, naturalmente, lo proporcionan las encuestas, si las damos como válidas, pues muestran un elevado nivel de rechazo al régimen actual, dada la intensificación, por la pandemia, de la aguda crisis económica y social que asola a la población del país. En algún momento el pueblo decidirá “pasar factura”, bien sea absteniéndose de votar o dejando de votar por el que considera el culpable de esto, o bien votando por la opción contraria

El tercer indicio es el hecho objetivo que en elecciones regionales y locales no está en juego el núcleo del poder, por lo que el régimen no se empleará a fondo en ganarlas, además que sus conflictos internos han salido a flote en su proceso de primarias y porque no cuenta con los recursos económicos para hacer sus campañas demagógicas, de compra de conciencias y votos.

La abstención, estrategia del régimen, al final podría jugar en su contra, pues, como veremos más adelante, al reducirse la abstención en un pequeño porcentaje se incrementa el número de gobernadores y alcaldes que puede obtener la oposición, sobre todo si contamos con que, en elecciones regionales y locales, una pequeña cantidad de votos puede hacer la diferencia.

Vistos los resultados obtenidos en las dos últimas elecciones de gobernadores −2012 y 2017− y la falta de participación en los procesos de 2018 y 2020, cualquier resultado que se obtenga, será ganancia; siempre y cuando en esta elección no vayamos en la actitud triunfalista, que suele nublar y entorpecer el análisis objetivo. En el lado positivo, debemos anotar que pareciera que está vez esté no será el caso, lo cual es una ventaja, pues nos permite concentrarnos en el objetivo fundamental, que es retornar la vía de la participación electoral y romper con el inmovilismo paralizante de los últimos años.

Pero además, tras lo ocurrido recientemente en el escenario internacional, alcanzar mayores niveles de participación y organización popular es importante, pues ya estamos viendo que no hay ninguna nación democrática que esté dispuesta a salir en rescate −sobre todo por la fuerza− y resolver las “inequidades”, las diferencias, de otra nación o sociedad, ni siquiera en nombre de la democracia o en preservación y protección de los derechos humanos; cada país, internamente, tiene que resolver su situación y solo así podrá contar con cierto apoyo y respaldo externo.

Pero, acercarse a ese “triunfo” supone superar los obstáculos ya mencionados: la abstención y los problemas internos de la oposición

La Abstención.

Continuar discutiendo las ventajas o desventajas de participar o abstenerse no tiene ya sentido, pues la decisión de participar está tomada; el problema ahora es como remontar la abstención, que se ha instalado como una endemia en el 35% desde 1998; un peso muerto y ni siquiera podemos decir que quien se abstiene lo hace conscientemente; simplemente para ese grupo lo político, lo electoral, no existe; no es que no le afecte, que lo hace y mucho, simplemente no está en su “radar” de vida. A esa cifra hay que agregar un porcentaje variable, que puede pasar del 15%, de los que se abstienen por razones “políticas”, aunque no hagan nada más por manifestar su insatisfacción.

Es una de las barreras a vencer, pues cada vez que la abstención ha bajado de ese 35%, la oposición obtiene triunfos importantes; para citar un solo ejemplo, la abstención en las elecciones parlamentarias de 2015, bajo al 26% y ya conocemos los resultados.

Otro problema es que las elecciones de gobernadores tienen los niveles más bajos de participación; el promedio de abstención en este tipo de elección es del 43% desde el año 1989 y aun cuando no ha sido el más bajo, el último, el de 2017, fue del 42%. Si analizamos las cifras de estos procesos −ver el cuadro incluido− desde que se instauró este régimen, vemos como cada vez que ha bajado la abstención recuperamos gobernaciones; en 2008, que bajo al 34%, obtuvimos 5 gobernaciones: Carabobo, Miranda, Nueva Esparta, Táchira y Zulia y pudimos haber ganado otras cuatro –Bolívar, Cojedes, Falcón y Mérida– de no ser por los elevados porcentajes de abstención en esos estados. En 2017, que la abstención bajo cinco puntos con relación a 2012, obtuvimos en las urnas 6 gobernaciones, una nos fue arrebatada −Bolívar− y en la otra −Zulia−, no se juramentó el candidato elegido.

Siempre ocurre que los eventos políticos recientes −derrotas presidenciales o de referendos− impactan muy negativamente el ánimo de los electores; a los factores anteriores se suma el hecho que en los dos procesos electorales recientes −presidencial 2018 y parlamentarias 2020− la oposición llamó a la abstención. Y hay otros dos factores que tampoco debemos subestimar, uno es la estimulación de la abstención y la desacreditación del voto, por parte del régimen y el otro, la merma de votos producto de la llamada “diáspora” y la sub inscripción en el Registro Electoral (RE).

Según los últimos datos del CNE, el RE para el proceso del 21N es de 21.159.846 votantes, que incluye 229.859 extranjeros con derecho a voto en comicios locales y regionales, por tener más de diez años de residencia en el país; si redondeamos esa cifra a 21 millones −para efectos prácticos de cálculo y análisis− de los 21 millones un 35%, como ya dijimos, es un peso muerto, que no participa, por apatía e indiferencia; unos 2.5 millones, de los 6 millones de venezolanos que están en el exterior, no votaran el 21N; se calcula en 10% la subestimación del RE, es decir, unos 2 millones más; a eso hay que restar 20%, entre los que votan por el régimen y los que votan por su “oposición oficialista”, por llamarla de alguna manera; por lo tanto, a la oposición democrática le quedan “limpios” menos de 7.4 millones de votos, que hay que recuperarlos todos −evitando que se vayan a la abstención− y recabar o “rescatar” lo más que se pueda entre los abstencionistas endémicos y votantes que lo hicieron por el régimen y por la “oposición oficialista”. No es tarea fácil, pero no imposible, sobre todo considerando que en 2017 en muchas de las gobernaciones se perdieron por estrecho margen de diferencia con los ganadores del régimen y en estado con alto porcentaje de abstención.

Los problemas internos.

Por tales problemas no me referiré a las diferencias con los llamados radicales, en cuanto a la discusión sobre si negociar o no hacerlo, sí participar o abstenerse, pues creo que quienes rechazan las opciones de negociar y participar son grupos que, aunque ruidosos y activos en redes sociales, son poco numerosos y quienes se encierran en posiciones abstencionistas terminan languideciendo y desapareciendo, pues −con muy contadas excepciones− nunca logran concretar una opción alternativa. Me referiré a otros tres temas, mas importantes.

Primero, constatemos que buena parte de la indiferencia por la política y el rechazo por parte de la población obedece al sentimiento −presente también en muchas partes del mundo− que el sistema democrático no ha respondido cabalmente a las necesidades de gran parte de la población; nuestros partidos democráticos no escapan a ese sentimiento y a la falta de una renovación profunda en sus estructuras y liderazgo que permitan enfrentar esa situación. Adicionalmente, por circunstancias bien conocidas desde hace 22 años, nos encontramos con partidos políticos acosados, perseguidos, diezmados, sin recursos y hoy con buena parte de sus líderes en el exilio, en semi clandestinidad, que les ha dificultado mejorar su credibilidad por parte de la población y la formación ideológica y política de sus militantes y dirigentes.

Adicionalmente, creo que hay tres factores muy importantes, comunes a todos los partidos en muchas partes del mundo, que afectan su desempeño y el de sus lideres; uno es que no han sabido explicar que, además de su naturaleza política como partido, que es disputar el poder, también necesitan resolver sus necesidades económicas, reales, legitimas, que pueden limitar y comprometer su actuación pública y que los llevan a participar en procesos electorales por cargos, en los que pueden tener acceso a recursos. Dos, la falla en separar los intereses personales, de los del partido, del gobierno y de la gestión pública, que una vez en el poder y cuando les toca ejercer esa gestión pública, puede ensombrecer su accionar.

El tercer factor u obstáculo que afecta al interior de la oposición, particularmente en Venezuela, se refiere al personalismo y a la falta de compromiso con el valor de la unidad. Me explico. Lo de contar con candidaturas unitarias, apoyadas por todos, es un desiderátum, es lo ideal; pero, eso realmente no ocurre o no ha ocurrido, porque en realidad lo de la “unidad” parece no ser un principio que tenga el mismo valor para todos nuestros políticos, dirigentes e incluso lideres de la sociedad civil. Es algo así como un principio secundario o “retórico”, que cuando conviene se utiliza, pero que fácilmente se deja de lado, supeditado a intereses grupales o personales. Creo que nunca ha habido un compromiso real en nuestro estamento político con eso de la unidad y es algo fácil de comprobar que cuando hay candidatos que se deciden por elecciones primarias, por consenso o por encuestas, los perdedores, cuando no rechazan los resultados bajo cualquier pretexto y los aceptan, hacen “mutis por el foro”, jamás se suman realmente a la campaña del candidato ganador; permanecen “por allí”, en lo que algunos denominan “la reserva”, agazapados esperando su nueva oportunidad.

En resumen, la abstención, los intereses particulares, el personalismo, la falta de un debate abierto, el no hablarnos directamente sino a través de prensa, TV y ahora por redes sociales y la falta de firmeza en ciertos valores y puntos que no deberían estar sujetos a cambios, son factores que nos hacen tanto daño, como los candidatos del régimen y son igualmente difíciles de derrotar; pero esa es la tarea.

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