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Opinión

Andrés Velasco

Mientras contemplan sus modelos en silencio, los macroeconomistas oyen a la distancia el resonar de una revuelta. Hace un año, el premio Nobel en economía, Joseph Stiglitz, anunció que el capitalismo pasaba por "una nueva crisis existencial", de la que culpó a la "ideología neoliberal". Hoy día, Robert Skidelsky proclama la llegada de una "revolución silenciosa en la macroeconomía". Martin Sandbu, del Financial Times, prefiere el plural, celebrando "las revoluciones hoy en curso en la macroeconomía".

Se supone que el primer principio del nuevo régimen postrevolucionario radica en la creciente aceptación de políticas fiscales agresivas. Incluso el Fondo Monetario Internacional –que alguna vez fue satirizado por querer imponer la austeridad fiscal en todo el mundo– recomienda ahora mayores estímulos fiscales para combatir la crisis.

Entonces, si en realidad estamos frente a una revolución, ¿de qué tipo es? ¿Deberían temer una guillotina intelectual los macroeconomistas convencionales?

En la práctica, un cambio radical ya está en curso. Según el Monitor Fiscal de enero del FMI, los déficits fiscales de 2020 promediaron el 13,3% del PIB en las economías avanzadas y el 10,3% entre los mercados emergentes, y superarán el 8% en ambos grupos de países en 2021. El FMI prevé que para el fin del año, la deuda pública bruta alcanzará el 99,5% del PIB mundial.

Nada de esto, sin embargo, obedece a una revolución conceptual. La idea de que en una trampa de liquidez –cuando las tasas de interés no pueden bajar más– la única alternativa posible es la política fiscal, constituye un elemento clave de la Teoría General de John Maynard Keynes. La gran mayoría de los macroeconomistas tradicionales recomendó una respuesta fiscal contundente frente a la crisis financiera de 2007-2009, e hizo lo mismo luego de la llegada del Covid-19. Unos pocos profesores afirman que al estímulo fiscal no le corresponde papel alguno, pero hay que buscarlos con paciencia hasta encontrarlos.

Lo que ha cambiado es la política. A fines de 2008, los asesores del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, deseaban un estímulo fiscal de US$ 1,8 billones. El Congreso aprobó un paquete de menos de US$800 mil millones con la oposición de todos los representantes republicanos y 38 de los 41 senadores republicanos. El resultado fue muy distinto en marzo de 2020. El Congreso aprobó un paquete de estímulo por US$2,2 billones. Todos los senadores republicanos votaron que sí. ¿Qué había cambiado? El presidente, Donald Trump, era republicano.

En Alemania, la canciller Angela Merkel también ha logrado un vuelco total en materia de política fiscal: convenció al establishment económico híper conservador de su país no solo de incurrir en un déficit en 2020, sino también de emitir bonos junto con otros países de la Unión Europea –algo previamente tabú– a fin de financiar un fondo de €750 mil millones para la recuperación postpandemia.

El mundo de hoy es también muy diferente del que existía antes de la crisis de 2007-2009. En las décadas de 1980 y 1990, las tasas de interés reales eran positivas, y altas en algunos países. Un gobierno muy endeudado se veía obligado a destinar un porcentaje cuantioso de su presupuesto anual al pago de intereses, en vez de poder invertir esos mismos fondos en salud, educación, bienestar, o infraestructura verde. En tal situación, la mayor parte de los economistas –incluso los progresistas– recomendaba prudencia.

Hoy día, cuando la tasa de interés real es cero o menos, un país endeudado debe realizar pagos de intereses reales equivalentes a, bueno, cero. No es sorprendente, entonces, que economistas destacados, como Olivier Blanchard de MIT, afirmen que las tasas de interés bajas sostenidas dan margen para una deuda pública mucho más alta.

Una revolución conceptual sí ocurrió, pero fue en el ámbito de la política monetaria y partió hace más de diez años. Como consecuencia de la crisis de 2007-2009, los bancos centrales empezaron a hacer lo contrario de lo que tradicionalmente se receta. Bajo nuevas etiquetas –"relajación cuantitativa" y "alivio crediticio"– imprimieron billones de dólares de dinero fresco que primero utilizaron para adquirir bonos gubernamentales y luego bonos de empresas.

Hace décadas que nosotros, los macroeconomistas, les enseñamos a los estudiantes que en el largo plazo, el nivel de precios es más o menos proporcional a la oferta de dinero, de modo que si esta se duplica, la inflación acumulada eventualmente llegará al 100%. Sin embargo, en los 12 años posteriores a enero de 2008, la Reserva Federal multiplicó por tres la medida de dinero más común, y la inflación casi no varió. En el año transcurrido desde el comienzo de la pandemia, esa misma medida de la oferta de dinero se ha cuadruplicado, y la inflación aún no aparece.

Estos nuevos hechos empujaron a los macroeconomistas a apresurarse a revisar sus antiguos modelos. El cambio también obedeció a la constatación de que estas políticas monetarias "no convencionales" parecían funcionar, en el sentido de ayudar a restablecer la estabilidad financiera y a sentar un piso en las recesiones. En 2014, Ben Bernanke observó que "el problema de la relajación cuantitativa es que funciona en la práctica, pero no así en teoría". Desde entonces, los macroeconomistas han escrito docenas de artículos en que aclaran las condiciones bajo las cuales la relajación cuantitativa funciona tanto en teoría como en la práctica.

Sandbu pisa terreno firme cuando sostiene que se está gestando otro cambio fundamental: la creciente conciencia de que los equilibrios múltiples deben ser motivo crucial de preocupación a la hora de formular políticas. En un gráfico estándar, si las curvas de la oferta y la demanda se cruzan una sola vez, ese mercado tiene un solo equilibrio. Si se cruzan dos, tres o más veces, los equilibrios son múltiples.

Lo anterior tampoco es nuevo en términos conceptuales. La analogía del "concurso de belleza" (hoy políticamente incorrecta) que utilizó Keynes en su Teoría General apunta a los equilibrios múltiples. En 1965, el economista británico Frank Hahn publicó un famoso ensayo en el que demostraba que todas las economías monetarias tienen más de un equilibrio.

Las consecuencias prácticas son enormes. Si más de un equilibrio es factible, entramos en el dominio de las profecías auto cumplidas: el pesimismo acarrea resultados acerca de los cuales no cabe sino ser pesimista; y el salto de un equilibrio bueno a uno malo puede producirse de manera súbita y sin advertencia. Las autoridades monetarias y fiscales están cada vez más conscientes de este peligro. Como lo señala Blanchard, el riesgo que presentan las crisis de confianza y las corridas contra la deuda, constituye el argumento de mayor fuerza para rebatir la idea de que el incremento de la deuda pública es seguro.

El afán de evitar un equilibrio malo puede llevar a un activismo cuasi revolucionario en la formulación de las políticas, como cuando el entonces Presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, prometió en 2012 que el BCE haría "lo que fuera necesario" para salvar el euro. Pero, el riesgo de un pánico auto cumplido también puede requerir prudencia, y no fervor revolucionario, al formular políticas. Si a los reguladores les preocupan las corridas bancarias, exigirán a los bancos mantener reservas monetarias más altas por cada dólar que reciben en depósitos. Si a uno le preocupan las corridas contra la deuda pública, entonces votará por políticos partidarios de endeudarse menos, y a plazos más amplios.

En su canción homónima, los Beatles revelan escepticismo ante las promesas de revolución:

"You say you want a revolution. Well, you know. We all want to change the world. You tell me that it’s evolution. Well, you know. We all want to change the world"

[Dices que quieres una revolución Bueno, sabes Todos queremos cambiar el mundo Me dices que es evolución Bueno, sabes Todos queremos cambiar el mundo]

En la macroeconomía, los eventos recientes no sugieren revolución, sino evolución. Y es esta –la adaptación a hechos nuevos– la que produce cambios duraderos en el mundo.

Traducción de Ana María Velasco

26 de febrero 2021

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/evolution-not-revolution-in-economic-policies-by-andres-velasco-2021-02/spanish

 6 min


Mariana Mazzucato

En las Conferencias Reith —la serie anual de radio de la BBC— del año pasado el exgobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, observó que desde la crisis financiera de 2008 cada vez más es el valor monetario el que define a las normas e instituciones. Lo que suele faltar en esta discusión sobre la confusión entre precio y valor es la forma de captar el valor real de las instituciones públicas que nos enriquecen.

Es apropiado que Carney presente este planteo en un programa de la BBC; después de todo, la BBC fue la primera emisora pública en incorporar la noción de «valor público» en su marco de gobernanza. La British Broadcasting Company se convirtió, junto con el Servicio Nacional de Salud y The Open University (La Universidad Abierta), en una de las instituciones más queridas y de mayor renombre internacional del Reino Unido; llega a una audiencia de 460 millones de personas cada semana.

Sin embargo, una minoría que se hace oír (a menudo guiada por las publicaciones de Rupert Murdoch) desea destruir a la emisora. Menosprecian el compromiso de la BBC con la inclusión y la diversidad, considerándolo una mera exhibición de corrección política, y la acusan de «desplazar» a los medios privados debido a la escala y el alcance de sus servicios. Para ellos es el sector privado el encargado de crear valor, el Estado solo debe centrarse en cubrir las brechas y arreglar lo que los economistas llaman «fallas de mercado».

Para esos críticos, la solución es simple: retirar el apoyo financiero a la BBC. Esto implicaría despenalizar la falta de pago de la licencia anual obligatoria con la que se financia. Si la BBC pasa a depender de un modelo suscripciones, sin embargo, su futuro sería mucho más endeble, que puede ser el deseo de sus rivales, dado que Murdoch actualmente está tratando de crear una versión para el Reino Unido de su red de noticias de extrema derecha en Estados Unidos, Fox News.

El Reino Unido saldría perdiendo si se debilita o destruye a la BBC, como demostramos en un nuevo informe con otros autores. Su valor va más allá del mandato de las emisoras públicas tradicionales de proporcionar acceso universal a noticias objetivas, programas creíbles y arte, que confina al Servicio de Difusión Pública en EE. UU. La BBC también ha sido pionera en los formatos comerciales, creando así nuevas oportunidades de negocios —atrayendo (no desplazando) empresas— y logrando al mismo tiempo metas sociales importantes, como la incorporación de diversidad a la pantalla.

Para entender la manera en que la BBC logró todo esto debemos volver a considerar al Estado como creador de valor colectivo, no solo como corrector del mercado. La difusora funcionó simultáneamente como inversora, inventora, innovadora y plataforma de consumo, desempeñando un papel integral en el desarrollo de la infraestructura británica para la

Desde sus primeras emisiones radiales hasta las plataformas actuales de video en continuo y en directo, las inversiones de la BBC funcionaron reiteradamente como catalizadoras de nuevos mercados en diversas industrias creativas. La BBC es el mayor inversor en contenidos británicos originales y su fuerza creativa asume riesgos de programación. La venta de sus contenidos originales le permite obtener ingresos significativos, al tiempo que simultáneamente exhibe el talento británico y atrae a grandes talentos extranjeros. Esas actividades inciden sobre los mercados por doquier. Los ingresos luego se destinan al desarrollo, producción y difusión de contenidos adicionales.

Más allá de la programación, la BBC ha desarrollado tecnologías innovadoras como el iPlayer y BBC Sounds, estableciendo así estándares tecnológicos para el sector (como DAB para el audio y DVB-T2 para video) y creando economías de escala para los fabricantes de electrónica. La investigación e innovación de la BBC contribuyen al desarrollo de un entorno más seguro y sostenible en Internet a través de iniciativas colaborativas, como la Digital Futures Commission, que busca eliminar trabas a la innovación digital para beneficiar a los niños y los jóvenes, y el proyecto Databox, que fija elevados estándares en el sector para la gestión de los datos y la privacidad.

Algo fundamental es que a menudo las inversiones de la BBC respondieron más a los valores sociales que al valor financiero. El BBC Micro, un sistema de microcomputadoras que llegó a todas las aulas británicas, ayudó a reducir la brecha digital. El Micro surgió de un programa de educación tecnológica, el Proyecto de Educación Informática de la BBC (BCC Computer Literacy Project), a principios de la década de 1980. Para llevar adelante el proyecto, la BBC tuvo que trabajar con Acorn Computers, que usó la inversión de la BBC para aumentar considerablemente su escala. La misión social de la BBC creó, a su vez, valor para la industria.

Incluso el papel más básico de la BBC —la creación y distribución de contenidos— produce beneficios sociales de gran alcance. Durante la pandemia, cuando la gente debió confinarse en sus hogares, la BBC ofreció tres horas diarias de contenidos educativos y de entretenimiento. Además, el alcance de la BBC y la confianza que el público deposita en ella contrarrestan las tendencias de desinformación, ya sea sobre el cambio climático o las vacunas contra la COVID-19. Mantener el alcance de la BBC, que depende de su financiamiento, garantiza su posición en el abarrotado mercado de medios como una fuente legítima que goza de amplia confianza. Y la «conciencia» que los críticos condenan —que, por ejemplo, brindó a las mujeres una plataforma donde desempeñarse como presentadoras deportivas— contribuye a un clima cultural de mayor inclusión y tolerancia.

Aunque es difícil medir el valor público dinámico de la BBC, sabemos que por cada dólar del erario público que se invierte en la producción cultural, la economía crece 5 USD en promedio. En la industria automotriz, el efecto multiplicador es solo la mitad, no solo porque es menos intensivo en mano de obra, sino porque no impulsa tantas inversiones nuevas en otros servicios, tecnologías y materiales. Una vez más, aun cuando la BBC no se centra en el valor financiero, lo crea e incentiva de manera muy eficaz.

Para entender las contribuciones de la BBC a la economía en su conjunto —y el concepto de valor público en términos más amplios— es necesario un nuevo marco de trabajo. Hay que desarrollar nuevos indicadores que aumenten la propia responsabilidad de la BBC, para asegurarnos de que avance la frontera de los mercados y aumente la necesaria diversidad, tanto en la programación como para el conjunto de proveedores vinculados a ella. Tenemos que repensar los indicadores tradicionales de desempeño, que se centran en los costos y beneficios estáticos más que en los efectos dinámicos de las decisiones de inversión que dan forma a los mercados. Debemos hacerlo con urgencia, antes de que se destruya una valiosa institución.

Y las lecciones van más allá de la BBC, solo si repensamos la generación del valor público podemos pasar del debate sobre si corresponde financiar las instituciones públicas a otro sobre cómo estructurarlas y usarlas para fortalecer nuestro entramado social y producir una economía más creativa. La BBC es un excelente lugar donde comenzar esta discusión. Las lecciones que podemos aprender responden a preguntas clave: ¿cómo y por qué valoramos a nuestras instituciones públicas, y cómo podemos fortalecerlas en vez de cuestionar continuamente su propia existencia?

Traducción al español por Ant-Translation

22 de febrero 2021

Projecto Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/defund-the-bbc-public-value...

 5 min


Maria Berentzen

Si quieres trabajar eficazmente en casa, debes crear las condiciones adecuadas. Un espacio de trabajo dedicado, un horario fijo y estos otros 4 consejos te ayudarán.

Trabajar eficazmente en casa no es tan fácil, y sin embargo suena tan bien al principio: por fin no te controlan, te quedas en chándal y te pones en marcha cuando te conviene. Las personas que empiezan a trabajar desde casa suelen tener grandes expectativas. Pero no es tan fácil crear una estructura diaria.

La estructura diaria, crucial para trabajar en casa

Si no lo consigues, pronto te sientes como si sólo estuvieras trabajando y nunca llega el final del día. Al mismo tiempo, suele ser difícil concentrarse y ser productivo: de repente te das cuenta de que las flores no se han regado y de que hay que lavarlas, y luego ya es casi la hora de la merienda.

Para trabajar eficazmente en casa, es fundamental crear una estructura diaria y estructurar el trabajo de manera que los periodos de concentración se alternen con los descansos. ¿Cómo hacer que esto funcione? Te dejamos 6 consejos.

1. Crea un sitio de trabajo

¿Trabajas en la cocina porque la cafetera está muy cerca, en el sofá (¡cómodo!) o en la cama? Si quieres crear una estructura, te ayudará establecer un puesto de trabajo fijo. Esto señala que es el momento de trabajar, y te ayudará a concentrarte mejor. Por el contrario, un puesto de trabajo fijo también tiene ventajas para el final de la jornada: en cuanto se abandona el lugar, también se termina el trabajo. En cambio, si trabajas en cualquier lugar, puede ser difícil desconectar por la noche.

Instala tu lugar de trabajo conscientemente: ¿la mesa y la silla encajan, te sientes físicamente cómodo allí? ¿Cómo es la luz? ¿Hay distracciones? Tómate el tiempo de limpiar el espacio. A continuación, colócalo lo más cómodamente posible: ¿Qué te gusta? ¿Qué tal una foto o una planta? ¿Necesitas una lámpara?

Es una buena idea separar la zona de trabajo del resto de la casa. De este modo, no mirarás las tareas inacabadas después del trabajo. Puedes encontrar una solución creativa para esto, como una planta grande, una cortina - o ¿por qué no una pila de discos o libros? Esto es, si eres un coleccionista de vinilos o un ratón de biblioteca.

2. Mantén un horario fijo

Por fin, a dormir. Es tentador levantarse más tarde de lo habitual al trabajar en casa y empezar el día cómodamente. Sin embargo, está demostrado que funciona bien empezar no mucho más tarde de tu horario habitual de oficina. Si no llegas a tu mesa hasta las 11 de la mañana, te garantizas que luego te arrepentirás porque tu trabajo se prolongará hasta bien entrada la noche. En segundo lugar, puede ser difícil seguir reuniendo el impulso que necesitas para hacer el trabajo si has estado en la cama durante mucho tiempo.

Así que ponte una alarma. Sigue una rutina similar a la habitual: dúchate, vístete, desayuna, y luego vete a tu mesa. Si le resulta difícil despertarte lo suficiente, también puedes dedicar un momento al aire libre, como un paseo, o ir a la panadería más cercana y comprar algo para desayunar.

Ten en cuenta tu biorritmo a la hora de planificar: si eres un auténtico búho nocturno, puede tener sentido dormir hasta tarde y empezar más tarde; siempre depende de tu constitución individual.

3. Planifica tu día

Hazte una idea general de tu jornada laboral, preferiblemente la noche anterior: ¿qué es importante ese día? ¿Qué tiene prioridad? ¿Qué citas y reuniones se avecinan? ¿En qué tienes que pensar sí o sí? Anota todo y haz un plan. Pero también hay que contar con los imprevistos. Así que no hay que esforzarse para que el plan sea lo más bonito posible, sino ser pragmático y dejar espacio para los cambios.

4. Piensa en los descansos

Si trabajas solo, no es raro que te olvides de la hora. Pero recuerda también programar descansos, y no sólo una pausa para comer, sino también pequeños descansos entre medias. Lo ideal es hacer una pausa de 5 a 10 minutos cada 60 o 90 minutos.

La forma de organizar su descanso depende de ti: tal vez te tomes un café, salgas al balcón o hagas un poco de ejercicio. Haz lo que te haga sentir bien para poder concentrarte de nuevo después. En cualquier caso, tiene sentido abandonar el lugar de trabajo durante este periodo de descanso.

5. Mantén el contacto

Al trabajar en casa, se puede tener rápidamente la sensación de estar solo: faltan los encuentros fortuitos en la máquina de café y las comidas conjuntas con los compañeros. Busca un sustituto: organiza una videollamada, por ejemplo, para empezar el día juntos o para llamar al final de la jornada. También es posible un almuerzo o una pausa para el café. Esto debería darte nuevas energías; si estas llamadas tienden a agotarte, utilízalas con moderación para no perder completamente el contacto con el equipo.

Considera también con el equipo cuándo tiene sentido qué comunicación: un chat, por ejemplo, es adecuado para un intercambio breve o una consulta, los correos electrónicos son útiles si no hay prisa y quieres dejar constancia de algo por escrito. Si necesitas información uy rápidamente, el teléfono suele ser el mejor medio.

6. Haz algo por tu cuenta

Tal vez no te guste trabajar en casa y estés inquieto porque tu pareja también trabaja en casa, y tal vez también haya niños que cuidar. En ese caso, es importante llegar a acuerdos claros: ¿quién puede trabajar dónde para no ser molestado durante una conferencia telefónica? ¿Quién es responsable de los niños y cuándo? ¡Busca soluciones justas!

Para muchas personas la situación es muy estresante en estos momentos. Así que recuerda también hacer algo por ti mismo: ¿Qué te da energía? ¿Quieres hacer ejercicio entre medias, quieres tumbarte en el sofá y ver una serie o escuchar música? Concédete tiempos muertos, aunque sólo sean cinco minutos, que te ayudarán a mantener la energía.

1 de marzo 2021

Revista GQ

https://www.revistagq.com

*Este artículo se publicó originalmente en GQ Alemania.

 4 min


Daniel Eskibel

Los asesores de la primera ministra Margaret Thatcher descubrieron que durante el verano la opinión de los ciudadanos británicos era más favorable al gobierno. En consecuencia le aconsejaban que manejara los tiempos para convocar elecciones de tal manera que siempre se votara en verano.

En los sistemas presidenciales la situación es diferente ya que la fecha de las elecciones se conoce con años de anticipación. Es una fecha previamente fijada y conocida. Esto permite que todos los partidos políticos puedan planificar sus tiempos de campaña con mayores certezas.

¿Cuándo hay que empezar a preparar una campaña electoral?

Las campañas políticas son permanentes. No tienen fin ni pausa. No se detienen nunca. Solo se resetean la noche de las elecciones e inmediatamente siguen hacia adelante a partir del nuevo escenario que se abre. Y así sucesivamente.

Pero las campañas electorales son diferentes. Son eventos específicos y tienen unos tiempos determinados por la interacción de factores como la legislación electoral, la disponibilidad de recursos, la estrategia política y la fecha de las elecciones.

Por lo tanto campaña política hay que hacer siempre pero campaña electoral hay que hacer durante un tiempo limitado.

Claro que la campaña electoral debe prepararse antes. ¿Cuánto tiempo antes? Joseph Napolitan, padre de la consultoría política moderna, lo resume claramente en 100 cosas que he aprendido en 30 años de trabajo como asesor de campañas electorales:

‘Hay que empezar pronto. Nunca se empieza a preparar una campaña demasiado pronto. Se puede empezar la campaña demasiado pronto, pero eso es otra cosa. Empezando pronto se tiene tiempo para hacer y analizar encuestas, estudiar a los adversarios y sus probables movimientos en profundidad, diseñar y discutir varias estrategias posibles, elegir los mejores especialistas para trabajar en la campaña y preparar psicológicamente al candidato. Cuando se empieza tarde, no se tienen que hacer menos cosas, sencillamente se tiene menos tiempo para hacerlas’.

Preparar una campaña que tenga aspiraciones serias implica investigación, planificación, recursos materiales, recursos humanos y organización. Todo lo cual demanda tiempo. Por eso hay que empezar lo antes posible. También antes que los adversarios, claro.

Ahora bien: ¿qué significa exactamente en términos temporales eso de ’empezar lo antes posible a preparar la campaña electoral’? No hay una respuesta fija e inmutable para esta pregunta. No hay tampoco una receta universal aplicable a toda circunstancia y lugar. Pero sí te puedo brindar una estimación general de tiempos, etapas y prioridades que te puede servir a modo de orientación.

Fase 1: adaptación

Comienza cuando se conocen los resultados primarios de la elección anterior y finaliza al cumplirse los primeros 100 días del nuevo gobierno.

Es el período durante el cual tanto el sistema político como los votantes se van adaptando a la nueva situación política generada por el resultado electoral.

No es de ninguna manera aconsejable como comienzo activo de los preparativos para la próxima campaña electoral.

En esta etapa recomiendo al ganador priorizar la gestión y al perdedor estudiar las causas de su derrota. Ambas tareas serán decisivas luego, cuando sí se comience a preparar la campaña.

Fase 2: posicionamiento

Comienza el día 101 del nuevo gobierno y finaliza al llegar al 37 % del tiempo total entre la elección anterior y la siguiente.

Tampoco es un tiempo para la preparación activa de la próxima campaña.

Políticamente recomiendo aprovechar este tiempo para construir un sólido posicionamiento político, ya sea como gobernante o como opositor, que ayude al futuro candidato a llegar a la próxima campaña con fuerte apoyo popular.

Electoralmente recomiendo una doble tarea de reflexión y búsqueda. Reflexión acerca de la nueva situación política del país. Y búsqueda cuidadosa de quienes en la próxima elección serán el jefe de campaña y el consultor político.

Fase 3: preparación

Comienza cuando ya transcurrió el 37 % del tiempo total entre la elección anterior y la siguiente. O sea que a partir de los 18 meses desde la elección anterior cuando el ciclo electoral es de 4 años, a partir de los 22 meses cuando el ciclo es de 5 años y a partir de los 27 meses cuando es de 6 años.

En esta fase recomiendo realizar la preparación activa de la campaña: nombrar jefe de campaña y consultor político principal, realizar una investigación a fondo de la opinión pública, estudiar en profundidad a los posibles candidatos rivales, elaborar el presupuesto de campaña, integrar y poner a funcionar los equipos de trabajo, diseñar el plan estratégico, reorganizar la vida del candidato y comenzar a trabajar con especialistas en cada terreno (publicistas, comunicadores, investigadores de opinión pública, asesores y consultores para áreas específicas).

Todo esto tiene que estar en pleno funcionamiento al llegar al 80 % del tiempo entre elecciones.

Fase 4: ejecución

Comienza cuando ya transcurrió el 80 % del ciclo electoral y finaliza el día de la elección. O sea que en ciclos electorales de 4 años son los 10 meses finales, en ciclos de 5 años son los 12 meses finales y en ciclos de 6 años son los 15 meses finales. Incluye la propia campaña electoral aunque no se limita exclusivamente a la misma.

No es un período de preparación sino de ejecución pura y dura de lo ya planificado en la fase anterior.

Ahora más que nunca se trata de hacer, actuar, poner en práctica todo lo preparado. Es el momento de cosechar electoralmente todo lo sembrado políticamente durante los años anteriores.

Los tiempos que marco para cada una de estas fases son simplemente orientativos y pueden ser alterados por factores como elecciones intermedias u otros eventos.

El momento óptimo para comenzar los preparativos

Ya vimos la enseñanza de Napolitan: ‘hay que empezar pronto’ a preparar la campaña electoral. Lo más pronto posible. Y también vimos que, analizando los tiempos de campaña, ese ’empezar pronto’ lo ubicamos en la fase 3, la fase que denomino ‘de preparación’.

Podemos avanzar un paso más y preguntarnos cual es el momento óptimo dentro de la fase 3 para ese comienzo activo de preparativos. Mi respuesta es que el momento óptimo está en torno a los 2 años antes de cada elección.

Hago esta estimación en alrededor de 2 años por 3 razones principales:

Es una deducción razonable a partir del análisis de la fase 3. Esa anticipación de 2 años se inscribe con cierta comodidad en los tiempos planteados y te permite llegar a la fase 4, fase de ejecución, con toda la maquinaria electoral funcionando a pleno.

Es una conclusión a la que también arribo analizando más de dos décadas de mi propia experiencia en campañas electorales. En términos generales, la práctica me dice casi lo mismo que la reflexión teórica: las mejores campañas en las que participé comenzaron a prepararse entre 1 año y medio y 2 años antes.

Es una estimación a la que también llego estudiando campañas electorales exitosas. Piensa, por ejemplo, en la modélica campaña electoral que condujo a Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos el 4 de noviembre de 2008. Su primera reunión con los consultores David Axelrod y David Plouffe para comenzar a preparar la campaña presidencial fue el 8 de noviembre de 2006. Exactamente 2 años antes.

En síntesis

Comienza a preparar tu próxima campaña electoral 2 años antes de las elecciones.

28 de febrero 2021

info@maquiaveloyfreud.com

https://danieleskibel.com

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Humbero García Larralde

Chávez llegó al poder proclamándose heredero legítimo de Simón Bolívar. Inventó la figura de una Cuarta República, dominada, hasta su gobierno, por una oligarquía que había traicionado su legado. Traicionó, así, al pueblo, destinatario de los anhelos de libertad y dicha del Gran Hombre. De ahí –en su imaginario--, la frustración de los venezolanos: sabiéndose amos de una nación rica, sus irradiaciones de bienestar eran apropiadas, en buena parte, por esa oligarquía. El Libertador invocado era, claro está, el militar conductor de batallas y dictador, que centralizaba en sus manos la toma de decisiones y aplastaba a sus contrincantes para asegurar el triunfo de los intereses supremos de la nación. Como su virtual reencarnación, Chávez ofreció “refundar la República” para recuperar el destino glorioso legado por la gesta emancipadora, malogrado posteriormente por las cúpulas políticas que habían gobernado. Con ello, inauguraría una Quinta República; una nueva era pletórica en atributos para el bien común.

Su narrativa grandilocuente, encontró tierra fértil en el culto a Bolívar, tan enraizado en la cultura política del país, la mitificación de supuestas epopeyas de nuestro pasado histórico y la reverencia exhibida ante quienes fueron sus protagonistas: los militares. Armado de una batería de símbolos nacionalistas que tonificaban sensiblerías patrioteras y xenófobas, procedió a desmantelar las instituciones que acotaban su ejercicio del poder y a privar a los venezolanos de los derechos y libertades en ellas consagradas. Pronto entendió, bajo la tutoría de Fidel Castro, que mitologías revolucionarias, construidas en torno al dogma comunista, proveerían pretextos aún más poderosos para proseguir con sus ansias de mando absoluto. Con la figura afortunada (para él) del “Socialismo del Siglo XXI” --acuñada por Heinz Dietrich--, acorraló a la iniciativa privada, expropió empresas sin plan ni concierto, impuso controles de todo tipo y se erigió en conductor supremo de la industria petrolera. Encontró, en la cultura estatista de los gobiernos que le antecedieron, la apología de tales desafueros. La guinda de la torta fue proyectarse como el relevo de Fidel en la “confrontación de la humanidad contra el imperialismo”, para apertrecharse de referencias a la “autodeterminación de los pueblos” que lo exoneraban de cumplir con los compromisos asumidos por Venezuela en la defensa de la democracia y de los derechos humanos.

Chávez forjó su narrativa falseando la historia, nacional y foránea, e inventándose enemigos que estarían amenazando su “revolución” redentora. Edificó para sí y para sus seguidores una “realidad alterna”, llena de referencias y lemas que reafirmaban sus acometidas y exculpaban sus abusos. Como en el fascismo clásico, su prédica populista fue expuesta como Verdad, que exigía la sumisión de la vida en sociedad al Estado. Pero, en vez de pregonar la supremacía de una nación y su destino manifiesto para dominar a otros pueblos, Chávez --inspirado en Fidel-- lo aderezó con categorías propias de la mitología comunista, dando lugar a un menjurje que me atreví a designar en mi libro[1] como fascio-comunismo.

Esa falsa realidad no se elucubró en el vacío. Consiguió sintonía con mitos y expectativas cultivadas por la cultura política venezolana al calor de esperanzas alimentadas por un ingreso petrolero que, creían muchos, todo lo podía. Cándidamente, los venezolanos se cayeron a embuste, confiados en que, con Chávez y sus proclamas, todo iría viento en popa. Y, bendecido por la providencia, el Eterno contó con los mayores ingresos petroleros conocidos por la República para nutrir esa ilusión. Pero, ya para el momento de su muerte, su adefesio mostraba claramente las costuras: inflación, escasez, represión.

El destrozo de catorce años se desnudó brutalmente luego de descender los precios del petróleo desde los niveles extraordinarios que habían alcanzado. Corto de ideas, Maduro se aferró a las políticas de Chávez y a lo que le habían enseñado sus “coachs” cubanos, esperando que las cosas se arreglarían. “Dios proveerá”, afirmó en una alocución. Lamentablemente, como le recordó el genial Laureano Márquez, ya lo había hecho, pero la voracidad de la oligarquía militar y civil que se apoderó del Estado había dejado al país en la inopia. Venezuela entró en caída libre, sin freno ni paracaídas. Siete años después de que asumiera Maduro la presidencia, la economía es apenas la cuarta parte, en tamaño, que la de entonces, la pobreza y la miseria campean por doquier, los servicios públicos están colapsados, se muere en Venezuela de hambre y por la precariedad de los servicios de salud, y millones han tenido que migrar para sobrevivir. El régimen, para mantenerse, terminó de corromper a integrantes de la cúpula militar, convirtiéndolos en cómplices y principales interesados en el sistema de expoliación que implantaba. Con las “armas de la República”, fueron aplastadas protestas, asesinados centenares de manifestantes y sembrado el terror en la población por los aparatos de seguridad del Estado. Maduro montó, sin empacho, sendas farsas electorales para una asamblea constituyente que usurpó funciones de la Asamblea Nacional legítima, en manos democráticas; para reelegirse al margen de la voluntad popular; y, recientemente, para votar una nueva Asamblea Nacional. Todo ello “legitimado” en la burbuja ideológica fascio-comunista que construyeron Chávez y sus socios antillanos.

Pero ya nadie comulga con estas fabulaciones. Los EE.UU., junto a Canadá, países del llamado Grupo de Lima y la UE, han desconocido estas supuestas elecciones. Por violación de derechos humanos y corruptelas con dineros públicos, han impuesto sanciones a unos 200 funcionarios de alto nivel, muchos de ellos militares. Y, buscando debilitar al régimen y forzarlo a negociar con las fuerzas democráticas una salida pacífica a la tragedia del país, han vedado transacciones financieras con papeles del Estado y con petróleo venezolano. Ahora, a través de las ruinas “socialistas”, ha irrumpido una dolarización silvestre y el régimen se ha visto en la necesidad de hacerse el loco con sus controles de precio y de tipo de cambio, totalmente fracasados. No obstante, Maduro sigue aferrado a la retórica de antes.

Reconociendo que va a tener que incrementar las tasas de los servicios, alega que, por ocurrir en “socialismo”, será menor que si el país fuera capitalista. Al anunciar con bombos y platillos una política para raspar el fondo del barril exportando chatarra de la industria petrolera --¿lo que quedó de PdVSA?--, denuncia por enésima vez la “guerra económica” y el “bloqueo” a su “revolución”. En esta veta, huye de nuevo hacia delante de las dificultades, anunciando la inhabilitación para cargos políticos de 28 diputados demócratas, la expulsión de la embajadora de la UE por las nuevas sanciones impuestas por la Unión a funcionarios del régimen y un juicio por “traición a la patria” a un infeliz ingeniero gringo que laboraba para las compañías petroleras. Se inflama con arengas contra España, creyéndose librar otra batalla por la independencia, a cuenta de la visita de la Canciller de ese país a la frontera Colombo-Venezolana en apoyo a los refugiados. Saltan sus reflejos fascistas, en momentos en que se intenta avanzar en la creación de condiciones para una negociación que resulte en comicios confiables.

Al hacerse agua su mundo de fantasías, Maduro continúa cayéndose a embuste, con un terrible costo, para el país. Al rechazar nuevas ideas, ignorar la realidad e inventar conspiraciones para culpar al “imperio” de sus desaciertos, hunde a Venezuela más y más en la descomposición fraguada desde el poder. Sin duda que la ideología sectaria, al cerrarse frente al mundo y limitar las opciones a sopesar, embrutece. Las fuerzas democráticas se enfrentan al reto de cascar un duro nuez en la concertación de una negociación fructífera para acordar una salida pacífica. ¿Cómo lograrlo? A diferencia de mi amigo, Trino Márquez, creo que la UE hizo lo correcto al aumentar la presión al régimen, ampliando las sanciones para incluir a más criminales. Jerarcas de un régimen fascista, enajenados por una falsa realidad que absuelve sus atropellos, no van a negociar su salida de buena fe. Es menester forzarlos a ello, convenciéndolos de que no tienen otra opción. Intentar apaciguarlos solo les da más beligerancia

[1] Venezuela, una nación devastada. Las nefastas consecuencias del populismo redentor, Ediciones Kalathos

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

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Eddie A. Ramírez S.

Los rojos criollos y de otros lares son tradicionalmente hipócritas. Se rasgan las vestiduras, con razón, cuando las víctimas son de extrema izquierda, pero se hacen los desentendidos cuando no afecta a los suyos. El caso más emblemático más allá de nuestras fronteras es el del Ché Guevara, el gran asesino convertido en héroe. En Venezuela, los hermanos Rodríguez y José Vicente Rangel se llevan la palma; denunciaron y protestaron justificadamente las violaciones a los derechos humanos en nuestro período democrático, pero son alcahuetas de las ocurridas en los gobiernos de Chávez-Maduro. Tenemos que estar claros, tan grave es la violación de los derechos a un guerrillero terrorista o a un secuestrador, como a un ciudadano que protesta pacíficamente. Sin embargo, los familiares de los torturados y asesinados en los Teatros de Operaciones (TO), en la época de la insurrección armada de la extrema izquierda, hoy guardan un silencio hipócrita ante los numerosos atropellos del régimen.

Cierto que en la época democrática fueron enjuiciados y condenados los torturadores y asesinos de Jorge Rodríguez y de Alberto Lovera, pero numerosos casos ocurridos en los TO quedaron impunes. Hoy, todos los atropellos quedan sin averiguación y cuando imputan o sentencian a alguno, al poco tiempo son condecorados, sobreseídos, indultados o puestos en libertad con cualquier excusa. En el período de Hugo Chávez son emblemáticos los asesinatos de Maritza Ron, Evangelina Carrizo, José Manuel Vilas, Antonio López Castillo y Juan Carlos Sánchez. Además, los 19 asesinados durante la confrontación que propició el 11 de abril del 2002 y los 14 asesinados en las protestas del 2004.

Desde el 2014 al 2020, ocurrieron 265 asesinatos en manifestaciones en varios estados de Venezuela. La ONG Justicia, Encuentro y Perdón, fundada por la señora Rosa Orozco, madre de la joven Geraldín Moreno Orozco, asesinada en el 2014 en Naguanagua, y cuya Coordinadora es Martha Tineo, desempeña una valiente labor al publicar los nombres de los asesinados. En las protestas del 2014-2015 fueron asesinados 43 ciudadanos, cuatro de ellas mujeres. Entre el 2017 y 2018 los asesinatos montaron a 160, de los cuales seis eran mujeres. En 2019-2020, fueron 62, de ellos una mujer. En los hechos estuvieron involucrados funcionarios de la Guardia Nacional, Policía Nacional Bolivariana, Sebin y CICPC. Además, el régimen se vale de grupos de civiles armados denominados Círculos Bolivarianos o Colectivos, que son grupos paramilitares armados financiados por el gobierno.

Adicionalmente, es necesario agregar el asesinato de Fernando Albán en el 2018, quien estaba preso, y el de Oscar Pérez y seis compañeros, acribillados cuando públicamente se habían rendido. La tortura y asesinato del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo en el 2019. Así como los ocho ciudadanos acribillados cuando desembarcaban en el litoral central en la llamada Operación Gedeón, que fácilmente los hubieran capturado vivos. Tampoco pueden dejarse de lado los 4.231 ciudadanos abatidos el año pasado en “supuestos” enfrentamientos de policías con supuestos o reales delincuentes, en los barrios pobres de nuestras ciudades, denunciado por el Observatorio Venezolano de Violencia.

Los presuntos violadores a los derechos humanos son numerosos. Como nadie es culpable hasta que se demuestre, solo señalamos que deben investigarse todos los que han estado al frente de los organismos del Estado encargados del orden público. Cabe mencionar que el general Manuel Cristopher Figuera, quien fue director del Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional) declaró que “Maduro ordenó torturas y detenciones arbitrarias”. Entre otros, han sido mencionados los Comandantes de la Guardia Nacional, generales Néstor Reverol y Fabio Zavarce Pabón. En el Sebin, el general Gustavo González López. En la Dirección General de Contrainteligencia Militar, el general Iván Hernández Dala. En la Policía Nacional Bolivariana, Elio Ramón Estrada, Carlos Pérez Ampueda y Manuel Pérez Urdaneta. En el FAES (Fuerza de Acciones Especiales), Rafael Bastardo y José Miguel Domínguez. Estos ciudadanos deben investigarse y, caso de encontrarse indicios de responsabilidad, llevarse a los tribunales. Nicolás Maduro y el general Padrino López tienen que responder por las acciones de sus subalternos. Los fiscales y jueces que participaron en las investigaciones y juicios deben comparecer ante la justicia para determinar si pecaron por acción u omisión. Varias organizaciones de derechos humanos han adelantado el trabajo, así como los informes de la doctora Bachelet y de la Misión Independiente de la ONU.

Las cifras citadas evidencian que muchos venezolanos perdieron la vida en la lucha en contra de la dictadura de Chávez-Maduro. Si agregamos la gran cantidad de heridos, de presos políticos y de exiliados no queda duda de que nuestra sociedad no se ha doblegado. También hay que reconocer la extraordinaria valentía de nuestros comunicadores sociales que a diario divulgan los atropellos del régimen. Nuestros dirigentes son criticados, a veces con razón y otras sin ella, sin tomar en cuenta que muchos han sido atropellados, corren riesgos y no son remunerados. Estos dirigentes deben tomar conciencia de que un importante porcentaje de ciudadanos que repudian a Maduro, no se identifica con ellos, sino con la unidad. Por ello deben dar muestras de mayor consistencia, conformar una verdadera unidad, dejar de lado el tuiteo y dilucidar las diferencias internamente.

Como (había) en botica:

El coronel Johnny Mejías Laya, preso en la Digcim, está orinando sangre porque le tienen retenida, desde hace varios días, la medicina que le llevó su esposa. Se desconoce el paradero del teniente Franklin Caldera Martínez, quien aparentemente fue secuestrado por el ELN en Colombia y entregado a funcionarios de la Dgcim. Lamentamos los fallecimientos de Arecio Romero y de Ana Julia Ayala de Bonadona, compañeros de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Jesús Elorza G.

El 3 de Marzo de l979 en la capital del estado Sucre, se celebraba el Consejo Consultivo del Colegio de Entrenadores Deportivos de Venezuela: Para ese entonces, Carlos Sánchez, como presidente del gremio, en su discurso de cierre dijo "esta reunión ha sido ¨Un buen consejo" por cuanto en ella, se trató materia de singular importancia para el futuro desempeño del gremio y para el desarrollo del deporte en nuestro país. Pero el 5 de marzo, en su regreso a Caracas, este ejemplar y querido amigo encontró la muerte en la carretera mirandina a la altura de Cupira.

Aquellas palabras, las había escrito en un articulo para la prensa, que posteriormente fue publicado (postmortem) por el diario deportivo Meridiano.

Carlos, acompañado por Giorgio Alberti, Rosauro Rodríguez, Alfredo y Oswaldo Torrealba, "El Pollo", Nelson Rodríguez, Reinaldo Carvallo, Elvia Ortega, Aníbal "Parapara" Carvallo, Edison Pérez y Jesús Elorza entre otros, se dedica a partir de los años setenta a la reconstrucción del Colegio de Entrenadores, para transformarlo en una estructura de carácter nacional, que sirviera para el desarrollo de las luchas sociales y la dignificación del trabajo del Entrenador Deportivo. Incansable en la búsqueda de sus objetivos, con el tiempo, logró consolidar esta aspiración.

Tuvo su primera prueba de fuerza, cuando en el año 73, convocó a una paralización de actividades a nivel nacional por la negligencia del IND en superar las condiciones de esclavitud que regían a las relaciones laborales de los entrenadores (hasta como peinarse le establecían).Estos contratos individuales y leoninos dieron paso a la lucha de los entrenadores que con el llamado a huelga, lograron la aprobación de la Resolución 86 en el directorio del IND donde quedaron establecidas las nuevas condiciones laborales, siendo la mas importante el derecho a discutir nuevas condiciones cada dos años.

En 1975 se dio la mas grande manifestación que el deporte venezolano haya conocido “LA HUELGA DE LOS ENTRENADORES” atletas, dirigentes, periodistas,padres y representantes, gremios de educadores, centrales sindicales y obreras, grupos vecinales y sectores universitarios acompañaron solidariamente el llamado a huelga ante la negativa del IND de discutir las condiciones de trabajo de los entrenadores ocho días en huelga de hambre doblegaron la intransigencia patronal y después de fuertes discusiones se logro la aprobación del primer contrato colectivo denominado “Bases Normativas que regulan las relaciones laborales entre el IND y los entrenadores deportivos de Venezuela".

En su quehacer permanente por mejorar el desempeño del deporte nacional Carlos propone y pone en ejecución el programa de Alta Competencia en donde sobresalen las selecciones permanentes y la atención integral al deportista .Además, conjuntamente con el Pedagógico de Maracay desarrolla las primeras jornadas científicas –académicas para evaluar el deporte y proponer alternativas de solución a los problemas planteados. Este evento contó con la participación de destacadas figuras del deporte alemán. Igualmente dedico parte de su esfuerzo a la consolidación del programa de desarrollo deportivo visitando comunidades y barrios de Venezuela para impulsar la organización deportiva de equipos, clubes y ligas.

Sin detenerse en sus luchas sociales en Pro de "Un Deporte Mejor para una Sociedad Mejor" plantea la necesidad de romper el aislamiento que tenia el entrenador con respecto a la dirigencia deportiva y reclama la igualdad de derechos para que éste pudiera ser dirigente deportivo. A este planteamiento, los organismos jurisdiccionales del país, le dan la razón y es a partir de ese momento que comienzan a surgir entrenadores en la dirigencia deportiva del sector federado hasta llegar en los años ochenta y a través de la lucha dirigencial, a ocupar cargos en el Comité Ejecutivo del de Comité Olímpico Venezolano.

Una de las frustraciones, que no pudo superar, no por él, sino por la miopía de las autoridades deportivas, fue la reapertura de la Escuela Nacional de Entrenadores cerrada arbitrariamente en 1975 como pase de factura por la huelga de ese año. Llevó a todas las instancias los estudios que demostraban el peligro de no formar entrenadores y la propuesta de darle rango universitario a la formación. No pudo lograrlo, pero el planteamiento sigue teniendo vigencia ante el fracaso de los programas de monitores deportivos, bachillerato deportivo y la universidad del deporte.

También, vislumbró el proceso de descentralización, cuando sostenía, que el mejoramiento del deporte pasaba ineluctablemente por mejorar las condiciones de las regiones y permitir desde el nivel nacional la autonomía en el manejo de los planes y programas para los estados, municipios y comunidades.

“Un Buen Consejo” resumía las experiencias desarrolladas por Carlos, hasta su encuentro con la muerte, pero quizás, lo más importante fue su visión de futuro cuando alertaba sobre la necesidad de la unión de los entrenadores para la defensa de sus derechos y por lograr un deporte mejor.

“El Entrenador Deportivo debe ocupar permanentemente su puesto de lucha por Un Deporte Mejor y no doblegarse ante ningún burócrata civil o militar que pretenda usarlo con fines politiqueros o de enriquecimiento ilícito. Solo la Unidad Gremial nos hará fuerte en la búsqueda y defensa de nuestros Derechos Sociales”

Quedó así, un camino abierto que no se vio truncado por la muerte. Hoy, la historia, repica sonora / su lección como campana / para gozar el mañana / hay que pelear ahora.

Seguimos pensando en él como sin duda él lo quería, con el júbilo inmenso de que haya existido, con la alegría entrañable de haberlo conocido, y la gratitud de que nos haya dejado para el mundo una obra tal vez inconclusa pero profunda e indestructible como su recuerdo. A cuarenta y dos años de su muerte, la lucha continua.

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