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Opinión

Antonio R. Rubio Plo

El siglo del populismo, el último libro del historiador y politólogo Pierre Rosanvallon, representa un título de lectura indispensable sobre este fenómeno sociopolítico, de carácter tan difuso como volátil. Es una corriente de pensamiento líquido, no tanto una doctrina, marcada por el imperio absoluto de las emociones. Limitarse a comparaciones históricas con los fascismos de entreguerras denota una cierta pereza a la hora de analizar. Para empezar, el populismo es mucho más antiguo que todo eso. Podríamos remontarnos a la Antigüedad clásica y a otras etapas de la historia porque el populismo es una actitud, una táctica y finalmente una estrategia al servicio de la toma del poder. Además, el populismo está, y siempre lo ha estado, al servicio de una “política espectáculo”, y, en consecuencia, no es extraño que acapare la atención de los espectadores, llámense pueblo o público, en esta sociedad del espectáculo, en la que se prefiere la representación a la realidad, la apariencia al ser, tal y como subrayaba el filósofo Guy Debord en 1967.

Pierre Rosanvallon presenta en su libro toda una serie de ejemplos de la fuerte carga emocional que sustenta al populismo, en la que se entremezclan pretensiones de exclusiva grandeza moral, no pocas veces salpicadas por el término “dignidad”, y los odios más turbulentos, con una violencia verbal sin límites. Nos trae un ejemplo de la política francesa, el de Jean-Luc Mélenchon, y nos cuenta una significativa anécdota en la que se aprecian las simpatías del fundador de La France insoumise por el cesarismo. En 2017 visitó las ruinas del Foro romano, donde señaló que César estaba cerca del pueblo y por eso los patricios lo asesinaron. Rosanvallon no se remonta tan lejos en su libro para narrar la historia del populismo, si bien es recomendable revisar las Vidas paralelas de Plutarco, y en concreto la de César, para tomar nota de actitudes populistas que siguen muy vigentes.

En efecto, Plutarco retrata a César, en sus funciones de edil o pretor de Roma, como un político ambicioso, que utiliza al pueblo para sus fines. Solo Cicerón, el principal representante del ideal republicano, parece darse cuenta de que detrás de su humanidad y afabilidad externas, que le ganan una inmensa popularidad, están los designios de un ambicioso. Pero el destino de Cicerón será el de tantos críticos del cesarismo: la de ser desprestigiado por encarnar supuestamente los intereses de los privilegiados, los del patriciado romano. Los “hombres fuertes”, idolatrados por las masas, nada quieren saber de quienes apelan a los dictados de la razón. Lo cierto es que el gran orador romano percibe rasgos tiránicos en todas las empresas y actos políticos de César, y escribe: “Cuando veo su caballera peinada con tanto cuidado, cuando le veo rascarse la cabeza con un solo dedo, llego a creer que un hombre así ha decidido un crimen tan grande como la ruina de la República romana”. El propio Cicerón señala también la anécdota de que César tradujo de este modo una cita de Eurípides: “Si hay que violar el derecho, debe hacerse para reinar; en los demás casos practica la rectitud”. Hoy diríamos que César era un maestro en el arte de la inteligencia emocional, y todo líder populista termina siéndolo. El cesarismo ha pasado además al teatro, entre otros géneros literarios, y Shakespeare, con su Julio César, debe mucho a Plutarco. En esa obra le vemos comportarse como un tribuno de la plebe. No menos populista es Marco Antonio con su sinuoso discurso ante el cadáver de César, que desbanca al discurso “patriótico” de Marco Bruto, uno de sus asesinos, pues Antonio consigue con habilidad desatar toda clase de emociones entre su auditorio.

Pierre Rosanvallon hace en su libro una anatomía y una crítica, bien fundamentada del populismo, pero, en mi opinión, tiene también el mérito de esbozar una historia del populismo contemporáneo, centrada particularmente en Francia, aunque perfectamente trasplantable a otros países. El populismo impregna el régimen del primer Napoleón, esperanza de los decepcionados y cansados de la revolución, pero el Segundo Imperio de Napoleón III (1852-1870) es un populismo en estado puro. Allí surgirá la idea, que luego cruzará el Atlántico para germinar en el terreno propicio de los caudillismos de las repúblicas latinoamericanas, de que el emperador no es un hombre sino un pueblo, el elegido de la democracia, la encarnación de la representación popular. Luis Napoleón Bonaparte multiplicará las recepciones y los desplazamientos por el interior de Francia, a modo de un continuo plebiscito. El bonapartismo busca no solo la unanimidad política sino también la unanimidad social, y esto también explicará sus intentos de controlar la prensa, a la que considera un Estado dentro del Estado, carente de toda legitimidad democrática. Dicha percepción es una prueba más de que el populismo antepone la democracia plebiscitaria al Estado de derecho.

Durante la Tercera República, en 1889, Francia conocerá el efímero bonapartismo del general Georges Boulanger, paralelo a los escándalos políticos de corrupción del momento, y que es jaleado por una prensa que considera a los diputados de la Asamblea Nacional como ejemplo de cinismo, cobardía y mediocridad. Boulanger no triunfará al final, pues nunca lo hacen quienes son incapaces de separar lo sublime de lo ridículo, con todas sus actitudes teatrales y sobreactuadas. Hay quien opina que Boulanger temía en realidad al Estado de derecho y no se atrevió a dar el golpe de Estado que le reclamaban sus partidarios, tras haber ganado las elecciones parlamentarias. Por cierto, Jean Renoir hizo un retrato muy logrado de Boulanger en la película Elena y los hombres (1956), bajo los rasgos del general François Rolland (Jean Marais), tan pretencioso como teatral.

Una acertada conclusión de El siglo del populismo es que la democracia es a la vez una suma de modalidades imperfectas y un sistema experimental, algo que nunca está acabado. Pero el populismo no ha surgido de modo espontáneo. Ha sido una reacción contra la clase política tradicional conformista y encerrada en sí misma. La democracia representativa, según Rosanvallon, “es el régimen que no se cansa de preguntarse por él mismo”. Su pervivencia dependerá de su capacidad de reinventarse, de ser más activa y participativa.

24 de fenrero 2021

Elcano

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 5 min


Acceso a la Justicia

El enjuiciamiento de los civiles por parte de la justicia militar es un tema que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) no termina de resolver y sobre el que en los últimos años viene dando marchas y contramarchas. El último de estos bandazos ocurrió en diciembre de 2020, cuando el máximo juzgado decidió reabrir las puertas a la posibilidad de que los jueces castrenses procesen a personas que no son miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), algo que unos meses antes le había parecido violatorio a principios constitucionales.

Este retroceso figura en la sentencia n.° 246 que la Sala Constitucional dictó el 14 de diciembre de 2020, aunque su texto apareció hace unos días –como ya es costumbre en esta alta instancia–. En ella estableció lo siguiente:

«La condición civil ostentada por un ciudadano detenido obliga a los Tribunales en Funciones de Control Penal Militar a efectuar preliminarmente un análisis motivado respecto de los límites de su competencia para conocer de oficio sin necesidad de requerir solicitud de parte interesada».

El pronunciamiento, que tiene carácter vinculante y, por lo tanto, debe ser aplicado por el resto de los juzgados del país, fue la respuesta a un avocamiento que en enero de 2020 presentó el abogado Francisco Humbria Vera, para conseguir que se cerrara el caso que el Ministerio Público Militar del estado Zulia le abrió a sus representados, Juan Manuel Lara Villalobos y Gustavo Armando García, a quienes les imputó los delitos de rebelión y de ultraje a la FANB.

Los imputados fueron detenidos en Maracaibo el 18 de enero del año pasado, cuando viajaban en un vehículo de propiedad de uno de ellos, y fueron retenidos por agentes de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), quienes al inspeccionar el auto hallaron cuatro recipientes con gasolina. Las personas en el vehículo les explicaron a los efectivos que habían almacenado el combustible para viajar al día siguiente a Caracas, en vista de su escasez en las estaciones de servicio.

En el fallo redactado por la magistrada Carmen Zuleta de Merchán, la Sala constató:

«la veracidad de las denuncias, pues los ciudadanos Juan Manuel Lara Villalobos y Gustavo Armando García Coiman fueron juzgados por una autoridad judicial que no era de su competencia natural, y se les decretó la privación judicial preventiva de libertad sin que existieran fundados elementos de convicción para establecer una relación de causa a efecto entre los delitos militares imputados citados supra y la participación de los ciudadanos aprehendidos (civiles en actividades de tránsito en la vía pública), tal imputación carece de atipicidad».

A raíz de lo arriba citado, se anuló y cerró el caso.

Sí, pero…

Pese a que la Sala Constitucional declaró que a los dos civiles se les violó su derecho a ser juzgados por su juez natural al ser llevados ante un tribunal militar, el TSJ rechazó tomar medidas para evitar que este tipo de situaciones se repitan en el futuro. ¿La razón? En la instancia creen que hay supuestos en los que los civiles pueden ser procesados por los juzgados castrenses, por ejemplo, cuando un civil comete un delito militar, lo que a su criterio está previsto en la Constitución de 1999. En la Sala se aferran a la última línea del artículo 261 del Carta Magna para sustentar su posición: «La competencia de los tribunales militares se limita a delitos de naturaleza militar».

Asimismo, apelan al numeral 2 del artículo 123 del Código Orgánico de Justicia Militar, el cual establece que la «jurisdicción penal militar comprende (…) Las infracciones militares cometidas por militares o civiles, conjunta o separadamente». Vale acotar que esta norma fue aprobada en 1998, es decir, es preconstitucional.

Sin embargo, al instruir a los jueces castrenses a hacer «preliminarmente un análisis motivado respecto de los límites de su competencia» cada vez que tengan a un civil, la Sala Constitucional se aleja de la línea trazada por la Sala de Casación Penal, la cual en sus sentencias 70 y 71 de julio de 2020 declaró que «el juez militar no es el juez natural para el procesamiento penal de civiles» luego de revisar el caso de ocho exfuncionarios de Minerven que desde 2017 estaban siendo procesados por un juez militar por la sustracción de oro de la empresa estatal.

Aunque la Constitución no prohíbe expresamente el enjuiciamiento de civiles por parte de los jueces militares, la Sala Constitucional en un momento consideró que esta posibilidad tampoco estaba permitida por la carta magna, siguiendo los parámetros de tratados internacionales de derechos humanos vigentes en Venezuela. Así, en su sentencia número 838 del 24 de abril de 2002, la instancia indicó tajantemente que «la justicia militar sólo se aplica a delitos de naturaleza militar, perpetrados por militares en servicio activo, tanto para la oportunidad en que se cometan, como para la fecha de su juzgamiento».

El criterio anterior estaba alineado con lo señalado por organismos internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la cual en 1999 (Caso Castillo Petruzzi y otros vs. Perú, sentencia de 30 de mayo de 1999, Fondo, Reparaciones y Costas) señaló:

«La jurisdicción militar no es la naturalmente aplicable a civiles que carecen de funciones militares y que por ello no pueden incurrir en conductas contrarias a deberes funcionales de este carácter. Cuando la justicia militar asume competencia sobre un asunto que debe conocer la justicia ordinaria, se ve afectado el derecho al juez natural y, a fortiori el debido proceso, el cual, a su vez, está íntimamente ligado al propio derecho de acceso a la justicia».

Asimismo, en la audiencia de Venezuela ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), celebrada el 11 de mayo de 2017, en la que Acceso a la Justicia estuvo presente, los comisionados afirmaron que no había nada qué discutir sobre el derecho que tienen los militares a juzgar civiles, «pues no existe tal derecho», al contrario de lo que está sosteniendo la Sala Constitucional en la sentencia aquí comentada, es decir, que no existen en ningún caso delitos militares cometidos por civiles.

Y a ti venezolano, ¿cómo te afecta?

El uso de la justicia militar contra civiles en Venezuela tiene larga data, pero se hizo habitual especialmente en las protestas masivas de 2017, en las que el Gobierno, para acallar a los manifestantes, usó de manera extensiva esta jurisdicción. Quienes han terminado ante un juez castrense no solo no han visto respetadas sus garantías judiciales, sino que además han sido víctimas de torturas y malos tratos, tal y como lo constató la Misión Internacional Independiente de Determinación de Hechos sobre Venezuela de Naciones Unidas.

La actitud dubitativa del TSJ sobre este asunto abre las puertas para que más ciudadanos terminen ante una instancia totalmente controlada por el Ejecutivo nacional, por cuanto los jueces militares no son escogidos por el TSJ como manda la Constitución sino por el Ministerio del Poder Popular para la Defensa, como denunciamos en un estudio realizado sobre la materia.

febrero 23, 2021

https://accesoalajusticia.org/justicia-militar-para-civiles-marchas-y-co...

 5 min


Alberto Jordán Hernández

Con voz propia

Consecuente el Papa Francisco con Venezuela, al inicio del 2021 manifestó “Que la llegada del niño Jesús ayude a poner fin al sufrimiento del pueblo”. Afirmó que mientras la pandemia agrava la crisis ya latente, la Iglesia local se mantiene al lado de personas azotadas por ‘la arrogancia de poderosos y la creciente pobreza’. Con un salario mínimo que no llega al dólar, tardaría 4 mil años en adquirir una vivienda sencilla.

En 2019 ONU calculó que 6,5 millones venezolanos saldrían hasta 2020. Y estiman que más del 73% de ellos cree que regresar significa riesgo, según estudio de migrantes refugiados en Perú, Colombia, Ecuador, Brasil, Panamá, Guyana y Rep. Dominicana.

País que fue mayor productor de petróleo hoy representa ruina y miseria. Se soporta crisis humanitaria sin precedentes, y el narco régimen impone el descaro. Ejemplifica la Inspectora del Ministerio Penitenciario quién viajó de turismo por Europa. Se trata de María Mercedes Berthe, “compinche” de Iris Varela, primera vicepresidenta del acomodado Parlamento, quien se jacta de mostrar esposas para ponérselas al reconocido como Presidente (e) de Venezuela.

Tan pendiente está el Papa de nuestra Patria, que agradeció la “valentía” del democrático gobierno de la hermana República de Colombia, por la creación del Estatuto de Protección Temporal para migrantes venezolanos.

El Presidente Iván Duque decretó esta medida que beneficiará a unos dos millones de vemezolanos, de los cuales cerca de un millón son indocumentados, por lo que era imperioso ofrecerles solución a su estatus. Aseguró que “el régimen ilegítimo y criminal de Nicolás Maduro es “indiferente y cruel” frente a la crisis social y califica de ‘payasería’ la citada protección.

“Gracias a Colombia, gracias“, exclamó el Papa Francisco, ante fieles en la Plaza de San Pedro, ante la medida del Presidente Duque muy aplaudida por diferentes gobiernos y organismos internacionales.

El Secretario general de la ONU, Antonio Guterres, celebró el anuncio por responder a necesidades de los colombianos y venezolanos más vulnerables. El Alto Comisionado para los Refugiados (Acnur), Filippo Grandi, consideró la medida como “el gesto humanitario más grande del Continente” que favorece a los venezolanos que huyen de la dictadura de NM.

Buenas noticias para migrantes venezolanos se produjeron también con el nuevo Presidente de EEUU, Joe Biden, las que agilizarán solicitudes de asilo. Se cumple así la información del portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, de ayudar a los afectados por la crisis causada por “dictadura” de NM.

Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja aseguró que hay más de 1.500 migrantes venezolanos viviendo a la intemperie en plaza de Colchane, Chile. La pequeña localidad, a 3.730 metros sobre el nivel del mar, presenta temperaturas que bajan a 5 grados en la noche, lo cual producen males de salud como deshidratación, hipotermia, neumonía, hipertensión, desnutrición y diabetes. Dos migrantes, un venezolano y un colombiano, murieron por esa causa.

Presión humanitaria evitó que Chile expulsara a 138 migrantes irregulares, en su mayoría venezolanos.

Canciller Andrés Allamand declaró que hay más de 500 mil venezolanos en Chile y la mayoría ha regularizado su situación migratoria. “Otorgamos más de 75 mil visas de responsabilidad e impulsamos programa de reunificación familiar”.

También del lado humanitario, Canciller del Perú, Elizabeth Astete anuncia tratar contra el coronavirus a migrantes venezolanos que padecen segunda ola de contagios de la COVID-19.

Comprensible la pesadumbre Papal, porque la mediocridad del liderazgo venezolano llegue a proponerle a EEUU negociar la hambruna del pueblo.

Al MARGEN. Un 30/11/52, la Junta de Gobierno presidida por Germán Suárez Flamerich, controlado por militares, consintió elecciones. Las ganaba la oposición y se ordenó revertirlas. El Ministro de la Defensa de entonces, Tcnel Marcos Pérez, se hizo Presidente. La dignidad llevó a renunciar al órgano electoral

jordanalberto18@yahoo.com

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José Machillanda

El postchavismo régimen-gobierno en su aturdimiento, atolondrado por las demandas insatisfechas del cuerpo social democrático e incapacitado para resolverla, se atreve a montar una treta o maniobra de distracción declarando las fiestas carnestolendas en Venezuela. Así, agrega a la farsa electoral del 6D otra improvisación con unas fiestas que lo que muestran es el hambre, necesidad, improvisación y extrema inmiseración de las clases C, D, E y F frente a la mayor crisis socioeconómica en los últimos 50 años, como consecuencia de la máxima dolarización e hiperinflación. Este régimen maniobrero intenta unas falsas fiestas carnestolendas en su desespero gubernamental.

Hambre y desespero social por la inmiseración extrema, con la imposibilidad para el ciudadano de no hacer mercado de lo mínimo necesario, consecuencia de la dolarización más la violencia policial y la violencia callejera que caracteriza el ambiente de este carnaval improvisado. Un carnaval para el ciudadano de a pie, pero sin transporte, sin recurso, sin signo monetario, mientras se exhibe el oficialismo y el gobierno comiendo en los bodegones a toda hora. El régimen-gobierno sí goza el carnaval mientras la ciudadanía democrática sufre, pero esta sociedad está en cuenta de tan grave crueldad .Las fiesta carnestolendas del hambre, en donde circulan billetes de 100 USD y vehículos de marcas, contrastando todo eso con el hambre que terminará por expresarse como Tercer Estado.

El hambre ha sido mayor durante los carnavales del régimen. Régimen que está seco, que es mentiroso, está quebrado y pareciese que todavía no está al tanto del dolor que produce el hambre. Hambre a la que se le suma el maltrato de las bandas armadas y las múltiples policías, dejando claro como está distante y poco le importa su torpeza e incapacidad como gobierno. Lo que sí practica es una masiva e incisiva propaganda, maldad para contener la implosión social. Implosión social frente a la mueca del falso carnaval. El régimen con su carnaval potenció el hambre, con lo que aumenta y multiplica su operación de propaganda, diversifica las programas de radio y televisión con el objeto de desviar la atención. Pero en este sin sentido, está presente el Ambiente Político Real Violento causado por el régimen, debido al sufrimiento del venezolano, pobre y desamparado frente a este carnaval grotesco.

El régimen aturdido está desnudo viene, de una abstención no opaca, además potencia un carnaval de hambre extrema, sin papel moneda, sin gasolina ni transporte, pero sí mucha propaganda para distraer y desviar. El revolucionarismo socialista e inmoral se autoengaña, se está jugando con alto riesgo la paz social. El revolucionarismo por ignaro no entiende de la rebelión social. La rebelión social que tiene como fuerza la dignidad del hombre y mujer empobrecido, que se niega a tolerar las manipulaciones del régimen, rechaza a los mafiosos que sólo representan la anti-política, la sub-política y tienen como acción la Rebelión Social, que dignificará la política, la democracia y la sociedad accionando como Tercer Estado.

El Tercer Estado para dignificar la política con objeto de reconstruir la democracia, el Tercer Estado para dejar sentado que la sociedad venezolana está distante del militarismo, el revolucionarismo, la violencia y la corrupción sistemática de un grupo que dice que gobierna y son un antigobierno. Antigobierno que después de 22 años, no ha logrado comprender que ni la propaganda, ni la mentira, ni la guerra psicológica son los factores que dan legitimidad a un gobierno. A este gobierno torpe, la treta de los carnavales le ha creado una llaga, una llaga de hambre, miseria y desconcierto mayor que ha revivido la Rebelión Social.

La treta de los carnavales ha dejado al descubierto la maldad del régimen frente a la responsabilidad ciudadana, dispuesta a construir una respuesta que dignifique al ciudadano demócrata y al ciudadano digno que tiene fe en la masa democrática. Esa respuesta está representada por el Tercer Estado, léase, la ciudadanía activa harta de revolucionarismo, chavismo, madurismo, falsas politiquerías y sus encubiertos revolucionarios que operan sobres las bayonetas distantes de la masa social. La falsa carnestolenda ha motorizado el gen democrático de hombres y mujeres honorables. El Tercer Estado como sociedad con gran vitalidad en el gen democrático, se ha dispuesto a contener la maquinaría encubierta y retrógrada que como grupo bufón no entiende de política.

La política, ¡Primitivos!, es ciencia y arte jamás tracalería, mentira y engaño, distantes todos de la actitud ciudadana y el sentir democrático de venezolanos dispuestos a reconstruir la democracia en pleno siglo XXI. La abstención no opaca y las fiestas carnestolendas potenciaron la aparición del Tercer Estado.

Es original,

Director de CEPPRO-CSB

@JMachillandaP

 3 min


Humbero García Larralde

Las fuerzas democráticas venezolanas están obligadas a actualizar su estrategia para desplazar al régimen fascista de Nicolás Maduro. Su permanencia en el poder representa un peligro para la inmensa mayoría de venezolanos. No hay duda que, de continuar, el hambre, la inseguridad y la precariedad de la atención a la salud seguirá agravándose. Su remoción es, para muchos, un asunto de sobrevivencia.

A nivel internacional, las ilusiones sembradas por el anterior presidente de los EE.UU. (“Todas las opciones están sobre la mesa”) parecen dar paso a la idea de una salida negociada. En América Latina, los estragos del COVID-19, más los resultados de las elecciones en Bolivia y, ahora, Ecuador, debilitan la beligerancia del llamado “grupo de Lima” para este propósito. La UE, con dificultades para concertar una posición común entre sus 27 miembros, se enfrenta ahora a una decisión complicada al haberse vencido el período constitucional de la Asamblea Nacional legítima y de su presidente, Juan Guaidó.

Internamente, el desgaste visible del gobierno de facto, no obstante haberse posesionado, en lo formal, de la Asamblea --con la comedia del pasado diciembre, que no le ha servido para ganar legitimidad--, más el continuado deterioro en las condiciones de vida de la población, incrementan la presión por un cambio fundamental. Penosamente, en las filas democráticas, las descalificaciones mutuas, la ausencia de acuerdos prácticos y las apetencias personales, impiden capitalizar la fuerza potencial que anida en las esperanzas de libertad y bienestar de la porción, claramente mayoritaria, de venezolanos.

Las sanciones

En las actuales condiciones, la oposición carece de capacidad, por sí sola, para sacar a Maduro. Es menester armar, entonces, una estrategia coherente para que, junto al necesario apoyo internacional de los países democráticos, se logre la fuerza suficiente para obligarlo a negociar, de verdad, la posibilidad de su salida por medios pacíficos. Para ello, las sanciones pueden ser una carta decisiva.

La condición sine qua non exigida por los fascistas para negociar, en anteriores oportunidades, fue el retiro de las sanciones. Cuando su sostenibilidad en el poder pende de poder depredar la renta y la riqueza creada por otros, ver cortada la llegada de estos recursos provoca las mayores angustias. Las sanciones caen en tres categorías; 1) personales, impuestas tanto por EE.UU., como por otros países y por la UE, a quienes han violado derechos humanos y/o incurrido en corruptelas con recursos públicos; 2) financieras, impuestas por EE.UU. desde 2017, prohibiendo a bancos, instituciones y personas operar con papeles del sector público venezolano a través del sistema financiero estadounidense. Pero, con su irresponsable y dispendiosa política de endeudamiento, ya el régimen había causado su aislamiento de los mercados financieros internacionales: para ese año el Estado venezolano estaba en condición de default, al no poder pagar su abultada deuda externa; y 3) petroleras, bloqueando toda transacción con PdVSA, sea financiera o comercial, en vigencia desde abril, 2019. Cabe señalar que, para ese momento, la producción de crudo había caído a apenas la tercera parte de cuando Maduro asumió la presidencia. Si bien es probable que las sanciones hayan agravado este declive -hoy se produce apenas el 16%-, es evidente que la destrucción de la industria petrolera ya había ocurrido.

¿Negociar el retiro de sanciones?

Las sanciones personales solo afectan a los imputados –a pesar de la alharaca de Maduro de que son “contra Venezuela”--, por lo que no inciden en el bienestar material de la población. Respecto a las sanciones económicas, es probable que hayan contribuido a deteriorar, aún más, las condiciones de vida de los venezolanos. Fueron concebidas como instrumento de presión para desplazarlo, pero, lastimosamente, mostró una insospechada resiliencia para aguantarse en el poder, a pesar del bloqueo de recursos y del rechazo de la población. Por ello, es menester sopesar si tiene sentido mantenerlas en su actual forma o no. Pero, ojo, debemos cuidarnos de pensar que, con levantar algunas sanciones, mejorará la situación de la población. Lo que ansían los que ocupan el poder es ponerles la mano a los recursos librados, no usarlos para aliviar las penurias del pueblo, consecuencia de sus prácticas de expoliación. Teniendo esto en cuenta, levantar la veda petrolera a cambio de que sus proventos sean destinados a la ayuda humanitaria –alimentos y medicinas— bajo administración independiente, no parece viable. A las mafias no les interesa un arreglo en que no puedan controlar los recursos,. De hecho, han rechazado la provisión de ayuda humanitaria bajo fórmulas parecidas. Es iluso pensar, asimismo, que podría acordarse un proceso electoral con todas las garantías –auditoría del registro electoral y de las máquinas de votación, habilitación de todos los dirigentes y partidos democráticos, devolución de símbolos y personería legal usurpada a estos partidos, un CNE confiable y observación internacional por parte de la UE-- usando al retiro de sanciones como carta. Infelizmente, Maduro juega, más bien, a asfixiar toda expresión democrática para las venideras elecciones de gobernadores y municipales, como ocurrió en diciembre, asegurándose de que ninguna de estas condiciones se cumpla.

En artículo recién[1], argumenté que la expoliación de la renta y de la riqueza social ha sido la razón de ser de la oligarquía en el poder. Por tanto, evitará compromisos que menoscaben tal usufructo. ¿Para qué negociar sus opciones de salida, si la oposición no tiene posibilidades de forzarla? ¿Qué beneficios trae?

Retomar la lucha política

El fascismo es la negación de la política, en el buen sentido de la palabra, porque todo lo concibe en términos de una guerra contra un enemigo –“del pueblo”—que debe ser aplastado. Se alimenta de la confrontación y de inventar conspiraciones en su contra, para negar todo entendimiento con las fuerzas democráticas y justificar sus medidas represivas. De ahí su inveterada intransigencia. Ha polarizado al país adrede con el fin de denigrar de opciones distintas a la suya. Ofrecer levantar las sanciones debe colocar, por ende, las reglas del juego en un plano radicalmente distinto. Debe servir para reintroducir la política como ámbito de lucha, desmontando las excusas detrás de las cuales las mafias justifican sus prácticas de expoliación y represión. Para ello, la oferta debe provocar una disyuntiva difícil de rehuir por el régimen fascista, ante la cual estaría conminado a fijar, públicamente, su posición.

Por ejemplo, ¿Qué tal si se permitiese la exportación de petróleo a cambio de las siguientes acciones, todas administradas por entes independientes (agencias de cooperación internacional junto con ONGs, OPS, ONU, etc.), para que el chavo-madurismo no se robe los ingresos generados? La compra masiva de vacunas contra el COVID-19, de forma de poder realizar una ambiciosa campaña de vacunación; la reparación y reconstrucción de servicios públicos –agua, luz, gas—; la importación de equipos y repuestos para el aparato productivo o para suplir el combustible que falta. Es notorio que el gobierno de facto no tiene cómo pagar las vacunas que requiere el país para controlar la pandemia –por más embustes al respecto que profiera Maduro--, por lo que este canje es urgentísimo: las cifras reales de contagios y de muertes causadas están muy por encima de las reconocidas oficialmente. Por otro lado, ingenieros y técnicos que han trabajado en HidroCapital, Edelca, Enelven y empresas similares, tienen propuestas específicas para recuperar y potenciar estos servicios, por lo que un canje con estos fines devolvería algo de calidad de vida a la población. Lo mismo puede decirse de los requerimientos en repuestos y equipos para el aparato productivo, contabilizados por industriales y empresarios del campo.

Se trata de aprovechar las posibilidades de negociar algunas sanciones, en el marco de mecanismos que minimicen el riesgo de corruptelas y de apropiación indebida de recursos, para proyectar un programa de emergencia en torno a necesidades apremiantes de la población, a ser atendidas de inmediato. Esto es lo que menos desea la oligarquía actualmente en el poder, pues no podrá cogerse esos reales. Además, concedería protagonismo a otros: proyectaría a los proponentes como agentes que promueven soluciones concretas para el pueblo y elevaría la visibilidad de las fuerzas democráticas como gobierno alternativo ante los venezolanos y la comunidad internacional. Una política con base en estos lineamientos, bien conducida por una oposición unida y en sintonía con las necesidades más sentidas de la población, habrá de fortalecer el perfil del liderazgo democrático, posicionándolo más asertivamente como interlocutor creíble, en el cual se puede confiar la conducción de una transición.

¿Es posible conquistar elecciones de confianza?

Por las razones expuestas, es de esperar que la oligarquía se oponga a canjes de este tipo con todo tipo de subterfugios y acusaciones, denunciando la presencia de la “mano peluda” del imperio contra la “revolución”. Debe, por tanto, airearse públicamente los aspectos centrales de la negociación, de manera de forzar una toma de posición sobre los problemas asomados y desnudar si el régimen realmente tiene una intención de resolverlos, o no. No se trata de politizar la ayuda humanitaria u otras necesidades, sino de impedir que Maduro las escamotee en beneficio propio, inventando excusas.

Conminarlo a pronunciarse sobre opciones cruciales para el bienestar de los venezolanos, elevando a la política de nuevo como el escenario para que tomen cartas en el asunto, tiene que influir, también, en oportunidades para conquistar condiciones electorales más justas y equilibradas, abiertas al monitoreo democrático internacional. La lucha abierta por concretar programas como los citados arriba tiene que basarse en la movilización de la población para luchar porque estas reivindicaciones se hagan realidad. Es decir, lo planteado debe inscribirse en el marco de un proyecto político para conquistar y ampliar los derechos de los venezolanos, con observación estrecha de la comunidad internacional. Un régimen obligado a regañadientes a aceptar canjes como los señalados arriba --so pena de aislarse todavía más--, no gana nada con limitarse a reeditar, para las elecciones municipales y de gobernadores, una farsa tan notoria como la de diciembre 2020.

Una estrategia de esta naturaleza tiene que jugarse –“cuadro cerrado”—con los gobiernos de aquellos países que apoyan a las fuerzas democráticas. Se esperaría que el gobierno de Biden, por ejemplo, contribuyese disuadiendo a los socios internacionales de Maduro –Cuba, Rusia, Irán, Turquía—de seguir ayudándolo. En términos costo - beneficio debe hacerse evidente la pertinencia de una transición viable hacia la democracia en Venezuela para los intereses de EE,UU, como para la paz y la cooperación entre los países del hemisferio. No olvidemos que Maduro sueña con que se revierta el péndulo político en América Latina, y surja de nuevo una “marea rosada” de gobiernos amigos.

Hay que impedir la permanencia de Maduro en el poder, pues seguirá destruyendo al país. Debe retomarse, por tanto, la ofensiva política para arrinconar a los segmentos más retrógrados en el poder. El agotamiento de posibilidades para la rapiña y la insurgencia de fuerzas que pujan por liberar todavía más los controles, con su pie metido en la puerta de la dolarización, evidencian vulnerabilidades crecientes del régimen que deben saberse explotar. Iniciativas como las asomadas podrían ser propicias. Pero hay que cuidarse de que negociaciones de este tipo caigan en un torneo sobre si se amplían o no ciertas libertades económicas. Ni la dolarización ni el remate de empresas públicas al mejor postor son solución a los terribles problemas que agobian a los venezolanos. Es menester que la carta de las sanciones sea utilizada inteligentemente, para abrir –de verdad—las posibilidades de una transición pacífica a la democracia. El país y la comunidad internacional no pueden dejarse engañar para que los fascistas ganen tiempo de nuevo y alivien las presiones para que entreguen el poder. Al confrontarlos con una negociación de esta naturaleza, debe terminar por despejar las dudas que pudiera haber, todavía, en el extranjero, acerca del gobierno de facto. En absoluto le interesa el bienestar de la población.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

[1] https://www.elnacional.com/opinion/economia-politica-del-chavo-madurismo.../

 9 min


Manuel Delgado Campos

La gente de FEDECÁMARAS que me disculpe, pero yo me pregunto, o son tontos o se hacen o son cómplices, o tratan de serlo, del régimen que lidera el ilegítimo Nicolás Maduro.

Leí, con cierto detenimiento, el documento publicado hace algunos días por esa organización empresarial y me llamó la atención que para nada se menciona la Asamblea Nacional legítimamente elegida el 2015 ni al gobierno interino de Juan Guaidó, ambas instancias reconocidas por más de 50 países, de los más representativos del mundo occidental y por organizaciones internacionales tan importantes como la OEA y la Unión Europea. Tal situación representa, en la práctica, un reconocimiento total al régimen y a los Poderes que lo conforman.

Es más, resaltan la importancia de la mal llamada Comisión Especial para el Diálogo, la Paz y la Reconciliación Nacional de Venezuela, la cual es parte de la parafernalia instalada por el régimen causante de todos los males que afectan a nuestro país desde hace muchos años, sin intenciones de rectificación.

Si actuaron de buena fe, creo que apuntaron mal, porque ese no es el "target" que les comprará sus ideas y proposiciones, buenas casi todas, y sus "buenas" intenciones. Si lo hicieron calculando algún beneficio particular o sectorial, sin considerar al país integralmente y sus circunstancias actuales, muy mal hecho por decir lo menos. Sacar ventaja de situaciones coyunturales poco favorece las soluciones más justas y permanentes.

El problema de Venezuela deriva hacia lo económico y social pero, es esencialmente político y por lo tanto todos los actores partidistas y de otra índole deben ser convocados. El PROBLEMA es integral y de esa manera hay que intentar la solución. Estoy convencido de que afincar al régimen sin respuesta positiva de su parte, no contribuye al restablecimiento del estado de derecho y de justicia en Venezuela.

20 de febrero de 2021

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Maxim Ross

Una frase de Maduro, que tomo como cierta, inspira esta nota, endulzada por las recientes ofertas sobre la producción petrolera. Dice así la frase:

“No podemos dejarnos torcer por falsos teóricos que quieren imponerle al pueblo una utopía. Nosotros tenemos que venir de la práctica a la teoría, con los pies sobre la realidad.”

No se si esta afirmación de Maduro es o no verdadera, pero tiendo a creer que lo es a juzgar por los últimos acontecimientos económicos y por las decisiones que viene tomando en ese terreno, aquel en el cual se invoca al pragmatismo. Deseo aprovechar esa frase para evaluar, no en el contexto actual, sino en la perspectiva de los principios e ideas que guiaron a la “revolución bolivariana”, desde su principal conductor, “teórico” e ideólogo.

Fundamentos y evolución en el tiempo.

Puede demostrarse que lo que fue su planteamiento original, con lo del juramento del Samán de Guere y con los primeros pronunciamientos de ese grupo, dirigidos a reordenar la Republica, a la lucha contra la corrupción y a reivindicar a los pobres, se fue transformando en un proyecto, expresados en textos como el “Oráculo del Guerrero” o su “Libro Rojo”, con los cuales se comenzó a fundamentar la transición de Venezuela al socialismo bolivariano, incluyendo aquellas afirmaciones en las que Simón Bolívar terminaba, no solo siendo el iniciador de esas ideas, sino también socialista.

De allí en adelante se produjo el salto de la convencional escaramuza militar del 4 de febrero a la construcción de la patria socialista, inspirada, según el mismo Chávez por la antología marxista y, por supuesto, con la asesoría de Fidel y la excelente experiencia cubana. Llegamos al evento que, sin solución y aprobación Constitucional, con dos Asambleas Constituyentes se dieron a la tarea de emprender la lucha anti-capitalista, a la denuncia anti- imperialista, pero sobre todo a la deliberada destrucción de lo que quedaba de sector privado. Expropiación tras expropiación, confiscaciones y persecución lo fueron liquidando sin contemplaciones. Así pues, primera “teoría” era que, para salvar a Venezuela, había que destruir toda huella de capitalismo, en especial del venezolano.

El “Hombre Nuevo” de Chávez

La otra versión “teórica”, que debemos agregar en la mente de esos dirigentes, y en especial en la de Chávez, era la vieja tesis revolucionaria de “crear” el hombre nuevo, desprendido de las “alienaciones burguesas”, como habría dicho Marx y emprender la batalla para acabar con todas las “enfermedades” del capitalismo, el consumismo, la exagerada existencia de centros comerciales tipo Miami, la prevalencia de la híper producción por encima del nuevo concepto de “pro consumidores”, elogiando la producción artesanal y el regreso al conuco. Además, esa transformación conllevaba una percepción moral distinta que se expresa en frases como esta:

“La columna más importante de un modelo socialista debe ser el hombre nuevo, la mujer nueva”a.

No cabe la menor duda de que se intentó modificar la conducta de los venezolanos con distintos instrumentos como los cambios en la educación y en la doctrina militar, sobre los cuales existen sobradas evidencias en la literatura que produjeron los intelectuales de la “revolución”. Quizás podamos rememorar aquellos discursos que le eran preparados por un viejo amigo y general que, quien sabe, viendo los actuales acontecimientos, se sienta profundamente avergonzado, sobre todo si ese “hombre nuevo” se le parece a uno del Bodegón o a otro del Casino del Humboldt. Por supuesto, donde más se lució la “teoría revolucionaria” fue en la gama de ofertas y promesas.

Las promesas de la revolución.

Presento a mis lectores, de seguidas, esta breve referencia de las metas que se propusieron cumplir en el diseño de uno de los tantos planes socialistas. Allí están a grandes rasgos las que se elaboraron para el 2013 – 2019, las que complemento con dos principales en el plan del 2019 al 2025, esto es el vigente ahora. Toca a nuestros lectores encontrar las coincidencias entre la “utopía” y la realidad.

No vamos a incluir aquí las que se realizaron para alterar las relaciones de pobreza y desigualdad, tema que dejamos para otro momento, no solo porque exige un tratamiento diferenciado, sino porque tienen ellas una enorme influencia el apoderamiento de las dos principales instituciones que producían información estadística en Venezuela, el Banco Central y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), cuya imparcialidad fue también destruida.

Las metas que hemos tomado de documentos gubernamentales son las siguientes:

“Metas Nacionales para el Período 2013-201b

METAS MACROECONÓMICAS

Producto Interno Bruto: Tasa de crecimiento promedio anual entre 3,0% y 4,0%.

Inflación: Tasa de inflación promedio anual 20%.

Producción Petrolera: Producción de crudo: 3,3 MMBD1 para el año 2014 y 6MMBD1 para el año 2019.

Producción de gas natural: 7.830 MMPCD2 para el año 2014 y 10.494 MMPCD2 para el año 2019.

Desempleo: Tasa promedio entre 5% y 7%”.

Y aquí una breve referencia al periodo 2019 – 2026, el que estamos viviendo:

Gran Objetivo Histórico N° 2: Continuar construyendo el socialismo bolivariano del siglo XXI, en Venezuela, como alternativa al sistema destructivo y salvaje del capitalismo y con ello asegurar “la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de seguridad social y la mayor suma de estabilidad política” para nuestro pueblo”.

METAS

Producción de 6 MBD de crudo en 2025.

Producción de 3,4 MBD de crudo pesado y extra pesado en la Faja Petrolífera del Orinoco Hugo Rafael Chávez

Incremento del consumo de crudo pesado en el Sistema de Refinación Nacional a 47% en 2025

Incremento en el uso de la capacidad nominal de refinación a 1.200 MBD al 2025”

Por supuesto, mas allá de estas promesas en el orden cuantitativo están todas aquellas que se encontraban en esos planes para “salvar el planeta”, rehacer el orden mundial, la “potencia energética” que iba a ser Venezuela y las reivindicaciones que se le prometieron a toda América Latina y al Caribe, con el reparto más esplendido de recursos venezolanos a lo largo de nuestra historia y la de esos países. Desde luego, no podemos olvidar todo lo que estuvo detrás de Unasur, del Banco del Sur, del Alba y de esas alianzas cuya base “teórica” fue el regalo, la donación o el préstamo petrolero. Cuando se evalúe apropiadamente este infeliz periodo de nuestra historia vamos a encontrar la distancia entre:

La “teoría” y la práctica.

En el mundo científico es bastante fácil comprobar si una teoría tiene consistencia con la realidad. Quizás el mejor ejemplo sea ahora la velocidad y eficiencia con que se investigó y descubrió la vacuna contra el virus. Sin dudas, precedidas de una buena teoría y, por ello, el éxito logrado. Probablemente en el campo de las ciencias sociales sea más complicado mostrar logros, en particular en la Economía, tan sujeta a críticas de esa índole.

Sin embargo, existen casos exitosos como el de Keynes, con su Teoría General, con la cual se consiguió abatir la Gran Depresión, para que luego, las investigaciones de Friedman, dieran al traste con ella al demostrar que la inflación era, en esencia, un tema monetario y lograr controlarla en casi todo el mundo. Teoría hoy ampliamente aceptada, por los “revolucionarios” quienes, para controlarla han aprendido a manipular el encaje legal, el gasto del gobierno o, inclusive estar dispuestos a dolarizar las actividades económicas. Consciente estamos de la diferencia entre una teoría científica y las capacidades de predicción que pueda tener la economía y sabemos de las criticas esgrimidas contra la econometría y sus aciertos y errores, pero una cosa es esa y otra un salto al vacío como el que se le impuso a Venezuela.

En el campo de la política sucede lo contrario o, en todo caso, es más difícil probar la bondad de una teoría, porque la política se ha ido convirtiendo progresivamente en la principal enemiga de la verdad y, en esa dificultad intrínseca deriva que una teoría pueda estar muy lejos de su demostración en la práctica. Quizás, de allí provenga la frase que se invocó de “falsos teóricos” porque antes y ahora, como queda fehacientemente comprobado, sus teorías nos llevaron a hasta aquí.

Probablemente sea este uno de los daños históricos más grandes, causados por el hombre a sus conciudadanos , tal vez similares a los que produjo la ex–Unión Soviética, la China de Mao o la revolución cubana, cuando quedan evidencias palpables de la distancia entre teoría y práctica en todos esos intentos fallidos Desde luego, confiar en esa critica que hace Maduro a esos “falsos teóricos” es bastante difícil, si como aparentemente sugiere sustituirla por “los pies sobre la tierra”. Si apelamos a aquella conocida frase de que: “No hay mejor práctica que una buena teoría”, nos invade una sensación de angustia, de mayor incertidumbre si los “falsos teóricos” son sustituidos por nada.

aPensamiento del Presidente Chávez, Compilación de Salomón Susi, Correo del Orinoco. Julio 2011

bVer documentos del Plan publicados y sin revisión, que se sepa hasta ahora. Plan de la Patria 2019-2025

1MMBD: Millones de Barriles Diarios

2MMPCD: Millones de Pies Cúbicos Diarios

cVer: Conflicto y violencia en el sigloXXI. Tendencias actuales observadas en la investigación empírica y las estadísticas. Grupo del Banco Mundial. n/d.

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