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Opinión

Fernando Mires

“Pensar el pasado como si fuera presente, pensar el presente como si fuera pasado”. La recomendación del historiador Ferdinand Braudel continua vigente. Desde esa perspectiva, los recientes acontecimientos que han tenido lugar en los EE UU., viéndolos sin las furias que calientan el momento, no son tan extraordinarios como parecieran a primera vista. De un modo norteamericano, digamos, muy cineasta y por cierto, dramático, el final de la administración Trump puede ser enmarcado en el contexto macro histórico caracterizado por el fin de las formaciones políticas correspondientes a una era que se nos va.

Robert Dahl, Alain Touraine, André Gorz, Richar Sennett y otros pensadores de las llamadas sociedades modernas, dieron cuenta de las profundas transformaciones que trajo consigo el fin del industrialismo basado en la pesada maquinaria de la gran revolución industrial europea y americana. Hoy hemos avanzado un trecho más. Hoy estamos situados en medio de la revolución digital. Razón de más para afirmar, sin caer en determinismos, que “lo social” busca diferentes formas de representación en “lo político”.

Las transformaciones sociales devenidas de la hegemonía del modo de producción digital sobre el industrial debían derivar tarde o temprano en la alteración del orden político que prevalecía en el pasado reciente. Estamos, efectivamente, contemplando el aparecimiento de nuevas formas políticas en medio de un periodo de transición histórica que, como todos, es contradictorio, tormentoso y políticamente sísmico. Las viejas formas políticas desaparecen, las nuevas no están definidas. Hay que pensar en medio de los escombros y ruinas del periodo industrial. Los llamados análisis políticos, bajo estas condiciones, solo pueden ser simples aproximaciones.

Por de pronto, hay que constatar que la digitalización ha procreado sectores sociales emergentes, muy distintos a las clases de la así llamada sociedad industrial. Contratos laborales de corta duración, predominio de jobs temporarios por sobre el laborismo contractual, empresas que aparecen y desaparecen en el espacio virtual, deslocalización geográfica de los grandes consorcios, capitales volátiles autonomizados de la producción, globalización de los mercados, migraciones masivas de fuerza de trabajo, multiculturización de las naciones monoculturales. Y hasta aquí no más llego. Estos son solo algunos trazos de los tiempos que vivimos.

En términos estrictamente sociológicos ya no podemos hablar de una sociedad de clases (lo que no es lo mismo que hablar de una sociedad sin clases). Las llamadas clases coexisten hoy con conglomerados sociales que viven un momento pre-formativo de su historia, sin adscripciones ni lealtades políticas definidas, desconectados del sistema político vigente y por lo mismo, desconfiados de partidos políticos que ya no los representan. En fin, hay condiciones ideales para que, por doquier, aparezcan organizaciones, movimientos, líderes, partidos y gobiernos a los que a veces por comodidad llamamos populistas.

Dicho de modo general, independiente a la cantidad de partidos que competían en cada nación occidental, la mayoría de ellos obedecía a un patrón estándar formado por una triada: los conservadores, los liberales y los socialistas. En una primera fase, esa triada fue una dupla: a un lado los conservadores, defensores de la religión, la patria y la familia, al otro los liberales, partidarios de la libertad de culto, cosmopolitas y, en materias sexuales, más flexibles.

La triada apareció con la civilización de los partidos obreros, los que en sus formas laboristas y socialistas abrieron la posibilidad para la formación de un sistema en donde no estaban excluidas alianzas políticas que terminarían tomando la forma de coaliciones de centro-izquierda o centro derecha. Ese, más o menos, fue el centro del orden político de la sociedad democrática de la modernidad. Ese es también el centro que en estos momentos ha perdido funcionalidad pues de acuerdo a las transformaciones ya señaladas, hace aparición una multiplicidad de actores sociales excluidos de la triada política del periodo pre-digital. De ahí que, la que contemplamos en diversos países del occidente político ya no es tanto una crisis política sino, lo que es diferente, una crisis de la política. La crisis de la triada ideológica y política del siglo XX.

Si usamos como premisa la transformación señalada, podemos quizás pensar de modo menos pasional acontecimientos como el de los asaltos de las turbas que han tenido lugar en Alemania y en los Estados Unidos. Son analógicos. El primero tuvo como objetivo el Reichstag. El segundo, el Capitolio. En ambos casos, los corazones democráticos de ambos países fueron el objetivo a demoler. Asaltos poderosamente simbólicos, sin lugar a dudas. Masas convertidas en chusma, aleonadas por elites políticas, las que en un alarde de democracia directa no-representativa, asaltaron a los edificios en donde tienen lugar los debates de la polis nacional. ¿Qué nos dice este símbolo? Nada menos que lo siguiente: se trata de rebeliones fragmentadas en contra de la clase política, organizadas por políticos pertenecientes a esa misma clase política.

En el fondo, nada nuevo. Los partidos nacional-populistas que en este momento asolan la política europea, la norteamericana y también la latinoamericana, tienen dos características. La primera es que actúan sobre un vacío que intentan llenar con una suerte de democratismo anti-partidario y anti-parlamentario. La segunda, sus líderes provienen por lo general del antiguo tronco político y en el último periodo, de las derechas extremas de las derechas tradicionales.

En Alemania, AfD proviene de los bordes más derechistas de la CDU/CSU, en España, VOX de las disidencias ultraderechistas del PP, la Liga Norte italiana nace del más puro y oscuro conservadurismo, el lepenismo de la reacción conservadora francesa y el trumpismo, todavía en el vientre republicano, a punto de salir a luz, ya no es totalmente republicano. Por eso son llamados “populismos de derecha”. Pero las apariencias engañan.

De las derechas clásicas los populismos nacionales extraen fragmentos discursivos: defensa del orden patriarcal, desprecio a las reivindicaciones feministas, cierto apego a las instituciones cristianas, reivindicación de un “pasado glorioso” que nunca existió, más un nacionalismo verbal que linda con la retórica fascista. Pero a la vez, extraen otros fragmentos que pertenecieron al patrimonio de las izquierdas extremas: anti-autoritarismo, amor al líder mesiánico, odio desatado a las elites intelectuales y al establishment (la nueva “burguesía”) anti-parlamentarismo radical, y sobre todo, culto a la acción callejera e incluso a la violencia.

Para decirlo con Hannah Arendt cuando se refería a los movimientos precursores del totalitarismo moderno, hoy tiene lugar una nueva alianza entre la chusma (Mob) y las nuevas elites, ya no culturales, sino simplemente económicas. El objetivo de esa alianza es tomar el poder mediante una combinación de diferentes formas de lucha, atrayendo a las multitudes que habitan ese espacio grande aparecido como consecuencia del derrumbe histórico de “la sociedad de clases”. Los partidos democráticos del orden prevaleciente han sido empujados a posiciones defensivas. En nombre de la democracia total los nacional-populistas, en sus versiones de izquierda y de derecha, intentarán apropiarse del poder total.

¿Estamos llegando a las orillas de otra época totalitaria? No lo sabemos. Probablemente no, no todavía. Solo sabemos que la democracia liberal se encuentra amenazada. Bajo esa condición, lo peor que pueden hacer los defensores de la democracia occidental es quedarse encerrados en sus liberales torres de marfil. Hay que bajar a las barricadas políticas a enfrentar a los populistas nacionales, salir a buscarlos en sus propias madrigueras, incluyendo a las redes sociales.

Con el nacimiento objetivo del trumpismo y sus millones de seguidores, el populismo nacional desatado por Trump avanza primero en su propio país donde de hecho ya ha liquidado informalmente la estructura bi-partidista. Pero es el mismo nacional-populismo que avanza en otros reductos de la democracia moderna como son Alemania, Francia e Inglaterra. El problema adicional es que el trumpismo -con o sin Trump- y sus millones de seguidores repartidos en el mundo, liberado del corset partidario republicano, podría llegar a convertirse en el eje articulador de diversos populismos nacionales a nivel mundial. Y todo eso, bajo la mirada sonriente de Vladimir Putin. No es para reírse.

Digámoslo más claramente: el trumpismo puede ser más peligroso como movimiento que como gobierno. Y ese movimiento no ha terminado con la derrota electoral de Trump. Gracias a esa derrota - malvada paradoja - está comenzando.

18 de enero 2021

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2021/01/fernando-mires-nacional-populis...

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Humberto García Larralde

De acuerdo con una encuesta hecha a finales del año pasado en 14 ciudades principales del país por la consultora Ecoanalítica, un 68% de las transacciones comerciales se estarían haciendo en dólares. Por esas fechas Maduro había declarado que la dolarización era de apenas el 17% y que no pensaba abandonar el bolívar como moneda nacional.

Estamos acostumbrados a que el régimen inventa cifras a conveniencia, pero en este caso ambas aseveraciones no tendrían por qué ser contradictorias. Se entiende que Ecoanalítica se refiere al valor (68% del valor total transado), mientras que, con respecto al número total de transacciones, las realizadas en dólares podrían ser tan solo del 17%. De ser así, estaría indicando varias cosas: 1º., que las compras en dólares son de bienes que, en promedio, son bastante más caros; 2º., que estas compras están concentradas en las ciudades principales; y/o 3º., que el valor consumido por todos aquellos que no tienen acceso regular a las divisas, es muy reducido.

Lo que sí es inobjetable es que el régimen acabó con el bolívar como moneda. No sirve como unidad de cuenta, cada vez menos como medio de transacción y, claro está, nadie lo usa como reserva de valor. ¿Significa que la economía terminará de dolarizarse también en lo financiero y que el dólar suplantará definitivamente al bolívar? Como han pregonado algunos desde hace tiempo, ¿es ésta la mejor forma de abatir la inflación? ¿Empezará a reactivarse la economía? Ya el banco Credit Swiss anticipa para este año una ligera recuperación del PIB, en el orden del 3%, relacionado, en parte, con la mayor estabilidad y previsibilidad que otorga la creciente dolarización de las transacciones.

Hace poco argumentamos que una dolarización completa era improbable. Primero, porque en Venezuela existen muy pocas divisas para sustentar una reactivación de la actividad económica. Su monto quedaría sujeto a las reservas existentes, al saldo de la balanza de pagos y a la política monetaria de EE.UU. En segundo lugar, porque el gobierno sólo puede financiar su enorme brecha fiscal con emisión monetaria del BCV.

Si se completara la dolarización, esta potestad del Instituto Emisor desaparecería. Como el Estado venezolano está en default, sin acceso a los mercados financieros internacionales, no tendría cómo financiar esta brecha y tendría que recortar brutalmente su gasto, lo que representaría una verdadera debacle política y social. Cabe recordar que el ingreso tributario está en el piso por el derrumbe de la economía y la destrucción de la industria petrolera.

Finalmente, en un escenario de dolarización, el sector externo se ajusta –si el Estado no controla el suministro de las divisas-- moviendo el salario real. Saldos positivos en la B de P requerirán salarios bajos, a menos que la productividad aumente, contrario a lo que sería el objetivo de cualquier gobierno que prioriza el bienestar nacional.

Sabemos, empero, que el bienestar de la población no es preocupación que le quite el sueño a quienes están actualmente al mando del Estado. ¿Qué significa, entonces, la dolarización creciente de las transacciones, si la dolarización completa no está contemplada como política? Podría afirmarse que es el resultado inevitable de la destrucción de la moneda nacional y del abandono, por parte del régimen, de toda pretensión de imponer su proyecto económico.

El gobierno entendió, como confesó Maduro, que permitir la dolarización de las transacciones, dejando el funcionamiento de la economía doméstica a la libre, sin controles de cambio o de precio, representaba una importante válvula de escape a las tensiones que se venían acumulando por la escasez y por las restricciones externas.

Pero esta dolarización transaccional habrá de modificar la dinámica económica de algunos integrantes de la oligarquía militar - civil. Las mafias clásicas buscaban lavar sus dineros mal habidos en negocios legítimos. Claro está, sus ganancias ahí eran siempre menores a las exacciones obtenidas por medios ilegales. Pero el riesgo de pasar largos años en la cárcel indudablemente influía en su decisión de buscar amparo legal para sus fortunas. Hoy, en EE.UU., muchos lujosos casinos tienen este origen.

En Venezuela, la rapiña de la coalición criminal que comanda al Estado sin duda está enfrentando obstáculos a nivel internacional en la forma de sanciones, requisitorias, congelación de activos, detenciones y otras medidas. En comparación con los años de gloria, cuando el barril de crudo estaba en USD 100 y abundaban oportunidades para parasitar la renta, el “negocio” actual se les ha puesto chiquito y con riesgos crecientes. Se les encoge el pastel a las mafias.

Por otro lado, las penalidades acechan. Los incentivos por legitimar dineros amasados en sus trapisondas y saqueos estarían ahí, a pesar de que el marco legal en que operarían es más restrictivo. Las inversiones en montar bodegones en las grandes ciudades, surtidos de todo tipo de mercancía importada para ser pagada en dólares, pudieran ser una salida. Pero implicaría fricciones internas y un reacomodo de algunos intereses comprometidos con el régimen, que afectaría a sus bases de apoyo.

Siendo negocios privados que escapan, así, de las sanciones impuestas al Estado venezolano, su autonomía de acción se amplía. Podrían favorecer el restablecimiento de garantías institucionales para repatriar capitales y ampliar el mercado interno. Asimismo, podrían impulsar cambios políticos para que se les aliviasen ciertas sanciones en lo personal.

Tampoco es que les interesa, empero, una economía competida, a juzgar por los precios especulativos con que cobran muchos bienes. Pero con el tiempo, estas iniciativas podrían socavar la cohesión que genera la dinámica de expoliación existente, dependiente de la estructura de poder. No compagina con la persistencia de depender del bolívar para el gasto público. En fin, sin pretender que la dolarización creciente subvierta al régimen –los privilegios otorgados seguirán negociándose a cambio de lealtad-- si parece incidir en su reacomodo interno.

Por otro lado, esta dolarización agrava la desigual distribución del ingreso que viene agudizándose bajo Maduro, siendo la de Venezuela la segunda peor de América Latina, superada solo por Brasil. Porque la cara adversa de esta dolarización transaccional es que alimenta la inflación de aquellos que sólo tienen posibilidades de comprar con bolívares. En efecto, la emisión monetaria con que el gobierno financia sus gastos impulsa el precio del dólar al alza y éste sirve de marcador de precios para las transacciones en moneda local.

Si en lo formal, ello implica un capitalismo salvaje que contradice toda esa cháchara socialista, en los hechos, desnuda abiertamente una odiosa realidad en la que los que una minoría que tiene divisas vive a cuerpo de Rey, mientras que la gran mayoría, con ingresos en bolívares, languidece con unos CLAPs y unos “bonos de la patria” cada vez más escuálidos y menos frecuentes.

Como conclusión, no parece realista confiar la reactivación de la economía en esta dolarización parcial y silvestre. Como se ha insistido una y otra vez, sin un cambio radical de políticas que restablezca garantías y estabilidad a la iniciativa privada, elimine las corruptelas y logre concertar una generosa ayuda externa, la situación general del país seguirá empeorando.

Esta dolarización parcial, sin embargo, estaría agudizando las contradicciones en el seno del régimen fascista. Podrían estarse asomando grietas en sus bases de sustento que deben ser aprovechadas por la oposición democrática.

Una negociación inteligente que, desde posiciones de fuerza y con apoyo internacional, explote estos puntos débiles ayudaría a abrir las puertas a un acuerdo en torno a elecciones confiables. Un elemento a considerar para producir los cambios políticos que los venezolanos imploran para mejorar sus deplorables condiciones de vida. Es menester, entonces, forjar esa fuerza en el campo opositor.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

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Jesús Elorza G.

En el mes de enero de cada año, Pedro en su hogar le recordaba que en este 2021 se cumplen 63 años del proceso que puso fin a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, régimen que gobernó Venezuela entre 1948 y 1958, suprimiendo las libertades individuales y políticas a través de la censura a los medios de comunicación, la represión de la protesta y el encarcelamiento y asesinato de miles de disidentes.

Su hijo Juan, siempre lo escuchaba con mucha atención sobre el desarrollo de esos acontecimientos y a partir del 2002, comenzó a relacionar los acontecimientos políticos, económicos y sociales que vivía el país con la dictadura perezjimenista. Una mezcla de presente y pasado despertó en el, su imaginario pensamiento para vislumbrar "Un Nuevo 23" que permitiese salir del actual régimen dictatorial que detenta el poder.

En primer lugar, destacaba el símil entre el Plebiscito convocado por el gobierno el 15 de diciembre de 1957 y el proceso electoral fraudulento realizado el 6 de diciembre del 2020 para elegir los diputados a la ilegitima Asamblea Nacional. Ambos procesos, pensaba Juan, solo buscaban perpetuar a un régimen dictatorial.

Luego, no podía dejar de pensar que el 1 de enero de 1958 se produce la primera rebelión castrense en contra de la dictadura. Aviones de la Fuerza Aérea Venezolana surcan el cielo de Caracas como parte de una asonada para derrocar al gobierno. La revuelta es sofocada y el régimen aumentó las acciones represivas de la Seguridad Nacional (policía política de entonces) contra militares y civiles. En su imaginario, Juan piensa en la acción de Oscar Pérez, inspector del CICPC, que sobrevoló el cielo de Caracas en un ataque contra el TSJ.

Y en la actualidad, mas de 250 militares se encuentran detenidos por "presuntas actividades conspirativas" y el DGCIM, FAES, PNB mantienen una política permanente de acoso y represión contra los miembros de las Fuerzas Armadas Venezolanas.

Viene a su memoria la Junta Patriótica que, el 3 de enero, emite un manifiesto clandestino, invitando a la unión popular y militar para restaurar la democracia en el país. Acción similar al llamado del Presidente legítimo del país, Juan Guaidó, que acompañado por el G4 de los partidos políticos, hace un llamado a la unión del pueblo para lograr el cese de la usurpación, un gobierno de transición y elecciones libres.

El 20 de enero se realiza la primera gran huelga contra el gobierno de Pérez Jiménez: la huelga de los trabajadores de la prensa, la cual se cumple a cabalidad. Desde la clandestinidad, la Junta Patriótica convoca a una huelga general para el día siguiente.

El 21 de enero se produce la huelga general y en la calle estudiantes y civiles se enfrentan a policías en diferentes lugares de Caracas y el interior. En la actualidad, prácticamente, el país se encuentra en un estado de huelga general.

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) registró un promedio de mas de 1.500 manifestaciones mensuales en todo el territorio nacional. La diferencia es que el movimiento huelgario no tiene la organización y coherencia necesaria para plantearse la salida del régimen y solo se encuentra limitada a la búsqueda de reivindicaciones económicas o mejoras de servicios. Pero, cada día, se hace indetenible el camino a la búsqueda de la superación del régimen dictatorial.

El 23 de enero de 1958, el pueblo en la calle logra la caída de la dictadura, por eso Juan en su imaginario presente/pasado mantiene una firma esperanza en ver un amanecer de Libertad y Democracia con el surgimiento de UN NUEVO 23.

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Banca y Negocios

Para Raúl Gil Arias, consultor empresarial, contador público y abogado y vicepresidente de la Cámara de Industria y Comercio del Municipio Caroní en el Estado Bolívar, opina que 2021 será complejo y difícil en términos macroeconómicos, pero con oportunidades específicas para el sector empresarial.

El analista estima que esas oportunidades van a provenir de medidas como:

– Una mayor flexibilización del mercado cambiario.

– La masificación del uso divisas (dólares estadounidenses y euros).

– Mayor apertura del gobierno al sector privado.

Los sectores Comercio y Servicios -estimó el también profesor de Derecho Financiero y Tributario en la UCAB- estarán más dinámicos especialmente vinculados a la alimentación, salud y a la tecnología. De igual manera, se agregarán nuevas oportunidades en áreas de infraestructura eléctrica, hidráulica, vial y petrolera para las actividades industriales y manufactureras.

Se estima un proceso intenso de privatización y concesiones, así como la entrada de nuevos actores.

No se prevé una solución política que es el problema de fondo del país. Tampoco se espera estabilidad cambiaria, y control de la inflación.

Pero se van abrir nuevos espacios y oportunidades focales, que hasta ahora se han visto restringidas para el sector privado en Venezuela. Se estima la llegada de nuevas inversiones, aumento de producción y un cambio significativo en el papel del sector privado en la economía nacional.

– Las demandas del sector privado –

«Por lo que realizamos un petitorio desde los Gremios Empresariales, en especial desde la Cámara de Industria y Comercio del Municipio Caroní (Camcaroní) al Poder Legislativo Municipal representados en los Consejos Municipales, las autoridades municipales de las alcaldías, a promulgar reformas de ordenanzas municipales de Actividades Económicas que generen incentivos fiscales para el establecimiento de nuevas empresas en el Municipio Caroní y en el Estados Bolívar. Invitamos a recapacitar y eliminar el mínimo tributario establecido en la nueva ordenanza municipal, la cual va en contra de Principios Constitucionales, como capacidad económica y progresividad de los contribuyentes», indicó Gil Arias en su rol de dirigente gremial.

El experto solicitó igualmente, al Poder Ejecutivo de cada Estado representado en los gobernadores, en especial al Estado Bolívar, a promulgar junto con los entes legislativos regionales, leyes que incentiven a empresas mineras, forestales, manufactureras, a que se establezcan en el estado.

«Hacemos un llamado al Ejecutivo Nacional que, por vía Decreto, se establezca Leyes que incentiven la producción nacional, a los fines de reactivar la economía, mediante políticas públicas integrales en el ámbito económico, cambiario y fiscal. Donde tengamos seguridad jurídica, se respeten las libertades económicas y la propiedad privada».

Gil Arias invitó a las empresas de capital privado a prepararse para cuando llegue el momento oportuno tener capacidad de respuesta, con estados financieros que muestren un patrimonio sólido, que les permitan endeudarse en la banca, ya que es muy probable que el gobierno nacional reactive, mediante la banca pública y privada, los créditos bancarios para ayudarían a tener capital de trabajo para reactivar la economía nacional, regional y municipal.

– La paradoja económica de 2021 –

Es de destacar que Venezuela, tras siete años consecutivos de caída, tiene una economía que está en su mínima expresión, la escalada de los precios se traduce en la segunda hiperinflación más larga de la historia.

Para el año 2021, «nuestras perspectivas económicas apuntan a una moderación del retroceso; de manera que la economía se estabilizará, tocando fondo, y los precios, aunque seguirán aumentando a tasas de dos dígitos mensuales, perderán impulso. Se prevé que en 2021 el PIB de Venezuela caerá 2% y la inflación acumulará un salto en el año de 1.566%; mientras que la cotización del dólar en el mercado oficial, actualmente sobre el millón 500.000 bolívares, alcanzará la cumbre de Bs. 12,3 millones. Se prevé una reconversión monetaria de seis (06) dígitos».

Si bien es cierto que las proyecciones son preocupantes, representan un panorama alentador y menos duro que el año 2020, cuando se proyecta que la economía cayó en un 32% y la inflación fue de 1.962%

La economía tenderá a caer menos porque ya sufrió una reducción de 80% en siete años y la precaria producción de bienes y servicios no seguirá deteriorándose a la misma escala; además, factores como el aumento de las remesas, que se estiman aumentarían desde 1.500 millones de dólares este año hasta alrededor de 1.900 millones en 2021, que ayudarán a darle oxígeno al consumo.

“Vamos a seguir contrayéndonos a un menor ritmo que antes, es una estabilización con menor inflación, pero sin salir de la hiperinflación” donde la mejora en el consumo, focalizada en los hogares que reciben remesas y los que tienen ahorros o ingresos en dólares beneficiará las ventas, principalmente de alimentos y productos de cuidado personal.

El país produce, de acuerdo con las cifras entregadas por el gobierno a la OPEP, 400.000 barriles diarios, un nivel similar al de 1935. En 2021 se espera que la producción de petróleo no siga cayendo. En un entorno donde la concesión de facilidades e incentivos a empresas de países como Rusia e Irán, ayudarán a detener el declive.

«Tengo una visión optimista, asumiendo una recuperación parcial de la demanda internacional que concretaría el alza de las exportaciones petroleras y el gobierno obtendría por esta vía alrededor de 7.200 millones de dólares, a razón de 400.000 barriles diarios a un precio promedio de 50 dólares en el año 2021″, indica el el consultor y abogado Raúl Gil Arias.

La hiperinflación desde noviembre de 2017 obedece a un Estado que recurre a la creación de dinero vía Banco Central de Venezuela (BCV) para pagar salarios, pensiones y cubrir gastos de todo tipo.

El aumento del ingreso por exportaciones petroleras aliviaría el déficit en las cuentas públicas y el gobierno reduciría la creación de dinero para financiar gasto, algo que ayudaría a mitigar la presión inflacionaria, dice el experto.

«No obstante, la hiperinflación va a seguir allí, porque culmina cuando en un período de 12 meses no ha habido una inflación mensual superior a 50% y en noviembre 2020 la inflación registró un salto de 65%. De esta forma, la hiperinflación venezolana se extenderá al menos hasta noviembre de 2021, cuando acumulará una duración de 48 meses y en los registros históricos solo sería superada en extensión por Nicaragua, donde alcanzó 58 meses», explica el presidente de la Cámara de Industria y Comercio del Municipio Caroní en el Estado Bolívar.

«Es de estacar que las diferentes causas por las cuales Venezuela se encuentra en la actual situación económica las cuales me permito citar:

No ahorrar durante los años en que el barril de petróleo se cotizo a niveles record de 120US$.

No invertir para mantener la producción petrolera.

Endeudamiento desproporcional no capitalizado.

Desviación del dinero recaudado por venta de petróleo.

Al mismo tiempo, el ejecutivo incitó a la hiperinflación con sus políticas públicas económicas erradas y el desmoronamiento de la moneda creando dinero para tapar el desbalance en sus cuentas».

El colapso de la industria petrolera dejó sin base al sistema económico donde el Estado distribuye petrodólares, cobra pocos impuestos, posee cientos de empresas y reparte subsidios.

La renta petrolera disminuyó drásticamente y la recaudación de impuestos, se redujo severamente por la hiperinflación y la recesión.

Con la aprobación de la Ley Antibloqueo se estima que privatice o transfiera la gestión de empresas estatales al sector privado, específicamente a grupos locales o compañías de países aliados como Rusia, Turquía e Irán, los cuales podrán incrementar su presencia en el sector petrolero, gas, alimentos, telecomunicaciones, electricidad, cemento, entre otros.

Todo apunta hacia el “desplazamiento del sector privado tradicional por nuevos actores emergentes ligados al Ejecutivo Nacional», apunta Gil Arias.

Una nueva economía podría comenzará a consolidarse en el año 2021. Pero es necesario el respeto del marco jurídico legal vigente, seguridad jurídica, respeto a la las libertades económicas y a la propiedad privada, reitera el doctor Raúl Gil Arias.

@bancaynegocios

19 de enero 2021

Banca y Negocios

https://www.bancaynegocios.com/pronosticos-conozca-por-que-la-economia-t...

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Manuel Delgado Campos

En las noticias del martes 19 de enero de 2021, hubo dos expresiones que me llamaron la atención y que me llevaron a leer otras del mismo día o a recordar algunas anteriores. Las mismas fueron una, del Papa Francisco en comunicación dirigida a Monseñor Baltasar Porras que decía así: al pueblo venezolano probado por sufrimiento causado por el azote de la pandemia, la arrogancia de los poderosos y la creciente pobreza que lo estrangula; la otra, una declaración del Foro Penal Venezolano informando, que al momento, existen 354 presos políticos en Venezuela.

Lo anterior mi hizo pensar que todos los venezolanos, en diferentes circunstancias y lugares, estamos presos por razones políticas.

Primeramente, quienes sub viven en los múltiples calabozos y mazmorras que el régimen tiene diseminados por todo el país, principalmente en Caracas y sus alrededores. Allí están, al menos, los 354 mencionados.

Pero ¿qué libertad tienen aquellos que viven arrinconados por la extrema pobreza, la mala salud no atendida, la ignorancia y la falta de atención educativa? Muy poca, por no decir ninguna. Ellos son presos por causa de las políticas nefastas desarrolladas por el régimen castro-comunista desde hace mas de veinte años. Esa pobreza estrangula, paraliza, apresa bajo el comportamiento arrogante de los poderosos dirigentes y agentes del régimen, quienes no dudan en arrestar definitivamente a quien protesta por esa prisión de collar no-electrónico, cual es la miseria a la que cotidianamente está sometida la mayoría de la población venezolana.

Otros, con algo mas de recursos económicos, tampoco son libres porque ellos sufren grandes restricciones de movilización y comunicación debido a la falta o altísimo costo de los combustibles, deficientes servicios públicos de electricidad, teléfonos, internet, televisión y el exceso de alcabalas y puntos de control a todo lo largo y ancho del país. Ellos están presos en su casa, en su condominio, en su barrio. En otras palabras, tienen la ciudad por cárcel.

Mencionaremos a otro grupo de venezolanos que de alguna manera no sufre de grandes restricciones económicas y por esa razón, cuentan con los recursos financieros para pagar el combustible a cualquier precio y pagar las coimas exigidas para hacer o dejar de hacer en las alcabalas, oficinas del régimen y cuarteles. Esos tienen libertad condicional, si, a condición de que paguen lo exigido y eso también tiene un límite.

Poniendo a un lado las restricciones para viajar por causa de la pandemia del Covid-19, los venezolanos no podemos movilizarnos libremente hacia el exterior o desde el exterior hacia Venezuela porque el régimen impuso una política restrictiva, declarada o no, en cuanto a la emisión de pasaportes y sus prorrogas, mantenimiento de flotas aéreas y de aeropuertos, restricciones arbitrarias para el egreso o ingreso al país, numero de países con los cuales poder conectarse directamente y otras tantas. Hasta por tierra es casi imposible viajar legalmente a los países vecinos porque las autoridades del régimen asociados a grupos irregulares y delincuenciales tomaron para si el control de las fronteras. Salir o ingresar a Venezuela puede ser de todo menos un ejercicio de libertad, en último caso, una expresión del libre albedrio cuando las personas asumen el alto riesgo de huir por los caminos verdes. Total, que en este caso, se establecieron dos amplias prisiones, una interna y otra externa.

Por último, habría muchas dudas sobre la capacidad de libre movilización de los dirigentes y funcionarios del régimen, incluyendo sus altos jerarcas. Dentro de Venezuela deben estar acompañados de numerosos guardaespaldas y escoltas, que dudo sean de su entera confianza. No hay lugar público al que sean bienvenidos. Al exterior tampoco pueden ir porque, de acuerdo a la justicia internacional, la mayoría de ellos tiene órdenes de captura y precio a su cabeza. Ellos son presos de su propio miedo, de sus actuaciones políticas y personales. Solo le queda refugiarse en sus cuarteles, en sus bunkers, en sus palacios. Venezolanos, todos presos.

20 de enero de 2021

 3 min


Jesús Seguías

Análisis Prospectivo

Las razones que obligan al gobierno a negociar.

1. En anterior análisis, reprodujimos una frase lapidaria de Elliot Abrams, el enviado de la casa Blanca para el caso Venezuela: “Esto va a terminar en una mesa de negociación… y se va a negociar con los que están allí, no con los que uno quiera”.

2. Muchos opositores venezolanos, quizás la mayoría, piensa que el gobierno de Nicolás Maduro no tiene ningún interés en negociar y que, de hacerlo, se burlará una vez más de la oposición. Por supuesto, hay una experiencia acumulada que sirve de soporte para este razonamiento.

3. Sin embargo, sostengo que las condiciones actuales no se parecen a las anteriores. Dos razones lo evidencian: La primera. La crisis del país adquirió una dimensión colosal que no se asemeja ni siquiera a la de hace un año. La pandemia del Covid 19 llevó el caos a un nivel más profundo, y este año será peor de no haber un viraje radical lo antes posible. Y ese viraje implica resolver muchos cuellos de botella respecto a los inversionistas que deben acudir al rescate de Venezuela, y eso pasa por negociaciones que trascienden el ámbito empresarial.

4. La segunda razón. En este momento, a diferencia de Santo Domingo y Barbados, para que sea exitosa una negociación ésta debe contar como garantes de los acuerdos a las 4 grandes potencias del mundo: China, Rusia, Europa y Estados Unidos, lo cual haría muy difícil la violación de los acuerdos. En Santo Domingo, los garantes eran pequeños países. En Barbados, los noruegos estaban casi solos.

5. Sin embargo, existe otro razonamiento de alto calibre para quienes perdieron las esperanzas en una salida negociada. Dicen: “¿Cuál es el incentivo que tiene Nicolás Maduro para negociar, tomando en cuenta que salió victorioso ante Trump y los opositores en su empeño por sacarlo del poder, y que aun sigue contando con el apoyo de China y Rusia?” Sin duda Maduro se siente en ventaja. De hecho, Trump salió primero del poder que Maduro.

6. ¿Entonces cuál es la razón que podría tener Nicolás Maduro para negociar, y cuál es el enemigo al cual pudiera temerle? Está muy claro: son las 7 mega crisis que venimos mencionando, especialmente la económica. Son ellas las que amenazan realmente su estabilidad y permanencia en el poder ¿Significa entonces que “si el sistema se hunde, hay que hacer peso para que se hunda más rápido”? Pues no es tan así de sencillo.

7. Es posible que la agudización de esas megas crisis podría conducir a una implosión del mismo gobierno. Pero las consecuencias no serían a beneficio de las fuerzas opositoras, cuyos poderes de coacción en Venezuela son prácticamente inexistentes como para incidir de manera determinante en un desenlace de este tipo. Lo que podría ocurrir a continuación sería proceso de auto disolución de la nación, dividiéndose en tantas parcelas como grupos de poder armado existan.

8. Sería lo más parecido al infierno, y donde sólo una intervención de tropas internacionales podría convertirse en una hipotética solución. Pero para que algunos países, o las Naciones Unidas, se motiven a intervenir militarmente en plena crisis de Pandemia tiene que ocurrir una catástrofe superior a la de Siria, con decenas de miles de muertos en las calles. Aun los sirios están esperando esa intervención tras varios años de conflicto sangriento, con más de 60 mil muertos a cuestas.

9. Obvio, en este escenario de implosión y posiblemente desmembramiento del territorio nacional no está contemplado en absoluto entregarle el poder a la oposición (empezando porque habría que definir quiénes son los representantes de la oposición, y a cuáles reconocerían como tales los actores que dominan el conflicto). Para decirlo en términos coloquiales, éste sería un pleito entre chavistas y donde la oposición no tiene velas en ese entierro.

10. Uno de los mitos que han creado algunos opositores es que “solos no podemos derrotar al chavismo, por tanto. es necesaria la intervención militar internacional”. Esa conclusión tan simplista para un político conduce a otra interpretación más simplista aún: si no hay intervención militar internacional (como evidentemente no la habrá) tácitamente estos “líderes” lo que están es informando de su claudicación y renuncia como políticos, abandonando a su suerte a los venezolanos que han creído en ellos.

11. Pero el anterior mito (prohibido para políticos verdaderos) se complementa con otro mito más: el chavismo gobernante es un cuerpo perfecto, todopoderoso, nadie los puede derrotar, son homogéneos, nunca dejan fisuras, ni brechas, ni rendijas. En fin, los chavistas deben ser extraterrestres. Nada parecido a la imperfecta y pasionaria especie humana.

12. Por supuesto, esta es una garrafal lectura acerca del adversario. Los chavistas que están en el gobierno tienen, además de las mismas virtudes, las mismas contradicciones y miserias humanas que tienen los opositores, las mismas ambiciones de poder, las mismas protestas internas, las mismas incompetencias, las mismas zancadillas, chismes, picardía, mentiras, los mismos conflictos éticos, y las mismas ganas de cortarle la cabeza al que está más arriba. Ambos son muy venezolanos en tiempos de confusión y zozobra.

13. Pero hay tres diferencias sustanciales entre la dirigencia chavista y la dirigencia opositora: La primera es que una está al mando del poder real, y la otra lleva más de 20 años tratando de conquistarlo infructuosamente. La segunda es que los chavistas, en medio de sus imperfecciones, han sido más inteligentes en las batallas que los opositores, pues buscan pelear en el terreno donde son más fuertes (principio fundamental del poder) y lograron el milagro de hacer que los opositores también peleen en el terreno del gobierno, abandonando los escenarios donde son fuertes (insólito pero verdadero). Y la tercera es que los chavistas tienen tantos problemas internos como la oposición, pero -a diferencia de los opositores- han sido más inteligentes en canalizar sus fisuras, y han respetado el otro principio del poder: ante la amenaza externa, unidad interna.

14. Entonces los chavistas son tan imperfectos como los opositores, por tanto no son todopoderosos, están enfrentando graves problemas como gobierno y como partido, y siempre están mostrando fisuras, rendijas que la oposición debe aprovechar con mucha inteligencia política, y un poco de sentido común.

15. Ahora bien, Maduro no es Kim Jon Un (el dictador norcoreano) como para tener un control absoluto y férreo del poder (y estimo que no lo será jamás por varias razones). El chavismo son muchos intereses creados, y cuya homogeneidad actual está amalgamada sólo por las amenazas externas del momento.

16. Hasta ahora Nicolás Maduro conserva el mayor liderazgo, sin duda, y sigue creciendo su influencia y poder en lo interno del chavismo. Pero que el presidente de la nueva AN (la electa el 6D) haya sido Jorge Rodríguez y no Diosdado Cabello es revelador de cómo se está moviendo el tablero en lo interno del chavismo. Más aun, ya hay dos tendencias claramente visibles.

17. La primera es la tendencia definida como la “moderada” o, para decirlo en los términos de la otra tendencia, la que “traicionó al proyecto originario de Chávez”. Esta tendencia es dirigida por Maduro, los hermanos Rodríguez y los militares encabezados por Vladimir Padrino. Esta tendencia está buscando llevar a Venezuela al modelo chino (“Una nación, dos sistemas”). Es decir, una economía abiertamente capitalista conviviendo con un estado socialista. China lo logró ¿podrá lograrlo Maduro?

18. La otra tendencia es la definida como la del “4-F”, es decir, la del chavismo originario de Chávez, o para decirlo en los términos de la otra tendencia, son la “izquierda trasnochada”, los “radicales”. Esta la dirige Diosdado Cabello, Iris Valera, y posiblemente haya entendimiento con Rafael Ramírez y Elías Jaua (estos fueron los primeros defenestrados por Maduro). Cabello ha venido perdiendo poder poco a poco. Todos los militares de la promoción de Cabello fueron pasados a retiro, y ahora le quitaron su último poder personal: el control del parlamento.

19. Ahora bien, si el propósito del gobierno es aplicar el modelo chino en Venezuela para superar la crisis, eso será muy difícil de concretar mientras prevalezcan las sanciones y el rechazo de 60 países clave de la comunidad internacional. Los chinos lograron su éxito gracias al buen entendimiento que hubo con la comunidad capitalista internacional, lo cual condujo a grandes inversiones occidentales en China. De no haber sido por la audacia y determinación de Deng Xiaoping hace 40 años, jamás China hubiese logrado el éxito que luce hoy día. Maduro aun no cuenta con ese apoyo clave.

20. Sin duda, el nuevo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, cambiará la torpe estrategia de Trump respecto a Venezuela. Se prevé una gran sinergia entre los Estados Unidos, Europa, el Vaticano, y todo el Grupo de Lima para negociar una salida electoral en Venezuela, quedando descartada la expulsión previa de Maduro del poder como condición para negociar. El “Cese de la Usurpación” feneció, lo cual libera el juego atascado. Las realidades se impusieron.

21. Pero es aconsejable que el gobierno de Maduro no se confunda con Biden. La suspensión de muchas sanciones sólo será a cambio de concesiones tangibles e importantes. Trump y Biden tienen profundas diferencias políticas, pero hay algo en lo que ambos coinciden plenamente, al igual que los demócratas y republicanos: en Venezuela debe existir un juego democrático transparente. Así que no queda otra alternativa que sentarse a negociar.

Las razones que obligan a la oposición a negociar.

22. Si ya no hay espacio para un cambio de gobierno a través de insurrecciones civiles y militares, ni para una intervención militar internacional, y si, por el contrario, toda la comunidad internacional (la mayor fortaleza con que cuentan quienes quieren un cambio en Venezuela) está exigiendo negociaciones para ir directo a un desenlace electoral (pasando la página del "Cese a la Usurpación”), entonces ya no le queda más salida a la oposición que asumir las realidades y proceder en consecuencia. Nada más que decir al respecto. Los buenos entendedores no requieren muchas palabras.

Ocho puntos clave para la negociación

23. A simple vista, estarán sobre la mesa de negociaciones 8 elementos clave para solucionar la crisis política de Venezuela a través de elecciones:

- Conformar un nuevo organismo electoral que sea equilibrado, por tanto confiable.

- Un cronograma electoral consensuado. (Este será uno de los puntos más álgidos, pues el gobierno exigirá respeto a los procesos electorales ya realizados, y la oposición exigirá repetir elecciones presidenciales y parlamentarias).

- Observación internacional en todos los procesos electorales convocados hasta 2024.

- Respeto absoluto de los resultados por parte de los actores. (En este punto quedan incluidos temas como el de los “Protectores del Pueblo”, la equidad en la distribución de recursos para gobernaciones y alcaldías, y otros).

- Libertad de los presos políticos (civiles y militares).

- Restitución de las garantías de los partidos políticos intervenidos por el Tribunal Supremo de Justicia.

- Nadie, ni el gobierno ni la oposición, actuará al margen de la Constitución Nacional. Los abusos de poder y violación de derechos humanos, así como las opciones insurreccionales para producir cambios de gobierno deben quedar proscritos.

- Suspensión o cese definitivo de las sanciones internacionales.

24. Debe existir 5 garantes internacionales de los acuerdos: China, Rusia, Comunidad Europea, Estados Unidos y el Vaticano. Estamos frente a potencias mundiales con alto poder vinculante, de manera que no será fácil para ninguno de los actores venezolanos violar los acuerdos.

25. Este es el nuevo tablero. El gobierno tiene dilemas más pronunciados que la oposición sobre si le conviene negociar o no. Confío que se impondrá la inteligencia política y el amor por Venezuela. Sin duda, el chavismo tiene más juego para resistir que la oposición. Pero ambos factores están en deuda con la nación y están obligados a entenderse para poner a funcionar de nuevo al país. Los venezolanos quieren soluciones de inmediato, y no están dispuestos a esperar que los políticos se pongan de acuerdo. Cada quien es arquitecto de su destino.

14 de enero 2021

El Nacional

https://www.elnacional.com/venezuela/las-razones-que-obligan-a-negociar-...

 9 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

Hace poco Nicolás Maduro rindió su informe ante el parlamento nombrado a principios de diciembre, en medio de serias irregularidades que, obviamente, han socavado su legitimidad. Se trató de un discurso que escondía o falseaba la situación del país, repleto de “verdades alternativas”, como se dice ahora, digno ejemplo de esta época, la de la post verdad. En suma, no dijo lo que debió decir acerca de la situación del país, al tiempo que dio pie a que se miren con justificadas dudas sus planes para su futuro próximo.

Un relato, así pues, que, que buscaba driblar la realidad dibujando una sociedad que pocos venezolanos pueden reconocer como la suya. Y que, encima, difiere abismalmente de la que revelan los estudios llevados a cabo por diversas organizaciones independientes, cuyas conclusiones dejan al aire la pobreza, la desigualdad, la violencia, el miedo, la desinstitucionalización, la incertidumbre, la censura, la violación persistente de los derechos humanos, el maniqueísmo político y por último, aunque no de último, un autoritarismo creciente en donde el Estado de Derecho es sólo una mueca, la libertad de los ciudadanos se achica progresivamente través de diversos mecanismos, algunos de ellos aparentemente benévolos, y la represión se hace más descarada, verbigracia la reciente masacre ocurrida hace poco en La Vega.

Capitalismo salvaje

Así las cosas, imposible no recordar unas declaraciones dadas por el dirigente del PSUV, Elías Jagua, señalando que nuestra sociedad vive dentro de un capitalismo salvaje (en modo Bodegones, añado yo), afirmación insólita que apenas fue atenuada por el señalamiento de que tal perversión ideológica ocurría (cuando no) por culpa de factores ajenos a la gestión gubernamental. E imposible, así mismo, no reflexionar sobre el modelo chino - con sus variantes y la distancia en cuanto al nivel alcanzado por el país asiático -, en donde el capitalismo es administrado por el Partido Comunista (siempre pienso en lo que diría Marx de esto).

En suma, se ensanchan las libertades económicas dentro del marco del absolutismo político.

Mandarriazos en las Universidades

El sector educativo no escapa, por supuesto, del desmadre nacional. En todos los niveles se presenta un decrecimiento de la matrícula, deserción de educadores y deterioro de la infraestructura, lo que en última instancia atenta visiblemente contra la calidad y la cobertura de nuestra educación.

Por otro lado, las universidades venezolanas se han tenido que ver la cara con la violencia. El Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad de Los Andes (ODH-ULA) contabilizó un total de 223 hechos delictivos cometidos contra 13 universidades del país entre marzo y diciembre de 2020. Las agresiones se manifiestan en robos, invasiones y otros actos de vandalismo, incluyendo la inexplicable destrucción, sin ton ni son, y a mandarriazos o incendiando, de instalaciones y equipos. Así mismo, durante los primeros 10 días de 2021, otros 10 ataques similares se perpetraron en cinco universidades públicas. Sobra indicar que las pérdidas ocasionadas no podrán ser reparadas, vista su disposición financiera desde hace bastantes años.

Lo insólito es que la mayoría de estos hechos permanecen impunes. Pero no sólo eso, sino que no han merecido ni siquiera una declaración por parte del gobierno. Nadie puede ser acusado de mal pensado, entonces, si cree que a las autoridades no les importa mucho el tema del conocimiento.

¿Para qué sirven las ciencias sociales y humanas?

Por estos días, la única voz oficial que se escuchó con respecto a las universidades, fue la del Ministerio del Poder Popular para la Educación Superior, anunciando que se congelaría la matrícula de las universidades privadas, decisión tomada sin que mediara ninguna consulta y todo sugiere que sin calibrar sus importantes consecuencias. Y para avisar, además, el cambio del menú de las carreras universitarias con el fin de que “respondan a las necesidades del país”, fundamentado en programas nuevos y sentando el fundamento de un modelo que contradice abiertamente los tiempos que corren.

En pocas palabras, y sin que aún se hayan hecho públicos, que uno sepa, los detalles de la propuesta, debe señalarse que, por lo que asoma, dicho modelo ignora a las ciencias sociales y humanas (punto de vista compartido, dicho sea de paso, por Bolsonaro, el derechista presidente brasileño) y pasa por alto la emergencia de un modelo de producción de conocimientos y de docencia que reside cada vez más en los enfoques interdisciplinarios y transdisciplinarios, con transferencia de saberes y competencias de un área a otra a fin de abordar problemas según una lógica que implica la integración las ciencias naturales, las ciencias sociales y las ciencias humanas, entre ellas y dentro de ellas. Se trata, en fin, de un enfoque sistémico, basado en la premisa de que el conocimiento sobre la realidad es siempre incompleto y que asume el tratamiento de los temas y los problemas en términos de sus interconexiones, de las relaciones con su contexto, apartándose de esquemas estáticos, aislacionistas, reduccionistas y simples en los que no hay lugar para la interdependencia y la velocidad que caracterizan hoy en día los procesos de creación y transmisión de conocimientos.

Dicen los ex Rectores de la ULA

En una importante comunicación pública cuatro ex Rectores de la Universidad de los Andes (ULA) opinan que la propia universidad no ha sabido encarar la grave situación en la que se encuentran. En uno de sus párrafos se afirma lo siguiente: “Reconozcamos, de una vez, que los universitarios hemos incurrido en la omisión de asumir integralmente el mandato que subyace en el texto de la norma suprema que elevó al rango constitucional la consagración del principio de autonomía universitaria y que el examen de los grandes problemas, a partir de las dificultades, debe comenzar cuanto antes.” Con sus variaciones, esta declaración es válida, en el marco de sus particularidades, para todas las universidades públicas.

En conclusión, y haciéndome eco del mensaje anterior, nuestras universidades deben asumir, más allá de las trabas que se le interponen, la tarea de su transformación a toda costa, con el propósito sintonizar con la complejidad propia de este siglo XXI que, se dice, está revelando el despertar de una nueva civilización.

El Nacional, 20 de enero de 2021

 4 min