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Opinión

Carlos Raúl Hernández

A Carmelo Casale

Rimbaud antes de los 20 años había escrito los textos más gloriosos de la poesía en occidente, pero la abandona por el desorden existencial de los cafés de París, absentia, ajenjo, la apasionada y destructiva relación con Verlaine concluida a tiros, descrita en el film Eclipse total con Di Caprio. Intenta una vida burguesa que inmediatamente abandona, para recomenzar como contrabandista de armas y esclavos en Harar hoy Yemen. “Es posible que jamás consiga la paz de espíritu, que ni moriré ni viviré en paz”.

Estrella fugaz, murió terriblemente a edad de 37, pero su resplandor es rayo que no cesa. “Yo es otro”, había escrito: el cambio, el renacimiento, emblema de la bohemia de Saint Michel, donde fulguraban sus ojos adolescentes azul metálico, tanto que Víctor Hugo lo llamó “el Shakespeare niño”. Alguien dijo –todo está dicho, todo está pensao- que la vida es una continuidad de sobresaltos grandes y pequeños que termina en la misma mar.

Un continuum, una corriente fluvial según Manrique y le adjudicamos comienzos, finales y recomienzos para disponer de juguetes nuevos que le den razón al ser. Año Nuevo, Navidad, nuevo gobierno, amores nuevos, amigos y enemigos que aparecen, nuevas etapas marcadas por fechas que pasan a ser históricas. La caída del Muro de Berlín, el derrocamiento de las Torres Gemelas, la toma de las Bastilla, el 23 de enero de 1958, el 24 y el 31, nuestro cumpleaños o el de las personas queridas son muescas en nuestras Colt 45.

Dibujamos relucientes objetivos para el año, bajar de peso, hacer ejercicio, aprender una lengua, escribir un libro, llamar a alguien, iniciar un proyecto. Con eso sentimos que se inicia un ciclo y dejamos otro atrás. Recomenzamos, reseteamos. “Yo es otro”. Nietzsche escribe que “nos convertimos en hombres cuando aprendemos a usar el pasado para vivir y rehacemos la historia por conocer lo ocurrido”. Eso lo amplía Freud con su “método peligroso” para que la conciencia ejerza dominio sobre el pasado del sujeto.

El teorema de la tortilla
La historia de un hombre, si no la digiere, lo mata, piensan Freud y Borges, pero según el positivismo político, las sociedades cumplen dictámenes de la historia. Para la acción, al contrario, son endodinámicas, la praxis humana las transforma desde su interior, porque la gente trata de hacer las cosas más rápido, más alto, mejor y eso es la evolución social que condujo a la modernidad y la democracia. Los seres humanos, a diferencia de los animales, las plantas o el universo, no somos solo órdenes espontáneos, sino centros de voluntad, artífices.

Las ideologías nos hacen crear sistemas pasadistas, reaccionarios, que frenan el cambio o lo retrasan, al coartar la creatividad, la libertad, reprimir las ideas, la investigación, la búsqueda de lo nuevo y el saber. La civilización se ha construido con los ladrillos de ideas en su época heréticas y el pensamiento se desarrolla derribando ídolos por otros. Lo que llamamos progreso es la conjunción de pasado y presente, ruptura y continuidad. Alguien dice que la praxis comienza en el desayuno, por romper los huevos.

El hombre irrespeta la realidad, las condiciones que lo sujetan, la inacción, la esterilidad, la postración, el culto primitivo a lo objetivo, el miedo al trueno, al fuego, al mar. En la lucha por el poder, la lectura de las condiciones es interesada. Puede ser que para mis fines convenga retrasar o impedir un evento, y un medio eficaz es convencer a otro de que “hay que esperar”, porque favorece mis planes. Para gran parte de la humanidad este año 2020 ha sido de pesadumbre, sufrimiento, o fastidio.

Doñitas de la filosofía

Gracias a las redes, conocimos la opinión sobre la pandemia de importantes o notorios filósofos y con excepciones nos tocó leer sub pandemias de disparates, “doñitas del Cafetal” de toga y birrete. Algunos argumentaban la conspiración china para dar jaque mate a occidente, o una maniobra norteamericana-israelí para vender vacunas pret-a-porter. A otros les sirvió para meter el contrabando del post humanismo: que dentro de poco viviríamos eternamente o que se desplomaría el capitalismo sucedido por un orden totalitario.

Se demostraría la superioridad autoritaria para enfrentar la crisis mientras a occidente se le caería la careta y dejaría morir en masa a los pobres. No faltó quien viera un castigo divino y un holocausto indetenible. Lo cierto es que el Covid-19 es una pandemia amateur comparada con la peste negra, la viruela, la gripe española, la gripe asiática y otras grandes amenazas globales del pasado. La organización social que conocemos no se va a desplomar para que surja la sociedad perfecta, aunque la pandemia acelera cambios que ya venían desde hace tiempo, como el teletrabajo.

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Otra de las sub pandemias fue el fastidio, pero el “yo es otro” hizo que la gente se reinventara en la producción de postres y de las más variadas comidas, masificando el delivery. También se masificó el yoga, la lectura, el consumo de series (la gente ahora va más tranquila al infierno porque hay buena conexión). Viene 2021 con sus novedades, aunque en marzo ya sabremos que no eran tan profundas como imaginamos, pero el imperativo seguirá siendo transformar la realidad ¡Feliz 2021 queridos amigos!

@CarlosRaulHer

 4 min


Daniel García Marco

En un país tan polarizado como Venezuela, el empresario Alberto Vollmer hace equilibrismo.

Y eso ayuda a que la empresa familiar que dirige, Ron Santa Teresa, no sólo se mantenga tras más de 200 años de historia, sino que en un entorno económico de destrucción como el venezolano siga produciendo, exportando y siendo una de las marcas más reconocidas del país.

El mes pasado Santa Teresa recibió incluso autorización para emitir deuda en dólares en la bolsa de Caracas, señal de la apertura del gobierno socialista hacia el sector privado en un momento de necesidad de ingresos e inversiones.

Vollmer, de 51 años, es uno de los empresarios "optimistas" que creen que el cambio económico en Venezuela es irreversible y que está dispuesto a aprovecharlo.

Eso le genera críticas de aquellas personas contrarias al gobierno que reclaman primero el cambio político y que le reprochan su buena relación con el Ejecutivo de Nicolás Maduro.

El empresario dice no ser político, pero ejerce su influencia con el pragmatismo que parece ahora imperar en un país que acepta poco a poco al dólar como su moneda y que entra en una nueva fase del conflicto político tras las elecciones legislativas del 6 de diciembre y lo que pueda hacer desde Washington el próximo gobierno de Joe Biden.

En esta entrevista con BBC Mundo, Vollmer explica cómo busca influir, por qué cree que lo económico va a anteceder a lo político y qué solución ve al país.

La conversación ha sido editada y recortada por motivos de comprensión y extensión.

Venezuela vive un momento económico diferente, de apertura. ¿Dónde ve usted al país ahora?

Parte del ciclo en el que estamos entrando obedece a que agotamos el ciclo anterior. Venezuela adoptó una política económica rentista hace 100 años. Ese modelo se agotó. No quiere decir que el petróleo no vaya a tener un papel importante, pero en este nuevo ciclo va a estar diluido. Vamos a tener que diversificar, es la puerta que se está empezando a abrir. Y en ese proceso de diversificación hay una necesidad de abrir la economía para atraer inversión, promover la productividad, promover el ahorro y generar empleo para aumentar el ingreso per cápita y reducir la pobreza.

La economía venezolana va a estar obligada a abrirse porque ya no tenemos los recursos cuantiosos que venían de una sola fuente y que no necesitaban de una economía competitiva.

¿Es entonces un cambio de ciclo positivo?

Lo veo positivo y lo digo obviando un poco el tema político, porque estamos obsesionados con todo el tema político. Yo lo estoy viendo como un ciclo histórico. Estamos entrando a un nuevo ciclo donde estamos obligados a diversificar para generar riqueza e inclusión social.

Usted muestra optimismo y es eso lo que define a un grupo de empresarios en Venezuela como usted. No es fácil serlo en una situación como la que está Venezuela. ¿Por qué usted es optimista?

A través de Conapri, el consejo nacional para la promoción de inversiones, que es una agencia enteramente privada, se han establecido canales de comunicación con quienes ocupan espacios de poder y decisión sobre lo económico.

Hay dos tipos de agenda. La primera es la simplificación del marco regulatorio. La otra tiene que ver con influir en políticas públicas a través de leyes o de política económica macro y eso solo lo puedes hacer al tener canales de comunicación constructiva.

Y al otro lado de esos canales, en la parte del gobierno, ¿encuentra mayor recepción últimamente? ¿Es la apertura un proceso irreversible?

Ha habido un cambio de actores, pero también ha habido un choque con la realidad. Al no tener caja chica, ingresos y los recursos que tenías antes (…) Este choque te da un toque pragmático. Estamos en esa etapa, y sí lo veo irreversible. El país entero ha aprendido. Hay un profundo aprendizaje, una sensación de lección aprendida a la fuerza y ojalá lo logremos capitalizar.

Pero la situación del país va más allá de la bolsa y de ciertas empresas. Es difícil explicar ese optimismo a mucha gente en Venezuela.

La situación que estamos viviendo es dramática. Ahora, parte del optimismo es una herramienta para ver más allá de esos obstáculos. Es una energía para retar y cambiar esa realidad tan negativa.

¿Cómo hacer para que esa apertura y ese beneficio para ciertos empresarios repercuta en la gente normal en la calle?

Empleo, inversión, ahorro y productividad son las cuatro palancas que pueden propiciar que una economía resurja, que al final es la única forma de poder incluir a esas personas que están por debajo de la línea de pobreza.

Si tenemos un incremento en el ingreso petrolero será bueno, pero ya no sé si suficiente. ¿Cómo lograr mayores ingresos? Por exportación de petróleo, por exportaciones no tradicionales, por la mayor productividad del sector privado…

Es difícil hacer milagros, todo va a reducirse a una economía más abierta y más competitiva.

Muchos en Venezuela acusan a empresarios como usted de mirar al otro lado y de olvidarse de los cambios políticos.

Hay ciertas cosas en las que uno puede tener mayor impacto. La responsabilidad primaria es generar riqueza, empleo. La forma más robusta de generar inclusión es el empleo.

Con respecto a lo político, es un tema de los políticos. Todos los venezolanos queremos vivir en un sistema transparente y democrático que dé oportunidades a la gente. Al final, lo que puedo hacer en ese terreno es impulsar a las partes para que lleguen a un acuerdo.

No diría que somos espectadores, sino que más bien nos hemos involucrado. El conflicto político en el que se encuentra el país va a requerir llegar a un acuerdo para tener una solución viable, y va a requerir a todas las partes del país.

Y (ese acuerdo) debe ser impulsar la economía y lograr que Venezuela se reinserte en la comunidad internacional. Hoy en día somos vistos como parias.

¿Entonces usted ve que el cambio económico antecede al político en Venezuela?

Desde el punto de vista de necesidad, práctico, la necesidad del país es recuperarse económicamente. Hay incentivos tanto en el sector privado como en el político de ambos lados de que el país se recupere económicamente.

Entonces lo económico va primero y lo político debe esperar. Muchos dicen que el cambio político debe ser lo primero…

Los dos argumentos funcionan, son válidos. Yo no argumento cuál es el mejor, sino lo que yo creo que va a suceder primero.

Aquí había una tesis: una parte del país decía que para que hubiera cambio económico debía haber un cambio de los actores. Llevamos dos años y medio bajo el manto de esa estrategia y no ha funcionado.

Ha habido una política de presión internacional a través de sanciones, etcétera, que ha limitado ingresos a Venezuela y esa reducción bárbara de ingresos, tanto por los errores del gobierno venezolano, por supuesto, pero además complementados por las sanciones. Y eso no obligó a un cambio político. Parece mentira pero ha obligado a un cambio económico obligado. Los actores políticos se han dado cuenta de que no tienen los recursos que tenían antes. Y entonces deben generar nuevos recursos y sólo se van a lograr con una economía más abierta.

Ahora, ¿el cambio económico genera un cambio político? No necesariamente. Parte de este cambio de ciclo o de fase está en que ambos lados del espectro político se den cuenta de que la única solución sostenible en el tiempo es a través de un acuerdo.

Grupos de ambos lados pensaron que podían lograr su objetivo sin sentarse a negociar y yo creo que poco a poco se ha ido dando cuenta de que la única forma de tener un futuro sostenible en el tiempo es a través de un acuerdo.

Al principio de la entrevista decía que estamos "obsesionados con la política". ¿Qué quiere decir?

Si revisas los últimos 20 años, la política siempre ha estado por encima de la economía (…) A la agenda política se le ha dado muchísimo más espacio. Es tiempo de que la economía abarque más ancho de banda. Y lo político debe seguir adelante, pero la forma en que se entiende la política en Venezuela es prácticamente una confrontación que ha contribuido a la polarización. Lo que necesita Venezuela es un acuerdo entre partes.

¿Cuán cerca está el país de ese acuerdo? No parece muy próximo…

Tienes razón, no lo veo todavía cercano, y aquí entra la crítica del optimismo. Nunca se sabe si estamos cerca o lejos, pero una vez que lo defines estás un paso más cerca.

Usted comparó hace poco el momento de Venezuela con el de China a finales de los años 80. ¿Es bueno ese modelo? No es muy prometedor para muchos venezolanos.

Por supuesto que no, yo tampoco estaría de acuerdo con un modelo como ése. Cuando hice la mención del tema chino es que en los años 80 China estaba quebrada, económicamente habían incurrido en un error muy parecido al venezolano y en ese momento decidió abrirse, usar el mercado de capitales casi por obligación. Venezuela está en una obligación de abrirse a la inversión y los mercados.

¿Hasta ahí llega la comparación con China?

Hasta ahí, nada más. Lo que más quisiéramos (en Venezuela) es tener una economía abierta y una democracia transparente.

Viendo lo que sucede en las calles con el dólar, lo que dicen el gobierno, empresarios como usted y políticos de oposición como Henrique Capriles, parece que Venezuela entró en una fase muy pragmática. ¿Lo ve así?

Cuando uno se pone a analizar dónde estamos y lo comparas con 2016, por ejemplo… La ideología tiene poco espacio porque al final no da los resultados que necesitas. Hacen falta cosas prácticas que no se logran con ideología. Hay un refrán que dice: no hay nada como el aliento del toro en la riñonera para quitar el reumatismo (…) Estamos obligados por necesidad interna y eso nos ha llevado a ese pragmatismo del que hablas.

Pero ese pragmatismo, leer lo que usted dicen en esta entrevista, por ejemplo, escuece en Venezuela a muchas personas que ven aplazados cambios que desean con urgencia.

Muchas veces se han prometido cambios rápidos y maximalistas y fáciles. Desafortunadamente lo fácil no lleva a nada bueno, y nos ha traído a un lugar muy malo. El reto es coger la ruta difícil, que implica mucho trabajo, perseverancia, sentarse con quien no quieres sentarte…

¿Tragar sapos, como se dice en Venezuela?

Sí, y construir con tu adversario y eso no nos gusta en Venezuela. La solución maximalista en la que desaparece el contrario no existe, nunca ha existido, nunca ha funcionado. Lo que ha funcionado es un acuerdo construido por todos y eso no siempre es agradable asimilarlo. Hay que ver hasta dónde hemos llegado haciendo lo contrario, y deberíamos estar en capacidad de aprender que aunque no nos guste, lo otro es la única forma de tener un mejor país.

22 diciembre 2020

BBC News

https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-55405370

 8 min


El Equipo

2020 será un año que todos quisiéramos poder olvidar y eso solo será posible si el que viene trae un cambio profundo en la forma que hacemos y aceptamos las cosas, permitiendo el comienzo de una manera distinta de relacionarnos con nuestros semejantes y con el entorno en el que vivimos.

Para ello es indispensable reconocer como razón de supervivencia, el que nuestro bienestar depende de que el mismo alcance a la mayoría de los seres humanos, sin diferencias de sexo, genero, color, idioma o creencias. Que las actuales pueden ser remediadas, no solo reconociéndolas, sino contribuyendo a que el acceso a la salud, educación, vivienda y trabajo justamente remunerado sea una realidad legalmente amparada y éticamente respetada por todos.

Al releer lo anterior, uno no deja de pensar en que esto es lo que todos los años pedimos sin que hasta ahora lo hayamos conseguido; la ceguera de nuestros dirigentes y la apatía de nosotros los dirigidos nos mantienen repitiendo las mismas consignas y haciendo las cosas de la misma manera de siempre, esperando que sin esfuerzo y gracias a una providencia, de repente todo cambie y el mundo ansiado se haga realidad.

En el fondo sabemos que esto no es posible; se requiere trabajar duro, respetar al otro aunque no coincidamos con su forma de ser, ver y hacer, cumplir con nuestras obligaciones para con la sociedad así como recibir los servicios y compensaciones a los que tenemos derecho, pero sobre todo, ejercer la potestad de disfrutar el vivir que realmente deseamos, sin atropellar ni ser atropellados por nadie.

No dudamos que lo anterior pueda ser calificada como una forma irreal de ver la existencia, pero no encontramos otra forma de expresar lo que entendemos como libertad, algo que tanto estamos notando en falta en Venezuela y que no puede seguir esquivándonos por mucho tiempo más. Merecemos un país mucho mejor que el que tenemos y por lo tanto, seguimos comprometidos con aquellos que están luchando por lograrlo, que no siempre son los más visibles pero que en definitiva son los más.

Nos reencontramos en enero, con nuevos bríos y las convicciones de siempre.

 1 min


Alberto Jordán Hernández

Con voz propia

Venezuela va hacia la desinstitucionalización, “ya eso es malo”. En términos psiquiátricos sufren un trastorno mental en la sociedad basados en modelos teóricos de calidad de vida. Bien nos define el profesional de esa ciencia, Jorge Rodríguez, representante del régimen. Diagnóstica nuestra economía destruida, déficit fiscal, hiperinflación.

Democracia y Estado de Derecho son imposibles sin instituciones operantes, se ufana el psiquiatra político.

En opinión de Josep Borrell, del PSOE, alto representante de la Unión Europea "no cerrar los ojos a la realidad" de la crisis política, humanitaria y económica, que padece Venezuela.

Y la oposición necesita “reforzar su unidad de acción aconseja unidad de acción”.

Cuestiona a su compañero expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, que reconoce el fraude con trampas de elecciones 6D. “Para mí, lo que es relevante es lo que han dicho los 27 Estados de la UE: “no elecciones cumplidas mínimos estándares democráticos”

Asombrosa acusación del partido español Podemos: la monarquía es como sus socios chavistas: Narcos. De allí la revolución se le clasifique de Nar-corrupto-Regimen.

ONU denuncia persecución del NCR a ONG, que considera “más esenciales que nunca”.

Guardia Costera de EEUU ejecutó plan junto a las autoridades Navales del Reino Unido, Holanda y Francia, antidrogas en el Caribe, permitió capturar alijo narcóticos del cartel Maduro-FARC, valorado en $500 millones, determina investigación del periodista Casto Ocando.

-Decomisaron el mayor golpe al narco en medio de la pandemia: 10 toneladas de cocaína y cuatro de marihuana.

En parecida onda Camilla Fabri, esposa de Alex de Saab, testaferro de Maduro, protestó detención en Cabo Verde, en espera de extradición a EEUU, blanqueo de dinero.

En Tragedia de Güiria, fiscal general de NM, Tarek William Saab, informó de 28 muertes (ahora 33). Afirma que la ruta marítima que une las costas de Venezuela con Trinidad y Tobago, está “tomada por mafias dedicadas al tráfico de emigrantes e incluso a la trata de personas”. Prefieren la Talasocracia.

Trinitenses criminalizan al migrante peor que a un delincuente común. Se habla de un grupo organizado criminal. No descartan ajusticiamientos en el mar.

Güireños rechazaron cajas CLAP y Canaimas del NCR para acallarlos. "Quieren quitarle el dolor a familiares de sus muertos”. Lo expresó la carrera dada a MinEducación Aristóbulo Istúriz.

David Smolansky, comisionado ante la OEA del Presidente(i) Juan Guaidó, acusa 40 mil migrantes y refugiados venezolanos.

Los de Trinidad, ínsula que perteneció a Venezuela y nos arrebató Inglaterra, constituyen minoría la diáspora que aprovecha el NCR del pandemonio. Hasta llegan a sembrar odio a la hermana República de Colombia y demás naciones solidarias, a tratar como inmigrantes a los venezolanos víctimas de contagio.

Embajada Virtual de EEUU en Venezuela denunció “5 millones refugiados y migrantes en el mundo. Más de 760 mil solicitan asilo y unos de 2 millones viven bajo miseria en las Américas”.

De otro lado EEUU sanciona a Soluciones Biométricas por "respaldar materialmente al ilegítimo Maduro. Junto a esa empresa Guillermo Carlos San Agustín y a Marcos Javier Machado.

Con alegría el NM especula que Joe Biden evalúa negociar. Guidó no tardó en felicitar al nuevo Presidente. No olvidar que más de 60 países, reconocen al diputado como Presidente(i)

Irresponsabilidad por omisión de Hugo Chávez puso en juego el Esequibo, rico suelo que legó a Maduro. Así la Guyana consolidó su posesión sobre un territorio inmenso.

Con todo ese cuadro, esperanzas no se pierden en Navidad.

Al MARGEN: José Vicente Rangel Vale, apellido en pluralidad. Hijo homónimo de coronel gomecista, de formación política del líder anti-tirano Jóvito Villalba, quien sufrió más larga prisión. Defensor del muerto en torturas, Alberto Lovera entre numerosas. Y murió convalidándolas.

jordanalberto18@yahoo.

 2 min


Eddie A. Ramírez S.

En tiempos en que la situación económica afecta a los ciudadanos honestos, que los ánimos se exacerban por la escasez de empleo, de gasolina, de gas y de electricidad, que la salud está amenazada por la Covid19 y que el régimen aplasta los derechos políticos y civiles, lo procedente es que todos cerremos filas. Es decir, que nos apoyemos mutuamente, seamos más comprensivos y tolerantes con quienes de buena fe piensan diferente.

En las redes sociales es frecuente leer mensajes insultantes en contra de nuestro liderazgo político por no haber sido capaz de diseñar una estrategia para salir de la dictadura. Cabe preguntar si alguno de los críticos tiene la solución o si son maledicentes que utilizan el teclado para desahogarse, pero sin arriesgar. No imitemos a personajes vulgares, sin escrúpulos y que destilan odio como Maduro, Diosdado, Mario Silva o Iris Varela.

Hay otros que sí arriesgan y utilizan un lenguaje de altura, pero que predican ideas que no son compartidas por la mayoría. Ojalá que en esta Navidad dediquen un tiempo a reflexionar y entiendan que solo unidos podremos crear un frente que tenga probabilidad de lograr el fin de la usurpación.

Esto no es un llamado a callar ante posiciones que no se comparten, pero sí una sugerencia para que critiquemos con altura, sin descalificar, sin sentirnos dueños de la verdad, consciente de que nadie tiene suficiente arrastre para aglutinar al pueblo. Aportemos ideas que sumen y no resten.

Ante tanta angustia, algunos se desahogan con el primero que topan o aprovechan el anonimato para destilar veneno en los tuiters. Esta mala conducta se presenta en los diferentes estratos sociales, independientemente del nivel de educación. La virulencia que se observa en las redes sociales es señal de que parte de nuestra sociedad está enferma.

Si queremos avanzar, el entenderse tiene que ser no solo entre quienes adversamos al régimen, sino también con nuestros adversarios no corruptos. Entendemos que no es fácil, pero debe haber interlocutores de cierto nivel que entiendan que la posición de Maduro es insostenible. Los países que nos apoyan insisten en una negociación que permita desembocar en elecciones transparentes. Negar esa posibilidad es alejar la solución y nuestra población seguiría padeciendo, tanto en Venezuela como en el exterior.

Lo referido también es cierto en países desarrollados. Recientemente, un alcalde de una ciudad estadounidense tuvo que renunciar ante las amenazas por declarar que era conveniente el uso de máscaras para protegerse del coronavirus. También es inaudito que en ese país algunos delegados electos por el Partido de Biden hayan tenido que buscar protección. Mas inaudito es que muchos venezolanos se rasguen las vestiduras y crean todas las mentiras de Trump, un ciudadano muy parecido en su conducta a los que adversamos aquí. Esto evidencia que el fanatismo abunda tanto entre los extremistas de izquierda, como en los de derecha.

Nuestro cordial saludo navideño a todos los amigos en Venezuela y en el exterior, y nuestra solidaridad con los compatriotas de la diáspora, particularmente con quienes tuvieron que emigrar a pie por los caminos que una vez recorrió Bolívar para libertar pueblos hermanos, que hoy apoyan a quienes huyen en busca de fuentes de trabajo, de alimentos, medicinas y de seguridad personal que les niega la dictadura. Vendrán tiempos mejores. Feliz Navidad y a vacunarse, no valen las excusas.

Como (había) en botica:

El régimen persigue a quienes desinteresadamente ayudan a los más necesitados. Tal es el caso de la Fundación Convite y de su director Luis Francisco Cabeza.

Esta Navidad nos trajo la alegría de un video del conjunto navideño de la familia Marcano, con la que tenemos lazos de amistad desde que tuve el honor de trabajar bajo la guía del Dr. Luis Marcano Coello, fundador de Fusagri, Fundárbol y Fundacea. El conjunto lo dirige el colega ingeniero agrónomo Luis Marcano González y lo integran los miembros de la familia desperdigados por trece países.

Nos complace el éxito de compatriotas músicos que con gran esfuerzo se destacan en el exterior. Unos ya consagrados, otros, jóvenes promesas. Nuestra excelsa pianista y buena ciudadana Gabriela Montero sigue brillando, también el destacado director Gustavo Dudamel. Las violinistas Daniela Padrón y Carmen Zambrano, el tenor Aquiles Machado, los guitarristas Luis Zea y Aquiles Báez y las jóvenes directoras Glass Marcano y Gladysmarli Vadel, entre otros. De lejos es grato escuchar frecuentemente la bella voz de María Teresa Chacín.

Lamentamos el fallecimiento de German Urribarri, compañero de Gente del Petróleo y de Unapetrol.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


H.T. Goranson

El COVID-19 está golpeando duro a todos y, detrás de escena, los líderes de defensa y de gobierno están viendo a la pandemia como un ejemplo del tipo de golpe del cual las sociedades modernas tienen que poder recuperarse. Los responsables de las políticas están convocando a expertos de la industria y del mundo académico para descifrar cómo asegurarse de que este tipo de amenazas no vuelvan a tomar por sorpresa a las organizaciones críticas. Quieren saber cómo pueden ser más resilientes.

A pesar de toda su gravedad, el virus es una entidad irracional, regida en definitiva por las leyes de la física y de la biología. No tiene astucia y nos castiga sólo incidentalmente. Aunque es novedoso y ha demostrado ser más peligroso que los contagios más comunes, no es diferente de las plagas y las pandemias que los seres humanos hemos enfrentado a lo largo de la historia documentada.

La mayoría de los países han manejado la amenaza del COVID-19 apelando a la infraestructura de salud pública disponible según su diseño original, con apenas algunas adaptaciones. Los gobiernos también han respondido de manera predecible a las consecuencias económicas de la pandemia, siguiendo el mismo modelo establecido durante episodios similares en el pasado, sobre todo la crisis financiera de 2008. De hecho, esta crisis actual tiene pocas cosas que no se podrían haber planificado.

El problema es que las discusiones de trastienda de hoy no son realmente sobre resiliencia. Giran en torno de la recuperación: los líderes nacionales y globales están desesperados por regresar al status quo previo a la pandemia. Pero eso no basta, porque se avecinan golpes más duros.

No son difíciles de imaginar. A medida que el clima y la política del mundo se vuelvan más ingobernables, el conflicto armado se propagará a nuevas regiones. O consideremos una pandemia acompañada de una guerra informática capaz de noquear nuestra infraestructura crítica con un clic. Agreguemos la cacofonía desorientadora de las redes sociales. Estamos más cerca de un mundo irreconocible de lo que pensamos.

La amenaza de la que tenemos que preocuparnos no se puede entender en términos de un virus, del cambio climático o de las crisis económicas solamente. Más bien, el peligro es que las consecuencias de un desastre se combinarán con otras, produciendo efectos de retroalimentación negativos sin antecedentes –posiblemente acelerados por actores humanos malignos-. El resultado sería más que la suma de sus partes, y mucho peor de lo que haya imaginado cualquier gestor de crisis de hoy.

Para estar preparados para esas posibilidades, los países tendrán que hacer algo más que simplemente restablecer la infraestructura empobrecida y crear nuevas instituciones inoperantes después de la pandemia. La clave para la resiliencia futura reside en volverse intrínsecamente ágiles.

Un obstáculo para lograrlo son nuestras métricas estándar de contratación y producción. Los sistemas de apoyo para la toma de decisiones actuales dependen de estructuras formales o lógicas que organizan datos: con suficientes datos, podemos modelar escenarios basados en la física y diseñar respuestas, inclusive para algo tan complejo como un virus biológico o el clima. Pero cuando se trata de pronosticar actividades humanas o puntos de inflexión políticos, nuestros sistemas de modelado se desorientan, porque no podemos suponer que las crisis futuras impulsadas por el ser humano vayan a ser similares a las del pasado.

Podríamos abordar este problema dejándolo en manos del mercado, con la idea de que el establishment político no tiene ni la voluntad ni la capacidad de fortalecer la resiliencia de manera relevante. De hecho, ya existe una palanca efectiva para desplegar las fuerzas del mercado. La razón por la que tantas empresas privadas se centran en la “eficiencia” de la cadena de suministro es que las métricas se inclinan a recompensar ese tipo de pensamiento.

Pero el sesgo de eficiencia fue inducido artificialmente por la Oficina de Tecnología de Fabricación de la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa de Estados Unidos (DARPA) a fines de los años 1980, cuando Estados Unidos enfrentaba una crisis en su base industrial de defensa. Los responsables de las políticas, tras haber concluido que los mercados de capital no estaban recompensando suficientemente la innovación en la cadena de suministro, desarrollaron nuevos métodos para evaluar “el valor agregado económico” en este terreno. Ese proyecto de métricas del valor agregado luego se presentó a los inversores como una manera de entender el poder innovador de las empresas, y no como el actor primordial al final de la cadena.

La DARPA hizo una campaña exitosa para incluir estas métricas en los Principios de Contabilidad Generalmente Aceptados. La consecuencia inesperada fue que las cadenas de suministro asumieron un grado excesivo de poder e importancia. Pero éste es un problema de nuestra propia manera de pensar, y por lo tanto podría corregirse moviendo de nuevo la palanca para favorecer la agilidad y la resiliencia por sobre la eficiencia.

Pero, por supuesto, la resiliencia de la cadena de suministro por sí sola tampoco es suficiente, porque tiene que ver exclusivamente con la industria. La agilidad intrínseca requiere que comunidades enteras adopten la mentalidad de un narrador, donde cada sorpresa provoca una nueva lectura de la situación, y una visión para el futuro.

El hecho de que nuestros científicos y líderes políticos más inteligentes estén avizorando un retorno a la “normalidad” refleja una falta colectiva de imaginación. Como sociedad, necesitamos empezar a pensar de manera más creativa sobre cómo los recursos existentes y las formas de intercambio social y económico se pueden volver a combinar para abordar nuevos problemas.

Los líderes políticos deberían establecer acuerdos de intercambio entre regiones vecinas, para que los sistemas que facilitan la colaboración hoy se puedan utilizar para organizar protección mañana. En los juegos populares de múltiples jugadores, la cooperación social es recompensada por una sensación de identidad compartida y la manifestación de elogio. Al mismo tiempo, deberían incorporarse valores como comunidad y bienestar ambiental a las métricas y modelos prevalecientes, para que sigan siendo una prioridad más allá de qué otras cosas estén sucediendo.

La ciencia y la ingeniería por sí solas no pueden salvarnos, porque sus resultados tendrán que respaldar la renovación de los compactos sociales. Las artes y las humanidades están llenas de las herramientas necesarias de reinvención, pero carecen del organismo técnico. Los aportes del resto de nosotros, en todos los ámbitos sociales, serán necesarios para alcanzar agilidad en la escala requerida. Nuestros diferentes talentos deben combinarse como se combinan los problemas a los que nos enfrentamos. Debemos empezar a diseñar, como comunidad, nuevos vocabularios de reinvención. Tenemos que querer imaginar.

11 de diciembre 2020

The Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/building-intrinsic-reslienc...

 5 min


Américo Martín

Lo que resulta de un choque de trenes es, por lo general, el descarrilamiento de uno o de los dos cuerpos que lo protagonizan, así se trate de trenes de juguete. El caso es que a estas alturas es difícil reducir a simple juego lo que podría estallar el 5 de enero de 2021, si la tensión y pugnacidad de las dos aceras en conflicto en nuestra escandalizada nación siguen tensando la cuerda, sin imaginar cómo introducir factores de tregua que permitan idear salidas negociadas en el marco de tres divinas personas: paz, democracia y elecciones; juntas, revueltas o en cualquier orden, pero que no falte ningun

Que el gobierno de Guaidó carezca de cuerpos armados que puedan servirle de soporte y el de Maduro sea víctima de un aislamiento mundial atroz —que no le ha permitido disolver o tan siquiera paralizar la Asamblea Nacional— da cuenta de que el equilibrio inestable sobre el que hemos estado bailando tal vez no pueda mantenerse mucho tiempo más.

En cualquier caso, el gobierno madurista ha puesto fecha de caducidad al del binomio Guaidó-AN. La fecha escogida es el próximo 5 de enero, basándose en el cuestionado argumento de que será ese el día de toma de posesión de la diputación electa el 6 de diciembre, decapitando de hecho a la presidida por Guaidó. Parece fácil, pero solo si se olvida que parte decisiva de la comunidad internacional y la amplia mayoría de la oposición venezolana no reconoció la legalidad de ese proceso y consideran írrita semejante elección.

Precisamente, el problema de fondo consiste en que, si bien el nombramiento y sustitución del Poder Legislativo —así como los de los restantes poderes— procede en la forma dispuesta en la Constitución y la ley de leyes dispone el camino electoral, la premisa inexcusable es que las indicadas elecciones sean válidas y reconocidas como tales. El punto es que ese extremo no está cubierto por los comicios del 6 de diciembre de 2020.

El choque de trenes supra mencionado estará, pues, dibujado en la pared si Maduro insiste en tomar el Capitolio por las buenas o por las malas y Guaidó pide defender la plaza a como dé lugar. No obstante, no debe excluirse la posibilidad de negociaciones salvadoras que no dejen que la sangre llegue al río.

Lo ideal es que Maduro y Guaidó se pusieran en la primera línea de fuego, pero para que el esfuerzo no resulte tiempo perdido o sangre derramada vale la pena refrescar ideas sobre paridad y equilibrio, y ejemplos históricos.

  1. El estilo libre de amenazas, promesas de venganza y descalificaciones. Voy de nuevo a ese tesoro de sabiduría que desplegó el liderazgo democrático y condujo el rescate de la libertad, la democracia y la prosperidad a partir del 23 de enero de 1958. Betancourt, Villalba, Caldera, y rápidamente todo el liderazgo clandestino, en prisión, en el destierro y la Junta Patriótica y el Frente Universitario borraron de su léxico el lenguaje infamante, retaliativo, amenazante que durante largo tiempo solo le sirvió a la consolidación de la dictadura. Recordemos que la Constitución de 1961 fue aprobada por el voto unánime de todos los diputados del Congreso de la República, a la propuesta presentada por la Comisión Bicameral. El espíritu unitario del 23 de enero se encarnó en esa Constitución, la más larga de nuestra historia.
  2. En lugar de excluir a quien ayer te agredió, buscar la forma de atraerlo a la lucha democrática, tenderle la mano, fomentar la coincidencia y elevar el rango del espíritu de unidad. El del 23 de enero llegó a animar la conciencia casi sin más que invocarlo.
  3. Aprovechar la experiencia de países hermanos. Betancourt supo aprovechar la vía peruana del general Odría, incluso para interesar al propio Pérez Jiménez y muchos oficiales de la reata oficialista, soltó sin ambages que la unidad democrática seguía con mucho interés una salida en Venezuela similar a la que propiciaba el general Odría, que en ese contexto venía siendo un retrato hablado de algún modo “alentador”. Véase si no: Odría derrocó a Bustamante, fundó el partido Unión Nacional Odriista y ganó las elecciones en las que no participó la oposición. Al igual que Pérez Jiménez, acumuló un llamativo prestigio y de nuevo pretendió volver a contarse en comicios. Con audacia sin par, Betancourt metió sus dados en el cubilete como diciéndole al dictador venezolano: ¡Tire sus dados que aquí van los nuestros!
  4. La presión para combatirse electoralmente fue creciendo al punto de perturbar la realidad militar interna, que había despertado creciente malestar porque el dictador impuso el plebiscito, prueba evidente de miedo a contarse.
  5. De hecho, acosado por los llamados a discutir una salida electoral libre y creíble, ayudaron a fomentar la unidad de la resistencia, el respeto recíproco y la aceptación sin miedo de figuras demonizadas como los dirigentes de los partidos democráticos. “El miedo al miedo” fue el primer gran derrotado por la osadía democrática de los venezolanos.

Twitter: @AmericoMartin

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