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Opinión

Eddie A. Ramírez S.

El 6 de diciembre habrá una farsa electoral. A la misma acudirán los partidos de bolsillo que integran la nanomesa y otros disfrazados de oposición, así como el PSUV y sus satélites. Votarán los pocos partidarios del régimen, los traficantes de la política y algunos despistados de buena fe. Los verdaderos partidos de oposición y los ciudadanos conscientes no avalaremos la pantomima. Salvo algún imponderable deseable, el 6D el régimen designará los diputados que le convenga. ¿Qué haremoslos demócratas antes y después de ese evento para continuar en el camino del cese de la usurpación?

Ante un régimen totalitario no es fácil identificar estrategias para lograr su salida. Incluso esta es una tarea complicada ante dict aduras tradicionales. Pérez Jiménez huyó cuando el teniente coronel Martín Parada voló sobre Caracas el 1 de enero de 1958, lo cual desencadenó el aumento del descontento entre civiles y militare. El final feliz fue gracias a los verde oliva. Algunos dirán que Pinochet salió porque la oposición diseñó una buena estrategia, pero, aceptando que esa oposición tuvo una madurez que no tiene la nuestra, el dictador salió de La Moneda porque aceptó contarse limpiamente y porque los militares chilenos lo obligaron a aceptar los resultados en su contra.

Tengamos claro que el objetivo tiene que ser una elección transparente para elegir un nuevo presidente, como deseamos mayoritariamente los venezolanos. Cabe recordar que el 10 de julio la 114 Asamblea de la Conferencia Episcopal abogó por una elección para establecer un nuevo gobierno de cambio e inclusión nacional. Este documento es más claro que el recientemente emitido por la Presidencia de la Conferencia Episcopal. Acudir a votar en la farsa de las parlamentarias no resuelve nuestros problemas y, además, su resultado no será reconocido por los principales países democráticos, quienes han planteado la necesidad de un gobierno de transición. Votar es complacer al régimen. No votar abre la posibilidad de un cambio, siempre y cuando hagamos algo más. La situación actual ofrece varias opciones:

1- Operación para la Paz y Estabilización (OPE): en otras palabras, implica una intervención militar extranjera para poner fin a la usurpación, establecer un gobierno de transición y realizar elecciones libres. Aunque pueda justificarse, quien escribe considera que a mediano plazo esa vía no sería conveniente, pero muchos la consideran imprescindible, aportando buenos argumentos. El punto es que, se esté o no de acuerdo, ninguno de los países que nos apoyan están dispuesto a acometer esta aventura. Quienes insisten están en su derecho, pero las probabilidades de que se ejecute parecen muy pocas, al menos en estos tiempos.

2- Realización de un plebiscito vinculante contemplado en la Constitución, no manejado por el CNE espurio y con participación activa de la OEA: es una propuesta válida que permitiría movilizar a la ciudadanía y sentar categóricamente el rechazo al régimen. Vale la pena promoverlo e intentar realizarlo, pero debemos estar conscientes de que el régimen impedirá el ingreso de la OEA y aplicará represión con sus paramilitares rojos para que no se instalen las mesas. Asumiendo que pueda realizarse, ¿alguien puede creer que Maduro y sus palafreneros acatarán el resultado?

3- Gobierno de transición: El Grupo de Lima, Estados Unidos, Reino Unido y otros países promueven que se constituya un gobierno de transición incluyente que conduzca a una elección presidencial libre y justa. Esta pareciera una buena opción, aunque tiene el inconveniente de que debe ser aceptada tanto por el régimen, como por parte de la oposición. El primero no va a ceder si no hay mayor presión y en la oposición hay quienes se obstinan en no aceptar nada con chavistas-maduristas.

4- Rebelión popular con manifestaciones en todo el país y huelga general: Ante los sufrimientos de los ciudadanos esta sería la salida esperada. La represión brutal del régimen impide, por ahora, que se materialice. También requiere que la población perciba una dirigencia unida que le inspire confianza en un futuro mejor.

5- intervención de la Fuerza Armada: Los militares que no están en la cúpula corrupta pasan por dificultades iguales a las de los civiles. El espionaje que ejercen los organismos represores del régimen dificulta cualquier acción. También que los verde oliva no perciben unidad opositora que garantice gobernabilidad futura. Es un imponderable.

Cualquiera de estas opciones es bienvenida, pero no le pidamos al presidente(e) Guaidó que haga milagros. Sí tenemos que exigir a todos los dirigentes que depongan egos e intereses de partido para lograr la unidad de propósito, la cual debería desatar el cese de la usurpación.

Como (había) en botica:

Siguen presos Erasmo Bolivar, Héctor Ravaín y Marco Hurtado por los sucesos del 11 abril 2002. El Ministerio Público no aportó ninguna prueba en contra de los acusados. Sánchez está delicado de salud.

Lamentamos el fallecimiento de Deyanira Marcano y Elionay Bermúdez, miembros de Gente del Petróleo y de Unapetro.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Hugo Prieto

Un modelo con dos ejes. El primero apunta a crear riqueza con nuevas tecnologías y el segundo a superar la pobreza y la desigualdad. Ésa es la propuesta de Carlota Pérez* para que América Latina se inserte con éxito en los centros de poder mundial. Suena atractivo y a la vez desafiante. Hay experiencias locales y desarrollo de nuevos productos, basados en innovaciones que prefiguran el camino a seguir. Hay pistas y, por tanto, probabilidades de éxito.

Aclaro, de entrada, que esto no es tarea para gobiernos populistas y autoritarios que redistribuyen sin producir riqueza. Por ahí Venezuela se convirtió en el país más pobre del vecindario. Vaya proeza la de estos 20 años. Otra cosa: no nos vamos a levantar de la silla de ruedas en la que estamos postrados para competir en los 100 metros planos. Eso no existe. Lo que tenemos por delante es una empinada cuesta que va a exigir un gigantesco esfuerzo. Y no será nada fácil.

Las investigaciones de Carlota Pérez han tenido gran receptividad en los centros de pensamiento y en publicaciones especializadas. La revista Forbes la incluye entre las cinco economistas que “están redefiniéndolo todo”, y la revista Prospect entre “los 50 máximos pensadores del mundo en la época del covid-19”. A ver si ponemos atención a lo que dice.

Ahora, que llegaron las complejidades, que las soluciones no son fáciles, parece que el campeón de la globalización y del capitalismo liberal (Estados Unidos) está sintiendo que el viento ya no sopla a su favor, o sopla con menos intensidad. ¿Realmente China está en capacidad de disputarle el liderazgo a Estados Unidos? De ser así, ¿cuál es el futuro de la globalización?

No es fácil hacer predicciones. Estamos viviendo tiempos de grandes cambios y la pandemia ha puesto al descubierto muchos de los males ocultos dentro de cada país (como las consecuencias de la austeridad sobre los servicios de salud o las del trabajo a destajo) y también los problemas de la forma en que devino la globalización, sin visión estratégica, a espaldas de la gente y basada solo en bajar costos. Yo no creo en la ‘desglobalización’. La internet y las tecnologías de la información la hacen inevitable. Las fronteras son invisibles para lo intangible y el mundo, precisamente, va hacia un incremento de los servicios intangibles. La cuestión es: ¿qué forma le daremos a la economía que pueda surgir de un proceso de globalización más inclusivo y más consciente de los costos ambientales? No descarto que se ejerza la protección en uno que otro caso específico, pero no volveremos al mundo de las barreras arancelarias como práctica común. Y claro, la dinámica que tomen las relaciones entre Estados Unidos y China jugará un papel crucial en definir el futuro. China puede sobrepasar a Estados Unidos, en cuanto al simple tamaño de la economía, pero no tecnológicamente, a pesar de su inversión masiva en inteligencia artificial y tecnologías verdes. No en el corto plazo. Todo depende de si Estados Unidos sigue comportándose como un país subdesarrollado, buscando protección, o si redefine su política reconociéndose como un país líder, invirtiendo fuertemente en innovación y fortaleciendo su capital humano. Tratando de revivir la minería del carbón u otras industrias del pasado no protegerá su liderazgo.

Pese a las dudas, a las interrogantes, a los vaivenes en general, la globalización llegó para quedarse. ¿Podría señalar algunas amenazas, pero también algunas oportunidades que se presentan para América Latina?

Pienso que la mejor globalización posible es una que incorpore a todos los países a la producción y el desarrollo con una distribución inteligente de las especializaciones. Ya China -y Asia en general- tienen una ventaja enorme en bienes masivos de consumo. Por el momento, ni África ni América Latina pueden competir en ese campo y, menos aún se puede concebir que su producción regrese a los países avanzados. Si lo hacen, será con robótica. Por eso creo que lo que más les conviene a los países avanzados es el desarrollo del mundo en su conjunto, para crear una enorme demanda de bienes de capital, tecnología, ingeniería e infraestructura, diseñados o rediseñados para adecuarse a las condiciones ambientales y de sustentabilidad. Eso crearía empleo en el Norte y reduciría las presiones migratorias, mientras que favorecería a toda la población de los países que se incorporen activamente al desarrollo. América Latina es uno de los continentes que tendría mayor potencial en el nuevo contexto, especialmente en las industrias de procesamiento, basadas en su dotación de recursos naturales y en la experiencia ya adquirida en ellas (es decir, en agroindustria, química, metalurgia, entre otras). Ésa es una de las herencias positivas de la época de sustitución de importaciones. A medida que los requisitos de la sustentabilidad orienten a los fabricantes hacia materiales cada vez más adecuados a cada uso específico, los mercados se dividirán en más y más segmentos, su valor aumentará y los que logren cumplir con los requisitos serán los ganadores. Pero habrá que poner un serio empeño en lograr ese posicionamiento, cada país intensificando sus conocimientos en las áreas de su experticia y acercándose a los mercados potenciales más exigentes.

Al día de hoy, ¿América Latina es más pobre? ¿Es más desigual? ¿O quizás ambas cosas?

Bueno, ¿más pobre y más desigual que cuándo? Hemos tenido altibajos pero nunca hemos logrado quitarnos de encima el ser el continente más desigual del mundo. Dimos un significativo salto adelante cuando se presentó la oportunidad de la sustitución de importaciones. Aunque las actividades de ensamblaje (con excepciones) no eran una industrialización seria, nos permitieron formar una amplia capa obrera (incorporando a mucha gente del campo), formar una capa media gerencial, capaz de manejar industria, comercio y finanzas, desarrollar la agricultura y la agroindustria y aprender a manejar nuestros recursos naturales con ingenieros y gerentes (a menudo educados en el exterior). También mejoramos todos los servicios, desde transporte y comunicaciones hasta agua y electricidad. Todo eso sirve como base para emprender el desarrollo aprovechando otras oportunidades. Sólo creando riqueza se puede reducir la pobreza. Uno no puede reducir la desigualdad redistribuyendo solamente. Basta ver el trágico caso de Venezuela, donde hubo, en los últimos años, ‘redistribución’, sin producir nada (robando mucho) y destruyendo las bases técnicas y de recursos humanos existentes. Nos convertimos en el país más pobre de América Latina.

Has planteado un modelo en dos vías para que América Latina encuentre su lugar en el mundo. Suena muy sugerente, pero también desafiante. ¿Podría enunciar los principales atributos de ese modelo y cómo podría funcionar?

Lo que yo propongo es una estrategia dual que, por un lado, aproveche masivamente la base en recursos naturales de la región para impulsar una industria de procesos y, por la otra, una economía local que aproveche y potencie las singularidades de cada localidad. Ello implica reconocer que ya en China -y en Asia en general- se produce lo esencial de las industrias de fabricación y ensamblaje y que tienen una densidad poblacional muchas veces mayor que la nuestra. Por esas dos razones van a necesitar enormes cantidades de materiales y alimentos. Nosotros tenemos una gran dotación de recursos naturales, tanto agrícolas como forestales, marítimos, energéticos y mineros. Si aprovechamos las tecnologías de la información, más la biotecnología y la nanotecnología, podemos convertirnos en los proveedores de todas las variantes especializadas de materiales y alimentos que los actuales mercados globales hipersegmentados requieren. De hecho, incluso la agricultura orgánica es hoy en día un producto de alto precio. La meta sería cambiar el perfil exportador de la región, moviéndose gradualmente hacia la especialización, agregando tecnología y disminuyendo el peso de las materias primas brutas. Pero las industrias de procesos usan relativamente poco personal y éste tiende a ser muy técnico. Por eso, la otra mitad de esta estrategia dual se orienta a encontrar la vocación productiva de cada rincón del territorio y generar riqueza directamente en el campo y en la ciudad, aprovechando los sistemas de transporte y comercialización apoyados en la internet. Eso puede ir desde desarrollar tecnologías que permitan rescatar el verdadero sabor de nuestras frutas para exportación -«frutas gourmet»- hasta el turismo de naturaleza, pasando por múltiples opciones, identificadas o promovidas según las condiciones de cada localidad. Eso requerirá financiamiento, educación, acceso universal a internet y apoyo técnico. Y esto no es posible sin una institucionalidad, también dual, destinada a elevar la calidad de vida de la población, por un lado, y apoyar a lo que llamo «sectores remolque» en las negociaciones, en la formación del capital humano, la investigación científico-tecnológica, las patentes y demás condiciones para participar con éxito en la economía global.

Sus investigaciones (nuevas tecnologías en países con dotación de materias primas) sugieren que América Latina puede aprovechar oportunidades. Sin embargo, el continente parece arrastrado a una conflictividad política inusitada, con regímenes que no son proclives a la adaptación institucional, a los consensos y a la innovación. ¿Una vez más América Latina va a perder el tren?

La verdad es que cuando el tren de la madurez de las industrias de producción en masa y su búsqueda de mercados pasó ante nosotros, fuimos los primeros en aprovecharlo. Y a pesar de quienes quieran negarlo, tuvimos mucho éxito. El siguiente tren fue el de la promoción de exportaciones competitivas, cuando se empezó a difundir la informática. Ése lo perdimos y lo aprovecharon los cuatro tigres asiáticos. Desde la «década perdida» en adelante, nuestra desigualdad aumentó desmesuradamente y tuvo un efecto político: nos llevó al populismo en muchos países. El tren que viene ahora es el de incorporarnos a las redes y mercados ultrasegmentados que caracterizarán el despliegue sustentable de la economía postpandemia. La destrucción que el covid-19 está causando puede equipararse a la de una guerra. La reconstrucción, al igual que en esos casos, no implica regresar a lo que había sino dar un salto adelante. Todos los países tendrán que decidir hacia dónde van a direccionar sus economías. Es probable -y sería deseable- que la sustentabilidad ambiental sea una de las metas y la sustentabilidad social la otra. Pienso que, en América Latina, la izquierda se suicidó apoyando al chavismo y suponiendo que la redistribución era la solución; la derecha se suicidó enamorándose del libre mercado y creyendo que su enriquecimiento era perdurable, aunque la pobreza aumentara. No sé si somos capaces de construir un centro político, socialdemócrata, que sepa aprovechar la oportunidad que se avecina. Espero que sí.

¿Qué experiencias exitosas en América Latina -dentro de lo que podría aproximarse al modelo que plantea- podría mencionar? ¿Qué las caracteriza? ¿Cuáles son sus rasgos distintivos?

La mayoría de los casos que conozco son locales y no necesariamente promovidos por los gobiernos nacionales. Tecnológicamente, está, por ejemplo, el caso de los brasileños que lograron que la madera del eucalipto funcionara como caoba en dureza y apariencia y que otra variedad fuera el material óptimo para hacer papel y aún otra fuera resistente a los hongos y resembrable por clonaje. En cada uno ha tenido éxito exportador, además de impactar positivamente al medio ambiente. En dimensiones mucho más modestas está el caso de una miel orgánica en Argentina producida por una pequeña empresa (con 18 socios/empleados) que maneja una cooperativa de 600 pequeños productores y exporta a Europa. Casos de mayor envergadura, y ya de tradición, son las exportaciones de flores de Colombia y de frutas de Chile. Y en cuanto a la sustentabilidad social, está el caso de la ciudad de Medellín, después de la derrota y muerte del zar de las drogas, Pablo Escobar. Montaron bibliotecas en los barrios de los cerros y redes de transporte para bajar a la ciudad. Cambiaron radicalmente las posibilidades de los habitantes de esas barriadas, al mismo tiempo que creaban programas de promoción de la innovación y la inversión para aumentar la prosperidad de todo Medellín.

Hablar de fuga de cerebros parece cosa del pasado. Es decir, las TIC sencillamente hicieron irrelevante la localización del personal medio y altamente especializado. ¿En qué proyectos innovadores y bajo qué condiciones se pueden ensayar experiencias exitosas?

Ambos lados del modelo dual abren posibilidades de innovación y éxito productivo. Y no nos podemos hacer ilusiones sobre lo de la fuga de cerebros; ese proceso todavía trae graves consecuencias para el avance de los países. Aunque es cierto que desde Latinoamérica se podría trabajar en línea para empresas en cualquier parte del mundo, es menos probable que nuestras empresas puedan aprovechar a especialistas ubicados en el extranjero, al menos no de manera masiva. Es muy importante detener la fuga de cerebros y para ello, entre otras cosas, será necesario montar proyectos ambiciosos, públicos y privados, para atraer y retener talento en nuestros países. Incluso los que se gradúan en el extranjero tratan de quedarse por falta de oportunidades en casa. Eso lo tenemos que superar.

Todos los proyectos arriba enumerados requieren tiempo, persistencia y esfuerzo. Es decir, no son para el cortísimo plazo. Esta verdad, del tamaño de una catedral -valga el lugar común-, no quiere ser expuesta bajo ningún respecto. ¿Cuál debería ser el papel del liderazgo en este punto?

Una de las condiciones de éxito en estos tiempos, cuando la innovación es crucial, es generar un consenso social amplio en cuanto a las direcciones que tomará el desarrollo. Cada país tiene características distintas y lo importante es identificar las oportunidades presentes junto con las ventajas y capacidades específicas con las que cuenta para poder aprovecharlas. No es lo mismo un inmenso Brasil, que se podría decir que está formado por muchos países y que tendría que seleccionar muchas especialidades, que un país pequeño y ya relativamente especializado como Uruguay. Mi punto es que la construcción del consenso público-privado a la escala adecuada y con todos los participantes relevantes -desde los científicos y tecnólogos hasta los trabajadores- es, probablemente, una condición indispensable para alcanzar el éxito.

¿Cuáles serían los aspectos más negativos que le podríamos asignar a los regímenes populistas, digamos, en la construcción del modelo que planteas?

El populismo es una quimera. Es la promesa del cielo y el logro del infierno. Es la política del resentimiento de los incapaces. Su carácter mesiánico atrae a las víctimas del sistema. Su aparición es el típico resultado del período de «destrucción creadora» de cada revolución tecnológica. Después de los locos años veinte, vinieron Hitler y Stalin, el extremismo de derecha y el de izquierda. Ésas fueron las formas que tomó el populismo de la época. Ahora los populistas en el mundo entero están cosechando los resentimientos de la intensa desigualdad generada por la forma que asumió la globalización y la instalación de la informática.

El populismo, tarde o temprano, termina construyendo un modelo autoritario. Lo estamos viendo o, mejor dicho, lo estamos padeciendo.

Absolutamente. Aparte de que el carácter de los líderes populistas es algo paranoico (y más resentido que sus seguidores) y la única manera de mantenerse en el poder, en la medida que el fracaso se vuelve evidente, es la fuerza y la represión. El modelo que yo planteo es lo opuesto. Está basado en el consenso democrático, en un juego de suma positiva entre los negocios y la sociedad, orquestado por un gobierno legítimo. Ese modelo no se podría montar con un gobierno populista y autoritario que, además, tiende naturalmente a la corrupción.

¿Qué podría decir de Venezuela? ¿Cuáles serían sus oportunidades, si las tiene? Se ha dicho una y mil veces: «Un cambio para vivir mejor». Pero ésa es una frase hueca. Porque el cambio no será nada fácil. ¿Llegado el caso, está dispuesta a sugerir algunas ideas? ¿Por dónde empezar? ¿Qué cosas tendrían que hacerse simultáneamente?

Es obvio que lo primero que habría que hacer es restaurar los servicios básicos de agua, electricidad, transporte y seguridad en todas sus vertientes. Habría que poner un enorme esfuerzo en revivir la agricultura y ver qué se puede aún salvar de la industria. Hay que buscar el modo de superar el hambre y restaurar los servicios de salud. ¿Cómo podríamos financiar todo eso? Estoy segura que contaremos con el apoyo de los organismos internacionales, pero tenemos que rápidamente generar fuentes de divisas. Eso va a requerir un espíritu emprendedor y un ambiente favorable a la inversión audaz. Habrá que escuchar lo que dicen los especialistas sobre cómo enfrentar la destrucción de la industria petrolera. Dados los problemas ambientales, supongo que la reducción mundial del uso de combustibles fósiles comenzará por el carbón y luego irá eliminando los petróleos más pesados o de más difícil extracción, hasta llegar a los más livianos y al gas. Eso nos plantea un enorme problema. No sé si tendremos tiempo o si podamos atraer las inversiones necesarias para revivir la industria petrolera por unos años. Quizás habría que concentrarse en el gas y la refinación, pero la estrategia a seguir dependerá de las oportunidades de mercado que queden abiertas para el momento en que el cambio se produzca.

Mejor nos olvidamos de las soluciones instantáneas. Mejor dejamos de soñar con pajaritos preñados.

Así es. Pasar de estar en una silla de ruedas a correr va a ser difícil. Pero si recuperamos las piernas podemos intentarlo con el esfuerzo de todos. Una cosa que me parece importante es que los empresarios han comprendido que el bienestar social es la base que permite su éxito económico. Sé de varios que reconocen que la creciente desigualdad en los años de Caldera II cultivó el terreno para el chavismo. Y en cuanto a la diáspora, somos muchos los que estamos dispuestos a colaborar para poner al país a correr, apoyando a los que reconstruirán el país desde adentro. Y estoy segura de que, llegado el fin del desastre actual, identificaremos las oportunidades, lograremos un rumbo de consenso y tendremos éxito.

*Investigadora interdisciplinaria venezolano-británica dedicada al estudio del impacto socioeconómico de los grandes cambios tecnológicos. Autora del influyente libro Revoluciones Tecnológicas y Capital Financiero. Actualmente es Profesora Honorífica en el Instituto para la Innovación y el Propósito Público (IIPP-UCL) al igual que en SPRU, Universidad de Sussex, ambos en el Reino Unido. Es también Profesora Visitante en el Instituto Nurkse de TalTech de Estonia. Ha trabajado globalmente como consultora y conferencista. Su actual proyecto de investigación analiza el papel desempeñado históricamente por los gobiernos en moldear el contexto para la innovación.

16 de agosto 2020

Prodavinci

https://prodavinci.com/carlota-perez-la-reconstruccion-despues-del-covid...

 14 min


Fernando Mires

A los ciudadanos que después de votar defienden su voto en las calles de Bielorusia

No pronuncian frases épicas, no son altisonantes, no prometen ni el oro ni el moro, no representan grandiosas ideologías ni tampoco un futuro esplendor. Son lo que son: candidatos. Pero no de cualquier tipo. Son candidatos en países en donde dominan autocracias, en naciones en donde no existe libertad de opinión, ni de reunión, ni de prensa. En países donde las cárceles están repletas de disidentes, donde los partidos políticos democráticos son proscritos y sus dirigentes perseguidos, enviados al exilio o, como ha ocurrido en Rusia, asesinados. Bajo gobiernos donde no hay condiciones mínimas para elecciones libres y cuyos resultados, como ya sucedió recientemente en Bielorrusia, están decididos de antemano.

Ellos saben que no cuentan con gran apoyo internacional, que Europa y sus gobiernos democráticos no intentarán arriesgar un conflicto con Rusia (hay mucho gas de por medio).

De la Europa económica pero no política, administrada - pero no liderada - por burócratas al estilo Josep Borrell, no tienen ilusiones los demócratas que soportan autocracias, como tampoco las tuvieron los movimientos que en 1989/1990 pusieron fin a las dictaduras comunistas. Los de hoy, sus continuadores históricos de Bielorrusia, aún pese a que la candidata Svetlana Tijanóvskaya fue expulsada del país, siguen enfrentado a tropas armadas hasta los dientes en Minsk, pero también en Brest, Gomel, Gorodno, Vitttebst y otras ciudades. Signos de una protesta que algún día podría llegar a ser una gran rebelión popular, democrática y electoral. Precisamente la que el autócrata Lukashenko teme como a la peste y, por lo mismo, intenta impedir a todo precio.

Y así y todo, los demócratas de Bielorrusia han logrado dar a conocer su gesta, desatando por doquier olas de solidaridad. Ese al fin era uno de sus propósitos. No convertirse en muñecos de gobiernos extranjeros, pero sí lograr que el nombre de Bielorrusia aparezca en la prensa, en la televisión y en las redes. Han sacado al país del anonimato. Han quitado legitimidad a Lukashenko demostrando así que los autócratas y los dictadores dejan de ser legítimos solo cuando la legitimidad les es arrebatada. Cuando una ciudadanía, bien liderada decide defender el derecho más derecho de los ciudadanos, el del sufragio universal, derecho que solo se puede defender en las urnas, votando. Sin voto no hay reclamo que valga.

¿No les habría valido más quedarse en sus casas, dejar que el autócrata diera el resultado de siempre y continuar esa vida cotidiana sin política a la que se encuentran sometidos? ¿Valía la pena presentar candidatura en un país donde hace 26 años gobierna el mismo hombre que ha convertido al estado, al gobierno, a la sociedad y a la nación en una sola unidad bajo su nombre? Quizás en algún momento algunos pensaron así. O, como suele suceder, solo unos pocos demócratas no dieron su brazo a torcer. Para ellos Europa no es solo un habitat geográfico sino cultural y político. A ese habitat anhelan pertenecer, no como súbditos sino como ciudadanos.

Intentaron primero comunicarse entre sí. Sergei, el esposo de Svetana Tijanóvskaya, calificado por la prensa como “bloguero” - en términos más exactos: un político digital – se encuentra, como otros disidentes, en prisión. Svetlana, Sveta, como la llaman sus seguidores, fue un símbolo pero a la vez la persona que supo entender el instante. Sin ningún programa, enarbolando la bandera de la lucha por elecciones libres, desafiando a las tropas, a los servicios secretos y a la propia pandemia (de la que el autócrata se burlaba en el mejor estilo trumpista) condujo a su pueblo hacia los lugares de votación. En ese transcurso aparecieron nuevos rostros, nuevos dirigentes. Las elecciones – se demuestra una vez más - son la mejor escuela política.

Los verdaderos líderes son los que se forman en luchas electorales, exigiéndolas donde no las hay, participando cuando son posibles, aunque sepan muy bien que nunca las ganarán. Ellos son los héroes de nuestro tiempo. Héroes, no porque luchen por causas perdidas sino porque con su presencia testimonian que la lucha continúa, denunciando y conquistando espacios de solidaridad, de comunicación y de protesta civil. Mostrando ante ellos y ante el mundo que jamás serán doblegados por las condiciones que imponen dictaduras y autocracias.

Son los que todavía mantienen vivo el fuego de las disidencias de 1989-90, cuando Havel, Valesa y muchos más, luchaban por lo que en ese entonces parecía imposible: el fin del imperio fundado por Lenin y Stalin. Y lo hicieron levantando en todas partes el lema de las elecciones libres, participando en ellas, como los demócratas de Alemania del Este. Pues alguna vez hay que decirlo: el muro de Berlín no cayó como consecuencia de la ley de la gravedad. Si no hubiera sido por las grandes protestas surgidas frente al fraude en las elecciones comunales del 7 de mayo de 1989, el muro de Berlín nunca habría sido derribado. Dicho fraude fue descubierto por los electores organizados. Ellos, y no los que atravesaron el muro, fueron los verdaderos héroes de la democracia.

Hay dos maneras de entender la gesta democrática que se está escribiendo en la década de los veinte de nuestro siglo. Una, siguiendo el notición periodístico. De acuerdo a ese seguimiento, los sucesos ocurridos en tierras autocráticas son estampidos, cometas que aparecen en la oscuridad para luego desaparecer. La otra manera de entenderla es historiográfica, vale decir, buscando puntos de articulación entre unos sucesos con otros. Y, evidentemente, los hay.

Por de pronto, en todos ellos tiene lugar una lucha en contra de autocracias cobijadas bajo una hegemonía común, la ejercida por la Rusia de Putin. En todos, los políticos disidentes han orientado sus esfuerzos a través de la línea electoral. Y en todos, el objetivo es derrotar a las autocracias mediante votaciones masivas y - esto es lo más decisivo - no solo con números, difíciles de ser alcanzados con tribunales electorales nombrados por las autocracias, sino - como ya vimos en las imágenes televisivas de Minsk - en las calles, apelando a la opinión pública, desenmascarando a sus gobiernos como lo que son: autocracias que ejercen dominación pero no hegemonía.

Es evidente que las autocracias recurren a las elecciones no porque sufran de arrebatos democráticos sino por dos necesidades ineludibles. Por una parte tienen que demostrar ante los demás países europeos -sobre todo por razones económicas - que son repúblicas democráticas como cualquiera otra. Por otra, porque las autocracias, a diferencia de las dictaduras militares de antaño, necesitan de una continua legitimación. Debido a esa última razón, han tendido una trampa en la cual ellos mismos suelen caer: para legitimarse requieren de una muy alta votación. De tal modo, una elección que ganen con números exiguos, o es experimentada como una derrota, o simplemente es falsificada. Fue evidentemente lo que sucedió en Bielorrusia hace muy pocos días.

Ese más de 80% adjudicado a Lukashenko no lo puede creer ni el mismo. Desde el 09.08.2020 no hay periódico que no catalogue a Lukashenko como un ladrón de votos. La suya fue una victoria pírrica. O, en términos más cultos: una victoria de mierda.

Hay momentos en los que se puede ganar perdiendo - eso nunca lo entenderán los tecnócratas de la política -. Ganando en unidad y organización por ejemplo, como la que demostraron los demócratas húngaros en las recientes elecciones europeas, ante el evidente disgusto de Orbán. O aumentar la votación de modo considerable, como ocurrió recientemente en Polonia, donde entre el candidato democrático Rafal Trzakowski (49,6%) y el oficialista Andrzej Duda 50,4%), tuvo lugar un empate técnico, lo que ya hace augurar el comienzo del fin del nacional populismo dirigido por el clerical homofóbico Jaroslaw Kaczinky. Y no por último, como en Estambul, donde gracias a una excelente campaña, el candidato socialdemócrata Ekrem Imamoglu logró arrancar la capital turca de las crueles manos de Erdogan.

Lo que en estos momentos está ocurriendo en Bielorrusia no es entonces un hecho aislado. Es un capítulo más de una historia europea en donde tiene lugar una guerra política a fuego cruzado. Por un lado Putin moviliza desde Moscú a sus partidos ultraderechistas, confesionales y homofóbicos. Por otro, las huestes democráticas avanzan en los interiores de naciones aún dominadas por autócratas. Democracias contra autocracias, esa es la contradicción fundamental de nuestro tiempo. Y no solo en Europa.

Los demócratas compiten, por cierto, con muchas desventajas. No solamente carecen de apoyo internacional activo. También deben lidiar con la abstención de ciudadanías temerosas y apáticas pero, sobre todo, con abstencionismos militantes. Los que esperan que para votar se requiera de condiciones óptimas. Los que imaginan que sin votos, la presión internacional derribará a sus autócratas. Los que afirman que bajo dictadura no se vota. Los dignos, los puros, los antipolíticos de siempre, pero también, no hay que olvidar, los que terminaron por acomodar sus intereses bajo los techos de dictaduras que dicen negar. Para ellos, o les es garantizado un triunfo sin luchar, o no votan. En el fondo imaginan que cada elección es un simple asunto de ganar o perder. Y claro que lo es, pero es mucho más.

Las elecciones son eventos multitudinarios, acontecimientos plenos de contingencias. La demoscopia ha demostrado por ejemplo que la votación a partir de hechos inesperados, puede volcarse a uno u otro lado de modo sorpresivo pocos días antes de una elección. En las elecciones los políticos, o los que quieren serlo, aprenden a comunicarse con la gente, a conocer los problemas desde cerca, a establecer relaciones de empatía. Y no por último, las elecciones son claras muestras de que, por muy reprimida que esté la gente, siempre habrá seres dispuestos a representar sus intereses, seres que no claudican ni capitulan, que defienden los pocos espacios conquistados, que no se entregan a los arbitrios de poderes externos.

Esos seres no portan espadas ni fusiles. Solo tienen dos armas: la palabra y el voto. Son los héroes de la democracia.

Agosto 15, 2020

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2020/08/fernando-mires-heroes-de-la-dem...

 7 min


​José E. Rodríguez Rojas

Dada la orientación ideológica del régimen de gobierno instaurado por el chavismo y la fuerte relación de dependencia con Cuba, con la clara la intención de haber instalado un régimen dictatorial socialista, como etapa previa de un supuesto proceso evolutivo, hacia la etapa final del Estado comunista, de acuerdo a la interpretación ideológica del marxismo desde los inicios del siglo XX. Si éste es su proyecto ideológico, es conveniente estudiar los casos en los que se han instalado dictaduras comunistas, y los resultados obtenidos, para vislumbrar cual pudiera ser el posible futuro de Venezuela en los años venideros y como decidir conductas y estrategias convenientes.

Se seleccionaron tres casos emblemáticos como ejemplos representativos de dictaduras comunistas, para intentar un análisis objetivo del tema que nos ocupa. A continuación, una breve descripción de cada una de ellas.

1. El caso de la dictadura de José Stalin es muy ilustrativo. Fue la primera dictadura comunista que se produjo en el mundo. Conocido como Padre y Gran Benefactor, encabezó una férrea dictadura comunista de 31 años. Fue responsable de alrededor de 23 millones de muertes; asesinados directamente o por causas indirectas, en purgas políticas, campos de concentración, hambrunas provocadas, etc. Al fundar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), puso a los países satélites a trabajar principalmente en función del beneficio de Rusia. La miseria y el hambre fueron importantes para establecer el dominio sobre el pueblo. No se llegó a crear ningún “Hombre Nuevo”, ni una dictadura del proletariado, como pronosticaba la teoría comunista, sino más bien una nueva clase privilegiada y dominante de altos funcionarios comunistas. Se logró desarrollar un país industrializado, pero a un costo social muy alto.

2. Mao Tse Tung, en China, se lleva el record de malas decisiones políticas y económicas y número de muertes causadas; directa e indirectamente unos 70 millones d personas. Por ejemplo, puso a los campesinos a producir acero ̶ de mala calidad, pues no dominaban la tecnología necesaria ̶ ; se abandonaron los campos y hubo una terrible escasez de comida; por la hambruna producida murieron millones de personas. El pueblo chino vivió prácticamente en condición de esclavitud, a merced de las decisiones de Mao por más extravagantes que éstas fueran. Solo cuando los líderes del partido comunista dieron un giro hacia el capitalismo, fue que empezó el gran desarrollo del país; aunque con graves defectos.

3. El caso de Cuba es el más cercano a Venezuela. La dictadura castrista empezó como un gran engaño, en un principio negó rotundamente su predisposición al comunismo; ya afianzada en el poder, se declaró la República Socialista Marxista-Leninista. Desde el inicio instauraron juicios expeditos y sumarios, en la práctica sin derecho a la defensa; cerca de 6.000 personas fueron fusiladas. Se aprobó un partido único, el partido comunista, y se expropiaron todos los medios de producción; el trabajo de la inmensa mayoría de la población dependía del gobierno. Tras los primeros años había unos 20.000 presos políticos. En cerca de 63 años, entre ejecuciones, asesinatos y desaparecidos se han documentado más de 10.000 casos; pero han sido muchas más. Habría que añadir que, en los intentos de huir de Cuba por mar, se estiman alrededor de 20.000 fallecidos. Desde el inicio de la dictadura de los Castro, unos 2,5 millones de cubanos abandonaron su patria.

Mención aparte merece el empeñó de la dictadura castrista de exportar su revolución. Apoyaron al movimiento guerrillero de Venezuela, en los años ’60, inspirado por el triunfo de la revolución cubana, En varias ocasiones invadieron a Venezuela con tropas cubanas y guerrilleros venezolanos entrenados y armados en Cuba. También hay que recordar que Nicolás Maduro fue adoctrinado y preparado como operador político en Cuba, en los años 1986-87. Desde 1959, Cuba ha intervenido en la política interna de Venezuela, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, Bolivia, Chile, Brasil, Isla de Granada, etc. y participado directamente en guerras en el Congo, Argelia, Siria, Angola, Etiopía y Nicaragua.

En Venezuela, el régimen chavista tiene ya 21 años en el gobierno y planes para eternizarse en el poder; como parte del proyecto de expansión de la dictadura comunista de los hermanos Castro. La idea era establecer una espacie de cabeza de playa desde la cual desestabilizar la región y extender la revolución al resto de Latinoamérica; para lo que se contaba con la estratégica posición geográfica de Venezuela y el financiamiento de la abundante riqueza petrolera; amén del beneficio político económico para Cuba.

Profesor, Facultad de Agronomía, UCV

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Carlos Raúl Hernández

Los de filósofos y ensayistas de la revolución resurgida con nuevas formas, llamada por el ideólogo neomarxista Felix Guatari, “revolución molecular disipada”. Más allá del lenguaje complicado y fatuo, busca para romper la cohesión social desde múltiples ángulos, descomponerla en sus moléculas, ensanchar las diferencias naturales entre los seres humanos y exacerbar resentimientos que conduzcan al rechazo. La aplicación de la teoría de los micropoderes de Michel Foucault.

Desde las religiones, hasta el color de piel o el sexo (al que llaman “género”) son instrumentos de discordia. En el esquema revolucionario tradicional, el centro era la lucha de clases, hacer a los trabajadores enemigos de quienes les dan empleo. En el nuevo se apunta a hacer enemiga la mujer de su marido, negros y mestizos de blancos, jóvenes de mayores, musulmanes de cristianos, en una cadena de victimización, mentiras y errores. “Cultura de la cancelación” que refería Jean Maninat aquí mismo.

En 1977 aparece en Le Monde y Liberation una carta que pedía la libertad para un grupo de pedófilos enjuiciados por lascivia con varios pequeños, un episodio conocido como “caso Versalles”. Aunque te rías, el asunto dio origen al Frente de Liberación de los Pedófilos, muy en lenguaje izquierdista de la época. Los redactores de la carta estaban intranquilos por los procesados.

“…Corren riesgo de sentencia penal grave, ya sea por los encuentros sexuales con esos menores o por fotografiarse en ellos”. Exigían reformar el Código Penal para despenalizar en adelante esas situaciones y normalizar tales relaciones entre adultos y niños… cuando fueran de mutuo consentimiento”. El escándalo internacional obedece a que por primera vez se justifica y argumenta “filosóficamente” un delito socialmente tan connotado.


Sex machine
Pero lo más noticioso es que entre los firmantes, aparecían Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Louis Althusser, Michel Foucault, Gilles Deleuze, Jacques Derrida, André Gluksmann, Roland Barthes, Alain Robbe-Grillet. Por lo menos cinco de ellos padres intelectuales de la ahora llamada “política de género”, diferencialismo, deconstructivismo, veganismo,lenguaje inclusivo”.

El feminismo revolucionario (radfem) rechaza al tradicional reformista de mujeres exitosas reales. Cuestionan a Obama y Luther King frente al radicalismo del Black panters como hace Attack. Los revolucionarios culturales no fueron solo artífices de teorías, sino que vivieron la praxis como buenos marxistas. A la muerte de Foucault se evidencia el rumor de su sadomasoquismo. En casa tenía espacios dedicados a dar y recibir torturas, e instrumentos con residuos de sangre seca.

Althusser, además de ahorcar a su mujer a pulso, confesó en su autobiografía “soy una estafa como filósofo… nunca pude pasar de la página siete de la Crítica de la razón pura”. En el caso de la dispareja Sartre-Beauvoir, según la biógrafa británica Carole Seymour-Jones, en su libro Una relación peligrosa (2008) hicieron de la pedofilia un sistema de vida, una especie de maquinaria organizada y eficaz.

La deslumbrante profesora Simone daba clases en liceos, seducía niñas, para luego hacer tríos con Sartre (“mi pequeña bestia domada” como lo llamaba) Pese a la eficiencia, no pudieron evitar escándalos. La madre de la niña Nathali Sorokine de 13 años, la denunció y despidieron a la profesora en 1943. Hubo varios otros incidentes triangulares, entre ellos los de las niñas Bianca Lamblin y Olga Kosackiewicz.

Fiesta para tres
Esta última los obsesionó pasionalmente a ambos, inspiró a Beauvoir La invitada y el ensayo Brigitte Bardot y la emancipación sexual de los menores. Beauvoir es la fundadora del feminismo revolucionario con su obra El segundo sexo. De la siguiente generación, surgen otras dos matriarcas, que se proclaman sus herederas. La norteamericana canadiense Sulamith Firestone.

Fundadora de los movimientos radfem en NY y Chicago, en su libro Dialéctica del sexo, propone “la destrucción de la familia, porque parir es la base de la opresión”, un “acto bárbaro” como defecar una calabaza … “Pero iremos aún más allá… La libertad de todas las mujeres y niños para hacer cuanto deseen sexualmente… la sociedad podría finalmente regresar a su sexualidad polimorfa natural; todas las formas de sexualidad serían permitidas y consentidas…”.

“Si el niño escogiera la relación sexual con adultos, incluida su madre genética, no tendría por qué rechazarlo (y debe darle) la cantidad de sexualidad genital de que el niño fuera capaz. Paciente esquizofrénica, murió de hambre en NY a los 67 años en 2012. Otra es la norteamericana Kate Millett, muy afectada de trastorno bipolar, con su obra Política sexual, en el que insiste en que “uno de los derechos esenciales de los niños está expresarse sexualmente con cualquiera, incluidos los adultos”.

“La libertad sexual de los niños es parte importante de la revolución”. Concibe los sexos tal como las razas y las clases sociales, base estructural de la opresión. Habría que preguntarse por qué los más importantes teóricos post marxistas, ideólogos feministas, veganos, animalistas y multiculturalistas, expresan esa obsesión con los niños. Lamentablemente personas sensatas que de buena fe se declaran partidarias de esas ideologías, no conocen sus meandros y turbideces.

@CarlosRaulHer

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Ángel F. Fermoselle

Al final de su vida, poco antes emprender el rumbo a Valhala, el cielo donde reside el dios Odin, la histórica guerrera Lagherta dice a su asesino en la serie de televisión Vikingos: “No tengo miedo. He tenido una vida llena”.

Quizá todo se limite a eso: a tener una existencia que uno, en sus últimos segundos, juzgue que ha sido bien vivida. Y, tal vez, sea eso mismo, la impresión de haber vivido al máximo, lo que impulse al coraje y lo haga vencer al miedo en los instantes que preceden al tránsito hacia lo que sea que se encuentre al otro lado.

Nos vamos sin nada, sí, como llegamos. Lo que ocurre en medio, si tiene el sentido adecuado, proyecta la percepción de un periplo vital que realmente ha valido la pena, el objetivo último que da sentido a nuestra existencia.

Porque, como en una ocasión anterior establece el mismo personaje tras haber rozado la muerte en su última batalla, de la experiencia sobre la frontera solo logró concluir que la vida tiene que ver, esencialmente, con el sufrimiento. Y, añade, cómo lo manejamos es lo que nos coloca en un lugar privilegiado, el que nos conduce a los cielos de cualquier religión, o en otro, desde el que no se divisa paraíso alguno.

Resulta singular que, doce siglos después de que Lagherta combatiera en Escandinavia y se convirtiera en una leyenda, aún seguimos enfrascados en los mismos asuntos: en las guerras por el poder, en los conflictos para lograr expansiones territoriales, en las luchas por la riqueza; sigue habiendo torturas -no tan salvajes, cierto, pero quizá peores precisamente por su refinamiento-; sigue habiendo reyes corruptos y héroes que lo apuestan todo en favor de la libertad, y una población que se arrima a los primeros o a los segundos, en función de la dimensión humana de cada uno.

Uno de los buenos es Jimmy Lai, el fundador del periódico de Hong Kong Apple Daily, que esta semana ha sido detenido -y luego liberado- a instancias del Gobierno de Pekín. Los empresarios de los medios de comunicación siguen constituyendo una amenaza para los gobernantes que pretenden impedir el ejercicio de la libertad, o el de la disidencia.

En tiempos de Lagherta los vikingos viajaban y saqueaban los lugares que encontraban al final de sus rutas marítimas. Pero también viajaban buscando la prosperidad con acuerdos comerciales, o lo hacían para conocer territorios lejanos. Y también, en ocasiones, los nórdicos abandonaban sus tierras buscando la supervivencia que ofrecen otras con mayores posibilidades.

Eso mismo, como vemos casi cada día, continúa ocurriendo. Las migraciones en busca de instrumentos que acerquen la felicidad, o al menos la subsistencia, persisten. Del mismo modo que se mantiene, también con frecuencia, el discurso contra los recién llegados. Como ha recordado el abogado Antonio Garrigues Walker en una entrevista reciente, “los movimientos migratorios son positivos para el país que los recibe”. Sin embargo, recuerda, a pesar de que más de tres millones de españoles tuvieron que refugiarse en Europa por razones políticas o económicas hace solo unas décadas, ahora muchos rechazan la llegada de migrantes del continente que nos mira, con envidia y entusiasmo, desde el sur del Estrecho de Gibraltar.

Lagherta, aquella legendaria guerrera, protegió el mundo vikingo con toda la fogosidad que reunió en sus múltiples batallas. Nosotros, porque no hemos aprendido gran cosa desde el siglo IX, debemos preservar el nuestro, aunque a menudo, asomados a la máxima perplejidad, advirtamos que eso significa, exactamente, protegerlo de nosotros mismos.

@affermoselle

13 agosto, 2020

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Rafael Yuste

La crisis de la covid ha demostrado, entre muchas otras cosas, la fragilidad de la protección de la privacidad de nuestros datos personales y las carencias de los sistemas legales y administrativos, nacionales e internacionales, para abordar estos problemas. Escribo para poner de relieve un problema aún mayor: el de nuestra privacidad mental. Es un problema que nos viene de frente, pero que estamos todavía a tiempo de evitar.

Esta historia empieza en febrero de 2013 en el Congreso de Estados Unidos. En una reunión conjunta de la Cámara de Representantes y el Senado, el presidente Barack Obama pronuncia el discurso del estado de la Unión y anuncia el lanzamiento de un proyecto científico a gran escala y a largo plazo, la iniciativa BRAIN (Brain Research through Advancing Innovative Neurotechnologies: investigación cerebral a través de neurotecnologías avanzadas innovadoras).

Este proyecto, que Obama comparó con la gesta de llevar al hombre a la Luna, desarrollará herramientas que se aplicarán en cerebros de animales de laboratorio y en pacientes humanos. Estas herramientas (electrónicas, ópticas, moleculares y computacionales) servirán para registrar la actividad cerebral o para interferir con ella, colocando dispositivos invasivos (dentro del cerebro) o no invasivos (por encima del cráneo).

¿Por qué Obama lanza este proyecto? La neurotecnología es necesaria por razones científicas, clínicas y económicas. Desde la perspectiva de la ciencia es clave entender el cerebro, última frontera del conocimiento del cuerpo humano. Al comprender el cerebro, nos entenderemos por dentro por primera vez.

Desde el punto de vista de la medicina, las herramientas facilitarán el diagnóstico, la comprensión y la cura de enfermedades psiquiátricas y neurológicas, que resultan cada vez más devastadoras en la población.

En cuanto a la economía, la neurotecnología seguramente abrirá un campo enorme de desarrollo para empresas e industrias, como ocurrió con el proyecto del Genoma Humano [la gran iniciativa internacional de mapeo genético nacida a finales de los ochenta], que multiplicó por 124 la inversión en este campo. Este último fue el argumento más convincente para el Congreso de EE UU.

La iniciativa BRAIN, con una financiación estimada de 6.000 millones de dólares (el presupuesto no se ha visto reducido a pesar del cambio de inquilino en la Casa Blanca) está en su quinto año de los 12 previstos de duración, e involucra a más de 500 laboratorios que desarrollan todo tipo de neurotecnologías.

Es una revolución metodológica para la neurociencia, como ocurrió en la biomedicina con la técnica de secuenciación del genoma. Esto no está ocurriendo solo en EE UU: desde 2013 se han lanzado proyectos centrados en el cerebro en China, Japón, Corea, Australia, Canadá, Israel y la Unión Europea, aunados en una iniciativa BRAIN internacional.

Además de estos esfuerzos públicos, las empresas privadas, farmacéuticas y, sobre todo, las tecnológicas se están incorporando cada vez con más fuerza al desarrollo de interfaces cerebro-computador que conecten el cerebro a la Red. Estas interfaces pueden llegar a ser el equivalente a los iPhones del futuro.

Esta revolución neurotecnológica es buena, necesaria y, de hecho, urgente, como saben bien los lectores con familiares o amigos que sufren enfermedades neurológicas o psiquiátricas, y para quienes necesitamos desarrollar terapias más efectivas.

Pero la ciencia es neutra, y estas técnicas, que tanto bien pueden causar a la humanidad, también pueden tener consecuencias negativas. Sería posible, por ejemplo, usar la neurotecnología para leer la actividad cerebral de una persona, o interferir en su cerebro y cambiar su comportamiento. Esto no es ciencia ficción, es algo que hacemos ya con animales de laboratorio, y, antes o después, se hará en humanos. ¿Cómo de lejos estamos?

Desde el año 2008, un laboratorio en Berkeley (California) utiliza escáneres magnéticos para adivinar cada vez con mayor precisión en qué imagen está pensando un voluntario. Facebook está desarrollando una interfaz cerebro-computadora no invasiva, como una gorra electrónica, capaz de descifrar la palabra en la que el usuario está pensando y escribirla en la pantalla sin utilizar los dedos.

Este tipo de dispositivos pueden revolucionar la industria, pero también destrozar nuestra privacidad mental. La actividad cerebral genera no solo nuestros pensamientos conscientes, sino también los subconscientes. Registrar la actividad cerebral permitirá, antes o después, acceder al subconsciente.

Motivados por estos y otros avances, un grupo de 25 expertos científicos, ingenieros clínicos, psicólogos, juristas, filósofos y representantes de distintos proyectos sobre el cerebro de todo el mundo nos reunimos en 2017 en la Universidad de Columbia (Nueva York) y propusimos una reglas éticas para la utilización de estas neurotecnologías.

Pensamos que estamos ante un problema que afecta a los derechos humanos, ya que el cerebro genera la mente, lo que nos define como especie. Se trata, al fin y al cabo, de nuestra esencia: pensamientos, percepciones, memorias, imaginación, emociones, decisiones…

Para proteger a la ciudadanía de la aplicación indebida de estas tecnologías, hemos propuesto unos derechos humanos nuevos, llamados “neuroderechos”. De estos, el más urgente es el derecho a la privacidad de nuestro pensamiento, pues las tecnologías para leer la actividad mental están más desarrolladas que las tecnologías para manipularla.

Para defender la privacidad mental, estamos trabajando en tres líneas paralelas. La primera consiste en legislar la “neuroprotección”: pensamos que los datos obtenidos del cerebro, a los que llamamos “neurodatos”, deberían ser protegidos con el máximo rigor legal, igual al que se aplica en donaciones y trasplantes de órganos. Pedimos que no se pueda comerciar con “neurodatos” y que estos solo puedan ser extraídos con el consentimiento del individuo, por razones médicas o científicas.

Esta sería una medida defensiva para proteger de abusos, pero, a la vez, en una segunda línea de trabajo, proponemos ideas proactivas: por ejemplo, que las compañías y las organizaciones que fabriquen estas tecnologías se adhieran, de entrada, a un código ético, deontológico, igual que hacen los médicos con el juramento hipocrático. Con Xabi Uribe-Etxebarria, fundador de la compañía de inteligencia artificial Sherpa.ai, y con la Universidad Católica de Chile, estamos trabajando en este “juramento tecnocrático”.

La tercera línea de acción es la ingeniería, y consiste en desarrollar tanto hardware como software para que los “neurodatos” cerebrales se mantengan privados, y que sea posible compartir cierta información pero no otra. El objetivo: que los datos más personales nunca salgan de los dispositivos conectados a nuestro cerebro.

Una opción es que apliquemos sistemas que ya se usan con los datos financieros: archivos de código abierto, tecnología blockchain (para que siempre sepamos de dónde proceden), y contratos inteligentes (para evitar que los datos escapen de las manos adecuadas). Y, por supuesto, será necesario educar al público y lograr que ningún dispositivo pueda usar los datos de una persona a no ser que esta lo autorice puntualmente.

Este es sólo el comienzo del abordaje del problema. Estamos trabajando en España, en Chile y en otros países, además de con organizaciones internacionales, para concienciar a los Parlamentos y a los Gobiernos de la necesidad de actuar. En España, en concreto, el lanzamiento de la Carta de Derechos Digitales, dentro de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, puede ser un buen comienzo. Aunque España no sea líder en la creación de neurotecnología o inteligencia artificial, podría serlo en sus aspectos sociales y éticos.

En estos momentos urge prepararnos para prevenir la próxima epidemia, aunque no sea una epidemia vírica sino una que afecte a los derechos humanos más fundamentales. Es el momento ideal de sentar las bases del futuro, de la sociedad que queremos ser.

Neurobiólogo, trabaja en la Universidad de Columbia de Nueva York y en el Donostia International Physics Center de San Sebastián.

15 de agosto 2020

https://elpais.com/ideas/2020-08-15/protejamos-ya-nuestros-pensamientos....

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