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Opinión

Antonio Di Giampaolo

ALCOHOL Y PANDEMIA (62)

Existe una falsa creencia según el cual el alcohol es efectivo en el combate contra la pandemia. En verdad la OMS ha señalado que las soluciones líquidas con concentración de etanol en el orden del 60%, y hasta los geles alcoholados resultan de utilidad para la desinfección de las manos, a falta de agua y jabón. Pero una cosa es el efecto del alcohol sobre la piel y, otra muy distinta, es su pretendida ingesta para combatir la Covid-19. El sitio web ourworldindata.org identifica la dependencia del alcohol como una causa de muerte relevante señalando que más de dos millones ochocientas mil personas fallecen a consecuencia de su consumo y, unas cien millones de personas en todo el mundo, padecen de alcoholismo con los efectos físicos y mentales que la enfermedad comporta.

Algunos países como Panamá, Groenlandia y Zimbabue decretaron, en el marco de la cuarentena, la restricción de la venta y consumo de alcohol mediante la política de Ley seca que algunas localidades en México, Argentina y Perú asumieron también, con la finalidad de reducir la comisión de delitos asociados a la violencia y, como medida de control para desestimular las reuniones y celebraciones debido a la recomendación del distanciamiento social para contener la propagación del virus.

A la temeraria recomendación del Presidente de Bielorrusia que instó a beber vodka para erradicar la pandemia siguió la estrafalaria práctica del gobernador provincial de Nairobi en Kenia que repartió, en un programa de consignación de alimentos, botellas de coñac para combatir el virus. En México más de un centenar de personas han perdido la vida, en medio de la cuarentena por intoxicación de bebidas con metanol. En Irán, donde por la revolución islámica por motivos religiosos prohíbe el consumo de licor, más de medio millar de personas han fallecido por ingerir alcohol adulterado durante el confinamiento.

Un documento de la Organización Mundial de la Salud derrumba el mito que los licores estimulan la inmunidad y la resistencia frente al virus. Por el contrario en general el consumo de alcohol etílico, en cualquiera de sus variedades manufacturas y presentaciones, afecta el sistema inmunológico del organismo por lo que su ingesta resulta nociva para la salud. Al final del día de hoy cerca de ocho mil personas habrán fallecido debido al consumo de bebidas espirituosas, una cantidad superior, a la que OMS reportará mañana, en su informe diario, como consecuencia de la Covid-19.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CrónicasDeCuarentena (62)

NICOTINA Y PANDEMIA (61)

El tabaquismo es uno de los hábitos más perniciosos de la humanidad. Cada día los fumadores habituales consumen en promedio, entre media cajetilla y una caja, y el consumo global, según se desprende del portal worldometers.info, asciende a unos quince mil millones de cigarrillos diarios, es decir unas dos unidades por habitante a nivel mundial. Las muertes asociadas al tabaco alcanzan a los 8 millones de personas al año, incluidas las atribuidas a los llamados fumadores pasivos. Visto en esos términos, las víctimas del tabaco a finales de año serán potencialmente superiores a las correspondientes al nuevo coronavirus.

Ha surgido una hipótesis según la cual la nicotina, uno de los compuestos del tabaco, actúa en el organismo como una suerte bloqueador o inhibidor a nivel pulmonar contra el virus. El primero de los estudios tuvo lugar en China que analizó la prevalencia de la enfermedad entre los fumadores. Un estudio similar tuvo lugar en Italia y encontró que la incidencia de la Covid-19 entre fumadores era proporcionalmente baja en comparación con el resto de los pacientes hospitalizados. Un tercer trabajo de investigación ha comenzado en Francia administrando parches de nicotina a personas contagiadas de covid-19 para evaluar si mejoran los síntomas, a pacientes críticos para estudiar si cede la inflamación respiratoria y a personal sanitario de manera preventiva.

Los estudios no son para nada concluyentes pues la casuística es todavía reducida. Un dato contratante es que en países como Estados Unidos, Rusia, Inglaterra, China y Turquía, por citar unos pocos ejemplos donde la pandemia ha impactado con fuerza, los niveles de consumo de cigarrillos son elevados. Hay quienes intuyen que detrás de la teoría están las grandes corporaciones tabacaleras que enfrentan cada vez más regulaciones impositivas y publicitarias, además de la campaña mundial sobre los efectos nocivos de sus productos. Siendo en la práctica, el tabaquismo literalmente una pandemia, pues según el sitio ourworldindata.org constituye la segunda causa de mortalidad a nivel mundial, la industria del tabaco termina matando a casi la mitad de sus clientes regulares a lo largo del tiempo.

La Organización Mundial de la Salud emitió un boletín alertando que el tabaco en modo alguno combate la Covid-19. El organismo ratificó la incidencia del tabaquismo en las enfermedades respiratorias, cardiovasculares y su relación directa en torno a varios tipos de cáncer. El comunicado destaca que incluso las modalidades alternativas al cigarrillo, como los habanos, picaduras para pipas, así como vaporizadores y cigarrillos electrónicos tienen consecuencias nocivas para la salud. En todo caso el humo del tabaco libera una serie de compuestos químicos, tóxicos y cancerígenos que la administración terapéutica y dosificada de nicotina no comporta. El ministro francés de salud, a propósito del último estudio en desarrollo, ha zanjado el asunto señalando que “el tabaco mata”.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CrónicasDeCuarentena (61)

EL AVANCE MUNDIAL DEL VIRUS (60)

La estadística de la COVID-19 se enrumba esta semana a los cinco millones de personas infectadas de las cuales un millón ochocientas mil han logrado recuperarse, y lamentablemente más de trescientas mil han perdido la vida. Desde que el nuevo coronavirus surgió en la localidad de Wuhan en China, se ha expandido en ciento ochenta y ocho países, y una treintena de territorios y dependencias, de los cinco continentes. Sólo los casquetes polares y excepcionalmente unas pocas islas están libres de la pandemia. Australia y Nueva Zelanda en Oceanía muestran cifras alentadoras en relación a su base poblacional.

El Reino de Lesoto, enclavado en Sudáfrica, es el último de los países del continente africano que ingresó en los registros que la Organización Mundial de la Salud contabiliza sobre la pandemia. La pequeña nación montañosa de cerca de dos millones de habitantes apenas tiene un caso reportado. Sudáfrica, Egipto, Argelia, Marruecos y Ghana encabezan los reportes en África. Entretanto Eslovenia es el primer país de Europa en declarar el fin de la pandemia. La medida alivia su programa de ayudas sociales que continuará hasta finales del mes, así como la reapertura de sus fronteras y el levantamiento de la cuarentena implementada desde mediados de marzo. Las cifras en el continente europeo son lamentables, ya que más de la mitad de las muertes a nivel mundial han tenido lugar en esa región, pues Rusia, España, Inglaterra, Italia, Francia y Alemania registran la mayor cantidad de decesos.

Los números son dinámicos y cambiantes. Donde el tiempo parece haberse detenido es en Corea del Norte, en el continente asiático, que sigue sin reportar casos a pesar de confinar con China y Rusia. Otro tanto ocurre en Turkmenistán que colinda con Irán, país que registra un foco importante en Asia central. En América Estados Unidos, Canadá, México, Brasil, Perú, Chile, Ecuador Colombia y la antillana República Dominicana lideran las estadísticas. A juzgar por los números Groenlandia y Las Islas Malvinas destacan con los mejores desempeños en torno a la pandemia.

A decir verdad, la cantidad de contagiados en el mundo es proporcionalmente baja, pero la estrategia de la cuarentena, el confinamiento y el aislamiento social para limitar el vertiginoso avance del nuevo coronavirus, en la práctica ha paralizado a la humanidad. La gente acusa los efectos de la recesión. La producción industrial, el intercambio comercial, los mercados financieros, la prestación de servicios y la economía doméstica están severamente impactados. Hay expectativa por una solución, al menos a mediano plazo, que ponga fin a la emergencia sanitaria global.

¡Amanecerá y veremos!

@ADIGIAMPAOLO

#CronicasDeCuarentena(60)

 6 min


Moisés Naím

Habitantes del barrio de Brooklyn, en Nueva York ( EE UU), hacen cola para recibir paquetes de alimentos del Banco de Alimentos de la ciudad.Alba Vigaray / EFE

"El mundo ha cambiado para siempre”, “De esta catástrofe saldrá un nuevo orden internacional”. Esto se dijo después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y se repitió después de la última gran recesión. También después de cada uno de los colapsos financieros que regularmente sacuden el mundo. El análisis de las crisis internacionales que hemos vivido desde la década de los ochenta revela varios factores recurrentes. Algunos, los vemos en esta pandemia. Otros no. Hay cinco que vale la pena destacar.

1. La exageración del impacto de la crisis. Los pronósticos acerca del cambio del mundo suelen resultar exagerados. Después de las crisis el mundo no cambió ni para siempre ni para todos. Claro que el terrorismo y los problemas económicos tuvieron grandes impactos. Pero, en la práctica, hubo más continuidad que cambio.

2. La reacción de los Gobiernos tiene mucho más impacto que el evento que causa la crisis. Los ataques del 11-S produjeron cerca de 3.000 muertos y 100.000 millones de dólares en pérdidas. Los conflictos en Irak, Afganistán y Pakistán dejaron más de 480.000 muertos, incluyendo 244.000 civiles. Igual pasó con el último gran colapso financiero. Las gigantescas ayudas que los Gobiernos desembolsaron para salvar de la bancarrota a grandes empresas tuvieron un mayor impacto que la crisis misma. Los Gobiernos priorizaron el socorro a las grandes empresas privadas a expensas de la clase media y de los trabajadores. Esto agravó la desigualdad económica y estimuló el descontento social, lo cual, a su vez, potenció el populismo que terminó trastocando la política en muchos países.

3. Las crisis no son globales. La gran recesión fue tan grave y la reacción de los Gobiernos de las economías desarrolladas fue tan masiva que era natural suponer que era una crisis económica mundial. Pero no lo fue. China, Brasil y otros mercados emergentes no se vieron tan afectados. Más bien se convirtieron en las locomotoras de la economía global y contribuyeron a reanimar las postradas economías de Estados Unidos y Europa.

4. La rutinaria exigencia de reformas que nunca ocurren. Otro factor que nunca falta en las crisis es el llamamiento a reformar las instituciones internacionales, la democracia y el capitalismo. Al estallar una crisis es común que los líderes políticos e intelectuales pidan la eliminación —o la reforma a fondo— de Naciones Unidas, la OTAN, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, o el sector privado. Como sabemos, nada de eso ha pasado.

5. Lo que creíamos permanente resultó ser transitorio, y viceversa. Otro de los elementos comunes en las crisis es la sorprendente desaparición o la irrelevancia de líderes e instituciones que suponíamos permanentes y omnipotentes. Sadam Husein, Muamar el Gadafi o algunos de los grandes bancos son buenos ejemplos. A la vez, vemos cómo ideas, líderes, acuerdos institucionales y políticos que parecían transitorios, terminan siendo permanentes.

No todas estas lecciones de otras crisis internacionales serán aplicables a la pandemia causada por la covid-19. Esta crisis es diferente. El coronavirus ha disparado una crisis mundial ante la cual ningún país es inmune. La tecnología, la globalización, la revolución digital, el hecho de que desde 2009 en el mundo hay más gente viviendo en las ciudades que en el campo y la total ausencia de una cura conocida para este virus, son solo algunas de las diferencias.

Pero a pesar de estas y otras diferencias, también hay cosas que vimos en las pasadas crisis mundiales que se repiten en esta. A largo plazo, la exagerada o inepta reacción de los Gobiernos a la pandemia probablemente produzca tantos o más daños que la pandemia misma. Tampoco ha faltado en esta crisis la denuncia de las organizaciones multilaterales. El Gobierno estadounidense dejó de pagar sus cuotas a la Organización Mundial de la Salud y pidió su total restructuración.

La pandemia también nos ha traído situaciones que comenzaron como un paliativo y que se han transformado en una realidad que será permanente. El teletrabajo es el más obvio de los ejemplos. Finalmente, un factor común en todas las grandes crisis es la proliferación de teorías conspirativas para explicar lo que está pasando y el creciente rol de charlatanes que se aprovechan del temor y la confusión de sus seguidores para venderles malas ideas o productos fraudulentos. Como hemos visto de sobra en las noticias, esta pandemia también ha producido un buen grupo de charlatanes. Algunos son presidentes. @moisesnaim

https://elpais.com/opinion/2020-05-16/la-pandemia-reacciones-exageracion...

 3 min


Julio Dávila Cárdenas

Hace algo más de diez años escribí una reflexión sobre la dignidad. Ahora, en tiempos tan difíciles pretendo hacerlo sobre la dignidad de la persona humana.

Dice la Biblia, “Creó, pues, Dios al hombre a imagen y semejanza suya; a imagen de Dios le creó, creólos varón y hembra” (Gen 1, 27). El hombre es imagen de Dios no sólo como creatura suya, también como persona, como ser inteligente, libre y responsable. Reconoce que la mujer le es igual en dignidad dado que también fue creada por Dios: “ésta es el hueso de mis huesos, la carne de mi carne” (Gen 2, 23).

La dignidad humana es el derecho que tiene cada uno de ser valorado como sujeto individual y social, en igualdad de circunstancias, con sus características y condiciones particulares, por el solo hecho de ser persona; siendo la libertad base fundamental de la autonomía de la persona.

La dignidad no tiene precio, merece respeto tanto para la persona como de ésta para sus semejantes. Kant decía: “Actúa de manera tal que en todo momento utilices la humanidad en ti como persona y en cada otro en todo momento como un fin y nunca como un medio”.

La dignidad de la persona humana es un concepto clave del derecho constitucional que aparece reflejado en las Leyes Fundamentales de los Estados. “La dignidad de la persona es intangible. Respetarla y protegerla es deber de todo poder estatal”. Para que ella subsista es indispensable el reconocimiento de la igualdad, la libertad y la autodeterminación y por tanto el de los derechos humanos. La persona tiene que vivir en libertad, en una situación de derecho, lo cual presupone la división de poderes y su autonomía e imparcialidad.

Sólo existe democracia cuando están garantizadas y respetadas las libertades civiles y políticas del pueblo. La Constitución venezolana en su preámbulo asegura los derechos humanos fundamentales y en el artículo 3, establece como fin esencial del Estado la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad. En otras disposiciones constitucionales se garantiza el debido respeto a la dignidad de los privados de libertad (art. 46.2); la inviolabilidad del hogar doméstico y respeto de la dignidad del ser humano (art. 47); el respeto a la dignidad y los derechos humanos de todas las personas por parte de los cuerpos de seguridad del Estado (art. 55); el respeto a la dignidad de los ancianos y de las personas con discapacidad (arts. 80 y 81); el derecho de los trabajadores a un salario que les permita vivir con dignidad (art. 91) y; la obligación de los órganos de seguridad ciudadana de respetar la dignidad y los derechos humanos sin distinción alguna (art. 332).

La pregunta es: ¿El régimen respeta esas normas constitucionales que garantizan a los ciudadanos su dignidad? La experiencia de estos dos últimos decenios nos indica que la respuesta es NO. Debemos luchar por lograr pronto un gobierno serio, de personas honestas y capaces que nos lo garantice.

 2 min


Red Agroalimentaria de Venezuela

Algunas conclusiones del Informe Trimestral enero abril 2020

Los problemas causados por la pandemia en el país todavía no son significativos. La percepción tanto del gobierno como de los expertos de la oposición es que el período de expansión exponencial no se ha iniciado y que pueda producirse en las próximas semanas.

  • En este marco toda América Latina se encuentra en una situación desventajosa con: un crecimiento de la pobreza extrema y la desigualdad, un desempeño económico y una productividad descendiendo y al inicio de un periodo de recesión.
  • Las posibilidades de los apoyos financieros externo no son halagadoras: La gran banca internacional se encuentra en una situación complicada y muy exigida por los países que le sirven de sede. Los multilaterales difícilmente van a tener los recursos que se requieren para cubrir las necesidades plateadas.
  • La importancia internacional de la crisis venezolana a disminuido. Hasta antes de la pandemia la estrepitosa caída de Venezuela en todos los órdenes y la ilegitimidad del Gobierno, colocaban al país en el centro de las preocupaciones de buena parte del mundo.
  • Toda esta situación a nivel mundial y de América Latina encuentra a Venezuela en la peor situación de su historia y quizás una de las peores vividas por cualquier país del mundo. El país se encuentra en medio de una aguda depresión económica y una crisis humanitaria compleja.
  • A los casi dos meses de instrumentadas ya aparecen sus graves consecuencias. En 1er lugar se produce un derrumbe de las exportaciones petroleras y su precio, lo cual reduce notablemente los ingresos. En este mismo período se produce un disparo de la tasa de cambio promedio con un incremento de 85%. La tasa d cambio es seguida por la inflación que se estima en 89.4%. La Hiperinflación regresa con fuerza y acompañada del repunte de la escasez.
  • En estas circunstancias el confinamiento y el distanciamiento total casi hace imposible la sobrevivencia. Por esto a finales de abril el porcentaje de la población que no tiene con que sobrevivir es la inmensa mayoría de la población
  • El sector agroalimentario se encontraba en el centro de la problemática económico-social venezolana antes de la crisis por el Coronavirus y ahora con las nuevas circunstancias aumenta su importancia.
  • La producción agrícola vegetal, animal y pesquera han sido muy fuertemente afectadas en los dos últimos meses. Los problemas con el suministro eléctrico y muy especialmente el desabastecimiento de gasolina ha impactado las cosechas que se producen en el 1er trimestre del año y las siembras del próximo ciclo de cultivo. Igualmente han tenido efectos negativos sobre la ganadería y la pesca
  • En el sector agroindustrial los efectos generales sobre la economía se manifiestan también claramente con la continuación de las caídas en la producción que ya eran muy significativas en el 2019. Sin embargo, a partir de marzo su situación tiende a hacerse más dificultosa por cuanto el Gobierno retoma la política de controles e intervenciones de la industria.
  • Las importaciones públicas y privadas han sido muy limitadas en el 1er trimestre del año.
  • Sin embargo, el efecto más importante se ha generado en los flujos informales de productos provenientes de Brasil y Colombia. Esta cantidad de alimentos, no contabilizados formalmente en las importaciones, llegaron a ser muy importantes en el 2018 y 2019. Ahora estos flujos se han disminuido radicalmente y esta fuente de alivio es mucho menor
  • La disponibilidad y el acceso a los alimentos se encuentran niveles críticos y es muy probable que al arrancar el cambio político económico nos encontremos en niveles críticos de disponibilidad de calorías y proteínas y casi seguramente graves problemas de acceso físico y económicos de una muy alta fracción de la población.
  • La distribución directa de los CLAP no representa un aporte significativo para cambiar el acceso a los alimentos y es muy poco probable que disminuya su alcance e importancia en los próximos meses
  • Es muy probable que se potencie la conflictividad social en los próximos meses por carencia de alimentos, gasolina, y servicios públicos y ello conduzca huelgas, marchas, conflictos y confrontaciones sociales con efectos sobre la situación sanitaria y también sobre la dinámica política
  • Comenzar a recuperar el consumo de alimentos es un elemento fundamental para la viabilidad político social de cualquier cambio político económico.

 3 min


El país vive de los mitos. Los mitos y los mitómanos, claro está, abundan y crecen como la verdolaga, hasta de manera silvestre; y mucho más en la situación de inmovilización y confinamiento en la que vivimos, con demasiado tiempo de ocio. Sin mencionar los mitos que se tejen con relación a la COVID-19 y el coronavirus, en materia política seguimos incrementando nuestro acervo mitológico.

Hace varios años escribí sobre algunos de los mitos que pueblan la mentalidad política del venezolano. Cosas como: “Adeco es adeco hasta que se muere”, “el pueblo nunca se equivoca”, “la política y los políticos son todos corruptos”, “los partidos, como los conocemos son indispensables”, “la sociedad civil es una fuerza telúrica en política”, “los técnicos y militares gobiernan mejor”, y una lista inagotable. El peso de la realidad fue acabando con esos mitos y dejándonos desamparados en un desierto en el que damos vueltas y vueltas sin terminar de atravesarlo. No es el caso volver sobre lo dicho.

En este predicamento, a veces evasivo, en el que estamos, ahora hemos pasado a esperar la intervención de alguna fuerza externa y misteriosa, que suspenda las leyes naturales y que, más allá del mundo de lo tangible y de lo conocido, produzca los cambios que anhelamos; es decir, esperamos que se produzca algún “milagro”; o en su defecto, que es casi lo mismo, una intervención extranjera o una implosión del chavismo que nos libre de hacer lo que solo nos corresponde a nosotros a partir del trabajo político, duro, eficiente, a nivel popular. Pero mientras algo ocurre, seguimos creando y alimentando mitos.

Esos mitos muchas veces acarrean graves consecuencias. Por ejemplo, la combinación de estos dos: “Somos un país rico” y “todos los políticos son corruptos”, –que están entre los más grandes que hemos tenido, con los que crecimos y criamos generaciones enteras– sirvió de trampolín para que llegaran al poder los que hoy nos mal gobiernan y han destruido al país. A partir de allí, “ayudados” por los interesados, desarrollamos muchos otros; uno de los más “populares”: el de la invencibilidad de Chávez Frías, quien ganó un proceso electoral en 1998 con un apoyo efectivo de tan solo el 15% de la población del país y gracias a una abstención del 37%, y ese fue el mejor resultado de todos sus procesos electorales. Pero ese no fue el único mito y ahora mismo crecen varios.

“A los venezolanos todo el mundo nos quiere porque somos simpáticos y ocurrentes”, “nos destacamos porque tenemos un gran sentido del humor” ese par de mitos, los hemos estado escuchando durante estos últimos años, desde que creció la emigración o la mal llamada “diáspora”. Ese mito, llamémoslo el de la “avasallante personalidad” del venezolano, se fue derrumbando en la medida en que los pobladores naturales, de los países que nos recibían, se fueron sintiendo desplazados en sus trabajos, profesiones o invadidos en sus condominios por atropellantes compatriotas, algunos de ellos alardeando de sus bienes de fortuna, remembranzas de aquel “ta’ barato, dame dos” del que hacíamos gala cuando recorríamos el mundo como turistas y que tras vacaciones –algunas muy dispendiosas–, regresábamos al país cargados de las más diversas mercancías. Menos mal que gracias también a miles de compatriotas, verdaderamente trabajadores incansables, útiles profesionales, muy brillantes algunos, sirvieron de contrapeso al primer grupo y gracias a los segundos aún somos bien recibidos y apreciados en el exterior.

Otro mito de estos días es el mito de Wilexis, un hampón, un criminal, con múltiples delitos y asesinatos en su haber, pero que ahora está siendo glorificado, deificado, y ya algunos disimuladamente lo promueven políticamente y no tardan en proponerlo para presidente –nada tiene de raro después de haber tenido en ese cargo a un militar fracasado y a un sindicalista reposero– y algunos hasta tratarán de elevarlo a los altares; todo porque alguien dijo, seguramente inventando, que la lucha cruenta que tiene montada para ser el amo de Petare es porque se opone al “régimen”, al mismo régimen que lo armó y toleró para que, convertido en azote de barrio en el extremo más el este de la ciudad, ayudara a controlar a su población. Ahora le atribuyen tuits, videos y audios, que seguramente no escribió, ni grabó, en los cuales con estereotipada voz de malandro de Radio Rochela y sofisticado lenguaje de “pran” que denota que reside como mínimo en Chacao o El Cafetal, dirige inflamadas proclamas en contra del régimen y advierte a sus secuaces que gobiernan al país del mal del que se van a morir. Lo grave no es que se haya inventado que él realice esos tuits, sonidos o videos, lo grave es que a alguien se le haya ocurrido hacerlos y a muchos otros creerlos y difundirlos.

Pero el mito más reciente es el de los “héroes” del llamado “macutazo”; aun cuando no comparta algunas ideas y acciones, siempre que se propongan acabar con la tiranía, estoy de acuerdo en que se deben respetar todas las opciones individuales, sobre toda aquellas en las que los involucrados se arriesgan personalmente; pero, de allí a admirar como a héroes a los protagonistas del desembarco en cuestión, hay una diferencia. Algunos ya están en ese camino de convertir en héroes a sus protagonistas, que por lo demás no tiene nada de raro, pues al “héroe” del Cuartel de la Montaña, que fracasó en un intento y sanguinario golpe de estado en 1992, como dije más arriba, el 15% del país –si descontamos abstención y quienes votamos por otro candidato– lo premió convirtiéndolo en Presidente de la Republica en 1998, posición desde la cual él destruyó las instituciones democráticas y la economía del país y se convirtió en poco menos que un dictador.

No es el caso ahora desmenuzar la caterva de errores que condujeron a lo ocurrido con los desembarcos de mayo y sus lamentables consecuencias para una oposición que ya tiene muchas equivocaciones y cosas de que preocuparse, ya otros se han encargado de eso; pero sí es momento de lamentarse y reflexionar acerca de que esos mitos –que en política construimos y engordamos– no pueden seguir siendo la base sobre la cual se planifiquen y construyan las estrategias opositoras para salir de este oprobio.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 4 min


En plena cuarentena, recibí la invitación de Diego Vallenilla @Dieguisimo, el súper fotógrafo venezolano, para participar en uno de sus proyectos nuevos. Se trata de una serie de fotos de personas comunes de diferentes zonas de Caracas, profesiones, intereses, edades, estratos, etc, a las que les pide que expresen gráficamente un deseo muy personal en esta cuarentena, más allá del más importante, que sin duda es la salud.

Diego toma las fotos desde la calle o el jardín, sin establecer ningún contacto con la persona fotografiada. Los deseos son expresados a través de una pancarta, cartulina o escrito, usualmente mostrado desde la puerta, la ventana, el balcón del hogar, y la foto se toma desde lejos.

La experiencia ha sido sensacional y lleva 10 sesiones de 4 fotos cada una publicada en su instagram, acumulando mensajes de todo tipo sobre esos deseos personales que van desde “Mandarlos al colegio”, refieréndose obviamente a los chamos, no sólo para que se eduquen sino también para tener un rato libre y personal, hasta “ir a la playa”, tener mi acto de graduación”, “abrazar”, “montar caballo” o “ver a mi novia”. Cada uno de esos mensajes viene acompañado por una explicación breve del protagonista sobre la razón de ese deseo.

Cuando Diego me llamó para que participara me tomó varias horas decidir que escribir en mi cartulina. Con excepción de ver a la novia, que en mi caso esta en mi casa (y llevo 30 años con ella), cualquiera de los mensajes del resto de los participantes podría servirme perfectamente. Todos ellos los siento como míos y en algún momento he soñado con ellos. Pero luego de mucho pensarlo, me decidí por uno que me pareció el más importante para mí: “Pasar la página y empezar de nuevo”.

Pero, ¿a que me refiero con ese deseo? La crisis que vivimos en este momento, en Venezuela y en todo el mundo, es la peor que ha ocurrido desde principios del siglo pasado y afecta dramáticamente nuestras vidas. Encerrado en casa durante varias semanas en cuarentena, me atormentaba pensar en lo que perdimos y, sobre todo, en lo que vamos a perder. En el caso de Venezuela, esas pérdidas son aún mayores, pues esta pandemia llegó en un momento cuando el país estaba ya en terapia intensiva y el impacto económico de la crisis viene con esteroides.


Pero estando en una conferencia virtual, a través de la plataforma de Zoom, el comentario de un alumno sobre mi análisis de riesgo país, cambio mi perspectiva sobre el tema. Me dijo: “Los jóvenes llevamos la peor parte de todo esto, porque ustedes (esta es la parte donde me dijo viejo, elegantemente) tienen un camino recorrido, recursos acumulados y experiencia de vida y profesional que les ayuda a enfrentar los retos de esta crisis”.

Mi respuesta automática a su inquietud, fue capaz, sin proponermelo, de calmar la mía: “No estamos enfrentando otra crisis económica, política y social convencional, de las que hemos vivido muchas en estos años, sino una ruptura que cambiará al mundo. Enfrentar estos nuevos retos requiere flexibilidad, adaptación, curiosidad y pasión, eso que más bien parece definir la juventud, pero no en términos de edad, sino de actitud.


Lo que ganamos o perdimos antes ya no es lo más relevante, sino lo que viene ahora, los nuevos retos, lo que esta por hacer y lo debemos abordar libres de ataduras con el pasado. No es importante lo que termina, sino lo que está por empezar y yo quiero vivirlo plenamente, sin empañarlos con las perdidas del pasado. Esto es lo natural para ti y tu generación. Pues te cuento que a mi edad, lo que más quiero y me emociona es ser capaz de “Pasar la página y empezar de nuevo” …como si tuviera la tuya.

luisvleon@gmail.com

TW: @luisvicenteleon

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Carlos Raúl Hernández

“He decidido no leer (…) más artículos sobre el mundo post pandémico… sus autores son seres aterrorizados (…) formulando las más disparatadas fantasías personales”. Fernando Mires

Alguien debería editar la antología de la economía política de la pandemia, ya que naturalmente los influencers no podían permitir que pasara sin dejar sus testimonios-pronósticos, aunque con frecuencia estos devienen a futuro sketches humorísticos. Henry Ford declaró impensable que un automóvil corriera a más de 20 k/h, y los ecologistas juraban que la humanidad no llegaría al siglo XXI.

En la izquierda y la derecha estaban seguros de que también antes del siglo XXI todos los países serían comunistas, y otros aseguraban que el mundo acabaría en el holocausto nuclear. Sartre anunció durante los 70 que la tercera guerra mundial ya había comenzado en Medio Oriente. Con las nuevas fuentes de energía en los 80, los profetas del futuro anuncian que en ¡dale con el siglo XXI!, el petróleo sería material de desecho.

Otros dijeron: “Jimmy Hoffa es intocable porque su guardaespaldas es la clase obrera” y, a pesar de Scorcese, aún no se sabe que ocurrió con él, y se piensa que lo enterraron vivo. Para la Nueva Izquierda inspirada en Marcuse, esa clase obrera de Hoffa se había tornado soporte del kapitalismou y la revolución debía hacerse con marginales, drogadictos, estudiantes y delincuentes. Las distopías izquierdosas anunciaban un mundo kapitalista totalitario.

Así Los Ángeles en la magistral Blade Runner (Scott:1982) era una ranchería de miserables, marginales y chiringuitos de fritangas tercermundistas, versión del mercado de Tepito en Ciudad de México, oscura porque la polución no dejaba ver el sol, bajo la lluvia ácida incesante. Las distopías de derecha avizoraban un totalitarismo inspirado en 1984 de Orwell, que prohibiría hasta el amor. Algunos intelectuales dejaron su testamento del Covid con cuidado, sensatez y aportes interesantes.


Confusión con Confucio
Desfilaron por la pasarela del futuro Naomi Klein, Yuval Harari, Byung Chul Hal, Francis Fukuyama, Slavov Zizeck, Fernando Savater, Antonio Escohotado, Thomas Piketty, Rudiger Safransky, Sebastián Edwards y varios otros. Fukuyama, uno de los autores más comentados y menos leídos, en un artículo discreto y tranquilo, y sin pontificar sobre el fin de la historia, señala atascos para superar en la marcha. Pero otros arrojan carretas de disparates y manías ideológicas.

Byung Chul Hal inventa que el autoritarismo asiático lleva ventaja contra el coronavirus y nombra a Surcorea, Japón y Taiwan (¿?) y que Confucio sería el padre de ese autoritarismo, aunque no fue un filósofo en el sentido de Platón, no propone modelos de república, de justicia, ni una cosmovisión. Es un pedagogo y asesor político militar que ejerció el pensamiento práctico en una civilización que no conoció la libertad y eso le costó caro. Todavía 2000 años después la revolución cultural de Mao prohibió su lectura y quemó sus obras.


La persecución ideológica continúa cuando a una miss panameña le preguntaron quién era Confucio y después de segundos aterradores con la mente en blanco, dijo que era “el padre de la confusión”. Muy chato es un ensayo del Marx contemporáneo, Piketty, que revela la imposibilidad de los posmarxistas para recuperarse del deslave del socialismo, y quitarse las anteojeras de su ideología derogada.

Hay terribles y reales problemas para enfrentar lo que viene: ¿cómo cristalizar inversiones-empleos para superar la recesión en Europa, en un contexto de senectud y deflación demográfica que hacen insustentable el Estado de Bienestar? ¿Cómo impulsar desarrollo económico y social en el Tercer Mundo para estabilizar los flujos migratorios?

Economista de cabecera
¿Qué hacer frente a los estragos del aislacionismo populista norteamericano, que antes de la pandemia ya amenazaba con una recesión mundial cuyas principales víctimas son los países pobres? Frente tan tremebundo y convulso cuadro, Piketty, como buen inspirador de Pablo Iglesias, nos asombra diletando sobre la propiedad, como los ideólogos de los siglos XIX y XX de los que no se puede librar.

En un texto plagado de inconsistencias, se cumplen las frases lapidarias de su maestro Marx “las generaciones muertas oprimen como una pesadilla el cerebro de los vivos”, y de Keynes “todos terminamos siendo esclavos de un economista muerto”. Desde hace 200 años, Marx, y antes Proudhon, culparon a la propiedad, y todo el siglo XX los comunistas la fusilaron, y de paso, mataron de hambre a la gente.


Ante el fracaso los comunistas inyectaron kapitalismou y propiedad en China para que la gente pudiera comer más que 100 gramos de arroz al día como durante el maoísmo. Gracias al regreso de la propiedad, ahora es la segunda potencia mundial y los países más prósperos, Canadá, Suecia, Suiza, Holanda, Hong Kong, Dinamarca, son los que tienen mayores puntajes en el Índice de Liberad Económica.


En esos países a los que misteriosamente ponen el mote de “socialistas”, prácticamente no existen restricciones a la propiedad, ni controles, ni dirigismo estatal. Son economías cuatro y cinco veces más abiertas que las de Francia, Alemania, España, Bélgica o Italia. Y las naciones más miserables, aquellas donde el gobierno, parecido a la receta de Piketty, ejercen mayor control sobre la economía.

@CarlosRaulHer

 4 min