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Opinión

Corina Yoris-Villasana

Durante estas semanas de encierro, cada uno ha buscado alguna manera de emplear el tiempo. Unos, limpian y sacan brillo a todo; otros, beben lo que encuentran y otros, leen, escriben y cantan; no olvido a quienes se han enfermado y han tenido que vivir horas terribles; incluso, los que han perdido su vida y a quienes encomiendo en una oración cada anochecer.

En mi caso, leo, escribo y he aprendido a usar las plataformas digitales lo mejor que he podido para dar clases a mis alumnos. En ese trajinar con los libros, cayó en mis manos un viejísimo ejemplar, procedente seguro de la biblioteca de mi papá, Fábulas de Jean de la Fontaine. Como objeto físico es de una belleza única; edición de UTEHA, México, 1949, tapa dura, color vinotinto y arabescos dorados en la tapa frontal.

Jean de la Fontaine es un escritor del siglo XVII. Las publicaciones de sus fábulas han sido numerosas, con ilustraciones maravillosas, y este ejemplar que tengo en mis manos tiene las de Gustave Doré, quien, en 1867, le regala al mundo los espléndidos dibujos que acompañan a cada fábula de esa edición.

Por supuesto, leí todas las fábulas que pude; hay dos que tienen una peculiar vigencia en estos tiempos tormentosos que vivimos, no solo globalmente, sino de forma muy peculiar en esta aldea venezolana.

Una de las fábulas que quiero reseñar y comentar es la titulada “La Selva y el leñador”. En la página que precede al texto hay un extraordinario grabado en claroscuro, donde se ve al leñador sentado sobre un tronco en medio de la selva.

La fábula es corta, solo tiene once líneas y en ellas De la Fontaine narra cómo un leñador pierde el mango de su hacha y se ve impedido de trabajar. Este hecho tan simple y cotidiano le brinda a la Selva un ligero descanso. El leñador le suplica a la Selva que le permita tomar una sola rama para fabricar otro mango para su hacha, prometiendo que solo cortaría lo estrictamente necesario. La Selva se lo permite, pero el leñador inmediatamente comienza de nuevo a desforestarla. “Gemía la Selva a todas horas; su propio don era el instrumento de su suplicio”. Para finalizar, prosigue De la Fontaine: “Así procede el mundo: el beneficio se emplea contra el que lo hizo. Cansado estoy de decirlo. La ingratitud está de moda”.

En este confinamiento mundial no han faltado las alusiones directas e indirectas del respiro del planeta. Hemos visto videos de hermosos delfines disfrutando de la tranquilidad del mar; cerdos paseando por las calles de París; ciervos correteando en las orillas del mar; bandadas de pájaros, que ni siquiera conocíamos, visitan nuestros jardines. Incluso, hay memes muy curiosos en las redes sociales, aludiendo al confinamiento del ser humano y el disfrute de la naturaleza de esa ausencia. Leemos sesudas reflexiones al respecto, y, como el leñador de la fábula, aparecen las promesas, los propósitos de enmienda para cambiar el tratamiento dado a nuestro planeta. ¿Serán simples palabras que luego, como el protagonista de la narración, se volverá de manera inclemente a desforestar, a destruir? Este es un tema que requiere mucha discusión seria y sin palabras huecas. Bastaría con pensar por un momento en las aguas de Roraima, únicas en el planeta. O ver las terribles imágenes de la desforestación ocasionada por la minería ilegal en Canaima.

La segunda fábula que me robó la atención fue la llamada “El filósofo escita”. Es un poquitín más larga, son veintiún líneas. Cuenta que un filósofo, oriundo de Escitia, conocida por la vida austera de sus habitantes, decide viajar por Grecia y ve a un anciano que le hace recordar el Viejo del que habla Virgilio –refiriéndose al personaje anciano que describe Virgilio en Geórgicas IV, a orillas del mar, en Calabria, criando abejas y cultivando flores y legumbres–, que vivía feliz ocupándose de su jardín. Lo vio podar ramas inútiles y le pareció que no era sano mutilar de esa forma a los árboles. Al recriminarle al viejo personaje, le dijo fuertemente: “Dejad la cruel podadera; dejad obrar a la hoz del tiempo; demasiado pronto morirán”. Pero el sabio le respondió: “No corto más que lo superfluo; quitándoselo, prospera más el resto”.

El filósofo escita, al volver a su país, tomó la hoz y cortó a diestra y siniestra todo lo que pudo; no contento con ello, le pidió a sus amigos y vecinos que procedieran de igual manera. No respetó estaciones, ni lunas crecientes o menguantes. Resultado: Mató todo.

De la Fontaine nos deja su moraleja, tal como termina toda fábula: “Exacta figura es el escita de la fábula de un estoico escéptico. Este arrancó del alma deseos y pasiones, sean malos, o sean buenos, y hasta las inclinaciones más inocentes. Por mi parte, protesto contra esos filosofastros; quitan a nuestro corazón su principal anhelo y nos despojan de la vida antes de morir”.

Abril 23, 2020

El Nacional

https://www.elnacional.com/opinion/la-vigencia-de-las-fabulas-de-jean-de...

 3 min


No, no hay gobierno en el sistema político venezolano. Lo que existe es un cuerpo de actores aterciopelados de militarismo para desarrollar un guion de propaganda perversa, que busca confundir cada vez más a una nación que padece por parte de grupos brutales y múltiples persecución, vejamen y violencia. La propaganda y los mensajes subliminales como armas, son el centro de acción de un régimen sobrepasado hace tiempo por la Calamidad Político Social, que arrincona de hambre, inseguridad, violencia y pánico a ciudadanos que -ante tanto vejamen- están a punto de la Explosión Social. Explosión Social Multidireccional legitima por parte de jóvenes, mujeres y hasta mayores, que están dispuestos a revelarse a esta desgracia política del madurismo militarista y su Estado Cuartel.

Explosión Social Ciudadana es la respuesta política de los demócratas que no toleran más una tiranía armada, reforzada por el cubanismo, que torpe e ignaros se atreven de hablar de dialogo y no han sido capaces de anunciar un compromiso minino vital, su responsabilidad política. Aturdidos como están, después de las decisiones del Departamento de Justicia y el Departamento del Tesoro de los EEUU saben que sus cabezas tienen precio. Saben que lo reconocen todos los venezolanos, latinoamericanos y el mundo y después de esta Morisqueta Militarista, están conscientes de que su destino no es en Venezuela. Todos los venezolanos sienten la necesidad de crecer en el desprecio hacia un grupo político, primitivo, mentiroso y anti-político que actúa como retardados mentales.

Explosión Social es la reacción democrática de una Resistencia Civil igual al 87% de demócratas, que de manera silente, crecen en su Desobediencia Civil a un régimen acobardado pero policial que ha confundido vía el acuartelamiento a una sociedad que está dispuesta a una Nueva arquitectura política cercana a la contrademocracia. Contrademocracia para hacer política, en la cual el ciudadano ejerce tres funciones de calificación de su gobierno, este gobierno, que está en usurpación y no califica como tal, por haber violado la Constitución y proteger y negociar con carteles de la droga, funciones de vigilancia, o sea, el ciudadano alertando sobre la función del gobernante y la función de clasificación mediante el cual, el ciudadano reconoce la transparencia internacional que requieren los gobernantes.

El gobierno y sus actores más su propaganda engañosa, ya deben suponer la capacidad de control de los demócratas, por lo tanto tiemblan por cuanto saben que han ofendido de tal manera a la ciudadanía que como sociedad política pueden ejercer la Explosión Social como respuesta política. Respuesta política a la tiranía y al cubanismo acobardado, que cree puede seguir manipulando y ganando tiempo en la ecuación política venezolana. Son además de payasos, ignaros y no saben que el hambre, enfermedades, necesidades que hoy sufre el venezolano, hombre o mujer lo tienen en una situación de desesperación. Desesperación por ser testigo de cómo desde el año 2014 el país, su geografía, las pocas instituciones pero sobretodo la población han sido violentadas por el comunismo sin moral pública, a los cuales se les ha negado su derecho ciudadano y los canales de acceso como expresión pública democrática.

Estos actores teatreros, testaferros, propagandistas del fidelismo, y representantes del comunismo se muestran como una camarilla retrograda que sirven a un partido político en armas, todos ilegítimos, y todavía creen que pueden seguir manipulando al venezolano hambreado y perseguido, pero cívico y civilista en quien crece el derecho a la rebelión. Ya hay muestra y hechos en el interior del país y en las grandes barriadas de las ciudades. Los actores teatreros de la propaganda deben tener claro que ni la miseria exponencial y mucho menos la propaganda ni el cubanismo desviaran al ciudadano demócrata en su decisión de Explosión Social.

La explosión social es una consecuencia, frente a la irresponsabilidad y locura de un cuerpo de socialistas militarizados, que han subestimado la democracia y a los demócratas que existen en cada venezolano. La explosión social de los demócratas marcará un hito en el sistema político venezolano, que han estado manipulado desde los dos golpes de Estado del 1992 por la desgracia de la Maldad Liquida. Maldad Liquida instrumentada por grupos extremistas ideologizados que cree en la manipulación y la violencia junto al vacío moral para gobernar. Creen igualmente estos primitivos que pueden controlar y separar al venezolano decente, hasta embaucarlo con unos discursos totalitarios de terciopelo cuya característica central es… el vacío moral y político de quienes hablan de revolución en el siglo XXI.

Director CSB-CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 28 de abril de 2020

 3 min


Jesús Elorza G.

Las Federaciones Deportivas Internacionales, atraviesan en los actuales momentos un proceso de gran incertidumbre sobre el financiamiento de sus programas de competencias para el próximo ciclo olímpico 2021-2024, producto de la suspensión de los Juegos Olímpicos Tokio 2020 por la pandemia del COVID-19.​

"La asociación de federaciones internacionales olímpicas de verano (ASOIF por sus siglas en ingles) estima que las 28 federaciones permanentes de deportes de verano y su organización paraguas tienen derecho a 590 millones de USA dólares de los ingresos mundiales de comercialización olímpica para Tokio. Pero, el problema radica en que, estos pagos siempre se realizan después de que se hayan producido los Juegos, después de que el COI haya recaudado la mayoría de los ingresos televisivos de miles de millones de dólares. Es importante recordar que después de los Juegos de 2016 en Río de Janeiro, se distribuyeron 540 millones de dólares, y las federaciones utilizaron ese dinero para financiarse para el período de 2017 a 2020.​

El COI, tiene como norma "no publicar cómo distribuirá los ingresos de los Juegos Olímpicos", estimados en 590 millones de dólares para los Juegos de Tokio, entre las 28 federaciones permanentes de deportes de verano. Sin embargo, en mayo de 2019 durante la conferencia de The association of summer olympic international federations (2020 ASOIF, en la Costa de Oro en Australia) se conoció un informe que detallaba la distribución de los ingresos de los referidos juegos Tokio 2020 :​

- ASOIF, recibiría 2,95 millones de dólares.​

-Las 28 federaciones permanentes se dividen en cinco grupos:​

Grupo A, $ 40 millones cada uno: Atletismo, Gimnasia, Acuática.​

Grupo B, $ 25.95 millones cada uno: Baloncesto, Fútbol, Voleibol, Tenis, Ciclismo.​

Grupo C, $ 18.60 millones cada uno: Boxeo, Bádminton, Remo, Judo, Tiro, Tenis de Mesa, Levantamiento de Pesas, Tiro con Arco.​

Grupo D, $ 16.30 millones cada uno: Ecuestre, Esgrima, Hockey, Canotaje, Balonmano, Triatlón, Lucha, Vela, Taekwondo.​

Grupo E, $ 14.10 millones cada uno: Golf, Pentatlón Moderno, Rugby.​

- Las 5 asociaciones visitantes (deportes de exhibición o que participan por primera vez) no obtienen nada. Ese era el trato leonino para permitir que los invitados se unieran a la fiesta olímpica. ​

Al final, cuando el COI ha liquidado todos los ingresos (que es habitual mucho más grande que el presupuesto previsto), las federaciones siempre han recibido más dinero del previsto después de terminados los Juegos Olímpicos.​

Tampoco está claro si el COI contribuirá a los enormes costes adicionales del comité organizador TOCOG con un pago adicional. Según las estimaciones iniciales, TOCOG bien puede necesitar miles de millones adicionales.​

La dependencia de las federaciones de los ingresos provenientes de los juegos olímpicos es casi total en algunos casos, según se desprende de sus informes anuales: 6 de las 28 asociaciones reciben menos del 10 por ciento de sus ingresos del COI. En primer lugar, la FIFA, que tiene un volumen de negocios anual promedio de 1.600 millones y solo el 0,38 por ciento procede del COI. La segunda asociación más rica es Rugby - la acción del COI es actualmente menos del 3 por ciento. Baloncesto, Voleibol, Tenis y Ecuestres parecen ser igual de seguros.​

Otras 7 de las 28 federaciones reciben hasta alrededor del 25 por ciento de sus ingresos del COI. Estas federaciones también pueden ser vistas como relativamente independientes: Atletismo, Acuática, Ciclismo, Bádminton, Judo, Tenis de Mesa, Balonmano.​

En 15 de las 28 federaciones, la proporción de ingresos del COI es de entre el 35 y el 96 por ciento. Algunas de estas federaciones internacionales se encuentran, por lo tanto, en una situación que amenaza su propia existencia: Gimnasia, Boxeo (ya casi insolvente y prohibida), Remo, Tiro, Levantamiento de Pesas, Tiro con arco, Esgrima, Hockey, Canoa, Triatlón, Lucha, Vela, Taekwondo, Golf y Pentatlón Moderno. (El golf es una excepción. Porque el IGF fue fundada básicamente sólo para supervisar el deporte en los Juegos Olímpicos.)​

Ahora bien, como los juegos Tokio 2020 han sido pospuestos para el verano del 2021, las Federaciones Deportivas le plantean al Comité Olímpico Internacional (COI) que adelante un pago no menor al 25% de los ingresos estimados, utilizando los propios recursos del COI que en la actualidad sobrepasan los 900 millones de dólares, para así poder desarrollar sus respectivos programas de competencias. Sin embargo, Thomas Bach presidente del COI, se niega rotundamente a este adelanto del 25%; no quiere que nadie intervenga en su "piñata olímpica".​

Al mejor estilo de Niccolò di Bernardo dei Machiavelli, sostiene como principio "El que quiere ser obedecido debe saber mandar" Que traducido a la situación del momento, significa, que si las federaciones deportivas requirieren aportación de recursos económicos, deben seguir sin voz ni protesto las decisiones del COI.​

Pero lo que este dictatorial miembro del COI, olvida en el proceso, es que los 590 millones de dólares no son realmente propiedad del COI. Ni el COI ni Japón pueden acoger los Juegos Olímpicos sin las federaciones deportivas.​

 3 min


La Vanguardia

La humanidad se enfrenta a una crisis mundial. Quizá la mayor crisis de nuestra generación. Las decisiones que tomen los ciudadanos y los gobiernos en las próximas semanas moldearán el mundo durante los próximos años. No sólo moldearán los sistemas sanitarios, sino también la economía, la política y la cultura. Debemos actuar con rapidez y resolución. Debemos tener en cuenta, además, las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones. Al elegir entre alternativas, hay que preguntarse no sólo cómo superar la amenaza inmediata, sino también qué clase de mundo queremos habitar una vez pasada la tormenta. Sí, la tormenta pasará, la humanidad sobrevivirá, la mayoría de nosotros seguiremos vivos... pero viviremos en un mundo diferente.

Muchas medidas a corto plazo tomadas durante la emergencia se convertirán en parte integral de la vida. Esa es la naturaleza de las emergencias. Aceleran los procesos históricos. Decisiones que en tiempos normales llevarían años de deliberación se aprueban en cuestión de horas. Tecnologías incipientes o incluso peligrosas se introducen a toda prisa, porque son mayores los riesgos de no hacer nada. Países enteros hacen de cobayas en experimentos sociales a gran escala. ¿Qué ocurre cuando todo el mundo trabaja desde casa y se comunica sólo a distancia? ¿Qué ocurre cuando escuelas y universidades dejan de ser presenciales? En tiempos normales, los gobiernos, las empresas y las juntas educativas no aceptarían nunca llevar a cabo semejantes experimentos. Pero no son estos tiempos normales.

En este momento de crisis, nos enfrentamos a dos elecciones particularmente importantes. La primera es entre vigilancia totalitaria y empoderamiento ciudadano. La segunda es entre aislamiento nacionalista y solidaridad mundial.

Vigilancia “hipodérmica”

Con el fin de detener la epidemia, toda la población debe seguir ciertas pautas. Hay dos formas principales de lograrlo. Un método es que el gobierno vigile a la población y castigue a quienes incumplan las reglas. Hoy, por primera vez en la historia humana, la tecnología hace posible vigilar a todo el mundo todo el tiempo. Hace cincuenta años, el KGB no podía seguir a 240 millones de ciudadanos soviéticos las 24 horas del día, ni aspirar a procesar de modo eficaz toda la información reunida. Debía recurrir a agentes y analistas humanos y le resultaba sencillamente imposible colocar a un agente tras cada persona. Sin embargo, ahora los gobiernos pueden recurrir a ubicuos sensores y potentes algoritmos, por lo que no necesitan espías de carne y hueso.

En su batalla contra la epidemia del coronavirus, varios gobiernos han desplegado ya las nuevas herramientas de vigilancia. El caso más notable es China. Escudriñando los teléfonos de los ciudadanos, haciendo uso de cientos de millones de cámaras con reconocimiento facial y obligando a las personas a controlar su temperatura y situación médica e informar sobre ellas, las autoridades chinas no sólo son capaces de determinar rápidamente quiénes son los posibles portadores del coronavirus, sino también de seguir sus movimientos e identificar a quienes entran en contacto con ellos. Toda una gama de aplicaciones para el móvil advierte a los ciudadanos de la proximidad de personas infectadas.

Esa clase de tecnología no se limita a Asia oriental. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu autorizó recientemente el despliegue por parte del Servicio de Seguridad General de la tecnología de vigilancia normalmente reservada a la lucha contra el terrorismo para seguir a pacientes con coronavirus. El correspondiente subcomité parlamentario se negó a autorizar la medida, pero Netanyahu la impuso con un “decreto de emergencia”.

Cabría argumentar que todo esto no tiene nada de nuevo. En los últimos años, los gobiernos y las empresas han recurrido a tecnologías cada vez más sofisticadas para rastrear, vigilar y manipular a las personas. Sin embargo, si no tenemos cuidado, la epidemia podría marcar un importante hito en la historia de la vigilancia. No sólo porque cabe la posibilidad de que normalice el despliegue de los instrumentos de vigilancia masiva en países que hasta ahora los habían rechazado, sino también porque supone una drástica transición de una vigilancia “epidérmica” a una vigilancia “hipodérmica”.

Hasta la fecha, cuando tocábamos la pantalla del móvil y clicábamos sobre un enlace, el gobierno quería saber sobre qué clicaba exactamente nuestro dedo. Sin embargo, con el coronavirus, el objeto de atención se desplaza. El gobierno quiere saber ahora la temperatura del dedo y la presión sanguínea bajo la piel.

El pudin de emergencia

Uno de los problemas a los que nos enfrentamos a la hora de comprender en qué punto nos encontramos en relación con la vigilancia es que ninguno de nosotros sabe exactamente cómo somos vigilados ni que ocurrirá en los próximos años. La tecnología de la vigilancia se desarrolla a una velocidad de vértigo y lo que parecía ciencia ficción hace 10 años es hoy una noticia desfasada. Hagamos un experimento mental. Imaginemos un hipotético gobierno que exige a todos los ciudadanos que llevemos una pulsera biométrica para vigilar la temperatura corporal y el ritmo cardíaco las 24 horas del día. Los algoritmos estatales almacenan y analizan los datos resultantes. De ese modo sabrán que estamos enfermos antes incluso de que lo sepamos nosotros mismos, y también sabrán dónde hemos estado y con quién nos hemos reunido. Sería posible reducir de modo drástico las cadenas de infección e incluso frenarlas por completo. Presumiblemente semejante sistema sería capaz de detener en seco la epidemia en un plazo de días. Maravilloso, ¿verdad?

El inconveniente, claro está, es que legitimaría un nuevo y espantoso sistema de vigilancia. Si alguien sabe, por ejemplo, que he clicado en un enlace de Fox News en lugar de hacerlo en uno de la CNN, aprenderá algo acerca de mis opiniones políticas y quizás incluso de mi personalidad. Ahora bien, si puede vigilar lo que me sucede con la temperatura corporal, la presión sanguínea y el ritmo cardíaco mientras veo las imágenes, puede aprender lo que me hace reír, lo que me hace llorar y lo que realmente me enfurece.

Resulta crucial recordar que la ira, la alegría, el aburrimiento y el amor son fenómenos biológicos como la fiebre y la tos. La misma tecnología que identifica la tos podría también identificar las risas. Si las empresas y los gobiernos empiezan a recopilar datos biométricos en masa, pueden llegar a conocernos mucho mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos, y entonces no sólo serán capaces de predecir nuestros sentimientos sino también manipularlos y vendernos lo que quieran, ya sea un producto o un político. Semejante vigilancia biométrica haría que las tácticas de hackeo de datos de Cambridge Analytica parecieran de la Edad de Piedra. Imaginemos a Corea del Norte en 2030, cuando todos los ciudadanos deban llevar una pulsera biométrica las 24 horas del día. Si al escuchar un discurso del Gran Líder la pulsera capta señales de ira, ya podemos despedirnos de todo.

Es posible, por supuesto, defender la vigilancia biométrica como medida temporal adoptada durante un estado de emergencia. Una medida que desaparecería una vez concluida la emergencia. Sin embargo, las medidas temporales tienen la desagradable costumbre de durar más que las emergencias; sobre todo, si hay siempre una nueva emergencia acechando en el horizonte. Mi país natal, Israel, por ejemplo, declaró durante su guerra de independencia de 1948 un estado de emergencia con el que se justificaron una serie de medidas temporales, desde la censura de prensa y la confiscación de tierras hasta unas normas especiales para hacer pudin (no es broma). La guerra de independencia se ganó hace mucho tiempo, pero Israel nunca ha suspendido el estado de emergencia y no ha logrado abolir muchas de las medidas “temporales” de 1948 (clementemente, el decreto de emergencia acerca del pudín se abolió en 2011).

Incluso cuando las infecciones por coronavirus se reduzcan a cero, algunos gobiernos ávidos de datos podrían argumentar que necesitan mantener los sistemas de vigilancia biométrica porque temen una segunda oleada de la epidemia, o porque una nueva cepa de ébola se está extiendo por el África central, o porque... ya ven por dónde va la cosa. En los últimos años se está librando una gran batalla en torno a nuestra intimidad. La crisis del coronavirus podría ser el punto de inflexión en ella. Porque, cuando a la gente se le da a elegir entre la intimidad y la salud, suele elegir la salud.

La policía del jabón

En el hecho de pedir a la gente que elija entre intimidad y salud reside, en realidad, la raíz misma del problema. Porque se trata de una falsa elección. Podemos y debemos disfrutar tanto de la intimidad como de la salud. Es posible proteger nuestra salud y detener la epidemia de coronavirus sin tener que instituir regímenes de vigilancia totalitarios, sino más bien empoderando a los ciudadanos. En las últimas semanas, algunos de los esfuerzos que más éxito han tenido a la hora de contener la epidemia han sido los organizados por Corea del Sur, Taiwán y Singapur. Aunque esos países hicieron uso de las aplicaciones de seguimiento, han confiado mucho más en las pruebas exhaustivas, la información veraz y la cooperación voluntaria de una población bien informada.

La vigilancia centralizada y los castigos severos no son la única forma de hacer cumplir unas pautas beneficiosas. Cuando se comunica hechos científicos a la población y ésta confía en que las autoridades públicas les transmitirán esos hechos, los ciudadanos pueden hacer lo correcto sin necesidad de la vigilancia de un Gran Hermano. Una población automotivada y bien informada suele ser mucho más poderosa y eficaz que una población controlada e ignorante.

Consideremos, por ejemplo, el hecho de lavarnos las manos con jabón. Ha sido uno de los mayores avances de la historia de la higiene humana. Ese sencillo acto salva millones de vidas todos los años. Aunque es algo que damos por hecho, no fue hasta el siglo XIX cuando los científicos descubrieron la importancia de lavarse las manos con jabón. Antes, incluso médicos y enfermeras pasaban de una operación quirúrgica a otra sin lavarse las manos. Hoy miles de millones de personas lo hacen diariamente, no porque tengan miedo de la policía del jabón, sino porque entienden los hechos. Me lavo las manos con jabón porque sé cosas acerca de los virus y las bacterias, entiendo que esos pequeños organismos causan enfermedades y sé que el jabón puede acabar con ellos.

Sin embargo, para lograr tal nivel de conformidad y cooperación, se precisa confianza. La gente tiene que confiar en la ciencia, las autoridades públicas y los medios de comunicación. En los últimos años, los políticos irresponsables han socavado de forma deliberada la confianza en la ciencia, las autoridades públicas y los medios de comunicación. Ahora esos mismos políticos irresponsables podrían verse tentados de tomar la senda del autoritarismo, argumentando que no cabe confiar en que la población haga lo correcto.

Por lo general, una confianza que se ha erosionado durante años no puede reconstruirse de la noche a la mañana. Sin embargo, no son estos tiempos normales. En un momento de crisis, las mentes también pueden cambiar con rapidez. Podemos mantener amargas discusiones con nuestros hermanos durante años, pero cuando ocurre alguna emergencia descubrimos de repente una reserva oculta de confianza y amistad, y corremos a ayudarnos mutuamente. En lugar de construir un régimen de vigilancia, no es demasiado tarde para reconstruir la confianza de la gente en la ciencia, las autoridades públicas y los medios de comunicación. No cabe duda de que debemos hacer uso también de las nuevas tecnologías, pero esas tecnologías deberían empoderar a los ciudadanos. Estoy a favor de controlar mi temperatura corporal y mi presión sanguínea, pero esos datos no deberían utilizarse para crear un gobierno todopoderoso. Esos datos deberían hacer que yo pueda tomar decisiones personales más informadas, y también que el gobierno responda de sus decisiones.

Si pudiera hacer un seguimiento de mi propia situación médica las 24 horas del día, no sólo sabría si me he convertido en un peligro para la salud de otras personas, sino también qué costumbres contribuyen a mi propia salud. Y si pudiera acceder a estadísticas fiables sobre la propagación del coronavirus y analizarlas, me encontraría en capacidad de juzgar si el gobierno me está diciendo la verdad y si está adoptando las políticas adecuadas para combatir la epidemia. Siempre que se hable de vigilancia, debemos recordar que la misma tecnología de vigilancia no sólo puede utilizarse por los gobiernos para vigilar a los individuos, sino también por los individuos para vigilar a los gobiernos.

Por lo tanto, la epidemia de coronavirus constituye un importante test de ciudadanía. En días venideros, la elección de todos debería ser confiar en los datos científicos y los expertos en salud, en lugar de hacerlo en teorías conspirativas sin fundamento alguno y en políticos interesados. Si no tomamos la decisión correcta, quizá nos encontremos renunciando a nuestras más preciadas libertades, convencidos de que ésa es la única manera de salvaguardar nuestra salud.

Necesitamos un plan mundial

La segunda elección importante a la que debemos enfrentamos es entre el aislamiento nacionalista y la solidaridad mundial. Tanto la propia epidemia como la crisis económica resultante son problemas mundiales. Sólo pueden resolverse eficazmente mediante la cooperación mundial.

En primer lugar, para derrotar el virus necesitamos ante todo compartir globalmente la información. Es la gran ventaja de los seres humanos sobre los virus. Un coronavirus en China y un coronavirus en Estados Unidos no pueden intercambiar consejos sobre cómo infectar a los humanos. Sin embargo, China puede enseñar a Estados Unidos muchas lecciones valiosas sobre los coronavirus y cómo tratarlos. Lo que un médico italiano descubre en Milán a primera hora de la mañana puede salvar vidas en Teherán por la tarde. Cuando el gobierno del Reino Unido duda entre diversas políticas, puede obtener consejo de los coreanos que ya se enfrentaron a un dilema similar hace un mes. Ahora bien, para que eso suceda, necesitamos un espíritu de cooperación y confianza mundial.

Los países deben estar dispuestos a compartir información de forma abierta y buscar humildemente asesoramiento, y ser capaces de confiar en los datos y las ideas que reciben. También necesitamos un esfuerzo mundial para producir y distribuir equipos médicos; sobre todo, kits de pruebas y respiradores. En lugar de que cada país trate de actuar localmente y acumule todos los equipos que pueda acaparar, el esfuerzo mundial coordinado aceleraría enormemente la producción de equipos susceptibles de salvar vidas y aseguraría una distribución más justa. Así como los países nacionalizan sectores clave durante una guerra, la guerra humana contra el coronavirus nos exige que “humanicemos” las cadenas de producción cruciales. Un país rico con pocos casos de infectados debería estar dispuesto a enviar los preciados equipos a un país más pobre con muchos casos, convencido de que, si más tarde necesita ayuda, otros países se la brindarán.

Consideremos un esfuerzo mundial similar para reunir personal médico. Los países hoy menos afectados podrían enviar personal médico a las regiones más afectadas del mundo, tanto para ayudarlos en sus momentos de necesidad como para adquirir una valiosa experiencia. Si más adelante el foco de la epidemia se desplaza, la ayuda podría empezar a fluir en la dirección opuesta.

La cooperación mundial es esencial también en el frente económico. Dada la naturaleza global de la economía y las cadenas de suministro, si cada gobierno obra por su cuenta haciendo caso omiso de los demás, el resultado será el caos y el agravamiento de la crisis. Necesitamos un plan de acción mundial, y lo necesitamos sin tardanza.

Otro requisito es alcanzar un acuerdo mundial sobre los viajes. La suspensión de todos los viajes internacionales durante meses causará tremendas dificultades y obstaculizará la guerra contra el coronavirus. Los países deben cooperar para permitir que al menos un pequeño grupo de viajeros esenciales sigan cruzando las fronteras: científicos, médicos, periodistas, políticos, empresarios. Se puede conseguir mediante un acuerdo mundial sobre preselección de viajeros en el país de origen. Si sólo se permite subir a un avión a viajeros cuidadosamente seleccionados, se estará más dispuesto a aceptarlos en el país de destino.

Por desgracia, los países apenas toman hoy alguna de esas medidas. Una parálisis colectiva se ha apoderado de la comunidad internacional. No parece que haya adultos en la sala. La celebración de una reunión de emergencia de los dirigentes mundiales para trazar a un plan de acción común habría sido deseable hace ya muchas semanas. Sólo a mediados de marzo lograron los dirigentes del G-7 organizar una videoconferencia, sin que por otra parte saliera de ella ningún plan en ese sentido.

En anteriores crisis mundiales (como la crisis económica de 2008 y la epidemia del ébola de 2014), Estados Unidos asumió el papel de líder mundial. Sin embargo, el actual gobierno estadounidense ha renunciado a la labor de liderazgo. Ha dejado bien claro que la grandeza de Estados Unidos le importa mucho más que el futuro de la humanidad.

Esa administración ha abandonado incluso a sus aliados más estrechos. Cuando prohibió todos los viajes procedentes de la Unión Europea, ni siquiera se molestó en notificarla con antelación, y mucho menos en llevar a cabo una consulta sobre una medida tan drástica. Ha escandalizado a Alemania ofreciendo supuestamente mil millones de dólares a una empresa farmacéutica de ese país para comprar los derechos monopólicos de una nueva vacuna contra la covid-19. Incluso si el actual gobierno estadounidense cambiara finalmente de rumbo y presentara un plan de acción mundial, pocos seguirían a un dirigente que nunca asume ninguna responsabilidad, nunca admite ningún error y que acostumbra a atribuirse siempre todos los méritos y achacar toda la culpa a los demás.

Si el vacío dejado por Estados Unidos no es ocupado por otros países, no sólo será mucho más difícil detener la actual epidemia, sino que su legado seguirá envenenando las relaciones internacionales en los próximos años. Sin embargo, toda crisis es también una oportunidad. Esperemos que la actual epidemia contribuya a que la humanidad se dé cuenta del grave peligro que supone la desunión mundial.

Debemos tomar una decisión. ¿Viajaremos por la senda de la desunión o tomaremos el camino de la solidaridad mundial? Elegir la desunión no sólo prolongará la crisis, sino que probablemente dará lugar a catástrofes aún peores en el futuro. Elegir la solidaridad mundial no sólo será una victoria contra el coronavirus, sino también contra todas las futuras crisis y epidemias que puedan asolar a la humanidad en el siglo XXI.

La Vanguardia

Traducción del artículo publicado en Financial Times: Juan Gabriel López Guix

https://www.lavanguardia.com/internacional/20200405/48285133216/yuval-ha...

 14 min


Con voz propia

Al seguir su cuarentena a fin de contener la pandemia que llegó para quedarse mucho tiempo, la mediocridad del apadrinado jefe del régimen deja de alardear su oficio de chofer de metro bus para dedicase a remolcar cava.

Vox populi era el Triángulo de las Bermudas, que para Venezuela dejó de ser misterio. Aquí se percató el Falcón-Aruba- Carabobo y había que ponerle freno. El 27 de febrero incautaron en isla caribeña una carga de 5 mil kilos de cocaína, enviada de Puerto Cabello. No bastó el escándalo ni detención de figurones “revolucionarios” y destituciones desde arriba de funcionarios regionales del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc)

Parodiando al castrismo, el castrense régimen advirtió: Llegó el usurpador Comandante en jefe y mandó a callar a quienes implicaban al “Drácula”, señalado como socio de Emilio Martínez, (a) Chiche Smith.

«¡Pa’lante! mientras la canalla ladra, es porque cabalgamos». A diferencia de Chávez que rechazaba al vampiro, como también le tildan, el paisano no escatima elogios. ¡Todo mi apoyo a Rafael Lacava!.

Deslinde intenta trazar el segundo líder y Presidente de la espuria Constituyente, Cabello Rondón, a quien indican enredado:

«Nadie crea que eso de Falcón y Carabobo son hechos aislados. No podemos permitir que narcotráfico se apodere de la política», advirtió en Con el Mazo Dando.

Rememoró que el Chiche Smith, «Fue sentenciado a 11 años y 9 meses en 1998 pero en vez de salir a trabajar, reincidió y ostentó bienes imposibles de justificar con negocio legal. Utilizó fundaciones como fachadas para meterse en barrios y en comunidades»

«Contra todo eso nosotros vamos». Advierte que operativo en Falcón y Carabobo tendrá réplica en otros lados.

Entre los presos antes de la solidaridad de Maduro con Lacava figuran jefes del Cicpc: José Domínguez y José Aldama, jefe de la Delegación y Supervisor de la Región Estadal. Se agregan los lacavistas Raúl Roberto del Gallego, con más de 70 empresas en EEUU y Orlando Silva, de quien el director del Cicpc, Douglas Rico, acredita como vinculado al organismo hace más de 20 años.

De las citadas detenciones dan cuenta la Oficina Antidrogas (ONA) y Guardia Nacional Bolivariana: “integran una organización que se dedica al tráfico ilícito de drogas”.

Del “Chichi” no se conoce paradero, al igual que su hermano Lindo Martínez.

Salvatore Lucchese, ex director de la policía municipal de San Diego (Carabobo), asegura que Lacava sabía del cargamento de cocaína incautado.

De acuerdo a reportes, las autoridades confiscaron varias propiedades millonarias, incluida la “Fundación Carmen Virginia Martínez” con otras lucrativas empresas.

Publicitan que gracias a la Fundación, Carirubana muestra una nueva cara, para lo cual emplean unos 160 trabajadores. ¿Y de dónde sale el dinero? El comentado Triángulo da la respuesta.

Los “marcados” movilizaron a personas a defender la Fundación, en Destacamento de la GN, ubicado en otro distante municipio, para exigir liberación del Pdte del organismo Héctor Martínez, sobrino del Chiche.

Dan designación de Tareck Zaidan El Aissami Maddah como Ministro de Petróleo, fortaleza de otro enérgico Triangulo: Caracas-Teheran-Paraguaná.

Controversial figura es de tal confianza de Maduro que lo puso a emularlo en doble nacionalidad, al ubicarlo de Vicepresidente Ejecutivo de la República en violación de la Carta Magna. Ha ocupado tan altos puestos que no calienta sillas.

El alboroto repercute nacional e internacionalmente. La procesión que coloquialmente consideraban andaba por dentro, la pusieron a marchar por fuera. Para opacar, recurren a lucha contra pandemia originada en China imperialista, orientadora del régimen.

Al MARGEN

Van 350 prisioneros del narco-régimen castrense por razones políticas. Más de la mitad son militares y unos 60 fueron presos desde el 8 de marzo, cuando apareció el primer coronavirus.

jordanalberto18@yahoo.com

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José Gregorio Meza

Todo ha cambiado con la llegada del nuevo coronavirus, advirtió el ex presidente de gobierno de España, Felipe González. América Latina, en especial Venezuela, debe prepararse para lo próximo por venir. “Ya se especula con el futuro, pero pocos reconocen que el panorama es demasiado incierto para hacer previsiones creíbles”, afirmó.

Señaló que Venezuela se ha convertido en un Estado fallido, gobernada por grupos mafiosos de todo tipo, que han provocado el éxodo de millones de personas. Dijo que a pesar de que la pandemia dificulta hacer oposición, hay acciones que se están implementando para lograr la vuelta de la democracia.

Indicó que no se puede depender solo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para lograr una salida.

Abogado, de 78 años de edad, González estuvo al frente del Ejecutivo de 1982 a 1996. Fue secretario general del Partido Socialista Español. En su agenda tomó un tiempo para responder un cuestionario que le envió El Nacional por correo electrónico.

—¿Cómo ha cambiado el mundo político y social a causa del coronavirus? ¿Volverá a ser lo mismo luego de la pandemia?

—Parece que lo único cierto es que habrá un antes y un después de esta pandemia. Por el momento las consecuencias sociales y económicas empiezan a ser de una envergadura superior a la crisis de 2008. Políticamente la tentación autoritaria es el elemento más claro de la crisis. Aunque estamos viendo comportamientos muy diferentes en distintos países y regiones del mundo.

—No creo que la situación posterior a la pandemia y sus consecuencias económicas y sociales sean como las anteriores a la propagación del virus.

—En Latinoamérica la pandemia azota a la mayoría de los países, pero en Venezuela las cifras oficiales indican que el avance es lento: ¿significa un triunfo del régimen de Maduro?

—A Latinoamérica la pandemia ha llegado más tarde que a Europa o a Estados Unidos y encontramos comportamientos muy diferentes de los gobiernos de la región. Aunque eso también ha ocurrido en Europa y en el propio Estados Unidos.

—El caso de Venezuela, también el de Nicaragua, responde a parámetros propios de los regímenes que encarnan. Venezuela, antes de la pandemia, ya era un país destruido por una tiranía que acabó con las instituciones democráticas, con las libertades, con el aparato productivo y con los servicios esenciales. Podríamos decir que sobre la epidemia que representa el régimen de Maduro, le ha caído encima una pandemia como la del covid-19.

—Ninguna información que proceda del régimen es confiable, ni sobre esta pandemia ni lo era antes la aparición de otras enfermedades que estaban prácticamente erradicadas en el país. El régimen de Maduro aumenta la represión y el control de la ciudadanía inerme ante la tiranía.

—Hay señalamientos sobre la oposición venezolana. Se dice que desapareció en esta crisis. ¿Depende de lo que pueda hacer Trump para ver luz al final del camino?

—No estoy de acuerdo con esa opinión. Es evidente que la dificultad para hacer oposición es aún mayor en medio de la amenaza del virus, pero también lo es que sigue habiendo iniciativas para salir de la crisis política, económica y social, con prioridad inmediata en la lucha contra la pandemia que están sobre la mesa.

—Siento decirle que, para mí, depender de Trump es tan aleatorio como su propio comportamiento en Estados Unidos frente a la pandemia. En Estados Unidos sigue habiendo un acuerdo entre demócratas y republicanos frente a la tiranía venezolana. Eso es positivo, como lo es contar con Estados Unidos para salir de este infierno venezolano, pero depender de Trump no lleva a ninguna parte.

—Se habla de que Maduro tiene férreo control sobre el estamento militar, sin embargo, se conoció de un intento de rebelión de un grupo de oficiales de la Guardia Nacional. ¿Será que no es tanto el control que ejerce la dictadura?

—Creo que hay más una apariencia de control que un control real. Es más, es Maduro quien depende de la cúpula militar, no es él quien controla a las Fuerzas Armadas. Históricamente hemos visto muchas veces como esa apariencia de desvanece como un castillo de naipes de la noche a la mañana. Claro que ha habido y habrá movimientos internos en las distintas ramas de las Fuerzas Armadas, hartos de servir de sostén a una tiranía arbitraria que destruye a Venezuela.

—¿Hasta qué punto el régimen de Maduro es una amenaza para la región dadas sus relaciones con el narcotráfico?

—Sin duda alguna lo es y no solo por sus vínculos con el narcotráfico y por el abuso sin límites de los recursos de Venezuela, convertida hoy en un Estado fallido en manos de grupos mafiosos de todo signo; pero también por haber provocado un éxodo de venezolanos que jamás se había visto en la región.

—Puede imaginar que la crisis migratoria de un millón y medio de personas huyendo de los conflictos en torno al Mediterráneo puso en jaque a la Unión Europea. Latinoamérica está soportando una presión mucho mayor con mucho menos nivel de renta y desarrollo. Solo en Colombia entraron más desplazados que en el conjunto de la UE.

—¿Qué papel debe jugar España en los próximos meses para garantizar una transición democrática en Venezuela? ¿Ve viable una contribución más activa del gobierno de Pedro Sánchez?

—No tengo responsabilidades institucionales para decir que hay que hacer por parte de España, pero creo que la posición que se definió frente a la ilegitimidad de Maduro y el reconocimiento de Juan Guaidó era el camino correcto, sobre el que hay que seguir dando pasos para ayudar a Venezuela en la necesaria transición democrática. Personalmente me gustaría, además, que hubiera una regularización urgente de los venezolanos llegados a España expulsados por la dictadura.

—¿Está Trump entrampado por cómo ha gestionado la crisis? ¿Qué se puede avizorar en el futuro de la oposición venezolana?

—El presidente Trump tiende a entramparse solo. Imagine dónde está su iniciativa norcoreana. Obviamente es deseable tener de parte de una salida democrática a Estados Unidos, incluso diría que muy importante, pero es peligroso fiar la salida democrática de Venezuela a los impulsos, cuando menos imprevisibles de Trump. A pesar de la crisis sobrevenida por la pandemia de este coronavirus, la oposición venezolana en general y Guaidó en particular, goza de apoyos muy amplios de los países libres del mundo.

—Brasil, Chile, Ecuador, Perú y Colombia han vivido situaciones bien complejas antes de la pandemia. ¿Cómo ve el retorno a la actividad cotidiana? ¿Sus mandatarios saldrán fortalecidos?

—Cada país de los que cita está gestionando la crisis con matices, pero asumiendo que tanto el tratamiento del virus como las salidas hacia lo que consideramos cotidiano, están llenas de incertidumbre. Me atrevería a decir que paradójicamente esa es la única certidumbre. Asumir la responsabilidad con humildad, respetando que lo más serio es seguir el criterio de los especialistas y no contraponer salud y economía, me parece un buen método para conducir la nave del Estado en esta crisis.

—Pero entre los citados por usted está Brasil, con su peso decisorio regionalmente y debo decir que el presidente Jair Bolsonaro aparece como una de las anomalías políticas que vemos frente a la pandemia. Parece que no sabe y que por eso su comportamiento es de desprecio a los que saben.

—Pero ningún líder puede anticipar si va a salir reforzado o no de esta crisis. Es más, creo que eso no es lo más importante para asumir responsablemente la gestión de la pandemia. El futuro de ninguno de ellos importa más que el de las sociedades que lideran en estos tiempos tan inciertos.

@josegremeza

Abril 29, 2020

El Nacional

https://www.elnacional.com/mundo/felipe-gonzalez-es-peligroso-fiar-la-salida-democratica-de-venezuela-a-los-impulsos-de-trump/

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Maxim Ross

Una crisis inédita como esta no podía dejar sino pensamientos que invocan severos cambios en la conducta de la humanidad, en los gobiernos, la comunidad científica y el ciudadano común y ya se están anunciando cambios profundos en nuestra manera de vivir, en especial todo aquello que tiene que ver con la necesaria cura de la actual pandemia, así como en lo referente a la necesidad de anticiparnos a nuevos sucesos similares.

El Estado y los sistemas de gobierno van a tener que revisar sus estructuras. La comunidad científica y todo lo vinculado al sistema de salud van por el mismo camino y, muy probablemente, veamos un giro importante en el enfoque de asistencia hacia las poblaciones mas vulnerables. Las instituciones internacionales tendrán que revisar su conducta y, muchas de ellas, serán ajustadas a ese nuevo paradigma que nos creó el ya famoso y mortífero virus. Por un lado, la respuesta no puede ser solo con mas dinero, de los gobiernos o de ellas, porque alguien va a tener que sufragar ese costo. Un cálculo que habría que hacer es evaluar si las pérdidas económicas y sociales del cierre no son mucho, pero mucho mayores, que los costos de un sistema de salud que incluya la previsión y la asistencia para mas gente que ahora, tanto para los servicios privados, como para los públicos.

Lo cierto es que un llamado a un nuevo orden mundial puede sonar grandilocuente y ya aparecen voces que se van a los extremos de criticar completamente el orden existente, poniendo en el “banquillo de los acusados” a la globalización, a las injusticias humanas y todo lo que se nos viene a la cabeza sobre el sistema que, medianamente o, quizás, sabiamente ha sostenido a la humanidad en este último siglo, pero en verdad a nadie se le ocurre que solo pudiéramos pedir un, modesto y humilde, regreso a la normalidad.

Desearía conseguirlo en dos direcciones. Una para el resto del mundo, pues quiero ver a la gente regresando a sus hábitos cotidianos, a los niños a sus escuelas, a los obreros y empleados a sus locales de trabajo y a mucha gente asistir a todo eso que nos vetamos este 2020, con un verano que se fue y espectáculos y eventos que dejamos de ver. Esa es la normalidad a la que aspiro y no a mucho más.

En Venezuela, sin embargo, quisiera pedir un poco más, ya que aquí la perdida de normalidad tiene dos caras. Esta que nos llegó ahora con el Covid, pero principalmente por la que hemos venido perdiendo desde hace tiempo, con el conflicto político por delante y las condiciones económicas, sociales y de seguridad personal que se han ido de las manos, tanto al gobierno, como a la sociedad en general. Con y eso, si en verdad me preguntan cual de las dos prefiero, con todo y virus, quisiera ver la normalidad que nos trajera un consenso político, un gobierno para todos, un rescate de esa Venezuela que se nos va hundiendo lentamente. Quizás sea ingenuo pedirlo, pero, ¿Quién sabe?

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