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Opinión

Mariza Bafile

El Covid-19 entró en nuestras casas con la fuerza de una tormenta. Y no solamente para infectarnos sino también para revolucionar nuestras rutinas y nuestra cotidianidad. Nos ha obligado a un encierro inimaginable hace solo pocas semanas. Si bien para la mayoría de las personas la prohibición de salir a la calle signifique un cambio en la manera de trabajar, de ocuparse de los quehaceres domésticos, de comunicar con parejas, familiares y amigos, para otros el encierro se puede transformar en un verdadero infierno.

En todos los países, sin excepción, está aumentando la violencia doméstica. Crece el número de mujeres, niñas, niños y adolescentes, quienes están expuestos a la agresividad de padres, maridos, amantes, hermanos. El encierro obligatorio, muchas veces agravado por la incertidumbre del futuro laboral, exacerba el malhumor, favorece un mayor consumo de alcohol y por lo tanto desemboca fácilmente en violencia. Como declaró a la agencia Efe la directora regional para las Américas y el Caribe de ONU Mujeres, Maria-Noel Vaeza, era previsible el aumento de la violencia hacia mujeres y niñas ante «el hecho de que el hombre no tenga acceso a fuentes de trabajo, tenga mayores frustraciones por no poder proveer para su familia, y carezca de distracciones como el deporte».

La Directora Ejecutiva de Onu Mujeres Phumzile Mlambo-Ngcuka, llamó esta realidad “la pandemia en la sombra”. Según datos de Onu Mujeres así como de las autoridades gubernamentales y las organizaciones que se dedican a ayudar a las mujeres y a los menores víctimas de violencia, las denuncias de violencia doméstica crecieron prácticamente en todo el mundo, desde Europa hasta Estados Unidos, América Latina, China, Australia. Si consideramos las cifras de quien no se atreve o no puede denunciar, entenderemos que el fenómeno tiene dimensiones aterradoras.

En su declaración la Directora Ejecutiva de Onu Mujeres Phumzile Mlambo-Ngcuka subraya: “En los últimos 12 meses, 243 millones de mujeres y niñas (de edades entre 15 y 49 años) de todo el mundo han sufrido violencia sexual o física por parte de un compañero sentimental. Y, con el avance de la pandemia del Covid-19, es probable que esta cifra crezca con múltiples efectos en el bienestar de las mujeres, su salud sexual y reproductiva, su salud mental y su capacidad de liderar la recuperación de nuestras sociedades y economías, y de participar en ella”.

Phumzile Mlambo-Ngcuka explica que la mayoría de las mujeres que sufren violencia no denuncian el delito y del 40 por ciento que se atreve a hacerlo solo el 10 por ciento acude a la policía. “Las circunstancias actuales – agregó la Directora Ejecutiva de Onu Mujeres – complican todavía más la posibilidad de denunciar, lo cual incluye las limitaciones de las mujeres y las niñas para acceder a teléfonos y líneas de atención y la alteración de servicios públicos como la policía, la justicia y los servicios sociales”.

Paralelamente Onu Mujeres alerta sobre las consecuencias que tendrá la crisis económica que parece inevitable a nivel mundial, en los sectores más vulnerables y en particular sobre las mujeres. Muchas trabajan en sectores como el turismo o la restauración, que ya están resintiendo los efectos del cierre de las ciudades y de los viajes, y muchas otras en la economía informal.

Considerando que, en los hogares, la mayoría de las mujeres se ocupa del cuidado de ancianos y niños, también es muy difícil la situación que viven quienes están obligadas a salir de sus casas para asegurar salud y bienes de primera necesidad a las poblaciones. Y no son pocas.

La Directora Ejecutiva Adjunta de ONU Mujeres Anita Bhatia dijo que: “según algunas estimaciones el 67 % de la fuerza de trabajo sanitario mundial corresponde a mujeres”.

A pesar de su esfuerzo y dedicación las mujeres están prácticamente excluidas del proceso de diseño y ejecución de la respuesta frente a la pandemia. Según Anita Bhatia esa realidad refleja la diferencia de participación entre hombres y mujeres en los órganos de toma de decisión, ya sean los gobiernos, parlamentos, gabinetes o corporaciones.

Muchos analistas, desde sus diferentes especialidades, están estudiando el momento actual para delinear la incidencia que puede llegar a tener en las sociedades e “imaginar” nuestro futuro. Hay previsiones optimistas y pesimistas, hay quien cree que este momento de pausa forzada nos ayudará a valorar más algunos aspectos de la vida como la amistad y la solidaridad, y que mejorará nuestra relación con la naturaleza y otros que prevén un recrudecimiento de sentimientos negativos como el nacionalismo, la xenofobia y el miedo al otro.

Imposible saber ahora como reaccionará la humanidad. Esperamos que acierten los optimistas, que, cuando de nuevo podremos reanudar la vida de siempre, podamos hacerlo con la consciencia de la necesidad de vivir en un mundo con una globalización más humana, más solidaria, más respetuosa del medio ambiente y de los animales.

Y esperamos que en ese nuevo contexto las mujeres logren tener el lugar que merecen, sin discriminaciones y sin violencia impune.

Abril 13, 2020

@MBAFILE

ViceVersa

https://www.viceversa-mag.com/la-pandemia-en-la-sombra/

 3 min


Daniel Lara Farías

Hemos decidido creerle a los que callan, cuando explican que su silencio se debe al miedo y no a la complicidad.

Por eso, no le exigimos a los dirigentes políticos venezolanos que nos expliquen por qué hemos tenido que soportar que la justicia de otros países sea la encargada de llamar criminal al régimen criminal. Por eso, nos hemos negado como sociedad a preguntarnos al menos, por qué tantos años de silencio.

Es como si se hubiese pactado no hacer preguntas, no exigir respuestas.

Una trama gigantesca de narcotráfico y legitimación de capitales en el estado Falcón. Ese estado escoge doce (12) diputados a la Asamblea Nacional, siendo opositores desde 2015 ocho (08) de esos doce (12). Ninguno de los ocho diputados opositores ha abierto jamás la boca, ni escrito una carta, un artículo o asomado una sospecha siquiera sobre el tema del narcotráfico en esa región.

En el estado Sucre, desde hace décadas el narcotráfico se apoderó de la vida económica, de las calles, de las embarcaciones, de la pesca, de la navegación. De los diez (10) diputados de la región, seis (06) son opositores. Varios de ellos, declaradores de oficio: se les ve al menos una vez por semana hablando de lo humano y lo divino en prensa, redes, etc. Del narcotráfico, ni una palabra.

Como si el tema no existiese.

Silencio como norma.

Pero es que cada sociedad tiene los políticos que ella misma se forjó. El mismo silencio que consigue un periodista cuando va a San Juan de las Galdonas, en el municipio Arismendi del estado Sucre, es el mismo silencio que se guarda en Bolívar o en Porlamar o en Carirubana o en Maicao. Una sociedad que decidió callar, y en casos donde el problema hizo gangrena, se pasó del silencio a la colaboración abierta o velada.

No traigo a colación el caso de San Juan de las Galdonas por casualidad. Es que esa población, ese municipio y ese estado, son paradigma de la pérdida territorial que la Nación sufre, con el narcotráfico y las mafias como victimarios. Allí, en ese municipio, se han vivido guerras a tiros que han durado días, semanas, en rencillas entre los capos que dominan la zona. Un joven alcalde, Enrique Franceschi, fue asesinado a puñaladas en su casa y después de matarlo físicamente, lo mataron moralmente hablando de un caso pasional. Luego, lo mataron históricamente al no hablar nunca más de su caso. Ni su propio partido, Acción Democrática, lo nombra.

¿A que se debe ese silencio?

¿Por qué en época electoral salen dos candidatos por partido, pero nunca se habla del tema de fondo, que es el control territorial y económico, para no hablar del militar y policial, del narcotráfico en el país?

Es más sencillo de lo que parece: porque así como la señora que vende empanadas en la orilla de la playa en Puerto Santo prefiere callar sobre el tema porque sus dos hijos son lancheros del narco, de la misma manera preferirá al político que se calle sobre el tema. Y el político calla, pues comprende la situación. Porque quizás sus hijos, hermanos, compadres o financistas están tan metidos en el narcotráfico como los hijos de la empanadera.

Mientras tanto, pobladores de las costas de Sucre cuentan por cientos la cantidad de lancheros oriundos de la región presos en cárceles europeas por delito de tráfico de drogas.

Y esa es otra evidencia de la que no se habla en Venezuela.

Y ahora ¿Qué hacemos con la verdad?

Es ahora cuando la sociedad, responsablemente, tiene que empezar a mirarse a sí misma de forma crítica. Se ha construido un Narcoestado a la vista de la sociedad. El silencio ha sido el cemento que ha unido los ladrillos de esa construcción infame. La vista gorda causó lo de siempre en estos casos, sea en Zulia, Falcón, Carabobo o Sucre.

Sea el caso Vargas, con Carneiro como gobernador y líder del cartel de los soles y con sus secuaces bien engranados en la administración regional, con las guerras entre bandas que dejaron en el camino a alguien que se le alzó: El “Pastor” Freddy Romero, ex “pran” de El Rodeo conocido como Alias Kike. Su cuerpo apareció quemado en una carretera mirandina después de pelearse con Carneiro. Para controlar el poder de Carneiro le mandaron nada más y nada menos que al hermano de Clíver, Carlos Alcalá Cordones. Llegó a ser alcalde un período. Y allí sigue Carneiro mandando.

Lo de Carabobo es no solo silencio, sino también amnesia. Porque la construcción del poder del narcotráfico en ese estado, al igual que en Vargas, tuvo un desarrollo lento pero sostenido de más de cuarenta años. Empresas fachada, prósperos empresarios de las traganíqueles, de la construcción, de la aviación y del sector comercio, nunca fueron rechazados ni en el Jockey Club ni en el Aeroclub de Valencia ni en la intensa vida social de la región. Hoy veremos cómo aparecerán amnésicos de ayer echando el cuento a su manera, culpando a otro y desviando la atención de la realidad: una clase política de todo color y de toda posición obvió, silenció y hasta participó en la construcción del poder del narcotráfico en la región.

Y así en Falcón, territorio que desde tiempos coloniales ha vivido del contrabando hacia y desde las islas holandesas. Y en Zulia, donde ningún político opositor ha hablado jamás de la Familia Meleán y sus actividades, ni de la legitimación de capitales a través de la compra a asediados propietarios de fincas, fundos y haciendas a precios viles, impuestos por la ley del fusil.

De eso no hablará jamás ningún dirigente del Nuevo Tiempo de Rosales, que estuvo desde 2000 hasta 2017 en el poder estadal y municipal zuliano. Tampoco hablará la Primero Justicia de los Guanipa, que llevan 30 años haciendo política en la región sin hablar de narcotráfico.

Ni lo dirá Voluntad Popular, el partido de Lester Toledo en la región. Faltaba más.

¿Ha escuchado usted al gobernador “opositor” de Nueva Esparta, decir una palabra sobre el narcotráfico que opera en la isla a sus anchas, colocando cocaína y marihuana de origen colombiano en territorio europeo, como indican reportes oficiales de autoridades de este continente? ¿Lo ha escuchado hablar de la presencia de radicales islámicos de Hizbollah, afincados en la isla desde al menos 1997? ¿Escuchó hablar del tema al gran jefe indio de la ínsula, Morel Rodríguez, gobernador en siete oportunidades de la región?

Pero más importante aún es esta pregunta: ¿Exigió usted, ciudadano de Carabobo, Falcón, Vargas, Nueva Esparta o Zulia, o de cualquier lugar de Venezuela, respuestas ante el avance del narcotráfico?

¿Usted tampoco lo vio?

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Alejandro J. Sucre

Así como Nelson Mandela apalancó en los juegos de rugby la oportunidad para unir el país que le tocó liderar luego del apartheid, hoy Venezuela puede aprovecharse del gran equipo de profesionales que dirigen las instituciones de mercado de capitales, para unir a nuestra nación en un nuevo impulso de inversiones. Debido a que el gran campeonato mundial de rugby se llevaría a cabo en Suráfrica, donde vendrían a competir varios países de la mancomunidad inglesa, Mandela aprovechó tal ocasión para explicarle a todo el pueblo desunido y esparcido por tantas diatribas del pasado, que había que prepararse y unirse para ganar el torneo. Que debían escogerse los mejores jugadores sean blancos o negros, ricos o pobres, sean anti o pro apartheid del pasado. El pasado es el pasado y el futuro exige que todos ciudadanos se unan para aupar al equipo de Suráfrica. Este solo evento sirvió a Mandela para encender una chispa que provocara un sentimiento de destino común, de objetivos comunes, de reconciliación para lograr resultados y de que los logros sólo se obtienen con el trabajo en equipo.

En nuestra Venezuela, a pesar de la confrontación política, ha surgido un consenso "de facto" que es: abrir la economía y permitir cada vez más que opere la iniciativa de los ciudadanos y los mercados libres. La economía se ha abierto y ha sido aceptada y promovida por el partido oficial. Por los partidos de oposición también. Todos ahora sabemos el potencial y las limitaciones de la economía de mercado y de la estatizada. El consenso es que para crear empleos hace falta el impulso de la libre iniciativa y de la creatividad de los ciudadanos y de los equipos que se organizan en empresas para hacer realidad la producción. Y gracias al Covid-19 todos sabemos también las limitaciones que presenta modernamente la economía de mercado, cuando observamos que incluso en EEUU y Europa, el Estado interviene para salvar a la empresas privadas, empleos y para proveer bienes e infraestructura publica.

En nuestro país hoy tenemos unas autoridades en el sistema de mercado de valores que escuchan y tramitan los proyectos de los ciudadanos y estos pueden hacer que poco a poco el país se unifique en una dinámica imparable de inversiones. Sunaval, la Bolsa de Valores de Caracas, empresarios, empresas emisoras, casas de bolsa, Caja Venezolana de Valores, Cajas de Ahorros, sistema de bancos, Conapri, abogados, contadores, periodistas y todos los responsables de estas instituciones conocen la necesidad de iniciativas ciudadanas, de capital y de inversiones en el país. Los promotores y empresarios debemos acercarnos a las autoridades de las distintas instituciones que componen el mercado de valores venezolano y presentar proyectos e iniciativas tratando de hacerlos realidad a través de gestiones ante las autoridades actuales. Estas autoridades irán poco a poco mostrando a cada uno de los lideres políticos nacionales y extranjeros en todos los campos, los pequeños pasos que cada uno tiene que dar para abrir ir abriendo las compuertas y generar un gran impulso productivo en Venezuela. La necesidad de iniciativas e inversión se exponencia después de Covid-19, no solo para superar la escasez de gasolina, de infraestructura, o para recuperar las 500 empresas del Estado y para capitalizar empresas privadas, sino también para impulsar a nuevos promotores.

Como venezolanos podemos contribuir a un nuevo impulso de la economía nacional presentando nuestros proyectos a nuestras instituciones del mercado de valores y a través de ellos movilizar a todos los decisores nacionales e internacionales para así participar con significación en el campeonato mundial de comercio exterior. El Covid-19, desplazará de Asia la fabricación de muchos productos hacia nuestro continente.

Twitter@alejandrojsucre

https://www.eluniversal.com/el-universal/68506/venezuela-se-unira-a-trav...

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Carlos Raúl Hernández

Para Angel Rangel, quién me acercó al tema

El Covit-19 convirtió la palabra ¡cuídate! en sustituto de saludos y despedidas. Pensar que personas queridas corren riesgos o están el peligro –cosas diferentes- la convierte en deseo salido de lo más recóndito, del órgano de la fuerza vital para los griegos, el corazón. Dice el fundador de la sociología del riesgo, Ulrich Beck: riesgo asumen los que dirigen y peligro corren los dirigidos. El chofer irresponsable que al frente de un autobús con sesenta personas pasa otro vehículo en curva, toma un riesgo consciente (aunque sea un “inconsciente”) y pone en peligro vidas que dependen de él.

Quien sale sin mascarilla se arriesga, y sus familiares y paseantes, peligran. Si desde La Bauhaus y el diseño industrial, se construye conforme patrones estéticos, la sociología del riesgo empapa la vida moderna y nada se hace sin agotar el estudio de los peligros para los usuarios, la población en general, y prever los elementos para su cuidado, su cura.

De allí términos técnicos popularizados por el uso: contingencia, plan B, siniestralidad, vías de evacuación, resiliencia, control de daños, riesgo residual. El estudio del riesgo político, ayuda a evaluar a los que aspiran liderazgo, y es de mucha utilidad en era de populismo, antipolítica, neopolítica y sus hijas legítimas, post verdad, fake news, xenofobia, antiglobalización, corrección-política, diferencialismo.

La tontería arrastra incluso a importantes creadores de opinión con el perogrullazo de que la sociedad “no estaba preparada para la pandemia”. No estaba ni nunca podrá estarlo para una contingencia que obligaría a que cada país mantuviera millares de salas de terapia intensiva y respiradores ociosos con costos impagables, por si acaso.

El irresponsable en acción
Pero la sociedad enfrentó el reto, pese a mermados mentales, ideólogos e irresponsables en el poder, otra contingencia imprevisible. Tan mal los socialistas españoles como los conservadores británicos. Uno que se burla del confinamiento contra la pandemia. Otro convoca a las calles para pedir un golpe de Estado contra el Congreso y la judicatura. Un tercero llama a la población desarmada a una insurrección o un golpe de Estado y pide sanciones económicas para su país.

Esas son desgracias que las sociedades propician, por poner su confianza en manos de politiqueros. Los aspirantes a líderes deben esmerarse en el cuidado de sus dirigidos. En la mitología romana cuando Júpiter creó al hombre, hubo una importante polémica entre los dioses. Como lo hizo de arcilla, Tellus (la diosa tierra) lo reclamó para ella. Pero Júpiter, quien lo creó por su voluntad y le otorgó el alma, defendió su derecho.

Finalmente acordaron que, al morir, el cuerpo volvería al barro y el alma a su creador. Pero irrumpe Cura (el cuidado, la prudencia) y aclara que aceptaba el acuerdo, pero si querían que la criatura sobreviviera, debía estar bajo su mando en el mundo. Después, podrían tomarla Júpiter y Tellus. El clásico del siglo XX, El Padrino (Coppola-Puzo:1972), retomado en cuarentena, pone las categorías en movimiento y corrobora que el poder triunfante conjuga voluntad y cura.

Don Corleone no apoya el tráfico de drogas en Nueva York, contra otros jefes de la mafia, una decisión racional de alto riesgo. El argumento es contundente: perderían así el respaldo o la indiferencia de policías, políticos, jueces y eclesiásticos que no se metían con apuestas, casinos, venta de alcohol o incluso trata de mujeres, pero que si combatirían el narcotráfico.

Acción y reacción
La reacción es el atentado contra Don Corleone y el asesinato de Luca Brasi, uno de sus hombres de confianza. Los gánsters del agonizante Don Vito no saben qué hacer y se acobardan, pero Michael Corleone (Al Pacino) entiende que el dilema no es entre guerra y paz, sino entre ganar la guerra o desaparecer. O se imponían, o se extinguían los Corleone. Tuvo razón frente al desconcierto de la familia y eso lo convirtió en el nuevo Padrino.

La prudencia sin voluntad para luchar conduce al fracaso, la rendición, tal vez Tom Hagen (Robert Duvall), il conciglieri, en un momento de la obra. La prudencia vacía, sin voluntad, que renuncia al objetivo, pierde todo, deja que otros nos arrastren a lo que no deseamos, por no actuar. Sacrificamos fines esenciales para nuestra realización. Igual fracaso es la acción sin prudencia ni cuidado. Sin cura.

Sony (James Caan) el primogénito y heredero del poder Corleone, por su desbarajuste y falta de cuidado, deja indefenso a su padre herido en un hospital, incurre en el ridículo en reuniones serias de los capos y se hace matar en una reacción de violencia irresponsable por un incidente doméstico. Michael, por el contrario, encarna con su padre la voluntad con cura, la capacidad para obtener los objetivos de la manera eficaz y eficiente, al menor costo.

Toma decisiones de alto peligro para sí mismo, como ponerse en manos del gánster Sollozzo y del narcotraficante jefe de la policía, para liquidarlos con sus manos en una cena. Este episodio es esencial para ver cómo el cuidado no consiste en eludir acciones difíciles sino hacerlas bien. Todo paso implica riesgos y quien no los da, no vive. Según Pascal los problemas nacen de que la gente no se queda quieta en su hogar.

@CarlosRaulHer

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Julio Dávila Cárdenas

En un reciente libro escrito por Enrique Viloria Vera, titulado Infierno Bolivariano, Abdón Vivas Terán, autor del prólogo del mismo, dice con sobrada razón que la crisis económica que se vive en Venezuela “es cuidadosamente pensada, meditada y ejecutada sistemáticamente por el régimen. El objetivo trazado es el desmantelamiento del sector productivo nacional, la abolición progresiva del derecho de propiedad sobre medios de producción y la desintegración de la economía de mercado, que con todas las imperfecciones conocidas, se ha aplicado en Venezuela.”

Ahora bien, hay quienes señalan que la crisis es producto de la incompetencia, de la falta de conocimiento de quienes ejecutan las políticas del régimen, sin embargo, para acabar con todas las instituciones existentes y crear al “hombre nuevo” no hace falta pensar, sino destruir. Cuando se desea arrasar con una edificación lo único que se requiere es contar con el instrumento necesario para ello y cualquier obrero de la construcción sabe que a fuerza de mandarriazos puede derribar lo que le pongan por delante. Hay que recordar a quienes dicen con el mazo dando, que con ese mazo al país lo están acabando.

La tarea de destrucción no se refiere únicamente a la parte económica, también se pretende derribar lo social, político, las instituciones, lo moral, valiéndose para ello de la destrucción del Estado de Derecho, de la incautación o compra de medios de comunicación y del apoyo a grupos armados de delincuentes con el propósito de sembrar el terror entre los ciudadanos, sin olvidar a la corrupción.

El régimen pretende, al mejor estilo nazista, que la hiperinflación existente, la carencia de servicios públicos, la falta de mantenimiento del sistema de salud, de las vías de comunicación, la destrucción de Pdvsa con la inevitable consecuencia de la falta de combustibles y con ello la imposibilidad de trasladar los alimentos del campo a la ciudad, en definitiva la siembra del hambre; es producto de las sanciones impuestas por el gobierno norteamericano, sin decir, por supuesto, que dichas sanciones han sido en su gran mayoría en contra de los funcionarios del régimen acusados de corrupción, vinculación al narcotráfico y al terrorismo.

El afán de mantenerse en el poder a costa de lo que sea, ha producido las persecuciones arbitrarias en contra de quienes disienten. A diario crecen las detenciones por motivos políticos y por el temor del régimen a las manifestaciones públicas de diferentes sectores, incluido el militar.

Mientras más oscura es la noche, más luminoso será el amanecer. Probablemente la desesperación conduzca a mayores represalias pero inevitablemente la libertad volverá a nuestro país más temprano que tarde porque como bien dice el refrán No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Y ya, con el socialismo del siglo XXI llevamos más de 21 años y fíjense dónde estamos.

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Los máximos representantes de estados como Miranda, Aragua, Carabobo y Lara, acordaron decretar el estado de alarma en sus respectivas regiones con medidas como el toque de queda. También alcaldes como el de Chacao habían adoptado medidas similares en días pasados. Esto, en términos futbolísticos, sería el equivalente a jugar en posición adelantada.

Acceso a la Justicia considera que a los mandatarios locales y regionales que han impuesto toques de queda aprovechando el estado de alarma, un árbitro, es decir el Poder Judicial, debería pitarles una falta. ¿La razón? Ni la Constitución de 1999 ni las leyes les permiten a estos funcionarios imponer medidas que afecten derechos constitucionales como el libre tránsito (artículo 50 de la Carta Magna).

El artículo 337 del texto fundamental establece claramente que el único facultado para decretar un estado de excepción es el presidente de la República en Consejo de Ministros, una competencia que está ratificada por el legislador en la Ley Orgánica de Estados de Excepción, cuando señala que las medidas que podrán adoptarse en virtud de un estado de excepción (artículo 15) solo corresponden al Poder Ejecutivo Nacional, por lo que no es posible que una autoridad distinta a este pueda asumir alguna competencia o ejercer una actuación en el contexto de una situación excepcional.

Por si fuera poco, el artículo 236.7 constitucional señala que el jefe de Estado es quien tiene la competencia para declarar «los estados de excepción y decretar la restricción de garantías en los casos previstos en esta Constitución».

Como se ve, el marco legal vigente no otorga a los gobernadores ni a los alcaldes la potestad de ejercer poderes extraordinarios ni implementar mecanismos que restrinjan garantías constitucionales en sus ámbitos geográficos, como la libre circulación de personas; así lo ha dejado en claro también la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, al declarar inconstitucionales diversos artículos de constituciones estadales que daban al gobernador de la entidad correspondiente la potestad de dictar estados de emergencia o estados de alarma.

La instancia dictaminó lo siguiente en su sentencia n.º 1.729 del 10 de diciembre de 2013, en la cual anuló parte de la Constitución del estado Guárico:

« La competencia para legislar y regular los estados de excepción y las medidas que pueden adoptarse con base en los mismos, corresponde a la Asamblea Nacional, así como el régimen de riesgos y emergencias, al Poder Público Nacional, por lo que la competencia de los Poderes Públicos y el ejercicio de sus competencias, debe ser ejercida de acuerdo a lo previsto en la Constitución y el marco legislativo nacional que lo desarrolla » .

Solo para ejecutar

En el marco de la actual crisis sanitaria, el presidente de la República puede restringir las garantías constitucionales, de acuerdo al artículo 236.7 de la Carta Magna, y es quien puede limitar la libre circulación en el país, una facultad que debe ejercer por intermedio de decretos leyes, actos generales que tienen rango legal los cuales deben estar cuidadosamente motivados y oportunamente publicados en la Gaceta Oficial.

Al respecto, el artículo 7 del decreto que impone el estado alarma dispone expresamente que quien ocupa la jefatura del estado «podrá ordenar restricciones a la circulación en determinadas áreas o zonas geográficas, así como la entrada o salida de éstas, cuando ello resulte necesario como medida de protección o contención del coronavirus COVID-19».

No obstante, la resolución hace la salvedad de que el Ejecutivo nacional podrá delegar su ejecución total o parcialmente en los gobernadores y alcaldes, comandantes de guarnición o cualquier otra autoridad debidamente constituida. En 2015, la Sala Constitucional precisó que la delegación en estos casos debe ser entendida como la obligación que tienen los gobernadores y alcaldes «de asegurar su cumplimiento en atención a la naturaleza propia de sus funciones como jefes de gobierno en los niveles respectivos, en apego al principio de colaboración de poderes previsto en el artículo 136 de la Carta Magna».

Así las cosas, los gobernadores y alcaldes están obligados a asegurar el cumplimiento de lo decidido por el Poder Ejecutivo, pero en ningún caso el estado de excepción puede ser interpretado como un cheque en blanco para dictar o ejecutar otras medidas. Un estado de excepción no legitima la posibilidad de adoptar decisiones fuera del marco constitucional.

Acceso a la Justicia advierte además que la adopción de cualquier restricción de derechos debe guiarse por el principio de proporcionalidad, es decir, que cada medida que se tome debe ser acorde a la magnitud del problema a atacar. Así, por ejemplo, ordenar que nadie salga de su casa en una semana sin excepción alguna sería desproporcionado y atentaría contra otros derechos humanos en la medida en que todos los ciudadanos pueden tener emergencias o necesidades básicas que atender, como la compra de medicinas o recibir un tratamiento como la diálisis.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

La pandemia de la COVID-19 parece estar siendo aprovechada por las autoridades para cometer toda serie de ilegalidades y atropellos contra la ciudadanía. Así tenemos a autoridades locales y regionales adoptando medidas que solo le corresponden al Gobierno Nacional, sin que este y la justicia tomen cartas en el asunto.

También son alarmantes las numerosas detenciones arbitrarias como consecuencia del supuesto incumplimiento de la cuarentena, tal como lo ha denunciado Foro Penal, o simplemente por informar, como ha ocurrido con periodistas o trabajadores del sector salud.

A un mes desde que el régimen de Nicolás Maduro declaró el estado de alarma, las violaciones de los derechos humanos continúan e incluso aumentan notablemente, y sin duda dejan a los venezolanos en un estado de indefensión, más allá de los propios riesgos y peligros que representa el virus para la salud y la vida. Recordemos que la represión y la arbitrariedad no curan pandemias.

https://www.accesoalajusticia.org/gobernadores-y-alcaldes-han-jugado-posicion-adelantada-durante-el-estado-de-alarma/

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Una de las primeras referencias que tratan el problema de la alimentación de la población mundial, o quizás la primera, es la de Thomas Robert Malthus (1776-1834), un filósofo y clérigo inglés cuya gran obra fue: “Ensayo sobre el principio de la población”, en la cual afirma que la población tiende a crecer en progresión geométrica, mientras que los alimentos solo aumentan en progresión aritmética, por lo que la población se encuentra siempre limitada por los medios de subsistencia. En relación a esto, escribió: “Un hombre que nace en un mundo ya ocupado, si sus padres no pueden alimentarlo y si la sociedad no necesita su trabajo, no tiene ningún derecho a reclamar ni la más pequeña porción de alimento (de hecho, ese hombre sobra). En el gran banquete de la naturaleza no se le ha reservado ningún cubierto. La naturaleza le ordena irse y no tarda mucho en cumplir su amenaza”.

El pensamiento malthusiano mostraba, que el control de los nacimientos, permitiría superar el hecho de que la limitación de los medios de subsistencia pudiera conducir a una hambruna mundial.

Algo más de un siglo después de la muerte de Malthus, aparecen los primeros trabajos de Norman Ernest Borlaug (1914-2009), un ingeniero agrónomo estadounidense considerado el padre de la agricultura moderna y de la Revolución Verde, y llamado por otros como “el hombre que salvó mil millones de vidas”. Los trabajos de Borlaug y su equipo, consistieron básicamente en el mejoramiento genético de especies de trigo, maíz y arroz, para producir cultivares más resistentes a climas extremos y a plagas; además del uso de maquinarias y equipos agrícolas, y la aplicación de fertilizantes, plaguicidas y riego.

Con esos avances, a partir de los años cincuenta del siglo XX, se logró incrementar considerablemente la productividad agrícola y la producción de alimentos. Se creó el CIMMYT (Centro Internacional para el Mejoramiento del Maíz y el Trigo) en México, liberando nuevos cultivares de maíz y trigo, que en caso de este último el rendimiento en el país azteca pasó de 750 kg/ha en 1950 a 3.200 kg/ha en 1970. En el IRRI (International Rice Research Institute) se liberó la variedad de arroz IR-8 y luego la IR-36, ambas semi enanas, con rendimientos superiores a 10 veces los de las variedades tradicionales. En conclusión, entre 1940 y 1984, la producción mundial de granos aumentó en 250%.

Más recientemente, Gurdev Khush, un ingeniero agrónomo nacido en el año 1935 en la India, recibió en 1996 el World Food Prize por sus logros en incrementar y mejorar la suplencia mundial de arroz durante un tiempo de crecimiento exponencial de la población.

Entonces, la Revolución Verde ha sido una respuesta contundente a la teoría de Malthus, y en lugar de buscar una solución al desabastecimiento de alimentos por la vía del control de la natalidad, se busca la vía de producir mayor cantidad de alimentos por unidad de superficie, para poder saciar las necesidades de una población en crecimiento.

Sin embargo, al tiempo que las nuevas tecnologías incluyendo el uso de organismos transgénicos, logra todos esos resultados positivos, comienzan a aparecer movimientos que luchan por la disminución del uso de agroquímicos; y a criticar la Revolución Verde desde los puntos de vista ecológico, económico, cultural y nutricional. De inmediato Borlaug responde a esos grupos de presión ambiental, lo cual se puede resumir de la siguiente manera:

algunos de los grupos de presión ambiental de las naciones occidentales son la sal de la tierra, pero muchos de ellos son elitistas. Nunca han experimentado la sensación física de hambre. Ellos hacen su trabajo de cabildeo desde cómodas suites de oficina en Washington o Bruselas…..Si vivieran solo un mes en medio de la miseria del mundo en desarrollo, como he hecho por cincuenta años, estarían clamando por tractores y fertilizantes y canales de riego y se indignarían que elitistas de moda desde sus casas les estén tratando de negar estas cosas”.

En la actualidad, la población del mundo ha continuado creciendo, estimándose que de más de siete mil millones de habitantes de hoy, se pasará a unos nueve mil ochocientos millones de habitantes para el año 2050. Junto a eso, un grupo de fenómenos naturales ayudados por acciones antrópicas, la aparición de plagas como la langosta que está azotando buena parte de Asia y de África, y ahora la presencia del Covid-19, están favoreciendo una importante disminución de la producción mundial de alimentos y su distribución, conduciendo a incrementar los problemas de desnutrición.

El Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, David Beasley, acaba de advertir en el Consejo de Seguridad, que además de la pandemia por coronavirus, el mundo también está al borde de una pandemia de hambre que podría conducir a hambrunas múltiples de proporciones bíblicas en unos pocos meses si no se toman medidas inmediatas. Dio las siguientes cifras: al día de hoy 821 millones de personas se acuestan con hambre todas las noches en todo el mundo. De ellos, 135 millones sufren crisis alimentaria severa o fatal. Otros 130 millones podrían llegar al borde de la inanición para fines de 2020.

Esas cifras amenazantes nos involucran directamente a los venezolanos, ya que en la información del PMA, Venezuela es el cuarto país del mundo más afectado por la desnutrición. Esta situación, unida a la crisis de nuestra agricultura que ha venido en descenso en los años más recientes, no cubriendo ni el 20% de los requerimientos alimenticios de la población, y en estos momentos sufriendo la crisis de la cuarentena por la pandemia del coronavirus y la escasez y vil manejo del suministro de gasolina y gasoil, que obligan a los productores a estar alejados de los campos y no poder operar maquinarias y equipos agrícolas, además de la falta de insumos básicos para la producción, obligan a que la agricultura sea considerada prioritaria en las decisiones del régimen que gobierna al país.

Para evitar una hambruna nacional, tenemos que ir inmediatamente al campo y tratar de ser muy eficientes para lograr altos rendimientos y proteger al máximo al ambiente. Aplicar las mejores tecnologías que disponga cada agricultor, racionalmente. No es momento para discutir sobre el impacto ambiental de los fertilizantes y plaguicidas, ya que si se utilizan racionalmente, su impacto es mínimo y tolerable. Quizás sea necesaria otra Revolución Verde, la cual además de aplicar los mejores desarrollos tecnológicos del momento, aplique políticas que conduzcan a un crecimiento de la producción de alimentos y su distribución en todo el territorio nacional. Mejor aún, una Revolución Verde que sustituya a la roja y venga con un nuevo gobierno de libertades, que considere a la agricultura como una verdadera prioridad para el desarrollo del país.

Sin fertilizantes es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

Abril de 2020

pedroraulsolorzano@yahoo.com

www.pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

En Amazon está a la venta el libro del autor: “Fertilidad de suelos y su manejo en la agricultura venezolana”. Tiene información muy útil para mejorar la práctica de fertilización de los cultivos, con miras a una mayor productividad y a un mejor trato a los suelos y al ambiente en general, https:/www.amazon.com/dp/1973818078/

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