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Opinión

Sergio Gómez Maseri

Para hablar de drogas y Venezuela quién mejor que William Brownfield, por casi una década encargado de la política antinarcóticos de EE. UU. en el Departamento de Estado y embajador de su país ante Caracas.

En entrevista con este diario, Brownfield analiza la nueva estrategia de Washington para forzar la caída del régimen de Nicolás Maduro y dice que, en cierto sentido, lo anunciado la semana pasada es la aplicación de la llamada ‘opción militar’ en este Siglo XXl.

Advierte, a su vez, que el plan de transición a la democracia en Venezuela que presentó EE. UU. exige la salida total tanto del Eln como de las disidencias de las Farc, incluyendo a sus líderes que llevan años escondiéndose bajo la sombra del chavismo.
Algunos ven en el despliegue de fuerzas anunciado la semana pasada un preludio de lo que sucedió en Panamá a finales de los años 80. ¿Es eso lo que está pasando?

Es peligroso interpretar de esa manera lo que sucedió, especialmente para aquellos en Venezuela y para la oposición creer que están próximos a ver una especie de intervención internacional como esa que menciona. No creo que eso vaya a suceder y es importante que la oposición siga concentrada en los pasos que deben tomar para acabar con esta tragedia. No deben contar con que EE. UU. u otro entrará a solucionarles los problemas que tienen.

¿Lo que quiere decir es que no hay apetito en Washington para una intervención de esta naturaleza?

Lo que diría también es que no estamos en 1989. Han pasado 31 años y hay muchas opciones militares que no se parecen a las del último siglo y no requieren miles de soldados desembarcando en las playas de Venezuela y marchando hacia Miraflores.

Hay formas de hacer intervenciones indirectas o usando tecnología, de causar trastornos a la cadena de mando, de establecer zonas humanitarias en la frontera o de ataques de precisión que se pueden lanzar desde miles de kilómetros de distancia si se quiere mandar un mensaje sin poner en riesgo a la población. No es que no exista apetito de ningún tipo. Lo que hay son muchas opciones disponibles que son diferentes a esas que se mencionan.

Pero EE. UU. ha dicho que esto es una operación eminentemente antinarcóticos. ¿Lo que usted nos dice es que quizá es más que eso y va dirigido a sacar a Maduro del poder?

Puede ser parte de esa misma aproximación. Es algo que se hace por fuerza del territorio de Venezuela en aguas y espacio aéreo internacionales y que se hace entre muchos países entre ellos Gran Bretaña, Holanda, Francia y valga decir, Colombia. Se está usando mucha tecnología en lugar de una gran fuerza para lograr sus objetivos y está diseñada para enviar un mensaje y golpear a aquellos en Venezuela que usan su posición para lucrarse con millones de dólares provenientes de actividades criminales.

Es la aplicación de la opción militar en el contexto del siglo XXl. Es por eso, además, que pienso que se deben mirar los tres anuncios hechos por EE. UU., en estos días (despliegue naval, cargos por narcotráfico contra Maduro y su entorno y el plan de transición a la democracia que presentó el Departamento de Estado), como un paquete de acciones con un mismo fin.

Se deben mirar los tres anuncios hechos por EE. UU., en estos días como un paquete de acciones con un mismo fin

¿Explíquenos como se relacionan esas tres medidas?

En su conjunto mandan un mensaje, y este es que las cosas se van a poner mucho más difíciles para el régimen, para Maduro y sus aliados, pero que hay una salida, una hoja de ruta que permite salir de esta situación y que es democrática, que es aceptada para una mayoría de países y que ofrece a la mayor parte del círculo de Maduro una amnistía. De eso se trata.

¿Qué les dice a los que piensan que la única razón por la que el presidente Donald Trump está apretando en Venezuela es porque quiere asegurar una victoria en la Florida, donde viven muchos venezolanos exiliados y el tema es popular entre el anticastrismo?

Aunque no es imposible, en este momento EE. UU. está en medio de una pandemia mundial y creo que pocos están pensando en eso. Sin duda es un mensaje político, pero para Maduro y su gente. Y es que aun si no quiere salir de manera voluntaria hay un marco desarrollado que permite hacerlo a un lado y que le garantiza a los que lo hagan que pueden sobrevivir a esto sin que se les castigue por lo que hicieron en el pasado.

Hay quienes dicen que la estrategia tiene serias contradicciones por que al parecer elimina cualquier incentivo para Maduro y su entorno de negociar ahora que saben que su futuro puede ser una cárcel en EE. UU.

Cuando salieron los encausamientos, que fue lo primero del ‘paquete’ que se conoció, debo decir que me tomaron por sorpresa dado el momento en el que estábamos. Pero ahora que conozco los otros componentes de la estrategia, ya no tanto. Era muy probable, como bien dice, que Maduro no aceptara, y ya lo hizo. Él sabe que todavía tiene opciones, como tomar una avión para La Habana o para Moscú. Y eso no lo cambia el hecho de que acaba de ser acusado por una corte en EE. UU.

Pero el mensaje no era solo para él sino para la jefatura militar, para líderes chavistas, para gobernadores, de que existe una salida del problema. Y esa salida no tiene que suceder ya. El marco es una oferta que pueden tomar en dos meses o en 6 meses o en un año o cuando las condiciones se den.

¿Cree usted que esas acusaciones por narcotráfico pueden hacer parte de una eventual negociación con Maduro o son definitivas y permanecerán por siempre?

Hoy no están sobre la mesa y no hacen parte del plan de transición. Usted conoce el sistema legal de este país. Cuando el Fiscal General o un fiscal presentan un encausamiento, eso quiere decir que tienen suficiente evidencia para llevar el caso a juicio y creen que pueden obtener una condena. Dicho eso, el mismo sistema permite que quien presentó esa acusación, en este caso el Fiscal General, los retire o decida no enjuiciar. Su potestad es absoluta.

En entrevista con este diario el exsubsecretario de Estado para el Hemisferio Roger Noriega decía que el plan de transición ofrecido por EE. UU. equivale a un “ablandamiento” de Washington frente a Maduro, pues hasta le permite participar en elecciones futuras. ¿Qué opina?

La oposición cree que han sido quemados ya en tres ocasiones cuando recurrieron a la comunidad internacional como mediadores para un diálogo con Maduro y por eso no confían en otro proceso semejante. Ahora, con la estrategia de EE. UU., se acusa a la cabeza del Estado de narcotráfico y se ofrece un precio por su captura (15 millones de dólares). Eso lo que asegura es que Maduro no pueda permanecer ni regresar a Venezuela nunca más. Es poco probable que quiera quedarse cuando sabe que hay una recompensa por su captura. Y creo que precisamente por eso que el presidente interino, Juan Guaidó, apoya este plan. Porque los cargos y la recompensa son la garantía de que Maduro no se quedará en el país.

El objetivo central de toda la estrategia parece ser el misma de siempre pero que hasta ahora no se ha logrado: romper el respaldo de las fuerzas armadas a Maduro. ¿Cree que ahora si se pueda lograr?

El plan tiene muchos componentes pero no hay duda de que ese es uno muy importante. Y creo que ahora con el coronavirus, que en Venezuela será una tragedia porque no tienen un sistema de salud, el punto de inflexión está más cerca.

Ahora con el coronavirus, que en Venezuela será una tragedia porque no tienen un sistema de salud, el punto de inflexión está más cerca

¿Qué mensaje ve en todo esto para el Eln y las disidencias de las Farc, cuyos miembros fueron incluidos en los encausamientos del Departamento de Justicia?

El plan de transición exige la salida de todas las fuerzas externas de Venezuela. Si bien la mayoría de personas vio en eso una referencia a personal de Cuba y Rusia, también está dirigido a las disidencias el las Farc y el Eln, de los que hay miles en Venezuela. Para ellos debe haber cero espacio y deben salir de inmediato y eso quedó clarísimo en el plan.

Una vez se restaure la democracia y el régimen salga, se acabará también la protección que han recibido por más de dos décadas en ese país para avanzar en su agenda criminal. El negocio del narcotráfico se les va a acabar y todos los que han buscado refugio en este país tendrán que abandonarlo.

07 de abril 2020
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington

https://www.eltiempo.com/mundo/eeuu-y-canada/entrevista-a-wiliam-brownfi...

 7 min


Abuso del conocido latinazo porque debe ser emblemático para quiénes se formaron como militares. Cuando Julio César cruzó el Rubicón, sabía que no había vuelta atrás y que le tocaría irremediablemente enfrentar las tropas de Pompeyo para poder imponerse en Roma: la suerte estaba echada.

Todo hace pensar que el presidente Trump no se echará para atrás en lo que respecta al despliegue naval frente a Venezuela, antes de ver cumplido su objetivo de sacar a Maduro. Tendría un costo político que haría peligrar su reelección, sobre todo con relación al voto latino en un ”swing state” tan importante como Florida. En momentos en que no las tiene todas consigo por su manejo ineficaz ante la pandemia del Covid-19, difícilmente puede darse el lujo de traicionar las expectativas generadas en tan decisivo espectro del voto. Eso sí, escogerá el mejor momento para su acción, probablemente solo uno o dos meses antes, para evitar el costo electoral de cualquier imprevisto que amargase en el tiempo el éxito de la misión. Esta espera, por demás, dará tiempo a que “madure el entorno de Maduro” y ocurran defecciones, y se recabe inteligencia para reducir el riesgo y los costos de una operación quirúrgica que se cobijaría como el apresamiento de un criminal indiciado por el Depto. de Justicia como narcoterrorista.

La Fuerza Armada venezolana en absoluto está en condiciones de enfrentar tal acción. Años de corrupción, desidia y descomposición la han dejado sin capacidad de movilización, con pocos pertrechos y con la tropa desmoralizada y pasando hambre. Por demás, las líneas de mando con los que dirigen tropas no son de confiar, hastiados como están de los continuos abusos y fechorías de la cúpula.

Esto lo saben Maduro y sus amos cubanos. De ahí que, en sus bravuconerías al estilo Noriega, no hay ninguna “madre de la todas las batallas” --recordemos a Sadam Hussein, quien sí tenía con qué—ni nada por el estilo, sino la referencia a una “furia bolivariana”. Y en una patética carta “al pueblo de EE.UU.” se cae a embustes advirtiéndole que puede verse arrastrado a “otro Vietnam” por Trump. Como agente cubano que es, sigue consiguiendo la manera de enviarles a la isla el gasoil que tanto le falta al transporte de alimentos en Venezuela, pero tiene el cinismo de señalar ahí que no acepta “..un tutelaje internacional que viole nuestra soberanía” (¡!) Naufragando en el mundo ficticio que se ha construido, pone al ministro Casto Soteldo –militar también, ¡cuando no!— a hacer de payaso con la aseveración de que unas tusas de maíz detendrán la marcha de los “tanques invasores” (¡!) Todo indica no harán falta.

¿Y qué cosa es esa “furia bolivariana”? Obviamente no es el “pueblo en armas” como gusta alardear el fascismo. Son bandas paramilitares compuestas por malandros, colectivos, y esbirros de la FAES, DCGIM y del SEBIN. Es decir, la verdadera amenaza es el pandemonio que podrá resultar al encontrarnos frente a unos forajidos sin escrúpulos, valores, ni ley, una vez salga el usurpador del poder.

De ahí la insistencia en la responsabilidad que tienen los elementos sanos de la Fuerza Armada venezolana en estos momentos críticos. Alea jacta est, debe indicarles que la única salida admisible es buscar la manera de evitar el desenlace de lo que, de otro modo, parece inevitable. Es hora de forzar una negociación que asegure la salida de Maduro antes de que los gringos accionen sus medidas, y pueda abrírsele la puerta al Consejo de Estado propuesto. La garantía de una corporación militar cohesionada en torno a una transición democrática pacífica, que restituya los derechos constitucionales y pueda concertar la ayuda internacional requerida para parapetear el sistema sanitario ante la pandemia y poder comenzar la reconstrucción de este país tan devastado, podrá asegurar que se evite la anarquía y el despelote con que Maduro amenaza dejarnos cuando, como es de prever, sale de Miraflores.

¡Que el recogimiento espiritual que suele inducir la Semana Santa los ilumine!

Economista, profesor (j) de la Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

 3 min


Leopoldo López Mendoza

Tres personas con tapabocas caminan frente a un mural de Hugo Chávez, el 3 de marzo en Caracas, Venezuela.Rayner Peña R. / EFE

El esfuerzo por afrontar la crisis de la Covid-19 en Venezuela es inseparable de la lucha en contra de la dictadura. No son, como intenta promover el régimen, ámbitos que puedan resolverse separadamente. Ni se podría, tampoco, entregar recursos financieros o de otra índole, a un dictador que roba todo cuanto encuentra a su paso: un poder que ha demostrado su naturaleza delincuente.

No es posible enfrentar la pandemia sin enfrentar al dictador. Y ello, en lo esencial, porque la responsabilidad absoluta de la debacle venezolana es de Nicolás Maduro. A esta hora, cuando los contagios avanzan en todo el país, la dictadura y la pandemia constituyen para los demócratas un único y simultáneo objetivo.

Tanto los sistemas de salud como los servicios públicos y la industria petrolera han sido destruidos y saqueados por el régimen. El país, que por su población debería contar con, al menos, 100.000 camas hospitalarias, no alcanza las 15.000. Es decir, la capacidad está hoy muy por debajo del 20% mínimo necesario. Más alarmante aun, es el dato de la disponibilidad de UCI con respiradores mecánicos: solo 84 en el sector público y 120 en el privado. Apenas 200 unidades para responder a una enfermedad que ataca el funcionamiento de los pulmones y que si llegara a afectar a la mitad de la población como se estima en la mayoría de los países, se requerirán al menos 150.000 atenciones en cuidados intensivos.

La narcodictadura ha convertido la pandemia en su escudo humano

Las denuncias y testimonios de médicos, paramédicos, sindicatos y usuarios de los hospitales son unánimes: el sistema hospitalario venezolano está en ruinas. Muchos no tienen agua —léase bien: hospitales sin agua—, el más elemental e imprescindible recurso para la acción sanitaria y el insumo básico para la recomendación elemental: lavarse las manos. En la mayoría son recurrentes los fallos del servicio eléctrico —léase bien: hospitales sin energía eléctrica—. Todos, absolutamente todos, carecen de los insumos mínimos básicos para atender a los pacientes y para proteger a los profesionales de salud. No hay batas, gorros, guantes, mascarillas, provisiones de alcohol, jabón y demás artículos para evitar la multiplicación acelerada de los contagios. No hay medicamentos —léase bien: hospitales sin medicamentos—. No hay desinfectantes. El único recurso con el que cuentan, es la voluntad de los trabajadores de la salud, que ahora mismo se preguntan cómo harán para salvar las vidas de los enfermos, cuando la mayoría tiene dificultad para llegar a su centro de salud por la falta de combustible que ha paralizado al país durante los últimos días. Han sido las políticas encabezadas por Maduro las que han creado esta hecatombe.

La preocupación que me impulsa a escribir este artículo no se origina solo en la catástrofe del sistema público de salud. En el centro de nuestra angustia está el crecimiento de la precariedad, el cada vez más acusado deterioro de las condiciones de vida de la inmensa mayoría de los venezolanos. Tenemos los demócratas de Venezuela y del mundo que pulsar el botón de alarma cuando leemos que menos del 7% de la población dispone de agua potable constante y que casi el 18% no la recibe nunca. Hay que pulsar el botón de alarma cuando leemos que menos del 10% recibe un servicio eléctrico constante. Hay que levantar la voz en todos los escenarios, para decir que solo el 6% de la población tiene acceso garantizado a los alimentos necesarios para vivir. Hay que hacer lo indecible para llamar la atención del mundo, para advertir de que, ahora mismo, menos del 1% tiene acceso al combustible. Lo repito: la responsabilidad exclusiva de la casi inexistencia de servicios públicos y de combustibles es del dictador.

Debemos actuar sin demoras para evitar que la enfermedad arrase el país

Debo agregar que, en nuestro país, el 87% de las familias no tienen el dinero que les permita quedarse en su casa sin salir a la calle en búsqueda de sustento. Ni un día. No tienen alimentos en sus alacenas, ni desinfectantes, ni jabón, ni agua —insisto en ello—. Al menos dos tercios, tienen una edad biológica que no se corresponde con el tiempo real de vida: sus cuerpos han envejecido, producto del hambre, las enfermedades y las condiciones en las que viven. Un cuerpo desnutrido es campo fértil para el virus.

La primera ola de la Covid-19, que tuvo su epicentro en la región asiática, enseñó el papel precioso que la información cumple como una barrera a la enfermedad. La segunda ola, en pleno desarrollo en Europa, ha puesto a prueba las capacidades de respuesta de Gobiernos y sistemas sanitarios. En ello consisten sus principales lecciones. La tercera ola, de la que Venezuela es parte, tiene sus principales focos en América Latina y África, donde la diseminación del virus podría sobrepasar las peores previsiones. Una tercera ola que apenas comienza y que la OMS ha recomendado a los países en desarrollo a “prepararse para lo peor”.

¿Qué acciones ha tomado la dictadura de Nicolás Maduro para responder a la acción de la Covid-19? En primer lugar, hacer chistes y minimizar el peligro y crear una falsa expectativa de control. A continuación, mentir: afirmar, con arrogancia, que el Gobierno dispone de todos los recursos necesarios. Luego, aprovechar la coyuntura, para pedirle a su denostado Fondo Monetario Internacional, 5.000 millones de dólares. De seguidas, militarizar el país y convertir la venta de combustible en una —otra— gigantesca red de corrupción y controles políticos, y lo más grave, ha arreciado la represión metiendo presos a médicos y periodistas que se han atrevido a alzar la voz, así como a muchos miembros del equipo cercano del presidente Guaidó, cuya persecución ha cobrado mayor intensidad durante la pandemia. Nadie puede llamarse a engaño: la narcodictadura ha convertido el coronavirus en su escudo humano, en su herramienta, en la excusa que necesitaba para prolongar la usurpación, aumentando el control social y la represión.

Un Gobierno de emergencia podrá habilitar los recursos necesarios

Maduro se ha fundido con el virus. Son una misma entidad, a la que no es posible conceder una tregua. Hay que combatirla en todos los terrenos, sin descanso. Tenemos la responsabilidad de actuar sin demoras para evitar que la pandemia arrase a Venezuela. El Gobierno Interino, bajo el liderazgo del presidente Juan Guaidó ha planteado una ruta para la solución:

1. Conformar un Gobierno de Emergencia Nacional con representación de todos los sectores del país. Para que sea ajustado a nuestra Constitución y pueda reinsertarse plenamente en la comunidad internacional, no puede ser conducido por imputados con cargos de narcotráfico o terrorismo, ni por violadores de derechos humanos.

2. Delegar en el Consejo de Estado las competencias ejecutivas para atender la emergencia, hasta la celebración de elecciones presidenciales libres.

3. Una vez constituido el Gobierno de Emergencia, se levantarán progresivamente las sanciones.

4. Fortalecer la presencia y capacidad de acción de agencias internacionales humanitarias y de derechos humanos en territorio venezolano.

5. Aprobar una Ley de Garantías que genere los mecanismos para garantizar la estabilidad nacional y la atención y reparación de las víctimas.

6. Ejecutar un plan de emergencia nacional con apoyo humanitario y financiero internacional que permita dotar a los hospitales de insumos médicos, ayuda humanitaria alimentaria, subsidios directos para la población más vulnerable, importación de gasolina y gas para abastecer al país, facilitar el acceso al agua, entre otras prioridades.

7. Realizar elecciones libres en un plazo no mayor de 6 a 12 meses, imprescindibles para resolver la crisis política y retomar el hilo constitucional y democrático de Venezuela.

Esta propuesta es incluyente, goza con amplio apoyo de la comunidad internacional y está dirigida a todos los sectores, tanto a los sectores democráticos y a quienes hacen vida dentro del Estado venezolano, en particular en el ámbito militar, e incluso a aquellos quienes siendo del círculo cercano del dictador y dándose cuenta de que este está perdido, decidan evitarle más traumas a nuestro pueblo a cambio de algunos beneficios que la justicia internacional ha manifestado estar de acuerdo en dar.

La propuesta ha recibido el pronto apoyo de Estados Unidos y de países de Europa y América Latina, que ya suman un total de 47 países. Ese Gobierno de emergencia podrá habilitar, muy rápidamente, los recursos financieros necesarios y la ayuda de las agencias internacionales para la enorme tarea que sería necesario abordar.

Pero, debo insistir en esto, es una sola lucha: contra esa entidad única y asesina que conforman la dictadura y la pandemia.

Leopoldo López, político venezolano, encarcelado en 2014, desde abril de 2019 está resguardado en la Embajada de España en Caracas. Es coordinador del Centro de Gobierno de Juan Guaidó.

El dirigente opositor venezolano, refugiado desde abril de 2019 en la Embajada de España en Caracas, plantea en esta tribuna, la primera que escribe desde entonces, una propuesta a todos los sectores políticos para salir de la grave crisis por la que atraviesa el país

https://elpais.com/internacional/2020-04-06/venezuela-enfrenta-dos-virus...

 7 min


...A duras penas puede aguantar tu quilla sin los cables, al cada vez más agitado mar. No tienes vela sana, ni dioses a quienes invocar en tu auxilio…. Este poema del gran Horacio viene a la memoria ante el naufragio de la fragata Naiguatá y la zozobra de la nave del Estado venezolano.

Cualquier barco puede hundirse, por más que sus armadores consideren que son insumergibles. Sea por un error humano, como el del Titanic, o por el belicismo de algunos países como fue el caso del torpedo disparado en contra del Lusitania durante la primera guerra mundial. Recientemente, dos navíos naufragaron, una por confusión de los responsables de la seguridad de navegación, otro por estupidez del capitán de la nave. El primer caso fue en el 2018, cuando la fragata noruega Helge Ingstad se hundió al chocar contra el petrolero TS Sola en uno de los bellos fiordos del país escandinavo. El segundo fue el choque y consiguiente hundimiento de nuestra nave Naiguatá al embestir al crucero Resolute.

Seguramente el capitán del Naiguatá pensó que el Resolute no aguantaría una cornada del barco de guerra. Quiso emular las agresiones de la Guardia Nacional, Policía Nacional y paramilitares rojos en contra de los indefensos ciudadanos que protestan en Venezuela. Esto es pan comido, debe haber analizado el estúpido capitán y, sin pensarlo dos veces, decidió arrinconar contra la costa al crucero tal y como hacen los jinetes en el rodeo que practican los chilenos. Lamentablemente le salió el tiro por la culata, al ignorar que el crucero tenía el refuerzo propio de un rompehielos. Quedó como un inepto e hizo el ridículo. Maduro y Padrino evidenciaron una vez más que son patrañeros y de los malos.

Quienes de facto están al frente de la nave del Estado cometen idioteces parecidas, con el agravante de que en este caso quienes estamos en la nave que se está hundiendo somos todos los venezolanos. A Maduro y a su pandilla de narcotraficantes no les importa. Están decididos a proceder como el capitán del Graf Spee, acorazado de bolsillo nazi, que al verse acorralado decidió que era preferible hundirlo, decisión acertada en ese caso, pero criminal cuando se trata del presente y futuro de los venezolanos.

Con motivo de la pandemia, algunos bien intencionados, y otros no tanto, abogan por una tregua entre los demócratas y los totalitarios. Sin embargo no toman en cuenta que alimentos y medicinas tienen entrada libre por no estar sujetos a sanciones; no hay gasolina para que se desplacen médicos y productos agropecuarios porque los rojos destruyeron las refinerías; no hay agua para lavarse las manos porque no fueron capaces de mantener los embalses ni el sistema de distribución y tampoco construir nuevos ante el aumento de la población y que el sistema de generación, transmisión y distribución de electricidad está en el suelo, impidiendo la conservación de alimentos y el funcionamiento de los hospitales.

El presidente(e) Guaidó ofreció una solución respaldada por 44 países que no es una tregua para que el régimen gane tiempo y siga sin resolver los problemas, sino un Gobierno de Emergencia Nacional que impida que se termine de hundir la nave del Estado. Ese salvavidas favorecerá a algunos indeseables, pero impedirá que nos ahoguemos todos. Los navíos Naiguatá y la Helge Ingstad no pueden reflotarse, pero con un poco de voluntad podemos achicar el agua que está hundiendo la nave en la que estamos todos. A Maduro se le ofreció un puerto, pero parece que prefiere hacerle compañía al Naiguatá.

Como (había) en botica:

Tal día como hoy, hace 18 años, el presidente Chávez despidió por televisión a siete trabajadores de Pdvsa y filiales, y la directiva jubiló obligatoriamente a 14, como consecuencia del paro petrolero iniciado el 4 de abril en rechazo a la politización de la empresa. Este paro fue posible por la firme decisión de los delegados de todo el país elegidos durante el conflicto que se inició el 25 de febrero.

La marcha multitudinaria del 11 de abril en apoyo a los petroleros fue convocada por Carlos Ortega y Pedro Carmona, presidentes de la CTV y Fedecámaras, respectivamente. La masacre promovida por Chávez ocasionó su destitución y posterior renuncia. Un manejo inadecuado de la situación determinó que la Fuerza Armada lo regresará al poder. Supuestamente arrepentido, pidió perdón públicamente, pero al poco tiempo volvió a las andadas.

Lamentamos el fallecimiento de Frank Alcock, excelente profesional petrolero y gran caballero. Sigue la persecución a periodistas y al entorno de Guaidó.

Nuestra solidaridad con Roberto Enríquez, presidente del Copei legítimo, que tiene tres años asilado en la embajada de España.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Incluso quienes no somos expertos en materia internacional, nos podemos dar cuenta que las medidas adoptadas por el gobierno de los Estados Unidos, que doy por conocidas, obedecen a un plan del gobierno norteamericano de incrementar o escalar la presión en contra de la dictadura venezolana que tienen gran impacto sobre la política interna. Lo que pretendo e intento reflexionar es acerca de la eficacia política de algunas acciones y decisiones.

Dejando las –para mí– farragosas aguas internacionales y llevando las cosas al terreno de la política interna, es necesario resaltar que las sanciones internacionales –las adoptadas por los Estados Unidos, la Unión Europea y los países del Grupo de Lima, entre otros–, han sido y son el arma decisiva para contener la violencia del régimen en contra de la oposición y el pueblo venezolano y un instrumento fundamental para obligar al régimen gobernante a avenirse a algún tipo de “negociación”; desde ese punto de vista, no se puede pasar por alto los efectos positivos de las recientes medidas, que suponen un recrudecimiento de las sanciones ya adoptadas y que sin duda ponen al régimen contra la pared.

Este es, ahora, un gobierno oficialmente acusado de narcotraficante y terrorista, que cada vez estará más aislado internacionalmente, que simultáneamente cada vez será más reconocido como legítimo Juan Guaidó, la Asamblea Nacional y la oposición; y menos reconocido Nicolás Maduro y su gobierno como legítimos gobernantes de Venezuela. Pero, tampoco podemos dejar de reconocer algunos aspectos cuyo impacto también se dejara sentir sobre la política interna.

La primera consecuencia inmediata de las medidas adoptadas por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y el Departamento de Estado es que hacen mucho más difícil la posibilidad de algún acuerdo que hubiera podido celebrarse entre Juan Guaidó y la Asamblea Nacional, por un lado, y el régimen o gobierno de Maduro por el otro, con el fin de tratar de paliar las graves consecuencias y aliviar el sufrimiento que la epidemia del coronavirus puede ocasionar al pueblo venezolano. Si ese acuerdo era ya difícil, ahora le han puesto una piedra de molino en el cuello y lo hacen prácticamente irrealizable; ¿Quién va a querer hoy, si ya ayer era difícil, hacer un pacto con un gobierno acusado internacionalmente como narcotraficante?

Lo dicho en el párrafo anterior es la primera consecuencia inmediata y creo que es lamentable por las precarias condiciones sanitarias, entre otras condiciones, que padecemos en el país y lo que pueden significar en sufrimiento y fallecimiento de miles de venezolanos, que se podría evitar. Si la epidemia es de por si grave y peligrosa, dadas las precarias condiciones de nuestro sistema de salud, la cuarentena –que ya nadie duda a nivel mundial que sea necesaria– somete a una porción importante del pueblo venezolano a no poder trabajar y en consecuencia a verse privada de ingresos con que sostenerse. Esa es la inmensa porción, casi el 50%, que vive del día a día, que no tiene capacidad de ahorro ni de acumulación de alimentos y medicinas y que no es mucho lo que puede aguantar en cuarentena sin verse atenazada por el hambre y la necesidad.

La anterior es una situación, no solo explosiva, sino muy grave para la integridad y salud del pueblo venezolano, para los más empobrecidos y castigados por el desastre de estos 21 años de desgobierno. Intentar encontrar una salida para esta inmensa cantidad de venezolanos debería ser la primera prioridad, incluso política, del país.

La segunda consecuencia de las medidas tiene que ver con lo que todos sabemos de las dos grandes tendencias en las que se mueven quienes respaldan y usufructúan el régimen venezolano. Para algunos las medidas son un argumento más en favor de los que internamente buscan una oportunidad para encontrar una salida que, una vez finalizado este régimen de oprobio, les permita mantenerse en la actividad política, social y económica del país. Pero al mismo tiempo –piensan otros– es también probable que las medidas puedan reforzar la otra tendencia, la de los jerarcas o capitostes del régimen que buscan atornillarse más en el poder, porque ven cada vez menos salidas y menos a dónde ir y cada vez están más temerosos de que algún “aliado” los entregue o pueda estar pensando en cobrar las jugosas recompensas que se ofrecen por ellos.

Por lo dicho, será muy tentadora la opción de atrincherarse en el país, hacerse aquí mucho más fuertes, utilizando para ello la fuerza armada –como la han venido utilizando– para atornillarse más en el poder, porque además muchos de los jerarcas de la Fuerza Armada están también acusados de estar comprometidos en el tema del narcotráfico. No es de extrañar tampoco que los testaferros y boliburgueses que acompañan a la élite en el poder y han surgido y crecido a la sombra de este estado, busquen en que invertir y dar salida a su dinero, internamente, al ver que cada vez se les cierran más las oportunidades en otros países, pues no es, para ellos, Cuba, Irán, Rusia, Turquía, etc., una opción “aceptable”.

Que estas medidas refuercen más a una u otra de las opciones internas, en pugna frente a buscar o no una negociación con la oposición, para encontrar una salida a la crisis que vive el país, dependerá de la implementación práctica y concreta de esas medidas y la fuerza interna que la oposición sea capaz de ejercer para que el régimen se avenga a una negociación para dejar el poder.

La situación nos lleva también, inevitablemente, a una poco deseable tercera consecuencia y es que muchos sectores radicales de la oposición persistirán en su posición de que las medidas refuerzan su idea de que la salida política que va a quedando en el país sea una salida de fuerza o una intervención extranjera, bien sea militar o de esas que llaman una “operación quirúrgica”, porque el régimen –dirán– cada vez va a utilizar más a la fuerza armada para reforzarse y defenderse y cada vez se va a enseñorear más en el país, porque es el único que le va a quedando para vivir. Si bien la fuerza armada es un actor inevitable en este juego, no es deseable que sea, como ahora, el que siga teniendo la preminencia en las decisiones del destino del país.

Pero lo más lamentable es la cuarta consecuencia, que ya estamos viendo en acción, y es que, mientras algo ocurra, veremos incrementarse la represión, la persecución de líderes políticos opositores, la persecución de periodistas, el ensañamiento con los medios y en general con la población, porque el régimen se defiende sembrando cada vez más el arma que mejor conocen, el terror.

Por último, y para no dejar cabos sueltos a libres interpretaciones, quiero dejar bien en claro que no hago un juicio de valor negativo con respecto a las medidas adoptadas, pues considero, y así lo he dicho siempre, que la presión interna, junto con la presión internacional, representada y reforzada por las sanciones en contra del régimen y sus funcionarios, es por el momento el factor fundamental para obligar a la dictadura a sentarse a buscar una salida que sea aceptable para la oposición democrática.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Hugo Prieto

Le propongo a Asdrúbal Oliveros, economista y socio de la firma Ecoanalitica, que trace las líneas más visibles de la economía venezolana en el escenario post COVID-19. Diría un médico que el pronóstico es reservado. Pero Oliveros va más allá y dice por qué.

Lo más inquietante viene dado por el sector petrolero, afectado por la caída de la producción, sometido a sanciones y sin capacidad alguna para soportar la guerra de precios que Rusia y Arabia Saudita han desatado en el mundo. El virus no va a dejar títere con cabeza.

¿Cuál será el impacto de la pandemia en el desempeño de la economía venezolana?

La economía venezolana viene cayendo por sexto año consecutivo, un caso sin precedentes en América Latina y en el mundo. Estamos hablando de una contracción de casi el 70 por ciento entre 2013 y 2019. Más allá del registro del Producto Interno Bruto (PIB) esa caída tiene ramificaciones hacia abajo: Un empobrecimiento acelerado de la población; destrucción de riqueza, de capital, tanto en el sector privado como en la industria petrolera; una economía empequeñecida, y algo muy importante a enmarcar en ese contexto: la destrucción de la capacidad del Estado como proveedor de bienes y servicios públicos. En Venezuela asistimos a una paradoja. Tienes un Estado muy poderoso desde la perspectiva del control social, del sometimiento, del miedo como acción política, pero prácticamente inexistente como proveedor de servicios públicos (salud, educación, seguridad ciudadana). Lo que hemos visto en los últimos años, en los últimos meses, es que toda esa infraestructura de servicios públicos se ha ido desmoronando.

En ese contexto llegó el Covid-19 para acelerar lo que era una situación alarmante de crisis en todos los órdenes del país.

Sí, una crisis inédita que además implica —al mismo tiempo— un choque que impacta tanto la oferta como la demanda. Al quedarse la gente en sus casas, por un lado, se restringe el consumo y, por el otro, se afectan las líneas de producción, que también se paralizan. Además, siendo Venezuela un país petrolero, nos enfrentamos a unas difíciles condiciones de mercado. Del virus no se escapa nadie, pero la vulnerabilidad de Venezuela es extrema, por dos razones. Uno, porque venimos de un ciclo de contracción sin precedentes y dos, porque tenemos un Estado desmantelado, incapaz de influir de forma positiva en la economía. Para decirlo en otros términos, es un Estado que no tiene capacidad para hacer políticas económicas. El margen de maniobra en la política monetaria y fiscal, al que echan mano otros gobiernos del mundo, en Venezuela no existe.

¿Han hecho un cálculo de cuál sería el impacto de la pandemia en el PIB?

Antes del virus, y para este año, nosotros esperábamos una contracción de la economía del 10 por ciento, más moderada a la que habíamos visto en los dos últimos años, que rondaba el 15 por ciento, principalmente porque esta era una economía que venía de un ciclo muy agresivo de dolarización en sus transacciones, tenías un sector privado incipiente que se estaba haciendo independiente del Estado y eso, en parte, aminoraba la contracción. Quizás el escenario era más benévolo que en años precedentes. Ahora esos números cambian por dos razones. Una, la crisis no ha terminado y, por tanto, hacer estimaciones es difícil en este contexto. Dos, el efecto que esto tendrá en el mercado petrolero, el cual sigue siendo relevante para Venezuela.

¿Qué cifras manejan ustedes?

Hemos hecho estudios preliminares del impacto que tendrá la pandemia sobre importaciones, consumo, contracción de remesas, entre otras variables, y nos está dando que este año la economía se podría contraer 25 por ciento. Es decir, que el estimado inicial de 10 pasó a ser de 25 por ciento. Eso es dividido entre un PIB petrolero que cae en alrededor del 20 por ciento y un PIB no petrolero que cae en 25,5 por ciento.

Son magnitudes que no se pueden calificar sino de desastrosas.

Absolutamente. Y eso lo tienes que comparar con una economía que tiene casi 70 por ciento de contracción acumulada. Un escenario extremadamente crítico.

¿Cómo afectará la pandemia al sector comercial, a los pequeños negocios?

Voy a empezar con el sector comercio, las pymis, los pequeños negocios y bodegones. Esos sectores se estaban beneficiando, y un grupo de ellos de forma importante, del grado de dolarización en las transacciones (más del 60 por ciento se hacen en moneda dura) y eso, por supuesto, generaba unos niveles de consumo incipientes que, en primer término, beneficiaba la actividad comercial. Además estabas generando un circulante de dólares en la economía venezolana, cuyo número empezaba a ser representativo. Un mayor número de venezolanos estaba manejando divisas, así fuese en pequeñas cantidades. Ese escenario cambia por el impacto del coronavirus. En primer lugar, por una contracción importante de las remesas, debido a la vulnerabilidad de los venezolanos en el exterior y al aumento desmesurado del desempleo en casi todos los países del mundo (el estimado inicial de las remesas era de 4.000 millones de dólares y lo han bajado a 2.400 millones de dólares). Por otro lado, la cuarentena le mete un freno a la actividad comercial y los pequeños negocios que son muy vulnerables, en términos de su flujo de caja. Son negocios a los que les cuesta soportar más de 15 días cerrados.

Otro sector que se verá afectado por la pandemia es la banca, cuya actividad se vio muy limitada por decisiones, tanto del Ejecutivo como del Banco Central de Venezuela. ¿Qué diría sobre este sector?

La banca viene de un ciclo de achicamiento muy agresivo. No tiene capacidad de ayudar, de acompañar al sector privado, bien sea con líneas de crédito, bien sea con reducción de tasas de interés. Lo que tenemos en Venezuela es un sistema financiero extremadamente pequeño, yo lo llamo de boutique, que había perdido su actividad medular. Es decir, la intermediación —captar y prestar bolívares—. La banca pensaba reinventarse, por eso vimos el boom de cuentas en dólares. Súmale las medidas que tomó el señor Maduro, el cese del cobro de los créditos, medida que afecta los ingresos del sistema financiero. Las perspectivas son muy negativas. Por un lado, con esta medida, el Estado frena sus ingresos y por el otro la intermediación es prácticamente inexistente. Tienes, además, una contracción importante del sector privado, que obviamente le pone un freno a la demanda crediticia.

¿Cuál es el escenario para las empresas de mayor envergadura, cuya actividad, en relación a la capacidad instalada, es mínima? Aunque habría que anotar que la liberación de precios, por ejemplo, vino a hacer las veces de una bombona de oxigeno.

Allí hay que establecer algunos elementos de diferenciación. Los sectores que se han beneficiado de la dolarización son el comercio y los servicios. La industria manufacturera, por su parte, venía muy golpeada, porque este gobierno, en su estrategia de sobrevivencia (2019 y lo que va de 2020), abrió las puertas de par en par a los productos importados anclando la moneda. De tal forma que producir ciertos productos —en el segmento de cuidado personal y alimentos— costaba en Venezuela 2,5 veces más que traerlo de afuera. Eso golpeó muy fuerte al sector manufacturero que, además, venía trabajando al 20 por ciento de su capacidad instalada. Es decir, estaba en condiciones muy precarias.

¿Cuál va a ser el impacto del coronavirus en el sector manufacturero?

Obviamente, tiene varias fuentes. Uno, la reducción de la demanda interna (consumo). Dos, es un sector cuya capacidad de demandar créditos seguirá muy restringida. Tres. Su capacidad de traer insumos y materias primas también se verá muy limitada, porque las cadenas de suministro se rompieron en todo el mundo. Además, Venezuela está sancionada. En este escenario de profundización de la crisis, las condiciones serán muy críticas. Además, todo esto ocurre en un contexto donde habrá más inflación y más depreciación en la tasa de cambio. Eso, por supuesto, es una muy mala noticia para el sector industrial, porque implica un aumento muy importante en sus costos. Por donde lo mires es un escenario muy restrictivo.

¿Qué puede decir de la economía informal, cuya importancia es vital para un número importante de venezolanos?

Allí hay varias aristas, emprendedores, pequeñas empresas, trabajadores por cuenta propia (profesionales o no). Ese sector fue el primero que dolarizó sus ingresos, porque mostró una flexibilidad gerencial que difícilmente vas a conseguir en la gran empresa, sometida a controles fiscales e impositivos y a ciertas rigideces contables y financieras. En el emprendimiento, en los pequeños negocios, hay más flexibilidad en cómo facturas, en cómo fijas precios, en cómo llevas los procesos contables e impositivos. Es decir, la picardía del venezolano, de la que hablan ciertos sociólogos, empieza a ser una característica de sobrevivencia, digamos, de este nuevo estamento gerencial frente a los férreos controles que impuso el Estado venezolano. Esa es tu gran ventaja frente a la gran empresa.

¿Cuáles serían las desventajas?

No tienes capacidad para soportar una cuarentena prolongada; no tienes grandes reservas de efectivo, no tienes un historial para acceder a líneas de crédito internacionales o a créditos de la banca local. En un escenario como el que estamos viviendo, por más flexible que seas, todo ese modelo se viene abajo y en la medida en que se detenga la dolarización de la economía, las aristas de la economía informal van a entrar, rápidamente, en una paralización.

Es decir, el puntillazo lo va a dar la pandemia.

Sí, claro. Las consecuencias de la pandemia, el hecho de que la gente se encierre en sus casas y, por tanto, baje el consumo. Ese nicho, que disfrutaba de cierto oxígeno y que era un condicionante para estimar que íbamos a caer 10 por ciento y no más, desaparece y es uno de los factores que va a incidir, notablemente, en la contracción del Producto Interno Bruto.

¿Qué va a pasar en los hogares venezolanos?

Yo siempre he dicho que hay una ilusión en eso de «quédate en tu casa viendo las redes sociales y las series de Netflix». Eso es una minoría. Hay estudios que señalan que el 50 por ciento de los hogares venezolanos sobreviven en la economía informal, viven del día a día, pero más aún, no tienen capacidad de ahorro. En la medida en que se profundice la crisis, por todo lo que hemos hablado, lo que tienes es un deterioro brutal en el consumo de los hogares venezolanos. Es una condición de precariedad mayor en hogares que ya estaban en umbrales de pobreza. Hogares que se verán mucho más afectados en términos de acceso a servicios básicos, en términos de capacidad de alimentación. Pasamos ya de una crisis económica a una crisis social de gran envergadura.

Pero el escenario que está planteando es apocalíptico.

Más que apocalíptico es un escenario de crisis. Diría, extrapolando, que es un escenario que puedes conseguir en países de América Latina o en los llamados mercados emergentes. ¿Cuál es el denominador común? Una población vulnerable, con poca o nula capacidad de ahorro, servicios públicos precarios. Pero cuando entras en la caracterización, el caso de Venezuela está entre los peores de todos. Quizás por eso la crisis tiene aquí esa característica apocalíptica que tú le asignas. Pero el deterioro es global. Por supuesto, hay matices: No es lo mismo el deterioro en Noruega que en Perú.

El precio del barril de petróleo ronda los 20 dólares. ¿Cuál sería el impacto de la pandemia en este rubro? En la guerra de precios entre Rusia y Arabia Saudita, Venezuela no cuenta para nada, debido a una capacidad de producción totalmente disminuida.

Ahí, apocalíptico, ni te digo. Menciono algunos antecedentes. En primer lugar, los niveles de producción venían cayendo, por diversas causas, desinversión y el efecto sanciones, entre otras. Antes de la crisis del coronavirus, el Estado venezolano estaba recibiendo caja de unos 480.000 barriles. Prácticamente estábamos vendiendo el crudo a través de Rusia, pero eso supone unos descuentos importantes, entre 25 y 30 por ciento. Dejamos de vender productos refinados. Hay que anotar una paradoja. Parte de los dólares que obteníamos por la venta de crudos se utilizaba para importar combustible. Entonces, el efecto es pernicioso. Antes de la pandemia el sector petrolero nos iba a generar entre 13.000 y 14.000 millones de dólares. En este momento, esa estimación puede estar por debajo de los 4.000 millones de dólares. Es dramática la contracción de los ingresos. Además, gran parte de nuestra producción es de crudos pesados, que no es competitivo a los precios que estamos viendo hoy. Es decir, es más costoso producirlo que venderlo y, adicionalmente, en estas condiciones de caída de precios y de inundación de petróleo —la capacidad de almacenamiento en el mundo está al tope—, no es descabellado pensar que en las próximas semanas, Venezuela no pueda vender su crudo. Ahí hay un deterioro muy fuerte en la línea de ingresos petroleros. Eso va a tener consecuencias muy serias para el Estado venezolano que, fundamentalmente, importaba dos cosas. Alimentos para las cajas CLAP y combustibles; dos áreas críticas que se pueden deteriorar en las próximas semanas.

Por todo lo dicho, me imagino que cuando salgamos de este encierro, Venezuela no tiene otro recurso que tocar las puertas del Fondo Monetario Internacional. No se ve otra salida. Sin embargo, ya sabemos cuál fue la respuesta de ese organismo a la carta que le envío el señor Maduro.

Efectivamente, Venezuela necesita con urgencia apoyo internacional. Apoyo de organismos multilaterales. FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Corporación Andina de Fomento. Eso no será posible si antes no se resuelve de fondo el problema político que tenemos. Tiene que haber una solución, y eso pasa por una negociación a partir de bases creíbles y de acuerdos que se puedan cumplir entre las partes.

Ya hay una propuesta de Estados Unidos que, básicamente, es la misma que se planteó en Barbados.

Exactamente, pero te digo más. Hay 85 países que se están dirigiendo al FMI. Por esa razón, ese organismo está estableciendo una línea de crédito que puede superar los 2,5 billones —con 12 ceros— de dólares. Ahora nosotros, que estamos en las condiciones que acabo de describir, vamos a tener que competir con todos esos países.

Países cuyos sistemas de gobierno tienen pilares institucionales, cuyas economías están en mejor posición que la nuestra y que, además, no están sumergidos en la profunda crisis política que nos caracteriza desde 2002.

Exactamente.

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Carolina Jaimes Branger

Ahí estaban los cinco, en el búnker, sentados alrededor de una mesa ovalada. Yo también estaba allí, pero ellos no podían verme. No exagero cuando digo que vestían una suerte de trajes de buzos, con escafandra y todo. Además, cascos y chalecos antibalas. Pero eran los únicos que las vestían. Se habían cuidado de procurárselas cuando se dieron cuenta de que era inevitable el desenlace.

El personaje 1 se asomó a una de las ventanas. Lo único que vio fueron los cadáveres apilados en la calle. Había estudiado Medicina, pero toda la sensibilidad que rodea a esa carrera la había enterrado hacía muchos años, así como tendría que mandar a enterrar aquellos cuerpos antes de que surgiera otra epidemia. El personaje 2, una mujer que había tenido muchísimo poder, gritaba histérica. Todos tenían miedo. Si salían, morirían. Si no salían, morirían también. Sus leales los habían dejado cuando se dieron cuenta de que a ellos poco les importaba lo que les pasara. El personaje 3 les aseguró entonces tener las armas a buen resguardo, lo que les permitiría salir. El personaje 4 se había defecado en la silla hacía rato y el personaje 5 le reclamó que no se hubiera cambiado de ropa. Pero la realidad es que no podía moverse. Y sintió una vez más cuánto detestaba a aquel personaje 5 inútil y creído. Pero ahora todos dependían de todos. Más que nunca, tenían que permanecer unidos.

Afuera, lejos de donde llegaba el campo visual de quienes estaban en aquella sala del búnker, todo era tierra arrasada. Los saqueos habían acabado con todo, no solamente con la comida. El hambre ya era insoportable y la gente decidió salir... de todas formas, fuera por el virus, fuera por la falta de comida, no tenían alternativa: la muerte estaba al lado de ellos. Los militares jóvenes se les habían unido. Ellos también tenían hambre, miedo, desesperanza. Y los que habían sobrevivido a aquella catástrofe social, caminaban sin rumbo, sin saber qué hacer ni dónde ir. No había carros porque no había gasolina. Parecía que hubiera caído una bomba atómica.

Un bebé sentado en el piso al lado de una mujer muerta o sin sentido -imagino que era su madre- lloraba desconsolado. Y en el medio de aquel paisaje estaba yo, sin saber qué hacer. Cargué al bebé, pero éste desapareció repentinamente, como si se estuviera derritiendo entre mis brazos. Entonces grité... Una voz suave susurró en mi oído “despiértate, mi amor”. Era la voz de mi marido. Me abracé a él. Mi corazón palpitaba al galope. Finalmente pude volver a dormirme, pero en la vigilia pienso que ese sueño, más que posible, es probable...

@cjaimesb

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