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Opinión

Estas últimas semanas han sido marcadas por la incertidumbre. El mundo está paralizado y alarmado. El estado de excepción es el formato dentro del que tiene lugar la vida de los terrícolas. La pandemia desatada nos está colocando por delante la necesidad de pensar el mundo en el que vivimos y atender las señales que muestran la necesidad transformarlo.

No es fácil lavarse las manos

Desde la ciencia se nos avisa acerca del efecto de la pérdida de biodiversidad en la propagación de pandemias, lo que implica que la propagación de nuevas enfermedades como Ébola, SIDA y SARS se ve directamente afectada por la destrucción de los ecosistemas naturales. Es un “multiplicador de amenazas, sostienen los investigadores.

Contra lo que todo lo que suele decirse, este virus no reparte democráticamente su contagio. Los sectores más pobres, que son los mayoritarios, corren con las peores consecuencias. Como bien lo señala el investigador argentino Mariano Aguirre en un reciente ensayo “… primero fue la sugerencia y luego la orden: lavarse las manos y distanciarse. En esas dos acciones aparentemente sencillas quedó retratado el mundo actual, en el que millones de personas carecen de agua para lo primero y no tienen espacio para lo segundo. Después se nos conminó a encerrarnos, algo que tampoco todos pueden hacer…”.

En suma, el Covid-19 pone en la vidriera la profunda desigualdad que existe en la sociedad global y dentro de los Estados, bien fotografiada por las estadísticas: alrededor del 80 por ciento de la riqueza está concentrada en menos del 10 por ciento de la población

El capitalismo en el banquillo

Medio en serio, medio en broma (me parece que más bien lo primero que lo segundo), el prestigioso académico norteamericano Kenneth Boulding afirmó hace casi tres décadas, que “quien crea que el crecimiento exponencial puede durar eternamente en un mundo finito, o es un loco o es un economista”.

Desde diversas perspectivas, unas más radicales (Thomas Piketti por citar solo un ejemplo), otras no tanto (Joseph Stigliz, Paul Collier y hasta el mismísimo Klaus Schwab, Presidente del Foro de Davos, entre muchos), asoman la necesidad de sustituir o revisar el capitalismo, que es el marco donde transcurre nuestro modo de vida en todos sus ámbitos, casi a merced de la mano invisible (y no pocas veces torpe) del mercado, bloqueando incluso la posibilidad de pensar en otra alterativa, aunque corre la voz de que la “opción” pudiera ser el modelo chino, vale decir, el capitalismo sustentado en los meta datos y administrado por el Partido Comunista (siempre me pregunto qué pensaría Marx de este invento).

Así las cosas, contra lo que uno pudiera haber imaginado, fue Macrón, el presidente de Francia, que, como se sabe, viene del mundo de las finanzas y es de ADN neoliberal quien, entre los políticos, se acercó más al diagnóstico de lo que está ocurriendo: “Mañana tendremos tiempo de sacar lecciones del momento que atravesamos, cuestionar el modelo de desarrollo que nuestro mundo escogió hace décadas y que muestra sus fallos a la luz del día, cuestionar las debilidades de nuestras democracias…”

El (des) gobierno de la globalización

La humanidad se enfrenta en los últimos años a crisis que, es ya un lugar común indicarlo, son consecuencia de acciones concatenadas y de la debilidad institucional en el plano global, pero con expresiones locales. Hoy lo global es local y lo local es global y, sin una colaboración radical de todos, será imposible predecir y construir un futuro sostenible y más amigable.

Pero como lo ha expresado Federica Mogherini, ex cancillera de la Unión Europea, a los terrícolas todavía nos cuesta entender la urgencia de contar con “… una visión internacional cooperativa, el multilateralismo, las soluciones mutuamente ventajosas y la búsqueda de consensos, y políticas comunitarias en vez de una visión puramente individualista de la sociedad…”. En fin, gobernar los riesgos globales es tarea que no encaramos adecuadamente. Y para ejemplo basta y sobra con observar la manera como hemos tratado el tema del cambio climático. Firmamos acuerdos pero no los cumplimos sino a medias, a pesar de que la evidencia científica -aún hay quienes que la refutan, ¿verdad Donald Trump, verdad Jair Bolsonaro ?, nos habla de los graves riesgos que corremos como especie, si no modificamos profundamente nuestra relación con la naturaleza.

Democracia y el Big Data

Actualmente la tecnología hace posible monitorear a todos todo el tiempo. En los últimos años, tanto los gobiernos como las grandes corporaciones han estado utilizando instrumentos cada vez más sofisticados para rastrear, monitorear y manipular a las personas. Entre algoritmos y biometría transcurre el debate en torno a la vigilancia social. Como era lógico esperar, en su esfuerzo por controlar al coronavirus, varios gobiernos ya han implementado esas nuevas herramientas de control.

A propósito de ello, el historiador Yuval Noah Harari, ha alertados, junto con otros especialistas, que si no tenemos cuidado, la epidemia podría marcar “… un hito importante en la historia de la vigilancia porque podría normalizar el uso de nuevas plataformas digitales, capaces de cambiar nuestro comportamiento y en algunos casos, de predecir nuestras decisiones, y empujarlas hacia diferentes resultados… ”

En el marco de lo anterior cabe señalar que estas herramientas son, sin duda, de enorme utilidad, pero según lo sugiere el filósofo Daniel Innenarity, “… tienen una gran inexactitud social y puede estar ocurriendo que nuestras sociedades estén midiendo muy bien algo que no saben que es. La matematización de la realidad social es un instrumento indispensable pero tanto más útil cuanto más consciente se sea de sus limitaciones…”

Existe, pues, un problema serio para la democracia. Hay que impedir que el estado de emergencia se convierta en estado de excepción, que el control digital de la sociedad sea la nueva normalidad, una vez pasada la pandemia. Y, de paso, vale la pena reiterar lo señalado anteriormente respecto al modelo chino.

Resetear el planeta

Como escribió alguien (en las redes sociales también hay espacio para la sabiduría y la sensatez), tenemos que darnos cuenta de que es de nuestra vida pasada de donde tenemos que salir y no del estado de alarma impuesto por la pandemia.

Asumir, entonces, la idea de un destino común y humanizar nuestra convivencia según los valores de la libertad, la solidaridad y la igualdad, interpretados desde las esperanzas y los escollos del siglo XXI.

Resetear el planeta, pues.

¿Lo haremos? Confieso que no sé.

El Nacional, 4 de abril de 2020

 4 min


Alejandro Werner

Desde una sala de su casa en Washington, el jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI) para América Latina, Alejandro Werner (Buenos Aires, 1967) responde las preguntas de EL PAÍS por videoconferencia, en un momento crítico para la economía mundial y, muy especialmente, para el bloque latinoamericano. En una nebulosa económica que impide hacer pronósticos a más de unos pocos meses vista —¿cuándo pasará la pandemia y podrá volver la actividad económica?; ¿habrá una vacuna pronto?— Werner sí tiene algo claro: la región se enfrentará este año a la peor recesión en medio siglo y se expone a una nueva década perdida incluso si la recuperación es rápida.

Pregunta. El coronavirus ha activado el botón del pánico en la economía mundial, pero los emergentes se están llevando la peor parte hasta ahora. ¿Está Latinoamérica en la situación más crítica en décadas?

Respuesta. Es difícil hacer una comparación, pero en términos de desempeño económico va a ser el peor año para la región en más de medio siglo: vamos a ver recesiones profundas en todos los países. Nunca habíamos visto una sincronización tan preocupante… Todos van a estar afectados por la pandemia. Además, al ser un choque global, todos los spillovers [el efecto derrame] del exterior les van a afectar simultáneamente: recesión en todos los socios comerciales; caída en los términos de intercambio; crisis en el mercado del petróleo, con una bajada en el precio mayor de lo que se justifica por la menor actividad; caída en el turismo; caída de las remesas; salida en los flujos de capitales mayor que en la crisis financiera global. Va a ser la recesión más profunda en más de medio siglo.

P. Pero llegará la recuperación...

R. Aunque sea rápida en 2021 y siga en los años sucesivos, probablemente la década de 2015 a 2025 va a volver a ser otra década perdida en términos de producto per cápita. Ahora bien, si la epidemia se controla, muchos países de la región tienen una situación macroeconómica lo suficientemente sólida como para fundamentar una recuperación relativamente buena después. Eso lo hace muy diferente de la crisis de deuda externa y la crisis financiera de los ochenta, donde salimos con problemas inflacionarios y de deuda. Y hubo que reestructurar el sector financiero, la deuda pública, restablecer un sistema monetario que funcionase...

P. Pero, a diferencia de en la última crisis, la de 2008, Latinoamérica no tiene el salvavidas de las materias primas.

R. Aquella no fue una crisis de mercados emergentes: nomás recibimos el contagio del exterior. Y la región, en promedio, venía de años muy buenos y tenía margen de acción. Después, los precios de las materias primas se recuperaron rápidamente por la demanda china. En esta ocasión es difícil esperar un impulso muy importante por el lado de las materias primas. Va a haber un impulso de la economía mundial, porque se están implementando paquetes de ayuda por el lado de la demanda agregada muy importantes y de manera mucho más rápida que en 2009-2010, pero el impacto en la región va a ser muy importante.

P. Es un choque con mil y una ramificaciones: le pega a los países productores de materias primas; a los turísticos; a México, manufacturero y muy conectado a EE UU por exportaciones y remesas... ¿Hay precedentes de algo similar?

R. Difícilmente uno pueda imaginar un choque con esta cantidad de elementos negativos para la región: es de demanda y de oferta, agravado por la caída en el precio del petróleo.

P. Hace justo dos semanas urgía a “tomar medidas decisivas”: “Es el momento”, escribía. ¿Está satisfecho con lo visto hasta ahora?

R. Los países se han ido moviendo en la dirección correcta. En salud pública se han enfocado decididamente a limitar el contagio del coronavirus. Y se están implementando medidas de política fiscal para tratar de limitar la crisis económica: hemos visto programas ya en Chile, en Perú… Los países van avanzando y vamos a ver muchas más medidas con el paso del tiempo. Obviamente, en América Latina es mucho más difícil por la falta de capacidad fiscal para hacer programas tan agresivos y expansivos como en las economías avanzadas, que, con tasas reales negativas, tienen un costo mucho más bajo.

P. La ambición de estos paquetes, en cambio, está siendo menor que en otras economías, tanto avanzadas como emergentes. ¿No cree que hay que pedir más?

R. La historia de América Latina también hace que los responsables de la política económica actúen de manera prudente. Coincido en que la región tiene espacio para hacer más, pero siempre como parte de un paquete integral que ancle las expectativas de sostenibilidad de mediano plazo. También los bancos de desarrollo pueden tener una influencia importante.

P. ¿Hay más margen del lado de la inflación? Parece controlada.

R. Al no haber presiones inflacionarias, la política monetaria se puede concentrar más en apoyar la recuperación. Hay espacio para que los bancos centrales se muevan más.

P. Y, sin embargo, el golpe para las monedas de la región está siendo enorme: muchas de ellas están en o cerca de mínimos históricos…

R. Pero se están dando en simultáneo con reducciones de las tasas de interés: estos movimientos reflejan más bien factores reales, como la caída en los términos de intercambio o la desaceleración de la economía y los flujos negativos de capitales. México, por ejemplo, cuenta con reservas en divisas internacionales, una línea de crédito flexible con el Fondo y con la Fed. Brasil, Colombia o Perú también tienen reservas… Y, tradicionalmente, los inversionistas aprovechan las valuaciones más castigadas para llevar dinero de regreso a sus países. Vemos fortalezas, con movimientos cambiarios más parecidos al dólar canadiense, por ejemplo, que los tradicionales movimientos exagerados que detonaban pánicos. Eso abre la posibilidad de ser más agresivos.

P. Pero muchos países de la región llegan a esta crisis tras un periodo de fuerte convulsión social.

R. Las condiciones iniciales, sociales y políticas son complejas. La solidaridad nos debería llevar a que aquellos espacios de la sociedad donde hay mayor capacidad para resistir cooperen. Este choque debe llevar a buscar espacios de consenso y no de diferencias. Ojalá ese espíritu rija: hoy lo que hay que hacer es atender la emergencia, y en la medida en la que salgamos, las economías de América Latina van a estar en una mejor posición para corregir la mala distribución de ingreso y oportunidades.

P. Hablamos de política fiscal y monetaria, bancos de desarrollo… Pero, ¿dónde está el FMI en todo esto? Se echa en falta una actitud más proactiva.

R. En todos los países emergentes y en desarrollo debe haber un rol muy importante para que el Fondo y otras instituciones de desarrollo ayuden. Nosotros tenemos un balance de un billón de dólares y estamos empezando a movilizarlo a través de nuestros instrumentos de más rápido desembolso, que básicamente se usan para desastres naturales. 80 países nos han pedido esas líneas y estamos tramitándolas para que salgan rápidamente. Estamos perfectamente financiados para poder utilizar nuestra capacidad de préstamo, y es más importante utilizarla rápido dadas las necesidades que estar pensando en necesidades posteriores.

P. ¿Están preparados para nuevos programas si fueran necesarios?

R. Tenemos abiertos Argentina, Ecuador, Honduras, Barbados y dos líneas de crédito flexible. Y de las 80 peticiones de financiamiento rápido, 14 de ellas son de Latinoamérica y el Caribe. Si hay solicitudes de nuevos programas, trabajaremos en ellas.

P. ¿En qué punto está la negociación con Argentina? ¿Qué posibilidades ve de que los tenedores privados de deuda aprueben la quita propuesta?

R. No hacemos pronósticos. El proceso está avanzando. Obviamente, por la pandemia ha sufrido cambios en el calendario, pero las autoridades argentinas están enfocadas totalmente en llevarlo a buen término y estamos en la expectativa de que así sea, aunque el entorno económico sea más difícil.

P. Tras ser rescatado en 2019, Ecuador está hoy al borde del default y con un petróleo bajo mínimos que complica aún más todo.

R. Estamos trabajando con el Gobierno a marchas forzadas. Los precios del petróleo han sido un choque muy negativo: es el segundo o tercer país más expuesto de la región. Y es, además, uno de los que más está sufriendo la pandemia en términos per cápita. La situación más difícil tiene que ser reflejada en el programa.

03 de abril 2020

El País

http://elpais.com/economia/2020-04-03/america-latina-se-enfrenta-a-la-recesion-mas-profunda-en-mas-de-medio-siglo.html

 6 min


ALREDEDOR DE LOS LIBROS

“Me veo en el deber de referir lo que se me cuenta, pero no a creérmelo todo a fe ciega. Esta afirmación es aplicable a la totalidad de mi obra”. (Heródoto VII, Las Guerras Médicas, 151, 3).

Es una novela, no un libro de historia. Nadie puede pedir a Mario Vargas Llosa que se ajuste exactamente a los hechos y a las fechas. Pero Tiempos Recios es una novela histórica. Género que se define por la recurrencia a periodos y personajes reales entre quienes un autor teje una trama, real o ficticia. Y evidentemente, el mismo autor se preocupó de que esa – seguramente una de las mejores novelas en su largo historial – rompiera con la linealidad cronológica de un clásico texto de historia. Y lo hizo volviendo a uno de sus más conocidos recursos, algo abandonado después de La Casa Verde: la utilización del tiempo faulkneriano, vale decir, extendiendo un plano donde pasado y presente irrumpen de modo alternado. Cabe agregar: los mejores discípulos de Faulkner son latinoamericanos. Vargas Llosa – y Juan Carlos Onetti, no nos olvidemos nunca de él – han sido los más aventajados.

Es el de Vargas Llosa el tiempo del pensamiento. Un tiempo que va y vuelve del pasado al presente cuando pensamos sobre hechos que ya ocurrieron pero de algún modo continúan “vivos”. Ese tiempo pasado que según William Faulkner, “no ha pasado”. Fue también el tiempo de los primeros historiadores de la humanidad.

Los tiempos de Homero, Heródoto y Tucídides, no tenía nada que ver con el de los procesos meta-históricos de la historiografía moderna, sino con hechos descritos a partir de las acciones de sus actores (héroes). Es por eso que la historiografía griega dejaba un gran espacio a la imaginación del historiador hasta el punto que aún no sabemos si la Iliada o la Odisea son libros literarios o históricos. Probablemente son las dos cosas a la vez.

Pero vamos al punto: Vargas Llosa es sin duda un escritor riguroso. Ha probado serlo en muchas de sus novelas. Sus investigaciones sobre tiempo y lugar son acuciosas; en ese punto no se diferencia de un buen historiador. Cierto, novelista al fin, la realidad histórica termina siendo sometida al imperio de la ficción, aunque en determinados momentos de Tiempos Recios – en La Fiesta del Chivo también- tenemos la impresión de que la ficción se encuentra subordinada al principio de realidad. Y bien, justamente a partir de esa combinación de realidad y ficción, obtenemos una visión de los hechos tanto o más real, incluso más objetiva, que aquella que se deduce de una historiografía “pura”. No es paradoja: es una de las tareas que corresponde a la novelística histórica: la de indagar más allá del conocimiento objetivo de los hechos.

Ese conocimiento llamado objetivo no da ni puede dar cuenta de la verdad de los hechos. Solo nos relata acerca de lo que aparece en la superficie. Pero no nos dice nada acerca de como llegaron a aparecer. De tal modo que, aunque parezca contradicción, el conocimiento objetivo será siempre superficial. Acerca de lo que ocurre debajo de esa superficie, sabemos muy poco. Solo podemos acceder a ese “debajo” si utilizamos una de las herramientas de la inteligencia: la imaginación. Imaginación vedada al historiador; mas no al novelista histórico.

Mal historiador sería aquel que recurriera a su imaginación para dar cuenta de los hechos. Mal novelista el que no recurriera a su imaginación para indagar que es lo que ocurrió en ese espacio cerrado a la ciencia del conocimiento. Pues allí donde termina el conocimiento, comienza la imaginación.

Por supuesto, la versión agregada que proporciona la imaginación del escritor no es objetiva pero puede ser incluso más verdadera que la del historiador. Por lo menos en un punto: nos hace comprender que detrás de los grandes eventos históricos hay una multitud de hechos ocultos que los explican: conversaciones secretas, chantajes, miedos, intrigas, debilidades humanas, pasiones mal contenidas, relaciones amistosas y sexuales, llamados telefónicos, mucha plata, y tanto más.

El novelista histórico tampoco conoce ese submundo, pero he ahí el detalle: lo imagina. Gracias a esa imaginación no conocemos mejor el hecho histórico pero, si el escritor es tan bueno como Vargas Llosa, lo entendemos mejor. Se trata, efectivamente, de “la verdad de las mentiras” según la expresión ensayística del autor peruano. En nuestra terminología se trataría de una “intra-historia”. Me explico:

Así como existe la meta-historia del historicismo progresista, sea este positivista, hegeliano o marxista, una donde los hombres se equivocan pero la historia jamás, existe también una intra-historia de la que no somos plenamente conscientes. No se trata de un inconsciente colectivo como imaginó C. G. Jung ante la ira de Freud, sino de algo que, definitivamente, nos es desconocido.

Antes de Tiempos Recios conocíamos los llamados hechos objetivos que dan lugar a su narración. Sabíamos que Guatemala, como casi todos los países centroamericanos, era tierra de dictadores, carniceros uniformados coaligados con una pseudoaristocracia racista y cruel. Que la United Fruit había instalado un verdadero imperio colonial en la región, que no pagaba impuestos y que explotaba a los indígenas con sueldos de hambre. Sabíamos también que después de la dictadura del general Jorge Ubico aparecieron en Guatemala dos hombres buenos: los presidentes Juan José Arévalo y el general Jacobo Arbenz, y que este último radicalizó el “autoritarismo ilustrado” del primero intentando reformas sociales, incluyendo en ellas un desafío a la United Fruit o el Pulpo, o la Mamita Yunay -hay que volver a leer la impactante novela de Miguel Angel Asturias- una tímida reforma agraria. En verdad, una simple recuperación de tierras ociosas.

Sabíamos además, que los EE UU de Eisenhower financiaron al ejército “liberacionista” del general Carlos Castillo Armas y que aviones norteamericanos bombardearon a cientos de comunidades agrarias sembrando con cadáveres los campos guatemaltecos. Sabíamos que Castillo Armas fue asesinado como consecuencia de una misteriosa confabulación donde el dominicano Rafael Leonidas Trujillo metió sus largas manos. Y sabíamos que los EE UU a través de la CIA lograron imponer la dictadura militar del general Miguel Idígoras Fuentes. Todo eso lo sabíamos y para saberlo no necesitábamos leer Tiempos Recios. Pero gracias a la imaginación de Vargas Llosa podemos saber, además, muchas otras cosas que no imaginábamos.

No imaginábamos que el mestizo Castillo Armas (Cara de Hacha) sentía desde su juventud en la escuela militar un odio racista en contra del “blanco” Jacobo Arbenz. Ni la fidelidad política que guardó a Arbenz su culta esposa, la salvadoreña María Vilanova. Ni el poder que podían alcanzar cortesanas ilustradas como Martita Borrero en las habitaciones de dictadores y tortuosos agentes, ni mucho menos que durante Castillo Armas, las mujeres del dictador, la amante y la esposa oficial, fueron símbolos en torno a los cuales tomaron forma las tendencias liberales y las ultra conservadoras del país.

Tampoco imaginábamos como personajes secundarios de la narración podían ser determinantes en la intra-historia, hasta el punto que, de acuerdo a la novela podían llegar a constituirse en actores principales, como el corrupto agente dominicano Abbes García, al fin, verdadero “héroe” de la novela. No imaginábamos tampoco que el embajador norteamericano podía ser una persona tan bruta como lo retrató el escritor. Y aunque sabíamos que entre dictadores como Anastasio Somoza, Castillo Armas, Papa Doc, Pérez Jiménez, y otros, existía una red geopolítica, no sabíamos del poder que sobre ella ejercía el dominicano Rafael Leonidas Trujillo. Todo eso podemos ahora imaginarlo gracias a Vargas Llosa. No sabemos mas pero lo que ya sabíamos, lo sabemos mejor.

Vargas Llosa no pudo ocultar que a través de la escritura de Tiempos Recios tuvo lugar un pleito entre dos de sus personalidades: la del escritor fantasioso que siempre ha sido y la del político humanista y liberal que una vez quiso ser. Si me preguntaran quien ganó ese pleito yo diría que hubo empate. Hacia las últimas páginas parecía que ganaba la imaginación literaria. Pero en el capítulo final, dando un vuelco que no dudo en calificar de genial, Vargas Llosa decidió meterse el mismo en el libro como personaje, entrevistando en compañía de Tony Raful (La rapsodia del crimen, Trujillo versus Castillo Armas, Santo Domingo, Grijalbo 2007) a la “heroína” de su libro, la ya ochentona, Marta Borrero. Ahí el escritor no resistió la tentación de emitir juicios en contra de la política de los EE UU hacia América Latina. Juicios que son propiedad de los historiadores. Por eso, como el escritor que es, Vargas Llosa se permitió pensar en subjuntivo, algo que nunca debe hacer un historiador.

Cito las últimas palabras de Tiempos Recios: “Hechas las sumas y las restas, la intervención norteamericana en Guatemala retrasó decenas de años la democratización del continente y costó millares de muertos, pues contribuyó a popularizar el mito de la revolución armada y el socialismo en toda América Latina. Jóvenes de por lo menos tres generaciones mataron y se hicieron matar por otro sueño imposible, más radical y trágico todavía que el de Jacobo Arbenz”.

La brutal intervención de EE UU en Guatemala fue, según Vargas Llosa, el eslabón inicial de una cadena de acontecimientos que aún no terminan de cristalizar. EE UU, en efecto, con la excepción de cuatro gobiernos, los de Carter, Clinton, Bush (padre) y Obama, ha mantenido una agresiva política hacia América Latina, explicable solo en parte por los avatares de la Guerra Fría, dando impulsos y bríos a los enemigos de la democracia, fueran estos de izquierda o de derecha. El comportamiento de los tecnócratas de la CIA, eficaces a la hora de tejer intrigas y sobornar políticos y militares, pero incapaces de entender los cursos políticos de cada nación, nos lo deja muy claro Vargas Llosa en ese personaje seguramente inventado, “el agente que no se llamaba Mike”.

Pocos países han trabajado más en contra suya que los EE UU en América Latina. La intervención descarada de la CIA y de la ITT en el Chile de Allende parecía ser el último eslabón de esa cadena. Pero después continuó con su apoyo a los “contras” en Nicaragua y a los escuadrones de la muerte en El Salvador. Una historia de intrigas y crueldades en compañía de personajes deleznables (no olvidemos que Noriega fue agente de la CIA en Panamá) a los que entronizaba para después derrocarlos.

Se prueba así una vez la máxima kantiana: “sin Constitución hasta los ángeles actúan como demonios”. Hacia el interior rige en los EE UU una Constitución a la que todos veneran. Fuera del país, esa Constitución no rige. Allí, los EE UU a través de la CIA y sus esbirros, han soltado a todos sus demonios.

Creíamos que esa historia estaba por finalizar. No ha sido así. Lo hemos visto recientemente en la actuación del gobierno Trump en Venezuela. Para tranquilizar con fines electorales a la ultraderecha maiamera, Trump ha llegado a hablar de invasiones y de posibles golpes de estado, paralizando a la oposición y permitiendo que su conducción fuera ganada por grupos antidemocráticos, apartando así de una exitosa vía electoral a la mayoría del país.

Las conversaciones que tienen lugar entre personeros de Trump con los agentes de Maduro y de Putin, no las conoce nadie. Esas son las venas cerradas de América Latina. Pertenecen a esa intra-historia a la cual solo podemos acceder gracias a la imaginación de escritores como Vargas Llosa. Quizás alguna vez, otro escritor tan político como Vargas Llosa, reconstruirá la historia secreta de Venezuela en los tiempos de Trump.

Si me pidieran una opinión muy breve sobre Tiempos Recios yo diría: “es una gran novela histórica”. Después agregaría: “una que debe ser leída con urgencia por políticos y por historiadores”. Y no por último, afirmaría: “Pero como quien aquí escribe estas líneas no es un crítico literario, no hay que hacerme mucho caso. Al fin y al cabo no escribo “sobre”, sino “alrededor de los libros”.

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2019/12/fernando-mires-esos-tiempos-rec...

 9 min


​José E. Rodríguez Rojas

La eficacia de la cuarentena para combatir el Covid19 en los países de América Latina es limitada. Una considerable parte de la población trabaja en la economía informal y no tiene la opción de detener su actividad y quedarse en casa. Debido a ello, la cuarentena es una medida con un incumplimiento elevado, en especial en las barriadas populares. Es además insostenible en el corto plazo. En nuestro país se requiere de medidas adicionales como la aplicación de los tests en forma masiva, como lo aconseja la OMS. Sin embargo, el gobierno venezolano no contempla la implementación de los tests como una tarea inmediata. Aparentemente considera que la instrumentación de la cuarentena ha sido un éxito y no cree necesario medidas adicionales.

En el caso de México 30 millones de personas se dedican al comercio informal, señala un artículo sobre el tema publicado en el diario El País de España, la misma fuente señala que el comercio informal representa el 56% de la economía según el Instituto Nacional de Estadística de este país. Está integrado por personas que trabajan por cuenta propia a través de negocios de comida, venta ambulante o prestación de servicios, La mayoría de estas personas viven al día con lo que ganan y no tienen acceso al servicio de salud pública. Su actividad genera el 22% del Producto Interno Bruto del país de los mariachis. La economía informal ha adquirido una especial importancia con la crisis que atraviesa México en estos momentos, por el descenso del precio del petróleo y el freno a la manufactura, pues la informalidad actúa como un amortiguador de la crisis. Debido a la caída de las ventas por la cuarentena la actividad de los informales ha sido afectada, por lo que el gobierno ha aprobado un millón de microcréditos para estos pequeños negocios. Quedarse en casa por la cuarentena no es una opción para estos trabajadores y así lo afirma una vendedora de frutas en una entrevista citada en el artículo mencionado : “no podemos estar en cuarentena, sino podemos trabajar en esto tendremos que buscarlo por otro lado” [El País (a)]. Esto probablemente explique la resistencia del presidente López Obrador a implementar una cuarentena de forma compulsiva.

En Venezuela se presenta una situación similar a la de México, un reportaje del mismo diario estima que más del 60% de los venezolanos dependen de la economía informal la cual se ha visto afectada por la cuarentena que ha reducido sus ingresos. No pueden parar pues viven al día de ingreso que le genera esta actividad. Debido a ello el incumplimiento de la cuarentena en las zonas populares es muy alto. En la prensa nacional e internacional se reporta como en las barriadas populares de Catia y Petare, las áreas tradicionalmente dedicadas al comercio informal siguen repletas de comerciantes y de clientes, a pesar de la cuarentena. El reportaje citado señala el caso de “un policía con un megáfono en la redoma de Petare enfrentando la indiferencia de un mar de personas a las que le pedía volver a sus casas por la salud de todos”. La policía ha intentado desalojar a los comerciantes informales que vendían productos en la barriada de Catia, pero ello derivó en protestas de los afectados [El País (b)].

La cuarentena tiene fecha de expiración para los que laboran en la informalidad. En el reportaje mencionado se cita el caso de un mototaxista con capacidad de ahorro que logró acopiar una cierta cantidad de provisiones a fin de acogerse a la cuarentena, pero el trabajador señaló que ello le alcanza hasta el 13 de abril cuando termina la cuarentena, luego tiene que trabajar [El País (b)]. Ello parece ser una situación generalizada pues el presidente de Colombia Iván Duque señaló, en días pasados, que la cuarentena no puede prolongarse más allá del 13 de abril y que hay que aprender a convivir con el virus.

Ante esta situación se ha planteado, en Venezuela, la necesidad de instrumentar ayudas a las familias que dependen de la economía informal y a las más necesitadas, pero lo que se ha aprobado es un bono de 350. 000 bolívares que en la actualidad no alcanza para comprar un kilo de carne.

Incluso en los países más desarrollados la cuarentena está llegando a un límite, en Italia después de tres semanas de cuarentena las familias más pobres están al límite. Muchos negocios han cerrados y el desempleo se ha incrementado. Hay personas que se niegan a pagar en los supermercados y se perciben amenazas de saqueos y disturbios según un reportaje reciente del canal alemán en español DW.

Son necesarias medidas más focalizadas para incrementar la eficacia de la lucha contra el Covid 19. La organización mundial de la Salud ha aconsejado la realización de tests masivos para localizar a los contagiados, ponerlos en tratamientos y aislarlos. Según un reportaje de la BBC, la aplicación temprana de esta estrategia en Alemania es uno de los factores que explica el bajo índice de mortalidad por coronavirus en este país, frente a los casos de España e Italia. Esta estrategia enfrenta dificultades para su implementación por la limitada disponibilidad de máquinas utilizadas para estas pruebas, según el gobierno de Colombia. En Venezuela esa no parece ser la limitación pues Nicolás Maduro manifestó su disposición de regalarle algunas máquinas a Colombia, en solidaridad con el hermano país. Sin embargo señaló también que existen planes del gobierno para una aplicación masiva de los tests a la población, pero que ello se realizará en dos o tres meses. Aparentemente el gobierno considera que la instrumentación de la cuarentena ha sido un éxito y no cree necesario medidas adicionales.

Referencias:

El Pais. 2020 (a). “Sin ahorros ni provisiones: Venezuela en cuarentena”. El País 31 de marzo.

El Pais. 2020 (b). “O nos morimos del coronavirus o nos morimos de hambre, habrá que elegir una”. El Pais, 20 de marzo.

Profesor UCV

 4 min


La nueva propuesta para una transición democrática en Venezuela anunciada por Mike Pompeo, secretario de Estado de EE.UU. pone en tres y dos a quienes integran la dictadura. Si quieren que se les levanten las sanciones, deben permitir el restablecimiento del orden constitucional en sus aspectos centrales: respetar las potestades de la Asamblea Nacional y disolver, por tanto, a la anc fraudulenta, liberar los presos políticos y habilitar a todos los diputados presos y perseguidos.

El fin sería integrar, junto a las fuerzas democráticas, un Consejo de Estado como gobierno de emergencia que haga frente a la pandemia del Covid-19, coordine la ayuda humanitaria y, con un nuevo CNE, convoque a elecciones presidenciales y parlamentarias. De lo contrario, tendrán que sufrir todo el peso de estas sanciones y más, ahora con el agravante de un precio sobre la cabeza de los criminales más connotados.

En fin, la proverbial política de zanahoria o garrote para inducir los resultados buscados, tan bien expresada por el mayor de los Roosevelt, Teddy: “Speak softly and carry a big stick”. El despliegue de buques de guerra estadounidenses en el Caribe “contra el narcotráfico” sería una materialización de esta consigna.

Como era de esperarse, Maduro –siguiendo órdenes de sus amos cubanos-- rechazó la propuesta, con el argumento ofensivamente cínico de que “no se doblegará ante el tutelaje de ningún gobierno extranjero” (¡!). Sabe, además, que difícilmente evitaría que le pusieran los ganchos, una vez fuera del poder. Fiel a su naturaleza despótica, manda a sus esbirros a perseguir a dirigentes democráticos en represalia.

Por demás, el fascismo, ante un desiderátum de tal naturaleza, ha buscado siempre salirse con la suya “huyendo hacia adelante”, bajo el chantaje de desatar una escabechina final si lo acorralan. El mundo ficticio que se ha construido con sus consignas grandilocuentes le proporciona la ilusión de un refugio justo, mientras la Historia (con mayúscula) acuda en rescate.

Pero, por los vientos que soplan, la postura de Maduro no hace más que acelerar su suicidio --así se mantenga algún tiempo más mandando--, porque sus recursos se agotaron. Ni los rusos ni los chinos van a meter sus manos en el fuego por él. Le quedan sólo las bandas criminales con las que opera … y los oficiales corruptos del Alto Mando Militar.

El terrible problema para Venezuela con el suicidio que Maduro se ha provocado con su intemperancia criminal es que no lo afectará sólo a él; terminará como el del piloto alemán que estrelló a propósito su avión cargado de pasajeros contra un macizo alpino. Permanecer un tiempo más en el poder tendrá un espantoso costo para el país, sobre todo en estos momentos en que avanza la pandemia del COVID-19- en un ambiente de devastación, miseria y ruindad “socialista”.

Nuevamente, el fiel de la balanza está en manos militares. Por lo que se desprende de la propuesta –tomando en cuenta la imputación del Depto. de Justicia de los EE.UU. contra Maduro y otros altos personeros por narcoterrorismo—hasta los militares indiciados podrían salir beneficiados. Presumiblemente, encontrarían un marco más favorable para afrontar sus deudas con la justicia. Los más criminales, narcotraficantes, torturadores y asesinos de manifestantes, no salida claro está. Pero intuyo que una amplia franja grisácea de oficiales con distintos grados de complicidad con la mafia gobernante --más allá de los militares honestos que me niego a creer que no existan--, podría estarse jugando su futuro.

El Titanic fascista se hunde irremediablemente, A los militares les llegó la hora de escoger cómo quieren ser recordados por los venezolanos: cómo los que proporcionaron los salvavidas para que el país no terminara de hundirse en el abismo, o como los que los llenaron de plomo para que sí lo hiciera.

Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”. Desmond Tutu, clérigo Sur Africano, luchador contra el apartheid.

Economista, profesor (j) de la Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

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Maxim Ross

Si mis lectores han seguido mis últimos artículos se darán cuenta de mi insistencia y persistencia en el tema del rol que debe tomar la sociedad civil en tiempos de crisis, pero ahora más todavía por la crítica situación que atraviesa Venezuela con la llegada del Coronavirus. Por ello, viene muy bien al punto el llamado del Padre Ugalde por la necesidad de renovar el Pacto Social Democrático, tesis que ha reiterado en su angustia porque el país no se nos vaya de las manos.

Ahora que la situación se ha tornado más dramática con la llegada del destructivo virus, se nos une el peculiar estado de cosas en que este se recibe en nuestro país y con una especial diferencia con el resto del mundo, pues en todos los países, los ciudadanos, con mas o con menos, confían en sus gobiernos y en sus instituciones para enfrentarlo. El drama es que en Venezuela no confiamos en él, no solo por el hecho de que nos ha acostumbrado a ocultar información, sino porque, encerrado como está en una eterna confrontación politica, sus actuaciones quedan marcadas e influidas por ella.

Por esa razón el llamado de Ugalde tiene un gran sentido, pero tengo mis dudas que pueda evaluarse y resolverse en el ámbito puramente político, pues allí precisamente se concentran todas las baterías y artillerías de la batalla, cada día con mayores componentes antagónicos.

En ese sentido, haría un llamado a los empresarios organizados, a los gremios de médicos y enfermeras, a los maestros, a los padres de nuestros hijos, a los Colegios Profesionales, a las Iglesias y a otras instituciones de la sociedad civil para hacer un intento de conversar, de reunirse y de articularse para que el llamado del Padre Ugalde no quede en el vacío del mundo político. Quizás se podrían colocar dos planos de acción, uno para atender la emergencia que plantea la llegada del Virus y otro para intentar hacer renacer a Venezuela, como sugiere Ugalde en ese Pacto Social.

Tenemos una oportunidad de hacerle un bien a Venezuela si comprobamos este poder que tenemos como sociedad civil, sugiriendo y exigiéndole a gobierno y oposición a “chavistas y no chavistas”, a todos aquellos que están en el medio de la controversia que, por un momento piensen en los venezolanos más afectados y en que Venezuela se nos puede convertir en un infierno si no se actúa a tiempo.

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Analítica.com

Editorial

Desde que a principios de marzo habló el presidente Trump asegurando que vendrían noticias importantes con respecto a Venezuela, hemos constatado numerosas acciones visibles, y otras menos mediáticas, pero que se concretan en un apoyo decidido a lograr el restablecimiento de la democracia en nuestro país.

Es de particular relevancia lo manifestado anteayer por el Embajador Elliot Abrams en un artículo publicado en The Wall Street Journal, y la rueda de prensa ofrecida este martes por el Secretario de Estado Mike Pompeo, que dejan bien clara la posición del gobierno norteamericano sobre la solución a la crisis venezolana.

En primer lugar, dan pleno apoyo a la idea de la formación de un gobierno de emergencia nacional, tal como fue planteado hace un par de días por Guaidó.

En segundo lugar, están de acuerdo con la designación por la Asamblea Nacional de un Consejo de Estado que tendría como objetivo principal proceder en un lapso menor a un año a convocar elecciones generales, tanto presidenciales como parlamentarias, y para que estas sean libres y democráticas se procederá a designar un nuevo CNE y TSJ. No dijeron nada específico en cuanto a los demás órganos del Estado, pero se supone que quien puede lo más, puede lo menos.

En tercer lugar, para que ese Consejo de Estado asuma el poder ejecutivo, ni Maduro ni Guaidó pueden ser Presidentes de la República.

En cuarto lugar, quien presida el Consejo de Estado no podrá ser candidato a la presidencia en las próximas elecciones.

Y por último, Guaidó, que seguirá siendo el presidente de la AN, si podrá participar en las futuras elecciones. No así quienes hayan sido objeto de sanciones por violación de los DDHH, narcotráfico o apoyo al terrorismo.

De constituirse este Consejo, automáticamente se suspenderán las sanciones que no sean individuales, y podrá llegar al país toda la ayuda necesaria para paliar la crisis sanitaria y humanitaria.

Vista la gravedad de la situación no sólo por el Covid-19, sino por la escasez de gasolina y el pésimo estado de la salud pública y del transporte, un acuerdo en este sentido luce imprescindible para que pueda entrar libremente en el país la tan necesaria ayuda humanitaria y sanitaria que impida que se produzca un cataclismo social.

Es probable que a algunos no les guste esta fórmula, sin embargo, sería bueno conocer qué otra estrategia se puede implementar en el corto plazo y sobre todo cómo y quiénes la podrían ejecutar con el mayor grado de consenso posible.

https://www.analitica.com/el-editorial/la-posicion-de-eeuu-respecto-a-ve...

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