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Opinión

Con voz propia

“Patria libre y soberana”, consigna que usa el castrense y castrista narco régimen en una apropiación del pensamiento del partido Acción Democrática, que este 13 de septiembre arriba a 78 años. Tal día lo fija como de su fundación, con la aparición pública en mitin del Nuevo Circo de Caracas.

En cronología, tal fundación se produjo el 11 de mayo 1941 en asamblea de Caracas. En su mayoría eran jóvenes del interior los suscriptores del Acta Constitutiva, que no firmó Rómulo Betancourt, tampoco Raúl Leoni, Gonzalo Barrios y Valmore Rodríguez, vetados por Gobierno. Aprobó el lema Patria Libre y Nuestra y el verde como color de tarjeta electoral.

Primer CEN del que se identificó Partido del Pueblo, lo integraron Rómulo Gallegos, Presidente, Andrés Eloy Blanco y Luis Mosquera Soublette, vicepresidentes, Julio Ramos, Luis Lander, Ricardo Montilla, Juan Pablo Pérez Alfonzo, Arturo Briceño y Luis Beltrán Prieto Figueroa, directores. En el Coliseo, intervinieron Gallegos, Andrés Eloy, Prieto Figueroa, Mario García Arocha, Ricardo Montilla y Betancourt.

Su programa fue concebido en el Plan Barranquilla, redactado por Betancourt, que sirvió de declaración a la Agrupación Revolucionaria de Izquierda (Ardi), que dio paso a Organización Venezolana (Orve) de la cual derivó el Partido Democrático Nacional (PDN), antecedente de AD.

A cuatro años de su aparición, derrocó al democrático General Isaías Medina Angarita, que lo legalizó. Le sucedió Betancourt quien presidió Junta Revolucionaria de Gobierno, conformada por sus compañeros: Leoni, Prieto Figueroa y Gonzalo Barrios; el independiente Edmundo Fernández y los Mayores Carlos Delgado-Chalbaud y Mario Vargas.

Celebró la Asamblea Constituyente presidida por el poeta Andrés Eloy Blanco, la cual aprobó la Carta Magna de 1947.

Gallegos fue el primer Presidente electo por voto directo, el 14 de diciembre de 1947. En 1941 había sido postulado simbólicamente porque la escogencia correspondía a un Congreso controlado por el Gobierno. Obtuvo en su elección 70.83%; Rafael Caldera, Copei, 13.22% y Gustavo Machado, PCV, 2.9%. Nueve meses duró su mando. Golpe Frío (sin violencia) el 24 de noviembre 1948, de militares que llevaron a AD al Poder, lo derrocó.

AD fue el partido con más Presidentes. A los nombrados se agregan: Betancourt dos veces; Leoni, Carlos Andrés Pérez, reelecto; Jaime Lusinchi, Octavio Lepage, transitorio y Ramón José Velásquez.

Resistencia en ejercicio del poder demostró AD. En la Presidencia Betancourt fue víctima de intento de magnicidio, 22 asonadas golpistas y la guerrilla; se produjeron dos divisiones. La encabezada por la juventud que funda el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) a la que siguió la escisión liderada por Raúl Ramos Giménez, del ARS, apodado así porque se le atribuía slogan de publicidad de esa denominación: “permítanos pensar por usted”. En 1963 se postuló a la Presidencia con AD-Oposición, transformado en Partido Revolucionario de Integración Nacionalista (PRIN)

En Gobierno de Leoni se produjo la división liderada en 1968 por Prieto a quien se le desconoció postulación presidencial aprobada en primarias. Nace el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP). Las 3 escisiones fueron ideológicas.

AD figura como el de más escisiones. Hugo Chávez amenazó a los adecos con freír sus cabezas. Por cierto, Nicolás Maduro le proclama su paternidad. En verdad era hijo legítimo de su homónimo, líder de dicho partido, quien se asiló en Colombia, después del golpe contra Gallegos. Allá se casó con la paisana Teresa Moros; en Cúcuta, nació el hoy lacayo chavista que continuó la línea antipartido con la inhabilitación electoral. Reto ahora de AD es recuperarse, porque adeco es adeco hasta que se muera.

Al MARGEN. El respaldo a la reactivación de las FARC es porque la estructura del narco régimen las necesita para sostenerse, no importa que la cúpula esté negociando con el Imperio, cada quien por su lado.

jordanalberto18@yahoo.com

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Reinaldo Rojas

El pasado 7 de agosto Colombia celebró el Bicentenario de la Batalla de Boyacá, la cual selló la independencia de la Nueva Granada y creó las condiciones para la fundación de la Gran República de Colombia, mediante ley, el 17 de diciembre de 1819. Es interesante destacar que esta república de Colombia fue creada en Angostura por el Congreso de Venezuela, bajo la presidencia de un neogranadino, el Dr. Francisco Antonio Zea, producto de la unidad que privó entre ambos pueblos en aquellas horas de lucha por la Independencia.
Después del triunfo militar en Boyacá, es evidente que el acontecimiento político más importante fue el de la fundación de Colombia. Pero, ¿cuál Colombia? Esta palabra expresa diferentes contenidos histórico y, por ello, ha dado lugar a distintos significados. Empecemos, entonces, por precisar los diferentes significados que la misma ha tenido en el tiempo. Inclusive, la que podría tener en el futuro.

Colombia, como vocablo y como idea, es un invento de Francisco de Miranda que va a entrar a nuestra historia republicana en tres grandes momentos. Primero en 1810, cuando Miranda funda en Londres un periódico con el nombre de El Colombiano; luego en 1819, cuando el Congreso de Angostura crea por ley la República de Colombia, la cual desaparece en 1830; y en 1863, con la Constitución de Río Negro que transformó el Estado de la Nueva Granada, de 1832, en Estados Unidos de Colombia.

Ahora bien, ¿cómo surgió esa idea en Miranda?, ¿cómo fue que Bolívar y sus contemporáneos la institucionalizaron en 1819? Y ¿por qué los liberales neogranadinos la tomaron para sí en 1863? El tema es complejo, pero pongamos en la mesa algunas ideas.

Miranda, que fue un hombre universal no sólo por su pensamiento, sino también por su mirada global de la historia del mundo a finales del siglo XVIII, al estudiar la evolución del Imperio español en América le inquietaba saber acerca del futuro de aquellos dominios, que sólo en nuestro continente cubría cerca de treinta millones de kilómetros cuadrados y unos veinte millones de habitantes, establecidos –para la época– entre los confines del río Mississippi, en el norte de América, hasta el Cabo de Hornos. Ese vasto territorio es el que Miranda va a bautizar con el nombre de Colombia, en homenaje a Cristóbal Colón. En este sentido, todo aquello que concierna a Colombia, llevará ese rótulo, que es con el que va a denominar su voluminoso archivo: Colombeia.

La opción es la independencia

Al iniciarse la crisis española en 1808, con la abdicación de Fernando VII en favor de Napoleón Bonaparte, para Miranda la opción es la independencia bajo los auspicios de la Gran Bretaña. Con esa idea por delante y a fin de prefigurar ese futuro que se acerca, funda El Colombiano. En su primer número, del 15 de marzo de 1810, Miranda no le habla a Caracas, a México o a Buenos Aires. Se dirige a “los habitantes del Continente Colombiano”, fundando con ello la idea de una nueva nación que él denomina ya como Colombia.

En la denominada “Carta de Jamaica”, Bolívar –seguidor de Miranda- le comenta al destinatario de su correspondencia, el comerciante inglés Henry Cullen, que él prevé que la Nueva Granada se unirá con Venezuela para formar una república centralizada con el nombre de Colombia. Efectivamente, por su iniciativa, el 17 de diciembre de 1819, el Congreso de Venezuela “con arreglo al informe de una Comisión Especial de Diputados de la Nueva Granada y de Venezuela”, decreta la Ley Fundamental de la República de Colombia, nueva entidad política constituida por los departamentos de Venezuela, Cundinamarca y Quito, con sus capitales Caracas, Bogotá y Quito, quedando pendiente la creación de una nueva ciudad que con el nombre de Bolívar será la capital de la nueva República.

¿Una ilusión?

Este proyecto unitario entra en crisis y desaparece en 1830. Pero su espíritu reaparece en Río Negro, Antioquía, en la Asamblea Constituyente que en 1863 redacta una nueva constitución para la Nueva Granada y decide constituir los Estados Unidos de Colombia. Entre aquellos diputados destaca la figura del general Tomás Cipriano de Mosquera, héroe de la independencia y gobernador del Estado del Cauca, quien comparte con el venezolano Antonio Leocadio Guzmán el renacimiento del sueño grancolombiano con el triunfo federal en ambos países. ¿Una ilusión?

Esta visión quedó establecida en aquella Constitución al señalar en su Art. 90 que “El Poder Ejecutivo iniciará negociaciones con los gobiernos de Venezuela y Ecuador para la unión voluntaria de las tres secciones de la antigua Colombia en nacionalidad común, bajo una forma republicana, democrática y federal...”. En este siglo XXI, frente a la división que nos caracteriza ¿se proyectarán en el futuro estas ideas?

enfoques14@gmail.com

@reinaldorojashistoriador

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"Destrucción Creativa” llamó Joseph Schumpeter al proceso mediante el cual un viejo orden se destruye por sus contradicciones para dar paso a un orden nuevo. Este proceso ya ocurrió al régimen de Punto Fijo y está ocurriendo al chavista por las mismas razones: estatismo, centralismo, partidismo, rentismo, clientelismo, corrupción y pobreza: Autoritarismo Rentista.

La buena noticia es que ésta destrucción es una oportunidad para construir el modelo de Democracia Productiva, habiendo sido los gobiernos más cercanos a este ideal los de Isaías Medina Angarita, CAP II y Ramón Velázquez.

El Autoritarismo concentrador de poder se refuerza con el Rentismo en la medida que las riquezas se generen en pocas fuentes y con un rendimiento muy superior al de los demás negocios, como los del petróleo, oro, etc., y monopolios otorgados por el Estado o no regulados. Quien detente el poder político tenderá a concentrar más poder si mantiene las fuentes de alta renta bajo su propiedad o control y repartiendo la riqueza en pocas manos porque, si la repartiera ampliamente, estaría repartiendo poder político.

La Democracia Pluralista se asocia a la inversión Productiva. Necesita surgir y mantenerse con base en fuerzas plurales y, para ello es necesario que los partidos políticos lleguen y se mantengan en el poder aliados con empresarios y trabajadores, alianza que luego tienda a incluir otros sectores. Para que tal pluralismo sea efectivo, se necesita que las fuentes de riqueza sean diversificadas para que los ingresos fiscales y de divisas provengan de múltiples actores económicos exitosos. ¡Nunca de una sola fuente propiedad del Estado!

Pero los demócratas pluralistas todavía no podemos hacer fiesta. Cualquier cambio no basta. Primero, no puede consistir en “quítate tú pa’ pone’me yo” sino que hay que cambiar las políticas que hacen daño. Segundo, el cambio que se perfila hasta ahora no sería fruto de una fuerza pluralista partidos-empresas-trabajadores sino que estaría en manos de un grupo de partidos que no ha promovido una alianza con otros sectores, ni siquiera entre todos ellos. Nadie que llegue solo al poder lo reparte. Tercero, claro que cualquier cosa es mejor que esta pesadilla; pero, ¿cuanto tiempo duraría un gobierno medio partidocrático, medio rentista y mediocre? No lo suficiente. Cuarto, las propuestas para responder a la crisis son dos: la del Plan de la Patria, oficialista, y la del Plan País, opositor. Falta un Tercer Plan que nos libere de los frenos de la partidocracia: Necesitamos descentralización a fondo; liberar precios; pagar la deuda de empresas del Estado mediante conversión de deuda en capital y no pidiendo prestado; dolarizar la economía (o constituir una cesta de monedas duras) para quitarle la potestad a cualquier gobernante de turno de crear liquidez inflacionaria y de sobrevaluar el bolívar para frenar el agro, la industria y el turismo, evitando así que el empresariado y los trabajadores se enriquezcan y cojan demasiado vuelo político propio; adecuar la educación secundaria a las fuentes de empleo y reinstalar las Escuelas Técnicas, Enseñanza y Acreditación de Oficios, en vez de seguir pastoreando nubes con un bachillerato inútil para el pobre.

Para impulsar un Tercer Plan que nos suelte la rienda y nos haga más productivos, necesitamos que empresarios y trabajadores tengamos más conciencia de los intereses comunes y que le pierdan el miedo a los políticos y militares que nos han desgobernado. Sí tenemos que apoyar a los partidos, pero a cambio de que cumplan proyectos que nos representen y se puedan salvar de su autodestrucción.

@joseagilyepes

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Soledad Gallegos-Díaz

Felipe González (Sevilla, 1942), socialista, fue presidente del Gobierno de España durante 14 años ininterrumpidos. De él siempre se ha dicho que tiene una “buena cabeza política”. Y efectivamente, Felipe González es ante todo un político y ese es su punto de vista, la manera en la que mira al mundo y examina la situación en España. Este texto es el producto de una larga conversación en su casa, en Extremadura, un encuentro en el que el expresidente llama la atención sobre cuestiones fundamentales del escenario internacional y nacional. Estas son sus reflexiones:

El capitalismo se autodestruye

El gran desafío es saber si el modelo económico financiero que se ha instalado en todo el globo es sostenible —y no le meto carga ideológica alguna—. Yo creo que no. Dicho en términos manchesterianos, el modelo del capitalismo triunfante está destruyéndose a sí mismo por su insostenibilidad. Tengo una perspectiva socialdemócrata y creo que la distribución del ingreso es muy injusta, pero más allá de la discusión sobre la justicia social o mejores oportunidades en la predistribución de la riqueza, un poco más allá del debate ideológico, hay una realidad, y es que la sostenibilidad de este modelo económico va a fracasar. Las sociedades no soportarán una nueva crisis. Ese es el primer elemento de análisis: el modelo no es sostenible desde el punto de vista socioeconómico.

El segundo elemento es que las relaciones internacionales están viviendo una completa anomia, una falta de reglas. Las pocas que se construyeron después de la II Guerra Mundial están destruyéndose. Y las nuevas reglas, construidas más recientemente, no se están respetando. Hay una falta de acatamiento al derecho, a la norma, que se refleja, por ejemplo, en la crisis de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en la crisis de los acuerdos de desarme y no proliferación nuclear, y en la crisis del cambio climático. Podríamos citar algún caso más, pero la cuestión es que todos los mecanismos de ordenación están siendo negados y abandonados. Hay un absoluto desprecio por la normatividad, por el derecho, por las reglas que hace que las decisiones sean arbitrarias. El más claro protagonista es Trump, claro.

El nuevo desorden internacional

Venimos de un equilibrio del terror entre las dos grandes potencias, una antigua guerra fría, pero ahora hay, para entendernos, una nueva, con más actores y más distintos. Es decir, antes era la zona de rozamiento entre los grandes bloques la que sufría las consecuencias de esa política, pero el centro de esos dos mundos vivía en paz y con altos niveles de desarrollo, tanto en Europa como en Estados Unidos. ¿Quiénes sufrían? Centroamérica, el Cono Sur, África…, zonas de rozamiento. Ahora, en el nuevo desorden internacional, los protagonistas han cambiado. Hay una situación tremenda en Oriente Próximo y en otros puntos, pero el factor fundamental, en mi opinión, es el nuevo choque tectónico entre la gran potencia emergente, China, y Estados Unidos. Y ese choque se produce en un marco global en el que se acentúa la anomia, la falta de reglas de la que hablamos. No es que las reglas se estén reformando, es que se están destruyendo. Si lo analizamos a un nivel más regional, por ejemplo la Unión Europea, el fenómeno es el mismo. Tanto en la respuesta a la crisis de 2008, como en la crisis migratoria, como en el desencadenamiento del Brexit, como en la relación con Estados Unidos, se observa que la UE está trufada de miembros que no están dispuestos a respetar las normas.

Europa y el Brexit duro

Algunos dicen que esa falta de respeto por las reglas en la Unión es consecuencia de la ampliación al Este y que antes no sucedía. Es verdad que algunos de esos países están acostumbrados a que se les impongan normas y confunden Bruselas con una nueva Moscú. Bueno, digamos que eso tiene cierta racionalidad, pero no creo que Salvini o Johnson sean muy del Este. Y cuando ­Johnson hace esa afirmación tan rotunda de que no está dispuesto a pagar la factura de la Unión en el caso de que se produzca un Brexit duro, está simplemente rompiendo todo tipo de normas. Por tanto, el fenómeno empieza en los países del centro y del Este de Europa y tiene psicológicamente una explicación que moviliza a mucha ciudadanía que quería entrar, sí, pero sin jugar dentro.

Pero, como le digo, el caso de Italia o del Reino Unido no tiene que ver con esa eventual explicación. Debería decir que me rebelo contra mi propio pesimismo y que no soy pesimista, pero la verdad es que la anomia global está calando hacia abajo, hacia los estamentos nacionales locales. ¿Cómo se traduce esa falta de respeto por las reglas en la realidad británica? ¿Y en la realidad española? Que alguien diga que la democracia está por encima de las reglas institucionales y que están dispuestos, por tanto, a romperlas porque lo hacen de “manera democrática” es impresionante y es lo que se puede oír a Trump, a un polaco o a un húngaro, pero también al brasileño Bolsonaro. Tengo la mayoría y puedo cargarme un poder judicial independiente. Lo que más me preocupa de todo esto es que quienes más sufren esta crisis global son las democracias representativas. Los autoritarios tienen menos problemas; si no, que le pregunten a Xi Jinping qué problema tiene con Hong Kong. No digo que no tenga dificultades, digo que tienen mecanismos de respuesta que nadie les cuestiona. En esa anomia general son los sistemas autoritarios los que mejor se desenvuelven, los que tienen menos costes, frente a los sistemas democráticos representativos.

Es importante ver que no se trata de un enfoque solo de izquierda, porque en la izquierda hay una parte con vocación autoritaria a la que las reglas de juego no le parecen tan importantes, pero también una izquierda que sabe que solo sobrevive con reglas democráticas. Y en la derecha tenemos un centroderecha liberal, o lo que quede de él, que sabe que su supervivencia también depende de lo mismo, y otra derecha autoritaria. Por tanto, no se trata de algo que se produzca en función exclusivamente de la ideología de la izquierda, sino en función de quiénes se desenvuelven mejor en un régimen de libertades y quiénes son los primeros que sucumben al autoritarismo de un signo o de otro. Y siempre sucumben los mismos, ¿no? En la tradición nuestra están los socialtraidores y los compañeros de viaje. Toda esta literatura lo que hace es acabar con el espacio, en sentido amplio, de la centralidad en defensa de la democracia. La otra desventaja para esa centralidad es que en las relaciones políticas basadas en el tuit, el espacio para la reflexión y la información de fondo se ha reducido mucho. Ahora, en la política tuitera se apela simplemente a reacciones emotivas, no reflexivas, y eso mina el escenario.

La crisis mal resuelta

Volvamos a la idea de que la sociedad no aguantaría ahora una nueva crisis; es cierto que la de 2008 se resolvió mal. Y donde no lo hizo, como en Estados Unidos —­donde en términos relativos se hizo mejor porque se recuperó pronto y crecieron—, lo cierto es que tampoco allí se volverá a aguantar una nueva crisis. Insisto, es el modelo lo que está en cuestión, un modelo que sigue concentrando renta. Lo que se está produciendo es una redistribución negativa del ingreso, tanto en las etapas de crisis como en las de crecimiento. Miremos en España: podemos tener ahora el mismo PIB per cápita que en 2008, por decir algo, lo que supondría en términos del PIB, macroeconómicos, que existiría una línea recta. Pero no es verdad. Ha habido un valle en el que ha quedado un montón de gente. No solo quedan cicatrices. Queda una desigualdad que se ha incrementado por efecto de esa crisis.

Veamos cómo se afrontó la crisis de 2008 en la Unión Europea. Se hizo mal. Se afrontó mal la crisis migratoria, dando por muertas las normas de Dublín para el asilo y el refugio, y no se fue capaz de soportar la presión migratoria debida a los conflictos en el sur del Mediterráneo y a la miseria. Se afrontó mal el Brexit. Y, desde luego, la relación con Estados Unidos, porque hay fracturas internas. Hay más de un trumpista dentro de la Unión Europea. ¿Cómo se van a comportar? De momento, todo el mundo está a la defensiva porque ese señor ha hecho de Europa un objetivo, como de todos los países que tenía hasta ahora como aliados. Eso lo ha afrontado muy mal la Unión, que además está muy retrasada respecto a la revolución tecnológica. Europa está más adelantada, creo yo, en una cierta normativización para intentar tapar los agujeros que existen en la intimidad y los derechos personales, por ejemplo, pero no hay una sola tecnología de marca europea que compita con las de Estados Unidos, ni una. Europa ha sido durante dos siglos el laboratorio de todas las grandes ideas del mundo, pero en la actualidad es un museo, no un laboratorio.

Las empresas tecnológicas

Se trata de un oligopolio de oferta. Eso está clarísimo. ¿Hay que hacer algo para liquidarlas o romperlas? Hay un problema previo. Veamos el cuadro de las primeras 20 empresas de Estados Unidos en los ochenta y el mismo cuadro en el año 2000, cuántas de esas 20 primeras grandes empresas han sido sustituidas, y comprobaremos que las primeras 15 o 16 de ahora no existían en 1980. Hagamos lo mismo con el cuadro de Europa: veamos las más grandes empresas de los años ochenta, desde Deutsche Telekom, Siemens, hasta France Telecom. ¿Quiénes han ido sustituyendo a esas grandes empresas europeas, dónde existe esa movilidad ascendente y descendente que premie la innovación, el talento y la investigación? Ningún alemán cree que haya alguien en un garaje que pueda desplazar a esas grandes empresas. Y si lo hay, cree que se irá a que le financien en Silicon Valley. Si alguien tiene una buena idea en nuestro espacio cultural europeo, una vez que dé los primeros pasos, es mucho mejor que se vaya a que le financien allí. Porque aquí no va a tener recorrido, ni en Alemania, ni en Francia. No nos engañemos. La movilidad ascendente y descendente está aplastada por la política, las empresas y los sindicatos, por todos los actores. Hay un oligopolio de oferta, cierto, pero dentro de ese oligopolio global no hay ningún europeo. Si uno piensa que las primeras relaciones a través de Internet se produjeron en Europa antes que en Estados Unidos…

1968 y la periferia

Todo lo que ocurre ahora en el mundo, la insostenibilidad del modelo y la anomia, ¿está relacionado directamente con la crisis económica de 2008? No, yo diría que no. Busquemos una onda larga y otra corta. Las ondas cortas se ponen de manifiesto explosivamente en las crisis. Pero la onda larga procede de una crisis anterior. La onda larga de respuesta al sistema dominante, independientemente de las características de ese sistema, está en 1968. Coincide además con los primeros pasos de la revolución tecnológica. Podemos situar la onda corta en 2008, es verdad. Pero cuando se produce la crisis de 1997-1998 en el sureste asiático y el Fondo Monetario Internacional mete la pata consistentemente, los únicos que se libraron fueron los que no aceptaron la intervención del FMI, como Singapur. Todavía estábamos fascinados por la idea de países centrales y países periféricos, pero eso ya no existe. Ahora existe la periferia dentro de los países centrales y periferia de países enteros. El gran triunfo de Trump es que la periferia de Estados Unidos sea el Medio Oeste del propio Estados Unidos. La América profunda es la periferia. La periferia no es Finlandia o Corea del Sur, por ejemplo. Por eso, cuando se produjo la primera crisis, uno de los debates que yo quise plantear era que no era posible que en un sistema financiero globalizado hubiera crisis periféricas que no afectaran a los países centrales. O sea, inculcar la idea de “no vivan tranquilos”. La crisis saltó de Asia a Rusia y a Turquía, de allí a Brasil y arrasó Argentina al año siguiente.

El optimismo de la inteligencia

¿Cómo no ser profundamente pesimista? Gramsci decía que tenía el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. Yo tengo la reflexión contraria. Desde el punto de vista de la inteligencia, soy optimista. Desde el punto de vista de la voluntad política, soy pesimista. Creo que lo que falla es la voluntad y, por tanto, el liderazgo. Me dicen: “Hombre, es que no sabemos lo que pasa”. Sí, claro que sabemos lo que pasa. En los acuerdos de desarme que se han saltado a la torera este año sabemos lo que pasa. Sabemos qué pasa en Oriente Próximo. Lo que pasa con el cambio climático, con la OMC y con el nuevo proteccionismo. Lo sabemos. Intelectualmente podemos llegar a un diagnóstico y de allí a la terapia. Lo que cuestiono, o lo que me hace ser pesimista, es si existe esa voluntad para hacerlo, aparte de jugar con los tuits.

Y si se comprende, ¿por qué no se reacciona? Porque se comprende y al mismo tiempo se niega. El problema lo puedes hablar con los liberales demócratas británicos o con gente del laborismo, lo entienden perfectamente. No es un asunto que no se pueda entender en la izquierda. El problema es cómo traduces eso en acción política, en movilización de la voluntad. Y cómo huyes de respuestas simplificadas que no sirven para nada.

Me preguntan sobre los criterios básicos para configurar esa voluntad, dado que el diagnóstico parece compartido por mucha gente. En Europa, por ejemplo, estaría bien un análisis autocrítico en el Consejo Eu­ropeo sobre cómo se ha enfrentado la crisis y por qué ha habido consecuencias mucho más dolorosas y peores para la UE que para Estados Unidos. Decidir en qué nos equivocamos. Recordar que solo apareció “monseñor” Draghi con políticas monetarias y que cada vez que daba un paso pedía medidas político-fiscales de acompañamiento. Yo diría que, más que una autocrítica, lo que ha habido en Europa ha sido un deslizamiento, interesante, para flexibilizar de facto las posturas, pero sin flexibilizarlas desde el punto de vista normativo.

A veces me preguntan sobre las ventajas de las sociedades autoritarias con poderes fuertes que olvidan a sus Parlamentos, y por las sociedades democráticas en las que los Parlamentos destruyen a los Ejecutivos. Y sí, los Parlamentos democráticos no ofrecen fórmulas alternativas de solución. Por eso insisto en la necesidad de que las democracias representativas tengan capacidad de resistencia frente a la anomia generalizada que se extiende. Veamos. ¿Qué está pasando en Italia? Salvini estaba seguro de que tumbaba al Gobierno y provocaba elecciones. Y de pronto, en un ataque de lucidez, la izquierda democrática dice: “Ni hablar”. Por eso recuerdo lo que hizo Chávez en 1999 en Venezuela, cuando juró cumplir y hacer cumplir la Constitución, y solo pasó un año antes de convocar al pueblo para destruirla y hacer una nueva. Así que, sí, soy más pesimista de la voluntad que de la inteligencia.

Trabajo y autónomos

¿Por dónde empezar a hablar de la situación de la economía? ¿Por los nuevos tipos de trabajo? Quizá. Quizá del hecho de que ya no se habla de jornadas laborales semanales o mensuales, sino que se discute del salario por hora. ¿Cuáles son los derechos laborales en ese espacio? Tenemos que regular esas nuevas formas de relaciones laborales, de la ocupación en el sentido más amplio, para evitar el abuso. Teníamos que haber empezado ya a afrontar el tema de aquellos que están obligados a sobrevivir como autónomos.

Riqueza y big data

Y ¿cómo hacemos para avanzar en la lucha en términos de desigualdad, teniendo en cuenta que la revolución tecnológica ha provocado un fenómeno de concentración de la riqueza, sobre todo de la riqueza financiera y de la riqueza que se parece mucho a la otra, que es la de las grandes tecnológicas? La concentración de la riqueza está en el sistema financiero informal más que en el formal. Atención con lo que digo, para no confundir. Los bancos tradicionales lo están pasando rematadamente mal. El mayor banco de Alemania está, diríamos, arruinado. Los que no lo pasan mal son los sistemas parafinancieros, desde los llamados fondos de inversión hasta los sistemas financieros ligados a Amazon o semejantes. Hasta Facebook quiere poner en marcha su propia criptomoneda. Es muy importante tener en cuenta que la materia prima de las grandes tecnológicas, lo que podríamos llamar el petróleo del siglo XXI, es el big data. Es decir, la acumulación de los datos personales de todos nosotros desde que nacemos hasta que nos morimos y también de nuestros herederos, todo ello de manera gratuita. Por primera vez la materia prima es gratis. Intentamos regular algunos derechos, pero nunca decidimos lo fundamental: que los datos personales son propiedad de cada persona. Si el concepto de “propiedad privada”, el más respetado de los conceptos del capitalismo, se aplicara al big data, nadie podría usarlo sin una autorización informada y consciente.

Esto sería, claro, una revolución. De verdad. La única revolución que de verdad cambiaría las cosas porque obligaría a las tecnológicas a tener una comunicación contractual e informada directa con las personas cuyos datos van a utilizar. ¿Una batalla perdida? Quizás en parte. Los datos acumulados ya son el pasado y no puede haber, digamos, efecto retroactivo. Pero yo no estoy hablando en términos penales: el efecto retroactivo es difícil plantearlo, pero no imposible. De lo que se trata es de, a partir de un reconocimiento de esa naturaleza privada, darle un tratamiento distinto. Pienso que el siglo XXI es eso. Esas empresas imbatibles dejarán de serlo y tendrán que respetar al ciudadano. Ahora ni respetan a los ciudadanos, ni a sus representantes, ni a los Gobiernos.

¿El enemigo? Sí, sin duda. El enemigo, en un sistema tan individualista y de tal democracia liberal en origen como Estados Unidos, fueron en su momento las siete grandes compañías petroleras que llegaron a suponer el 10% del PIB en Estados Unidos. Entonces se decidió acabar con esa situación. Esta broma se acabó. Hay que hacer política: primero, para dividir y, segundo, para defender iniciativas innovadoras y evitar que sean engullidas de manera salvaje por las grandes compañías. En el momento en que esas empresas se hicieron tan fuertes y potentes, ¿por qué van a perder el tiempo en innovar…? Si ya tienen a una serie de buscadores de innovadores en todo el mundo que pueden absorber. Y de dos maneras: los que suponen una innovación que puede añadir valor al propio grupo se incorporan, y los que pueden ser competencia se hacen desaparecer, incluso en su mismo origen si creen que perjudica a su modelo de negocio. Todo esto se puede regular. Claro que sí…

Federalización de la Constitución

Me plantean a menudo cuáles son los criterios básicos para la reforma constitucional. Lo principal es la federalización de la Constitución para garantizar la lealtad institucional y para que no volvamos a tener este medio camino, un Estado autonómico que se convierte en reino de taifas, un Estado fuertemente descentralizado, más que los Estados federales, pero sin garantías de cohesión. Ese me parece el primer elemento, básico. Hay otras muchas cosas que modernizar en la Constitución, fundamentalmente referidas a la nueva realidad comunicacional y a nuevos derechos; de algunos ya hemos hablado.

Lo que más me preocupa en estos momentos de la situación política española es que una crisis política tan prolongada se ha traducido en deterioro institucional. Seguimos, por ejemplo, con unos presupuestos que se prorrogan casi indefinidamente. Podemos repasar instituciones, pero no quiero ser muy doloroso. Está absolutamente caducado el Consejo del Poder Judicial. Y muchos otros organismos. Como mínimo, podemos decir que existe una parálisis institucional. Y yo añado que no entiendo por qué el Parlamento no está funcionando a pleno pulmón desde que se constituyó. Tendrá limitaciones, porque obviamente el Gobierno no puede presentar proyectos de ley estando en funciones, pero el Parlamento en sí debería funcionar. El Tribunal Constitucional acaba de desautorizar a Rajoy por oponerse como Gobierno en funciones a las comparecencias.

La parálisis acarrea una afectación institucional. Hay incluso un debate sobre los poderes de la jefatura del Estado, respecto de la crisis del nombramiento del candidato a la presidencia. Dicen que el artículo 99 es ambiguo; bueno, casi todos los buenos elementos de las Constituciones tienen un margen de interpretación, no son tan cerrados como para que se puedan aplicar con un ordenador. Yo creo que habría que fortalecer más el papel de la presidencia del Congreso, para que tuviera la capacidad de tantear las posiciones de los grupos para saber si procede o no una ronda nueva de audiencia con el Rey. El Jefe del Estado no puede decidir si es necesaria esa ronda o no. El papel de la presidenta del Parlamento no solo tiene que ser llevar un papel, ir y venir, sino que tiene que hacer un sondeo con los grupos para poder dar después una explicación de cómo está la situación a quien tiene que hacer la ronda.

Autonomías, Cataluña y referéndum

Si se da cuenta, ya no estamos hablando de la Constitución (que permitiría ese papel de la presidenta del Congreso), sino del deterioro de las instituciones. Ese peligro es evidente. No puede ser que cada comunidad autónoma no solo tenga una fiscalidad radicalmente distinta, sino que tenga además normas de formación profesional distintas o normas de uso de transporte distintas. No puede ser que al camionero o al que tiene un título de formación profesional en Castilla-La Mancha no le sirva para trabajar en Madrid. O al revés. Esto no puede ser. Tiene que existir una armonización que te permita moverte por todo el territorio. Por tanto, hay deterioro institucional. ¿Hay una crisis de Estado? Hombre, como no quiero ser ombliguista y mucho menos pesimista, yo creo que está peor el Reino Unido que nosotros. Lo digo en serio y con dolor. Porque el Reino Unido, la democracia con mayor tradición y más sólida, se está jugando hasta la unidad territorial. Pero, en fin, es obvio que nosotros tenemos una crisis propia que está deteriorando el funcionamiento institucional.

Una parte de ese deterioro se debe a algo que ya he comentado y que me preocupa mucho. La falta de respeto, también en España, por las normas. Ese es un elemento fundamental de la crisis en Cataluña. Hay una parte de la representación política catalana, me da igual si es el 47% o el 52%, porque ese no es elemento nuclear, que cree que se puede saltar las normas. Por eso digo que da igual que sean el 47% o tengan la mitad más uno. ¿Qué pasa? ¿Que en ese caso pueden ignorar las reglas? No. Y si se hace en nombre de la democracia es todavía peor. La democracia está por encima de las reglas de juego, dicen. No. Las reglas de juego que hemos aceptado entre todos se pueden cambiar, por supuesto, pero por los procedimientos previstos para el cambio. ¿En qué ha contaminado este discurso la realidad de España? En que hay fuerzas políticas, como Podemos, que compran ese producto. Esa es una de las enormes dificultades, en mi opinión, para que haya una relación de confianza. Hay incluso algunos analistas, se supone que muy enterados, que dicen que es perfectamente posible pactar un referéndum específicamente catalán para decidir el futuro de Cataluña. En el marco constitucional no lo hay. ¿Es posible hacerlo cambiando la Constitución? Sí, pero ya advierto que yo me opondré a que se haga ese cambio. Porque no introduciría nunca en una reforma constitucional un elemento autodestructivo de lo que compartimos todos los españoles. Yo, personalmente, me opondría y llamaría a la gente a que se opusiera. ¿Por qué? Porque nos hace desaparecer como Estado, y detrás del Estado hay una realidad, un espacio público compartido que se llama España. ¿Desde cuándo está compartido? Desde cuando quieran. Desde luego, sí desde la formación del Estado moderno. Y mucho antes de la formación del Estado moderno, desde hace cinco siglos. Y antes de eso, ¿de verdad había Estado o había un demos divisible? Por tanto, ahí hay un elemento fundamental para comprender que no es que tengamos un problema territorial con una parte de la sociedad catalana representada por el independentismo, tenemos un problema que contamina a fuerzas políticas de otras partes del territorio que no tienen claro que las reglas del juego están para ser respetadas; incluso para cambiarlas tienen que ser respetados los mecanismos de cambio previstos. Es que son muy duros, dicen. Bueno, esto es lo que hemos decidido entre todos y entre todos tenemos que decidir si se cambia o no. Luego tenemos además la amenaza de Vox que todavía no se ha convertido en un hecho real, pero que claramente no quiere el Estado de las autonomías. ¿Tienen derecho a no quererlo? Sin duda. Por los procedimientos acordados. En fin, es evidente que debería haber un pacto mínimo constitucional con respecto a Cataluña. No es concebible que Ciudadanos, PP, PSOE… estén utilizando el tema para romperse la cabeza.

El Gobierno y el presidente

Pasando a la política nacional, una parte del debate se centra ahora en la diferencia entre Gobiernos de cooperación y de coalición. Yo honradamente digo que hagan lo que quieran, pero que no nos lleven a elecciones y que respeten las reglas del juego. Y las reglas del juego mínimas son tres: que el Gobierno funcione como debe funcionar de acuerdo con el ordenamiento jurídico. Que el presidente no deje de ser el presidente, que tenga la facultad de nombrar y de cesar al ministro que crea que tiene que nombrar y que cesar, porque es su responsabilidad, no de nadie más. Y que las decisiones sean del Consejo de Ministros. De mis batallas, que nunca cuento con detalle, una esencial era el grado de autonomía del Gobierno respecto de las partes con las que tienes que dialogar y acordar en defensa de los intereses generales. Porque la obligación del presidente es defender los intereses generales. Estas cosas se están olvidando.

La conclusión de este viejo político, que no es un político viejo porque no quiero resignarme, es que hagamos lo que tengamos que hacer, el esfuerzo que tengamos que hacer para poner en la agenda de la sociedad los desafíos que tenemos.

8 de septiembre 2019

El País

https://elpais.com/elpais/2019/09/06/ideas/1567788069_700117.html

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La idea de que el primer ministro británico Boris Johnson sea un hombre del pueblo, un tribuno de la gente de a pie que combate a las élites establecidas, puede parecer anómala, incluso directamente absurda. Al fin y al cabo, Johnson es un ejemplo perfecto de la élite inglesa: graduado de Eton y Oxford, con todos los amaneramientos (verbales y no verbales) de la clase alta británica. Como periodista y parlamentario, ha sido alborotador y a menudo deshonesto, pero nunca dejó de ser una voz comprometida del establishment conservador.

Pero helo aquí, fingiéndose el representante de “la voz del pueblo” contra las voces parlamentarias que de izquierda a derecha se oponen a su estrategia intransigente para el divorcio entre el Reino Unido y la Unión Europea. Un elemento recurrente de la campaña por el Brexit ha sido retratar como enemigo del pueblo a todo aquel que se oponga a una retirada inmediata y completa de la UE. Desde que el pueblo habló en el referendo de 2016, todo intento de suavizar las consecuencias negativas del Brexit mediante la negociación con la UE o la postergación de la ruptura se describe como un ataque a la voluntad popular.

Johnson enfrenta una enorme oposición en el Parlamento, especialmente después de su decisión de cerrarlo para concretar el Brexit el 31 de octubre con o sin acuerdo. El martes hasta perdió la mayoría conservadora de un solo voto, cuando el exministro Phillip Lee se pasó al bloque liberaldemócrata. Y para colmo, el Parlamento aprobó una ley que busca quitarle al primer ministro el control de la agenda para el Brexit. Los conservadores que votaron a favor de la moción fueron objeto de purga. El resultado casi seguro de todo esto será una elección general, que Johnson presentará como una batalla entre “el pueblo” y “los políticos” que se oponen al primer ministro.

Las jugadas de Johnson han sido extraordinarias, pero no ilegales. Es evidente que no son conservadoras en el sentido de proteger las normas tradicionales o el orden establecido. Además, son muy poco británicas. Algunos comentaristas, alarmados, ven paralelos con el ascenso del fascismo. De hecho, Johnson (como estudioso del mundo clásico) tendría que saber que el modelo del demagogo de clase alta que obtiene poder atizando la furia de la oprimida plebe se remonta a los últimos días de la República Romana, cuando los tribunos del pueblo atacaban al Senado patricio, a menudo incitando a la violencia colectiva. No hay duda de que los privilegios del establishment senatorial tenían mucho de malo, pero la demagogia provocó el fin de la República y el comienzo de la dictadura imperial.

Los referendos tampoco son una costumbre muy británica. Cuando Winston Churchill sugirió en 1945 consultar al electorado respecto de prolongar su gobierno de guerra, el líder laborista Clement Attlee denunció que la idea era “ajena a nuestras tradiciones”. Mussolini, como la mayoría de los dictadores, era un entusiasta de los plebiscitos; en los sistemas cerrados, se los ve como una forma de “democracia directa”, en la que la voluntad del pueblo supuestamente halla su expresión más pura en la voluntad de un gran líder.

Pero el sentido mismo de la democracia parlamentaria, de la que Gran Bretaña ha sido uno de los ejemplos más antiguos y orgullosos, está en el hecho de ser indirecta. La idea de que el Estado represente la voluntad del pueblo es una noción de los jacobinos franceses, que siempre han rechazado los conservadores británicos, de Edmund Burke en adelante. En una democracia parlamentaria no existe “el pueblo”, mucho menos una única voluntad popular, ni una sola voz popular. Se elige a los políticos para que representen intereses diversos, que entonces podrán ser debatidos en el parlamento, con la esperanza de encontrar soluciones por la vía del acuerdo.

En la democracia liberal, la opinión pública también es más una forma de representación que una expresión directa. A lo largo de la historia reciente, la opinión pública se expresó en la prensa escrita, la radio y la televisión, con la mediación de periodistas y editores. Claro que esto ha cambiado. Gracias a Internet, hoy la mayoría de las opiniones se expresan sin ninguna mediación, y el pueblo tiene cientos de millones de voces. Los periodistas profesionales parecen obsoletos, y como a los políticos, muchos los ven con desconfianza: miembros de una elitista “prensa mentirosa” proveedora de “noticias falsas”.

No quiere decir esto que todos los periodistas o políticos sean gente estupenda con opiniones sensatas; todo lo contrario. Pero ya hemos visto de qué manera en un entorno mediático sin reglas ni mediaciones, a demagogos y trúhanes les resulta mucho más fácil manipular las voces del pueblo. Al restarle al Parlamento voz en uno de los debates políticos más importantes del siglo, Johnson plantea a la democracia liberal los mismos peligros que los agitadores populistas en la República Romana.

La campaña por el Brexit ha tenido muchos aspectos cuestionables: agitación del temor a los inmigrantes, delirios de grandeza nacional, etcétera. El argumento más respetable giró en torno de la cuestión de la soberanía. La UE no es un Estado democrático. La pertenencia al bloque implica que ciertas leyes las proponen y sancionan personas que no han sido elegidas en forma directa en elecciones nacionales. Desde un punto de vista purista, puede decirse que una democracia liberal no puede delegar poderes legislativos a instituciones supranacionales sin diluir la soberanía nacional.

En realidad, algunas de las leyes que más molestan a los brexiteros son de nivel nacional, no europeo. Pero la cuestión no sería si las leyes son buenas o malas, sino quién tiene derecho a dictarlas. Algunos patriotas británicos consideran que la soberanía nacional absoluta es el núcleo del sistema democrático del RU, encarnado en su parlamento (“madre de parlamentos”). Pero cuando fetichizan la voluntad del pueblo expresada en un referendo, pasan a defender una tradición política muy diferente, enemiga del sistema parlamentario británico.

Si Johnson, un primer ministro no elegido, y sus cada vez más furibundos partidarios, eligen “recuperar” el país montando un conflicto entre el pueblo y sus representantes políticos, se arriesgan a destruir la grandeza de Gran Bretaña. Además, al ponerse en contra a los escoceses (que quizá decidan emprender un camino propio como nación) y acaso también a los norirlandeses, ponen en riesgo, literalmente, al Reino Unido.

4 de septiembre 2019

Traducción: Esteban Flamini

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/boris-johnson-enemy-of-the-...

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En 2018, el Gobierno reforzó el control social y político a través de la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente (ANC), que dictó la “Ley Constitucional” de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción, publicada en Gaceta Oficial n.° 41.330 del 29 de enero de 2018. Acceso a la Justicia advirtió, cuando fue publicada la norma, que la ANC usurpó una vez más, las funciones legislativas y bajo su supuesto carácter constitucional además pretendió cambiar normas constitucionales. Aunque su atribución es proponer una nueva Carta Magna, que debe ser aprobada por referéndum, a dos años de su instalación, aún no lo ha hecho.

Acceso a la Justicia en su informe anual 2018 El camino a la dictadura con el aval del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) denunció que la referida “ley” de los CLAP institucionaliza la escasez de alimentos en Venezuela, debido a que estas organizaciones no garantizan un real sustento a los sectores vulnerables, su distribución es ineficiente y su calidad deficiente. Lo más grave es que quienes reparten estos productos solo los entregan a algunos sectores de la población, marginando o excluyendo a otros por razones políticas, con lo cual se profundiza el control del régimen de Nicolás Maduro. En este sentido, se enfatizan varios aspectos importantes:

a. La “ley “refuerza el carácter partidista y militante de los integrantes de los CLAP. Así, el artículo 7 señala:

“El Comité Local de Abastecimiento y Producción estará integrado por los siguientes voceras o voceros: 1. Una lideresa o un líder territorial. 2. Una o un fiscal popular. 3. Una activadora o un activador productivo. 4. Una comunicadora o un comunicador. 5. Una vocera o un vocero de la Milicia Bolivariana. 6. Una vocera o un vocero de la organización UNAMUJER. 7. Una vocera o vocero de las comunas. 8. Una vocera o vocero del Frente Francisco de Miranda. 9. Una vocera o vocero de la Unidad de Batalla Bolívar Chávez. 10. Las demás voceras o los demás voceros que determine la normativa que regule el funcionamiento”.

b. Se crea la figura inquisitiva del “fiscal popular”, cuyo perfil está definido en el artículo 8; este debe: “1. Ser participante, activa o activo en las organizaciones del Poder Popular. 2. Difundir y promover los lineamientos del Plan de la Patria y apegar su conducta a los mismos”.

Asimismo, el artículo 5.4 de la “Ley Constitucional” de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción señala que el fiscal popular es el vocero designado por el CLAP para ejercer funciones de seguimiento, y control, supervisión y fiscalización para garantizar la transparencia y eficiencia en los procesos productivos, comercialización y abastecimiento de alimentos, de artículos de aseo personal y fármacos, en el sector público y privado.

Este fiscal también deberá “promover adecuadamente la comercialización de los artículos a precios fijados por el órgano del Estado que regula la materia”. Sobre este último aspecto, Acceso a la Justicia subraya que es obvio que el ejercicio de tales funciones de control y fiscalización centralizada no ofrecerá ninguna garantía de imparcialidad y objetividad. Explica que esta circunstancia obedece al perfil político que debe cumplir la persona asignada para ejercer el cargo de “fiscal popular”.

Es de recordar que el presidente de la República, en 2016, “creó” los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) a través del decreto de excepción n.º 2.323 (publicado en Gaceta Oficial n.º 6.227 Extraordinario del 13 de mayo de 2016). El objetivo de estos comités, según el artículo 23 del decreto, es garantizar la correcta distribución de alimentos, así como la vigilancia y control del orden público junto con los cuerpos de seguridad del Estado, como señala el artículo 29.

Sistema de vigilancia y autoritarismo

Por otra parte, Acceso a la Justicia en su informe anual 2018 destaca que la fraudulenta ANC dictó la “Ley Constitucional” de los Consejos Productivos de Trabajadores y Trabajadoras (CPT). Esta norma fue publicada en Gaceta Oficial n.° 41.336 del 6 de febrero de 2018.

Esta “ley”, inconstitucional e ilegítima, tiene como objetivo lograr que la “clase obrera ejerza un rol contralor en la gestión de las actividades de producción y distribución de bienes y servicios esenciales en el país”. La norma establece que cada empresa, pública, privada o mixta, deberá instalar un CPT para instaurar un sistema interno de vigilancia sobre su proceso productivo. Estos consejos deben participar o denunciar al ente gubernamental cualquier información relevante sobre los volúmenes de producción, distribución, irregularidades o paralización del proceso productivo o de comercialización.

Además se dispone que los CPT deben “denunciar la reventa especulativa de productos, el acaparamiento, la usura, el boicot, la alteración fraudulenta de precios, contrabando de extracción y otros ilícitos, así como cualquier acción contraria al sistema socioeconómico que rige en el país”. Sin embargo, hay que aclarar que la ley pretende en realidad garantizar que las empresas entreguen al Estado más de la mitad de su producción. Con este objetivo se creó el rol fiscalizador de los CTP.

Acceso a la Justicia subrayó en 2018 que la productividad no se decreta y menos aún se logra, quitándoles a las empresas más de la mitad de lo que producen, imponiéndoles trabajadores que actúen como fiscales y estableciendo cuotas de procesamiento y distribución.

Al analizar la “Ley Constitucional” de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción y la “Ley Constitucional” de los Consejos Productivos de Trabajadores y Trabajadoras (CPT), la ONG advirtió que fueron configuradas como mecanismos “colectivistas”. Esto explica su objetivo de centralizar y estatizar la distribución y producción de los alimentos, lo cual está divorciado de los principios económicos y valores democráticos del Estado social de derecho venezolano, consagrados en la Constitución de 1999 y, además, generan escasez.

Mientras la ilegal ANC dictaba esas normas ya emitidas por Maduro en 2016 mediante decreto de excepción n.º 2.323 (publicado en Gaceta Oficial n.º 6.227 Extraordinario del 13 de mayo de 2016), en 2018 esta inconstitucionalidad política del Gobierno central se imitó en el ámbito regional. Así, por lo menos seis gobernaciones, las de Guárico, Barinas, Apure, Cojedes, Portuguesa y Yaracuy emitieron medidas orientadas a hacerse del control de la producción en su región a través de regulación de precios, fijación de cuotas de fabricación de rubros básicos, fiscalizaciones y “compras” que en realidad se parecen más a confiscaciones.

Para favorecer esa política de controles, el Gobierno central emitió dos resoluciones: la primera contenida en la Gaceta Oficial n.° 41.325, del 22 de enero de 2018, y la segunda en la Gaceta Oficial n.° 41.526, del 16 de noviembre de 2018, para establecer la “restricción a las autoridades regionales y municipales de ejecutar acciones de control y distribución de alimentos, que impliquen la retención de rubros alimenticios a los productores, distribuidores y prestadores de servicios del sector agroalimentario en el territorio nacional”.

Acceso a la Justicia sostuvo en su informe anual 2018 que tales normas evidencian el deterioro institucional del país, que ha devenido no solo en abuso y exceso de poder, sino que también ha generado el autoritarismo regional , con lo cual se ha impactado negativamente, aún más, en las políticas económicas y sociales de suministro básico hacia la población.

Por si fueran pocos los controles del Estado, en el período de elecciones presidenciales de abril-mayo de 2018, el Gobierno de Maduro creó un mecanismo de denuncias en contra del enemigo denominada Red de Articulación y Asociación Política (RAAS).

Cuando se creó la RAAS, Acceso a la Justicia alertó sobre la peligrosidad de esta figura que trata de perseguir, neutralizar y aniquilar a los “enemigos” del Gobierno. La ONG advirtió que representa una acción desmedida que llevarían a cabo los dirigentes y simpatizantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en forma de vigilantes o espías dentro de sus comunidades para intimidar o amenazar a todo aquel que se oponga a los intereses del régimen.

La Red de Articulación y Asociación Política, sin embargo, no representa una práctica política novedosa del régimen y tiene como antecedente la figura de los denominados “patriotas cooperantes”. Estos últimos son informantes de los cuerpos de seguridad del Estado, utilizados específicamente por el Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) para detener o encarcelar a disidentes, políticos, estudiantes, profesores, empresarios, entre otros, considerados “enemigos” de la revolución bolivariana.

La RAAS, como mecanismo de persecución y vigilancia, revive las experiencias históricas de los delatores o “defensores del Reich” en la Alemania nazi, o de los informatori de Benito Mussolini en la Italia fascista. También lo ocurrido con los espías de la Stasi, policía secreta de la desaparecida República Democrática Alemana (RDA), o de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), creados por Fidel Castro en Cuba y que sirvieron, justamente, para amenazar y atacar a los supuestos enemigos de la revolución cubana.

¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

La Constitución de 1999 consagra el derecho de todos los venezolanos a la alimentación, sin ningún tipo de discriminación. Por otra parte, el Estado debe generar las condiciones para la libre empresa y crear el marco jurídico para la producción de bienes y servicios que puedan atender las necesidades de la población.

Sin embargo, la “Ley Constitucional” de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción y la “Ley Constitucional” de los Consejos Productivos de Trabajadores y Trabajadoras” atentan contra la igualdad de derechos. La primera acentúa la escasez de alimentos en el país, porque la distribución de los CLAP es deficiente y se basa en un filtro o control político, además de exigir la adhesión al proyecto de la revolución. Por su parte, la segunda norma concede un rol fiscalizador a los trabajadores que, finalmente, termina por centralizar y estatizar la distribución y producción de los alimentos, con lo cual se agrava el déficit de producción.

Enlace a la nota: https://www.accesoalajusticia.org/ilegitima-anc-reforzo-control-social-p...

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La situación económica de la población se agrava vertiginosamente y Maduro teorizando imprecisiones insubstanciales. Especulando ideológicamente. Fuera de la realidad social y del sentir de la gente. Un gobierno a la deriva. Víctima de la tormenta económica que lo zarandea para un lado y otro. Maltratándolo sin misericordia. Un gobierno indefenso y arrinconado, en las cuerdas, sin capacidad de explicación y mucho menos de justificación. Que se va por la tangente y se refugia indecoroso en el campo indeble de los pseudovalores democráticos y republicanos, que sostiene. Ahora, levanta como bandera la posible agresión colombiana, mientras, bandas armadas paramlitares y de narcotraficantes se hospedan en territorio venezolano. Denuncia que Colombia se prepara para atacar a la nación y ordena alerta naranja en la frontera, a nuestras Fuerzas Armadas, acantonadas en Zulia, Táchira, Apure y Amazonas.

Gobierno indefenso ante costo de vida

La nación, por otro lado, estupefacta y turulata, por los efectos de la alzada violenta del dólar, en las últimas semanas, por los precios de alimentos y medicinas, no entiende la indiferencia del régimen, ante la hiperinflacción. ¡No hace nada! Lo siente negligente y pasivo. Sabe que no es competente para enfrentarse al altísimo costo de la vida. La debilidad del bolívar. Y conoce también que sus propias políticas fiscales y monetarias son las principales causales de la subida de los precios; tal como lo dice Faraco, en El Universal. ¡Están emitiendo dinero sin respaldo! Entramos en una profunda crisis de gobernabilidad, los problemas están fuera de control y quienes dirigen el país no tienen tonelaje para resolverlos. Maduro luce desorientado y sin brújula, cuando de asuntos económicos se trata. No sabe donde está el mingo y lanza al tanteo. Mientras, su tren Ejecutivo solo se ocupa del control social: misiones, CLAP, bonos y demás programas sociales. Dirigido a un mercado cautivo. Sumiso. Sometido. Pertenecientes a las clases D y E.

Fortalecer unidad alrededor de Guaidó

Un fresco aire de confianza invade el espíritu de la gente. La esperanza puede renacer. La reunión de AD en Maracay es un augurio de cambio y libertad. Esa es la actitud. Unitaria, organizada y combativa. He oído buenos comentarios. La unidad es la estrategia… es el mensaje. Ante cualquier eventualidad. Es el instrumento para derrotar a Maduro y su deplorable régimen. Potencia las fortalezas y visualiza las oportunidades. A la unidad opositora pereciera que es a lo único que le teme el gobierno. Sabe que si se produce sus días estarán contados. Por eso, hace lo indecible para dividirla… mantenerla fracturada y rivalizando, entre ellos. El papel aquí de Guaidó es determinante. Sería casi como si coronara, porque la victoria estaría a la vuelta de la esquina. Si amplía su base de respaldo la proyección de su imagen sería cósmica. Su candidatura ya lanzada por Ramos Allup es un signo de correcta visión política. Se empieza a aclarar el panorama y la gente espera los siguientes movimientos. Aguarda por la decisión de los otros partidos opositores y por sus líderes.

La meta son elecciones generales

La estrategia deberá estar dirigida a ampliar la base de sustentación de la candidatura de Guaidó. Y desafiar al gobierno con la gente en la calle pidiendo que se convoque a unas elecciones generales libres y justas. En condiciones de igualdad en el CNE y observación internacional independiente y vinculante. La línea argumental descansará en la necesidad de preguntarle al pueblo simplemente ¿quién quiere que le gobierne? Regresaríamos a la democracia. Y el destino del país estaría en manos del pueblo. Democracia del pueblo y para el pueblo. Un salto a la libertad y al reinado de la soberanía ciudadana. Se resolvería la crisis política por la cual atraviesa la república. El tema central en Barbados, entonces, tendría que ser consultar al pueblo o lo que es lo mismo elecciones generales. Cualquier otro tema sería una gran comparsa. Payasada. Pamplina. No hay que perder tiempo o irse por las ramas. Lo que Venezuela esta clamando es: unos continuidad y otros cambio. Quien tenga la mayoría debería gobernar. Necesitamos restablecer la gobernabilidad, el Estado de Derecho, la autonomía de los poderes y las funciones del Parlamento (legislar y controlar). Derrotar el hambre enseñoriada en calles y hogares. Cambiar las políticas fiscales, monetarias y macroeconómicas. Promover inversiones, reactivar la economía y generar empleo estable.

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