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Ismael Pérez Vigil

Estrategia en desarrollo del régimen.

Ismael Pérez Vigil

Las estrategias están definidas de manera clara y en proceso de desarrollo. El objetivo del régimen es mantener el poder a cualquier precio y consolidarlo a partir de enero de 2021, contando con una Asamblea Nacional (AN), única institución que le falta en su cuenta, para ejercer un total dominio, repito, institucional, del país.

Lograr el objetivo de controlar la AN, a partir de enero de 2021, le permitiría al régimen legitimar algunos de los contratos que sus cómplices internacionales le reclaman que sean avalados por el parlamento. Además, el régimen autoritario se quitaría de encima esa molestia de un “gobierno interino”, con un presidente designado por una AN que le es hostil, pero que es aceptado por una parte importante de la comunidad internacional. Y de paso, que no es poco, al sector madurista le serviría para quitarse de encima esa remora inútil de la ANC y al “cabellismo” que la controla.

Invalidar a la AN ha sido un objetivo del régimen, desde el mismo diciembre de 2015 cuando fue humillantemente derrotado en las elecciones parlamentarias. En ese esfuerzo ha hecho todo tipo de maniobras en contra de la AN: desconociendo a sus diputados, ha dejado sin representación a los electores del Territorio Amazonas durante cinco años; desconoció a la AN con sentencias de su obsecuente TSJ; persiguió y apresó diputados, obligando a algunos a exilarse y otros a esconderse o asilarse en embajadas; le quitó presupuesto y recursos; trató de dejarla de lado con una ilegitima ANC, cuya elección no fue reconocida ni nacional ni internacionalmente y que al final ha dejado de lado; trató, infructuosamente, de quitarle funciones en 2017 a través de fallidas sentencias del TSJ, intento que fue resistido por la población con grandes manifestaciones, que el régimen convirtió en violentos disturbios, que costaron vidas humanas; finalmente, comprando y corrompiendo diputados opositores, intentó tomarla por la fuerza en un chusco intento en enero de 2020.

Todo eso fueron inútiles intentos de doblegar la resistencia democrática del pueblo venezolano y sus diputados electos en 2015; al final, opta por la vía electoral. Pero no es suficiente. Al régimen no le importa lo que piensen u opinen los venezolanos, ni el mundo, con respecto a lo que hace en el país; pero lo perturba que una mala opinión sobre su régimen por parte de la comunidad internacional, le ha cerrado las puertas al crédito y financiamiento internacional y al comercio, que le impide contar con recursos para continuar sus trapacerías con las importaciones y no puede seguir haciendo demagogia en el país, mientras enriquece a sus cómplices internos e internacionales. El régimen sabe que es necesario que el proceso electoral que ha convocado y organizado goce de una cierta “legitimidad” internacional.

En esa dirección ha emprendido algunas tareas: por una parte, envía cartas a la ONU y a la Unión Europea, describiendo las “bondades” de su proceso y pidiendo observación internacional para el mismo; por la otra da muestras de apertura y magnanimidad liberando algunos presos políticos. Pero ninguna de las artimañas parecen dar resultados. Por una parte, los organismos internacionales, particularmente la Unión Europea (UE), no se conforman con cartas ni solicitudes, exigen ver cambios en las condiciones electorales: “… para un proceso electoral transparente, inclusivo, libre y justo”, dicen. Por otra parte, al régimen no le basta liberar unos pocos presos políticos, sabiendo como se sabe que son muchos más los que quedan en las mazmorras de la tiranía. Para mayor desgracia del régimen, esta semana se ha dado a conocer el Informe de la Misión Internacional Independiente de determinación de los hechos sobre la República Bolivariana de Venezuela, presentado a la ONU, que denuncia los crímenes de Lesa Humanidad que se cometen en el país, lo que compromete mucho más su imagen y le coloca al cuello una piedra de molino en su objetivo de lograr legitimidad y reconocimiento internacional.

Pero sus mayores esfuerzos siguen siendo en el campo interno y con el propósito de garantizarse un resultado favorable en el proceso electoral, sin tener recursos para hacer demagogia y comprar electores y sin tener que emplear todavía las “municiones” del fraude el día de la votación o el desconocimiento de los resultados –como hizo con los resultados de la gobernación del Estado Bolívar en 2017– ha desplegado grandes esfuerzos en dos direcciones, una, “agenciarse” una oposición a su medida, que participe y legitime su proceso; y dos, lograr que la oposición mayoritaria se abstenga de concurrir a las elecciones.

Su primer objetivo, solo está logrado parcialmente. Los denominados “alacranes” y la llamada “mesita”, no dan muestras de despegar en las encuestas y ni siquiera han logrado presentar una lista única de candidatos a la AN. Ese arroz con mango, sigue siendo un arroz con mango y de esta manera, no solo no sirven a los propósitos propagandísticos del régimen, sino que lo más probable es que ellos mismos no lograrán figurar en “pizarra” para obtener algunas curules. El segundo objetivo, sin embargo, sí parece logrado. La oposición democrática –más bien la población opositora– ha decidido no participar el 6D; y aun cuando se ha anunciado la defección a esta política de un sector encabezado por Capriles Radonsky, no se vislumbra que tenga una fuerza que logre arrastrar a votar una parte importante de la oposición. Aparte de que el propio Capriles ha dicho no estar seguro de llegar al final del proceso, al día de la votación, pues si no logra modificar algunas de las condiciones electorales, retiraría a sus candidatos.

Por otra parte, no se descarta que el régimen juegue una nueva carta, el aplazamiento de las elecciones, con la justificación de la pandemia, si en el camino percibe que se enreda más la legitimidad del proceso. Hasta ahora esa posibilidad ha sido negada, y personalmente creo que ese aplazamiento es difícil que ocurra, pero todo es posible. Por lo tanto, lo que luce más probable es que a partir de enero de 2021 tengamos una AN completamente dominada por el chavismo, con algún “salpicado” de diputados de la denominada “mesita” y, eventualmente, algún diputado opositor, si el sector “caprilista” llega hasta el final del proceso.

Es decir, a partir de enero de 2021, cesará en sus funciones la actual AN y la presidencia interina de Juan Guaidó; posiblemente el régimen no se consolide más, pues su legitimidad está en declive, pero seguirá ejerciendo de facto el poder y tanto la comunidad internacional, como el liderazgo opositor deberán redefinir sus estrategias.

Es momento de ir pensando la estrategia que desplegará la oposición a partir de esa fecha. Hasta ahora, ni la actividad febril y constante de la oposición, ni la presión internacional han conseguido que el régimen acceda a sentarse a negociar, realmente, una salida a la crisis humanitaria, severa, que vive el país y permitir una salida constitucional y electoral. Hasta el 6D y sobre todo a partir de enero de 2021, será mucho más imperativo que los líderes y los partidos políticos realmente opositores se reinventen, como hemos estado insistiendo, para elevar el costo político de la permanencia del régimen en el poder.

La presión interna, que sobradas razones existen para que se dé, debe incrementarse, organizarse, y acompañar a la presión internacional, para que se produzca el quiebre del bloque hegemónico de poder que permita alguna salida política a la crisis que vive el país.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

La Movida Política de Capriles.

Ismael Pérez Vigil

En el complicado ajedrez político opositor, las piezas se están moviendo. Henrique Capriles Radonsky (HCR) hizo su movida y alborotó el patio; ya anunciábamos la semana pasada (https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2020/08/29/la-propuesta-de-capriles-tomando-distancia/ ) su posición de distanciamiento con respecto a Guaidó/G4, que se convirtió en abierta ruptura.

HCR está “jugando” a la política, a su manera, como él la sabe hacer. No siempre a la gente –me incluyo– le gusta lo que hace y no siempre lo que hace le resulta bien; por ejemplo, sin ser exhaustivo, pues no viene al caso, a veces tiene frases infelices –“el tiempo de Dios es perfecto”–; otras veces lo acusan de que le falta decisión, como lo fue –para algunos, no es mi caso– al no haber sacado la gente a la calle en el 2013 cuando perdió la presidencia con NM.

Pero más allá del disgusto que cause su posición, de las diatribas e insultos que se le profieren ahora, es indudable que HCR, políticamente, ha tenido una trayectoria respetable y exitosa; ha sido diputado, en 1998, cuando incluso fue el presidente de la última Cámara de Diputados que hemos tenido en el país; ha sido alcalde, gobernador y candidato presidencial dos veces, logrando en ambas entusiasmar(nos) y motivar(nos) a miles de seguidores y millones de votantes, sacando más de 6,5 millones de votos en ambas oportunidades; en fin, aunque no todo le sale bien, su trayectoria no se puede borrar de un plumazo con insultos y descalificaciones. En términos generales hay que decir que es un político que ha corrido con suerte.

Ahora ya no hay duda de que está negociando, creo que con apoyo de una buena parte de la UE, sino de toda; eso lo sabremos pronto; si lo habilitan y es candidato o inscribe candidatos –por lo pronto ya anunció que lo hará–, para algunos será la confirmación.

Con respecto a la “negociación” de HCR, yo soy de los que cree que de esto no salimos sin una negociación, que al final nos lleve a un proceso electoral, ¿O cómo se van a elegir los presidentes después de esta tiranía? Y la negociación no será con la congregación de las hermanitas de la Madre Teresa de Calcuta, ni con los obispos de la Conferencia Episcopal, sino con los que hoy están en el gobierno, a quienes además habrá que ofrecerles “alguna salida”, para que dejen el omnímodo poder que hoy tienen, se vayan y quede un gobierno temporal, de transición, interino, o como lo quieren llamar, pero que ofrezca garantías a todos, sin exclusión, de que se respetarán las reglas del juego y así evitar que esto termine en un baño de sangre, porque seguro que si hay un baño de sangre en las circunstancias que hoy tenemos, lo más probable es que sea la nuestra.

Ahora bien, a lo mejor a HCR no le interesa volver a ser diputado, sino estar “habilitado” para lo que pueda ocurrir, pues allí se abren varios escenarios, de los que ya se empieza a hablar:

1) una postergación de las elecciones, y que se abran negociaciones para ampliar la elección, en el 2021, a alcaldes, gobernadores, parlamento e incluso presidenciales;

2) que no haya ampliación, pero que HCR mismo sea candidato a diputado –cosa que no es hoy posible pues está inhabilitado–, para tratar de animar a la oposición a votar, que no lo logrará, pero saldrán electos varios de sus seguidores,

3) que en efecto presente candidatos, participen en la campaña, traten de que se pospongan las elecciones por la pandemia, busquen mejorar las condiciones y al no lograrlo –que es lo más seguro– se retiren a última hora; esta ha sido una posibilidad que el mismo HCR ha esbozado en alguna oportunidad

4) en cualquier caso, si logra movilizar, posponer, cambiar las condiciones o retirarse, se tratará de una victoria política sobre la cual reconstruir la oposición, con eje principal en HCR y su fracción de diputados, a partir de enero 2021...o bien,

5) todo esto no pasará, HCR no será habilitado –que es lo más probable–, las elecciones seguirán como van, el régimen recupera el control de la AN, con unos poquitos diputados de la “mesita” y habrá algunos del grupo de HCR, sí finalmente presenta candidatos.

Lo que es cierto es que la oposición democrática –G4/G27/Guaidó– está en estos momentos en total reflujo, varios pasos por detrás del régimen, reaccionando y sin una política de masas o que entusiasme a la gente; ni siquiera le está sacando provecho al tema de la abstención –cosa por demás difícil– y no han podido articular nada para movilizar a la gente en torno a esa idea. Lo único concreto de lo que han hablado, o apenas balbuceado, es de una supuesta “consulta”, que no han logrado aun definir. En otras palabras, estamos en la situación perfecta para que el régimen trate de terminar de destruir la ya malograda oposición y que surjan más oportunistas, como los de la mesita… o para que surja una opción encabezada por alguien como HCR, a quien –dígase lo que se diga–, nadie puede acusar de chavista o de estar con la gente de la “mesita”. HCR puede estar equivocado, eso se verá con el tiempo, pero no es ningún “traidor” o “vendido”; es un disidente, uno muy importante, pero no más que eso, digan lo que digan los que hoy lo atacan furiosamente.

Sin duda a la oposición le está haciendo falta una estrategia que la movilice, que la organice, que le dé un objetivo y finalidad logrables, medibles, en el corto y mediano plazo, que no apunte solo al largo y desconocido plazo. Creo que HCR ha elegido una estrategia de movilización más fácil que la de Guaidó/G4, porque es más fácil organizar a la gente en torno a un objetivo concreto, una finalidad: elegir unos candidatos, que movilizar a la gente en torno a una idea abstracta como la “unidad” o una consulta, que todos sabemos que por más que se predique y se argumente, no tendrá nunca ese carácter vinculante que algunos extraen con pinzas de la Constitución; ni ayudará a ir más allá de recoger miles o millones de firmas, tarea nada fácil con la apatía política reinante, sin gasolina y grandes dificultades de desplazamiento y en medio de una pandemia. Además, lo ocurrido con la consulta del 16 de julio de 2017 demuestra que sí no hay una finalidad práctica detrás de una consulta, esa movilización para firmar, ese esfuerzo, se pierde. Pretender que había un “mandato”, oculto, en el 16J es fantasioso y abstracto.

Sin embargo, creo que la estrategia de HCR tiene tres fallas. Una, paradójicamente, a pesar de que como dije la movilización electoral es la estrategia más fácil, en este momento creo que es utópico pensar que tendrá un éxito importante en movilizar a la oposición a votar. Han sido muchos años de campaña del régimen descalificando el voto, minando su importancia, su carácter de secreto o de instrumento para tomar decisiones; y lo más grave, es que los opositores los hemos ayudado en esa tarea, con todas esas consejas de “dictadura no sale con voto”, “la ineficacia de las elecciones”, “en estas condiciones no se puede votar”, etc.; lo cierto es que eso ha logrado una total apatía y desesperanza en grandes sectores de la población, que difícilmente se moverán a votar y menos tras percibir la aguda división opositora en torno al tema.

La segunda falla creo que es el tema de la unidad, que ahora algunos descalifican y la rebajan como valor y objetivo, minimizándola a un mero medio o instrumento para alcanzar cosas; sin duda lo es, pero es también un valor y objetivo fundamental. Una dictadura como la que gobierna en Venezuela, difícil de enfrentar y derrotar, lo es mucho más si quienes la adversamos estamos dispersos y con peleas a cuchillo entre nosotros. HCR, sea ese su objetivo o no, cosa que dudo, ha puesto una piedra de molino en el cuello de la unidad política del país, tan difícil de lograr y sobre la cual se habían dado pasos importantes. Ese no es un buen registro para el currículo de cualquier político.

La tercera falla, más bien duda, ¿Agotó Capriles todos los medios posibles, todas las discusiones para resolver este tema a lo interno de la oposición, a lo interno de su partido, antes de dar este paso de ruptura? ¿O simplemente actuó movido por su interés político personal, que tiene derecho a tenerlo, pero que puede significar un descalabro o desajuste importante para toda la oposición?

En conclusión, algunos están felices por la propuesta de Capriles; unos porque llama a votar –podría ser mi caso, pero no es así, no al precio de la unidad–; pero otros, precisamente por eso, porque ven en su acción un golpe noble y certero a la unidad de la oposición.

De cualquier manera, la oposición tendrá que reconstruirse desde ahora y a partir de enero 2021 será imperativo y HCR –al igual que el G4– será uno de los ejes sobre los cuales se reconstruirá. Creo que en el fondo esa es la estrategia de HCR, estar en ese juego. ¿Es su estrategia la más adecuada? ¿No implicará un alto costo, innecesario, para toda la oposición? Como dice el dicho popular, amanecerá y veremos; pero en todo caso, lo bueno es que el escenario político se está moviendo.

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