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Carlos Raúl Hernández

Debajo de las tumbas

Carlos Raúl Hernández

La eficacia de la acción en entornos del siglo XXI, requiere distinguir dictaduras totalitarias, dictaduras tradicionales, y los autoritarismos híbridos o semidemocracias-semidictaduras, dice Sartori. El problema lo enfrenta la ciencia política hace poco, pero desconocerlo lleva al yerro. La naturaleza de la doxa (la opinión, propia de divulgadores de ideas de segunda mano, según Hayek) se queda en la apariencia y a falta de saber, acude a juicios morales.

En cambio, la episteme (el conocimiento) de rigor metodológico, busca conocer, desentrañar rasgos específicos y generales de los fenómenos, ser científica en el buen sentido posible. En el primer tercio del siglo XX el estudio de la dictadura totalitaria se sobreimpuso al de la dictadura tradicional y lo dejó de lado. La eclipsó que desde ese momento los totalitarismos dominaron: URSS, Alemania, Italia (¿) China y Cuba, ejes de las grandes conmociones mundiales, incluso de la segunda guerra y de la casi tercera.


Además, las dictaduras tradicionales, en el lejano tercer mundo, no estimulaban demasiado la reflexión en los grandes centros académicos, aunque si la novelística en sus países. Hoy dictadura es el gobierno que castra los demás poderes y los anula. Pero el concepto original en la antigua Roma, correspondía a la facultad constitucional del Senado de conceder poder total al líder por un período limitado, para superar crisis o guerras.

Equivalía a la figura jurídica de “poderes especiales” o “Estado de excepción”, a diferencia del tirano, que usurpaba por la fuerza. Mario y Sila son tiranos, pero Julio César un dictador constitucional, aunque lo tentaron tres veces. Por eso Dante sepulta por traidores a sus asesinos, Casio y Bruto, en el lugar más espantoso del infierno.

Tu cráneo es mío
Emergen las dictaduras totalitarias, de ideologías invasivas, trascendentalistas, con la misión histórica de sustituir por la fuerza la sociedad y sus corruptos valores. Mussolini acuña el término totalitario, aunque se discute si su régimen lo fue. Quieren crear un hombre nuevo, sin yo, consagrado solo a sublevar “históricamente” a los condenados de la tierra, el proletariado, la raza, para vengar injusticias ancestrales.

Romain Rolland ironizó: “andan por el mundo midiendo el cráneo de cada hombre para decirle `¡eres mío!´…”. La creación del hombre nuevo, requiere que el caudillo demiurgo, tenga poder total sobre lo humano, la sociedad, la familia, la intimidad, el alma, que deben rehacere según él diga. Pasternak y Solzhenitsyn describen campos de concentración llenos de reos por “indiferencia pequeño burguesa”. Disentir es impensable, la pasividad un crimen y el terrorismo de Estado obliga a quien quiera sobrevivir, a militar febrilmente en la revolución.


Hitler exigía a las muchachas arias, aunque estuvieran casadas, que se acostaran con soldados y SS para purificar la raza. El arte, la literatura, el entretenimiento, la vida cotidiana, son parte esencial de la lucha. Para Stalin los poetas eran “ingenieros del verso”, como la frase inmortal de Fidel Castro: “con la revolución, todo; contra la revolución, nada”. Pero el objetivo de las dictaduras tradicionales, sin dejar de ser feroces, es la pasividad.


Calles congeladas
En épocas de Gómez y Pérez Jiménez, más allá de eventuales actos de servilismo al caudillo, la tranquilidad reposaba en que “la gente de bien no se mete en política” y la saña de la represión era contra activistas y dirigentes democráticos. “Si Ud. no se mete con la política, la política no se mete con Ud.”. Las dictaduras tradicionales despolitizan. Las totalitarias polarizan, calientan las calles y las plazas. La dictadura tradicional las congela.

Aunque la opinión común es estocástica, razona en términos polarizados (se está vivo o muerto, enfermo o sano, en democracia o dictadura, negro o blanco, malo o bueno) la episteme registra el gradiente, los matices entre polos. Varios estudiosos, entre varios otros Howard Wiarda y Gabriel Almond, definieron grados de democracia y de autoritarismo, desde la dictadura hasta la democracia plena. Más recientemente, en 2019, la unidad de inteligencia de The Economist, actualizó su propio índice, cuya máxima calificación es 10.

En ese cuadro, Noruega obtuvo 9.93, la democracia más completa del mundo, y Norcorea 1 punto, el último de la tabla de 167 países, el totalitarismo perfecto. En el medio se ubican las híbridas semidictaduras. Hay en ellas elecciones semicompetitivas, relativas e interferidas dosis de libertad de expresión, asociación, reunión y pluripartidismo, impensables en Norcorea o Cuba.


Allí eventos para criticar a los Kim o los Castro serían debajo de las tumbas, como en los horrores de Machado, Sánchez Cerro, Videla o Chapita. Havel cuenta que él y su grupo se reunían en bosques a las afueras de Praga a 12 grados bajo 0. La ceguera equivoca el diagnóstico y se inhibe de participar en la dinámica política y los procesos institucionales semidictatoriales, perder todo y desproteger la ciudadanía sin instancias de poder y dilapidar triunfos por acciones irresponsables. En vez de abrir ventanas democráticas, consolidaron a quienes quieren poder total.

@CarlosRaulHer

La traición de las élites

Carlos Raúl Hernández

Antonio Gramsci argumentó que para llegar al poder, los revolucionarios debían producir previamente “la reforma intelectual y moral de la sociedad”. Consistía en que sus intelectuales, que llama “orgánicos”, deconstruyeran (eso quedó cool) los valores “burgueses" y crearan nuevos. Es la “transición porque la nueva sociedad no termina de nacer y la vieja no termina de morir… larga marcha dentro las instituciones democráticas”, sin asaltarlas como hizo Lenin.

A fuerza de realidad Gramsci se hizo reformista en los Cuadernos de la Cárcel, de la que lo sacó su amigo Mussolini. Muchos de sus seguidores, Palmiro Togliatti y el PCI, Umberto Cerroni, Norberto Bobbio, Lucio Coletti, Nikos Poulantzas derivaron a un comunismo anticomunista, socialdemócrata, gradualista. Pero a su pesar sembró la semilla de la negación. Desvertebrar las tradiciones, hacer común un lenguaje que partiera la sociedad, era moda, versión de izquierda de la “transvaloración de los valores” del nihilismo nietzscheano, tomado por Hitler, quien así desintegró la moral de la democracia de Weimar.

Los intelectuales orgánicos locales que “transvaloraron los valores” fueron Arturo Uslar Pietri, Ramón Escovar Salom, Juan Liscano, Ernesto Mayz Vallenilla y su staff. La democracia entre 1958-1968 había elevado nuestro nivel de vida a velocidad sin parangón en el mundo. De un rincón miserable, rural, atrasado, con 80% de población campesina y analfabeta, en tiempo record Betancourt, Leoni y los tractores de Sucre Figarella hicieron el país más escolarizado, con menos analfabetas, y con las más extensas redes de acueductos, tendidos eléctricos, cañerías, carreteras, teléfonos,autopistas y hospitales.

Betancourt paró en seco a Fidel Castro, exportó la democracia a Latinoamérica y España. En los 80 colapsó en la región el modelo populista-rentista con la Crisis de la Deuda, y Carlos Andrés Pérez en 1989 asume las reformas para corregir sus fallas. Pero en un rugido reaccionario, los “notables orgánicos” convencieron a las clases medias de que vivían una sentina de corrupción, aunque los ministros, Miguel Rodríguez, Naím, Hausmann, Cisneros, son lumbreras intachables.


Eclipse de corazón
La izquierda reaccionaria denunció el cambio como “neoliberalismo de tecnócratas sin corazón”, pese a que el nivel de ingresos se incrementó, los pobres recibieron amplios beneficios de 27 programas sociales, y en 1991 el crecimiento del empleo hizo que los empresarios tuvieran que importar mano de obra que escaseaba. Pero la reforma intelectual y moral, hizo que vieran como esperanza la revolución en 1998, enterrada antes de nacer, porque había muerto con el muro de Berlín.

Los que se formaron, estudiaron y disfrutaron un país civilizado y próspero, cuyo nivel de vida era el más alto del subcontinente, todavía hoy creen la prédica oscura.


Aun hablan de “cuarta república”, “puntofijismo”, y repiten falsedades de los pobretólogos de entonces. Desde Uslar, hasta quienes extraen de una letrina moral Por estas calles, inventaron pavorosos niveles de pobreza, corrupciones masivas, catástrofes sociales falsas. Ese veneno tornó las clases medias creadas por la democracia en asesinos de la democracia.

Gracias a la educación gratuita y la masiva distribución de recursos, hijos de campesinos y obreros tuvieron niveles de ingreso, salvando EEUU y Canadá, más altos del mundo, y superiores a los de Europa (un profesor universitario raso ganaba cerca de 1000 dólares, mientras un titular Ph.D en Francia percibía cerca de 350 dólares antes de impuestos). Los notables articularon, unieron, conspiraciones en marcha de la izquierda y la derecha, cuando el país se descentralizaba para elegir popularmente los gobernadores.

Tales asesores, tales resultados
Inicia la reforma política, y la reforma municipal crea alcaldías electas. La reforma económica nos puso a crecer a la par de China. Pero el motín exquisito hubiera abortado, si sinvergüenzas de partidos del sistema no derrocaran a Pérez, aterrados por la emergencia reaccionaria y loquitos por aparecer en la foto con los notables. Primero cobró Caldera y su ambición de poder lo llevó a destruir Copei y sobreseer a los golpistas para que derrotaran a líderes como Eduardo Fernández.

Descarriló las reformas, solo para regresar a los dos años, con el rabo entre las piernas, a remedar el Gran Viraje de Pérez con una miseria llamada Agenda Venezuela que provocó su propio hundimiento. La Corte Suprema de Justicia, sin remilgos académicos, enjuició a un Presidente sin delito y desde ese momento se convirtió en rastacuera jurídica de Chávez, desconoció recursos contra su candidatura presidencial intentados por dar un golpe de Estado (hasta que éste la disolvió harto de adulancia).

Chávez halagado por instituciones que debían meterlo en cintura, triunfa ante partidos derruidos y recibe adulancia reptil de empresarios, gerentes de medios, intelectuales, políticos hasta que los pateó y devolvió a sus ratoneras. Habla bien del gran exterminador su virtud de no dejarse comprar por pobres diablos Ese es el origen de la tragedia, la traición de las élites que pagaron caro y por culpa de ellos, todos en este país (varios conspiradores contra Pérez siguen en su ley como asesores de la oposición. Ya vimos el fruto de su trabajo)

@CarlosRaulHer

El regreso de los economistas muertos

Carlos Raúl Hernández

“He decidido no leer (…) más artículos sobre el mundo post pandémico… sus autores son seres aterrorizados (…) formulando las más disparatadas fantasías personales”. Fernando Mires

Alguien debería editar la antología de la economía política de la pandemia, ya que naturalmente los influencers no podían permitir que pasara sin dejar sus testimonios-pronósticos, aunque con frecuencia estos devienen a futuro sketches humorísticos. Henry Ford declaró impensable que un automóvil corriera a más de 20 k/h, y los ecologistas juraban que la humanidad no llegaría al siglo XXI.

En la izquierda y la derecha estaban seguros de que también antes del siglo XXI todos los países serían comunistas, y otros aseguraban que el mundo acabaría en el holocausto nuclear. Sartre anunció durante los 70 que la tercera guerra mundial ya había comenzado en Medio Oriente. Con las nuevas fuentes de energía en los 80, los profetas del futuro anuncian que en ¡dale con el siglo XXI!, el petróleo sería material de desecho.

Otros dijeron: “Jimmy Hoffa es intocable porque su guardaespaldas es la clase obrera” y, a pesar de Scorcese, aún no se sabe que ocurrió con él, y se piensa que lo enterraron vivo. Para la Nueva Izquierda inspirada en Marcuse, esa clase obrera de Hoffa se había tornado soporte del kapitalismou y la revolución debía hacerse con marginales, drogadictos, estudiantes y delincuentes. Las distopías izquierdosas anunciaban un mundo kapitalista totalitario.

Así Los Ángeles en la magistral Blade Runner (Scott:1982) era una ranchería de miserables, marginales y chiringuitos de fritangas tercermundistas, versión del mercado de Tepito en Ciudad de México, oscura porque la polución no dejaba ver el sol, bajo la lluvia ácida incesante. Las distopías de derecha avizoraban un totalitarismo inspirado en 1984 de Orwell, que prohibiría hasta el amor. Algunos intelectuales dejaron su testamento del Covid con cuidado, sensatez y aportes interesantes.


Confusión con Confucio
Desfilaron por la pasarela del futuro Naomi Klein, Yuval Harari, Byung Chul Hal, Francis Fukuyama, Slavov Zizeck, Fernando Savater, Antonio Escohotado, Thomas Piketty, Rudiger Safransky, Sebastián Edwards y varios otros. Fukuyama, uno de los autores más comentados y menos leídos, en un artículo discreto y tranquilo, y sin pontificar sobre el fin de la historia, señala atascos para superar en la marcha. Pero otros arrojan carretas de disparates y manías ideológicas.

Byung Chul Hal inventa que el autoritarismo asiático lleva ventaja contra el coronavirus y nombra a Surcorea, Japón y Taiwan (¿?) y que Confucio sería el padre de ese autoritarismo, aunque no fue un filósofo en el sentido de Platón, no propone modelos de república, de justicia, ni una cosmovisión. Es un pedagogo y asesor político militar que ejerció el pensamiento práctico en una civilización que no conoció la libertad y eso le costó caro. Todavía 2000 años después la revolución cultural de Mao prohibió su lectura y quemó sus obras.


La persecución ideológica continúa cuando a una miss panameña le preguntaron quién era Confucio y después de segundos aterradores con la mente en blanco, dijo que era “el padre de la confusión”. Muy chato es un ensayo del Marx contemporáneo, Piketty, que revela la imposibilidad de los posmarxistas para recuperarse del deslave del socialismo, y quitarse las anteojeras de su ideología derogada.

Hay terribles y reales problemas para enfrentar lo que viene: ¿cómo cristalizar inversiones-empleos para superar la recesión en Europa, en un contexto de senectud y deflación demográfica que hacen insustentable el Estado de Bienestar? ¿Cómo impulsar desarrollo económico y social en el Tercer Mundo para estabilizar los flujos migratorios?

Economista de cabecera
¿Qué hacer frente a los estragos del aislacionismo populista norteamericano, que antes de la pandemia ya amenazaba con una recesión mundial cuyas principales víctimas son los países pobres? Frente tan tremebundo y convulso cuadro, Piketty, como buen inspirador de Pablo Iglesias, nos asombra diletando sobre la propiedad, como los ideólogos de los siglos XIX y XX de los que no se puede librar.

En un texto plagado de inconsistencias, se cumplen las frases lapidarias de su maestro Marx “las generaciones muertas oprimen como una pesadilla el cerebro de los vivos”, y de Keynes “todos terminamos siendo esclavos de un economista muerto”. Desde hace 200 años, Marx, y antes Proudhon, culparon a la propiedad, y todo el siglo XX los comunistas la fusilaron, y de paso, mataron de hambre a la gente.


Ante el fracaso los comunistas inyectaron kapitalismou y propiedad en China para que la gente pudiera comer más que 100 gramos de arroz al día como durante el maoísmo. Gracias al regreso de la propiedad, ahora es la segunda potencia mundial y los países más prósperos, Canadá, Suecia, Suiza, Holanda, Hong Kong, Dinamarca, son los que tienen mayores puntajes en el Índice de Liberad Económica.


En esos países a los que misteriosamente ponen el mote de “socialistas”, prácticamente no existen restricciones a la propiedad, ni controles, ni dirigismo estatal. Son economías cuatro y cinco veces más abiertas que las de Francia, Alemania, España, Bélgica o Italia. Y las naciones más miserables, aquellas donde el gobierno, parecido a la receta de Piketty, ejercen mayor control sobre la economía.

@CarlosRaulHer

Ese obscuro objeto de deseo

Carlos Raúl Hernández

Pensador actual de punta, el holandés Ian Buruma, realiza un estudio existencial del gamberro político, el lumpen, válido para los colectivos, camisas negras, camisas pardas, paramilitares, guerrilleros colombianos, skin head, terroristas islámicos y de cualquier otra marca: un sujeto incapaz de construir una vida decente, atormentado por odios y complejos contra quienes lo logran y que envuelve su fracaso en algún justicialismo

Movimientos revolucionarios de izquierda y de derecha los reclutan para mercenarios aporreadores, brigadas de choque, torturadores, saqueadores, asesinos. Su oficio es el ejercicio simple de la ruindad, abusar de gente indefensa o ejecutar actos terroristas. Son el verdadero rostro de las revoluciones (“un comunista es un fascista de izquierda. Un fascista, es un comunista de derecha”).
Kensaburo Oe lo describe inquilino de casa de pensión, solitario, atormentado por los flashes eróticos en las calles, por faldas cortas y aromas de los que se siente privado masturbador pertinaz que se asume rechazado por su obscuro objeto de deseo. La belleza, el confort, flamantes automóviles, la apariencia de felicidad, transitan por las calles de las sociedades abiertas, sin chador ni burka.
Pareciera que todo está al alcance de la mano, pero cada quien debe construir espacios con voluntad, trabajo, audacia, y estas figuras baconianas no están dispuestas a eso. La sociedad ofrece maravillas que solo obtendremos parcialmente y la revolución es la respuesta del fracaso, estimulado por ideologías de la envidia: el marxismo, el populismo o el nacionalsocialismo que hacen a “los otros” culpables de sus privaciones y merecedores de castigo.
El diseñador de la violencia
En los comandos de acción directa tiene espacio su particular destreza profesional, la violencia, el rasgo más animal de los humanos y el que los acerca más a las bestias. Maltratar y hasta matar a un profesional, una mujer bella, un universitario, comerciante o trabajador, es su venganza. Los hace importantes ejercer el terror de causas oscuras.
Mussolini creó los camisas negras en 1919, que a partir de 1923 se llamarán Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional, y allí concentra las excrecencias del naufragio, que hicieron terrible la vida cotidiana. La incapacidad para conseguir tempranamente la unidad nacional italiana y superar
la pobreza, creó un estamento de resentidos animados por el rencor, lo que Hannah Arendt llama “el populacho”.
Obreros, profesores, comerciantes, médicos, oficinistas, abogados, todos sin empleo, arruinados y buscando arrimarse. El discurso de Mussolini en las tribunas representaba a las hordas, e instaba a despanzurrar, patear, a los “responsables” de las desgracias. Doscientos mil miembros de los “colectivos” emprendieron la Marcha sobre Roma, colocaron al Duce en el gobierno e inspiraron al sexualmente retorcido Hitler para formar sus
camisas pardas o S.A.
El partido nacionalsocialista compró baratos remanentes de camisas de kaki de las tropas alemanas en África y con ellos los uniformó estilo militar. Y Hugo Boss, joven costurero nazi que iniciaba su carrera profesional, le dio su mágico glamour. También vistió a las S.S y a las Wehrmacht. Los colectivos tampoco podían faltar en la pesadilla de la Revolución Cultural China y Mao creó la Guardia Roja con cientos de miles de jóvenes convertidos en perseguidores de maestros, profesores, artistas, escritores, e incluso de sus propios padres.
Los derechos gusanos
El objetivo de Mao, en ese momento defenestrado, que hizo de la Guardia Roja, era liquidar a Liu Sao Chi, Lim Piao y Deng Xiaoping para recuperar el poder. La oleada fanática asesinó más de un millón de personas y destruyó casi cinco mil de los siete mil templos antiguos que se conservaban. Latinoamérica ha tenido caudillos que convierten las naciones en cárceles con apoyo de los “colectivos”.
En Panamá de Noriega se llamaban Batallones de la Dignidad y Codepadis, que ensangrentaban las ropas claras de los manifestantes contra la dictadura. Olor a resaca de caña barata, adrenalina, sudor rancio, halitosis y sangre en las calles eran la identificación. Corrieron después como conejos en 1989 y una conocida matona, Balbina Herrera, fue candidata presidencial derrotada del norieguismo.
Daniel Ortega tenía turbas divinas en su lejano primer gobierno, aguardentosas, mercenarias, astrosas, para aterrar adversarios políticos, menos a Violeta Chamorro, quien le desbarató el proyecto en las narices. El régimen cubano usa los llamados grupos de respuesta rápida para “actos de repudio” en los que rodean por horas o días casas de` disidentes y luchadores por los Derechos Humanos, “derechos gusanos de desechos humanos” según las turbas.
Entre los años 40 y 50 las calles de La Habana eran propiedad de gánsters, los “gatillo alegre”, Emilio Tro, Manolo Castro, Rolando Masferrer, Alfredo
Yabur, Eduardo Corona, Fidel Castro, hasta que en 1959 éste acabó con todos los demás y con la vida civilizada. Pero la figura del día son
los indestructibles. Stallone, y sus mercenarios, Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Bruce Willis y Arnold Schwarzenegger, hoy de moda porque, contratados por gobiernos de EEUU, rescatan princesas y liquidan tiranías.

@CarlosRaulHer

https://www.eluniversal.com/el-universal/69670/ese-obscuro-objeto-de-deseo

Profetas del pasado

Carlos Raúl Hernández

Especulamos sobre la post pandemia y nos equivocaremos en buena medida. Por eso conviene escabullirse de conspiranoias, historicismos, catastrofismos y otros ismos. De los que dijeron que “no había que hacerle caso”, y de los paladines contra una sociedad ególatra y hedonista que abandonó a los pobres (¿?), de los que anunciaron terremotos en la civilización y que nunca volveremos a ser los mismos.

Harán mal papel y por eso entre los profetas del futuro y los del pasado, me quedo con estos. Los segundos intentan muy modestamente, aprender cómo se comportaron sociedades en suertes parecidas y nunca adivinar lo que vendrá a partir del pretérito ¿Qué cambios se produjeron? Vale preguntarse sí fueron tan drásticos como los que nos anuncian; y qué se puede aprender de ellos. La Muerte Negra del detestable siglo XIV, comienza, se expande y desaparece sin que nadie supiera qué era ni por qué estaba ahí, lo que se descubrió quinientos años después.
No sé de ningún pensador que atribuya la causa del Renacimiento en el siglo XV, a que la mitad de la población de Europa, y casi todas las majadas y cosechas desaparecieran con las desgracias del pestoso siglo anterior. Más bien lo explican por la acumulación de riquezas, gracias a la expansión de comercio con Oriente que permitió surgir en Italia clases ociosas y ricas amantes del arte.
A la Gripe Española, se le llamó así porque el único país que publicó información sobre la pandemia fue España, ya que las demás naciones de Europa, menos ella, combatían en la Primera Guerra Mundial. Pero la gripe no dejó huella en los procesos políticos posteriores, entre otros la descomposición de los grandes imperios que sucedió a la guerra. Hablamos de dos de las más destructivas pandemias que recuerde la Humanidad.
El mal necesario
No hay que ser “visionario” para intuir que según indica modestamente la experiencia, después del Covid-19, la sociedad deberá aprender como siempre de los infortunios. Pero creer que el porvenir está predeterminado por lo que pasó ayer y que los hechos tejen una cadena de eslabones inseparables, desconoce que los procesos históricos son reinicios, rectificaciones, rupturas, más que continuidades. Los errores nos persiguen, pero no son fatales. Podemos librarnos de ellos.
Supongamos que al frente de un proceso político X, hay una claque de mangantes, buenos para nada con incontables fracasos por su incapacidad de reconocer la O por lo redondo. Pero después de, por ejemplo, 25 años, el enemigo que combaten los mangantes se trastabilla y pierde el poder. La épica pueril dirá que el desenlace es producto de “una trayectoria histórica de luchas”, es decir, sacralizará sus burradas. Con la deriva de la oposición chilena, Pinochet hubiera muerto en el poder como Castro.
La derrota de la dictadura en el plebiscito de 1989 no fue obra de la “trayectoria histórica de luchas” ni ninguna otra zarandaja, sino de que los opositores cambiaron radicalmente de mentalidad, rompieron con todo lo que habían hecho y viraron en 180º. De persistir en el camino, hubieran seguido su fracaso. La manía de que los fenómenos son producto inevitable de las condiciones y de fuerzas históricas indetenibles se llama historicismo
(he oído incluso alfabetas decir que Hitler, Stalin o Mao fueron “históricamente necesarios”).
En la Edad Media éramos simples ejecutantes de una partitura escrita por Dios. Lo que pasaba era necesario porque Él lo quería. San Agustín murió aterrado de que su alma estuviera condenada desde la eternidad y que todo lo que hizo para salvarse fuera inútil. En la visión moderna, la ciencia y la pseudociencia quieren ocupar el lugar de Dios y prescriben que la realidad es cognoscible y predecible. Hegel y Marx, creadores de cienciologías,
nos enseñaron a pensar en predestinaciones sociales, vicio que estorba entender lo político.
Destino final
Al estilo medieval, el sino de la Humanidad era ineluctable y habría un Fin de la Historia. Para Hegel el triunfo de la Justicia y la razón, el Espíritu Absoluto. Según Marx el socialismo-comunismo, luego de pasar los estadios avanzados de la sociedad capitalista, tal como ésta se desarrolló de manera natural en el régimen feudal, en una secuencia nieta-madre-abuela.
La violencia política era la simple partera de una criatura que ya estaba en el vientre de la historia. Cuando los comunistas hacían política, actuaban a nombre de la necesidad del parto, eran actores inconscientes de fuerzas ciegas, de condiciones materiales todopoderosas que conducirían a un destino inevitable. Los países industriales pasarían ineluctablemente al socialismo-comunismo en los hombros de la mayoría, el proletariado. Pero en Europa, después de conflictos y escarceos, la revolución fracasa y la destierra al Asia el mismo proletariado que debía amarla.
Lenin hace la primera revolución comunista, y Mao más tarde hace la segunda contra las previsiones de Marx, en países donde no había condiciones tal como él las concebía. Y demuestran que éstas no preexisten y son creación de la voluntad de poder, capaz de cambiar el destino y reírse de los profetas del futuro. 70 años después, contra las profecías, la humanidad presencia el hundimiento del mundo feliz, cuando horror derriba el muro de Berlín. Todavía hay sonámbulos que sueñan revoluciones.

@CarlosRaulHer

¡Cuídate!

Carlos Raúl Hernández

Para Angel Rangel, quién me acercó al tema

El Covit-19 convirtió la palabra ¡cuídate! en sustituto de saludos y despedidas. Pensar que personas queridas corren riesgos o están el peligro –cosas diferentes- la convierte en deseo salido de lo más recóndito, del órgano de la fuerza vital para los griegos, el corazón. Dice el fundador de la sociología del riesgo, Ulrich Beck: riesgo asumen los que dirigen y peligro corren los dirigidos. El chofer irresponsable que al frente de un autobús con sesenta personas pasa otro vehículo en curva, toma un riesgo consciente (aunque sea un “inconsciente”) y pone en peligro vidas que dependen de él.

Quien sale sin mascarilla se arriesga, y sus familiares y paseantes, peligran. Si desde La Bauhaus y el diseño industrial, se construye conforme patrones estéticos, la sociología del riesgo empapa la vida moderna y nada se hace sin agotar el estudio de los peligros para los usuarios, la población en general, y prever los elementos para su cuidado, su cura.

De allí términos técnicos popularizados por el uso: contingencia, plan B, siniestralidad, vías de evacuación, resiliencia, control de daños, riesgo residual. El estudio del riesgo político, ayuda a evaluar a los que aspiran liderazgo, y es de mucha utilidad en era de populismo, antipolítica, neopolítica y sus hijas legítimas, post verdad, fake news, xenofobia, antiglobalización, corrección-política, diferencialismo.

La tontería arrastra incluso a importantes creadores de opinión con el perogrullazo de que la sociedad “no estaba preparada para la pandemia”. No estaba ni nunca podrá estarlo para una contingencia que obligaría a que cada país mantuviera millares de salas de terapia intensiva y respiradores ociosos con costos impagables, por si acaso.

El irresponsable en acción
Pero la sociedad enfrentó el reto, pese a mermados mentales, ideólogos e irresponsables en el poder, otra contingencia imprevisible. Tan mal los socialistas españoles como los conservadores británicos. Uno que se burla del confinamiento contra la pandemia. Otro convoca a las calles para pedir un golpe de Estado contra el Congreso y la judicatura. Un tercero llama a la población desarmada a una insurrección o un golpe de Estado y pide sanciones económicas para su país.

Esas son desgracias que las sociedades propician, por poner su confianza en manos de politiqueros. Los aspirantes a líderes deben esmerarse en el cuidado de sus dirigidos. En la mitología romana cuando Júpiter creó al hombre, hubo una importante polémica entre los dioses. Como lo hizo de arcilla, Tellus (la diosa tierra) lo reclamó para ella. Pero Júpiter, quien lo creó por su voluntad y le otorgó el alma, defendió su derecho.

Finalmente acordaron que, al morir, el cuerpo volvería al barro y el alma a su creador. Pero irrumpe Cura (el cuidado, la prudencia) y aclara que aceptaba el acuerdo, pero si querían que la criatura sobreviviera, debía estar bajo su mando en el mundo. Después, podrían tomarla Júpiter y Tellus. El clásico del siglo XX, El Padrino (Coppola-Puzo:1972), retomado en cuarentena, pone las categorías en movimiento y corrobora que el poder triunfante conjuga voluntad y cura.

Don Corleone no apoya el tráfico de drogas en Nueva York, contra otros jefes de la mafia, una decisión racional de alto riesgo. El argumento es contundente: perderían así el respaldo o la indiferencia de policías, políticos, jueces y eclesiásticos que no se metían con apuestas, casinos, venta de alcohol o incluso trata de mujeres, pero que si combatirían el narcotráfico.

Acción y reacción
La reacción es el atentado contra Don Corleone y el asesinato de Luca Brasi, uno de sus hombres de confianza. Los gánsters del agonizante Don Vito no saben qué hacer y se acobardan, pero Michael Corleone (Al Pacino) entiende que el dilema no es entre guerra y paz, sino entre ganar la guerra o desaparecer. O se imponían, o se extinguían los Corleone. Tuvo razón frente al desconcierto de la familia y eso lo convirtió en el nuevo Padrino.

La prudencia sin voluntad para luchar conduce al fracaso, la rendición, tal vez Tom Hagen (Robert Duvall), il conciglieri, en un momento de la obra. La prudencia vacía, sin voluntad, que renuncia al objetivo, pierde todo, deja que otros nos arrastren a lo que no deseamos, por no actuar. Sacrificamos fines esenciales para nuestra realización. Igual fracaso es la acción sin prudencia ni cuidado. Sin cura.

Sony (James Caan) el primogénito y heredero del poder Corleone, por su desbarajuste y falta de cuidado, deja indefenso a su padre herido en un hospital, incurre en el ridículo en reuniones serias de los capos y se hace matar en una reacción de violencia irresponsable por un incidente doméstico. Michael, por el contrario, encarna con su padre la voluntad con cura, la capacidad para obtener los objetivos de la manera eficaz y eficiente, al menor costo.

Toma decisiones de alto peligro para sí mismo, como ponerse en manos del gánster Sollozzo y del narcotraficante jefe de la policía, para liquidarlos con sus manos en una cena. Este episodio es esencial para ver cómo el cuidado no consiste en eludir acciones difíciles sino hacerlas bien. Todo paso implica riesgos y quien no los da, no vive. Según Pascal los problemas nacen de que la gente no se queda quieta en su hogar.

@CarlosRaulHer

Sociología del bostezo

Carlos Raúl Hernández

Romeo esperaba ansiosamente a Julieta con la complicidad de fray Lorenzo, y esas horas eternas parecían no transcurrir, pero no se aburría en absoluto. Su mente estaba depositada en el futuro encuentro y el lapso que lo separaba de ella era angustia, pero no tedio. Nadie se hastía en el purgatorio, que se distingue del infierno en que es sufrimiento con esperanza. Cuando llegaba Julieta, un siglo de su compañía era para él como si hubiera sido un instante, y menos se aburría.

Juana de Arco en la pira, percibe que un segundo es eterno, pero no tedioso, y abjura. El sujeto no presta atención al tiempo en el tráfago de actividades o la intensidad del placer o el dolor que absorben su atención. Para quien espera algo ansiosamente, el tiempo es solo el nombre de esa espera, igual que para quien vive un padecimiento fuerte. El condenado a muerte no aguarda la fecha fatal con fastidio.

Al contrario, quien no tiene expectativa, ni sueña nada para mañana, ni le aguarda algo satisfactorio, un día va detrás de otro, la existencia misma es un hastío, una faena interminable e inerte. Escribe Neruda “pasan días iguales persiguiéndose… día que has sido niño, inútil /que naciste desnudo/las leguas de tu marcha caminan sobre tus doce extremidades”. Por eso el aburrimiento y el tiempo se personalizan cuando no pasa nada.

Dice Cioran “…Son las tres de la madrugada… Siento este segundo y luego el siguiente y saco la cuenta de cada minuto”. Tal vez por casualidad, B.B King nos impacta con su blues inolvidable Las tres de la mañana, en el mismo tono intenso del filósofo rumano del suicidio. Varios films, por ejemplo, Lejos del cielo (Haynes: 2002) narran desde la visión actual, la vida asfixiante, repetitiva de las mujeres enclaustradas en sus hogares durante la era represiva del machismo en los años cincuenta, previa al reventón de los sesentas.

Cuarentenas privadas
En contraste, Historia de una pasión (Davies: 2016) describe el sentimiento que mantuvo a dos amantes en lucha contra la separación impuesta por los medios sociales. El Dr. Jhivago y Lara (Lean: 1965) jamás pudieron aburrirse porque durante mil páginas y todas sus vidas se buscaron en medio del infierno comunista. Nos aburrimos cuando “no pasa nada” pero eso depende de la disposición para interesarnos o percibir el entorno.

Pero es imposible que no pase nada porque los acontecimientos se producen por zettabites a nuestro alrededor. Por obra del coronavirus que nos obliga a aislarnos en nuestros reductos, experimentamos varios tipos de vivencia. Algunos lo toman como una maravillosa oportunidad de ver películas, leer libros y planear acciones sobre el futuro, crear arte o dedicarse a hobbies.

Parejas nuevas o bien avenidas, improvisan lunas de miel, pero en situación contraria, devienen aburrimiento, contrariedad y crisis. Quienes disfrutan la soledad, encuentran la situación ideal, mientras los socialites padecen molestias insufribles. Algunos lamentan perder la oportunidad de hacer el negocio de su vida o ventajas que se les presentaron.

Otros sin entornos placenteros o expectantes, se destruyen física y emocionalmente por abulia. Nadie ha descrito mejor en el arte las vidas sin mañana como Francis Bacon. Sus figuras humanas son amasijos deformes, abotagados, semi disueltos, que transcurren en el ciclo opresivo entre el trabajo y cuartos de pensión de mala muerte, salas de baño sórdidas y sucias, alumbradas por un escueto bombillo pendiente del cable.

La descomposición del ser
Bacon presenta el hastío en su versión aterradora: contar el tiempo de un plazo que es la propia vida. La cuarentena, sin tal dramatismo, no está predeterminada, pero inquieta su término incierto. La certeza de una cárcel es que las sentencias tienen plazo fijo. En Sueños de fuga (Darabont: 1994), el protagonista enfrentaba su larga e injusta condena con optimismo pues cavaba en la pared un túnel con una inofensiva cucharita, camuflado en un afiche de Raquel Welch.

Sería libre y podría reconstruir su vida gracias a su esfuerzo y decisión. Algunos con teleologismo optimista dicen que las pestes son el preámbulo de las grandes reconstrucciones, cosa que no creo sea una determinación sino mera descriptiva de que la voluntad recoge los escombros y sigue la marcha. El Renacimiento había comenzado con Dante en el siglo XIII y la Muerte Negra del siglo XIV lo tronchó pese a Boccaccio y Petrarca.

Hubo que esperar hasta el XV para que se reiniciara la vida. Las pestes lanzan millones de seres humanos a la muerte y la miseria, lo que no abona a verlas como bendiciones progresistas. Pero el ser humano se sobrepone, que es otra cosa. En un momento de humor, el atormentado Soren Kierkegaard dejó su versión del desarrollo humano como obra de la monotonía.

“Los dioses fastidiados, crearon a los humanos. Adán se aburría y le trajeron a Eva. Luego los dos se aburrían junto Caín y Abel en familia. Aumentó la población del mundo, y los pueblos se aburrían masivamente. Para entretenerse, se les ocurrió la idea de construir una torre, tan alta que llegara hasta el cielo… Después se dispersaron por el mundo y viajaron por todas partes, pero aún se aburren”.

@CarlosRaulHer

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Trono de fuego

Carlos Raúl Hernández

El Cristianismo era uno entre cientos de grupos judíos que predicaban en el Imperio, pero se impuso y logró éxito político universal. Gracias a la progresiva moderación de su perfil político...

En 2000 se descubrió el Evangelio de Bernabé también llamado Biblia de Turquía. En él, entre otras muchas cosas, se afirma que no crucificaron a Jesús, sino a Judas quien lo suplantó en el martirio, y engañaron así a María, a Magdalena, y a la Humanidad entera que no se dio cuenta. Tampoco Jesús era el Redentor sino un profeta al estilo de la creencia musulmana.
En 2006 se conoció, después de largas peripecias, el Evangelio de Judas, que hace esfuerzos por reivindicar al epítome de la traición con argumentos filosóficamente no desdeñables. Cristo vino a la tierra a morir por los pecados del hombre, su destino desde la eternidad, y Judas fue el instrumento de Su voluntad a conciencia de ambos. En 1945 habían hallado 52 textos en excavaciones egipcias, entre ellos Evangelio de Pedro, Apocalipsis de Santiago y Evangelio de Tomás.
Sobre el último se rodó Estigma (Wainwright:1999) con Gabriel Byrnie y Patricia Arquette. También consiguieron fragmentos del Evangelio de Magdalena que la identifica como discípula más que predilecta del Maestro y líder de los apóstoles. Los investigadores afirman que en el siglo II circularían la bicoca de doscientos evangelios, término cuya traducción literal, más que buena nueva, es biografía de Cristo. La Iglesia acepta solo cuatro: Mateo, Lucas, Marcos y Juan.
Los otros se denominan apócrifos, muchos elaborados por grupos gnósticos, es decir, que ponían en duda los principios. Esta proliferación de textos indica que el Cristianismo nació en medio de una intensa polémica, que lejos de cesar, se ha mantenido por dos mil años, desde el Evangelio de Tomás hasta las proclamas de Camilo Torres.
Política para veinte siglos
A lo largo de veinte siglos hubo sectores empeñados en construir una institución estable y poderosa, y otros dedicados a cuestionarla e incluso destruirla, a nombre de una relación directa entre el pueblo y Dios, lejos de los recamados hábitos de los obispos y las riquezas materiales. En el apócrifo Tomás, ponen en boca de Cristo “búscame en una piedra o en un pedazo de madera y allí estaré” (entonces ¿para qué Iglesia?)
Un convulso proceso político estableció los cuatro Evangelios canónicos y los, en total, veintisiete libros del Nuevo Testamento. El teólogo Orígenes fue el primero que intentó configurar una biblia, pero su antisemitismo lo hizo excluir todos los documentos de origen judío en beneficio de los escritos en griego. Esta ofensiva secesionista y herética produjo la reacción de los los activistas que organizaban las diócesis dispersas de Alejandría, Siria, Corinto, Roma, Atenas y Nicea.
Empuñaron los cuatro evangelios como arma ideológica para hacerle frente a Orígenes. Cerca del año 180, en medio de una furiosa represión romana, Ireneo, Obispo de Lyon, en histórica demostración de liderazgo, los confirmó y excluyó cualquier otro. Para enfrentar torturas, asesinatos y piras, tuvo el sentido estratégico de reforzar un credo unívoco y sencillo sin las dudas del debate gnóstico, que erosionaba la jerarquía, el liderazgo de los obispos, incluso la Iglesia misma y hasta las bases de la fe.
Mateo, Marcos, Lucas y Juan configuraban un programa político-ideológico y moral que daba fuerzas a cientos de mártires para morir heroicamente por él. A la mártir inmortal, Blandina (que de blanda no tenía nada) la sentaron en una silla de hierro calentada al rojo, mientras gritaba su fe. Más tarde, cuando las cosas cambiaron y el emperador Constantino se cristianizó, convocó el Concilio de Nicea en 326.
Habla suavemente
Allí se ordenó editar cincuenta ejemplares de la Biblia oficial para las cabezas de las iglesias locales, ahora bajo un comando único en Roma. A lo largo de veinte siglos, la Iglesia ha enfrentado en una repetición borgiana, la recurrencia de grupos internos que la ponen en la picota, con exponentes tan brillantes como Lutero y Calvino, que intentan desmantelar su estructura de poder. Una de las últimas fue la Teología de la Liberación, de íntima identidad con el castrismo.
El Cristianismo era uno entre cientos de grupos judíos que predicaban en el Imperio, pero se impuso y logró éxito político universal. Gracias a la progresiva moderación de su perfil político, logró el milagro de que sus verdugos, los emperadores Constantino (316) y Teodosio (380) se convirtieron a la fe y la hicieron religión oficial del Imperio. Si los primeros cristianos se presentaban como una fuerza subversiva que amenazaba a los paganos con el infierno, el venidero apocalipsis, el Día de la Ira.
La “explosión social” en la que el pueblo tomaría venganza aterradoramente en las calles, en poco tiempo sus líderes conjugaron un discurso para ganar a sus adversarios y no para aterrarlos. Si el paganismo era profuso en eróticas diosas, el santoral cristiano se pobló de santas, vírgenes y ángeles. Entre Mateo y Lucas hay un importante y sutil cambio.
De “bienaventurados los que tienen hambre” a “bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia”; y de “bienaventurados los pobres” a “bienaventurados los pobres de espíritu”, hay un replanteamiento semiótico, un mensaje a los ciudadanos romanos y a los que no pertenecían a las masas de menesterosos que pululaban en Roma. En el piojoso lenguaje políticamente correcto, un viraje “inclusivo”. Abandonaron la amenaza radical y llevan veinte siglos de hegemonía.

@CarlosRaulHer

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Peste, cólera…

Carlos Raúl Hernández

“…el hermano se alejaba del hermano… y a menudo el marido de la mujer... hubo padres y madres que expusieron a sus hijos… y no los visitaron… el infortunio heló el corazón de los hombres”. Boccaccio (El Decamerón)

El comienzo de la Ilíada narra una epidemia (tifus) que masacraba a los guerreros griegos frente a las murallas de Troya. El poeta la concebía venganza de Apolo, porque Agamenón, rey de los griegos, humilló y causo un terrible dolor a su sacerdote Crises. Agamenón apasionado por Criseida (“va a envejecer a mi lado”), la hija del anciano, la secuestró y la hizo su amante.

Apolo estaba enfurecido, “parecido a la noche”, y “durante nueve días volaron las amargas saetas del dios… dirigidas a los hombres, y continuamente ardían muchas piras de cadáveres”. La Muerte Negra en la Edad Media, peste bubónica (hoy se cura con simple vibramicina), apareció en Europa procedente de Asia. Su aterrador origen inspira a Bram Stoker cinco siglos después para pintar de sombras la llegada de Drácula a Gran Bretaña.

Un barco mercante fantasma cargado de cadáveres descompuestos, atraca en Sicilia en 1347. Los marineros que aún agonizaban, tenían en las axilas y el vientre tumores oscuros que manaban sangre, pus y un hedor vomitivo. Como nadie sabía su origen ni qué la producía, inmediatamente se expandió por el territorio europeo. En la medida que la horrorosa mancha avanzaba por el continente, crecían los sentimientos de pánico, incertidumbre, desesperación e impotencia.

Pese a que en la cultura popular, el Flautista de Hamelin desde el siglo anterior describió las ratas como un enemigo, la población victimizada no las vinculó a ellas ni a las pulgas con el horror, potenciado por el desaseo en las costumbres. Arrasó las grandes ciudades europeas del siglo XIV de cien mil almas, poblacionalmente en este orden, París, Florencia, Venezia y Génova.

Miradas que matan
Luego le seguían las de cincuenta mil Hbs., Gante, Brujas, Milán, Bolonia, Roma, Nápoles y Palermo (de las once más importantes, ocho eran italianas) Demógrafos e historiadores piensan que treinta millones murieron, entre la mitad y dos tercios de la población europea. Como la estupidez política es eterna, recurrente, los escoceses “aprovecharon” la epidemia para atacar a Inglaterra que arrasó ambos contendientes.

Pese a la irreverente perspectiva de Boccaccio, quien vivió siempre entregado a las mujeres, cuyo libro inmortal narra las aventuras de un grupo de jóvenes que se refugian de la peste en un bucólico prado (“con pozos de agua fría y bodegas de vinos exquisitos”) dedicados al placer, el heroísmo de las órdenes religiosas hizo historia y de algunas murieron todos sus integrantes en ayuda a los enfermos, así como un tercio de los cardenales.

Se atribuyó a vahos venenosos de la tierra en los incendios, aguas podridas, conjunciones astrales. El contagio vendría de “mirar un enfermo” porque se trasmitía por “rayos que salen de los ojos”. Mientras las élites pensaban en Mercurio retrógrado y en su convergencia de fuerzas con Marte y Saturno, las masas populares atribuían la tragedia al castigo divino.

Así como Dios había querido eliminar al hombre con el Diluvio, Ira sagrada que solo Noé pudo mínimamente paliar, pensaban que este era el exterminio definitivo, penalidad por comer, bailar, fornicar, jugar apuestas, pero sobre todo por la avaricia, los placeres mundanos, la posesión de bienes, en síntesis, tal como ahora algunos enemigos de la sociedad impura.

Siempre Shilock
Según describe maravillosamente Bergman en El séptimo sello (1957) a la propagación de la muerte contribuyó la nueva forma de penitencia masiva de los flagelantes. Eran procesiones de cientos incluso miles de penitentes que marchaban semidesnudos de pueblo en pueblo, azotándose y ciliciados como acto purgatorio que imploraba perdón al Cielo y regaron la pestilencia. Pero al final, como siempre, la xenofobia y el odio ancestral por quien es diferente, tomó posesión.

Parece que en nuestra naturaleza está culpar a otros de tramar lo que nos pasa y surgió la conspiranoia. Y nadie más indicado en la Edad Media que los judíos para recibir la catarata de rencor y envidia, porque se dedicaban a las finanzas, al habérseles prohibido trabajar en la manufactura de bienes, y vivían con relativo bienestar material. Hasta Shakespeare los hará más tarde reos de cobrar deudas con carne del cuerpo del deudor.

Los acusaron de envenenar las aguar con la peste para provocarla. Y vino la oleada de progromos, expropiaciones, confesiones bajo tortura, y los que se salvaban de aquella, morían en manos de las turbas. A tal extremo que el Papa Clemente VI dictó una bula que prohibía saquearlos, matarlos o destruir sus casas sin juicio previo.

Gracias a la ciencia y la tecnología, la globalización y los organismos internacionales, la política moderna que conformó el Estado Social y Democrático de Derecho, el avance de las instituciones democráticas y la libertad de expresión, sabemos qué causa una epidemia, cuáles son los mecanismos para controlarla y hacemos lo necesario para ello. No estamos en la soledad ni la indefensión de los siglos anteriores. Los seres humanos nos tenemos unos a otros. El corazón no se heló, como creía Boccaccio.

@CarlosRaulHer

https://www.eluniversal.com/el-universal/66372/peste-colera

El regreso de Frankenstein

Carlos Raúl Hernández

A Chúo González quien lo sugirió

A comienzos del siglo XX, connotados estudiosos anunciaron la perversidad, decadencia y seguro fin de la sociedad abierta. Y ahora en pandemia, varios pensadores líquidos replantean la necia, vieja y falsa antagonía entre técnica y libertad, sociedad y automatización. Pensamiento líquido, porque se amolda al envase, al entorno cultural, categoría del últimamente muy comentado sociólogo Zygmunt Bauman. El marxismo post marxista es el frasco.

Parecía que la conseja de -tecnología-contra-la Humanidad, yacía en el cementerio de las futilidades, novelerismo de Hollywood y tema de apasionantes distopías, pero no conocimiento. Desde El gabinete del Dr. Caligari (Wiene:1929), Frankenstein (Whale:1931) y Metrópolis (Lang:1927), hasta 2001 Odisea del espacio (Kubrick: 1968), Terminator (Cameron:1984) y Matrix (Wachonsky: 1999).

El surcoreano-alemán Byung Chul Hal es autor de La sociedad del cansancio (2010), La agonía del eros (2012), La sociedad de la transparencia (2013), textos cuarteados de aporías. Ahora en un artículo rococó, sin entrada ni salida, sugiere que Asia es superior a las democracias frente al coronavirus, por la “herencia autoritaria de Confucio”. Es debatible cuánto lo fue el maestro, pero en todo caso no más que Platón y Aristóteles, y es alegre cargarle semejante peso.

Que “el autoritarismo lo hace mejor” es insostenible. El gobierno chino provocó la pandemia por su manejo politiquero, caótico y secretista del problema, tan malo como el norteamericano, que pese a ser democrático ocultó que la potencia letal del virus superaba a la gripe española de 1918. Así lo revela grabación del senador republicano que lo advirtió hace un mes a sus financistas. Asia es el autoritario Irán, tan bucéfalo ante la epidemia como la democrática Italia.

Totalitarismo de rostro humano
Y las viru-victoriosas Taiwan, Japón y Corea son sociedades libérrimas y prósperas, pese al parasit de cuestionar esta última. Sorprende que considere positivo que el gobierno chino maneje a su antojo la inimaginable, ciclópea, masa de información sobre su gente. No existe capacidad de procesamiento para centralizar la big data, pero en China el Estado usa la que le interese. Los gobiernos democráticos y las empresas apenas pueden picotear la información sobre los ciudadanos, atesorada en discos duros de servidores repartidos por millones y su manejo sometido a draconianos escrutinios.

Hay duras sanciones jurídicas y sociales por su uso ilegal. Facebook, carga una cicatriz por ello en el face, Hillary la derrota y Google una penalidad hoy en Europa. Para tener idea de lo que es la big data que se cuenta en zettabytes, si se imprimiera toda la información producida por la humanidad hasta 2015, podría construirse una torre de libros como el Empire State que llegaría hasta el sol. ¿Qué defiende Hal? Es un enredo insondable.

La llamada teoría crítica marxista, cuestionaba los medios porque imponían unidireccionalmente la ideología dominante que enajenaba a la gente. Hoy Hal fustiga el flujo multidireccional de información en las redes del mundo “neoliberal” (?), porque es tan amplio, biunívoco, continuo, abrumador, que le parece “pornográfico” y ahora el sujeto “se esclaviza a sí mismo”, porque la “transparencia” de las redes estimula el “narcisismo”, las ganas de hacerse ver, moralina más de Testigo de Jehová que de filósofo.

El libre flujo de ideas, opiniones, imágenes, obras, informaciones, dice, es una nueva forma de totalitarismo (esta vez “malo” a diferencia del control estatal chino, que es “bueno”). La vuelta al leninismo con kalé heideggeriano: la libertad de información es burguesa. Nuestro desconcierto aumenta porque a un verdugo de la “globalización neoliberal”, tampoco le gustan los cierres de tránsito y fronteras, que considera nacionalismo, aunque es decisión nada menos que de la OMS.

Tu teorizas, el practica
Eso es vivir y pensar caprichos y manías. Cita dos de sus colegas marxistas post marxistas. Una, Naomi Klein, cuya belleza no la exime de portar sin licencia uno de los cerebros más alocados, conspiranoides e imaginativos desde Lex Luthor y el Jocker. Ella naturalmente ve en el coronavirus el siniestro riesgo de crear un nuevo sistema neoliberal totalitario.

Y a Slavoj Zizeck, de mindset brillante, culto, carismático, agudo, con sentido del humor, hasta con un simpático libro de chistes y anécdotas. En París llenó una sala de 700 personas, pero como filósofo después hablamos. Su conclusión es previsible: la muerte del kapitalismoa. Según García Márquez, cada vez que alguien falla en billar una impelable jugada bola-a-bola, aquí va a pasar algo. Por cierto, cuenta Zizeck que en 2017 lo invitó el gobierno en un grupo de académicos, a visitar China

La attache resultó de una belleza mágica, inteligente y sensual, y él se dedicó a rozarla, hacer chistes sugerentes, halagarla, tomarla del brazo, durante quince días (candidato a las espulgueras de mi too). En la cena de despedida, ella contó que el mes anterior también había guiado al expresidente Clinton por varias ciudades. Ante el interés de los profesores por este personaje, ella comentó: “por cierto, Slavoj, Clinton y tú comparten el interés por el sexo. Solo que él lo hace”.

@CarlosRaulHer