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Opinión

I.

El fútbol representa, en gran medida, una convocatoria al sentimiento nacional. Como dijo el filósofo francés Albert Camus, quien fuera portero en sus tiempos juveniles, “La Patria es la Selección Nacional de Futbol”.

Sin embargo, conforme lo han determinado historiadores y politólogos, a medida que avanzan los procesos de globalización, el Estado Nacional está siendo replanteado y redefinido en tanto que comunidad político y cultural, variando significado, sus atribuciones y sus posibilidades. Con referencia al futbol esto se manifiesta, no sólo en la mutación en sus esquemas de organización, sino, a la vez, en sus funciones simbólicas con respecto al patriotismo.

II.

Poco a poco el fútbol se ha ido trans nacionalizando, Así las cosas, resulta cada vez más frecuente observar inversiones italianas apoyando equipos sudamericanos, firmas norteamericanas comerciando con clubes mexicanos, empresas petroleras árabes adueñándose de los conjuntos europeos más emblemáticos e, igualmente, identificar franquicias de equipos mexicanos en Estados Unidos y españoles en la India o establecer asociaciones de clubes importantes de futbol con la pujante industria de los E-Sports. En la misma dirección es muy común observar jugadores de todos lados que están en todas partes, cambiando de camiseta a cada rato, según se coticen en el muy flexible mercado internacional de piernas ; constatar, así mismo, un mercado internacional de entrenadores que, bien apertrechados desde el punto de vista tecnológico, contribuyen de manera significativa a predicar estrategias y métodos de entrenamiento, que contribuyen a la homogeneización del balompié; y, por último, mirar fanáticos trans nacionalizados, seguidores de divisas ubicadas en cualquier rincón del planeta.

Además de lo registrado en el párrafo precedente, en Rusia estamos, de nuevo, ante la presencia de selecciones integradas por jugadores de diferentes razas y culturas (en un ambiente no exento, de xenofobia, dicho sea de paso), que en muchos casos no nacieron en el país que representan, ni cantan su himno. Solo por dar apenas un indicio del panorama que se bosqueja actualmente, alrededor de la mitad de los integrantes de los equipos de Bélgica y Francia, presentes en el Mundial, son nacidos en Africa o hijos de inmigrantes africanos. Por otro lado, es importante indicar, en el mismo sentido, el caso de buena parte de los futbolistas latinoamericanos que actúan en el extranjero y sólo saben de su país ocasionalmente, cuando son llamados para ponerse la camiseta del equipo nacional.

Como resultado de todo lo anteriormente expuesto, se ha ido desvaneciendo el “estilo nacional”, ese modo de jugar que se filtraba en la cancha como cierta expresión de la idiosincrasia de cada país. El actual es, entonces, un “futbol mestizo”, evidencia, pareciera, de que se desnacionalizan las selecciones nacionales.

Hay, pues, un cierto agotamiento del fervor nacionalista en las canchas. El fútbol se mueve en clave trans nacional y va tomando la forma del planeta, al paso que la silueta de los países se va despintando conforme a las modificaciones de los parámetros económicos, sociales, políticos e ideológicos en torno a los que fueron emergiendo los nexos entre Fútbol y Patria.

En este contexto, la FIFA empezó a cocinar un mundial de clubes, como marca del balompié del Siglo XXI, cuya primera versión se jugó el año 2000 en Brasil, asomando la separación institucional del nacionalismo político y el balompié.

III.

Así las cosas, es pertinente preguntarse qué pensaría hoy en día Albert Camus. Tratando de adivinar creo diría que territorio e identidad ya no están tan claramente delimitados. Que el formato nacional en el que se ha desarrollado el fútbol se está alterando. Y que la definición de la Patria como la Selección Nacional de Fútbol, va perdiendo parcialmente el sentido que antes tenía. Su definición no se encuentra muerta, pero tampoco goza de buena salud, agregaría.

El Nacional, miércoles 4 de julio de 2018

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Rafael S. Mujica Castillo

Repensando la Dimensión de la Calidad Educativa Actual, en la Academia Formadora de Licenciados en Administración Comercial en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de Carabobo. Núcleo Aragua

Resumen

La enorme importancia que cobra la dimensión de la calidad educativa actual, en la academia formadora de licenciados en administración comercial en nuestra facultad, a propósito de juicios objetivados formalmente, tales como el expresado por Rodríguez (2015; 117), respecto a que: “es oportuno e importante exhortar e invitar a nuestros estudiantes de Administración a que reflexionan sobre la realidad de que, si no son capaces de administrar convenientemente su vida personal”, y tal como, si lo anterior fuese poco, a continuación plantea, la demoledora y condenatoria sentencia de: “sin duda les resultará muy difícil que en el plano profesional tengan la pretensión de gerenciar una empresa de cualquier tamaño o categoría”.

Ante semejantes señalamientos, hemos abordado una investigación de orden crítica-racional-dialéctica, sustentada en los postulados del materialismo filosófico, sistema de pensamiento bajo el cual abordamos el complejo campo de las interacciones entre estudiantes, profesores e institución, situaciones que en la actualidad terminan dando como resultados la mengua en la magnitud de la calidad educativa dispensada, motivado ello, a una serie de factores, los cuales son el núcleo de la investigación que nos hemos propuesto adelantar a los fines de relanzar a niveles elevados de calidad en los aprendizajes de los contenidos académicos que permitan elevar el nivel de “la capacidad de respuesta” de nuestros estudiantes y por ende de nuestros egresados, y con ello lograr acrecentar significativamente la competitividad de los mismos, en el marco de la economía globalizada y de la sociedad del conocimiento.

Conclusiones.

La promoción del relanzamiento de la recuperación de la alta calidad educativa, encuentra su fundamento en la necesidad de lograr incrementar las capacidades y destrezas de los estudiantes y por ende de los egresados, a los fines de permitirles desarrollar la indispensable Capacidad de Respuestas asertivas, como requisito para el logro de éxitos en un mundo globalizado signado por transformaciones gerenciales aceleradas en la sociedad de los aprendizajes y del conocimiento, para lo cual es vital que nuestros estudiantes desarrollen la destreza de aprender a aprender todo cuanto deban manejar en el campo gerencial tal como lo impone su profesión y los retos de los tiempos de la cuarta revolución industrial.

Para el logro de todo lo anterior, se nos impone en la actualidad la necesidad de revertir muchos de los factores anteriormente señalados en esta investigación, así como también lograr el desarrollo de aquellos factores que hemos señalado como necesarios o favorables para la reimplantación de una formación o capacitación de altísima calidad. Haciendo énfasis tal como anteriormente señaláramos en el dictado de contenidos adecuados, actualizados y pertinentes, los cuales han de estar enmarcados en la difusión de conocimientos de alta tecnología gerencial, y lograr que a partir de estos, nuestros egresados puedan brindar los mejores aportes al ámbito laboral tanto público, así como privado, con lo cual podamos revertir la actual tendencia en la cual nuestros egresados aspiran lograr su formación y capacitación profesional a partir de su ingreso al aparato productivo, en lugar de ser ellos quienes den su aporte significativo a dicho sector, tal como lo impone el deber ser.

La enorme necesidad de relanzar un proceso de aprendizajes de altísima calidad basados en el desarrollo de contenidos actualizados y pertinentes, ha de encontrar fundamento en el imperativo de que no es posible continuar privando a nuestros estudiantes de las posibilidades de obtener unos aprendizajes de alta calidad, de alta tecnología, so pena, de tener que asumir el costo de tal carencia, lo cual nos lleva a recordar lo expresado por Maquiavelo (1996; 130), al señalarnos que: “si priváis al hombre de una cosa útil, nunca lo olvida: a cada necesidad que siente, la recuerda, y como las necesidades renacen todos los días, así también se renueva su resentimiento”. Al privar a nuestros estudiantes de aprendizajes de contenidos útiles, a los efectos de paliar dicha situación, a lo único que la academia recurre es al artificio de pregonar tal como sí existiera en la actualidad el otrora prestigio de la academia, el cual no tiene fundamento real en la actualidad.

Ante la evidencia empírica de lo anterior, tenemos entonces la existencia de una academia que a lo más que llega en ese sentido, es a una academia que aparenta brindar una formación y capacitación que lamentablemente queda en eso, en una apariencia no vinculada realmente con lo que la sociedad del conocimiento y el aparato productivo globalizado exigen de un profesional del ámbito gerencial en la actualidad. Todo ello inmerso en un penoso populismo académico, el cual necesariamente ha de ser superado, en aras a retomar una autentica experiencia de formación y capacitación de alta calidad de los aprendizajes. Lográndose con todo lo anterior sí acaso, desarrollar un simulacro de que se imparten conocimientos útiles, con lo cual se pretende aparentar el dictado de una “formación de alta calidad”. Como consecuencia de lo anterior, y parafraseando a Gracián (1984; 67) al referirse a la utilidad de las posesiones de algunas personas, podemos expresar: que los conocimientos que nuestros estudiantes y egresados obtienen en su paso nuestra academia, en su etapa de vida universitaria, les resultan tan útiles, como aquellos conocimientos que en esa etapa no adquirieron.

Al final, lo verdaderamente importante y útil, es que nuestros estudiantes, -dejen de ser una simple estadística al graduarse-, y pasen a ser, profesionales formados y capacitados, bajo criterios de altos estándares de calidad profesional, única manera de que puedan profesionales útiles.

Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Universidad de Carabobo. Maracay, Venezuela.

rafmujica@yahoo.es

Trabajo presentado en el II Congreso Internacional de Investigación e Innovación. Universidad de Carabobo. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Dirección de Investigación y Producción Intelectual. Venezuela. 2018

El texto completo de la ponencia y su presentación visual se incluye en archivos anexos.

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Alberto Hernández

Crónicas del Olvido

“¡Yo soy más patriota que tú¡ ¡No, yo tengo en la sangre tierra y barro nacional¡”. ¿Cómo hacer, al cierre de ciclo de esta columna, para medir el nivel de patriotismo de quienes se sulfuran hasta los tuétanos? ¿Existe algún método parecido al del antígeno prostático para conocer cuánto de patria lleva un venezolano en las venas?

Se nos ocurre el patriómetro, suerte de dispositivo que nos colocamos en las sienes, cables aparte, para medir con precisión la cantidad de patria que nos cabe en el alma.

Y todo porque alguien es más patriota que el otro. Por mi parte, he sido patriota –con mis dudas, por supuesto- desde que comía tierra del patio de mi casa en Guardatinajas. Nadie me puede negar que llevo polvo del camino en las tripas.

Si usted, amigo lector, se siente más patriota que su vecino, cómprese un patriómetro. Y si la cola de la tienda es muy larga, mídase la tensión cuando vea a un niño de la calle buscando comida en un tarro de basura. O cuando algún anciano le estire la mano para pedirle lo ayude en su agonía. O cuando la ciudad está invadida de basura. Si no siente nada, no se angustie, el patriómetro no le hace falta. La sensibilidad es otra vaina. La patria es una bombita que se usa para recuperar el aliento, sobre todo si se está sobre una tarima. Si usted siente que se le perdió el patriotismo, tranquilo. No es mal de morirse, porque la patria es global, pese a que el país que uno ha querido siempre, olvido aparte, jamás dejará de estar allí, sin discursitos, sin doctrinas ni cartillas. La patria no suele reclamar, existe. No se inventa, no se recrea con fanatismo. La patria no es fanática, es abiertamente democrática, libre, sin necesitad de nombrarla.

Siempre hay que dudar de quien se crea más patriota que otro. Siempre hay que poner en remojo los discursos excesivos, esos que hacen sonar gatillos, culatas y uniformes. La patria es tan inmensa que la confundimos con el latifundio.

Por ejemplo, ¿por qué es más patriota un militar que un civil? Que yo sepa, Venezuela ha contado con héroes (esta palabra también es peligrosa) civiles que le han dado y le dan luces a quienes se creen más patriotas que los libertadores. ¿Quién menciona en sus oraciones políticas a don Andrés Bello, Juan Germán Roscio, Cecilio Acosta, Lazo Martí, Pocaterra, Julio Garmendia, Enrique Bernardo Núñez, Juan Vicente González, José Gregorio Hernández, Luis Razzetti, Rafael Rangel y muchísimos más que forman parte, casi todos, del baúl donde se guarda los trastos viejos? ¿Quién se siente más patriota, por ejemplo, que Andrés Eloy, Aquiles Nazoa, Job Pim, Rómulo Gallegos, Leoncio Martínez, Orlando Araujo, Miguel Otero Silva, Juan Liscano, Salvador Garmendia, Armando Reverón, Vicente Gerbasi, Rafael Montaño, Otilio Galíndez, Antonio Estévez, El “Carrao” de Palmarito? Y no andaban ni andan por allí elaborando planes patrióticos en nombre de nadie. Hicieron patria, nada más. La patria es tan extensa que no cabe en un solo cuerpo. Es tan ella que no necesita apologistas.

De modo que quien sienta que la patria se le revuelve en las vísceras, que acuda al especialista, al experto en patriología. También la patria es un dolor de parto, de estómago.

Somos patriotas en la medida de nuestras fallas. La patria tiene límites: no se debe exagerar ni dar muestras de ser más amante de ella que otros. También la patria sufre de espasmos.

¿Qué es la patria para ti?, le preguntaron a un niño. “Ese pajarito que canta en esa rama?” Para un observador, la patria es ese mismo niño abandonado en una calle, sólo que los patriotas más locuaces lo ven y siguen su camino haciendo de la patria un discurso. ¿Dónde te queda la patria? Suele estar en el esternón.

El talón de Aquiles de la patria vive en la boca de los habladores de la patria. En los constructores de falsos sueños.

Para eso, entonces, el patriómetro. Sólo que algunos patriotas se han adueñado de él para hacerle trampas y moverle la aguja de la precisión. La patria, a veces, es una mentada de madre. Y cómo duele en la saliva de los ángeles recibir tal agresión.

Patriotas son nuestros muertos, los buenos y los malos. En alguna tumba del país está la patria buscando los huesos de su pertenencia.

Sean estas palabras para poner en sitio de preferencia las ganas de encontrar la patria con la mano en el mentón, pensando. Sean estas palabras suficientes para sabernos parte de sus dolores y alegrías. Sean estas palabras suficientes, por hoy, para afirmar que nos hace falta la “matria”, tan despojada, tan violada, tan amargada. ¿Dónde se nos quedó la patria?

¿Dónde sus salvadores entre nuestras más dislocadas pasiones? No deje de buscar su patriómetro personal.

(Maracay, 31-12-2004)

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​José E. Rodríguez Rojas

Con los recientes cambios en el gabinete el gobierno quiere dar la impresión de que está haciendo algo sobre la economía, cuando en realidad la economía no les interesa. Evidencia de ello es que los designados no dominan el tema económico. Lo que realmente les importa es el control social de una parte de la población. La hiperinflación es generada por la expansión del gasto público producto de los beneficios que se le conceden a un 25% del electorado, que es utilizado en los eventos electorales para prolongar la permanencia de Maduro en el poder y montar la fachada de una democracia. Un poco más de 30 millones de venezolanos debemos sufrir un proceso de empobrecimiento, generado por la hiperinflación, para financiar el gasto social de éste 25%.

En un programa de CNN Dinero reciente se abordó el tema de los cambios en el gabinete de Maduro y se preguntaba al economista invitado si los mismos contribuirían a aliviar la crisis económica que enfrenta el país o si se trataba de más de lo mismo, pues se trataba de los nombres de siempre pero en cargos diferentes.

El economista entrevistado fue Orlando Ochoa quien planteó: Maduro tiene un aparato de propaganda que insiste en el tema de la guerra económica. Estos cambios quieren dar la impresión de que están haciendo algo en lo económico, cuando en realidad el tema económico no les interesa, pues los designados no dominan el tema económico. Comenzando por El Aissami quien fue designado Vicepresidente para Asuntos Económicos. Mientras tanto la economía se deteriora, la inflación se acelera; si anualizamos la inflación mensual obtenemos una cifra que oscila entre 115 a 160.000%. No hay una política económica para frenar la inflación ¿Porqué sube la inflación? Al examinar los números observamos que hay una expansión fiscal y una expansión monetaria continua lo que presiona la inflación al alza ¿Porqué lo hacen? Maduro ha hecho un fuerte énfasis en el control social de una pequeña parte del electorado, que estimamos oscila entre 20 y 25% del mismo. Este 25% recibe beneficios que generan una expansión del gasto público y un déficit que es financiado monetariamente (con la impresión de dinero) por el Banco Central de Venezuela (BCV). Ese gasto fiscal (gubernamental), con la finalidad de control social, es lo que genera la inflación. Un poco más de 30 millones de venezolanos sufrimos un proceso de empobrecimiento, debido a la hiperinflación, para financiar el gasto social de un 25% de la población que es utilizada en los eventos electorales para prolongar la estadía de Maduro en el poder, lo que permite mantener la fachada de una democracia.

El presentador del programa Xabier Serbiá planteó que Maduro estaba tratando de ganar tiempo y le preguntó al entrevistado: ¿qué lectura le das a estos cambios?, ¿son parte de une estrategia para ganar tiempo?

Ochoa respondió: quieren dar la impresión de que están haciendo algo sobre la economía. Venezuela requiere un plan de estabilización para el control de la inflación, acceso a fuentes de financiamiento internacional, una protección de los activos petroleros. Las sanciones financieras y la acelerada caída de la producción petrolera hacen que esto se vea, en un periodo muy corto de tres meses, muy feo y doloroso para la población. Esto no es sostenible económicamente. El tiempo que pasa perjudica a la economía. El deterioro de la economía es el costo de mantenerse en el poder. En el lado político ganan tiempo tratando de legitimarse en el poder. Veremos en los próximos meses, en el balance, que resulta decisivo si lo económico o lo político.

En la línea de argumentación desarrollada por Ochoa observamos que la designación del presidente del BCV ha recaído en alguien que no tiene ni la formación ni la experticia en el área financiera y de banco central que requiere el cargo. Así lo ha afirmado el economista y diputado José Guerra, quien a su vez señaló que “es una falta de respeto a la profesión del economista, una falta de respeto al país y una burla a Venezuela”. Se desempeñará en el cargo como un gestor del instituto financiero cuya misión será acatar en forma expedita las solicitudes del ejecutivo para imprimir dinero y contribuir a financiar el gasto social de la pequeña parte del electorado que su jefe requiere para prolongarse en el poder, metiéndole fuego a la hiperinflación.

La designación del presidente del banco central es clave en una agenda para el control de la inflación, en cuyo caso se designan expertos al frente del mismo, cuya prioridad es el control de la masa de dinero requerida para el funcionamiento de la economía, evitando que la misma crezca a discreción de las necesidades de un gobierno populista. Esto es lo que han hecho países como Bolivia, bajo el gobierno de Evo Morales, y Lula durante su mandato al frente del gobierno de Brasil. Ambos compañeros de viaje del chavismo (Ver: Rodríguez R., José E. El milagro económico boliviano. Dígalo Ahí, 23 de enero del 2017)

Profesor UCV

josenri@gmail.com

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Venezuela tenía muchos factores favorables para llegar a ser un país desarrollado, con la consecuente buena calidad de vida de sus ciudadanos. A partir de 1945 se visualizaba un futuro prometedor. No ha sido así. Se formaron excelentes profesionales y técnicos, pero no buenos ciudadanos. Es decir, que no solo respeten las leyes y cumplan con su trabajo, sino que exijan y protesten cuando detecten algo incorrecto, para no convertirse en cómplices.

En general los venezolanos han tenido un concepto distorsionado de los trabajadores petroleros. El objetivo del presente artículo no es discutir este punto, sino divulgar las experiencias vividas por un petrolero que participó en varias empresas y organizaciones del Estado y ha tomado iniciativas ciudadanas. La importancia del reciente libro del geólogo Gustavo Coronel, titulado "Venezuela 1981-2015: Una memoria ciudadana", disponible en Amazon, es tanto un testimonio sobre hechos irregulares, como luces del por qué hemos caído en el abismo.

Coronel participó activamente en el proceso de nacionalización de nuestra industria petrolera, fundando con otros profesionales la Agrupación de Orientación Petrolera, para contribuir a que el proceso de nacionalización no fuese traumático. Fue miembro fundador de la directiva de Petróleos de Venezuela. También vice-presidente de la filial Meneven. En 1981 se opuso vehementemente al traslado de la empresa a Puerto La Cruz por motivos políticos, por lo cual fue despedido sin jubilación, después de 27 años de servicio. Parte importante del libro está dedicado a denunciar la gradual politización y actual debacle de nuestra principal empresa, la gran corrupción y pésimas decisiones gerenciales desde que el chavismo invadió todos los aspectos de la vida nacional. Sin embargo, aquí queremos resaltar algunas de sus otras experiencias.

Después de su despido fue contratado como investigador en la Universidad de Harvard en donde dictó talleres sobre la gerencia de empresas del Estado y escribió un libro sobre la nacionalización de nuestra industria petrolera. En 1983 integró el plantel de funcionarios del Banco Interamericano de Desarrollo, en el que señala hay dos tipos de funcionarios, unos que ingresan por concurso y otros como parte de la cuota de los gobiernos que, como es de esperar, a veces no están calificados. Casi lo despiden por escribir un artículo sobre el hambre de los niños bolivianos. Cuestiona que muchos proyectos se deben más a interés del Banco en otorgar créditos, que en la prioridad de los mismos para los países. Renunció y regresó a Venezuela.

En 1989 le ofrecieron la presidencia del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, pero los sindicalistas abortaron el nombramiento. En 1992 lo designaron presidente del Instituto de Defensa del Consumidor, pero no le dieron oficina, ni personal. Al poco tiempo renunció a este cargo ficticio. Fundó la ONG Pro Calidad de Vida, la cual tuvo algunos éxitos, pero poco apoyo ciudadano. Se fue a vivir en una parcela de una hectárea cerca del Campo de Carabobo. En 1993 fue asesor y luego director de la Corporación Venezolana de Guayana. Su experiencia fue traumática. Corrupción, mala gerencia, empresas quebradas y todo el mundo queriendo vivir de la CVG, desde gobernadores a sindicalistas, guardia nacional e inclusive medios de comunicación social.

Regresó a su finquita a enfrentar las necesidades del medio rural y su carencia de servicios. En 1997 le ofrecieron la Secretaría de Planificación y Presupuesto de la gobernación de Carabobo. Algunas satisfacciones, pero con alcaldes poco propensos a colaborar y no demasiado interés en erradicar la corrupción. Después pasó a dirigir el puerto ubicado en Puerto Cabello. Nada distinto a la situación descrita con respecto a la CVG. En 1998 fue electo diputado a la Asamblea Nacional postulado por Proyecto Venezuela. Al poco tiempo, hastiado de presenciar tanta mediocridad, solicitó incorporaran a su suplente. Después de una pasantía por un hotel turístico en Margarita, donde tuvo que lidiar con la basura de los alrededores y de la dificultad de obtener frutas y verduras de calidad regresó a su “latifundio”, deteriorado por invasiones, asaltos y pésimos servicios.

Decidió mudarse a Estados Unidos. Desde allí realiza una labor de hormiga, participando como conferencista y escribiendo artículos en los que denuncia las violaciones del régimen a la Constitución y la corrupción. También fustiga a muchos dirigentes de la oposición y se pregunta "por qué no detectan la tragedia, ¿ignorancia, cobardía, indiferencia o colaboracionismo?"

Gustavo Coronel predica que “No hay ningún Estado que pueda llevar sobre sus hombros la inmensa carga de millones de pobres que piden limosna sin contribuir al bien común, algunos por no estar capacitados y muchos por estar acostumbrados a ser mantenidos y carecen del deseo de progresar por sus propios medios". Con honestidad intelectual dice que “posiblemente tengo una postura ética muy rígida, pero ¿es que la ética puede ser flexible? ¿No es acaso la ética flexible el principio de la entrega?" Como buen ciudadano, Coronel trabaja como voluntario en un hospital trasladando pacientes en silla de ruedas.

Como (había) en botica:

Este 4 de julio celebra la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo su 60 Aniversario. Su presidente Emilio Guerra otorgará condecoraciones y premios institucionales a los distinguidos ciudadanos Benjamín Sharifker, Cecilia García Arocha, Luis Ugalde, Gonzalo Rojas, Alí Vivas y Aquiles Fernández.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Américo Martín

Consciente de las limitaciones que me imponen la edad y el hábito racionalista, ninguna adversidad me hará desertar de la razón, aunque parezca aburrida para espíritus inflamados cuyas decisiones así como las emociones que las inspiran, pasan de la rotundidez al abatimiento. No dudo de la honestidad que inspira semejante cambio porque emana de espíritus comprometidos con el país. Para mí eso basta para guardarles consideración sin caer en la pésima costumbre de cubrir de epítetos estúpidos a quienes disientan de lo que sostenga.

Al descifrar el enigma de nuestra tragedia conviene restablecer la dignidad de la razón para fundamentar lo que se proponga y la forma hacerlo. Nadie es dueño de la verdad, pero el estilo que se adopte abre o cierra los cauces del fanatismo. De ese firme no me moveré ni un centímetro.

La situación actual es paradójica y también paralógica (ilogica con apariencia de lógica). Las medidas gubernamentales destinadas a revertir la morbosa degradación de la economía, la han intensificado. Ninguna de ellas ha ido al corazón del problema. Los controles, la falta de incentivos para invertir, la contumacia del déficit fiscal de la República y de su infartado corazón Pdvsa, se pagan emitiendo dinero sin respaldo que propagan el fuego de la inflación.

Nuevos controles de precios son inútiles. Se agotan al hacerlo los inventarios y su destino inmediato es el desabastecimiento. El default generalizado multiplica embargos y paraliza la precaria producción que pretenda rehuirlos. La diáspora de inversionistas y productores, tan brutal como la de compatriotas que huyen de la marabunta venezolana confirma los pronósticos más atroces sobre inflación y retroceso del PIB. El mundo no se engaña acerca del estado de la economía, los DDHH, la libertad y democracia de este país. Lo sorprendente es que nadie toma en serio las recetas del poder.

Sin un profundo y hasta hoy inesperado viraje político, el Gobierno seguirá saltando de un círculo dantesco a otro. Y es precisamente lo que una presión internacional cada vez más intensa le está exigiendo al señor Maduro. Elecciones verdaderas, libres, garantizadas e internacionalmente supervisadas.

El mundo no ha tomado a la ligera el caso venezolano. ¿Comprenderá Maduro, en la oscura situación en que se encuentra, cuál es su mejor o menos mala salida? Es de suponer que haya calibrado sus opciones: aceptar un proceso garantizado por la Constitución y la observación internacional o seguir alzado contra todos.

Si hay lógica en el mundo la oposición, sobre reales, artificiales o cómicas diferencias debería contar con una sólida y universal unidad plural, una moral alta –consciente de las posibilidades de cambio- y un lenguaje persuasivo, sin altisonancias retóricas ni desplantes maximalistas. Rechazar las elecciones libres reclamadas por el mundo, alegando que “nunca” habrá un proceso creíble, es asunto del gobierno, no de la oposición.

Esa paradoja: la proximidad de un cambio democrático sin sangre ni venganzas, acompañado de un curioso abatimiento emocional, me hace recordar a Picón Salas en su milagrosa obra: “De la conquista a la Independencia” (Edit FCE 1944).

Pese al optimismo trepidante de la ilustración, apreció don Mariano un estado crepuscular de cansancio negador de la cultura y la política, que idealizaba el ingenuo mundo natural y proclamaba la terapéutica salvacionista.

Una sofisticada manera de suicidarse, agrego ahora con la venia del ilustre merideño.

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Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no es el Chavéz mexicano sino un líder de izquierda-centro, uno de los tantos que hubo antes y que habrá después de Chávez. Pues imaginar una política sin izquierdas es tan absurdo como imaginar una sin derechas. El peligro es otro. El peligro es que en México estamos asistiendo a la implosión de todo un sistema político. Implosión que comenzó a tener lugar antes de la victoria de AMLO.

Ordenando la relación de factores, no fue la victoria de AMLO el hecho que provocó la implosión del sistema político, sino esto último llevó al ascenso de AMLO. Veamos los resultados. Ese 53% (record mexicano) obtenido sobre sus seguidores más inmediatos, el candidato continuista José Antonio Meade y el híbrido conservador Ricardo Amaya (candidato de derecha e izquierda a la vez) fue una victoria frente al vacío. Vacío de programa, vacío de política, vacío de todo. Frente a lo que esas candidaturas llegaron a representar, no solo AMLO, cualquier candidato que hubiera levantado una alternativa en contra de la corrupción, del gangsterismo estatal, de la delincuencia organizada por los partidos, habría podido vencer. Más todavía si ese candidato ha dado pruebas de seriedad (la alcaldía de de Ciudad de México fue administrada con relativa eficiencia por AMLO) virtud muy escasa en la clase política mexicana.

No, no se trata de una nueva derrota del PRI como cuando llegó a la presidencia Vicente Fox (2000). Se trata más bien de la relación de complicidad compartida entre el PRI y los demás partidos del sistema. De un sistema caracterizado, en lo fundamental, por una suerte de corporativismo político que durante largas décadas representó el PRI y después fuera ampliado hacia otros partidos como el PAN, y el propio PRD. Pues, hablando en términos políticológicos, lo que primaba en México era, en estricto sentido, una partidocracia. Ahora bien, en contra de esa partidocracia, hundida en los más turbios escándalos que es posible imaginar, levantó AMLO su candidatura. De ahí que, objetivamente, y haciendo abstracción de la retórica revolucionaria del nuevo presidente, su futuro gobierno aparece ante los ojos de muchos mexicanos como un factor de normalización y estabilidad. Y AMLO como el hombre en condiciones de salvar la integridad de la política frente a la corrupción institucional y a la anomia social.

No sin cierta razón algunos publicistas han escrito que AMLO y su partido Morena no solo encarnan un momento fundacional sino uno re-fundacional, vale decir, el de la fundación de un nuevo PRI. Pero las apariencias engañan. A pesar de todas las semejanzas que puedan existir entre el viejo PRI y el nuevo Morena, hay dos grandes diferencias. La primera es que El PRI fundado por el militar Plutarco Elías Calle nació con el objetivo de institucionalizar – o cerrar- la revolución nacida en el 1910. Morena en cambio, dicho con las propias palabras de AMLO, nació para comenzar una nueva revolución. Efectivamente, AMLO habla del inicio de una cuarta revolución: la de la Independencia (Hidalgo), la Gran Revolución (Madero) y la de la Reforma (Benito Juárez) son las tres primeras. La cuarta sería la revolución social de AMLO. Las tres primeras están unidas por dos características: en todas, las grandes masas escaparon a la conducción de sus líderes y todas, fueran sangrientas. Esperemos que la de AMLO, si de verdad hace una revolución, sea algo diferente. México es el país latinoamericano que más muertos ha entregado a sus grandes causas.

La segunda diferencia es que Morena es el partido de AMLO, es decir, es propiedad de AMLO, fundado, organizado y liderado por AMLO. El PRI en cambio era una asociación de políticos y si alguna vez tuvo grandes líderes -Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán entre otros- estos fueron siempre fieles a la línea de su partido. En cambio Morena es solo fiel a la línea de AMLO. Sin AMLO no hay Morena.

Morena es la prolongación de AMLO. En otras palabras, estamos asistiendo a un nuevo fenómeno: el fin del principio del corporativismo político y el comienzo del principio del caudillismo nacional. Porque, lo quiera o no, AMLO es un caudillo nacional. Más nacional aún si se tiene en cuenta que México, como consecuencia de los insultos racistas de Trump y del oprobioso muro, arrastra el dolor de una profunda herida narcisista.

Gracias o por culpa de AMLO la política de México ha entrado en un proceso de sudamericanización. La “dictadura perfecta” (Vargas Llosa), sin caudillo, ha cedido el paso al caudillaje del líder. Desde ahora en adelante el gobierno de México será personal, personalista y personalizado. Si logra éxitos, el honor será para AMLO. Si fracasa, el fracaso será de AMLO.

El futuro dirá si AMLO utiliza el personalismo caudillista para reformar las instituciones y ampliar la sociedad civil o simplemente se convierte en un nuevo autócrata latinoamericano. Para ambas vías hay condiciones. Pero algunos indicios hablan a favor de la primera: México no es una isla como Cuba y una dictadura vecina a los EE UU no parece ser una posibilidad geopolíticamente realizable.

El mismo AMLO, conocido por su pragmatismo, ha optado, en lo económico, por seguir dentro del Tlcan. Además, el mismo sabe que si ganó ampliamente en los comicios del 2018, no fue por ser el “candidato del sur pobre y empobrecido” como lo fue en anteriores elecciones, sino por haber recibido el apoyo del norte próspero, empresarial e industrial. Por cierto, AMLO siempre será un presidente que aboga por la justicia social. Pero si entiende que no hay mayor justicia social que el mantenimiento y ampliación de las libertades políticas, podría tener ante sí un futuro auspicioso.

Desde una perspectiva latinoamericana sería conveniente pensar las elecciones mexicanas en términos paralelos a las colombianas, las dos últimas que han tenido lugar en la región. Mientras en las colombianas la derecha-centro se impuso alrededor del candidato tecnócrata Duque al candidato de izquierda centro, Petro, en México ocurrió exactamente al revés: los dos candidatos tecnócratas de la centro –derecha fueron derrotados ampliamente y sin apelaciones por el candidato de izquierda-centro. Dos direcciones no solo diferentes sino, además, definitivamente opuestas. Así, mientras el centro fue ocupado en Colombia por la derecha, en México fue ocupado por la izquierda. Sin embargo, ambas elecciones tienen un punto en común. En las dos, más en México que en Colombia, quedó evidenciada la ausencia de un centro democrático y liberal, autónomo e independiente, en condiciones de ejercer hegemonía sobre ambos extremos.

Pero ¿no ha sido y es esa ausencia el gran vacío histórico de la política latinoamericana?

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