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Opinión

Miguel del Fresno

La mentira, como parte de la estrategia política, ha estado presente desde las formas primitivas de organización social y nada se ha conseguido con su denuncia moral desde Platón pasando por Hobbes o Kant hasta hoy. A diferencia de la verdad racional y factual que solo tiene una versión, la mentira y las medias verdades pueden presentarse en múltiples formas. Incluso, hoy, cuando la tecnología permite un acceso instantáneo a fuentes y datos de forma profesional nunca ha sido tan fácil y rápido detectar, contrastar y comprobar la mentira y la desinformación política. Un problema adicional en relación con la mentira política reside en que –incluso siendo identificada, desvelada y denunciada– mentir apenas tiene consecuencias inmediatas para aquellos que mienten.

La falta de consecuencias se puede explicar por un lado debido a la existencia de un cierto consenso implícito de inevitabilidad –el recurrente todos mienten– lo que tiene como consecuencia un creciente nihilismo social sin tragedia. Por otro lado, la responsabilidad no es exclusiva de quienes mienten sino también de las sociedades, que por falta de control social y de mecanismos ágiles de corrección, permiten que mentir pueda no tener consecuencias. En esto cada cultura europea tiene diferentes grados de inaceptabilidad frente a la mentira. Llegados aquí el argumento dominante es apelar al relativismo, aunque los que lo usan tienden a olvidar que el relativismo también es relativo.

Los regímenes totalitarios del siglo XX llevaron a su máxima evolución la mentira política con ayuda de las técnicas de propaganda y el uso intensivo de las tecnologías disponibles como la prensa escrita, el cine o la radio. Durante la Guerra Fría, los bloques dominantes sumaron la televisión pero mantuvieron la misma técnica de contenidos simples, populares y muy alta repetición de los mismos mensajes a una audiencia entendida como una masa uniforme. Algo similar había sucedido con el uso de la tecnología en otras épocas históricas a la hora de extender debates políticos intencionales. Durante la Revolución Francesa la imprenta fue crítica para producir opúsculos y panfletos o el papel que jugaron los grabados a la hora de extender ciertas percepciones entre los grupos sociales analfabetos.

En nuestra época post-Internet asistimos, en especial desde 2016 con el referéndum del Brexit y las elecciones presidenciales en EE UU, a la eclosión de las fake news que forman parte de esa tradición de la mentira política y la desinformación, un fenómeno este último mucho más sutil y evolucionado que la mentira, puesto que es mucho más difícil su identificación, análisis y desactivación. Lo que hoy es radicalmente diferente frente al resto de nuestra historia colectiva es que –como ha demostrado una reciente investigación publicada en la revista Science (How lies spread)– la desinformación en política genera cascadas de distribución en red que se extienden más rápido y alcanzan a más personas que la verdad por lo que son las personas, y no bots automatizados, las que extienden con mayor facilidad la desinformación y la mentira. De nuevo la intersección entre intencionalidad política y tecnología acaba modificando de manera profunda la comunicación interpersonal colectiva.

Por tanto, la fuerza principal de distribución de la desinformación –existiendo también bots y colectivos organizados dedicados a su creación y distribución– son las personas, no las máquinas. Y aunque las mentiras o fake news se pueden identificar y desactivar de manera más eficiente que nunca antes, no dejan de generarse de forma ubicua nuevas oleadas que provocan un bucle interminable de producción y desactivación exigiendo el consumo de ingentes recursos. El problema es aún más serio con la desinformación ya que se ha demostrado que su difusión tiene comportamientos muy similares a la verdad y, además, que la desinformación en temas políticos consigue más alcance y persistencia que la verdad y la mentira.

La consecuencia, quizás poco puesta en el foco de atención del debate público, es que no deja de crecer nuestra incapacidad como ciudadanos, incluso entre los más formados, para poder discriminar lo verdadero y lo falso entre la ingente cantidad de informaciones que nos impactan cada día. Esta incapacidad se incrementa aún más a la hora de desentrañar los elementos de la desinformación puesto que demandan un nivel de análisis muy superior. Lo que provoca una suerte de estrés cognitivo de forma individual y colectiva que lleva a que los individuos ante crecientes niveles de falsedad y desinformación opten por adscribirse a pensar, creer y sentir lo que decide su grupo de referencia como verdadero. Este fenómeno explica, por ejemplo, por qué a pesar del casi total acuerdo en el calentamiento global y el origen de la vida entre la comunidad científica la población de EE UU solo coincida con los científicos en porcentajes alrededor del 50% y el negacionismo climático o el creacionismo sean tomados por verdades.

La desinformación es un fenómeno más multifacético y complejo que la propaganda puesto que tiende a estar asociada con una intencionalidad política. La desinformación política, y esto es lo que lo diferencia de la mentira, incluso en su deformación siempre tiene un carácter informativo y de coacción sobre cómo las personas que pertenecen a un grupo, si quieren seguir formando parte de él, deben comprender la realidad y comportarse en la misma. Esto se ha evidenciado en las oleadas desinformativas en Cataluña, en especial, desde octubre de 2017 donde los hechos factuales incómodos han sido reconvertidos, incluso los más evidentes, en opinión intencional siempre que fuesen útiles a la estrategia independentista aún a costa de crear dos realidades divergentes y conflicto social que permanecerá durante las próximas décadas.

La desinformación solo necesita ser verosímil y, sobre todo, es útil siempre que haga más estable, coherente y resistente a la contradicción a una cosmovisión política o identitaria. Y se basa, por tanto, no en la necesidad de ser más o menos veraz o falsa sino en su utilidad, en el caso político es más evidente aún, para el grupo que la difunde. Por ejemplo, la desinformación independentista en Cataluña ha mostrado ser eficaz a la hora de ser aceptada, repetida y extendida organizada exclusivamente alrededor de su utilidad nacional. Así los hechos factuales, las imágenes y los significados han sido reducidos a dispositivos identitarios y aceptados o descartados en función de su utilidad nacional.

Con la desinformación a gran escala ayudada de la tecnología también se da un fenómeno sin precedentes: no es necesario el uso de la coerción de la mentira sino que se apela a la libertad de los ciudadanos para elegir la desinformación de manera voluntaria. La desinformación es la herencia evolutiva de la propaganda totalitaria a las democracias liberales, en nuestro mundo post-Internet, para coaccionar el comportamiento de grandes grupos sociales en un mundo cada vez más incomprensible.

Sociólogo y filósofo.

El País

Madrid 6 de junio 2018

https://elpais.com/elpais/2018/06/05/opinion/1528220679_881270.html

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Isaías A. Márquez Díaz

Ante tal disyuntiva o dilema en relación con la permanencia de Venezuela en la OEA, tan cuestionada a causa de la reelección fraudulenta del ciudadano Nicolás Maduro Moros, conviene aclarar que una cosa es la suspensión y otra, la expulsión o exclusión.

Veamos: la suspensión que propone EEUU tendría efectos muy puntuales, como por ejemplo: imponerle sanciones que le inhabiliten para participar en cualquier evento regional; La expulsión o exclusión que el canciller Arreaza interpreta, erróneamente, le dejaría a sus anchas, con todo su autoritarismo, haciendo y deshaciendo a troche y moche. Mientras Venezuela permanezca en la OEA estaría sujeta a mecanismos de control, tales como aplicación de la Carta Democrática, igual que Maduro utiliza el hambre como arma de control.

En efecto, La sensatez y la prudencia son virtudes que deben ostentarse en diplomacia, no vayamos a caer en un aislamiento al estilo cubano, aún palpable. Las actitudes viscerales implican, aparte de error craso, pecado imperdonable y males irreversibles.

Recuérdese que la OEA, inspiración del Libertador Simón Bolívar en el Congreso Anfictiónico de Panamá y, una vez creada (4/1948), se propone: afianzar la paz y la seguridad del Continente; prevenir las posibles causas de dificultades y asegurar la solución pacífica de las controversias que surjan entre los Estados Miembros; organizar la acción solidaria de éstos en caso de agresión; procurar la solución de los problemas políticos, jurídicos y económicos que surjan entre ellos, y promover, por medio de la acción cooperativa, su desarrollo económico, social y cultural. A tales fines, la OEA actúa por medio de la Asamblea General, convocada formalmente, pero jamás en conciliábulo ni en perjuicio de Estado Miembro alguno.

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Susana Seleme

"No se puede ni se debe responsabilizar a Marx de los crímenes cometidos en su nombre”, dijo la comisaria Beatrix Bouvier, responsable del programa conmemorativo del 2º centenario del nacimiento de Carlos Marx.

Si alguna responsabilidad le cabe, es que su teoría, deformada por muchos de sus seguidores, diera lugar al 'socialismo real' luego de la Revolución de 1917 y a todos los que le siguieron, incluido el de Siglo XXI. La igualdad y la libertad quedaron subsumidas en manos de la casta política-militar-policial-burocrática a costa de la clase obrera, amén de haber anulado el pensamiento crítico y creado la ‘lumpen inteligencia’ oportunista. Como en Bolivia.

Cumplidos 200 años de su muerte el 5 de mayo pasado, sostengo, como muchas personas, que la clave para entender a Marx, sin satanizarlo ni condenarlo, es ubicarlo en el contexto de su época, el de la revolución industrial, que cambió profundamente la sociedad mundial, todavía no global.

Desde fines del siglo XIX el marxismo se había instalado en toda Europa “como doctrina de izquierda”. Sin embargo, el pensamiento de Marx ya había sido reducido a “un maniqueísmo simplista”, según Jacques Attali. Federico Engels inició la tarea con la primera edición de las “Tesis de Feuerbach”, en 1888, cinco años después de la muerte del filósofo, en 1883. El cambio no fue menor, porque la idea original que Marx llamó la ‘dialéctica materialista’, Engels la convirtió en “materialismo dialéctico”, sin importarle que la dialéctica es un método y el materialismo una filosofía. Con el cambio, la filosofía se volvió dialéctica para admitir todas las contradicciones internas, si permitían reconciliar la utopía con la práctica arbitraria, represiva e ilegítima, pues servía a la revolución.

Quienes contribuyeron a deformar su teoría, fueron, según Attali, “Engels que inventará el concepto de ‘partido de vanguardia; Kautsky que caricaturizará la teoría económica de Marx; Lenin que importará el marxismo a Rusia como estrategia de occidentalización de un país atrasado; Stalin que hará de la dictadura del proletariado una dictadura ejercida sobre el proletariado, tras la liquidación de las otras clases.”

La teoría social era para Marx “una ciencia abierta, un movimiento” que no negaba el diálogo con los “otros”, ‘la otredad’ de Octavio Paz. O la alteridad, “otherness”, de Hannah Arendt. Es decir, la pluralidad política. Los marxistólogos convirtieron esa ciencia abierta en un dogma.

El dogma le ganó a la dialéctica y el socialismo real se impuso a la utopía social”.

Ruber Carvalho

La importancia de Marx radica en haber expuesto y explicado las causas de la injusticia, sufrimiento y enfrentamiento en la sociedad de su época. Un ideólogo marxista de la importancia de Eric Hobsbwan(+) afirmó que “Marx se equivocó en muchas cosas, pero hay que reconocerle que acertó en su vaticinio de hacia dónde nos llevaba la usura del capital.”

Para Marx, la burguesía representaba un papel revolucionario que transformaba el potencial humano, que rompía el aislamiento de las naciones y favorecía a la población de las ciudades, en comparación con la del campo. Para él, el capitalismo fue “absolutamente indispensable porque sin él se volvería a generar la escasez, y con la necesidad se volvería a empezar la lucha por lo necesario, y fatalmente se volvería a caer en el viejo barro”. Y eso que Marx no vio las hambrunas en la época de Lenin producto de la lucha a muerte contra los propietaritos de los medios de producción.

A la burguesía le cabe el mérito de haber liberado a la sociedad de la servidumbre y convertido al hombre en un ser jurídicamente libre para vender su fuerza de trabajo en el mercado, aunque quedase sujeto al poder del capitalista. Lo que Marx no tomó en cuenta, como apunta Arendt, fue la cuestión política del poder y haber tomado al proletariado como único sujeto revolucionario de su análisis.

Era su tiempo, no el nuestro, hoy colmado de otros sujetos históricos: mujeres, negros, sectores informales, trabajo precario, lesbianas, gais, inmigrantes, herederos de los movimientos contra el orden burgués de los sesenta, y los que vendrían luego como la preservación de la naturaleza y el cambio climático, el terrorismo, el narcotráfico y la corrupción.

¿Lo sucedido en Rusia entre febrero y octubre de 1917 fue una revolución social o un golpe de Estado, como ya lo había calificado Rosa Luxemburgo, pues impuso un partido y un pensamiento únicos? No es gratuito que la revista de Filosofía, PERCONTARI, en su número sobre la Revolución, hubiera insertado un trabajo de Fernando Mires acerca de “La contra-revolución anti-parlamentaria y anti-soviética de Vladimir Ilich Lenin”. Para Marx la política parlamentaria permitiría desarrollar la conciencia política del proletariado para defender sus intereses frente a la burguesía, y debía contribuir a la creación de la conciencia de la clase obrera.

A 200 años siempre podremos rescatar sus aun no superadas frases de que “Lo concreto es concreto, porque es la síntesis de múltiples determinaciones, es decir, unidad de lo diverso”. O que “No es la conciencia de los hombres la que determina su ser; por el contrario, su ser social determina su conciencia”.

30 de mayo 2018

https://polisfmires.blogspot.com/2018/05/susana-seleme-de-marx-marx.html...(POLIS)

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El 24 de febrero de 2016, mediante decreto presidencial, se crea la Zona de Desarrollo Estratégico Nacional Arco Minero del Orinoco. Ubicada al sur del río Orinoco, con una superficie de casi 112.000 km2, ocupa poco más del 12% de todo el territorio nacional. Cuenta con grandes reservas de oro (7 mil tm), aluminio (200 millones tm de bauxita), hierro (3,6 millones tm), diamante (33,8 millones de quilates), cobre, coltán, caolín, dolomita, “tierras raras” y otros minerales. Las prospecciones realizadas estiman un potencial económico de unos 2 trillones de dólares; que el gobierno empieza a manejar prácticamente sin control institucional. Esta es la razón por la cual ha puesto sus esperanzas en la explotación, a como dé lugar, de esta enorme riqueza, en una búsqueda desesperada de divisas para sobreponerse a los efectos negativos sobre la economía por la reducción de la renta petrolera, debido a la caída del precio del petróleo y la disminución de la producción nacional.

El área del arco minero está incluida dentro de la selva húmeda tropical del bosque amazónico, que constituye un gran ecosistema de delicado equilibrio y muy vulnerable, de extraordinaria biodiversidad y de enorme importancia en el mantenimiento del equilibrio climático del planeta. La misma abarca parte de las cuencas hidrográficas de los ríos Orinoco y Caroní (lo que representa el 80% de las reservas de agua dulce del país) y en ella se produce más del 70% de nuestra energía eléctrica; además, 85% de su superficie corresponde a regiones legalmente protegidas. proyecto de explotación se presenta con una falsa promesa de consideración ambientalista; pero la realidad es otra, no es más que una maliciosa impostura política que pone en riesgo el futuro de sectores sensibles del país, medioambiental, ecológicos y sociales.

El arco minero representa para el gobierno una nueva oportunidad para echarle mano a una inmensa riqueza. El régimen, supuestamente anticapitalista, decidió negociar y entregar la explotación de sus recursos minerales, por conveniencia y codicia, a cambio del capital necesario para apuntalar su permanencia en el poder. La idea es obtener productos de fácil colocación en el mercado internacional y rápidamente convertible en dinero, así se evitarían medidas internacionales restrictivas; por otra parte, se evade el control institucional a lo interno del país. Con visión inmediatista, lo que se hace no es sino reafirmarse en el error histórico de vivir del rentismo extractivo y no de la actividad económica productiva. El paradigma del rentismo petrolero continuaría así reformulado a conveniencia.

Se han dado contratos a 150 grandes compañías capitalistas de 35 países, que no están tan interesadas en proteger los recursos ambientales y humanos, como en la obtención de beneficios económicos. Además, las empresas transnacionales gozan de excelentes ventajas; pueden exportar sus ganancias, pero los daños y costos ambientales y sociales quedan en el país. Por su parte, el gobierno ha demostrado no estar en capacidad para manejar adecuadamente este tipo de operaciones con un mínimo de eficiencia, ni con honradez. Así lo demuestra su estruendoso fracaso económico y la quiebra de empresas nacionales de primordial importancia.

A la Fuerza Armada Bolivariana se le ha dado mucha participación y poder en la explotación del arco minero. Se ha creado la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas, junto con una Zona Económica Militar. Como parte de la estrategia de involucrar a la Fuerza Armada en actividades económicas, para fortalecer su apoyo al régimen. Pero, por otra parte, en la zona se han realizado múltiples denuncias por la participación de miembros de la Fuerza Armada en actividades delictivas y de abuso de poder.

Según la afirmación del ministro para Desarrollo Minero Ecológico, existe el “compromiso de avanzar a un modelo de minería responsable con el ambiente y con la gente”. Dada la realidad y el comportamiento del gobierno, este compromiso genera muchas dudas, no parece creíble. Es relevante recordar que diferentes y destacados profesionales de campos relacionados con la materia aseguran que el decreto no garantiza una evaluación ambiental convincente, ni tampoco sociocultural. Al parecer, lo de “ecológico” no deja de ser una pantalla para disfrazar el verdadero expolio. Se pueden hacer esfuerzos para disminuir el impacto negativo de la minería a gran escala, pero no existe tal cosa como la minería ecológica.

El impacto que causa la minería a gran escala en el medio ambiente es inmenso y devastador. Para la extracción y procesamiento de los minerales son necesarias enormes cantidades de agua, también se deforestan indiscriminadamente grandes áreas de bosque y se remueve y destruye la capa vegetal del suelo. Para colmo, se contaminan las aguas y el suelo con tóxicos muy potentes, como el mercurio y el cianuro, que terminan envenenando y degradando el medio ambiente; al llegar a los grandes ríos se concentran en los peces de los que se alimentan las comunidades de la región, afectando gravemente sobre todo a mujeres en gestación y a niños pequeños.

Se puede afirmar, con toda propiedad, que lo que está pasando en la zona del arco minero es un verdadero crimen ecológico. No se trata de que, simplemente, se le diga no a la explotación minera, sino de que se sinceren las conductas , que se garanticen al máximo las medidas de protección del medio ambiente, en los aspectos técnico, social y político, y se cumplan las disposiciones legales previamente establecidas; lo cual incluye, particularmente, la consideración debida a las diferentes etnias indígenas que habitan la zona, que se verán seriamente afectadas; unas 200 comunidades se han desplazado o han modificado sus formas de vida debido directamente a las actividades de explotación del arco minero. El fin último es que se preserven los intereses sociales, ambientales y económicos de la nación.

Profesor UCV
felipeedmundo@gmail.com

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Con la información al alcance de los ciudadanos políticamente interesados, el comienzo de junio de 2018 pareciese estas signado por la continuidad del régimen, siendo la única incógnita cuan larga será la temporalidad de dicha continuidad.

En este momento, ni de derecho ni de hecho se puede presumir que el gobierno de Maduro tenga garantizada su permanencia en el poder por mucho tiempo más ni que esa garantía pueda extenderse al período 2019 – 2025.

Lo anterior se apoya en una crisis económica insoluble que de seguir en práctica como es aparente las políticas equivocadas del régimen, se agudizará en sus expresiones hiperinflación, escasez de alimentos, medicinas y otros insumos básicos, fallas graves en los servicios públicos y la agudización de la inseguridad pública.

Ante ello es indispensable plantearse escenarios que permita definir en cuál o cuáles de ellos puede participar la sociedad civil políticamente organizada, ya bien sea en partidos o en asociaciones no partidistas, pero eso sí y siendo coherentes, actuando de una manera coordinada a la que se llegue mediante mecanismos de consulta y acuerdo que se establezcan con el consenso de todos.

En primer lugar y para facilitar el análisis debemos mencionar aquellos escenarios en los que la sociedad civil no tendría ninguna participación colectiva directa y que por lo tanto, su ocurrencia queda fuera del alcance de la misma.

Entre ellas aparece el difícil de siquiera imaginar cambio en las políticas económicas del gobierno que acompañadas de un relativo “relajamiento” del control político pudiesen devolverle al régimen una gobernabilidad cuya falta cada vez es más evidente. Este escenario conduciría a la tan mal mentada “cohabitación” aparentemente buscada por una parte de la dirigencia y no menos rechazada por la otra, y ante la que se abre la incógnita sobre cuál sería la reacción del común de la gente.

Otro escenario, también ajeno al accionar de la sociedad civil, sería que el régimen ante la evidencia de su propia incapacidad para enfrentar la crisis generada por sus actuaciones erradas, decidiera presentar la dimisión del presidente y abrirle el paso al proceso constitucional establecido para afrontar tal eventualidad. Esta posibilidad luce improbable pues representaría en términos prácticos una “rendición incondicional” que dejaría a sus personeros en manos de la providencia y no precisamente la divina.

En este mismo ámbito se insertan las asonadas militares internas y las improbables intervenciones armadas extranjeras; ante la eventual concreción de alguna de ellas los demócratas, más allá de la diversidad de interpretaciones ideológicas, tendríamos la obligación de exigirle públicamente a los perpetradores de las mismas el inmediato retorno a la legalidad establecida en nuestro marco constitucional.

Intentando acercarnos a lo que luce más probable y basados en indicios provenientes del oficialismo, el escenario previsible es el que el régimen intentará mantenerse en el poder el mayor tiempo posible en la búsqueda de una salida que pueda satisfacer, en el mayor grado posible, los diversos y encontrados intereses que hacen vida en su seno.

Para que la búsqueda de una salida “honorable” tenga que procurarse en el menor tiempo posible es indispensable que el régimen en primer lugar sienta que las presiones internacionales no van a relajarse, al menos en lo inmediato y que el descontento interno, ya no solo por motivaciones políticas, sino por las más apremiantes, es decir las económicas con sus consecuencias sociales se intensifican, acercando el momento de la explosión popular y aumentando consecuentemente la necesidad de aumentar la represión para mantener un poder cada vez menos productivo en términos políticos y por supuesto, en beneficios económicos para los ejecutores de las negociaciones gubernamentales.

Adicionalmente, para que esa salida se pueda vislumbrar, es obligante que una parte de la oposición venezolana, significativa en número y representativa en cualidad, entienda que tienen que facilitarla acompañando el descontento interno de las mayoría con acciones concretas de denuncia, protesta y propuestas para los problemas más apremiantes, mientras que a la par entienda y explique al país, que la política, al igual que el resto de las actividades humanas, se ejerce exitosamente a través de la negociación entre los que son diferentes.

¿Qué negociar? He allí el gran escollo. Para la inmensa mayoría de los que nos oponemos al régimen, la salida del mismo es la meta inmediata de todo proceso de negociación y hacia su consecución tienen que estar dedicados todos los esfuerzos.

Aceptando lo anterior como premisa, no deja de ser menos importante el internalizar que toda negociación para merecer el calificativo implica beneficios parar las partes y si bien estos no siempre son equitativos, los acuerdos dependerán de que ellos existan para todos los involucrados.

Partiendo de ello y por ser lo más fácil, intentaremos explicitar algunos de los beneficios a los que pudiese aspirar la representación de la oposición democrática, siendo oportuno enfatizar que esta no solo incluye a los que sentimos políticamente, sino que más del 80% de la población venezolana rechaza el régimen de Maduro y apoyaría todo lo que conduzca a su sustitución.

En consecuencia, el reemplazo del actual gobierno por uno de transición es un objetivo innegociable, dejando claro que al decir transición no decimos necesariamente ni obligatoriamente que el mismo tiene que ser de coalición.

Gobierno de transición significa precisamente un equipo de personas honorables y capacitadas capaz de acometer las medidas de corte económico, social y ambiental que son indispensables en lo inmediato, medidas cuyo contenido, por obvio, cuenta con una aceptación muy amplia producto de la dolorosa experiencia que hemos vivido al menos en los últimos 40 años. Escapa a la intención de este escrito el enumerarlas detalladamente, pero es indudable que las mismas deben estar claramente explicitadas en un eventual memorándum de acuerdo.

La composición, la duración de su ejercicio y los compromisos que tendrán que asumir los que puedan llegar a constituir ese gobierno es algo que ya debería estarse estableciendo, dejando claro que al final lo que se pretende es comenzar la ruta hacia la recuperación del país y el restablecimiento de una institucionalidad hoy totalmente ausente.

Para que esto pueda ser aceptable para el régimen actual es necesario que el gobierno de transición les brinde algunas seguridades y allí nuevamente afloran los escollos, no porque no lo entendamos, sino porque el temor a los “francotiradores” de lado y lado coartaría la franqueza necesaria.

Establecer que transición no es “cacería de brujas” es fundamental, pero hasta ahí. En lo internacional las decisiones le competen a otros y poco, si algo, podrá hacer un nuevo gobierno ya que eso depende de razones y penas que en ningún caso le correspondería aplicar a la justicia venezolana.

Igualmente, nadie puede dar garantía de que aquellos que hayan vulnerado derechos individuales o colectivos, una vez restablecido el estado de derecho, puedan estar exentos de acción judiciales de parte de los que consideren haber sido perjudicados. La impunidad no es parte del sistema de justicia al que aspiramos y así debe quedar postulado.

Puestos en el lugar de algunos personeros del régimen, el cómo y quienes constituirían el gobierno de transición no deja de ser motivo de preocupación. Si no fuese posible el acuerdo, que siempre es la mejor vía para resolver conflictos, constitucionalmente existe una forma que aunque retardaría un poco más el cambio, indudablemente le daría más sustentabilidad a la transición y a la vez permitiría sobre la marcha la reinstitucionalización deseada.

Obviamente esta forma sería la de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, con unas bases comiciales acordadas y refrendadas por la gente, la cual de inmediato designaría el gobierno de transición y daría inicia al proceso de reconformación de todos los poderes públicos.

Para que esta propuesta pudiese generar la confianza de todos, no solo de los políticos, se requeriría la designación de un órgano electoral ad hoc que a través de la reglamentación garantizaría la presencia de todos en dicha asamblea como resultado de la voluntad libérrima de los electores, rescatando los principios de equidad en la representación territorial así como en el de la proporcionalidad de dicha representación, hoy seriamente vulnerados.

Por supuesto y de tanta importancia como la designación de los responsables de la transición y del comienzo de la reinstitucionalización operativa de los poderes, la asamblea tendría que ajustar la constitución actual en todos aquellos aspectos en los que se ha demostrado insuficiente, imprecisa e inconveniente, mediante un proyecto que tendría que ser aprobado por la gente como el nuevo y verdaderamente democrático contrato social que regirá la Venezuela que queremos todos.

Nada de lo escrito es nuevo, ha venido siendo planteado por diversas organizaciones e individualidades y lo rescatamos en aras de la coherencia, cambiando la pregunta a ¿por qué no lo hacemos?

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La psicopatología es la ciencia que estudia las características, signos, síntomas, causas y la evolución de la conducta humana anormal, utilizando el método científico. En Psiquiatría y Psicología hay mayor limitación que en la Medicina para hacer un diagnóstico, al no contar con la amplia variedad de recursos tecnológicos que tiene esta, por lo que el clínico debe afinar sus sentidos para precisar la patología.

En Psicopatología, una alucinación es un trastorno de la percepción que no corresponde a ningún estímulo físico externo, por ejemplo, donde el enfermo ve o escucha algo que nadie percibe. Sin embargo, el enfermo lo siente como real. Es distinta a la ilusión, que es una percepción distorsionada de un estímulo externo real.

Toda esta introducción es para señalar que la vieja dificultad para hacer un diagnóstico de un trastorno mental, se ha acentuado con la “revolución” disfrazada de bolivariana. Por ejemplo, mientras todos vemos a miles de venezolanos saliendo cada día por las fronteras, diáspora comparada con la guerra en Siria, Nicolás Maduro comentaba en una de tantas alocuciones que realmente entraban miles de colombianos al país, no salían, caminando en sentido contrario a la visión mayoritaria. Sin duda, hay un trastorno perceptivo, ¿pero cuál?; ¿eso es una alucinación porque van, mientras Maduro los ve venir, o es una ilusión, porque si hay personas, aunque moviéndose en sentido contrario?

El lío es mayor porque muchos de sus compañeros en el gobierno no han visto a nadie salir por la frontera, al negarlo muchas veces. Entonces, los que no ven nada, ¿tienen una patología orgánica ocular masiva, o es una alucinación que tiene un objeto, pero lo borra, o es una ilusión al revés?

Hay que aclarar que el trastorno no está relacionado únicamente con la migración. Pocos jerarcas ven a los pacientes muriendo de mengua en los hospitales, ni el aumento de la desnutrición en niños, ni la pérdida de peso masiva, tampoco a compatriotas comiendo de la basura, o la escasez de medicinas para todo tipo de patologías, por solo mencionar algo que está a la vista de todos. No solo niegan lo anterior, sino que afirman lo contrario.

Es menester señalar un hecho curioso: le pasa lo mismo a algunos extranjeros amigos del gobierno, pero solo si vienen al país; los observadores internacionales en las elecciones pasadas, amigos del CNE, no vieron puntos rojos, y el nuevo Presidente de Cuba, Díaz Canel, afirmó que en Venezuela no hay pobres.

Pero no son solo trastornos de la percepción, siendo el problema es más complejo. Pareciera que la afectación abarca la afectividad, la memoria, la atención, orientación, el juicio, el pensamiento y la voluntad de los gobernantes. Como no podemos entrar en cada una de esas funciones mentales, por razones de espacio, señalamos solo uno más: la falta de sintonía afectiva de los poderosos criollos con los venezolanos que padecen las penurias consecuencia de las políticas gubernamentales. Hablamos de cierto aplanamiento o indiferencia afectiva, ausencia de empatía con los demás, y remordimientos reducidos, al verlos celebrar y bailar, creyendo que “se la están comiendo”, mientras que los ciudadanos sufren como nunca en la historia nacional.

Para finalizar, como la narrativa oficial se caracteriza por negar las responsabilidades que tienen en la génesis de la tragedia que padecemos, es posible que al final del cuento los que tengamos algún trastorno seamos los venezolanos porque tenemos medicinas y comida en abundancia, pero una rara enfermedad impide que la veamos; o que los alucinados fuimos todos quienes vimos los toldos colorados el día electoral, porque realmente no estaban; o que estamos alucinando al ver nuestras carteras y cuentas bancarias vacías, cuando en realidad estamos full de billetes; o que queremos ocultar que los cerros de Caracas y muchas ciudades están repletos de quintas y mansiones, y que nosotros los negamos como parte de la “guerra económica”.

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En el mundo político y en cualquier otro ambiente, las decisiones están siempre sujetas a críticas positivas o negativas. Lo que hoy pareciera acertado, mañana puede ser un fracaso, y viceversa. El tiempo es el que evalúa los resultados. Muchos pensaron que Petain tenía razones para capitular y que Churchill desvariaba con su llamado a resistir. Al final, Petain fue condenado y Churchill ensalzado.

En el 480 AC, el espartano Leonidas decidió resistir en las Termópilas, pero 400 tebanos de su tropa se entregaron sin pelear. Algunos pueblos deciden resistir, otros prefieren doblegarse. Igual sucede con los dirigentes frente a un régimen dictatorial. Desde que impusieron que la política es “el arte de lo posible”, siempre alguien encuentra una excusa para bajar la cabeza y no actuar. Napoleón afirmó que “una retirada a tiempo es una victoria”, lo cual puede ser cierto en determinado momento, pero si la retirada es en desbandada ya no lo es. Tampoco si es a costa de sacrificar principios y valores. La política debería ser el arte de hacer posible lo deseable.

Nuestra dirigencia ha tenido aciertos pero, con las excepciones del caso, ha sido inconsistente. Desde que se violó la Constitución en el 2001, unos tildaron al régimen de dictadura, pero otros sólo de déficit de democracia. Todos los dirigentes declararon que apoyaban el paro cívico del 2002 y lo de ¡Ni un paso atrás! , pero después muchos lo criticaron. Unánimemente aprobaron la abstención del 2005, porque estaban seguros de que no hubiésemos obtenido más de una docena de diputados, pero a posteriori algunos manifestaron que fue un error. Inicialmente solo Ledezma y algún otro se atrevió a mencionar la existencia de presos políticos. Unos apoyaron las protestas de calle del 2014 y 2017, avaladas por María Corina, Leopoldo y Ledezma, pero otros las rechazaron. Igualmente hubo división sobre la abstención del mes pasado. Algunos son partidarios de las sanciones internacionales, pero a otros les da piquiña. Unos consideran imprescindible la participación de los militares, pero otros la rechazan. Por si fuese poco, no logran ponerse de acuerdo alrededor de una unidad de propósito, la cual debe ser la salida del régimen lo antes posible. ¿Esto es política, antipolítica, inconsistencia o qué?

Falcón pecó de oportunista y está rodeado de algunos bates quebrados brincatalanqueras pero, tanto él como Eduardo Fernández, tienen razón cuando acusan al resto de la oposición de no haber hecho la tarea de seleccionar a un candidato único y de no ofrecer un plan de gobierno, se acuda o no a una elección. Hay que reconocer que tuvo la iniciativa de esbozar un plan y de presentar sus candidatos a los principales ministerios. Ojalá pise tierra y se incorpore a una unidad reformulada.

Reconocemos que los dirigentes corren riesgos y trabajan para salir del régimen pero, salvo en determinadas ocasiones, cada quien por su lado. Es inaceptable que ante la terrible situación evidenciada por el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y por el Informe para la Corte Penal Internacional elaborado por los expertos en derechos humanos, nuestra dirigencia esté dividida en varios grupos: Frente Amplio Venezuela Libre integrado por los partidos Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo, Copei, otros partidos e independientes; Soy Venezuela que incluye a Vente Venezuela y Alianza Bravo Pueblo; Plataforma Unitaria en las que están Avanzada Progresista, el minúsculo MAS y el Copei espurio; además están los disidentes del chavismo de Marea Roja y otros. Recordando a Cicerón podemos exclamar ¡Hasta cuando abusan de la paciencia nuestra!

¿Acaso no perciben que ninguno, por más luchador y méritos que tenga, cuenta con suficiente respaldo popular y que la fortaleza es la unidad? En el Frente Amplio y en Soy Venezuela hay una mayoría de políticos respetables y tienen más puntos en común que desacuerdos, por lo que con voluntad pueden dirimir las diferencias. Ojalá el resto clarifique su posición. Los hemos apoyado, pero el vaso se está rebozando. Tienen que ser más responsables.

Mientras tanto Maduro sigue haciendo lo que se propuso. Ahora intenta evitar más sanciones liberando unos pocos presos políticos ilegalmente detenidos, pero también a sus malandros rojos. El enfermo general retirado Ángel Vivas demostró lo que es el pundonor militar, para bochorno del General Padrino, quien avala las torturas en el Sebin, entre ellas las que sufren sus compañeros de armas. Este régimen llegará a su fin el día que la oposición se una, convoque a huelgas, marchas de protestas y deje de tenerle miedo a una intervención de militares constitucionalistas. O se unen o serán juzgados severamente por la historia.

Como (había) en botica:

Según Armando. Info y Milagros Socorro, las bolsas que distribuyen los CLAP contienen leche mala. Quienes la negociaron son corruptos, o sea son de mala leche.

En Nicaragua el dictador Ortega asesina a quienes protestan.

España iba rumbo a la recuperación. Ojalá no retroceda

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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