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Opinión

Elvia Gómez

Apenas llega a su fin el primer mes del año 2018 y los venezolanos tienen la sensación de que el tiempo transcurrido es muchísimo mayor, con el consecuente desgaste mental, emocional y físico que implica vivir al límite. Es como avanzar a toda velocidad para trasponer la frontera, y conocer, en primera persona, lo que viene después de lo peor.

Lo ocurrido en las últimas semanas indica que Venezuela se adentra en zonas oscuras, insondables para nuestra cultura, experiencia y entendimiento. Los relatos cotidianos terminan casi siempre con exclamaciones de asombro y hasta de horror. “¡Hasta dónde vamos a llegar!” o “¡Cuándo acabará esto!”. “Esto”, ha hecho que la caducidad de las noticias –mayormente malas– lleve un ritmo de vértigo que impide su comprensión a cabalidad, la reacción adecuada o, menos aún, la planificación.

La mezcla letal de hambre, violencia e incapacidad absoluta del Estado para cumplir un mínimo de sus responsabilidades ya se ha visto en otras regiones del mundo contemporáneo, y como alguna vez lo describió un reporte de Médicos Sin Fronteras al hablar sobre la prolongada crisis en el cuerno de África, los venezolanos se están convirtiendo, poco a poco, en “refugiados sin refugio”, sin opciones de alimentarse o curarse, en una nación con una Constitución que claramente atribuye al Estado la obligación de garantizar la satisfacción de esas necesidades primarias. Entonces, la certeza de la muerte prematura y/o violenta se presenta en la Venezuela del siglo XXI –la del “mar de la felicidad”– como una opción indeseada e indeseable para un creciente número de personas dentro del territorio. El país luce hoy como ese local con mala suerte, de cristales rotos y sucios en el que nada prospera, que afea la acera de un bulevar comercial de moda. No en balde, el FMI vaticina una caída del 15% del PIB para Venezuela este año, con un acumulado del 50% en el quinquenio transcurrido desde la muerte de Hugo Chávez. Mientras, en los países vecinos la prosperidad económica se manifiesta en todos los ámbitos.

La Iglesia católica, casi la única institución en Venezuela con representantes disciplinados y alineados en cada parroquia del país –y con la más antigua experiencia en el ejercicio de la política de Estado–, ha elevado todavía más en estas primeras semanas del año el nivel de su reclamo al Gobierno. En menos de dos semanas, el Episcopado y sus miembros emitieron cinco mensajes (apertura y cierre de la CIX plenaria, la homilía en ocasión de la celebración de la Divina Pastora, el rechazo a la amenaza del Presidente de la República a los obispos y el rechazo contra la llamada masacre de El Junquito) en los que conminaron, en menor o mayor grado, a los venezolanos a reaccionar y comprender que está en la propia organización la salida de esta “peste”.

“No hay que resignarse o acostumbrase al mal que viene de las decisiones erradas, de la violencia, la injusticia o la mentira. La primera reacción ha de ser de rebeldía interior, como signo de ‘salud moral’. No es pues, Dios el que inflige daño a los hombres sino el hombre mismo cuando actúa con un corazón torcido, una inteligencia distorsionada, una voluntad seducida No hay, por tanto, que someterse, ni resignarse ni renunciar a la calidad de vida a que todos tenemos derecho”, dijo monseñor Diego Padrón en su último mensaje como presidente del Episcopado. También, el primer mensaje de la nueva directiva de la CEV, encabezada por monseñor José Luis Azuaje, planteó directamente a los venezolanos tener presente el lema de Juan Pablo II: “¡Despierta y reacciona, es el momento! (…) resuena en esta hora aciaga de la vida nacional. Despertar y reaccionar es percatarse de que el poder del pueblo supera cualquier otro poder”. Por último, la Comisión de Justicia y Paz, con ocasión del asesinato de Oscar Pérez, llamó a los venezolanos a “no acostumbrarse, ante la multiplicación de los casos de muertes no aclaradas ni investigadas, a la barbarie…”.

De todos los mensajes de los prelados hay que destacar –por la reacción enfurecida que provocó en la cúpula del poder– la homilía de monseñor Víctor Hugo Basabe, en la 162 celebración de la Divina Pastora, cuando por cinco ocasiones señaló al Gobierno que le llegó la hora de “irse”, porque sus fracasos se traducen en miseria y crimen. Ese mismo día, una cúpula militar desconectada de la realidad, que pretendió capitalizar el fervor popular que se congrega cada enero en Barquisimeto, recibió de la multitud un mensaje, literalmente contundente, de desprecio y hartazgo. Según las versiones de la prensa local, uniformados y dispuestos en un templete con alimentos y bebidas de la que una inmensa mayoría carece, militares de alto rango debieron abandonar la tarima forzados por las mandarinas que la multitud les lanzó.

A pesar del cerco comunicacional y la propaganda oficial agobiante que pretende sembrar una visión distorsionada de la realidad, los venezolanos conocen de la omnipresencia militar en el Gobierno y de la responsabilidad que tienen en la (mala) distribución de alimentos y los identifican como el único sostén de un sistema catastróficamente fracasado, que cierra a cal y canto todas las posibles vías democráticas y pacíficas de solución. Sin embargo, aun cuando todas las señales objetivas apuntan a la consolidación de una situación totalitaria difícil de revertir, es necesario tener presente la reflexión de los obispos y su exhortación a “no resignarse”. Los venezolanos están ante el reto de buscar la articulación desde la base social para resistir, defenderse y obligar al sector político a cumplir su tarea de liderazgo para así materializar, por el cauce correcto, el mensaje de las mandarinas y que se vaya el que tiene que irse.

Editorial Politika UCAB

29 de enero de 2018

@ElviaGomezR

 4 min


Con urgencia, la sociedad venezolana reclama por una unidad política que no se limite a lo estrictamente electoral y que pueda inspirar el camino hacia la restauración del orden democrático y constitucional.

En 1998, en ocasión de la conmemoración del 23 de enero, el profesor Luis Castro Leiva[1], desde el Congreso de la República, exhortó a los “ciudadanos representantes, políticos de profesión y oficio a construir un nuevo pacto político, análogo en cuanto a sus bondades de aquello que, en su momento representó para la nación el Pacto de Puntofijo”.

Castro Leiva invitaba a definir en ese pacto los consensos sobre las políticas públicas que se consideraban más importantes y relevantes a los fines de garantizar, en aquel momento, sin demagogia, el futuro de la democracia en Venezuela.

En ese sentido, y frente al debate sobre las próximas elecciones presidenciales, resulta oportuno rescatar el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad[2] presentado por la dirigencia política de la Unidad Democrática al país el 19 de julio del 2017 y con base en su contenido preguntarnos:

¿Qué pasó con ese documento que pareciera no tuvo trascendencia entre los propios actores de la Unidad? ¿El contenido de ese documento satisface a los intereses del país en estos momentos tan difíciles y/o responde a la expectativa ciudadana de una unidad que genere confianza y credibilidad?

Con esas preguntas se podría abrir un gran debate político desde la propia Asamblea Nacional, que con la obligatoria consulta pública de ese Compromiso Unitario para la Gobernabilidad, podría facilitar el camino para definir un gran Acuerdo Nacional incluyente y plural.

Precisamente, en ese sentido es oportuno recordar que este 29 de enero, la Conferencia Episcopal Venezolana públicamente exhortó a los partidos a buscar un consenso con los sectores de la sociedad civil, con el propósito de lograr unidad política y no solo para acuerdos comiciales.[3]

Pero también, el padre Ugalde, en uno de sus artículos publicados el 22 de junio de 2017, exhortó a los grupos políticos y sociales para que antes de las elecciones lograsen construir un pacto de gobernabilidad, en el cual se pueda registrar un programa básico de salvación nacional y de reconstrucción, de no menos de 10 años.[4]

Por lo tanto, la propuesta de cómo hacerlo tiene en la Asamblea Nacional un espacio natural de debate de los temas nacionales y, desde allí, el pacto tendría como respaldo la legitimidad de origen como fuente de credibilidad y confianza.

La unidad, es además de una exigencia ciudadana, un compromiso político de los dirigentes democráticos frente al país, tal y como expresamente está registrado en el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad, en cuyo contenido se reconoce que el cambio político, que se calificó como inminente, sólo sería posible en unidad.

La unidad fue presentada o definida en ese documento público como la representación política organizada de los demócratas venezolanos, comprometidos con facilitar la gobernabilidad, la eficiencia y la estabilidad del venidero gobierno de unidad y reconstrucción nacional.

El documento reconoce la necesidad de una unidad en la que estén representadas no sólo las organizaciones políticas nacionales que forman parte de la Unidad Democrática, sino también de los sectores independientes de la sociedad venezolana.

La misión de la Unidad que plantea el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad es garantizar la estabilidad de un futuro gobierno de unidad y reconstrucción nacional, que sea de naturaleza civil, plural, eficiente e incluyente, que levante la bandera de la justicia social, que permita al venezolano ser sujeto de su propia transformación positiva y que asuman como objetivo central a los venezolanos más desfavorecidos y vulnerables.

Ese gobierno que propone el Compromiso Unitario para la Gobernabilidad se visualizó como una coalición social y política, capaz de viabilizar medidas y políticas públicas necesarias. Esas medidas y esas políticas se concretaron en el documento de la siguiente manera:

1.-Un Plan de Atención Inmediata a la Crisis Humanitaria, con énfasis en alimentación (abastecimiento y precios) y salud (medicamentos y atención) y a la necesidad de dar respuestas concretas al legítimo descontento popular, con apropiado sentido de urgencia y prioridad.

2.- Un Plan efectivo, profesional y contundente de ataque al grave problema de la inseguridad, la violencia y la delincuencia desatadas, que incluya:

  • Depuración y saneamiento de los cuerpos policiales, incluida la Guardia Nacional Bolivariana.
  • Justa remuneración y equipamiento de sus efectivos.
  • Desarme y desarticulación de los grupos paramilitares.
  • Atención sistemática a los factores que son causantes de la violencia.

3.- Una política económica y sectorial que asuma como compromiso superior, como lineamiento permanente y estratégico la tarea de superar la pobreza, reconocida como el principal problema de la agenda política nacional.

4.- Una política de promoción de la descentralización, lo que supone el respeto y cooperación con todas las autoridades regionales y municipales electas, sin distingo de su militancia partidista u orientación política.

5.- El reconocimiento de las instancias locales de representación y participación comunitaria y de acción social, que se incorporen al proyecto de reconstrucción nacional.

6.- El respeto de los derechos políticos establecidos en la Constitución a quienes simpaticen o militen en organizaciones políticas distintas a las que conformarán el próximo gobierno de unidad nacional.

7.- Recuperación del prestigio, independencia e institucionalidad de la Fuerza Armada Nacional, garante de la soberanía e instrumento neutral al servicio de todos los venezolanos.

8.- Respeto e inclusión por los funcionarios públicos que hoy cumplen sus funciones responsablemente en la Administración Pública.

9.- Renuncia a la reelección por quien asuma la Presidencia en el proceso de reconstrucción del país.

10.- La no hegemonía en el gobierno por parte de los partidos políticos.

Estos compromisos prometieron recogerlos en lo que llamaron en el documento de 19 de julio 2017: Programa Común de Unidad Nacional, cuyo contenido sería consultado a nivel nacional y cuyo desarrollo se planteó en tres fases o etapas:

(a) Una primera etapa que atienda la emergencia social;

(b) Una segunda fase de estabilización del país bajo el criterio de un nuevo modelo social y económico que procure el progreso nacional.

(c) Finalmente, la ejecución de las reformas necesarias para que el país entre en la modernidad y disponga de la base material y espiritual para alcanzar su auténtico bienestar.

La dirigencia política venezolana, en ese Compromiso Unitario para la Gobernabilidad, fue reiterativa al afirmar que la unidad es indispensable y representa la condición necesaria para el logro del cambio político y para la establidad, viabilidad y gobernabilidad de los próximos gobiernos. En tal sentido, expresamente se comprometieron a reforzar la Unidad como plataforma válida e instancia de conducción y coordinación política, en la que participen partidos y distintos sectores del país.

¿Qué pasó con ese Compromiso Unitario para la Gobernabilidad?

¿La sociedad civil puede y/o debe respaldar, o bien ser considerada Parte del Compromiso Unitario para la Gobernabilidad, como lo sugiere el padre Ugalde y la Conferencia Episcopal Venezolana?

¿Ese Compromiso Unitario para la Gobernabilidad podría ser visto, en el marco de un tiempo preelectoral, como una oportuna referencia para cohesionar a la sociedad democrática y reivindicar el papel de la Asamblea Nacional como el centro político del debate de los temas nacionales y servir de referencia para construir la hoja de ruta que motive, inspire y oriente el compromiso electoral de quien asuma la responsabilidad de acompañar a un pueblo en un proceso electoral complejo, difícil y decisivo en la búsqueda del cambio político que el país reclama.

El contenido está, los electores y los diputados también. El canal institucional existe, la necesidad de unidad es reconocida por todos los actores. ¿Qué es lo que hace falta entonces?

@carome31

 6 min


En la pelea de las cúpulas del chavismo por el poder, los argumentos que esgrime Maduro contra Rafael Ramírez y éste contra Maduro confirman lo que hemos dicho: nos enfrentamos a un Estado delincuente. Una casta cívico-militar se apoderó de las instituciones y las empresas del Estado para enriquecerse grotescamente, al mismo tiempo que empobreció hasta la hambruna al resto del país.

Luego de casi veinte años en los más altos cargos del régimen, ahora ninguno de los que ha estado al frente de este desastre acepta tener culpa alguna. Maduro señala a la corrupción de Ramírez y su grupo, y Ramírez responsabiliza a la incapacidad y sed de poder y riqueza de Maduro.

Apuestan a la desinformación del pueblo, lograda a pulso con los ataques a la libertad de expresión y de prensa, a los periodistas y además con la ilegal compra de radios, televisoras y periódicos usando fondos del Estado, que comenzó con Chávez y que Maduro y su grupo profundizó hasta llegar al punto que solo una reducida parte de los venezolanos sabe lo que, mas o menos, sucede en el país.

El defenestrado Ramírez de hoy, amenaza con sacar a la luz los trapos sucios de la revolución, sobre la que dice tener más de 24 cajas de documentos que sin embargo no devela porque son “secretos de Estado”.

El Ramírez que ahora amenaza, pero no concreta, con denunciar la corrupción de Maduro y su entorno, pretende que el país olvide los ilícitos y desmanes cometidos en Pdvsa por él mismo y su red de familiares, amigos y asociados, colocados al frente de los cargos más importantes de la petrolera.

Ramírez como presidente de Pdvsa, y su vicepresidente Asdrúbal Chávez, tuvieron el control económico y financiero de la nación durante la mayor parte de esta mal llamada revolución y por ello tienen responsabilidad civil, política y penal en la actual calamidad que viven todos los venezolanos. No puede ahora Ramírez ofrecerse como otro “salvador de la Patria”, vendiéndose a los chavistas como el “verdadero revolucionario”, el que restaurará el “mar de a felicidad” que supuestamente existía con Chávez.

La corrupción con la importación de alimentos con divisas preferenciales expuesta por el escándalo de Pudreval, la falta de mantenimiento y los ilícitos con los seguros y reaseguros de Pdvsa, destapados por la tragedia de Amuay, los sobornos de empresarios nacionales y extranjeros a altos cargos de Pdvsa, el Fondo Chino y a su primo y testaferro Diego Salazar Carreño develados por el caso Banca Privada de Andorra, la debacle del sistema eléctrico nacional producida por la “emergencia” eléctrica que repartió grandes contratos a sus socios y amigos, las irregularidades con los contratos de exploración y explotación de la Faja del Orinoco, la contabilidad paralela en la venta del crudo pero sobre todo las milmillonarias operaciones ilícitas con el diferencial cambiario realizadas por sus operadores financieros personales en el Cadivi paralelo que montó Ramírez en la petrolera, son solo algunas de las puntas que sobresalen en el amplio horizonte de la oscura, críptica e ilegal gestión de Rafael Ramírez al frente de Pdvsa, a la que destruyó cuando la convirtió en el arma “roja-rojita” del PSUV y por lo tanto, inescrutable e intocable para el resto del Estado y la sociedad, incluyendo las instituciones responsables de controlarla y la opinión pública.

La corrupción y la impunidad se adueñaron del país. La legalidad y el Estado de Derecho fueron sustituidos por un entramado criminal, tal como lo denunciamos en nuestros libros Estado Delincuente: Cómo actúa la delincuencia organizada en Venezuela (2013) y El Gran Saqueo: Quiénes y cómo se robaron el dinero de los venezolanos (2015).

Ambas investigaciones fueron enviadas en su momento, tanto a la Asamblea Nacional como al Ministerio Público e inclusive al despacho de la presidencia de la República. La plenaria de la AN debatió el informe presentado por el presidente de la Comisión de Contraloría, diputado Freddy Guevara (hoy perseguido y en calidad de invitado en la embajada de Chile en Caracas), el cual estableció claramente la responsabilidad política y administrativa de Rafael Ramírez, emitiendo un voto de censura en su contra, el cual por cierto, fue anulado por el actual TSJ, siguiendo instrucciones de Maduro.

Es más que evidente que la corrupción política ha empobrecido a la mayoría del país y es en gran parte la causa de nuestros males y una clara violación masiva y sistemática a los derechos humanos de todos los venezolanos.

Twitter: @TablanteOficial

Facebook: Carlos Tablante Oficial

Web: www.carlostablante.com

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José Rosario Delgado

El perverso, ridículo, aberrado y nefasto (Pran) gendarme innecesario que nos somete a la más grave tragedia política, social y económica que jamás haya vivido en la patria venezolana en toda su rica y accidentada historia, que pretende entronizarse y eternizarse con las más absurdas promesas, las más tracaleras ofertas y el más vil de los proselitismos, nos viene ahora con un nuevo plan de la patria fundamentado en repartir mendrugos de pan, cual rebatiña pueblerina, para ponernos a competir por las migas de hambre para hoy, hambre para mañana y hambre para pasado mañana.

Da dolor y pena ajena ver cómo las pantallas se llenan de gente nariceada y alegre, gente bien entrenada para que transmita la sensación y la percepción de que hay y habrá comida cuando todo el mundo sabe que los alimentos no se advierten en ningún lugar y los pocos que aparecen, más allá de las imágenes televisivas, son inalcanzables por el grueso de la desmirriada población que ya perdió hasta la legendaria y famosa arepa que, debajo del brazo, traía cada venezolano desde su mismo nacimiento.

Los observadores nacionales y extranjeros se ríen de lo que ven sin poder ni querer hacer algo que, de una vez por todas, explique las atrocidades que se cometen en contra de la nación que es hazmerreir del planeta cuando debería dar lástima, pena, vergüenza, de cómo el gobierno juega con las necesidades y las miserias de las mayorías y las minorías intentando distribuir lo que no se produce ni se importa.

El Pran de la Patria y sus acólitos ríen a mandíbula batiente porque no sólo se meten a la gente (así se dice) en el bolsillo y someten a los dirigentes (ídem) a las más humillantes y denigrantes tropelías para, como a los borrachos (¡mis respetos!), ponerlos a pelearse por una botella vacía para después confiscarles el contenido y expropiarles el envase.

No creemos, como nunca hemos creído nada durante estos veinte años y picazo, en que otra vez el Pran de la Patria se saldrá con la suya en su afanosa búsqueda de la reelección mediante el intercambio de bonos por votos hasta sumar un mínimo de 10 millones, dice él, con el nuevo plan de la patria para consolidar la revolución feíta.

Parece mentira, pero es verdad-verdad, que Venezuela desde 1498, no ha podido entrar a ningún nuevo siglo en el momento que le corresponde, sino cuando a sus peores hijos les da su gana, más dramático este Siglo XXI, cuando sonrientes deberíamos ver a nuestros hijos y nietos crecer y correr a nuestro lado, los observamos, con lágrimas en los ojos, caminar, navegar y volar a tierras extrañas busca la calidad de vida que tuvimos aquí, en Venezuela.

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-Te “descubrió” un Almirante de origen italiano que navegaba en carabelas que no eran suyas y por añadidura, ignoraba hacia donde se dirigía.

-Si bien es cierto que tus conquistadores te enseñaron un idioma e inculcaron una religión, no menos cierto es también que a fuerza de encomendero y cepo, casi exterminan tu población originaria.
-Inexplicablemente, a ninguno de los Reyes de España, que se abrogaban les pertenecías por derecho de conquista, se les ocurrió la idea de venir a conocerte personalmente no obstante haberles informado el Almirante que tú eras una tierra de gracia.

-Tuvieron que transcurrir trescientos años de historia para que de tu vientre fecundo naciera un hombre que para independizarte combatió en 477 batallas y cabalgó 123.000 kilómetros. Entonces formaste parte del sueño de ese gran hombre y te integraste a la Gran Colombia como un departamento de esa naciente República que pudo haber sido toda caminos como la voluntad y todo horizontes como la esperanza. Pero que va, los filósofos de la confabulación, los mercaderes de la trapisonda y los enreda pueblo de todas las épocas, condujeron a tu libertador hasta las puertas del sepulcro y el proyecto político se vino a pique.

-Desaparecido el Gran Hombre y con él La Gran Colombia, caíste en manos de una serie de caudillos que utilizaron su fuerza bruta y la temeridad de su ignorancia para gobernarte y perpetuarse en el poder, y ese karma te ha acompañado durante todo tu accidentado y escabroso proceso histórico.

-Como buena madre, de tus entrañas más profundas comenzó a manar el petróleo a borbotones para que fuese sembrado según lo recomendaba uno de tus mejores hijos; pero no le hicieron caso, pues te lo calificaron de “Oligarca y Burgués”, y al contrario de sembrarlo, tus administradores lo despilfarraron con una eficiencia digna de mejor causa.

-Por supuesto que durante los cuarenta (40) años de democracia representativa, alcanzaste cierto nivel de bienestar. Pero la corrupción y el abandono de las clases más pobres y menos favorecidas, fue el caldo de cultivo para que un conjunto de hombres y mujeres comenzaran a experimentar contigo las viejas y anacrónicas predicas del socialismo como modo de producción.

-Hoy, no obstante ser considerada como la nación con las mayores reservas petroleras del mundo, te encuentras en la deprimente y denigrante situación de estar a un pasito de ser asistida por la caridad internacional.

-Ahora bien, por lo antes dicho, presumo que todo cuanto te ha ocurrido ha sido el resultado de que siempre te han manoseado con lujuria en vez de haberte acariciado con afecto; en consecuencia y con todo el dolor de mi alma, me pregunto y te pregunto: ¿Qué será de ti amada mía?

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Con voz propia

Este segundo mes es el de menos duración pero el de más celebraciones gratas: 14, Día del amor, amistad o de enamorados; e ingratas como El Caracazo, que cumple 29º aniversario; el frustrado golpe liderado por Tcnel. Hugo Chávez (HCh) llega a 27 años y el desgobierno castrense a los 20. De allí el decir: En febrero un día malo y otro bueno.

Al primer caso de disturbios iniciados en Guarenas el 27 y extensivo a toda Venezuela hasta el 8 de marzo de 1989, en contra de Carlos Andrés Pérez (CAP), quien tenía 20 días de haber asumido por segunda vez la Presidencia. La revuelta dejó unos 3.000 desaparecidos, numerosos heridos e incuantificables pérdidas materiales.

Hecho político de mayor trascendencia del siglo XX y el detonante que dio inicio a esta revolución, lo consideró HCh.

Operadores de inteligencia (decían) que algo “serio y grande” iba a pasar debido a la terrible situación económica. Los bajos precios del petróleo y graves acusaciones de corrupción creaban un ambiente pre-insurreccional” (La verdad sobre El Caracazo, Gral Carlos Peñaloza, entonces Jefe de Estado Mayor del Ejército)

En evidencia quedó actuación con exceso del Ejército que arreció con la muerte en combate en la Parroquia El Valle del Mayor Felipe Acosta Cárlez, fundador del MBR-200. Se ofreció de voluntario por su experiencia contrarrevolucionaria en El Salvador, donde le acusaron de ejecutar a un moribundo guerrillero. CAP lo ascendió post-mortem a Tcnel.

HCh alegó tener varicela para no salir a luchar. Dijo que estaba con su esposa Nancy en su casa de San Joaquin-Carabobo. Herma Marksman, compañera, afirma que en su departamento de Caracas.

Fidel Castro (FC) “vino como gran estrella a la “coronación” de CAP con 300 personas en la comitiva en tres aviones de la aerolínea cubana; pasaron sin chequeo por la aduana de Maiquetía con un lote de pesadas cajas; se acuarteló en el hotel Eurobuilding. Dos días antes el G2 cubano había tomado el control de la seguridad del edificio”.

De acuerdo a la reseña de Gral Peñaloza, FC decidió adelantar el golpe cuartelario. Una vez que las tropas estuviesen en las calles, los oficiales de la logia chavista con sus tropas y apoyo de francotiradores tomarían Miraflores. La ferocidad del ataque organizado por el G2 cubano hizo imposible que el plan se realizase, porque obligó a las tropas a defenderse. El infiltrado en Miraflores, desapareció de Palacio apenas comenzó la batalla.

Oficiales de la logia fueron sorprendidos al punto que no pudieron tomar acción para impedir que el Plan Ávila se pusiera en práctica. Un disciplinado grupo de francotiradores, incluyendo cubanos, con armas de largo alcance y miras telescópicas, se apostaron en edificios y lugares elevados frente a Fuerte Tiuna para impedir salida de unidades del Ejército.

Este nuevo gobierno empezaría a trabajar para crear confederación que uniera inicialmente a Cuba con Venezuela tal lo invocan en reuniones con el Castrismo.

Veinte años se cumplen este mismo mes del arribo a la Presidencia de la República de HCh que impuso el peor régimen que de la historia. Por eso y con solo un esbozo de la castrense Narco dictadura nos ubica en la desdichada definición de estas contundentes expresiones: Venezuela es el país rico más pobre del mundo. En la peor bancarrota que hayamos vivido jamás/con el devenir de los años desató la epidemia más grande de la historia, inseguridad, corrupción, pobreza y hambre/ la catástrofe económica eclipsa cualquier otra de la historia de EEUU, Europa Occidental, o el resto de América Latina/en la actualidad Venezuela es el país más endeudado del mundo/

Que veinte años no es nada cantaba Carlos Gardel en el tango Volver, pero para Venezuela son más que suficiente

Al MARGEN. En opinión de Provea, en dramática violación del derecho se consumen alimentos para animales. Fiscalizaciones a supermercados son arbitrarias e insuficientes para garantizar comida. J

jordanalberto18@yahoo.com.

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Luis Martinez

Unicef denunció este viernes los “claros signos” de elevados niveles de desnutrición entre los niños venezolanos, a causa de la crisis económica que atraviesa el país, así como la falta de datos que muestren de forma fiable la situación nutricional de la infancia en el país sudamericano. Este es el pan nuestro de cada día en Venezuela, que “Noticias Curazao” reporte hace minutos que “ … este viernes un avión tipo Hércules perteneciente a la Fuerza Aérea Venezolana despegó desde Curazao, transportando los cuerpos de las personas fallecidas a consecuencia del siniestro ocurrido con la lancha en la costa norte de la isla” es para que se le comprima el corazón a cualquier venezolano que sienta la grave situación que atraviesa actualmente Venezuela y que nunca pensó contar las mismas historias que ha sufrido y sufre el pueblo cubano.


Es que, 18 años de desaciertos económicos no se pueden ocultar: niños muriendo por desnutrición, adultos muriendo por falta de medicinas y jóvenes poniendo constantemente en peligro sus vidas para ir en busca de una vida mejor con mayores y mejores oportunidades para trabajar dignamente. No se puede tapar el sol con un dedo. Esa es la realidad actual de Venezuela. Por más que el gobierno finte y haga la morisqueta que quiera, el país está en pleno colapso económico. La hiperinflación pulveriza los pocos ingresos de los venezolanos.

Hoy, un sueldo mínimo es equivalente a un dólar (1 $). Si una familia promedio con dos hijos, solo come pan y agua (agua gratis) una sola vez todos los días, tendría un gasto mensual de Bs 1.500.000. Aproximadamente seis veces el sueldo mínimo. Entonces ¿Qué habla y promete el presidente? ¿Qué tochadas dicen los ministros? Se les agotó la máquina de lanzar promesas creíbles, lucen grises y opacos en las esperanzas que pretenden generar. Ya el pueblo venezolano, incluso la base social chavista que lo sustentaba, no les cree.

Ante una crisis económica que escala a pasos agigantados, unas instituciones sin riendas y en completa anarquía, un gobierno guindando precariamente de una bayonetas corruptas y sin honor. Se dibuja un panorama político que describe tres posibles escenarios de cara a la apresurada convocatoria a elecciones presidenciales, fuera del marco de la negociación que se lleva a cabo en República Dominicana.

Primero: La oposición venezolana se divide entre abstencionistas y partidarios de participar en las elecciones convocadas. Ese es el escenario que procura el gobierno y por ello estimula la no participación y el abstencionismo utilizando agresivamente sus laboratorios mediáticos. En ese escenario el gobierno con lo que le queda gana, sin necesidad de fraguar algún fraude.

Segundo: La oposición venezolana logra una candidatura presidencial única y unitaria, a la vez que despliega una campaña electoral que estimule la participación masiva del pueblo, que logre incorporar a importantes electores de la base chavista que no esconden su descontento y promueva propuestas e ideas de un gobierno de unidad nacional para salir de la crisis. Sin duda gana la oposición contundentemente y el gobierno no le queda más remedio que reconocer y prepararse para una transición en corto plazo.

Tercero: La oposición al igual que el anterior escenario, gana las elecciones por poco margen y el gobierno se ve tentado a cometer fraude. Si la oposición cubre toda las mesas y documenta el fraude, en este caso se abrirían escenarios impredecibles pero negativos para el gobierno, pues terminaría de romper la delgada y débil capa de legitimidad que aún le queda internacionalmente.

Es por tanto la participación electoral el único escenario que permite la movilización y organización del pueblo venezolano, a la vez que objetivamente reta de manera directa al gobierno, lo confronta y es posible derrotarlo.

La abstención se recrea virtualmente en espera de la acción de variables exógenas que dependen más de su interés y tiempo que de los nuestros. Con voto masivo no hay fraude que valga.

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