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Opinión

Las actuaciones de Hermelinda y la de algunos trabajadores petroleros de Petrocedeño no son paralelas, como le hubiese gustado escribir a Plutarco, sino muy divergentes. Hermelinda defendió principios y valores de la democracia. Los trabajadores mencionados, o al menos un grupo de sus dirigentes sindicales, se quejan pero siguen apoyando este totalitarismo Siglo XXl.

Los principios de Hermelinda la motivaron a protestar en contra de un régimen que no cree en la meritocracia y que no respeta la Constitución y las leyes, particularmente en lo referente a los Derechos Humanos. A los trabajadores de Petrocedeño que participaron en uno de los videos que está circulando, solo les importa su situación económica.

Hermelinda no aceptó un bozal de arepa. No tuvo miedo de quedar desempleada a pesar de no contar con medios para sostener a su hija. Solo tuvo miedo por el futuro del país, si no se realizaban acciones para cambiar al régimen. Nunca creyó en que era conveniente “conservar espacios”, ya que la convivencia se convierte en complicidad ante un régimen totalitario.

Los trabajadores de Petrocedeño dan ruedas de prensa para denunciar que “los ingresos no les alcanzan, que no tienen insumos para trabajar, que están pasando hambre, el comedor de la empresa no funciona, no tienen papel higiénico, ni jabón en los baños, que muchos trabajadores han renunciado”. No les importa que otros venezolanos pasen penurias. Solo solicitan que las empresas extranjeras, socias minoritarias en Petrocedeño, Total( 30,3%) y Statoilhydro (9,7%), les den un complemento del sueldo en dólares. A Pdvsa, que tiene el 60% de las acciones, solo le piden que obligue a sus socias a realizar el aporte mencionado.

Hermelinda participó en todas las marchas de protesta para exigir democracia. No le rogó al régimen que le pagará sus prestaciones sociales y haberes en el Fondo de Ahorros que fueron confiscados por Alí Rodríguez, Rafael Ramírez y Eulogio Del Pino, siguiendo órdenes de Chávez y de Maduro. Tampoco pidió perdón para que le permitieran regresar a Pdvsa, de la cual fue despedida ilegalmente.

Los trabajadores de Petrocedeño se declaran revolucionarios. Alaban a Chávez, al Ché Guevara y a Maduro. Solo piden a cambio que les den unos dólares. No les importa que Pdvsa esté quebrada, que solo produzca 1.834.000 barriles por día, que las refinerías estén en el suelo, que su presidente Manuel Quevedo sea un general ignorante en materia petrolera pero diestro en represión, tampoco que los directores y muchos de los gerentes carezcan de méritos. No tienen coraje para responsabilizar a Maduro por la inflación, escasez de alimentos, de medicinas y de repuestos. Mientras les den los dólares solicitados pareciera no preocuparles las violaciones a los derechos humanos, ni la inseguridad promovida por el régimen.

Todos deben entender que el régimen tomó medidas para quebrar o debilitar al sector privado e inducir el exilio de talento. La estatización de empresas fracasó por ineptitud y corrupción. Hoy están afectados negativamente Pdvsa, la salud, la educación, el sistema eléctrico, las empresas del hierro y del aluminio, la Petroquímica, el sistema de salud, la infraestructura, la agricultura y ganadería, el turismo y la cultura. Ojalá los petroleros y otros sectores reaccionen y entiendan que la situación del país solo se arreglará cuando Maduro y su pandilla salgan del gobierno. Para ello, una huelga general es más efectiva que protestas en las calles que son violentamente reprimidas.

Hermelinda jamás bajó la cabeza. Todos los sábados atendía un puesto en el mercadito de Los Palos Grandes y en la semana se dedicaba a realizar todo tipo de gestiones para sobrevivir dignamente. Hermelinda no era directora, ni gerente, ni supervisora en la Pdvsa meritocrática. Era una secretaria eficiente. Al igual que el resto de sus compañeros despedidos por sumarse a un paro cívico convocado por todos los partidos políticos, por la CTV y por Fedecámaras, no estaba ajena a la problemática del país y no podía permanecer pasiva ante las violaciones a la Constitución y ante la diáspora de gente joven, la cual ahora incluye a balseros como los cubanos y africanos y campos de refugiados en Colombia y Brasil.

Hermelinda Aguilera nos dejó la semana pasada. Este reconocimiento es para ella y para los muchos compañeros que pasaron a mejor vida, dejando una estela de dignidad en un país en el que esta virtud es cada día más escasa.

Como (había) en botica:

Masacrados animales en Miraflores. En esa finca unos facinerosos mataron a pedradas y machetazos a numerosas reses. Sin duda hay hambre pero esos hechos dantescos no tienen justificación y algunos son propiciados por el régimen el cual, cuando se les escapa de las manos, asesina a algunos participantes.

Descalificar a priori a nuestros representantes en la negociación en Santo Domingo no es justo. Esperemos a ver si mantienen lo prometido.

El general Quevedo declaró que Pdvsa está muy endeudada, que no tiene flujo de caja y que no es rentable. También una meta para este año de 2. 470.000 barriles por día, monto que los expertos consideran no alcanzable.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 4 min


José Rosario Delgado

Los colombianos presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Venezuela, Nicolás Maduro, se pelean sobre dónde paren más las colombianas y las venezolanas fronterizas, si en la Nueva Granada o en la nueva cubada, en virtud de que ambos caliches, en aras de la integración latinoamericana, defienden a capa y espada la tierra donde murió Bolívar y la tierra donde nació Bolívar.

Nicolás Maduro miente y miente como si mintiendo más y más profundiza más y más su revolución mientras hunde más y más a su patria adoptiva hablando mal y mal de su patria natal. Maduro cree que estamos en los años ‘50 del siglo pasado, cuando los colombianos preferían la dictadura de Pérez Jiménez a la de Rojas Pinilla, o los años ’60 cuando la democracia que nació con buen pie en 1959 atrajo a las familias colombianas, incluida la familia Maduro Moros.

Tamaña mentira no se la cree ni el mismo Maduro, pues de sobra sabe que los colombianos pueblos fronterizos están repletos de venezolanos que huyen del hambre y se van en busca de comida o tratamiento médico y medicamentos que no consiguen aquí hace bastante rato y que, gracias a la media y baja solidaridad, pero solidaridad al fin, logran la misericordiosa ayuda para no morir en el intento de atenerse a la revolución bonita.

Estos necios que hoy nos desgobiernan insisten en mostrar los supuestos logros de la revolución bolivariana en el discurso a través de la televisión o de las redes sociales y se olvidan de que en las calles, en las adyacencias de los hospitales y en las playas de los mercados se nota el hambre pareja, la falta de dinero y de dinero en efectivo, la escasez de alimentos, la desaparición del transporte colectivo, que siempre fue barato en Venezuela, tienen a la gente pariendo sin que el desgobierno asome una solución a corto o mediano plazo.

Dice bocazas Maduro que de cada 24 partos que hay en San Cristóbal 12 carajitos son de madres colombianas que huyen a Venezuela por la frontera, cuando la realidad es al revés totalmente. Este señor no se cansa ni descansa de meterle cobas a este desdichado pueblo venezolano, al que se la acabó la suerte que siempre le achacaban en todas partes y la fortuna que todavía sacan de la tierra y que hasta con eso acabaron estos bandoleros que día a día despilfarran más y más esos recursos naturales de los que también presumíamos.

El parto andino con el cual se encuentran entretenidos el presidente y sus adláteres no es más que eso, otro intento de distracción para que los venezolanos pobres y los pobres venezolanos muertos de hambre creamos que en cualquier momento el colombiano de aquí, alentado o azuzado por el colombiano de allá, nos hará salir de este atolladero que ya está llegando al llegadero.

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Héctor E. Schamis

La guerra por el recurso y la tragedia venezolana

Una buena parte de mi aprendizaje sobre Venezuela ha tenido lugar gracias a mis frecuentes intercambios con Ibsen Martínez y la regular lectura de sus textos, varios de ellos en este mismo periódico. Un tema es recurrente en sus escritos, casi una obsesión, me animo a decir: el petróleo, siempre la variable explicativa de su propio Macondo, esa Venezuela Saudita donde la mismísima categoría “tiempo” parece inexistente. Como en Macondo, precisamente, un pueblo sin historia.

Habiendo trabajado sobre la economía política del desarrollo, mi afinidad con este tema no podría ser más directa e inmediata. Es que el Macondo petrolero de Ibsen es una genial acuarela literaria de lo que, en un dialecto intelectual diferente, llamamos “la maldición del recurso”. Son narrativas gemelas.

Esta literatura, fundamental en economía política, habla de países que funcionan en base a exportar recursos naturales. Nos dice que dichas economías crecen durante shocks de precios favorables, pero con las clásicas distorsiones de la “enfermedad holandesa”. El exceso de divisas aprecia el tipo de cambio real, afectando la competitividad del sector industrial y desplazando el grueso de la inversión hacia el sector exportador. De este modo, la renta exportadora se usa para financiar importaciones de manufacturas. Cuando los precios internacionales caen, y siempre caen, se desacelera el crecimiento.

En consecuencia, en estos países la economía crece por debajo de su potencial, modestamente en el largo plazo y con visibles desequilibrios sectoriales y regionales, resultado de pronunciados ciclos de boom and bust. Típicamente, ello invita políticas fiscales inconsistentes, sumando otro desequilibrio: de presupuesto. El final de este camino los encuentra en medio de una gran crisis macroeconómica y una masiva destrucción de activos. Tanta riqueza los ha hecho pobres.

La política, a su vez, refleja, al mismo tiempo que exacerba, estos ciclos. Diversas facciones se disputan las rentas a efectos de distribuir beneficios entre sus clientes políticos, un escenario propicio para sistemas de dominación patrimonialistas. Un corolario de esto es un aparato estatal de tenue densidad institucional, propicio para un jefe del ejecutivo con autoridad discrecional sobre la política económica.

Con un Aureliano Buendía sentado sobre oro negro, entonces, la democracia es improbable. La Venezuela del Punto Fijo, democrática mientras el resto de América Latina estaba bajo dictaduras militares, constituía una anomalía teórica. Era democrática no por su riqueza petrolera sino a pesar de ella. Uno no encuentra semejante extravagancia en el Golfo Pérsico, continuando con la metáfora Saudita. Evidentemente, Chávez llegó determinado a corregir dicha rareza.

Por supuesto que Noruega—donde dos tercios de la canasta exportadora son en gas y petróleo—es la excepción a la regla, aunque en gran medida por el beneficio de una excepcional secuencia histórica. Es que Noruega descubrió la democracia casi un siglo antes de descubrir petróleo. El tiempo puede ser una variable relevante.

Pero si la economía de recursos naturales está asociada a desequilibrios macroeconómicos y al autoritarismo, también lo ha estado al conflicto prolongado y la guerra civil. Uno tras otro, los estudios empíricos confirman una robusta asociación entre una economía dependiente de exportaciones de recursos naturales y la violencia interna en países de bajo ingreso per cápita. El factor precipitante puede ser el petróleo, como en Sudan y Congo; pero también diamantes, como en Sierra Leone; oro y cobre, como en el Congo Democrático; cacao y café, como en Liberia; fosfatos, como en Marruecos; o bien sustancias ilícitas, como el opio en Afganistán.

Lo común a todos es que la volatilidad de los ciclos económicos en un sistema político de carácter patrimonial incentiva a las facciones a obtener la propiedad del recurso. La erosión de la legitimidad y autoridad del Estado magnifica esta tendencia. Irremediablemente, dichos grupos cumplen funciones cuasi estatales: control del territorio (léase, definir y hacer cumplir derechos de propiedad) y el cobro de tributos (léase, extorsión), claro que sin detentar el monopolio absoluto de la coerción y generando entonces competencia entre sí y mayor fragmentación.

Es decir, generando violencia. El rango de la misma puede ir de la violencia anómica, como es el caso del crimen urbano, hasta una declarada guerra por el recurso dirigida y financiada por warlords—contrabandistas, extorsionadores, traficantes, terroristas o una combinación de todo lo anterior—en ejercicio de una proto-soberanía. Ante la ausencia de autoridad política centralizada, el Estado, una cierta secesión ocurre de facto.

Una vez que la violencia se dispara, ello desencadena una fatal reversión del desarrollo. A medida que el conflicto escala, el ingreso se contrae, la mortalidad crece, las enfermedades se propagan, el crimen se desborda. El hambre se esparce y el consumo de proteínas colapsa. Toda una generación puede estar privada del desarrollo neuronal necesario para el aprendizaje. Las pérdidas en capital humano son irrecuperables.

Los efectos de estos conflictos no reconocen fronteras. Se cuentan en epidemias, refugiados y en la propagación de actividades ilícitas. Todo lo cual supone costos crecientes para los países vecinos en defensa, salud pública y seguridad. El control de fronteras, narcotráfico y lavado de dinero requiere mayores presupuestos en toda la región contigua al conflicto. Una carrera armamentista también es plausible, la violencia engendra más violencia.

He obviado a Venezuela deliberadamente en la segunda parte de esta columna, en la esperanza que el lector haya hecho el paralelo en su mente. Ocurre que, entre sus muchos crímenes, el chavismo ha instalado la guerra por el recurso en América Latina y el Caribe, un tipo de amenaza que la región tendrá que enfrentar por décadas. La Venezuela Saudita ha traído África a América Latina. Su tragedia le pertenece a todo el hemisferio.

@hectorschamis

14 de enero de 2018

El País

https://elpais.com/internacional/2018/01/14/america/1515889676_910862.html

 4 min


Hugo Alconada Mon

La noticia pasó de largo en los medios de comunicación y agencias de noticias de la Argentina y el resto de América Latina. Apenas un par de cables, del 22 de diciembre, informaron que un exejecutivo de la multinacional alemana Siemens se declaró “no culpable” ante una Corte Federal en Nueva York de lavar dinero para pagar coimas en la Argentina y, por tanto, afrontará un juicio oral en Estados Unidos en julio de este año.

Dicho de otro modo, la justicia de Estados Unidos detuvo y juzgará a un alemán por presuntos delitos cometidos en la Argentina, donde esos crímenes siguen impunes desde hace ya veinte años. O: la justicia de Estados Unidos juzgará lo que la de la Argentina no pudo o no quiso juzgar durante las últimas dos décadas. Y eso nos lleva a algo más profundo que el “caso Siemens”, algo más sistémico y generalizado que solo un caso en la Argentina.

La impunidad es un viejo flagelo en América Latina. Porque aún en los contados casos en que un acusado se arrepiente y se declara culpable —como ocurrió con Siemens en 2008 y, más acá en el tiempo con el gigante brasileño Odebrecht—, los poderes judiciales del hemisferio se resisten a aplicar condenas contra el poder político o económico.

Los motivos también son conocidos: el temor a las represalias en ciertos casos —y es cierto que más de un juez terminó en la calle por enfrentar al poder— y la carencia de herramientas indispensables son dos de los principales. Pero también muchos jueces y fiscales forman parte del sistema —del “círculo rojo”, como le dicen en la Argentina— que ellos mismos deberían investigar y condenar.

Comencemos por el inicio. ¿De qué se trata el capítulo argentino del Caso Siemens? En 1998, unos años después de dos atentados terroristas en Buenos Aires, el entonces presidente Carlos Menem ordenó mejorar los controles fronterizos y modernizar los documentos de identidad y los pasaportes.

El objetivo era correcto, pero la idea se sazonó con las tentaciones de unos cuantos y, tras una serie de enjuagues que incluyeron a varios pesos pesados criollos —entre ellos, Alfredo Yabrán, los Macri y los Ciccone—, Siemens se quedó con el contrato.

El problema es que esas tentaciones fueron demasiado lejos, los valores del contrato resultaron demasiado llamativos y Siemens terminó en el peor de los mundos: pagó sobornos para ganar el contrato, pagó para mantenerlo vivo —mientras la justicia argentina iniciaba una investigación por corrupción— y, tras la asunción del siguiente presidente, Fernando de la Rúa, pagó también a algunos de sus colaboradores para tratar de resucitarlo.

¿Total? Siemens pagó más de 106 millones de dólares en sobornos. Pero aun así, cuando tras el colapso económico de 2001 la clase política comprendió que no podía darse el lujo de apoyar una negociación tan escandalosa, se quedó sin contrato.

Para entonces Alemania ya había iniciado su propia investigación sobre las trampas de Siemens alrededor del mundo y Estados Unidos metió también sus narices. Algo similar ocurrió con la corporación Odebrecht durante los últimos tres años, tras una investigación que comenzó en Curitiba se expandió tocando a poderosos y ramificándose por varios países, hasta generar la reacción del Departamento de Justicia estadounidense, que multó a Odebrecht, como en 2008 sancionó a Siemens.

Por el contrato firmado en la Argentina, Siemens echó a ejecutivos, pagó multas millonarias en Alemania y en Estados Unidos, pidió perdón alrededor del mundo, retiró una demanda contra la Argentina ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (Ciadi) y dijo ser una nueva compañía, con prácticas transparentes y cero corrupción.

Para resumir la historia, los ejecutivos quedaron a la deriva con sus problemas penales en Alemania, en Estados Unidos y en la Argentina. Entre ellos, Eberhard Reichert, un apacible jubilado alemán de 78 años ahora, pero que en los años noventa fue un alto ejecutivo de Siemens Business Services (SBS) que viajó a la Argentina en 1998 para firmar el contrato con el gobierno de Menem y se encargó también de varios contratos ficticios de consultoría para canalizar los sobornos. Ahora el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo juzgará, a partir del 16 de julio, por esos fraudes.

Así, mientras Siemens expió sus pecados en Múnich y Nueva York —multa récord de 1600 millones de dólares—, y sus exdirectivos lidian con los platos rotos, la investigación argentina sigue sin establecer condenas. Por el contrario, el expediente que tramita en Buenos Aires desde 1998 estuvo a un paso de terminar en el archivo o cerrarse por prescripción.

¿A qué se debe esa inacción? Nada que a un latinoamericano sorprenda demasiado, ¿o sí? Durante años jueces y fiscales no quisieron investigar, las defensas plantearon todo tipo de apelaciones dilatorias, los políticos evitaron exponerse entre ellos y los empresarios fueron parte del juego. Por eso, el Caso Siemens es sintomático del cuadro de impunidad que impera en la Argentina y otros muchos países de América Latina, donde la justicia es ciega y dura con los débiles, pero servicial con los poderosos.

El Caso Siemens representa una oportunidad perdida en la Argentina y otros países de la región para combatir la corrupción y terminar con la impunidad.

¿Cuál es el remedio para ese flagelo permanente? No hay una receta universal. Pero Lava Jato aporta algunos indicios que pueden llenar el vacío y ser imitados en toda América Latina: mejores herramientas legales y más presupuesto, sí, pero también contar con instituciones que seleccionen, promuevan y protejan a jueces y fiscales que tengan, como decía Tom Wolfe, “lo que hay que tener”.

Jueces y fiscales deben contar con ciertos recursos legales —como la figura del “arrepentido” o de la “delación premiada”— que le permitan enfrentar al poder sin temor a perder sus trabajos, quebrar la omertá —el código mafioso de silencio entre cómplices—, sancionar empresas corruptas y enviar a la cárcel a los protagonistas del negociado. Pero incluso las leyes adecuadas, las mejores herramientas y el contexto ideal de nada sirve si los magistrados no se comprometen a impartir justicia.

8 de enero de 2018

The New York Tines. Es

https://www.nytimes.com/es/2018/01/08/lo-que-hay-que-tener-para-derrotar...

 4 min


Nívea Celeste Español

Sí, Venezuela tuvo democracia y más democracia para que los grupos de "náufragos" derrotados en los 60, por la democracia resucitaran con su discurso permanente en las universidades, libres como deben ser y "estudiaron" digo: se titularon para resentir con un militarucho, el más fracasado en la escuela militar, a la cabeza.

La democracia, como era democracia, les dio libertad, hasta para conspirar desde todas las instituciones. Un golpista, electo (tampoco fue que arrasó en las elecciones en las que un indulto inmerecido le abrió las puertas). Después vino la militarización y la repartición del petróleo a 100 $ a los del eje del mal. ¡CORRUPTOS MILITARES Y LATINOAMERICANOS AL PODER! para atornillarse con el narcotráfico y el petróleo (los Kischner, Lula, Evo, Correa, Ortega, las islitas con su famoso CARICOM, otros...jaja después vendió a Venezuela como ¿la esclava, la prostituta rica y bella pero sin dolientes...? que podía "acabar con los EEUU". Se apropió de la OEA, casi que de Honduras, si no es por hombres e instituciones a quienes el aspirante a dictador Zelaya (con el brazo ejecutor del dictador y ayudantes, enviados por éste se lo impidieron).

EEUU volteó la cara porque no nos necesitaban y "ese militarucho era solo un bocón" (3 presidentes de Norteamérica, pero el último, más interesado en invisibilizarnos, por su Nobel de la Paz con la FARC, Juan Manuel Santos y Cuba) Mientras,...ahora el antipático, bruto Trump, heredó el bulto: narcotráfico expendio garantizado desde Venezuela. Y con Rusia, China y los iraníes, en su propio vecindario.

Mientras...entre tantos errores cometidos uno más de ensueño: que nuestra AN, resuelva este mega problema de tantas implicaciones mundiales y nacionales con un decreto: "Nombrar un nuevo CNE". Estamos ingrávidos, sólo nosotros, eso sí: JUNTOS y con las alianzas de los pueblos hermanos que retornaron a la democracia, podemos resolver esta planetaria guerra.

¿Cómo? Sin dejar de llorar, más de lo que lo hacemos diariamente ante tanto dolor (como la última trágica noticia el naufragio del bote a Curazao, los muertos de Mérida, los de Bolívar con malaria,...Aún con ese dolor a cuestas: No sin rabia controlada, pensando con lógica, con inteligencia, sindéresis, cabeza fría, corazón sensible, decisión y actuar en consecuencia. ¿Con quiénes?: con los mismos que somos: La oposición democrática. ¿No es fácil? No lo es. Para alcanzar la Democracia y la Libertad nos queda sólo un camino; o nos juntamos para buscarla o perecemos sin ella.

 2 min


El “nuevo” año se inicia con los temas políticos, sociales y económicos del año que se nos fue y que recordaremos por las oportunidades perdidas o desperdiciadas y por los errores cometidos; no obstante, en política también el tiempo y la vida siguen, no se detienen y es conveniente desde el principio dejar señalados algunos temas que deben orientar nuestra acción política y reflexión ciudadana.

Los venezolanos tenemos que proponernos que este sea el año del rescate de la democracia, porque es la forma de gobierno que permite la mayor participación de los ciudadanos para alcanzar el mayor bienestar posible, para todos, gracias a la voluntad de la mayoría, respetando las diferencias y a las minorías, que conformen una sociedad que controle al gobierno, con verdadero balance de poderes y la máxima participación.

No es una democracia lo que tenemos ahora; lo que tenemos es una oligarquía que se ha apropiado del poder y de los recursos del país en provecho propio; que se mantiene en el poder por la fuerza de las armas y que se “legitima” ganando elecciones, al principio "limpiamente" (nótese las comillas), pero ahora ya sin vergüenza ni disimulo, como sea, de cualquier manera. Las ganan, con trampa, usando los recursos y órganos del estado para intimidar y perseguir, apoyados en la mentira, sin decoro y un discurso populista, que enmascara la realidad y nos pretende hacer ver lo que no somos: un país rico de cuya riqueza se han apropiado otros, los ricos, la oposición, el “imperio”, etc. y ellos nos vienen a rescatar.

Por eso el primer tema a plantearse es el electoral; porque pese a todo éste será un año electoral, de elecciones presidenciales sobre las cuales lo único que desconocemos es la fecha y las condiciones finales en que se realizarán. Si las negociaciones son exitosas para la oposición −y para el país− las elecciones serán con un CNE distinto, limpias y bajo observación internacional; pero si no es así, de todas formas, habrá elecciones, en las cuales será mucho más complejo participar, pero igualmente habrá que hacerlo fortalecidos en nuestra condición de mayoría y preparados para enfrentar el fraude que pretendan imponer.

Desde luego que la electoral no es la única vía para resolver un conflicto −y no siempre es la más eficaz, sobre todo en uno como el que vive Venezuela− que ya arroja muchas dudas de su efectividad, por la violencia desplegada por la dictadura, contra el pueblo, contra la oposición.

Llegado este punto siempre se argumenta el tema de la eficacia y en materia política la eficacia de una medida, de una acción, es importante. Pero esa eficacia debe ser filtrada, tamizada, por otros criterios, valores, principios, ética, donde la preservación de la vida humana es insustituible e irrenunciable; es decir, se debe preferir aquellas medidas y acciones que menos daño causen, que menos vidas sacrifiquen; de allí que la violencia debe ser la "última instancia" y esa "última" siempre es un problema determinarla.

Entre muchas razones, algunas obvias, para preferir la vía electoral a cualquier otra vía violenta es que no conozco ningún otro método que a diferencia del electoral permita una mayor incorporación del pueblo, una mayor movilización de la mayoría, que esté al alcance de cualquiera, donde cada uno pueda participar; todas las demás son acciones de élites, de "escogidos", comandos, pequeños grupos, que usualmente terminan imponiendo "su ley", su proyecto y sus condiciones o una "dictadura" similar a la que pretenden deponer, y la historia nos brinda múltiples ejemplos.

No es tampoco y simplemente ganar elecciones, se trata de una acción política que nos permita recobrar la democracia, reconstruirla o construirla, como los más escépticos piensan; ni siquiera es solo "salir" de este oprobioso gobierno, para eso hay otros "métodos", aunque insisto en que la "forma" es importante; debemos buscar que sea una acción consciente, masiva, cívica y ciudadana que movilice al país en una dirección de futuro, de esperanza de bienestar y progreso para todos, con un proyecto compartido de país, de inclusión, con base en el esfuerzo de todos.

No conozco mejor vía que la electoral; cualquier otra nos lleva a una simple sustitución de "élites" y probablemente −por no decir seguramente− a más y peor de lo mismo. Continuaremos la próxima semana con otro tema marcador para la acción política de este año.

@Ismael_Perez

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Antonio Ecarri

Resulta sospechoso, por decir lo menos, que el Presidente de la República y su Ministro de la Defensa que se las pasan dragoneando contra la “intervención imperialista”, cada vez que el Departamento del Tesoro norteamericano sanciona a algún sospechoso de corrupción, en cambio hagan mutis en un tema tan grave como es la explotación petrolera en la zona en reclamación del Esequibo.

La Comisión Permanente de Energía y Petróleo de la Asamblea Nacional (AN) aprobó un acuerdo de rechazo a las operaciones petroleras en la zona de reclamación del Esequibo, por parte del gobierno de Guyana, por violar el acuerdo de Ginebra firmado en 1966 y el artículo 10 de la Constitución de Venezuela, que establece la soberanía nacional de ese territorio. Ese acuerdo, aprobado por unanimidad, fue propuesto por el Diputado zuliano Elías Mata, Vicepresidente de la Comisión y quien ha mantenido una firme posición al respecto.

La explotación del área, por parte de la empresa Exxon Mobil, violenta lo establecido en el Acuerdo de Ginebra, pues allí quedó previsto, en su artículo 5º, la prohibición expresa de explotar recursos naturales en toda esa zona sin acuerdo previo de las dos naciones que mantienen ese diferendo. El diputado Mata dijo en su intervención en la Asamblea Nacional lo que sabemos todos los venezolanos y que el gobierno oculta por razones inexplicables: “Guyana realizó operaciones petroleras en Mayo de 2015 y la empresa Exxon-Mobil informó sobre un descubrimiento en el pozo Liza-1 ubicado en el bloque Stabroek, y el 17 de noviembre de 2016 anunció la comercialidad entre 800 millones y 1.4 millardos de barriles de petróleo crudo de alta calidad perteneciente a las aguas costeras del Esequibo, región que pertenece a Venezuela”.

Además el parlamentario explicó que el 12 de enero de 2017, la compañía Exxon Mobil anunció un descubrimiento de petróleo en el pozo exploratorio Payara-1 ubicado dentro del Bloque Stabroek. Para que nuestros lectores vean la magnitud del problema, debemos informarles que el bloque Stabroek ocupa un espacio marítimo de veinte y seis mil ochocientos kilómetros cuadrados (26.800 Km2) que comprende desde aguas territoriales guyanesas, área en reclamación e incluso aguas territoriales venezolanas. En éste último caso se encuentra el pozo Payara 1, es decir en la zona conocida como del Esequibo venezolano.

La semana pasada el presidente de Guyana, David Granger, anunció un nuevo hallazgo y se trata del sexto descubrimiento de petróleo desde 2015 en ese yacimiento y el más grande hasta la fecha. .El pasado año Guyana anunció que trabajaría con Exxon Mobil en el desarrollo del sector petrolífero en el país sudamericano, lo que supondría una inversión de 5.000 millones de dólares por parte de la petrolera estadounidense.

Uno se pregunta, ¿cuál puede ser la explicación de un gobierno y una élite militar que se llenan la boca a diario con una eventual “guerra asimétrica” ante una imaginaria invasión imperialista, y mientras tanto no digan una palabra, ni ejerzan ningún acto de soberanía frente a esa flagrante agresión?

No se trata de aparecer como guapetón de barrio, echando plomo a la plataforma exploradora y explotadora de petróleo de la Exxon Mobil – aunque Jaime Lusinchi, por una agresión menor a esta, amenazó con bombardear el Caldas en aguas territoriales venezolanas y preservó nuestra soberanía- pero el gobierno de Venezuela le debe exigir al representante del Secretario General de la ONU para la controversia fronteriza, entre Venezuela y Guyana, el reputado diplomático Dag Halvor Nylander se sirva ordenar suspender, ipso facto, la explotación de petróleo dentro del área en reclamación, mientras se busca un arreglo pacífico de la controversia.

Ha sido tan descarada la actitud de la Exxon Mobil que ha ofrecido 20 millones de dólares como fondo de ayuda a Guyana para los gastos judiciales frente a una eventual reclamación judicial venezolana. Obviamente que no se nos escapa la influencia de la Exxon Mobil en el gobierno de Trump, habida cuenta que Rex Tillerson, Secretario de Estado de ese gobierno, viene de ejercer la Presidencia de la Exxon Mobil. Lo que se ve como una amenaza para Venezuela podemos convertirla en ventaja comparativa, si se ve a la nación ejerciendo su soberanía con dignidad y firmeza. Todo lo contrario a lo actuado hasta ahora, porque el mismísimo finado Hugo Chávez llegó a la vileza de decir que la reclamación venezolana contra Guyana era una controversia adeca del pasado. Ya vemos cuáles son los efectos de la ignorancia y la traición a los intereses de la patria por ataduras ideológicas.

Lo cierto es que estamos hablando de las reservas petroleras más importantes del mundo, lo que fue reconocido por el Servicio Geológico de los Estados Unidos como: “la segunda mayor área del mundo con petróleo sin explorar”. La zona total en disputa con Guyana comprende unos 160.000 kms cuadrados y eso representa dos terceras partes del territorio de Guyana, sin embargo estimo que lo más importante, en este momento, es precisar que esa zona rica en petróleo, de 26.800 kms cuadrados, debe ser preservada para explotación conjunta y nunca como explotación exclusiva de Guyana, a quien no le pertenecen esas áreas marinas y submarinas.

Esperemos a ver si los arrestos anti imperialistas de este gobierno se orientan hacia la defensa de ese inmenso potencial de riqueza venezolano y no sigue alardeando, de antiyanki, solo para proteger corruptos sancionados, con razón, por la comunidad internacional.

aecarrib@gmail.com

@EcarriB

Vicepresidente de “Acción Democrática

Caracas, sábado 13 de enero de 2.018

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