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Opinión

Los resultados de las recientes elecciones de gobernadores deberían llamar la atención a la dirección política de la oposición. Desde luego, que esta es una afirmación obvia. Se pudiera calificar como una verdad de Perogrullo. Debemos suponer, entonces, que sus técnicos y analistas deberían estar abocados al analice de esos resultados. A intentar producir explicaciones que den cuenta o expongan con un cierto grado de certeza lo acontecido el día 15 de Octubre.

Sobre el tema han surgido diversas hipótesis. Una de la más generalizada es la que asume que se cometió un fraude de naturaleza electrónica. A esta explicación habría que añadir la que plantea los desplazamientos y reubicaciones. Y, para completar el cuadro, se añade el número de abstencionistas. Para estos analistas, la combinación de estas variables arroja luz para desentrañar las causas que darían cuenta de los resultados electorales del 15Oct.

En un cierto sentido y, de cara al futuro, el sector democrático se debate en torno a dos opciones políticas. Por un lado, se encuentran (a mi entender esta fracción constituyen la mayoría opositora) los que plantean no rendirse e insisten en la búsqueda de una salida electoral y política. En el otro extremo, se ubican quienes piensan en abandonar la participación electoral en su totalidad. Vale decir, abstenerse en las venideras elecciones municipales e, incluso, las presidenciales.

En fin como podemos observar no existe un acuerdo en relación a las causas que explique esta derrota electoral. Desde luego, las variables apuntadas en el párrafo anterior añaden ciertos “contenidos de verdad” en relación a lo acontecido en las pasadas elecciones parlamentarias. Sin embargo, pienso que estas razones son insuficientes y no dan cuenta, en forma satisfactoria, por la derrota electoral que sufrió el campo democrático en los comicios pasados.

Parece apropiado, entonces, formular algunas interrogantes y, desde luego, intentar responderlas. Por ejemplo, una de naturaleza teórica ¿la economía es suficiente para inducir la construcción de identidades políticas estables en el tiempo? En otras palabras, ¿cómo en una situación de escasez extrema; inflación que superará el 1200% y padeciendo la contracción económica más severa en nuestra historia los candidatos del PSUV lograron obtener una victoria tan aplastante? En otras palabras, ¿las “razones objetivas” son suficientes para obtener un triunfo electoral?

Entiendo que son interrogantes complejas. Un intento de esbozo de respuestas a las incógnitas anteriores, por ejemplo, pudiera ubicarse en la presencia de un “marco cognitivo” en el liderazgo opositor que le impidió comprender apropiadamente el papel que juega la subjetividad en la construcción de opciones políticas.

Los demócratas, a diferencia de los chavistas, apelaron a explicaciones de naturaleza racional. En otros términos, en la construcción de sus relatos políticos el destinatario del mismo no fue el sujeto primordial.

Voy a detenerme y hacer referencia brevemente a un conjunto de investigaciones y autores que abordan el papel de las emociones y de las percepciones en el lenguaje político y su repercusión política y electoral. Frank Luntz, autor del libro “Palabras que funcionan: No es lo que tú dices, es lo que la gente escucha”. Drew Westen “El cerebro político: El papel de la emoción en la decisión del destino de la nación” y George Lakoff “No pienses en un elefante”, entre otros. Todos ellos enfatizan un principio básico de la comunicación política. Proponen la necesidad de conocer y comprender bien la percepción final del elector respecto a la propuesta política. Esto último es tan importante, o quizá más importante, que el contenido de la oferta discursiva. En otras palabras, lo novedoso y que rompe con cierto racionalismo programático, es el concepto que postula, a mi juicio acertadamente, que el acento debe colocarse en la recepción y no en la emisión del mensaje. Una premisa de esta naturaleza implica, desde luego, una renovación en la construcción relato y en la forma de aproximarse el hecho electoral.

En fin, los demócratas están en la obligación de analizar estos nuevos desarrollos y colocarlos al servicio del diseño de sus estrategias comunicacionales. El chavismo, en las elecciones de gobernadores, dio muestra de un “aggornamiento” de su tecnología clientelar, distribucionista y populista. Desde luego, acompañado de un relato altamente emotivo y patriotero.

No son sencillas las tareas que deberá asumir la oposición de cara al futuro. Entre otras, tiene la imperiosa necesidad de reformularse y asumir las nuevas tecnologías que se derivan del avance de la neuropolítica. Adicionalmente sería apropiado elaborar un nuevo relato que interpele emocionalmente a toda la población.

Unidad y una nueva narrativa son las claves del éxito a futuro.

La política tiene que ser así.

Descentralización y Autonomías Políticas

http://autonomiaspoliticas.blogspot.com/

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Si leemos noticias acerca de otras elecciones en las cuales la oposición venezolana ha obtenido derrotas –no son pocas- veremos que en general se parecen demasiado a las que hoy inundan las redes comunicacionales. Amenazas, conversión de las misiones en centros de reclutamiento electoral, desfalcos en centros electorales, ocultamiento de cuadernos, dakazos (hoy formalizados en bolsitas claps), votos asistidos, irregularidades en el conteo, acarreo forzado de votantes, cambio de centros de votación y mucho más. Nadie va a descubrir recién hoy que la CNE es una institución mercenaria y tramposa.Nadie tampoco va a pensar que alguna vez el chavo-madurismo va a actuar de modo limpio. Ni nadie puede pasar por alto el hecho de que estamos frente a uno de los sistemas clientelistas más sofisticados de los que se tiene noticia, uno al mismo nivel del ruso o del iraní. Nunca, en ninguna elección venezolana, la dictadura ha dado garantías ni nunca, en ningún país del mundo, una dictadura que no se encuentre al borde de su caída, las dará. Y, así y todo, la oposición venezolana ha logrado, en no pocas ocasiones, derrotar local y nacionalmente a la dictadura en las lides electorales.

Hay que aprender de las derrotas, no cabe duda; y todo el mundo lo repite. Pero también hay que aprender de las victorias, y eso no se ha hecho casi nunca.

Tomemos como referencia las elecciones del 6-D y comparémoslas con las del 15-O. Naturalmente, la observación inmediata es que el 15-O el fraude fue colosal. Aceptado. Pero también hay que agregar que la derrota fue aún más colosal que el fraude. No aceptar esta última afirmación es esconder las cartas debajo de la manga. El fraude fue colosal pero no todo se explica por el fraude. Hay que indagar pues acerca de las razones endógenas que llevaron a la mega-derrota de la oposición.

Volvamos entonces nuevamente al 6-D del 2015. ¿Por qué el 6-D la oposición, a pesar de todas las trampas obtuvo un triunfo abrumador? Esa pregunta es clave y la respuesta no es difícil. Esas elecciones apuntaban a un objetivo muy definido: conquistar una parte del Estado para, desde ahí, crear un doble poder en contra de la otra parte, representada por el ejecutivo. Una AN en manos de la oposición democrática parecía anunciar el comienzo del fin de la dictadura. El pueblo democrático captando esa posibilidad, se volcó entero, con fuerza y entusiasmo, a obtener la victoria.

Dicho en breve: las elecciones del 6-D tenían un objetivo preciso y claramente definido. Por eso mismo fueron impulsadas con fuerza y decisión. Ese, lamentablemente, no fue el caso que se dio en las elecciones regionales del 15-O. En estas, el sentimiento general era que, después de las elecciones, aun si hubieran sido ganadas por la oposición, nada podía cambiar. El 6-D la gente concurrió a las urnas para ganar. El 15-D, en cambio, concurrió solo para no perder. Y así, no se puede ganar.

La AN fue concebida como un medio para poner fin, vía constitucional, a la dictadura. Fue esa la razón por la cual –muy hábilmente, hay que reconocerlo– la dictadura inventó un TSJ destinado a blindar al ejecutivo de todo cuestionamiento que viniera de la asamblea. Se produjo así una contradicción fundamental: Asamblea o gobierno. A fin de dirimir esa contradicción, la oposición, como es sabido, barajó diversas alternativas constitucionales a favor de la destitución de Maduro, imponiéndose finalmente la del Revocatorio.

Las jornadas por el RR 16 revivieron momentos grandiosos de la lucha opositora. Sin embargo –visto en retrospectiva, había que esperarlo– la CNE cerró con candado la puerta revocatoria. Más aún, el gobierno procedió a clausurar la vía electoral posponiendo hacia fecha indeterminada las elecciones regionales pautadas para fines del 2016 y procediendo a eliminar a la AN sustituyéndola por el TSJ (función después traspasada a la fraudulenta constituyente de 2017.) En otras palabras, el régimen apeló a todos los recursos, incluyendo a los más ilegales, para enfrentar a la AN.

Justamente en defensa de la AN surgieron las grandes movilizaciones de masas en contra del gobierno, exigiendo la rehabilitación de la potestad parlamentaria, la libertad de los presos políticos, la apertura de un canal humanitario y, no por último, un cronograma electoral claramente definido. Así, presionado desde las calles, el ejecutivo decidió oponer al movimiento de masas, la fuerza militar. O lo que es lo mismo, intentó otorgar un carácter militar al enfrentamiento político. Y en gran medida, lo logró.

Las demostraciones ciudadanas, en sus orígenes festivas, plenas de imaginación y alegría, fueron transformadas por Maduro y Padrino López en campos de batallas en los cuales un ejército armado hasta los dientes disparaba a matar en contra de jóvenes indefensos.

En el curso de la radicalización no faltaron quienes abrigaban la esperanza de que, con el aumento de la presión callejera, las FANB terminarían dividiéndose, así como había ocurrido en regiones remotas como Ucrania o Egipto. Vanas esperanzas. Las jornadas iniciadas en abril demostraron que el ejército no solo es un brazo militar de la dictadura; es la dictadura. La dictadura es militar y el mismo Maduro no es más que una parte de su fachada civil. No de otra manera se explica por qué la imposición de la asamblea constituyente, una de las farsas más grotescas de la historia política, fue aceptada de inmediato por el Alto Mando como legítima y constitucional.

Vista desde esa perspectiva, la derrota electoral del 15-O no fue sino la continuación de la derrota militar experimentada por la oposición en las calles. ¿Militar? Sí; para la dictadura lo fue. El movimiento de masas venezolano, uno de los más persistentes en la historia de las luchas políticas latinoamericanas, fue militarmente destrozado. El plebiscito opositor del 16-J fue su último gran acto. Testimonial y simbólico a la vez. Al final no quedaban sino pequeños grupos de muchachos dispuestos a inmolarse en las calles. Pero ese no podía ser el objetivo de la oposición. De este modo las calles comenzaron a enfriarse lentamente. No obstante, de pronto apareció un nuevo enemigo con el cual la dictadura no contaba: una creciente oposición internacional.

Fue la oposición internacional, formada por todos los países democráticos de América Latina, representados en la OEA bajo la conducción de Luis Almagro (sí, Almagro) la fuerza que obligó a Maduro a reabrir la brecha electoral. Las elecciones del 15-D no fueron, en consecuencia, ninguna concesión, ninguna dádiva del régimen. Fueron, si se quiere, una conquista del movimiento democrático, nacional e internacional. El hecho de que no haya sido vista así por gran parte de la oposición debe ser agregado a sus déficits políticos, entre ellos, el no haber sabido evaluar los logros por ella misma alcanzados.

En otras palabras, la oposición no acudió a las elecciones con las banderas en alto, continuando la ruta constitucional por ella misma trazada desde sus propios orígenes. Fue más bien como pidiendo disculpas, reiterando que se trataba de un tablero en una lucha con muchos tableros, sin decir que las elecciones eran y son su único tablero, entre otras cosas porque las elecciones son parte de la Constitución e ir a las elecciones significaba ni más ni menos defender a esa Constitución frente a una asamblea constituyente radicalmente anti-constitucional.

Ir a las elecciones presupone para toda fuerza política, atravesar tres momentos. El primero, como ha sido dicho, es el de otorgar una direccionalidad a la ciudadanía; en el caso venezolano, decir claramente cuales son los objetivos a alcanzar, cono se hizo el 6-D y no se hizo el 15-O. El segundo tiene lugar el día de las elecciones, cuando es necesario implementar la logística electoral acumulada. El tercer momento es el de defender los votos, con actas electorales en la mano. De esos tres momentos, el primero es fundamental. Si no es llevado a cabo con mística y entusiasmo, los dos siguientes casi no cuentan. ¿Por qué falló la oposición en ese momento tan clave? En gran parte, por las aplastantes acciones del gobierno. Pero tampoco hay que olvidar que ese gobierno recibió, como regalo del cielo (o del infierno) un aliado inesperado: el abstencionismo opositor.

Hay que precisar: abstención no es abstencionismo. En toda elección hay abstención. El abstencionismo, en cambio, es la abstención políticamente organizada, dirigida específicamente en contra de partidos políticos que acuden a una elección. Ese abstencionismo militante ha existido siempre en Venezuela. Antes aún de Chávez. Pero nunca llegó a alcanzar el grado de organización y agresividad que lo caracterizó durante las semanas preliminares al 15-O.

Hay quienes argumentan que el abstencionismo proviene solo de una exigua minoría. Por cierto, así es. Pero su fuerza cualitativa es inmensamente superior a su fuerza cuantitativa. Sus activistas poseen medios, dineros, influencias. Hicieron del “no votar” una campaña en contra de toda la MUD, la que quedó encerrada entre dos fuegos: el del gobierno y el del abstencionismo. Crearon resentimientos, obligaron a los líderes y candidatos a concentrarse en discusiones inútiles y, sobre todo, desconcertaron e incluso desmovilizaron a muchos electores.

Una parte de los decididos a no votar, es cierto, optó por dar su voto pocos días antes de las elecciones. Pero eran electores apáticos, sin energía y sin capacidad comunicacional, tan decisiva cuando se trata de ganar a los amigos, a los vecinos, a los familiares. El daño que hicieron los abstencionistas a la oposición fue muy grande. No tienen perdón.

Hubo un mega-fraude y hubo una mega-derrota. Pero sobre todo hubo un gran retroceso histórico. ¿Cómo podrá salir la oposición de ahí? Ese es el problema que deberán afrontar sus dirigentes. En todo caso no lo podrán hacer con formulaciones como “hay que comenzar de nuevo” o “hay que reinventar a la MUD” y otras tonterías parecidas. Mucho menos pidiendo las cabezas de dirigentes comprometidos con el proceso electoral. No faltarán seguramente quienes darán por finiquitada la vía electoral (como si las vías se eligieran en un bazar) y podrán como condición que la dictadura disuelva a la CNE, imaginando que tienen regimientos detrás de sí para imponerlo. El problema es que toda alternativa que no pasa por la vía electoral no pasa por la Constitución, así como todo camino que no sea constitucional y electoral a la vez, pasa por un enfrentamiento con las FANB.

El régimen, entusiasmado, intentará adelantar las elecciones comunales y propinar a la oposición otra fuerte derrota, ya sea con votos, ya sea por abstención. Todo indica -aunque siempre hay que pensar que la historia es una caja de sorpresas – que lo conseguirá. Luego viene el fin de año. Y ya hacia el 2018, asoman en el horizonte las elecciones presidenciales. Poco tiempo falta.

Muy poco tiempo para que la oposición decida si en el futuro va a ser una mera oposición testimonial o una verdadera oposición política. Los abstencionistas, ya se sabe, optarán por la primera opción. El reto es asumir la segunda, aunque sea al precio de sufrir rupturas y divisiones. Pues en la política, como escribió una vez Michael Walzer, hay que dominar dos artes: el arte de separar y el arte de unir. Pero, como solo es posible unir lo que está separado –se agrega aquí- esa oposición estará obligada a trazar una línea entre los que están a su favor y los que están en su contra. No hay otra alternativa. El despelote del 15-O no puede ni debe volver a repetirse.

Polis: Política y Cultura

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Javier Marías

En etapas turbulentas, cuando los acontecimientos cambian en cuestión de horas, es aún mayor fastidio escribir sabiendo que lo escrito llegará a los lectores dos semanas más tarde. Pero en el asunto catalán hay algo que no se habrá alterado ni se alterará jamás, y es el desaforado y ofensivo vaciamiento, o abaratamiento, de las palabras. Los políticos independentistas catalanes, y no sólo ellos (también los dirigentes de Omnium y la ANC, antes Casals y Forcadell, ahora Cuixart y Sànchez, a los que nadie ha elegido y que sin embargo se han proclamado representantes máximos de su país), llevan muchos años ofendiendo a mansalva. Pero no me voy a referir a los incontables agravios a los demás españoles, con predilección por extremeños, andaluces e inicuos madrileños. Dejemos eso de lado, no demos importancia a lo que carece de ella.

La gran ofensa es contra quienes sí están o han estado de verdad oprimidos y privados de libertad, contra quienes no han disfrutado de un átomo de democracia en sus vidas y jamás han votado

No, las ofensas mayores han sido contra el mundo, tanto el del presente como el del pasado, y se han producido a través de la banalización constante de palabras de peso, serias, que no se pueden utilizar a la ligera sin cometer una afrenta. Un país con un autogobierno mayor que el de ningún equivalente europeo o americano (mayor que el de los länder alemanes o los estados de los Estados Unidos), que lleva votando libremente en diferentes elecciones desde hace casi cuatro décadas, a cuya lengua se protege y no se pone la menor cortapisa; que es o era uno de los más prósperos del continente, en el que hay y ha habido plena libertad de expresión y de defensa de cualesquiera ideas, en el que se vive o vivía en paz y con comodidad; elogiado y admirado con justicia por el resto del planeta, con ciudades y pueblos extraordinarios y una tradición cultural deslumbrante…; bueno, sus gobernantes y sus fanáticos llevan un lustro vociferando quejosamente “Visca Catalunya lliure!” y desplegando pancartas con el lema “Freedom for Catalonia”. Sostienen que viven “oprimidos”, “ocupados” y “humillados”, y apelan sin cesar a la “democracia” mientras se la saltan a la torera y desean acabar con ella en su “república” sin disidentes, con jueces nombrados y controlados por los políticos, con la libertad de prensa mermada si es que no suprimida, con el señalamiento y la delación de los “desafectos” y los “tibios” (son los términos que en su día utilizó el franquismo en sus siempre insaciables depuraciones). Se permiten llamar “fascistas” a Joan Manuel Serrat y a Isabel Coixet y a más de media Cataluña, o “traidor” y “renegado” a Juan Marsé. Ninguno debería amargarse ni sentirse abatido por ello: es como si los llamaran “fascistas” las huestes de Mussolini. Imaginen el valor de ese insulto en los labios que hoy lo pronuncian.

La gran ofensa es contra quienes sí están o han estado de verdad oprimidos y privados de libertad, contra quienes no han disfrutado de un átomo de democracia en sus vidas y jamás han votado. Para empezar, contra todos los españoles que vivimos y padecimos el franquismo, bajo el cual no había partidos políticos ni libertad de expresión alguna, y un estudiante se podía pasar dos años en la cárcel por arrojar octavillas; un sindicalista, no digamos. No sólo los catalanes lo sufrieron, ni los que más, y fueron muchos sus conciudadanos que lo abrazaron y fortalecieron. Es una ofensa contra las poblaciones de Irak y Siria que están o han estado bajo el dominio del Daesh, eso sí es opresión y humillación sin cuento. Contra las mujeres saudíes y de otros países musulmanes, en los que carecen de derechos y viven convertidas en menores de edad o en esclavas conyugales. Contra los cubanos, que no han podido votar nada desde hace seis decenios; contra los chilenos y argentinos de sus respectivas dictaduras militares, cuando a la gente “se la desaparecía” y torturaba. Hablar de los “métodos de tortura” de la policía el 1-O, como ha hecho Anna Gabriel desfachatadamente y con mentira confesa, es un inconmensurable agravio a cuantos sufren y han sufrido torturas verdaderas en el universo. En cuanto a la “represión salvaje” de ese día, no sé qué adjetivo podrían encontrar entonces para las cargas de los grises en la dictadura, que muchos todavía hemos conocido. En ellas, y en otras incontables a lo ancho del globo, sí que se hacía y se hace daño, en Venezuela hoy sin ir más lejos. La policía y la Guardia Civil se deberían haber abstenido de emplear una sola porra, pero calificar su actuación de “brutal” y “salvaje” es desconocer la brutalidad y el salvajismo. Por fortuna. Y ojalá que las generaciones actuales los sigan desconociendo.

La de las palabras manoseadas y profanadas es la mayor ofensa y la mayor falta de respeto. Más incluso que la tergiversación de los números, practicada cuando en las últimas elecciones catalanas un 47% o 48% quedó convertido por los caciques y los cazabrujas (no por todos los independentistas, claro) en “una mayoría nítida” y “un claro mandato” del pueblo entero. Ese fue ya el aviso de que nos encontramos, en efecto, ante émulos de Mussolini que extrañamente se dicen oprimidos, sin libertad y humillados, y que cometen la infamia de llamar “fascistas” a sus venideras víctimas.

El País

Domingo 20 de octubre, 2017

http://elpaissemanal.elpais.com/columna/javier-marias-las-palabras-ofend...

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Analítica.com

El Editorial

“Calma y cordura”, esas fueron las sensatas palabras con las que el general López Contreras inició el período de transición a la muerte de Juan Vicente Gómez, cuando comenzó el camino hacia la democracia que, fue en su primera etapa, controlado por dos generales del gomecismo. En cierta medida cumplieron bien su tarea, salvo que el ritmo que imponían era tal vez un tanto lento para la sed de democracia plena que tenía gran parte del país.

Otro ejemplo, este si mucho más largo que el venezolano, fue el que se adoptó en República Dominicana después del tiranicidio que acabó con la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. En ese país, paradójicamente, la transición la llevó a cabo Joaquín Balaguer, quien fuera ministro del tirano e incluso presidente encargado.

En Venezuela, aún no se vislumbran los acuerdos necesarios para lograr los cambios fundamentales que darían viabilidad económica, política y social al país, ya que la actitud cerril de los que dirigen nuestros destinos hace que en vez de abrir caminos se cierren, pues parecieran convencidos que cualquier apertura los borraría del mapa político.

Frente a esa actitud quienes desean que se produzcan cambios y se restablezca la institucionalidad deben actuar con calma y cordura, y tratar principalmente de recomponer la unidad en las diversas expresiones que componen a la oposición democrática, dejando de lado el protagonismo y el personalismo de pequeños líderes y elaborar con sinceridad un gran acuerdo nacional, en el que tengan cabida todas las corrientes democráticas y sobre todo plantear las medidas indispensables para solucionar la crisis, así cómo se podrán llevar a cabo y en qué lapso se podrían ver sus efectos.

La banalización de la política, basada en promesas demagógicas que nunca se podrán cumplir, tiene obligatoriamente que ser sustituida por un verdadero programa de transformaciones que no debe ser edulcorado, sino presentado tal como tiene que ser. La verdad es la única garantía de que el pueblo entienda y apoye un verdadero cambio en Venezuela.

Analítica

http://www.analitica.com/opinion/calma-y-cordura-6/

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Carlos Raúl Hernández

Un asombroso récord difícilmente superable. Los mayores empobrecimiento, inflación, devaluación, contracción en el siglo XXI, son los de Venezuela después de casi 20 años de revolución, sin que hagan nada para corregir dramas como esos, que ya pertenecen más bien a la arqueología económica. Cada varios meses, los responsables del caos deciden exactamente lo mismo que la vez anterior, ratifican sus excéntricos errores (control de precios, control de cambios, estatización, aumento del gasto, aumentos nominales de sueldos, despilfarro, impresión de moneda inorgánica) con una abulia tan monumental que asombra al mundo civilizado. ¿Cómo puede concebirse que enfermedades extinguidas cuyo tratamiento no requiere médicos sino apenas enfermeros de la economía, hagan naufragar una nación petrolera con reservas de crudo para trescientos años?

Es el equivalente a que los niños se mueran de gastroenteritis, difteria o cólera, en un nuevo Haití ahogado en petróleo, aunque Ud. no lo crea. Un Midas muerto de hambre que rompe las fronteras de la imaginación, con ingresos suficientes para que Venezuela sea, como lo fue, un país próspero. Los países que enfrentan grandes desgracias sociopolíticas y la posibilidad de disolución, la inminencia de convertirse en fallidos, aún en las puertas del infierno sus conductores pueden elegir y cambiar el destino. Una parte de ellos optan por la condenación, se colocan las monedas en los ojos y se acuestan en la barcaza para atravesar el río. Luego de leer el letrero que dice “quien llegue hasta aquí olvide toda esperanza”, entran en la noche eterna. Los que perseveran en la desgracia, deciden que no pueden convivir, se exterminan unos a otros y botan al niño –el país– junto con el agua sucia.

Se iluminan y vuelven
Otros tienen más suerte y sus grupos de poder reciben la iluminación: se acuerdan para frenar una caída irrecuperable, que causaría desgracias dantescas, muertes, hambre, desolación. El fujimorismo cuadró con los partidos para sustentar la democracia, olvidar el pasado, y Keiko ha aceptado dos derrotas electorales (la última por apenas 20.000 votos) sin salirse del esquema democrático. El pinochetismo y los partidos del orden hicieron lo mismo. Las FARC decidieron dejar de matar gente e incorporarse a la vida institucional, aunque algunos aturdidos pretenden impedirlo para mantener viva la llama terrible de la violencia. En Guatemala y El Salvador también, y en este gobiernan los comandantes del Farabundo Martí, hoy electos por el pueblo pero otrora causantes, junto con Arena, de una guerra que costó 150.000 muertos, crímenes horrendos, como el asesinato de Monseñor Romero y de curas, monjas y civiles inocentes.

Una parte importante del peronismo no hace causa común con la banda kirchnerista, tampoco estorba a las políticas de Macri y apuesta a la estabilidad. En muchos de los países del bloque soviético gobernaron y gobiernan partidos y líderes que detentaron poder en el extinto régimen comunista, entre otros nada menos que Vladimir Putin. La lista de las reconciliaciones es tan larga como la de los que se autodestruyeron. Irak, Libia, Sudán, Checoslovaquia, Yugoslavia y tantos otros, por no hablar de los herederos del socialismo africano, una verdadera peste que desoló al continente negro. Luego de las llamas, de 500.000 muertos por la guerra civil, el territorio de Siria está desmembrado entre cinco grupos en armas, pese a que hay negociaciones para la paz. Posiblemente se sume a otros estados fallidos, después de 4.000 años de historia. Venezuela en este momento corre un peligro inminente.

Sin norte… ni sur
Al gobierno se le fue de las manos el país, perdió la gobernabilidad, entendida como la capacidad de un sistema para frenar las tendencias al caos, la entropía, en prácticamente todas las áreas de la vida social. Un sistema es ingobernable cuando las decisiones de sus mandos potencian las tendencias a la descomposición en vez de frenarlas, producen el efecto contrario al buscado. Cada cierto tiempo declaran medidas económicas que simplemente alimentan los elementos entrópicos. Cada vez que hacen anuncios, el bolívar se extingue, las divisas escalan su precio, igual que los demás bienes y la nación desciende un tramo más en la escala de la fatalidad. Un círculo más hondo del infierno. Pero según la Constitución, 2018 es la fecha irreversible, inamovible.

En 2018, año de gracia, tiene que haber elecciones presidenciales limpias, porque el escenario global esta vez puso los ojos en lo que ocurra ahí. No hay duda de que muchos creativos deben andar inventando qué hacer para salirse de la suerte, pero nadie puede esconderse y no hay recontraconstituyente capaz de barajar el tiro sin una impredecible reacción mundial. Ya no vivimos la época cuando el espeluznante cumpleañero de estos días, Che Guevara podía decir en ONU que “habían fusilado, fusilaban y seguirían fusilando”. El diálogo con el gobierno debe ser para afinar el cronograma electoral y los paracaídas que permitan la paz en el siguiente período, las garantías para quienes pasen a la oposición. No respiraremos más la atmósfera espesa y angustiosa de la revolución. En eso el papel de EEUU, China y Rusia será invalorable y no hay que olvidarlo en ningún momento por apasionados que estemos.

@CarlosRaulHer

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Ángel R. Lombardi Boscán

Los que quieran encontrar una explicación a lo sucedido en las bizarras “elecciones” del 15 de octubre les recomiendo ver la película “El Padrino” de Francis Ford Coppola del año 1972. No hacen falta tratados de ciencias políticas ni golpes en el pecho. Lo sucedido era predecible en un país cuya institucionalidad está secuestrada desde hace un buen tiempo. Ilusos nuestros políticos busca cargos y una ciudadanía invisible que asiste a unas elecciones como un ritual dominguero sin apenas conciencia de los valores democráticos reales en juego.

En “El Padrino” definen la política de esta espléndida manera: la política es poder y éste básicamente un negocio y los negocios conducen al crimen. Entre mafiosos se entienden. Que unos días antes se haya incendiado por “casualidad” el edificio que sirve de sede en Venezuela a Odebrecht lo dice todo. El entramado de la corrupción hoy en las alturas del poder es oceánico.

Que un Presidente con el 10% de popularidad y con una gestión gubernamental errática orientada a producir ruinas en nuestro país haya arrasado en las elecciones, da la talla de una estafa histórica electoral sólo posible en sociedades cerradas y oprimidas.

¿Querían elecciones? Aquí están las “elecciones”. La tramoya del régimen militar era predecible, no así la actuación bobalicona de una oposición partidista atrapada en la dinámica clientelar heredera de los años de la decadencia bipartidista.

Lo más llamativo de ésta jugada sensacional, al estilo de la última escena de “El Padrino”, es que el ajuste de cuentas no sólo fue hacia la MUD sino básicamente hacia los mismos “aliados” como Arias Cardenas, Vielma Mora y Aristobulo Istúriz cada día más independientes y peligrosos para la facción Maduro-Cabello-Padrino. Otro antiguo aliado al que se la cobraron fue a Henri Falcón. No está demás decir que enterraron la poca credibilidad que aún conservaban Primero Justicia, Acción Democrática y Voluntad Popular. A un Nuevo Tiempo en el Zulia le dan ahora la tarea de dinamitar a Juan Pablo Guanipa. Una obra de tracalería política casi perfecta.

Seguimos sin entender que la democracia es incompatible con un sistema dictatorial aunque realice elecciones y permita discrecionalmente decidir como si fuera Dios mismo quienes ganan y quienes pierden. Muchos venezolanos ya hacen las maletas; otros quedan atrapados en la tristeza y desesperación.

¿Qué hacer? Lo primero es empezar a dejar de hacer el papel del tonto y actuar con un mínimo de dignidad y auto respeto; entender la realidad tal como es. Esta lucha por recuperar la democracia en el país apenas comienza y quienes tenemos convicciones libertarias claras sabemos que hay que reponerse y continuar luchando. Y entender de una vez por todas que Maduro representa un proyecto de dominación político a la cubana adaptándolo a nuestra muy peculiar idiosincrasia del desgano. A la larga, la razón y el sentido común se impondrán y recuperaremos al país, sólo sí aprendemos de nuestros errores y somos capaces de rectificar. Hacer esto es una responsabilidad compartida.

Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ

@lombardiboscan

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Luis Ugalde

La dictadura se atribuyó el triunfo en las elecciones a gobernadores del modo como lo hacen los dictadores, que deciden hasta el porcentaje (94% o 60%) que les conviene como meta y luego combinan arbitrariamente los medios para presentar el resultado preestablecido. Ante el hecho de que 80% de los venezolanos repudiamos esta dictadura, el gobierno tenía que preparar cuidadosamente el conjunto de trampas y manipulaciones. Ya la votación del 30 de julio para la asamblea nacional constituyente había sido un enorme y descarado fraude de fondo y de forma. Pero la gran mayoría de la población y de la dirigencia opositora esperaba que con una participación opositora masiva de la población y con diligentes testigos de mesa en todos los rincones del país, tenía la posibilidad de triunfar impidiendo el fraude sistemático que se proponía el gobierno y de ganar la mayoría de los gobernadores.

El hecho de que en las elecciones parlamentarias de 2015 los demócratas opositores fueran capaces de defender su rotundo triunfo, hacía creer que podrían hacerlo ahora. Pero los hechos han demostrado que la dictadura está más desesperada y decidida a imponerse sin cuidar mucho las formas, pues ya el mundo la ve como dictadura. Por otro lado la oposición democrática ha demostrado que no tenía ni la organización ni la unidad ni la conexión con la gente movilizada, imprescindibles para enfrentar eficazmente a un gobierno aferrado a su supervivencia totalitaria. Pero lo que no puede controlar esta dictadura es que en los últimos largos meses viene acelerándose una inflación que este año va a pasar de 1.000% y el próximo se anuncia superior a 2.000%, con su brutal empobrecimiento y desesperación para la población, ruina para la empresa productiva. Un gobierno corrupto, inepto (salvo para la trampa política) y aferrado a un modelo totalitario que destruye los derechos fundamentales a la vida, la salud y la libertad, tiene delante una realidad que se agrava cada día y no se resuelve con trampas electorales.

Ahora todos los demócratas debemos ser serenos y lúcidos para reconocer los propios fallos, más que echar la culpa a los otros. El país entra en un estadio nuevo y más grave, que solo con unidad y claridad estratégica frente a la dictadura y con apoyo internacional podrá salir de este régimen y emprender la dura tarea de la reconstrucción.

La Conferencia Episcopal Venezolana una vez más tuvo el acierto de invitar de manera insistente: “Vayamos todos a votar por nuestro futuro”, mientras que el gobierno maniobraba para dividir y empujar a la abstención de los demócratas para perpetuar la dictadura. El resultado es que con un conjunto de manipulaciones la apertura al futuro ha sido negada, lo cual nos pone mayores retos a todos los venezolanos, con un futuro totalitario, miserable y sin esperanza.

El gobierno seguirá con su juego. Ahora exigirá que los gobernadores electos, incluso los opositores, vayan a arrodillarse ante la fraudulenta ANC. La obligación de los gobernadores es someterse a la vigente Constitución de 1999 y no a la ANC constituida desde la dictadura para matar la Constitución.

¿Y ahora qué?

En los primeros años del cristianismo los discípulos de Jesús vivían perseguidos y con miedo de que los mataran como a su Maestro. El ambiente externo era difícil y hostil, pero era más fuerte el fuego interno de la experiencia espiritual de Jesús Resucitado. Esta fuerza interior les llevó a vencer todos los obstáculos. Un día Pedro y Juan, como judíos piadosos, entraban al templo de Jerusalén a orar y en la puerta se encontraron la mano extendida de un paralítico que desde el suelo pedía esa limosna diaria que no cambia nada, pero permite sobrevivir. Pedro le miró a la cara al paralítico y le dijo: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te lo doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, levántate y camina. Y tomándolo de la mano derecha lo levantó. De inmediato se le robustecieron los pies y los tobillos, se levantó de un salto, comenzó a caminar y entró con ellos en el templo, caminando, saltando y alabando a Dios” (Hechos de los Apóstoles 3, 5-8). En Venezuela ya no tenemos oro ni plata para vivir de la limosna estatal y el clientelismo político, han saqueado el país y el régimen quiere convertir a la mayor parte de la población en mendigos con mano extendida para recibir la bolsa CLAP o cualquier otra limosna, insuficiente pero necesaria para la supervivencia sumisa típica de estos regímenes.

Ahora más que nunca nuestro futuro está en no plegarse a la limosna pública, sino en escucharnos, decirnos unos a otros y practicar el “levántate y camina” democrático y productivo. Esto hoy está más claro que antes del último fraude electoral, a pesar de la comprensible depresión luego de la burla ocurrida. Los dirigentes todos unidos, con autocrítica y renovación, deben coincidir en el “levántate y camina”. También en todas las áreas de la actividad social, económica y cultural se tiene que articular ese 80% de los venezolanos para no seguir postrados a la puerta del templo de la “revolución” pidiendo una humillante supervivencia de un país que quiere libertad, justicia y convivencia digna para todos.

20 de octubre de 2017

El Nacional

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