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Opinión

Eddie A. Ramírez S.

Cuando un equipo deportivo pierde varios partidos, pocos se molestan en indagar sobre las causas. De inmediato, los fanáticos descalifican al director técnico, obviando que a veces las derrotas son consecuencia de no disponer de recursos para contratar mejores jugadores. Alguien tiene que ser la cabeza de turco para desahogar la frustración. ¿Será este el caso de nuestro liderazgo político y de los liderados? ¿Debemos sustituirlo porque no ha logrado cumplir la promesa de sacar al usurpador Maduro? ¿El fracaso ha sido por ineptitud de los líderes o por fortalezas del usurpador? ¿Juan Vicente Gómez, Chapita Trujilo, Tacho Somoza, los Castro y otros se mantuvieron varias décadas en el poder por culpa de la oposición o porque contaron con una Fuerza Armada y un Poder Judicial sumisos y una población sometida por el terror?

Rechazo a Maduro: Las encuestas son contundentes. El rechazo a Maduro supera el 80 por ciento. Él ha pagado los errores de Chávez con las expropiaciones y estatizaciones, además de su ausencia de carisma y errores propios, quiebre de todas las empresas estatizadas, así como el desastre de los servicios de electricidad, salud, educación e infraestructura por ineptitud y corrupción, además de la hiperinflación.

Poca aceptación del liderazgo opositor: Lo anterior explica el gran rechazo a Maduro. Pero ¿cómo entender la poca aceptación del liderazgo opositor? Moisés ofreció la Tierra Prometida. Tardó 40 años, pero salvo un pequeño intento de motín, el pueblo respetó su liderazgo. En nuestro caso, cometimos el error de permitir que Chávez se apoderara de las instituciones con la Asamblea Constituyente de 1999. Ese error es responsabilidad de algunos de los dirigentes actuales, pero no de los más jóvenes como Guaidó, María Corina y Leopoldo López. Quizá esa poca aceptación se deba a que tenemos la tendencia a no evaluar las fortalezas del régimen, a que el hábito de la persistencia no está muy arraigado, a la desesperación por la difícil situación socioeconómica, a cierta inclinación a descalificar por cualquier motivo, a que le prestamos atención a cualquier improvisado en política y a que las redes sociales nos convirtieron a todos en opinadores. ¿Qué hacer? Un grupo de distinguidos ciudadanos está asomando la atractiva idea de realizar una consulta popular para legitimar el liderazgo. ¿Aceptarán los dirigentes medirse? ¿Estará interesado el ciudadano común en esa consulta? ¿Es el momento oportuno?

Posible negociación: Existe una duda razonable de que el régimen acepte negociar o que diga que sí, pero no ceda ni un ápice. Sin embargo, no es razonable que de inmediato algunos opositores se opongan a emprenderla. ¿Qué se esgrime? 1- Los moralistas: argumentan que con malandros no se negocia. Respetamos a quienes defienden esta posición idealista, pero cabe preguntarles qué es peor, si negociar con bandidos o dejar que gran parte de la población sufra penurias. 2- Los escépticos: alegan que como los anteriores intentos fracasaron, este también fracasará y solo sería legitimar al régimen. Evidentemente, este es un argumento poco racional. Si así fuese, nunca habrían terminado las guerras. 3- Los ilusos: Predican que hay otras vías, como la insurrección popular y la intervención regional. Quienes hemos estado durante muchos años en protestas de calle y hemos visto caer a valientes jóvenes y no tan jóvenes, estamos claros que esas protestas tienen sus límites en tiempo, espacio e intensidad; en cuanto a la intervención regional, está demostrado hasta la saciedad que ningún país está dispuesto a enviar sus soldados para acatar el compromiso de proteger. 4- Los optimistas: Predican que una cosa es el Alto Mando corrupto y otra el resto de la oficialidad. Cierto que existe esa diferencia, pero es bueno recordar que desde que se creó el ejército, solo el 18 de octubre de 1945 hubo un alzamiento exitoso sin intervención del Alto Mando. Es posible y deseable, pero es una incógnita que no depende de los civiles, ni de los militares retirados. 5-Los caza güiro: Están agazapados esperando cualquier traspiés del liderazgo para criticar.

Lo sensato: Pareciera que lo sensato es no descalificar a nuestra dirigencia, a pesar de sus puntos débiles. Esperar, con todas las dudas, que haya una negociación positiva. Se conoce que hay conversaciones y que Maduro y su combo están pidiendo cosas inaceptables. Era de esperar. Cuando se inicia una negociación, las partes exigen todo, para ir cediendo gradualmente. Capriles y Eduardo Fernández no han debido reconocer de inmediato a este CNE y Picón y Márquez no han debido aceptar ser rectores, ya que eso nos debilita en la negociación. Como dice Beatriz García, Coordinadora Nacional de Gente del Petróleo, “ la oposición está activada ,pero dividida, cada grupo se cree dueño de la verdad. No permitamos que el régimen logre su objetivo”. Si se quiere avanzar las partes deben ir cediendo, aunque el régimen es el que tiene que ceder más, pues es quien ha violado la Constitución. El Acuerdo de Salvación Nacional presentado por el presidente Guaidó puede ser la base de la unión y reconciliación. No perdamos la oportunidad.

Como (había) en botica:

Con el asalto del régimen al periódico El Nacional se le dio otro zarpazo a la libertad de expresión y a la propiedad privada. Nuestra solidaridad con su director y personal.

El secuestro de los generales retirados Ovidio Poggioli y Jorge Zedán Abudey es otra arbitrariedad por la que tendrá que responder Padrino López.

Diosdado Cabello hizo el ridículo al amenazar con llevar la guerra a territorio colombiano. La realidad es que la guerrilla de la FARC asesinó y secuestro a soldados venezolanos por una pésima operación de la Fuerza Armada de Maduro, Padrino y Ceballos.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Jesús Elorza G.

Un miliciano, al ver con cara de preocupación a sus compañeros de destacamento, les preguntó ¿Qué les pasa? y la respuesta no se hizo esperar:

- Hemos pasado de la euforia a la frustración, dijo uno de ellos.

¿Cómo así camarada? explíquese mejor.

- Bueno, todos nosotros, en nuestra unidad de combate miliciano, fuimos sujetos de una alegría sin límites al conocer que el camarada Diosdado había ganado la demanda contra el pasquín oligarca imperialista “El Nacional”. Nuestra euforia, alcanzó niveles orgásmicos al producirse el allanamiento del edificio de ese diario. Todos en el destacamento, pusimos rodilla en tierra y gritamos “Se hizo justicia”. Derrotamos la intransigencia contrarrevolucionaria de la oposición y ahora, nos toca a través de ese medio comunicacional, que presentaremos como “El Nuevo Nacional” llevar la verdad revolucionaria a nuestro pueblo.

En su momento, nos hacíamos la ilusión de ver en el nuevo equipo de dirección a los consecuentes camaradas Earle Herrera, Ernesto Villegas, Luis Hugas, Pedro Carvajalino, Juan Barreto, Maripily Hernández y Desirée Santos Amaral. Pero, la realidad fue otra….

-¿Por qué dice eso camarada?

Diariamente, durante quince días, progresivamente la frustración se fue adueñando de mi conciencia y activismo revolucionario. Día a día, preguntaba en el kiosco de la esquina por “El Nuevo Nacional” y siempre me daban la misma respuesta “no ha llegado”. Pensaba que a lo mejor era un problema logístico de distribución, pero, con el correr del tiempo y no ver hecho realidad la circulación de nuestro medio comunicacional, opté por preguntarles a los comandantes de mi unidad, recibiendo como respuesta “No tenemos información sobre ese tema” métete en la red a ver que consigues.

Asumiendo el papel de “Web-on”, me metí en Google y conseguí www.elnacional.com

Pero, mi frustración y arrechera fue mayor, al ver que el pasquín seguía en manos de la oligarquía contrarrevolucionaria imperialista. Entonces me pregunto ¿Para qué carajo allanamos ese periódico?

Ahora, me consigo como respuesta “que el camarada Diosdado cederá la sede para que allí funcione la Universidad de la Comunicación recién creada por el camarada Maduro”. Pensar, que una universidad es solo un edificio es una gran equivocación, es no ver el error de las “Aldeas Universitarias” o el de la “Universidad Bolivariana”

No nos equivoquemos, el allanamiento a ese diario es para instaurar “La Libertad de Expresión Revolucionaria” y no para estar pensando, en pajaritos preñaos, de crear universidades. Pasemos de Web-ones a Web Patria o Muerte.

En revolución todo fuera de ella nada.

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Maxim Ross

El año pasado publiqué este artículo que, creo, tiene plena vigencia, a raíz de las probabilidades de una negociación política sobre nuestro futuro. Ahora lo reitero.

Venezuela está en peligro de que un destino inercial se le imponga, siga siendo presa fácil del ajedrez internacional y termine organizada bajo el “modelo chino”, que sucumba como “modelo ruso”, que termine como Cuba o que la organicen los intereses políticos y de seguridad interna de los Estados Unidos. Ninguno de esos destinos concuerda con el supremo interés de la sociedad venezolana de desarrollarse sobre sus propias fuerzas, por lo que es indispensable y urgente promover una reacción para contrarrestar esa inercia. No se trata de promover la autarquía y nuevos nacionalismos, porque diferenciamos claramente esta inercia de cualquier otra iniciativa de cooperación e integración internacional.

Frente a ese escenario no podemos seguir siendo espectadores pasivos e imagino que esta percepción la comparten muchos venezolanos. Por esa superior razón, invocamos la necesidad de desarrollar una cierta capacidad nacional que tenga como objetivo táctico ofrecer una respuesta independiente frente a ese juego de poderes y, como objetivo estratégico recuperar y consolidar las fortalezas que históricamente han construido la Venezuela que todavía hoy tenemos, a pesar de la masiva destrucción de su economía, de sus instituciones, de su historia, de sus talentos, sus valores y costumbres.

La sociedad civil organizada[1] es la llamada a construir y consolidar sus capacidades, siendo que es ella la que tiene real existencia y revela las verdaderas fuerzas de una sociedad. Sus trabajadores, sus empresarios, sus profesionales, sus maestros, sus médicos, sus medios de comunicación, sus hospitales y escuelas, etc. etc. conforman ese conglomerado que constituye una Nación.

Para lograr el primer objetivo y no quedar sujetos a esos intereses geo – políticos internacionales es imprescindible que ella se exprese y coloque su principal foco de atención en ampliar y profundizar sus capacidades, institucional, cívica, productiva y regionales y locales, tales que sumadas en un todo, consoliden una capacidad nacional que está allí latente y que permitiría una recuperación integral de Venezuela, apoyada por instituciones y gobiernos fundados en principios de auténtica solidaridad internacional y sin necesidad de la tutela de aquellos poderes. Definamos, entonces, cada una de esas capacidades.

Capacidad Institucional.

Solo el hecho de estar la sociedad civil organizada, parcial o totalmente, genera una fuerza que debería ser aprovechada en la dirección que exigimos, pero la pierde y se hace más débil en tanto cada organización se concentra en defender sus intereses legítimos[2], pero que reunidas cada una de ellas en una que las articule reforzaría su poder institucional. Un alegato por sus intereses o necesidades generales, tales como la vigencia de la Constitución, el restablecimiento del orden democrático o del Estado de derecho o, precisamente, si alzara la voz ante la inercia que arrastra a Venezuela, multiplicaría y potenciaría ampliamente su capacidad institucional.

Capacidad Cívica.

Hay derechos preservados en la Constitución y en el Derecho Internacional que pueden servir de base para articular el fortalecimiento de una capacidad de la sociedad civil que, a veces, aparece disgregada y aislada, cuando es solamente tema y referencia de organizaciones especializadas, sea el tema de la salud, de la seguridad social, de los presos políticos o de cualquier otra, que son el objeto de lo que llamamos “Derechos Humanos”, pero que no terminan de vincularse entre sí, pero que si se pudiesen entrelazar y elevarlos a una categoría de mayor calibre estaríamos frente a la creación de un concepto más amplio que podemos llamar “Capacidad Cívica”.

La defensa de las instituciones democráticas forma, obviamente, parte de esta capacidad, pero ella queda vacía y solo en un plano formal, si no va acompañada de la plena incorporación de los sectores marginados o en situación de pobreza en su ejercicio. Democracia y pobreza no son compatibles. Por tanto, un esfuerzo productivo orientado en esa dirección contribuye a afianzar las anteriores capacidades.

Capacidad productiva.

Cuando hablamos de “capacidad nacional” podría entenderse que estamos proponiendo un regreso a los esquemas de “independencia y soberanía económica” que surgieron paralelos a las doctrinas económicas que orientaron los comienzos de la industrialización venezolana, el proteccionismo y la sustitución de importaciones. Nada mas lejos de la realidad actual. Venezuela posee un sin número de ventajas comparativas y competitivas[3] basadas, unas en sus recursos naturales y otras en la creación de ellas, tales que pueden permitir razonablemente consolidar su capacidad productiva.

Ahora que el petróleo no parece ser quien protagonice el crecimiento económico y el Estado pierda un peso equivalente, hay una excelente oportunidad para que la producción, primero se independice tanto como sea posible de aquellos y, segundo, se cimente en el desarrollo de sus propias fuerzas y lo haga fundamentándose en reglas de mercado y en el protagonismo del sector privado venezolano. Venezuela debe pasar del modelo mercantilista que la guio en los últimos aňos a una moderna economía de mercado, integrada externamente y bajo los criterios, las experiencias y actualizaciones teorías y prácticas que el mundo experimenta hoy día.

Si a esa capacidad productiva se le incluyen reglas del juego que modifiquen sustancialmente componentes tradicionales de distribución del ingreso y de la propiedad, entonces sus promotores deben propiciar una nueva alianza entre el capital y el trabajo que al colocar el tema de la pobreza como una alta prioridad para los productores. Si, además, el talento, el conocimiento y la educación deben ser articulados en esta dirección para completar la ecuación productiva. Un último componente cierra este circuito virtuoso: las capacidades regionales y locales.

Capacidades regionales y locales.

Venezuela tiene que volcarse completamente hacia adentro, cerrar el capítulo centralizador y estimular agresivamente el desarrollo de sus regiones y localidades que concuerdan con sus vocaciones económicas. Esta tiene que ser la “columna vertebral” de la capacidad productiva. No se trata, de nuevo, de regresar al modelo “desarrollo hacia adentro”, marcado por el proteccionismo, el populismo y el dirigismo estatal. La coincidencia con las ventajas competitivas que tiene cada región o cada localidad debe garantizar que sean actividades productivas auto suficientes, rentables y sostenibles.

Finalmente, la construcción de una sinergia entre las capacidades institucionales, cívicas, productivas, regionales y locales permitiría que Venezuela construya una capacidad nacional que la aleje del modelo de dependencia del petróleo y de los avatares internacionales que mantuvo a lo largo del tiempo. Venezuela podría convertirse en un como muchos, en un país normal donde las capacidades internas amortigüen perversas influencias internacionales.

[1] Llamo Sociedad Civil Organizada a todas aquellas instituciones que se han constituido formal o informalmente y que tienen la propiedad de ser representativas de sus respectivos miembros. Excluyo expresamente a los partidos políticos como miembros natos de ella, para hacer transparente la definición de sus capacidades propias.

[2] Entendidos por aquellos atinentes a su rol: salarios – trabajadores, libre empresa – empresarios, agricultores, industriales, gremios profesionales, etc., etc.

[3] Hablamos de energía barata, alúmina, turismo, agroindustria, metalurgia, derivados de petróleo y aquellas derivadas de una basta experiencia industrial como lo desarrollado en la zona central del país.

 5 min


​José E. Rodríguez Rojas

Después de un largo y accidentado periodo de edición, acaba de ser publicada la obra “Los rostros de la ausencia”, del Prof. German Pacheco Troconis, la cual compila los perfiles biográficos de 76 ingenieros agrónomos y profesionales de áreas afines, que hicieron posible el nacimiento de la carrera de agronomía en Venezuela y jugaron un papel relevante en la construcción de la Facultad de Agronomía de la UCV. La obra es una edición conjunta de la Academia Nacional de la Ingeniera y el Habitat y de la Revista de la Facultad de Agronomía de la UCV.

Pacheco Troconis es egresado de la Facultad de Agronomía de la UCV (Fagro UCV), donde también obtuvo un magister en Desarrollo Rural. Posteriormente ingresó como docente e investigador a esta institución En condición de tal llevó a cabo sus estudios de doctorado en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la especialidad de Historia Económica. Desde hace varios años es profesor jubilado y se ha mantenido activo en las actividades de investigación en el área de historia de la agricultura venezolana, en la cual se ha centrado en el tema de la educación agrícola superior.

Señala la Dra. Yajaira Freites, del Centro de Estudios de la Ciencia del IVIC, que Pacheco Troconis ha laborado desde hace varias décadas en la historia institucional de la agronomía venezolana, lo que ha dado lugar a varios trabajos que han dado a conocer cómo la misma se ha establecido en la sociedad venezolana. La Dra. Freites, en el prólogo a la obra, define la agronomía como una interdisciplina, que los biografiados contribuyeron a crear en el periodo inmediatamente posterior a la muerte del general Juan Vicente Gómez. Esta interdisciplina cubre botánica, fisiología, microbiología, química, genética, economía, política agraria, documentación, entre otros, porque la actividad agrícola en un asunto complejo y esa multidimencionalidad es lo que está presente en estos Rostros de la ausencia que Pacheco Troconis rescata de los archivos de las instituciones relacionadas con el agro.

El autor señala que la obra busca rendir un reconocimiento a los ingenieros agrónomos y profesionales de áreas afines, ya desaparecidos, que hicieron posible el nacimiento de la carrera de agronomía en Venezuela y jugaron un papel relevante en la construcción de la Facultad de Agronomía de la UCV, primera institución de su tipo en el país. Los perfiles biográficos que se presentan son un testimonio de este reconocimiento, para dar a conocer los nombres y afanes acerados de los pioneros y constructores de la carrera de agronomía de la UCV y rescatar su memoria del olvido. Enfatiza Pacheco Troconis que visibilizar estos rostros de la ausencia, estos profesionales que en el ayer dejaron lo mejor de sí, de su vida profesional y personal para conformar nuestra institución y construir el perfil de la carrera, es tarea que apremia en la Venezuela de hoy, angustiada y ayuna de memoria.

La obra es el resultado de una investigación de largo aliento sobre la historia institucional de la agronomía venezolana. Dicha investigación se ha soportado en entrevistas a los creadores de Fagro UCV, que el autor llama “pioneros”, que todavía contaban con vida para el momento de la investigación. Incluyó también conversaciones con algunos discípulos y contó con la colaboración de los familiares de los ya desparecidos. Contempló una minuciosa investigación documental que implicó la búsqueda y consulta de documentos oficiales en los archivos de las instituciones relacionadas con el agro. Consulta de referencias bibliográficas, hemerográficas y digitales. Se nutrió además de información proveniente de otros trabajos del autor.

Señala el autor que para el desarrollo de la investigación existieron limitaciones para la obtención de información en los repositorios de las instituciones agrícolas, que han tenido a su cargo el proceso de institucionalización de las ciencias agrícolas y el desarrollo de nuestra agricultura. Este aspecto es enfatizado, en el prólogo, por la Dra. Freites quien destaca las limitaciones que enfrentó el autor al consultar los archivos de las diversas instituciones relacionadas con el agro, algunas de ellas extintas cuyos registros corren el riesgo de desaparecer debido a la moda política reciente de rebautizar, desmembrar o arrejuntar oficinas y entes del Estado.

Finalmente el autor señala las particularidades que caracterizan el inicio de los estudios de agronomía en un país petrolero como Venezuela. Destaca que los estudios de agronomía surgen en los países agrarios, como los del cono sur respondiendo a las presiones de los agricultores. En contraste, en un país petrolero como Venezuela acostumbrado a importar lo que come, los estudios de agronomía surgen como parte de los planes de modernización, en los años inmediatamente posteriores a Gómez impulsados por una elite ilustrada de la cual formaban parte Alberto Adriani , Diógenes Escalante y Caracciolo Parra Pérez, quienes expusieron la necesidad de formar una elite técnica capaz de afrontar los retos que la modernización del agro planteaba. En este entorno se inscribió la creación en 1937 de la Escuela Suprior de Agricultura y Zootecnia que luego, una década después, se transformaría en la Facultad de Agronomía de la UCV. En el momento que se planteó la creación de la Fagro UCV la nueva institución se nutrió de un grupo de extranjeros que vinieron con su equipaje de conocimientos, libros e instrumentos; a estos se unirían los pocos agrónomos nativos graduados en el exterior y las germinales promociones de la Escuela Superior de Agricultura y Zootecnia.

La obra comentada puede ser consultada en su versión electrónica en internet, en la página web de la Facultad de Agronomía de la UCV. Al abrir la página, en el lado izquierdo de la misma aparece un menú de opciones en el cual hay que seleccionar “Biblioteca”, luego “Publicaciones” y “libros publicados”, lo que dirigirá al interesado a acceder a la obra en cuestión.

Profesor UCV

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Américo Martín

Si los filósofos y enciclopedistas fundaron un todo compacto, sin el cual no habría sido posible el descomunal esfuerzo de tomar la gran fortaleza de la Bastilla, quizá tampoco habrían sido decapitados reyes y príncipes de la monarquía ni se hablaría de ese extraordinario acontecimiento histórico-social que fue la Revolución Francesa. Aunque tal revolución goza de un merecido prestigio por su enorme impacto en el orden cultural y de las ideas, no puede admitirse que sus crudos excesos deban ser absueltos por sus grandes aciertos.

Con errores tan cruentos y aciertos más imaginarios que verdaderos, muchas otras revoluciones son tenidas hoy con toda razón como modelos extremadamente bárbaros y salvajes, pese a que durante largo tiempo se mostraban al mundo cual ejemplos vivos de la más alta expresión civilizada, dejando atrás las que han preservado esencialmente su profundo significado científico y humanista.

Afortunadamente la opinión mundial ha ido virando hacia la objetividad crítica, y arrancando de las pezuñas del dogma y de las tinieblas extremistas tanta basura revolucionaria a la que vemos perder diariamente inmerecidos galardones.

El caso es que, primero con lenta parsimonia, y ahora abriéndose paso allí, donde los maximalistas nacidos para desentonar tratan de bloquear aperturas y de descalificarlas, invocando gracias de leyendas y dogmas revolucionarios como si el oscuro pasado fuera inmodificable, y como si las más notorias de aquellas gracias no hubieran podido sobrevivir sino como sorprendentes desgracias.

Pero, volvamos a la peligrosa situación que envuelve a nuestra amada Venezuela, a la que se pretende convencer de que vive también su propia revolución. Para aprovecharse de algún modo del maximalismo socialista, cuando menos de las posiciones y votos que les corresponden como miembros de la comunidad internacional, pretendieron consagrar para Venezuela esa condición, como si semejante cementerio ideológico conservara vestigios de la notoriedad que alguna vez ostentó, pero que en gran medida también ha perdido. No obstante, en principio solo muy pocas naciones estarían dispuestas a enredarse en estrechas luchas ideológicas que dan para todo.

Los que creyeron encontrar un tesoro de posibilidades escarbando en tales arenas fueron en general los paramilitares colombianos, incluidos los seguidores de la familia Castaño, el ELN y las FARC que, después de haber sido la primera de las insurgencias, se atomizó en tres o cuatro pedazos y hoy vuelve a la carga aprovechando –me atrevo a creer– la audacia combatiente de Hugo Chávez, dispuesto a ganar la simpatía de los irregulares dondequiera se ubicaran.

No era menester ser un mago de la política para comprender que aquello terminaría muy mal. Y, en efecto, humildes soldados venezolanos fueron secuestrados y desarmados por un fragmento de las FARC que desde hace tiempo ha sabido sacarle provecho a las proclamas de Chávez.

Combates entre las FANB de Venezuela y la antigua organización dirigida por Marulanda, quien llegó a disponer de más de 20.000 hombres perfectamente organizados, armados y desplegados, pues sus miras llegaron a ser ni más ni menos que la toma del poder, tal como ocurriera en Cuba con Fidel y en Nicaragua sandinista con Daniel Ortega. Obviamente carecen de la fuerza y el prestigio que alguna vez tuvieron, pero su vocación los tiene sentados en el mando, así sea para que los dejen quietos.

El proceso interno del chavismo y madurismo, en paralelo con la influencia del paramilitarismo vecino, han puesto a pensar con mucha seriedad en lo que pasa y puede seguir pasando, tanto en Miraflores como en los mandos militares bolivarianos y en el PSUV. La cúpula madurista está insinuando aperturas que sería necio desestimar. Las señales de la otra parte deben ser escuchadas y respondidas con buenas señales. Por elemental ley de la vida, si todos sabemos que la tragedia del país nos daña por igual a unos y otros, sería desquiciado desaprovechar tal momento y en lugar de intercambiar razones útiles arrojarse insultos y malsanos epítetos inútiles.

El acuerdo postulado por Guaidó está ornado de trascendencia, al punto de recibir el nombre ilustre de Acuerdo para la Salvación Nacional.

El hecho es que las posiciones ya se han movido y se dice que nuevos contactos se han producido, y eso no puede sernos indiferente. Dos connotados y competentes opositores, de los cinco integrantes del Consejo Nacional Electoral, forman parte de la directiva comicial, el reconocido técnico Roberto Picón y el experimentado analista político Enrique Márquez.

Juan Guaidó ha dado un muy importante paso al proponer una negociación entre la oposición, el gobierno de Maduro y la poderosa y generosa comunidad internacional, inclinada como el que más a la salida electoral, libre, transparente y viable.

Por lo que me han hecho saber, a Maduro le preocupan las sanciones. Guaidó relaciona elecciones y sanciones. La negociación garantiza esas elecciones y, también, el levantamiento de todas las sanciones.

Me asegura otro buen amigo que Maduro teme perder y quizá crea que sus adversarios nunca cumplirán sus promesas. Olvida que el arma electoral es de dos filos, como La Tizona del Cid Campeador. Se gana, se pierde. La costumbre electoral estabiliza los cambios y las permanencias, de modo que a largo plazo ganan todos.

Twitter: @AmericoMartin

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Carlos Raúl Hernández

Toda reforma tributaria es desagradable y los gobiernos sensatos las despliegan solo después de amplia búsqueda de consensos para hacerles ambiente. Con argumentos técnicos a favor y contra aspectos “puntuales”, la colombiana era, es necesaria y estaba bien concebida. Entre otras, establecía un considerable fondo para atender la pobreza y no creamos que el proyecto de reforma es causa el motín popular en Colombia, pero si coartada perfecta.
Lo que determina estallidos colectivos, riots, no son los malestares sociales o económicos, sino su torpe manejo político-policial. Eso lo saben los que deben, e infiltran las marchas con minorías violentas para provocar locura represiva. Pero destreza, jefatura y sentido táctico-estratégico moderan peligros del sistema, como Rómulo Betancourt entre 1959-1964, y asombra el genio de Duque para no sosegarlos sino exacerbarlos y auto desestabilizarse.

Lejos del infierno económico que pinta la izquierda, Colombia más bien, desde las reformas de Álvaro Uribe (2002- 2010) tuvo crecimiento económico estable, baja inflación (apenas 1.6% en 2020) y desempleo no tan alto. Además, expulsó la guerrilla a las fronteras y luego Juan Manuel Santos la incorporó al proceso democrático. Eso contribuye a que Iván Duque gane las elecciones de 2019 con 53% de los votos, pero con él se acaba la sanación.

El paraíso perdido
Era la continuidad del sistema político, porque tanto el nuevo presidente, como el anterior (aunque Santos se emancipó) estaban asociados a Uribe. La izquierda marca record histórico con 43% de Gustavo Petro dentro de la estabilidad democrática. Duque convirtió en dos años ese ambiente en una olla de presión, en guerrilla de nuevo a la izquierda revolucionaria, y polariza a la sociedad entre uribismo y petrismo. “Mano dura” fue su promesa y mano dura recibe.
Se empeña en perseguir a FARC legalizada y deja que los paramilitares asesinen sistemáticamente a los pacificados, conocidos como “dirigentes sociales” (151 muertes en 2019 y 251 en 2020). No impide baños de sangre en las zonas rurales, 36 masacres con 133 muertes en 2019, y 76 con 292 muertes en 2020. El clima sanguinario y de pánico fortalece al ELN, rearma ex pacificados, y proliferan nuevas pandillas narcoterroristas.
La base política de Duque se encoge y un amplio espectro desde demócratas hasta guerrilleros, se desplaza a Petro, eje de una gran alianza de izquierda y no sabemos qué traerá a Colombia. Duque hostiliza al gobierno venezolano, desde su país promueven invasiones y hoy financian disidencias guerrilleras como foco de una eventual Contra en la frontera. Activistas venezolanos en el exilio asumieron su responsabilidad en esto “para crear el caos” junto con factores de poder en Colombia.
El crecimiento económico se derrumbó con la pandemia, el desempleo subió a 16% y no hay como cubrir el déficit fiscal. La Reforma Tributaria era para pagar gastos sanitarios. En su impericia Duque la presenta en el peor momento imaginable, con fallidos esfuerzos para ganar aliados y pone en bandeja de porcelana los argumentos del discurso demagógico para las turbas. Por si no bastara, la represión salvaje al paro produce 45 muertes según NY. El caos interno podría desinflar la contra fronteriza.

Hierro y yerro
Denuncian “la mano el gobierno venezolano” en los conflictos y… ¿después de lo ocurrido en la frontera cabría pensar que este se cruzaría de brazos? Me cuesta creerlo. Es común que en batalla la primera baja sea la verdad, aunque los corresponsales de guerra se juegan la vida para que esto no se cumpla. Por desventura, la polarización en Venezuela ametralló no solo la verdad, sino que formó políticos carentes de raíces nacionales.
Se extinguió el más elemental patriotismo en quienes no distinguen nación de gobierno, ni integridad territorial y vida de la gente, de sus intereses financieros. Frente a un asalto al territorio por irregulares colombianos, desatan una ofensiva de descrédito contra las Fuerzas Armadas, que en última instancia son los muchachos que mueren en la frontera para defendernos. Reaccionan contra su país y la FF. AA, y acusan a estas de que solo terciaban un pleito entre narcotraficantes.
Como eso no funcionó inventaron la violación masiva de derechos humanos y el novelesco asesinato de una familia de nueve miembros a la que nuestros militares supuestamente luego vistieron de guerrilleros, los habituales falsos positivos precisamente del ejército colombiano. Ningún medio de comunicación respetable publicó semejante invento, y languideció porque era simple fake creado en el conocido laboratorio venezolano bogotano.
Luego pasaron a otra etapa descabellada: “que en la frontera usaban a los soldados como carne de cañón”. Los militares existen precisamente para defendernos de agresiones extranjeras. Si un país no moviliza a su ejército… ¿a quién envía? … ¿a las congregaciones religiosas, a los colegios, a los gremios profesionales o a los condominios?
@CarlosRaulHer

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Antonio R. Rubio Plo

Napoleón sigue siendo uno de los grandes protagonistas de la Historia, doscientos años después de su muerte el 5 de mayo de 1821. El mundo de campañas militares y batallas decisivas que él contribuyó a forjar no goza hoy del mismo entusiasmo que en otras épocas, pero sus ideas estratégicas siguen siendo estudiadas no solo en las academias militares sino también entre los analistas de estrategias económicas. Incluso en la propia Francia voces como la del exministro de Asuntos Exteriores, Hubert Védrine, se levantan para decir que es un aniversario para conmemorar, aunque no para celebrar. Es muy posible que los totalitarismos del siglo XX hayan contribuido a minar el prestigio de Napoleón en su propio país. De hecho, en los años de la Segunda Guerra Mundial, bajo la ocupación alemana, se difundió en Francia Del espíritu de conquista y usurpación de Benjamin Constant, una crítica al régimen napoleónico que hacía pensar inevitablemente en las conquistas militares de los sistemas totalitarios. Se olvidaba, sin embargo, que incluso el liberal Constant puso sus esperanzas en el Napoleón que regresó de la isla de Elba, aunque solo fue por cien días, y redactó para él una especie de “constitución” bajo el nombre de Acta Adicional a las Constituciones del Imperio. Pero en Francia no se ha olvidado a Napoleón Bonaparte. Hay quien lo ha descubierto bajo los rasgos del joven presidente Emmanuel Macron, aunque en realidad no hay un solo jefe de estado de la presidencialista Quinta República en el que no pudiéramos descubrir rasgos napoleónicos.

Con las frases atribuidas a Napoleón hay que tener mucho cuidado, pues no se tiene una certeza plena de su veracidad, aunque lo mismo sucede con otros grandes personajes de la Historia. En algunas le podemos dar la razón, aunque otras serían cuestionables.

“Un estado hace la política de su geografía”

La existencia de Napoleón no puede concebirse sin un mapa de Europa. Es un grande de la geopolítica, el que sienta las bases de una geopolítica de Francia, mucho más ambiciosa que la de los monarcas absolutistas, interesados casi exclusivamente en Europa occidental y el Mediterráneo. Napoleón no solo quiere para Francia unas fronteras seguras, y ciertamente el afán por la seguridad le lleva a ampliarlas, sino que también busca doblegar a Austria, el gran Imperio de Europa Central, a la emergente Prusia y al Imperio de los zares rusos. Desde Napoleón, Francia ha mirado hacia el este y centro de Europa, con desiguales resultados. Ha desarrollado asociaciones estratégicas con Polonia y con todas las naciones centroeuropeas que se fueron desgajando del Imperio austrohúngaro, pero a la vez ha buscado el entendimiento con Rusia. De hecho, lo consiguió a finales del siglo XIX con el zar Alejandro III, si bien la revolución leninista frustró esa alianza. Con todo, el pragmático De Gaulle no dudó en aproximarse a Stalin en 1944 en un intento de constituir un equilibrio ante la nueva hegemonía de las potencias anglosajonas. Y en la actualidad, Macron defiende, pese a las circunstancias adversas, un acercamiento de Europa a Rusia para contrarrestar la asociación estratégica de Moscú y Pekín. En tiempos de Napoleón reinaba un zar admirador de la cultura francesa, Alejandro I, si bien eso no impidió la desastrosa campaña de Rusia, en la que la estrategia de ganar una batalla decisiva demostró ser inútil. Por lo demás, la Rusia de Putin no quiere ser europea, aunque quiera hacer negocios de suministro de energía con los europeos. Para los rusos el 9 de mayo no es el día de Europa, tal y como se conmemora en Bruselas en homenaje a la Declaración Schuman. Por el contrario, para Moscú el 9 de mayo es el día de la victoria sobre el régimen hitleriano. Las relaciones franco-rusas siempre resultarán complejas y se verán con recelo por los vecinos europeos de Rusia, socios de Francia en Europa.

“Quiero conquistar el mar con el poder de la tierra”

Gran Bretaña fue el principal enemigo y una obsesión de Napoleón. Sin embargo, Londres no apeló en las guerras de este período a argumentos ideológicos, basados en la existencia de una monarquía parlamentaria, sino a la ruptura del equilibrio del continente europeo por la potencia hegemónica francesa. Frente a un enemigo que dominaba los mares, Napoleón tenía que utilizar una estrategia de aproximación indirecta, mucho antes de que hablara de ella el capitán Basil Henry Liddell Hart en el siglo XX. Con su campaña de Egipto pretendió dar un golpe mortal al comercio británico en su ruta hacia la India. Pero los británicos le ganaron en el mar en la batalla de Abukir (1798), y más tarde en la de Trafalgar (1805). La invasión de las islas británicas resultaba imposible en tales circunstancias, y en 1807 el emperador decretó un bloqueo comercial continental para perjudicar nuevamente los intereses de Gran Bretaña. Sin embargo, tal y como ha sucedido con otros bloqueos y embargos posteriores, Napoleón fracasó porque no todos los países respetaron la medida. Es otro ejemplo de que las sanciones económicas suelen tener un efecto limitado y muchas veces perjudican más a quien las establece o las secunda que al país afectado. Las guerras con la Francia napoleónica reafirmaron a los británicos en la convicción de que lo que pasara en el continente podía repercutir en su propia seguridad y estabilidad. Paradójicamente sirvieron para “ligar” a Gran Bretaña más a Europa, tal y como demostraría el sistema del Congreso de Viena y la participación en las dos guerras mundiales. Pero, de momento, el Brexit parece haber revertido esta tendencia y ha alimentado otra imagen: la de una Gran Bretaña global y en buena medida extraeuropea.

“El mejor soldado no es el que combate sino el que avanza”

Napoleón estaba acostumbrado al avance arrollador de su ejército que solía ir acompañado de una batalla decisiva para la derrota definitiva del enemigo. En cierto modo, su estrategia es un antecedente de la “guerra relámpago”, que marcó los inicios de la Segunda Guerra Mundial. La lista de sus victorias responde a esta dinámica: Marengo, Ulm, Austerlitz, Jena, Eylau, Friedland… Sin embargo, el avance en Rusia, durante la campaña de 1812, no fue el presagio de una victoria. El espacio, el clima y la determinación del mariscal Mijaíl Kutuzov, que evitó presentar a Napoleón batalla en campo abierto, frustraron el avance y la posibilidad de un combate decisivo. La batalla de Borodino, la única excepción, causó grandes pérdidas en ambos bandos, y la toma de Moscú no sirvió de nada a los franceses. Napoleón fue derrotado por su desconocimiento de Rusia, de su historia, de su geografía y de sus gentes. Sigue siendo verdad, hoy más que nunca, la famosa cita de Churchill: “Rusia es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. George Kennan, con su “telegrama largo”, acertó a comprenderla un poco, algo que no conseguirían otros sovietólogos. Pero muchos políticos y analistas de la Posguerra Fría siguieron sin comprenderla. Acostumbrados al bastante previsible Boris Yeltsin, quedaron desconcertados con el imprevisible Vladimir Putin.

“Cuando China despierte, el mundo temblará”

No se ponen de acuerdo los historiadores sobre cuándo dijo Napoleón esta frase. Algunos creen que fue en 1803 con la contemplación de un mapa del mundo, pero la mayoría la sitúan en su destierro de Santa Elena en 1816. Al parecer, Napoleón había leído el relato de una embajada británica que intentó en vano convencer al emperador chino de abrir las puertas de su país al comercio. En cambio, el historiador Jean Tulard sugiere que la frase se debe a la imaginación de uno de los guionistas del filme 55 días en Pekín (1963), ambientado durante el asedio del barrio diplomático en el verano de 1900. Con todo, en 1973 el exministro gaullista, Alain Peyrefitte, utilizó la citada frase para dar título a un libro que relataba su viaje a la China de Mao. Sin embargo, Napoleón no parece haber ideado una frase premonitoria sobre el futuro de China. Quizás solo fuera un tópico comentario de que las invasiones de Europa procedieron principalmente del continente asiático, una advertencia sobre lo que a principios del siglo XX algunos llamaron el “peligro amarillo”. Napoleón no estaba demasiado interesado por Asia ni tampoco por América, pues vendió a Estados Unidos la Luisiana en 1803 y no mostró interés en recuperar los territorios franceses en Canadá. Para el emperador, el mundo se reducía a Europa, pero dos potencias de la periferia continental, Gran Bretaña y Rusia, echaron abajo su sueño europeo. Son precisamente los dos países que hoy tienen un encaje más problemático con Europa.

14 de mayo 2021

Elcano

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