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Opinión

He venido alentando una discusión sobre la vía electoral que, en lo posible, deje atrás los lugares comunes, los argumentos efectistas y las posiciones tomadas, consciente de que esta última propuesta, lo de dejar atrás las posiciones tomadas, es no solo imposible, sino que es lastimosa y paradójicamente una propuesta inútil.

Y digo inútil, porque sobre el tema ya las posiciones están tomadas y cada quien defiende y afina sus argumentos, no para convencer a los que tienen una posición diferente, sino para –ese es mi caso, ya lo dije– “la reflexión del ciudadano común, ese que está confundido, desalentado por años de predica inclemente en contra de la vía electoral y en contra del voto como instrumento, pero que no se quiere entregar ni rendir ante el régimen, que quiere participar con alguna opción que le permita manifestarse y a la vez continuar su vida, que no la tiene nada fácil.” (https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2020/01/25/discutamos-la-via-electoral/)

Aun cuando de manera abierta o soterrada se intensifica la discusión sobre el tema electoral, es evidente que, frente al mismo, cada quien parece tener una posición mineralizada, irreductible e inamovible. Nadie va a convencer al otro que tenga una posición distinta. Por eso, reitero, los argumentos, al menos de mi parte, no son para convencer a quien tenga una posición diferente, ya tomada, sino en todo caso, para afinar los argumentos propios frente a terceros y proporcionarle elementos de reflexión al ciudadano común.

Pero, en cualquier caso la discusión está planteada, los argumentos están expuestos y las estrategias se afinan cuidadosamente; y así, en materia de objetivos, el régimen se plantea claramente la opción de convocar únicamente elecciones parlamentarias, previstas para este año, posiblemente adelantarlas a su conveniencia, para apoderarse de la Asamblea Nacional, única institución democrática que no controla, aun cuando la desconozca, la tenga sojuzgada, perseguidos sus diputados y privada de recursos; pero la “necesita” para validar tratos y contratos con sus socios internacionales y –sobre todo– para quitarle a la oposición esa poderosa bandera de ser la única institución venezolana reconocida como legitima por la comunidad internacional.

Para lograr este objetivo, despliega su estrategia usual de aplastar y dividir a la oposición, manteniendo inhabilitados a sus partidos y líderes, comprando conciencias y diputados y sobre todo con la intimidación; desde la amenaza y persecución abierta de sus adversarios, hasta armas más sutiles, como declaraciones de sus partidarios sobre posibles guerras civiles y particularmente con la desmoralización de la oposición sembrando dudas, calumnias y sobre todo desalentando la opción electoral y alentando la abstención. El régimen sabe bien que es un punto sensible para millones de opositores eso de ir a una adelantada elección, solamente parlamentaria, y con un CNE “nuevo”, pero designado por su TSJ; y el régimen se prepara cuidadosamente para dar ese paso.

En ese juego de la desmoralización, el desaliento y el sutil –y a veces no tanto– llamado a la abstención, cuenta con el apoyo de sus cómplices de la Mesa de Diálogo –o “mesita de diálogo”– y los corruptos “diputados tránsfugas”, como recientemente los llamara Plinio Apuleyo Mendoza. Sus socios en la Mesa de Diálogo han apoyado la realización únicamente de elecciones parlamentarias –sus voceros incluso anuncian el posible adelanto de las mismas–, le han puesto en bandeja de plata la designación de un CNE por el TSJ y se aprestan gustosos para servirles de comparsa electoral.

En materia de estrategia opositora, estoy consciente de que quienes critican a quienes planteamos la vía electoral –habiendo aclarado que no es cualquier vía electoral o en cualquier condición, sino una posición política unitaria– esgrimen el argumento de que es una utopía pensar que un régimen que se ha adueñado del país por la fuerza de las armas, que tiene secuestradas sus instituciones –excepto, todavía, la AN– que ha convertido el país en un punto de tránsito al narcotráfico y el terrorismo internacional, que ha saqueado la riqueza del país y destruido su industria, que vaya a entregar por las “buenas”, por un resultado electoral desfavorable, toda esa riqueza y poder que ha acumulado. Sí, ciertamente visto así, suena utópico plantearse la vía electoral.

Pero en la historia, todas las grandes transformaciones y revoluciones han sido el producto de un esfuerzo que al principio luce desproporcionado y utópico; y en todo caso, tenemos experiencias históricas recientes de que hay fisuras, intersticios en un sistema que luce monolítico y que le han permitido a la oposición venezolana ganar referendos, arrebatar espacios –gobernaciones, alcaldías, etc. – y sobre todo instituciones importantes como la AN.

Pero es también cierto que algunos de quienes rechazan la vía electoral no solo niegan la participación electoral, sino que hablan de modo general y vago de una solución o salida de “fuerza”, sin que esté muy claro a que se refieren con eso y por eso dan pie a que muchos piensen en una intervención externa, militar o no; o hablan de una acción “quirúrgica”, sin tampoco precisar a qué se refieren con ese término.

Está claro, al menos para mí, que algunos de los que emplean esos términos, en realidad lo hacen porque eso no tiene ninguna consecuencia política adversa; no hay problema en decirlo, ese lenguaje tremendista, disfrazado de radical, es “elegante”, “viste”, hasta queda bien, no se paga ningún precio político por decir esas cosas; como si se paga un precio y se expone al escarnio y burla quien plantea la vía electoral; sobre todo dado el alto grado de escepticismo y desesperanza que se ha sembrado en gran parte de la población por el insistente bombardeo al que ha estado sometida con propuestas de abstención, leyendas sobre trampas electrónicas y consignas como “dictadura no sale con votos”.

Pero si la vía electoral, como política unitaria que proponemos, según los que la critican, es una utopía, no son menos utópicos, fantasiosos e irrealistas los que hablan o sueñan con una intervención externa, sea militar o no. Y no son menos fantasiosas, utópicas e irrealistas algunas otras propuestas que por allí circulan. No solo es ilusoria una intervención externa, una invasión militar, es también una ilusión similar, igualmente utópica y fantasiosa lo que otros proponen de transformar el país de hoy día, creando nuevos valores, una nueva ética, a partir de la “educación” y las instituciones educativas, sin aclarar cuantos años, lustros, décadas o centurias tomaría esto. U otros que plantean una suerte de “negociación” para que el gobierno “entre en razón” y deje de ser lo que es, un gobierno socialista, ramplón, ineficiente, corrupto y oprobioso y se convierta en la negación de sí mismo, una especie de gobierno neo liberal, capitalista, que privatice empresas, convierta deuda en capital, y modifique su esquema económico sobre el país. Y así surgen todo tipo de fantasías, porque en definitiva el papel aguanta todo.

En este orden de ideas, si a los que proponemos la vía electoral se nos acusa de olvidar y no tomar en cuenta el poderío del régimen que nos sojuzga, los que plantean esas otras vías sufren del mismo mal. De igual manera, no puedo dejar de mencionar que al pedir y luchar por condiciones electorales adecuadas no podemos perder la perspectiva y ser igualmente utópicos poniendo la vara muy alta, elaborando un listado de condiciones que obviamente no vayamos a poder alcanzar, por no estar en condiciones de presionar para lograrlas. Creando grandes e incumplibles expectativas desalentaríamos la participación y podríamos frustrar una vez más la posibilidad de propinarle una derrota electoral al régimen.

Desde luego no basta participar en el proceso, cubrir una gran proporción de mesas electorales, lograr observación internacional; es preciso contar, sí, con el apoyo internacional, pero también es preciso que sea una posición unitaria, que se organice a los partidos y sobre todo al pueblo opositor, para que esté listo y tenga los instrumentos para defender ese triunfo, con plena conciencia del riesgo personal que corre en ello y con la clara intención de que un triunfo electoral, aplastante, puede remover los cimientos de la alianza del régimen y producir la fractura del estamento militar y de fuerza que lo sostiene, como ocurrió en Bolivia recientemente.

Pero es mucho lo que aún tenemos que discutir y largo el camino por recorrer.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 6 min


La gira internacional de Juan Guaidó es evidentemente importante y positiva para su imagen interna y externa, en momentos en el que el tiempo sin lograr el objetivo central de su lucha, que no es otro que el cambio político, debilitaba su relación con las masas y el protagonismo político, fundamental para el líder principal de la oposición. Así mismo, su encuentro cara a cara con los principales jefes de Estado y representantes de los países aliados a la lucha opositora, parece fundamental para la consolidación de las alianzas políticas y económicas, claves para su lucha.

Ahora viene, sin embargo, el reto más difícil: regresar a Venezuela con algo distinto a lo que había justo antes de empezar esta nueva historia, que le permita convertir las esperanzas en realidad. De lo contrario, esta nueva épica de defensa de los derechos políticos y la democracia liberal en Venezuela, terminaría en el mismo punto donde estaba: con el mismo símbolo de lucha, que se desgastaba, las mismas declaraciones diplomáticas, que llenaban medios y redes sociales, sin ningún impacto real, y unas sanciones generales, económicas y financieras que han tenido la misma efectividad que en la mayoría de los países donde han sido aplicadas en el pasado: ninguna.
No cabe duda que la gira de Guaidó es buena, si termina pronto y regresa con un cambio efectivo, ya sea generando un gran poder de negociación nuevo (el objetivo más inteligente pero más difícil) o para plantear una real lucha sin cuartel por los derechos ciudadanos (que le ha sido claramente esquiva desde hace tiempo).
Prolongar la gira podría debilitar el impacto positivo que ha tenido. Y una vez en Venezuela (el único lugar donde tiene sentido y posibilidad real su lucha) su estrategia debe ser claramente distinta a la previa o tendrá el mismo resultado.
Hay dos predeterminados obvios en los escenarios 2020. El primero es que se realizarán elecciones parlamentarias, con o sin la participación de la oposición institucional. El segundo es que las condiciones electorales, con o sin participación opositora, no serán competitivas.
Y la única estrategia ganadora de la oposición es la unidad. El reto de Guaidó es lograr la unidad opositora institucional frente a las parlamentarias, para votar o abstenerse, da igual. Si un grupo relevante decide participar sin marco institucional opositor, sus probabilidades de triunfo son nulas pues el resultado estará marcado por la abstención. Al revés, si un grupo relevante decide abstenerse para invalidar el proceso electoral, mientras otros partidos y líderes deciden participar, el resultado será entregar el Parlamento al chavismo y perder la simbología de lucha opositora, sin nada a cambio, excepto su fractura.
Participar o no participar en las parlamentarias, que de todas maneras ocurrirán y no tendrán condiciones transparentes, es un dilema falso. El verdadero reto es buscar la decisión que tenga una estrategia de acción viable (y no sólo emocional) y permita unirse a su alrededor.
Guaidó será clave en la estrategia de unificación opositora frente a las parlamentarias. Y sólo puede hacerlo estando en Caracas, a donde debe regresar una vez terminada su gira, en breve. El escenario actual, incapaz de movilizar calle, ni lograr negociaciones, renuente a elecciones opacas y dependiente de apoyos internacionales que no logran promover cambios, sólo puede llevarte a donde te trajo. Si quieres algo distinto... tienes que cambiar algo.
La lucha política se debe dar en Venezuela. La comunidad internacional es relevante y útil, pero no sustituye el trabajo interno. Es el condimento, no el ingrediente principal. El mejor bistec tiene sal. Pero te puedes comer un bistec sin sal… lo que no puedes es comer la sal sin bistec.

luisvleon@gmail.com

https://www.eluniversal.com/el-universal/60870/reflexiones-sobre-la-gira

 2 min


Carlos Raúl Hernández

En 1930 el teniente coronel Luis Sánchez Cerro dio un golpe de Estado contra el Presidente Leguía de Perú. Un militar enérgico y con don de mando, se cabreó porque cada vez que daba una orden en el palacio de gobierno, alguno de los tinterillos le decía “eso no se puede comandante. Lo prohibe la Constitución”. Cuando finalmente se le saltaron los tapones, les gritó: “¡manden a buscar a la doña Constitución esa y me la afusilan aquí mismo!”.

Tenía razón Sánchez porque las constituciones modernas (y las clásicas) surgieron para impedir la concentración del poder en un hombre, la tiranía, hoy llamada dictadura (dictadura en el período clásico era otra cosa). Para Montesquieu solo la vigilancia paranoica entre tres poderes, garantiza los derechos fundamentales. Eso es la Constitución.
La evicción de Evo Morales y la peligrosa ruleta en Chile, estimulan discutir cómo surge y como funciona. Son derechos fundamentales, reglas del juego permanentes, para largo plazo, que normarán intereses contradictorios y no deben someterse a mayorías electorales, sino a consensos cualitativos sólidos entre las diversas fuerzas de la sociedad, como desarrolla John Rawls entre otros.
Por eso para tocarla, aprobar, enmendar o reformar la Constitución, se establece un complejo mecanismo de consultas que aseguren la invulnerabilidad del acuerdo. La Constitución francesa de 1791 aclaraba que ninguna persona, ni la propia Asamblea Constituyente, ni el rey y ni siquiera el pueblo, podían modificarla una vez firmada, sino el trabajoso mecanismo que ella misma establecía.
Doña legitimidad
Rawls explica que los derechos fundamentales, la vida, la libertad y la propiedad, no se someten a voto popular para preservarlos de demagogos carismáticos, Robespierre, Mussolini, Hitler, Perón o Fidel Castro, porque son la camisa de fuerza contra semejantes peligros. La venezolana de 1961 se aprobó por consenso de las organizaciones sociales, concejos municipales, legislaturas, partidos políticos y mayoría calificada en las dos cámaras del Congreso. Imposible una imposición.
Las constituciones definen la legitimidad del gobierno sobre dos principios: legitimidad de origen, que sea electo conforme ella lo pauta. Y legitimidad de ejercicio, que la acción de gobernar sea estrictamente apegada a sus normas (por eso es una barbaridad cuestionar la legitimidad de un gobierno por impopular). Pero cuando se aparta de la Constitución, se hace ilegítimo e instituciones y ciudadanos tienen el derecho-deber de deponerlo.
A Carlos Andrés Pérez injustamente se le aplicó esa cláusula en 1993 y nadie protestó. Evo Morales, por el contrario, dio varios golpes de Estado consecutivos. Viola la Constitución con un referéndum para intentar reelegirse contra ella, que además, pierde. Insiste y lanza su espuria candidatura y así vuelve a violarla. Otra vez derrotado, ordena detener el escrutinio al organismo electoral.
La izquierda y sus fans no se horrorizaron por nada de eso sino al contrario, reaccionan contra las instituciones a nombre de Evo. Con tosco cinismo o ignorancia, intelectuales, dirigentes revolucionarios y descolgados denuncian violación de protocolos procedimentales cuando la fuerza pública actuó para detener un crimen in fraganti. Y se hacen los holandeses con el principio universal de que el Estado debe actuar con diligencia para impedir un delito.
Venezolanizar Chile
“Se considera delito flagrante el que se estuviera cometiendo o se acabara de cometer cuando el delincuente sea sorprendido en el acto… (o) inmediatamente después…”. La ley autoriza no solo a los organismos de seguridad sino a los propios ciudadanos para impedir la transgresión. Es surrealista (o revolucionario que es parecido) que los policías esperen sentados que asesinen a un niño para luego actuar. Si no detienen a Morales, seguiría en su presidencia ilegítima.
Teólogos nada atraídos por la violencia, San Agustín, Francisco de Vittoria y Francisco Suárez, justifican el derrocamiento y hasta el magnicidio de los tiranos. Otro episodio de protagonistas desvergonzados y de las más grandes tragedias de nuestra historia ocurrió cuando la Corte Suprema de Justicia autorizó a Chávez para violar la Constitución y cambiar las reglas del juego por mayoría electoral.
Chile pudiera estar al borde de una estocada, precisamente el disparate llamado proceso constituyente, por debilidad del Presidente Piñera y necedades de pirómanos exhibicionistas que hablaban de dictadura sexual e incineraban laptop, DVDs y televisores de mil dólares. Pero un problema sustantivo es el alto costo de la Educación Superior, en todas partes uno de los bienes más caros, y que el país carece de recursos suficientes para financiar.
La propuesta de gratuidad educativa en el gobierno de Bachelet se cayó por inviable. Y a la izquierda solo se le ocurre quemar el metro. Tendrán que emprender una reforma para traer más inversiones extranjeras y realizar ajustes fiscales que no tienen nada que ver con la Constitución y menos con el antimperialismo. El plan de cambiarla, especialmente por el mecanismo aborrecible de convocar “una constituyente” no está pensada para resolver nada sino para venezolanizar Chile. Si Chávez, Evo y Correa lo lograron ¿por qué no los chilenos?

@CarlosRaulHer

https://www.eluniversal.com/el-universal/60742/me-la-afusilan

 3 min


Cándido Pérez

Un llanero del estado Guárico, Enrique Rojas, acicateado por la necesidad de sentir el aroma y el sabor de los ajíes dulces de Venezuela, trabajó varios años para lograr una semilla que resiste el clima de Madrid, y ahora puede ofrecer a los venezolanos del éxodo en toda Europa, este aliño que aporta el toque especial a las comidas de la tierra que dejaron atrás.

Las hallacas, el arroz, el asado, las caraotas y otros platos, para que resulten más sabrosos tienen un secreto a voces para los venezolanos: el ají dulce. Pero encontrar en Europa este fruto rojo brillante, con su particular aroma y sabor, resultaba tremendamente difícil. Hasta hace poco, hasta que entró en escena Enrique Rojas.

En las Islas Canarias, cuyo clima es muy similar al de Venezuela, ya se había logrado producir el ají, dice. Pero en la península Ibérica cultivarlo parecía casi imposible.

En la búsqueda de ese sabor único, papiloso, que recuerda a Venezuela, Enrique Rojas, quien se define como agricultor nato, enfrentó con paciencia y arduo trabajo en Móstoles, localidad de la Comunidad de Madrid, las pruebas de semillas, tiempo de crecimiento y producción, hasta conseguir el cultivo de unas 6.000 plantas, cuya cosecha vende a través de la página web, www.ajidulce.es .

“Soy la cuarta generación de una familia de agricultores”, refiere y le cuenta al diario ALnavío que, en San Juan de los Morros, capital del estado Guárico en los llanos del centro de Venezuela, tenía una finca, donde sembraba tabaco, luego tomates para la industria, cebollas, maíz, sorgo. “Allá nunca sembré ají de forma comercial”.

Arribó a España hace 14 años y luego de pasar por varios trabajos, como repartidor de pan, obrero de la construcción, jardinero, y ser despedido varias veces, “sin aviso y sin protesto”, se decidió a emprender en el sector de los servicios.

- Llegué a España en 2006, porque la cosa se puso mala en Venezuela y nos vimos obligados a vender los terrenos y las cositas que teníamos- señaló Enrique Rojas.

Su hijo José Enrique ya vivía en Madrid. Estudiaba informática. Luego migró él y más luego “pudimos traer a mi hija, Mary Carmen, y por último a mi señora, Idalmy Josefina Páez que era educadora y esperaba el momento para jubilarse”.

Con el núcleo familiar en España, los Rojas Páez tomaron la decisión de arrancar con su propia empresa de servicios de jardinería y crearon “Jardines Global Madrid”.

- Ofrecemos nuestros servicios de jardinería, mantenimiento, poda, poda de altura y también de cuidado de piscinas. Esa es nuestra empresa y con ella tenemos trabajo todo el año. Nos va bien. La producción de ají es una actividad adicional que se da sólo durante una temporada, verano-otoño.

Para Rojas y su gente, sembrar ajíes surgió de una necesidad del paladar, pues no se conformaba con unas hallacas sin el toque de sabor venezolano. La hallaca es el plato principal de la Navidad en Venezuela.

- En diciembre encontrábamos casi todos los ingredientes que usábamos en Venezuela para hacer nuestra comida navideña, pero nos faltaba algo, ese gusto que le da el ají. Empezamos sembrando para nosotros, en macetas.

Más adelante se encontró con que la necesidad familiar era común con la de otros venezolanos en toda España. Entonces se decidió por cultivar ajíes para vender. Cuenta que “trabajamos seis años, probando distintas formas de cultivo y creando las semillas, hasta que conseguimos una planta que se desarrolla bien en este suelo y que resiste el clima. Eso sí, el período de cosecha es breve, dura entre julio y noviembre, nada más”.

En 2018, los Rojas lograron cultivar y cosechar aproximadamente 200 plantas. En 2019 sembraron 6.000.

La producción promedio de una planta de ají dulce en clima tropical es de 250 gramos cada 21 días. Estima que el cultivo de Móstoles produjo entre 500 gramos y un kilo por planta en un periodo que comprende de 110 a 120 días de cosecha.

Para comercializar la cosecha, la experiencia de José Enrique Rojas, el hijo, fue fundamental. “Empezamos a vender por internet, al punto que ya tenemos pedidos de Portugal, Francia, Alemania y le vendemos también a alguien que embolsa y distribuye al detal”.

Enrique Rojas y su empresa ajicera atienden pedidos grandes de mercados y restaurantes en entregas directas en la zona de Madrid, mientras que los pedidos pequeños, que van desde uno hasta ocho kilogramos, se pueden hacer a través de la tienda on-line de la página web ajidulce.es, que no se limita sólo a la comercialización del ají crudo, también distribuye una pequeña producción de pasta de ají dulce y mermelada de este mismo fruto.

-Dimos un gran salto -comentó-: De unas 200 plantas a 6.000, estamos muy satisfechos, aunque hasta ahora no puedo contabilizar exactamente nuestra producción. Tenemos todavía un problema que resolver con el tiempo de cosecha, porque en clima caliente las matas viven dos años, pero aquí, por el invierno y el cambio de estaciones, duran sólo uno y eso nos obliga a sembrar nuevas plantas cada año.

Los Rojas tuvieron que hacer muchas pruebas durante seis años, hasta lograr en 2018 una cosecha pequeña, de 200 plantas, que les permitió comprobar que habían conseguido la semilla adaptada al suelo y al clima de Madrid. En 2019 cosecharon de 6.000 matas.

Por otro lado, deben abordar el problema del mercado, que tiene su mejor momento entre noviembre y diciembre, aunque el ají se utiliza en muchos otros platos tradicionales además de las hallacas.

El terreno de cultivo que utiliza Rojas ubicado en las afueras de Móstoles en la Comunidad de Madrid tiene cerca de 4.000 metros cuadrados, es regado por sistema de goteo y fue cedido por unos amigos españoles que también se dedican a la agricultura.

- Son, como yo, agricultores y entre nosotros, independientemente de la nacionalidad, existe una empatía especial, quizás por el amor a la tierra, el terreno es a consignación, con el compromiso de que, si crecemos y producimos suficiente, claro dividiremos las ganancias.

- ¿Toda la clientela es venezolana?

- La mayoría. A los españoles que le hemos ofrecido el ají, les encanta, incluso hace poco hice unos ajíes tempurizados y resultaron una delicia. Vamos poco a poco, analizamos el mercado, los clientes, las tendencias. Creemos que es cuestión de tiempo para que los españoles se conviertan en buenos consumidores de nuestro producto.

Miércoles 29 de enero de 2020

ALnavio

https://alnavio.com/noticia/20299/actualidad/aunque-usted-no-lo-crea-en-...

 5 min


Mariza Bafile

La democracia en el mundo pareciera estar profundamente enferma. Y nunca como en estos últimos años politólogos, economistas, sociólogos e internacionalistas han realizado estudios profundos para entender cuál es su enfermedad y cómo curarla.

En la hermosa estructura de Casa de América en Madrid, el sociólogo Tomás Páez ha presentado la segunda edición del libro Democracia y Autoritarismo en América Latinaa y Autoritarismo en América Latina (Kalathos ediciones 2019), recopilación de ensayos escritos por el mismo Páez y por Carlos Alberto Montaner, Alejandro Arratia, Trino Márquez, Gustavo Portillo, Carlos Raúl Hernández, Alejandro Oropeza, Leonardo Vivas. Lo acompañaron en la discusión, Manuel Alcántara, catedrático de la Universidad de Salamanca, Manuel Hidalgo Trenado, profesor de Política Comparada e Internacional de la Universidad Carlos III de Madrid y Erika Rodríguez, coordinadora del panel de América Latina de la Fundación Alternativas.

Los análisis que desarrollaron, la animada conversación que siguió con la participación del público, mostraron no solamente diferentes facetas de las fortalezas y debilidades de nuestras democracias sino la rapidez de su transformación y la dificultad, para los estudiosos, de fotografiar en sus páginas, esa actualidad cambiante.

Como dice el filósofo Daniel Innerarity en su último libro “Una teoría de la democracia compleja”, el problema de nuestras democracias consiste precisamente en la incapacidad de entender la complejidad que deriva de las transformaciones de las sociedades.

Por un lado, como muestra el último informe de Oxfam, se agravan problemas viejos como la desigualdad económica. Según el estudio de Oxfam actualmente hay 2153 milmillonarios quienes poseen más riqueza que el 60 por ciento de la población mundial. En América Latina y el Caribe el 83 por ciento de la concentración de la riqueza está en manos del 20 por ciento de la población. Paralelamente está aumentando la pobreza extrema. En 2019 el 10,7 de la población vivía en condiciones de pobreza extrema.

Son cifras que explican, en parte, el malestar de las poblaciones y las grandes manifestaciones que han llenado las calles de diferentes naciones durante el año pasado. Sin embargo, son mucho más numerosas y complejas las razones que están llevando a un auge cada día más preocupante de los autoritarismos. Imposible sería crear una línea única para explicar la rabia que expresan las poblaciones en los diferentes países. No son iguales las protestas que se desencadenaron en Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, de las que llenaron las calles de Hong Kong, o de América Latina. Y tampoco lo son entre los mismos países de América Latina.

Sin embargo, todas llevan a un igual debilitamiento de las democracias y a una creciente demanda de autoritarismo, de reducción de los poderes de las instituciones a favor de una única persona dispuesta a resolver problemas, sin importar su costo.

En los últimos años los investigadores de Latinobarómetro han mostrado el lento pero imparable deterioro de las democracias. Su último informe analiza 2018, un año que Latinobarómetro define “annus horribilis” por la gravedad de las cifras que muestran el altísimo índice de ciudadanos quienes perdieron la confianza en la democracia.

Como bien dice la investigadora Marta Lagos, Directora Fundadora de la Corporación Latinoabarómetro, en su análisis lúcido y exhaustivo “El fin de la tercera ola de democracias” que comenta los resultados del informe Latinobarómetro 2018: “En el mundo entero hay retrocesos de la libertad, la justicia, la equidad, en pueblos que habían logrado avanzar en ello”. Y hablando de América Latina subraya: “Ya no son los autoritarismos militares (que fracasaron con la llegada de la tercera ola democrática), sino que son nuevas formas de dominación autocrática, no siempre identificados como tales en el instante que éstas surgen.”.

Corrupción, narcotráfico, desigualdades son el caldo de cultivo en el cual germina el mal del autoritarismo, pero hay otros factores que no podemos dejar de considerar. Uno de los más importantes es la incapacidad de los gobiernos de dar la más mínima solución a problemáticas tan actuales y urgentes como, por ejemplo, el calentamiento global. Y también a la discriminación que sufren todas las minorías, a las olas inmigratorias, y a la expansión de las religiones. En América Latina en particular, la penetración masiva de la evangélica está determinando el auge de varios presidentes, entre ellos dos muy diferentes entre ellos: Jair Bolsonaro en Brasil y Andrés Manuel López Obrador en México.

Cual espejo que se rompe en mil pedazos reflejando partes de una misma imagen, la democracia tiene múltiples facetas y la mayoría de los textos y artículos que analizan su debilidad abren interrogantes nuevos y pocas veces ofrecen respuestas.

Quizás todos deberíamos replantearnos nuestro compromiso con la sociedad, con la libertad, con los derechos humanos. Posiblemente deberíamos modificar algunos de los mecanismos de la democracia. Sin embargo, lo más importante es evitar la destrucción de lo existente en aras de algo que se halla solamente en los sueños y ambiciones de los nuevos mesías.

Enero 27, 2020

@MBAFILE

ViceVersa

https://www.viceversa-mag.com/es-posible-salvar-la-democracia

 3 min


El paraguas internacional que hoy abraza al Ambiente Político Real junto al bestiario militarista, muestra al Sistema Internacional como una posibilidad que reunida con la Decencia Cívica pudiera arrinconar la calamitosa realidad política venezolana. Realidad política que desde ya, tiene que motorizar a una ciudadanía, que entendiendo su responsabilidad histórica, reinicia un proceso de participación política contendiente. Léase, un vector ético, democrático e incontestable que haga posible la reinstalación de la democracia en Venezuela por la vía de la resistencia civil.

El paraguas internacional se ancla en la política internacional, es decir, la responsabilidad de los Estados como foros de negociación, como elementos de monitoreo y/o como oportunidad política para resolver –como el caso del Estado venezolano- un proceso de regresión, que anclado en la corrupción y la cobardía de un partido político en armas pareciera inamovible. El paraguas internacional, que esta vez está conformado por Europa y el hemisferio occidental, nos conduce al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca en sus dos típicas expresiones: la Legítima Defensa Colectiva como acción política reparadora y protectora o la Legítima Seguridad Colectiva como acción punitiva, sancionadora.

Tanto la Defensa Colectiva como la Seguridad Colectiva demandan de la participación política del ciudadano, entiéndase, del venezolano hombre o mujer que forma parte de esta raza cósmica que ama la libertad, que respeta la historia, que sobre todo quiere hacer presente la dignidad de la democracia entendida como aquella ecuación donde el individuo está por encima de la comunidad y del Estado. Es el ciudadano venezolano que se niega al colectivismo, al marxismo, al comunismo y al maldito militarismo cobarde, que atado a la corrupción cree que pueden gobernar de espaldas a la Constitución, las leyes y la historia.

El paraguas internacional se ata a la Decencia Cívica, esa que está en los tuétanos del ciudadano, sobre todo en una sociedad extraordinaria que ha perdido veinte años de posibilidades, como consecuencia de un capricho armado, de un grupo de pandilleros que dicen ser marxistas sin haber leído El Capital, que hablan de revolución y aún no han comprendido que las revoluciones conducen a la paz, al desarrollo, al crecimiento, pero sobre todo… a la dignidad y jamás a la conflictividad. Conflictividad como la que promueven estos bandoleros de la política que enorgullecen a los jefes de calle, delatores, caporales y comisarios políticos.

La Decencia Cívica que abraza la resistencia civil, que racionalmente activa la desobediencia, que organizadamente entiende que es el ciudadano en el barrio, en la quebrada, en el edificio, en el caserío, que somos los más quienes creemos en el gentilicio venezolano, quienes vamos a reproducir con otras instituciones de la República el cambio político impostergable. Sí, el camino político impostergable con una acción reinstaladora de la democracia. En este caso la Decencia Cívica propia de los ciudadanos venezolanos entiende la conflictividad, pero hoy se abraza a la geopolítica, entiende la vasta importancia de los Estados, está cercana a la OEA y cree firmemente que de manera instantánea todos y cada uno de los demócratas venezolanos estamos dispuestos a iniciar la resistencia civil.

La resistencia civil no es violencia. Los demócratas que entendemos la importancia del paraguas internacional estamos claros que en Venezuela podría ocurrir hasta una operación de extracción, eso habla del conocimiento político, la importancia de lo internacional y del riesgo que vive la República. No obstante, ese pueblo grande, cristiano, trabajador, hacedor, cívico aspira teniendo como foco el paraguas internacional que la mayoría de las mujeres y hombres de Venezuela –en decisión unánime- alcancemos la transición política sin violencia. No hay temor, no hay miedo, lo que hay es inteligencia para hacer uso de la Política.

La política internacional como paraguas, la política doméstica como participación, la Decencia Cívica como encaminamiento y la Resistencia Civil como acción transformadora le han tocado diana a todos los demócratas para reponer, tal como lo hicieron lo grandes del siglo XIX, reinstalemos la independencia, pero esta vez no la independencia de la Corona sino la independencia de una sociedad que le asquean los barbudos, los guerrilleros, los babalaos, lo colectivos, los caporales, los delatores, los comisarios políticos que son la expresión del retroceso social e intelectual de una masa de supuestos venezolanos débiles, acobardados, que fueron tomados por la brujería política y el paraguas internacional junto a la decencia política les está tocando silencio.

Es original,

Director de CEPPRO

@JMachillandaP

Caracas, 28 de enero de 2020

 3 min


Keymanthri Moodley

La biodiversidad es uno de los bienes más preciados de África y, por lo tanto, su material genético es codiciado por científicos, empresas biotecnológicas e institutos de investigación de todo el mundo.

Durante décadas ha habido un flujo de datos y muestrarios biológicos que han viajado desde el continente africano hacia los países del norte, algo que muchas veces se ha hecho sin el consentimiento legal de los participantes y sin acuerdos de tratamientos de datos.

Por eso hablamos de biopiratería, que es el acto de aprovecharse de forma abusiva, directa o indirectamente, de los participantes en investigaciones científicas y de las comunidades que participan en pruebas sanitarias.

La biopiratería tiene una larga y polémica historia en África y un ejemplo podría ser lo ocurrido durante el brote de ébola en África Occidental entre 2014 y 2016, cuando miles de muestras biológicas salieron del continente sin consentimiento. Además, los afectados no suelen obtener ningún tipo de beneficio.

El asunto ha vuelto a la actualidad informativa de Sudáfrica, por las acusaciones contra el Instituto Wellcome Sanger del Reino Unido por intentar (presuntamente) comercializar datos obtenidos de varias universidades africanas. El caso ha reavivado las dudas sobre los modelos de consentimiento para investigación, los derechos de los donantes, la biopiratería y la soberanía genómica.

Los estudios más recientes muestran que tanto la legislación como los órganos académicos de gobierno no han logrado proteger de manera adecuada los derechos de los participantes más vulnerables en las investigaciones genómicas.

Otra pieza que falta en el rompecabezas es que los datos requeridos a las personas cuyas muestras biológicas son obtenidas en nombre de la investigación son limitados, incluyendo cuestiones de propiedad, posible uso, exportación, distribución de beneficios y comercialización.

Entre 2011 y 2012 entrevistamos a personas que habían participado en estudios para conocer mejor la información con que contaban. Todos tenían experiencia en el proceso de consentimiento y uso de muestras biológicas en investigaciones académicas de hospitales públicos y centros de investigación privados.

Nuestras conclusiones siguen siendo pertinentes hoy en día, ya que muchas de las cuestiones que las personas con las que hablamos nos plantearon siguen sin abordarse aún.

El consentimiento

Nuestro estudio se llevó a cabo durante 10 meses, desde septiembre de 2011 a junio de 2012 y, para realizarlo, contamos con 200 participantes de las provincias de Western Cape y Gauteng (Sudáfrica). A los que ya habían dado su consentimiento para la manipulación de sangre, les hicimos varias preguntas, entre ellas qué pensaban al saber que sus muestras iban a almacenarse para uso futuro, para enviarlas al extranjero y, posiblemente, para una futura comercialización de los resultados. La mayoría de los participantes apoyaron la investigación, pero muchos mostraron preocupación sobre la exportación de sus muestras de sangre y otros datos fuera de Sudáfrica.

Los investigadores consideraron las muestras biológicas como donaciones, pero los participantes entendían que tenían derechos de propiedad y querían recibir una compensación económica por ellas. Por eso casi la mitad de los participantes no solo estaba en contra de un consentimiento amplio delegado en un comité ético de investigación, sino que también manifestó que prefería que en un futuro se volviera a solicitar su consentimiento para tratar con su sangre y sus datos.

La legitimidad del uso de modelos de consentimiento amplio para la investigación genómica y los biobancos es motivo de disputa entre los bioéticos y los investigadores a nivel mundial, ya que el consentimiento amplio permite a los investigadores utilizar las muestras biológicas y los datos indefinidamente, pero no es demasiado ético.

Por lo general, con el consentimiento amplio, el uso de los datos en futuras investigaciones debe ser aprobado por un comité ético de investigación (un grupo diverso de expertos de diferentes disciplinas: medicina, derecho y ética). Esto evita tener que ponerse en contacto con los donantes y pedir de nuevo su permiso para usar sus muestras o sus datos. Sin embargo, este tipo de consentimiento es muy polémico, sobre todo en los países con menos recursos, pues los participantes no suelen entender la compleja jerga científica utilizada en los documentos o procedimientos de consentimiento, especialmente cuando se trata del uso futuro de sus muestras o datos, incluyendo su comercialización.

Unas políticas de privacidad sólidas y las leyes correspondientes requieren el consentimiento específico, lo que significa que los participantes han de dar su visto bueno para que sus datos puedan figurar en cada proyecto específico. Esto hace inviable obtener de forma legítima un consentimiento amplio para usos futuros no especificados.

La situación se torna muy preocupante cuando la futura comercialización se incluye en estos modelos de consentimiento sin que se explique de forma explícita y clara a los participantes, ya que el lenguaje utilizado para definir la comercialización suele ser vago y poco comprensible para las poblaciones vulnerables.

Sudáfrica ya ha establecido protocolos de consentimiento claros, explícitos y voluntarios para el uso de datos y muestras pertenecientes a los participantes. Si se van a transferir datos o muestras a otros investigadores en Sudáfrica o en el extranjero, los participantes deben ser conscientes de ello y entonces pueden dar su consentimiento o rechazar el uso, aunque este protocolo no se sigue siempre. Además, si los datos van a compartirse con otras instituciones, antes de hacerlo debe firmarse un acuerdo de transferencia de datos o un acuerdo de transferencia de material, otro protocolo bienintencionado que tampoco se aplica siempre.

El cambio que Sudáfrica necesita

Sudáfrica necesita mejorar y orientar el aspecto ético de las investigaciones para que resulten más transparentes y justas con los participantes, un cambio muy necesario en el contexto de las investigaciones que implican colaboración internacional. Por tanto, los comités éticos de investigación y los investigadores deben asegurarse de que existen acuerdos de transferencia de datos o de muestras antes de compartirlos y, lo que es más importante, los comités éticos deben estar capacitados para revisar los documentos de consentimiento a fin de determinar si se utiliza un lenguaje adecuado para explicar la comercialización y el intercambio de datos o muestras.

Un modelo de consentimiento escalado permite a los participantes elegir la forma en que sus datos o muestras podrán ser utilizados en el futuro. Esto sucede cuando se ofrecen opciones específicas, por ejemplo, sobre la participación en los beneficios para los participantes o sus respectivas comunidades. Es más, la participación de la comunidad en la creación conjunta de la producción de conocimiento y la participación en los beneficios es esencial para garantizar la equidad en la investigación mundial.

27 de enero de 2020

Este artículo ha sido traducido con la colaboración de Casa África. Traducción: Carolina Díaz.

The Conversation

https://theconversation.com/como-evitar-la-biopirateria-en-africa-129992

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