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Opinión

La agricultura, ese arte de cultivar la tierra, tiene un origen muy antiguo, ya que se señala el Período Neolítico (del griego neo-nuevo y litos-piedra) o Edad de la Piedra Nueva o Pulida, como inicio de esta actividad. El Neolítico es uno de los períodos de la Edad de Piedra que abarca desde el año 6.000 hasta el año 3.000 a.C., y en ese período ocurre lo que se ha denominado la Revolución Neolítica, la cual se refiere a la gran transformación que sufre la forma de vida de la humanidad, que va pasando de nómada a sedentaria, se pasa de una economía recolectora (recolección de frutos, caza y pesca) a una economía productora (agricultura vegetal y animal).

Desde el Descubrimiento de América, lo que hoy es Venezuela, se caracterizó por tener en la agricultura su mayor riqueza. Fue el cacao, que dio origen a los “Grandes Cacaos” de la época, el principal producto de exportación hacia el viejo continente. Progresivamente se fueron desarrollando otros rubros como el café, la ganadería, la caña de azúcar, que sirvieron para apoyar la economía de este territorio.

A comienzos del siglo XX, Venezuela era un país rural, con una fuerte tradición agrícola, con una elevada población campesina, que fue cambiando con la llegada de la Enfermedad o Síndrome Holandés una vez que comienza la explotación petrolera, y nos convertimos en el primer país exportador de petróleo del mundo. Los pueblos se fueron vaciando y las ciudades, especialmente las aledañas a los centros de producción petrolera, se fueron llenando de nuevos habitantes en la búsqueda de nuevas y mejores oportunidades de empleo.

Aún cuando Venezuela pasa a tener una economía rentista basada sobre su riqueza petrolera, la agricultura se mantuvo, se fue modernizando al ritmo de los avances científicos y tecnológicos, y los gobiernos, en cierta forma, se vieron obligados a darle una mano a la producción agrícola por lo que ello representa en cuanto a ocupación del territorio, fuente de empleos tradicionales, suministro de alimentos para la población y de otros bienes como fibras de origen vegetal y materiales para la construcción.

A pesar del petróleo, en Venezuela se hicieron desarrollos agrícolas muy importantes, se mejoró la producción animal bovina, porcina y avícola. Se fundaron centros de desarrollo como Turén, se construyeron grandes obras para riego como el Sistema del Río Guárico y Las Majaguas, y otros sistemas por derivación para regar fértiles tierras de los llanos venezolanos. Se fundaron escuelas de agronomía, veterinaria y zootecnia en importantes universidades y a nivel tecnológico, para el apoyo científico y técnico de la agricultura. Se realizaron estudios de suelos, que junto a las mediciones climatológicas vinieron a definir una serie de sistemas suelo-clima, útiles para la zonificación de los cultivos y poder manejarlos de la mejor manera. Así, se mantuvo una actividad de avanzada, muchos productores se fueron especializando en determinados cultivos y han sido el motor en la producción, que alguna vez fue suficiente, en arroz, azúcar, maíz, varias frutas, varias hortalizas y otros productos.

Sin embargo, en lo que va del presente siglo, nuestra agricultura ha tenido un tremendo fracaso a pesar de los grandes ingresos que ha tenido el país. Hoy la superficie que se siembra es muy baja en relación al pasado reciente, estimándose que ni siquiera se cubre un 20% del área total, y por lo tanto, la producción de alimentos es muy escasa. La agricultura venezolana está en una inimaginable crisis dirigida por el régimen que actualmente gobierna al país, y se puede señalar que, entre otros, se deben atacar los siguientes aspectos para tratar de recuperarla:

-Inseguridad personal y jurídica en el campo venezolano

-Los recursos suelo y agua que deben ser manejados de la mejor manera posible

-La infraestructura de apoyo a la agricultura que está en franco abandono, especialmente en lo referente a las obras de riego y la vialidad agrícola

-La maquinaria y equipos agrícolas huérfanos de mantenimiento por falta de los recursos correspondientes, y sin la posibilidad de reemplazo

-Los insumos básicos para la producción que están ausentes en todo el territorio nacional

-La crisis en la educación para la producción agrícola, con la destrucción de laboratorios, campos experimentales, migración de personal docente capacitado

-La ausencia de un servicio de extensión agrícola y asistencia técnica

-La ausencia de recursos para la investigación agrícola

En estas condiciones, en Venezuela es difícil que se pueda celebrar con alborozo el Día Mundial de la Agricultura. Sin embargo, nuestros verdaderos productores siguen en el campo reinventándose cada día para tratar de producir algo del alimento que requiere la hambrienta población. Para ellos, debemos dar el mayor reconocimiento y apoyo, para que persistan y puedan ser agentes importantes de cambio cuando las condiciones políticas y económicas del país lleguen a permitir un verdadero desarrollo del país, podamos alcanzar una verdadera seguridad alimentaria.

Septiembre de 2019

Recordemos que: SIN FERTILIZANTES es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

En Amazon está a la venta el libro del autor: “Fertilidad de suelos y su manejo en la agricultura venezolana”. Tiene información muy útil para mejorar la práctica de fertilización de los cultivos, con miras a una mayor productividad y a un mejor trato a los suelos y al ambiente en general.

pedroraulsolorzano@yahoo.com

www.pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

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Edgar Benarroch

El estado de angustia, preocupación y tensión que diariamente vive el país, consecuencia de un régimen usurpador que se dedicó a empobrecernos y destrozar nuestra economía, nuestra sociedad y todo lo que significaba futuro promisorio para Venezuela, afecta negativamente nuestro organismo, no podemos adquirir los alimentos necesarios para darle a nuestro cuerpo el componente vitamínico necesario y cuando nuestra salud flaquea nos vemos en serios inconvenientes para comprar los medicamentos cuando los encontramos. Toda esta penosa situación en un marco de inseguridad personal y de bienes que nos lleva a jugarnos la vida a diario en nuestra casa, oficina o en la calle a toda hora y en cualquier momento.

La carencia de recursos económicos pone en peligro nuestra salud y ya son muchos los casos de niños, jóvenes y adultos fallecidos por desnutrición o falta de la medicina adecuada.

Pero este estado de deterioro de nuestro organismo y salud produce o puede producir trastornos espirituales, en nuestro ánimo y en nuestra psiquis, entre ellos amargura, mal carácter y puede llegar a la pérdida de la racionalidad. Si a este cuadro dantesco le sumamos que la gente presume que no hay salida rápida o simplemente que no hay salida porque la alternativa no luce UNIDA, coherente y carente de mensaje, podemos afirmar que estamos a las puertas de la desesperación que nos puede llevar hasta la resignación.

La desesperación es la pérdida total de la esperanza que nos produce cólera, despecho y enojo. También es soledad, aislamiento, miedo, frustración y dolor. El país aún no ha caído en la desesperación pero parece que estamos bastante cerca y de ello el régimen es responsable por su nefasta gestión pero también nosotros, la oposición, que no terminamos de presentarnos como garantía próxima de cambio y de un país vivible y mejor donde superemos las negaciones en que estamos y podamos vivir en paz y armonía con satisfacción al menos de nuestras necesidades materiales mínimas, sobre todo las de los más desposeídos y necesitados que alcanza la tormentosa cifra del 70% del país.

Si el pueblo pierde la esperanza es porque quienes debemos dársela no lo hemos hecho y dársela supone presentarnos unidos, coherentes, con un mensaje de recuperación nacional y como garantía de paz y desarrollo en libertad y justicia .

En nuestra conciencia y sobre nuestros hombros está la inmensa obligación de transmitirle al país esperanza cierta, optimismo en el futuro inmediato y confianza que vamos por buen camino a alcanzar el cambio propuesto por el bienestar de todos.

El tamaño de la esperanza y optimismo es directamente proporcional al estado de UNIDAD de la oposición, mientras más unidos estemos más alta será la esperanza y el optimismo de los venezolanos.

El país no entiende y se asombra cuando el liderazgo nacional de la oposición no es capaz de ponerse de acuerdo cuando se trata del más alto interés de todos y de la Patria. Debemos cuanto antes llevar un mensaje y una conducta clara de UNIDAD al país para que nos entienda como gente equipada con buenos valores ciudadanos bien puestos y sacarlo del asombro que lo atormenta.

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Juan Guaidó no buscó el cargo de presidente encargado, sino que tuvo que asumirlo por mandato de la Constitución. Con valentía enfrenta una cáfila de maleantes que solo cuentan con las bayonetas, el narcotráfico y la corrupción. Ha tenido que desafiar un enemigo poderoso. Por si fuera poco, en poco tiempo logró calar en el sentir de la mayoría debido a su sencillez y a no tener un pasado con manchas, y ahora también enfrenta fuego “amigo”.

Cuando un combatiente recibe fuego amigo es por error de quien dispara. En este caso, quienes disparan al presidente (e) Guaidó y lo perjudican no son chavistas-maduristas, sino opositores, algunos corruptos, varios calculadores políticos y los más ignorantes o desesperados por la situación.

Guaidó fue electo presidente de la Asamblea Nacional por el voto de sus diputados, los cuales pueden destituirlo o no reelegirlo cuando finalice su período. Por lo tanto, es un poco rehén de este cuerpo. Los partidos exigen cuotas de poder, algunas legítimas, otras no tanto. Ello seguramente lo obliga a avalar decisiones que, en general, han sido positivas. Por ejemplo, se puede estar o no de acuerdo con determinados nombramientos de embajadores, pero eso es asunto de percepción. Siempre habrá candidatos con más mérito, pero ello no descalifica a los designados.

Otras decisiones impuestas seguramente ponen en tres y dos a nuestro presidente (e). ¿Debe ceder a las presiones o pararse en sus treces, como dicen los españoles? Todo depende de la naturaleza del hecho.

Con la corrupción no puede ceder ni un milímetro. Uno de los aspectos de la misma es lo relacionado con el financiamiento de los partidos políticos. Lamentablemente, en Venezuela tradicionalmente los gobiernos penalizan a los donantes del sector privado que contribuyen al sostenimiento de los partidos políticos. Esta persecución indebida se ha vuelto crítica bajo la dictadura actual.

¿Qué han hecho la mayoría de los partidos para sobrevivir? Designar militantes en organismos y empresas públicas, para otorgar contratos sin licitación con el compromiso de obtener un porcentaje, y recibir donaciones por debajo de la mesa, algunas sujetas a tráfico de influencias, todo lo cual hay que desterrar.

Afortunadamente, nuestros dirigentes han logrado que algunas empresas de Venezuela en el exterior designen directivas relacionadas con el gobierno encargado. En Citgo, por ejemplo, fue designada una directiva idónea. En Monómeros Colombo Venezolanos fue así inicialmente, pero posteriormente intervinieron actores políticos con intereses non sancto. También en Pequiven hubo sustituciones indeseables.

El presidente (e) Guaidó debe estar alerta ante este tipo de situación, corregir desaguisados y no ceder a chantajes. Tiene que dar señales de una nueva forma de hacer política y enfrentar posibles reacciones en contra. Para ello cuenta con la aceptación de la mayoría de los venezolanos que no queremos más de lo mismo.

Otro frente con el cual le toca lidiar es el integrado por luchadores democráticos que le exigen a Guaidó cosas que no está en sus manos resolver. Deben entender que Maduro cuenta, por ahora, con el apoyo de los militares corruptos de nuestra Fuerza Armada y de los no menos corruptos de la mayoría de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia.

Además de que ningún país ha mostrado indicios de querer aplicar el TIAR y menos atender el 187-11 de la Constitución. Algunos actúan de buena fe, pero en otros privan intereses políticos. Ojalá se percaten que no son mayoría y que su actitud puede ocasionarles efectos contrarios a lo que buscan.

Un tercer frente es el de los opinadores y tuiteros que no pierden ocasión para descalificar al presidente (e) por no lograr poner fin a la usurpación. Algunos son seguidores consciente o inconscientes de dirigente que son minoritarios o que han perdido actualidad y luchan por mantenerse en los medios.

El cuarto frente está integrado por ciudadanos que, en ejercicio de su derecho a la libre expresión, arremeten contra el liderazgo opositor a veces con razón, pero la mayoría sin ella. Es entendible que por desesperación algunos critiquen a Guaidó por no hacer milagros, pero ojalá entiendan que, en estos momentos, él es nuestra única esperanza para salir de Maduro y su pandilla.

Para finalizar deseamos recalcar que:

1-Mientras dure la usurpación, Guaidó debe seguir en la presidencia de la Asamblea Nacional y como presidente (e) de la República.

2- En condiciones normales votaría por María Corina, aunque no comparto alguna de sus posiciones.

3- Si se convoca elecciones transparentes, el mejor candidato es quien encabece las encuestas, que en estos momentos es Guaidó por amplio margen.

4- Para mantener esa posición debe descartar a los oportunistas y apoyarse en los ciudadanos de a pie y en políticos que no tienen viejas mañas.

5- Debemos entender que a una nueva generación le corresponde gobernar. Ojalá sus integrantes no pequen de prepotencia.

Como (había) en botica:

Los allanamientos de viviendas de ciudadanos que tuvieron que exiliarse hace años, como Gustavo Tarre Briceño y Carlos Vecchio, solo se explica por venganza del régimen.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Con voz propia

“Patria libre y soberana”, consigna que usa el castrense y castrista narco régimen en una apropiación del pensamiento del partido Acción Democrática, que este 13 de septiembre arriba a 78 años. Tal día lo fija como de su fundación, con la aparición pública en mitin del Nuevo Circo de Caracas.

En cronología, tal fundación se produjo el 11 de mayo 1941 en asamblea de Caracas. En su mayoría eran jóvenes del interior los suscriptores del Acta Constitutiva, que no firmó Rómulo Betancourt, tampoco Raúl Leoni, Gonzalo Barrios y Valmore Rodríguez, vetados por Gobierno. Aprobó el lema Patria Libre y Nuestra y el verde como color de tarjeta electoral.

Primer CEN del que se identificó Partido del Pueblo, lo integraron Rómulo Gallegos, Presidente, Andrés Eloy Blanco y Luis Mosquera Soublette, vicepresidentes, Julio Ramos, Luis Lander, Ricardo Montilla, Juan Pablo Pérez Alfonzo, Arturo Briceño y Luis Beltrán Prieto Figueroa, directores. En el Coliseo, intervinieron Gallegos, Andrés Eloy, Prieto Figueroa, Mario García Arocha, Ricardo Montilla y Betancourt.

Su programa fue concebido en el Plan Barranquilla, redactado por Betancourt, que sirvió de declaración a la Agrupación Revolucionaria de Izquierda (Ardi), que dio paso a Organización Venezolana (Orve) de la cual derivó el Partido Democrático Nacional (PDN), antecedente de AD.

A cuatro años de su aparición, derrocó al democrático General Isaías Medina Angarita, que lo legalizó. Le sucedió Betancourt quien presidió Junta Revolucionaria de Gobierno, conformada por sus compañeros: Leoni, Prieto Figueroa y Gonzalo Barrios; el independiente Edmundo Fernández y los Mayores Carlos Delgado-Chalbaud y Mario Vargas.

Celebró la Asamblea Constituyente presidida por el poeta Andrés Eloy Blanco, la cual aprobó la Carta Magna de 1947.

Gallegos fue el primer Presidente electo por voto directo, el 14 de diciembre de 1947. En 1941 había sido postulado simbólicamente porque la escogencia correspondía a un Congreso controlado por el Gobierno. Obtuvo en su elección 70.83%; Rafael Caldera, Copei, 13.22% y Gustavo Machado, PCV, 2.9%. Nueve meses duró su mando. Golpe Frío (sin violencia) el 24 de noviembre 1948, de militares que llevaron a AD al Poder, lo derrocó.

AD fue el partido con más Presidentes. A los nombrados se agregan: Betancourt dos veces; Leoni, Carlos Andrés Pérez, reelecto; Jaime Lusinchi, Octavio Lepage, transitorio y Ramón José Velásquez.

Resistencia en ejercicio del poder demostró AD. En la Presidencia Betancourt fue víctima de intento de magnicidio, 22 asonadas golpistas y la guerrilla; se produjeron dos divisiones. La encabezada por la juventud que funda el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) a la que siguió la escisión liderada por Raúl Ramos Giménez, del ARS, apodado así porque se le atribuía slogan de publicidad de esa denominación: “permítanos pensar por usted”. En 1963 se postuló a la Presidencia con AD-Oposición, transformado en Partido Revolucionario de Integración Nacionalista (PRIN)

En Gobierno de Leoni se produjo la división liderada en 1968 por Prieto a quien se le desconoció postulación presidencial aprobada en primarias. Nace el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP). Las 3 escisiones fueron ideológicas.

AD figura como el de más escisiones. Hugo Chávez amenazó a los adecos con freír sus cabezas. Por cierto, Nicolás Maduro le proclama su paternidad. En verdad era hijo legítimo de su homónimo, líder de dicho partido, quien se asiló en Colombia, después del golpe contra Gallegos. Allá se casó con la paisana Teresa Moros; en Cúcuta, nació el hoy lacayo chavista que continuó la línea antipartido con la inhabilitación electoral. Reto ahora de AD es recuperarse, porque adeco es adeco hasta que se muera.

Al MARGEN. El respaldo a la reactivación de las FARC es porque la estructura del narco régimen las necesita para sostenerse, no importa que la cúpula esté negociando con el Imperio, cada quien por su lado.

jordanalberto18@yahoo.com

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Reinaldo Rojas

El pasado 7 de agosto Colombia celebró el Bicentenario de la Batalla de Boyacá, la cual selló la independencia de la Nueva Granada y creó las condiciones para la fundación de la Gran República de Colombia, mediante ley, el 17 de diciembre de 1819. Es interesante destacar que esta república de Colombia fue creada en Angostura por el Congreso de Venezuela, bajo la presidencia de un neogranadino, el Dr. Francisco Antonio Zea, producto de la unidad que privó entre ambos pueblos en aquellas horas de lucha por la Independencia.
Después del triunfo militar en Boyacá, es evidente que el acontecimiento político más importante fue el de la fundación de Colombia. Pero, ¿cuál Colombia? Esta palabra expresa diferentes contenidos histórico y, por ello, ha dado lugar a distintos significados. Empecemos, entonces, por precisar los diferentes significados que la misma ha tenido en el tiempo. Inclusive, la que podría tener en el futuro.

Colombia, como vocablo y como idea, es un invento de Francisco de Miranda que va a entrar a nuestra historia republicana en tres grandes momentos. Primero en 1810, cuando Miranda funda en Londres un periódico con el nombre de El Colombiano; luego en 1819, cuando el Congreso de Angostura crea por ley la República de Colombia, la cual desaparece en 1830; y en 1863, con la Constitución de Río Negro que transformó el Estado de la Nueva Granada, de 1832, en Estados Unidos de Colombia.

Ahora bien, ¿cómo surgió esa idea en Miranda?, ¿cómo fue que Bolívar y sus contemporáneos la institucionalizaron en 1819? Y ¿por qué los liberales neogranadinos la tomaron para sí en 1863? El tema es complejo, pero pongamos en la mesa algunas ideas.

Miranda, que fue un hombre universal no sólo por su pensamiento, sino también por su mirada global de la historia del mundo a finales del siglo XVIII, al estudiar la evolución del Imperio español en América le inquietaba saber acerca del futuro de aquellos dominios, que sólo en nuestro continente cubría cerca de treinta millones de kilómetros cuadrados y unos veinte millones de habitantes, establecidos –para la época– entre los confines del río Mississippi, en el norte de América, hasta el Cabo de Hornos. Ese vasto territorio es el que Miranda va a bautizar con el nombre de Colombia, en homenaje a Cristóbal Colón. En este sentido, todo aquello que concierna a Colombia, llevará ese rótulo, que es con el que va a denominar su voluminoso archivo: Colombeia.

La opción es la independencia

Al iniciarse la crisis española en 1808, con la abdicación de Fernando VII en favor de Napoleón Bonaparte, para Miranda la opción es la independencia bajo los auspicios de la Gran Bretaña. Con esa idea por delante y a fin de prefigurar ese futuro que se acerca, funda El Colombiano. En su primer número, del 15 de marzo de 1810, Miranda no le habla a Caracas, a México o a Buenos Aires. Se dirige a “los habitantes del Continente Colombiano”, fundando con ello la idea de una nueva nación que él denomina ya como Colombia.

En la denominada “Carta de Jamaica”, Bolívar –seguidor de Miranda- le comenta al destinatario de su correspondencia, el comerciante inglés Henry Cullen, que él prevé que la Nueva Granada se unirá con Venezuela para formar una república centralizada con el nombre de Colombia. Efectivamente, por su iniciativa, el 17 de diciembre de 1819, el Congreso de Venezuela “con arreglo al informe de una Comisión Especial de Diputados de la Nueva Granada y de Venezuela”, decreta la Ley Fundamental de la República de Colombia, nueva entidad política constituida por los departamentos de Venezuela, Cundinamarca y Quito, con sus capitales Caracas, Bogotá y Quito, quedando pendiente la creación de una nueva ciudad que con el nombre de Bolívar será la capital de la nueva República.

¿Una ilusión?

Este proyecto unitario entra en crisis y desaparece en 1830. Pero su espíritu reaparece en Río Negro, Antioquía, en la Asamblea Constituyente que en 1863 redacta una nueva constitución para la Nueva Granada y decide constituir los Estados Unidos de Colombia. Entre aquellos diputados destaca la figura del general Tomás Cipriano de Mosquera, héroe de la independencia y gobernador del Estado del Cauca, quien comparte con el venezolano Antonio Leocadio Guzmán el renacimiento del sueño grancolombiano con el triunfo federal en ambos países. ¿Una ilusión?

Esta visión quedó establecida en aquella Constitución al señalar en su Art. 90 que “El Poder Ejecutivo iniciará negociaciones con los gobiernos de Venezuela y Ecuador para la unión voluntaria de las tres secciones de la antigua Colombia en nacionalidad común, bajo una forma republicana, democrática y federal...”. En este siglo XXI, frente a la división que nos caracteriza ¿se proyectarán en el futuro estas ideas?

enfoques14@gmail.com

@reinaldorojashistoriador

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"Destrucción Creativa” llamó Joseph Schumpeter al proceso mediante el cual un viejo orden se destruye por sus contradicciones para dar paso a un orden nuevo. Este proceso ya ocurrió al régimen de Punto Fijo y está ocurriendo al chavista por las mismas razones: estatismo, centralismo, partidismo, rentismo, clientelismo, corrupción y pobreza: Autoritarismo Rentista.

La buena noticia es que ésta destrucción es una oportunidad para construir el modelo de Democracia Productiva, habiendo sido los gobiernos más cercanos a este ideal los de Isaías Medina Angarita, CAP II y Ramón Velázquez.

El Autoritarismo concentrador de poder se refuerza con el Rentismo en la medida que las riquezas se generen en pocas fuentes y con un rendimiento muy superior al de los demás negocios, como los del petróleo, oro, etc., y monopolios otorgados por el Estado o no regulados. Quien detente el poder político tenderá a concentrar más poder si mantiene las fuentes de alta renta bajo su propiedad o control y repartiendo la riqueza en pocas manos porque, si la repartiera ampliamente, estaría repartiendo poder político.

La Democracia Pluralista se asocia a la inversión Productiva. Necesita surgir y mantenerse con base en fuerzas plurales y, para ello es necesario que los partidos políticos lleguen y se mantengan en el poder aliados con empresarios y trabajadores, alianza que luego tienda a incluir otros sectores. Para que tal pluralismo sea efectivo, se necesita que las fuentes de riqueza sean diversificadas para que los ingresos fiscales y de divisas provengan de múltiples actores económicos exitosos. ¡Nunca de una sola fuente propiedad del Estado!

Pero los demócratas pluralistas todavía no podemos hacer fiesta. Cualquier cambio no basta. Primero, no puede consistir en “quítate tú pa’ pone’me yo” sino que hay que cambiar las políticas que hacen daño. Segundo, el cambio que se perfila hasta ahora no sería fruto de una fuerza pluralista partidos-empresas-trabajadores sino que estaría en manos de un grupo de partidos que no ha promovido una alianza con otros sectores, ni siquiera entre todos ellos. Nadie que llegue solo al poder lo reparte. Tercero, claro que cualquier cosa es mejor que esta pesadilla; pero, ¿cuanto tiempo duraría un gobierno medio partidocrático, medio rentista y mediocre? No lo suficiente. Cuarto, las propuestas para responder a la crisis son dos: la del Plan de la Patria, oficialista, y la del Plan País, opositor. Falta un Tercer Plan que nos libere de los frenos de la partidocracia: Necesitamos descentralización a fondo; liberar precios; pagar la deuda de empresas del Estado mediante conversión de deuda en capital y no pidiendo prestado; dolarizar la economía (o constituir una cesta de monedas duras) para quitarle la potestad a cualquier gobernante de turno de crear liquidez inflacionaria y de sobrevaluar el bolívar para frenar el agro, la industria y el turismo, evitando así que el empresariado y los trabajadores se enriquezcan y cojan demasiado vuelo político propio; adecuar la educación secundaria a las fuentes de empleo y reinstalar las Escuelas Técnicas, Enseñanza y Acreditación de Oficios, en vez de seguir pastoreando nubes con un bachillerato inútil para el pobre.

Para impulsar un Tercer Plan que nos suelte la rienda y nos haga más productivos, necesitamos que empresarios y trabajadores tengamos más conciencia de los intereses comunes y que le pierdan el miedo a los políticos y militares que nos han desgobernado. Sí tenemos que apoyar a los partidos, pero a cambio de que cumplan proyectos que nos representen y se puedan salvar de su autodestrucción.

@joseagilyepes

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Soledad Gallegos-Díaz

Felipe González (Sevilla, 1942), socialista, fue presidente del Gobierno de España durante 14 años ininterrumpidos. De él siempre se ha dicho que tiene una “buena cabeza política”. Y efectivamente, Felipe González es ante todo un político y ese es su punto de vista, la manera en la que mira al mundo y examina la situación en España. Este texto es el producto de una larga conversación en su casa, en Extremadura, un encuentro en el que el expresidente llama la atención sobre cuestiones fundamentales del escenario internacional y nacional. Estas son sus reflexiones:

El capitalismo se autodestruye

El gran desafío es saber si el modelo económico financiero que se ha instalado en todo el globo es sostenible —y no le meto carga ideológica alguna—. Yo creo que no. Dicho en términos manchesterianos, el modelo del capitalismo triunfante está destruyéndose a sí mismo por su insostenibilidad. Tengo una perspectiva socialdemócrata y creo que la distribución del ingreso es muy injusta, pero más allá de la discusión sobre la justicia social o mejores oportunidades en la predistribución de la riqueza, un poco más allá del debate ideológico, hay una realidad, y es que la sostenibilidad de este modelo económico va a fracasar. Las sociedades no soportarán una nueva crisis. Ese es el primer elemento de análisis: el modelo no es sostenible desde el punto de vista socioeconómico.

El segundo elemento es que las relaciones internacionales están viviendo una completa anomia, una falta de reglas. Las pocas que se construyeron después de la II Guerra Mundial están destruyéndose. Y las nuevas reglas, construidas más recientemente, no se están respetando. Hay una falta de acatamiento al derecho, a la norma, que se refleja, por ejemplo, en la crisis de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en la crisis de los acuerdos de desarme y no proliferación nuclear, y en la crisis del cambio climático. Podríamos citar algún caso más, pero la cuestión es que todos los mecanismos de ordenación están siendo negados y abandonados. Hay un absoluto desprecio por la normatividad, por el derecho, por las reglas que hace que las decisiones sean arbitrarias. El más claro protagonista es Trump, claro.

El nuevo desorden internacional

Venimos de un equilibrio del terror entre las dos grandes potencias, una antigua guerra fría, pero ahora hay, para entendernos, una nueva, con más actores y más distintos. Es decir, antes era la zona de rozamiento entre los grandes bloques la que sufría las consecuencias de esa política, pero el centro de esos dos mundos vivía en paz y con altos niveles de desarrollo, tanto en Europa como en Estados Unidos. ¿Quiénes sufrían? Centroamérica, el Cono Sur, África…, zonas de rozamiento. Ahora, en el nuevo desorden internacional, los protagonistas han cambiado. Hay una situación tremenda en Oriente Próximo y en otros puntos, pero el factor fundamental, en mi opinión, es el nuevo choque tectónico entre la gran potencia emergente, China, y Estados Unidos. Y ese choque se produce en un marco global en el que se acentúa la anomia, la falta de reglas de la que hablamos. No es que las reglas se estén reformando, es que se están destruyendo. Si lo analizamos a un nivel más regional, por ejemplo la Unión Europea, el fenómeno es el mismo. Tanto en la respuesta a la crisis de 2008, como en la crisis migratoria, como en el desencadenamiento del Brexit, como en la relación con Estados Unidos, se observa que la UE está trufada de miembros que no están dispuestos a respetar las normas.

Europa y el Brexit duro

Algunos dicen que esa falta de respeto por las reglas en la Unión es consecuencia de la ampliación al Este y que antes no sucedía. Es verdad que algunos de esos países están acostumbrados a que se les impongan normas y confunden Bruselas con una nueva Moscú. Bueno, digamos que eso tiene cierta racionalidad, pero no creo que Salvini o Johnson sean muy del Este. Y cuando ­Johnson hace esa afirmación tan rotunda de que no está dispuesto a pagar la factura de la Unión en el caso de que se produzca un Brexit duro, está simplemente rompiendo todo tipo de normas. Por tanto, el fenómeno empieza en los países del centro y del Este de Europa y tiene psicológicamente una explicación que moviliza a mucha ciudadanía que quería entrar, sí, pero sin jugar dentro.

Pero, como le digo, el caso de Italia o del Reino Unido no tiene que ver con esa eventual explicación. Debería decir que me rebelo contra mi propio pesimismo y que no soy pesimista, pero la verdad es que la anomia global está calando hacia abajo, hacia los estamentos nacionales locales. ¿Cómo se traduce esa falta de respeto por las reglas en la realidad británica? ¿Y en la realidad española? Que alguien diga que la democracia está por encima de las reglas institucionales y que están dispuestos, por tanto, a romperlas porque lo hacen de “manera democrática” es impresionante y es lo que se puede oír a Trump, a un polaco o a un húngaro, pero también al brasileño Bolsonaro. Tengo la mayoría y puedo cargarme un poder judicial independiente. Lo que más me preocupa de todo esto es que quienes más sufren esta crisis global son las democracias representativas. Los autoritarios tienen menos problemas; si no, que le pregunten a Xi Jinping qué problema tiene con Hong Kong. No digo que no tenga dificultades, digo que tienen mecanismos de respuesta que nadie les cuestiona. En esa anomia general son los sistemas autoritarios los que mejor se desenvuelven, los que tienen menos costes, frente a los sistemas democráticos representativos.

Es importante ver que no se trata de un enfoque solo de izquierda, porque en la izquierda hay una parte con vocación autoritaria a la que las reglas de juego no le parecen tan importantes, pero también una izquierda que sabe que solo sobrevive con reglas democráticas. Y en la derecha tenemos un centroderecha liberal, o lo que quede de él, que sabe que su supervivencia también depende de lo mismo, y otra derecha autoritaria. Por tanto, no se trata de algo que se produzca en función exclusivamente de la ideología de la izquierda, sino en función de quiénes se desenvuelven mejor en un régimen de libertades y quiénes son los primeros que sucumben al autoritarismo de un signo o de otro. Y siempre sucumben los mismos, ¿no? En la tradición nuestra están los socialtraidores y los compañeros de viaje. Toda esta literatura lo que hace es acabar con el espacio, en sentido amplio, de la centralidad en defensa de la democracia. La otra desventaja para esa centralidad es que en las relaciones políticas basadas en el tuit, el espacio para la reflexión y la información de fondo se ha reducido mucho. Ahora, en la política tuitera se apela simplemente a reacciones emotivas, no reflexivas, y eso mina el escenario.

La crisis mal resuelta

Volvamos a la idea de que la sociedad no aguantaría ahora una nueva crisis; es cierto que la de 2008 se resolvió mal. Y donde no lo hizo, como en Estados Unidos —­donde en términos relativos se hizo mejor porque se recuperó pronto y crecieron—, lo cierto es que tampoco allí se volverá a aguantar una nueva crisis. Insisto, es el modelo lo que está en cuestión, un modelo que sigue concentrando renta. Lo que se está produciendo es una redistribución negativa del ingreso, tanto en las etapas de crisis como en las de crecimiento. Miremos en España: podemos tener ahora el mismo PIB per cápita que en 2008, por decir algo, lo que supondría en términos del PIB, macroeconómicos, que existiría una línea recta. Pero no es verdad. Ha habido un valle en el que ha quedado un montón de gente. No solo quedan cicatrices. Queda una desigualdad que se ha incrementado por efecto de esa crisis.

Veamos cómo se afrontó la crisis de 2008 en la Unión Europea. Se hizo mal. Se afrontó mal la crisis migratoria, dando por muertas las normas de Dublín para el asilo y el refugio, y no se fue capaz de soportar la presión migratoria debida a los conflictos en el sur del Mediterráneo y a la miseria. Se afrontó mal el Brexit. Y, desde luego, la relación con Estados Unidos, porque hay fracturas internas. Hay más de un trumpista dentro de la Unión Europea. ¿Cómo se van a comportar? De momento, todo el mundo está a la defensiva porque ese señor ha hecho de Europa un objetivo, como de todos los países que tenía hasta ahora como aliados. Eso lo ha afrontado muy mal la Unión, que además está muy retrasada respecto a la revolución tecnológica. Europa está más adelantada, creo yo, en una cierta normativización para intentar tapar los agujeros que existen en la intimidad y los derechos personales, por ejemplo, pero no hay una sola tecnología de marca europea que compita con las de Estados Unidos, ni una. Europa ha sido durante dos siglos el laboratorio de todas las grandes ideas del mundo, pero en la actualidad es un museo, no un laboratorio.

Las empresas tecnológicas

Se trata de un oligopolio de oferta. Eso está clarísimo. ¿Hay que hacer algo para liquidarlas o romperlas? Hay un problema previo. Veamos el cuadro de las primeras 20 empresas de Estados Unidos en los ochenta y el mismo cuadro en el año 2000, cuántas de esas 20 primeras grandes empresas han sido sustituidas, y comprobaremos que las primeras 15 o 16 de ahora no existían en 1980. Hagamos lo mismo con el cuadro de Europa: veamos las más grandes empresas de los años ochenta, desde Deutsche Telekom, Siemens, hasta France Telecom. ¿Quiénes han ido sustituyendo a esas grandes empresas europeas, dónde existe esa movilidad ascendente y descendente que premie la innovación, el talento y la investigación? Ningún alemán cree que haya alguien en un garaje que pueda desplazar a esas grandes empresas. Y si lo hay, cree que se irá a que le financien en Silicon Valley. Si alguien tiene una buena idea en nuestro espacio cultural europeo, una vez que dé los primeros pasos, es mucho mejor que se vaya a que le financien allí. Porque aquí no va a tener recorrido, ni en Alemania, ni en Francia. No nos engañemos. La movilidad ascendente y descendente está aplastada por la política, las empresas y los sindicatos, por todos los actores. Hay un oligopolio de oferta, cierto, pero dentro de ese oligopolio global no hay ningún europeo. Si uno piensa que las primeras relaciones a través de Internet se produjeron en Europa antes que en Estados Unidos…

1968 y la periferia

Todo lo que ocurre ahora en el mundo, la insostenibilidad del modelo y la anomia, ¿está relacionado directamente con la crisis económica de 2008? No, yo diría que no. Busquemos una onda larga y otra corta. Las ondas cortas se ponen de manifiesto explosivamente en las crisis. Pero la onda larga procede de una crisis anterior. La onda larga de respuesta al sistema dominante, independientemente de las características de ese sistema, está en 1968. Coincide además con los primeros pasos de la revolución tecnológica. Podemos situar la onda corta en 2008, es verdad. Pero cuando se produce la crisis de 1997-1998 en el sureste asiático y el Fondo Monetario Internacional mete la pata consistentemente, los únicos que se libraron fueron los que no aceptaron la intervención del FMI, como Singapur. Todavía estábamos fascinados por la idea de países centrales y países periféricos, pero eso ya no existe. Ahora existe la periferia dentro de los países centrales y periferia de países enteros. El gran triunfo de Trump es que la periferia de Estados Unidos sea el Medio Oeste del propio Estados Unidos. La América profunda es la periferia. La periferia no es Finlandia o Corea del Sur, por ejemplo. Por eso, cuando se produjo la primera crisis, uno de los debates que yo quise plantear era que no era posible que en un sistema financiero globalizado hubiera crisis periféricas que no afectaran a los países centrales. O sea, inculcar la idea de “no vivan tranquilos”. La crisis saltó de Asia a Rusia y a Turquía, de allí a Brasil y arrasó Argentina al año siguiente.

El optimismo de la inteligencia

¿Cómo no ser profundamente pesimista? Gramsci decía que tenía el pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad. Yo tengo la reflexión contraria. Desde el punto de vista de la inteligencia, soy optimista. Desde el punto de vista de la voluntad política, soy pesimista. Creo que lo que falla es la voluntad y, por tanto, el liderazgo. Me dicen: “Hombre, es que no sabemos lo que pasa”. Sí, claro que sabemos lo que pasa. En los acuerdos de desarme que se han saltado a la torera este año sabemos lo que pasa. Sabemos qué pasa en Oriente Próximo. Lo que pasa con el cambio climático, con la OMC y con el nuevo proteccionismo. Lo sabemos. Intelectualmente podemos llegar a un diagnóstico y de allí a la terapia. Lo que cuestiono, o lo que me hace ser pesimista, es si existe esa voluntad para hacerlo, aparte de jugar con los tuits.

Y si se comprende, ¿por qué no se reacciona? Porque se comprende y al mismo tiempo se niega. El problema lo puedes hablar con los liberales demócratas británicos o con gente del laborismo, lo entienden perfectamente. No es un asunto que no se pueda entender en la izquierda. El problema es cómo traduces eso en acción política, en movilización de la voluntad. Y cómo huyes de respuestas simplificadas que no sirven para nada.

Me preguntan sobre los criterios básicos para configurar esa voluntad, dado que el diagnóstico parece compartido por mucha gente. En Europa, por ejemplo, estaría bien un análisis autocrítico en el Consejo Eu­ropeo sobre cómo se ha enfrentado la crisis y por qué ha habido consecuencias mucho más dolorosas y peores para la UE que para Estados Unidos. Decidir en qué nos equivocamos. Recordar que solo apareció “monseñor” Draghi con políticas monetarias y que cada vez que daba un paso pedía medidas político-fiscales de acompañamiento. Yo diría que, más que una autocrítica, lo que ha habido en Europa ha sido un deslizamiento, interesante, para flexibilizar de facto las posturas, pero sin flexibilizarlas desde el punto de vista normativo.

A veces me preguntan sobre las ventajas de las sociedades autoritarias con poderes fuertes que olvidan a sus Parlamentos, y por las sociedades democráticas en las que los Parlamentos destruyen a los Ejecutivos. Y sí, los Parlamentos democráticos no ofrecen fórmulas alternativas de solución. Por eso insisto en la necesidad de que las democracias representativas tengan capacidad de resistencia frente a la anomia generalizada que se extiende. Veamos. ¿Qué está pasando en Italia? Salvini estaba seguro de que tumbaba al Gobierno y provocaba elecciones. Y de pronto, en un ataque de lucidez, la izquierda democrática dice: “Ni hablar”. Por eso recuerdo lo que hizo Chávez en 1999 en Venezuela, cuando juró cumplir y hacer cumplir la Constitución, y solo pasó un año antes de convocar al pueblo para destruirla y hacer una nueva. Así que, sí, soy más pesimista de la voluntad que de la inteligencia.

Trabajo y autónomos

¿Por dónde empezar a hablar de la situación de la economía? ¿Por los nuevos tipos de trabajo? Quizá. Quizá del hecho de que ya no se habla de jornadas laborales semanales o mensuales, sino que se discute del salario por hora. ¿Cuáles son los derechos laborales en ese espacio? Tenemos que regular esas nuevas formas de relaciones laborales, de la ocupación en el sentido más amplio, para evitar el abuso. Teníamos que haber empezado ya a afrontar el tema de aquellos que están obligados a sobrevivir como autónomos.

Riqueza y big data

Y ¿cómo hacemos para avanzar en la lucha en términos de desigualdad, teniendo en cuenta que la revolución tecnológica ha provocado un fenómeno de concentración de la riqueza, sobre todo de la riqueza financiera y de la riqueza que se parece mucho a la otra, que es la de las grandes tecnológicas? La concentración de la riqueza está en el sistema financiero informal más que en el formal. Atención con lo que digo, para no confundir. Los bancos tradicionales lo están pasando rematadamente mal. El mayor banco de Alemania está, diríamos, arruinado. Los que no lo pasan mal son los sistemas parafinancieros, desde los llamados fondos de inversión hasta los sistemas financieros ligados a Amazon o semejantes. Hasta Facebook quiere poner en marcha su propia criptomoneda. Es muy importante tener en cuenta que la materia prima de las grandes tecnológicas, lo que podríamos llamar el petróleo del siglo XXI, es el big data. Es decir, la acumulación de los datos personales de todos nosotros desde que nacemos hasta que nos morimos y también de nuestros herederos, todo ello de manera gratuita. Por primera vez la materia prima es gratis. Intentamos regular algunos derechos, pero nunca decidimos lo fundamental: que los datos personales son propiedad de cada persona. Si el concepto de “propiedad privada”, el más respetado de los conceptos del capitalismo, se aplicara al big data, nadie podría usarlo sin una autorización informada y consciente.

Esto sería, claro, una revolución. De verdad. La única revolución que de verdad cambiaría las cosas porque obligaría a las tecnológicas a tener una comunicación contractual e informada directa con las personas cuyos datos van a utilizar. ¿Una batalla perdida? Quizás en parte. Los datos acumulados ya son el pasado y no puede haber, digamos, efecto retroactivo. Pero yo no estoy hablando en términos penales: el efecto retroactivo es difícil plantearlo, pero no imposible. De lo que se trata es de, a partir de un reconocimiento de esa naturaleza privada, darle un tratamiento distinto. Pienso que el siglo XXI es eso. Esas empresas imbatibles dejarán de serlo y tendrán que respetar al ciudadano. Ahora ni respetan a los ciudadanos, ni a sus representantes, ni a los Gobiernos.

¿El enemigo? Sí, sin duda. El enemigo, en un sistema tan individualista y de tal democracia liberal en origen como Estados Unidos, fueron en su momento las siete grandes compañías petroleras que llegaron a suponer el 10% del PIB en Estados Unidos. Entonces se decidió acabar con esa situación. Esta broma se acabó. Hay que hacer política: primero, para dividir y, segundo, para defender iniciativas innovadoras y evitar que sean engullidas de manera salvaje por las grandes compañías. En el momento en que esas empresas se hicieron tan fuertes y potentes, ¿por qué van a perder el tiempo en innovar…? Si ya tienen a una serie de buscadores de innovadores en todo el mundo que pueden absorber. Y de dos maneras: los que suponen una innovación que puede añadir valor al propio grupo se incorporan, y los que pueden ser competencia se hacen desaparecer, incluso en su mismo origen si creen que perjudica a su modelo de negocio. Todo esto se puede regular. Claro que sí…

Federalización de la Constitución

Me plantean a menudo cuáles son los criterios básicos para la reforma constitucional. Lo principal es la federalización de la Constitución para garantizar la lealtad institucional y para que no volvamos a tener este medio camino, un Estado autonómico que se convierte en reino de taifas, un Estado fuertemente descentralizado, más que los Estados federales, pero sin garantías de cohesión. Ese me parece el primer elemento, básico. Hay otras muchas cosas que modernizar en la Constitución, fundamentalmente referidas a la nueva realidad comunicacional y a nuevos derechos; de algunos ya hemos hablado.

Lo que más me preocupa en estos momentos de la situación política española es que una crisis política tan prolongada se ha traducido en deterioro institucional. Seguimos, por ejemplo, con unos presupuestos que se prorrogan casi indefinidamente. Podemos repasar instituciones, pero no quiero ser muy doloroso. Está absolutamente caducado el Consejo del Poder Judicial. Y muchos otros organismos. Como mínimo, podemos decir que existe una parálisis institucional. Y yo añado que no entiendo por qué el Parlamento no está funcionando a pleno pulmón desde que se constituyó. Tendrá limitaciones, porque obviamente el Gobierno no puede presentar proyectos de ley estando en funciones, pero el Parlamento en sí debería funcionar. El Tribunal Constitucional acaba de desautorizar a Rajoy por oponerse como Gobierno en funciones a las comparecencias.

La parálisis acarrea una afectación institucional. Hay incluso un debate sobre los poderes de la jefatura del Estado, respecto de la crisis del nombramiento del candidato a la presidencia. Dicen que el artículo 99 es ambiguo; bueno, casi todos los buenos elementos de las Constituciones tienen un margen de interpretación, no son tan cerrados como para que se puedan aplicar con un ordenador. Yo creo que habría que fortalecer más el papel de la presidencia del Congreso, para que tuviera la capacidad de tantear las posiciones de los grupos para saber si procede o no una ronda nueva de audiencia con el Rey. El Jefe del Estado no puede decidir si es necesaria esa ronda o no. El papel de la presidenta del Parlamento no solo tiene que ser llevar un papel, ir y venir, sino que tiene que hacer un sondeo con los grupos para poder dar después una explicación de cómo está la situación a quien tiene que hacer la ronda.

Autonomías, Cataluña y referéndum

Si se da cuenta, ya no estamos hablando de la Constitución (que permitiría ese papel de la presidenta del Congreso), sino del deterioro de las instituciones. Ese peligro es evidente. No puede ser que cada comunidad autónoma no solo tenga una fiscalidad radicalmente distinta, sino que tenga además normas de formación profesional distintas o normas de uso de transporte distintas. No puede ser que al camionero o al que tiene un título de formación profesional en Castilla-La Mancha no le sirva para trabajar en Madrid. O al revés. Esto no puede ser. Tiene que existir una armonización que te permita moverte por todo el territorio. Por tanto, hay deterioro institucional. ¿Hay una crisis de Estado? Hombre, como no quiero ser ombliguista y mucho menos pesimista, yo creo que está peor el Reino Unido que nosotros. Lo digo en serio y con dolor. Porque el Reino Unido, la democracia con mayor tradición y más sólida, se está jugando hasta la unidad territorial. Pero, en fin, es obvio que nosotros tenemos una crisis propia que está deteriorando el funcionamiento institucional.

Una parte de ese deterioro se debe a algo que ya he comentado y que me preocupa mucho. La falta de respeto, también en España, por las normas. Ese es un elemento fundamental de la crisis en Cataluña. Hay una parte de la representación política catalana, me da igual si es el 47% o el 52%, porque ese no es elemento nuclear, que cree que se puede saltar las normas. Por eso digo que da igual que sean el 47% o tengan la mitad más uno. ¿Qué pasa? ¿Que en ese caso pueden ignorar las reglas? No. Y si se hace en nombre de la democracia es todavía peor. La democracia está por encima de las reglas de juego, dicen. No. Las reglas de juego que hemos aceptado entre todos se pueden cambiar, por supuesto, pero por los procedimientos previstos para el cambio. ¿En qué ha contaminado este discurso la realidad de España? En que hay fuerzas políticas, como Podemos, que compran ese producto. Esa es una de las enormes dificultades, en mi opinión, para que haya una relación de confianza. Hay incluso algunos analistas, se supone que muy enterados, que dicen que es perfectamente posible pactar un referéndum específicamente catalán para decidir el futuro de Cataluña. En el marco constitucional no lo hay. ¿Es posible hacerlo cambiando la Constitución? Sí, pero ya advierto que yo me opondré a que se haga ese cambio. Porque no introduciría nunca en una reforma constitucional un elemento autodestructivo de lo que compartimos todos los españoles. Yo, personalmente, me opondría y llamaría a la gente a que se opusiera. ¿Por qué? Porque nos hace desaparecer como Estado, y detrás del Estado hay una realidad, un espacio público compartido que se llama España. ¿Desde cuándo está compartido? Desde cuando quieran. Desde luego, sí desde la formación del Estado moderno. Y mucho antes de la formación del Estado moderno, desde hace cinco siglos. Y antes de eso, ¿de verdad había Estado o había un demos divisible? Por tanto, ahí hay un elemento fundamental para comprender que no es que tengamos un problema territorial con una parte de la sociedad catalana representada por el independentismo, tenemos un problema que contamina a fuerzas políticas de otras partes del territorio que no tienen claro que las reglas del juego están para ser respetadas; incluso para cambiarlas tienen que ser respetados los mecanismos de cambio previstos. Es que son muy duros, dicen. Bueno, esto es lo que hemos decidido entre todos y entre todos tenemos que decidir si se cambia o no. Luego tenemos además la amenaza de Vox que todavía no se ha convertido en un hecho real, pero que claramente no quiere el Estado de las autonomías. ¿Tienen derecho a no quererlo? Sin duda. Por los procedimientos acordados. En fin, es evidente que debería haber un pacto mínimo constitucional con respecto a Cataluña. No es concebible que Ciudadanos, PP, PSOE… estén utilizando el tema para romperse la cabeza.

El Gobierno y el presidente

Pasando a la política nacional, una parte del debate se centra ahora en la diferencia entre Gobiernos de cooperación y de coalición. Yo honradamente digo que hagan lo que quieran, pero que no nos lleven a elecciones y que respeten las reglas del juego. Y las reglas del juego mínimas son tres: que el Gobierno funcione como debe funcionar de acuerdo con el ordenamiento jurídico. Que el presidente no deje de ser el presidente, que tenga la facultad de nombrar y de cesar al ministro que crea que tiene que nombrar y que cesar, porque es su responsabilidad, no de nadie más. Y que las decisiones sean del Consejo de Ministros. De mis batallas, que nunca cuento con detalle, una esencial era el grado de autonomía del Gobierno respecto de las partes con las que tienes que dialogar y acordar en defensa de los intereses generales. Porque la obligación del presidente es defender los intereses generales. Estas cosas se están olvidando.

La conclusión de este viejo político, que no es un político viejo porque no quiero resignarme, es que hagamos lo que tengamos que hacer, el esfuerzo que tengamos que hacer para poner en la agenda de la sociedad los desafíos que tenemos.

8 de septiembre 2019

El País

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