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Opinión

A los felicitadores siempre presentes en nuestro medio, se suma ahora la fauna de los descalificadores que se creen dueños de la verdad y sin pruebas desacreditan a cualquiera que emprenda una acción o emita una declaración que no esté acorde con lo que piensa el descalificador. Cuando salgamos de este totalitarismo alguien tendrá que escribir sobre Los Descalificadores, a semejanza de Los Felicitadores de Pedro María Morantes, mejor conocido como Pío Gil.

Quede claro que no nos referimos a las críticas sustentadas o incluso a alguna que otra descalificación esporádica sin mucho análisis, pero no malintencionada, sino a quienes utilizan sistemáticamente la descalificación para destruir a alguien. Algunos lo hacen por narcisistas, otros para intentar ganar tribuna y algunos por poco juicio. En tiempos normales eso no tendría mayor importancia, pero en las actuales circunstancias los descalificadores deben percatarse de que dificultan la posibilidad de salir de Maduro y su pandilla.

No faltará quien se rasgue las vestiduras, alegue que no acepta censurarse y que no puede callar ante supuestas traiciones y complicidades. Quien tenga pruebas de ello que hable sin cortapisas, pero que guarde prudente silencio si no las tiene. En una situación política tan compleja y ante criminales es muy difícil tener una solución óptima.

En lo personal quisiera que los militares le dijeran a Maduro que respetan la Constitución y que el Informe Bachelet confirma lo que era notorio sobre las violaciones a los derechos humanos, por lo que debe dejar Miraflores. Sin embargo, otros consideran que eso no es conveniente alegando que los militares no deben ser árbitros. Aunque no compartimos este último punto de vista, no por ello debemos tildar de colaboracionistas a sus divulgadores.

En lo personal no nos parece conveniente para el futuro del país que se produzca una intervención militar extranjera, la cual por lo demás no cuenta con el visto bueno de ningún país, pero no por ello descalificamos a sus proponentes. Nos parece que la visita de Bachelet fue positiva, pero no descalificamos a quienes sostienen que con la misma afianzó al régimen.

Más recientemente las descalificaciones giran en torno a si se debe o no negociar con el régimen una salida política. Epítetos de diversa índole han llovido sobre nuestros negociadores, todos ellos honorables y de trayectoria democrática. También sobre Juan Guaidó, presidente(e) de la República. Lo procedente es que los dirigentes orienten a los dirigidos sobre los pro y contras de la negociación y si existe otra opción viable. Hemos escuchado decir tajantemente a algunos que no se debe negociar y cuando preguntamos sobre qué opción ofrecen la respuesta evasiva es “ah yo no sé, porque no soy político”.

Estamos de acuerdo en que el régimen no va a ceder el poder en una mesa de negociación si no hay mayor presión interna y externa. No es solo por temor a las consecuencias, sino porque no le importa que el país se siga deteriorando y que los venezolanos continúen emigrando. Un cambio de posición sería posible si dentro de las filas del régimen surjan más voces disidentes que entiendan que les conviene ceder.

Respetando otros pareceres, consideramos que la inexistencia de otra opción realista, no queda más que acudir a negociar. Ante la negativa del régimen de aceptar un cambio, los países que han manifestado interés en que se resuelva nuestra situación quizá puedan ejercer mayor presión. Inclusive, si Rusia y China deciden privilegiar sus interese económicos en Venezuela sobre los geopolíticos, podrían dejar de alcahuetear al régimen. Instamos a los dirigentes opuestos a la negociación a que que no descalifiquen esa opción y le otorguen el beneficio de la duda. Eso desincentivaría a quienes insultan sin razones válidas al presidente (e) Guaidó y a nuestros representantes en las negociaciones.

¿Qué sería lo deseable para nosotros? Establecimiento ya de un gobierno de transición sin Maduro y elecciones transparentes lo más pronto posible. ¿Qué sería quizá lo aceptable en última instancia? Que Maduro siga en Miraflores por unos meses mientras se realicen elecciones transparentes con nuevo CNE, libertad de los presos políticos, retorno de los exiliados, fin de la inhabilitación de partidos políticos y de dirigentes, suspensión de la ilegítima Asamblea Constituyente y neutralización del TSJ usurpador. Lo de menos es si Maduro puede o no ser candidato. Ojalá lo sea. Con el respaldo del Informe Bachelet la oposición está más fuerte que nunca. No perdamos esta oportunidad.

Como (había) en botica:

Según fuentes secundarios de la OPEP, la producción de crudo de Venezuela es de solo 734.000 barriles por día (b/d). Según esas mismas fuentes, en el año 2001 fue de 2.690.000 b/d.

La joven clarinetista Karen Palacios y nuestro amigo y gran luchador por los derechos humanos José Méndez, siguen secuestrados por el régimen.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

 3 min


Jesús Elorza G.

Carpeta en mano y saltando de la alegría, entró el ilegitimo Canciller al despacho del usurpador. Buenos días camarada, le traigo la propuesta de un plan internacional para reivindicar su imagen y su legitimidad. Los ojos del mundo estarán puestos en su revolucionaria figura y dejaremos en ridículo a esos países traidores que apoyan al oligarca-imperialista de Guaidó.

-¿Y qué plan es ese? preguntó el usurpador.

Nada más y nada menos que la resurrección del Foro de Sao Paulo…

-Vas a seguir con esa mariquera de reunir gente para hablar pendejadas y chulearnos los reales.

Tranquilo camarada, en este caso quienes van a sacarle beneficio político a este encuentro somos nosotros.

-¿Cómo así?

Bueno, oficialmente invitaremos a todos los países de América, incluyendo a los gringos…

-No me jodas, ¿Vas a traer a Trump?

Camarada, déjeme terminar. De las regiones con gobiernos opositores, traeremos invitados especiales (miembros del Partido Comunista) identificados con nuestro proceso revolucionario.

-Ahhhhh, así sí. Pero, no crees que es mejor hacerlo en Río y no en Sao Paulo. Cilia siempre ha querido nadar en la playa de Copacabana y yo, bañarme con una garota.

Le explico camarada, este foro representa la reunión de partidos y grupos de izquierda de todo el continente americano, desde centroizquierdistas hasta colectividades políticas de izquierda, y fue fundado por el Partido de los Trabajadores de Brasil en São Paulo en1990. Su objetivo principal es el de profundizar el debate y procurar avanzar con propuestas de unidad de acción consensuadas en la lucha antiimperialista y popular, promover intercambios especializados en torno a los problemas económicos, políticos, sociales y culturales que la izquierda continental enfrenta.

-Déjate de esos discursitos baratos y desactualizados. Respóndeme a la pregunta que te hice ¿Sao Paulo o Río?

Ninguna de las dos. El foro será aquí en Caracas y con la presencia de delegados activos e invitados del mundo entero… ¡la ONU envidiará nuestro poder de convocatoria!

-Está bien, échale bolas. Que no se te olvide que la estrella voy a ser Yo.

Tranquilo camarada, que para eso está montado este tinglado.

Tres semanas después, comenzaron a llegar las delegaciones de Cuba, Nicaragua, Bolivia, Uruguay, México y el Salvador. Entre los invitados especiales destacaban entre otros: Seuxis Pausias Hernández Solarte, más conocido por su alias Jesús Santrich miembro de las FARC, hoy en día solicitado por narcotraficante, Hassan Nasrallah Secretario General del Hezbolá, Mohamad Yavad Zarif en representación de la Guardia Revolucionaria Islámica, Hisham Bekhityar Jefe de las Fuerzas Armadas Sirias, Aleksandr Bórtnikov jefe del Servicio Federal de Seguridad (antigua KGB), Guo Shengkun de los sevicios secretos chino y Nicolás Rodríguez Bautista comandante en Jefe del ELN.

También destacaban una serie de personas que en los medios de comunicación eran nombrados como “Cadaveres Insepultos”: Rafael Correa, Evo Morales, Manuel Zelaya, López Obrador, Tabaré Vásquez, Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Daniel Ortega y Raúl Castro.

Para darle realce revolucionario al salón de reunión, fueron colocados inmensos y fantasmagóricos afiches de Fidel, el Che, Chávez, Marulanda y Carlos Marighella resaltados con las palabras “Crear uno, dos, tres Vietnam es la consigna”.

En medio de la euforia revolucionaria, mientras era leído el saludo que el camarada Lula da Silva enviaba desde la cárcel, uno de los presentes gritó a todo pulmón “Llegó la justicia…sálvese quien pueda” provocando la avalancha de todos los asistentes. En cosa de segundos no quedó nadie en el salón, hasta los fantasmas de los afiches desaparecieron…y regados en el piso quedo el manifiesto de solidaridad con el usurpador titulado “De Sao Paulo a Caracas.

Nadie dio respuesta sobre en cuál de los Vietnam latinoamericanos se realizaría el próximo Foro.

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Se entiende por Capitalismo de Estado a un modelo económico en el que el Estado tiene un papel predominante en la economía de una nación, bajo un sistema de base capitalista; pero con tendencia a la administración centralizada. Existen variantes, de acuerdo a distintas corrientes ideológicas y situaciones específicas. El Estado posee y administra las riquezas de la nación, las materias primas de gran valor, las industrias básicas y los principales medios de producción de bienes y servicios, particularmente los considerados de alta utilidad pública, como la electricidad, agua, gas, etc.

Con el fin de tener elementos para una evaluación comparativa, se caracteriza, brevemente, el modelo chino de Capitalismo de Estado. En China tuvo lugar un proceso de cambio relativamente rápido, pero convenido y de forma planificada, del modelo socialista-comunista de economía centralizada a un capitalismo de libre mercado, con connotaciones socialistas. La idea era utilizar la capacidad del sistema capitalista para promover el desarrollo; para lo cual fueron liberando actividades de producción, permitiendo a particulares obtener ganancias económicas; posteriormente fueron favoreciendo la expansión del sector privado y la inversión de capitales; pero el gobierno afirma que siguen siendo comunistas. El Estado se reservó las actividades económicas consideradas estratégicas. Esta transición ha logrado notables éxitos económicos y sociales. La apertura económica de China la ha llevado de ser un país bastante atrasado y con altos niveles de pobreza a convertirse en la segunda más grandes economía del mundo, Desde la apertura económica, hace más de 40 años, ha sacado de la pobreza a varios cientos de millones de personas; pero los derechos ciudadanos continúan limitados y persisten importantes problemas sociales.

En el caso de Venezuela, se cumplen las características que definen un Capitalismo de Estado; pero los resultados son muy diferentes a los obtenidos por China. Las riquezas, entre las que destacan el petróleo, gas y minerales valiosos pertenecen al Estado, pero las maneja el gobierno como si fueran de su propiedad. Los servicios básicos y los sistemas de salud, y gran parte de la educación, así como la seguridad pública también están en manos del Estado, pero en están pésimas condiciones. Los índices económicos y de nivel de vida de la población nos indican que estamos en presencia de una economía en profunda crisis.

En cuanto a la propiedad privada, hubo una arremetida de expropiaciones, y nacionalizaciones concentradas en los años 2005 a 2017, los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro se apoderaron de más de 1.350 empresas, en ese mismo período ya habían quebrado más de mil de ellas; lo cual no es de extrañar, ya que estas empresas terminaron por fracasar o están en condiciones deplorables y trabajando con escasa eficiencia. Entre las propiedades afectadas se encuentran importantes empresas relacionadas con servicios y actividad petrolera, explotación minera, metalurgia, electricidad, telefonía, industrias alimenticias y cadenas de supermercados y de los hoteles Hilton; así como grandes comercios de diferentes tipos. Se intervinieron 22 bancos y se expropiación cinco de ellos. Es necesario recordar que un número considerable de empresas estratégicas ya pertenecían al Estado. En el campo, el gobierno expropió más de cinco millones de hectáreas, no pocas de ellas en plena producción, el efecto generalizado fue el de una muy importante disminución de la producción agrícola.

Como consecuencia de las políticas económicas y sociales implementadas, el país entró en un proceso de hiperinflación y una terrible escasez de alimentos, medicinas, repuestos, etc.; así como de deterioro de bienes y servicios indispensables para un aceptable nivel de calidad de vida; todo esto conforma las características propias de un Estado fallido. La reacción a esta situación ha producido miles de protestas populares que, en general, han sido fuertemente reprimidas. Por otra parte, la renta petrolera fue desaprovechada; se destinó en gran parte a financiar una economía poco eficiente y de baja productividad, a incentivos clientelares y la ayuda a países con gobiernos políticamente afines al de Venezuela; la corrupción también ha estado presente.

Todos estos son efectos directos de la aplicación de un paradigma político que ha tenido grandes fracasos a escala mundial, aplicado por un gobierno con un gran sesgo populista, con fuerte influencia del comunismo a la cubana y un liderazgo mesiánico que con una pésima gestión de gobierno, definen, sin lugar a dudas, el modelo económico aplicado en Venezuela como un Capitalismo de Estado fracasado, que se hace más evidente al compararlo con experiencias como la de China.

Profesor, Facultad de Agronomía, UCV
felipeedmundo@gmail.com

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Alberto Hernández

Reunir el porfiado fracaso izquierdoso alrededor de una fogata para apoyar distopías. Convocar en Caracas el malhadado Foro de Sao Paulo para apoyar lo que siempre han apoyado, es un indicativo de que ese fracaso forma parte de las neuronas de muchos que han creído que el mundo sigue siendo plano.

En efecto, algunos siguen creyendo que otros creen que la tierra es una lámina sobre la cual se mueven vacunos y ovejas. Cuestión que se afinca en la afirmación de que sí hay algunos que aún no han curado del sarampión y concitan reuniones para quitarse las costras, sobarse los golpes y sacarse los piojos.

La convocatoria del ya pavoso Foro de Sao Paulo en Caracas da pie para que en su seno se celebre también el hambre y la miseria que ambula por las calles de Venezuela. Sirve para que la pareja miraflorina siga danzando torpemente su salsa sobre la sangre de jóvenes que han caído producto de las balas rusas, chinas y hasta cubanas que lanzan como si fueran flores sobre la tumba de una Nación.

Este foro viene a darse el gustazo para festejar la carestía de la vida, la muerte innúmera de niños y ancianos en los destrozados hospitales del país. Para pasearse feliz por las vacías escuelas y universidades. Para danzar con las decisiones extrajudiciales de tribunales y sus zonas de tolerancia. Sirve para gritar consignas a favor de las enfermedades que una vez fueron superadas y ahora forman parte del reinado insano de un régimen que sonríe frente a la tortura. Que sazona sus platos con el pellejo de quienes dejan la vida en calles, avenidas, cárceles, ergástulas, mazmorras, tumbas y bosques donde se tortura, desuella, despelleja, electrifica, ahoga, envenena a la disidencia, pero también persigue, allana y encarcela a los familiares y amigos de las víctimas.

Este foro servirá para eso y más. Servirá para coronar a Maduro y para que los venezolanos nos sintamos felices de la llegada de los chulos y malvivientes que representan a los alienados que se dicen no alineados y forman parte de esa fotografía inventada por Fidel Castro en Brasil, y para que los ladrones y asesinos sigan siendo personajes de portadas de diarios y revistas.

Los bufones vendrán a celebrar la muerte. Los cortesanos vendrán a tomarse su guarapita escocesa con papelón y chicha andina. Vendrán a sembrar el conuco. Vendrán a intercambiar espejitos a través de ese muy contemporáneo y maravilloso invento llamado trueque. Y seremos felices con ellos porque ellos son justicieros y amantes de la paz. Los cementerios estarán muy agradecidos por la gesta bíblica de quienes aplauden la mirada perdida de nuestros jóvenes en las calles y poblados del país. Mirada de muerte porque el Foro de Sao Paulo es, precisamente, un estero de dinosaurios que viene a fundar su parque jurásico en Venezuela. O al menos a confirmar que existe y vienen a ver el zoológico en que Chávez, Maduro y sus sátrapas han convertido a Venezuela.

El Fororo de Caracas será con maíz fermentado. Será un encuentro donde ellos, los prehistóricos, volverán a invocar los nombres que tanto invocan para seguir destruyendo todo a su paso mientras ellos se enriquecen.

Por todo lo arriba dicho, en ácida broma porque arde y hasta en serio porque duele, se agrega a la opuesta realidad la celebración de un Contraforo en Maracay, donde no habrá libaciones ni manuales cubanos, rusos, iraníes ni chinos. Sino ciudadanos. La carpeta será la crítica. La agenda será la resistencia contra esa cosa criminal que reúne el despotismo, el latrocinio y la amargura de quienes siguen siendo los resentidos de la historia global.

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La Asamblea Nacional aprobó en febrero de este año un “Estatuto que Rige la Transición para la Democracia”, en el cual se establecen los tres pasos (cese a la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres) de la famosa “ruta” popularizada por el presidente Juan Guaidó. Algunos aseguran que dicha “ruta”, convertida en mantra, fue un verdadero éxito —y sin duda lo fue— para movilizar a la oposición del país, adormecida por el desánimo y los fracasos políticos en 2017 y 2018. La “ruta” de Guaidó insufló nuevamente de esperanza el decaído ánimo de la gente, pero hoy en día, probablemente debido a los “fracaso” de 23F y 30A, es criticada y algunos ya ven esos tres puntos, más como un karma, que como un proyecto o una “ruta”.

Tan temprano como en enero de este año, en varios artículos, fijé mi posición con respecto a lo que se venía discutiendo sobre la posibilidad de que Juan Guaidó, basado en ese Estatuto y en las interpretaciones del artículo 233 de la Constitución, se juramentara como presidente (https://ismaelperezvigil.wordpress.com/category/articulos-blog/). Lo consideraba un error, pero se hizo, lo respete y lo apoye. En mi descargo diré que consideraba en ese momento que no estábamos frente a una mera discusión jurídica, sino frente a una complicada decisión y discusión política. Hoy pienso igual, pues creo que hay que discutir y replantearse la “Ruta Guaidó”, aunque debo decir que para algunos/as la discusión no es de estrategia política –¿Cuál es la estrategia más adecuada en este momento? –, sino una mera táctica para desprestigiar el actual liderazgo opositor y asumir ellos/as ese papel.

Paradójicamente, a pesar del cuestionamiento que acepto que se debe hacer, creo que, a pesar de todo, la “ruta” es lógica y correcta, describe adecuadamente los “pasos” a seguir, por más que algunos discutan el orden de los mismos y otros hablen de la necesidad de abandonarlos. Creo que el problema es el contenido que se le quiere dar a cada uno de ello. Veamos.

El cese a la usurpación no es, para algunos, lo que dice el Estatuto de Transición (Artículo 7.1: “La liberacn del régimen dictatorial, que ocurri con el cese de los poderes de facto que ejerce Nicolás Maduro Moros”, copia textual); para algunos “cese a la usurpación” significa que deben abandonar el cargo el presidente usurpador y hasta el último vigilante o bedel del más pequeño de los ministerios u oficina pública. Ya sabemos lo dado que son algunos/as a reinterpretar las cosas; lo vivimos con el “mandato” del 16J de 2017, que lo que aprobamos en esa consulta popular con la 3ra pregunta (“la renovación de los poderes públicos de acuerdo a lo establecido en la Constitución”...enelecciones libres y transparentes” y que se conforme “un Gobierno de Unidad Nacional para restituir el orden constitucional”.. ) lo interpretaron como que debería ser “ya”, en ese mismo instante, no como una estrategia que había que construir, sino como una acción a cumplir de inmediato, y no hacerlo de esa manera era “traicionar al pueblo” y traicionar el “mandato” del 16J.

En mi opinión el problema es la discusión jurídica de quién debe remplazar al presidente usurpador. Algunos, interpretando el artículo 233, aseguran que debe ser el presidente de la Asamblea, Juan Guaidó, quien asuma la presidencia; otros señalan que debido a la “continuidad administrativa” debe ser algún vicepresidente designado por el presidente usurpador, cuyo mandato anterior tenía supuestamente una legitimidad de origen (que algunos también dudan). Y hay más posiciones. Pero si bien esa discusión jurídica no deja de ser llamativa e interesante, insisto en que esto no es un problema jurídico, es un problema político que se debe resolver con un “acuerdo” en la mesa de negociación, donde quiera que se vaya a realizar (Noruega, Suecia, Barbados, donde sea) y quien debe asumir la presidencia de la República, a la salida del presidente usurpador, es alguien que debe tener algún mínimo consenso, para que pueda continuar el gobierno durante el proceso de transición que nos lleve a unas elecciones libres.

El gobierno de transición, segundo punto de la discusión: ¿Cómo interpretamos lo del gobierno de transición? Más concretamente, ¿Cómo se constituye ese gobierno? ¿Qué va a hacer durante el periodo de transición? y ¿Cuánto va a durar el mismo?; quizás cuánto va a durar es más fácil de responder: hasta que se realice un proceso de elecciones libres; lo complicado y complejo es cómo constituirlo, cómo integrarlo y sus funciones. En lo personal yo creo que el régimen debe asumir solo, hasta el final, su responsabilidad en la desastrosa gestión de estos 20 años. No veo porque la oposición debe formar parte de un gobierno de “coalición”, de ningún tipo, y hacerse “coparticipe” de esta crisis humanitaria, de esta desgracia en la que nos ha sumido la desastrosa gestión de esta dictadura. Como dice el refrán castellano, ¿Por qué la oposición le va a sacar las castañas del fuego a la dictadura?

El único problema del que se debe ocupar la oposición es seguir haciendo oposición, denunciando las arbitrariedades de la dictadura y sus violaciones a la Constitución y los derechos humanos; mostrar al pueblo venezolano el Plan País, cuáles son sus proyectos para salir de este oprobio y regresarnos a la ruta del progreso y el bienestar; prepararse para ganar contundentemente las elecciones libres que se deben realizar y esperar pacientemente a que se realicen las elecciones de gobernadores, de alcaldes, de poderes regionales y municipales, para terminar de barrer la escoria de la dictadura. Una vez ganadas las elecciones, ya la oposición tendrá la ocasión y se encargará de formar su propio gobierno, sin el lastre del régimen.

Las elecciones libres, tercer punto de la ruta. Sabemos bien que para realizar unas elecciones libres se deben acordar algunas condiciones mínimas en la mesa de negociación. Lo primero, por supuesto, es que serán elecciones presidenciales pues allí está la clave de la usurpación y de la ilegitimidad del actual gobierno; sí van a ser acompañadas o no de elecciones parlamentarias, adelantando unos meses las elecciones que se deben realizar a finales del 2020, es un punto que se puede negociar; personalmente creo que se debería hacer para de una vez salir del ejecutivo y ganar nuevamente la Asamblea, con una mayoría que permita renovar los demás poderes (TSJ, Fiscalía, Defensoría del Pueblo, Contraloría, etc.) y para poder hacer todas las modificaciones legales que se necesitarán en el nuevo gobierno democrático.

Entre las condiciones mínimas que tienen que conseguirse están, por supuesto, un nuevo CNE, renovando completamente los cinco ilegítimos rectores, con sus respectivos suplentes y buena parte del estamento de funcionarios. Las elecciones deben ser supervisadas por la comunidad internacional, para evitar los abusos de poder y que se respeten los resultados; y deben estar precedidas de una revisión del “registro electoral”, sobre todo para permitir que se escriban el millón y medio de rezagados que no lo han podido hacer desde hace varios años y que puedan hacerse las modificaciones necesarias para que voten los venezolanos que están en el exterior. Previo al proceso electoral obviamente se deben legalizar todos los partidos políticos, liberar a todos los presos políticos y permitir el regreso de los exilados; habilitar a todos los candidatos y líderes opositores que han sido ilegalmente inhabilitados por el régimen y sus cómplices de la Contraloría y tribunales no autorizados para ello. Los anteriores, como mínimo, deben ser los puntos a lograr, además de algunos otros de carácter más específico y técnico que he mencionado otras veces.

Desde luego algunos de estos puntos serán más fáciles de negociar, otros no tanto; pero ahí debe estar concentrada la discusión y no en cosas accesorias como quien puede o no ser el candidato del régimen; que sea el régimen el que escoja la magnitud y alcance de su derrota. La negociación es un camino a recorrer, que esperamos sea exitosa y despeje el trayecto a la paz, la democracia, el bienestar y el progreso, que se hacen cada día más apremiantes.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Ya se materializó esta semana lo que era un secreto a voces y que habíamos analizado varias veces antes: las negociaciones que se habían desarrollado en Oslo nunca han parado, aunque aún estén lejos de un acuerdo racional. Comiencen, terminen, exploten, no importa, ellas seguirán.

Ocurre este anuncio formal de negociaciones luego de los dos eventos que complicaron el proceso comunicacional o facilitaron las cesiones posteriores que ha hecho el gobierno para calmar las aguas: la muerte del capitán Acosta y el informe oficial de Michelle Bachelet, sobre las violaciones de Derechos Humanos en Venezuela. La verdad es que a pesar de que el discurso público de la oposición fue negar su próxima participación en negociaciones e incluso advertir que no harían de tontos útiles para oxigenar al gobierno, el proceso seguía inevitablemente. Mientras tanto, Maduro hablaba también de que el proceso estaba listo y no había duda que se llegaría a un acuerdo definitivo, que resolvería la crisis política venezolana, lo cual tampoco es verdad, pues el proceso sigue siendo complejo y difícil y requerirá de mucho más tiempo para consolidarse… si es que se consolida.

Lo que está claro es que ambos necesitan un acuerdo antes de destruirse mutuamente y acabar también con el país. La oposición se desdibuja con el tiempo, sin poder cumplir su objetivo de sacar a Maduro del poder y sin nada más que ofrecer, mientras el gobierno se enfrenta a un empeoramiento dramático de la situación económica y social del país, con una caída de importaciones que amenaza el colapso del sistema de producción, de transporte y alimentario, lo cual lo pondrá en riesgos internos de desmarque militar más tarde o más temprano.

Quizás hablar del TIAR en la AN era la forma que tenía Guaidó para darle un huesito al perrito propio, antes de anunciar que seguiría negociando (por lo que sin duda le atacan los extremos). Por su parte Maduro ha estado más interesado en posicionar la negociación y mostrar avances (que evidentemente exagera) para calmar sus monstruos internos.

La liberación de algunos presos políticos y la propuesta de relanzar la Asamblea Nacional con participación de los diputados chavistas camina en la dirección de abrir espacios a la negociación, aunque en paralelo mantienen la radicalización frente a sus enemigos para no bajar la guardia, ni mostrar debilidad. La oposición también se sienta a negociar, pero sigue buscando en paralelo cualquier forma de sacar a Maduro del poder, como sea. Es una negociación de guerra, que no tiene tregua en ninguna de las partes. El resultado es que el país sigue su proceso exponencial de deterioro. La presión de negociación está viva y sin duda dará mucho que hablar, incluyendo los ataques furibundos que vendrán en breve, mientras la brecha entre gobierno y oposición para lograr un acuerdo, sigue siendo gigante. Lo que sabemos hasta ahora es que siguen avanzando en la idea de una elección competitiva (que el gobierno podría aceptar para el próximo año), con una transición encabezada por Maduro, aunque se abra la posibilidad de integración opositora en ese gobierno, para buscar la flexibilización de sanciones. Y el escollo más grande para resolver, que es conseguir una vía para llevar a cabo una elección realmente competitiva, con una institucionalidad distinta a la captada por la revolución, pues resulta imposible imaginar que la oposición acepte una elección con un CNE como el actual, incluso reformado con algunos miembros opositores en su seno, pues sabe perfectamente que la desconfianza mataría su capacidad de triunfo debido a la abstención. Un veneno que ya ha probado en el pasado.

luisvleon@gmail.com

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Dani Rodrik

¿Es la cultura o la economía? Esa pregunta enmarca gran parte del debate sobre el populismo contemporáneo. ¿Son la presidencia de Donald Trump, Brexit, y el auge de los partidos políticos nativistas de derecha en la Europa continental, la consecuencia de una división cada vez más profunda en cuanto a valores sociales entre los conservadores y los liberales, y los primeros han dado su apoyo a los xenófobos, etno nacionalistas políticos autoritarios? o ¿reflejan la ansiedad y la inseguridad económica de muchos votantes, alimentadas por crisis financieras, austeridad y globalización?

Mucho depende de la respuesta. Si el populismo autoritario está arraigado en la economía, entonces el remedio apropiado es un populismo de otro tipo, dirigido a reducir la injusticia económica y mejorar la inclusión, pero pluralista en su política y no necesariamente perjudicial para la democracia. Si está enraizado en la cultura y los valores, sin embargo, hay menos opciones. La democracia liberal puede estar condenada por sus propias dinámicas internas y contradicciones.

Algunas versiones del argumento cultural pueden ser descartada. Por ejemplo, muchos comentaristas en los Estados Unidos se han centrado en las apelaciones de Trump al racismo. Pero el racismo de una forma u otra ha sido un rasgo duradero de la sociedad estadounidense y no puede decirnos, por sí solo, por qué la manipulación de Trump ha demostrado ser tan popular. Una constante no puede explicar un cambio.

Otras explicaciones son más sofisticadas. La versión más completa y ambiciosa del argumento de reacción cultural ha sido presentada por mi colega de la Escuela Kennedy de Harvard, Pippa Norris y Ronald Inglehart de la Universidad de Michigan. En un libro reciente, argumentan que el populismo autoritario es la consecuencia de un cambio generacional, a largo plazo, en los valores.

A medida que las generaciones más jóvenes se han hecho más ricas, más educadas y más seguras, han adoptado valores 'post-materialistas' que enfatizan el secularismo, la autonomía personal y la diversidad a expensas de la religiosidad, las estructuras familiares tradicionales y la conformidad. Las generaciones mayores se han alienado, convirtiéndose efectivamente en 'extraños en su propia tierra'. Mientras que los tradicionalistas ahora son numéricamente el grupo más pequeño, votan en mayor número y son más activos políticamente.

Will Wilkinson, del Niskanen Center, hizo recientemente un argumento similar, centrándose en el papel de la urbanización en particular. Wilkinson sostiene que la urbanización es un proceso de clasificación espacial que divide a la sociedad en términos no solo de fortunas económicas, sino también de valores culturales. Crea áreas prósperas, multiculturales y de alta densidad donde predominan los valores socialmente liberales. Y deja atrás las áreas rurales y los centros urbanos más pequeños que son cada vez más uniformes en términos de conservadurismo social y aversión a la diversidad.

Además, este proceso se refuerza a sí mismo: el éxito económico en las grandes ciudades valida los valores urbanos, mientras que la autoselección en la migración fuera de las regiones retrasadas aumenta aún más la polarización. En Europa y en los Estados Unidos, las áreas homogéneas y socialmente conservadoras constituyen la base del apoyo a los populistas nativistas.

En contra de este argumento, los economistas han producido una serie de estudios que vinculan el apoyo político de los populistas a las crisis económicas. En lo que quizás sea el más famoso de estos, David Autor, David Dorn, Gordon Hanson y Kaveh Majlesi, del MIT, la Universidad de Zurich, la Universidad de California en San Diego y la Universidad de Lund, respectivamente, han demostrado que los votos para Trump en las elecciones presidenciales de 2016 en todas las comunidades de EE. UU. tuvo una fuerte correlación con la magnitud de los efectos negativos del comercio con China. En igualdad de condiciones, cuanto mayor es la pérdida de puestos de trabajo debido al aumento de las importaciones provenientes de China, mayor es el apoyo a Trump.

De hecho, según Autor, Dorn, Hanson y Majlesi, el impacto negativo del comercio con China puede haber sido directamente responsable de la victoria electoral de Trump en 2016. Sus estimaciones implican que si la penetración de las importaciones hubiesen sido 50% más baja que la tasa real durante el período 2002-2014, un candidato presidencial demócrata habría ganado los estados críticos de Michigan, Wisconsin y Pennsylvania, haciendo de Hillary Clinton la ganadora de la elección.

Otros estudios empíricos han producido resultados similares para Europa Occidental. Se ha encontrado que una mayor penetración de las importaciones chinas está implicada en el apoyo al Brexit en Gran Bretaña y en el auge de los partidos nacionalistas de extrema derecha en Europa continental. Se ha demostrado que la austeridad y medidas más amplias de inseguridad económica también han jugado un papel estadísticamente significativo. Y en Suecia, el aumento de la inseguridad en el mercado laboral se ha relacionado empíricamente con el auge de los Sweden Democrats de extrema derecha.

Los argumentos culturales y económicos pueden parecer estar en tensión, si no totalmente inconsistentes, entre sí. Pero, leyendo entre líneas, uno puede discernir un tipo de convergencia. Debido a que las tendencias culturales, como el post-materialismo y los valores promovidos por la urbanización, son de naturaleza a largo plazo, no coinciden en el tiempo con la reacción populista. (Norris e Inglehart plantean un punto de inflexión en el que los grupos socialmente conservadores se han convertido en una minoría, pero aún tienen un poder político desproporcionado). Y los que abogan por la primacía de las explicaciones culturales, de hecho, no descartan el papel de las crisis económicas. Estas conmociones mantienen, agravan y exacerban las divisiones culturales, dando a los populistas autoritarios el impulso adicional que necesitan.

Norris e Inglehart, por ejemplo, sostienen que “las condiciones económicas a mediano plazo y el crecimiento en la diversidad social” aceleraron la reacción cultural, y muestran en su trabajo empírico que los factores económicos desempeñaron un papel en el apoyo a los partidos populistas. De manera similar, Wilkinson enfatiza que la “ansiedad racial” y la “ansiedad económica” no son hipótesis alternativas, porque los choques económicos han intensificado enormemente la clasificación cultural dirigida por la urbanización. Por su parte, los deterministas económicos deberían reconocer que factores como el impacto del comercio con China no ocurren en un vacío, sino en el contexto de divisiones sociales preexistentes a lo largo de líneas socioculturales.

En última instancia, el análisis preciso de las causas del aumento del populismo autoritario puede ser menos importante que las lecciones de política que se pueden extraer de él. Hay poco debate aquí. Los remedios económicos a la desigualdad y la inseguridad son primordiales.

Julio 9, 2019

Traducción propia

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/economic-and-cultural-explanations-of-right-wing-populism-by-dani-rodrik-2019-07?utm_source=Project+Syndicate+Newsletter&utm_campaign=c160ba5549-sunday_newsletter_14_7_2019&utm_medium=email&utm_term=0_73bad5b7d8-c160ba5549-105991035&mc_cid=c160ba5549&mc_eid=05f36f6726

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