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Opinión

Difícil entender el por qué algunos intentan bajarle el piso al ingeniero Guaidó, Presidente (e) de Venezuela, alegando que no cumplió su promesa de entrar la ayuda humanitaria por el Táchira y que tampoco logró que una masa crítica de oficiales desconociera a Maduro. Solo los timoratos esperan que no haya ningún riesgo para dar un paso. Las grandes civilizaciones surgieron porque emprendedores valientes desafiaron los peligros, fallaron algunas veces, pero insistieron hasta lograr lo que se propusieron. Todos los generales anuncian antes de una batalla que van a triunfar, por aquello de “quien no está dispuesto a vencer, está vencido”. La fortuna premia a los audaces, decía Virgilio. Por el contrario, los timoratos estorban y esperan que todas las condiciones estén controladas, para no correr ningún riesgo. Critican y tildan de fracaso cualquier acción que no tiene éxito inmediato.

Nuestra sociedad no se ha doblegado ante el totalitarismo. No hemos logrado derrotarlo, pero en cada enfrentamiento lo hemos debilitado. La abstención en la elección del 20 de mayo del año pasado y las manifestaciones con lamentable saldo de ciudadanos asesinados determinaron el rechazo y desconocimiento de Maduro por parte de los gobiernos democráticos del mundo.

El Presidente (e) Guaidó tenía que intentar que entrara la ayuda humanitaria, aún corriendo el riesgo de que los paramilitares de Bernal y de Iris Varela lo impidieran por la fuerza de las armas y que los militares permanecieran impasibles, salvo un grupo pequeño. ¿Cómo puede alguien decir que Guaidó quedó mal? ¡Quedó mal el régimen criminal y cobarde al que no le importa la salud de los venezolanos, ni disparar en contra de ciudadanos desarmados!

Algunos opinadores también critican a Guaidó por los hechos de La Carlota. ¿Acaso hizo algo diferente a lo que ha predicado sobre la necesidad de instar a los militares a respetar la Constitución, para lo cual, es condición imprescindible que desconozcan al usurpador Maduro? Ningún civil entró a la Base Aérea, sino que Guaidó, los diputados y ciudadanos que se presentaron en la puerta recibieron a varios oficiales y personal de tropa que se sumaron a la concentración. No hubo golpe de estado, aunque si se hubiese producido estaba plenamente justificado constitucionalmente. Es posible que varios oficiales no respondieran. Ello ha sucedido en otros casos, pero es muy poco probable que Padrino López estuviese comprometido. ¿Quién quedó mal? ¿Los militares que no atienden el llamado a defender la Constitución o los civiles que los instan a ser institucionalistas?

Otros especuladores afirman que la liberación de Leopoldo López ocasionó una reacción negativa que abortó el desconocimiento generalizado a Maduro y la aceptación de Guaidó como Presidente (e). Eso no tiene sentido. Lo de Leopoldo fue un duro golpe para el régimen. Aplaudimos su decisión de presentarse en La Carlota, la de sus custodios que lo permitieron y también su posterior entrada en la embajada de España para protegerse de un muy probable asesinato.

Hay quienes opinan de buena fe que hay que descartar cualquier relación con los rojos e inclusive que el Psuv no debe participar en una futura elección. Al respecto hay que ser realistas. El Psuv controla la mayoría de las gobernaciones y alcaldías y cuenta con un grupo de diputados. Además, controlan el TSJ, aunque sea espurio, y a casi todos los tribunales. Sus paramilitares pueden ser muchos o pocos, pero están armados y cuentan con el respaldo de un número indeterminado de oficiales de la Fuerza Armada. Es decir, no es un grupo al que se puede ignorar.

Sobre la aplicación del artículo 187-11 de la Constitución y nuestra reincorporación al Tratado Internacional de Asistencia Recíproca (TIAR), no pareciera que podemos aspirar mucho. El profesor Adolfo Salgueiro, destacado internacionalista, ha escrito artículos muy realistas y equilibrados sobre ese tema. Por otra parte, todo indica que nuestra Fuerza Armada no quiere correr el riesgo de otro enfrentamiento como el de Puerto Cabello, en un ambiente de mucho rechazo hacia los militares. Al no producirse el quiebre de quienes detentan las armas y ante la poco probable intervención internacional y la dificultad de una huelga general por las amenazas de saqueo y de expropiaciones, pareciera que la opción que queda es aceptar la realización de elecciones con estricta supervisión internacional, cambio del CNE, revisión del Registro Electoral, levantamiento de las inhabilitaciones y voto de venezolanos en el exterior.

Como (había) en botica:

Nuestra solidaridad con todos nuestros diputados, especialmente con los secuestrados Requesens, Caro y Zambrano, con los diez exiliados, cuatro protegidos en embajadas, siete perseguidos y con inmunidad allanada y tres desproclamados por el TSJ ilegítimo.

El Grupo 1BC ha pagado caro su defensa a la libertad de expresión. El totalitarismo les cerró RCTV, 92.9 FM y recientemente 750AM. Nuestra solidaridad con el Grupo y sus trabajadores.

Lamentamos los fallecimientos de Leopoldo Heredia y de Luis Mata Marín, compañeros de Gente del Petróleo de la Mesa de Guanipa.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Jesús Elorza G.

Muy contento despertó esa mañana el Usurpador. Caminaba sonriente, de un lado a otro del cuarto. Voy a infligirle una nueva derrota al imperialismo, expresaba en voz alta frente al espejo del baño.

-¿Qué te pasa? le dijo la primera combatiente. Tuviste otra pesadilla con Trump y su invasión militar.

No mi amolcitico, todo lo contrario. Al contrario, desde que cambiamos el viejo colchón por uno Sweet Dream, cada noche siento que me transformo en Martín Luther King y como él, tengo sueños sobre proyectos para impulsar nuestro proceso revolucionario. Como él, le digo al mundo “Ay jave e dream”

-Ah que bien, dime uno de esos sueños. Porque en realidad tú lo que haces es roncar y tener pesadillas con Guaidó.

No me amargues el día. Déjame explicarte mis “dreams”: Cuando la crisis económica no me dejaba en paz. Soñé que si combinaba ese problema con la falta de agua tendría una solución a mi favor…

-¿Cómo así, mi amol? Sorpréndeme.

Bueno, utilizando la falta de agua ordené ¡¡¡El cierre del Banco Central de Venezuela por más de tres semanas!!!...y nadie, ni siquiera la oposición, protestó por eso.

-¿Y en que nos favorece esa vaina?

Nada más y nada menos en que logramos sacar varias toneladas de oro sin que nadie se diera cuenta. Las montamos en un avión y las llevamos a sitios seguros en donde los gringos y sus aliados no podrán bloquearlas o retenerlas. Como ves mi amolcitico, te estoy asegurando que no pases trabajo cuando estemos en el retiro o en el exilio.

-¡Así, así, así es que se gobierna mi amol!, dijo excitada la primera combatiente… ¿Cuántos kilos fue que me dijiste?

Más de ocho mil.

-Ggggguuuuaaaaooo, ¿Solo para nosotros? Eso merece un brindis.

Durante los cuatro días que duro el apagón no dejaba de tener mis dreams y pude vislumbrar una política para golpear revolucionariamente al sector empresarial al reducir la jornada de trabajo de 8 am a 2 pm. Les di en la madre al reducirles sus ganancias, y si se ponían muy cómicos con sus protestas, les quitaba el servicio eléctrico por todo el día.

-Sigue soñando mi amol, que por esa vía tendremos revolución pa’ rato.

Cuando me dí cuenta del inicio de la Cuaresma a partir del Miércoles de Ceniza, tuve un dream para mejorar mis relaciones con el Vaticano. Mezclando la crisis de agua y luz, declare ¡¡¡No laborable esos cuarenta días!!! …caso único en la historia. El mundo entero quedó sorprendido con nuestra “Cuaresma Revolucionaria”

-Con esa política seguro te canonizan primero que a José Gregorio, expresó la primera combatiente ya con varias rondas de tragos encima.

Falta lo mejor mi amol, repasando en mis sueños mi pasantía como trabajador del Metro de Caracas, me recordé que todos los viernes inventábamos estar enfermos o con el sindicato armábamos un peo por quítame esta paja, para no trabajar ese día o salir más temprano. Me acorde también del camarada Jaua quien, todos los jueves, quemaba un carro en una de las entradas a la UCV con la finalidad supra revolucionaria de no tener clases los viernes.

Como la vaina funcionó, llamamos “Sábado Chiquito de los reposeros” a esa acción sindical de los días viernes.

-Aja, y como piensas aplicar ese dream en este momento.

Facilito mi amol, voy a decretar como medida revolucionaria contra la explotación capitalista del hombre por el hombre, ¡¡¡El Viernes como día No Laborable!!! para favorecer a la clase trabajadora.

-Coño mi amolcitico, Marx, Engels y Lenin quedaron en pañales frente a tú liderazgo revolucionario…vamos a meternos una pea para que sigas teniendo tus dreams esta noche.

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El desánimo es la peor actitud que puede tenerse para resolver un problema o una situación que nos acongoja. El desánimo es un pensamiento que destruye la esperanza y sin esperanza nos rendimos ante el mal, y eso es precisamente lo que quieren que hagamos quienes hoy nos desgobiernan y destruyen, paso a paso, nuestro futuro.

La actitud que se filtra en las redes sociales y se expresa en las calles está amenazada por ese sentimiento negativo que se basa en una interpretación errónea de lo que significó el 30 de abril. ¿Quién salió más perjudicado ese día, Maduro o Guaidó? ¿Fue acaso un triunfo del régimen no haber podido movilizar al pueblo en su defensa? ¿por qué entonces el vacío frente a Miraflores?

¿El hecho que no se pronunciara la totalidad del estamento militar elimina la realidad de que el principal organismo de seguridad del Estado liberara al supuestamente peor enemigo del régimen, Leopoldo López?. ¿Es acaso una muestra de fortaleza haber ordenado a las tanquetas de la GN arrollar a una población civil desarmada que protestaba pacíficamente? Esa imagen recorrió de manera viral en los medios de comunicación del planeta y tiñó de sangre el rostro del régimen.

¿Es acaso una derrota que luego de esos acontecimientos tengan que arremeter contra la AN, secuestrando literalmente a su primer vicepresidente, amenazando con hacer lo mismo con otros diputados, mandando a sus secuaces a poner pintas en las paredes de los dirigentes opositores en las que señalan que van por ellos? ¿Quién es el perdedor? ¿el pueblo enfurecido o más bien el régimen aterrorizado?

¿Acaso, después de los hechos, la comunidad internacional ha callado o está más activa? ¿La AN se rindió o más bien avanza con la decisión de reincorporar a Venezuela al TIAR? ¿Juan Guaidó se escondió o sigue dando la cara?

El error que algunos lamentablemente cometen, es creer que la victoria se logra en un solo episodio y no en la sucesión de varios y al no lograrse de un solo golpe el Día D, terminan por atrincherarse en el desánimo y contagiar al resto con la desesperanza de que esto nunca se resolverá.

Pero afortunadamente ese no es el sentimiento que prevalecerá en la mayoría de los venezolanos y principalmente en los que viven en el interior del país que perversamente el régimen castiga quitándole la energía eléctrica para dársela a Caracas y evitar que esta se incendie por aquello de que lo que no ocurra en la capital no tiene importancia.

Veremos si en el futuro próximo ocurrirá un cambio, en las palabras de nuestro glorioso himno nacional, y se proclame sigamos el ejemplo que el interior dio.

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Desde diciembre de 2015, fecha en que la oposición ganó la Asamblea Nacional (AN) por primera vez en 17 años de gobierno chavista en Venezuela, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), en manos del oficialismo, ha emitido 97 sentencias en contra del poder legislativo venezolano.
El número no es un simple dato: es la expresión de la violación del estado de derecho, de la supremacía autoritaria de un Poder sobre otro, de la abolición velada de la democracia.

Estos 97 fallos anulatorios de la Asamblea Nacional (AN), y en muchos casos dirigidos directamente contra sus diputados, se traducen en la inhabilitación de un poder que fue electo de forma democrática y que desde su instalación no ha podido ejecutar sus actos jurídicos. Así, paulatinamente la AN se ha convertido en un Poder secuestrado por el Gobierno a cuyas órdenes se encuentra el sistema de justicia venezolano, conformado no sólo por el Poder Judicial, sino también por la Fiscalía, la policía, el sistema carcelario y la Defensa Pública.

Acceso a la Justicia, en su rol de observatorio venezolano de la justicia, ha contabilizado y organizado cronológicamente las 97 sentencias del TSJ en contra de la AN en un cuadro bajo los siguientes rubros: su fecha y número, su contenido, el órgano usurpador de su función, el tipo de derecho violado o afectado y el link a la explicación de la decisión del TSJ.

De las 97 decisiones que el TSJ ha dictado hasta el momento, la primera fue en diciembre de 2015, en el mismo mes de la elección de la AN, aun habiendo vacaciones judiciales. Mediante esta decisión, el TSJ en su Sala Electoral suspendió cautelarmente la elección de los diputados del estado Amazonas, quitándoles cuatro diputados a la AN (tres de oposición), lo que hasta ahora ha mantenido (más de tres años después) y dio lugar posteriormente a su tesis del desacato de la AN, que es lo que ha impedido a este órgano que sus decisiones tengan fuerza jurídica desde su misma elección.

Entre diciembre de 2015 y 2016 el TSJ dictó 38 sentencias en contra de la AN, porque esta siguió sesionando y emitiendo actos jurídicos, incluso varias leyes, a pesar del golpe de la sentencia de 2015, e incluso, trató de cumplir con lo establecido por ella, pero el TSJ nunca se dio por satisfecho en ese aspecto.

A año siguiente (2017), el TSJ dictó 33 sentencias contra la AN, desconociendo acto por acto emanado del Parlamento. En 2018 el TSJ dictó 12 sentencias. Fueron menos que en el año anterior porque al instalarse la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en agosto de 2017, esta tomó en buena medida el rol del TSJ. Además, al haberse verificado una rebelión popular y apegarse a los artículos 333 y 350, la propia AN, al persistir su desconocimiento por el TSJ, no dictó tantos actos jurídicos como el año anterior.

En el año en curso, el TSJ ya ha dictado para principios de mayo 14 sentencias en contra de la AN, desconociendo además al presidente encargado de la República, Juan Guaidó, y todos sus actos jurídicos.

En el material organizado por Acceso a la Justicia, que puede ser consultado por cualquier ciudadano en este enlace, se pueden encontrar por ejemplo las sentencias 155 y 156, que en su momento causaron escándalo internacional, las cuales desconocieron la inmunidad parlamentaria y disolvieron a la AN como Poder.
Aunque estas sentencias fueron revocadas poco después, se mantuvo la usurpación de funciones de la AN. Acceso a la Justicia explicó en su momentoque en realidad estas “aclaratorias” eran un maquillaje: la Asamblea ha seguido intervenida y disminuida. Es prueba de ello que, por ejemplo, en esa oportunidad no le devolvieron su potestad constitucional y legal de aprobar la constitución de empresas mixtas en materia de hidrocarburos, lo que en efecto ha venido haciendo el Ejecutivo Nacional desde entonces con la consecuencia, entre otros, de venderle acciones de PDVSA a empresas rusas.
En ese cuadro también se encuentran las últimas sentencias contra los diputados de la AN.
¿Y a ti venezolano, cómo te afecta?

Con la aniquilación de la AN por parte del TSJ queda anulada la soberanía popular y el derecho al voto en Venezuela, que son elementos clave para la existencia de una verdadera democracia. Además, al actuar según los deseos y órdenes del Ejecutivo Nacional, el Poder Judicial pierde su razón de ser, ya que no puede fungir como un árbitro imparcial en un conflicto ni puede controlar al poder, que son sus funciones fundamentales, y no legalizar o amparar lo que se hace desde el poder del Estado contra el ciudadano, como lo ha hecho el TSJ, sobre todo, desde diciembre de 2015.

Lo más grave es que sin democracia y sin un Poder Judicial independiente, los venezolanos no tenemos la posibilidad real de exigir el cumplimiento efectivo de nuestros derechos y, por ello, frente a la ineficiencia actual del Gobierno e incluso el abandono por su parte de la función pública, las autoridades no responden ni resuelven; es más, sólo nos amedrentan y con el aval del sistema de justicia.

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Werner Gutiérrez Ferrer

El pasado 07 de mayo, Día Nacional del Ingeniero Agrónomo, se cumplieron 75 años que un grupo de ilustres colegas soñadores, crean la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos (SVIA). Esta fecha está enmarcada en un momento trascendental de nuestro país, estamos a las puertas de la transición política hacia la libertad y la democracia, en el ocaso de un gobierno dictatorial que durante 20 años aplicó un modelo económico – agrícola perverso, produciendo la peor crisis del sector agropecuario venezolano de su historia.

El daño causado a nuestro rebaño bovino, actividad económica que nos acompaña desde el nacimiento mismo de la nuestra república, solo es comparable a la merma causada en el número de cabezas ocasionado por la Guerra de Independencia y la Guerra Federal. El maíz, rubro cultivado en nuestros campos desde la época de los aborígenes, este año está a punto de desaparecer del paisaje agrícola venezolano, amenazando con desvanecer de nuestra memoria los grandes adelantos alcanzados por nuestros agricultores y profesionales en este rubro estratégico en la alimentación del venezolano. Similar trágico y condenable destino se respira en la casi totalidad de los rubros agrícolas.

En este duro, pero esperanzador escenario, las actuales generaciones de Ingenieros Agrónomos, tenemos el inapelable compromiso de asumir el liderazgo en el diseño de las políticas que regirán los destinos del sector agropecuario venezolano. Un novedoso Plan Agrícola Nacional debe ser construido a partir del consenso de todos los actores del circuito agroalimentario nacional. Es equivocada la estrategia de quienes pretenden que un pequeño grupo desde la Asamblea Nacional, en Caracas, sin menosprecio a sus competencias y experiencias, se subrogue el derecho de delinear las políticas públicas que conducirán el destino de todo un sector de tan amplia complejidad.

Hemos desaprovechado un tiempo valioso para construir desde las regiones, con la participación activa de los gremios de productores, profesionales de las ciencias del agro, universidades, colegios profesionales, agroindustria, pequeños y medianos productores organizados en las distintas figuras asociativas que se han creado y el sector comercio, un verdadero Plan País Agrícola que trascienda incluso cualquiera de los gobiernos democráticos por venir. Dicho plan en mi opinión debe girar sobre ciertos ejes prioritarios de acción para alcanzar en el menor plazo posible la reconversión productiva, modernización, organización y gestión de valor del sector agroalimentario nacional.

Es fundamental el sembrar en el subconsciente del venezolano, que a diferencia de la tesis que durante casi un siglo se nos ha inculcado de ser un país petrolero, la realidad nos demuestra que desde el nacimiento de la república, la base fundamental de nuestra economía ha sido la agricultura y ganadería. Las riquezas generadas por la comercialización en los mercados internacionales de carne, pieles, cacao y café, fueron la base fundamental de nuestra economía, hasta la aparición del petróleo.

Los Ingenieros Agrónomos tenemos la tarea de sumar voluntades desde nuestros espacios para lograr el reposicionamiento del sector agrícola en la opinión pública, otorgándole la importancia estratégica que posee, no sólo como generador de los alimentos necesarios para cubrir de manera sostenible los requerimientos de nuestra población, sino por su elevado potencial para generar bienestar en la ruralidad venezolana y traer las divisas necesarias para la diversificación de nuestra economía.

Sin duda este es un gran reto, no menor al de impulsar un cambio de mentalidad a nivel del pequeño, mediano y gran productor, para abrirnos de manera decidida a la construcción de una agricultura empresarial, altamente eficiente y competitiva. No hay tiempo que perder, el modelo agrícola venezolano del mañana, hay que forjarlo desde hoy y debe estar obligatoriamente en sintonía con la realidad del mercado internacional globalizado de alimentos.

La decidida y honesta participación de los Ingenieros Agrónomos, dedicados a la búsqueda del bien común, alejados por completo de la defensa de interés políticos o de sectores empresariales, es indispensable en estos momentos cuando Venezuela está a las puertas de ver germinar la agricultura del siglo XXI en las 50 millones de hectáreas de tierras que poseemos con potencial agrícola vegetal, animal, forestal y acuícola.

Más allá de los problemas y limitaciones comunes a todos los sectores de la economía nacional que deberán ser resueltos, el factor determinante en la transformación y crecimiento de nuestra agricultura, estará en el incremento en la productividad a través de la adopción de tecnologías por parte de nuestros emprendedores del campo, para ello se deberá priorizar el apoyo a la innovación e investigación en universidades e institutos dedicados al desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Existe el consenso que esa nueva agricultura venezolana a diseñar debe erguirse sobre la promoción y el fomento de nuestras exportaciones de aquellas cosechas de alto valor, impulsando el desarrollo de nuevos productos, para abrirnos a una multiplicidad de mercados. Tenemos la posibilidad cierta de recuperar o incrementar las exportaciones de nuestro exquisito café, del mejor cacao del mundo, el apetitoso plátano, del ron añejo venezolano de tan especiales atributos, de nuestro arroz de excelente calidad, las dulces y coloridas frutas tropicales, y del camarón y el cangrejo venezolano. Conociendo las potencialidades infinitas de nuestro sector agropecuario sé que esta lista de productos exportables, no termina allí, sería el interminable el enumerarlos todos.

Mi reconocimiento a mis colegas Ingenieros Agrónomos en nuestro día. Mi invitación es a dar un paso adelante para de manera decida, continuar en la labor de despertar conciencias, sumar voluntades y avivar esperanzas en el ineludible desafío de pincelar y hacer realidad, esa nueva Venezuela agrícola deseable y posible. ¡Si se puede!

10 de mayo de 2019

Agrimercante

https://agrimercante.com/noticias/el-ingeniero-agronomo-frente-al-desafi...

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Raghuram G. Rajan

Las grandes corporaciones están bajo ataque en Estados Unidos. Una intensa oposición local obligó a Amazon a cancelar sus planes de abrir una nueva sede en el barrio de Queens de la ciudad de Nueva York. Lindsey Graham, senador republicano por Carolina del Sur, cuestionó el indisputado poder de mercado de Facebook, y su colega demócrata Elizabeth Warren, de Massachusetts, pidió la división de la empresa. Warren también presentó un proyecto de ley que asignaría a los trabajadores el 40% de los puestos en las juntas directivas de las empresas.

Aunque esas propuestas puedan parecer fuera de lugar en la tierra del capitalismo de libre mercado, Estados Unidos necesita exactamente esta clase de debate. A lo largo de la historia del país, han sido los críticos del capitalismo los que aseguraron su correcto funcionamiento, al combatir la concentración de poder económico y la influencia política que trae aparejada. Cuando unas pocas corporaciones dominan una economía, es inevitable que se combinen con los instrumentos del control estatal en una inicua alianza entre las élites de los sectores público y privado.

Es lo que sucedió en Rusia, un país democrático y capitalista sólo de nombre. Mediante el control total de la industria extractiva y de la banca, una oligarquía supeditada al Kremlin ha hecho imposible una verdadera competencia económica y política. De hecho, Rusia es la apoteosis del problema que el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower describió en su discurso de despedida en 1961, cuando advirtió a los estadounidenses que debían estar en guardia “contra la obtención de una influencia injustificada” por parte del “complejo militar-industrial” y contra el “potencial de un desastroso ascenso del poder en manos equivocadas”.

Ahora que muchas industrias en Estados Unidos ya están dominadas por unas pocas empresas “superestrella”, deberíamos agradecer que activistas “socialdemócratas” y manifestantes populistas hayan oído las advertencias de Eisenhower. Pero a diferencia de Rusia, cuyos oligarcas deben su riqueza a la captura de los activos del Estado en los noventa, las superestrellas corporativas de Estados Unidos llegaron a donde están porque son más productivas. Es decir que su regulación debe tener en cuenta más sutilezas (ser más bisturí que martillo).

En concreto, en una era de cadenas de suministro globales, las corporaciones estadounidenses han aprovechado enormes economías de escala, efectos de red y el uso de datos en tiempo real para mejorar el desempeño y la eficiencia en todas las etapas del proceso productivo. Una empresa como Amazon aprende todo el tiempo de sus datos para minimizar los tiempos de entrega y mejorar la calidad de sus servicios. Sabiéndose superior a la competencia, la empresa necesita pocos favores del gobierno (una de las razones por las que su fundador, Jeff Bezos, puede apoyar al Washington Post, que suele ser crítico del gobierno estadounidense).

Pero que hoy las superestrellas corporativas sean supereficientes no implica necesariamente que sigan siéndolo, sobre todo en ausencia de una verdadera competencia. Las empresas dominantes siempre pueden caer en la tentación de mantener su posición por medios anticompetitivos. Con su apoyo a iniciativas como la Ley sobre Fraude y Abuso Informático (1984) y la Ley de Derechos de Autor de la Era Digital (1998), las principales empresas de Internet se aseguraron de impedir el uso de sus plataformas a sus competidores para que no pudieran aprovechar los efectos de red generados por la presencia de los usuarios. Del mismo modo, después de la crisis financiera de 2009, los grandes bancos aceptaron que una mayor regulación era inevitable; pero luego presionaron para que se dictaran normas que, casualmente, hacían más costoso el cumplimiento normativo, lo que dejó en desventaja a competidores más pequeños. Y ahora que el gobierno de Trump reparte aranceles a diestra y siniestra, empresas bien conectadas podrían influir en quién obtiene protección y quién paga los costos.

Más en general, cuanto más influye sobre las ganancias de una empresa la fijación estatal de derechos de propiedad intelectual, regulaciones y aranceles (en vez de la productividad), más dependiente se vuelve de la benevolencia del gobierno. La única garantía de la eficiencia e independencia de las corporaciones mañana es la competencia de hoy.

La presión sobre el gobierno para que preserve la competitividad del capitalismo e impida su tendencia natural al dominio de unas pocas empresas dependientes suele surgir de personas de a pie, que se organizan democráticamente en sus comunidades y que, carentes de la influencia de las élites, suelen pedir más competencia y apertura. En Estados Unidos, el movimiento “populista” de fines del siglo XIX y el movimiento “progresista” de principios del siglo XX fueron reacciones a la formación de monopolios en industrias cruciales como los ferrocarriles y los bancos. Estas movilizaciones de base llevaron a normas como la Ley Antitrust Sherman de 1890 y la Ley Glass-Steagall de 1933 (aunque en forma más indirecta) y a medidas para mejorar el acceso a educación, salud, crédito y oportunidades económicas. Con su defensa de la competencia, estos movimientos no sólo evitaron que el capitalismo perdiera dinamismo, sino que también alejaron el riesgo de un autoritarismo corporativo.

Hoy que los mejores empleos se concentran en empresas superestrella que buscan a la mayoría de sus empleados en unas pocas universidades prestigiosas, que las pequeñas y medianas empresas encuentran el camino al crecimiento plagado de obstáculos puestos por las empresas dominantes, y que la actividad económica se va de las ciudades pequeñas y de las comunidades semirrurales hacia las megalópolis, hay un resurgimiento del populismo. Los políticos se esfuerzan en darle respuesta, pero nada garantiza que sus propuestas nos lleven en la dirección correcta. Como quedó en claro en la década de 1930, puede haber alternativas mucho peores que el statu quo. Si los votantes en pueblos franceses en decadencia y en el Estados Unidos profundo sucumben a la desesperación y pierden la fe en la economía de mercado, serán vulnerables a los cantos de sirena del nacionalismo étnico o del socialismo liso y llano, cualquiera de los cuales destruiría el delicado equilibrio entre el mercado y el Estado, poniendo fin a la vez a la prosperidad y a la democracia.

La respuesta correcta no es la revolución, sino el rebalanceo. El capitalismo necesita reformas desde arriba, por ejemplo una actualización de las normas antitrust, para garantizar la eficiencia y apertura de las industrias y evitar el monopolio. Pero también necesita políticas desde abajo que ayuden a las comunidades económicamente devastadas a crear nuevas oportunidades y a preservar la fe de sus integrantes en la economía de mercado. Escuchar las críticas populistas (sin seguir a ciegas las propuestas radicales de sus líderes) es esencial para proteger el dinamismo de los mercados y la democracia.

6 de mayo de 2019

Traducción: Esteban Flamini

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/survival-of-capitalism-need...

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Carlos Raúl Hernández

Las mil y una noches enseña que lo peligroso de los deseos es que se pueden cumplir. De esa maravillosa obra se derivan centenares de cuentos y chistes populares sobre las crueldades que hacen los espíritus cautivos en botellas y lámparas a sus desprevenidos liberadores, como el hombre condenado a cargar sobre su hombro una paloma enorme e insaciable por equívoca petición a uno de esos espíritus. También Homero dice que los dioses castigan a los hombres al hacer realidad sus sueños y en términos prácticos, pocas cosas tan escalofriantes como un político soñador. Mucho cuidado con lo que pedimos.
El escalofrío lo sentimos a diario desde que a algunos se les ocurrió la idea de invocar a un “quiebre” o una “fractura” de la estructura castrense, la intervención militar democrática. Eso revela la espontaneidad de quienes aspiran derrotar al gobierno en un país cuya política se hizo torva porque éste se caracteriza por escasez de escrúpulos y demasiada rudeza. En 2017 comparamos esa relación con la que habría en una reyerta entre Lady D y Bin Laden. En Venezuela triunfaron en los últimos dos siglos cinco golpes militares entre más de dos decenas de “intentonas” como se les dice en la jerga.

Los que derrocaron al General Medina Angarita en 1945, Rómulo Gallegos en 1948, Marcos Pérez Jiménez, Hugo Chávez el 11 de abril de 2002 y a Pedro Carmona dos días después. Todos tienen un rasgo en común: fueron pronunciamientos en bloque de los estados mayores conjuntos y no “quiebres”, ni “fracturas”, ni niño muerto. Por eso no se derramó sangre y podría decirse que el stablishment militar se limitó a informar al presidente que ya no lo era.

Yeso y fractura

De haber “fractura” hubiéramos tenido conato de o guerra civil, que nos hundió en la miseria extrema desde la Independencia hasta 1899 fecha en que el arquetipo del gocho trabajador, discreto y sobrio suplantó al llanero, con grandes beneficios para el país. Vallenilla Lanz lo describe en Cesarismo Democrático como un guerrero bárbaro que montaba en pelo, desnudo, lanza en mano, cubierto de barro y que devoraba carne asada o cruda sin bajarse del caballo. Los andinos por el contrario eran silenciosos, trabajadores, tenaces, apegados a la tierra porque debían arrancarle papas a laderas empinadas, frutos a una naturaleza hostil.

Campesinos sedentarios, en un estadio más cercano a la civilización que aquellos jinetes nómadas de Gengis Kahn perdidos en nuestras llanuras. Las fracturas militares son el preámbulo de guerras civiles que nadie sabe cuánto duran, pero los polemólogos consideran más sanguinarias y terribles que las convencionales. Pueden terminar en secesiones o estados fallidos y no así en los nacientes EEUU, España (y otros) porque ambos bandos se ahogaron en sangre y horror. O en guerras internas de baja intensidad como Argentina y Chile, con miles de desaparecidos y torturados.

Mucho de eso enseñaron África y los Balcanes. Hasta ahora entre los militares no se concreta una fractura ya que tienen conciencia clara de que son la última frontera que resguarda la unidad nacional, garantía frente a la marea de las megabandas, el narcotráfico, los colectivos, los grupos irregulares colombianos y el hampa simple que tomarían el país en un escenario de violencia ¡Cuidado con lo que pides! La guerra es una maquinaria de asesinar niños y así lo espeta el furioso Aquiles a Agamenón: “en la guerra los jóvenes mueren y los viejos pactan”. Hay que regresar a la ley y el orden.

Advertencias inútiles

Es preferible que los viejos pacten antes y no mueran los jóvenes. Por desgracia desde que llamaron a la abstención en 2018, una de las burradas políticas más grandes que se recuerden, parte de la sociedad desarmada pasó a la contra natura condición de militarista, a depositar sus aspiraciones políticas en algo que no controlan y ni siquiera conocen. Los sectores que derrocaron a Allende en 1973 creían que una vez tranquilizadas las cosas, en cuestión de semanas Pinochet entregaría el poder a la democracia cristiana en tanto fuerza fundamental de la oposición. Esperaron sentados por diecisiete años.

La novillada del 30 de abril parece que marca un hito y los principales sorprendidos por su estridente fracaso son los que lo intentaron. Ya hay una amplia hemerografía sobre la vacuidad sin límites de la ruta emprendida desde hace ya varios años cuando se adoptó una desmangurrillada insurrección civil para hacer estallar el mundo militar. Mucha gente se ha cansado de advertir la ingenua ceguera de ese plan, que a partir de 2014 y antes, logró perpetuar en el poder a los que ya hoy deberían estar fuera de él. Es gracias a ellos aun gobiernan. Arruinaron la posibilidad del cambio, nuestras vidas y las suyas, exiliados, presos o acorralados.

Parece que sigue siendo inútil advertir nada porque algún incorregible mecanismo de la mente crea incapacidad de procesar la realidad, hacer sinapsis en los decisores. Tal vez lo que procede es, para advertir, crear una fuerte corriente de opinión que se oponga al gobierno pero también a la sistemática vocación para el error que se destaca. Es desesperanzador que los militares, según sabemos, hayan perdido respeto al liderazgo civil, lo chalequeen y lo vean como un ridículo peligroso y no como una posibilidad. Alguien debe asumir el regreso a la ley y el orden.

@CarlosRaulHer

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