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Opinión

Lester L. López O.

Apreciación de la situación política # 154

Al día de hoy han pasado 12 días desde la mañana del 30A cuando el Presidente encargado acompañado con militares y el fundador del partido Voluntad Popular, liberado esa madrugada de su estatus de casa por cárcel por funcionarios del SEBIN, anunciaba al país el inicio de la fase final de la Operación Libertad donde integrantes del alto mando militar y otros funcionarios de alto rango lo reconocerían como Presidente constitucional encargado y, en consecuencia, desconocerían, finalmente, al régimen usurpador.

Ese mismo día se convocó a la sorprendida población a salir a la calle para apoyar el movimiento que desalojaría a los usurpadores del poder. Pero, como ya se sabe, eso no ocurrió y aún para el primero de mayo, la esperada disidencia militar no se produjo, antes, por el contrario, el régimen, ya recuperado de la sorpresa del día anterior, arremetió contra los manifestantes como en sus mejores tiempo para demostrar quien estaba a cargo. Es bueno destacar que la represión la hizo mayormente funcionarios de la policía nacional bolivariana y los colectivos armados y protegidos por esta misma policía y de algunas unidades de la GNB.

Fracasada la operación libertadora, el miércoles 02M, al Presidente encargado no le quedó más argumento que se seguir con su convocatorias a la calle ahora por la represión, heridos y fallecidos y posteriormente por el allanamiento de la inmunidad parlamentaria de varios diputados incluyendo la detención arbitraria del primer vicepresidente de la Asamblea Nacional. La última convocatoria pautada para el pasado sábado 11M lució bastante disminuida en cuanto a participación popular comparada con las anteriores. Es evidente que el fracaso de la operación libertad tuvo sus consecuencias en la motivación de la población opositora.

Pero ¿Realmente fue un fracaso la operación libertad? ¿Es un fracaso del PE y de los que lo apoyaron, incluyendo a los funcionarios del país del norte que no negaron su participación? Depende del cristal con que se mire, como dice el dicho.

Por la información de los medios de comunicación se hizo evidente que hubo conversaciones y acuerdos con funcionarios de alto rango que desconocería al régimen usurpador el 30A o el 01M, eso aún no se ha aclarado, pero eran los días acordados. El hecho que no se produjeran los desconocimientos al régimen en apoyo al PE, es un hecho que no se puede adjudicar al PE y su equipo, sino al incumplimiento de la palabra empeñada de los comprometidos. Algunos han expresado que fue un exceso de “candidez” de los primeros, pero eso también es discutible.

Por un lado se puede argumentar que fue una jugada maestra del régimen para identificar nuevos sediciosos dentro de sus filas lo que justificaría las nuevas detenciones y persecuciones que se produjeron en los últimos días, lo que no es una forma de actuar nueva para regímenes usurpadores como el actual. Pero por otro lado, también es una forma de convencer a la comunidad internacional de que intentar establecer negociaciones con estos personeros usurpadores del poder para llegar a un acuerdo que permita establecer un gobierno de transición democrático, es una suposición que hay que descartar. Quizás es por eso que tanto el Grupo de Lima y el grupo de contacto de la Unión Europea se han mostrado desconcertados en sus propuestas de buscar la vía de negociaciones como forma de lograr restablecer un gobierno democrático en nuestro país.

Desde este punto de vista, no es que se descarte la negociación como método para lograr el cambio político, sino que no es lo mismo negociar con políticos que ejercen el poder autoritariamente por razones ideológicas, que negociar con delincuentes que ejercen el poder para beneficio propio o de las bandas que representan y cuya única negociación posible es saber cuales son la garantías de no terminar presos o en una corte internacional una vez que entreguen el poder. Esta condición debe hacer reflexionar a los representantes de la comunidad internacional y convencerlos que hay que buscar otras opciones de la mesa, de esas que no les gustan a una mayoría de ellos.

Por los momentos ya el PE comisionó a su embajador en el país del norte para iniciar conversaciones con el jefe militar del comando sur, otra opción sobre la mesa que ya le fue ofrecida.

@lesterllopezo 12/05/19

 3 min


Pierina Pighi Bel

La situación en Venezuela es objeto de intensas discusiones diplomáticas en América Latina.

El país está sumido en una grave crisis política por el enfrentamiento entre el gobierno de Nicolás Maduro y el desafío del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, que se proclamó presidente interino del país con el apoyo de medio centenar de países.

A ello hay que sumar una profunda crisis económica, que ha provocado el éxodo de millones de venezolanos.

En este clima de creciente tensión, Guaidó habló de las opciones que otros países discuten para "ayudar" a Venezuela en una entrevista con la BBC, en la que le preguntaron sobre la posibilidad de que Estados Unidos ponga en marcha una intervención militar en el país.

Guaidó aseguró que el Parlamento que él preside puede utilizar la cooperación internacional "en materia militar", "en ayuda humanitaria" y en las áreas que este organismo determine, y mencionó, en concreto, una política: la llamada doctrina Roldós que sigue Ecuador.

Este principio "habla de proteger a los pueblos cuando están muriendo de hambre, como en el caso de Venezuela, producto de un genocidio silencioso, propiciado por Maduro", dijo Guaidó.

A mediados de abril, en una reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA), Lenín Moreno, presidente de Ecuador, también apeló a la doctrina Roldós para justificar los pronunciamientos y medidas de su país y de otros Estados contra el gobierno de Maduro.

El gobierno de Maduro ha negado en múltiples ocasiones la violación de derechos humanos en Venezuela y califica como "injerencias" o "conspiraciones" las medidas y denuncias de otros países en contra de su ejecutivo.

Pero, ¿en qué consiste esta doctrina y qué aplicaciones prácticas podría tener en Venezuela?

Principios

La doctrina, que tiene el nombre del presidente ecuatoriano Jaime Roldós (1979-1981), fue recogida en 1980 en la "Carta de Conducta" o "Carta de Riobamba", firmada por Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador.

El documento, suscrito durante una reunión en la ciudad ecuatoriana de Riobamba, buscaba asegurar la coordinación en la región para proteger la democracia y los derechos humanos en el país de América del Sur en que fuera necesario.

La doctrina tiene 11 principios; uno de ellos establece el "respeto de los derechos humanos, políticos, económicos y sociales como norma interna de los Estados del Grupo Andino".

Cuando nació la doctrina Roldós, en la región sobrevivían gobiernos militares señalados de violar los derechos humanos en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay.

Además, estaba en marcha el Plan Cóndor, creado en 1975 en Chile, bajo el gobierno de Augusto Pinochet, y que se extendió hasta inicios de los años 80.

Se trató de un plan de represión contra opositores a los gobiernos militares de Sudamérica y las víctimas totales se cuentan desde los cientos hasta los 60.000, según la fuente.

Martha Roldós, hija del presidente Roldós y economista, escribió un artículo para la Universidad de Guayaquil en 2012 en el que recuerda que, en ese momento, el rechazo de estos gobiernos hacia la doctrina "fue inmediato".

La razón fue que "la carta de conducta establece la supremacía de los derechos humanos sobre la soberanía que pudiera aducir un gobierno determinado" y sobre el principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados.

"Este concepto fue novedoso (...). Ni siquiera Naciones Unidas tenía una herramienta así (en 1980)", agrega Roldós en ese artículo.

En conversación con BBC Mundo, el ecuatoriano José Ayala Lasso, que fue el primer alto comisionado de Derechos Humanos de la ONU, explica que la doctrina establece que existe la responsabilidad internacional de proteger los derechos de los ciudadanos de un país, de no mirarlos con indiferencia si su gobierno los está violando sistemáticamente.

Según Ayala, la acción concertada de la comunidad internacional en defensa de los derechos humanos (en un país determinado) no puede ser considerada una intervención en los asuntos internos del Estado.

En esa misma línea se situó el actual presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, al sacar a colación esta doctrina en referencia a la crisis venezolana actual.

Ante la OEA, Moreno recordó recientemente que la política de Roldós establece "que la defensa internacional de los derechos humanos es obligatoria" y "por lo tanto, la acción conjunta, ejercida en protección de esos derechos, no viola el principio de no intervención".

"En este marco se inscribe la posición que Ecuador conserva para Venezuela, Nicaragua o cualquier país donde se violen los derechos humanos", remarcó.

¿Cómo se puede aplicar la doctrina?

Expertos en Relaciones Internacionales dijeron a BBC Mundo que la doctrina Roldós no se ha aplicado explícitamente en América del Sur.

No existe precedentes sobre la misma, anota Santiago Carranco, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE) y "puede interpretarse de varias formas", factores que dificultan su aplicación.

"Si la comunidad tiene la obligación de intervenir a Estados que violen derechos humanos, entonces todos deberían ser intervenidos", considera en declaraciones a BBC Mundo.

Naciones Unidas ha denunciado el uso de la violencia, como la ejercida por los "colectivos" o grupos civiles armados, contra los opositores al gobierno de Nicolás Maduro.

Para Raúl Salgado, profesor de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en Quito, otras desventajas de este principio están en que "carece de mecanismos que permitan su aplicación" y no establece "consecuencias para los infractores".

Sin embargo, según el ex diplomático Ayala, la doctrina Roldós ya se aplica de alguna forma en Venezuela.

La presión diplomática del Grupo de Lima sobre Venezuela responde a esta doctrina, le dice a BBC Mundo.

Las sanciones económicas de EE.UU., no obstante, no seguirían la doctrina, pues son acciones unilaterales de un solo país, considera el ex diplomático. No fueron acordadas por una región o bloque.

"Podrá haber una acción diplomática más fuerte, sanciones. En mi criterio, (la aplicación de la doctrina) debería ser una presión política y económica, para mostrarle a los venezolanos que América Latina respalda sus manifestaciones de descontento", comenta Ayala.

Pero, ¿podría también llevar a una acción militar?

Uso de las armas

Ayala dice que en teoría la aplicación de la doctrina sí podría llegar al uso de las armas, pero considera que sería una medida extrema y contraproducente.

Además, el experto cree que es "casi imposible que el Consejo de Seguridad de la ONU apruebe el uso de la fuerza en Venezuela", debido a que Rusia y China -dos de sus miembros con derecho a veto y socios de Maduro- nunca lo aprobarían.

En cualquier caso, el actual ministro ecuatoriano de Relaciones Exteriores, José Valencia, asegura que el hecho de que el presidente Moreno mencionara la doctrina Roldós no tiene nada que ver con una intervención militar.

"Ecuador se opone a cualquier tipo de salida o solución violenta a la situación de Venezuela", dice Valencia a BBC Mundo.

"Creemos que la solución debe ser por medios pacíficos, democráticos, que involucre a todos los venezolanos. La doctrina se enfoca más en los derechos humanos".

@PierinaPighi

11 de mayo de 2019

BBC News Mundo

https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-48193006

 5 min


La semana pasada, el mismo 30 de abril (30A), fuimos informados por declaraciones de John Bolton (Consejero de Seguridad Nacional de los EEUU) y por detalles más específicos de Elliot Abrams (Enviado de EEUU para Venezuela), sobre una negociación que se venía desarrollando con altos personajes del régimen y con el conocimiento y participación del gobierno de los EEUU. Elliot Abrams, negó tal participación de los EEUU, pero su conocimiento de ciertos detalles, lo delata y permite suponer que si hay tal participación.

En los días posteriores al 30A, se vieron diversas reacciones a la noticia detallada por Abrams, en particular las de algunos sectores que apuestan al fracaso de la “Ruta Guaidó”, niegan cualquier posibilidad de negociación con el régimen y están atentos a cualquier detalle que se pueda filtrar, en ese sentido, para “demonizarlo”.

Pero lo más importante es que Elliot Abrams hizo referencia a un documento en el cual estarían contenidos los puntos –15– de esa negociación y sobre la cual habría habido acuerdo, pero que fue “abortado”. Lo que insinuó Abrams del documento de 15 puntos, que si no es apócrifo o inexistente, estoy casi seguro que nunca lo vamos a ver, es que –según él– se basa en la constitución bolivariana –aparentemente en el Consejo de Estado contemplado en el artículo 251– a la hora de integrar un “gobierno de transición”. (Aunque algunos han hablado del Consejo de Defensa de la Nación, al citar el artículo 323 de la constitución). En el misterioso documento, se habría acordado dar una “salida digna” al presidente usurpador y garantías para los altos mandos militares, que además, junto con el TSJ, “quedarían en sus posiciones”, en un gobierno frente al cual estaría Juan Guaidó. De manera pues, que el “chavismo” integraría ese “gobierno de transición”, de pleno derecho, pues según Abrams forman una parte importante del país, que hasta 55 representantes tienen en la Asamblea Nacional electa en el 2015. Ese “acuerdo”, por supuesto, tendría la venia de los EEUU.

No era para menos que esas declaraciones encendieran las alarmas, pues, sí no está muy claro –en la “Ruta Guaidó”– como es el “fin de la usurpación”, lo del “gobierno de transición” en ninguna parte está definido; mejor dicho, lo poco que está definido, no está bien divulgado ni explicado. Elliot Abrams cita la constitución al hablar de la conformación del “gobierno de transición”, pero ignora algo que nosotros no podemos olvidar –pues tiene también carácter constitucional–, y es el “Estatuto que rige la Transición a la Democracia para Restablecer la vigencia de la Constitución”, que fue aprobado por la Asamblea Nacional el 5 de enero de 2019. Es en ese Estatuto donde precisamente se define la famosa “Ruta Guaidó”, con respecto al “gobierno de transición”, si bien no dice como se integra dicho “gobierno”, si dice claramente como NO se integra: la condición de “gobierno usurpador” abarca a Nicolas Maduro y a cualesquiera funcionarios o personeros de su régimen (artículos 7, 8 y 9 del Estatuto), lo que significa que el “cese de la usurpación” consiste en la liberación de todo el régimen dictatorial, el que ejerce Nicolás Maduro y demás personeros de su régimen, que en consecuencia no podrían integrar el “gobierno de transición”, al menos los que están en cargos ejecutivos de gobierno, en mi interpretación del Estatuto.

De manera que tenemos el “Estatuto” como principio legal orientador acerca de lo que se puede o no hacer a la hora de integrar un “gobierno de transición”; pero tenemos también el sentido común y la realidad política que se nos impone. La composición de la “transición”, así como el “gobierno” que la rija, no dependen del “deseo” o los “buenos deseos” de nadie en particular o de “los principios y valores” de una parte de la población del país, por más “ruidosas” que sean sus intervenciones en redes sociales. La composición de ese “gobierno” que rija la transición y la transición misma, dependerán de dos factores: de nuestra fuerza para lograr hacer valer nuestras condiciones –y naturalmente de la fuerza que el llamado chavismo pueda tener en contrario–, y de la “gobernabilidad” que se pueda desarrollar. A menos fuerza de nuestra parte, más condiciones impondrá el régimen y sus acólitos y si se les “ocurriera” irse dejándonos el país en las condiciones en que está, menos gobernabilidad habrá en el país, con lo que se aseguran un próximo y largo retorno, al estilo Nicaragua; es así de simple.

En esta materia no podemos caer en extremos ni en excesos. El gobierno usurpador solo cesará por la presión que logremos ejercer para que eso suceda, que será una combinación de presión interna y presión internacional; pero pensar que el llamado chavismo va a desaparecer con el gobierno usurpador –que ese si va a desaparecer– es una quimera; y tan extremo es pensar que se puede constituir un “gobierno de transición” con personajes que están claramente involucrados y son cómplices de los desmanes y delitos cometidos durante este régimen que ya lleva 20 años, como lo es pensar que tras hacer una especie de prueba de ADN político o de sangre, a todo aquel que se le descubra –que tiene o tuvo– una traza en su ADN o una gota de sangre chavista en sus venas, debe ser excluido.

Pero lo sustantivo, regresando a lo ocurrido el 30A, es que por la forma en que se maneja la información política en Venezuela –desde los años 90 del pasado siglo–, por la forma en que se discuten y analizan las ideas políticas y por la credibilidad que en el país se concede a los líderes políticos, probablemente nunca vamos a saber que ocurrió realmente el 30A. Cuando alguno de los protagonistas o involucrados directos diga lo que realmente ocurrió, su versión será interpretada como eso, una versión más, de la cual se pensará que está teñida y sesgada por la interpretación particular del interesado y por sus intereses personales y políticos.

Además, porque ya ha pasado a un segundo plano eso de que a lo mejor estuvimos en los prolegómenos de la caída del régimen, o tratar de descubrir cuales errores se cometieron que impidieron que se consumaran unas acciones militares que condujeran a que el dictador se diera a la fuga; ahora ya tienen más preeminencia algunos de los antecedentes, como el que hemos señalado más arriba, de que se estaba negociando la probable composición del llamado “gobierno de transición”, del que tanto se ha hablado desde que Juan Guaidó fue electo Presidente de la Asamblea Nacional y después Presidente Encargado de Venezuela.

Para cerrar el tema del 30A, hay cientos –literalmente hablando– de interpretaciones, versiones, hipótesis y sobre todo conjeturas ante los hechos y los vacíos y huecos; cada quien los ha ido llenando con su propia interpretación, la que mejor se acomoda a su ideología, tendencia política y esquemas particulares de análisis y evaluación de la realidad. Al final, ninguna de las versiones llena los huecos y vacíos, ni resuelve completamente nuestras dudas y hasta nos deja el anhelo de que nos estén ocultando algo. Pero debemos unificar los criterios, porque así es muy difícil construir una estrategia exitosa, que se debe basar, entre otras cosas, en uno de los hechos objetivos que nos dejó el 30A, que la aparente unidad monolítica de la FFAA es un mito.

Ese hecho mitiga otro lamentable, que de algunas cosas, como por ejemplo los supuestos detalles del proceso de negociación –que algunos, muchos, apoyamos y suponemos existe, pues no se sale de esta crisis sin una ardua negociación– nos hayamos enterado por representantes del gobierno norteamericano y no por nuestros propios dirigentes.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 6 min


De acuerdo a la religión oficial de la URSS, Lenin llegó a ser la representación de Marx sobre la tierra. Algo así como “Marx es Dios y Lenin su profeta”. Ocurrió durante los tiempos del marxismo de la Santísima Trinidad: Marx- Lenin - Stalin. Mediante ese procedimiento, Marx, un alemán de proveniencia judía, eslabón de una larguísima cadena del pensamiento filosófico de su patria a la que pertenecen nombres como Kant, Hegel y Nietzsche, fue extraído de su contexto cultural originario para ser convertido en patrimonio del Estado soviétic

Pese a que Marx en sus referencias al llamado “modo de producción asiático” había insistido en que en Rusia, inmenso país de campesinos bárbaros, no estaban dadas las condiciones para alcanzar el socialismo, fue convertido por Lenin en el padre espiritual del socialismo ruso. Escándalo que llevaría mucho después al joven Rudi Dutschke a plantearse desde mediados de los setenta la inmensa tarea teórica de re-europeizar a Marx. Su tesis doctoral “Un intento para poner a Lenin sobre sus pies” fue estudiada con ahínco en diversas sectas universitarias. Aunque ya era tarde. Repensar al Marx de la era industrial en pleno corazón de la llamada “sociedad post-industrial” tenía un sentido puramente académico.

Los dos Marx, el del pensamiento alemán y el de Lenin, son hoy tan importantes para la política como las bicicletas para los peces. Después de los dos milagros, el de la Perestroika y el de la caída del muro de Berlín, el cuento terminó. Llegó la posmodernidad, la era del pensamiento líquido (Bauman), el fin de los grandes relatos (Lyotard), la euforia deconstructivista (Derrida) y el fin de las ideologías (Fukujama). Solo Rusia, la del Zar, la de Lenin y Stalin, no fue tragada por las vorágines de las modas intelectuales. Y ahora la tenemos de nuevo ahí, con Putin a la cabeza, dispuesto a recuperar los fantasmas hegemónicos del pasado, intentando ocupar un gran sitial, si no en el orbe, en gran parte de Europa, en el mundo islámico, e incluso en Latinoamérica.

Vladimir ll. ¿Un nuevo Lenin? No parecía serlo. Ex comunista, ex KGB, ex cualquier cosa, actuaba como simple administrador del quilombo que había dejado Jelzin entre una y otra curda. A su manera gangsteril puso orden: a las mafias las articuló a su gobierno, a los opositores ofreció buenos puestos, a los más honestos los borró de la lista de los vivos. Descubriría a la confesión ortodoxa y a sus popes, almas arcaicas de la Santa Rusia al lado de quienes los islamistas son un ejército de libertinos. A ellos ofreció nada menos que la des-secularización de Rusia. Una que ni siquiera habían podido obtener bajo el Zar Nicolás. Ordenado así el frente interno se dedicó a expandir su imperio territorial: En las dos guerras de Chechenia muy pocos quedaron para contar la historia. Con Georgia ha sido más sutil: hostigamiento permanente. Y como todavía no puede apoderarse de Ucrania decidió hacerlo con sus habitantes regalando pasaportes rusos a cada ucraniano que lo pida. Gracias a la guerra contra el terrorismo y a las torpezas de Bush ll, más la inocencia de Obama, ha logrado convertir a la república de Siria en su enclave islámico, la puerta de oro que le abre paso hacia el Medio Oriente. A partir de ahí descubrió sus afinidades con la Turquía de Erdogan y con el Irán ayatólico: dos potencias regionales con los cuales ha construido una suerte de comunidad histórica. La alianza Rusia-Turquía- Irán parece ser cada vez más sólida.

Evidentemente Putin sabe que su inferioridad militar con respecto a los EEEU e incluso la OTAN no es recuperable en el corto tiempo y en ese sentido Rusia no parecería ser un peligro físico inmediato para ninguna otra potencia. No obstante, lo que la física no da, la metafísica lo puede prestar. Ese ha sido efectivamente el nuevo re- descubrimiento del jerarca ruso: el arma de Lenin: la ideología. Un arma que puede ser tanto o más efectiva que una bomba atómica. Con la ventaja de que con las armas ideológicas se pueden conquistar las almas sin destruir a los cuerpos.

Lenin tenía, claro está, la palabra santa de Marx detrás de sí, palabra a la que no titubeaba en modificar, adulterar, censurar, cada vez que lo consideraba conveniente. Para el efecto convirtió la obra del alemán en manuales de fácil acceso. Stalin solo continuó la gesta depredadora iniciada por Lenin. Así nació el marxismo-leninismo o “marxismo soviético” (Herbert Marcuse), subproducto ideológico hecho a la medida de las decisiones del Buró político. Y los partidos comunistas dependientes de la URSS adoptaron el marxismo-leninismo como si hubiera sido la nueva religión de Occidente sin darse cuenta de que consumían un producto asiático, algo que tenía que ver más con Genguis Kahn que con Marx. Putin en cambio no tenía detrás de sí a la sombra de Marx y si la hubiera tenido, no le habría servido demasiado. Necesitaba pues con urgencia un nuevo Marx. Otro Marx. Y lo encontró. Su nombre: Alexander Dugin

¿Quién es Alexandr Dugin? Los periodistas menos ingeniosos lo llaman el Rasputín de Putin. No es cierto. Rasputin manejaba a la corte. En cambio Dugin es un historiador, filósofo y politólogo independiente muy apto para cumplir las funciones ideológicas encomendadas por Putin. Esa es una gran ventaja de “su” Marx sobre el Marx de Lenin. Putin no necesita adulterarlo. Basta un llamado telefónico para pedir que resalte una u otra opinión. Tiene además una segunda ventaja: es más ruso que el vodka de modo que no hay que ni siquiera traducirlo. Y por si fuera poco, no es cualquier intelectual. Todo lo contrario: se trata de un pensador de altísimo vuelo, como casi ya no los hay en occidente, respetado hasta por sus más enconados adversarios. Dugin ya es considerado el ideólogo del ultranacionalismo mundial y por eso se codea con mandatarios como Orban, Salvini y otros similares, y por supuesto con casi todos los líderes de los partidos del populismo nacionalista europeo.

Nacido en enero del 1962 hizo sus primeras apariciones públicas como consejero de la federación nacional rusa. El año 1990 fundó el Partido Nacional Bolchevique cuya misión debería ser mantener en alto los principios nacionalistas de Stalin en medio de la borrasca desatada por Gorbachov. Como era de esperarse, fue calificado de “fascista” por sus adversarios lo que es cierto solo en parte. Dugin bebe de aguas fascistas, pero de otras muchas más. El mismo se declara seguidor del tradicionalismo conservador de Julius Evola y René Guenón. En su libro “Geopolítica de Rusia” recurre efectivamente a las concepciones pre-fascistas de Karl Hausofer relativas al “espacio vital”. Allí postula la tesis que más debe haber deslumbrado a Putin: “Eurasia”: un espacio de afinidades culturales y religiosas cuyo centro no puede ser sino Rusia.

Pero “Eurasia” es algo distinto a la “Germania” de Hitler. La diferencia es fundamental: La “Germania nazi” era un espacio vital racial. La “Eurasia” de Dugin (y la de Putin) es un espacio vital cultural, tradicional y sobre todo religioso. Y allí reside justamente la gran diferencia de la doctrina Dugin con el fascismo. Dugin no es racista. Si tuviéramos que catalogarlo podríamos decir que estamos frente a un tradicionalista radical, muy radical. Terriblemente radical.

Dugin defiende antes que nada las tradiciones rusas. Podríamos decir que en cierto sentido es un tolstoiano, concepto que endilgó Dutschke al “último Solyenitizin”, enemigo mortal de la modernidad. Pero a la vez se nombra defensor de todos los pueblos que defienden sus tradiciones haciendo resistencia a las ofensivas globalizadoras y neo-liberales de nuestro tiempo. Esas tradiciones solo pueden estar aseguradas, según Dugin, por instituciones religiosas. Planteamiento que lo lleva a negar de cuajo el principio de la secularización política. De ahí su amor declarado a las naciones islámicas como Irán y a la cada vez más fuerte religiosidad del estado de Israel.

Para Dugin el sujeto del pensamiento liberal es el individuo quien arrancado del contexto de sus tradiciones olvida su razón de ser para adentrase en el mundo del hacer y del tener, tesis heideggeriana que él asume con absoluta convicción. Pero Dugin va más allá de Heidegger quien buscó siempre una concordancia entre su filosofía y la de Nietzsche. Dugin es definitivamente antinitzscheano. Con absoluto aplomo opone a la apología ditirámbica de Dionisios el ideal de Apolo: la serenidad, la templanza, la forma y sobre todo, el orden. Orden, Patria y Familia en contra de la disociación capitalista de la modernidad (ahí se junta con el Marx de Lenin) De ahí que su grito de batalla vaya dirigido en contra de la democracia liberal, sobre todo la norteamericana y la de gran parte de los países europeos. Naturalmente Putin pone oído atento a esas tesis. En cierto modo son las suyas. Pero Dugin les otorga, además, el formato intelectual para interpelar a las elites de otras naciones en la lucha ideológica que, igual que Lenin ayer, necesita para debilitar los fundamentos culturales del orden democrático occidental. Putin y Dugin se necesitan el uno al otro como si fueran el mar y la arena.

Precisamente siguiendo los pasos de su mentor político Putin, Dugin advierte hacia donde van los tiros. Por eso y de modo rápido se apresuró a detectar al enemigo número 1 de “Eurasia”. Este no puede ser otro sino la Unión Europea. “Eurasia” versus la UE. Una declaración de guerra ideológica a Merkel y a Macron, este último considerado por Dugin como el “Anti-Cristo” de la posmodernidad. Del triunfo de “Eurasia” dependerá el futuro no solo de Europa sino de la entera humanidad.

Dugin ha ahorrado a Putin la ingrata tarea que emprendió Lenin con Marx, la de envasar sus ideas en manuales de explicación fácil. El mismo Dugin ha sistematizado su concepción del mundo en un capítulo de su libro titulado “La Cuarta Teoría Política”, lectura obligatoria en los institutos de enseñanzas de Rusia y, por cierto, muy estudiado por los ultranacionalistas de Hungría, Italia, Eslovenia y Polonia.

¿Por qué “cuarta teoría”? Las tres primeras son: 1. El capitalismo liberal cuyo sujeto es el individuo abstracto 2. El fascismo, incluyendo la variante nazi alemana, cuyo sujeto es el Estado-Nación. 3. El marxismo cuyo sujeto es la clase social proletaria.

La cuarta teoría es la que fundamenta la revuelta de la tradición representada por Rusia, Putin y el mismo Dugin.

Hay que tomarlo en serio. Más allá de su ostensible charlatanería, de su anti-humanismo cruel y exhibicionista, de sus simplificaciones históricas, hay que tomarlo muy en serio. Estamos frente a un filósofo de prosa poderosa y pensamiento cósmico. Un gigante del intelecto. Un pensador cuya potencia destructiva parece no tener límites. Habrá que exigirse a fondo para enfrentarlo. No será esta por lo tanto la última vez que deberemos referirnos a Alexandr Dugin: el “Marx de Vladimir Putin”. Valga este artículo solo como una carta de presentación.

9 de mayo 2019

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2019/05/fernando-mires-el-marx-de-vladi...

 8 min


¨Jorge Riechmann Fernández¨

En apenas un par de siglos desde la Revolución Industrial, la población humana se ha multiplicado por ocho. Desde 1800, ha crecido de unos 900 millones de seres humanos a 7 600, camino de los ocho mil millones y más allá.

La mayor parte de esa enorme expansión demográfica ha tenido lugar durante el período que sin duda hemos de llamar la Gran Aceleración, la posguerra de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945): todavía en tiempos de mis abuelos, hacia 1930, poblaban el planeta Tierra solo 2 000 millones de seres humanos.

Esta humanidad enorme ha sido posible solo gracias a la agricultura industrializada que, con raíces en el siglo XIX, se desarrolló sobre todo a partir de 1920-1930. Supuso la eliminación progresiva del campesinado, la salarización de las y los agricultores, el uso de fertilizantes de síntesis y semillas híbridas (y luego transgénicas), la mecanización de las labores del campo, los grandes monocultivos, la irrigación de enormes superficies, los sistemas de distribución a larga distancia y los oligopolios agroalimentarios.

Un modelo que, si solo hubiéramos de juzgarlo en términos de producción actual, habría de considerarse exitoso. Solo tiene un pequeño problema: es radicalmente insostenible. Estamos cultivando y criando ganado como si no hubiese un mañana.

Agricultura ajena a la naturaleza

Hay que interpretar la Revolución Industrial capitalista a través de dos dinámicas clave: la fractura metabólica (en el intercambio de estas sociedades con la naturaleza) y la puesta en marcha de un dispositivo fosilista de crecimiento (acumulación capitalista basada en combustibles fósiles) que conduce inexorablemente a la extralimitación con respecto a los límites biofísicos planetarios. Estas son las dos cuestiones clave para la “trampa del progreso” (por emplear la expresión del escritor Ronald Wright) en que nos hemos metido: fractura metabólica y extralimitación.

El profesor Joaquim Sempere, en su libro Las cenizas de Prometeo (2018), propone distinguir entre tres componentes de la fractura metabólica: energía (combustibles fósiles), materiales (uso intensivo de la riqueza mineral de la corteza terrestre que desemboca en extractivismo) y agricultura. Esta última es la que más nos interesa ahora.

Las formas de vida basadas tanto en la recolección, el forrajeo y la caza, como en la agricultura campesina, constituyeron comunidades humanas en simbiosis con la naturaleza que prosperaban aprovechando los frutos de la fotosíntesis —lo que no quiere decir que no tuviesen impactos apreciables sobre la biosfera—.

La fractura metabólica rompe esta situación. Se forman sociedades industriales que son esencialmente sociedades mineras, dependientes ya no de la luz solar y de la fotosíntesis, sino de riquezas del subsuelo escasas y agotables. El impacto de estas sociedades sobre la biosfera crece además de forma exponencial (por eso estamos hoy debatiendo sobre el Antropoceno).

Hacia la intensificación agropecuaria

La nueva agronomía del XIX, de la mano del químico Justus von Liebig y otros, descubre primero y perfecciona luego la fertilización mineral de las plantas. Tras la I Guerra Mundial, el proceso Haber-Bosch de obtención de nitratos inaugura una época en la que se logra producir alimentos con una intensidad antes desconocida.

La intensificación agraria incorpora además productos biocidas de síntesis, cuyo emblema –ya tras la II Guerra Mundial– es el DDT. Un compuesto insecticida que inaugura toda una fase de guerra química contra las plagas y las llamadas “malas hierbas” (pero tanto unas como otras son, sobre todo, síntoma de agrosistemas demasiados simplificados y desequilibrados).

Además, la producción agropecuaria crece enormemente en cantidad. Así, hablamos de una revolución verde, sobre todo, cuando los países del Sur asumen la agricultura industrial. Aunque también aumenta su impacto sobre los ecosistemas de los que depende nuestro porvenir (no puede insistirse demasiado en que somos ecodependientes e interdependientes).

Tenemos, en suma, una gran intensificación agropecuaria en el seno de la Gran Aceleración capitalista que se despliega durante los últimos decenios.

Un modelo frágil e insostenible

Las bases de este sistema de producción de alimentos, fibras y otros bienes son extremadamente frágiles :

  • Sus balances energéticos son muy pobres (al depender de un uso intensivo de combustibles fósiles).
  • Los monocultivos de plantas de ciclo anual son una mala idea ecológica y agronómica.
  • El pico de disponibilidad del gas natural y el pico del fósforo ponen en jaque la producción de fertilizantes de síntesis.
  • La difusión de biocidas está dañando hasta tal punto las poblaciones de seres vivos que incluso hablamos ya de un “apocalipsis de los insectos”.
  • La concentración oligopólica en megaempresas de agroquímicos y semillas tiene costes sociales cada vez más onerosos.
  • La pérdida de variedades tradicionales daña la resiliencia de nuestros agrosistemas y la destrucción del suelo fértil amenaza de forma directa la supervivencia de buena parte de la enorme, excesiva humanidad que somos hoy.

Evolución de la producción mundial de fosforita.

Comer luz solar tiene futuro. Comer petróleo y minerales fosfatados como hacemos hoy, es decir, consumir una riqueza mineral que hemos dilapidado y está agotándose rápidamente, resulta radicalmente no sustentable.

“No hay forma conocida de alimentar a una población de 10.000 millones de personas”, dice Stephen Emmott. No dentro del orden socioeconómico vigente, pero sí –sin duda– con agroecología, soberanía alimentaria, conservación de la biodiversidad natural y agropecuaria, regeneración de los suelos y dietas básicamente vegetarianas.

En definitiva, con una agricultura basada en la diversidad a todos los niveles, recuperando la simbiosis con la naturaleza: pero claro, eso exige cambiar el modelo de producción y las formas de consumo. Cambiar a fondo… “Producir alimentos, ciencia y dignidad”, pedía Kléber Ramírez.

Pero seguimos entrampados en el fetichismo de la mercancía, la acumulación de capital y los autoengaños anclados en tecnociencia. Nuestras sociedades, hoy por hoy, siguen de forma mayoritaria prefiriendo ignorar estas cuestiones existenciales donde nos jugamos, literalmente, el ser y el no ser de la vida civilizada. Y quizá de la misma especie humana.

Profesor de Filosofía moral y política, Universidad Autónoma de Madrid

Mayo 9, 2019

The Conversation

https://theconversation.com/es-posible-alimentar-a-10-000-millones-de-pe...

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​José E. Rodríguez Rojas

La política económica gubernamental ha generado una creciente hiperinflación que ha obligado a los individuos y empresas a refugiarse en el dólar, para proteger sus ahorros e inversiones. El creciente proceso de dolarización de la economía ha involucrado a los servicios de salud privados. En este contexto la cobertura del seguro de los profesores universitarios se ha deteriorado y no cubre el costo de tratamientos que antes eran rutinarios, lo que ha derivado en un deterioro de la salud de los docentes y en casos extremos en fallecimientos. El deterioro de la capacidad de compra de los salarios generado por la inflación y la dolarización, también ha provocado el deterioro de los servicios de los institutos de previsión social. Todo ello ha incentivado la deserción de los docentes. La mitad de la planta profesoral de las universidades ha emigrado a otras latitudes en busca de un futuro más cónsono con su formación y expectativas.

En una entrevista reciente el presidente de la Asociación de Profesores de la UCV (Apucv) Víctor Márquez afirmó que los profesores de la UCV hemos perdido la seguridad social. El régimen de seguridad social que tenemos los docentes es contributivo, es decir que depende de los aportes que hacemos los profesores, aportes estos que se traducen en descuentos mensuales que hace el Instituto de Previsión (IPP) de la nómina de la UCV. La capacidad de compra de nuestros sueldos se ha venido deteriorando; como lo señala el profesor Márquez el máximo sueldo que cobraba un profesor en el mes de marzo era de 31.000 Bs. lo cual no alcanzaba para adquirir la canasta alimentaria. En la medida que la capacidad de compra de nuestros salarios ha venido declinando, nuestra capacidad para cotizar con la seguridad social se ha limitado, lo cual se refleja en el deterioro de la cobertura del seguro de hospitalización y cirugía (HCM), el cual en los actuales momentos es de tres millones de Bs.S equivalente a un poco más de 500 dólares.

Al mismo tiempo que la cobertura de nuestro seguro se ha ido reduciendo, se ha producido una dolarización de los servicios de salud. Ello ha limitado el acceso de los profesores a tratamientos que antes eran rutinarios, lo cual ha provocado en casos extremos el fallecimiento de profesores jubilados, que han sido incapaces de costear el elevado costo en dólares del tratamiento que han requerido. Ello sucedió el año pasado con un profesor jubilado el cual sufrió quebrantos de salud que lo obligaron a acudir a una clínica en la ciudad de Maracay, donde le diagnosticaron una obstrucción en una arteria y le recomendaron realizarse un cateterismo para solventar el problema. Los médicos que trataron al profesor le informaron que la clínica contaba con los equipos y el personal especializado, pero que el costo del cateterismo ascendía a tres mil dólares. Debido a que nuestro seguro no podía cubrir la cantidad señalada, el docente decidió acudir a otros centros especializados de la zona donde lo pudieran atender a costos más accesibles para nuestro seguro. Aparentemente tales gestiones fueron infructuosas pues el profesor falleció a los pocos días. El docente mencionado contribuyó a la formación de varias generaciones de agrónomos, algunos de los cuales pasamos a integrar la planta profesoral de la Facultad de Agronomía de la UCV. Es lamentable la forma como falleció, sin una seguridad social que lo protegiera. El caso del docente referido es significativo pues formó parte de la generación que creó la Asociación de Profesores de la UCV, uno de cuyos propósitos fundamentales a la hora de su gestación fue crear un sistema de seguridad social que protegiera al profesor de eventos como los que terminaron con la vida del docente en cuestión.

El caso del docente señalado no es aislado, ya que muchos de los jubilados hemos pasado por situaciones similares. En mi caso personal acudí el año pasado a una consulta con un prestigioso oftalmólogo local, a fin de discutir los detalles de una operación de catarata que debo realizarme, según recomendaciones de varios especialistas que me han evaluado. El médico luego del chequeo confirmó la necesidad de la intervención. Le solicité un presupuesto y me señaló que la intervención de los dos ojos tenía un costo estimado de 800 dólares. No pude llevar a cabo la intervaenciòn señalada, debido a ello sufro de una discapacidad crónica que me limita cuando debo escribir o leer, actividades fundamentales en un docente universitario.

Estamos ante un proceso de dolarización de facto de la economía venezolana. Los vehículos se transan en dólares, al igual que las viviendas y otros bienes. Este proceso ha involucrado también a los servicios de salud privados, lo cual es comprensible, pues los equipos utilizados en los tratamientos y procedimientos quirúrgicos como los mencionados son importados, al igual que los repuestos y la actualización tecnológica ligada a los mismos. Ante la situación descrita, la cobertura de nuestro seguro Samhoi es muy limitada, pues apenas alcanza al equivalente a un poco más de 500 dólares. La limitada cobertura de Samhoi nos coloca en la práctica en una situación de desprotección frente a la dolarización de los servicios privados de salud. Numerosos profesores jubilados sufrimos de dolencias cardiacas de diversa gravedad, así como deterioro de nuestra vista debido a nuestra avanzada edad, pero dado los costos actuales de los servicios de salud no podemos sufragar procedimientos que antes eran rutinarios.

Adicionalmente a la reducción de la cobertura del seguro se ha producido un deterioro de los servicios de los institutos de previsión social, un ejemplo de estos es el caso del IPP de la UCV donde la carencia de insumos es rutinaria, así como el encarecimiento de los servicios médicos internos que los hace inaccesibles a muchos docentes. La deserción de los médicos externos por las bajas tarifas que les paga el IPP, así como por los retrasos en los compromisos de pago, completan el cuadro de deterioro.

La seguridad social que disfrutabamos los profesores era uno de los incentivos para ingresar a la planta docente de la universidad. Si bien los salarios se venían deteriorando desde inicios del presente siglo, la elevada cobertura de nuestro seguro, así como de los servicios médicos y odontológicos que el IPP proveía, eran uno de los estímulos para permanecer en la docencia universitaria. Sin embargo la reducción de la cobertura de Samhoi ante la creciente dolarización de los servicios que prestan las clínicas privadas, ha hecho que muchos profesores deserten de la docencia universitaria. Las estimaciones del profesor Márquez apuntan a que más de 10 mil profesores han emigrado a otros países lo que representa cerca del 50% de la planta profesoral de las universidades.

Profesor UCV

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El capitalismo es un sistema económico basado fundamentalmente en la propiedad privada de los medios de producción como un derecho individual, no del Estado; sus fundamentos son el capital y el trabajo. El proceso productivo se basa en la libertad y competencia de mercado que, mediante la llamada ley de la oferta y la demanda de bienes y servicios debe establecer los precios y el equilibrio en las relaciones de producción. Se supone como cierto que las relaciones y condiciones de trabajo son de libre aceptación, entre el empresario capitalista ̶ que invierte para producir bienes y servicios que comercializa con el fin de obtener un beneficio económico ̶ y el empleado ̶ que trabaja por un salario ̶ .

Según el modelo capitalista, la tarea de los gobiernos debería limitarse al control de las posibles fallas de mercado para evitar desequilibrios y procedimientos indebidos; pero este planteamiento demostró ser inconveniente. Sin embargo, a pesar de los serios problemas ocasionados, el capitalismo demostró flexibilidad y capacidad de adaptación, sobre todo en los países más industrializados. Ya avanzado el siglo XX, debido a las presiones sociales, y buscando mayor equidad social y estabilidad política, hubo necesidad de aliviar los defectos e injusticias que arrastraba el capitalismo, por lo cual se fueron produciendo cambios en el modelo original. Por ejemplo, mejorando las condiciones de trabajo o garantizando el adecuado funcionamiento del libre mercado y, más tarde, implantando un sistema de seguridad social; para lo cual fue necesaria mayor intervención del Estado.

Casos específicos de las variantes desarrolladas, son la Social Democracia, el Capitalismo Corporativo, el Socialismo de Mercado y el Capitalismo de Estado. También el llamado Socialismo de los países nórdicos y la Economía Social de Mercado o Capitalismo Social; desarrollados como modelos exitosos en el norte de Europa y Alemania, respectivamente. En la actualidad, la gran mayoría de las naciones sigue el sistema capitalista, en alguna de sus diferentes modalidades.

Los que están a favor del capitalismo aseguran que la propiedad privada de los medios de producción impulsa el deseo de lucro, y la competencia de mercado hace que las empresas tienda a ofrecer mejores pecios y calidad de productos, lo cual favorece al consumidor y promueve el desarrollo económico. Otra virtud que se le atribuye al sistema capitalista es que permite la movilización social de los actores involucrados en función del éxito o fracaso económico. Con el impulso al crecimiento económico producido por el capitalismo, a raíz de la Revolución Industrial, en el siglo XIX, las desigualdades sociales y la miseria no se aliviaron, al contrario, aumentaron. Las condiciones de trabajo eran extremas, las jornadas solían durar 16 y hasta 18 horas y la explotación infantil era común; la insalubridad e inseguridad laboral era generalizada. Durante la etapa de expansión del capitalismo, grandes compañías llegaron formar monopolios, o grupos de compañías afines se unieron para organizar oligopolios o “carteles”, con el fin de manipular las condiciones de mercado a su favor, lo que llevó a la necesidad de implementar leyes antimonopolio y otras normas de regulación.

Hoy en día aún subsisten aspectos negativos y problemas importantes ocasionados por la aplicación del sistema capitalista, como los ya señalados; algunos se han aliviado en gran medida, como los relacionados con los derechos laborales y las condiciones de trabajo; aunque se pueden señalar grandes diferencias en cuanto a países y regímenes de gobierno se refiere. El proceso de globalización, que se ha incrementado en los últimos tiempos, ha permitido evitar normas de control sobre la comercialización, condiciones de trabajo y derechos laborales. Por otra parte, otros problemas han ido ganando importancia hasta agravarse y alcanzar niveles de gran peligrosidad; como es el caso de los relacionados con el medio ambiente. El afán desmedido de riqueza ha llevado a la sobreexplotación de recursos naturales renovables ̶ como bosque y cuerpos de agua ̶ y no renovables ̶ como petróleo, gas, minerales y el suelo ̶ , causando una preocupante contaminación ambiental y efectos de cambio climático y deterioro de recursos de suelo y agua.

En el mediano y largo plazo, no se considera probable que se pueda desarrollar un nuevo modelo económico que pueda sustituir al capitalismo. Por lo visto, el sistema capitalista, en sus diferentes formas, seguirá vigente durante mucho tiempo. Si bien no es posible establecer un sistema económico perfecto, a través de la historia de su desarrollo el capitalismo ha demostrado tener la suficiente capacidad de adaptación como para superarse. Se podría considerar al capitalismo como una poderosa bestia que aún no está lo suficientemente domada; pero hay esperanzas de lograr convertirlo en un sistema económico mejor equilibrado y con mayor justicia social.

Profesor, Facultad de Agronomía, UCV
felipeedmundo@gmail.com

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