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Opinión

Joaquín Estefanía

Hace un siglo, el alemán Oswald Spengler publicó en dos volúmenes La decadencia de Occidente, uno de los exponentes escritos más conocidos sobre la crisis europea al finalizar la Primera Guerra Mundial. Su tesis es que todas las civilizaciones tienen un ciclo de vida natural con tres fases —­crecimiento, florecimiento y decadencia—, y que la cultura europea, absorta en un materialismo estrecho, estaba en la última etapa: el invierno de un mundo de antaño fructífero. Afortunadamente, Spengler no acertó: tras la segunda conflagración mundial, Europa se reconstruyó y elaboró el experimento de integración más exitoso de la historia: la Unión Europea.

Aunque hay diferencias fundamentales, también existen algunas analogías entre aquellos tiempos y los de ahora: el descontento social ante las desigualdades extremas, el débil crecimiento económico o el estancamiento secular de algunos Estados, los conflictos políticos internacionales que se expresan sobre todo (pero no únicamente) en proteccionismo y guerras comerciales, etcétera. Todo ello ha contribuido a fomentar un pesimismo creciente: un profundo sentimiento de fin de siècle, acelerado por la extensión ultrarrápida de unas tecnologías que no se dominan y el concepto de “fin del trabajo”. Es en este contexto en el que se multiplican las fuerzas eurófobas (todavía la semana pasada emergía en Holanda una nueva formación de derecha radical, denominada sedicentemente Foro para la Democracia, para competir con el ultraderechista Partido por la Libertad, no menos sedicente). Dentro de dos meses se celebran unas importantísimas elecciones al Parlamento Europeo —emparedadas en España entre las legislativas y las municipales y autonómicas— que van a medir la significación de esa fobia a la Europa unida.

Emerge una nueva derecha que gana espacios no sólo en Europa, sino en EE UU y en América Latina; una derecha extrema que, hasta ahora, ha descartado los rostros más violentos y que se embandera en fenómenos como el autoritarismo, el nacionalismo, el conservadurismo, el populismo, la xenofobia, la islamofobia, el desprecio al pluralismo, etcétera. No en todas partes se presenta igual, sino que mezcla en distintas dosis cada una de esas características. Es lo que el historiador italiano radicado en EE UU Enzo Traverso ha denominado “las nuevas caras de la derecha” (editorial Siglo XXI).

La mayoría de esas formaciones, que han perdido por el camino el calificativo de partidos (Alternativa por Alemania, Vox, Amanecer Dorado…), no se reivindican del fascismo clásico, pero es imposible entenderlas sin acudir al recuerdo de lo que esa doctrina significó. Son fenómenos aún transitorios en la mayoría de los casos, en transformación, que aún no han cristalizado en lo que definitivamente llegarán a ser. Todavía no ha sucedido con ellos (y quizá no llegue a pasar nunca) lo que en Alemania en los primeros años de la década de los treinta del siglo pasado, cuando los nazis dejaron su condición de movimiento minoritario constituido por unos cuantos frikis para convertirse en los interlocutores de las grandes empresas y grupos, y de las élites industriales y financieras. Lo cuenta perfectamente el escritor francés Éric Vuillard en El orden del día (Tusquets): en febrero de 1933 tiene lugar una reunión en el Reichstag a la que asisten los 24 industriales alemanes más importantes (por ejemplo, los dueños de Opel, Krupp, Siemens, IG Farben, Telefunken, Agfa, Varta…), en la que, en presencia de Hitler y Goering, donaron ingentes cantidades al nuevo régimen (“urge acabar con la inestabilidad del régimen; la actividad económica requiera calma y firmeza… Era una ocasión única para salir del estancamiento en que se hallaban, pero para hacer campaña se necesitaba dinero…”).

Cuando las sociedades están sometidas a shocks tan fuertes como la Gran Recesión, esas nuevas derechas constituyen en muchos casos una respuesta extrema a la ausencia de un horizonte de expectativas. A veces se genera un desplazamiento de la cuestión social a las cuestiones identitarias; otras ponen en primer plano el hecho de que la alternancia de Gobiernos de distinto signo no produce modificaciones sustanciales en las políticas públicas, sino sólo cambios de personal.

En ocasiones parece que lo que ocurre a nuestro alrededor estaba escrito en los periódicos de hace muchos años y es una pesadilla que ya hemos sufrido.

24 de marzo 2019

El País

https://elpais.com/elpais/2019/03/22/ideas/1553264899_947348.html

 3 min


Corren tiempos de espera. Como si se hubieran parado las manillas del reloj. Los polos en pugna se observan. Ninguno deja pasar movimiento alguno. Saben, que por más insignificantes que sean tendrán efectos en la estrategia. Nada es improvisado. Nada es al voleo. Todo tiene sentido y gran valor político. Como leones enjaulados se enseñan los afilados dientes. A lo interno de cada quien, analizan, planean y afinan nuevas acciones. En busca de un punto crítico, que haga encender la pradera y traiga el desenlace. Saben que la situación es compleja. Miden sus fortalezas y esperan el momento oportuno. Cada paso es un logro, cada acto suma en el inventario del proceso que iniciaron. La brecha entre los polos se abre y pareciera, a la luz de lo publicado, que cada vez es más lejano y difícil un entendimiento… una negociación política. El grupo de Lima está activo. El de Uruguay y México (grupo contacto) con algunos países de Europa también lo están. Hay acercamiento directo entre EEUU y Rusia, en Roma; cordial… pero sin acuerdo. La avanzada de la Comisionada de DDHH de la ONU, Michelle Bachelet, hace su trabajo en el país. ¡Para EEUU, todas las opciones están en la mesa!
Mantener el entusiasmo

El reto de Guaidó es mantener el entusiasmo de la masa opositora. Hacer crecer la esperanza. Combatir el desaliento. Mantenerles en las calles, activos y optimistas. Hoy, dirige sentimental y anímicamente a la mayoría del pueblo. De esto, hoy, no hay duda. Es su bastión y también su principal activo. Debe considerar que esta masa amorfa y exigente nunca será fácil de mantener como borregos. La dirige el grupo más preparado, lo que pudiera llamarse pequeña burguesía. Le integran principalmente la clase A, B, C y parte de D y E. La mayoría no está en partidos ni quiere a los partidos. Está descontenta con este gobierno. No por efecto de una política opositora sino simplemente por lo malo que ha sido el gobierno. El otro patrimonio importante es el respaldo internacional que ha logrado Guaidó. El reconocimiento de unos 60 países no es cualquier cosa. Los más destacados del mundo occidental. Quienes alineados con la posición de EEUU acatan y ejecutan las sanciones y restricciones impuestas por el gigante del norte.

¿Qué hace Zapatero en Venezuela?

Por otro lado, el gobierno deja correr a Guaidó. Lo abandona a su suerte. Sabe que no es peligroso; por ahora. Se le ha ido el tiempo saltando sobre carros y andamios, convocando concentraciones públicas y armando la representación diplomática internacional. Hay que entender que no es fácil su papel. Observo que el ánimo empieza a decaer. Las manifestaciones disminuyen cuantitativamente. Es tal el desespero, porque la gente creía que el cambio de gobierno era ahora. Recorrerá el país sin tropiezo. Las investigaciones en la Fiscalía y en el TSJ continúan muy lentamente. Avanzan en privado. ¡Esperan su oportunidad! Es la Espada de Damocles que el régimen coloca sobre la cabeza del líder opositor. Su aplicación va a depender de las circunstancias. Como una intervención extranjera no está descartada continúan los ejercicios militares. Hay un Comando Político Cívico Militar creado por encima de cualquier institucionalidad. Ese es el cuerpo que manda y define estrategias. Dicen que en él están incorporados los cubanos. Y hasta otras potencias aliadas. La llegada de Zapatero vislumbra algún tipo de negociación. ¿Se reunirá con Guaidó? Pudiera ser una estratagema. ¡No se lo perdonarían al líder opositor!…

La tendencia es a desmejorar

La tenaza financiera que asfixia es la principal preocupación del gobierno de Maduro. Empiezan a retrasar algunos pagos de obligaciones en la nómina. Las sanciones tienen al fisco nacional insolvente. La banca nacional no posee dinero para prestar. El aumento del encaje legal sacó el dinero de circulación. Lo poco que entra al gobierno es usado en la perpetuidad del régimen. Bachelet reconoció en la ONU que los “grupos de seguridad y colectivos armados están provocando muertes y torturas”. También expresó su preocupación porque las recientes sanciones de EEUU, a las transferencias financieras vinculadas a la venta de petróleo “puedan contribuir a agravar la crisis económica”. La otra asfixia es la que sufre el pueblo con los precios de alimentos y medicinas. Una economía dolarizada y los salarios no llegan a $5. La desesperante situación hace peligrar la paz de la república. La tendencia es a desmejorarse. ¡Que Dios nos coja confesados!

fcordero@eluniversal.com

efecepe2010@gmail.com

@efecepe2010

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Se piensa que la primavera árabe fue lo que las imágenes enseñaron, románticas jornadas de masas en las calles por la libertad, igual que Ucrania. Los videos espectaculares del final simplificaron la complicadísima trama de amarres precedentes, varios de ellos tortuosos y de consecuencias terribles. Lo esencial para el oficio político, las complejidades para construir desenlaces, no lo es para la antipolítica, esa nueva dinámica que lleva los jugadores “doble AA” directamente a las grandes ligas y luego al desastre, como vimos en 20 años.

En Edipo Rey, la aterradora esfinge arrojaba a los hombres al abismo mientras exclamaba “el vacío al que caes está dentro de ti”. Pero la primavera se convirtió en canícula desértica y en el ocaso de países milenarios como Siria y Libia. Egipto salió de una dictadura a otra, salvándose por poco del fundamentalismo de Hermanos Musulmanes, y Túnez trata de nadar con brazos amarrados. Varios cambiaron el terror por el desastre, peste por cólera.

Desde hace décadas se desarrolla la transitología que ya acumula un tesoro bibliográfico, y por los menos tres grandes tratados que recogen la mayoría de las experiencias y cuentan detalladamente cómo se lograron. Los cambios de régimen salieron bien cuando los protagonistas jugaron con variables políticas reales, y no abundan mantras, como los define @Karla_ngj, en secuencia inmodificable: “cese a la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres”. Todo mantra es aneuronal y pelético como ese de “jugar en todos los tableros”. Y el abrazo del oso mántrico son las “condiciones electorales”.

Mantra de las condiciones

Y en la historia de las transiciones, el abstencionismo o boicot electoral, fue una bestia exótica. En Brasil contra la opinión de Dilma Rousseff, en aquel entonces joven jefa de la organización armada Val-Palmares, la oposición concurrió a elecciones de segundo grado y ganó, ante la estupefacción de la dictadura. En Polonia Jaruselski convocó un proceso viciado con un mecanismo que le garantizaba mayoría previa de diputados, pero Solidaridad obtuvo todos los cargos a elegir. La oposición panameña le ganó a Noriega en 1989 en medio de la violencia de los batallones de la dignidad, por no recontar el caso de Violeta Chamorro en Nicaragua.

Hay incontables ejemplos de triunfos electorales en procesos sucios y debemos fijarnos en nuestra propia experiencia. La oposición concurrió a las parlamentarias de 2015 aunque el gobierno había quebrado la institucionalidad para ponerla a su favor. Bajo la orientación de Tibisay Lucena cambiaron circuitos electorales con desbocados jerrymandering. Migraron a los ciudadanos de sus centros de votación. A última hora desorganizaron las planchas opositoras al aprobar paridad de hombres y mujeres, los colectivos creaban terror por las calles y Capriles denunció que sacaron testigos a punta de pistola de los centros de votación.

Los médicos cubanos se convirtieron en maquinaria de extorsión electoral. En 2018 en vista de que estaban inhabilitados los candidatos “naturales” y Lorenzo Mendoza no aceptó serlo, la excusa para no permitir un outsider fue lo de las condiciones, las mismas del triunfo en 2015 que obtuvo la Asamblea Nacional. Todo lo ganado en estos 20 años, ha sido por votar. Y todo lo perdido fue por abstenernos. Claro que queremos votar decentemente. Pero el mantra suena a argucia con fines no expuestos.

Día del abecedario

Mientras en el norte deshojan la margarita de la invasión, se anuncia un nuevo “día D”, otro intento de asalto civil al poder. En años recientes y el primer trimestre del actual tuvimos días D, X, Z, Y, y el Presidente colombiano declaró hace un mes que el gobierno caería en horas. Comenzamos con el 5 de enero, seguimos el 10, luego el 23 de enero y el 23 de febrero. Así podríamos seguir en cada fecha patria, Día de la bandera, 19 de abril, 24 de junio, 5 de julio, 24 de julio, etcétera y ya tenemos precedentes de tales secuencias. Así otro mantra, la amenaza creíble, como todo tiene su coyuntura, perderla torna el drama en comedia.

La oposición escaló un gran pico que le permitía sentar creíblemente al gobierno con la Unión Europea. El 23 de febrero eso cayó aunque de nuevo se ha repuesto y no es recomendable dejar pasar otro buen momento. El punto es que la idea de que la solución deber ser electoral y producto de un acuerdo con el gobierno y los militares, parece no tener relevancia para algunos y luce que se trata de nuevo de patear la puerta, el mismo esquema de 2014 hasta hoy, mientras musitamos el mantra “cese de la usurpación, gobierno de transición, elecciones libres”.

Patear la puerta, la insurrección cívica y desarmada, simplezas tales como “el 187.11”. Se echó mano al 233, al 333, al 350 y posiblemente no alcancen los artículos de la Constitución. Preocupa algo en la larga ristra de agradecimientos. Aparecen los gobiernos de EEUU, Perú, Colombia, Brasil, Paraguay, Chile, Argentina, Ecuador y el grupo de eurodiputados que vino a cuestionar al trabajo de Federica Mogherini. Pero no se le reconoce a ella, que suena gran esperanza de que este aquelarre pudiera conseguir una vía de salvación. A Mogherini y a la Unión Europea no conviene excluírseles de los reconocimientos.

@CarlosRaulHer

 4 min


Luis Alemany

Viajaba yo con el poeta Eugenio Montejo desde Salamanca a Madrid en 1997 y él me dijo: 'En nuestro país el lenguaje se está deteriorando a pasos agigantados: Venezuela va a vivir muy pronto una gran catástrofe'». El escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez recuerda aquella frase de Montejo como un presagio que llegó un año antes de que el Comandante Hugo Chávez se convirtiera en el presidente de su país y anunciara la Revolución Venezolana.

21 años después, el chavismo se tambalea: vive aferrado a su poder, pero su poder ya no es suficiente para sofocar la declaración de rebeldía de sus opositores. Es el momento de empezar a pensar en su legado, una herencia que incluye un lenguaje propio, «una neolengua», según la califican Francisco Javier Pérez, secretario de la Asociación de Academias de la Lengua Española, y el novelista Alberto Barrera Tyzska, premio Tusquets en 2016 gracias a Patria o muerte.

¿En qué consiste ese idioma bolivariano? «La palabra clave es resemantización», explica Pérez. «Chávez fue muy bueno para tomar las palabras y cambiar su significado. Empezó a llamar escuálidos a sus opositores y la palabra escuálido se convirtió en un sinónimo de perdedor. Hasta los opositores hicieron suya la palabra. También rescató la palabra majunche, que era una voz tradicional, casi perdida, y la puso de moda para descalificar a sus enemigos. O pitiyanqui, que también estaba olvidada, volvió a aparecer con un sentido anti estadounidense». Méndez Guedez aporta otro descalificativo para la oposición: «Realistas, que se oponía a los patriotas, que eran sus partidarios».

Otra clave fue el éxito del lenguaje cuartelario. Lo recuerda Héctor Torres, autor del libro de crónicas Caracas muerde. «Chávez decía 'rodilla en tierra', a las elecciones las llamaba 'nueva batalla', hablaba de 'fuego graneado', decía que a sus enemigos los iba a volver 'polvo cósmico'... Esa terminología tuvo buena acogida entre los sectores pobres de sus seguidores... Antes de la llegada de Chávez, existía el servicio militar obligatorio, la recluta. A la recluta iban sobre todo los muchachos pobres, todo había degenerado en un asunto clasista. Con la llegada de Chávez al poder, esos venezolanos que pasaron por la recluta se sintieron reivindicados, ya que la jerga que usaba el líder les pertenecía...». Aquel lenguaje militar «abrió una grieta en la sociedad entre los que lo acogieron y los que lo rechazaron».

Dado que Chávez fue un orador incomparable y un escritor irrelevante, tienta pensar que el idioma bolivariano ha tenido una expresión oral, más que escrita. ¿Ocurrió así? «Chávez retomó una tradición venezolana de la oralidad, del hablador carismático, del echador de cuentos. Sabía manejarse perfectamente en ese terreno. Podía ser serio, agresivo, cursi y melodramático, divertido...todo en 10 minutos. Manejaba muy bien los códigos populares, era empático con las audiencias, podía burlarse de sí mismo pero jamás dejaba de ser el centro de su mensaje... Eso creó un estilo, la idea de que imitándolo podía ser un camino para el éxito», explica Barrera Tyszka.

Héctor Torres añade que «la oratoria de Chávez bebe de una tradición muy característica de la gente del Llano, que acostumbra a improvisar coplas y contar historias, en ocasiones inverosímiles. También tenía el tono y maneras de predicador evangélico». Y Francisco Javier Pérez recuerda que el comandante Chávez «empleaba un lenguaje medio, no culto, pero sí bien construido. Cometía errores como los cometemos todos en el lenguaje oral, pero no muchísimos ni muy graves. El problema era de sus seguidores, cuando querían justificar sus fallos. Una vez, en un colegio, Chávez escribió en una pizarra la palabra 'adquerir'. Al día siguiente hubo una campaña para convencer a los venezolanos de que la forma correcta es 'adquerir'».

Pérez y Barrera Tyszka no está seguros de que ese lenguaje calara en la calle. Méndez Guédez y Torres creen que sí. En lo que todos está de acuerdo es en que sin Chávez, el idioma bolivariano-chavista ha entrado en un desprestigio reciente, en parte motivado por la torpeza verbal de Nicolás Maduro.

Siguiente pregunta: ¿alguien se ha acordado del famoso «He amanecido con un Orinoco triste paseándose por mis ojos» de Juan Carlos Monedero? Monedero es español, no venezolano, pero su elegía a Chávez permite intuir la existencia de un lirismo bolivariano. «Más que de lirismo, yo hablaría de nacionalismo cursi, de megalomanía delirante», dice Héctor Torres. «Alimentaba su discurso con el imaginario del Llano. El llanero como el venezolano más auténtico. El hombre a caballo. El que a punta de lanza y machete liberó la patria. Opuso al atildado patiquín caraqueño con el bravío hombre del campo». Méndez Guédez coincide: «Existe un arsenal poético muy barato, una mezcla de Benedetti con Paulo Coelho. La mezcla suena divertida pero oculta una realidad siniestra».

Sólo nos queda hablar de clases sociales: ¿qué ocurrió con el español del venezolano culto, el que hablaba la clase media educada y la burguesía? «Ojo, hay muchos campesinos venezolanos que hablaban y siguen hablando un muy buen español», dice Francisco Javier Pérez. Y, además, «muchísimos chavistas vienen de la clase media», recuerda Barrera Tyszka. «Maduro nació y vivió en una zona de clase media. Ahora sale bailando salsa, pero de joven participó en un conjunto de rock... Pero habla desde la retórica que fundó Chávez. Chávez propuso una nueva caracterización de la identidad, de lo nacional, de lo popular, del habla política, del lenguaje...y todo eso giraba a su alrededor, por supuesto. Cualquiera que lo adversara, era despojado inmediatamente de su legitimidad. Se le consideraba anti popular, anti nacional... 'Quien no es chavista no es venezolano', llegó a decir».

«El chavismo trajo un culto a la zafiedad, al insulto. Para hacer carrera en de las filas de la dictadura es necesario un lenguaje muy básico, lleno de consignas, mentiras, y siempre con una visión infantil de buenos y malos», cuenta Méndez Guédez.

El trato de usted, por ejemplo, se volvió sospechoso, frente al tuteo omnipresente, que recuerda al castrismo. «Borraron las formas protocolarias de uso en público», cuenta Héctor Torres. «La informalidad de Chávez y la tosquedad en las formas cundió entre sus colaboradores y fue expandiéndose hacia sus seguidores. Se acuñó el uso del camarada o compatriota como fórmula en uso en la correspondencia de las instancias públicas. Igual se instauró el 'patria, socialismo o muerte' a manera de despedida. Pero no creo que eso hayasido promovido por una idea de fraternidad. En todo caso era un igualitarismo, que no significa igualdad».

Torres, Méndez Guédez, Barrera Tyszka y Pérez recuerdan casos de políticos y ejecutivos venezolanos, gente educada y de buena dicción, opositores o chavistas, que durante los años de esplendor chavista impostaron lo que pensaban que era «un habla popular». «Algunos daban angustia», recuerda Torres, que también destaca que, ahora, Juan Guaido cuida mucho de hablar un español formal y respetuoso, como una manera de marcar distancia con «la virulencia y a chabacanería» del idioma de Chávez.

El Mundo

21 de marzo de 2019

https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2019/03/21/5c92610efc6c836a418...

 5 min


El apagón de marzo de 2019 en Venezuela, producto de un deterioro del sistema y la ausencia de inversión en el mismo, como bien lo han expresado los expertos y la propia Asamblea Nacional -lo dejó claramente establecido en el Informe de la Comisión Mixta que evaluó el tema eléctrico en el año 2017-, permite reflexionar sobre el desafío institucional para enfrentar esa crisis desde el ámbito municipal.

Si se ha venido planteando como desafío el rescate del orden constitucional y democrático en Venezuela, tal vez la crisis eléctrica y en consecuencia, la crisis en la prestación del servicio de agua potable, puedan servir para concretar tal desafío a través de la participación en la demanda y defensa de servicios públicos con calidad y eficiencia.

El Municipio históricamente se ha reconocido como la unidad política primaria y la más cercana al ciudadano, en consecuencia, la ausencia prolongada de electricidad y de agua en los hogares, genera un malestar social que termina reclamando y exigiendo respuestas y apoyo a las autoridades locales.

La Ley Orgánica del Servicio y Sistema Eléctrico (LOSSE), cuando desarrolla el artículo sobre los destinatarios de esa Ley, reconoce al Municipio como un actor en el Sistema Eléctrico Nacional, tan es así, que el propio texto plantea la necesidad de adecuar los planes municipales relativos a la prestación del servicio eléctrico al Plan de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional.

¿Cuántos municipios tienen planes en esa materia? En este mismo sentido, ¿esta crisis consecuencia del apagón nacional, no les exige la responsabilidad de aprobar un plan de contingencia para enfrentar la situación actual?; por lo menos, la LOSSE lo exige al órgano rector del Sistema Eléctrico Nacional, ¿lo tendrá?

Pero además, el rol del municipio como actor el Sistema Eléctrico Nacional está desarrollado en el Capítulo III del Título II de la Ley, cuando lo identifica como una de las personas que intervienen en la prestación del servicio eléctrico. Por cierto, la LOSSE no reconoce a los Estados como actores del Sistema Eléctrico Nacional.

En tal sentido, si desde el 2016 la Asamblea Nacional en sus distintos acuerdos ha reiterado la necesidad de restaurar el orden democrático y constitucional en Venezuela, atendiendo al artículo 333 de la Constitución Nacional, es oportuno evaluar cómo los ciudadanos pueden exigir a las autoridades municipales, que asuman desde sus atribuciones legales, la reivindicación de la norma jurídica y de la institucionalidad democrática en defensa de una oportuna solución para resolver la precariedad en la prestación de los servicios públicos en el Municipio.

En el caso de la electricidad, el Municipio está llamado legalmente a participar con el Ministerio del Poder Popular con competencia en materia de energía eléctrica en la planificación del servicio eléctrico. Pero además, ese mismo artículo 32 de la ley vigente, faculta a los Municipios a apoyar al Ministerio en la fiscalización de la calidad del servicio eléctricos en su jurisdicción respectiva.

En consecuencia, las autoridades municipales, podrían tomar la iniciativa de monitorear la crisis y en base a ella, con el apoyo de vecinos, presentar propuestas legítimas y viables para asumir la contingencia y restaurar la adecuada prestación del servicio de electricidad.

Una de las acciones que las autoridades municipales pudieran promover, es precisamente, la organización de los usuarios a los fines de vigilar la calidad de los servicios públicos, pues además, para la LOSSE reconoce al usuario el derecho a participar en esa vigilancia o fiscalización.

Para ello, es oportuno recordar que conforme al numeral 2 del artículo 268 de la Ley Orgánica del Poder Público Municipal (LOPPM), el Municipio puede convocar a una comisión de vecinos para hacer vigilancia de la crisis en la prestación del servicio eléctrico en el municipio y de allí emitir un informe a Corpoelec y a la Asamblea Nacional, que permita no sólo monitorear la realidad en esta materia y valorar la crisis; sino que además, facilite la inclusión de los vecinos en la defensa de un servicio público que debe ser prestado en los términos que establece la propia LOSSE.

Para esta ley, la prestación del servicio por parte del Estado, debe responder a los siguientes criterios: igualdad, continuidad, flexibilidad, integralidad, imparcialidad, transparencia, participación, confiabilidad, eficiencia, corresponsabilidad, solidaridad, equidad y sustentabilidad económica y financiera, contribuyendo a lograr la mayor suma de felicidad posible.

La incorporación de los vecinos de manera institucional, podría acercarnos a ese objetivo del Plan País, que plantea el empoderamiento del ciudadano a través de la prestación de los servicios públicos; más concretamente, permitiría empoderar al ciudadano en la crisis y diseñar estrategias y acciones no sólo para el reclamo efectivo de las denuncias, sino para levantar un diagnóstico con propuestas y abordar la necesaria sensibilización sobre la crisis para poder afrontarla con mayor efectividad.

Además, esa comisión de vecinos a que hace mención la Ley Orgánica del poder Público Municipal, permitiría reivindicar la institucionalidad del Municipio, restaurando su rol de unidad política primaria. Esa comisión por la misión que le encomendó el legislador, es el espacio idóneo para el desarrollo de la contraloría social sobre el servicio público eléctrico en el Municipio, conforme al artículo 270 de la LOPPM. De allí podría surgir el diseño del Plan de Contingencia que se requiere.

Pero la participación de los municipios no se reduce a la promoción de la participación de los vecinos en el tema del servicio eléctrico, también abarca el ámbito normativo, pues son llamados a dictar e implementar normativas municipales para el uso racional y eficiente de la energía eléctrica y a diseñar acciones para formar a los usuarios en el uso eficiente y racional del servicio eléctrico.

Dos atribuciones concretas que hoy en la crisis existente resultan oportunas y útiles para ser desarrolladas en el marco de una reivindicación del principio de autonomía municipal que la Constitución garantiza. Por lo tanto, los concejales y los alcaldes, están llamados a ser los promotores de una ordenanza o plan de contingencia que concreten esa atribución expresamente reconocida en los numerales 6 y 7 del artículo 32 de la LOSSE, a los fines de poder enfrentar las expectativas de los vecinos y sensibilizarlos sobre la realidad crítica del sistema.

Estas acciones que permitirían movilizar al ciudadano, canalizar su frustración, rabia e indignación, resultaría útiles para presionar a las autoridades a buscar respuestas al problema, que en estos momentos, no es otra que el cese de la usurpación.

Con estas acciones no se busca reivindicar el modelo de gestión socialista a que hace referencia la LOSSE, por el contrario, lo que propone las mismas, es restituir y recuperar el valor de la participación, de la ciudadanía y acercarnos a ese empoderamiento a que hace mención el Plan País.

Como usuarios, la LOSSE, según su numeral 2 del artículo 34, tenemos el derecho a organizarnos para la fiscalización de la calidad del servicio eléctrico, así como la protección y seguridad de las instalaciones destinadas a la prestación del servicio eléctrico, todo ello, sumado al derecho a recibir información oportuna y adecuada. ¿Son estos aspectos útiles a la hora de reclamar que se cumpla con la prestación del servicio en los términos de calidad adecuados?

Si los municipios no toman la iniciativa, entonces denunciar una vez más, la indiferencia de las autoridades electas municipales, que lejos de acompañar a los ciudadanos, les dan la espalda.

La Asamblea Nacional y Juan Guaidó, Presidente encargado, han invitado a organizarse de manera efectiva desde lo local, ¿estas ideas de hacer que la ley se active como herramienta de protesta y organización local, en términos institucionales y constitucionales, no es una forma efectiva de cumplir con el 333 de la Constitución y responder a ese llamado?

Si el municipio no responde, las Asambleas de Ciudadanos y las exigencias de Cabildo Abierto, pueden resultar las mejores herramientas para dejar constancia mañana de quienes le dieron la espalda a la democracia y a los ciudadanos

El Pitazo

22 marzo, 2019

http://elpitazo.net/opinion/ciudadanos-municipios-y-la-crisis-electrica/

 6 min


​José E. Rodríguez Rojas

La agricultura intensiva y las prácticas que implica son dañinas al medio ambiente. Están provocando un colapso en la población de insectos polinizadores, al extremo de que se proyecta su extinción masiva en las próximas décadas. Entramos en una nueva era en la que los ambientalistas le han declarado la guerra a la agricultura intensiva y al uso de pesticidas que esta implica, en defensa de la población de polinizadores como las abejas silvestres. Se comienza a imponer un enfoque en el cual se busca no solo proteger a la planta de sus depredadores, sino proteger también a los insectos polinizadores como una manera de salvar al mundo vegetal de una catástrofe.

En nuestra formación como agrónomos los insectos son uno de los enemigos a vencer, lo cual usualmente se hace recurriendo a pesticidas. El enfoque que ha privado es el de proteger a la planta de los depredadores que la dañan. El impacto ambiental de estas acciones se desdeñaba en los orígenes de la profesión en Venezuela. Un experimentado agrónomo, al cual consulté para este artículo, me señaló que en los inicios de la carrera el currículum no contemplaba la asignatura ecología.

Con el paso del tiempo el enfoque de proteger a la planta a toda costa fue cediendo paso a un enfoque más amigable con el ambiente. Progresivamente los agrónomos fueron tomando en cuenta los efectos colaterales de la tecnología agrícola y se fue desarrollando un enfoque más ecológico de la profesión. Los entomólogos estaban conscientes de que los insectos no podían ser englobados en un solo grupo como dañinos a las planta, pues existían los beneficiosos como lo polinizadores que hacen posible la reproducción de las plantas y la vida vegetal. Además son alimentos de muchas especies entre ellas las aves. Las últimas generaciones de agrónomos se han formado en el marco de una profesión que ha ido introduciendo técnicas para reducir el uso de pesticidas. A estas técnicas se les ha englobado en el campo del manejo integral de plagas. Estas implican hacerle un seguimiento a la población de insectos dañinos y aplicar el insecticida solo cuando la población llega a un nivel que constituiría un daño considerable para el cultivo afectado. También se recurre al control biológico, el cual busca estimular el desarrollo de los enemigos naturales de la plaga que se desea controlar.

Sin embargo las técnicas que implican un menor impacto ambiental, no cuentan con la simpatía de los agentes y empresas interesadas en vender agroquímicos, las cuales presionan por maximizar el uso de los mismos. La revolución verde constituyó un nuevo paso en la evolución de las tecnologías agrícolas que agudizó el problema. Se crearon semillas milagrosas de alto rendimiento, que solo expresaban su potencial genético si se cultivaban con una fuerte e intensiva utilización de agroquímicos.

A pesar de todos los esfuerzos que se han hecho para desarrollar una tecnología agrícola más amigable con el ambiente, el daño sigue siendo considerable, en especial el provocado por la agricultura intensiva que surgió de la revolución verde. La revista ingrela The Economist publicó, hace varios años, un número dedicado a la producción de alimentos en los océanos. En dicha edición el semanario inglés señalaba que las tecnologías agrícolas son por definición dañinas al medio ambiente, pues fueron desarrolladas en una época en la cual no existían las organizaciones ambientalistas como Greenpeace o los partidos verdes, que presionaran por técnicas más amigables con el ambiente. En ese sentido se imponía la búsqueda de alternativas con menor impacto ambiental como la producción de alimentos en los océanos.

Los señalamientos de la revista mencionada, sobre el negativo impacto ambiental de las tecnologías agrícolas, se han puesto en evidencia en un estudio reciente; en el cual se concluye que las prácticas agrícolas están provocando un colapso en la población de insectos; 40% de las especies de insectos enfrentaran una extinción masiva en las próximas décadas. Entre las especies de insectos afectadas destacan los polinizadores. De darse este escenario, no solo la agricultura y la producción de alimentos seria afectada, sino que el mundo vegetal y la vida silvestre como la conocemos actualmente enfrentarían una catástrofe (El País. 2019).

Los movimientos ambientalistas en Europa y los países desarrollados se han comenzado a movilizar contra la agricultura intensiva y el uso de pesticidas. En Baviera (Alemania) se introdujo una solicitud para un referendum que obligaría a los agricultores a restringir el uso de pesticidas y abandonar la agricultura intensiva, todo ello con el propósito de lograr la recuperación de la población de abejas silvestres. Se comienza a imponer un enfoque en el cual se busca no solo proteger a la planta sino proteger también a los insectos polinizadores como una manera de salvar al mundo vegetal de una catástrofe. En este enfoque ha tomado fuerza la idea de los santuarios o refugios para los insectos en peligro de extinción. Pero estos santuarios son de poca utilidad si en las inmediaciones de los mismos se siguen utilizando insecticidas en forma indiscriminada.

El declive de los polinizadores está afectando el rendimiento y las cosechas, lo cual era de esperar. Los agricultores y los agrónomos deben considerar que el colapso de la población de polinizadores afectará el rendimiento y las cosechas, reduciendo la rentabilidad del negocio agrícola. Debido a ello es una buena inversión dejar una parte de la tierra en descanso o barbecho a fin de que se recupere el suelo y la población de insectos beneficiosos. También es conveniente introducir, entre las plantas que operan como rompe viento, especies que ayuden al crecimiento de los insectos beneficiosos. Sin embargo estas medidas no serán de ninguna ayuda sino se restringe el uso de los insecticidas aplicando las tecnologías disponibles para su manejo como último recurso en el control de plagas.

Hemos entrado en una nueva era en la cual los movimientos ambientalistas europeos le han declarado la guerra a la agricultura intensiva y han colocado a los insectos polinizadores, como las abejas, bajo su protección. Esperamos que de estas acciones de los ambientalistas surja una tecnología agrícola menos dañina con el ambiente. Sin embargo un escenario probable es que la agricultura intensiva y el uso indiscriminado de químicos que ella implica, se refugien en países donde estos movimientos son débiles como en China, Brasil y Argentina. En algunos de ellos se ha llegado al extremo de asesinar a los ambientalistas como ha ocurrido en Brasil y México.

Referencia:

El País. 2019. Prácticas agrícolas abocan a los insectos a una desaparición masiva. 11 de febrero.

Profesor UCV

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Daniel Eskibel

En 1799 Francisco de Goya y Lucientes ya ha vivido lo suficiente como para saber que la razón, tan admirable, es apenas una parte del universo psicológico humano.

En una de sus aguafuertes más conocidas de aquel año, Goya se representa a sí mismo adormecido sobre una mesa de trabajo mientras una bandada de aves nocturnas, de aspecto siniestro. vuelan hacia él.

Su título es contundente: “El sueño de la razón produce monstruos”.

¿La decisión de voto es producto de la reflexión?

Una de las batallas perdidas más emocionantes de la historia de la humanidad consiste en querer ver todas sus decisiones como el producto de la razón.

Uno de los últimos reductos de esta batalla es la decisión de voto. Es allí que durante décadas muchos protagonistas, observadores y analistas han insistido en el papel preponderante de la razón.

Han identificado la política con la ideología, con la argumentación lógica y con las decisiones basadas en la razón. Pero la decisión de voto es muy diferente de ese retrato voluntarista.

Más aún en tiempos de ocaso de la reflexión.

En 2017 Ignacio Martín Granados me entrevistó en relación con estos temas para la Revista de ACOP.

La citada revista es publicada en Madrid por la Asociación de Comunicación Política de España y abarca temas profesionales de interés en la comunicación y la consultoría política.

A continuación comparto buena parte de la entrevista, considerando que preguntas y respuestas continúan siendo de mucha actualidad.

¿Cómo definir la psicología política?

La psicología política es el estudio científico de los aspectos psicológicos de la vida política. Toda la política pasa por el filtro del cerebro humano, de sus leyes de funcionamiento, de la dinámica mental y emocional, de la vida psíquica consciente e inconsciente.

Todo pasa por allí: la decisión de voto, las simpatías y antipatías políticas, los liderazgos, las decisiones de gobierno, la comunicación política…absolutamente todo.

La psicología como disciplina tiene sus primeros antecedentes 2.500 años atrás. Su constitución como ciencia se produce sobre el último tercio del siglo diecinueve. Y la psicología política como una de sus ramas específicas, con su propio objeto de estudio y su propia metodología, surge ya en el siglo veinte. Autores como Gustave Le Bon, Charles Merriam, Harold Lasswell y Theodor Adorno marcaron algunos de sus pilares fundacionales.

Hoy en día ya contamos con una vasta investigación, numerosas publicaciones, una organización internacional de especialistas y una presencia sólida en programas académicos formales de numerosas universidades.

De lo que se trata ahora es de seguir investigando, difundiendo y además aportando a la práctica política del mismo modo que lo hacen otras ciencias sociales.

¿Somos menos racionales de lo que creemos?

Sí. Somos mucho menos racionales de lo que creemos. La decisión de voto meramente racional no pasa de ser pura ficción teórica.

Nadie decide nada solo con la razón. Nadie. En ningún ámbito. De hecho las decisiones humanas, incluyendo las decisiones políticas, son esencialmente irracionales y emocionales. La razón viene luego a justificar y clarificar lo ya decidido.

La dinámica psicológica es por lo menos 95% inconsciente y no más de 5% consciente. La paradoja es que la comunicación política prioriza ese 5% consciente y olvida al decisivo 95% inconsciente. Considerando esto, entonces, no debería sorprender que ocurran tantas sorpresas electorales.

¿Con Trump y el Brexit asistimos al triunfo del cerebro de reptil sobre el cerebro humano?

Lo que llamamos cerebro de reptil es una estructura muy primitiva que opera en todos los procesos políticos y no solo en los mencionados.

Si consideramos que gobierna, por ejemplo, las conductas territoriales…entonces es claro que se activa con facilidad cuando están en juego conceptos de fronteras, de extranjeros, de salidas o entradas al territorio.

Pero en procesos como la victoria de Trump o del Brexit seguramente estuvieron en juego por lo menos otros 3 aspectos además de ese:

El cerebro necesita mensajes simples.

Las ideas necesitan emociones para ser más potentes.

Amplios segmentos sociales se sienten desplazados y atemorizados por los cambios sociales, económicos y tecnológicos que ocurren en nuestro tiempo.

Cuando todo esto se conjuga surgen resultados que las encuestas no pueden prever porque básicamente miden la autoconciencia humana pero no las pulsiones irracionales.

En gran medida las encuestas miden ese 5% del que te hablaba antes, mientras el decisivo 95% queda en la sombra porque es inconsciente hasta para los propios ciudadanos que responden a la encuesta.

¿El avance en neurociencia deja a los ciudadanos en manos de una manipulación política más sofisticada y sutil?

Es un riesgo, sí. Casi cualquier avance científico puede ser utilizado de manera maravillosa para expandir las fronteras humanas y para hacernos cada día más humanos. Pero también puede ser utilizado de manera devastadora, manipuladora y destructiva.

Vivimos tiempos complejos, por cierto.

Internet, los ordenadores, las nuevas tecnologías…son avances extraordinarios que pueden favorecer la vida humana. Pero al mismo tiempo, ¿acaso no nos ponen al alcance de una sofisticada manipulación política?

La adicción al smartphone, la consulta a su pantalla cada pocos minutos, las apps coloridas y brillantes que incitan al clic, el culto a la velocidad, la novedad y la instantaneidad, las respuestas casi automáticas de ‘me gusta’, la fragilidad de la atención, la fragmentación de los vínculos sociales, el narcisismo extremo, la frágil construcción de las identidades…y podría seguir.

¿Acaso todo eso no nos está colocando en una especie de caja de Skinner, como ratitas en pleno proceso de condicionamiento? Tenemos que pensar mucho estas cosas.

Hablamos de posverdad pero la mentira y la manipulación de la realidad no son nuevas en política

La naturaleza humana continúa siendo la misma, claro está. Tal vez en estos tiempos la verdad no la tiene fácil. Para nada fácil.

Nunca la tuvo fácil, nunca.

La ignorancia y la inquisición han sido en todos los tiempos tan ominosas como ahora.

En este tiempo que vivimos, a veces parece que un tuit o un comentario en Facebook es más importante que una obra documentada, investigada y pensada. A veces parece que la elaboración y el pensamiento quieren ser llevados por delante por el grito o la frase sensacionalista.

Es una batalla permanente. Una batalla por las verdades, por los hechos, por las construcciones a largo plazo en todos los órdenes.

¿Cómo se percibe y procesa la información política en estos tiempos?

Los partidos políticos emiten mensajes, pero no están solos. Otros mensajes múltiples y contradictorios surgen desde otros lugares de la sociedad.

El cerebro del votante recibe solo algunos de estos mensajes. Y los recibe filtrados por los medios de comunicación, las redes sociales, los vínculos con otros, la tecnología, la vida cotidiana y muchas otras capas que tamizan esos mensajes.

Es un proceso continuo, que no comienza con la campaña electoral ni finaliza el día de la elección. Y dentro del votante es también un proceso continuo de elaboración, archivo, evocación y re-elaboración.

Un proceso donde reinan los mecanismos irracionales, inconscientes y emocionales. A ese respecto, por ejemplo, investigué (y expliqué luego en la Cumbre Mundial de Comunicación Política de junio de 2016) cómo es la psicología del votante de Donald Trump. Y lo que aparece en primer plano es el peso del miedo y de la ira como motivadores.

Todo ello se vive, además, mientras existe una verdadera guerra por la atención, porque la atención es el bien más escaso y más preciado de hoy. Todo se complejiza aún más porque estamos siendo empujados hacia las percepciones fragmentarias y los juicios rápidos y superficiales.

Si los electores se volvieran distraídos, superficiales, impulsivos y apurados…pues sus decisiones políticas serían de muy baja calidad.

¿Hay una explicación psicológica para comprender el auge de los populismos?

Simplicidad extrema. Emociones primarias a flor de piel. Pensamiento rápido. Multitudes solitarias que necesitan el supuesto amor y la supuesta protección de la masa y del líder. Pensamiento mágico. Ahí tienes algunos de los ingredientes psicológicos esenciales para la receta populista.

¿Se necesita la psicología para cambiar la política?

La psicología es una herramienta muy potente para ayudar a cambiar la política en un sentido positivo. Cambiar para mejorar la comunicación política, los liderazgos políticos, la toma de decisiones, las negociaciones y los acuerdos políticos.

Esos son aspectos sobre los que la psicología ha construido mucho conocimiento aplicable. Pongamos pues a la psicología a trabajar para mejorar la política.

¿Cómo será el próximo tiempo con Trump en la Casa Blanca y tantos resultados electorales sorprendentes?

Imprevisible, casi inescrutable. Trump no es solo Trump: es un síntoma.

Algo está ocurriendo en la sociedad, algo complejo y contradictorio. Tal vez vinculado con la globalización, las fracturas sociales, la fragmentación de la vida cotidiana, el paso arrasador de la tecnología, los cambios en los vínculos humanos.

Eso que está pasando en las entrañas de las sociedades actuales seguirá emergiendo y sorprendiendo, seguramente.

¿Qué pueden hacer políticos y consultores en este contexto?

El mejor consejo lo dio Aristóteles hace cerca de 2500 años. Es aquello de que “Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito”. De ahí se desprende todo un programa de vida y de trabajo.

¿Qué hacer?

Pues estudiar, investigar, escribir, profundizar, pensar. Nada se logra a golpe de tuit.

Maquiavelo&Freud

https://maquiaveloyfreud.com/racionalidad-decision-de-voto

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