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Opinión

Pedro Vicente Castro Guillen

Podría haber titulado socialismo salvaje o socialismo barbárico, pero, salvaje es la naturaleza y lo bárbaro tiene relación con la lengua que se hable. Kant el gran filósofo alemán postulo el juicio infinito aquel que relaciona lo que no se podía relacionar en virtud de que no es lo mismo calificar algo como no humano, ello puede estar referido a lo animal, vegetal o mineral, a in-humano. Esto alude a un limbo que le pertenece al género humano pero que también le es ajeno. Frued, lo llamó en un texto de 1919 Das Unheimliche (lo ominoso), para señalar aquello más siniestro en nosotros, pero al mismo tiempo lo más familiar, lo íntimo. Qué duda cabe que el socialismo en el siglo xxi y su casta gobernante salió de las entrañas de la sociedad venezolana. Podemos argumentar que son los cubanos, pero el hecho contundente es que son venezolanos.

Marx planteo en el Manifiesto Comunista, el carácter revolucionario de la burguesía, incluso, la primera clase revolucionaria en la historia, porque es ella quien libera unas fuerzas productivas inmensas capaces de redimir a la humanidad entera de lo que el mismo calificó como la prehistoria de la humanidad. La combinación de unas fuerzas productivas y unas relaciones de producción cuyos protagonistas es un Hombre autoconsciente de su acción, que ve en sí mismo su potencia creadora y no en ninguna fuerza fantasmatica ignota, permite por primera vez plantear una revolución social emancipadora que cumpla el proyecto de la ilustración.

Pero, paradójicamente lo que efectivamente ocurrió es que el socialismo que Marx postuló como la etapa emancipadora (salvo la socialdemocracia) sembró el planeta de dictaduras genocidas y junto con los Nazis inauguró la experiencia totalitaria con Stalin. Donde el socialismo (comunismo) ha logrado tomar el poder ha sobrevenido la catástrofe social en forma de retrocesos civilizatorios brutales: Rusia, Camboya, Cuba, Corea del Norte.

En Venezuela no hemos escapado de esta experiencia, el chavismo-madurismo ha sido una fuerza destructiva desde el principio: centralismo conculcador de los derechos civiles y democráticos, eliminación de las garantías constitucionales, expropiaciones, destrucción de los derechos económicos, han conducido hacia una espantosa debacle política, social, económica y cultural. El socialismo en el siglo xxi logro lo impensable destruir una economía petrolera y llevarla a una situación hiperinflacionaria. Ello no es sólo el resultado de la incompetencia de sus “inteligencias” sino el resultado de un ejercicio ideológico cuyo resultado nefasto siempre ha sido el mismo en todas las regiones del mundo donde se puesto en práctica. Porque el comunismo es un movimiento que se sustenta en un estatismo desenfrenado, violador de todos los derechos humanos, civiles y económicos y por ello incapaz de crear nada, de producir riqueza, porque aplasta toda iniciativa del hombre (su acción), la más poderosa fuerza productiva bajo el peso asfixiante del estado-partido.

Venezuela hoy es asolada por el hambre, las enfermedades, vivimos agobiados por una situación de división de las familias entre los que optaron por quedarse en el país y aquellos que decidieron huir despavoridos de una situación social calamitosa, que nos hace vivir una especie de situación proto-psicótica a nivel subjetivo.

Es por ello que nuestra lucha y nuestra esperanza debe ponerse en la derrota del régimen del socialismo inhumano que nos niega la ayuda humanitaria que los países del Orbe acaban de aprobar en la ONU. Un régimen que no está dispuesto a salir sino presionamos y luchamos por su salida en un frente común por la reconstrucción de la República y el regreso a la Democracia.

@pedrovcastrog

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Eddie A. Ramírez S.

Ser sensato debe ser muy aburrido. De vez en cuando hay que cometer alguna desmesura para disfrutar la vida con intensidad. Pretender que nuestra dirigencia y los ciudadanos en general nos comportemos siempre con responsabilidad, con mesura y aplomo es una utopía. Dirigentes y dirigidos nos equivocamos y tenemos la tendencia humana a no reconocer errores y por ello se nos dificulta rectificar.

Sin embargo, seríamos torpes si nos equivocamos todo el tiempo y nunca estemos dispuestos a enderezar entuertos. En esta lucha en contra del totalitarismo hemos cometido algunos errores, pero también hemos tenido aciertos. Ahora, que contamos con un gran apoyo de las democracias del mundo, requerimos una pizca más de sensatez para lograr una unidad que muestre al mundo que sí hay una alternativa de poder. Caso contrario, ese apoyo se irá erosionando y en Venezuela se impondrá el desaliento.

Esa unidad la tuvimos en varias etapas de esta lucha por la democracia, por lo que no debería ser difícil reconstruirla. Quizá el escollo es que algunos creen que ya los mangos están bajitos y pueden cosecharse, sin mayor esfuerzo, acudiendo a votar o mediante negociaciones bien llevadas, mientras que otros los perciben más altos y quieren recurrir a las piedras para apearlos.

Esta diferencia no puede ser tan insalvable. Para cosechar los mangos bajitos se debe contar con una organización perfecta que impida la trampa y, principalmente, que los ciudadanos estén dispuestos a votar. Al respecto hay que entender que ningún líder tiene suficiente carisma para entusiasmar a unos votantes que eluden bejucos por estar picados de culebra. También hay que considerar la desconfianza en negociaciones, dado que las anteriores no han dado fruto, tanto porque no es fácil que un totalitarismo claudique, asi como por falta de unos facilitadores imparciales.

Quienes piensan que la única forma de agarrar los mangos es a pedradas, deben evaluar si cuentan con piedras de tamaño adecuado y suficiente puntería. Hasta el presente, muchos valientes fueron víctimas de la represión. Gracias a ellos, a las gestiones internacionales de muchos de nuestros dirigentes, así como por la brutalidad de la Guardia Nacional, de la policía y de los paramilitares rojos, se logró despertar la atención de muchos países, pero eso no es suficiente.

Un paso previo para lograr entenderse es aceptar que ninguno de los partidos de oposición, ni sus principales dirigentes, son colaboracionistas. Todos quieren la salida del régimen ya que, contrario a lo que algunos piensan, estar en la oposición no proporciona dividendos. Sin duda que, frecuentemente, nos amotinamos con algunas declaraciones con las que no comulgamos, pero hay que entender que cada cabeza es un mundo y ser tolerantes. Con el debido respeto a gente bien intencionada, pensamos que algunos dirigentes y opinadores actúan echándole leña al fuego, en vez de agua para apaciguar los ánimos.

Seguimos siendo optimistas. El tiempo del narcorégimen terrorista está cercano a terminar. No creemos en que pueda producirse una intervención militar extranjera, pero sí en que nuestros dirigentes podrán coincidir en acuerdos mínimos que animen al resto de los ciudadanos a protestar masivamente y que pierdan el comprensible temor a una huelga general para que esta sea exitosa. Todos debemos apoyar a Almagro, la intervención humanitaria y la denuncias ante la Corte Penal Internacional con sede en La Haya.

Como dice Adolfo Salgueiro en su artículo del sábado : “Pareciera que estamos en presencia de los últimos manotazos de desesperación que podrían extenderse hasta que China -y un poco menos Rusia- lleguen al precio que su interés geopolítico haya establecido como tope para asegurar su presencia en América Latina. Hasta entonces es necesario el milagro de trabajar con unidad sabiendo que el mayor y más decisivo esfuerzo es el que nos compete a nosotros, los de a pie”.

También somos optimistas en que se pueda lograr la recuperación económica de Venezuela en poco tiempo. El reciente artículo de Ricardo Haussman sobre el caso de Albania proporciona elementos para ello. Solo se requiere que todos aportemos una pizca más de sensatez.

Como (había) en botica:

Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Francia, Paraguay y Perú dieron un ejemplo al mundo de su compromiso con la defensa de los Derechos Humanos al denunciar a la dictadura venezolana ante la Corte Penal Internacional. Igualmente Almagro y el Grupo de Lima.

Nuestra solidaridad con La Patilla, acosada por la justicia chavista que maneja Diosdado.

Los gritos del coronel Jorge Eleazar Márquez Monsalve a la periodista Carla Angola evidencian que es un tipo de mala calaña.

Lamentamos el fallecimiento Alirio Sifontes, compañero de Gente del Petróleo y de Unapetrol. ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddieaaramirez@hotmail.com

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Hace ya casi mes y medio, desde el 17 de agosto, que se anunció el conjunto de medidas económicas de la dictadura para solventar la aguda crisis humanitaria que vive el país y que finalmente el régimen, con ese paquete de medidas, reconoce. Desde esa fecha he escuchado y leído extraordinarios análisis de una buena cantidad de analistas y economistas con los que contamos en el país y todos coinciden en el fracaso, por lo demás evidente, de ese conjunto de medidas.

De todos los análisis hay uno que quiero destacar, aparecido en el portal Prodavinci el pasado 24 de septiembre, titulado “¿Cómo cambió el poder de compra con el aumento del salario mínimo?” y firmado por Richard Obuchi y Manuel León. En poco más de dos páginas y con dos excelentes gráficos los autores demuestran contundentemente el fracaso del “madurazo”, y solo se concentra en una de las variables, el salario y su poder adquisitivo.

En efecto el aumento salarial fue el elemento central del paquete de medidas, el caramelo que se dio al pueblo para endulzar la perversidad de otras medidas como el aumento del IVA, de la Unidad Tributaria, de las tarifas de servicios públicos, de las tarifas de transporte, la pésimamente implantada “reconversión” monetaria y el tan cacareado aumento de la gasolina, que sin embargo no se atreven o no saben implementar.

El argumento Obuchi-León es demoledor, cito libremente y resumo brevemente: en capacidad de compra el salario mínimo integral hace un año era 2,7 veces mayor que el vigente en septiembre de 2018, es decir equivaldría hoy a más de 5.000 Bs.S ; el nuevo salario mínimo integral de Bs.S 1.980, ajustado por el poder adquisitivo –a los precios actuales– ha caído en un 59%.

Es decir, un pensionado, un asalariado que hoy reciba salario mínimo –y en realidad todos los venezolanos, porque esto nos afecta a todos– solo podrá comprar menos de la mitad de lo que compraba hace un año.

Si lo queremos medir de otra manera, Obuchi-León nos advierten que los aumentos del salario mínimo integral, tan publicitados por la dictadura, que han pasado de Bs.S 0,03 en abril de 2013 a Bs.S 1.980 en septiembre de 2018, una variación de más de 6 millones %, han sido devorados por una inflación 11 veces mayor, 65 millones %, en el mismo periodo de tiempo.

Y ya vemos, que en el tiempo transcurrido desde que se anunciaron las medidas, los precios se han duplicado y nuestra moneda, el Bs.S, con relación al dólar paralelo hoy vale la mitad de lo que valía cuando se anunciaron las medidas. De continuar estas tendencias, Obuchi-León nos advierten que el salario mínimo, en términos reales, para diciembre de este año será tan solo de 85 Bs.S.

El efecto práctico de las medidas es que han generado mayor incertidumbre, mayores costos para las empresas, producido mayor escasez, mayor estancamiento y han acelerado enormemente la hiperinflación.

Pero estos no son los únicos efectos perversos; el nuevo salario mínimo, dado su exorbitante nivel con respecto al anterior –a pesar de lo dicho de que en términos reales es menor que el anterior– se ha convertido en la “medida”, la “tabla”, para reajustar y aplanar todas las remuneraciones, además de que en efecto el régimen ha acompañado el aumento, con una nueva escala salarial donde se iguala el ingreso y el nivel más alto de remuneración –el ingreso más alto apenas sobrepasa en un salario mínimo al nivel más bajo– y ha echado por tierra años de luchas laborales y sindicales por contratación colectiva, primas de todo tipo, escalas salariales, criterios de logro, esfuerzo, meritocracia, etc.

Esta cifra del escaso poder adquisitivo del nuevo ingreso mínimo y el “aplanamiento” de las escalas salariales, en la realidad, no necesitan ser explicadas, ni al pueblo, ni a los trabajadores y sindicatos. Todos nos damos perfecta cuenta que el dinero no alcanza para vivir y los sindicatos deben percibir claramente que en la práctica les han secuestrado el salario y amenazan las prestaciones sociales, primas de antigüedad, transporte, contrataciones colectivas y la propia actividad sindical o lo que queda de ella. Lo que sorprende es lo frio de las reacciones al respecto.

Apenas el primer fin de semana reaccionaron los pensionados, pero de resto el país se mantiene en “absoluta calma”, por más que digamos que todos los días hay manifestaciones y protestas, de las cuales apenas nos enteramos y tampoco trascienden mayormente, por la falta de coordinación y conducción política.

Debemos admitir que ello se debe a que no hemos analizado a fondo la jugada política de la dictadura con el “madurazo”, o una vez más nos negamos a darle crédito.

El régimen nos metió la mano en el bolsillo y amenaza con seguirla metiendo con el precio de la gasolina y el incremento de impuestos; es nuestro dinero el que ha puesto a circular–porque los billetes del nuevo cono monetario aún no se ven– y con nuestro dinero, según algunas encuestas, ha aumentado su “popularidad” y ha comprado tiempo mientras termina de montar su tinglado electoral para el mes de diciembre, cuando habrá elecciones de concejales y probablemente la aprobación de la nueva constitución, que también ha estado circulando por allí, como un globo de ensayo.

La pregunta ahora es, ¿Qué vamos a hacer en la oposición? ¿Participaremos en el proceso electoral y en el referendo constitucional? ¿Nos abstendremos y damos por perdidos todos los concejales y por aprobada la nueva constitución? ¿Nos sentamos a esperar la “renuncia” del dictador o la “fuerza interventora”?

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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Dicen que la distancia es el olvido/ pero yo no concibo esa razón/ porque yo seguiré siendo el cautivo/ de los caprichos de tu corazón/ Supiste esclarecer mis pensamientos/ Me diste la verdad que yo soñé/ Ahuyentaste de mí los sufrimientos/ en la primera noche en que te amé/ Hoy mi playa se viste de amargura/ porque tu barca tiene que partir/ a cruzar otros mares de locura/ cuida que no naufrague tu vivir/ Cuando la luz del sol se esté apagando/ y te sientas cansada de vagar/ piensa que yo por ti estaré esperando/ hasta que decidas regresar

La Barca (Intérprete: Lucho Gatica. Autor: Roberto Cantoral)

La Barca es uno de los boleros más filosóficos que he escuchado, atributo que viene no sólo de su contenido sino también de su forma y estructura. Véase por ejemplo como comienza (con una verdadera tesis): “Dicen que la distancia es el olvido. Pero yo no concibo esa razón”. Ese podría ser también el inicio de una exposición de tipo académico, o una frase que bien podría haber sido escrita por Kant. Y, sin embargo, es de Roberto Cantoral, un excelente compositor de boleros, qué duda cabe. Se confirma así mi tesis relativa a que la filosofía anda dando vueltas por la calle y sólo hay que saber verla o escucharla cuando de pronto aparece sin que nadie la llame.

La distancia no es el olvido, postula Lucho Gatica. Y tiene razón, porque distancia y olvido son relaciones diferentes; aunque pueden llegar a unirse. Proposición que requiere, antes que nada, dilucidar si estamos hablando de una distancia geográfica -a la que llamaremos “distancia-lejanía”- o de una distancia en el tiempo -a la que llamaremos “distancia en el pasado”- distancias ambas que no siempre coinciden entre sí. Si se trata de una “distancia- lejanía”, el olvido no resulta automáticamente desde ahí, puesto que el olvido no se mide ni en metros ni en kilómetros.

El amor –ya lo dijimos- se revela en su ausencia, razón por la cual siempre va acompañado del pensamiento y el pensamiento de imágenes, imágenes que para que lleguen al pensamiento, deben ser recordadas. “Te pienso y te recuerdo, ergo, te amo”, podría decirse en buen estilo post-cartesiano. De tal modo que la distancia a la cual parece referirse Gatica es la “distancia en el pasado”. Se trata en este caso no de los metros, sino de los minutos, horas, meses, años que nos separan de alguien.

No obstante, convengamos en que tampoco la “distancia en el pasado” es condición determinante del olvido. En cierto modo, las distancias, tanto las geográficas como las temporales, son fuentes del recuerdo. O como habría dicho Diotima de Cuba: “Pero chico, cómo se te ocurre que tú vas a recordar a alguien que está a tu lado”. El recuerdo –hecho irrefutable- nace de la distancia, tanto de la “distancia- lejanía”, como de la “distancia en el pasado”. Amar a larga distancia, o como dice otro bellísimo bolero cantado por Lucho Gatica, “contigo en la distancia”, es la condición primordial del amor. Eso significa que para pensar en alguien hemos de mantenernos en una determinada distancia. J. L. Borges lo entendió perfectamente cuando escribió: “Hay quien busca el amor de una mujer para olvidarse de ella, para no pensar más en ella” (Borges, s.f. en “los teólogos”, vol. 2). De esa metafísica resulta, a su vez, su dialéctica, pues si la dialéctica a partir de la distinción, unifica, la unificación requiere de una distancia previa, distancia que es condición de la metafísica.

Es imposible amar sin pensar (en). Es imposible pensar sin recordar (a). Es imposible recordar sin pensar (en). Es imposible amar sin recordar (a).

Esa es la diferencia de nosotros los humanos con las demás especies. Al habernos sido dado el pensamiento nos fue dado el amor. Eso no quiere decir que cuando pensamos, amamos. Pero si quiere decir que cuando amamos, pensamos. El amor no puede ser separado del pensamiento, aunque el pensamiento puede ser separado del amor. No obstante, pensar sin amor (o sin odio) es lo mismo que pensar sin sentir. Y como el sentir es una de las condiciones del pensamiento, el pensamiento que no viene del amor se transforma en un pensamiento sin sentido. El pensar sin sentir, o el pensar sin sentido, se convierte, sin amor, en un acto maquinal, automático, instrumental. El amor, por lo tanto, esclarece los pensamientos del mismo modo que el odio los oscurece. Esa es la razón que explica por qué de un modo altamente filosófico, Lucho Gatica confiesa a su lejana amada: “supiste esclarecer mis pensamientos”, y agrega otra frase clave: “me diste la verdad que yo soñé”.

Esa última frase establece que si el amor aclara al pensar, la verdad a través del pensamiento se convierte en cosa accesible ya que el amor –para serlo- debe ser verdadero. Amor y verdad llegan juntos al mundo y si son separados muere el amor y muere la verdad. Las verdades no nos han sido dadas; se obtienen amándolas, que es una manera de decir: buscándolas.

Quien busca amor, busca la verdad. Y quien busca la verdad, la busca para obtener felicidad. Por cierto, que la busquemos no quiere decir que la encontremos. A veces las verdades son muy tristes; y el amor de verdad, al ser verdad, suele estar plagado de sufrimientos. No hay sufrimientos más grandes en esta vida que aquellos que vienen del amor. Pero, a la vez, no hay felicidad mayor que aquella que nos da el amar y ser amados.

Amar y ser amados es un anticipo del paraíso en la tierra y eso lo sabemos quienes hemos amado y sido amados a la vez. O como afirma mi amiga Diotina: “No hay nada más sabroso en este mundo; te lo digo yo”. Luego –y a ese punto voy-: pensar en el amor ausente, recordar al amor que no está presente, añorar el amor lejano en el tiempo o en el espacio, es desear el retorno de la felicidad que un día tuvimos y ya no tenemos. A través del pensamiento que recuerda, queremos retornar al momento que nos dio la felicidad. Y así se explica por qué Lucho Gatica dice “ahuyentaste de mí los sufrimientos, en la primera noche que te vi”. Eso quiere decir también que al haberse ido su amor en una barca, los sufrimientos ahuyentados han regresado. Y no hay sufrir más grande que aquel de amar y no ser amados. Yo, como muchos, podría certificarlo.

El amor no se va con la distancia y la distancia no es el olvido. Para decirlo con Simone Weil (1953, p. 131), el amor es una semilla que al crecer en nosotros, nos provoca dolor. Y el árbol que crece desde la semilla sigue creciendo en la ausencia y en la distancia.

Pero no olvidemos que el asunto central del bolero está puesto en la barca que parte desde la playa que se viste de amargura a buscar otros mares de locura (arriesgando nada menos que el naufragio del viajero). Por una razón u otra, Lucho Gatica ha quedado solo en su playa mientras contempla la barca del amor que de él se aleja. En cierto modo Gatica asume el rol de Penélope en versión masculina. A la vez, quien navega en la barca hacia los mares de la locura asume el rol de Ulises quien, según Adorno y Horckheimer (1997, pp. 50-87), en sus viajes de ida a, y de regreso de Troya, es la anticipación del vagar errático que caracteriza al hombre de la modernidad.

Yo estoy lejos de ser un seguidor de Th. Adorno (salvo cuando Adorno escribió sobre música y no de filosofía) y nunca participé en la euforia académica que siguió a la publicación de la Dialéctica de la Ilustración, libro que escribió junto a su colega Max Horkheimer. Sin embargo, debo reconocer que sus líneas sobre Ulises alcanzaron una alta inspiración filosófica.

De acuerdo con Adorno /Horkheimer, el mito de Ulises representa la renuncia del hombre moderno a su naturaleza esencial. Ulises, al abandonar su reino, rompe la ligazón que lo ataba a su entorno (su mujer) en función de una “razón superior” que es, en este caso, su participación en la guerra de Troya. Al sacrificar su naturaleza inmediata, sacrifica su propia subjetividad, transformándose así en el mito que encarna la destrucción del sujeto por medio de la razón. Según mi opinión, el mito de Ulises representa una marca que divide al ser en tres dimensiones.

La primera dimensión es el mundo interior. Ese mundo interior aparece recién cuando irrumpe la segunda dimensión: la del mundo exterior. En el caso de Ulises, el mundo exterior aparece en su viaje a Troya en una débil barca y a través de los mares, convirtiendo a Itaca en una playa de amargura para Penélope. La tercera dimensión es el recuerdo que Ulises dedica a la abandonada Penélope, recuerdo que une a Ulises con Penélope. Ese pensamiento no está ni en Itaca ni en Troya pero es el que une a las dos ciudades. Cuando Ulises recuerda a través del pensamiento, o lo que es lo mismo, cuando piensa a través del recuerdo, Ulises no está en este mundo y, sin embargo, es ese “no estar en el mundo” (ni en el del amor, ni en el de la guerra) la condición que asegurará el regreso a la tibieza de los brazos de Penélope

Los viajantes, nosotros, seres cotidianos, comenzamos desde la lejanía del tiempo y el espacio a recordar en el pensamiento aquella isla de donde todos venimos: las Itacas del corazón. Ese recuerdo dio origen –y en este punto abandono radicalmente a Adorno/Horkheimer- al mundo del espíritu, o “país del pensamiento” según Kant, o la isla del recuerdo según el modesto autor de estas líneas, o simplemente el más allá de la barca, según la bella canción de Lucho Gatica, y en todos los casos, el anhelo del lugar del regreso a la naturaleza originaria que una vez, cada uno en su propia barca, abandonó. Desde ese momento Itaca se convirtió en un lugar de partida y de llegada de nuestra vida. Allá lejos, atravesando los mares poblados de monstruos y sirenas sin escamas, está la locura, y en el caso de Ulises, la locura es la guerra. ¿Hay algo más loco que una guerra?

Con el recuerdo de la isla abandonada por esa barca que se interna en el océano de la vida, nació el pensamiento y con el pensamiento el amor ya que, como dijimos, sin recordar con y a través del pensamiento, no hay amor. La distancia no es el olvido. Aunque puede serlo. La distancia es también condición de regreso. Es el llamado del amor que ha nacido en un “entremedio”, entre dos dimensiones: la de la isla abandonada y la de los mares de la locura. ¿Y la barca? La barca es el tiempo; y el tiempo somos tú y yo: nosotros.

De acuerdo a muchos físicos y teólogos hay, más allá de esas tres dimensiones, una cuarta. Ella se encuentra después del espíritu que nació entre las dos distancias de la razón humana. Esa dimensión es la que une al espíritu con el mundo. Pero en esos mares no navega la barca de la canción

REFERENCIAS
Adorno, Th,/ Horkheimer, M -Dialektik der Aufklärung - Frankfurt 1997
Borges, J.L., Los Teólogos, en Prosa Completa, vol.2, Madrid s/f
Weil, S., Die Unglück und die Gottesliebe, München 1953

30 Sep 2018
Para escuchar LA BARCA cantada por Lucho Gatica hacer clic https://www.youtube.com/watch?v=vkZnEYsSh8

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Una fresca brisa de esperanza recorre el País, impulsada por dos despertares largamente esperados. Por un lado y a lo interno, la toma de conciencia de que hemos sido engañados por grupos políticos que, disfrazados de opositores, cuidaron que la rebeldía característica del venezolano se evaporara en actividades inocuas, solo útiles para descargar psicológicamente la explosiva presión causada por los abusos y dislates del régimen. Por otra parte, el convencimiento de la comunidad internacional de que el Estado venezolano tiene todas las características del forajido que atormenta a su víctima hasta hacerla lindar con la muerte, así como el fortalecimiento de una teoría del derecho internacional público: la obligación de los estados de respetar, proteger y promover los derechos humanos, terriblemente infringidos por el chavismo gobernante.

Sería irresponsable de nuestra parte no prepararnos, desde ya, para la reconstrucción del País; sería absurdo no pensar en las medidas necesarias para abrir cauces al ancho río de la libertad, que en las primeras horas estará corriendo graves peligros producidos por los embozados del chavismo y por la eterna ambición de poder de los colaboracionistas.

En nuestro criterio, estas son las medidas que inmediatamente deben tomarse, pues toda urgencia es poca:

a) Creación de una Junta de Gobierno a término (2 años) para reorganizar el Estado y llamar a elecciones libres, universales y transparentes;

b) El establecimiento de un sistema idóneo de justicia, mediante la eliminación de la figura de los jueces provisorios y su sustitución por jueces elegidos por concurso con periodos fijos de servicio;

c) Recuperar los servicios de salud, tanto públicos como privados;

d) Establecer la libre convertibilidad del bolívar;

e) Establecimiento de una unidad administrativa para la recuperación de las fortunas sustraídas delictualmente por los funcionarios y allegados del régimen saliente;

f) La obligatoriedad, a nivel constitucional o de Ley Orgánica, de elecciones primarias para todos los cargos de elección popular, de manera tal que se elimine el caciquismo político, se haga cierto el principio de que la soberanía reside en el pueblo y se genere un vinculo directo entre el elector y el elegido;

g) Establecer que la estabilidad laboral dentro de la Administración Pública solo será disfrutada por quienes hayan ingresado a la función, mediante el cumplimiento de todos los requisitos legales pertinentes;

h) Eliminar los «cuellos de botella» dentro de la Administración Pública, mediante la aplicación del método «FIFO» (first in/first out) (primero en entrar/primero en salir). Los jefes de unidades dentro de las cuales se infrinja esta disposición, que es de mera justicia, deben ser destituidos de inmediato y sin excepciones.

i) Establecimiento, por dos años de una tarifa arancelaria aduanera única, que bien podría estar alrededor del ocho por ciento (8%), salvo para alimentos, medicinas e insumos industriales, que podrán ser liberados totalmente;

j) Creación de un programa educativo de formación de ciudadanos, de carácter semiprivado;

k) Disponer que cargos como la Contraloría y la Fiscalía generales y otros de similar nivel, sean de elección popular;

l) Limpieza a fondo y reestructuración de los cuerpos policiales;

m) Recuperar la función de promotor comercial del cuerpo consular;

n) Establecer la autonomía del servicio aduanero y adscribirlo al ministerio que se encargue del comercio exterior;

o) Establecer una tasa de cambio fija por dos años, transcurridos los cuales se dejaría flotar la moneda;

p) Restablecimiento de la absoluta libertad de prensa y comunicación;

q) Crear un nuevo Registro Electoral Permanente y legislar para garantizar que los resultados electorales sean la fiel expresión de la voluntad del pueblo.

Seguramente, a estas sugerencias se le podrían agregar muchas otras, pero hay una que, no por dejarla para el final, deja de ser especialmente importante: la recuperación de la ética de la República, largamente mancillada por robos, dispendios y crímenes de diversa naturaleza.

En pocas palabras, crear un plan que convierta al habitante en ciudadano, el patrioterismo en patriotismo, el trabajo y el estudio en medios de superación personal, recordando cada día la sentencia del libertador:

«(…) porque a veces son los hombres, no únicamente los principios, los que forman los gobiernos. Los códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades: ¡hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las repúblicas!»

turmero_2009@hotmail.com
@DulceMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

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Edgar Benarroch

A Jesús le presentan un señor que padecía de sordera y tartamudeaba tanto que no se le entendía lo que pretendía decir. Le implora que lo cure, él le dice que está informado de las difíciles curaciones que había realzado. Jesús en conocimiento de la fe conque aquel hombre había ocurrido a Él, le impuso sus manos en los oídos y lengua y le dijo: ", EFFETÁ que significa ábrete. El sordo escuchó con inmensa nitidez y empezó a hablar de una manera fluida, clara y comprensiva. Gracias Señor, verdaderamente Tú eres el enviado de Dios, le dijo al verse sanado.

Nuestro Señor le abrió sus oídos para que no solamente oyera si no que también escuchara. Oír es la percepción de sonidos que hacemos voluntaria o involuntariamente, simplemente nos llega y nada más, nuestros oídos con su sensibilidad lo captan. Escuchar significa oír y procesar lo escuchado, donde además intervienen el sentido de atención, racionamiento y estudio, si es posible y necesario análisis. Quien oye sin escuchar es porque menosprecia lo oído o le es indiferente.

Nuestro Señor también hizo que el tartamudo hablara con fluidez para que utilizara el don de la palabra no sólo,para comunicarse si no para que se expresara con sentido de la caridad, fe y esperanza y de manera positiva y constructiva, aportando sus conocimientos y pareceres con amabilidad y respeto. El tener sentido de la caridad , entre otros significa hablar del prójimo cuando se va hacer en bien, cuando se va a denigrar es preferible callar. Por supuesto la práctica de la caridad no supone para nada el ocultamiento de la verdad, por muy dura que ella sea. Tampoco significa tragarnos nuestras observaciones cuando tenemos el deber de expresarlas, bien para aplaudir o para disentir.

Con mucha frecuencia escucho y leo a integrantes de la oposición haciendo severas críticas, a veces insolentes e irrespetuosas a quienes aportan su diario trabajo para superar la situación que confrontamos. Sé que quien actúa, habla o escribe se somete al juicio del prójimo y cuando ello es público al rigor general. Ello es normal y recomendable porque nos ayuda a corregir o mejorar. Pero lo que no logro entender son aquellos "amigos" que solamente se dedican a criticar, muchas veces de manera destructiva a quienes algo están haciendo. Son más pertinaz con los de la oposición que con los del régimen. Si descalificamos a la oposición el único beneficiario es el gobierno. A quien diariamente trabaja debemos aplaudir y reconocer, hay muchos dispuestos al sacrificio para superar esta crisis de dimensiones no conocidas. El que no está dispuesto a acompañar a quien se sacrifica debe tener por lo menos el pudor de quedarse callado, pero no utilizar la pluma y la palabra para destruirlo. Si considera que su crítica es procedente, pues asista a las instancias correspondientes a expresarla, pero no dispare por mampuesto.

Cuando nos alzamos contra la oposición no solamente estamos contribuyendo a acabar con la alternativa si no que también le estamos haciendo un infinito favor al gobierno, bien porque así lo queremos o porque hemos perdido la brújula. Todos debemos remar en el mismo sentido para que la barca llegue a puerto seguro, si no corremos el riesgo de naufragar en estas aguas tan turbulentas. Naufragio que nos llevará a todos sin distingo de ninguna naturaleza. Effetá al clamor del pueblo que nos pude a gritos y con desesperación UNIÓN que es garantía de un próximo destino mejor.

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Ninguna política es tan contraproducente en épocas de recesión como tratar de obtener superávit fiscal con el objetivo de contener la deuda pública; es decir, las políticas de austeridad. Mientras se acerca el décimo aniversario del derrumbe de Lehman Brothers, cabe preguntarnos por qué la austeridad despertó tanto entusiasmo en las élites políticas de Occidente después de la implosión del sector financiero en 2008.

El argumento económico contra la austeridad es claro y contundente: una desaceleración económica, por definición, implica reducción del gasto del sector privado. Cuando en respuesta a la caída de la recaudación tributaria un gobierno recorta el gasto público, deprime sin darse cuenta el producto nacional (que es la suma del gasto privado y público) e inevitablemente, sus propios ingresos. De tal modo, dificulta el objetivo original de reducir el déficit.

Es evidente entonces que debe haber otra motivación, no económica, para defender la austeridad. En la práctica, los partidarios de la austeridad se dividen en tres tribus bastante diferentes, cada una de las cuales tiene motivos propios para promoverla.

La primera, y la más conocida, de las tribus de la austeridad obra motivada por una tendencia a comparar al Estado con una empresa o una familia, que debe ajustarse el cinturón en los malos tiempos. Pero al desestimar la interdependencia crucial que hay entre el gasto del Estado y sus ingresos (tributarios), una interdependencia de la que empresas y familias están exentas, los miembros de esta tribu dan el salto intelectual erróneo que va de la frugalidad privada a la austeridad pública. Pero no es un error arbitrario, sino fuertemente motivado por un compromiso ideológico con el achicamiento del Estado, que a su vez oculta un interés de clase más siniestro en la redistribución de riesgos y pérdidas hacia los pobres.

La segunda tribu de la austeridad, no tan reconocida, puede hallarse en la socialdemocracia europea. Para tomar un ejemplo destacado, cuando estalló la crisis de 2008, el ministerio de finanzas de Alemania estaba en manos de Peer Steinbrück, un importante miembro del Partido Socialdemócrata. Casi de inmediato, Steinbrück prescribió una dosis de austeridad como respuesta óptima de Alemania a la Gran Recesión.

También promovió una enmienda constitucional que prohibiera a todos los gobiernos alemanes futuros apartarse de la austeridad, por profunda que sea una desaceleración económica. ¿Por qué, podemos preguntarnos, querría un socialdemócrata convertir la contraproducente austeridad en un mandato constitucional durante la peor crisis del capitalismo en décadas?

Steinbrück dio la respuesta en el Bundestag en marzo de 2009. Su retorcido argumento podría resumirse en esta frase: “¡Es la democracia, estúpido!”. En un contexto de quiebras de bancos y una recesión imponente, opinó que el déficit fiscal quita a los gobernantes electos “margen de maniobra” y despoja al electorado de alternativas significativas.

Aunque Steinbrück no lo dijo con todas las letras, su mensaje subyacente fue claro: incluso si la austeridad destruye empleos y perjudica a la gente común, es necesaria para preservar un margen para la decisión democrática. Extrañamente, no se le ocurrió que, al menos durante una recesión, hay un modo mejor de preservar ese margen, sin ajuste fiscal: aumentar los impuestos a los ricos y las prestaciones sociales a los pobres.

La tercera tribu de la austeridad es estadounidense, y tal vez la más fascinante de las tres. Mientras los thatcheristas británicos y los socialdemócratas alemanes practicaban la austeridad en un desacertado intento de eliminar el déficit fiscal, a los republicanos estadounidenses no les preocupa realmente contener el déficit del gobierno federal, ni creen que lo lograrán. Tras ganar la elección con una plataforma que proclamaba el odio al Estado grande y el compromiso con achicarlo, proceden a aumentar el déficit fiscal federal aprobando grandes rebajas de impuestos para sus donantes ricos. Aunque parecen totalmente libres de la fobia al déficit de las otras dos tribus, el objetivo de los republicanos (“matar de hambre a la bestia”, esto es, al sistema de prestaciones sociales estadounidense) es proausteridad hasta la médula.

En este sentido, Donald Trump es un republicano hecho y derecho. Ayudado por la exorbitante capacidad del dólar para atraer compradores de deuda pública estadounidense, puede dar por sentado que cuanto más aumente el déficit fiscal federal (mediante dádivas impositivas a los de su clase), mayor será la presión política sobre el Congreso para recortar la seguridad social, Medicare y otros programas. Así, echan por la borda la justificación usual de la austeridad (equilibrio fiscal y contención de la deuda pública) y van directo a su objetivo político más profundo: eliminar las ayudas a los muchos y redistribuir el ingreso entre los pocos.

En tanto, independientemente de los objetivos de los políticos del establishment y sus cortinas de humo ideológicas, el capitalismo siguió evolucionando. Hace mucho que la inmensa mayoría de las decisiones económicas ya no las toman las fuerzas del mercado, sino un hipercartel estrictamente jerárquico (aunque bastante laxo) de corporaciones globales. Sus directivos fijan precios, determinan cantidades, manejan expectativas, fabrican deseos y se complotan con políticos para crear pseudomercados que subsidian sus servicios. La primera víctima fue el objetivo de pleno empleo de tiempos del New Deal, oportunamente reemplazado por la obsesión con el crecimiento.

Más tarde, en los noventa, cuando el hipercartel se financierizó (y empresas como General Motors se convirtieron en grandes corporaciones financieras especulativas que a veces también fabrican autos), se sustituyó el objetivo del crecimiento del PIB por el de “resiliencia financiera”: una incesante inflación de activos de papel para los pocos y austeridad permanente para los muchos. Este mundo feliz se convirtió naturalmente en entorno propicio para las tres tribus de la austeridad, a cuya supremacía ideológica cada una de ellas hizo un aporte especial propio.

De modo que la ubicuidad de la austeridad refleja una dinámica general que, disfrazada de capitalismo de libre mercado, está creando un sistema económico global financierizado, jerárquico y cartelizado. Triunfa en Occidente porque tres poderosas tribus políticas lo defienden. Los enemigos del Estado grande (que ven en la austeridad su gran oportunidad de achicarlo) unen fuerzas con los socialdemócratas europeos (que sueñan con tener más opciones cuando lleguen al gobierno) y con los republicanos desgravadores (decididos a desmantelar el New Deal estadounidense de una vez y para siempre).

El resultado no es sólo un padecimiento innecesario para amplias franjas de la humanidad. También presagia un terrible círculo vicioso global de aumento de la desigualdad e inestabilidad crónica.

Traducción: Esteban Flamini

Agosto 30, 2018

Project Syndicate

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