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Opinión

Equipo B de la Cátedra Simón Bolívar

El régimen autocrático militarista logró imponer un AMBIENTE POLÍTICO REAL VIOLENTO que lo caracteriza la “Guerra Civil de Venezuela del S. XXI” que ha desarticulado a toda la sociedad venezolana, en especial, al 85% de demócratas que nos definimos en Resistencia Civil. Resistencia civil que desde el primero de abril, mediante sólidas manifestaciones y acciones de protestas como una acción colectiva que reclama un cambio político categórico votó el 16 de julio, logrando el número extraordinario 7.676.894 votantes democráticos.

El régimen autocrático, militaristas criminal y abusador, instrumentó el sistema político de tal manera que cambió el AMBIENTE POLÍTICO REAL VIOLENTO en AMBIENTE POLÍTICO REAL ELECTORAL. Este realismo político doméstico impone, obliga y requiere que los demócratas en Resistencia Civil entendamos el hecho electoral del próximo mes de octubre, como la más grande manifestación y demostración de Resistencia Civil de los venezolanos en el siglo XXI.

Para alcanzar esa Resistencia Civil requiérese de un intenso proceso de preparación electoral, como lo prevé el Manual del Elector en las páginas 83 a 86, en que todos los demócratas estamos obligados a alcanzar la Participación Política Contendiente. Participación Política Contendiente para lo cual dispondremos de nuestro tiempo, de nuestros pocos recursos, pero sobre todo… de una decisión ética democrática que tiene que ver con el amor a la libertad y el derecho a imponer un gobierno que surja de la mayoría.

El voto de octubre será entonces la más grande Participación Política Contendiente como Resistencia Civil, y todos y cada uno de los miembros de la Resistencia Civil que fuera a votar, tendrá claro que después de votar defenderá el voto y después de defender el voto, acatará lo que establece la Constitución: La Rebelión. Estemos dispuestos a estudiar el proceso electoral… a realizar la Participación Política Contendiente y a ofrendar nuestro civismo para hacer del voto la expresión de Resistencia Civil histórica que demanda la Venezuela del S. XXI.

Este documento es producto del análisis de la Curva de Hechos Políticos 2017 y como consecuencia de un análisis sincrónico, se ha redactado la guía de interpretación politológica 004 elaborada por el Equipo B de CSB. Caracas, 17 de Agosto de 201.

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Con voz propia

Iniciamos precisando, para evitarle a los narcos el calificativo de derecha, aunque nos honren al separarnos del castrocomunismo del cual ellos se jactan. Nos contó la anécdota que motiva esta columna, el comandante Hugo Chávez (HCH).

Aquel 4 de febrero 1992 (4F-92) había perdido esperanza. Sólo quedaba resistencia de “El Comandante Irreductible” (así lo presenta en libro que le escribió Agustín Blanco Muñoz) Jesús Urdaneta Hernández (JUH), fundador del MBR-200, con HCH, Raúl Isaías Baduel y Felipe A. Acosta Carlés, quien moriría en 1989 combatiendo saqueos de El Caracazo.

Junto al Capitán Luis Valderrama (LV), coordinador de la toma de Valencia, resalta como destinatario del mensaje que le hicieron pronunciar a HCH, dirigido “a los valientes soldados que se encuentran en el Regimiento de Paracaidistas de Aragua y en la Brigada Blindada de Valencia”.

“Por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital, no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá, pero ya es tiempo de evitar más derramamiento de sangre. Ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor, por favor, reflexionen y depongan las armas”.

Para LV el 4F-92, Valencia dio ejemplo de participación cívico-militar.

JUH fue el último de los 5 comandantes en aprobar la rebelión, por no considerarla oportuna. Nos confesaba HCH que en víspera del 4F-92 estuvo 3 horas para convencerlo.

-¡Si esto fracasa yo no me entregaré!

Fue el más cercano al líder, pero el primero en separarse, cuando le rechazó denuncia de corrupción. Ejercía jefatura de Disip.

LV lo cuestionó desde la prisión en cárcel de Yare. Revelador testimonio es el libro “La Maisantera Chávez”, que produjo Blanco Muñoz.

Pertinente relacionar 4F-92 con “Operación David” ejecutada en el Fuerte Paramacay de la 41 Brigada Blindada en Valencia y comandada por el capitán (GN) Juan Carlos Caguaripano Scott.

El Teniente Jefferson Gabriel García Dos Ramos, del parque de armas del Fuerte, inició acciones a las 3:50 am que según NM duraron 4 horas, con sometimiento del personal de la prevención.

Sumaron 28 los transportados en 4 vehículos que integraban dicha rebelión.

Caguaripano, advirtió en alocución grabada en video: “no es un golpe de Estado, es una acción cívica y militar para restablecer orden constitucional…nos declaramos en legítima rebeldía para desconocer tiranía asesina”, de NM. Toman cuantioso lote de armas.

Primera versión oficial dio el teniente ® Diosdado Cabello, vicepresidente del PUSV. Después lo hace el Ministro de la Defensa, G/F Vladimir Padrino López, desde el Fuerte Tiuna.

Caguaripano lo implican en captura en 2004 de Rodrigo Granda, canciller de FARC. HCH habló de secuestro con intervención de su colega Alvaro Uribe.

En 2014 acusa presencia de cubanos en cuarteles venezolanos. Lo involucran con oficiales de Aviación y Ejército, en conspiración contra NM.

En opinión del General Raúl Salazar, primer ministro de la Defensa de HCH: “El asalto desnuda el descontento dentro de los cuarteles. La FAN padece sufrimientos del resto del país”.

Para la época las entonces dignas FFAA expresan rechazo, entre otros hechos: corrupción en altos mandos; subordinación a liderazgo incapaz y corrupto; utilización, en particular del Ejército y Guardia Nacional, en represión; deterioro de condiciones socioeconómicas de oficialidad media, baja y tropas.

Por ahora, el director del Sebín, G/M Gustavo González López, anunció la captura de 18 personas, incluidos Caguaripano y García Dos Ramos y afirma que 23 están prófugos. Implican a presidentes en Carabobo de Colegios de Enfermeros, Contadores Públicos y Fetracarabobo.

MARGEN: Incompetencia del narco régimen retiene pensión a jubilados del seguro social, por falta. Aun hacen cola para recibirla por cuotas y no se extrañen que la acumulen con la siguiente. jordanalberto18@yahoo.com.

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José Rosario Delgado

Hay un grupo importante de personas, aunque en modo alguno determinante, empeñado en empujarnos hacia la calle, la necesaria lucha de calle ante un tiránico y aberrado régimen, a sabiendas de que, por eso mismo, hay que tener cierta cautela estratégica porque decisión y arrojo se ha observado en las protestas y manifestaciones actualmente en receso, en taima, como se dice en buen criollo, aunque no descartada. Nuestro espíritu demócrata y liberador no se cansa y, aunque descansa, dadas las circunstancias, mantiene su ímpetu de sensatez y conciliación.

A juzgar por la opinión de otros grupos, esos son los que quieren ver sangre… Sí, sangre, pero sangre ajena, como si no fuera suficiente la que ya ha sido derramada por esas calles y por esas víctimas martirizadas por la brutalidad de la fuerza bruta que la satrapía despliega al servicio de sus más oscuros intereses dictatoriales a la vista de todo el mundo, aunque pretenda ocultarlo bajo el manido argumento de una supuesta soberanía que no se ve porque no existe.

Es muy sencillo dar órdenes y trazar estrategias de lucha en la comodidad del ordenador de palabras y desde la confortabilidad de abutacadas poltronas observando, desde un monitor, cómo se desarrollan los acontecimientos donde algunos exponen y ponen sus vidas y otros lucen y exhiben sus videos, dando cuenta de los sucesos de los cuales son ávidos espectadores y distribuidores de macabros sucesos.

Luchamos contra dictadores desalmados, sin compasión ni escrúpulos, a quienes no les tiembla el pulso ni se les agua el ojo para arremeter contra una población ansiosa de libertad y de democracia, mientras ellos defienden sus riquezas y poderes mal habidos que no son conchas de ajo. Hay que hacer una tregua, tomar un descanso, que no es capitulación ni claudicación, sino una manera de demostrar que si queremos los justos y necesarios cambios debemos ejercer el recurso del voto como una vía institucional y constitucional, una camino electoral de acceso a la deseada paz republicana.

Así como la resistencia tiene que ser sostenida y sistemática, debemos darle una chance a la racionalización de los esfuerzos democráticos, aunque nada demócrata es el adversario felón y canalla que sonríe, baila y aplaude el hambre y las necesidades que estamos padeciendo casi que estoicamente mientras continúan amasando grandes bienes de fortuna sucia y maloliente, cuyo tufo ya los sofoca a ellos mismos y a su familia que, poco a poco, comenzará a desmarcarse ante la realidad de que el pescuezo no retoña.

Ya es hora de asumir nuestra tragedia con sensatez, con mesura, con moderación, pues no por tanto madrugar amanece más temprano. Lo que ha de pasar pasará y tendrá que ser para bien, para mejor, porque no todas las salidas van a dar a un campo florido o a un lecho de rosas; muchas veces las salidas de emergencia nos conducen a un precipicio o a un infierno que nos traerá más lamentaciones y cabezazos contra la pared, solos en una habitación que, Dios quiera, sea en nuestra casa y no en una mazmorra padrinera.

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Desde hace tiempo le vengo expresando a María Corina mi desacuerdo con su permanencia en la MUD. No es de ahora mi percepción de que ese no era buen lugar para una dirigente que sostiene –al parecer sinceramente– estar luchando para liberar al País del lacerante castrocomunismo. Pues siempre he pensado y expresado en artículos de vieja data, que MUD y régimen no eran adversarios y mucho menos enemigos y que, en realidad, tenían montado un sainete para hacerle creer a los desprevenidos venezolanos que existe un cuerpo político capaz de recoger y orientar el descontento general y una dirigencia dispuesta a bregar a brazo partido por recuperar la libertad.

Es histórico que todos los regímenes inconstitucionales le temen a una oposición vigorosa y la reprimen por todos los medios a su alcance, a objeto de impedir que tome cuerpo y ponga en peligro su estabilidad. Pero una nueva manera de hacer las cosas parece que fue inventada en esta parte del mundo: en vez de reprimir a una oposición verdadera, creyeron preferible construirla acorde a sus necesidades, de forma tal de lograr dos cosas igualmente importantes: copar un espacio político antes de que fuera tomado por indóciles y, en segundo término, simular una sana y deseada controversia democrática, mientras llega la hora de imponer a rajatablas y sin disimulo el pensamiento único soñado por los tiranos.

Pero a veces los planes no resultan tal como se desea, por la fastidiosa intromisión de un espontáneo, deseoso de probar que hay mejores formas de hacer las cosas y que logra concitar, desde la rebelde soledad de sus posiciones, la simpatía de grandes y silenciosas masas. El caso más conspicuo de ese fastidio fue el protagonizado por María Machado (Diosdado dixit), cuando en una Asamblea Nacional ahíta de chavistas le espetó a Chávez «expropiar es robar». Tal audacia le costó poco después su diputación, pero le permitió demostrar a todos que no es necesario ser tierrúo para ser valiente ni morenito para ser veraz.

Pero ese no es el tema principal de este texto. Lo que me llevó a retomar el teclado cuando el anterior artículo tiene pocas horas en las redes, es el nacimiento de mi convicción, forzada por duras realidades, de que en este País tenemos tres lustros sin oposición, una vez acaecida la desbandada que siguió al 13 de abril de 2002, cuando Baduel repuso a Chávez en el poder.

Me atrevo a pensar que por consejo de Fidel, Chávez entendió que una oposición sumisa es casi tan importante como un respaldo fuerte. Que tener opositores de la reciedumbre de Carlos Ortega (por solo nombrar uno) es tan peligroso como tener traidores en las filas y que desde todo punto de vista era preferible desviar ingentes recursos hacia falsos opositores, que enfrentar a verdaderos, capaces de hacerlo poner pies en polvorosa.

Chávez era hábil para dar sedal y recogerlo de acuerdo a las circunstancias y pragmático en el trato con los hombres. Prefería tranzar que reprimir, comprar que confrontar y dejaba la violencia y la ira para aquellos que tozudamente rechazaban sus cantos de sirena. Era conocedor de los hombres y siempre tuvo un gran desprecio por los políticos de esa republiquita que él llamó la cuarta.

Si utilizamos el por qué como palo para sacudir la alfombra de la reciente historia venezolana y golpeamos en aquellos puntos icónicos como las «derrotas» de Capriles, el «apretado» triunfo opositor en la consulta constitucional de 2007, el escamoteo del revocatorio y de las regionales del 2016 y el megafraude constituyentita de este año y los sumamos a las extrañas conductas de la dirigencia opositora, siempre cuidadosa de no dañar al régimen y reservar a palabras altisonantes lo que correspondía a hechos concretos, llegamos a la inquietante conclusión de que aquí no tenemos oposición desde hace muchos años, pero si muchos vivarachos que se han lucrado prestándole servicios al régimen desde el ministerio de la traición, el engaño y la mentira.

Esta conclusión de la bilateralidad de nuestra tragedia me hace presentir lo que se nos viene encima. Creo que se aproxima un reforzamiento de la coalición régimen/MUD para acabar con María Corina y con la oposición verdadera. Por otro lado, el despertar de un pueblo enfurecido limpiándose la mejilla en expresión de repulsa al beso de Judas que acaba de recibir.

turmero_2009@hotmail.com

@DulceMTostaR

http://www.dulcemariatosta.com

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Tulio Ramírez

Lo vieron correr raudo y veloz cerro abajo, golpeaba desesperadamente las puertas vociferando a todo pulmón que había que tomar las armas porque los yanquis ya habían llegado a Venezuela. En la gritadera apenas se le entendía que habían tomado la capital y el estado Amazonas. Torcuato, un hombre de 64 años, conocido en el Barrio como Thor por su destreza en el arte de martillar a los vecinos, se encasquetó su uniforme de miliciano, se armó de un machete de esos que llaman cola e’ gallo y se dispuso a organizar la resistencia frente al insolente invasor. Todos los vecinos, sorprendidos ante tanta alharaca, salieron a averiguar qué era lo que estaba pasando. Para unos esta reacción era producto de sus frecuentes borracheras, para otros podía ser el anuncio de la tan temida invasión de los ejércitos del norte.

Llegando a la última escalera del Barrio lograron darle alcance. Su nerviosismo era patente, la seriedad de su expresión desconcertaba, aunque el tufo a aguardiente blanco delataba una noche de copas, o más bien, de vasitos plásticos. Ante la solicitud de aclaratoria, Torcuato sudando más que un marchante turco, procedió entre balbuceos, a dar la nefasta noticia. Comentó que encendió el televisor del taller mecánico, donde “cuida” y duerme, sintonizándolo en VTV y, entre despierto y dormido, escuchó que “los yanquis habían vencido a los indios en su terreno”, pero no solamente eso, también anunciaron que “los temidos Mariners habían doblegado a los capitalinos sin darle mayores libertades”, y para más colmo, se filtró que los curas estaban en la conspiración apoyando la invasión, porque el locutor anuncio que “los padres habían maniatado a los vigilantes sin ninguna misericordia”. Pobre Torcuato no se había percatado que el locutor había dado los resultados de los juegos de grandes ligas entre Yanquis de New York e Indios de Cleveland, Marineros de Seattle y los capitalinos Nacionales de Washington, así como los resultados del encuentro entre Padres de San Diego y Vigilantes de Texas.

Así como Torcuato, muchos venezolanos han entrado en la paranoia de la invasión gringa, por supuesto, exacerbada con el anuncio irresponsable de Trump. Anuncio este que inmediatamente fue reinterpretado por el vicepresidente Pence en su viaje a Colombia. Ese episodio me recordó cuando Chávez declaraba cualquier barbaridad y luego el vicepresidente José Vicente Rangel, salía ante los medios aclarando que el presidente no había dicho lo que realmente dijo. No sé si Trump es el hermano perdido de Chávez, pero pareciere que tienen la misma carga genética. Bocones, estridentes, blufeadores y pantalleros, uno me recuerda tanto al otro.

Pero hay algo cierto, lo de la invasión gringa no está en el tapete por las infelices declaraciones de Trump. El gobierno del socialismo del siglo XXI la ha utilizado por lo menos desde el año 2002. Es la misma estrategia que utilizó Fidel Castro por 50 años para mantener a una población en ascuas y en ejercicios militares permanentes, mientras sucumbía ante la miseria y la falta de libertades. Con este mismo cuento quieren mantener a muchos venezolanos con la ilusión de que en cualquier momento se convertirán en heroicos patriotas por defender la nación. Esto explica que cientos de Torcuatos uniformados de Milicianos con un palo de escoba en la mano porque no hay presupuesto para darles armas, asuman con tanta seriedad y autoridad la tarea de “cuidar” instalaciones públicas, sin que nadie tome en serio su presencia casi circense. Para hacerles la historia corta, los jodedores del Barrio, entre burlas y chascarrillos, le sugirieron al popular Thor, ir a darse un baño, cepillarse para contrarrestar el delator tufo, y rezar a todos los santos para que, en caso de que se concrete la susodicha invasión, no coincida con el día del cobro de la pensión, ni con la entrega de las Bolsas Clap.

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El Gólgota encierra un maravilloso episodio bíblico, ya que representa la colina en las afueras de Jerusalén donde se indica que fue crucificado Jesús de Nazareth. En Venezuela, en medio del polvo levantado en tolvaneras por el tibio viento veranero, o en medio de los charcos que van dejando las lluvias de la estación desde mayo hasta septiembre u octubre, también tenemos nuestro propio Gólgota, cerca de la población de Chaguaramas en el estado Guárico. El nuestro, a diferencia de aquel Calvario árido, ha sido transformado con el trabajo creador de sus sucesivos propietarios en un lugar de actividad agrícola productiva, y con sus lagunas artificiales, sembradíos diversos y manadas de ganado bovino pastando en sus paisajes ondulados, trasmite un reconfortante mensaje de progreso.

A finales de la década de los sesenta del siglo XX, Don Eugenio Mendoza, ese próspero y visionario empresario venezolano, por medio de Protinal, C.A., líder en la producción de alimentos balanceados para animales (ABA), comienza a gestar la necesidad de satisfacer las demandas de materia prima energética de esa industria con producción nacional en lugar de las importaciones de trigo de segunda, grano que era el principal componente de los ABA. Se decidió producir sorgo granífero, un cultivo poco conocido para la época, pero que en base a sus requerimientos climáticos y edáficos, se debía ubicar una región en la cual se pudiera emprender un programa de producción de ese rústico cereal. Sobre esta base, los esfuerzos se dirigieron hacia el eje El Sombrero-Santa María de Ipire, donde para esa época había una agricultura decadente, con algunos campos sembrados con algodón, los cultivares de maíz disponibles no tenían suficiente capacidad productiva, pero los de sorgo si podían expresar toda su riqueza genética con rendimientos económicamente aceptables.

De esta manera se llega a Chaguaramas, donde Don Julio Manuit era propietario de las fincas San Andrés, La Ceibita y El Gólgota, aledañas a este pueblo, que estaba en un estado de pobreza y subdesarrollo increíbles. Don Eugenio Mendoza negocia la compra de estas tres fincas e inmediatamente se comienza su acondicionamiento para la producción agrícola. Comienza a llegar la maquinaria pesada para la deforestación, los topógrafos comienzan a trazar los rompevientos cada 500 metros perpendiculares a la dirección de los vientos predominantes, se inicia la tumba-repique y quema y el pase de rastra pesada para facilitar el desraizado de los terrenos, se pasa la rastra y se adecúa la superficie del suelo para, al llegar las lluvias, recibir las semillas de ese grano milagroso que cambió la historia de este pueblo y de toda la región, y que cambió el paisaje con sus panículas de múltiples colores.

El Gólgota pasó a ser la finca principal de este conjunto, allí se estableció un campo experimental donde se evaluaron cientos de cultivares de diferentes especies, se iniciaron programas de mejoramiento genético para producir nuestros propios híbridos de sorgo, se evaluaron las prácticas agronómicas necesarias para desarrollar una agricultura con los adelantos tecnológicos del momento, se comenzaron a evaluar y a ejecutar prácticas conservacionistas para evitar el deterioro de los suelos, incluyendo labranza conservacionista, mínima y cero labranza.

Aquellas fincas se convirtieron en un centro de enseñanza para los demás productores, para los operadores de maquinaria, para los técnicos del agro de todos los niveles, incluso para los administradores de empresas agrícolas. Esto permitió que en el corto plazo la región floreciera; el comercio de los pueblos, su infraestructura y sus servicios mejoraran, y algo muy importante, el cultivo del sorgo granífero se extendió por la región y por otras regiones agrícolas del país, llegando a cubrir en pocos años más de 200.000 hectáreas.

Una vez que la empresa Protinal, C.A. por medio de su filial Agrícola Chaguaramas, C.A. considera que ya se había logrado el objetivo de esta actividad agrícola, vende las fincas a productores de la región quienes continuaron con la actividad mixta de producir granos (actualmente el cereal principal es el maíz porque los nuevos híbridos han permitido rendimientos económicamente aceptables con esta especie) y aumentar los rebaños de bovinos para la producción de carne.

Afortunadamente, El Gólgota es adquirido por un dedicado ganadero de la población guariqueña de El Socorro, quien ya se había interesado en la siembra de sorgo y soya, dejando de ser ganadero al convertirse en productor agrícola. Por supuesto, esta finca fue adquirida no solo para mantenerla productiva si no para ampliar su superficie de siembra, establecer potreros con especies forrajeras mejoradas, incrementar los rebaños; en fin, para seguir siendo un centro de producción de alimentos para la población venezolana que está tan necesitada de este recurso.

El ganadero de El Socorro que adquirió la finca El Gólgota de Agrícola Chaguaramas, C.A. fue el señor Odoardo Albornoz, quien siguiendo una tradición ancestral inculcó a sus hijos el amor por el campo, les enseñó a querer la tierra, a disfrutar la vida campesina, a ser productores eficientes, razón por la cual, hoy en día esta finca es manejada por Odoardo Albornoz hijo, llevándola cada vez a mayores índices de productividad. Por supuesto, una unidad de producción como ésta, hecha como dicen en el llano, colmada de recursos y de riquezas, es apetecida por los entes gubernamentales actuales, porque ellos no serían capaces de realizar un trabajo de esta naturaleza, difícil, prolongado en el tiempo para que comience a dar resultados. Por eso quieren expoliarla y, como todas las propiedades que han asaltado, volver a convertir este jardín en terrenos yermos, improductivos, abandonados, volver a los paisajes agrestes del pasado, continuar sembrando el hambre en Venezuela.

Es injusto e inaceptable que el esfuerzo de tantas personas, durante tantos años, para transformar toda una región generando progreso y bienestar, sea destruido por la ignorancia de unos aprovechadores de oficio.

Agosto de 2017

pedroraulsolorzano@yahoo.com

www.pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

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Miguel Ángel Martínez Meucci

Las fuerzas democráticas que enfrentan al régimen presidido por Nicolás Maduro parecen vivir en estos días una situación de relativo desconcierto. Luego de varios meses actuando unidas en torno a una estrategia común (y, por cierto, nada fácil de acometer) que generó una enorme presión sobre dicho régimen, las interrogantes vuelven a emerger cuando éste nuevamente le plantea a la oposición un dilema ya viejo: participar en unas elecciones sin las garantías que debería proporcionar un estado de derecho actualmente inexistente, o apostar por vías de acción política que se mantengan al margen de esa institucionalidad viciada y espuria.

Han aparecido en el debate público argumentos a favor de una y otra opción. Entre los que he tenido oportunidad de leer me han parecido particularmente lúcidos los artículos de Aníbal Romero, Luis Ugalde, Gustavo Tarre y José Toro Hardy. Todos ellos han hecho énfasis en la complejidad de esta encrucijada y expuesto elocuentemente las razones de sus preferencias. En conjunto, podemos afirmar que sobre este particular han emergido razonamientos que optan por dos vías: algunos son de corte más bien pragmático, mientras otros presentan argumentos de fundamentación eminentemente moral. Algunos comentaristas incluso han llegado a presentar el asunto como un dilema entre el poder y la ética.

No obstante –al menos desde nuestro punto de vista– ética y poder no constituyen esferas separadas. El poder es siempre relacional, no un hecho objetivo; es una relación que se establece entre al menos dos personas, y por ende, depende de las actitudes, ideas, intereses y comportamientos de ambos. Podría, sin embargo, entenderse el poder como mera capacidad de recurrir a la violencia; en ese caso, para tener poder bastaría con tener las armas. Pero incluso un pragmático redomado como Talleyrand le recordaba al todopoderoso Napoleón que las bayonetas sirven para todo, excepto para sentarse sobre ellas. Dicho de otro modo, no es posible que nada se asiente sobre la pura violencia, porque ese mecanismo funciona sólo hasta el momento en el que los sometidos pierden masivamente el temor a rebelarse. Y mientras más cae el opresor en el terreno de la pura dominación armada, mayor será la propensión del oprimido a rebelarse. El arma es tan solo un instrumento; su valor político dependerá enteramente de la correlación de fuerzas morales entre quien la usa para someter y quien se resiste a ser sometido. De otro modo, la historia sería siempre predecible y lineal: prevalecería siempre quien está mejor armado.

El papel de las ideas, convicciones y actitudes morales no deja de ser, por lo tanto, fundamental. La debacle de Venezuela no se explica sin la desmoralización progresiva que ha experimentado su sociedad. Si examinamos las coyunturas históricas decisivas en las cuales se pudieron tomar decisiones distintas que nos hubieran conducido por otros derroteros, podremos observar cuántas veces “la palmera se inclinó para no partirse” ante la fuerza que ejercían quienes carecían de escrúpulos. Esas fuerzas no fueron siempre tan potentes como hoy, cuando el Estado y las Fuerzas Armadas son empleados por unos pocos para saquear a la nación. La consecuencia de esas reiteradas concesiones, a menudo acompañadas de no pocas colaboraciones, es que hoy en día el país se ha convertido en un estado fallido. ¿Existe forma de reconstituir a la nación sin apelar a profundas fuerzas morales que vayan en dirección contraria a la experimentada hasta ahora?

En mi opinión, una sociedad postrada, desmoralizada, extraviada en su amor propio, difícilmente podrá desarrollar el poder necesario para cambiar las cosas. Y si bien estaremos todos de acuerdo en que un gran liderazgo será necesario, quizás no todos compartirán la idea de que el carácter de ese liderazgo ha de ser fundamentalmente moral. Si el poder es la capacidad para actuar concertadamente, se requiere algo que aglutine a las personas para dirigir sus esfuerzos hacia un mismo objetivo, un móvil igualmente significativo para toda la colectividad. La pluralidad de intereses contrapuestos encuentra más fácilmente un punto de equilibrio cuando previamente ha sido posible definir ciertos valores y consensos éticos. Por eso es tan difícil concebir en política una meta, un mensaje, una poderosa línea de acción que no esté conectada con esa dimensión moral. El discurso y la actitud del líder político han de marcar un norte común que irremisiblemente es también un horizonte ético, sobre todo cuando se transitan situaciones trágicas.

Ahora bien, es preciso no perder de vista que el valor moral no se opone a la esfera de lo práctico. Todo lo contrario; la reflexión moral es un tipo de razonamiento que a menudo surge del examen de múltiples situaciones concretas y que intenta, a partir de ello, deducir y resumir principios generales de acción. Por supuesto que el interés individual opera como móvil esencial del comportamiento de cada individuo; no obstante, el bien de la nación trasciende la mera suma de los intereses individuales. La acción colectiva más poderosa sólo es posible cuando el liderazgo es capaz de encarnar y transmitir esa fuerza moral.

Partiendo de lo anterior, y ante el dilema de las elecciones regionales, me haría dos preguntas básicas: en primer lugar, ¿por qué un régimen que ha dado muestras claras de comprender que no puede ganar elecciones limpias (como prueba de ello están el bloqueo del referéndum del 2016 y la eliminación de la elección de gobernadores en ese mismo año) decide ahora convocar a elecciones regionales? Y en segundo lugar, ¿cómo afecta la respuesta de la Mesa de la Unidad Democrática a tres elementos esenciales de la calidad de su liderazgo político: 1) la estrategia desarrollada hasta ahora, 2) su propia cohesión interna, y 3) su conexión con sus seguidores?

Primero, cabe suponer que un régimen como el actual sólo puede plantear una contienda electoral si a) no le importa perderlas en la realidad (bien porque piensa afirmar fraudulentamente que las ganó, porque con la derrota no pierde cuotas decisivas de poder o porque incluso considera que podría ganar una buena parte de las gobernaciones), y si b) sus dirigentes consideran que el solo hecho de convocarlas les hace ganar un terreno que actualmente sienten estar perdiendo. No encuentro otra explicación racional a esta decisión por parte de un régimen que ya optó por aceptar olímpicamente el terrible costo político que le acarreó el colosal fraude del 30 de julio. Tampoco me parece creíble que el oficialismo considere como primera opción (incluso si ello fuera fruto de un error de cálculo propiciado por la soberbia) la posibilidad de ganar un número políticamente aceptable de gobernaciones.

Pongámonos en sus zapatos: la tarea que acomete este régimen no es fácil, pues pretende que cada venezolano acepte doblegarse hasta virtualmente convertirse en un esclavo. No obstante, toda tarea aparentemente imposible se logra por etapas. Si los venezolanos en 1999, o en 2002, o en 2007, hubieran podido imaginar y dar crédito a la situación que ahora viven, hubieran hecho lo que fuera por evitarlo. Cuando las cosas se plantean en blanco y negro, en un gran “macrojuego”, la gente opta por lo que es claramente mejor, incluso asumiendo costos elevados. Pero si los grandes dilemas se plantean como una sucesión de pequeñas decisiones o “microjuegos”, sin que cada una de ellas permita imaginar fácilmente lo que vendrá como consecuencia de cada opción tomada, y en donde los costos de equivocarse no parecen definitivos e irrecuperables, el deslizamiento progresivo hacia la tragedia (y a veces con la cooperación del propio afectado) se hace factible. El régimen ha sabido poner en práctica este juego de pasos sucesivos en la paulatina implantación de su modelo totalitario, y pretende hacerlo nuevamente incluso ahora, cuando la tragedia es evidente. El planteamiento de múltiples microjuegos desorienta, confunde y divide al adversario, cuyas facciones terminan siguiendo caminos diferentes en lo que debiera ser una lucha común.

Segundo, con respecto al modo en que esta propuesta ha sido recibida en el seno de la coalición de las fuerzas democráticas, cabe señalar en primer lugar que 1) aceptar la participación en el contexto actual, sin mediar ninguna modificación en las condiciones que impone el actual Consejo Nacional Electoral, representa un desvío de la estrategia seguida hasta ahora de modo unitario, la cual estaba marcada por la masiva movilización de la población en desconocimiento de un régimen autoritario e inconstitucional, movilización reflejada tanto en las protestas de calle como en el evento del 16 de julio. Es preciso señalar que este último constituyó un acto de desobediencia civil masiva en el que 7,7 millones de venezolanos desconocieron expresamente al Tribunal Supremo de Justicia y al Consejo Nacional Electoral. Si bien en la tercera pregunta a la que se dio masiva respuesta afirmativa se habla de elecciones, se entiende que las mismas tendrían lugar luego de ser cambiadas las autoridades de los poderes públicos. Así parece entenderlo la ciudadanía, que además ha reducido sus niveles de movilización luego de que los partidos de oposición inscribieran sus candidatos.

Por otra parte, 2) hay que señalar que la decisión no se tomó después de un concienzudo debate a puerta cerrada. Por el contrario, distintas fuerzas políticas comenzaron por señalar cuál sería su posición particular antes de que se produjera dicho debate. Esta situación necesariamente refleja serias disensiones en el seno de la MUD, disensiones que por lo menos hasta el 30 de julio no se habían materializado en un desvío de la estrategia seguida hasta ese momento. Y por último, 3) como consecuencia de los dos puntos anteriores, es comprensible que la conexión del liderazgo opositor con sus seguidores se vea afectada. Un capital político no se construye de la noche a la mañana, y para mantenerlo resultan fundamentales la claridad, la coherencia y el sacrificio. Es precisamente en coyunturas como éstas donde la gente requiere percibir con toda claridad que la línea de acción planteada se adhiere a principios de orden lógico y moral, y no que es el resultado de debilidades y desavenencias entre agendas particulares.

Sabemos, a pesar de lo anterior, que la política dista mucho de ser el reino de la perfección lógica y moral. Especialmente cuando tiene lugar en contextos de aguda conflictividad, la política implica confrontarnos con lo equívoco, lo paradójico, lo inexacto, lo amenazador; en suma, con la contingencia y la otredad en su dimensión más dramática y profunda. El régimen ha seguido demostrando la crueldad y falta de escrúpulos que le caracterizan, mientras los costos de la prolongada movilización siguen elevándose para la sociedad democrática. Son muchos los valientes políticos y ciudadanos que han sufrido y sufren hoy en carne propia las consecuencias de la represión descarnada. Por lo tanto, y sobre todo si tenemos presente que del lado de los demócratas existe una mucho más acusada voluntad de restablecer un marco de convivencia plural, así como una más decidida apuesta por la vida, se entiende la necesidad constante de optar por vías institucionales cada vez que se presenten, e incluso la tentación de hacerlo a pesar del carácter espurio y falaz de esa institucionalidad.

Y sin embargo… sin embargo nos queda esa sensación amarga. Estas elecciones regionales serán afrontadas con un espíritu muy distinto al que animó la jornada histórica del 16 de julio. Algo parece no haberse hecho bien al momento de tomarse esta decisión, y así lo han planteado también varios de los más valiosos aliados de los demócratas venezolanos en el exterior, quienes apostaron por respaldar a fondo la estrategia de desobediencia desarrollada durante los últimos cuatro meses. A ello se suma el hecho de que, después de los sacrificios extraordinarios que la población ha venido afrontando, el régimen pretende no sólo mantenerse en el poder sino implantar definitivamente el totalitarismo; sabe que la coyuntura llegó a un punto sin retorno, y que la victoria decisiva depende del estado anímico y moral de los contendientes. Por ello su cúpula dirigente hace todo lo posible para quebrar la determinación de tantas y tantas personas que han decidido no acatar más sus órdenes, intentando dividir a la oposición y descarrilándola de la estrategia que ha forzado tanto la fractura como la condena internacional del régimen que preside Maduro.

En tales circunstancias, ¿tiene sentido entrar en el juego que plantea el oficialismo, o se debería seguir insistiendo en imponer un juego distinto, ese juego que ha llevado al régimen a un aislamiento cada vez mayor por parte de las naciones democráticas y que ha recuperado la moral de la gente en el fragor de la lucha por su libertad? A menudo se ha planteado este debate desde una perspectiva exclusivamente pragmática, como una disyuntiva entre medios y vías más eficaces que otros. La verdad es que en el plano de las acciones humanas (cuyos resultados necesariamente desconocemos de antemano y por lo tanto no podemos evaluar con absoluta precisión), y especialmente de las que tienen lugar en contextos de agudo conflicto, es imposible asignar previamente a una u otra estrategia una superioridad absoluta. En el plano de la intersubjetividad y de la interacción política son las personas las que terminan por hacer buenas las vías de acción que deciden acometer. Pero es precisamente en ese plano en donde cuentan de forma especial las connotaciones morales que revisten las decisiones que tomamos.

Más allá de la suerte con la que finamente corra la sociedad democrática en las elecciones regionales, conviene no perder de vista que el liderazgo político, si verdaderamente pretende ser tal, debe cuidarse de subestimar la profunda necesidad que tiene la ciudadanía de sentirse conducida por vías que resguardan su honor y el valor de sus ingentes esfuerzos y sacrificios. El corazón de esta lucha es la sed de libertad y la necesidad de recuperarla. 2017 será recordado como un año en el que la actitud de postración de la población cambió por completo; como el momento en el que la ciudadanía optó masivamente por rebelarse contra el opresor, dejando de lado los abstractos circunloquios de quienes en medio de la caída libre de la nación les pedían obedecer y esperar. Ha sido esa fuerza descomunal la que motivó el cambio de la comunidad internacional frente a la situación de Venezuela, la que genera fisuras en la coalición de gobierno, y será esa fuerza la que más temprano que tarde propicie el cambio de rumbo que la gente exige y requiere con urgencia.

Fuente: Politika UCAB ,16 de agosto de 2017

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