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Opinión

Ayer martes 13 de junio tuvimos la oportunidad de ser parte de una abigarrada audiencia, que atendiendo convocatorias desde distintas fuentes y asistiendo por motivaciones muy personales, demostró en Aragua y por primera vez en muchos años, que es posible compartir espacios, no sólo físicos, también de reflexión, sin insultos, escuchando a los “otros”, coincidiendo en algunas cosas y discrepando en otras, pero sin el temor a ser agredidos, ni sentirnos obligados a doblegar al que no coincide con “nosotros”.

En algunos momentos sentimos que desaparecían las barreras y que todos nos imaginábamos lo mismo: un país distinto y de todos; en otros comprobamos que no será fácil, que existen muchos “recuerdos” que conspiran y que la tolerancia será una asignatura que finalmente tendremos que aprobar si realmente queremos lograr lo que decimos querer.

En ningún caso podremos, ni llamaremos a olvidar; tampoco pedimos impunidad, ni cedemos las pretensiones de justicia ante los abusos que se han cometido, pero a lo que sí nos negamos es a mantener el clima de calificación colectiva que nos separa en bandos, separación que solo beneficia a quienes pretenden mantener, o acceder, al poder político para su beneficio particular.

Las banderas de toda sociedad moderna tales como libertad, democracia, equidad y transparencia gubernamental son reclamos de los venezolanos y que deben estar garantizados mediante el respeto irrestricto a las leyes, sobre todo a la madre de todas ellas: la Constitución.

Unas elecciones libres, facilitadas por un CNE honesto y una ley electoral que garantice la participación y representación de todos es la única vía para reconstruir las relaciones sociales en nuestro país. Si para llegar a ello debemos alcanzar acuerdos negociados, bienvenidos sean, siempre que tras ellos no se escondan las viejas rutinas del reparto burocrático.

Es la hora de la POLÍTICA y ojalá sepamos estar a la altura de las circunstancias.

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Joseph E. Stiglitz

Donald Trump ha lanzado una granada de mano a la arquitectura económica mundial que se construyó tan meticulosamente durante los años posteriores al final de la segunda guerra mundial. El intento de destrucción de este sistema basado en reglas de gobernanza mundial –que ahora se manifiesta en la retirada de Trump de Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el cambio climático del año 2015– es sólo la más reciente expresión del ataque que perpetra el presidente de Estados Unidos a nuestro sistema básico de valores e instituciones.

El mundo está llegando lentamente a admitir de manera plena la malevolencia de la agenda de la administración Trump. Él y sus compinches han atacado a la prensa –una institución de importancia vital para la preservación de las libertades, los derechos y la democracia de los estadounidenses– tildándola como “enemiga del pueblo”. Han intentado socavar los fundamentos de nuestro conocimiento y nuestras creencias –de nuestra epistemología– etiquetando como “falso” todo lo que desafíe sus objetivos y argumentos, incluso rechazando la propia ciencia. Las falaces justificaciones de Trump para desdeñar el Acuerdo de París sobre el cambio climático son solamente la evidencia más reciente de lo antedicho.

Durante milenios, antes de mediados del siglo XVIII, los niveles de vida se encontraban estancados. Fue la Ilustración, con su acogimiento del discurso razonado y la investigación científica, que sustentó los grandes incrementos en los niveles de vida durante los siguientes dos siglos y medio.

Junto a la Ilustración también llegó un compromiso por descubrir y lidiar con nuestros prejuicios. A medida que la idea de la igualdad humana –y su corolario, los derechos básicos individuales para todos– se extendía rápidamente, las sociedades comenzaron a luchar por eliminar la discriminación por motivos de raza, género y, finalmente, por otros aspectos de la identidad humana, incluyendo las discapacidades y la orientación sexual.

Trump busca revertir todo eso. Su rechazo de la ciencia, y de la ciencia climática en especial, amenaza el progreso tecnológico. Además, su intolerancia hacia las mujeres, los hispanos y los musulmanes (excepto aquellos, como los gobernantes de los reinos de los jeques de petróleo del Golfo, de quienes él y su familia pueden sacar provecho), amenaza el funcionamiento de la sociedad estadounidense y de su economía al socavar la confianza que tienen las personas en un sistema que es justo para todos.

Como buen populista, Trump ha explotado el justificable malestar económico que se ha generalizado ampliamente en los últimos años; a medida que muchos estadounidenses se desplazan económicamente cuesta abajo en medio de una rápida y creciente desigualdad. Pero el verdadero objetivo de Trump –enriquecerse a sí mismo y a otros buscadores de ganancias doradas a expensas de quienes lo apoyaban– se ve revelado en sus planes tributarios y de atención de la salud.

Las reformas tributarias propuestas por Trump, por lo que se puede ver, superan a las de George W. Bush en su regresividad (la porción de los beneficios que van a los que están en la parte superior de la distribución del ingreso). Y, en un país donde la esperanza de vida ya está disminuyendo, su reforma de la atención de salud dejaría a 23 millones adicionales de estadounidenses sin seguro de salud.

Si bien Trump y su gabinete pueden saber cómo realizar negocios, no tienen la menor idea sobre cómo funciona el sistema económico en su conjunto. Si se implementan las políticas macroeconómicas de la administración, estas se traducirán en un déficit comercial más grande y una mayor disminución en la manufactura.

Estados Unidos sufrirá bajo la administración de Trump. Su papel de liderazgo mundial estaba siendo destruido, incluso antes de que Trump rompiera la confianza de más de 190 países al retirarse del Acuerdo de París. En este momento, la reconstrucción de dicho liderazgo demandará de un esfuerzo verdaderamente heroico. Compartimos un planeta común, y el mundo ha aprendido a golpes que todos tenemos que llevarnos bien y trabajar juntos. También hemos aprendido que la cooperación puede beneficiar a todos.

Entonces, ¿qué debe hacer el mundo con un matón infantil en la caja de arena, quien quiere todo para sí mismo y con quien no se puede razonar? ¿Cómo puede el mundo lidiar con un EE. UU. “forajido”?

La canciller alemana, Ángela Merkel, dio la respuesta correcta cuando, tras reunirse con Trump y otros líderes del G7, dijo que Europa ya no podía “contar plenamente con el apoyo de otros” y que en Europa se tendría que “luchar por nuestro propio futuro”. Llegó el momento que Europa se una, vuelva a comprometerse con los valores de la Ilustración y se enfrente a Estados Unidos, de la forma que el nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, lo hizo elocuentemente con un apretón de manos que frenó el pueril enfoque de macho alfa de Trump que tenía el objetivo de afirmar su poder.

Europa no puede confiar su defensa a un EE. UU. liderado por Trump. Pero, al mismo tiempo, Europa debe reconocer que la Guerra Fría ha terminado –a pesar de cuán no dispuesto a reconocer este hecho se encuentre el aparato industrial-militar de Estados Unidos. Si bien la lucha contra el terrorismo es importante y costosa, la construcción de portaaviones y super aviones de combate no es la respuesta. Europa debe decidir por sí misma cuánto gastar, en lugar de someterse a los dictados de los intereses militares que exigen el 2 % del PIB. La estabilidad política puede lograrse con mayor seguridad si Europa renueva su compromiso con su modelo económico socialdemócrata.

Ahora también sabemos que el mundo no puede contar con Estados Unidos para hacer frente a la amenaza existencial que plantea el cambio climático. Europa y China hicieron lo correcto al profundizar su compromiso con un futuro verde –uno que es correcto para el planeta y correcto para la economía. De la misma manera en la que la inversión en tecnología y educación le dio a Alemania una clara ventaja en la fabricación avanzada frente a un EE. UU. paralizado por la ideología republicana, también Europa y Asia lograrán una ventaja casi insuperable que los colocará por encima de EE. UU. en el ámbito de las tecnologías verdes del futuro.

Pero el resto del mundo no puede permitir que un Estados Unidos forajido destruya el planeta. Tampoco puede dejar que un Estados Unidos forajido se aproveche de ello con políticas no ilustradas –en realidad, políticas anti-Ilustración– que pregonan “Primero EE. UU.”. Si Trump quiere retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, el resto del mundo debería imponer un impuesto de ajuste por carbono a las exportaciones estadounidenses que no cumplan con los estándares mundiales.

La buena noticia es que la mayoría de los estadounidenses no está con Trump. La mayoría de los estadounidenses todavía creen en los valores de la Ilustración, aceptan la realidad del calentamiento global y están dispuestos a tomar medidas. Pero, en lo que respecta a Trump, ya debería estar claro que el debate razonado no funcionará. Ha llegado el momento de la acción.

* Premio Nobel de Economía, profesor universitario de Columbia University.

10 Jun 2017

https://www.project-syndicate.org/commentary/trump-rogue-america-by-jose...

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Las instituciones no son monolíticas, ya que están integradas por personas que piensan diferente y tienen intereses que no siempre son totalmente compartidos. Por ello es frecuente que se produzcan cismas de los cuales pocas se libran, sean religiosas, partidos políticos o académicas. La Fuerza Armada no es la excepción.

En estos días en que se conmemora otro año del desembarco Aliado en Normandía, cabe recordar el ejemplo galo. En la Francia de los años cuarenta convivieron dos fuerzas armadas, una leal al gobierno colaboracionista de Vichy, que incluso permitió la creación de la Milicia francesa bajo el mando del tristemente célebre Joseph Darnard. Esa fuerza armada que se plegó al invasor estuvo integrada por mariscales como Petain, almirantes como Abrial y numerosos generales. Algunos, como el almirante Darlan, simpatizaban con uno u otro bando de acuerdo a sus posibilidades de victoria. Al finalizar la guerra esta fuerza armada tuvo que ser depurada de unos 150 generales y unos 5.000 oficiales de diferentes rangos.

La otra fuerza armada fue la de Francia libre, de los generales De Gaulle y Lecrerc quienes nunca dudaron de que la lucha contra el totalitarismo debía ser hasta vencer.

En Venezuela, desde que Gómez creó la Fuerza Armada, la misma nunca ha sido monolítica. El 18 de octubre de 1945 se enfrentaron dos grupos, uno a favor de Medina y otro en contra. A Pérez Jiménez se le opusieron muchos oficiales que pagaron con cárcel y exilio su rechazo al dictador. Entre ellos, Jesús Manuel Gámez, J.J. Jiménez Velásquez, los hermanos Zamora Conde, Peña Peña, Rangel Barrientos, Martín Carrillo Méndez, Edito Ramírez, José Enrique Dubuc, Morean Soto. Droz Blanco y Wilfrido Omaña fueron asesinados. Cuando Rómulo Betancourt también hubo divisiones, las más conocidas fueron las de Castro León, el Barcelonazo, Carupanazo y Porteñazo. Más recientemente, las de 1992, que tuvieron el mayor número de efectivos comprometidos.

En estos tiempos de totalitarismo se cuentan por docenas los oficiales en el exilio, hay 29 presos y cientos fueron dados de baja ilegalmente. El Frente Institucional Militar, integrado por oficiales en situación de retiro, ha denunciado desde el principio los atropellos de la dictadura a ls derechos humanos y a la Constitución en general, así como la influencia cubana en nuestra Fuerza Armada y en importantes áreas de la nación.

Desde luego el dictador Maduro ha contado con el apoyo por omisión del Alto Mando Militar y con la represión de los chacales de la Guardia Nacional al mando del general Benavides Torres, Zavarce y otros. Inexplicablemente, el ministro de la Defensa, general Padrino López, el comandante del ejército Juan de Jesús García Toussaintt, de la aviación Edgar Valentín Cruz Arteaga y de la marina Orlando Maneiro Gaspar han tolerado no solo abusos en contra de la población civil, sino también en contra de los propios miembros de la Fuerza Armada.

Considerando los antecedentes, cabe esperar que en un momento dado la Fuerza Armada le solicitará a Maduro que aborte la Constituyente, ponga en libertad a los presos políticos, permita el regreso de los exiliados y ordene a las alcahuetas del CNE que realice elecciones generales limpias. Quizá algunos militares están como el almirante francés Darlan esperando hacia dónde se inclina la balanza, pero ya es evidente que el pueblo rechaza a Maduro y su prostituyente y que la Fiscal denunció la violación a la Constitución.

Mientras más tarden en actuar, más se desprestigiarán. ¿Qué esperan para defender la Constitución? ¿Qué los padres objeten que sus hijos se casen con militares? ¿Qué sean rechazados en los actos sociales? ¿Qué el narcotráfico siga ganando terreno? ¿Qué los paramilitares rojos se sigan adueñando de nuestras ciudades?

Deben percibir el repudio de la población hacia los hombres de uniforme, pero están a tiempo de reivindicarse. Recuerden que la caída de Pérez Jiménez fue consecuencia de las protestas de los civiles y que a pesar de que la mayoría de la oficialidad permitió los atropellos de la Seguridad Nacional, al final se reivindicaron y la Junta de Gobierno estuvo integrada por el contralmirante Wolfang Larazabal y por los coroneles Pedro José Quevedo y Carlos Luís Araque, ninguno de los cuales había conspirado contra el dictador.

Ojalá prevalezca la Fuerza Armada del 23 de enero de 1958. Una Fuerza Armada cuyos integrantes sean respetados por sus hijos, familiares y ciudadanos en general. La Fuerza Armada no puede seguir siendo cómplice de las violaciones de la Constitución, asesinatos, torturas, narcotráfico, corrupción y robo de la propiedad privada.

Como (había) en botica: Nos sumamos a la petición de la Fiscal a la Sala Electoral. Tenemos que aferrarnos a la actual Constitución. Felicitamos a Dudamel y a sus jugadores sub 20 por el éxito en Corea. Falleció el ingeniero Carlos Lee, distinguido profesional y buen ciudadano. Lee era presidente del Centro de Orientación en Energía (Coener).

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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La acción política del Secretario del Consejo de Defensa Nacional (CODENA) tiene una específica importancia para el entorno interno militar, por cuanto entendido este como el espacio extremo entre lo estratégico y lo administrativo del cuerpo armado, incide en la relación funcional entre el militar y el poder político. Todo esto, no obstante la regresión que sufre el cuerpo armado jefaturado por Padrino López quien comprometido con Nicolás Maduro, impone una represión brutal sobre el cuerpo social en la cual se sospecha la presencia de otros ejércitos reprimiendo la sociedad civil venezolana. La decisión del MG Ejército Alexis López tiene un efecto de carga de profundidad sobre el sistema político venezolano, y en especial sobre un sector crítico del cuerpo armado: las raíces sanas.

La acción intencionada o no de Alexis López, evidencia el posible desacuerdo en los máximos grados de la pirámide ocupacional con relación a la imposición de una Asamblea Constituyente que viola los artículos 5, 333 y 347 del texto constitucional vigente. Pero la acción igualmente permeará la estructura el cuerpo armado, con efectos de tensión diferencial en intensidad entre el cuerpo de Generales, Oficiales Superiores y Oficiales Subalternos, por cuanto su contenido político y sentido de la oportunidad en el ambiente político real activa la relación de los factores filosóficos, doctrinarios y operacionales del entorno interno militar esta vez del cuerpo armado venezolano.

El entorno interno militar reaccionará y creará una pulsión sobre la infrapolítica del régimen con francas resistencias en individualidades del cuerpo armado. Quizás…en grupos que cobijan un vector tensional contrario al proyecto madurista y el riego político asumido por Padrino López, que ha permitido la acción de Alexis López y su efecto de penetración en la estructura armada. El efecto de penetración pudiese crecer en tanto el cuerpo armado logra internalizar la debilidad del proyecto político oficialista, y también reconocer la grave responsabilidad histórica que recaería en los hombres de uniforme por culpa de un tramado político violatorio a la Constitución y a la ciudadanía.

El entorno interno militar en este momento ha comenzado a sufrir un efecto de la penetración del vector tensional que pudiera crecer, entre otras razones, por las diferencias específicas entre el Ejército, la Armada y la Aviación frente al poder político. Organizaciones en las cuales doctrinariamente se aceptan la complejidad de las relaciones civil militares y la pauta de relación con el poder político, caracterizadas en el momento actual como unas relaciones de cooptación y perversión. Esas relaciones civil-militares y su pauta de relación de cooptación y perversión potencian un ambiente no amigable y coyuntural para que la acción política, intencionada o no, de Alexis López pueda ser analizada, internalizada e interpretada a lo interno como una advertencia al hiato Maduro-Padrino. Pero también como una posible manifestación responsable de lo que pareciera un segmento –sin precisión cuantitativa y cualitativa del cuerpo armado- en el grupo de jefes y oficiales entendidos como raíces sanas que se hicieran parte de la acción política de Alexis López.

Esas raíces sanas aún parte del cuerpo armado en regresión, están conscientes del efecto de penetración que incide en los profundos traumas de su imaginario militar, no obstante que quienes ingresaron a las academias militares venezolanas tiempo ha, forman parte de la buena ciudadanía de la República –y pudieran acercarse a comprender que debido a esta acción política de Alexis López- motorizaría el derecho a reaccionar y que aflore su gentilicio ciudadano, sus valores, principios y ética. La carga acción del General Alexis López, Secretario del CODENA, pudiera ser el mejor estímulo para que hombres en uniforme digan presente y pudiera multiplicarse una respuesta al sin sentido de la posible Asamblea Constituyente promovida por el hiato Maduro-Padrino.

La acción política de Alexis López muestra de manera palpable una diferencia, un hombre de armas que aún en condición de retiro rememora su Academia Militar, su juramento en la entrega de la daga, juramento al recibir el sable y sobre todo su responsabilidad ante la sociedad civil. Sociedad civil de la cual deviene y a la cual regresa, y hoy en su instante de regreso crece en su interior una irrupción de su responsabilidad frente a la sociedad y a la historia. Con su acción política casi muestra la posibilidad de una invitación para que de manera racional, pacífica e inteligente las raíces sanas puedan internalizar el contenido de su acción para construir una respuesta masiva que espera la República de quienes son responsables por la defensa del Estado-Nación.

Es original,

Dr. José Machillanda

Director de CEPPRO

@JMachillandaP

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Cuando se ha ejercido la docencia porque un conjunto de jóvenes nos permitió el privilegio de haberles transmitido algunos conceptos científicos acoplados a unos cuantos valores morales, sentimos como si le hubiésemos impartido enseñanza a todos los jóvenes de Venezuela; por lo tanto, la muerte de un joven estudiante, independientemente que le hayamos dado o no clase, nos llena de un dolor tan profundo que habrá que aprender a transmutarlos por la frecuencia como se están presentando.

Ellos cayeron, por haber ejercido el derecho que tienen a soñar y aspirar a un mejor país y a una patria como magistralmente la describió el poeta del pueblo venezolano Andrés Eloy Blanco:

La Patria lo es todo: lo grande y lo pequeño; lo que pasa y lo que perdura; las realidades y los sueños; toda la alegría y todo el dolor de la vida. La Patria es el pecho de la madre que nos alimenta, el brazo del padre que nos sostiene, la cabeza blanca del abuelo que se inclina ante la inocencia de un niño, la diestra del sacerdote que nos bendice y la palabra del maestro que nos siembra de luz el pensamiento"
Quizás, los hombres que accionan estas armas en contra de la vida de estos jóvenes, provienen de las raíces más profundas del pueblo venezolano: razón y propósito de sus luchas; pues, ¿Quien no quiere al pueblo con pasión de carbonario cuando se tiene 18 años?
Finalmente, vaya la letra de la canción “Cuando un Amigo se va” compuesta por Alberto Cortez como un modesto homenaje a todos aquellos jóvenes estudiantes que con rumbo fijo y velocidad constante, volaron hacia el Reino de los Cielos.

Cuando un amigo se va queda un espacio vacío
que no lo puede llenar la llegada de otro amigo.
Cuando un amigo se va queda un tizón encendido
que no se puede apagar ni con las aguas de un río.
Cuando un amigo se va una estrella se ha perdido
la que ilumina el lugar donde hay un niño dormido.
Cuando un amigo se va se detienen los caminos
y se empieza a revelar el duende manso del vino.
Cuando un amigo se va queda un terreno baldío
que quiere el tiempo llenar con las piedras del hastío.
Cuando un amigo se va se queda un árbol caído
que ya no vuelve a brotar porque el viento lo ha vencido.
Cuando un amigo se va queda un espacio vacío
que no lo puede llenar la llegada de otro amigo.”

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La “guerra popular” es uno de los mitos favoritos de los “revolucionarios”. Es una figura de raigambre rural, reminiscente de guerras campesinas contra crueles terratenientes. En el imaginario comunistoide, se invoca la gesta del octavo ejército de ruta durante la Gran Marcha liderada por Mao Dzedong, o la guerra del Vietcong contra la ocupación estadounidense de lo que era Vietnam del Sur. En Venezuela, la mitificación de Ezequiel Zamora (“General de hombres libres”), hizo de la batalla de Sta. Inés un antecedente “popular”, anti-oligárquico, de la lucha anti-imperialista, que tanto provecho le sacó el “eterno”. Una muestra de hasta dónde llegó lo ridículo de este afán, se aprecia en la amenaza de Chávez en 2006 a eventuales invasores yanquis en su programa Aló Presidente Nº 251:

Por allá (en Bolívar) un capitán, ¿saben lo que me dijo?... Comandante, tengo 500 indios que lanzan unas flechas y le ponen en la punta el veneno ese, curare. … Esos indios no pelan a 200 metros. La flecha hay que lanzarla con viento a favor y el indio sabe cómo es. Yo no he tenido tiempo de practicar, pero voy a hacerlo con arco y flecha. Si a algún gringo invasor hubiera que meterle un flechazo aquí (señala con un dedo en el cuello), con curare del bueno, en 30 segundos usted está listo querido gringo, usted estaría listo. (…) Con arco y flecha los indios tuvieron en jaque a los españoles durante siglo y medio desde las montañas que rodean a Caracas, ideales para la guerra de resistencia…”[1]

Lo cierto es que la fulana “guerra popular” entró a formar parte de la doctrina militar de nuestra (¿?) Fuerza Armada. ¿Y cómo se ha preparado el contingente castrense para esta eventualidad?

La evidencia nos indica que, entre los preparativos de la “guerra popular” en Venezuela, está la importación de tanquetas nuevecitas, equipadas con paneles que cierran calles y con dispositivos bélicos; “ballenas” capaces de arrollar y lesionar personas con chorros de agua a altísima presión; bombas lacrimógenas a montón, mejor caducas para mayor efecto tóxico; escopetas que disparan estas bombas y todo tipo de proyectiles metálicos; bastones y cachiporras; e indumentaria de tortugas ninja, con escudos de flexiglass, que protegen a los valientes guardias contra viejitas y jovencitos desarmados. En contraste, se prohíbe la importación privada de máscaras antigás, cascos y otros bienes que pudiesen ser usados por aquellos desalmados que pretenden protegerse de los “gloriosos” GNB. Porque la guerra en que se viene preparando la Fuerza Armada es “popular” porque es contra el pueblo.

Entre las tácticas de esta guerra contra el pueblo está el cierre de muchas estaciones del metro para incomodar a los caraqueños, el bloqueo de calles para impedir el desplazamiento de automóviles y buses, y la destrucción de puentes a la autopista que el mismo gobierno construyó hace poco para aliviar el congestionamiento vehicular. Todavía peor son las arremetidas, disparando y lanzando bombas lacrimógenas indiscriminadamente, contra edificios residenciales y barriadas populares, en las que someten a sus pobladores -incluyendo ancianos y niños- a asfixias y atropellos crueles. En estas salvajadas no se salvan centros comerciales y clínicas, ni los heridos (y enfermos) ahí atendidos.

Para estos militares (y PNBs) depravados, el ciudadano se ha transformado en objetivo de caza. Todo es válido. Alimentan sus escopetas con metras de metal, tornillos y clavos para que la investigación balística no sepa con qué arma fue asesinado un manifestante. Saquean negocios y apartamentos, abusan de mujeres a quienes detienen y les roban celulares, dinero y otras pertenencias como “trofeo de guerra”. Amparan y alientan a colectivos de sicópatas armados -los fascii di combattimento de Maduro- para asesinar y perseguir a quien pueda asomarse a protestar por sus derechos, y colocan francotiradores agazapados en azoteas de edificios cercanos a donde han sido convocadas protestas, para que el trabajo sucio no les sea achacado. Detienen arbitrariamente a cualquier manifestante y lo someten a juicio militar por “asalto a centinela”, “ofensa a la fuerza armada” u otras ridiculeces. Por último, torturan a detenidos y los vejan con todo tipo de crueldades y bajezas, como si se tratara de saldar afrentas entre caudillos montoneros del siglo XIX.

Y uno se pregunta, ¿son éstas “nuestras gloriosas fuerzas armadas”? ¿Las que supuestamente son “herederas del Ejército Libertador”? La crueldad y malicia exhibida por muchos de los Guardias y/o Policías Nacionales contra los muchachos, capturados en tantos videos, desafían toda comprensión. Al comienzo, se corrió la especie de que eran cubanos disfrazados. Luego, que la ministro Varela había soltado a criminales para lanzarlos, vestidos de Guardia, contra los manifestantes. Tristemente, la verdad es bastante más fea: son venezolanos egresados de escuelas militares “bolivarianas”. ¿Cómo fueron formados? ¿No tienen familia, madre, hijos? ¿Viven en Marte para no entender lo que está pasando?

Auxilia a nuestras mentes perplejas la explicación de Hannah Arendt sobre la terrible banalidad del mal. Pero es menester algunas precisiones referentes a la situación venezolana actual. Toda empatía con la población venezolana objeto de estas atrocidades ha sido deliberadamente destruida descalificando a los manifestantes como “desestabilizadores de ultra-derecha”, “traidores” o, incluso, de “fascistas”. Los conceptos en sí no importan -estos criminales ignoran su significado- sino su uso como etiquetas hacia donde canalizar el odio. ¿Qué sentido tiene, para un proyecto tan primitivo y retrógrada como el de Maduro, descalificar a otros de “ultra-derecha”? ¿En qué mente cabe que los “fascistas” son los que salen a manifestar pacíficamente y no los gorilas que los reprimen salvajemente? Como en el caso nazi, el uso de epítetos denigratorios sirve para quitarle todo viso de humanidad al otro, degradarlo de manera de facilitar su aniquilación. No hay fundamentación racional de tan brutal represión, sino ponzoñosos resentimientos viscerales. Se atropella, no gente de carne y hueso, sino a la expresión del mal, a los “terroristas” que quieren destruir la “revolución bolivariana” y que, por ende, traicionan a la patria.

Visto así, la Guardia Nacional asume la función de ejército de ocupación en urbanizaciones y barriadas, conquistadores de un territorio en el que residen pobladores enemigos que constituyen un peligro y que es menester aplastar. P’al carajo la admonición del Libertador, “Maldito el soldado que empuñe su arma contra su propio pueblo”, pues no pertenecemos, no somos pueblo sino habitantes extraños. De ahí que para ellos pierde todo sentido lo dispuesto en el artículo 68 de la constitución:

Los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a manifestar, pacíficamente y sin armas, sin otros requisitos que los que establezca la ley.

Se prohíbe el uso de armas de fuego y sustancias tóxicas en el control de manifestaciones pacíficas. La ley regulará la actuación de los cuerpos policiales y de seguridad en el control del orden público.”

Ese es el cruel legado de los simbolismos maniqueos que animan ese odio para defender, a sangre y fuego, a la oligarquía expoliadora que ha destruido a Venezuela. “Justifica” el uso de los medios de violencia del estado para aplastar las garantías constitucionales y librar una guerra de rapiña contra el país. ¿Es ésta la “guerra popular” con que se caen a embustes en los cuarteles para disfrazar sus semejanzas con los Pinochet, Videla y Somoza, que tanto han azotado el continente?

Generales Benavides, Reverol y González López, son demasiadas las evidencias, testimonios y videos de las atrocidades cometidas. ¿Detrás de qué clichés “revolucionarios” van a intentar esconderse para negarlos y evadir sus culpas? Y usted, Gral. Padrino López, no basta con haber reconocido, ¡al fin!, que la Guardia Nacional comete atrocidades. Si no procede en consecuencia a imputar a los esbirros responsables por asesinato y/o graves violaciones a los derechos humanos y a desmarcarse de este régimen fascista, usted también es cómplice. ¿Hasta cuándo defender lo indefendible?

Economista, profesor de la UCV.

humgarl@gmail.com

[1] Citado en el artículo de Pedro Llorens, “Usted está listo, querido gringo”, El Nacional, Pág. A-8 02/04/06.

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Alberto Hernández

Crónicas del Olvido

El personaje se retuerce entre las líneas del texto. Se sacude el polvo de algunos adjetivos. Revisa sus acciones. Escoge los verbos y sale como cualquier intruso.

Sabe que debe moverse, accionar el cuerpo. Obedecer.

El personaje, un hombre, una mujer, qué más da, suele calmar su ansiedad mientras usa un arma de fuego. O un cuchillo. Total, el resultado será el mismo.

Se viste, se pone el uniforme. Se revisa los granos de la cara. Mira sus ojos. Se los cubre con unos lentes negros y sale al mundo.

Ingresa al cuartel donde recibe las órdenes. Entonces es otro.

Ya no es el mismo personaje. Ha cambiado de rol. No es el anterior en un texto, preparado para manipularlo como una marioneta y convertirlo en un joven apuesto que alcanzaría la felicidad al lado de una morena que siempre lo llevaba al cielo.

No; ahora es Pérfido, así lo llaman y así atiende cuando lo nombran.

Sube a su gran motocicleta multiplicado en varios vestidos como él. Conducen con aspavientos y una extraña alegría en las entrañas. Entonces se topan con otro grupo de uniformados en el encuentro de cuatro esquinas para llevar a cabo la emboscada.

Unos en motos. Otros en tanquetas que también lanzan humo y agua.

Pérfido es feliz. Está en su ambiente. En su elemento.

No es un sujeto de ficción. Se ha salido del libro que algún soñador ha imaginado. El personaje se le ha ido de las manos. Ya no será el galán. No es el conquistador bajo una ventana o sentado al lado de su chica frente a la gran pantalla donde existen otros en la imagen del amor y los colores, como pretendía el escritor de telenovelas.

Pérfido cabalga bien. Hace cabriolas con su caballo de metal. Traspasa calles, praderas, avenidas, desiertos, llanos, montañas, semáforos, intersecciones. Lleva detrás de la máscara que lo representa una sonrisa que sólo él puede concebir como parte de su futuro.

(***)

Pérfido vuelve a casa. Su traje de civil lo muestra como un ciudadano decente. Carga una bolsa de caramelos. Chucherías para los niños. Y un cuadrado de chocolate para su mujer.

(***)

De nuevo sobre el caballo de metal. La rutina.

La calle incendiada. El humo. Los gritos y los cuerpos en el piso caliente de la autopista. Sombras enmascaradas. Muchachos que saltan como liebres y devuelven las bombas con la misma rapidez del viento. Las balas, los perdigones.

Y un pecho abierto. “Commotio cordis”. Se ven las costillas rotas, el corazón detenido. Un agujero oscuro.

Pérfido ha disparado con su escopeta de escupir lacrimógenas. Y ha dado en el blanco.

El día se recuesta de su espalda. Está contento: aprobó el examen de puntería.

Sonríe y bromea con su vecino de motocicleta, un catire bachaco a quien le dicen el Muérgano.

En el cuartel nadie tiene un apodo simpático. Nadie.

Pérfido retorna a su rincón de soldado. Se desviste. Se despoja del casco. Se lava la mirada de la calle y se estruja la piel para parecerse al otro que quiere ser pero no puede.

(***)

Vuelve a casa y enciende el televisor. En la misma calle, en la que estuvo hace rato, el cuerpo de un muchacho. Almuerza mientras su mujer le sirve una cerveza. Sus hijos pequeños comen sentados en el piso frente a la pantalla. Ven la película diaria de una guerra en la que su padre es uno de los héroes.

Pérfido pierde la sonrisa. Una cámara lo capta en el momento en que dispara la lacrimógena. La cámara sigue la elipsis del proyectil. La imagen queda detenida un instante –en cámara lenta- cuando el objeto da en el pecho del muchacho flaco. Sus ojos se quedan detenidos cuando brota la sangre. Cuando la bomba abrió el agujero en el pecho del carajito.

Se llevó la cerveza a la boca y uno de sus ojos dejó caer una gota producto del trago de licor.

-Bueno, estaba atravesado- dijo en voz muy baja.

Su mujer se levantó de la silla y lavó los platos. Pérfido eructó y se fue al recibo para ver más de cerca el espectáculo. Estaba feliz. Era un personaje de película.

El video de una televisora extranjera había penetrado la censura y él era parte de la curiosidad de un aficionado que lo descubrió.

Ahora no sonreía. Un insecto peludo se le movía bajo la piel. El escalofrío. El miedo.

-En todo caso, se dijo frío, mañana será otro día.

Y se acostó a dormir, porque de noche el sueño aparta los fantasmas del día.

En la cama, mientras el texto cerraba la historia, el personaje fue atrapado por las espinas de un gerundio.

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