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Opinión

Veo a Juan Requesens y recuerdo a Gloria Martin a todo pulmón tarareando el himno de los presos políticos: "Presos están irreductibles son, levantan bandera de redención". Recuerdo al camarada y amigo ya desaparecido Napoleón Barreto. De donde los recuerdo. De nuestra condición de prisioneros políticos, recluidos en una quinta clandestina que mantenía el SIFA allá en Carabobo a las orillas de la Laguna de Guataparo. Como no recordar al Napo, si después de haberme tenido bajo tortura con corriente y demás menesteres típicos de los militares, me llevaron ante él para que dijera que me conocía.

Napoleón estaba guindado desde una viga que atravesaba el techo, todo su cuerpo sajado y quemado por los corrientazos. Eran los días del “asesina primero y averigua después”. Napoleón Barreto salió de esa tenebrosa quinta rumbo al San Carlos y quien escribe al Campamento Antiguerrillero de Yumare (Teatro de Operaciones N°5 -TO5). A mí se me preguntó hasta al cansancio y al ritmo de la tortura si conocía a Kleber Ramírez y al comandante Fausto, a quienes por cierto al salir en libertad, por esos correajes propios que teníamos en el PRV-FALN lo primero que hice fue ir a verme con ellos allá en Mérida.

Volvió la Tortura a la política venezolana. Siempre ha estado presente. Desde Juan Vicente Gómez con sus famosos grilletes, pasando por la oprobiosa dictadura perejimenista hasta llegar a los terribles días de los regímenes de AD y Copey, donde se instauró la modalidad de los asesinatos bajo los estragos de la tortura y su posterior desaparición del cadáver. Siempre nuestros gobiernos han impuesto el régimen de la tortura.

Con el gobierno del desaparecido Hugo Chávez, esa mancha oscura había desaparecido. A decir verdad, Chávez fue cuidadoso en eso de las violaciones a los derechos humanos a sus presos políticos, sino pregúntenselo a Capriles, quien fue su prisionero y nunca salió a denunciar haber sido víctima de tortura o tratos crueles, pero a raíz de la llegada de Nicolas Maduro al gobierno reaparecieron las denuncias de prisioneros políticos sometidos a tratos crueles para sacarles información y obligarlos a delatar a sus compañeros de faenas políticas legales o ilegales.

La famosa y tenebrosa tumba esta allí como emblema de un régimen con prácticas terribles de vejámenes a la dignidad humana, que se llevará el torturador Nicolas a su tumba. Cachipo, T03, TO5, Jorge Rodríguez, Cuartel San Carlos, Noel Rodríguez, los hermanos Pasquier y Soto Rojas recuerdan la era ignominiosa de violación de los derechos humanos en la cuarta república.

El último desaparecido político de los regímenes de la cuarta república, fue "Tabanuco" Rogelio Gamarra, lo recuerdo cuando salió de mi casa rumbo a Falcon y no volvió más. En el momento de su aprehensión por una Comisión de los cuerpos represivos del gobierno de turno en una Alcabala vía la serranía de Cabure, nos declaramos en emergencia y salimos en comisión Ali Rodríguez, José Guerra y mi persona a casa de José Vicente Rangel, quien de inmediato se puso a la orden para denunciar su detención.

El gobierno copeyano lo presentó a los medios de comunicación, moribundo por los efectos de la tortura y lo desapareció. Te acuerdas José Vicente, eran días duro de aquella militancia intensa y riesgosa por la liberación nacional y el socialismo, donde por cierto el tal Maduro ni aparecía de repartidor de volantes clandestinos.

Volvió la tortura de manos de Nicolas Maduro, quien lo diría, para vergüenza, si todavía la tienen, de Ali Rodríguez, Julio Escalona, Julio Chirino, Saul Ortega, Roy Daza, Fernando Soto Rojas y el resto de quienes aún acompañan a este defraudante gobierno del terror, instaurado y dirigido, no solo por Nicolas, sino por los hijos de quien muriera torturado bajo las órdenes del Ministerio de Relaciones Interiores de un gobierno adeco.

Cuando veo Juan Requesens, y no tengo porque poner dudas su irreductibilidad, me es inevitable recordar a Napoleón Barreto, quien a los días de mantenernos presos, el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA) no quiso sacar unas fotos incriminatorias, adornada con uniformes guerrilleros y pertrechos militares, y aun bajo los rastros de la tortura, les dijo a uno de nuestros esbirros: Okey sácanos la foto digepolesca a Zabala y a mí, pero no al lado de ese delator, que nos trajo hasta aquí.

Cuando veo a ese muchacho, José Vicente, lleno de mierda por efecto de la tortura, maldigo la hora, porque sea precisamente a nombre del socialismo y la patria, y no de su fascismo, el que Nicolas Maduro y sus secuaces, quieran esconder sus crímenes y el regreso de la tortura como mecanismo de dominación política. Haz algo José Vicente, como en los viejos tiempos, ellos son también prisioneros políticos, sea cual sea la causa de su detención, y muchos son irreductibles como nosotros y ese joven Juan Requesens.

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l papa Francisco, hace algunos días, ha hecho pública su declaración de modificar el catecismo de la Iglesia Católica, cuyo texto de 1992 dejaba abierta la posibilidad de admitir la pena de muerte en circunstancias extremas o hechos excepcionales de particular gravedad.

Ya el cardenal Ratzinger había planteado la necesidad de revisar la materia conforme a la doctrina de la Evangelium Vitae de Juan Pablo II.

La Iglesia Católica –en su permanente reflexión, comprometida con los valores y derechos humanos, en defensa de la vida, contra cualquier manifestación de amenaza o puesta en peligro de la dignidad del hombre– ha rectificado la posición sostenida por grandes pensadores como San Agustín o Santo Tomás, quienes defendieron la pena capital como última o extrema ratio para defender a la sociedad y en aras del bien común, por la exigencia de amputar un miembro que no tiene curación, pero que podría contaminar a los demás o por el pretendido efecto disuasivo, de intimidación o de advertencia eficaz para que otros no incurran en graves delitos.

Todos estos argumentos ceden ante el respeto y preservación de la dignidad del ser humano, de la cual no se puede despojar sin más a quien ha cometido un delito por más atroz que este sea. El bien común no puede dejar a un lado la dignidad de la persona y la pena capital, aun por la denominada vindicta pública, es venganza y no justicia.

Por lo demás, la pena de muerte carece de toda utilidad, por cuanto no surte efecto alguno su amenaza en los hechos de mayor atrocidad en los cuales el delincuente actúa en situaciones de alto compromiso emocional o franca perturbación; además, la justicia humana es altamente desconfiable y proclive a errores y, sin duda, la historia y el recuento de su aplicación deja en claro que los ajusticiados han sido el producto de una sociedad que los impulsó al delito y no les dio la oportunidad de convertirse en hombres útiles.

Como se ha dicho, tal vez el mayor argumento contra la pena de muerte es que no hay ningún argumento a su favor. Pero, aparte de las disquisiciones formales, el respeto a la vida y a la dignidad del ser humano hace patente hoy el más enérgico rechazo a su aplicación.

Finalmente, no cabe concluir esta nota sin la acertada observación ya formulada en 2014 por el propio Francisco sobre la práctica de muchos Estados que “quitan la vida no solo con la pena de muerte y con las guerras”, sino encubiertos “bajo la sombra de los poderes estatales”, siendo las ejecuciones extrajudiciales “homicidios deliberados cometidos por algunos Estados o por sus agentes, que a menudo se hacen pasar como enfrentamientos con delincuentes o son presentados como consecuencias no deseadas del uso razonable, necesario y proporcional de la fuerza para hacer aplicar la ley” (Discurso del 23-10-2014).

aas@arteagasanchez.com

@ArteagaSanchez

13 de agosto de 2018

http://www.el-nacional.com/autores/alberto-arteaga-sanchez

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La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), define la seguridad alimentaria como la condición en la que, en un lugar determinado, todas las personas tienen, en todo momento, acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimenticias y poder llevar así una vida activa y sana. Por lo tanto, debe haber disponibilidad, acceso y consumo adecuado. La seguridad alimentaria se puede considerar de acuerdo a diferentes escenarios y niveles de análisis, pero el familiar es el que reviste la mayor importancia.

En Venezuela, la alimentación como derecho constitucional, está claramente establecida en el artículo 305 de la constitución de 1999: “El Estado promoverá la agricultura sustentable como base estratégica del desarrollo rural integral a fin de garantizar la seguridad alimentaria de la población”. Así, queda suficientemente establecido que el acceso a una alimentación suficiente y de calidad no es una concesión que gobierno alguno hace a los ciudadanos, es una condición a la cual tienen derecho; todo gobernante está obligado a realizar los esfuerzos que sean pertinentes para garantizarla. Sin que para nada tenga que ser necesario depender de programas especiales o “misiones” para intentar remediar problemas de seguridad alimentaria que el propio gobierno que los implementa ha causado. Los alimentos, su acceso y distribución no deben ser jamás utilizados por gobierno alguno como instrumento de presión política para intentar forzar el apoyo del pueblo, mucho menos para su sometimiento.

Analizando el terrible estado de la profunda crisis actual, a la que han conducido las equivocadas y desastrosas políticas económicas del gobierno, durante un período de casi 20 años, es más que evidente que éste no ha cumplido con su obligación de garantizar a los venezolanos un derecho tan fundamental como el de la seguridad alimentaria. La alta y sostenida inflación, transformada luego en hiperinflación, ha multiplicado aceleradamente el empobrecimiento de la población. Para mediados de julio de 2018 el 87 % de los venezolanos vivía en condiciones de pobreza, y más del 60% en pobreza extrema. El hambre y la desnutrición atormentan a la población. Nunca fuimos tan pobres y estuvimos tan desprotegidos como hoy en día. La inseguridad alimentaria como condición permanente hace vulnerable no solo a las personas y las familias, sino que el país entero es también vulnerable.

La precaria situación de la seguridad alimentaria en Venezuela, caracterizada por la excepcional subida del precio de los alimentos, el desabastecimiento y la escasez, fue precedida por numerosas decisiones, decretos y medidas administrativas que, en suma, le dieron al gobierno un enorme control sobre todos los eslabones de las cadenas agroproductivas. Se trataba, de una u otra manera, de dominar para su uso político la producción, importación, distribución y comercialización de alimentos. Entre las principales causas del profundo deterioro sufrido por la seguridad alimentaria, causado por la irresponsabilidad y mala gestión del actual gobierno, destacan: 1.- La acentuada caída de la producción nacional de alimentos; 2.- La insostenibilidad en el tiempo del modelo basado en grandes importaciones de alimentos, sostenido por la abundancia de petrodólares ̶ que fortaleció la llamada agricultura de puertos y debilitó aun más la producción nacional ̶ y 3.- La distorsión de la demanda real por pérdida del poder adquisitivo de la moneda. Durante algún tiempo, el régimen chavista insistió en que habían logrado la seguridad alimentaria porque se importaban alimentos con los dólares de la riqueza petrolera; hasta que la contundente realidad hizo evidente que estaban mintiendo. Lo que si se logró fue alimentar groseramente los bolsillos de la corrupción. Mención aparte merecen los problemas de gobernanza; es decir, de la eficacia del gobierno como administrador del Estado para el funcionamiento armónico de la institucionalidad, traducido en términos económicos, sociales y políticos de bienestar. De esta condición suele depender la consecución de la seguridad alimentaria de un país o, por el contrario, su estruendoso fracaso; como es el caso venezolano en el presente.

Lograr la seguridad alimentaria es una labor que involucra directamente a los gobiernos, que deben crear las condiciones necesarias, implementando las políticas económicas, de producción agrícola y desarrollo social que sean necesarias; también el sector de la pesca debe ser considerado. Es imprescindible una gestión de gobierno eficiente, que cambie los viciados procedimientos y el desastroso modelo de desarrollo que hasta ahora se ha estado imponiendo. Se necesita una importante transformación del sistema agrícola y del sector agroindustrial para aumentar significativamente la producción y calidad de alimentos disponibles, y así poder hacer frente a la actual situación. Un cambio de gobierno y de sus paradigmas ideológicos es requisito obligatorio para rectificar el camino
Profesor, Facultad de Agronomía, UCV

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Carlos Raúl Hernández

Según una tradición española, el “capitán araña embarca a la gente y se queda en la playa”. Cuando ya es muy difícil para mí dudar que hubo un atentado terrorista en la Av. Bolívar, el caso drone sirve para construir modelos de lo que no se debe hacer. La acción terrorista masiva, que implicaba una masacre en la tribuna para producir un caos interno en el país, revela niveles de imbecilidad desconocidos en la política venezolana. De morir ese día un centenar de personas entre políticos y militares ¿qué habría pasado? ¿Hubiera caído el poder en manos de los atolondrados, como aspiran quienes asumieron autorías y/o conocimiento previo del asunto?
¿O habría una especie de Guerra Federal, un desencadenamiento arrollador de violencia, un aguacero de sangre? En situaciones homólogas la historia enseña que se producen oleadas de asesinatos, violaciones, saqueos, incendios, pases de factura, invasión de hogares por las turbas. El poder hubiera quedado en militares, pero también en bandas de delincuentes, el narcotráfico, las guerrillas, y no, como creen algunos acéfalos, que los uniformados hubieran buscado para entregarles los mandos, precisamente a quienes llevan 20 años denigrándolos.

Como las redes son un sicoanálisis, el acontecimiento que la torpeza del gobierno tornó dudoso, lo aclaran declaraciones impresentables desde Miami y Bogotá, si se toma la molestia de leerlas pese a su patetismo. Ud. podrá comprobar el grado de sicopatía del capitán araña, sujeto de apellido italiano que se declaró héroe de la acción pero vive en Miami. Violencia, descomedimiento, cobardía, egocentrismo, mitomanía, carencia de sentido de la realidad, incapacidad de cuidar a los que están detrás de las consecuencias de sus actos.

¡Dispara a lo que se mueva!

Con su demencia abrió camino a la cadena de allanamientos y razzias, y es corresponsable directo de las detenciones, una vez que rastrearon sus llamadas. Es muy cómodo asumir acciones terroristas descabelladas offshore sin preocuparse por arrastrar a la tragedia a un grupo de muchachos que tendrían otro destino. Pero por su lado el gobierno no cesa de equivocarse y su primera reacción es acusar a todo lo que se mueve: la oposición, hoy sin cuerpo ni cabeza y que son mil cosas distintas, la oligarquía colombiana, el Presidente Santos, la propia Colombia, los norteamericanos y todo lo que recordaran en la vociferación de incoherencias.

Debían estudiarse metódicamente las alocuciones de los líderes civilizados durante las frecuentes acciones terroristas en Europa, por ejemplo, para que aprendan que la primera contraindicación es meter en el mismo paquete a quienes también repudian semejante bribonada. La respuesta debe ser cuidadosa para aislar a los autores. El Presidente López Contreras dijo una vez, para retratar nuestra arrogancia nacional, que “todo venezolano lleva en el morral un bastón de mariscal”. Pero se equivocó porque, al parecer, lo que portamos es el retrato de un terrorista islámico.

Para demostrarlo, aparece en las redes un grupo de mamarrachos con armas largas y pasamontañas, envueltos en un tricolor que ha llegado a ser emético. Tal despliegue de poder hubiera hecho temblar como hojas al grupo Swat que acabó con Bin Laden en Pakistán, momento en el que Hillary no pudo reprimir un ¡upss! Hasta ahora, gracias a Dios, no han cazado ni un pato y esperemos que sigan así. Menos mal que somos mariscales o terroristas por la jeta nada más, como el mencionado capitán araña que embarcó a todo el mundo y se quedó en la playa.

Los medios justifican el fin

Maquiavelo jamás escribió que el fin justifica los medios, aunque seguramente le pasó por la cabeza, pero debe haber evaluado las consecuencias de consagrarlo en el papel. Lo que sí es cierto es, al revés, que los medios determinan el fin y procedimientos sucios llevan a resultados sucios. Dejemos a Mohamed Atta, con sus cientos de huríes, prostitutas del más allá, creer que construiría el reino de Alá asesinando personas en las Torres Gemelas de N.Y. Capriles al contrario hace una declaración de la que merece rescatarse lo que apunta a la razón: la necesidad de entablar con el gobierno conversaciones, para él testificadas por la ONU.

De inmediato lo desautoriza otro dirigente de ¿su partido? a quién, de paso, aprecio sobremanera, y que califica el planteamiento de “extemporáneo”, si no hay previos “mecanismos duros, fuertes, de presión al gobierno”. Esto dice mi amigo después de dos años y siete meses de palizas consecutivas de Maduro que nos tienen caminando con muletas. La palabra transición se ha convertido para mí desde 2002 en uno de esos términos aterradores, tabú, que anuncian desventuras, dan jaqueca y taquicardia, y es mejor hacer una transición que envejecer hablando de ella.

Y cada vez que se celebra el advenimiento de “la transición” terminamos en un hospital político con polifracturas. Un filósofo y sicoanalista de actualidad, Slavoj Zisek, también con gran sentido del humor, contaba una anécdota. De visita en China, a su grupo le tocó una bella y sensual guía cantonesa, que casualmente lo había sido también del expresidente Clinton. La semana de su recorrido, Zizek estuvo a la ofensiva tratando de seducirla con insinuaciones y juegos verbales. Al final de la gira, le preguntó a la mujer qué pensaba de Clinton, y ella respondió. “Ud. y él tienen en común el interés por el sexo. La diferencia es que Ud. habla pero él lo hace”.

@CarlosRaulHer

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Espacios seguros para la juventud, es el slogan que promueve la ONU para este 12 de agosto de 2018 en ocasión de celebrar el Día Internacional de la Juventud, el cual fue declarado así desde el año 1999 por la Asamblea General de la ONU.

Para la ONU, con esta celebración anual, se busca promover el papel de los jóvenes como actores esenciales en los procesos de cambio y crear una oportunidad para generar conciencia sobre los desafíos y problemas a los que se enfrentan.

Atendiendo a la invitación a reflexionar este año sobre los espacios seguros, la página oficial de la ONU en esta ocasión, recuerda que la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, específicamente el Objetivo 11, plantea la necesidad de proporcionar espacios para una urbanización inclusiva y sostenible, y en ese mismo sentido, la Nueva Agenda Urbana, reitera la necesidad de espacios públicos que permitan a los jóvenes, interactuar con la familia y tener un diálogo intergeneracional constructivo.

Además, el contenido de esa página también destaca la existencia de un Programa Mundial de Acción de la Juventud en el marco de la ONU, en el cual se prioriza la provisión de actividades de esparcimiento como esenciales para el desarrollo psicológico, cognitivo y físico de los jóvenes.

La ONU en el marco del Día Internacional de la Juventud sostiene que en la medida que más y más jóvenes crecen en un mundo tecnológicamente conectado, ellos aspiran a involucrarse más en lo político, cívico y social, es por ello que la disponibilidad y acceso a los espacios seguros se convierten en un elemento clave para hacer esto realidad[1].

Para el Secretario General de la ONU[2], las esperanzas del mundo están puestas en la gente joven. La paz, el dinamismo económico, la justicia social, la tolerancia: todo esto y más depende, hoy y mañana, de que aprovechemos la energía de la juventud.

Sin embargo -advierte Guterrez- más de 400 millones de mujeres y hombres jóvenes viven en entornos de conflictos armados o violencia organizada. Millones de ellos sufren privaciones, hostigamiento, acoso y otras violaciones de sus derechos. Las mujeres jóvenes y las niñas son particularmente vulnerables.

Concluye el Secretario General, que la gente joven de todo el mundo necesita espacios seguros: espacios públicos, cívicos, físicos y digitales en los que poder expresar sus opiniones y perseguir sus sueños libremente.

Por su parte, Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO[3], en su mensaje oficial por el Día Internacional de la Juventud, destaca que cuando se habla de garantizar espacios seguros a los jóvenes, lo que se persigue es crear condiciones para el desarrollo armonioso de la personalidad y asegurar un clima de confianza en el que puedan expresar libremente su potencial y fortalecer su autoestima.

Además, aclara que esos espacios, en sentido amplio, son todos los lugares y entornos donde los jóvenes interactúan entre sí. En primer lugar, son los espacios de aprendizaje y formación como escuelas, colegios, universidades. Son también lugares de encuentro dedicados al ocio y al deporte, los espacios públicos y políticos en los que los jóvenes deben poder experimentar libremente su ciudadanía y los espacios urbanos que deben proporcionar un entorno de calidad.

También, se incluyen los espacios virtuales, digitales y las redes sociales que atraen a los jóvenes desde muy temprano y los que participan activamente.

Azoulay afirma que es esencial y fundamental garantizar la inclusión, como principio, más allá de las diferencias de género, cultura, idioma y religión, y velar por el respeto de la libertad de expresión y la dignidad de todo.

Además, también recuerda que es indispensable, eliminar la discriminación, el acoso y todas las formas de violencia, y ayudar a prevenir los intentos de adoctrinamiento.

En ese sentido, oficialmente el Instituto de Juventud Español[4] en su plataforma web reconoce que los jóvenes necesitan espacios seguros donde puedan reunirse, participar en actividades relacionadas con sus diversas necesidades e intereses, participar en los procesos de toma de decisiones y expresarse libremente.

Así mismo, destaca esta institución española, que hay muchos tipos de espacios, los espacios seguros garantizarán la dignidad y la seguridad de los jóvenes. Los espacios seguros, como los espacios cívicos, permiten a los jóvenes participar en cuestiones de gobernanza; los espacios públicos le brindan a los jóvenes la oportunidad de participar en deportes y otras actividades de ocio en la comunidad; los espacios digitales ayudan a los jóvenes a interactuar virtualmente a través de las fronteras con todos; y espacios físicos bien planificados pueden ayudar a satisfacer las necesidades de los jóvenes diversos, especialmente los vulnerables a la marginación o la violencia.

Si bien es cierto, Venezuela celebra su propio Día de la Juventud el 12 de febrero, en conmemoración a la Batalla de la Victoria, no es menos cierto, que esta celebración internacional en este año 2018, nos debe llamar hoy a reflexionar sobre nuestra responsabilidad social y política en la restauración de un orden social que nos permita asumir la responsabilidad que hoy una generación no pudo y que consiste en garantizar espacios seguros para nuestros jóvenes.

Nuestra juventud, hoy nos ha demostrado un compromiso profundo como diputados, legisladores estadales o locales, como dirigentes políticos, emprendedores, e incluso como nuevos padres que se resisten abandonar el país; ese compromiso, ha llevado a muchos otros jóvenes a perder sus vidas, su libertad personal y a asumir el autoexilio como una necesidad, más no como una solución.

Nuestro deber actual es asumir la restauración del orden democrático como única vía posible para lograr ese espacio seguro para la juventud, pero hoy 2018, nos corresponde asumir el debate social y político, desde nuestros espacios de influencia sobre el rol de la juventud, nuestra responsabilidad frente a ellos y frente a las generaciones futuras.

Venezuela vive en estos momentos un cambio generacional complejo, porque hay una nueva generación de dirigentes políticos a quienes la vida les ha encomendado abrir el camino hacia una democracia, como modelo político que sólo conocen a través de las historias o mitos familiares, académicos o históricos.

Hay una generación de dirigentes políticos que han aprendido de la democracia de una forma muy ruda y absurda, pero que además, no tienen el privilegio de tomar un café con algún expresidente de la República que les cuente la historia de la democracia que facilitó la Constitución de 1961, pues todos los expresidentes han fallecido.

Este Día Internacional de la Juventud, debe asumirse para reflexionar y abrir un debate político sobre esos espacios de seguridad que a la luz de la Ley Orgánica del Poder Popular de la Juventud (1999), permita alcanzar el pleno desarrollo físico, psicológico, social, espiritual, multiétnico, multilingüe y pluricultural en su tránsito hacia la vida adulta, productiva, incluyendo las garantías para su capacitación, primer empleo y su participación solidaria de la familia y de la comunidad organizada.

El debate podrá valorar con elementos e indicadores concretos el fracaso del Socialismo del Siglo XXI y la clara exclusión de la juventud venezolana como actor protagónico de su propio desarrollo. Precisamente la inclusión de la juventud, de manera plural y libre, está en el lado de la democracia, en el ámbito de la institucionalidad que la Constitución de 1999 garantiza.

Hoy cuando nos invitan a reflexionar sobre un espacio seguro para nuestra juventud, sólo nos queda comprender que sólo restaurando el orden democrático lograremos alcanzar las condiciones básicas para entonces construir ese espacio seguro que nuestra juventud reclama y que la ONU invita ha tomado como referencia para reflexionar sobre la juventud hoy Día Internacional de la Juventud.

12 de agosto de 2018

[1]UN. Youthday. 12 de agosto de 2018. Online en: http://www.un.org/es/events/youthday/

[2]Mensaje del Secretario General, Antonio Guterres. 12 de agosto de 2018. Online en: http://www.un.org/es/events/youthday/messages.shtml

[3]Mensaje de Directora General de UNESCO, Audrey Azoulay. 12 de agosto de 2018. Online en: http://unesdoc.unesco.org/images/0026/002654/265429s.pdf

[4] http://www.injuve.es/prensa/noticia/dia-internacional-de-la-juventud-2018

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Dos cosas no serán hechas en este artículo: discutir sobre la legitimidad del acto magnicida y entrar en definiciones que a nada conducen. Explico a continuación ambas deliberadas omisiones.

Discutir sobre la legitimidad de un hecho es un tema moral y no político. Pues algo puede ser legítimo moralmente e inaceptable políticamente. También puede ocurrir a la inversa. Con ello no se afirma que la política no tiene nada que ver con la moral, pero siguiendo a Kant y Weber, no puede ser sustituida por ella. Eso quiere decir: atentar en contra de la vida de un dictador puede ser legítimo, pero si lleva a consecuencias que recaerán sobre personas y organizaciones no involucradas en el hecho, no es político y por lo mismo puede llegar a ser radicalmente inmoral.

Por supuesto, al autor de estas líneas no escapa que sobre el tema de la legitimidad del magnicidio hay un argumento teológico expuesto por Tomás de Aquino y mucho después por el sacerdote jesuita Juan de Mariana, ambos partidarios del derecho a rebelión.

Importa consignar que en lo que toca a Tomás, este se pronunció en su texto Gobierno de los Príncipes a favor del tiranicidio si un tirano gobierna a favor de su provecho personal y no del público. En ese caso, según el docto santo, la rebelión es legítima. La muerte del tirano, agrega Tomás, “debe ser decidida por un tribunal público”. En suma: lo que Tomás defiende no es el derecho al atentado sino el derecho a la ejecución. Son dos cosas distintas.

La opinión de Juan de Mariana es similar a la del santo de Aquino. En su libro De rege et regis institutione (1599) Mariana defiende al tiranicidio como un derecho natural cuando el tirano “sustrae la propiedad de los particulares y los saquea”. Y al igual que Tomás, como parte del derecho (natural) a la rebelión.

Cabe señalar que las opiniones de ambos teólogos no están basadas en la palabra de Cristo sino en interpretaciones del derecho natural. Sus juicios, por lo tanto, no deben ser vistos como derivados de la lección neo-testamentaria. Jesús jamás llamó a matar a nadie - razones no le habrían faltado- ni siquiera a los más terribles tiranos. La lógica de Tomás y la politicidad de Mariana no pueden, y para un cristiano no deben, ser consideradas como un legado, en el estricto sentido del término. Y hasta aquí con el tema de la legitimidad.

En lo referente al tema de las definiciones, importa anotar que un magnicidio se define en términos generales por un acto que consuma la muerte de un alto representante del poder, independientemente a que el muerto sea una personalidad magna o no. En el mismo sentido ya hemos visto que el magnicidio puede ser cometido a través de dos vías. Por ejecución o por atentado. El magnicidio por ejecución es generalmente resultado de un acto revolucionario o post- revolucionario.

En la historia moderna encontramos diversos magnicidios por ejecución. El “clásico” fue el de Luis XVl después de ser capturado en Verennes. Su ejecución (21.02.1793) fue el resultado de una discusión entre girondinos y jacobinos. Los primeros levantaron la tesis de la continuidad histórica de la nación. Los segundos, la de la ruptura. Al fin los jacobinos lograron imponerse. La idea de cortar la cabeza al rey tenía evidentemente un carácter simbólico. Desde ese momento el reino de Francia sería acéfalo. Robespierre, quien durante su mandato batió todos los records de descabezamientos, lo entendió claramente. Su cáustico veredicto fue: “Para que Francia viva, Luis XVl debe morir”. El ejemplo de Robespierre hizo escuela. Luis XVl sería solo el primero en morir de modo post-revolucionario de acuerdo a dictámenes emitidos por tribunales ad hoc.

Una de las más crueles ejecuciones fue la realizada a Benito Mussolini después de haber sido hecho prisionero cuando intentaba escapar junto a su esposa (25.04.1945). El recién formado Comité Nacional de Italia dictó sentencia de muerte en juicio sumario. Después los ejecutores colgaron a Mussolini con la cabeza hacia abajo. El Comité, no contento, filmó al cadáver. Hay testimonios, Göring entre otros, que afirman que cuando Hitler vio ese filme, decidió auto- ejecutarse. No fue el primer auto-magnicidio de la modernidad.

Nosotros, los chilenos, siempre precursores de cosas raras, tenemos otro, el del Presidente José Manuel Balmaceda quien decidió poner fin a su vida después de haber visto fracasada la revolución liberal de 1891. El presidente Salvador Allende a quien gustaba mucho compararse con Balmaceda y se consideraba su continuador histórico, corrió el mismo trágico destino. Hay por cierto otros casos de automagnicidios latinoamericanos. Uno muy conocido fue el del presidente brasileño Getulio Vargas (24.08.1954) quien acosado por una oposición implacable prefirió irse a descansar al otro mundo disparándose un balazo. Justo en medio de su populista corazón.

Muy similar al de Mussolini fue el magnicidio al dictador Eugene Ceaucescu, condenado por el Frente de Salvación Nacional a morir fusilado junto con su esposa (27.12.1989) En el mismo estilo, aunque radicalizado en las formas, fue el cometido a Muamar Gaddafi después de que fuera juzgado en un par de minutos por el Consejo Nacional de Transición formado por milicianos de las tribus rebeldes de Libia (25.10.2011). Los detalles de la ejecución son tan horrorosos que nos ahorraremos las descripciones.

En suma, los magnicidios por ejecución han sido el resultado de revoluciones, revueltas o rebeliones populares. Todos fueron realizados siguiendo dictámenes emitidos por tribunales. En cierto sentido pueden ser considerados magnicidios legales. El objetivo de todos ellos ha sido marcar un punto de inflexión entre el régimen que terminó y el régimen que viene.

Distinto e incluso inverso es el caso de los magnicidios-atentados. Estos no son el producto de revoluciones sociales o políticas. Al contrario, pretenden fungir como detonantes de cambios históricos. No obstante, a diferencia de los magnicidios por ejecución, todos exitosos, los magnicidios-atentados, cuando no han fracasado, la mayoría de ellos ha terminado por generar, en los países donde han tenido lugar, condiciones aún más represivas que las que imperaban antes del atentado.

Mediante el magnicidio-atentado, sus realizadores, al eliminar a un dignatario, buscan crear condiciones favorables para su causa. De ahí que a diferencias de los magnicidios por ejecución, todos muy similares, los atentados son muy variados entre sí. Los hay desde los que solo buscan eliminar a un personaje incómodo contratando a asesinos profesionales, los que persiguen objetivos ideológicos, religiosos e incluso, los realizados por trastornados mentales, al estilo del que no alcanzó a llevarse a cabo en la ya mítica película dirigida por Martin Scorcesse, Taxi Driver (1976).

El magnicidio político más mediático de todos los tiempos fue sin duda el cometido a J. F. Kennedy (22.11.1963) Oscuros intereses de mafias norteamericanas llevaron a culpar al muy desequilibrado Lee Harvey Oswald con el objetivo de ocultar las verdaderas razones del crimen. Hasta ahora lo han conseguido. Pero todo el mundo sabe que Oswald no fue el asesino; ni siquiera el ejecutor.

De similar formato fue el magnicidio en contra del presidente sueco Olaf Palme (28.02.1986). El killer, evidentemente un profesional, no dejó huella detrás de sí. Aunque sí sospechas. Entre otros en el excelente escritor fallecido Henning Mankell quien en dos o tres novelas induce al legendario inspector Wallander a insinuar la tesis de que el asesinato a Palme fue concebido por agencias secretas de la URSS con las cuales el propio Palme habría estado en contacto. Yo creo a Mankell -intuición personal- más que a cualquier político.

Que los servicios secretos de la ex URSS actuaban sin ningún escrúpulo lo prueba el intento de asesinato al Papa Juan Pablo ll (13.05. 1981) muy comprometido con las luchas de los disidentes que actuaban -no solo en Polonia- en contra del imperio soviético. Las razones que llevaron a la KGB a contratar al asesino búlgaro-musulmán, Ali Agca, quien disparó cuatro tiros sobre el Papa, ya han sido enunciadas por diversos periodistas.

Como es posible entrever, no todos los magnicidios han sido tiranicidios. Razón por la cual hay que diferenciar entre el magnicidio propiamente tal del magnicidio-tiranicidio. Entre los últimos el más espectacular fue el plan frustrado del alto oficial alemán Claus von Stauffenberg por poner fin a la vida de Hitler (abril 1944). El tardío plan fracasó por leves detalles técnicos. Este fue solo uno de los muchos, pero el más perfecto proyecto para eliminar a Hitler. Los objetivos eran reivindicar el honor del ejército mediante un golpe militar, poner fin a la guerra y negociar una rendición con los aliados. Acerca de lo que habría sucedido si el plan hubiese sido exitoso, solo hay hipótesis y especulaciones. Lo cierto es que el fracaso de von Stauffenberg posibilitó a Hitler llevar a cabo una “depuración” radical al interior del ejército.

Entre los asesinatos cometidos con objetivos claramente políticos, a saber, los que buscan condiciones para un cambio de régimen, habría que mencionar el perpetrado en contra del dictador egipcio Muhamad Anwar Asad (6.10.1981). Como suele ocurrir en estos casos, hubo cambio de gobierno pero no de régimen. El sucesor de Asad, Husni Mubarak, continuó la línea política de Asad, la misma que actualmente continúa el general-dictador Fattah as-Sisi.

En América Latina el caso más conocido fue el atentado a Trujillo considerado como una muestra de que, bajo determinadas condiciones, un magnicidio puede llevar efectivamente a un cambio de régimen. La tesis hay que tomarla con pinzas. Por una parte, J. F. Kennedy y la CIA habían tomado la decisión de colaborar con la oposición dominicana y desembarazarse del dictador. Tanto en las universidades como en las empresas y plantaciones, pero sobre todo en el ejército, asomaban signos de rebelión. Kennedy mismo exigía públicamente la renuncia del dictador. Es decir, nada indicaba que solo por la vía del atentado era posible terminar con el trujillismo. Por otra parte, la muerte de Trujillo (30.04.1961) no produjo ninguna rebelión social como esperaban sus autores. Todo lo contrario, bajo la dirección del hijo del dictador, Ramfis, tuvo lugar espantosas masacres. La rebelión vino después, y no fue social sino militar, con la llamada “rebelión de los pilotos” (19.11.1961) que sí puso punto final al trujillismo sin Trujillo.

Probablemente inspirados en el mito del atentado a Trujillo, un grupo de jóvenes comunistas chilenos intentó tiempo después matar al general Augusto Pinochet. Casi lo logran. Pero la represión que se desató en Chile al igual que la que ocurrió en Alemania después del fallido putsch de los oficiales de 1944, fue cruel y cruenta. Aún hoy los magnicidas no se atreven a narrar lo que sucedió a sus familiares en las cámaras de tortura del régimen.

Ha habido, además de los específicamente políticos, atentados ideológicos- religiosos. El que logró un hinduísta en contra de Mahatma Gandhi (30.01.1948) produjo luto mundial. El asesinato a Isaac Rabin (22.04.1977), cometido por el fundamentalista hebreo Yigar Amil, es otro ejemplo. Dichos asesinatos lindan con la locura. Pero hay otros que son locuras puras. Quien lea los planes de los nihilistas rusos en “Los Endemoniados” de Fedor Dostoievski, podrá acceder al tipo de mentalidad que poseían quienes no se cansaban de atentar en contra de los zares (entre ellos, el hermano mayor de Lenin). Sin embargo, la locura magnicida más grande de la historia fue la llevada a cabo el 28 de junio de 1914 por Gabvrilo Princip en la persona del archiduque austro-húngaro, Francisco Fernando. Según opinión de muchos historiadores, el atentado de Sarajevo desató nada menos que la Primera Guerra Mundial, con sus millones y millones de muertos.

¿A cuál categoría pertenece el intento de (auto) magnicidio a Nicolás Maduro? (05.08.18) Difícil responder a esa pregunta. Sea la que sea, Maduro tiene el dudoso privilegio de haber sido objeto del primer (auto) atentado digital de la historia.

Post- Scriptum

Evidentemente este articulo ha sido escrito bajo el influjo del (auto) atentado a Maduro. Razón que obligará a escribir un par de líneas adicionales. Pues el hecho de que aún no se sepa si fue autoatentado o atentado, lleva a una conclusión: hubiera sido lo uno o lo otro, el efecto ha sido el mismo. El dictador ha recibido un regalo drónico.

Pero si hubiera sido de verdad un atentado, sus creadores habrían cometido un acto criminal: no en contra de Maduro -el solo es la cabeza visible del régimen- pero sí en contra de la política y los políticos democráticos del país.

No fue casualidad que Maduro -siguiendo al pie de la letra el ejemplo de Hitler después del incendio del Reichstag- hubiera decidido iniciar la represión en contra de los parlamentarios de los partidos de centro justo en los momentos en los cuales estos intentaban recuperar la ruta de la unidad electoral, abandonada por la nefasta abstención del 20-M. De paso, Maduro intentará sustituir la confrontación política por la persecución policial y por cierto, utilizará el supuesto atentado para continuar las purgas al interior de los estamentos militares. Nadie como Maduro necesita tanto de los drones.

La oposición en cambio no necesita drones. Solo necesita votos. El problema es que Maduro parece saberlo mejor que la oposición.

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Quiero profundizar con relación al “deslinde” que planteé en mi artículo de la semana pasada: (https://ismaelperezvigil.wordpress.com/2018/08/03/deslinde/).

El planteamiento es que a lo mejor estamos en el punto en el cual cada quien en la oposición debe seguir su camino y sus propias propuestas, sin empeñarse en una “unidad” que no tiene un asidero firme, al menos en este momento. Esto para nada significa pesimismo, falta de esperanza o conformismo frente a lo que está ocurriendo en el país o que se considere que la dictadura que nos agobia es indestructible e invulnerable, que no puede ser derrotada.

Todo lo contrario, lo que se plantea es la necesidad de sortear o superar esta hondonada en la que nos hemos metido y continuar el camino aquellos que puedan hacerlo juntos; y con los que no se pueda, que continúen su camino, haciendo cada quien lo posible que le sea posible, lo que esté a su alcance y lo que crea lo mejor, dejando hacer a los demás lo que mejor crean para derrotar a la dictadura. Nadie es más o menos importante, nadie sobra, todos podemos ser útiles en la lucha contra la oprobiosa dictadura; pero eso no significa que todos debamos estar unidos en el mismo esfuerzo, en la misma organización o plataforma de acción, empeñados en preservar una unidad que no es tal, en seguir condenados a la inacción, la ineficacia y a tomar medidas políticamente equivocadas, como la abstención a todo trance o la votación en cualquier condición

Yo sigo abogando por la unidad, creo en ella, pero no a ciegas; precisamente mi reclamo o mi sugerencia es que su búsqueda –como ya dije– no nos condene a la inacción y la demora, como nos está ocurriendo ahora. Por ejemplo, por esperar esa “unidad” —que para algunos es unanimidad— no se ha dado a conocer una propuesta al país, que tiene meses aprobada por los partidos de la oposición, y que contiene un programa de lo que habría que emprender para superar la crisis económica, social y política que vivimos y su respectiva estrategia, y que nos está haciendo falta como referencia importante y que bien pudiera servir para remontarnos, visualizar el futuro, ser una propuesta de alternativa al país, marcar una senda de progreso y bienestar para todos y transcender lo meramente electoral. Otro ejemplo, por esa “unidad”, entendida como uniformidad, se abortó el plan de reestructurar la MUD, poniendo al frente una persona y un equipo de trabajo, que hubiera sido muy útil para reorganizarnos y salir del caos en el que estamos sumidos y que ha llevado a que la MUD sea hoy –así considerado por muchos– un cadáver irrescatable.

Mi propuesta del deslinde es muy simple, se debe evaluar si es el momento de aplicar tres parámetros: Uno, quienes propugnan por una unidad opositora deben romper, diferenciarse, distanciarse, de todos aquellos que, una vez decidida una política, por ejemplo electoral, mantengan una posición contraria a esta política, sea de abstención o de participación. Dos, la misma actitud se debe asumir con quienes sobrepasan la crítica necesaria, la personalizan destructivamente con insultos o con posiciones también destructivas hacia la política, los partidos y los dirigentes opositores. Y tres, también, es necesario diferenciarse y distanciarse de quienes, generando falsas expectativas en cuanto a tiempos y formas de salir de la dictadura, al no cumplirse estas, jamás asumen sus errores de diagnóstico, sino que culpan a factores de la oposición, estimulando también la antipolítica y el anti partidismo.

La razón fundamental para el deslinde es también simple: Por estar tratando de extender y alcanzar la “unidad” no se termina de romper con algunos elementos, me refiero a personas, que están haciendo verdadero daño al futuro del país y la conformación de una oposición verdaderamente unida y política y estratégicamente eficaz como mayoría opositora y se da pie a que, por ejemplo, surjan clérigos que nadan entre dos aguas, que sentencian al Frente Amplio calificándolo de “pacto de élites”, contribuyendo a liquidarlo, en vez de apalancarlo.
Es el momento de trascender la discusión con base en insultos y descalificativos, típicos de las redes sociales, que lejos de ser un medio de relación, intercambio y discusión, se han convertido en el reino de lo que hoy se llama “fake news” –disculpen el anglicismo–, post verdad, o información falsamente construida para trastocar y distorsionar la realidad y que es creída por personas dispuestas a aceptar acríticamente todo aquello que les convenga y les tranquilice su conciencia. Si bien es sabido que su utilización no está tan masificada ni tan extendido su uso como algunos piensan, contribuyen a la negación, la frustración y la desesperanza y terminan siendo elementos de discusiones bizantinas que no tienen ningún sentido.

Debemos pasar a una discusión verdaderamente radical, de raíz, de ruptura, que aísle a los factores disonantes y le dé una opción a un país cuyo 80% vive en una indignante miseria y el 100% condenados al abuso y la tiranía por parte de los gobernantes.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

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