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Opinión

Humberto García Larralde

Los resultados de las elecciones primarias para presidente en Argentina arrojaron un nuevo fenómeno político en la figura de Javier Milei, economista y diputado, quien, sin maquinaria partidista, sorprendió aventajando a sus contendores de centro derecha (Juntos por el Cambio) y peronista (Unión por la Patria). Con lenguaje tremendista y provocador, ofreció acabar con la “casta política” que, según él, se ha enseñoreado en los gobiernos de ese país, reducir ministerios, planes sociales y aportes a los fondos de jubilación, eliminar el Banco Central (dolarizando la economía) y permitir el libre porte de armas, entre otras cosas. Rebajaría impuestos y eliminaría subsidios diversos, como las indemnizaciones laborales, proyectándose como neoliberal puro, campeón del empresariado y la libre iniciativa. Aún más, su fobia a toda norma estatal le permite autodesignarse como anarcocapitalista y presumir de libertario. Sin pretender calificar tal postura, es obvio que puede resultar atractivo para la población de un país como Argentina, cuyo enorme potencial ha sido frustrado por el despilfarro populista de sus gobiernos y la subordinación de la economía a una serie de controles políticos contraproducentes.

Para algunos en Venezuela, víctima de un chavo-madurismo hermanado en tantos aspectos negativos con la conducta irresponsable del kirchnerismo argentino, pero llevado a extremos aún peores, la fórmula de Milei aparece como la varita mágica que hará desaparecer el proyecto “socialista” --o capitalista de Estado-- que ha destruido nuestras libertades y los medios de vida de las grandes mayorías. El tiro de gracia para tan oprobioso ensayo sería la reducción drástica del Estado, como ofrece Milei. Ciertamente, las 9 vicepresidencias, los más de 30 ministerios, la proliferación de centros e institutos creados ad hoc ante problemas coyunturales con los cuales no sabe lidiar este (des)gobierno, invitan a desmontarlos para “liberar las fuerzas productivas” y devolverles a sus ciudadanos oportunidades para desenvolverse. Hay que entender, empero, que esa pretensión intervencionista, hasta el extremo de invocar un mítico y absolutamente inviable, “Estado Comunal”, lo que hizo fue destruir las funciones básicas del Estado.

La tarea sine qua non de la transición democrática será reconstruir al Estado venezolano para que pueda asumir la producción de los bienes públicos que requiere la nación para la realización plena de sus pobladores y generar las externalidades en materia administrativa, jurídica y política, con base en los cuales afianzar el imperio de la ley, los derechos y garantías del ordenamiento constitucional, la convivencia pacífica en libertad y una gestión sana, auditable y responsable de los recursos públicos.

Bienes públicos, en economía, son aquellos cuyos beneficios no pueden ser capturados en exclusividad por nadie. Ergo, no hay incentivos para su producción suficiente por parte de particulares. El principio de “no exclusión”, asimismo, posibilita que, una vez producido un bien público, pueda ser aprovechado (consumido) sin pagar por él (free-rider). ¿Entonces, quién lo sufraga, cómo se financia? En respuesta, su provisión adecuada suele recaer en el Estado, capaz de conjugar los medios para ello (producción conjunta). También puede delegarla, con el financiamiento y las regulaciones del caso, a entes privados. Los más importantes son los servicios de educación, salud, seguridad, infraestructura de transporte y comunicaciones, y la provisión de agua, electricidad y otros servicios esenciales. Algunos son bienes públicos “impuros” --su consumo puede cobrarse--, pero ello no exime al Estado de su responsabilidad.

En Venezuela, lamentablemente, la ruina de su economía, la destrucción de Pdvsa, las corruptelas y el aislamiento (por default) de los mercados financieros foráneos, ha dejado al Estado sin los recursos para producir y mantener estos bienes públicos, más con la parafernalia de atribuciones adicionales que asumió con la excusa socialista. Recurrió, entonces, al financiamiento monetario (emisión de dinero del BCV), desatando una de las peores hiperinflaciones conocidas en América Latina. Y, para empeorar las cosas, instrumentó como solución un severo ajuste para reducir la liquidez, achicando el crédito con encajes prohibitivos, anclando el precio del dólar y contrayendo los salarios públicos, lo que perjudicó aún más la producción interna. Asimismo, ahuyentó parte del talento requerido para la función pública.

Las externalidades, por su parte, se refieren a los efectos de uno o de varios agentes económicos sobre otro(s), no recogidos en los precios. Por ejemplo, la contaminación, una externalidad negativa, perjudica a la población (y al ambiente), sin que la fábrica contaminante pague por tal daño (costo), a menos que el Estado intervenga, obligándola a instalar filtros o imponiéndole una multa. Un parque provee una externalidad positiva en la forma de un entorno más agradable, aire fresco, trino de pájaros, etc., sin que el residente o usuario pague directamente por ello. Es decir, las externalidades producen efectos --costos y/o beneficios sociales-- que no son reflejados como costos y/o beneficios privados. Luego el cálculo privado no coincide, necesariamente, con el óptimo social. Un buen sistema de salud, por ejemplo, reduce las enfermedades y mantiene a la población más sana, mejorando, con ello la productividad, beneficios que van más allá de lo que puedan pagar pacientes concretos por tratarse. Igual la educación: fomenta la ética y la conciencia ciudadana y contribuye con la generación y divulgación de conocimientos útiles a la sociedad, conectándola con los avances de la humanidad en otras partes del globo.

En Venezuela, un sistema de salud colapsado, sin recursos, con fuga de talento, implica un enorme costo para la sociedad, como para los individuos. Obviamente, ello ataña también a la educación y a los servicios públicos en general: electricidad, agua, etc. Y la descomposición del Estado obliga a empresas y a ciudadanos a tomar previsiones ante las arbitrariedades, ineficiencias, deterioro de la infraestructura, la incertidumbre y la inseguridad. La no rendición de cuentas, la corrupción y la falta de transparencia, potencian estos efectos negativos. Un Estado responsable debe procurar la maximización del beneficio social, produciendo bienes públicos que aumenten las externalidades positivas, y reducir las negativas. Pero el Estado de terror chavo-madurista tiene como misión generar males, no bienes públicos.

Los derechos civiles y políticos pueden considerarse externalidades (positivas) básicas, pues permiten el empoderamiento ciudadano y, con ello, su participación activa en la búsqueda de soluciones a los problemas de la sociedad. Para su cumplimiento se requiere un Estado fuerte, capaz de hacer respetar el ordenamiento constitucional, en un marco de justicia y equidad compartidas. Ello añade otro aspecto a tomar en cuenta desde una perspectiva liberal, los derechos socioeconómicos, pero divide este campo de pensamiento entre “derecha” e “izquierda”. Esta última enfatiza que la igualdad de los ciudadanos ante la ley no es tal si no se procura igualar las oportunidades con políticas sociales y asistenciales que doten a los menos favorecidos con los recursos para cubrir sus necesidades básicas, incluyendo salario mínimo y subsidios variados. La derecha señala que ello lleva a prácticas intervencionistas que alteran el funcionamiento de los mercados, limitando la libre iniciativa individual y reduciendo el tamaño de la torta. Los llamados “libertarios” aborrecen de tales ayudas; cada quien debe valerse por sí mismo.

Discrepo. Una batería de políticas sociales bien concebidas e instrumentadas, al beneficiar a los más necesitados, genera externalidades positivas de gran impacto en la seguridad de las familias y de la población, reduciendo una variada gama de costos sociales y fortaleciendo las libertades ciudadanas. En la Venezuela depauperada de hoy, serán decisivas para la incorporación activa de las mayorías a la democracia. Son temas que las fuerzas democráticas deben plantearse con profundidad en conexión con los demás problemas e insuficiencias del país. Precisamente por ello, ¡no nos empatemos, a cuenta de las posturas de Milei en Argentina, a plantearnos como panacea la eliminación del Estado!

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

 6 min


Matías Bianchi

La reciente victoria de Javier Milei en las primarias argentinas es un episodio más de la oleada de líderes de ultraderecha que van ganando protagonismo en Latinoamérica (y en todo occidente). No hay originalidad allí. Con matices, este es un fenómeno similar a lo que expresa José Antonio Kast en Chile, Jair Bolsonaro en Brasil, Luis Fernando Camacho en Bolivia o Rodolfo Hernández en Colombia. Estas figuras, con distintos grados de éxito, logran catalizar en discursos y propuestas incendiarias que culpan de todos los males a la élite política, al Estado, los migrantes y a los feminismos.

En estas semanas se han volcado ríos de tinta que intentan interpretar esta oleada. En su mayoría, han prevalecido las miradas autoflagelantes sobre los fracasos de la política tradicional para interpelar, incorporar y brindar soluciones a una sociedad cada vez más precarizada y empobrecida.

Esa es una mirada incompleta. Creo que culpar a la democracia y a su dirigencia es quedarnos en el epifenómeno. Lo que está por detrás de esta crisis política son transformaciones estructurales que han ido erosionando el modelo de organización social sobre el que se han construido nuestras democracias. Si bien no son tendencias exclusivas de la región, tienen sus especificidades en estas tierras.

El primero es la consolidación de un modelo económico cada vez más injusto. Según la CEPAL, América Latina desde hace una década que se encuentra en una trampa estructural de bajo crecimiento (más bajo que en la década perdida de los ochenta) y alta desigualdad. Asimismo, los Estados cuentan con una gran debilidad para cobrar impuestos, se encuentran muy endeudados y con una enorme demanda social por las consecuencias de la pandemia. Por ende, los líderes políticos tienen muy poco margen para implementar políticas sociales, de promover el empleo, y la inversión productiva. Como señala el politólogo Steve Levitzky, con Estados débiles es muy difícil gobernar.

El segundo factor clave es la revolución digital que nos tiene permanentemente conectados a dispositivos y a plataformas que inyectan consumo, aislamiento y confrontación. Estudios han demostrado que los algoritmos de las redes sociales incentivan el parroquianismo, el enfrentamiento y el odio. Una noticia falsa tiene cuatro veces más posibilidades de ser compartida que una verdadera, y los mensajes de odio y confrontación tienen el doble de posibilidades de recibir like (me gusta). Las consecuencias culturales son enormes. Los estudios globales de valores han mostrado que nuestras sociedades hoy son más anómicas, individualistas y parroquiales. Particularmente entre las juventudes, existe un desapego creciente por “el otro” y participan en grupos más pequeños y homogéneos.

Lo que sucede, entonces, es que las instituciones de la política democrática –principalmente partidos políticos e instituciones representativas– no han podido o sabido dar respuestas a un mundo en transformación. Esta debilidad (e impericia) de la política, y sociedades más anómicas, son factores que han sido hábilmente capitalizados por los discursos antipolítica radicalizada.

No hay inocencia en la propuesta libertaria. Estos son movimientos cada vez están mejor organizados, con redes globales, con estrategias claras, apoyo de los poderes de facto y fogoneados por los medios de comunicación. La receta que proponen es simple, siguiendo las palabras de Margaret Thatcher, “la economía es el método, pero el objetivo es cambiar el alma”. Es decir, logran aglutinar su mensaje en los problemas de la élite política y en un Estado poco eficiente, pero la agenda de fondo va contra las ideas de comunidad, de solidaridad e igualdad que propone la democracia, y las sociedades basadas en derechos y y respeto a la diversidad.

Es por ello que la respuesta no puede ser resignación ni el autoflagelo. Hay que trazar una línea en la arena para defender las instituciones, los derechos y las conquistas logradas. El método es recuperar a la política para lograr cambiar la correlación de fuerzas de poder y volver a dar un sentido democrático a nuestra organización social.

Propongo tres ejes para recuperar la agenda democrática en América Latina. El primero es revitalizar a los partidos políticos como canales de intermediación. El politólogo Peter Mair nos señalaba que el problema de los partidos es que el poder ya no reside allí, pero, sin ellos, nos ha ido peor. El desafío no es volver atrás, sino llenarlos de ciudadanía, democratizando procesos internos, recuperando territorialidad, y salir de silos sectoriales, tendiendo puentes con los sectores empresariales y la sociedad civil.

Segundo, generar mecanismos de gobernanza colaborativa. El historiador Pierre Rosanvallon nos alerta de que un enorme problema de las democracias recientes es que no se gobierna democráticamente. La pandemia nos demostró que ningún Gobierno o institución tiene los recursos ni los instrumentos para resolver los desafíos públicos que tenemos enfrente. En un estudio reciente de Asuntos del Sur demostramos que los gobiernos que colaboraron con otros actores sociales son los que menos sufrieron las consecuencias de la pandemia.

Por último, el debate sobre la democracia debe ir más allá del régimen político. Asuntos como los algoritmos de inteligencia artificial o los modelos de transición energética afectan a nuestras sociedades y, por ende, necesariamente deben ser debates de la democracia. Requerimos que los liderazgos públicos tengan herramientas para ser protagonistas en estas decisiones y promuevan un debate público sobre los mismos.

Con partidos fortalecidos, instituciones gobernando con la ciudadanía, y politizando agendas fundamentales, la política podrá producir bienes públicos más justos, legítimos, inclusivos y sostenibles en América Latina. En definitiva, ¿no se trata de eso la democracia?

https://elpais.com/argentina/2023-08-30/recuperar-la-iniciativa-democrat...

 4 min


Comité Editorial de Dígalo ahí Digital

Dígalo ahí Digital ha empezado a sufrir las consecuencias de la obsolescencia de la versión del programa gratuito en el cual se implantó desde su inicio, lo que cada vez más frecuentemente se refleja en fallas, la mayoría de ellas imperceptibles para sus lectores, pero que recientemente se manifiesta en la imposibilidad de distribuir sus boletines mediante el correo electrónico.

Es oportuno y deber de justicia elemental, informarles que el diseño y puesta en funcionamiento de lo que Ustedes eventualmente revisan, es producto tecnológico de un colaborador absolutamente ad honorem, así como que, gracias a otro, con la misma condición, garantiza el alojamiento y funcionamiento del producto, en un servidor de su propiedad localizado en el exterior. Sin ambos, los que actuamos como editores de Dígalo ahí Digital nos encontraríamos imposibilitados de poder cumplir con nuestra responsabilidad, solamente recompensada por la satisfacción de contribuir, muy limitadamente, a la difusión de información y opinión, en un ambiente cada vez más restrictivo, donde la prensa escrita e impresa formalmente está desaparecida y la radio y la televisión abrumadoramente coaptadas por el régimen, realidad en la que las redes sociales y los medios digitales se han convertido en la única forma de hacer conocer ideas y posiciones a favor de la democracia que tanto notamos en falta.

Ante esta situación, el equipo está tratando de encontrar soluciones y tan pronto tengamos adelantos serán de su conocimiento. Mientras, les agradeceremos si nos ayudan a distribuir los boletines entre sus allegados, así como la comprensión de cualquier falla, asegurándoles que seguiremos intentando cumplir con el compromiso asumido por Aragua en Red desde octubre 2015.

Agosto 29 de 2023

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Eddie A. Ramírez S.

Hoy 28 de agosto se cumple un año más de la aprobación en 1975 de la Ley Orgánica que reserva al Estado la industria y el comercio de los hidrocarburos, conocida la ley de nacionalización. Sin embargo, Alberto Quirós y Gustavo Coronel prefieren llamarla ley de estatización, porque eliminó a tres empresas venezolanas y los ciudadanos no podemos adquirir acciones en la nueva empresa. El 1 de enero 1976 iniciaron operaciones las filiales y Pdvsa actuó como casa matriz. Aquí pretendemos recordar brevemente algunos hechos, así como informar sobre las propuestas de varios grupos de expertos de cómo recuperar nuestra industria de los hidrocarburos cuando haya un gobierno democrático. Desde luego, la decisión corresponderá a los actores políticos.

La estatización era inevitable ya que la Ley de Hidrocarburos de 1943 estableció que las concesiones otorgadas para explorar y producir vencían en 1983. A medida que se aproximaba esta fecha, las transnacionales fueron disminuyendo sus inversiones. Ello obligó a promulgar en 1971 la Ley para proteger los activos que debían pasar a propiedad de la nación. Algunos predicaron que los venezolanos no podrían manejar una industria tan compleja. No tomaron en cuenta, como ha escrito Héctor Riquezes, quien fue director de Pdvsa que “para la opinión pública había pasado desapercibida el programa de venezolanización que llevaron a cabo las transnacionales y que logró reducir a doscientos el número de extranjeros que trabajaban en la industria petrolera para el 31 de diciembre de 1975”.

Para esa fecha varios compatriotas ocupaban altos cargos ejecutivos.

Lógicamente, entre el personal había cierto temor, ya que en nuestro medio las empresas del Estado son utilizadas para colocar a simpatizantes del partido gobernante, aunque no tengan méritos. Al respecto, los trabajadores liderados por Gustavo Coronel, crearon la Agrupación de Orientación Petrolera (Agropet), para contribuir a orientar el proceso y lograr garantía de que el personal no sería afectado. Tuvieron éxito, tanto por las gestiones realizadas, como por la madurez del sector político bajo la presidencia de Carlos Andrés Pérez. Al frente de Pdvsa fue designado Rafael Alfonzo Ravard.

Posteriormente, los presidentes de la empresa fueron venezolanos con méritos, con mayor o menor cercanía al primer magistrado. Los primeros 25 años transcurrieron con muy poca injerencia política partidista.

El proceso fue bien llevado. A las 22 compañías se les cancelaron 1.054,13 millones de dólares, de los cuales solo 117,38 millones fueron en efectivo y el resto en bonos de la deuda pública a cinco años plazo. Además, se firmaron convenios de asistencia técnica y de comercialización, que fueron criticadospor algunos, pero que eran necesarios en los siguientes cinco años. El artículo 5 de la Ley estableció la posibilidad de que el Estado realizara convenios de asociación con entes privados, el cual despertó mucha discusión. Los congresistas de la izquierda y algunos otros consideraron que eso era un subterfugio para permitir el regreso de las transnacionales.

Paradójicamente, la Pdvsa roja reportó en su Informe 2016, el último presentado, que había constituido 42 empresas mixtas. La gran mayoría de las mismas con socios seleccionados por razones políticas, casi todas paralizadas porque el Estado no realiza su aporte y el privado carece de músculo financiero, de tecnología y de recursos humanos. Esta información fue tomada del libro Construcción y destrucción de un país. Presidencias de Venezuela 1900-2020, de Rafael Gallegos y de quien esto escribe, en el que se citan las fuentes.

Pdvsa era un botín demasiado atractivo para quienes asumieron el poder en 1999. La tomaron por asalto y la destruyeron. Ahora hay que reconstruir nuestra industria de los hidrocarburos. Varios grupos de profesionales, petroleros y no petroleros han trabajado este tópico. Ya en el 2003 hubo recomendaciones. Hoy, la situación ha cambiado. Hay varias propuestas que tienen mucho en común, con algunas divergencias fáciles de limar. Hay consenso en que el país está destruido. El Estado tiene ingresos insuficientes para recuperar la educación, los servicios de salud, agua, electricidad e infraestructura; la deuda externa es elevada y habrá que reestructurarla, y los organismos financieros internacionales no están prestando para la actividad de los hidrocarburos.

La Pdvsa que existía antes de la etapa de destrucción es irrecuperable. La actual es inviable. Habrá que redimensionarla hacia abajo, desprenderse de las múltiples compañías no relacionadas con el negocio y cerrar las actividades menos rentables. La única opción es recurrir a la inversión de empresas petroleras que sean incentivadas para venir. Los expertos deben presentar un abanico de inversiones atractivas, dentro del marco de la transición energética y del futuro de las fuentes de energía. Esas opciones deben incluir las cuencas del Zulia, norte de oriente, Faja petrolífera del Orinoco y los nuevos yacimientos de gas libre.

Habrá que cambiar la ley para que puedan operar sin asociarse con Pdvsa y para adecuar los porcentajes impositivos; además, crear un Ente Independiente de Energía. Algunos piensan que debe persistir una petrolera del Estado y que debemos seguir en la Opep. Otros son opuestos. Citgo, en riesgo de perderse por la irresponsabilidad de Chávez y Maduro, es muy importante para la recuperación económica. El plan corresponderá ser discutido y aprobado por el sector político. Ojalá sea por consenso como en 1975 y no por una mayoría que podría ser circunstancial.

Como (había) en botica

El pasado día 25 se conmemoró otro aniversario de la tragedia de Amuay ocurrida en el 2012, que ocasionó 47 muertes, 150 heridos y cuantiosas pérdidas materiales. Un año antes, Rafael Ramírez, entonces presidente de Pdvsa, reconoció que tenían problemas por falta de mantenimiento y escasez de personal calificado. Cuando se produjo la explosión la achacó a sabotaje.

El nuevo Consejo Nacional Electoral hace recordar Los intereses creados, de Benavente: todos los pillos quedaron satisfechos.

Lamentamos el fallecimiento de Carlos Canache Mata, un político honesto y luchador por la democracia.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Benjamín Tripier

Ya en EE UU se deberían haber dado cuenta de que la posibilidad de levantar sanciones a cambio de democracia dejó de ser una zanahoria atractiva y cada vez le interesa menos al gobierno venezolano. La resiliencia que ha demostrado todo este tiempo para soportar presiones y amenazas, y, aún así, sostenerse en el poder, no la van a sacrificar tomando el riesgo de promover una elección que vayan a perder.

Porque hasta las encuestadoras afines a la revolución muestran una caída fuerte en la popularidad, mientras que, al mismo tiempo, muestran que hay un aumento en la oposición, no solo en la percepción positiva de la gente, sino que cada vez hay más gente, de la que antes estaba escéptica, y que ahora está dispuesta a participar.

La posibilidad del trade off mencionado de sanciones por democracia, de tanto en tanto, vuelve a la superficie, y cada vez con el detalle de los intereses que, en cada momento, los promotores, que no son siempre los mismos, le adicionan la pieza de información que les conviene.

La pieza nueva que esta vez va pegada a los condicionamientos, dicen que, para EE UU, María Corina Machado no sería la candidata aceptable, sino que, oh sorpresa, sería Henrique Capriles. Siendo que, en una encuesta con alta credibilidad, se le preguntó a 76,1% de la gente que no votaría por Maduro y el chavismo en una elección presidencial: “¿De los siguientes posibles candidatos en unas elecciones primarias de oposición, por cual candidato votaría?”. Y la respuesta fue 65,36% para María Corina Machado, 8,77% para Henrique Capriles, y 8,62% para Delsa Solórzano.

Y si se considera que la voz de Venezuela que escucha el gobierno y el Congreso de EE UU, sigue siendo Juan Guaidó, luce difícil que él recomendara algo así.

Por otra parte, según los voceros de la Casa Blanca, dejaron claro que “si Venezuela toma medidas concretas para restaurar la democracia y que resulten en la celebración de elecciones libres y justas, entonces nosotros estaremos preparados para brindar el alivio correspondiente en sanciones». Y un comentario de la misma fuente que puso sobre la mesa que no tienen una “paciencia infinita”, dijo que “sería muy triste que, en vez de flexibilizar sanciones, tengamos que endurecerlas”.

Por otra parte, y como muestra de que el gobierno no cree mucho en esos trueques, redobló la apuesta con el perfil de los miembros del nuevo CNE, la inhabilitación de MCM, y el ataque a las primarias. Todo indica que el gobierno privilegia la permanencia en el poder, por encima de alivianar sanciones.

No hay nada nuevo, y no debería esperarse un cambio en la posición del gobierno de EE UU. Es posible que se consiga alguna comfort letter para alguna petrolera extranjera, pero no cambiará mucho el perfil de producción de Pdvsa, pese a que ha ido sosteniéndose en la cota de 650 mil a 700 mil bdp, que ya de por sí es positivo, pero muy lejos del millón de barriles diarios que se planteó como meta el gobierno.

Es que ya no se trata solo de las limitaciones de la OFAC, sino principalmente del deterioro de la infraestructura por la falta sostenida de mantenimiento y de inversión. Y tal vez esa sea una de las razones extra por las que el gobierno no reacciona a mejorar las condiciones electorales. Tal vez sea porque así les levanten las sanciones, la capacidad de recuperación, así como estamos, sería muy difícil de lograr.

Político

La política de esta semana se centró en declaraciones de Antonio Ledezma, quien, si bien reside en Madrid, las hizo desde Miami, lo cual desató una reacción del chavismo que pidió captura y extradición. Más allá de si tuvieron o no intención golpista, lo que queda claro es que si el equipo de María Corina Machado, organización a la cual, formalmente, pertenece Ledezma, debería tener una línea comunicacional acorde con la estrategia de la campaña.

Claro que es posible que sus declaraciones hayan estado dentro de una estrategia, pero lo que se escucha es que no, que fue por cuenta propia, y que fue “mal interpretado”. Si ella quiere llegar a la presidencia en 2024, o, así no lo logre, mantener una sólida estructura opositora, lo más importante será mostrar una organización interna fuerte que responda a una estrategia que marque un sentido de dirección claro y compartido.

Entre enero y mayo de 2019, el único vocero de la oposición fue Juan Guaidó, y ningún dirigente, de ningún partido se lanzó por su cuenta a hacer declaraciones, respetando una unidad de criterio. Luego vino el triste evento del distribuidor Altamira el 30 de abril, fecha a partir de la cual, cada dirigente se sintió con derecho a romper esa alineación, y salieron a atacar a Guaidó, comenzando desde ese momento su caída, suave al principio, y acelerada cuando la impaciencia se apoderó de ellos.

Es importante mirarse ahora en ese espejo, porque pueden aparecer muchos ledezmas declarando por su cuenta y ensuciando una campaña que hasta ahora, la oposición, llevó con transparencia y altura, sin insultos ni violencia, y mostrando una vocación democrática inquebrantable; soportando todo tipo de ataque, contando con el respaldo del estado.

Hay que aprender que, en estas circunstancias, con tantas amenazas previsibles, “calladitos, se ven más bonitos” … y dejar que la vocera única, sea MCM; y si alguien más debe hablar, que lo haga después de haber discutido los pros y los cons, con el equipo de campaña o con la sala situacional que aconsejo establecer.

Social

Habría que mirar con atención lo que está ocurriendo en la sociedad argentina, que, en plena campaña electoral, el populismo peronista/kirchnerista ha ido perdiendo espacios en el segmento socio económico donde habían fundado su base de poder, que son los pobres, y los muy pobres… de hecho, cuanto más pobres, declaran en privado (pero que se filtra), es mejor para ellos porque la dependencia era tan fuerte, que los votos estaban seguros.

Pero los planes (nuestras misiones y bonos) se fueron quedando sin financiamiento, y el dinero y los beneficios que les llegaban, resultaron no ser suficientes para mantener esa fidelidad forzada. Porque estiraron tanto la cuerda que se cortó… perdieron la credibilidad y la confianza: ya no los quieren y eso es irreversible. Porque para esta campaña de las PASO regalaron bicicletas y juguetes, los cuales aceptaron (porque los necesitan), pero votaron por Milei.

Porque la base electoral fuerte de Milei, ganador absoluto de las PASO con 30% de los votos, mientras que Massa (kirchnerismo) sacó 21% y Bullrich 17%, fueron los jóvenes, y especialmente, los jóvenes pobres… que en Argentina son 6 de cada 10; sí… 6 de cada 10 jóvenes son pobres en Argentina.

Porque quienes, de un lado y de otro, tratan de minimizar esta victoria de Milei, dicen que fue “voto rabia” (“bronca” en argentino), y que para la elección lo van a pensar mejor y van a hacer el “voto racional”. Y están equivocados, porque en entrevistas con esas bases ellos le llaman “voto esperanza”. Tomaron conciencia de que de la forma que va el país, ellos nunca saldrían de la pobreza; porque el populismo cuasi comunista, los trata como pobres, para que sigan siendo pobres. Mientras que con Milei y con el mercado y el dólar, tienen una oportunidad de trabajar y ganarse su sustento. Y que nadie se los regale… que se lo ganen; y eso les gusta y les entusiasma.

Si en Venezuela nos miramos en ese espejo, el poquito tiempo que tuvimos mercado, libertad de precios, sin controles y circulación de dólares, nos fue mejor a todos. Incluso llegamos a bajar en 10 puntos la pobreza, cuando la utilización de planta industrial creció en 12%. Y ese es el camino: mercado, libertad económica, propiedad privada, seguridad jurídica y libre circulación del dólar en el sistema financiero; el bancario y el de capitales.

El fenómeno se está repitiendo aquí porque los clap están muy débiles en frecuencia y en contenido, y los bonos que se pagan son casi miserables. La credibilidad y la confianza, también se perdieron aquí, y por eso la gente está abandonando la apatía, porque no tienen nada que perder, y sí podrían tener mucho que ganar.

Económico

Esta nueva etapa gerencial en Pdvsa, post confesión de corrupción, a diferencia de las anteriores, sigue generando expectativas positivas, que habrá que esperar para ver si se concretan o si se quedan solo en eso… en expectativas. Y solo para dar una idea de base, que no está ocurriendo, habría que despolitizar y desideologizar la empresa, para regresarla a una organización profesional y técnica orientada al mercado, y considerando a las sanciones como una restricción de negocios.

El pasar del modo queja al modo acción proactiva, es una recomendación para Pdvsa, pero extensiva a todas las instancias de gobierno.

Uno de los indicadores de acción más importantes, está en la reestructuración interna de la empresa para llevarla a menos de un tercio del tamaño que tenía en el año 2.000, si tomamos el indicador de personas por bdp. El otro indicador será la preparación de un proyecto de modificación de la ley de hidrocarburos, o al menos, producir una reestructuración de fondo del modelo de negocios bajo el paraguas de la Ley Antibloqueo; que, como tiene solo alcance nacional sin impacto frente a terceros del exterior, como resultado del aislamiento causado por las sanciones, puede realmente funcionar como un sustituto transitorio de una modificación a la mencionada ley, que en algún momento tendrá que ocurrir.

Porque en realidad, la redimensión del modelo de negocios, que debería reflejarse en la organización y los procesos de Pdvsa, debe orientarse hacia tener una empresa más liviana, apoyada desde adentro solo en los procesos críticos y orientada a lo que se llama strategic outsourcing que incluye no solo a las actividades de apoyo, sino también a las actividades core.

Y dentro de la reestructuración/redimensión está el cambio estratégico que debe incluir la posibilidad de traspasar a la actividad privada segmentos completos del ciclo de negocios, buscando crear por esa vía un distanciamiento entre las figuras jurídicas sancionadas, y las privadas libres de sanciones.

Y es posible que el mercado de valores sea una de esas vías ofreciendo paquetes de acciones en el mercado para que diferentes actores tomen posición patrimonial -ya sean acciones comunes o acciones preferentes- la cual, tenemos que estar claros, son relaciones jurídicas institucionales, diferentes a las relaciones técnicas o de mercado.

La reputación es la percepción que los demás tienen sobre alguna persona, marca o institución y es el resultado de una construcción orgánica que incluye experiencias, consistencia, valores y principios. Casi siempre está vinculada con algún tema o ámbito específico y está cimentada en unas bases más amplias, cualquiera de las cuales, podría hacer que la reputación total, se derrumbe.

Si una empresa petrolera deja de pagar sus deudas, no solo se derrumba su reputación financiera, sino que arrastra al resto. Es un tema muy delicado, porque en su esencia no depende de uno mismo, sino de la percepción que tenga el entorno relevante. Y una reputación (o prestigio) construida consistentemente a lo largo de los años, puede destruirse en muy poco tiempo, si la combinación de razones objetivas (p.ej. no paga sus deudas o confiesa gigantesca corrupción), con la percepción del entorno (p. ej. está mal administrada), resultan en lo que se llama una mala reputación.

Lo cual pudiera significar pérdida de clientes, que no le den crédito, que no firmen acuerdos ni contratos, y que no consiga personal calificado. En definitiva, hay negocios en los cuales la reputación “es el negocio”. Lo anterior es extensivo a los países que cuando entran en la lista de los que hay que cuidarse, les puede tomar décadas recuperarse, aunque nunca lo logren totalmente.

No hay una Venezuela chavista y otra opositora. Venezuela es una sola, independientemente de quien esté en el gobierno, parlamento o gobernaciones y alcaldías. El daño reputacional que estamos sufriendo es de todos y para todos, más allá de que haya uno o más responsables por esa situación, a los que la historia castigará.

La reflexión anterior, que vengo haciéndola desde hace ya un tiempo, tiene la intención de llamar la atención sobre esta nueva etapa de gerencia de Pdvsa, que ha generado expectativas positivas sobre la posibilidad de su redimensión y puesta a punto en términos de una nueva morfología organizacional y de negocios, ya más apoyada en recursos de terceros, porque con los propios ya se vio que está muy limitada.

Y uno de los límites duros que debe ser considerado en esta etapa, es el aspecto reputacional, que debe ser tratado con prioridad, porque cada vez más, la percepción que el entorno tiene de Pdvsa, será parte de la posibilidad de que tenga éxito cualquier estrategia de negocios.

Internacional

El otro tema que acaparó las noticias esta semana fue la reunión de los países Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en la cumbre en Johannesburgo; y el tema de agenda que más resaltó fue la expansión del grupo, con una lista de 23 países interesados. El leit motiv fue el sur global contra el occidente rico; nace con lo negativo de ir en contra de algo, y no está claro si está a favor de algo; buscando lo que ellos llaman “un cambio decisivo en el orden mundial global”.

Pero no todos los miembros fundadores (eran Bric, y posteriormente le agregaron la s por Suráfrica) están de acuerdo con el enfoque. Hay algunos que lo ven como un tema económico, y otros que lo politizaron de entrada. Y va a terminar como el Mercosur, que iba razonablemente bien, avanzando con dificultad, hasta que la política y la ideología de izquierda “metió la cola”, y hasta ahí llegó… vaya uno a saber si es rescatable tal como está, o si hay que hacerle cambios mayores, alejando a la política de los negocios. Y aquí, en este Brics incipiente, arrancaron con el pie equivocado.

India, Brasil y Sudáfrica no tienen ningún interés en perder influencia y tener nuevos problemas con los nuevos miembros. La India, no tiene mucho que buscar fuera de lo estrictamente económico, porque tiene un espacio propio, ganado a pulmón, y, lo más importante, tiene mejor futuro que sus otros cuatro socios, y ni que se diga, si se compara con Arabia Saudita, Egipto, Emiratos Árabes, Argentina, Irán y Etiopía. Dijeron: Dicen que «si todo el mundo trata de llevar a sus amigos al club, la heterogeneidad y las tensiones dentro de los Brics aumentarán».

Según el último informe de inversión Brics de la Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (Unctad) de abril de este año, su participación en la producción económica mundial aumentó de 18% a 26% entre 2010 y 2021.

Según el informe de la Unctad, tanto la tasa de crecimiento de las exportaciones internas Brics como el nivel de inversiones extranjeras directas en los países Brics están por encima del promedio mundial.

El crecimiento del grupo de los cinco está claramente dominado por el desarrollo de China, que es el mayor socio comercial de Brasil, Rusia y Sudáfrica. «China se está beneficiando del anti occidentalismo de los países Brics, lo que está provocando que muchos países del sur global se acerquen» a China; lo cual “es el objetivo que persigue Pekín con los Brics». China ha impulsado la expansión de los BRICS para aumentar su influencia política, mientras que India se ha opuesto a una rápida expansión del bloque.

Los Brics están lejos de ser una alianza funcional y de confianza, como es el caso entre los estados del G7. «Pero Pekín está, sobre todo, concentrado en contrarrestar funcionalmente a los estadounidenses».

Y en cuanto a la posición frente a Rusia, hay que notar que China, Brasil y la India se encuentran actualmente entre los mayores compradores de petróleo barato de Rusia, por lo que no participan en las sanciones contra Moscú, aumentando la desconfianza de Occidente. Están políticamente en contra de las sanciones, pero se benefician ampliamente del resultado de las sanciones.

«Moscú, a su vez, quiere aprovechar el impulso para traer a sus aliados al club, por ejemplo, Bielorrusia o Venezuela; para Putin, una ampliación de los países Brics ofrece la oportunidad de superar el aislamiento internacional”. Aunque Putin no participará porque la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto en su contra por crímenes de guerra en Ucrania.

En resumen, China es extremadamente importante para los Brics debido a su tamaño económico, su influencia política, su participación en el comercio internacional y su cooperación financiera. Su presencia dentro del grupo ha fortalecido la posición y la influencia de los Brics en el escenario mundial.

Aunque no debe desconocerse el impacto de la desaceleración de China, como el fenómeno en el cual el crecimiento económico del país se reduce en comparación con períodos anteriores. En el caso de China, este proceso ha sido llamado «nueva normalidad» por el gobierno chino, que busca un crecimiento más moderado pero sostenible, enfocándose en la calidad y eficiencia, así como en el consumo interno y los servicios. Hay que estar atentos a que la base en la que se apoya el Brics, que es China, pierda las espaldas como para soportar el peso del grupo.

El caso de China, si no se maneja con las lecciones aprendidas, podría convertirse en otra URSS, que en su momento ocupaba el espacio geo económico que hoy ocupa China.

Recomendación

  • Al gobierno: que desarrolle un proyecto de transformación de Pdvsa que incluya refrescar la estrategia y generar una cartera de proyectos para articularla, desarrollando un mapa de procesos y actores para revisar la relación entre los stakeholders, y establecer una hoja de ruta para la transformación; la cual debe incluir una dosis grande de gerencia del cambio, porque, en definitiva, quienes producen los cambios son las personas.
  • A la dirigencia opositora: que impulse un debate entre los representantes económicos de los equipos de los precandidatos, para conocer su posición con respecto a temas como rol del estado, dólar, privatización, petróleo, Pdvsa, deuda externa, reintegro de bienes apropiados por el estado, comercio exterior, inversión extranjera, sistemas de precios relativos, estrategias de crecimiento y alianzas estratégicas, entre otros. Esa parte de la ecuación política está en una zona difusa y debe quedar claro para los que vayan a votar el próximo 22 de octubre.
  • A la dirigencia empresarial: que se prepare para enfrentar una zona de fuerte turbulencia económica, resultante de la tormenta política, cuyos nubarrones ya vemos en el horizonte; más los vientos fuertes que ya se están sintiendo, y que empeorarán a medida que pasen los días y que se reciban presiones desde el exterior, que obligarán al gobierno a radicalizarse. Necesitamos un sector privado fuerte y unido alineado con la estrategia de que no cierre ni una empresa más, y sostener, al máximo posible, el nivel de actividad que ahora tenemos… no es mucho, pero podría ser peor. Ahh… y apostar al sector externo… a las exportaciones.
  • E-mail: btripier@ntn-consultores.com
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  • Twitter: @btripier

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 14 min


Paulina Gamus

Si uno viaja en el tiempo, pero hacia el pasado, puede recordar que el partido Social Cristiano Copei nació con el estigma de fascista por su apoyo a la dictadura de Francisco Franco, en España, y Acción Democrática etiquetada como marxista gracias a los antecedentes de Rómulo Betancourt en su sarampión juvenil. Con el paso de los años Copei se deslastró de esa carga y pasó a ser un partido comprometido con la democracia y Acción Democrática demostró que no tenía nada que ver con el marxismo y menos con el comunismo soviético y luego cubano.

Los militantes de ambos partidos se ofendían si alguien los llamaba de «derecha» que era la acusación que les hacían constantemente el Partido Comunista primero y luego el MIR y el MAS. Ya no había derecha en Venezuela, los dos partidos que se alternaron en el poder durante cuarenta años eran socialistas y a mucha honra

Voy a obviar la llegada de Chávez al poder, asunto con el que se pueden llenar bibliotecas enteras y aterrizo en el régimen de Nicolás Maduro que de comunista lo único que tiene es la sumisión al régimen cubano. Claro que ellos se autoproclaman de Izquierda. Lo mismo que los Kirchner y en general el peronismo en Argentina, aunque el peronismo a lo largo de su funesta historia ha dado para todo.

Hubo unas primarias el 13 de agosto, el kirchnerismo se derrumbó y la candidata liberal-conservadora quedó a dos puntos del ganador. ¿Y quién es el ganador?, Javier Milei, un personaje que parece salido de la película argentina «Relatos Salvajes». Se proclama admirador de Donald Trump y de Jair Bolsonaro, se relaciona con el partido VOX, de España. Tiene entre sus propósitos, si gana la presidencia, permitir la venta libre de armas y de órganos humanos. Es «anarcocapitalista» lo que el mismo define como «enemigo del Estado». Niega el cambio climático. Es anticlerical y califica al Papa Francisco como una «encarnación del comunismo». Y, en caso de ganar la presidencia, eliminará los ministerios de Educación, Salud y Desarrollo Social que son «las cajas negras que usan los políticos para enriquecerse».

Si esa gran parte de los votantes por Milei que fueron los más pobres en las regiones y zonas más desasistidas, se hubiesen enterado que el programa anarcocatastrófico de su candidato es eliminar el gasto social, jamás lo habrían votado. Pero su voto y el de todos quienes sufragaron a favor del estrafalario ultraderechista no tuvo que ver con su programa, ni se enteraron. Fue el voto del hartazgo, de la venganza, un voto revanchista contra la clase política tradicional. Como el voto por Hugo Chávez en diciembre de 1998.

Imaginemos que Milei gana la presidencia y enseguida se declara enemigo del gobierno de Nicolás Maduro, ¿qué haría la oposición venezolana, la institucionalizada y la del común, la de Twitter, Facebook o Instagram? Puedo aventurar que la mayoría se proclamaría Pro-Milei.

Hemos llegado a un punto en que los términos Izquierda y Socialismo se han convertido en sinónimos de chavismo-madurismo. No queremos ver que existen Izquierdas democráticas como fue el MAS en Venezuela y como ha sido hasta ahora el gobierno de Gabriel Boric, en Chile.

Y países socialistas con avanzadas democracias como los escandinavos. Es así como de pronto ser de Derecha es la única respuesta que sirve de contrapartida al régimen que nos martiriza desde hace 24 años.

Con la mejor buena fe, algunos de mis más apreciados contactos me han enviado un supuesto himno de la Derecha con la petición de hacerlo viral. El texto que presenta el himno, dice: «Esta canción se está cantando en todo el mundo y se está convirtiendo en un himno mundial. El planeta ha despertado y está haciendo perecer el mal que la Izquierda le hace a la vida de todos los seres humanos» El video muestra una multitud que se va formando hasta constituir decenas de miles de personas que cantan bajo la dirección de un señor setentón, una canción en inglés con el siguiente texto: «Necesitamos despertar, estar alertas, necesitamos abrir nuestros ojos ahora. Necesitamos construir un futuro mejor y necesitamos empezar ahora. Por un planeta verde y limpio, no hay que esperar ni dudar, el planeta tiene un problema y hay que resolverlo ahora».

El fondo musical, para sorpresa de los enterados (por viejos) es Bellaciao, la canción de los partisanos italianos durante la segunda guerra mundial, luego himno antifascista, después secuestrada por los comunistas y ahora cantada en varios idiomas y países como un canto de libertad y de paz.

Una canción que habla de proteger el planeta de la contaminación («queremos un planeta verde y limpio»), no puede ser de ninguna de las ultraderechas que conocemos empezando por Donald Trump y su clon Jair Bolsonaro. Las derechas son absolutamente negacionistas del cambio climático y opuestas a cualquier acción internacional para enfrentarlo.

La reacción ante la supuesta Izquierda (en realidad es fascismo) del régimen inaugurado por Chávez y continuado (además de empeorado) por Maduro, ha provocado simpatías por Donald Trump, por VOX, por la Meloni, por el brutal Bukele y por todos aquellos para quienes la democracia como la conocimos, con respeto a la Constitución, a las leyes, a los derechos humanos y a la convivencia respetuosa entre opuestos, es un trasto viejo que podemos botar a la basura. ¡Qué tiempos maravillosos cuando la mayoría no estaba obligada a elegir entre extremos, ser del centro era tan cómodo!

Paulina Gamus es abogada, parlamentaria de la democracia.

Twitter: @Paugamus

https://talcualdigital.com/la-derecha-dura-pisa-fuerte-por-paulina-gamus/

 4 min


Fernando Mires

Fuera de Argentina existe la creencia de que todo lo que sucede en ese país es exclusivamente argentino, y que lo que ahí pasa en política nada tiene que ver con los que pasa en otros países no solo latinoamericanos, sino del mundo entero. Sucede así desde los tiempos de Perón y Eva, como si los peruanos no hubiesen tenido a su Fujimori y al suicida Alan García; los brasileños al suicida Getulio o los italianos a su Mussolini a quien Perón admiraba (e imitaba) con cierta devoción, todos diferentes pero todos demagógicos y estrambóticos a rabiar. Hoy pasa lo mismo con el estrambótico Milei, como si hubiera sido el primer estrambótico aparecido sobre el planeta. Pero no es así.

Milei surge poco después (entre otros) de Bolsonaro, Trump, Chávez, y estos fueron precedidos en su estrambotismo (anoten el término) por el no menos estrambótico (ni menos ultraderechista) Berlusconi en Italia y por el fachoso Jean Marie, padre de Marine Le Pen en Francia.

En fin, lo que parece ser muy nuevo no deja de ser muchas veces –podría haber escrito Clausevitz– la continuación de lo viejo bajo otras formas.

¿Qué es lo que quiero señalar con estas comparaciones? Algo simple: que los resultados de las primarias argentinas del 13 de agosto del 2023 cuadran –por cierto en formato argentino, no va a ser japonés– con tendencias políticas que predominan en la mayoría de los países en donde tienen lugar elecciones periódicas y libres (o sea, en Occidente). Para que se entienda mejor: intento señalar que los electores argentinos –incluyo naturalmente a los que votaron por Milei– no son anormales, sino ciudadanos que más o menos se ajustan a la media del barómetro político occidental.

Siendo escuetos, las primarias argentinas mostraron lo siguiente:

*Avance de la ultraderecha hacia el centro, sin dejar de ser extrema (lo que en la geometría es imposible pero en política, cada vez más frecuente)

*Crisis hegemónica al interior de las derechas, en donde será debatida la primacía entre la derecha clásica o tradicional y la derecha populista.

*El declive de un populismo al que se llamaba de izquierda y el aparecimiento de un populismo al que hoy se llama de derecha.

*La aparición de un líder carismático, desde el punto de vista económico ultraliberal; desde el punto de vista político, anárquico; desde el punto de vista cultural, ultraconservador.

Veamos al fenómeno antes de pensarlo

Los extremos, como todas las formaciones políticas, pueden ser minoritarios o mayoritarios. En las primarias argentinas, un extremo, el de Javier Milei y su La Libertad Avanza (LA) llegó a ser mayoritario (30%), relegando a un tercer lugar al extremo de izquierda o peronismo o kirchcherismo (27%), y dejando en el medio a la derecha formal, Juntos por el Cambio (JxC), de la ex peronista y hoy derechista Patricia Bullrich (28.7%). De este modo, después de la segunda vuelta (en Argentina a la primera vuelta la llaman primarias, las PASO) el partido de la derecha tradicional se convertirá en el factor determinante.

Una posición que no sabemos si llamar incómoda o privilegiada, pues sea cual sea la decisión de Bullrich, concordar con Sergio Massa o con Javier Milei, tendrá que aceptar una cierta –puede ser más que una cierta– entrega de sus propias fuerzas, hacia uno u otro lado de «la grieta» (así la llaman). De modo que, lo que más puede intentar Bullrich, será ganar para sí el apoyo de algunos sectores liberales del partido de gobierno para que la apoyen como abanderada de un bloque centro-izquierda (algo muy improbable y por eso mismo posible), o como abanderada de una derecha surgida de la alianza entre la derecha-derecha y la derecha extrema del mal llamado «libertario» Milei.

¿Estamos insinuando que en estos momentos en Argentina podría darse una situación relativamente parecida a la que está viviendo hoy España? Sí.

En España lo más lógico habría sido que después de una situación de empate hubiera tenido lugar una coalición entre el PSOE de Sánchez y el PP de Feijoo, es decir, una alianza entre «los dos partidos de Estado» (Feijoo, dixit) semejante a la que se dio en Alemania bajo los gobiernos de Angela Merkel, dejando en las afueras a los extremos de izquierda y de derecha.

Pero ni en España hay alguien parecido a Angela Merkel, ni los tiempos de hoy son los de Angela Merkel. De modo que en la madrastra patria solo quedan dos posibilidades: o Sánchez logra una victoria pírrica al convertir al separatista prófugo Puigdemont en voz decisiva de la nación (es lo que está ocurriendo), o Sánchez cede el paso a un gobierno nacional dirigido por el PP y apoyado, a nivel comunal y regional, por el VOX del descentrado Santiago Abascal. Para el PSOE, un drama: o gobiernas sin principios, o te vas a la oposición a juntarte con la ultraizquierda en un frente amplio contra «el neofranquismo». La semejanza con Argentina podría ser aún mayor en el tiempo. Pero aquí también debemos anotar una diferencia importante.

La diferencia es que en Argentina el extremo de la derecha es primera mayoría, pero las cartas sobre la mesa las tiene la segunda mayoría, la que liderará desde ahora Bullrich, muy bien secundada por su ex rival interno, el alcalde de Buenos Aires Horacio Rodríguez Larreta. El problema electoral de la nación argentina entonces, se da entre dos derechas. Un problema que será más o menos complicado para Milei que para Bulrich, quien deberá calcular de dónde puede recibir más votos, si del peronismo o del mileísmo.

Si se da el primer caso, Bulrich puede pasar a la historia como la mujer que salvó a la Argentina de la extrema derecha. Si se da el segundo, podrá posar en la foto como la candidata de las dos derechas en contra del regreso del extremismo de izquierda. O gana o gana. Pero todo eso dependerá de los «cuántos» que aparecerán en octubre. Y esos «cuántos» pueden variar mucho de aquí a cuando llegue la hora de tomar las grandes decisiones.

En esa encrucijada, Argentina empata no con España, y sí, de modo asombroso, con su país vecino, Chile, donde ya se dio una situación muy parecida a la que comienza a vivir Argentina.

En Chile no hay primarias al estilo de las PASO pero sí hubo el 7 de mayo de 2023 elecciones para designar a los representantes de partidos que dictarán la nueva constitución. De rebote, y sin que nadie se lo propusiera, las elecciones constitucionales jugaron el papel que en Argentina jugaron las primarias del 13 de agosto: el de mostrar de modo evidente las correlaciones de fuerzas que se dan en la política nacional.

Pues bien, en esas elecciones, al igual que en Argentina, la derecha extrema a través del Partido Republicano liderado por José Antonio Kast (una persona totalmente diferente a Milei pero con un proyecto político muy similar) obtuvo la primera mayoría (35,42%). Entre las dos derechas, la republicana y la derecha-centro, suman un 58, 5% (un poco más que la suma de las dos derechas argentinas). El triunfo de ambas derechas chilenas convirtió al gobierno de Boric en un postgobierno mucho antes del fin de su mandato. De modo que, al igual que en Argentina, el problema de la nación chilena debe ser resuelto entre dos derechas. Como habiéndolo advertido antes de la elección, poco antes de que tuvieran lugar las primarias argentinas, Kast invitó a Milei a visitar Chile. Parece que los dos extremistas se entendieron bien.

Entonces habrá que repetirlo: lo que sucedió en las primarias argentinas no fue una excepción. Por el contrario, ya es tendencia. Y esa tendencia, así como van las cosas, está a punto de transformarse en regla, sobre todo si tenemos en cuenta los avances del lepenismo en Francia, del trumpismo en los EE UU, y no por último de AfD en Alemania, donde al igual que entre el PP y VOX en España, comienzan a tomar forma alianzas comunales entre la derecha extrema y la derecha conservadora cristiana (CDU/CSU).

Quién lo diría; gracias al excéntrico Melei, Argentina se está poniendo al día con el resto del mundo. Argentina, siempre tan argentina en su formación política, ha entrado en un perverso proceso de «normalización».

¿Todos somos Argentina? Todavía no, pero cada vez más, sí.

Un extremo del espectro político argentino ha conquistado el centro, arrinconando al extremo izquierdo de la gobernancia y abriendo la posibilidad para la concertación de un pacto de dos derechas. ¿Cuál de las dos dictará las condiciones a la otra? Ese es exactamente el tema: el tema de la hegemonía. Y ese también es el tema que se está debatiendo en diversas latitudes.

Para abordar el tema de la lucha hegemónica al interior de las dos derechas, parece ser conveniente intentar una mínima caracterización. La tónica general es que hay una derecha intersistemica y otra antisistémica. En Argentina, la intersistémica, reconocida también como oposición oficial, es la liderada por «la dama de hierro# Patricia Bullrich y la derecha anti (o extra) sistémica, es la liderada por Milei.

De acuerdo a una tipología en rigor, en Argentina existía –de un modo muy particular– una triada formada por los conservadores, acogidos en JxC; los liberales, repartidos entre JxC y el peronismo no izquierdista; y los socialistas (izquierda nostálgica, izquierda woke, izquierda marxista, izquierda kirchnerista, izquierda …. ).

La derecha de Milei, llamada también nacional-populista, ultra neoliberal, y por no pocos -más bien a modo de insulto- fascista, es por definición, antisistema. O lo que es parecido: no formaba parte de ninguna alianza ni de ninguna convivencia pública. Y si se impuso no fue pese, sino gracias a ser antisistema. Y como tal se asumió.

Para referirse al conjunto de la clase política Milei no vaciló en robar al Podemos español el término «la casta» y al peronismo de 2001 el lema «que se vayan todos». Dos consignas antisistémicas por excelencia.

De tal modo, se quiera o no, el movimiento de Milei ostenta un carácter subversivo cuyos alcances sociales sobrepasan lejos el tono más bien pacato de las derechas tradicionales. De acuerdo a Schuster y Stefanoni: «Como suele ocurrir con otras derechas radicales de la actualidad, Milei terminó funcionando como el nombre de una rebelión. De hecho, muchos de sus militantes no quieren abolir el Estado, comprar o vender órganos o niños, dinamitar el Banco Central ni acabar con la educación o la salud pública. Pero, como se vio en las encuestas callejeras del canal sensacionalista Crónica TV, decir «Milei», en boca de jóvenes y trabajadores precarizados, al igual que trabajadores de plataformas, terminó siendo una especie de «significante vacío» de un momento de policrisis nacional”.

Dicho en forma corta: Milei capitalizó la bronca

No obstante –y esto es lo que ha ocurrido con todos los partidos antisistémicos, sobre todo con los europeos, sean de izquierda o de derecha– nos encontramos con una notable paradoja. Y es la siguiente: Gracias a su política antisistémica han sido abiertas las puertas para que Milei pueda ingresar al sistema y con ello, sistematizarse. Pero eso, a la vez –este es el problema grave– llevaría a un proceso de re-sistematización de todo el orden político vigente.

No deja de ser importante que la primera persona que felicitó a Milei por su exitosa votación haya sido el ex presidente Mauricio Macri. Muchos, y con razón, entendieron la felicitación como una invitación a un diálogo que puede llevar a la búsqueda de una vía común de acceso al poder, dependiendo sí, claro está, de los resultados de las elecciones de octubre. Milei, tal vez loco, pero no tonto, entendió de inmediato el mensaje.

Eso quiere decir que desde aquí a octubre va a haber un diálogo intenso, cabildeos, negociaciones, amenazas, chantajes, y fiestas de encuestas que mostrarán como los votantes del partido de la derecha tradicional, entusiasmados por el triunfo de Milei, cambiarán de lado y pasarán a apoyarlo. O al revés, como sectores que apoyaban al gobierno, decidirán apoyar a JxC bajo la condición de que Patricia Bullrich no contraiga una relación de noviazgo político con Milei. Este, a su vez, debe haber advertido que, aunque su opción aumente de modo descomunal –lo que no es imposible después del empujón recibido en las PASO– caminando solo no llegará a ninguna parte. Si quiere alcanzar el gobierno deberá convertirse de anti, en intersistémico, dejando de lado algunas locuras y payasadas a las que parece ser tan adicto. Como se ve, en todas partes se cuecen habas y parece que en Argentina se cocerán más habas que en otras partes.

Puede ser que los ciudadanos argentinos ya están entendiendo que lo sucedido forma parte de una constelación global. Como en muchos países, tanto a nivel regional como a nivel global, las dos derechas argentinas deberán decidir cuál de ellas timoneará el buque político. ¿Cómo será entonces la nueva alianza de poder? Nadie lo sabe todavía. Todo está abierto, todo es incierto.

Hay un abanico de posibilidades.

Una posibilidad podría ser «a la italiana», donde Georgia Meloni, luego de aparecer como candidata con un pie dentro y otro fuera del sistema, decidió continuar la tradición política, imprimiendo a su gobierno un aire conservador y católico, pero sin llevar a cabo el proyecto putinista de Salvini y del finado Berlusconi. También está abierta la posibilidad que se da (todavía) en Francia y Alemania, a saber, que los partidos tradicionales declaren a la derecha de Milei como un partido «paria» (al estilo del Frente Nacional y de Alternativa para Alemania).

Podría darse incluso la posibilidad de que grupos de poca monta aparezcan en condiciones de inclinar la balanza hacia un lado u otro, como está a punto de suceder en España. O podría aparecer un gobierno de coalición con un conciliador Milei a la cabeza, pero que llevará, gracias al apoyo inicial de la derecha tradicional, a un desmontaje de la constitucionalidad democrática liberal, como ya intentó hacerlo Trump en los Estados Unidos, y como ya lo hicieron Erdogan en Turquía, Orban en Hungría, Duda en Polonia y Netanyahu en Israel. En fin, las posibilidades son múltiples. Los designios del dios de la política son inescrutables.

Lo que sí ha quedado muy claro, es que como en muchos países –habría que incluir a la mayoría de los de Europa del Este– ha irrumpido en Argentina una nueva fuerza ultraderechista que podría colaborar en la conformación de un también nuevo orden político más allá de Argentina.

Hay nombres latinoamericanos como Bolsonaro, Bukele, Kast, incluso la venezolana Machado, que muestran que Milei no está solo. Las similitudes con otras derechas regionales son más que ostensibles. El trumpismo latinoamericano avanza a paso de vencedores.

Por eso mismo, el peligro de un Milei convertido en presidente, si bien afectará a la economía y a la sociedad, puede afectar aún de modo más decisivo a la convivencia democrática, a la paz social y así llevar a la degradación de la vida cívica e incluso a la anomia política, antesala de todo gobierno autoritario. Nadie dice que eso va a pasar, pero el peligro existe.

¿Cómo pudo haber ocurrido esto? Puede que esa sea la pregunta que formularán los historiadores en el futuro. Por ahora sabemos que el sistema político «ideal» formado por las tres vertientes de la modernidad: la conservadora, la liberal, y la socialista, ya es demasiado estrecho para contener las demandas de diversos sectores sociales y culturales, excluidos o disconformes con el orden político vigente.

Lentamente comenzamos a comprender que la similitud de forma y contenido que se da entre diversos movimientos y partidos occidentales, no es casual. La que ha llegado a Argentina es una ola antidemocrática global. Así nos la describe Carlos Pagni: «En diciembre de 2001 los argentinos protagonizaron un estallido social que envolvió a todas las capas sociales. Kirchnerismo y macrismo fueron los dos instrumentos que se dio la democracia para ensayar una reconciliación entre la libertad y la política. Al cabo de veintidós años, esas dos novedades que cubrieron todo el espacio de representación disponible, emiten señales alarmantes de agotamiento».

Hemos de aceptar al fin que estamos atravesando por una crisis de representación hegemónica.

Observamos al mismo tiempo que quienes nos dedicamos a poner orden conceptual al caos de la gramática política, carecemos de los conceptos necesarios para entender mejor lo que está pasando. Hablamos por ejemplo de una nueva derecha usando el comodín llamado «populista», pero solo para diferenciarlo de las derechas que conocíamos, tanto en sus formas conservadora como liberal. Tachamos con facilidad a Milei, o a Bolsonaro, o a Trump, o a Bukele, de locos, sin preguntarnos por qué grandes masas no solo votan por ellos sino, además, por qué los siguen con un fervor rayano en lo religioso. Algunos creen que enfrentamos a un nuevo fascismo, pero al mismo tiempo observan que a estas nuevas apariciones les falta esa razón que daba vitalidad al fascismo (y al comunismo): la promesa de un orden histórico superior.

En verdad, casi ninguno de los nuevos irracionales líderes de nuestro tiempo se enreda con temas del futuro. Si tienen algo en común es el negacionismo del presente. Representan un «no» muy fuerte y un «sí» muy débil.

«No» a la clase política (incluyendo a la derecha tradicional), «no» a las instituciones, «no» a los que prueban que hay cambio climático inducido, «no» a las libertades sexuales y de género, «no» a la legalización del aborto, «no» al feminismo, «no2 al estado social, «no» a la UE, «no» a la ONU, «no» a enviar armas a Ucrania, «no» a la globalización, «no» a las instituciones judiciales, «no» a la democracia política. Incluso la lucha en contra de la delincuencia, de por sí legítima, va acompañada de llamados a los ciudadanos «buenos, justos y morales» (y en los EE UU, blancos) a portar armas, para defender el honor de sus familias y de la patria amenazada por asociales y emigrantes.

Reducir la aparición de personajes excéntricos como Bolsonaro, Milei o Trump a una consecuencia de cambios experimentados en la estructura económica del capitalismo global, como suelen hacer los analistas profesionales, es demasiado fácil. Puede ser cierto. Pero para que esos cambios se traduzcan de modo político, deben estar cruzados con otros, entre ellos los demográficos, los culturales y, por cierto, los sociales.

«La sociedad argentina está astillada» -escribe José Natanson en un artículo publicado en las vísperas de las PASO – “No explota como en 2001 porque las organizaciones sociales contienen los reclamos y porque los gobiernos (todos los gobiernos) aprendieron a sostener una asistencia estatal mínima pero masiva. Pero revienta hacia adentro, todos los días: hay una epidemia de suicidio entre varones jóvenes de los sectores populares, aumenta el consumo de drogas, alcohol y psicofármacos, el «nihilismo político crece», «los servicios públicos se deterioran».

Crisis orgánica, diría Gramsci.

En acuerdo indirecto con otros autores, he venido sosteniendo que los deterioros que se observan en los órdenes políticos tradicionales, son reacciones a un proceso de democratización que comenzó siendo político a finales del siglo pasado, pero que también –no exentos de excesos– ha penetrado en las esferas de las relaciones personales, incluyendo las más íntimas, como son las de género, las sexuales, las familiares.

Contra eso y mucho más aparecen los movimientos negacionistas. No solo en Argentina. Si usted los combina con una inflación desatada, con el aumento de la delincuencia, con el consumo desenfrenado de drogas, con una guerra cada día más mundial, y mucho más, tendremos el mundo ideal para que aparezcan trumps y trumpitos por todas partes.

La nueva extrema derecha de masas –la vamos a llamar por ahora así– es hija del miedo. Un miedo que como todos los miedos solo puede desaparecer si conocemos sus razones. No podemos pedir a los políticos que las descubran; su tarea es otra: hacer política con lo que hay, y si lo que hay es miedo, hacer política con el miedo; a lo Milei.

Descubrir y revelar las razones del miedo social (también llamado, inseguridad) es tarea para los pensadores, sean de oficio o no. Pero ¿y si ellos también capitulan frente al miedo? Y al hacer esta última pregunta, mi teléfono suena ocupado.

Referencias:

Mariano Schuster, Pablo Stefanoni – LA DERECHA DURA CAUTIVA AL ELECTORADO ARGENTINO (polisfmires.blogspot.com)

Jose Natanson – ARGENTINA EN EL ATARDECER DE LOS LIDERAZGOS (polisfmires.blogspot.com)

Carlos Pagni – Los argentinos y la democracia, o Apolo y Dafne | EL PAÍS Argentina (elpais.com)

Fernando Mires – LA INVASIÓN DE LOS EXTREMOS (polisfmires.blogspot.com)

Twitter: @FernandoMiresOl

Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista Político, Escritor, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol. Fundador de la revista POLIS.

https://talcualdigital.com/todos-somos-argentina-por-fernando-mires/

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