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Opinión

Werner Corrales

Los resultados de las elecciones españolas del 23J dan un ejemplo de la dificultad práctica de llegar a alianzas que unifiquen a grupos democráticos para construir un gobierno sin la participación de extremistas.

La voluntad de la sociedad española se expresa en una amplia mayoría alrededor del centro, pero una ligera mayoría de votos de la izquierda y la centro izquierda vistas en su conjunto, con una gran fragmentación.

A pesar de esa fragmentación, el PSOE pudiese estar en mejor posición que el PP para armar una coalición de gobierno, independientemente de que se la califique de homogénea o “Frankenstein”.

Todo dependerá de la avidez de Sánchez por mantener el poder, que en los extremos podría llevarlo a aliarse con independentistas cerriles o herederos de organizaciones terroristas.

Lamentablemente, ni el PP de Núñez Feijoo ni el PSOE de Sánchez son capaces de ejercer el desprendimiento necesario como para abstenerse en el congreso de manera de permitir al otro, si este tiene mayoría de votos, armar un gobierno sin coaligarse con los grupos extremistas.

Un gobierno de PSOE, Sumar, Bildu, ERC y otros pequeños grupos extremistas es muy malo pero, para mi, un gobierno del PP y VOX no es mucho mejor, porque la ultra derecha española llega a muy graves extremos xenófobos, anti-autonomistas, racistas y homófobos que pueden terminar generando mucha confrontación y pérdida de visiones compartidas en la sociedad española.

Tal vez lo mejor para España sea repetir la elección popular.

24 de julio 2023

 1 min


Mohamed A. El-Erian

China fue por varias décadas un ejemplo brillante de cómo capitalizar la globalización para acelerar el crecimiento económico interno y el desarrollo. Pero ahora corre riesgo de convertirse en un cuento moralizante sobre lo que ocurre cuando se maneja mal el cambio de la globalización de benéfico viento de cola a disruptivo viento de frente.

Más allá de sus características únicas, los padecimientos recientes de la economía china son ejemplo de los problemas de crecimiento que enfrentan muchos países (desarrollados y en desarrollo). También muestran que aunque el crecimiento económico no es lo único que importa, sin crecimiento no se puede hacer gran cosa.

Se suponía que este año iba a mostrar una fuerte recuperación económica de China. En vez de eso, estos días muchos analistas se han visto obligados a volver a revisar a la baja sus pronósticos de crecimiento (y es probable que otros los secunden). Esta visión cada vez más pesimista es atribuible a tres grandes factores.

En primer lugar (como muestran los últimos datos de comercio internacional), la economía global ya no está sosteniendo la dinámica de crecimiento interno de China. En junio, las exportaciones chinas cayeron un 12,4% (medidas en dólares) y las importaciones un 6,8%, mucho peor que la previsión consensual que hablaba de una reducción del 10% y 4,1% respectivamente. Estas cifras decepcionantes son resultado de un lento crecimiento de la demanda en Europa y otros lugares y de un aumento de restricciones contra China (en particular las impuestas por Estados Unidos); esto creó un ciclo de retroalimentación que debilitó todavía más las perspectivas de crecimiento del país.

En segundo lugar, las autoridades chinas parecen indecisas entre dos métodos distintos para estimular la economía, y el resultado es una respuesta oficial bastante ineficaz. Si bien el gobierno parece inclinado a regresar a las medidas de estímulo «desde arriba» que empleó en el pasado, su implementación real ha sido limitada, por el temor a agravar ineficiencias y obstaculizar la deflación de burbujas de deuda que se está produciendo en forma generalmente ordenada en algunos sectores. Por el otro lado, la muy necesaria alternativa de liberar el dinamismo económico «desde abajo» se ve limitada por consideraciones políticas internas. El resultado es que China se encuentra atascada en el muddled middle, algo confuso que no es ni una cosa ni la otra. Y a estos problemas se suma una serie de factores estructurales, entre ellos el envejecimiento poblacional, un alto desempleo juvenil y la persistencia de áreas de excesivo apalancamiento.

En tercer lugar, la eliminación de las prolongadas restricciones derivadas de la política de COVID cero no llevó a un salto uniforme en la demanda de hogares, empresas y propiedades. En vez de eso, el proceso ha sido desparejo y más débil de lo que esperaba el pronóstico de consenso. Si bien el PIB se recuperó un 6,3% en el segundo trimestre, el crecimiento no llegó al 7,1% que esperaban los analistas.

Puesto que es probable que el crecimiento en Europa y Estados Unidos siga muy contenido por tiempo indefinido, y mientras la economía global aún no se recupera de los efectos de la oleada de subidas de tipos de interés más agresiva que hayan aplicado los bancos centrales de las economías avanzadas en varias décadas, China no puede contar con que la globalización rescate su tambaleante modelo de crecimiento. Y la inversión extranjera directa también se redujo conforme las empresas buscan diversificar las cadenas de suministro independizándolas de China. Además, hay más probabilidad de que en respuesta a las inquietudes de seguridad nacional estadounidenses aumenten las restricciones al comercio y la inversión por motivos geopolíticos.

En vez de buscar salvación en la demanda externa, China necesita prestar más atención a las fuentes internas de crecimiento económico sólido y sostenible. En esto, la implementación de las políticas viene con retraso y no está a la altura de la retórica de la dirigencia política. Asimismo, el marco de política industrial del país todavía no encuentra el equilibrio justo entre las directivas de nivel macro y la provisión de una autonomía operativa suficiente en el nivel micro.

Para no caer en la trampa de los ingresos medios en la que se han visto atrapadas muchas economías emergentes, China tiene que evitar la incoherencia en la formulación de políticas. Dicho eso, y con muy pocas excepciones, es difícil señalar alguna economía de tamaño considerable que haya conseguido eludir esta trampa en las últimas décadas.

China constituye un ejemplo especial de un país con estrategias de crecimiento que están en el muddled middle, pero no es el único que corre riesgo de caer en una trampa de crecimiento. Hoy los países desarrollados y los países en desarrollo enfrentan un riesgo de estancamiento económico (o peor, de retroceso) similar.

Con la excepción de Estados Unidos, pocas economías con influencia sistémica han reconocido la importancia de darles una revitalización integral a sus estrategias de crecimiento. E incluso en Estados Unidos, donde las acciones recientes del gobierno van en el sentido de estimular un crecimiento más sostenible, el proceso todavía puede interrumpirse si la Reserva Federal vuelve a equivocarse en sus políticas.

Estos últimos dos años, Gordon Brown, Michael Spence, Reid Lidow y yo hemos debatido estrategias que permitan a los gobiernos crear el crecimiento inclusivo, duradero y sostenible que se necesita para satisfacer las necesidades y aspiraciones de sus ciudadanos. Los resultados de estas deliberaciones se presentan en nuestro próximo libro Permacrisis: A Plan to Fix a Fractured World, que se publicará en septiembre.

Nuestra idea es sencilla. Apelando a la reducción de variables, hemos identificado un conjunto manejable de acciones centradas en tres áreas clave: rediseñar modelos de crecimiento estancados y cada vez más ineficaces, mejorar la gestión económica nacional y fortalecer las respuestas internacionales y la coordinación global de políticas. Estamos firmemente convencidos de que un conjunto detallado de medidas realistas y viables puede revertir una serie de fenómenos prolongados preocupantes, entre ellos la pérdida de crecimiento y productividad, el aumento de la desigualdad y una fragilidad financiera elevada.

Nuestros hallazgos son aplicables no sólo a China y a otros países en desarrollo, sino también a los grandes países desarrollados, donde los problemas internos y un involucramiento global insuficiente debilitan su bienestar económico y social y la estabilidad del sistema internacional. A pesar de las políticas erradas que nos dejaron en la trayectoria actual, ahora tenemos una oportunidad de escuchar las enseñanzas del pasado y del presente y trazar una senda más prometedora para las generaciones futuras.

Traducción: Esteban Flamini

20 de julio 2023

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/fixing-the-fractured-global...

 5 min


Grace Piney

Conocido en toda América y España, el prolífico escritor y periodista cubano Carlos Alberto Montaner decidió una muerte digna es un acto de libertad individual y de respeto a la vida, a la vida vivida y a la de las personas con quienes la vivió. Es un acto consecuente en su idea de los derechos individuales. Esa es la base de este tema.

En su último texto el escritor Carlos Alberto Montaner pide un debate sobre el derecho a la muerte asistida: la eutanasia. Hace años, tuvimos esta conversación porque teníamos una amistad llena de confidencias y complicidad. A veces ocurre entre un escritor y el editor de uno de sus textos más intimistas. Él prometió “avisarme” y yo prometí escribir este texto. En aquella ocasión, en el salón de mi casa en Madrid, con una taza de té en la mano mientras editábamos “La mujer del Coronel”, dijo que tenía una pistola lista para usar si llegaba el momento. La edición de ese texto lo tenía exultante de gozo. ¡Nunca lo vi tan plenamente feliz! No hablaba una persona en el medio de los baches de la vida.

Le dije: “Hay formas más civilizadas. Imagina la escena en la que tu familia encuentra un cuerpo destrozado por el impacto de una bala. ¿De verdad quieres eso?”. Los argumentos de índole religiosa no tenían sentido para él. Disfrutaba el intercambio conmigo especialmente porque soy católica, una persona comprometida con Dios y con la Iglesia. Podía ser muy provocador porque era un polemista por naturaleza, hasta después de muerto. Montaner había superado una cirugía y llevaba un marcapasos; era sobreviviente de cáncer y mantenía a raya los posibles efectos de la diabetes. En ese momento, esos eran sus achaques, que “atesoraba con cariño”, como solía decir.

Hace más de diez años ¡y ya se sentía listo para partir! Decía que ya había cumplido, que estaba en paz. Vivió más intensamente de lo que se pueda imaginar porque, además de la vida real tenía el mundo infinito que nos regala la creación literaria. Montaner fue un hombre de palabra(s) y de compromisos. Se conoce mucho más su obra como periodista y como politólogo, pero su verdadera pasión era la narrativa.

Vivió incluso intentos de asesinato porque, aunque fue una persona muy pública y de muchos amigos, tenía también muchos (y peligrosos) enemigos. Conocía la Muerte y tenía una relación cordial con ella. Pedir una muerte digna es un acto de libertad individual y de respeto a la vida, a la vida vivida y a la de las personas con quienes la vivió. Es un acto consecuente en su idea de los derechos individuales.

Esa es la base de este tema. Estimado lector: No me malinterpretes, no te estoy empujando al suicidio, ni Montaner tampoco. La vida es bella y siempre puedes encontrar razones para vivir. Pero, cuando la vida pesa más que la muerte, decidir tocar el botón que la apague debería ser un derecho reconocido como tal. La muerte asistida no se aplica a personas que se aburrieron de esta vida. Técnicamente, no es un suicidio. Y no se dispensa como aspirinas sin receta.

¿Sabes qué cantidad de suicidios ocurren cada año en los países desarrollados? La mayor parte de ellos de manera violenta, conllevando enorme sufrimiento. Y aparte, están los intentos de suicidio sin éxito que dejan secuelas con las que vivir se hace más difícil. Me alegra que Montaner haya recurrido a la vía más civilizada. El hecho de que en Estados Unidos no sea legal la eutanasia lo forzó a regresar a España “para morir”.

En Estados Unidos es legal la tenencia de armas y usarlas para matar en defensa propia; lo es la pena de muerte (que se ejecuta por medio de inyección de un cóctel de fármacos) y lo es el aborto. Todos estos casos implican matar a otro. Es legal retirar la asistencia vital cuando el paciente presenta muerte cerebral y debe ser aprobada por un familiar o persona designada.

Sin embargo, el haber hecho un intento de suicidio puede negar el acceso a un empleo y la muerte por suicidio anula los beneficios que podría recibir la familia si el occiso hubiera tenido seguro de vida. En resumen, es legal determinar la muerte de otro pero no la propia. Las dos únicas posibilidades de decidir sobre uno mismo son rechazando las maniobras de resucitación en caso de accidente o enfermedad y negándose a recibir tratamiento médico.

Probablemente Estados Unidos no esté listo para este debate. Pero la sociedad estadounidense tiene varias asignaturas pendientes con respecto al derecho a la vida ¡y a la muerte! La muerte asistida implica pasar de la vida a la muerte con tranquilidad, sin dolores y en paz. Implica que las familias se preparan para el proceso y para superarlo. El respeto a la libertad individual tiene que reconocer el derecho a decidir morir dignamente, sin dolor y sin sufrimiento.

Echaré de menos a Montaner el resto de mi vida, como muchos de sus amigos. Pero defenderé su derecho a morir incluso si no estuviera de acuerdo con su decisión.

29 de julo 2023

El Nuevo Herald

https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article277640768.html

 4 min


Humberto García Larralde

El pasado 20 de julio, el antropólogo Víctor Rago asumió el cargo de Rector de la Universidad Central de Venezuela, junto a quienes forman el nuevo equipo rectoral electo el pasado 9 de junio. Enhorabuena. Si bien es ocasión de celebrar, pues la UCV llevaba unos quince años sometida a una absurda disposición aprobada por el chavismo que impedía el ejercicio de sus potestades autonómicas para renovar, con base en criterios académicos, a sus autoridades, es obligado hacer referencia, también, a los formidables desafíos a que tendrán que afrentar los recién elegidos, incluyendo decanos y demás representantes del gobierno universitario.

Destaca, en primer lugar, la terrible situación que ha resultado del acoso y de la desidia de un Estado dominado por el chavismo contra las universidades nacionales. Años de agresión física, destrozo y de robo de activos de la institución a mano de bandas forajidas identificadas con el régimen –computadoras, equipos de laboratorio, colecciones valiosas, insumos, instalaciones diversas, incluidas las estaciones experimentales, y enseres de todo tipo--, han asestado un duro golpe a las posibilidades de realizar sus elevadas funciones académicas de docencia, investigación y extensión con base en los criterios de excelencia que las deben inspirar.

Pero también hay que recordar las agresiones contra personas –estudiantes, profesores, empleados, incluso contra miembros del equipo rectoral—que buscaron sofocar, imponiendo un reino de terror, la naturaleza crítica que, por excelencia, debe poner de manifiesto toda universidad que se valore como tal.

Luego está el cercenamiento progresivo de sus potestades autonómicas con dictámenes judiciales y la confiscación por parte del Ejecutivo Nacional de manejos administrativos que son propios de toda institución autónoma. Finalmente, resalta la ignominiosa postración a la que se le ha intentado llevar mediante una asfixia presupuestaria progresiva, aplicada con saña y alevosía. El elemento más criminal de ello son los sueldos de hambre a que fueron sometidos profesores, empleados y trabajadores, con la clara intención de quebrar la dignidad y el aprecio con los que deben ejercer sus funciones. Ello no soslaya, empero, el daño causado por la falta de recursos con los cuales mantener adecuadamente las instalaciones universitarias, como por la incapacidad de reponer y ampliar su dotación de equipos científicos y administrativos.

Cabe señalar que este cúmulo de ataques no puede simplemente despacharse cómo la agresión típica de toda dictadura militar contra una institución que, por su esencia, le corresponde ser crítica ante las arbitrariedades, injusticias y escamoteos de la verdad ejercidas desde el poder. Tampoco deben relativizarse haciendo referencia a las asignaciones recientes del Ejecutivo para reparar y mantener aspectos de su infraestructura. No debe olvidarse que la Ciudad Universitaria de Caracas, obra magistral del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO. Mal haría un régimen que aspira romper su aislamiento internacional no mostrar su “interés” en cuidar de sus instalaciones. Pero estas escasas carantoñas no pueden esconder el terrible quebranto del acervo científico, humanístico, tecnológico y cultural de las instituciones de Educación Superior bajo la égida del régimen fascista chavo-madurista.

Un video que circula recientemente por las redes muestra los espantosos niveles de destrucción de lo que queda de la Universidad de Oriente (UDO): edificaciones, laboratorios, auditorios y campos deportivos reducidos a escombros, como si hubieran estado sometidos a bombardeos. Otras reseñas, referentes a la situación de la Universidad del Zulia (LUZ) y la de Los Andes (ULA), ponen de manifiesto también destrozos inaceptables de sus instalaciones, aunque quizás no en grados tan lamentables como los de la UDO.

Y no hay que aventurarse mucho para entender que, más allá, la víctima central de estas agresiones ha sido la nación venezolana. La generación de conocimientos, la formación de talentos y la interacción provechosa con la frontera internacional de saberes son indispensables, hoy, para un crecimiento económico sano y justo, la contención del cambio climático, el resguardo del ambiente y la dotación de condiciones de vida dignas, en lo material como en lo espiritual, a la población. Pero en Venezuela, el valiosísimo instrumento que representan las universidades de excelencia, interlocutoras imprescindibles con los avances de la humanidad y agentes ideadas para convertirlos en palancas positivas de cambio y de progreso, son arrasadas.

Tanto escuchar mencionar a la Sociedad del Conocimiento para que una oligarquía militar-civil ignorante y primitiva mantenga aplastada, precisamente, las casi únicas antenas de que dispone el país hacia tan indispensable ingrediente del bienestar: el conocimiento. En momentos en que la destrucción de lo que fue una vez una industria petrolera pujante y eficiente deja al descubierto la enorme vulnerabilidad que representó depender de ella como sostén de nuestra prosperidad, merece calificarse como crimen de lesa humanidad del régimen haber llevado a nuestras universidades al estado en que se encuentran hoy. Cómo revertir este proceso es, por tanto, el gran desafío.

En lo inmediato, es menester encontrar la forma de mejorar, aunque sea algo, las miserables remuneraciones a las que se ha visto condenado el personal académico y de apoyo. Debería ser preocupación central del Ejecutivo, pero dada la destrucción de la economía y la inquina del fascismo hacia fuentes de conocimiento autónomas que cuestionen sus “verdades”, es dudoso esperar una mayor dotación presupuestaria para las universidades y mejores sueldos a quienes en ellas laboran. Pero hay que insistir. Podría explorarse la concertación de planes para sincerar la nómina y reducir personal redundante. El Estado no puede desentenderse de esta responsabilidad. Lamentablemente, los ambiciosos proyectos de las zonas rentales de Caracas y Maracay habrán de aguardar mejores tiempos.

Fuentes independientes de recursos, como la generación de ingresos propios por la venta de cursos de especialización (“diplomados”), asesorías y servicios especializados, como el alquiler de espacios y equipos, promoción de eventos, desarrollo de parques tecnológicos y/o de incubadoras de empresas, etc., deben promoverse donde sea posible. La flexibilización de la normativa respectiva debe ocupar la atención de las nuevas autoridades.

Más allá, es necesario profundizar los vínculos de la UCV con universidades y centros de investigación nacionales e internacionales, agencias de cooperación, la UDUAL y otras asociaciones universitarias, para compartir proyectos de investigación, postgrados integrales, convenios de doble titulación, etc., que extiendan el nombre y alcance de nuestra Alma Mater más allá de lo que permiten los magros recursos con las cuales se la ha dejado.

Para profundizar en este afán no hay otro camino que el de continuar y profundizar la rigurosidad y el apego a la búsqueda independiente de la verdad, con la que toda institución académica con pretensiones de excelencia debe abordar su misión. Ésta no se define, claro está, por su oposición al régimen, pero si se identifica con la prosecución de los fines más nobles de la humanidad a través de su labor creativa y la defensa de los valores de justicia, libertad e inviolabilidad de los derechos básicos del ser humano.

La Universidad Central de Venezuela exhibe un rico historial al respecto, del cual nos sentimos orgullosos los UCVistas. En tal sentido, los aportes de las universidades al enriquecimiento de la democracia, tanto en la solución de problemas diversos de la población como en su elevación espiritual y cultural, han sido muy positivos. ¡Ojalá existiesen posibilidades de llegar a acuerdos con el Estado venezolano para fortalecer estos atributos! Lamento tener que concluir que, para ello, tendría que existir otro gobierno, pues el actual ha mostrado encarnar su antítesis.

De manera que el desafío central de las nuevas autoridades de la UCV es cómo sobreponerse a este clima de penurias, adversidades y atraso al que, infortunadamente, ha provocado la oligarquía en el poder, para sostener su elevada misión académica con la mayor libertad y consecuencia posible. Confiemos en que las nuevas autoridades, con el apoyo activo de la comunidad, exhiban las convicciones, firmeza de decisiones, pero también, la requerida prudencia, para conducir exitosamente a la institución en esta dirección, en tan menguada hora para el país. Su misión se resume en seguir siendo fiel al impar lema de “la Casa que vence la sombra”. Nuestros mejores deseos porque así sea.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela

humgarl@gmail.com

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Andrés Cañizález

Venezuela se aproxima un nuevo ciclo electoral signado por la incertidumbre, la falta de condiciones electorales y el evidente desinterés de gran parte de la comunidad internacional sobre la prolongada e irresoluta crisis venezolana. Junto a esto, se evidencia una nueva oleada migratoria de venezolanos, que parece originarse por la combinación de condiciones socioeconómicas adversas y una desesperanza en torno a posibles mejoras individuales o la ausencia de una perspectiva de cambio democrático dentro del país.

Me detendré brevemente en las tres aristas mencionadas en el párrafo inicial, para luego presentar tres posibles escenarios electorales para 2024. En primer término, lo que define este tiempo, en relación con elecciones, es la incertidumbre. Estados Unidos y la Unión Europea (UE) piden elecciones presidenciales en 2024, el régimen de Nicolás Maduro a través de varios referentes ratifica que sí habrá y los principales actores opositores están activados, desde ya con unas primarias de cara a escoger un candidato unitario. Todos parecen estar de acuerdo, pero no hay ni un calendario ni una fecha definidos, mientras que el Consejo Nacional Electoral (CNE, el ente oficial que organiza los comicios) está acéfalo por decisión reciente del propio chavismo y por tanto inoperativo, hasta nuevo aviso.

A esta falta de decisiones que ayuden a trazar una hoja de ruta, se suma la falta de condiciones electorales. Están sobre la mesa un conjunto de recomendaciones que hiciera una misión de observación electoral de la UE en 2021, pero no hay anuncios de si estas efectivamente se van a incorporar al sistema y al próximo proceso electoral. Están, además, las inhabilitaciones contra un grupo de candidatos opositores. Se trata de medidas administrativas, en su gran mayoría reñidas con lo que establece la Constitución, pero constituyen de facto impedimentos reales para que un aspirante inscriba su candidatura ante el CNE. Tanto las condiciones como las inhabilitaciones forman parte de negociaciones que ocurren de manera taciturna a tres bandas: gobierno de Maduro y gobierno de Joe Biden (con canales directos de comunicación entre Washington y Caracas); gobierno de Maduro y representantes de la Plataforma Unitaria, una suerte de herencia de la extinta Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que llevó a la oposición a su más importante triunfo en las elecciones legislativas de 2015.

No hay, a fin de cuentas, aún un acuerdo claro y refrendado por todos los actores involucrados sobre cómo construir la ecuación elecciones y sanciones. El chavismo plantea que no irá a elecciones con sanciones, eso significa que primero Estados Unidos debería levantar restricciones económicas y comerciales, principalmente a Petróleos de Venezuela; el Consejo de Seguridad Nacional quien lleva la vocería en este caso, más que el Departamento de Estado, plantean un proceso paulatino de levantamiento de sanciones a cambio de mejores condiciones para que los opositores participen en 2024.

Todo esto ocurre en medio de un cada vez más notable desinterés de la comunidad democrática internacional sobre el devenir de Venezuela. Estados Unidos, UE y Canadá siguen presionando por elecciones, pero sin encontrar eco entre países de América Latina. Colombia y Argentina, que en determinados momentos asomaron intenciones de jugar un papel más activo han pasado a ser invitados en las iniciativas de otros, como quedó en evidencia en la reunión de Bruselas, al margen de la Cumbre UE-CELAC, donde la voz cantante entre los jefes de Estado presentes en ese petit comité la tuvo el francés Emmanuel Macron. Brasil, entretanto, con el regreso de Lula da Silva y su abordaje sobre Venezuela parece más enfocado en sacar rédito interno, para su país (por ejemplo, con el tema energético), y para la internacional anti-EEUU, que en construir una salida democrática que favorezca a los venezolanos.

Posibles escenarios en esas elecciones de 2024.

1) Unos comicios no competitivos. El chavismo sabe que si abre cualquier compuerta de libre elección esto se revertirá en su contra y por tanto antes de las elecciones usando diversos artilugios descabeza cualquier opción política con chance de ganarle. Finalmente concurre, como en 2018, una oposición leal que no podrá en riesgo la continuidad de Maduro en el poder.

2) Unos comicios semi-competitivos. Como parte de su proceso de negociación con EEUU y la UE, el chavismo accede a quitar inhabilitaciones a algunos actores opositores y no a otros, con el fin de dividir a sus adversarios, y abre la puerta para que algunos líderes nacionales independientes se presenten en los comicios, sabiendo que un voto disperso le podría mantener en el poder, siendo la principal minoría.

3) Unos comicios competitivos. En este momento es el escenario menos probable, y necesariamente debería estar precedido de un quiebre o fisura en el estamento político-militar. La transacción planteada por la Casa Blanca de condiciones electorales a cambio de quitar sanciones funciona. La candidatura más votada en las primarias de la oposición se inscribe en las elecciones presidenciales, y esto consolida una sólida movilización ciudadana que tiene un objetivo claro: elecciones. En el transcurso de esa campaña electoral, diversos gobiernos de América Latina le ofrecen protección y/o asilo a quienes saldrán del poder, como garantía de que acepten los resultados.

Mi pronóstico es que sí habrá elecciones en 2024. El régimen de Nicolás Maduro como cualquier autoritarismo que concurre a unos comicios hará todo lo que esté a su alcance para perpetuarse en el poder, por tal razón veo con más posibilidades de ocurrir a los escenarios 1 o 2, según transcurran las negociaciones con Washington. Un elemento preocupante, en cualquier escenario, es que tal vez muchos países y organismos internacionales -agotados por la falta de salidas democráticas- terminen validando como legítimas unas elecciones que no lo sean del todo, básicamente para “pasar la página” en relación con Venezuela y terminar asumiendo que, a fin de cuentas, Nicolás Maduro ocupa el poder después de que tuvieron lugar unas elecciones.

31 de julio 2023

https://www.cadal.org/publicaciones/articulos/?id=15341

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Paola Bautista de Alemán

Lech Walesa ofreció una conferencia en Madrid el 24 de mayo de 2005. Miguel Ángel Martínez Meucci se encontraba en el público. El joven venezolano cursaba estudios de doctorado en la Universidad Complutense y actualmente es colaborador cercano del Instituto FORMA. Cuenta Miguel Ángel que el expresidente polaco dijo lo siguiente:

Convertir a una sociedad capitalista en una sociedad comunista es fácil: es como hacer sopa de pescado a partir del contenido de una pecera… solo hay que darle calor al recipiente y hervir lo que contiene. Pero, hacer lo contrario… convertir a una sociedad comunista en una sociedad capitalista, es difícil: es intentar construir una pecera a partir de lo que ofrece una sopa de pescado.

El símil anterior refiere a la naturaleza del estudio que hicimos público el pasado viernes 21 de julio, en Caracas. En términos de Walesa, la calidad de la pecera son las condiciones predemocráticas. Son las disposiciones estructurales que promueven y sostienen la democracia en distintos entornos. Desde hace meses, el equipo investigador del Instituto de Estudios Políticos FORMA se dispuso a profundizar en este particular y ahora presentamos al país los resultados.

“Venezuela 2023: condiciones predemocráticas” es nuestro primer estudio cuantitativo-cualitativo. Lo hacemos con perspectiva de futuro. Es nuestro mayor deseo que estos hallazgos estén al servicio de quienes trabajan por la liberación de nuestro país y permitan impulsar acciones que contengan el avance autoritario que nos acosa.

En este artículo presentaré las diez conclusiones alcanzadas y los tres desafíos que nos planteamos. Estos párrafos buscan ser carnada. Habremos cumplido nuestro cometido si, al finalizar de leerlos, van a nuestra página web y bajan la versión completa del informe completo.

Snorkel y chapaletas

Antes de avanzar, un breve inciso metodológico. El diagnóstico sobre nuestra pecera se hizo en cuatro fases: documental, cualitativa, cuantitativa y análisis.

En la fase documental, nos dedicamos a revisar la literatura sobre condiciones predemocráticas. Este ejercicio nos permitió identificar los ámbitos estructurales que queríamos estimar y analizar. Identificamos seis dimensiones: lo económico, los mecanismos de control social, la percepción sobre los derechos políticos, el alcance de la corrupción, la calidad del músculo social y la psicología del cambio político.

En la fase cualitativa, hicimos seis grupos focales para validar las dimensiones estructurales que seleccionamos previamente. Obtuvimos impresiones que nutrieron el cuestionario de que aplicamos en el estudio cuantitativo.

En la fase cuantitativa, hicimos un “estudio telefónico nacional a personas inscritas en el Registro Nacional Electoral, aplicando el sistema CATI con grabación y gestión automática de llamadas, escucha y monitorización del trabajo”. Aplicamos 1.500 cuestionarios, el error muestral es de +/- 2,53% y el nivel de confianza es del 95%. El campo se hizo entre el 27 de abril y el 5 de mayo de 2023.

La fase de análisis fue deliberativa y multidisciplinaria. Contamos con el apoyo de especialistas en distintas áreas del conocimiento que nutrieron la investigación.

Diez ideas sobre nuestra pecera

A continuación, compartiremos diez ideas que describen el estado de nuestra pecera.

Círculo de dependencia. Los mecanismos de control social que ha establecido el Estado venezolano se soportan en la dependencia que genera la pobreza, están extendidos a través del carnet de la patria y están más consolidados en la población que se autodefine como “oficialista”. La pobreza crea un círculo vicioso que funciona de la siguiente manera: El punto de partida es la miseria. Las personas que sufren necesidades materiales graves acuden a los canales de dependencia que ofrece el Estado venezolano en busca de alivio; ese paliativo exige fidelidad política y puede llegar a generarla. Pero, como no se subsana el problema de fondo, quien padece los embates de la pobreza queda atada a los potenciales mecanismos de control social. A más pobreza, más vulnerabilidad social y más posibilidades de control estatal.

Sector privado bonsái. Uno de cada diez venezolanos trabaja en la empresa privada. Actualmente, el sector privado formal es pequeño. Sus dimensiones no se compadecen con el esfuerzo que han hecho los empresarios del país, quienes durante décadas han resistido políticas expropiatorias y acoso estatal, entre otras adversidades. Esta extensión limita su incidencia en el entorno actual.

Dependencia y supervivencia. Los venezolanos nos debatimos entre la dependencia y la supervivencia. Cuatro de cada diez consultados trabajan “por cuenta propia” y cinco de cada diez tiene relación ocupacional con el Estado. Ambos estadios obstaculizan el desarrollo integral de la persona, nos reducen a un estado de naturaleza, nos hacen vulnerables y atentan en contra de nuestra dimensión social. En términos de Rómulo Gallegos, nos acercan a la barbarie.

Plata y plomo. Los mecanismos de control social más utilizados por el Estado son la plata y el plomo. La plata es el dinero que llega a través de los canales de dependencia y el plomo refiere al miedo que causa el eventual uso de la represión y de la fuerza bruta.

Perfiles políticos. Las autodefiniciones políticas se diferencian por sus hábitos sociales y preferencias normativas. A continuación, presentaremos una aproximación a los perfiles de los “oficialistas” y “opositores”:

-Los oficialistas tienden a ser más susceptibles a los mecanismos de control social del Estado que refieren al dinero. Cuatro de cada diez tienen como fuente principal de ingreso al Estado. Valoran positivamente -en algún grado- los beneficios que reciben por el carnet de la patria. Y la moneda que más utilizan es el bolívar. Cuando observamos su opinión sobre valores democráticos, encontramos cosas así: la mayoría estima positivamente la censura que puede ejercer el Estado sobre los medios de comunicación, desestiman la importancia de la alternabilidad en el poder y asocian la democracia a la dimensión asistencial del Estado. Son más tolerantes frente a los escándalos de corrupción y ven con buenos ojos “a los ricos”. Aunque padecen el mismo grado de ansiedad que los demás, manifiestan tener menos miedo.

-Los opositores son menos susceptibles a los mecanismos de control social del Estado que refieren a la “plata” y más vulnerables al “plomo”. Uno de cada diez tiene como fuente principal de ingreso al Estado. Aunque tienen habilitados los canales de dependencia y los potenciales mecanismos de control social, consideran que lo que por ahí circula es insuficiente para subsanar las carencias. Al analizar sus opiniones sobre valores democráticos encontramos que casi todos consideran que la propiedad privada es importante para el desarrollo económico; la gran mayoría rechaza la censura que emplea el Estado en los medios de comunicación; valoran especialmente la alternabilidad en el poder y son más sensibles ante el tema de la corrupción. Manifiestan sufrir ansiedad y sentir temor.

Anomia. Ante la pregunta: ¿Democracia es para usted…? únicamente 22% respondió que es “respeto a la ley”. Oficialistas, opositores y no alineados coinciden en restarle importancia a esta propiedad de la democracia.

Símbolos de dependencia. El bolívar es la moneda de la dependencia y el dólar es la moneda de la supervivencia.

Venezuela invertebrada. Ocho de cada diez consultados manifestaron no ser parte de alguna asociación civil y nueve de cada diez de ningún partido político. Partidos políticos y sociedad civil están igual de debilitados. La diferencia estriba en la valoración que se hace de ambos espacios. Los primeros están más desprestigiados que los segundos. Sin embargo, ambos están disminuidos y no son vistos como cantera de liderazgo. En términos de Ortega y Gasset, más que tener “compartimientos estancos”, estamos frente a un “país archipiélago”. Estamos frente a una profunda crisis de representación en un contexto autoritario.

País deprimido. Ocho de cada diez venezolanos manifiestan sentir algún grado de ansiedad. Este hallazgo es quizás el más preocupante. La ansiedad es temor anticipado y desesperanza aprendida. Es incertidumbre y miedo al porvenir. Esta condición psicológica extendida puede ser un obstáculo real para el trabajo cooperativo en el ámbito político y social. El capital psicológico de Venezuela debe ser regenerado, pues al día de hoy somos una sociedad postraumática.

Buscando esperanza. Oficialistas, opositores y no alineados coinciden en el tipo de liderazgo que desean para el país. Ante la pregunta: ¿Cuál es el atributo más importante que debe tener un líder político para llegar al poder? Coincidieron en responder: honestidad y transparencia (53%). Surge una hipótesis que puede explicar esta respuesta: frente a un contexto amenazante dominado por la incertidumbre, se ansía seguridad y confianza. Esas dos condiciones se pueden encontrar en personas “honestas y transparentes”, que sean capaces de portar la verdad y animar la esperanza.

Desafíos: antropológico, pedagógico y político

Después de casi veinticinco años de chavismo-madurismo, las condiciones predemocráticas en nuestro país están debilitadas y esta realidad nos impone desafíos que debemos atender. Antes de avanzar, debemos hacer una precisión intelectual. El diagnóstico expuesto y los desafíos que describiremos a continuación están escritos desde una perspectiva antropológica que reconoce la dimensión transcendente de la persona humana y su carácter corpóreo-espiritual. Nos alejamos de reduccionismos materialistas y positivistas que, como ha señalado Eric Voegelin, convierten el análisis político y social en un “pantano de relativismo”. Esta opción intelectual puede marcar la diferencia. Analizamos las dificultades que nos han tocado vivir con la esperanza de quienes reconocen en cada persona un ser único e irrepetible con potencias humanas que le permiten regenerarse y buscar el bien. Desde esta elección, el mal diagnóstico no debe abrir puertas al desánimo.

Dicho lo anterior. Veamos los desafíos. Otro inciso: Entendemos que la verdadera solución a los problemas que hemos identificado será posible después de un cambio de régimen. Tenemos claro que el verdadero reto de nuestro tiempo es ganar la democracia. Sin embargo, encontramos ámbitos de trabajo que se pueden y se deben desarrollar mientras alcanzamos ese fin. En tal sentido, identificamos 3 retos que no son únicos ni excluyentes: antropológico, pedagógico y político.

Desafío antropológico: Dagoberto Valdés, activista y pensador cubano, ha escrito sobre lo que ha denominado “daño antropológico”. Lo define de la siguiente manera: “es el debilitamiento, la lesión o quebranto, de lo esencial de la persona humana, de su estructura interna y de sus dimensiones cognitiva, emocional, volitiva, ética, social y espiritual, todas o en parte, según sea el grado de trastorno causado”.

Este estudio muestra signos de este fenómeno en nuestro país. La dependencia, la supervivencia, la ansiedad, el miedo y la incertidumbre son algunos de los síntomas de esta enfermedad. Este desafío es profundo y complejo. No hay ni habrá soluciones inmediatas. Quizás, en esta lesión humana y espiritual podemos identificar el principal obstáculo que enfrentaremos en un eventual proceso de liberación y consolidación democrática.

De manera preliminar, vemos que el desafío antropológico tiene dos áreas de trabajo. Primero, intelectual. Debemos profundizar en las dimensiones y en los rasgos del fenómeno en nuestro país. Por lo tanto, debemos hacer más estudios sobre este particular. Segundo, social. Corresponde desarrollar programas de asistencia y acompañamiento psicológico que ofrezcan herramientas que permitan gestionar la realidad y aliviar los efectos de la presión sostenida en el tiempo.

Desafío pedagógico: FORMA nació en 2003 como un espacio de formación para jóvenes políticos venezolanos. Durante veinte años nos hemos dedicado a eso. Y, desde hace algún tiempo, hemos percibido cambios sustanciales en el ánimo y la personalidad de quienes se dedican a lo público en nuestro país. Quizás, son signos del daño antropológico que refiere Dagoberto Valdés. Algunas de esas intuiciones, asociadas al miedo y la ansiedad, han sido validadas en este estudio. Por eso, estos resultados nos invitan a repensarnos los contenidos que impartimos y las metodologías que aplicamos.

En esta búsqueda, hemos pensado que conviene abrir una línea de investigación y de trabajo que se dedique al estudio de la psicología del cambio político y desarrolle programas de formación política que atiendan la salud mental de los asistentes. Los aportes de los profesores Tal Ben-Shahar, de la Universidad de Harvard, y Srikumar Rao, de London School of Economics, podrán servir de orientación en esta materia. De esta manera, el desafío pedagógico es desarrollar programas de formación política que atiendan con sentido de integralidad la erosión de la cultura democrática en nuestro país.

Desafío político: Este estudio reveló que ocho de cada diez venezolanos no forman parte de ninguna organización civil ni milita en ningún partido político. Estos datos describen un país invertebrado que huye de lo público y recuerda lo que Anne Applebaum ha denominado “el poder de la apatía” (2023). La autora refiere lo siguiente:

… el poder de la apatía es una herramienta política poco valorada. Los demócratas pasan mucho tiempo pensando cómo involucrar a las personas y persuadirlas para que voten. Pero, cierto tipo de autócrata, de quien Putin es el ejemplo destacado, busca convencer a la gente de lo contrario: no participar, no preocuparse y no prestarle nada de atención a la política. La propaganda utilizada en la Rusia de Putin ha sido diseñada en parte con este propósito. La provisión constante de explicaciones absurdas y contradictorias y mentiras ridículas, la famosa “manguera contra incendios de las falsedades”, alienta a muchas personas a creer que no existe la verdad en absoluto. El resultado es un cinismo generalizado. Si no sabes qué es verdad, después de todo, entonces no hay nada que puedas hacer al respecto. La protesta no tiene sentido. El compromiso es inútil.

Identificamos que el desafío político inmediato es rearticular al país. El primer paso para caminar en ese sentido es fortalecer las instituciones de representación política y social. Sin partidos políticos representativos ni organizaciones civiles fuertes será difícil avanzar. Debemos hacer crecer nuestro músculo social. De la fortaleza de estos espacios dependerá su verdadera capacidad para representar y movilizar a la sociedad.

La pregunta inmediata es cómo hacerlo. No hay fórmula única ni respuesta sencilla a esta interrogante. No pretendemos agotar el tema en estos párrafos. Sin embargo, podemos acudir a dos claves. Primero, volver al trabajo político de tierra de las organizaciones políticas y cívicas. Conviene regresar al contacto directo y sistemático. Conocer, escuchar y acompañar a las personas. Y, segundo, reconocer las pistas que el estudio que culmina nos ofrece sobre el liderazgo: acercarnos con honestidad y autenticidad. Superar la atrofia permitirá crear espacios de trabajo coordinado verdaderamente representativos y útiles a la lucha democrática.

La verdadera rearticulación, que se apalanca en el fortalecimiento del músculo social, permitirá tener disposiciones estructurales que promuevan y sostengan la democracia.

24 de julio 2023

La Gran Aldea

https://lagranaldea.com/2023/07/24/venezuela-2023-condiciones-predemocra...

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José Ospina-Valencia

Con el inédito cese al fuego pactado con el ELN, Colombia avanza hacia otra paz negociada. No olvidar a las comunidades afectadas y contar con las mujeres y Venezuela serán claves del éxito de un eventual Acuerdo de Paz.

Este 3 de agosto de 2023 se inicia un cese al fuego bilateral entre la guerrilla del ELN y el Gobierno colombiano, "inédito” desde la fundación de este grupo armado bajo principios de la doctrina católica e ideas marxistas en 1964. Una guerrilla que tiene su parte de responsabilidad en la muerte de por lo menos 450.664 personas - el 80% civiles - en el conflicto colombiano entre 1985 y 2018, según la Comisión de la Verdad.

"El cese al fuego se pactó inicialmente por 180 días, y el 14 de agosto se abrirá el cuarto ciclo de negociaciones, que regresan a Caracas, después de haber pasado por México y Cuba”, explica a DW Francisco Daza, coordinador de la Línea de Paz Territorial de la Fundación Paz y Reconciliación (PARES).

Participación de la sociedad civil, factor y condición

Este es el sexto intento de que el ELN se acoja a la Constitución colombiana de 1991. Expertos consideran que esta vez "sí es posible” construir un acuerdo con los 2.500 miembros del ELN, que "gobierna” en por lo menos seis áreas rurales del Bajo Cauca y "cogobiernan” en regiones como el Catatumbo y Chocó.

El proceso de paz con las FARC demostró que sin la sociedad civil no hay acuerdo aceptable en Colombia. "De hecho, este 2 de agosto se instala formalmente el Comité Nacional de Participación, del que saldrá una representación de la sociedad civil en la mesa y tendrá una voz fuerte en las negociaciones”, agrega el antropólogo Francisco Daza, egresado de la Universidad Javeriana de Bogotá. Y en cuanto a la Fuerza Pública, según Daza, "tiene una importante participación en el monitoreo y verificación para que se cumpla el cese al fuego, incluida la suspensión de acciones armadas contra el ELN”. Pero, advierte que "eso no quiere decir que se vayan a detener las actividades operacionales contra objetivos económicos de dicha guerrilla”.

ELN en guerra con otros grupos armados

Por otra parte, uno de los giros del conflicto es que, en la actualidad, "los enfrentamientos armados no están teniendo lugar entre Ejército y ELN, sino entre esta guerrilla y grupos criminales como el Clan del Golfo, con las afectaciones de la sociedad civil que se derivan de esas confrontaciones”, explica a DW Sebastián Guerra Sánchez, investigador del Instituto de Paz de Estados Unidos (USIP), con sede en Washington.

Así, Colombia se vuelve a encontrar ante un reto: pactar el desarme de un grupo que sale de regiones a las que el Estado no llega, por incapacidad o falta de voluntad. Un vacío que luego sí llenan viejas y nuevas mafias en reemplazo del poder estatal.

La apuesta del Gobierno de Gustavo Petro era por ello negociar, en paralelo, el sometimiento a la justcia de organizaciones criminales como el Clan del Golfo y las disidencias. Un proyecto aún estancado. Por esta razón, Sebastián Guerra, asesor en participación ciudadana y política en la oficina del Alto Comisionado para la Paz durante el gobierno de Juan Manuel Santos, destaca aquí "la gran importancia de la participación ciudadana”.

"Tener en cuenta a los demás actores armados tras un eventual Acuerdo de Paz con el ELN es determinante para la seguridad de los mismos excombatientes como para la sociedad civil”, enfatiza en conversación con DW Angela Liliana Olaya Castro, cofundadora e investigadora de la Fundación Conflict Responses (CORE).

¿Cómo debieran aportar las mujeres, víctimas y victimarias del ELN, a la construcción de un Acuerdo de Paz con este grupo? "Empezando por reconocer su rol en el conflicto y el inmenso impacto que este ha tenido sobre las mujeres”, dice a DW, la politóloga de la Universidad de los Andes, resaltando que "hay que reconocer la violencia basada en género y brindarles a las mujeres las condiciones para su participación en las comunidades azotadas por la violencia”.

Paz con el ELN Colombia y ¿el ELN Venezuela?

La participación civil es también clave para la recuperación de la convulsa región fronteriza con Venezuela tras un eventual Acuerdo de Paz. "En la frontera, el ELN se disputa el control territorial con las disidencias de las FARC”, apunta el sociólogo e historiador Sebastián Guerra, y agrega que, "desde el otro lado, el ELN venezolano participa de múltiples actividades de gobernanza criminal en Venezuela, en donde se ha arraigado en la dinámica política, electoral y económica y hay muy pocos incentivos para que ese ELN entre, por ejemplo, en un proceso de desmovilización”.

¿De qué sirve una paz con el ELN en Colombia si un flanco de 2.219 kilómetros sigue tomado por otro ELN tolerado por el Gobierno de Nicolás Maduro y en complicidad con gobernadores regionales? "He ahí la importancia de contar con el apoyo del gobierno venezolano”, replica Guerra Sánchez y concluye que "aquí se está jugando una estrategia en varios frentes: no basta con una negociación exitosa con el ELN, sino que sería necesaria otra con el gobierno venezolano para contar con su apoyo en el control del ELN en su país, con el fin de elaborar una estrategia de seguridad conjunta”.

De lo contrario, concluye Guerra, experto en negociación, paz y seguridad, "podrá haber una negociación exitosa en Colombia, pero permanecerá la condición de gobernanza criminal en la frontera, y al interior del Estado venezolano”. Un desafío para ambas naciones.

1 de agosto 2023

DW

https://www.dw.com/es/paz-con-el-eln-sin-venezuela-no-habrá-acuerdo-que-valga/a-66412210?maca=spa-newsletter_sp_Titulares-2358-xml-newsletter&r=17270622151132185&lid=2621585&pm_ln=213743

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