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Opinión

Humberto García Larralde

La semana pasada Nicolás Maduro declaró que la economía venezolana había crecido dos dígitos durante el primer semestre. No precisó cifra alguna. Como se sabe, el Banco Central de Venezuela dejó de publicar datos sobre la economía real desde 2019. No obstante, entes bastante más serios corroboran que, según sus propias estimaciones, hubo un crecimiento significativo el primer trimestre del año con respecto a igual período del año pasado; del 7,8% según el Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF). ¿Qué puede decirse al respecto?

En primer lugar, es menester poner las cosas en perspectiva. Se trata de un aumento con relación a niveles de actividad económica absolutamente paupérrimos. A pesar de la inexistencia de cifras oficiales, hay coincidencia en señalar que, para el cierre del año 2020, ésta había descendido a apenas la cuarta parte de la de 2013. El ligero aumento que se presume hubo el año pasado no altera las magnitudes en referencia: una tasa de crecimiento del 7,8%, de sostenerse durante todo el año, equivaldría a apenas el dos por ciento en una economía del tamaño de la de 2013.

Otra manera de calibrar la magnitud de la devastación urdida por los «revolucionarios» sobre los medios de vida de los venezolanos es señalar que recuperarse de una caída del 75% implica que la economía aumente un 400% (¡!).

Eppur si muove. La razón fundamental es el incremento en la actividad petrolera. Cifras oficiales, reproducidas en el boletín mensual de la OPEP, señalan un aumento del 138% en la producción petrolera de Venezuela durante el primer semestre de 2022, con relación al primer semestre de 2021. Tampoco es que se está aproximando a las cifras lanzadas al garete por Maduro, que habló de 2 millones de barriles diarios (b/d) para finales de 2022 (¡!) Los datos del propio gobierno señalan una producción promedia de 745 mil b/d, mientras que, según fuentes secundarias, estaría en torno a 716 b/d. Al arribar Maduro a la presidencia, se producía, según cifras oficiales, por encima de 2,7 millones de b/d. Para cuando EE.UU. empezó a aplicar sanciones contra Pdvsa –enero de 2019–, militares y otros pícaros puestos por Maduro para dirigir (ordeñar) la empresa, habían destruido a la mitad esta producción.

Pero, además, la guerra criminal desatada por el amigo de Maduro, Putin, en contra de la población de su vecina Ucrania, ha hecho volar por los aires los precios del crudo. El marcador de la cesta de exportación de Venezuela, Merey, estaba por encima de USD 90/barril en junio. Por exportación de crudo pudo haber ingresado en la primera mitad del año más de 2,5 veces el monto que entró en 2021. Claro, el ingreso neto es bastante menor por la necesidad de importar productos refinados (incluyendo gasolina) y petróleo liviano para mezclarlo con el pesado de la Faja.

Dada la devastación de la economía doméstica, Venezuela depende hoy aún más de estos ingresos, a pesar de la destrucción de Pdvsa. La pregunta obligada es, ¿qué se está haciendo con este incremento en los proventos del petróleo? ¿Se puede confiar en que apuntalen la recuperación del país?

Conviene una breve explicación de lo que entendemos por «renta petrolera» para discernir lo que está en juego. Una renta es una ganancia extraordinaria, más allá de la que podría considerarse «normal», es decir, aquella que resultaría al fragor de la competencia de muchos en el mercado. Es atribuible a factores monopólicos en la venta del producto, en este caso, petróleo, por lo que no corresponde a la remuneración del esfuerzo productivo, propiamente dicho. Se lo embolsilla el dueño del recurso. En Venezuela, por razones históricas –equívocos que no vamos a explicar en este breve artículo–, la renta –ese ingreso no productivo—la capta el Estado.

Hacia el peor de los rentismos

La utilización de esta renta por parte de gobiernos para adelantar sus objetivos de política es la base del rentismo. La estrategia de la «siembra del petróleo» que se siguió durante buena parte del siglo pasado fue rentista. Desde que Uslar escribió el famoso editorial del diario Ahora, el petróleo se consideró un agente externo al desarrollo, reducido a proveer –a través del incremento de los impuestos– el mayor ingreso posible para los planes de gobierno.

Al comienzo se aplicó un rentismo positivo, pues se invirtieron los proventos de la venta internacional de crudo en infraestructura y servicios públicos de cobertura universal, en incentivos a la actividad productiva de otros sectores y en la mejora en las condiciones generales de vida de la población, en particular, la educación y la salud. No obstante, la competencia política entre los partidos que se alternaban en el poder los fue filtrando hacia prácticas populistas y clientelares. Se exacerbó en Venezuela la caza de rentas (rent-seeking), creándose múltiples vías para transar con quienes decidían su asignación.

Un rentismo malo se adueñó del país, vulnerable a la demagogia de salvadores de la patria. Atendiendo a estos cantos de sirena y oponiendo el intento del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez por corregir los entuertos que ayudó a sembrar en el primero, desembocamos en la tragedia chavista de estos últimos veintitantos años.

Chávez llevó al rentismo a niveles aún peores de perversión. Desmanteló las instituciones edificadas por la democracia, sobre todo del equilibrio e independencia de poderes, la transparencia y rendición de cuentas de la gestión pública, y las normas que resguardan los recursos de la nación ante prácticas depredadoras. Acabó con los medios de comunicación libres y reprimió la disidencia.

La caza de rentas se convirtió en argamasa para cohesionar lealtades, sobre todo de un núcleo de militares traidores. En fin, se convirtió en el botín a repartir en nombre de una supuesta «revolución» socialista. Pero esta depredación, como vimos, terminó matando la gallina de los huevos de oro. Y murieron, de verdad, por mengua o acribillado por la represión y por bandas criminales, demasiados venezolanos.

Ahora que se presentan estos ingresos extraordinarios –rentas– de que tanto alardea Maduro, cabe preguntarse: ¿el venezolano de a pie podrá esperar un servicio de luz eléctrica confiable, una buena atención de salud, agua permanente, gasolina? ¿Mejorará el alumbrado, se repararán las vías, escuelas, hospitales, las instalaciones universitarias? En el marco de la privatización soterrada (Ley «Antibloqueo») y la venta de acciones de empresas públicas, ¿puede esperarse un proceso de saneamiento del Estado que le devuelva al ciudadano seguridad y ofrezca soluciones a sus problemas?

Una respuesta positiva a las anteriores preguntas supone la instrumentación de medidas que le pongan coto a las prácticas depredadoras que entretejen las alianzas que sostienen a Maduro. Implica el retorno a un Estado de Derecho, a una institucionalidad que resguarde los intereses de las mayorías frente a las apetencias de quienes controlan el poder. ¿Hay razones para pensar que ello esté ocurriendo?

Acontecimientos recientes indican lo contrario. La detención de dirigentes sindicales de Bandera Roja bajo la acusación de terroristas, las amenazas contra ONGs defensoras de derechos humanos, el espionaje y bloqueo de portales de medios independientes y de opositores en general ordenados a Movistar/Telefónica, la permanencia de más de 300 presos políticos y la matraca generalizada, entre otras cosas, son expresión de intereses atrincherados en el poder para mantener sus privilegios.

Algo del incremento en los ingresos petroleros se cuela hacia otros sectores. Lamentablemente, buena parte se malgasta intentando contener el alza del dólar, en medio de un proceso de expansión monetaria. La permanencia, además, de exoneraciones de impuestos a la importación, junto a la sobrevaluación del bolívar, dificulta significativamente la competitividad de muchos sectores productivos.

Los salarios siguen muy deprimidos. Estudios recientes colocan a Venezuela apenas por encima de Haití como el país más pobre de Latinoamérica. ¿Qué va a pasar cuando retornen los precios del crudo de los elevados niveles en que los colocó la cruel matanza de Putin contra el pueblo ucraniano?

Humberto García Larralde es economista, Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas. Profesor (j) de la Universidad Central de Venezuela.

Mail: humgarl@gmail.com

 6 min


Gregorio Salazar

Difícilmente haya otro país en el mundo donde mediante una conjura de las instituciones del Estado se haya tendido una urdimbre legal tan amplia y diversa para silenciar a la sociedad, acallar el reclamo popular, la crítica o la disidencia como en Venezuela.

Seguirán diciendo desde los predios «revolucionarios» que la Constitución del 99 «garantiza la libertad de expresión sin que sea posible censura alguna». O también que «se reconoce el derecho a una información, veraz, oportuna, imparcial y sin censura», pero en contrasentido los medios del sector público, ahora propiedad exclusiva del PSUV, constituyen 22 años después la mejor demostración de cómo se puede desconocer y pisotear impunemente la carta magna en aspectos tan fundamentales.

¿Pero qué podemos decir de la pobrecita constitución que el oficialismo tanto pondera de los dientes para fuera? ¿Cómo olvidar que tras el rechazo expresado mediante el voto popular (remember la «victoria de mierda») contra el proyecto de reforma constitucional presentado por Chávez en el 2007 éste y sus obsecuentes seguidores se dedicaron a introducir el modelo socialista ya rechazado mediante leyes inconstitucionales, como la propia Ley de los Consejos Comunales. Es decir, su Constitución del 99 Chávez se la pasó por la parte de atrás del chaquetón militar.

Pero volvamos a ese asfixiante entramado legal destinado a constreñir la libertad de expresión y de prensa y el derecho a la información. Allí figuran Ley Orgánica de Telecomunicaciones y la llamada Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, la tristemente célebre «ley resorte», ambas con sus respectivas reformas no precisamente para ablandarlas; el Reglamento de medios radioeléctricos comunitarios; la Reforma parcial del Código Penal, la «regulación» del derecho a réplica y la grotesca Ley Contra el Odio, precisamente ideada por quienes han hecho del odio su mejor combustible político. Y lastimosamente encuentran réplicas en otros sectores.

Todos esos instrumentos le han entregado a la cúpula en el poder una vastísima gama de herramientas procedimentales, coercitivas y desmedidamente punitivas que sumados a la destrucción de la economía barrieron el amplio espectro mediático que existía en Venezuela cuando Chávez llegó al poder.

Hoy se retoma otra de esas iniciativas legales que, por lo que asoman sus impulsores en sus declaraciones, vendría a vulnerar la profesión periodística y al propio Colegio Nacional de Periodistas como corporación de derecho público. Ya hubo otra intentona fracasada en 2009.

Sus enunciados estaban muy claros: desaparecer el CNP y convertirlo en la Asociación Venezolana de Comunicadores e ingresar a los llamados comunicadores comunitarios y alternativos, cuyos medios han sido creados, financiados, reglamentados y utilizados como simples altavoces de su proyecto por el proyecto de dominación total y perpetua del chavismo.

La nueva iniciativa no ha podido nacer de manera más improvisada y disparatada, lo cual no quiere decir que no pueda concretarse en un esperpento jurídico que lesione el marco legal que ampara al gremio periodístico venezolano. Tienen todo el poder en la AN. Allí, en complicidad absoluta, se cobran y se dan el vuelto.

Esta nueva pretensión de grupúsculos periodísticos del chavismo es un hecho político no menor que merece la atención de toda la sociedad democrática venezolana, la que sabe que ha contado y contará con los periodistas venezolanos para, contra todo asedio, maltrato, persecución y limitadas condiciones económicas, conocer un registro de la realidad más acorde con la verdad y muy distinto al que quiere imponer la avalancha propagandística del régimen. Este despropósito legal del oficialismo vuelve a unir a los periodistas y al pueblo al que sirven. Mientras tengamos eso claro y esas luces no se apaguen habrá esperanza.

Twitter: @goyosalazar

Gregorio Salazar es periodista. Exsecretario general del SNTP.

 2 min


Alejandro J. Sucre

En días pasados me llamó una empresa encuestadora en Canadá para preguntarme cómo mejorar el apoyo del gobierno a los agricultores. Resulta que tengo una finca agrícola que produce vegetales orgánicos en British Columbia cerca de Vancouver. La entrevista fue como sigue:
El encuestador me pregunta por una innumerable cantidad de programas que tiene el gobierno local para incentivar la producción Agrícola en la provincia. Existen programas para apoyar a los nuevos agricultores, para apoyar a los jóvenes que no pueden comprar tierras por ser muy costosas para que alquilen tierras, programas de descarbonización y métodos orgánicos, programas para hacer mas eficientes los sistemas de irrigación, sistemas para hacer programas de higiene y auditorías sanitarias, programas para inmigración de trabajadores para complementar las necesidades de mano de obra, programa de financiamiento, etc..

El encuestador prácticamente iba revisando programa por programa conmigo para saber si eran eficaces o no y para oír recomendaciones para transmitirlas al gobierno. En conclusión le dije que todos los programas que tenían eran desarrollados por burócratas e iban orientados a crear puestos de trabajos a consultores ambientalistas que nada tienen que ver con hacer las fincas de British Columbia más competitivas con sus fincas competidoras en EEUU.

El 80 % de la alimentación en British Columbia viene de EEUU y México durante invierno y viceversa, se autosostiene en verano. Pero los precios de los alimentos son mas bajos cuando vienen de EEUU que cuando son producidos localmente. La razón por la que los productos importados de EEUU son más económicos son debido a que el precio de la gasolina, el costo de la mano de obra y el financiamiento es mas barato en EEUU que en Canadá. Así que le dije al encuestador que mi opinión era que el gobierno local si quiere de verdad aumentar la producción local debe concentrarse no en los dogmas ambientalistas y de contratar consultores fanatizados sino bajar el precio del diésel y de la gasolina eliminando impuestos ambientalistas, poner a disposición de los agricultores expertos agrícolas que sepan asesorar en mejores sistemas y equipos de desmalezamiento, de cosecha y de siembra y no teóricos fanáticos ambientalistas; que deben tener financiamiento igual o mejor que el que reciben las fincas de EEUU del gobierno ya que en Canadá el clima provee menos meses para amortizar gastos. Que sea clave crear una cartelera en línea para contratar personal extranjero por rama de habilidad expedito para llenar vacantes rápidamente y no procesos lentísimos de contratación de personal extranjero como los actuales. Le dije que basta de burócratas creando programas para financiar consultores ambientalistas que no tienen ninguna conexión con la realidad de la producción e irrelevantes.

Sin embargo, luego de esa entrevista con el encuestador me quedó una buena sensación de que esa información iba a llegar a los funcionarios encargados de las políticas agrícolas y eso me daba esperanza en que revisaran sus programas, la mayoría son desperdicios de dinero si lo que se busca es aumentar la producción y no contratar amigos consultores.

En eso me puse a pensar en Venezuela, nuestro país, donde los burócratas no ven claramente que su función es hacer nuestra economía más competitiva y no enriquecerse con el dinero del Estado. Imaginemos si nuestro gobierno hiciera una encuesta en cada sector de la economía para saber qué apoyo necesitan para producir más. Qué obras de infraestructura, qué entrenamiento, qué política inmigratoria, que política de financiamiento, apoyo para las exportaciones, etc.. Si los funcionarios públicos venezolanos vieran que son capitanes de un equipo de Venezuela Productiva, compuesto por empresarios, profesionales y obreros y que su misión es fortalecer a cada jugador para que metan más goles o exporten más y produzcan más, en Venezuela tuviéramos una economía cerca de $50,000 anuales per cápita o lo que es unos $1,5 trillones de PIB anual. En lugar de ese PIB, Venezuela tiene un PIB que llega a $0,06 trillones o el 4 % de lo que pudiera ser. Somos como país que es sólo un 4 % del PIB de lo que pudiéramos tener debido a la práctica de nuestros dirigentes políticos de acusarse y descalificarse mutuamente para tratar de debilitar al resto de la sociedad y poder estafarla. En lugar de enfocarse en canibalizarnos unos a otros, los venezolanos debemos luchar para que nuestros políticos se dediquen a buscar soluciones en cada sector de la economía, consultar a los empresarios, profesionales y trabajadores en cada sector de cómo y qué apoyo necesitan en el terreno para competir y aumentar el PIB de nuestra patria.

Los funcionarios públicos, los columnistas de opinión, los gremios sindicalistas, los gremios empresariales, las universidades, los políticos todos debemos dar un paso adelante para cambiar la actitud canibalista y subir nuestra autoestima en que sí podemos ganarnos la vida sin robar el trabajo de otros.

Twitter @alejandrojsucre

 3 min


Carlos Raúl Hernández

Cuando languidece y se descompone la reina de la acción humana, la política, la protectora del equilibrio planetario, entramos en la incertidumbre. Reconforta entonces estudiar momentos estelares que reivindican su sentido estratégico, trascendente y vital para la humanidad. La noche de circo que provocó y mantiene la guerra más estúpida del mundo entre Rusia y Ucrania, en la que las democracias juegan al suicidio, reivindica el talento de los grandes líderes durante la “guerra fría”. La humanidad pendía precisamente de las decisiones de líderes en una confrontación mortal de dos proyectos de civilización que se negaban existencialmente. No podían convivir, se disputaban a plomo cada centímetro, y tenían armas que al menor traspiés aseguraban la extinción de la especie. Finalmente, una de las fuerzas se impuso y la humanidad sobrevivió. El momento más difícil de esa etapa fue “la crisis de los cohetes”, trece días de octubre de 1962 en los que bastaba una duda, una frase torpe, o un silencio, para que estallara el Armagedón. “El mundo se iba a acabar” en la guerra atómica.

Esos trece días son el único -y suficiente- testimonio de gran estadista que dejó John F. Kennedy en sus apenas dos años de gestión (1961-63) y 45 de edad. Irrumpe en la Casa Blanca a la cabeza de un grupo de jóvenes tecnócratas de Harvard, con enorme ruido para los “dinosaurios” militares y funcionarios sobrevivientes de Truman y Eisenhower, que a su vez los despreciaban por “perfumados”. Ese desprecio biunívoco casi acaba con el mundo. En Cuba, unos aventureros irresponsables entronizados en el poder, propician un error de cálculo de la KGV y Nikita Kruschev acerca del joven presidente y su equipo, Robert McNamara, Dean Rusk, Robert Kennedy, Kenny Odonnell, Ted Sorensen. Kruschev también los menospreciaba por “intelectuales”, bisoños, elitescos, poco trajinados. Esa equivocación conduce a los soviéticos a instalar en Cuba varias decenas de misiles nucleares de alcance medio con los que en cinco minutos podrían destruir Washington, Miami, Dallas, Atlanta entre varias otras, con un saldo potencial de ochenta millones de muertos.

La CIA los descubre en fotografías tomadas por un U2, la situación estalla en el gabinete, e inmediatamente cristalizan las mismas agrupaciones desde que el homo sapiens y sus primos tontos, los neardenthales aparecen sobre la tierra: halcones y palomas, racionales y radicales, políticos y tarados. La hiperrealista película Trece días de Donaldson y la genial Strangelove de Kubrick, relatan la locura belicista de los militares y demás halcones. Valga una acotación curiosa. Kubrick titula la obra con una alusión a Strange, el segundo nombre de McNamara, (se llamaba Robert Strange McNamara), Secretario de defensa de Kennedy, un brillante y joven civil cuyo papel en la crisis es mantener en cintura a los radicales, por lo que se trata de una evidente injusticia de Kubrick. Luego de mandar a callar a un general exaltado por la guerra y demás pasiones patrióticas, Kennedy comenta “lo que más me irrita es que si estos se imponen, nadie quedará vivo para enrostrarle su error” (no ocurre así en la política normal, en la que los imbéciles suelen mantener la iniciativa largo tiempo mientras desaparecen).

Mientras el entorno ilustrado de Kennedy busca una vía racional para no destruir la raza humana, los otros se llenaban la bocota con gárgaras de principios, como hacen las gafocracias. El Presidente demuestra a cada paso que tiene lo que hay que tener, que la inteligencia no es cobardía, ni mal carácter carácter, y si no hubiera poseído tanto valor, sangre fría y cerebro, tal vez no estaríamos aquí. A diferencia de la guerra de 2022, luego de entrar en el tobogán de la muerte, Kennedy y Kruschev sabían que debían salirse, pero estaban atrapados en una compleja red y cualquier resbalón terminaría en un vendaval atómico. Por alguna razón, la historia no aclara que los militares dieron un cuasi golpe de Estado a Kennedy, al pasar explícitamente contra sus instrucciones de Defcon 3 (Condición de Defensa) a Defcon 2, a un paso del fatal Defcon 1.

Otra situación límite fue cuando un barco norteamericano disparó una andanada de fuegos fatuos contra otro ruso, una provocación que hizo estallar a McNamara, destacado por Kennedy nada menos que en la cueva de fanáticos, el Pentágono. Ante la confusión por el ataque de bengalas, gritó al almirante a cargo: “¡menos mal que ningún oficial ruso se confundió como yo!”. Al final se produjo la negociación de norteamericanos y soviéticos, con la exclusión explícita de Castro, cuya megalomanía, locura y narcisismo eran problemas demasiado graves. Norteamericanos y rusos, luego también los chinos, decidieron encerrarlo, aislarlo en sentido estricto de manera que en adelante solo pudiera producir daños limitados. Hoy día resulta evidente que con un sicópata de tales dimensiones, lo mejor para la “lucha de clases internacional”, era mantenerlo en su isla –ratonera y que no pudiera avanzar de ahí. De no ser una personalidad tan enferma, hubiera podido trascender su influencia, que se limitó a la izquierda radical latinoamericana. Hubiera podido ser Stalin o Mao con graves problemas para el mundo.

@CarlosRaulHer

 4 min


Ismael Pérez Vigil

Las últimas semanas me he referido a los empresarios venezolanos, a su relación con el estado y el gobierno y en particular a la posición de algunos −no todos− y sus “asesores” empresariales o de imagen, con relación al tema de la supuesta “mejoría” o “arreglo” de la situación económica del país, que el gobierno afirma y promueve. Me propongo ahora cumplir lo ofrecido en el último artículo, (Empresarios y Estrategias Políticas, https://bit.ly/3z9WY49) y tratar el tema de los gremios empresariales. Pero antes de eso, haré un resumen de los puntos más importantes que he tratado.

El diálogo, la negociación entre empresarios, empresas, y el gobierno es algo inevitable e ineludible, forma parte del ser, de la “naturaleza” de la empresa y del empresario, en defensa de sus intereses, los de sus asociados, sus trabajadores y las familias que dependen de su actividad; deben negociar precios, tarifas impositivas, regulaciones y restricciones, acceso a divisas y un largo etcétera. El objetivo y la forma de dialogar es lo que debe ser motivo de análisis.

Diálogo individual y colectivo.

La primera forma que adopta ese diálogo es individual, por cada empresa y el empresario, en ese diálogo es muy vulnerable, frente al todopoderoso estado; por eso la finalidad de ese diálogo esta necesariamente limitada a los objetivos inmediatos, parciales, ya descritos, que permiten que la empresa opere y cumpla su finalidad de generar riqueza y bienestar para sus dueños, asociados y trabajadores. Por eso creo que es una falsedad y una falacia alentar la idea de que es posible, a través de ese diálogo o la acción de la empresa de manera individual, que se vaya a lograr un proceso de “apertura”, un cambio de 180 grados en los objetivos, naturaleza y metas del gobierno, como algunos pretenden y que éste se convierta en lo opuesto a lo que es, que cambie su naturaleza autoritaria; cualquier cambio que así se produzca, como ya ha ocurrido, es y será un cambio meramente cosmético, táctico, que se puede revertir en cualquier momento y que le permite al régimen seguir manteniendo el control omnímodo que hoy tiene.

Pero hay otra estrategia o forma de negociación, que conduce a conductas y prácticas sociales de relación con otros sectores de la sociedad civil, muy distintas: La negociación colectiva, que puede contribuir al objetivo general de la búsqueda de un cambio político, única solución de fondo para el oprobio en el que vivimos y que eleva el nivel de conciencia y el costo político al gobierno. Esa es la estrategia que se desarrolla a través de los gremios empresariales.

Los Gremios Empresariales.

Pero sobre los gremios empresariales, antes de plantear cual debe ser su actividad en la relación con el gobierno, hay varios factores a tomar en cuenta. El primero es que los gremios empresariales son muy distintos, a los gremios estudiantiles, profesorales, de trabajadores o de profesionales. Todos los mencionados cuando se agrupan pueden tener sus diferencias de objetivos y modos de lucha y sin duda disputan y compiten por el control y poder en sus respectivos gremios. Pero los gremios empresariales además de disputar el control interno y el poder en su respectivo gremio, las empresas que se agrupan lo hacen con sus competidores reales, con los que también disputan por precios, cuotas de mercado, desarrollo de innovaciones y tecnología que les permita obtener ventaja sobre sus rivales, por el personal capacitado para desarrollar y ampliar el negocio y otros aspectos que convierten a la competencia entre ellos en un tema de sobrevivencia. De allí que la negociación interna, en las cámaras por sector económico de actividad o sectoriales, sea más compleja y los acuerdos más difíciles de lograr, pues no es fácil compartir la información entre empresas que son rivales en el área de la actividad económica en el mercado.

Gremios Intersectoriales y Regionales.

Por eso los gremios empresariales, en casi todo el mundo y obviamente en Venezuela, además de agruparse por sectores de actividad, también lo hacen de manera general, en cámaras intersectoriales u “organismos cúpula”, como los denominamos nosotros, (Fedecámaras, Conindustria, Consecomercio, etc.) y en cámaras regionales, de carácter general, que abarcan diferentes actividades económicas. Es allí, en esas cámaras, en donde se debe preparar el escenario para la negociación colectiva con el gobierno, que trasciende la individualidad de las empresas y permite alcanzar logros más generales y en donde las empresas son menos vulnerables.

Pero, para que esto ocurra debe superarse una perniciosa tendencia, pues entre los empresarios del país, —tanto los que creen que hay que ocultar la cabeza, como el avestruz, para retrasar lo inevitable, como los que creen que la solución es enfrentarse—, también los hay, por desgracia, quienes creen o piensan, que la actividad gremial debe seguir siendo lo que fue hace muchos años: una mera gestoría para obtener reivindicaciones y prebendas inmediatas y parciales del Gobierno y que solo a eso deben dedicar sus esfuerzos los gremios empresariales.

Por supuesto, en Venezuela, teniendo enfrente a un Estado tan poderoso, con tantos recursos provenientes del petróleo −aunque hoy estén mermados− el actuar de los gremios empresariales no ha sido como en otras latitudes, que se constituyeron en verdaderos sindicatos o “corporaciones empresariales” dispuestas a enfrentarse al Gobierno hasta las últimas consecuencias.

Eso ha hecho que, bajo la influencia de sus empresas, en Venezuela, con honrosas excepciones, los gremios languidezcan, sin recursos y sin adoptar posiciones firmes, simplemente dedicados a la gestoría, a conseguir alguna reunión o entrevista −si es individual y privada, mejor− con un alto funcionario, a ir de despacho en despacho en búsqueda de alguna medida que “alivie” temporalmente sus pesares, que son muchos y eso no hay que desconocerlo.

Empresarios ricos, empresas y gremios pobres.

En Venezuela no solo hay empresarios ricos y empresas pobres, como alguien dijo hace varios años, también hay empresas ricas y gremios empobrecidos, sin recursos para investigar, para hacer análisis, para promover una campaña educativa en la comunidad o entre sus afiliados, o simplemente para decir la verdad de los males que afectan a las empresas que generan el empleo y la riqueza del país.

Así, los gremios −piensan algunos− deben ser meras agencias reivindicativas, que, cuando puedan, le hablen fuerte al Gobierno, que le digan las cosas “claras”, porque obviamente las empresas o sus empresarios no lo “pueden o deben” hacer. Son los gremios, piensan, los que deben arriesgar el pellejo y latirle en la cueva al Gobierno, en nombre de todos los empresarios; y todo lo más, creen, que se dediquen −mientras tanto− a realizar cursos de “actualización”, para mantener al día a los empleados de las empresas y realizando actividades con las que, de paso, obtengan los recursos que les permitan sustituir las cuotas de afiliación que las empresas pagan, que cuanto más bajas, mejor. Tristes pensamientos que pasan por la cabeza de buena parte de los empresarios del país.

Pocos gremios en Venezuela −aunque los hay− han podido ser verdaderos centros de actualización empresarial, o de investigación y análisis de la realidad; capaces de hacer, al gobierno y al Estado, propuestas alternativas de políticas públicas o de análisis y denuncia de las políticas económicas gubernamentales que arruinan la economía del país. Cuando han podido hacer esto ha sido gracias al aporte de fondos de organismos multilaterales o agencias internacionales, o gracias a la generosidad de alguna empresa o empresario que han entendido cual es la verdadera misión de los gremios empresariales.

Conclusión

Necesitamos más empresarios que entiendan que sus empresas se deben fortalecer en sus gremios. Que no hay manera de luchar individualmente contra un estado todopoderoso dispuesto −y lo ha demostrado− a acabar con las empresas. Que tampoco es posible evadir lo que ocurre en el país, que la amenaza contra la propiedad privada no ha desparecido y pretender que no está ocurriendo y que, desconociéndolo, dejará de existir esa amenaza. Necesitamos empresarios que entiendan que es a los gremios a los que deben fortalecer, dotándolos con los recursos económicos que les permitan enfrentar la amenaza que todavía se cierne contra la empresa y la propiedad privada en Venezuela y que ese peligro no desaparecerá hasta que no se dé un cambio de modelo económico. Necesitamos empresarios que entiendan que a través de sus gremios deben formar alianzas con el resto de la sociedad civil y con las organizaciones políticas democráticas para impulsar la transformación política, económica y social del país.

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

 6 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

El Presidente Nicolás Maduro nos cuenta una y otra vez, su versión del país, el de ahorita y el del futuro, el que, según él, va viento en popa, a toda velocidad. En un acto de prestidigitación verbal, ignora la realidad y extrae de su chistera una nueva versión, llena de luces y esperanza.

El semillero de la Patria

Así, con un optimismo que resulta incomprensible para el venezolano de a pie, el pasado domingo, en la conmemoración del Dia del Niño, tuiteó su felicitación expresando que eran “la alegría de nuestros hogares, quienes a diario nos enseñan, con su inocencia y amor, a ser mejores. A ellos dedicamos todo nuestro esfuerzo para garantizarles la Venezuela bella, feliz y próspera que se merecen”. “Qué Viva el Semillero de la Patria!, concluyó replicando a Hugo Chávez, quien a comienzos de su gobierno prometió que los niños de la calle serían transformados en los Niños de la Patria.

En su mensaje pasó por alto por alto al país que somos, dibujado por la pobreza, conforme lo indican diversas investigaciones, tanto nacionales como internacionales, (la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura, FAO, muestra a Venezuela como el segundo país de Latinoamérica y el Caribe, detrás de Haití, con mayor porcentaje de población en estado de miseria). Y asimismo soslayo el hecho de que la vida de la mayoría de los chamos transcurre envuelta en tropiezos de toda índole, relacionadas con su salud (mental y física), la desnutrición, el embarazo precoz, la violencia, el trabajo prematuro, la falta de recreación e, incluso la carencia de cédula de identidad, lo que los vuelve casi invisibles.

Por otro lado, y como resulta fácil de imaginar, las circunstancias anteriores, empeoradas por la pandemia, frenan la inclusión al igual que la oferta escolar. De manera muy breve cabe señalar que en la mayoría de las escuelas existen problemas serios con su infra estructura y con los servicios básicos tales como agua, electricidad y transporte, amén de las fallas en la conexión a internet, lo que complica la enseñanza a distancia. Encima de todo lo anterior, lo más grave es la falta de maestros y profesores, dadas las pésimas condiciones en las que éstos deben trabajar.

En suma, nos encontramos, ante un paisaje social que estrecha notablemente las posibilidades de los chamos. Trazan la fisonomía de una sociedad azarosa que les pone la vida cuesta arriba y chiquitica, cuando apenas comienza. Viven, pues, en modo sobrevivencia, no es una desmesura indicarlo de esta manera. Han sido despojados de sus derechos básicos contemplados en la Convención Internacional de Derechos del Niño, así como en nuestra Constitución e igualmente en la Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente (LOPNNA), cuyas normas denuncian la magnitud de las deudas que el país tiene con ellos.

¿Y el futuro?

Vivimos tiempos determinados por grandes y variadas transformaciones de toda índole, que ocurren en todas partes e impactan todos los escenarios de la vida social. La Sociedad del Conocimiento es un concepto que se ha vuelto común para describir esta época, caracterizada por una enorme complejidad desde el punto de vista de las múltiples interacciones que están presentes en ella y en la que cada vez hay más acontecimientos imprevistos que irrumpen y que solo en parte podíamos prever, según lo expresan diversos intelectuales dedicados al tema.

Han cambiado los problemas y, por tanto, el tipo de saber que se requiere, añaden. Cualquier reflexión sobre el sentido de la escuela debe tener en cuenta el tipo de conocimiento que exige el mundo contemporáneo. Que prepare para adaptarse a la vida, desde luego, pero también para encarar el futuro

Digresión sobre los Bricomiles

Durante su alocución del pasado martes, después del Dia del Niño, Nicolás Maduro anunció que les encomendaría a las Brigadas Comunitarias Militares (Bricomiles), la tarea de recuperar las escuelas del país. “En cada escuela y liceo debe haber un responsable militar encargado para resolver, arreglar y poner las cosas como deben ser”, decretó.

Aquí entre nos, estimado lector, me parece que en medio del drama educativo venezolano, esta decisión no es más que un absurdo tiro al aire.

El Nacional, viernes, 21 de julio de 2022

 3 min


Maxim Ross

Toda esta discusión acerca de si Venezuela se arregló o si estamos en un franco proceso de recuperación económica nos llevó a hacernos la misma pregunta que hace unos cuantos años se formularon los investigadores del IESA, haciendo referencia a que el petróleo había permitido sustituir los mecanismos de mediación política de los conflictos sociales y que, por esa razón, vivíamos una “ilusión de armonía”. En palabras de sus autores:

“El petróleo hizo posible un cierto estilo de decisión, extendió una fianza que cubría los costos sociales del proceso de desarrollo. El exceso de dinero permitió evitar choques y postergar conflictos. El procedimiento consistió en darles a todos todo lo que pedían todo el tiempo. Este modo de actuar impidió la creación de instituciones especializadas en lasolución de conflictos”1.

La “Ilusión de armonía” en otro contexto

Ahora, que el gobierno regresa al intento de “reparar los daños” de un largo periodo de contracción económica, hiperinflación y excesivo intervencionismo estatal, ese viraje hacia la apertura económica crea la imagen de armonía que, aparentemente estamos viviendo.

En ese sentido, creemos útil colocarla en un contexto más amplio que el estrictamente económico y no quedarnos circunscritos a la discusión de si estamos en “recuperación, burbuja o crecimiento”. La evaluación de la actual situación debería, a nuestro juicio, tener tres componentes que deben converger en una dirección, el económico obviamente, pero además uno institucional y otro de carácter político2.

Sabemos que es muy difícil construir una ruta sostenible de armonía social, pero sí que es posible atenuar o disminuir el conflicto, lo que depende de la lucidez que tenga una sociedad para identificar claramente cuando se trata de soluciones artificiales, artificiosas o superficiales y cuando no. Precisamente, el arreglo o la alineación entre aquellos tres componentes nos ayudan a responder dónde estamos ahora.

Gómez y Pérez Jiménez: ¿Una ilusión de armonía?

J.V. Gómez acabó con el conflicto militar que lo precedió y el país vivió una era de paz y armonía por muchos años, alimentada por el ingreso petrolero. Se puede decir que hubo también allí “una ilusión de armonía” porque aún no estaba presente un nuevo conflicto, el de la confrontación entre la dictadura y la democracia, de tal manera que el ingrediente político debería incluirse en la valoración que se haga. El caso de Pérez Jiménez es similar porque, ciertamente fue una era de gran prosperidad y bienestar económico, apuntalada también por el inmenso ingreso petrolero, pero con el mismo tipo de conflicto político.

Desde el punto de vista institucional la ecuación de armonía estuvo relativamente completa, porque en ambos periodos se crearon las principales instituciones de la Venezuela moderna, tales que respaldaron la prosperidad alcanzada. Las crisis en el negocio petrolero y la ausencia en el juego de las “instituciones especializadas en la solución de conflictos”, especialmente del componente democrático, impidieron una solución realmente armónica. El conflicto entre dictadura y democracia fue el denominador común en ambos casos. La prosperidad y la democracia deben converger si aspiramos a una armonía social sostenible3.

Examinemos, uno a uno, esos componentes para hoy día.

La recuperación económica

No cabe duda de que la hay. Primero que nada, porque cualquier comparación de los indicadores clásicos que hagamos con los periodos anteriores dará un resultado positivo, después de la etapa de contracción económica que duró hasta el 20214. Segundo, porque su origen está claramente determinado por tres tipos de ingresos y tercero porque damos crédito en su favor el abandono de las anteriores políticas de control.

Origen y sostenibilidad.

Los recursos que la están sustentando tienen tres fuentes. En primero lugar, por el aumento en los ingresos privados externos, originados principalmente por las remesas, las que se han estimado en promedio en el orden de US$ 2.000 millones anuales y a cerca de US$ 3.500 millones previsibles para el presente año, según varias fuentes5.

Dichas entradas produjeron el efecto positivo de una espontánea dolarización de la economía, de la estabilización del valor del bolívar al dólar6 y del cambio de la trayectoria hiperinflacionaria.

En segundo lugar, a esas entradas le sigue el sensible aumento de los precios internacionales del petróleo y de la Cesta Venezuela7 lo que redunda en un incremento en el valor de las exportaciones8, aun cuando la producción petrolera sigue relativamente estancada en valores cercanos a los 700 a 800 MBD9.

En tercer lugar, habría que añadir los ingresos estimados por actividades internas ilícitas o ilegales10, de las cuales alguna proporción no identificada se queda en el país y genera algún impacto en la economía.

A los fines de estas notas, la suma y las características de ese tipo de ingresos revelan una cuestionable sostenibilidad de la recuperación económica, la que, al igual de la tesis de los autores de la frase original, crean una “ilusión de armonía”.

La economía y la confianza

Como es lógico esperar el hecho económico de la recuperación tiene que ser amparado por una normativa legal que produzca una percepción de confianza y que sustente los cambios de política económica observados, principalmente la legislación que soporta las políticas de precios y la garantía de los derechos de propiedad, ambos aspectos aun sin modificaciones fundamentales.

Por ejemplo, el sistema de decretos gubernamentales que regulan las importaciones, renglón que se ha convertido en uno de los “indicadores” de la recuperación11, es un claro ejemplo de cómo se diluye la confianza, dada la discrecionalidad que dirige la política impositiva del gobierno, con la que, por una parte, se promueve, a la vez que se tutela al sector privado y, por la otra, se mantiene un trato discriminatorio contra la producción local.

No es casualidad, creemos, que una intencionalidad política esté presente, tomando en cuenta la historia y la experiencia del gobierno con el sector privado venezolano, al que, si lo deja fortalecer lo percibe como en un enemigo potencial. Oportuno es recordar la tan insistente frase de la “guerra económica”, por lo que, quienes estén del lado de una recuperación “a solas”, sin los respaldos legales, institucionales y políticos correspondientes deberían juzgarla con mucha aprehensión y reserva.

¿Una recuperación sin sector privado?

Dos condiciones harían sostenible la recuperación. La primera, es indispensable una participación significativa y decisiva del sector privado venezolano, esto es con un sustantivo componente local en el consumo y la inversión internas y, la segunda sumada a ella, por una expresa y progresiva política de abandono de la extrema dependencia del ingreso petrolero.

Sin embargo, la abierta intención gubernamental de que, otra vez, sea la inversión extranjera la protagonista del crecimiento económico, en especial la destinada al sector petrolero, a pesar de las alianzas privadas que se puedan producir12, va en la dirección contraria y revela claramente su objetivo.

¿Otra vez el petróleo?

Dos consideraciones merecen esta posibilidad. Por un lado, Venezuela se verá expuesta de nuevo a reproducir el modelo organizativo que nos trajo hasta aquí: la sociedad Estado propietario - empresas petroleras extranjeras13 cuyos resultados están a la vista.

Por el otro, porque la “armonía”, de nuevo se montará sobre el negocio petrolero y se volverá a repetir, como bien lo indicaron los autores citados, aquello de “darles a todos todo lo que pedían todo el tiempo”14 y, con ello, impedir la creación y desarrollo de las instituciones de mediación de los conflictos sociales.

La política y la confianza.

Cierto es que, también por esa vía se puede alcanzar una prosperidad transitoria, pero a la ecuación de armonía le falta el componente político en dos direcciones. Una, porque debería apoyarse en instituciones que generen verdadera confianza de los propósitos gubernamentales. Dos de ellas, entre otras, la cultivarían con creces. La primera, ligada plenamente al quehacer económico, un Banco Central realmente autónomo, fundamentado en una nueva Ley que así lo garantice y la segunda, aunque parezca lejana a lo económico, una profunda revisión del sistema de justicia que garantice la imparcialidad de las leyes, incluyendo la conformación de su máxima autoridad.

Prosperidad y democracia van alineadas.

Quienes se aventuren a leer estas notas percibirán una exagerada exigencia, quizás utópica, a que la recuperación económica sea acompañada de la plena vigencia del sistema democrático, dentro del cual el fiel cumplimiento de los preceptos constitucionales que sustentan la pluralidad política es imprescindible. Luego, serían muy buenas señales si se eliminaran los vestigios del poder por la fuerza, de las persecuciones políticas y la sumisión al poder estatal.

Aquellos que crean poder vender prosperidad sin democracia deben hacerse la pregunta de qué sistema político mejor garantiza la libertad de empresa y de mercados. La pluralidad de partidos, la representatividad y participación activa de la sociedad civil, de los gremios, sindicatos y asociaciones son parte de eso que se llama democracia.

Seguramente estos, garantizados por las leyes y en plena capacidad de opinión y funcionamiento, darían un voto de confianza para los negocios.

Si la sociedad venezolana, como un todo, es capaz de identificar este proceso con claridad y logra alinear y hacer converger los tres componentes en una misma dirección sabremos si estamos o no en una “ilusión de armonía”. Desde luego, si podemos construir un acuerdo de todos los venezolanos, sin discriminación alguna, para que se recreen las instituciones de mediación de los conflictos sociales propias de una democracia, estaremos en el camino de armonía social.

1 Debates IESA. “El Caso Venezuela. 30 años después” Julio-septiembre 2015

2 Lo sucedido después de la 2ª guerra mundial con las instituciones de Bretton Woods ilustra el caso de una armonía sostenible por la interacción de los tres elementos

3 Un criterio que debe ser útil para examinar el caso de esas sociedades autoritarias como Cuba,China, Rusia, Bielorrusia y otras menos conocidas que creen vivir en armonía.

4 “Entre el segundo semestre de 2013 y el primer semestre de 2021 (96 meses consecutivos) consecutivos) se estima que la economía venezolana se contrajo en 75%...”(Informe de Coyuntura. IIES.UCAB. Feb. 2022)

5 “Las transferencias corrientes, que incluyen las remesas de los migrantes venezolanos… se han estimado en $ 2,7 MM en 2021 y $ 3,5 MM para 2022…” (Informe de Coyuntura. IIES.UCAB. Feb.2022) y (CEPAL Informe Macroeconómico 2021)

6 Hasta las últimas semanas cuando comenzó de nuevo a devaluarse.

7 “La cotización del WTI se ha mantenido en un rango de $102 y $119 por barril. En abril, el crudo Merey tuvo un precio de $83,40 por barril según datos de la OPEP. Mientras que estimamos que la CPV cerró en $78,50 para abril.” (Observatorio de Gasto Público. CEDICE. Junio 2022)

8 Una evaluación nuestra indica que ese valor para este año podría alcanzar los US$ 12.000] millones de exportaciones no registradas y de alrededor de US$ 3.200 millones registradas oficialmente.

9 “Venezuela tuvo un promedio de producción de barriles diarios de 757.000 en los primeros 3 meses del 2022 y cerró el 2021 con un nivel de producción de 871 miles de barriles diarios” (CEDICE. Junio 2022)

10 El informe “Transparencia Venezuela. Junio 2022” las ubica en el orden de US$ 9.500 al año.

11 Después de su descenso sustancial en el 2019 han comenzado a crecer ligeramente en los últimos años, de acuerdo con una investigación nuestra entre los principales países proveedores. Por ejemplo, aumentaron de cerca de US$ 1.300 a US$ 1.650 millones entre 2019 y 2021. Con los Estados Unidos, el país icono de sanciones y bloqueo aumentaron de US$ 380 a US$ 432 millones en el I trimestre de 2022

12 Sabemos que la cuantía de inversiones requeridas para vitalizar el negocio petrolero rebasan las posibilidades del capital nacional, por lo que este tendría un carácter marginal.

13 Con la probabilidad de una consecuente “caja negra” dirigiendo a PDVSA.

14 A las misiones existentes, a la bolsa CLAP se le añade hoy el expediente del espectáculo financiado, directa o indirectamente por el Estado.

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