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Opinión

lapatilla.com

La Organización Internacional Insight Crime (IC) con sede en Medellín, Colombia, en una exhaustiva investigación titulada “La revolución de la cocaína en Venezuela” revela el riesgo de Venezuela en convertirse en el cuarto país con mayor producción de cocaína en Latinoamérica y el Caribe.

En este trabajo investigativo, resultado de más de tres años de indagaciones, cientos de entrevistas y una minuciosa labor de campo en todos los territorios clave del narcotráfico en Venezuela, se analiza uno de los centros de tráfico de cocaína más importantes del mundo, y cómo el régimen autoritario chavista mantiene el flujo de narcóticos por varias regiones del país.

La Patilla entrevistó al director ejecutivo y cofundador de InSight Crime, Jeremy McDermott, sobre esta nueva investigación que deja al descubierto el desarrollo de cultivos, laboratorios, producción y comercialización de estupefacientes durante el periodo de Nicolás Maduro.

McDermott también es el jefe de investigación para Panamá y Suramérica de la organización y cuenta con casi dos décadas de experiencia reportando desde diferentes lugares de Latinoamérica. En su hoja de vida figura que es un exoficial del ejército británico e hizo parte del servicio activo en Bosnia e Irlanda del Norte.

Luego de retirarse del ejército, se convirtió en corresponsal de guerra, cubriendo los Balcanes desde Bosnia y luego el Medio Oriente desde Beirut, antes de instalarse en Colombia, desde donde viaja a diferentes lugares de Latinoamérica.

También trabajó como corresponsal de la BBC de Londres en Colombia, así como corresponsal de Latinoamérica para el Daily Telegraph y Jane’s Intelligence Review, especializándose en narcotráfico, crimen organizado y el conflicto armado interno de Colombia.

¿Insight Crime (IC) maneja cifras o estadísticas del total de kilos de cocaína producidos en el país y de forma detallada por estados, dada la inminente posibilidad de que Venezuela se convierta en el cuarto país con mayor producción de cocaína en Latinoamérica?

– La investigación de campo en Venezuela es muy difícil. Estudiamos la posibilidad de usar drones. Pero resulta demasiado riesgoso para nuestro trabajo en Venezuela. No hemos podido establecer algún tipo de medición. Pero en Colombia, una hectárea de coca puede producir hasta siete kilos de cocaína al año. Sospecho que el rendimiento en Venezuela será mucho menor, ya que las plantas no están tan maduras y no cuentan con la misma experiencia en el cultivo de coca ni en la extracción de alcaloides de las hojas.

¿Quiénes están implicados en el negocio millonario de las drogas en Venezuela? ¿De cuánto son las ganancias reportadas por IC producto de este negocio ilícito que sirve no solo de enriquecimiento ilícito para la cúpula chavista, sino también para mantener a Nicolás Maduro en el poder?

Obviamente depende de qué parte de Venezuela estemos hablando. Por los riesgos de amenaza, no daré a conocer los nombres más allá de los señalados en este informe de 2022 y del año 2018 donde damos a conocer a Venezuela como un “Estado Mafioso”, y que pueden encontrar en nuestro sitio web.

Con respecto a la importancia del narcotráfico para mantener a Nicolás Maduro en el poder, creemos que en Venezuela Nicolás Maduro ha establecido un sistema feudal de gobierno, y como parte de este sistema, los grupos del narcotráfico son importantes para mantenerlo en el poder.

Lo que quiero decir con el sistema feudal es que Maduro no puede tiene la libertad normal de un gobierno, a través del desembolso de fondos centrales, porque está casi en bancarrota. Así que tiene que repartir feudos a sus partidarios para que le den su apoyo a cambio del acceso al dinero por rentas criminales, contratos estatales, acceso a minas de oro en el estado Bolívar o puestos a lo largo de la frontera con Colombia, lo cual le permite tener acceso al dinero proveniente de las rentas criminales que pagan en moneda extranjera, lo cual hoy en día es importantísimo con la dolarización de la economía y al aumento de los costos en Venezuela.

Las ganancias por el narcotráfico son muy difíciles de precisar. Solo podemos decir que en Venezuela ocurre como en Colombia: se debe pagar como un impuesto por el tránsito de la droga cuando se cruza la frontera, donde muchas veces se tiene que pagar a la Guardia Nacional. Si hay un laboratorio, se le tiene que pagar a los militares o a los chavistas locales por cada kilo que sale del laboratorio. Si la llevan en avión, tienen que pagar un impuesto por cada kilo. Esto es como el sistema de gramaje y de impuestos establecidos desde hace rato en Colombia, donde ahora se está aplicando en Venezuela. El problema es que no tenemos idea de cuántos kilos de cocaína están pasando cada año por Venezuela.

Estimamos que sean 250 toneladas. Pero tampoco sabemos cuáles son las tarifas de cada kilo en cada eslabón de la cadena. Sin estos números es casi imposible llegar a una idea del tamaño del negocio.

De acuerdo a la investigación de IC, dedicarse al tráfico de drogas en Venezuela en la actualidad es una tarea compleja. ¿Cuál es la nueva dinámica de tráfico de drogas en el país una vez levantada la cuarentena a causa de la pandemia?

-La pandemia no interfirió en gran medida con el tráfico de drogas, ya que la producción continuó sin interrupciones. Se hizo un poco más difícil mover la droga, ya que el tráfico aéreo y la red de cooperadores se redujeron temporalmente. Pero no hubo un impacto a largo plazo en el comercio de cocaína por culpa de la pandemia.

¿Qué grupos criminales y figuras del poder público político y militar son parte de la red de narcotráfico? ¿Cuáles son las principales rutas y los carteles que en la actualidad se mantienen desarrollando transacciones de este tipo? ¿Qué cartel ejerce el mayor control de las operaciones?

-En Colombia quienes se van hacia Venezuela, lo hacen obviamente por el Catatumbo, el Norte de Santander, que es como el tercer lugar de concentración de droga en Colombia. Esta droga se va directamente por la frontera hacia el sur de Zulia, y sale en avión o por vía marítima hasta las costas del Caribe. Hay mucho contrabando. Hay cruces por Cúcuta y San Antonio por el Norte de Santander hacia Táchira.

Pero de narcotráfico no hay nada tan importante como más al norte de Catatumbo hacia el Zulia. También está la ruta Arauca hacia Apure, donde obviamente se ha generado violencia entre el Décimo Frente y la guerra con el Eln y militares venezolanos que tienen mucho que ver con esta ruta.

Otra zona importantísima es la del estado Amazonas – Brasil, porque Brasil es uno de los puentes principales de cocaína hacia Europa.

La ruta de Catatumbo, al sur del estado Zulia, está en las manos del Eln y ha tenido incidencia el Frente 33 de las disidencias de las Farc. Desde el sur del Norte de Santander hacia Táchira hay una guerra entre muchos grupos que quieren mantener el control en esta parte de la frontera: El Tren de Aragua, Colectivo de Seguridad Fronteriza, el Eln, Los Urabeños, Los Rastrojos. En este sector no hay ningún monopolio de ningún grupo en este momento.

En la Ruta Arauca-Apure, obviamente se mantiene una guerra, que yo creo que el Eln está ganando para poder controlar la frontera. Y de Colombia hacia Amazonas está dominado por un grupo disidente del Frente Negro Acacio, que maneja la entrada y salida de la droga de Venezuela por diferentes vías con muchos jugadores (venezolanos y colombianos).

En Venezuela no hay carteles como tal. El Cartel de los Soles no es un cartel, sino una red de redes. Yo creo que es la mejor manera de describir y entender la dinámica del narcotráfico en Venezuela. Todo tiene que ser aprobado por el lado oficial, a nivel local o nacional del gobierno. Si los jugadores pagan las tarifas, pueden operar casi con impunidad dentro de Venezuela. Hoy en día, en las rutas hacia Estados Unidos y Europa hay muchos grupos diferentes (latinos, europeos, con intermediarios). Estas redes y estas rutas son cada vez más multinacional. El día de los carteles ya se fue.

¿Cómo ve estos decomisos de armas, drogas y destrucción de campamentos o laboratorios de los llamados Tancol por parte de la Fanb cuando se sabe que algunos militares también están involucrados en narcotráfico?

-Primero, casi todas las incautaciones son del Décimo Frente de las Farc, disidentes que están operando de una manera no aprobada por el régimen de Maduro. Muy pocos, casi ninguno de estos decomisos involucran al Eln, por ejemplo, ni a la Segunda Marquetalia. Creo que es un severo castigo hacia los grupos que están actuando sin el permiso de las facciones militares del régimen y de los políticos locales para asegurar que está regulado el negocio y que todos están pagando sus tarifas a las autoridades adecuadas.

En la evolución del tráfico transnacional de drogas de Venezuela han existido varias generaciones de operadores, como Gordito González, actor fundamental en la nueva era del narcotráfico en Venezuela. Explique el papel que cumple en este proceso gracias a los narcooperadores.

La historia de los narcoopoeradores. Tal vez el primero de esos fue Walid Makled, intermediario venezolano que trabajó con Clíver Alcalá y los militares. El Gordito González es parte de esta misma tradición, pero con muchos más vínculos con el régimen chavista.

El fenómeno de los intermediarios no es un fenómeno netamente venezolano. Está pasando por todas partes, porque el panorama criminal está cada vez más fragmentado, porque no hay carteles como tal. Ahora los grupos criminales diferentes necesitan estos intermediarios como el Gordito González, con quienes mantienen una subcontratación criminal para vincular todos los grupos necesarios, y asegurar la producción, la compra, el transporte y la comercialización hacia los distintos mercados.

¿Cuáles son las implicaciones nacionales e internacionales de que ahora Venezuela no solo sea un puente para el tráfico de drogas, sino que se está convirtiendo en un país productor?

– Si los cultivos continúan, Venezuela se podría convertir en un país como Colombia.

 8 min


Edgar Benarroch

"Nikita marica"

En abril de 1961 fracasó la invasión a Bahía de Cochinos en la que 1.400 exilados cubanos preparados por los Estados Unidos se quedaron esperando el apoyo aéreo de Washington. Más adelante la CIA y el Departamento de Defensa del país del norte diseñaron la operación Mangosta que incluía la invasión militar a Cuba, pero esta fue suspendida por la llamada crisis de los misiles.

En octubre de 1962, un avión espía U-2 de los EE.UU. tomó fotografías de la base de misiles de rango medio instalada en Cuba. Con esas pruebas fotográficas, los asesores militares de John Kennedy le sugirieron un ataque para destruir los misiles y luego invadir la Isla. Kennedy, en vez de eso, decidió utilizar la vía diplomática y de negociación con La Unión Soviética parar solventar la amenaza, toda vez que los misiles nucleares apuntaban al territorio norte americano, distante apenas 140 kilómetros de Cuba.

Se inició el intercambio y negociación que duró 13 días con una inmensa expectativa mundial, y si bien Kruschev rechazó los términos de la primera carta, la Unión Soviética retiró algunos de sus buques. La inteligencia estadounidense determinó que las baterías de misiles estaban a punto de ser operativas.

El 27 de octubre los soviéticos derribaron un avión espía de los Estados Unidos que volaba sobre Cuba. A pesar de la muerte del piloto y la destrucción de la aeronave, Kennedy decidió continuar en el camino diplomático y le propuso a Kruschev que retirara los misiles de Cuba con la supervisión de la Organización de las Naciones Unidas y a cambio ofreció que los Estados Unidos no invadiría a Cuba y que también retiraría la base de misiles que tenía instalada en Turquía. Afortunadamente así ocurrió y se evitó una guerra mundial de consecuencias impredecibles que aún lamentaríamos.

La decisión de Kruschev de retirar la base de misiles de Cuba no fue informada, menos consultada, a Fidel Castro. Ello le produjo un indignado ofuscamiento al dictador que lo llevó a organizar una gran manifestación en la Habana para protestar la decisión soviética. Fidel encabezó la manifestación donde la consigna central fue "NIKITA MARICA" vociferada por la multitud siguiendo la voz del dictador. Acusó a Kruschev de cobarde y mediocre, que le faltó valentía para enfrentar como hombre la situación y lo tildó de débil e indigno.

Gracias a la insistencia y persuasión de Kennedy en agotar la vía diplomática, la conversación y el acuerdo, se evitó lo que pudo haber sido la tercera guerra mundial con resultados insalvables que hoy todavía lamentaríamos.

De esa manera se prueba una vez mas que la palabra acompañada de recia voluntad es sumamente poderosa y logra resolver los problemas, por muy agudo que sean, sin hechos fatales que lamentar. Dios quiera que nuestra dramática situación que nos afecta dolorosamente a todos y destroza al país, la podamos resolver civilizadamente, hablando y llegando a acuerdos. En esto el régimen tiene mucho que aportar con sinceridad y honestidad, la oposición, estoy seguro, continúa dispuesta al diálogo fructífero que le ponga fin a lo que tenemos y sufrimos e inicie el camino que nos conduce a la Venezuela que queremos.

3 de mayo de 2022

El novelista y Venezuela

"En los venezolanos he descubierto una efusión cordial, una hospitalidad ferviente y sincera que me ha deslumbrado. Uno llega a Venezuela y, de repente, todas las reservas presuntuosas de nosotros los europeos que consideramos un avance de la urbanidad se desmoronan: Existe tal desprendimiento, tal entrega sin ambages, tal afluencia de afectos en estas gente por la que circula nuestra misma sangre que uno siente como si se hubiera desembarazado de una hojarasca de impedimentos que avejentan su espíritu, para entregarse a sentimientos que creía hibernados a perpetuidad. Venezuela no atraviesa su mejor coyuntura histórica. Produce una tristeza del tamaño del universo comprobar cómo una tierra que ha sido bendecida con la fertilidad y que atesora los minerales más preciosos ocupa en el concierto mundial un lugar rezagado que no le corresponde. Gobernantes ineptos y empresarios rapaces han conducido esta nación prodigiosa a su actual estado de postración. Nunca como en Venezuela había descubierto tanta curiosidad intelectual , tanto afán abnegado por responder a la fatalidad con una sonrisa, tanta belleza y simpatía floreciendo por doquier, aún en medio del infortunio. Allí donde uno posa la vista, descubre un país apretado de vida, tumultuoso de pasiones que solo necesitan una mecha para prenderse".

Lo entrecomillado que antecede es lo afirmado por el escritor novelista español Juan Manuel Prada con motivo de su visita a Caracas para promocionar su novela "La vida invisible" y lo expresa en un denso artículo en el periódico ABC de España. En su estancia en nuestra capital fue acompañado por la editora María Elena Rodríguez, la empresaria periodística Mayra Capriles y el Consejero Cultural de la Embajada española en nuestro país Gonzalo Fournier.

El escritor también afirma en su artículo: "Chávez se configura como el emblema que resume el desastre, pero no debemos olvidar que si las clases populares votaron por él, fue porque se había colmado su paciencia. Chávez no hubiera surgido sin la existencia de una masa social empobrecida y defraudada. Pero este pueblo sobrevivirá a sus gobernantes catastróficos y a sus empresarios rapaces. Tanta vitalidad, tanto anhelo de mejora no pueden obtener como único resultado el acabamiento. Venezuela resucitará y estaremos allí respaldando ese resurgimiento sin pedir nada a cambio".

Estas emotivas y elocuentes palabras del novelista nos conmueve sobre manera y dice mucho de lo que somos y seremos. Como afirma el escritor, tanta inteligencia y afán de lucha no pueden caer en el vacío. Triunfará la inteligencia y afán de cambio, pero deseamos que sea cuanto antes y ello supone UNIÓN de todos quienes queremos un nuevo y mejor país.

Compromete seriamente nuestra gratitud lo expresado por el escritor Juan Manuel Prada por su arrebato de elocuencia, sinceridad, emotividad y solidaridad. Su presagio, con nuestra lucha y Dios mediante, se hará realidad muy pronto y gozaremos de su presencia solidaria y entusiasta.

4 de mayo de 2022

Estrategia y candidato

La estrategia es el arte de proyectar y dirigir operaciones en busca de un objetivo seleccionado. Es una serie de acciones, tácticas, muy meditadas, encaminadas hacia un fin determinado. Es un procedimiento para la toma de decisiones y/o para accionar frente a un determinado escenario con la idea de alcanzar uno o varios objetivos definidos con antelación. Podemos resumir afirmando que estrategia es un plan mediante el cual se busca lograr metas, es un camino por andar.

Para el cumplimiento y realización de la estrategia es fundamental que exista un liderazgo respetable con capacidad para organizar y movilizar los efectivos y requiere también de un dinamismo continuo y optimizar la toma de decisiones y motivar a todos para que ella se haga propia y todos trabajemos en su ejecución.

La estrategia debe ser única, más no así sus componentes que son las tácticas, estas últimas deben irse adecuando a las circunstancias: Tiempo, lugar, situación, protagonistas etc., etc. Y por lo tanto las tácticas son cambiantes, todo ello lo da el estudio, análisis y observación de los acontecimientos.

Cuando decimos que la estrategia debe ser única, nos referimos al colectivo que busca los mismos objetivos. Si el objetivo de toda la oposición es salir cuanto antes de lo que tenemos, si queremos cambio ya, nada más lógico que todos tengamos la misma estrategia. Ello no ha sido posible aún por subalternos intereses que nos separan y que es de urgencia y necesario superar para entre todos discutir lo que se debe discutir y llegar a acuerdos fundamentales. Ello es posible y sucederá en la medida que cada sector o individualidad aparte sus intereses, por muy legítimos que sean y actúen en función del sagrado y alto interés nacional. Necesitamos una estrategia para diseñar una estrategia en conjunto, que nos reúna a todos. Cuando nos despojemos de mezquindades y singularidades y pensemos en grande, estaremos en condiciones de alcanzar y transitar un camino común, que como hemos dicho es la vía más rápida para superar el horror que a todos atormenta y daña y empezar a trabajar en la gran tarea de reconstruir el país.

En las venideras elecciones debemos y tenemos que asistir con un solo candidato, que será el líder de la ejecución de la estrategia diseñada para sacar del poder a quienes destrozan la nación y maltrata a todo el pueblo y nosotros conquistarlo. Se entiende y supone que en esa estrategia está contenida nuestra propuesta de gobierno que debe ser profunda como la crisis, creíble y sobre todo realizable. La selección de nuestro abanderado presidencial debe hacerse con gran desprendimiento de lo personal y pensar exclusivamente en el país de todos y así poder estar en sintonía con el sentimiento nacional. No sé si el mecanismo para la selección de nuestro candidato será mediante sondeos de opinión que todos acepten, por acuerdo consensuado o por elecciones primarias donde participen todos los venezolanos mayores de 18 años, lo único que creo es que debe ser solo uno y quienes propongan su nombre deben asumir ante el país el compromiso irrenunciable de respaldar con emoción a quien resulte favorecido.

Es bueno desde ya empezar a hablar sobre este tema, sabemos que es escabroso, delicado y difícil y por ello debemos tratarlo cuanto antes, pero creo tenemos la suficiente madurez y conciencia para entender con exactitud el tiempo tan angustiante que vivimos y lo que el país desea.

5 de mayo de 2022

Un juez

Un antiguo amigo mío que fue juez y hoy está jubilado, que por razones obvias no menciono con nombre y apellidos, me comentó hace aproximadamente ocho años, que le llegó un caso en el que a él le constaba la culpa del indicado, quiso inhibirse pero se lo prohibieron y conminaron a decidir.

El expediente había sido confeccionado de tal manera que no se desprendía ninguna culpabilidad. El fiscal acusador argumento muy mal y la defensa lo hizo muy bien. Estaba trabajando para reponer la causa a estado de investigación y solicitar nuevas experticias y peritajes cuando fue visitado por un emisario del régimen que le dijo, este expediente llegó a sus manos no por suerte, se le envió porque conocemos su situación económica y sabemos que está solicitando su jubilación y ella se hará efectiva si usted decide la inocencia, sino, no sólo no se le concederá, también será despedido del poder judicial.

Me dijo el juez que en ese momento tenía su casa hipotecada y sostenía económicamente a su hija menor en sus estudios universitarios y ello lo llevó a decidir cómo se lo exigían, contrario a su conciencia. Me dijo también que desde entonces llevaba en su conciencia una pesada carga que lo martirizaba sobre manera agravada porque el sujeto estaba en libertad, seguía en sus andanzas y acumulando mayor fortuna. Le recomendé que hiciera con mucha fe un acto de constricción y arrepentimiento con la promesa de no volver a caer.

Comprendo la situación humana del juez y deploro la aberrante, inaudita, grosera e inadmisible interferencia del emisario del régimen en la administración de justicia.

Cuando se designa a un juez se debe seleccionar a una persona que nos proporcione confianza ciega y que su gran tarea sea valer y hacer valer la verdad y solo la verdad. Siempre decidir de acuerdo a la justicia que es dar a todos lo que nos corresponde, su tarea es buscar la verdad y hacerla triunfar, poner las cosas en el orden debido y establecer pena a los infractores. La justicia es "El constante y permanente afán de dar a cada quien todo lo que es suyo y pertenece". Cuando la administración de justicia es torcida por intereses exógenos o foráneos, no hay justicia y se configura una situación donde vale más la fuerza, la influencia, el poder, el tráfico indebido que la verdad.

Le escuché una vez a un profesor de Derecho Público, en un seminario en la Universidad Católica Andrés Bello. decir que cuando un juez sentencia distinto a la verdad, con seguridad está atravesada una pantaletica , real o poder. En el caso descrito no solo está el poder, está también la amenaza, el valerse de la situación menguada, la coacción irrespetuosa e inmoral, la prevalencia indebida de la autoridad y todo otro tipo que agrede la dignidad de la persona humana.

Este régimen nefasto que tenemos, como todo totalitarismo, tiene bajo su hermético control todas las ramas y órganos del Poder Público, nada se hace y nadie resuelve nada sin consultar y recibir la aceptación de Miraflores y a quien se le ocurra desobedecer es castigado de la peor manera.

Transformaron la administración de justicia en una goma elástica que estira y encoge de acuerdo a la conveniencia del régimen. Cuando se pierde la confianza en los jueces, se está en presencia de un mundo donde todo es posible menos la justicia.

Muchas y tantas cosas debemos hacer para lograr el país deseado, pero en esa dura, ardua y apasionante tarea, la importancia de atender cuanto antes la administración de justicia es

fundamental y prioritario para colocarla en su espacio sagrado, transparente, de confianza ciega y de verdad, donde siempre debe estar.

6 de mayo de 2022

La verdad

Edgar Benarroch.

Poncio Pilato cuando interrogaba a Jesús le preguntó: ¿Y qué es la verdad? Con esa pregunta Pilato cuestiona la afirmación de Jesús de que Él es "testimonio de la verdad". Jesús se quedo callado sin responder la pregunta, tal vez en conciencia que no lo iba a entender, a raíz de ello, Pilato se dirigió a la masa expectante y les dijo que no consideraba a Jesús culpable de ningún crimen. En las Sagradas Escrituras la verdad se presenta y se anuncia de manera diversa. La verdad de las expresiones bíblicas consiste en la correspondencia entre la intención del autor humano y la intención de Dios Padre. La verdad es la Revelación de Dios como Palabra.

Verdad en nuestro mundo es la adecuación entre una proposición y el estado de cosas que expresa, por ejemplo, la obscuridad es negra, es verdad si es negra. Es la conformidad entre lo que una persona manifiesta y lo que ha experimentado, piensa o siente. Es la coincidencia entre una afirmación y la realidad.

En la cotidianidad la verdad sirve para resolver por lo menos cuatro tipos de problemas: la ignorancia, el error, la mentira y la contradicción. Los seres humanos nacemos sin saber nada, sin saber las cosas que necesitamos para sobrevivir y la verdad nos la va mostrando, empezamos a encontrarnos con lo que nos rodea, con la realidad.

Según Aristóteles, "la verdad se da en el hombre gracias a que surge dentro del alma una opinión verdadera y simultáneamente una acción recta" y al contrario, lo falso se produce con el surgimiento de una opinión falsa y una acción no recta. Como existe el blanco y el negro, la luz y las tinieblas, también existe la contradicción a la verdad: la mentira; la falsedad, la demagogia, que es falsas promesas que son populares, pero difíciles o imposibles de cumplir, con la que se pretende convencer al pueblo y convertirlo en instrumento de ambiciones políticas.

La demagogia es uno de los peores, indeseables y execrables vicio de los políticos, ella es practicada por aquellos que solo les interesa llegar sin importar cómo lo hacen, para los que el fin justifica los medios.

Este régimen que lamentablemente tenemos, practica la demagogia y como tal, falsea la verdad desde sus inicios: prometieron resolver los problemas y los agravaron, resolver los males y los empeoraron, prosperidad y nunca el país había sido destrozado como ahora. Teníamos males pero soportables, ahora nos damos cuenta que existen males mayores que aquellos como los que estamos sufriendo.

El régimen es como Pilato, no conoce ni sabe que es la verdad. Utilizan la posverdad (mentira, falsedad, estafa) a diario para confundir y manipular al pueblo desinformado. Para el régimen el uso de la mentira es válido para lograr sus fines: confundir, mal poner al adversario y descalificar la disidencia.

Quien juega con candela corre el riesgo de quemarse y quien se vale de la mentira como instrumento de lucha social, más temprano que tarde queda al desnudo. Con mentiras no se resuelve el hambre ni la inseguridad, ni se mejoran los servicios públicos, son solo paños calientes que al enfriarse quedan al descubierto.

Salgamos cuanto antes de la falsedad, la mentira y la grosera demagogia y reivindiquemos solemnemente la verdad en la vida nacional; para ello lo primero por hacer es salir de lo que tenemos para luego trabajar con mucho ahínco en lograr un país muy distinto y mejor, ambas cosas son de urgente necesidad y son posible en la medida que todos los que queremos cambio ya nos UNAMOS. La UNIÓN es la llave de oro que nos abre todas las puertas hacia la prosperidad, bienestar y felicidad de todos.

7 de mayo 2022

 13 min


Fernando Mires

No hay nada peor que una guerra. Lo estamos viendo día a día en la pantalla. Y la peor de todas las guerras es aquella donde la población civil es convertida en objeto preferencial de ataque. Como en Ucrania donde Putin ya ha ganado, junto a Stalin, Hitler, Mao, Milosevic, el poco honroso título de genocida. La de Putin, lo muestra las ciudades hecha añicos que han dejado sus tropas, pasará a la historia como guerra de exterminio. Por eso ya no dudamos en calificar a Putin como una de las representaciones del mal sobre la tierra. Un engendro del demonio, como dijo Churchill de Hitler.

No hay nada peor que una guerra, porque una guerra saca hacia afuera la maldad escondida en la condición humana, que es mucha, aunque a veces, en condiciones normales, necesaria, pues es la parte de nuestro ser que nos permite reaccionar en búsqueda del bien. No nos referimos, en eso hay que ser cuidadosos, a una supuesta bondad o maldad natural. Si somos buenos o malos no es por causa de la naturaleza. Rousseau y su buen (o mal) salvaje no tiene nada que ver en este asunto. Más si se tiene en cuenta, que nuestra naturaleza no está dada, sino que en gran parte, es adquirida, modificada, estructurada, codificada, legalizada.

No hay nada peor que una guerra y por eso amamos la paz. Porque si hay algo digno en el ser, es su deseo de vivir en paz. El ser es deseo de convivir entre nosotros y con los otros. El ser, quiere ser. Esa es la razón por la cual, después de haber vivido cruentas guerras, muchos han optando por asumir la noble vocación pacifista. El pacifismo es, ha sido y será, una declaración de guerra a la guerra.

El deseo de vivir en paz es tan antiguo como la humanidad. Precisamente para no matarnos aparecieron las primeras instancias morales y, por cierto, una de las primeras prohibiciones: “No matarás”. Mandato inscrito en los libros sagrados de todas las religiones. Ley moral que en nuestra modernidad ha pasado a ser ley jurídica e impresa en las constituciones de los estados, ha pasado a ser ley política.

La guerra, es cierto lo que dice Clausewitz, es la continuación de la política por otros medios, pero -esto es lo que no dice- aparece allí donde ha fracasado la política. La política -tenía razón el jurista Carl Schmitt– es guerra sin armas. Y si es así, la guerra es política con armas. La política contiene en sí a la lógica de la guerra (quizás por eso nos gusta tanto). Eso quiere decir que si la política es guerra gramaticalizada, la guerra militar aparece justo en el momento cuando y donde ha fracasado la palabra.

Mientras los enemigos hablan no disparan, decía el ex-canciller alemán Helmuth Schmidt. Cuando fallan las palabras nos comunicamos con balas, con bombas, con muertos. Amar y buscar la paz sobre todas las cosas nos convierte en pacifistas. Y para ser pacifistas hay que hablar sobre la paz. Lo sabía Kant cuando en su Paz Perpetua escribió que el lugar de donde hay que salir de la guerra no está fuera sino dentro de la guerra, en los llamados armisticios o altos al fuego. Solo por esa opinión podemos considerar a Kant como fundador del pacifismo político moderno. A ese punto volveremos luego.

Pacifismos y pacifismos

Lo dicho nos permitirá diferenciar entre diversos pacifismos. Hasta el momento podemos observar cuatro: El pacifismo moral, el pacifismo religioso, el pacifismo político y uno, evidenciado en estos últimos días, al que llamaríamos pacifismo ideológico.

Entiendo por pacifismo moral aquel que surge de una necesidad básica: la preservación de la vida, expresada en ese contrato tácito que tan bien nos describiera Freud en su Totem y Tabú: “para que no me mates, no te mataré”. De esa frase imaginaria podemos deducir un enunciado: la paz nació desde la guerra y no la guerra desde la paz.

El pacifismo religioso viene de la razón moral codificada en mandatos o mandamientos provenientes de una autoridad superior a la que a falta de otro nombre llamamos Dios. Según Kant, contraviniendo a todos los teólogos de su tiempo, la razón moral precede y, en cierto modo, determina. a la razón religiosa.

Pacifismo político, en cambio, es aquel que surge de la deliberación y del debate sobre la base de condiciones muy reales y concretas.

El pacifismo ideológico, muchas veces confundido de modo errado con el pacifismo político, proviene de doctrinas y dogmas que reducen al enemigo de la paz a uno solo. En el caso del pacifismo autodenominado antimperialista, ese enemigo será siempre EE UU. “Pacifismo campista” lo denominan Pierre Dardot y Christian Caval. “Antimperialismo de los idiotas”, lo llamó Leila Al -Shami. “Pacifismo de los idiotas”, llamaríamos entonces al que hoy calla e incluso apoya a Vladimir Putin, aceptando su mentirosa versión de que la invasión fue realizada para salvar a Ucrania de la OTAN y del imperialismo norteamericano.

Naturalmente, ninguno de los pacifismos nombrados aparece de un modo químicamente puro.

El pacifismo moral suele aparecer después o antes de las guerras. Viene del horror, del arrepentimiento y del deseo. Horror, cuando son contados los mutilados y los cadáveres. Arrepentimiento que lleva a decir, “esto no puede volver a suceder”. Deseo, por volver a gozar los bienes de la paz. En la modernidad que habitamos, surgió en la vieja Europa como reacción a esa cadena de matanzas que tuvieron lugar durante el siglo XlX. Todavía los pacifistas de hoy rinden honores a a sus líderes totémicos: Emile Arnaud, Jenny Techman, y por cierto, a Bertha von Sutter, la inolvidable autora de Abajo las armas, éxito literario solo comparable al que después de la segunda guerra mundial recibiría Erich María Remarque gracias a su legendaria novela Sin novedad en el Frente. Lo moral y lo religioso han continuado impregnando la historia del pacifismo de nuestro tiempo. El lema del pacifismo alemán, después de la segunda guerra sigue siendo, “Nie wieder Krieg”: nunca más guerra. Por supuesto, ha habido y seguramente seguirá habiendo guerras.

Del pacifismo moral al pacifismo político

Durante los primeros años de la guerra en Vietnam, el pacifismo emergente adquirió primero un carácter religioso y moral. No obstante, en el transcurso de su oposición a la guerra fue tomando ribetes políticos. La guerra en Vietnam en efecto, estaba realizándose mediante la acción de dos estados nacionales, el de los EE UU y sus marines y el de la URSS en cuya representación actuaban las tropas vietnamitas, hecho que impidió a las multitudes manifestantes cuestionar la presencia invisible de la URSS, limitada a proveer armamentos a los guerrilleros del Vietkong. El enemigo de la paz fue configurado en el Estado norteamericano, tanto o menos culpable que el Estado soviético.

Precisamente, el cuestionamiento de los manifestantes de diferentes países a EE UU, permitió que dentro del movimiento pacifista de los años sesenta penetraran grupos políticos que habían hecho de la lucha en contra del imperialismo norteamericano una bandera identitaria. De este modo, el movimiento pacifista sufriría una profunda división. A un lado los que postulaban el fin de la guerra. Al otro los que solo buscaban derrotar al “imperialismo norteamericano”.

Ya alcanzada la paz gracias a las negociaciones de Kissinger en China, el pacifismo mundial continuó fracturado en dos partes: el pacifismo sin apellido, y el pacifismo ideológico antimperialista. La enemistad entre dos figuras del pacifismo norteamericano, Joan Baez y Jane Fonda, fue un símbolo de esa fractura. Naturalmente, gracias al aparataje de los partidos de izquierda, el pacifismo ideológico anti-norteamericano ha logrado en diversas ocasiones imponerse por sobre el pacifismo político, sirviéndose incluso de elementos constitutivos a los pacifismos moralistas y religiosos de antaño.

Frente a la guerra desatada por el imperio ruso en Ucrania, los cuatro pacifismos han hecho su puesta en escena. Los fines de semana, las plazas de algunos países europeos se ven colmadas de protestas. Unos, los religiosos ruegan (tal vez a Dios) por la paz. Otros, los moralistas, portan pancartas con palomas de la paz, las de Picasso o las de Magrit. Los ideológicos izquierdistas, pero también los neo-fascistas (unidos jamás serán vencidos) esgrimen banderas antinorteamericanas gritando en contra de la UE y de la NATO. Solo los pacifistas políticos condenan abiertamente a Putin.

La emoción y la política

Ahora bien, la importancia real de los movimientos pacifistas hay que medirlas de acuerdo a la incidencia que obtienen en la política. En ese sentido, pese a ser muy ruidoso, al pacifismo ideológico, o antinorteamericano, podemos dejarlo de lado. Por una parte, su acceso a las decisiones gubernamentales es casi nulo. Por otra, equivocan radicalmente al enemigo, en este caso, el gobierno de Vladimir Putin. Si obtienen alguna influencia, es solo sobre los partidarios de gobiernos autocráticos sin relevancia mundial como son en Latinoamérica los de Cuba, Nicaragua o Venezuela. Incluso el pro-putinista Victor Orban de Hungría, se encuentra bloqueado por su pertenencia a la UE, donde es minoría absoluta.

Más importantes parecen ser los antiguos pacifismos morales y religiosos. La razón es explicable. Las reacciones frente a las guerra son en primera instancia, emocionales. Por eso, la indignación frente al espectáculo sangriento que todos los días nos ofrecen las pantallas, con sus fosas de cadáveres amontonados, niños asesinados, ancianos agonizantes, mujeres violadas, gente arrojada como estropajos en el suelo, seres llorando mirando sus casas destruidas donde ayer hubo familiar comensalidad, cuerpos sangrando por las calles, caravanas de fantasmas con los ojos vacíos sin saber a dónde ir, en fin, todo ese infierno dantesco, es el sustrato de donde surge todo clamor por la paz. Sin esa indignación moral, ningún pacifismo, ni aún el más político, sería posible.

La política, al ser realizada por seres humanos, no solo reposa sobre la lógica. Proviene también de la emoción. Y, sin embargo, la emoción frente al destrozo de vidas no serviría de nada si solo terminara allí. Como igualmente no sirve de nada clamar por la paz sin entender las razones que llevan a la guerra. Fue ese el caso del pacifismo emocional de 27 intelectuales y artistas alemanes quienes solicitaron al gobierno de su país no enviar armamento pesado a los ucranianos por temor a que la guerra escalara y llegara a convertirse en un holocausto nuclear. Pero no se necesitaba mucha perspicacia para entender que quienes subscribieron esa carta no solo estaban emocionados, sino asustados de que en su país, Alemania, pudiera ser alterado el “pacifismo de sofá” como lo denominarían con justificada indignación, otros intelectuales y políticos de la nación. El miedo también es una emoción.

El pacifismo político, esta es su primera condición, no solo está en contra de las guerras sino en contra de los que las causan. Justamente porque es político, ese pacifismo no ignora la existencia de sujetos con nombre y apellido. Los invasores y los invadidos no son factores sino seres actuantes y responsables. A ellos deben ser dirigidos los mensajes. Por eso antes de la invasión, inspirados en un pacifismo político, los gobiernos de Europa exigieron agotar todas las posibilidades para buscar una solución diplomática al conflicto. Y lo hicieron apelando a la razón y a la cordura. El dictador ruso sin embargo, mintió y mintió. Mintió cuando afirmaba que su propósito no era invadir a Ucrania, tratando de paranoicos a los gobiernos y a los medios occidentales. Mintió a su pueblo al suprimir la palabra invasión del vocabulario diario. Mintió diciendo que Ucrania estaba gobernada por nazis. Mintió afirmando que la OTAN preparaba un ataque contra Rusia. Mintió cuando ocultó su fracaso militar callando sobre las cuantiosas pérdidas en sus propios destacamentos. Y continuará mintiendo.

Putin y a radicalidad del mal.

Desde el 24 de febrero los gobiernos occidentales supieron que la invasión no había sido evitable pues ya estaba decidida desde mucho tiempo atrás por Putin, un dictador que arrasaba con todos los tratados y acuerdos firmados por sus antecesores, por el mismo, por los gobiernos europeos, entre Rusia y Ucrania, entre Rusia con la UE y los EE U. Para decirlo con la terminología de Kant, Putin es el representante corpóreo de la radicalidad del mal.

La radicalidad del mal, o mal absoluto, no requiere según Kant de coberturas (banalizaciones según Hannah Arendt) porque es premeditado y consciente. El mismo Kant señalaba que el mal radical no proviene del desconocimiento de las leyes y constituciones sino de su conocimiento, y pese a eso, es cometido. Es el caso de Putin. No solo su propia palabra no tiene ningún valor. Tampoco la tienen las instituciones, ni las de su país, ni las de los demás países, ni las internacionales, ni siquiera la ONU. Lo único que vale es su voluntad de poder. De un poder que se alimenta de sí mismo, sin otra justificación que no emane de su mente alucinada, de sus descontrolado odio a Occidente, que como en tantos casos, no es sino odio hacia una parte de su propia personalidad.

“No es un demonio”, dijo Sartre de Hitler; “es un ser humano”. Definitivamente, era un ser humano. No un demonio, lo aceptamos. Pero era un ser endemoniado. Bien, frente a un ser así, nadie, ni siquiera el pacifismo, aún el más tierno y dulce, puede ser neutral. Mucho menos puede serlo un pacifismo político. A diferencias del pacifismo religioso o moral que carece de sujetos, el pacifismo político solo existe en referencia a sujetos reales.

Pero aún así: el pacifismo político, justamente por ser pacifismo, no debe cesar jamás de buscar la paz. Y no hay camino hacia la paz que no lleve al diálogo y a la negociación. Y por ser político, ese pacifismo debe intentar por todos los medios el regreso de la razón política. El problema es que Putin se ha cuidado muy bien de decir cuales son los objetivos reales que persigue en su guerra a Ucrania. Busca por cierto la capitulación del gobierno de Zelenski, y si no la logra destruirá a toda Ucrania. La suya, ya lo vemos, es guerra total, guerra a muerte, sin condiciones. ¿Cómo negociar entonces con un dictador que solo quiere destruir sin atender a otras razones?

Como sea, el pacifismo político de los gobiernos occidentales debe seguir buscando el poder de las palabras. Y si Putin no acepta negociar, hay que obligarlo a negociar. Y si la negociación pasa por la derrota de Putin, hay que derrotarlo. Esa es la lógica de esta guerra. Buscar la paz por todos los medios, aunque esos medios sean tanques, aviones y balas. Al fin y al cabo, vivir es un riesgo. Y quien no se arriesga, no vive. Solo existe. Eso fue lo que pensó tal vez ese matemático y filósofo llamado Bertrand Russell.

Pocos abogaron y escribieron tanto por la paz como Bertrand Rusell. Pocos se opusieron tanto como él a las guerras, llegando a pagar con prisión su pacifismo, durante la primera guerra mundial. Pero cuando comprendió que ninguna palabra, ninguna lógica del mundo podía detener a los demonios que empujaban a Hitler, supo definitivamente que para alcanzar la paz había que luchar por ella.

Nunca perder como objetivo a la paz, luchar por ella, otorgar ese objetivo a la guerra y en la guerra, aun cuando esta sea inevitable, esa y no otra, es la razón del pacifismo político. Hay que confiar en que tarde o temprano, la razón y la verdad lograrán imponerse. Sin creer en eso, la vida no valdría nada.

@FernandoMiresOl

2 de mayo 2022

Polis

https://polisfmires.blogspot.com/2022/05/fernando-mires-por-un-pacifismo...

 12 min


Andrés Ortega

En su famosa conferencia de 1959 sobre las “Dos Culturas”, C.P. Snow lamentó la gran división que separa dos grandes áreas de la actividad intelectual humana, la “ciencia” y las “artes”. Snow argumentó que los profesionales en ambas áreas debían construir puentes entre ellos, para promover el progreso del conocimiento humano y beneficiar a la sociedad en su conjunto. Y en ello, finalmente, estamos, o intentamos estar, en lo que el empresario y crítico John Brockman llamó en 1995 la tercera cultura, o lo que ahora podríamos calificar de cultura híbrida, que va más lejos de esa separación relativamente reciente entre lo que son dos formas de conocimiento.

Conviene recordar que en la cultura única –tan propia en la Europa del Renacimiento– los filósofos eran matemáticos y físicos y estos eran filósofos. Isaac Newton, padre de la física moderna, se consideró a sí mismo esencialmente un filósofo. La separación se produjo después, fruto de lo que Ortega y Gasset llamó la “barbarie de la especialización”, que se hace inevitable ante la complejidad creciente de las materias. Muy pocos pueden permitirse ser transversales, aunque debería existir una educación universitaria transversal básica, como proponía el filósofo español en su Misión de la Universidad, para un primer curso básicamente común. Y evitar que el corte entre los tipos de cultura se dé tan pronto, en el bachillerato.

Las preocupaciones de los ingenieros con la ética y otros aspectos están creciendo, a lo que se responde con un número creciente de cursos sobre estas materias en sus escuelas. La ética de la Inteligencia Artificial (IA) es ahora un tema candente no sólo para los expertos, sino también para los gobiernos. Esta hibridación queda clara en las conversaciones con científicos, tecnólogos, humanistas y artistas de renombre, en los diálogos entre disciplinas, en el libro de Adolfo Plasencia, defensor de la “tercera cultura”, De neuronas a galaxias (2021), para el cual la investigación se mueve rápidamente, es intelectualmente híbrida y científicamente promiscua. La transversalidad –la transdisciplinariedad, más que la multidisciplinariedad– se da más frecuentemente en equipos de personas que en individuos. Muchas investigaciones científicas y tecnológicas, incluso métodos de gestión económica o política son transdisciplinares, requieren expertos de varias disciplinas trabajando juntos y generando inteligencia colectiva, y sí, en cierta forma cultura colectiva que va más allá de lo interdisciplinario. Esta hibridación ha de mejorar la relación entre la universidad y los centros de investigación, en cooperación con las empresas y preparar mejor conjuntamente las habilidades inherentes a las nuevas profesiones que surgen de las fronteras tecnológicas y en el mercado.

Al mismo tiempo, muchos en las humanidades, las artes y la política siguen contentos viviendo dentro de los muros del analfabetismo científico. Pues también hay un analfabetismo científico y tecnológico. Y matemático (los anglosajones hablan de innumeracy, Manuel Alfonseca de “anumeralismo”). La responsabilidad por la separación de culturas no es sólo de los científicos. También de lo que antes se llamaba “las letras”. Aunque la revolución tecnológica, las reflexiones sobre ella, han entrado en el mundo literario y artístico y, cada vez más, menos pueden escapar a ellas. Véanse, como ejemplos entre otros, la última novela de Kazuo Ishiguro, Klara y el Sol, y la de Michel Houellebecq, Anéantir.

Se están multiplicando en el mundo –en el anglosajón con más flexibilidad– las dobles carreras híbridas como Físicas y Sociología, o Matemáticas y Finanzas. Un problema grave en España es la caída en los estudios STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus conocidas siglas en inglés) por parte de las mujeres. Según los últimos informes publicados por el Ministerio de Ciencia e Innovación las mujeres representan un 24% del personal investigador en Ingeniería y Tecnología –una cifra que va a la baja– y un 34% en Ciencias Naturales. Esta separación entre dos culturas no es pues neutra desde el punto de vista del género.

Tampoco es políticamente neutra. Está detrás también de algunos populismos y de algunos nuevos tipos de violencia, mucho más atomizada, pero no por ello menos peligrosa. Es lo que algunos llaman un creciente “anti-intelectualismo”, de rechazo a los científicos y expertos. Este anti-intelectualismo, por ejemplo, ha dificultado la respuesta global al COVID-19. Es parte de ese fenómeno que aqueja a nuestros tiempos, a saber, la posverdad. Muchos habrán visto la película No mires arriba, reflejo crítico de cómo una amplia capa de gente –incluidos algunos en gobiernos– no creen en lo que les dicen los científicos. En la película es un cometa que llega contra la Tierra, pero podría haber sido una pandemia, o el cambio climático. Las redes sociales provocan esas distorsiones y polarizaciones, y empoderan a las minorías radicales: la fuerza de los pocos, que se multiplica de forma exponencial. Estudiarlas y luchar contra este fenómeno requiere hibridación.

Hay otra manera de ver este tema de la, o las, cultura(s) híbrida(s), y es tratar la ciencia y la tecnología y las artes desde las diversas culturas que hay en el mundo y evitar así las guerras culturales globales, en las que estamos y que parecen ir a más. No tenemos la misma forma de enfocar la robotización o la IA, el papel de las máquinas, desde, por ejemplo, sociedades que ven la actual tecnología de una manera (que incluye la asequibilidad a la tecnología) que otras que la ven de otra forma; desde Europa que desde las Américas o desde Asia, o las Asias, pues hay varias. Desde sociedades democráticas y desde sociedades no democráticas. Desde sociedades con alfabetos y desde sociedades con ideogramas. Desde sociedades con culturas cristianas, a otras con base budista o sintoísta. Y, sin embargo, si queremos enfoques globales, necesitamos ese diálogo entre culturas. Una reconciliación de filosofías, antes que una reconciliación de ciencias y tecnologías. “Tenemos que aprender a coexistir con potencias motivadas por valores que no compartimos”, afirma Mark Leonard en su libro The Age of Un-Peace.

La hibridación es cada vez más necesaria. Lo estamos viendo, por ejemplo, en la creciente necesidad para la economía, y para las empresas, de empaparse de geopolítica. Y viceversa. O cómo impacta la revolución tecnológica en la política, en democracia o dictadura.

Pero esa cultura híbrida, o única, ya no es cosa de únicamente de los humanos, sino de los humanos y las máquinas. Las máquinas y nuestra interacción con las máquinas nos pueden abrir nuevas dimensiones, nuevos territorios, que ni siquiera podemos sospechar. Eso también es cultura híbrida desde una nueva dimensión transhumana. Lo artificial ha sido durante mucho tiempo lo fabricado por los humanos. Ahora puede ser también lo ideado y fabricado por máquinas de forma autónoma. Como señalan Henry Kissinger, Eric Schmidt y Daniel Huttenlocher –ejemplo de colaboración híbrida– en The Age of AI: And Our Human Future (2021), “los humanos están creando y proliferando formas no humanas de lógica con un alcance y una agudeza que, al menos en los entornos discretos para los que fueron diseñados, pueden superar la nuestra”. Citan el caso del ordenador AlphaZero (de DeepMind de Google) que, en 2017, aprendiendo solo –no de jugadas de humanos–, generó nuevas formas de jugar al ajedrez que los grandes maestros no habían visto nunca antes, y de las que estos pueden aprender. “La llegada de la IA nos obliga a enfrentarnos a si existe una forma de lógica que los humanos no han alcanzado o no pueden alcanzar, explorando aspectos de la realidad que nunca hemos conocido ni podremos conocer directamente”, dicen estos autores para los cuales a las formas de conocimiento que suponen la ciencia y las artes, hay que sumar ahora otra: la propia IA. Estamos empezando a aprender de las máquinas. Una cuarta cultura, ya no sólo humana, que hace aún más necesaria la hibridación, para volver a una única, y no perdernos en el camino.

3 de mayo 2022

elcano

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 6 min


Acceso a la Justicia

Los intentos de la administración de Nicolás Maduro de hacerle creer a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) que está investigando y juzgando los presuntos crímenes de lesa humanidad ocurridos en el país al menos desde 2017, han resultado infructuosos. Así lo dejó en claro el despacho encabezado por el jurista británico Karim Khan, quien expresó su deseo de continuar con las investigaciones relacionadas con las gravísimas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos cometidas en el país.

La petición figura en la comunicación que el pasado 20 de abril la Fiscalía le envió a la Sala de Cuestiones Preliminares del juzgado con sede en La Haya (Países Bajos) y en la cual anuncia que le solicitará a esta instancia que «autorice la reanudación de su investigación en virtud del artículo 18(2) del Estatuto (de Roma)». Asimismo, le requirió que «solicite observaciones de las víctimas o sus representantes legales, así como de otros participantes interesados».

La solicitud de Khan se produce luego de que el 16 de abril venciera el lapso que les había dado a las autoridades venezolanas para que le informaran de las acciones que habían tomado a fin de castigar los crímenes constatados por su despacho; y casi dos semanas después de que el funcionario realizara su segunda visita a Caracas en menos de seis meses.

Procesos estancados

Khan, en su escrito a la Sala de Cuestiones Preliminares, informó que las autoridades venezolanas atendieron su requerimiento y le informaron que «a través del Ministerio Público y el Poder Judicial están investigando o han investigado a sus nacionales u otros dentro de su competencia respecto de presuntos hechos punibles contra los derechos humanos».

La respuesta a la Fiscalía de la CPI la dio el ministro de Relaciones Exteriores, Félix Plasencia González, quien en un informe fechado en Caracas el día 15 de abril aseguró que de los 124 casos sobre los cuales la Fiscalía pidió información, 116 se encuentran en fase preparatoria, cinco en juicio y solo tres han concluido con sentencias condenatorias.

Los datos que el canciller dio a Khan se pueden expresar de la siguiente manera: 93,5% de los casos están aún bajo investigación, es decir, el Ministerio Público (MP) venezolano no ha terminado de individualizar a los posibles responsables de los hechos o de recabar las pruebas que permitan sustentar una acusación contra ellos. Esto a pesar de que, si se refiere a los casos de 2017, han transcurrido aproximadamente cinco años desde que ocurrieron, y si alude a los de 2014, son ocho años, cuando según el Código Orgánico Procesal Penal (COPP) vigente para el momento de los hechos, una investigación no debería durar más de dos años.

Los números confirman lo que las organizaciones de derechos humanos denuncian desde hace años: la impunidad en Venezuela está institucionalizada y las víctimas de violaciones a los derechos humanos o sus familiares tienen casi nulas posibilidades de conseguir justicia.

Tras indicar que efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y agentes de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), Dirección General de Contrainteligencia Militar (DCGIM) y Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) figuraban entre los investigados por presuntos hechos ocurridos desde 2014, Plasencia informó que 30 funcionarios han sido imputados, 27 acusados y 14 permanecen detenidos. Al respecto debemos destacar que de los 124 casos sobre los que informó, apenas 14 funcionarios están privados de libertad.

Sin embargo, es esperanzador que el Gobierno dé cuenta de casos de 2014, porque el examen preliminar abierto por la Fiscalía de la CPI fue inicialmente sobre los hechos de 2017, por lo que esta admisión del Gobierno es un indicio de una apertura del marco temporal de la investigación que esperamos sea confirmada formalmente por la instancia internacional.

La reacción desde el MP no se hizo esperar. El titular de esta institución aseguró a los diputados de la Asamblea Nacional (AN) lo siguiente:

«En materia de derechos humanos no hemos necesitado que venga un experto, un comisario de una transnacional de justicia para nosotros actuar en el sistema interno (…) En Venezuela las violaciones a los derechos humanos se sancionan, persiguen y juzgan, sin necesidad de que exista una especie de coloniaje jurídico (…) Sinceramente no hace falta que la CPI investigue y en la práctica lo vamos a demostrar».

Solicitud injustificada

Pese a que el Gobierno de Maduro admitió por medio de Plasencia que apenas el 2,4% de los crímenes por los cuales la Fiscalía de la CPI le pidió información han terminado con una condena, consideró que está haciendo su tarea y, por ello, le solicitó a esa instancia «abstenerse formalmente de la investigación a favor de las actuaciones realizadas por las autoridades nacionales competentes de Venezuela».

Para justificar su petición, recordó que en los últimos meses las autoridades han impulsado una serie de reformas legales que han desencadenado el proceso de renovación del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), o que se proscribió el procesamiento de los civiles por parte de los tribunales militares. Sobre esto último dijo que «permitió la declinatoria hacia la jurisdicción ordinaria de 328 causas» y que «actualmente ningún civil está siendo procesado por la jurisdicción militar».

Sobre esto último, consideramos oportuno recordar que la Sala Constitucional dejó abierta la posibilidad para que los civiles terminen ante los jueces castrenses, apenas tres meses después de que la AN electa en 2020 modificara el Código Orgánico de Justicia Militar (COJM) para proscribir el enjuiciamiento de civiles por tribunales militares. Así, la pretendida reforma en la práctica quedó anulada por la decisión de la Sala Constitucional.

La petición venezolana ha sido desestimada por Khan, quien señaló que las autoridades venezolanas «no han proporcionado materiales adicionales» que le permitan concluir que ciertamente están investigando los crímenes de lesa humanidad ocurridos en el país. En otras palabras, para el Fiscal de la CPI los fallos y las reformas legislativas e institucionales hasta ahora adelantados no han sido suficientes para considerar que Venezuela está haciendo justicia, reparando a las víctimas y tomando medidas para evitar que estos hechos se repitan.

Nada de promesas

En su escrito, Khan reiteró su disposición a «apoyar y participar activamente en cualquier esfuerzo interno para permitir que las autoridades venezolanas competentes lleven a cabo procesos pertinentes y genuinos en relación con los delitos» ocurridos en el país. Sin embargo, también advirtió que él no adoptará ninguna decisión sobre Venezuela con base en promesas. «La evaluación de complementariedad de la Fiscalía no puede ser prospectiva y especulativa, sobre la base de hechos que puedan ocurrir en el futuro», indicó.

Días después de su visita a Caracas, en una entrevista a un diario español, el jurista británico ya dejó en claro que su despacho cumplirá con el mandato que le fija el Estatuto de Roma de investigar los crímenes de lesa humanidad en Venezuela, si la justicia local no lo hace, pero que si esto ocurre no actuará. Khan declaró lo siguiente:

«Yo he dicho que, si un país intenta ponerse en el nivel que debe para cumplir con sus obligaciones del Estatuto de Roma, yo me retiro. Pero eso no es un favor, no es un regalo, es una obligación que tengo. No me voy a quedar aferrado a un caso o a una situación si veo que el país está haciendo un esfuerzo genuino. Usted ya vio lo que hice en Colombia: cerré el caso allí [en 2021] pero no di un cheque en blanco, fue una situación condicional a que continúe la Jurisdicción Especial para la Paz, y el financiamiento para esta, y que no haya intervención política contra esta. Si no, por supuesto, podría volver a entrar».

Y a ti venezolano, ¿cómo te afecta?

La decisión de Karim Khan es una buena noticia para las víctimas de los crímenes de lesa humanidad ocurridos en el país y para sus familiares, pues revela que las maniobras de las autoridades venezolanas por intentar escapar de la justicia internacional han vuelto a fracasar. No se puede olvidar que a lo largo de 2020 y 2021, sobre todo desde el MP, hubo maniobras para intentar evitar el inicio de la investigación que sin duda retrasaron el paso del examen preliminar a esta nueva etapa. Asimismo, la decisión del fiscal Khan revela que en La Haya (Países Bajos) están bastante informados de lo que ocurre en el país.

Este paso es otro más dentro del complejo y largo proceso que se abre para esclarecer la verdad de los hechos ocurridos a partir de 2017, cuando decenas de venezolanos perdieron la vida y miles más fueron detenidos, maltratados o torturados por ejercer sus derechos constitucionales a la protesta, libertad de expresión y, sobre todo, por defender la democracia.

3 de mayo 2022

https://accesoalajusticia.org/la-justicia-venezolana-no-se-cansa-de-cast...

 6 min


Eddie A. Ramírez S.

Unas burbujas son de champaña. Otras de miseria. Pocos venezolanos están en la primera. La mayoría se ubica en la segunda. Esto ocurre tanto dentro de nuestras fronteras, como fuera de ellas. Las burbujas internas siempre han existido. Las de compatriotas en el exterior son una novedad. ¿Por qué se formaron? ¿Quiénes son los responsables de esta situación? ¿Cómo deshacerlas?

Burbujas internas

Siempre habrá desigualdades. Lo repudiable es que las mismas sean tan grandes y que algunas sean producto de la corrupción. También es inaceptable que quienes tienen más sean indiferentes y no contribuyan a disminuir las desigualdades. Afortunadamente, en Venezuela tenemos numerosos ejemplos de empresas que han creado organizaciones sin fines de lucro que realizan una extraordinaria labor social. También hay personas que practican voluntariado en hospitales y otros servicios comunitarios.

A la par, muchos que pecan por egoístas o por ignorantes. Consideran, con razón, que por esfuerzo propio lograron el ascenso social. Constituyen un grupo relativamente reducido que pudieron beneficiarse de las políticas de nuestros gobernantes en el período entre 1935 y el final del siglo XX. Lamentablemente, muchos otros quedaron marginados. Entre los favorecidos hay quienes no se percatan que había dos países. Por un lado, el de las urbanizaciones, buenos colegios e ingresos que permitían viajar. Por el otro, el de los ranchos, educación deficiente e ingresos que solo permitían una alimentación precaria. Las desigualdades entre las ciudades y el medio rural siempre fueron abismales. ¿Hubo ascenso social en ese período? ¡Claro que sí!, pero muy por debajo de lo que ha debido ser.

Hoy, las burbujas de champaña y las de miseria son más evidentes ante la pérdida del poder adquisitivo de la gran mayoría. Jubilados que pensaban tener una vejez más o menos digna están pasando grandes dificultades. Educadores, abogados y otros profesionales dependen de una remesa del exterior. Quien era pobre, es ahora más pobre. Hay otras burbujas que no son criticables. En ellas se encierran compatriotas que por seguridad o por tranquilidad espiritual requieren alejarse por un tiempo del mundanal ruido.

Burbujas en el exterior

No difieren de las anteriores. En unas se encuentran compatriotas con dinero mal habido. En otras, quienes trabajaron duro y ahorraron. Unos siguen pendientes de la situación política en Venezuela. Otros han pasado la página. Los profesionales jóvenes que emigraron han tenido que empezar desde muy abajo en su área de experticia o se han visto obligados a trabajar en lo que se les presente.

Quienes emigraron a países desarrollados mejoran gradualmente y sus hijos tendrán más oportunidades. Los que están en los países del sur tienen la desventaja de que a veces no son bien recibidos. Esta situación hay que entenderla y no culpar a los habitantes del país receptor. Toda migración masiva ocasiona graves distorsiones. Reconozcamos los problemas que causamos y que, a pesar de todo, nuestros compatriotas son en general bien recibidos. También hay un problema de estabilidad política y económica. Países hermanos que hace poco tiempo iban muy bien, hoy están próximos a un despeñadero.

Pinchar las burbujas

Hay que deshacer estas burbujas de miseria, así como las de indiferentes que disfrutan de recursos bien o mal habidos. No es fácil. Para lograr una sociedad más justa, los gobiernos deben dedicar más recursos a la educación, a la salud y a la infraestructura, así como crear las condiciones apropiadas para un crecimiento sostenible del sector privado. Ello implica abandonar la política del capitalismo de Estado, que solo ha producido empresas que tarde o temprano quiebran. El sector privado es el que puede crear una riqueza perdurable que permita disminuir gradualmente la pobreza. Desde luego, ese sector debe actuar con responsabilidad social y el Estado debe velar por el respeto a las leyes. Además, corresponde al Estado introducir los correctivos necesarios para proteger a los grupos más vulnerables, sin caer en un asistencialismo extremo.

La quiebra de todas las empresas del Estado es una evidencia de que ese no es el camino. En el pasado hubo algunas exitosas, como Edelca, el Metro de Caracas y Pdvsa, pero fueron la excepción. Tarde o temprano tenían que sucumbir ante el clientelismo y la corrupción. Ojalá el sector político y la sociedad civil acepten esta realidad. Sería una ruptura con el pasado remoto y, desde luego, con el presente, que nos pondría en la senda del desarrollo sustentable.

Para la recuperación de Venezuela es imprescindible, como requisito necesario, pero no suficiente, salir del régimen. La reciente designación del nuevo Tribunal Supremo de Justicia, que es igualmente sectario y mediocre como el anterior, es una señal clara de que Maduro y sus compinches no están dispuestos a ceder fácilmente el poder. Quienes por inocentes pensaban que se puede cohabitar, tienen que haber aterrizado.

Para lograr el cambio, no nos cansaremos de repetir, se necesita una dirigencia con unidad de propósito, un acuerdo de transición y gobernabilidad por varios períodos presidenciales y que todos nos percatemos de que, salvo un imponderable deseable, no hay otra vía que la electoral; además, que en estos momentos se requiere un candidato presidencial que no tenga rechazo. Si no pinchamos la burbuja interna nos asfixiáremos en ella. Si persiste la del exterior perderemos valiosos recursos humanos.

Como (había) en botica

Carlos Canache Mata acaba de publicar el libro Rómulo Betancourt, líder y estadista. Dada la estrecha relación entre ellos, el libro tiene que ser muy interesante.

Mañana 4 de mayo será la presentación en Madrid del libro La Tumba, secuestro en Venezuela, del luchador y amigo Antonio Ledezma. Debe ser una importante contribución a la divulgación de los atropellos del régimen.

La Fundación Empresas Polar sigue cumpliendo una loable labor. Felicitaciones a los científicos ganadores del Premio Lorenzo Mendoza Fleury.

¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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Julio Castillo Sagarzazu

Los vericuetos de la historia son caprichosos e inescrutables. ¿Quién podría imaginar a Robespierre y Luis XVI descansando en paz en un mismo recinto? ¿O a Stalin y Trotsky? ¿A los Montesco y a los Capuleto? Pues bien, en esta tierra de gracia ha ocurrido que Manuel Piar y Simón Bolívar son vecinos de sarcófagos en nuestro Panteón Nacional.

Las explicaciones de la “historia oficial” (u oficialista) son verdaderamente cándidas. Nos cuentan que Piar fue un hombre engañado por los enemigos de Bolívar y que el Congreso de Cariaco fue un aquelarre de conjurados que metieron en su cabeza de pardo libertario, la idea de la sedición y la traición. Hay que estirar la historia como un chicle para comprar semejante argumento.

Han pasado más de 200 años de aquel fusilamiento y hoy podemos decir que Bolívar tomó aquella decisión (a través de un Consejo de Guerra y un fiscal que le eran absolutamente leales) condenando a Piar a la pena capital, porque no podía permitirse un torneo de rivalidades en plena guerra. ¿Ha podido resolverlo de otra manera? ¿Cuánto hubo de celo personal ante el carisma indubitable de un general que era también un líder social y que reiteradamente se manifestó en contra de la manera como Bolívar y los mantuanos, dirigían la revolución emancipadora?

Valdría también hacernos las mismas preguntas, cambiando a Piar por Miranda. ¿Cuánto pesó el pedigrí revolucionario y el pasado glorioso de Miranda, para que le entregara a los españoles? ¿Se justificó su capitulación de San Mateo ante Monteverde? ¿Cuánto temía Bolívar del liderazgo del generalísimo, quien también era, “blanco de orilla”, hijo de canarios y soldado de todas las revoluciones del mundo?

Las respuestas son muy difíciles de encontrar y sabemos que su solo planteamiento es polémico y delicado. No obstante, lo que nos interesa en esta nota es poner de manifiesto como el tema de la unidad, las lealtades, las traiciones, los distintos puntos de vista, son moneda corriente en la política y en la guerra en todos los tiempos y todas las latitudes.

Los desencuentros entre el liderazgo venezolano, ni son nuevos, ni van a desaparecer nunca. Son propios de la naturaleza humana. No hay institución, política, civil, militar o religiosa que no lo conozca y que haya saboreado las hieles del cisma y las rupturas.

No es inteligente entonces andar llorando por los rincones porque no conseguimos la unidad. Tampoco ayuda mucha enzarzarnos en cruzadas salvíficas predicando en el desierto y pidiendo a nuestros líderes que se porten bien en esa materia.

No es porque emprendamos una cruzada por la desaparición de los egos, los intereses, las divergencias que éstos desaparecerán.

La conducta de los líderes suele ser impermeable a los buenos consejos, a las exhortaciones y a los rezos suplicantes. Cuando se sienten depositarios de la verdad, difícilmente se les mueve de ese punto.

¿Entonces, es una guerra perdida la guerra por la unión del liderazgo opositor venezolano?

Por supuesto que no, pero es una lucha que tiene que desechar las ilusiones y que tiene que proponerse la creación de condiciones externas a esos liderazgos y a sus organizaciones. Sera “desde afuera”, con iniciativas políticas o con acontecimientos sociales de gran monta, que lograremos alcanzar los niveles de acuerdo que hoy necesitamos.

Ejemplos sobre lo que hablamos sobran. Quién puede negar que el 27F, provocó una reacción de la clase política que, luego de salir del estado catatónico que provoco la sorpresa de los acontecimientos, se propuso impulsar cambios importantes que llevaron, por ejemplo, a las elecciones directas de gobernadores y alcaldes. O que el 4F significó la superación del bipartidismo y la victoria electoral de Rafael Caldera.

¿Es que no acabamos de asistir a un proceso en el que la presión de las regiones obligó a las direcciones nacionales de los partidos, no solo a participar en el 21N, sino a lograr niveles importantes de acuerdo electoral? ¿Qué significo la experiencia posterior de Barinas, si no fue también la victoria de una iniciativa que nació de los propios dirigentes regionales?

Como notara el lector. No se trata de tareas fáciles. Los acontecimientos sociales no los gobernamos y tienen vida propia y también los dirigentes regionales y los de la sociedad civil tienen sus propios intereses y sus bemoles. Pero algo hay que intentar.

Es necesario poner iniciativas en la calle y en el debate. La legitimación de la dirección política de la oposición, la Consulta Nacional, las mismas primarias, son todas propuestas para estudiar y que van en la vía de salir de la lloradera por la falta de la unidad o de la plegaria para que ésta prenda en la cabeza de los dirigentes.

No podemos darnos el lujo de esperar 200 años para que la historia nos entierre juntos.

La cosa es urgente.

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