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Opinión

Jesús Elorza G.

En casi todo el territorio venezolano hay una costumbre en la que distintas comunidades tienen una amplia participación, el Domingo de Resurrección. Se trata de La Quema de Judas, esta tradición tiene un significado simbólico de justicia popular, pues a través de esta el pueblo expresa sus quejas y descontentos con relación a los acontecimientos políticos y comportamiento de figuras públicas y funcionarios del estado, de igual forma trata de dar finiquito simbólico a la cuaresma para garantizar su resurrección el próximo año. El motivo original es recordar la traición de Judas a Cristo, y simbólicamente alude a la deslealtad del personaje escogido para ser el Judas, a su pueblo, comunidad o hasta el país. Se identifica con Judas no solo a quien traiciona, se lleva la asignación de su significado a cuanta manifestación de maldad pueda pensarse, siendo tan significativa su acción que pocos padres, por no decir que ninguno, le colocarían ese nombre, Judas, a un hijo suyo

La ceremonia comienza cuando es seleccionada la persona que, por sus accione, sea considerada una amenaza para la sociedad y que por lo tanto, merecedora de burlas o escarnios.

Este año, nuevamente fue escogido de manera unánime en todas las parroquias, municipios, gremios, sindicatos y comunidades universitarias del país, Nicolás Maduro, por su autocrático y militarista desempeño como gobernante. Fueron objetos de la burla del pueblo, su incapacidad y la de sus ministros para atender y resolver los problemas. Entre los versos que configuraron los distintos testamentos, resaltan los siguientes:

I

Yo soy Madujudas El Bigotúo

y me vengo a presentar

ante el mundo universitario

que me he propuesto eliminar

II

Si usted no me reconoce

no se vaya a molestar

ya que en el salón de clase

nunca me quise sentar

y por eso la ignorancia

es mi compañera sin igual.

III

Sé que muchos me repudian,

y me quieren suplantar

por ser corto de ideas

y de poco razonar

pero aquí les traigo algo

para a todos aclarar,

y les presento una idea mía

para que las Universidades

no tengan autonomía.

IV

A todos los implicados

en el mundillo universitario

después de analizarlo mucho

los puse a comerse un cable

con salarios y pensiones

para que se mueran de hambre.

V

Para reducir las tensiones

con la comunidad universitaria

me deje de tontería

después de parlar con Cilía

y contarle mis visiones

acabé con los Institutos de Previsiones.

VI

Del Nuevo Poder Obrero

les cuento sin dolor

que, aunque usted lo esperaban

no tengo tabulador

para garantizarles sus sueldos

y una que otra cuestión

teniendo todos sus contratos

metidos en un congelador.

VII

A los profesores universitarios

a quienes me dirijo con honor

con mucha emoción les digo

que las Normas de Homologación

como muchas otras promesas

las mandé pal carajo con toda mi intención.

VIII

En este desgobierno que dirijo

con holgura sin igual

les cuento a mis compañeros

sobre la Seguridad Social,

y como a mí no me conviene

que la vayan a utilizar

el conocido HCM

se los voy a eliminar.

IX

Y llegando a mi final

con el Petro soberano

a los trabajadores universitarios

le metí medio palo marrano,

X

Tengo siempre presente

a los trabajadores universitarios en mi mente

que con la seguridad social que hoy les ofrezco

sin lugar a dudas están condenados a muerte.

XI

Antes de que me prendan candela

a este judas rojo-rojito

en los barrios de Venezuela,

eructo mi último grito:

No soy Judas Iscariote

aunque siempre se me ve el bojote

por eso pueden llamarme

MaduJudas el del bigote.

XII

Ahora ya estoy preparado

sé que me van a quemar

como si fuera CAVIM

la que se vuelve a incendiar

para poder disfrutar

del ruido de los cohetes

que empezarán a explotar

y así purgar mis pecados

por volver engañar

al pueblo universitario

que jamás quise ayudar.

Y será hasta el año que viene

que nos volvamos a encontrar,

si alguno sobrevive

para poder celebrar.

 3 min


Maxim Ross

Hace poco tuve la oportunidad de hurgar en este tema y planteaba allí que existían dos enfoques sobre cómo enfrentar esta materia. Por un lado, una visión macroeconómica que dice que una senda de crecimiento económico sostenido es una parte de la solución y, por la otra, quizás más individual o microeconómica la que aporta Amartya Sen con su tesis de la “Agencia”, en el que las personas asumen una posición activa que complementa el impulso anterior. Lo interesante de este punto de vista es que el asunto de la pobreza es colocado también del lado de decisiones individuales y asociativas que cada persona ha de tomar para salir de la precariedad en que se encuentra.

El criterio del Ingreso y de las NBI

Ambos tratamientos se centran en la persecución de un ingreso mayor para las personas que se encuentran en esas condiciones, tanto es así que el “marcador” que ha sugerido el Banco Mundial, y es el que se ha extendido mundialmente, corresponde a la línea de pobreza que está por debajo de uno o dos dólares diarios de ingreso, con lo cual las políticas que permitirían el cambio de niveles están centradas en este criterio. El énfasis de esas políticas está en la generación de empleo y en mejorar la remuneración al trabajo

Luego, como complemento, se ha utilizado el método de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), muy arraigado en nuestro medio, el cual coloca la evaluación en el grado de satisfacción de los bienes o servicios que una persona o familia estaría percibiendo. En el caso del criterio de “Agencia”, mencionado antes, este abarca algo más que el mejoramiento del ingreso, puesto que cada persona actúa en libertad para lograrlo, utilizando los medios que le provean capacidades productivas. Sin embargo, ninguno de ellos pareciera materializarse en un argumento ligado al tema de la propiedad y es lo que creemos vale la pena revisar, porque indudablemente está íntimamente ligado al formato que produce la riqueza. En esta entrega abordamos este crucial aspecto.

Propiedad y riqueza.

No puede caber la menor duda de que este es uno de los temas más controversiales a lo largo de la historia puesto que, como es lógico, toca el nervio central de la actividad económica pero, no solo por ello, sino porque afecta la raíz de la esencia humana con el vital tema de la posesión de un recurso, sea personal o colectivo[1]. Desde que la humanidad es lo que es, el asunto es agudo y filoso, pero ello no implica que no sea objeto de una necesaria reflexión, a la luz de cómo van los acontecimientos mundiales, puesto que obviamente allí está, si no todo, una buena parte del problema. No en vano, es el debate del día a día, tal como señalamos en un artículo anterior[2], con el llamado de atención de Thomas. Piketti y, especialmente, con los trabajo del Banco Mundial hacen hincapié en el tema de la concentración de la propiedad y la riqueza en pocas manos y su influencia en las desigualdades internacionales, pero no encontramos en ellos una conexión expresa y directa entre propiedad y pobreza, que explicite sus relaciones de causalidad.

Propiedad y distribución del ingreso.

En este sentido, es obvio que la forma en que se distribuye el excedente económico depende del grado de concentración de la propiedad y que los ingresos del capital ocupan la mayor proporción de ese excedente y no los ingresos del trabajo[3], medidos estos en términos “per cápita”. Entonces, si queremos atacar de verdad el tema de la pobreza tenemos que abrir la pregunta de cómo se entrelazan ambos y la respuesta se encuentra en el camino de cómo hacer más equitativa la distribución de la propiedad, con lo cual haríamos se haría más equitativa la distribución del excedente económico. Importante aclarar que no se trata de un “reparto por el reparto”, porque sabemos que no basta con “distribuir”, si a la propiedad no se la añaden capacidades productivas.[4]

Inmediatamente debe “saltar” a la mente de los lectores que una idea como esta va a terminar en la solución que, hasta ahora, el mundo se ha propuesto: la extremista de la socialización de la propiedad, en especial la de los medios productivos, pero No, lo que creemos que hay que examinar es como el capital y la propiedad privada procuran una solución que adverse radicalmente esta propuesta, de tal manera que una mayor cantidad de gente, por no decir la gran mayoría, tenga acceso a ese motor distributivo que es la propiedad y su principal excedente, las ganancias. Ello sin necesidad de “tener que confiscar o expropiar a nadie”.

Propuestas y soluciones del lado del capital.

Entonces, antes de que le demos la razón a Piketti y a los marxistas trasnochados que aún quedan y lo hagan a “diestra y siniestra”, causando la destrucción que conocemos, el capital tiene la obligación de conseguir una solución propia porque si no, como ha dicho el mismo autor en reciente entrevista: “estamos al borde una segunda Revolución Francesa” [5]. La buena noticia es que el capital ya está consciente del asunto y asoma algunas soluciones, aunque todavía sin llegar a la medula del problema.[6]

Por una parte, están todos los esquemas que se han ensayado de participación en las ganancias del sector laboral, de la creación de ingresos distintos a sueldos y salarios, mediante un gran abanico de bonificaciones al trabajo, pero que no cambian fundamentalmente es espectro distributivo. También se pueden registrar iniciativas más avanzadas, que le van agregando tareas al capital, tales como los aportes de M. Porter en Harvard con su tesis de “Share Values”, los de “Conscious Capitalism” o la recién creada “Round Table” y “Reset Capitalism”, alrededor de las iniciativas del World Economic Forum.

Todas ellas están orientadas a darle al capitalismo un vínculo y una mayor responsabilidad social, pero ninguna de ellas, que se sepa hasta ahora, se focaliza en una mejor distribución de la propiedad y, por consecuencia, de las ganancias. El capital debería acometer y plantearse una salida, antes de que la realidad le dé la razón a quienes hemos mencionado. Si bien el argumento tiene fuertes repercusiones mundiales, interesa revisarlo en nuestro país, donde toma particulares características.

El caso Venezuela.

El hecho de que el “gran propietario” venezolano es el Estado, debería facilitar cualquier esquema re-distributivo como se ha intentado varias veces, pero con infructuosos resultados, puesto que, en cuanto a la propiedad del negocio petrolero se enfrenta con serios “escollos”, patológicos, ideológicos e institucionales, además de que se supone que esa propiedad “nos pertenece a todos”, con lo cual la dificultad es aún mayor para intentar esquemas redistributivos. A ello se añade que ese mismo Estado posee, prácticamente, la mayor proporción de propiedad de la tierra[7] y que, como se sabe, reiterativos intentos de distribución de la tierra de su propiedad, no han culminado en cambios sustantivos y significativos en ese terreno.

En el campo de la economía privada existen muestras de concentración de la propiedad que invocan soluciones desde esa posición tanto, que la experiencia reciente nos dice y advierte el peligro de la solución “confiscatoria y expropiadora”, las cuales parecen estar de retroceso con la evidente demostración fáctica de su efecto destructivo de todo orden. Luego, para evitar futuras acciones similares, porque el problema central no ha desaparecido, el capital privado venezolano debería comenzar a pensar en cómo reducir, flexibilizar o atenuarlo. Algunos han sugerido distintas tesis, como la de un “capitalismo popular”, otros la de un “capitalismo solidario” y otros la de un “País de Propietarios” sin que ninguna de ellas, que se sepa, ha “cuajado” en el quehacer del gran capital venezolano.

Al tema central: propiedad, ganancias y pobreza.

Reiteramos aquí la idea medular que planteamos. Sea a nivel internacional o al nivel local, caso Venezuela, no vamos a encontrar una solución sostenible y duradera para la pregunta de ¿Cómo hacer más ricos a los pobres?, si no focalizamos correctamente la materia. Si seguimos creyendo que basta con el enfoque del ingreso seguiremos dando “vueltas” sobre lo mismo. Ojalá que no sea uno de esos estallidos que a veces aparecen en la sociedad el que envíe la señal de emergencia y que termine teniendo razón Piketti con aquello de la “Segunda Revolución Francesa”. En nuestra humilde opinión ya existen evidencias claras de desigualdad marcada, no solo en el terreno económico, sino en planos distintos a este en el plano mundial, como en el nacional, que deberían provocar una reacción y un plan de acción más agresivos de parte de los capitales privados, uno que pueda llegar al mundo de la opinión pública con cambios verdaderos en el doloroso problema de la vida en precariedad y pobreza.

[1] No olvidemos que la propuesta principal del marxismo original cuestiona la propiedad privada e invoca por su opuesto la propiedad social de los medios de producción.

[2] Ver artículo ¿Tiene razón Piketti? 5 de febrero de 2022.

[3] Dice Piketty que “la proporción de las rentas del capital (utilidades, dividendos, rentas, e intereses) está creciendo más rápido que el crecimiento económico, por lo que todos los beneficios del capital ocupan una parte creciente del ingreso mundial, con lo cual este toma la mayor parte del total y por otro lado, los ingresos del trabajo van en dirección contraria”. Por otro lado: Credit Suisse Research Institute dice “la mitad inferior de la población mundial posee menos del 1 por ciento de la riqueza total. Como marcado contraste, el 10 por ciento más rico posee el 88 por ciento de la riqueza mundial, mientras que el 1 por ciento superior por sí solo representa el 50 por ciento de los activos globales” Credit Suisse (2017): Global Wealth Databook

[4] Las consecuencias de una distribución sin el apellido las conocemos. En el caso Venezuela, distintos intentos de reparto de la tierra sin esas capacidades han fracasado.

[5] Ver sus declaraciones en El País 21/11/2021

[6] La medula del problema es que el mercado y el capital son muy eficientes en la creación de riqueza, tal como lo percibió su gran creador, Adam Smith, pero no poseen un similar mecanismo distributivo, más allá del que proveen los aumentos de la producción.

[7] Delahaye, O. (diciembre 2006).” Tenencia de la tierra y desarrollo rural sostenible: algunos puntos para la reflexión en el caso venezolano”. Agroalimentaria, v.11 n.23 Mérida y Quevedo, R. I. (Junio1998). “Venezuela un perfil general. La tenencia de la tierra y puntos álgidos de su mercado.” C. IICA. Caracas. Venezuela. Agroalimentaria. Nº 6.

 8 min


Luis Ugalde

El profesor Víctor Márquez, presidente de la APUCV, hace un par de meses acusó “al régimen de estar llevando a cabo una política de exterminio del sector universitario que es necesario detener para el bien de la República”. Comparto plenamente esta preocupación. La universidad venezolana, sobre todo la financiada por el Estado, fue durante medio siglo la principal escalera de ascenso social saliendo de la pobreza hacia un país en vertiginoso proceso de urbanización y de modernización.

En estos días se prenden algunas alarmas universitarias con el anuncio de una nueva Ley de Educación Universitaria sin la debida discusión ni consulta previa para implantar una universidad sometida al gobierno autoritario. Un gobierno totalitario como el de Cuba impone una universidad con autoridades nombradas a dedo, muy al contrario de la autonomía declarada en el artículo 109 de nuestra Constitución. Ahora, con el Estado arruinado y cargado con una inmensa deuda impagable, la universidad autónoma apenas puede abrir sus puertas, lo que es una gran tragedia nacional que corona la ruina de todo el sistema educativo. No es posible la necesaria reconstrucción del país con la educación en escombros.

Universidad asediada

Hace ya 9 años (27-7-2013), en un artículo con este título, denunciábamos el cerco gubernamental contra la universidad cuyo objetivo era “la sustitución de la actual universidad autónoma por otra sometida a la imposición del Gobierno-Estado-Partido”. Señalábamos que “la estrategia tiene principalmente dos piezas, el cerco presupuestario y el bloqueo al procedimiento de elección democrática autónoma de las autoridades y representantes”.

Necesaria e imposible autonomía

La debacle hiperinflacionaria y la reducción de los presupuestos universitarios –a menos de 10 % requerido– han impuesto sueldos de hambre y llevado a las universidades al cierre o a una dolorosa agonía. Pero esto no se resuelve pidiendo que el Estado vuelva a financiar más de 90 % del presupuesto de universidades como la UCV y la USB, por ejemplo. Hoy y mañana –queramos o no– la autonomía no será posible si depende del Estado endeudado, arruinado y radicalmente reducido a la cuarta parte de lo que era. Las universidades necesitan autonomía también en el financiamiento. Esperar que el Gobierno responda al 90 % de las necesidades financieras de las universidades es hacer inviable la autonomía: con este régimen porque ni quiere ni puede, y con otro gobierno democrático, porque no podrá aunque quiera…

Universidad autónoma de financiamiento mixto

Ya sé que para muchos es una herejía lo que voy a proponer, pero no tendremos una universidad pública y autónoma renacida, si no sumamos también financiamiento no estatal.

Hace unos años era inaceptable y escandaloso que 46 % de todo el presupuesto educativo nacional se lo llevara la universidad para hacer íntegramente “gratuita” la casa de estudios superior, quitando a millones de niños su escuela de calidad. Hoy el gran reto educativo es garantizar el financiamiento público para que todos los niños y jóvenes estén educándose desde el maternal “hasta el pregrado universitario” (Constitución, Art. 103).

Con la misma firmeza, esta sociedad y su Estado deben asegurar que ningún joven con talento, voluntad y esfuerzo propio quede excluido de la universidad por falta de recursos familiares para financiarla. Para eso es necesario enfrentar el renacer de la Universidad con financiamiento mixto: de los beneficiarios directos (el estudiante y su familia), del Estado, de las empresas productivas públicas y privadas y de los ingresos producidos por la propia universidad con investigaciones y servicios. Por ejemplo: 50 % el Estado, 20 % la facturación de servicios y 30 % pago de los beneficiarios, inmediato o diferido con un amplio sistema público (parcialmente subsidiado) de crédito educativo al que el graduado contribuye con una moderada parte de su sueldo. Es fácil poner el grito en el cielo ante esta herejía de cobrar parte de los estudios universitarios, pero lo contrario es seguir soñando con el financiamiento íntegro por un Estado de abundante renta petrolera que se acabó y dejar la universidad en ruinas.

En el mundo (y también en las Américas) desde hace años está subiendo la inversión no estatal en la educación universitaria, porque resulta rentable para los que se van a graduar y sus familias y para toda la sociedad. También en Venezuela. Es poco conocido y menos reflexionado el siguiente hecho: En 2004 había 1.123.063 estudiantes universitarios en carreras largas y cortas. 624.341 en universidades financiadas por el Estado y 508.722 en autofinanciadas. Ese año por primera vez en la historia de Venezuela los egresados de las autofinanciadas (privadas) fueron 53.056, superando a los 48.228 egresados de estudios íntegramente pagados por el Estado. Esta realidad será mucho más exitosa y sólida con una financiamiento mixto sincerado y trasparente de la educación superior, con sólidos criterios de equidad, prioridades y de contribución diferenciada. Muy triste sería que la universidad quedara reducida a la pobreza impotente, a la lamentación y a la denuncia de algo que no puede cambiar.

Autonomía sí, pero integral y con un Estado democrático instrumento de sociedad plural.

11 de abril 2022

Revista SIC

https://revistasic.org/autonomia-universitaria-necesaria-e-imposible/#iL...

 3 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

Continúa la triste insensatez bélica en tierras ucranianas. Quien sabe cuándo terminará el conflicto y, sobre todo, cuales serán las consecuencias que dejará como huella en todo el planeta. Al respecto hay hipótesis distintas y hasta contradictorias, pero que lamentablemente coinciden en que dejará heridas que tardarán un buen tiempo cicatrizar. Ojalá haya una ventana por la que salga y se pierda este pronóstico y que en un próximo artículo pueda comentar que no pasó lo que se esperaba que pasara.

Con esta esperanza quiero escribir hoy sobre el Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología que desde 1982 se celebra cada 10 de abril. Fue establecido por la Conferencia General de la Unesco en honor al nacimiento del Dr. Bernardo Houssay, el primer latinoamericano en ser galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1947.

Maduro lo recuerda en un Twitter

Entre nosotros fue un día que pasó desapercibido. Algunos comunicados provenientes del medio académico, una que otra entrevista, en fin, poca cosa. El Gobierno, por su parte, lo recordó a través de un mensajito del Presidente Maduro, muy en su estilo de interpretar cualquier evento o iniciativa en clave resistencia heroica frente a los enemigos de la Patria, añadiéndole un toque demagógico que tampoco suele faltar. En el mismo decía que “Celebramos el Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología, enalteciendo la labor de las mujeres y hombres del saber que resisten la arremetida imperial para garantizar el Bienestar del Pueblo. ¡Felicitaciones Científicas y Científicos!”.

Como en otras áreas, tampoco en esta, la de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (CTI), hay información oficial respecto a casi nada, Si embargo, diversos estudios elaborados por otras organizaciones coinciden en describir una realidad muy precaria, trazada por políticas equivocadas y cambiantes, ideologizadas en el peor sentido de la palabra, por el deterioro de las universidades autónomas, la creación de universidades nuevas que dejan mucho que desear, la mengua de casi todos los centros de investigación, el desaprendizaje tecnológico en el sector productivo, la migración de investigadores, la falta de la generación de relevo y otros aspectos más, todos sellados por el déficit presupuestario, señal de que para el presente gobierno se trata de un asunto que no figura como importante para el país.

Cambio en las reglas en la cancha CTI

Le breve exposición anterior se desdibuja aún más si se la calibra de cara a las circunstancias que se vienen asomando desde finales del siglo pasado y con enorme fuerza durante estas dos primeras décadas del siglo actual, reflejadas en transformaciones tecnocientíficas radicales que redefinen aceleradamente la forma en que los seres humanos se ven a sí mismos, se relacionan unos con otros, se vinculan con la naturaleza y perciben el mundo en el que les está tocando vivir.

No en balde a la sociedad actual se la perfila como la “Sociedad del Conocimiento”, caracterizada, entre otros aspectos, por el amplio marco institucional en donde tienen lugar los procesos de generación, distribución y uso de conocimientos.

En este sentido cabe empezar indicando que la división tradicional entre ciencia y tecnología se ha ido diluyendo, dando paso al término tecnociencia que remarca el carácter híbrido propio de las investigaciones y las innovaciones. Estas se generan a través de redes sociales que integran tanto al sector público, como al privado y dentro de las que actúan empresas diversas, universidades de distinto tipo, laboratorios, entidades financieras, etcétera, generando múltiples interacciones, tanto a nivel local como global, que suponen la combinación de experiencias y conocimientos de diferente naturaleza. Por otro lado, la producción de conocimientos se da bajo el formato de la transdisciplinariedad (que va más allá de la interdisciplinaridad y la multidisciplinariedad), dando origen a procesos que permiten el entrecruzamiento de varias ramas del saber.

Por otra parte, las empresas desempeñan un rol central - en muchos países han superado ostensiblemente el financiamiento del Estado – y son sus fines e intereses los que en gran parte determinan la orientación y la utilización de los resultados tecnocientíficos. A propósito de ello, se reclama mayor participación estatal, no solo en recursos, sino sobre todo en políticas públicas que tracen propósitos y rutas.

Las respuestas se demoran

Los cambios tecnocientíficos son profundos y se precipitan de manera exponencial, como ya dije. Y desde luego, suscitan muchas preguntas respecto a su dirección y a sus efectos, pero las respuestas van muy despacio y dan pie para que la incertidumbre y la perplejidad arropen todos los planos por donde acontece la vida humana a nivel global : el económico, el político, el social, el ético, el ambiental, el cultural, el religioso, el deportivo. La actual es también la Sociedad del Desconocimiento, nos recuerdan los estudiosos del tema.

Debemos, pues, ser capaces de interpretar y comprender la estructura y la dinámica de los procesos tecnocientíficos y, a partir de ahí, estimar los impactos y las consecuencias e intervenir adecuadamente en ellos, aprovechando las oportunidades que asoman y esquivando los riesgos que traen consigo.

Mandato de la época

Estas capacidades se hacen cada vez más imprescindibles si abrimos el horizonte a fin de observar los ideas que emergen desde el Tranhumanismo, un movimiento que tiene como objetivo transformar tecnológicamente la condición humana, y el increíble respaldo financiero con el que cuentan. ¿Cierto Jeff Bezos ?.

Así las cosas, la política CTI debe estar, sin duda, por lo menos cerca del epicentro de la agenda pública nacional. Es un imperativo del tsunami tecnológico planetario.

HARINA DE OTRO COSTAL

(El Jarrón Chino)

Según el diccionario un jarrón es un recipiente en forma de vaso alto, copa o jarro, grande y de función ornamental. Se presenta liso o decorado independientemente de su fábrica (cerámica, vidrio, metal, etcétera).

Leí hace poco que, de acuerdo con Felipe González, los expresidentes son como jarrones chinos en apartamentos pequeños. Todos les suponen un gran valor, pero nadie sabe dónde ponerlos y, secretamente, se espera que un niño les dé un codazo y los rompa.

Algo así ocurre con la ONU, piensan muchos. Es una organización desfasada por los vientos que soplan actualmente, dicho con todo respeto. Su Consejo de Seguridad es un anacronismo, dicho con un poco menos de respeto. La invasión de Ucrania es el más reciente ejemplo de que el nuestro planeta no ha sido capaz de hacerse gobernable.

Miércoles, 15 de abril 2022

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Francisco Russo Betancourt

Ayer fueron convocados un pico mas de 90 millones de mexicanos para decidir si revocaban o mantenían el mandato constitucional del presidente azteca.

La mayoría de los sectores sociales y la oposición criticaron hasta el hartazgo la convocatoria que propusiera el propio mandatario, en una experiencia constitucional nueva en la política mexicana, pero que al final resultó con mucho ruido y pocas nueces.

Ciertamente, la convocatoria fue más propiamente para medir la capacidad de convocar del mandatario, pero no satisfizo la exigencia legal del 40% para que su resultado fuese vinculante, lo que pudo evidenciarse en el comportamiento de la ciudadanía que prefirió llenar los Centros Comerciales que acudir a las urnas electorales.

Según la critica, aproximadamente 8 de cada 10 ciudadanos consideraron no votar en esta jornada, lo que revela que de los 90 y tantos millones de votantes convocados, sólo acudió un 17 o 18% del padrón electoral, vale decir, no fue la victoria esperada por el gobierno, que se conforma con una precaria movilización política, lo que al final generó, como en la comedia de Shakespeare, mas ruido que nueces.

Al final, el sistema político mexicano, al contrario de lo que ocurre habitualmente en Sudamérica, esperará el término del sexenio para decirle adiós a su presidente, entre cuyas reflexiones más exultantes está su afirmación, "que el secuestro de personas se evitará con una sociedad de pobres, pues secuestran a los que tienen."

Guadalajara, abril 11 de 2022

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Eddie A. Ramírez S.

Los sucesos ocurridos entre el 11 y el 13 de abril no han sido del todo aclarados por el régimen, ni por algunos actores civiles y militares de la oposición. Al régimen no le conviene porque saldría a relucir por qué no quiso investigar la masacre en las cercanías de Miraflores, optando por condenar sin pruebas a tres comisarios y a ocho policías metropolitanos, tres de ellos todavía presos: Erasmo Bolívar, Luis Molina y Héctor Rovain. También lo ocurrido en Fuerte Tiuna amerita ser investigado.

El régimen no quiere que se recuerde la actitud de Hugo Chávez antes, durante y después de la masacre. Pudo desincentivar la gran marcha del día 11 con solo anunciar que la noche anterior había destituido a la Directiva de Pdvsa, ordenar interceptarla en la autopista del Este o permitir que pasara frente a Miraflores, como hizo en su tiempo el presidente López Contreras.

¿Por qué no lo hizo? Probablemente para identificar a los militares que estaban descontentos con la designación del perverso José Vicente Rangel, ficha del castro-comunismo, como ministro de la Defensa; debilitar a la Confederación de Trabajadores de Venezuela, particularmente a Carlos Ortega, y sacar del juego a Pedro Carmona, presidente de Fedecámaras, ambos tenaces acusadores de las violaciones de la Constitución y las leyes. Además, buscar excusas para intervenir a la Policía Metropolitana y despedir a más trabajadores de Pdvsa que luchaban por el respeto a la meritocracia. Para su desgracia, Chávez no midió el descontento y la voluntad de lucha de la sociedad civil y de los actores mencionados. Fue un estratega torpe.

A los rojos no les interesa que se recuerde que Chávez aceptó la petición del Alto Mando militar de renunciar por la masacre, y que imploró lo enviaran a Cuba. Tampoco que la oficialidad lo vio desmoralizado, desubicado y lloroso. Al igual que 4 de febrero 1992, se rindió apenas se lo solicitaron. Solo fue valiente ante el micrófono.

Otra pregunta es por qué los militares no aceptaron su solicitud de enviarlo a Cuba. Ese fue un compromiso de los oficiales con quienes se fue voluntariamente desde Miraflores a Fuerte Tiuna. Esa acción hubiese evitado que regresara al poder, al menos en el corto plazo. Sin embargo, cabe preguntar cuál hubiese sido la reacción de la sociedad civil que puso los muertos, y que aspiraba, legítimamente, que el principal culpable fuese juzgado. Se puede entender la discusión que sobre este punto se dio entre los oficiales rebeldes y algunos civiles que indebidamente estaban en Fuerte Tiuna. Lo imperdonable es que los militares también pelearan por los cargos a ocupar.

Es inexcusable que el Alto Mando militar le solicitara la renuncia al presidente y se marginara de los hechos posteriores. Faltó liderazgo. Lucas Rincón no solo demostró que no tenía méritos para ser Inspector General, sino que cuando percibió que la situación había cambiado se convirtió en un alacrán y tiene veinte años de embajador en Portugal. Por su parte, el apreciado general Manuel Rosendo protegió a los ciudadanos al negarse a aplicar el Plan Ávila, impidiendo así que el ejército saliera a la calle. Sin embargo, ha debido asumir el comando.

Algunos achacan el fracaso a que Pedro Carmona designó al vicealmirante Ramírez Pérez como ministro de la Defensa y no a Efraín Vásquez Velazco, quien como comandante del ejército contaba con mayores recursos. Este punto es debatible. El vicealmirante tenía prestigio. Vásquez pecó por indeciso al no cambiar la guardia presidencial y no neutralizar a García Carneiro y a otros oficiales chavistas.

En general, se atribuye casi toda la culpa del regreso de Chávez al Decreto Carmona. El mismo contemplaba realizar elección presidencial antes de un año, sin que Carmona pudiese ser candidato; elección de diputados antes de ocho meses y facultad del presidente interino para remover a todos los poderes del Estado. ¿Alguien objetaría hoy día ese Decreto? Todo indica que Luis Miquilena se presentó en Miraflores para ofrecer que 28 diputados, hasta entonces del oficialismo, podrían formar mayoría con los de oposición para designar presidente de la república a Alejandro Armas o ratificar a Carmona. Al respecto hay que considerar que, ocho meses después, el chavismo seguía siendo mayoría en la Asamblea, con 86 diputados versus 79 de la oposición. O sea, no existían los votos necesarios. ¿Se podía confiar en Miquilena, quien cuarenta y ocho días antes era ministro del Interior?

Evidentemente, con la auto juramentación de Carmona y con ese decreto se violó la Constitución. Sin embargo, hay que recordar que Chávez la había violado varias veces y que los artículos 333 y 350 obligan a cualquiera a contribuir a restablecerla. ¿Eso también aplica a la Fuerza Armada? ¿Se justificaría que hoy, al igual que en el 2002, se le solicite la renuncia a quien usurpa Miraflores? El 18 de octubre de 1945 y el 23 de enero de 1958, la Fuerza Armada intervino y entregó a los civiles. Cierto que el 24 de noviembre de 1948 se quedaron con el coroto, pero hoy sería inaceptable e inviable que la Fuerza Armada cumpla con defender la Constitución y no entregue el poder a los civiles. Chávez regresó a Miraflores porque no hubo liderazgo en la Fuerza Armada, ni en el sector político. El Decreto no fue discutido con los militares, ni con los políticos. ¿Acaso fue por lo apremiante de las circunstancias o algo planeado por un grupito?

Veinte años después seguimos en la lucha, pero decepcionados con un liderazgo político que se descalifica entre ellos y no ofrece un frente único que impulse el cese de la usurpación. ¿Hasta cuándo permanecerán indiferentes ante este clamor popular? Los ciudadanos, entre ellos los petroleros, cumplimos el 11 de abril. Otros fallaron por acción u omisión, algunos siguen fallando.

Como (había) en botica: Ante informaciones que no se ajustan a la verdad, este articulista insta a los venezolanos a confiar en Horacio Medina, presidente Ad Hoc de Pdvsa. Medina ha demostrado que no acepta injerencias indebidas en sus decisiones gerenciales. Lamentamos el fallecimiento de Priscilla Quintero de Briceño, compañera de trabajo en la Palmaven meritocrática. También de Bernardo Martínez, compañero de Gente del Petróleo y de Unapetrol

¡ No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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Fernando Mires

Lo hemos repetido muchas veces. La guerra de Putin a Ucrania no es solo contra Ucrania pero comienza y pasa por Ucrania. La guerra de Putin es contra Occidente, lo ha dicho el mismo. Pero no en contra del Occidente geográfico sino en contra del Occidente Político. Así nos lo explicó el mandatario ruso en su mítico discurso del estadio Luzhniki de Moscú:

“Occidente está intentando dividir a nuestra sociedad, está especulando con nuestras bajas (en la guerra) y las consecuencias socioeconómicas de las sanciones, y está provocando una confrontación civil en Rusia y utilizando a esa quinta columna para conseguir ese objetivo. Y hay un solo objetivo, del que ya he hablado, la destrucción de Rusia”.

¿Qué es Occidente para Putin? La respuesta, después de revisar diversos textos, solo puede ser una: Occidente es todo lo que impide la reconstrucción del imperio ruso, núcleo de una visión pan- eslavista a la que su mentor ideológico del momento, Aleksandr Dugin, llama Eurasia. Occidente sería, mirada desde esa visión culturalista, la anti-Eurasia. ¿Y qué es Eurasia? Si nos atenemos a las palabras del corrupto ex-vicepresidente de Rusia, Dimitry Mevdevev, el objetivo de Putin es “construir una Eurasia abierta, desde Lisboa hasta Vladivostok”. Gracias a esa estupidez ya sabemos algo por lo menos: Eurasia, para Putin y su corte, es el objetivo de un proyecto de expansión geográfica y política: una anti-Europa. Nada menos. El problema es que para que ese proyecto tenga un final, deberá haber muchas ciudades mártires, como hoy lo es Bucha en Ucrania.

Así como Che Guevara en su delirio antimperialista llamó a “crear dos, tres Vietnams”, Putin, en su delirio imperialista deberá llamar a «crear cien, doscientas, trescientas Buchas». Ya lo está haciendo. Hay otras ciudades como Bucha en Ucrania.

Para Dugin, Occidente, más que un conjunto de países –todos democráticos pero con distinto formato político – es un régimen universal que se define por una supuesta ideología también universal. Dugin la llama “ideología de la democracia liberal”. En ese punto hay una plena coincidencia entre Dugin y el putinista presidente húngaro Viktor Orban quien ha iniciado una campaña política en contra de lo que él llama, democracia liberal.

Tanto en la versión de Dugin, de Orban y, por cierto, de Putin, el liberalismo es una ideología decadente que lleva al deterioro moral del ser humano, el que librado a su libre arbitrio, entregado al llamado de sus deseos, sobre todo los sexuales, medrará en un mundo sin tradiciones y sin autoridades. Y, por supuesto, sin Dios. En contra de ese mundo en permanente decadencia, Putin, convertido de la noche a la mañana de marxista- leninista en un beato besacruces, opone el ideal de una nación autoritaria, con un estado fuerte, sin rencillas partidarias, donde el parlamento deberá limitarse a dar forma a leyes que provienen de un ejecutivo cuyo poder ha de hacerse sentir con dureza sobre todos los que osen disentir del orden establecido.

Las ideas occidentales, como dijo Putin en su discurso del estadio, son destructivas para el orden ruso que él busca imponer y, por lo mismo, se encuentra obligado a defenderse, aventando a la corrupción occidental (ideas democráticas) dentro de Rusia y luego luchando en contra de los demonios que vienen de afuera, desde ese Occidente apoderado de su amada Ucrania rusificada. Ucrania debe ser liberada, purificada de ideas occidentales. En las palabras de Putin: “desnazificada”

De acuerdo a su descontrolada fantasía, Putin y otros integristas conciben la invasión a Ucrania como una guerra defensiva y liberadora en contra de lo que ellos llaman Occidente. Esa es la ideología que fue inculcada a Putin, entre otros, por el ideólogo Alekandr Dugin. Un autor intelectual –sí, lo es- de los asesinatos que en estos momentos están siendo cometidos en Ucrania.

“Occidente es antes que nada una ideología”, escribió Dugin en un reciente artículo orientado a justificar las crueldades cometidas en Ucrania (24.03.2022). Y luego despacha, así no más, solo porque se le ocurre, una definición: “las ideologías son imágenes (¿?) totalitarias de la realidad impuestas por sistema tecnológicos y psicología de masas”. Absurda definición construida solo para continuar caricaturizado a lo que él necesita que sea Occidente: “La única ideología oficial que existe en Occidente es el liberalismo (¡!) y la globalización no es sino la imposición del liberalismo a toda la humanidad”. Vale decir, en su imaginación afiebrada, Dugin ha convertido a Occidente en un orden totalitario e imperial del cual la Santa Rusia deberá liberarse.

En el marco de las post-verdades putinistas, la invasión a Ucrania debe ser entendida como un medio para alcanzar la liberación nacional de Rusia frente al Occidente opresor aunque eso signifique poner a la realidad patas arriba y cabeza abajo.

El mismo Dugin ha confesado, y se nota, que todas sus concepciones ideológicas las ha tomado prestadas de pensadores europeos. En esos pensadores no hay nada que sea ruso. Tanto en su formación como en su estilo, Dugin es un escritor radicalmente occidental. El mismo ha declarado ser seguidor del tradicionalismo conservador de Julius Evola y de René Guenón. En su “Geopolítica” recurre a la teoría del espacio vital de Karl Hausofer. Posición occidentalista en la que, por lo demás, no se encuentra solo.

El anti-occidentalismo occidental es una de las particularidades de Occidente, el único orden político que genera e integra a sus propias contradicciones. Pues la occidentalidad no son solo los derechos humanos, el parlamentarismo, los debates, la pluralidad cultural, su arte o su literatura. También la negación a Occidente es occidental, venga ella de Marx, de Spengler, de Heidegger, de Dugin. El anti-occidentalismo pertenece, queramos o no, al patrimonio cultural de Occidente.

Occidente –es un punto que aterra a Dugin– supone el reconocimiento de la ambivalencia como forma de vida. A Occidente pertenecen los Médecis y Maquiavelo, Arendt y Mahler, el Louvre y Auschwitz, Churchill y Hitler. El fascismo, el anarquismo, el comunismo, y probablemente, hasta el putinismo, y muchas otras negaciones de Occidente, son producciones netamente occidentales. Occidente no es una sola ideología, como cree Dugin. Son muchísimas. Occidente es lo que ha llegado a ser Occidente. Occidente no es un “es”, es un “estar siendo en el tiempo». Occidente es su propia historia. Eso es lo que no puede aceptar Dugin.

Dugin es un intelectual muy deshonesto. Y lo es hasta el punto que necesita inventarse un Occidente personal para así obtener un meta-enemigo que sirva como justificación a la sangrienta expansión que en este momento comete Putin sobre tierra ucraniana. Y al final, como si estuviéramos frente a las aguas de Narciso, resulta que todo lo que para Dugin es Occidente no es más que la fiel copia de lo que ha llegado a ser la propia Rusia de Putin. Un enorme espacio totalitario, con una sola ideología, con un solo líder, con una sola religión.

La agresión a Occidente comenzada desde Ucrania ha liberado a Rusia de las ataduras que lo ligaban con Occidente, nos dice Dugin. Siguiendo esa tesis, escribe: “En realidad, Putin intentó por todos los medios que Rusia siguiera la ideología, la tecnología, los códigos, los algoritmos, las leyes y los principios occidentales (liberales); pero el aumento de las tensiones simplemente lo destruyó todo. Rusia se está alejando de Occidente como Idea y Occidente ha comenzado a desconectar a Rusia de todas sus redes de control global”.

Lamentablemente, lo último es cierto. Con su des-occidentalización forzada, Rusia está dejando de ser lo que ha sido: un enorme país con dos almas. El alma bárbara y el alma civilizada coexistían en su historia de un modo dramático a veces, de un modo armónico, otras. Pero después de Bucha, la atrayente ambivalencia cultural de Rusia parece haber llegado a su fin. La contradicción entre civilización y lbarbarie, para decirlo con el brillante columnista de ABC, Guy Sorman, ha sido resuelta. Entre la barbarie y la civilización, Putin ha elegido la barbarie. Dugin también.

Me veo entonces en la necesidad de corregir un error. Cuando leía y estudiaba la Geopolítica de Dugin. me pareció ver a un autor epocalista pero erudito, con resabios nazis aunque culto y por momentos, fascinante. Sin embargo, al leer sus artículos escritos bajo las sombras de la guerra desatada por Putin, me encuentro frente a un ser arruinado, un energúmeno ilustrado que ha perdido toda compostura. En sus escritos ya no hay ningún hilo conductor, solo un catársico desenfreno. Y en donde antes me había parecido encontrar una cierta fundamentación filosófica, hoy solo veo charlatanería. En fin, un cerebro lleno de conocimientos, pero sin orden ni estructuras.

Claro está que Dugin ha declarado la guerra a Occidente (una guerra contra sí mismo, debo reiterar). Pero lo menos que uno podía esperar es que frente a ese Occidente, Dugin nos diera a conocer su alternativa, un mundo mejor o peor, una utopía o al menos una distopía. Mas de súbito, Dugin nos dice que no tiene nada que ofrecernos a cambio de las masacres de Putin. Lo suyo es una negación sin afirmación. Solo se contenta con decir que hay que construir una teoría anti-occidental. Y si no me creen, habrá que citarlo:

“Ahora que hemos entrado en una confrontación directa y dura con Occidente es necesario que creemos una ideología alternativa basada en nuestras propias ideas. Ya sabemos lo que rechazamos, pero no ha quedado claro qué es lo que afirmamos”.

Si no hubiera corrido tanta sangre, daría risa. Según Dugin, Putin invade a Ucrania sin saber todavía que es lo que opondrá en contra de la occidentalización. La filosofía destructiva de Dugin es el testimonio de un filósofo que se olvidó de pensar.

Al leer a Dugin no puedo sino concluir en que de verdad Kant tenía razón cuando nos habló del mal radical o de la radicalidad del mal. Siguiendo a Kant, Hannah Arendt describió la banalidad del mal. Para la filósofa, el mal banal era el mal banalizado, ya sea por un argumento, por una ideología, por una supuesta obligación profesional (“Yo solo cumplía órdenes” decían los asesinos nazis en el juicio de Nürenberg) El mal de Dugin, y por ende, de Putin, es en cambio el mal radical, un mal que no se ajusta a ningún derecho, pensamiento o deber. Es el mal por el mal. Es el mal de Thanatos, pero sin Eros. Es un mal que nace del amor a la muerte. Un mal hecho realidad en Bucha.

Dugin, como Putin, es un endemoniado. Pero a diferencias de los personajes de Dostoyevsky en cuya novela Los Demonios nos topamos con provincianos nihilistas, Putin es un endemoniado con todo el poder de un imperio a su disposición. Por ahora, seguirá matando, y Dugin, su criado intelectual, será reducido al penoso papel de legitimador de la muerte colectiva. Probablemente Dugin ya lo presiente. En el futuro de Rusia, o sea, en su futuro personal, ya ve, como lo vieron Goebbels y Hitler antes de matarse, el fin del mundo (su mundo) . El Apocalipsis es su programa. El mismo Dugin, para que no haya ninguna duda, lo anuncia

“Nuestro gran problema ahora es que hemos roto con Occidente y el liberalismo de una forma irreversible: o construimos un mundo diferente y un orden mundial alternativo dentro de los límites de nuestra civilización o … ya sabemos qué sucederá, aunque esto último hace parte de acontecimientos apocalípticos que aún están por venir”.

Hay que detener a esa maldad. Hay que salvar a Europa de Dugin, de Mevdevev, de Lavrov y otros criminales que rodean al asesino Putin. No podemos permitir que este mundo sea convertido en una inmensa Bucha. Para que eso no suceda hay que arrancar a Ucrania de la garras sangrientas de esa pandilla de monstruos. Ojalá los gobiernos de Europa entiendan de una vez lo que todavía, aún después de Bucha, no se atreven a entender. Hay que derrotar a Putin aquí, allí, y ahora.

Por lo menos el canciller alemán Olaf Scholz -aunque tardíamente – parece haberlo entendido. Cuando estaba a punto de terminar este artículo lo oí decir desde la pantalla del televisor: “Putin no debe ganar esta guerra”. Solo espero que Dios, o quien mejor lo represente, lo haya escuchado.

Twitter: @FernandoMiresOl

Fernando Mires es (Prof. Dr.), Historiador y Cientista Político, Escritor, con incursiones en literatura, filosofía y fútbol. Fundador de la revista POLIS, Político

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