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Opinión

Acceso a la Justicia

La última vez que un país europeo fue invadido, los responsables hablaban ruso, y la penúltima también. De este modo, así como ocurrió con Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968), ahora los sucesores de la no tan extinta Unión Soviética vuelven a ocupar territorio de un Estado soberano en Europa.

Por ello, el 24 de febrero de 2022 pasará a la historia por ser la primera vez en cinco décadas que un Estado europeo es invadido por otro. Ese día, el presidente ruso, Vladimir Putin, anunció que ordenó a su Ejército realizar una «operación especial» para «la desmilitarización y la desnazificación de Ucrania, así como para llevar ante la justicia a quienes cometieron numerosos crímenes sangrientos contra civiles, incluidos ciudadanos de la Federación Rusa».

Desde que el Kremlin decidió invadir a su vecino, al que acusa de atacar a la minoría rusófona que vive en las provincias del este de Donestk y Luhansk y de poner en riesgo su seguridad con sus intenciones de incorporarse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el mundo se ha horrorizado con las escenas de los misiles rusos cayendo sobre las ciudades ucranianas, así como por los tanques que se dirigen hacia ellas.

La agresión ha dejado, hasta el 7 de marzo, 406 civiles muertos, de los cuales al menos 28 eran niños, 801 heridos y más de un millón y medio de personas desplazadas hacia países vecinos como Polonia, Moldavia, Hungría o Rumanía, de acuerdo con los datos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), la cual admite que la cifra real podría ser mucho mayor.

Asimismo, gobiernos como los de Estados Unidos y del Reino Unido han asegurado en los últimos días que tienen evidencia de que las fuerzas invasoras rusas realizan «ataques sistemáticos y deliberados contra la población civil que podrían constituir crímenes de guerra» con el propósito de quebrar la feroz resistencia de las fuerzas de Kiev, la capital de Ucrania.

La CPI mueve fichas

Lo anterior explica parcialmente por qué el pasado 28 de febrero el fiscal general de la Corte Penal Internacional (CPI), Karim Khan, informó mediante un comunicado que había «bases razonables» para que su despacho abriera una investigación por crímenes de lesa humanidad en Ucrania y anunció el inmediato inicio de las averiguaciones.

Al respecto, declaró lo siguiente:

«Estoy convencido de que existe una base razonable para creer que tanto los presuntos crímenes de guerra como los crímenes de lesa humanidad se han cometido en Ucrania, en relación con los hechos ya evaluados durante el examen preliminar de la Fiscalía».

A pesar de que Ucrania no forma parte del Estatuto de Roma esto es posible porque el mismo tratado en su artículo 12, párrafo 3, permite que Estados no partes del mismo remitan casos a la CPI y se sometan a su jurisdicción; en el caso de Ucrania, ello ha ocurrido en dos ocasiones.

Precisamente, ante la invocación de la mencionada norma, el pasado 11 de diciembre de 2020 la otrora fiscal Fatou Bensouda anunció que se había completado el examen preliminar sobre la situación de Ucrania, y concluyó que existía una base creíble para creer que crímenes de guerra y de lesa humanidad fueron cometidos durante las protestas en 2014 y en el conflicto con los territorios separatistas, como lo explicó Alí Daniels, director de Acceso a la Justicia.

Así, la primera remisión ocurrió el 9 de abril de 2014, y fue presentada por las propias autoridades del país, quienes solicitaron una investigación por los hechos ocurridos en su territorio a partir de 2014, cuando una ola de protestas antigubernamentales que comenzó a finales de 2013 fue duramente reprimida por el Ejecutivo, entonces encabezado por Víctor Yanukovich. Los manifestantes rechazaron las pretensiones de Yanukovich, un prorruso que trató de detener el proceso de Ucrania de adhesión a la Unión Europea y a la OTAN. Tras meses de disturbios y confrontaciones, el mandatario fue destituido por el Parlamento y huyó a Rusia.

En la segunda oportunidad, Ucrania sometió a la CPI el 8 de septiembre de 2015 los eventos involucrados con los crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra derivados del movimiento separatistas de las regiones de Donetsk y Lugansk. En esa ocasión, la remisión se dejó abierta para todos los hechos posteriores a la fecha de la comunicación, lo que permitiría incluir los eventos actuales.

Además de la decisión del fiscal Khan de pasar a investigación estos casos previos, y para que no quedase duda sobre la necesidad de que la CPI investigue lo que está ocurriendo en Ucrania, el pasado 2 de marzo un grupo de cuarenta y un países miembros de la CPI (Albania, Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Bulgaria, Canadá, Chipre, Colombia, Costa Rica, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Georgia, Grecia, Hungría, Irlanda, Islandia, Italia, Japón, Letonia, Liechtenstein, Lituania, Luxemburgo, Malta, Macedonia del Norte, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Rumanía, Suiza y Suecia) solicitó que investigara los presuntos crímenes de guerra cometidos en territorio ucraniano.

Recordemos que el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pueden remitir casos a la Fiscalía de la CPI relacionados con aquellas situaciones en que presuntamente se han cometido crímenes de su competencia, aunque esto parece descartado visto el poder de veto que ya Rusia ha ejercido sobre lo relativo a su actuación en Ucrania.

Investigación cuesta arriba

Como ha quedado demostrado, Ucrania aceptó la jurisdicción de la CPI hace más de un lustro atrás en dos ocasiones, y tras la remisión de lo que está ocurriendo a causa de la actual invasión rusa en Ucrania queda claro el anuncio y la competencia del fiscal Khan para incluir cualquier presunto delito cometido en el territorio del país europeo del 20 de febrero de 2014 en adelante; de esta manera, la Fiscalía y la Corte pueden conocer los crímenes de guerra, de lesa humanidad o genocidio que se estaría perpetrando en territorio ucraniano

Esto permitiría sentar en el banquillo de los acusados a Vladimir Putin o alguno de sus generales e incluso soldados, pues aunque Rusia tampoco es miembro de la CPI, con la remisión del caso por cuarenta y un países, sus autoridades deben responder ante la Fiscalía y el tribunal con sede en La Haya (Países Bajos).

No obstante, la posibilidad de que la actual administración rusa colabore con cualquier investigación es poco menos que una ilusión. Así lo han dejado en claro desde Moscú, al rechazar participar este 7 y 8 de marzo en las audiencias que otro tribunal internacional, la Corte Internacional de Justicia de la ONU (CIJ), celebró con el propósito de analizar las alegaciones del Kremlin de que en Ucrania se habría estado ejecutando un genocidio contra la minoría rusa que vive en el este del país.

Sin embargo, debe advertirse que los poderes de la CPI son limitados para obligar a países a colaborar. También es cierto que de dictarse órdenes de captura contra funcionarios rusos, tales decisiones son de obligatorio cumplimiento en los 123 países miembros, por lo que el rango de acción de estos individuos quedaría severamente limitado, incluyendo aquellos que tengan condición de diplomáticos u ostenten altos cargos gubernamentales.

A los días de ocurrida la agresión militar, las autoridades ucranianas denunciaron también a Rusia ante la CIJ, solicitando medidas provisionales ante la misma, esperando que ordene el cese de las actividades militares.

El juzgado antes mencionado, que como la CPI está ubicado en La Haya, tiene entre sus competencias resolver disputas sobre:

«la interpretación de un tratado; cualquier cuestión de derecho internacional; la existencia de todo hecho que, si fuere establecido, constituiría violación de una obligación internacional y la naturaleza o extensión de la reparación que ha de hacerse por el quebrantamiento de una obligación internacional».

Lo anterior de acuerdo con el artículo 36 de su Estatuto. Además, sus decisiones son de obligatorio cumplimiento para los Estados involucrados en el pleito.

Sin embargo, debemos aclarar que a diferencia de la CPI, la Corte Internacional de Justicia no tiene las potestades descritas para el primero, por lo que depende, en principio, de la voluntad de los Estados para que se cumplan sus decisiones.

Y a ti venezolano, ¿cómo te afecta?

Nadie es ajeno a lo que acontece actualmente en el conflicto Rusia-Ucrania, sobre todo cuando este episodio histórico representa un grave peligro para la paz y la seguridad internacionales. Lo que ocurre en Ucrania ya está generando efectos en la economía mundial, y a eso no es ajena Venezuela.

De ahí entonces que si bien se valora positivamente la iniciativa de la CPI, que es un significativo paso en la lucha contra las atrocidades que están ocurriendo en Ucrania, lo cierto es que deben seguirse activando otros mecanismos por parte de la comunidad internacional que realmente garanticen a los ucranianos, víctimas de la invasión rusa, el restablecimiento de los derechos humanos y de su soberanía nacional, y no solo a limitarse a investigar los hechos que están ocurriendo, que puede demorar largo tiempo.

Por ello son necesarias todas aquellas acciones de negociación que traigan el cese de las hostilidades, pero sin impunidad, pues una paz con injusticia es solo la antesala del siguiente conflicto, que siempre puede ser el último.

16 de marzo

https://accesoalajusticia.org/que-puede-hacer-la-justicia-internacional-...

 7 min


José Antonio Gil Yepes

En días recientes he enviado por las redes sociales mensajes que reportan la recuperación económica que está ocurriendo desde principios de 2019, cuando el gobierno de NM liberó los precios, el cambio, la circulación de las divisas y bajó los aranceles. Este proceso, aunque lento y con resultados modestos, tiene cada vez algo más de impacto positivo sobre la población. Por lo que también coincide y he reportado que los resultados de las Encuestas Omnibus Nacional de Datanalisis muestran mejoras en la percepción de la Situación País, aunque siga en negativo. La Situación Personal mantiene un balance positivo, entre 52 y 58%, desde hace casi un año. Lo mismo ha pasado con la evaluación de gestión de NM, la cual sigue muy baja, pero ha subido de 12 a 20% en un año, pasando del sexto lugar en el orden de aprobación de los líderes políticos nacionales (gobierno y oposición) a ser el menos mal evaluado de todos ellos. En la Encuesta Multisectorial Empresarial de Escenarios Datanalisis los resultados son más alagüeños: todos los sectores dicen que están mejor que hace un año y esperan estar mejor aún en los próximos doce meses.

Cuál es mi sorpresa, que, si bien he recibido comentarios positivos por reportar lo que estamos observando y que esas mejoras nos benefician a todos, otros comentarios no sólo manifiesten su incredulidad sino que son hechos con descalificaciones e insultos personales, tales como “¿Y cuánto te pagaron?” Es decir, que no basta manifestar un desacuerdo sino que hay que asesinar moralmente al otro, a pesar de que estos cambios positivos los están reportando decenas de fuentes económicas nacionales e internacionales y varias encuestadoras nacionales en cuanto a la opinión pública.

Este tipo de experiencia me recuerda otras observaciones en las cuales uno constata la existencia de interlocutores que no les importan los hechos, lo observable, sino que los rechazan si no concuerdan con lo que ellos quieren. Esta posición no sólo es inmadura sino que pasan de no reconocer la realidad a descalificar y a dudar de la calidad moral del otro que te dice lo que no quieres oir, pasas de inmaduro a tener una posición “yo estoy bien, tú estás mal”, propia de los extremismos religiosos o ideológicos. Recordando esto, a su vez, que de esos fundamentalismos salen asesinos, como vemos en las noticias mundiales.

Este tipo de actitudes coincide con la deplorable evolución de los regímenes políticos en la Venezuela republicana: Han sido 13 regímenes desde la Independencia hasta la fecha y todos los cambios de uno a otro han sido violentos, con la excepción del cambio entre el Pacto de Punto Fijo y el régimen chavista. Todos los cambios han sido un “quítate tú pa’poneme yo”. Todos han perseguido a los gobernantes salientes. Todos han prometido cumplir con las promesas que los anteriores no cumplieron. Ninguno las ha cumplido. Todos han gobernado en función de una máxima: la concentración del poder político. Por lo que todos se han caracterizado por la desconfianza y la exclusión de los grupos no gobernantes, el clientelismo, la corrupción y la ineficiencia. Ninguno ha podido erradicar la pobreza. Por supuesto, todos han fracasado.

Es decir, que siempre hemos cambiado a Quién Gobierna, pero nunca hemos cambiado el Cómo se Gobierna. El afán de ver las cosas y de hacerlas cómo yo digo, de excluir y descalificar a los demás no solo tiene visos de inmadurez sino también de una gran violencia, moral, social y hasta física. Lo peor es que esa violencia es preludio de que se repita la deplorable historia de los regímenes políticos de Venezuela.

No vamos a mejorar la situación por cambiar a quien manda sino cambiamos cómo manda. Eso no se logra negando sus pocos logros sino reconociéndoselos para que “tome nota” y siga cambiando. ¿Ud. se imagina lo torcido y estúpido (dícese de “persona o animal que muestra torpeza o falta de entendimiento para comprender las cosas”) que es no reconocer que un marxista-estatista, como NM, haya liberado los precios, el cambio, etc. y esté negociando con EEUU las sanciones a cambio de petróleo y esté devolviéndole a la banca la capacidad de prestar dinero, revirtiendo la medida con la cual ha podido quebrarla? Entonces si, en vez de reconocerle sus pocos logros y el gran esfuerzo moral de poner de lado sus principios ideológicos inservibles, se le niega cualquier cambio y mejora, cómo se puede esperar que tome nota y cambie el juego?

Estas reflexiones se pueden resumir en una invocación a que nos demos la oportunidad de jugar otro juego. Estamos acostumbrados al ajedrez, emblemático de Occidente, y que consiste en acabar con el otro, o sea, en darle “jaque mate”. Me pregunto, si no será mejor ensayar a jugar el juego emblemático del Oriente, llamado en China, Wei Chi, y por los japoneses Go. Este juego consiste en ir poniendo fichas en un tablero para ocupar más espacios que el otro y el que lo logre gana; pero eso no quiere decir que el vencido muera ni que se quede sin nada. En la sociedad moderna, plural por excelencia, la pregunta clave no puede ser quién tiene la razón, sino cómo nos ponemos de acuerdo.

@joseagilyepes

17 de marzo 2022

ElUniversal

https://www.eluniversal.com/el-universal/120913/cambiamos-el-juego

 4 min


Ignacio Avalos Gutiérrez

En medio del caos que gobierna mi biblioteca, encontré por pura casualidad un libro que hace unos cuantos años había leído a saltos, brincándome las páginas y hasta algunos capítulos. Por estos días lo examiné completo, sin dejar pasar una sola línea. Me refiero a “La Civilización Empática”, texto que describe “la carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis” y cuyo autor es Jeremy Rifkin, un importante intelectual norteamericano, ya fallecido.

Las neuronas espejo

Allí supe por primera vez de las llamadas “neuronas espejo”, tema del que posteriormente me enteré un poco más, gracias a unos amigos científicos. Fueron descubiertas en la década de los noventa por dos investigadores italianos y constituyen la base biológica que permite a los seres humanos poseer la característica que los hace tales, es decir, su sociabilidad, y como parte de ella, la posibilidad de ver las cosas “desde el punto de vista del otro”, de ahí su nombre. Son las “neuronas de la empatía”, que contradicen el relato histórico dominante, a través del que se ha explicado la existencia de la especie humana, caracterizándola como egoísta, agresiva y predadora, por naturaleza.

Así las cosas, su descubrimiento indica que la moralidad echa las raíces en la biología como consecuencia de los procesos evolutivos del cerebro. En suma, si bien las investigaciones no han tocado fondo y todavía tienen algunas interrogantes pendientes, el origen del comportamiento prosocial, incluidos sentimientos morales como la empatía, anteceden a la evolución de la cultura. O sea, existe una “predisposición biológica a sentir empatía por otros seres”, apunta Rifkin.

Otra forma de mirar al planeta

Desde hace rato Perogrullo ha venido afirmando que el mundo actual se ha vuelto muy complejo y enredado, debido en gran medida, aunque no solo, a las posibilidades que abre la aparición de las nuevas tecnologías. Se ha ido constituyendo como un conjunto de “comunidades solapadas”, según la expresión que escuché en alguna conferencia, sellado por nuevas interdependencias y la transnacionalización de los vínculos políticos y sociales, como efecto de los procesos de globalización.

A propósito de ello, diversos estudios hablan del surgimiento de una Sociedad Cosmopolita armada en torno a una institucionalidad que se pone de manifiesto en distintos niveles (local, nacional, regional y mundial), pero sin implicar la disolución de las identidades locales o de la figura del Estado Nacional, si bien este último tendría que ser rediseñado, pues va quedando cada vez más desfasado en lo que atañe a su capacidad de gobernar ( ha perdido hasta el monopolio de la violencia, valga esto como ejemplo). Conforme a las nuevas investigaciones, solo desde una perspectiva cosmopolita se pueden encarar los aspectos que asoma el mundo de hoy, entre los que cabe citar la generación de un orden económico globalizado, la pobreza y la desigualdad, la violencia, el incremento de las presiones migratorias, la paz y la seguridad, el cambio climático, las transformaciones tecnocientíficas y otros aspectos ya conocidos que alargan la lista, confirmando, además, que nos encontramos en la “Sociedad del Riesgo”, concepto que se le debe a Ulbrich Beck, quien lo empleo con el propósito de describir la distribución “democrática” de las calamidades planetarias, resultado de la propia acción humana, y de plantear, así mismo, la necesidad de adoptar remedios globales. Respecto a esto último vale la pena destacar que se han desarrollado iniciativas importantes que tratan de abordar los asuntos mencionados, entre ellas la Agenda Social Global, seguramente la más significativa, aunque hasta ahora se haya quedado demasiado corta en sus resultados.

¿La Edad de la Empatía?

Dicho lo dicho, el conflicto de Rusia y Ucrania, además de la tragedia que entraña en sí mismo una guerra, representa un acontecimiento que contraría abiertamente las señales que se le están enviando a la humanidad. Más allá de las interpretaciones geopolíticas que intentan determinar sus causas e implicaciones, centradas por lo general en la disputa del poder a nivel mundial, dicho conflicto será una derrota para todos, sea cual sea su resultado. El mundo será peor porque reitera la evidencia de que continúa soslayando los temas que le son cruciales, los que ponen en riesgo la vida de la especie humana y, ojo, no se trata de una exageración. Y, por otro lado, mantiene disputas bélicas y no bélicas que encuentran su justificación en los mapas que dividen el mundo mediante líneas de varios colores, que separan y diferencian los territorios de manera cada vez más ficticia.

Lo que está ocurriendo pareciera indicar que se desactivaron las neuronas espejo y los terrícolas no alcanzan a ponerse en el lugar del otro (a pesar de que todos los lugares se están pareciendo cada vez más). ¡Vaya tragedia!.

Volviendo a Rifkin, él escribió que estábamos ubicados en el inició de la civilización empática, que «la edad de la razón estába siendo eclipsada por la edad de la empatía». Me pregunto, entonces, si no habrá sido, el suyo, un anuncio algo prematuro.

El Nacional, jueves 17 de marzo de 2022

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Jesús Elorza G.

Sorprendidos quedaron los nadadores, entrenadores y dirigentes al llegar a la piscina, del Velódromo “Teo Capriles”, que iba a servir de escenario para las competencias del Distrito Capital que servirían de base para el registro de marcas para los eventos nacionales. No podían creer, lo que sus ojos veían, el agua estaba ¡¡¡totalmente de color verde!!!…Esto es un “Pichaque”, fue la exclamación que se escuchó en toda la instalación deportiva.

-¿Picha…qué? No entiendo que quieren decir, dijo uno de los niños presentes.

-Su padre, lo tranquilizó, explicándole brevemente el significado de la palabra: El Diccionario de la Real Academia Española registra “pichaque” como un venezolanismo coloquial, al que define como “Charco pequeño de agua sucia”. “Charco”, por su parte, es “Agua, u otro líquido, detenida en un hoyo o cavidad de la tierra o del piso” Más amplio y preciso es el “Diccionario de venezolanismos” (M. J. Tejera et al): “pichaque: Charco pequeño de agua sucia.

-Con la explicación que le dieron, fue a hablar con otro grupo de jóvenes presentes en el sitio. Todos ellos, entablaron una conversación acerca de los problemas que podían originarse al competir en esa piscina pichacosa. En son de burla, algunos expusieron que una de las competencias pudiera ser 100 metros Estilo Libre con sapos, ranas, serpientes y lagartos en los carriles. También pudieran competir, agregaron otros jóvenes, en pruebas de relevo estilos: enterovirus, rotavirus, astrovirus, calicivirus, adenovirus y el virus de hepatitis A, que son capaces de persistir en el ambiente acuático contaminado, con efectos severos en salud. Imagínense al anunciador diciendo por los parlantes:

…En el carril 1: Escherichia coli (también conocida como E. coli) es un ejemplo de bacteria que está presente en grandes cantidades en nuestra microbiota intestinal normal humana y la de los animales, donde en general no es dañina. Sin embargo, en otras partes del cuerpo, la E. coli puede causar náuseas, vómitos, dolor abdominal y diarrea, con cuadros clínicos graves, como infecciones del tracto urinario, bacteriemia y meningitis.

…. En el carril 2: La bacteria Campylobacter jejuni que en el agua pueden causar infecciones que tienen por síntomas calambres, diarrea, fiebre y dolor abdominal. Algunas manifestaciones clínicas de las infecciones por C. jejuni en humanos incluyen artritis reactiva y meningitis, y suelen tener lugar sobre todo en niños.

…. En el carril 3: La Shigella, representante del equipo formado por las especies S. dysenteriae, S. flexneri, S. boydii y S. sonnei, que puede causar cuadros clínicos de enfermedades intestinales, incluyendo la disentería bacilar. Los síntomas habituales al principio de la shigelosis son calambres abdominales, fiebre y diarrea acuosa.

…. En el carril 4: Giardia intestinalis, parásito responsable de náuseas, calambres y diarr ea.

…. En el carril 5: Pseudomonas aeruginosa, que produce otitis

…. En el carril 6: Mycobacterium sp., causante de neumonía;

…. En el carril 7: Staphylococcus aureus, que genera infecciones de piel, orina y oído.

…. En el carril 8: Tinea pedis, culpable del pie de atleta.

Al escuchar la conversación de los jóvenes, todos los presentes acordaron retirarse del lugar y denunciar que las aguas contaminadas de la piscina no permitían la realización de las competencias programadas, puesto que, el riesgo de contraer una infección era más que evidente y responsabilizan a las autoridades deportivas por haber convocado a un evento sin previamente haber supervisado las condiciones sanitarias de las instalaciones.

Al abandonar la instalación, escucharon por los parlantes que uno de los jóvenes, en acto de burla-protesta, anunciaba que la ganadora de la prueba de 100 metros Estilo Pecho fue Telmatobius culeus, la rana gigante del Titicaca, con nuevo récord para la prueba.

Todos los presentes acompañaron ese gesto con una mueca en la cara, producto de la arrechera que tenían ante la convocatoria al contaminado evento.

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Fernando Mires

Para ser realistas hay que partir de una premisa. Lo peor puede suceder porque lo peor ya ha sucedido en otras ocasiones. Nadie imaginó por ejemplo, que de una escaramuza regional entre Serbia y la unidad austro-hungara iba a tener lugar la primera guerra mundial con una secuela de millones y millones de muertos. Tampoco nadie imaginó que ese grotesco payaso que se hizo del gobierno alemán iba a cumplir las barbaridades escritas en Mein Kampf, incendiar a toda Europa, e intentar hacer desaparecer de la faz de la tierra a un pueblo bíblico. Lo peor ha sucedido y lo peor puede suceder, aunque después los historiadores no se atrevan a explicar por qué sucedió. Lo peor puede suceder y ha sucedido cuando del poder humano se apodera la radicalidad del mal en toda su inconcebible dimensión.

La radicalidad del mal fue un concepto elaborado y afinado por Kant en diversos textos. Según el filósofo, en el humano existen predisposiciones hacia el bien, condicionadas por esa sociabilidad política natural que descubrió Aristóteles en nuestra especie. De allí viene la noción moral, después la religión, después la razón, después la ley civil, después la Constitución. En ese orden. Hasta la llegada de la fase constitucional, el ser humano no está constituido como ente político.

Continuamente aclaraba Kant (Metafísica de las Costumbres) que el mal no viene del desconocimiento a la ley sino de su conocimiento, en el mismo sentido como Jesús no consideraba pecadores a quienes no conocían el pecado (“perdónalos Señor, no sabe lo que hacen”) La radicalidad del mal proviene de la negación de la ley, la que para ser negada debe ser conocida. El mal es transgresión a la ley: a la ley moral, a la ley religiosa y a la ley política. El mal radical va más allá: es la destrucción intencional de la ley. De acuerdo al dictamen kantiano, Vladimir Putin sería uno de los exponentes máximos de la radicalidad del mal. Solo comparable con Hitler.

No se trata de construir analogías. Pero hay un punto en el que la comparación Hitler-Putin es innegable. Para ambos, el derecho, ya sea nacional o internacional, está subordinado a una instancia, si se quiere, a una ratio superior. Esa no es otra que la ratio del pueblo mítico, en el caso de Hitler el germano, y en el caso de Putin el eslavo. La Germania de Hitler es un equivalente a la Eurasia de Putin, concepto tomado por Putin de los fanáticos eslavistas Ivan Illyn y Aleksandr Dugin. Bajo el influjo de ambos escribió Putin un artículo (2021) en donde postula la imposibilidad de Ucrania para ser nación debido a su pertenencia “natural” a la Gran Rusia.

A Putin no importaba, por supuesto, que Ucrania hubiera sido reconocida como nación independiente y soberana por el gobierno de Yelsin, por su propio gobierno, por la UE y no por último, por la ONU. De acuerdo con José Ignacio Torreblanca: “Con la invasión de Ucrania y el vigente intento de anexión o sumisión, Rusia no sólo ha incumplido todos los compromisos de respeto de la integridad territorial de sus vecinos asumidos en el marco internacional (en concreto el artículo 2.4 de la Carta de Naciones Unidas) y europeo (Acta de Helsinki de 1975) sino los específicamente contraídos por Moscú con Ucrania respecto a la salvaguarda de su integridad territorial: el Tratado de Minsk que formaliza la disolución de la URSS en diciembre de 1991; el Memorándum de Budapest de 1994 por el que Ucrania entregó sus armas nucleares a Rusia a cambio, otra vez, de una garantía de seguridad; y el Tratado de Amistad entre Rusia y Ucrania de 1997, donde ambas partes reiteraron dicho compromiso”. En breve, con toda la legislación vigente a escala internacional.

El hecho de que la concepción geopolítica del gobierno ruso no se encuentre ajustada al derecho internacional sino a una concepción mitológica de la historia, dificulta enormemente la posibilidad para que las naciones occidentales puedan establecer con el régimen ruso una comunicación diplomática. Para Putin, las leyes, los reglamentos o los acuerdos son bagatelas comparadas con los principios supralegales en los que él cree con fervor religioso. Peor todavía si pensamos en que los principios en los cuales cree Putin, al ser míticos, no son transables y, al no serlos, tampoco son politizables.

Lo mismo que con Putin sucedía con Hitler. El caudillo nazi no se dejaba regir por ninguna ley o acuerdo. Para él todos los tratados podían ser desconocidos si una razón superior -de la cual el creía ser su voz depositaria- lo ameritaba. Así se explica por qué la ruptura del pacto de no agresión entre Alemania y Rusia fue considerada por Stalin como una traición mientras que para Hitler era una simple estratagema al servicio del mito germánico. En ese punto Putin se encuentra más cerca de Hitler que de Stalin. Como Hitler con relación a Alemania, Putin cree en el destino manifiesto de la gran nación rusa.

Podría pensarse que lo que más diferencia a Hitler de Putin es el furioso antisemitismo profesado por el primero. Probablemente Putin no es antisemita, pero sí es algo muy parecido: es anti-occidental. Y eso lo acerca demasiado al antisemitismo hitleriano. Para Hitler, no hay que olvidarlo, los judíos no eran tanto miembros de una religión sino el pueblo que más y mejor había llegado a representar a los “decadentes” valores occidentales, sobre todo en los campos de las artes, de las ciencias, de las letras, del comercio y de la economía. Los judíos eran la representación simbólica y real del anti-occidentalismo de Hitler. En cambio, para Putin, su anti-occidentalismo es directo y puro y no necesita representación. Occidente es lo que hay que destruir y los que siguen a Occidente también. Con toda seguridad, Zelenski y los suyos son para Putin traidores occidentalistas de la Madre Rusia y por lo mismo han de ser ser liquidados. Lo mimo el pueblo ucraniano que, por no recibir a sus “libertadores” rusos con los brazos abiertos, deberá ser castigado, sometido a un escarmiento infernal. La guerra a Ucrania es la expiación de sus habitantes.

Estas son razones que llevan a pensar qué durante y después del episodio de Ucrania, Occidente debe estar preparado para vivir lo peor. Putin ha descubierto la fórmula para paralizar a sus enemigos. Nos referimos a la amenaza nuclear. Esa es la particularidad de la actual guerra en Ucrania. Putin ha arrasado con todos los acuerdos y tratados relativos a la reglamentación de las armas nucleares y amenaza con convertirse en el violador del que, después de Hiroschima y Nagasaki fuera denominado, “pacto nuclear”, respetado durante todo el periodo de la Guerra Fría por los dos bloques en contienda. Eso, más que la magnitud de la masacre cometida en Ucrania, es lo absolutamente inédito en la guerra pre-mundial desatada por Putin. Eso es también lo que no logra entender una corriente relativista que ha calado hondo entre algunos sectores políticos occidentales para quienes los crímenes de Putin están justificados a priori por las invasiones armadas cometidas por EE UU en diversos puntos del globo (otros agregan las de Israel y de Turquía). Lo que no divisan esos sectores –por lo general militantes o clientes de alguna izquierda- es que en esos conflictos militares del pasado ninguna nación amenazó con poner en juego el destino de toda la humanidad mediante una operación nuclear. Ahí, justo en ese punto, yace el hueso de la maldad radical de Putin. El poseso dictador ha amenazado con que, si las naciones occidentales prestan ayuda directa a Ucrania, pulsará botones nucleares. Solo con esa declaración Putin ha roto el tabú que hacía posible la convivencia mundial, aún entre naciones enemigas, después de la segunda guerra mundial. Definitivamente, ha traspasado todos los límites. O lo dejan hacer en Ucrania lo que él quiera, o se acaba la, o una parte de, la humanidad.

Una amenaza hábil, dirán entre sí los putinistas (antioccidentalistas) admirando a su ídolo, aunque seguramente en el fondo piensen que Putin no va a cumplir con lo que dice. Putin se hace el loco, afirman algunos, no con menos admiración. No obstante, nadie está muy seguro. Pues si continuamos comparando al jerarca ruso con su par, Hitler, podríamos llegar a formular una terrible pregunta. ¿Creen ustedes de verdad que, si hubiese tenido acceso a la energía atómica, al saberse derrotado en su bunker, Hitler habría vacilado en apretar el botón del mundicidio? Entre una Alemania derrotada, humillada y ofendida, o entre pasar a la historia como pasó a ser, un monstruo ¿por qué no elegir a la nada? Recordemos que Hitler asesinó a su esposa Eva Braum antes de suicidarse. Recordemos que Joseph Goebbels asesinó a sus seis hijos mientras su mujer, Magda, decía "En la Alemania que viene no hay lugar para mis hijos".

No creo que Putin sea muy distinto a Hitler. Los dos grandes asesinos tienen algo en común: sus decisiones no están controladas por nada ni por nadie. Putin, como Hitler ayer, se ha autonomizado de toda directriz colectiva. Encerrado en sus mansiones digitalizadas, no tiene necesidad de dar cuenta a nadie. Pudiera ser incluso que Putin no va a apretar el botón nuclear como creen muchos. Pero el solo hecho de depender todos de la buena o mala voluntad de un tirano, es espeluznante. Tampoco nadie puede decir que el holocausto nuclear sea una absoluta imposibilidad. Irse de esta vida llevándose consigo, si no al mundo, a la perversa y decadente Europa, es, guste o no, algo perfectamente imaginable. Estamos siendo chantajeados por un maleante internacional. Esa es la irrefutable verdad de la guerra a Ucrania.

Para los cómodos putinistas de Occidente es muy fácil culpabilizar a las naciones democráticas y a la que en su repertorio ideológico es la “causa” de todos los males de este mundo, la OTAN. Han llegado al descaro de afirmar que la UE y los EE UU arrojan a Ucrania a la hoguera para después dejarla abandonada, haciendo aparecer así a Zelenski y a todos los que luchan por la independencia de su país, como simples títeres de los EE UU y de la UE. En otras palabras, han asumido el discurso de Putin como propio. Sospechosamente son los mismos miserables que se oponen al envío de armas a Ucrania y a las sanciones al gobierno de Rusia. Es por eso que la lucha en contra del putinismo no solo debe tener lugar en contra del gobierno de Rusia, sino al interior de cada nación. Basta ver las redes y comprobar como Putin cuenta con fans, con partidos organizados, incluso con gobiernos, sean de ultraderecha en Europa o de ultraizquierda en América Latina. Putin, lo hemos dicho otras veces, es el líder de la contrarevolución antidemocrática de nuestro tiempo.

Es cierto que Putin encontró en Ucrania una resistencia que no esperaba. Es cierto que los gobiernos de Europa han sabido unirse entre sí a pesar de no contar con instituciones que representen esa unión (la UE es una institución financiera y burocrática y no fue creada para enfrentar una guerra) Es cierto que el clamor en contra de la agresión a Putin es planetario, expresado en 141 votos contados en la ONU. Es cierto que China de aliada de Putin ha pasado a posicionarse de un modo algo neutral. Todo eso es cierto. No obstante nadie puede ni debe sacar cuentas alegres. Ni tampoco dejarse llevar por raptos de entusiasmo y repetir con Yuval Harari que “Rusia puede ganar muchas batallas y perder la guerra”. No: en la guerra no hay victorias morales. En la guerra solo hay victorias y derrotas militares.

No estamos seguros si ya hemos entrado a través de las puertas que llevan a la tercera guerra mundial. Lo único que sabemos es que en la ruleta rusa de Putin no solo está en juego el destino de la admirable y valiente Ucrania. Hay mucho más puesto en la ruleta de esa guerra. Está en juego, entre otras cosas, el derecho internacional y la jurisdicción destinada a proteger la autodeterminación de las naciones. Están en juego todos los acuerdos de posguerra, entre ellos los de la protección a la población civil. Están en juego todos los reglamentos contraídos por las potencias atómicas, incluyendo a la misma Rusia. Están en juego Polonia, los países bálticos, Finlandia e incluso Suecia. Está en juego el orden de seguridad mundial. Y no por último, y dicho sin ningún dramatismo, pero con todas sus letras, está en juego el destino de la humanidad.

13 de marzo 2022

Polis

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Alfredo Maldonado Dubuc

“No importa lo lento que camines

mientras que no pares”

Confucio

Muchos se preguntan por qué la Casa Blanca no informó, e incluso consultó, previamente a Juan Guaidó sobre su proyectada reunión con el Presidente Nicolás Maduro y su equipo. El primer rumor fue que no le avisaron –al menos el Embajador de Guaidó en Estados Unidos, Carlos Vecchio, ha afirmado que no fue informado-, el segundo y aparentemente el verdadero, es que lo hicieron a última hora, ya los estadounidenses en Caracas incluyendo al Embajador de Estados Unidos en Venezuela, James Story, quien presuntamente debió desplazarse de Bogotá, que es donde tiene su sede actualmente.

La otra cuestión es cuál fue el objetivo del viaje y la reunión, qué buscaba la Casa Blanca, qué discutieron y negociaron. Es asunto que todavía no está del todo claro.

Pero dos asuntos sí quedaron claros.

Uno, que se exigió y acordó la reanudación de las negociaciones en México, que ya fueron formalmente anunciadas por Nicolás Maduro, argumentando que como su régimen está planteando negociaciones entre Rusia y Ucrania, “debemos dar el ejemplo”. O sea, no es que haya dado su brazo a torcer, sino que hay nueves circunstancias, y ante lo nuevo se adapta, responde.

No dejó de recordar Maduro que esas negociaciones habían sido suspendidas por asuntos importantes que surgieron, haciendo sentir que el régimen se vio en la necesidad de retirarse, o sea, la suspensión fue culpa de la oposición. No lo dijo claramente pero lo dio a entender. Aquello de Álex Saab que después resultó en que el colombiano, además de sus delitos, había sido confidente de los estadounidenses, ridículo del régimen.

Es de presumir que en esta nueva oportunidad están por fijar fecha y condiciones, aunque advirtiendo que ni los estadounidenses ni el Presidente Maduro mencionaron a Álex Saab para nada, es de suponer que es clavo pasado y que, si Maduro o alguien de su grupo plantearon algo al respecto, les precisaron claramente que se trata de un asunto en manos de la justicia que en Estados Unidos no depende del Poder Ejecutivo.

El otro asunto es que los estadounidenses exigieron, y consiguieron, liberaciones de compatriotas presos. Qué se dio a cambio no se sabe pero no sería mucho, sólo uno de Citgo y un presunto turista sorprendido con un dron fueron dejados casi de inmediato en libertad. Los demás siguen presos, incluyendo presuntos militares norteamericanos relacionados con el fracasado intento insurreccional contra Maduro, la Operación Gedeón. Se dice.

Otras condiciones y temática deberían ser previstas antes de viajar a México, asunto de Jorge Rodríguez y Nicolás Maduro, y de Juan Guaidó y el gentío que consulta, y Gerardo Blyde.

De Miraflores salieron a la carrera para reunirse con Gerardo Blyde, entendemos que Juan Guaidó no estuvo presente. O sea, fue una reunión para que la oposición se preparara para la reanudación de las negociaciones en México, quizás el qué y el cuándo.

Pero esos resultados públicos parecen escasos para el secretismo de una comisión que incluía a un asesor personal del Presidente Biden. De todas maneras al comienzo de esta semana la portavoz de la Casa Blanca afirmó que por ahora, de petróleo nada. No aclaró si por decisión de Washington o por la incapacidad actual de PDVSA.

La cuestión del petróleo

Usted, y nosotros, y cualquiera no fanático chavista a quien se le pregunte, sabe que PDVSA está en el piso y que con mucha dificultad, y con ayuda de Irán, produce mas o menos para mandar lo correspondiente a China en pago en cómodas cuotas de la deuda con ese país y algo más para las arcas castromaduristas, un poquito a la Cuba de sus amores para pagar asesorías, orientaciones y supervisores, y el resto para los venezolanos. Y no es mucho.

Es difícil creer que la Casa Blanca no supiese exactamente cuál es la condición de PDVSA, cuántos barriles produce actualmente, cuántos tiene comprometidos, cuáles y cuántos compontes recibe de Irán y cómo los paga; deben saber que la cuota de 600.000 barriles que compra Estados Unidos a Rusia no podrá ser cubierta ni de lejos por PDVSA, y que aparte de los muchos miles de millones de dólares que Venezuela le debe a los chinos, los rusos, petroleras y otros acreedores, alguien –no Venezuela ni PDVSA, que no los tienen- tendrá que invertir otro montón de millones de dólares para que Venezuela –sea con Maduro, sea con Guaidó- y dentro de varios años, pueda regresar a su condición de país petrolero de importancia –eso sin contar, no sabemos si es relevante- con que el petróleo ruso actual, al cual renunciaría Estados Unidos, es menos pesado que el mejor de PDVSA.

Podríamos imaginar –soñar, podríamos decir- con un plazo de varios años, sanciones suspendidas y puertas abiertas a los gigantes petroleros del mundo en un ambiente cambiado con reforma legal, que como años atrás puedan sacar petróleo por su cuenta y hasta tener sus propias redes de distribución y venta en Venezuela, asociados con PDVSA en las grandes refinerías venezolanas y en un concepto aún mas agresivo de Petroquímica y de distribución de gas. Pero es sólo un sueño.

Durante ese lapso la cuota rusa puede ser cubierta con petróleo estadounidense, canadiense y colombiano, cobertura que podría ir siendo a su vez relevada por el lento crecimiento de la producción de las compañías en Venezuela, parte del sueño anterior.

Con el apoyo en armas, hombres expertos y asesoramiento de Estados Unidos, esa nueva Venezuela podría ir rescatando también el control del llamado “arco minero” junto con empresas expertas en hierro, acero y el amplio espectro de minerales preciosos e industriales de la zona incluyendo rescate de la ecología. Guerra a muerte y sin piedad a los narcoguerrilleros colombianos, silenciamiento de los cómplices civiles y militares venezolanos. También sueño, con mucho por discutir y ajustar, lapso de años como el petrolero.

Entretanto, tiempo para que la Casa Blanca pueda hacer los arreglos posibles en beneficio de Nicolás Maduro y asociados, muy complicado pero no imposible del todo en Estados Unidos, posiblemente Maduro y sus más cercanos estén dispuestos a sacrificar unos cuantos cómplices a cambio de limpiarse ellos mismos o lograr, en lo posible, un retiro discreto y con cuentas sólidas y expurgadas. Para vivir principescamente en Europa no se necesitan miles de millones de dólares, centenares bastan en Suiza, Luxemburgo, Liechtenstein. Mónaco, España, Portugal, Turquía, para sólo citar unos cuantos. O mini países comprensivos en el Caribe.

¡Es la geopolíica, camarada, sin geopolítica no hay economía que valga!

Nos atrevemos a presumir que, más que de economía y petróleo, se trata de geopolítica, de áreas de influencia. Por muchos años, y por acuerdos de potencia con potencia, o sea de Washington con Moscú, se ha tolerado el castrismo en el Caribe a 90 millas de la Florida. Con el Kremlin de garante de que La Habana no va a echar una vaina en territorio estadounidense. Desde el pacto de misiles devueltos a la Unión Soviética a cambio de misiles desmantelados en Turquía, las potencias se pusieron de acuerdo, Fidel Castro se tuvo que tragar la humillación de que nadie pidió su opinión. Se dedicó a intervenir en lugares tan dispares como África central y norte de Suramérica por su cuenta y riesgo pero sin tocarles los collons a Estados Unidos.

En África los cubanos pelearon bien contra los negritos locales pero fueron derrotados por los racistas surafricanos y en Venezuela financiaron a estudiantes universitarios que soñaron con ser guerrilleros heroicos que fueron ametrallados, bombardeados, muertos y presos por el ejército defensor de la democracia y entrenado por Estados Unidos, dejó abandonado a Guevara en Bolivia, y terminó siendo un chulo que vivió del dinero de Moscú hasta que el desplome del imperio soviético lo dejó sin dinero hasta que milagrosamente apareció el ingenuo Chávez al cual abrazó y sedujo, pero esta vez, más experimentado, en vez de sentarse a esperar el dinero venezolano, inventó contratos de asesoría que Chávez creyó necesitar y que Maduro, aparatchik tropical sigue pagando; esta vez los cubanos no invadieron, fueron contratados por el chavismo, el mismo de los babalaos y Sai Baba.

La migración venezolana, y quienes desconfiaban de las promesas incumplidas de Chávez primero, de Maduro después, se entusiasmaron con el parlanchín estadounidense que más habló y menos hizo en profundidad para acabar con el chavismo, Donald Trump, que creyó resolver el cáncer castromadurista inventando un gobierno paralelo con entusiasmo pero sin poder. Y entonces llegó Joe Biden que, como Putin a Zerensky, Trump despreció.

Biden le ganó la batalla política porque no es un emprendedor, es un político que venía de años de aprendizaje en el Partido Demócrata y ocho años de entrenamiento internacional como Vicepresidente de Barack Obama. Biden cree en zonas de influencia y con ese concepto de estrategia deja a China lejana y vigila a Putin. Con ese entrenamiento quiere sacar a Putin de Latinoamérica y termina seleccionando a una Venezuela aislada en la cual todo el mundo se fija.

Si Biden y su equipo logran poner a Venezuela bajo el manto estadounidense, Petro poco podrá hacer en Colombia –si finalmente gana, que ya es otra cosa-, nada está pasando en Ecuador, Castillo no sabe qué hacer en Perú pero una revolución no la está haciendo, Boric tiene un mundo de problemas que resolver en un Chile cargado de frustraciones y se enredará en soluciones legislativas para un país acosado por una situación económica complicada, entre una población decepcionada y terremotos. Los argentinos están sumergidos entre creer que son una gran potencia y una lideresa enredada entre problemas judiciales y un Presidente poco original, Paraguay y Uruguay son pequeños y concentrados en sí mismos, Brasil tendrá que decidir entre las torpezas y limitaciones del militar retirado Bolsonaro y un Lula Da Silva que posiblemente reconquiste el poder pero sin un Foro de Sao Paulo que lo fortalezca en la izquierda, Centroamérica tiene poco que decir y la tiranía de Daniel Ortega se está asfixiando entre abusos descarados, México vive en el sopor mañanero de un López Obrador que no ha podido con el poder de la droga y menos puede hacer frente al peso del vecino mayor.

Pensamos que para Joe Biden la invasión de Putin a Ucrania, en la cual el exKGB se ha empastelado, ha sido bendición divina. Putin decidió sin darse cuenta de lo que decidía convertirse en el villano del mundo con una guerra que en vez de ser un paseo victorioso ha resultado ser una engorrosa y costosísima guerra que ganará perdiéndolo todo, y hasta la cabeza y el puesto puede perder tras lograr lo que no quería, una OTAN más poderosa y en crecimiento, una OTAN armándose como nunca encabezada por una Alemania decidida a ser de nuevo potencia militar.

Venezuela no es cuestión de petróleo –por ahora- para Joe Biden, es asunto de geopolítica. Necesita, quiere, a una Venezuela integrada a Estados Unidos. Biden esgrime las sanciones para hacer imaginar a Nicolás Maduro una llegada triunfal a un 2024 electoral con un país aliviado en sus problemas. Si se retirará apaciblemente, o competirá con Juan Guaidó u otro por la Presidencia 2024-2030, es asunto por verse. Pero será en una Venezuela hablando inglés y con más petróleo. Y ya se verá qué se hace con un Díaz-Canel sin respaldo popular y sin dinero.

16 de marzo 2022

Crónicas burguesas

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Humberto García Larralde

La brutal invasión de Putin a Ucrania ha alterado drásticamente el orden geopolítico internacional. Paradójicamente, cohesionó fuertemente a la Unión Europea en su contra –anticipaba que su respuesta fuera palabrera, poco contundente--, con sanciones drásticas y suministros de equipos a Ucrania; activó el firme compromiso estadounidense con la defensa de las libertades del mundo occidental, contribuyendo a hacer de la OTAN una amenaza aún más poderosa a sus pretensiones; y, sobre todo, desató una feroz resistencia del pueblo y de las fuerzas militares ucranianas, que le han infligido un costo muy elevado a su aventura.

Independientemente de cómo termine esta horrible tragedia, empieza a hacerse cada vez más evidente que Putin saldrá muy golpeado. Incluso imponiéndose militarmente, dada la enorme superioridad numérica de sus fuerzas, lo hará a un terrible costo en destrucción de equipos y bajas rusas, amén de un resultado político devastador en lo personal. Las sanciones impuestas por la UE y EE.UU. a Rusia hacen prever, asimismo, que su economía saldrá sumamente debilitada de esta aventura imperial. Su abrumadora condena en la Asamblea Plenaria de las Naciones, con más de 140 votos a favor y sólo cinco en contra, muestra el grado de aislamiento en que se encuentra. Incluso regímenes autocráticos identificados con sus métodos despóticos le han dado la espalda. Y todo hace pensar que, mientras más dure el conflicto, mayor pesarán estas pérdidas a Putin.

Por supuesto que del lado ucraniano las pérdidas han sido terribles, más aún con la criminal decisión del comando ruso de bombardear a mansalva objetivos civiles: residencias, hospitales, escuelas e infraestructura de servicios. Pero los ucranianos están luchando por su país, por su libertad, lo que explica su resistencia heroica, suscitando amplio apoyo europeo y estadounidense. Aun logrando Putin tomar a Kyiv y parapetear ahí un gobierno títere, no podrá doblegar este espíritu de lucha. Los valores liberales que arruinan su obsesión de prevalecer por imposición dictatorial se han fortalecido.

Mala hora, entonces, para quienes accedieron a convertirse, irresponsablemente, en peones del imperialismo ruso para salvaguardar sus tropelías. Maduro y los suyos se encuentran perjudicados, además, por la sanción a bancos rusos, que le han bloqueado el acceso a sus reales, y por la decisión de trasladar de Lisboa a Moscú la oficina internacional de PdVSA, ahora inhabilitada de ejercer sus operaciones. Y, luego de aumentar al máximo la dependencia de armas y equipos militares rusos, se ve sin el respaldo en las asesorías y los servicios de adiestramiento y apoyo correspondientes, por estar comprometidos con la agresión bélica contra Ucrania. Esta súbita vulnerabilidad del régimen de Maduro, ahora desprovisto de la red de seguridad que –pensaba—le ofrecía su alineación con Putin, le plantea serios desafíos. En este contexto es que debe examinarse la reciente visita a Venezuela de altos funcionarios del gobierno estadounidense con responsabilidad sobre América Latina.

Se ha especulado mucho sobre los propósitos de esta visita, lamentándose algunos de que EE.UU. parecía estar dispuesto a canjear el levantamiento de las sanciones al régimen de Maduro, a cambio de una mayor exportación de petróleo venezolano para atemperar, así, el alza de precios del crudo en los mercados internacionales que resultaría de la reducción en el consumo de petróleo y gas rusos. Prefiero pensar que, en las actuales circunstancias de enfrentamiento global a una autocracia tan peligrosa como la de Putin, la primera potencia mundial estaría interesada, más bien, en examinar y sopesar todas las opciones a su alcance. En lo que respecta a Venezuela, a pesar de los alardes de que el país posee las mayores reservas petroleras del mundo, la destrucción de la industria –en enero produjo, según cifras oficiales, unos 750 mil barriles diarios, la cuarta parte de lo que producía el país en 2012-- hace difícil prever que pueda aumentar su oferta en más de 200.000 barriles diarios en un corto plazo --en el mejor de los casos--, aun levantándose las sanciones sobre el petróleo venezolano y restableciéndose garantías plenas sobre las inversiones requeridas para este incremento. La producción rusa que se quiere restringir está en el orden de los 11 millones de barriles diarios, de los cuales exporta 7 millones. De manera que una supuesta liberación de las exportaciones petroleras venezolanas aportaría muy poco a este faltante, aunque ayudaría a la empresa estadounidense Chevron, con la cual el régimen arrastra deudas. Por supuesto, junto a una mayor producción de México, Colombia, Brasil, Canadá y del propio EE.UU., sin mencionar que este país llegue a un acuerdo también con Irán, siempre suma.

En tales circunstancias, parecería más sensato pensar que, desde el punto de vista geoestratégico del gobierno de EE.UU., su relación con Venezuela podría buscar “matar varios pájaros de un solo tiro”. En primer lugar, apalancarse en las dificultades rusas para apartar definitivamente a Venezuela de su campo de influencia; segundo, destrancar su postura política respecto a Venezuela, propiciando el restablecimiento de un diálogo productivo entre el régimen de Maduro y la oposición; y tercero, poder aprovechar, en el tiempo, el potencial de producción del petróleo venezolano como suplidor confiable, lo cual supondría su consistencia con los otros dos objetivos. Esto último implicaría explorar formas de levantar las sanciones contra PdVSA, sujeto a compromisos del régimen, verificables, de liberar los presos políticos, frenar la represión y la tortura, y crear condiciones para unas elecciones confiables y creíbles en 2024. La posibilidad de que esto pueda lograrse depende, en gran medida, de la oposición.

La brutal agresión de Putin a Ucrania nos ha movido el tablero. Las prioridades y circunstancias actuales se han reacomodado sustancialmente y la lucha por la democracia en Venezuela tiene que adaptarse a ello. Mantener las posturas de antes no sirve. EE.UU. busca asumir una estrategia geopolítica y económica para contener a Putin, en la cual nuestras prioridades pasan, lógicamente, a un segundo plano. Compatibilizar nuestra lucha por la libertad con esa estrategia global conlleva, por tanto, que la oposición logre consensuar una estrategia propia que sirva de asidero para que EE.UU. pudiese incluir, como parte de aquella, la contribución con estos fines. El hecho de compartir valores propios de la democracia liberal, consustanciados en torno a la defensa de los derechos humanos, hace factible lograr esa compatibilización entre ambas estrategias.

Elementos de una estrategia que unificarían a las fuerzas democráticas en Venezuela incluirían:

1) La superación de los desentendimientos e intereses secundarios entre las fuerzas opuestas a Maduro, en aras de asumir, unidos, los desafíos de lograr las mejores condiciones para aprovechar las elecciones pautadas para 2024;

2) Insistir en la reanudación de las conversaciones en México, refrescando la representación democrática para tomar en cuenta los resultados de las elecciones regionales;

3) Proyectar, de la manera más clara y efectiva posible, las bondades de una estrategia de reactivación económica sustentada en la restitución de las garantías, la observación del Estado de Derecho y el acceso a un generoso financiamiento multilateral, muy superior a Ia débil palpitación de la que alarde el oficialismo;

4) Identificar y aprovechar los reacomodos que deben producirse a lo interno del chavomadurismo que resulten de la debacle rusa, así como del conflicto entre algunas mafias buscando lavar sus fortunas en negocios legítimos y quienes persisten en prácticas depredadoras, para introducir una cuña entre ellas para abrir posibilidades de un regreso progresivo al ordenamiento constitucional;

5) Aprovechar la vulnerabilidad resultante de la probable interrupción en la provisión de equipos militares y servicios rusos para insistir, en la consideración de los militares, posturas menos entreguistas, más alineadas con el bienestar de los venezolanos, conforme al artículo 328 de la constitución;

6) Finalmente, deben empezar a introducirse la discusión de criterios de justicia transicional a considerar que ayuden a facilitar el desalojo de quienes tanto daño le han hecho a los venezolanos.

Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela.

humgarl@gmail.com

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