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Opinión

Marcos Hernández López

Venezuela es uno de los países de América Latina que más pobreza y división clasista ha acumulado en los últimos años y que en la actualidad sufre la mayor polarización sociopolítica desde la desintegración de los movimientos guerrilleros de los turbulentos años sesenta.

Para muchos analistas en materia política Chávez es el producto, no la causa. El comandante emergió como el gran redentor para los pobres, lo tuvo todo con el poder político en sus manos. No obstante, en el año 2007, el presidente Hugo Chávez hizo un intento mayor para profundizar, consolidar y radicalizar su “revolución bolivariana”.

Al mismo tiempo, surgieron nuevos actores políticos de oposición democrática (los estudiantes como movimiento sociopolítico) y produjeron la primera derrota electoral a Chávez en nueve años. En el campo económico, el gobierno se empeñó a continuar políticas económicas intervencionistas que, paradójicamente, han producido escasez e inflación en un contexto de continuo boom petrolero. Esto es parte de una historia ya conocida.

En este país, la polarización política parte el panorama en dos bandos bien definidos el chavismo-madurismo, cuyo partido es el PSUV, y la oposición, unida fundamentalmente en la MUD.

El partido de Gobierno (PSUV) en este momento está fortalecido por el resultado electoral 21N, salió victorioso y cuenta con la mayoría de alcaldías y gobernaciones del país.

El PSUV se ha mantenido articulado en torno al chavismo, con ciertas críticas a lo interno, pero siempre asumiendo la defensa del Gobierno de Maduro. Han intentado continuar tejiendo propuestas de transformación en el marco de la crisis política y económica.

Son estratégicos y tácticos los consejos comunales, comunas y diversas organizaciones originadas en el chavismo-madurismo están actualmente en un momento de reflujo, y aunque algunas mantienen “fuertes”, otras están reconfiguradas en espacios de organización para disminuir la crisis económica-política.

Sin embargo, la mayoría de la gente en la calle a diario se pregunta de manera angustiada, con todas las crisis que vivimos: ¿Qué va a pasar en este país?… Dios, ¿cuándo llegará el cambio?… Mi Dios, ¿hasta cuándo Maduro?…

Lamentablemente, las respuestas no se pueden dar sin hacer primero un análisis profundo de los errores políticos y socio-históricos del pasado y presente. Si algo tiene significación real en Venezuela, son los dilemas en sus diferentes dimensiones. El desconcierto y la duda germinan a cada momento y con mucha fuerza entre los millones de ciudadanos.

No obstante, ser un dilemático no necesariamente es gravitar en la desesperanza, tarde o temprano llegara el cambio, lo malo no puede durar para siempre. Palabras bíblicas: “Es justo y necesario” recurrir a la historia, según en la era posguerra fría hubo una reunión secreta entre el líder sindical y ex presidente de la Polonia poscomunista, Lech Walesa, y el papa Juan Pablo II. El sumo pontífice le dijo al premio Nobel de la Paz: “Hijo, te prohíbo tres cosas: que mates, que odies y que pierdas la esperanza», todo el mundo ya sabe el resto de la historia.

Es evidente que existe un divorcio en una sociedad que, hace no mucho, llenaba las calles, se movía por la política y hablaba de ella casi a diario. Una separación que ha transcurrido por la vía la decepción y el desencanto hasta llevar a casi 30 millones al desinterés casi absoluto a la política.

Son 23 años con una polarización extrema, en los que el chavista no migraba de preferencia tan fácilmente, ahora la mayoría piensa seriamente en un cambio de gobierno ya.

Que Maduro haya frenado por momento algunas complicaciones de enfrentamientos sociales no implica que haya resuelto la crisis estructural económica y le dé esperanza de continuar para siempre en el poder central, así como la debilidad estratégica en el marco de la decadencia de su capital político-electoral, nudo crítico para aceptar nuevas elecciones competitivas. La oposición con posturas contradictorias, en sus acciones revela ausencias de estrategias para lograr los objetivos que logren el cambio.

En este momento histórico, Nicolás Maduro y Juan Guaidó según nuestros datos cuantitativos están prácticamente empatados en términos de aprobación popular, el mandatario con 16% y el opositor con 18%, lo que considera absolutamente insólito si miramos la crisis económica.

Nuestros estudios muestran no hay nadie que despunte dentro del tema del liderazgo, lo cual es, por un lado, terriblemente negativo y, por otro lado, un campo de cultivo fértil para surgimiento de los nuevos actores políticos.

IG: @hercon44

hernándezhercon@gmail.com

Twitter: @Hercon44 / @Herconsultores

11 de marzo 2022

Hispanopost

https://hispanopost.com/nuevos-actores-politicos/

 3 min


George Soros

La invasión rusa de Ucrania lanzada el 24 de febrero dio inicio a una tercera guerra mundial que puede destruir la civilización. La invasión fue precedida por una larga reunión que mantuvieron el presidente ruso Vladímir Putin y su par chino Xi Jinping el 4 de febrero, día de inicio de las celebraciones por el año nuevo lunar chino y de las Olimpíadas de Invierno en Beijing. Al final de la reunión, ambos publicaron un documento de 5.000 palabras, cuidadosamente redactado, con el anuncio de una estrecha alianza entre los dos países. El documento es más contundente que cualquier tratado y seguramente demandó negociaciones detalladas previas.

Que Xi le haya dado a Putin una aparente carta blanca para la invasión y guerra contra Ucrania me tomó por sorpresa. Ha de estar muy seguro de que su confirmación como gobernante vitalicio de China dentro de unos meses es una mera formalidad. Tras concentrar todo el poder en sus manos, Xi ha preparado con esmero el escenario para elevarse al nivel de Mao Zedong y Deng Xiaoping.

Obtenido el respaldo de Xi, Putin se lanzó a hacer realidad su sueño con una brutalidad increíble. Ya cercano a la edad de 70 años, piensa que si va a dejar una marca en la historia de Rusia, es ahora o nunca. Pero su idea del lugar de Rusia en el mundo está distorsionada. Parece creer que el pueblo ruso necesita un zar a quien seguir ciegamente. Esa idea es todo lo contrario de una sociedad democrática y distorsiona el «alma» rusa, que es emocional hasta el sentimentalismo.

En mi infancia tuve muchas ocasiones de hablar con soldados rusos que ocupaban Hungría en 1945. Aprendí que compartirán hasta el último trozo de pan con alguien que les caiga bien. Luego, a inicios de los ochenta, me embarqué en lo que denomino mi filantropía política.

Lo primero que hice fue crear una fundación en mi Hungría natal; luego tuve participación activa en la desintegración del imperio soviético, que ya estaba comenzada cuando Mijaíl Gorbachov ascendió al poder en 1985. Establecí una fundación en Rusia, y después en cada uno de los estados sucesores. En Ucrania lo hice incluso antes de que se convirtiera en un país independiente. También visité China en 1984, donde fui el primer extranjero al que se permitió crear una fundación (la cerré en 1989, justo antes de la masacre de la plaza Tiananmen).

No conozco a Putin en persona, pero he observado su ascenso con mucha atención, consciente de su carácter despiadado. No vaciló en reducir a escombros la capital de Chechenia (Grozny), así como ahora amenaza hacer lo mismo con la capital de Ucrania, Kiev.

Putin ya no es la persona astuta y prudente que fue como agente de la KGB. Ahora tiene una idea fija, y parece que perdió contacto con la realidad. Es evidente que juzgó mal la situación en Ucrania. Esperaba que los ucranianos rusoparlantes recibieran a los soldados rusos con los brazos abiertos, pero se comportaron igual que los que hablan ucraniano. La población ucraniana organizó una resistencia increíblemente valiente contra fuerzas muy superiores.

En julio de 2021 Putin publicó un largo ensayo en el que sostiene que en realidad, rusos y ucranianos son un solo pueblo, y que los ucranianos están bajo el engaño de agitadores neonazis. La primera parte del argumento no está desprovista de justificación histórica, ya que Kiev fue la sede original de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Pero en la segunda parte, el que se engaña es Putin. Y debería estar advertido: muchos ucranianos lucharon con coraje durante las protestas de la plaza de la Independencia en 2014.

Los hechos de 2014 enfurecieron a Putin. Pero cuando ordenó al ejército ruso atacar a sus hermanos ucranianos, el desempeño militar fue deficiente; y en esto tiene mucho que ver la corrupción en el otorgamiento de contratos de defensa. Sin embargo, en vez de culparse a sí mismo, todo indica que Putin se ha vuelto literalmente loco. Decidió castigar a Ucrania por hacerle frente, sin que nadie al parecer le esté poniendo límites. Lanzó al combate a todo el ejército ruso, pasando por alto todas las reglas de la guerra; en particular, con sus bombardeos indiscriminados contra la población civil, que alcanzaron numerosos hospitales y dañaron la red eléctrica de la que depende la central nuclear de Chernóbil (ahora ocupada por fuerzas rusas). En la asediada Mariupol, 400 000 personas han estado casi una semana sin agua ni alimentos.

Es muy posible que Rusia pierda la guerra. Estados Unidos y la Unión Europea están enviando armas defensivas a Ucrania, y hay tratativas para la compra de aviones de combate MIG de fabricación rusa, que los pilotos ucranianos conocen, y que pueden cambiar la situación por completo. Cualquiera sea el resultado, Putin obró maravillas en lo referido a fortalecer la determinación y unidad de la UE.

En tanto, parece que Xi se dio cuenta de que Putin está fuera de control. El 8 de marzo, un día después de que el ministro chino de asuntos exteriores Wang Yi insistiera en que la amistad entre China y Rusia sigue siendo «fuerte como una roca», Xi telefoneó al presidente francés Emmanuel Macron y al canciller alemán Olaf Scholz para transmitirles su apoyo a los esfuerzos de pacificación que llevan adelante y pedir «máxima contención» en la guerra, para evitar una crisis humanitaria.

Es dudoso que Putin vaya a satisfacer sus deseos. Sólo cabe esperar que ambos pierdan el poder antes de que puedan destruir la civilización.

Traducción: Esteban Flamini

11 de marzo 2022

Project Syndicate

https://www.project-syndicate.org/commentary/putin-ukraine-world-war-3-r...

 4 min


Thomas L. Friedman

Si esperabas que la inestabilidad que la guerra de Vladimir Putin contra Ucrania ha provocado en los mercados globales y en la geopolítica haya llegado a su punto culminante, esperas en vano. Todavía no hemos visto nada. Espera a que Putin comprenda bien que las únicas opciones que le quedan en Ucrania son cómo perder: rápido y poco y apenas humillado o tarde y mucho y bastante humillado.

Ni siquiera puedo imaginarme qué tipo de consecuencias financieras y políticas irradiará Rusia —un país que es el tercer mayor productor de petróleo del mundo y tiene unas 6000 cabezas nucleares— cuando pierda una guerra de elección que fue encabezada por un hombre que no puede permitirse admitir la derrota.

¿Por qué no? Porque seguramente Putin sabe que “la tradición nacional rusa no perdona los reveses militares”, como señaló Leon Aron, experto en Rusia del American Enterprise Institute, quien está escribiendo un libro sobre el camino de Putin hacia Ucrania.

“Prácticamente todas las derrotas importantes han dado lugar a un cambio radical”, añadió Aron, quien escribe en The Washington Post. “La guerra de Crimea (1853-1856) precipitó desde arriba la revolución liberal del zar Alejandro II. La guerra ruso-japonesa (1904-1905) provocó la primera Revolución rusa. La catástrofe de la Primera Guerra Mundial provocó la abdicación del zar Nicolás II y la Revolución bolchevique. Y la guerra de Afganistán se convirtió en un factor decisivo para las reformas del líder soviético Mijaíl Gorbachov”. Asimismo, la retirada de Cuba contribuyó de manera significativa a la destitución de Nikita Jrushchov dos años después.

En las próximas semanas será cada vez más evidente que nuestro mayor problema con Putin en Ucrania es que se negará a perder pronto y poco, y el único otro resultado es que perderá a lo grande y tarde. Pero como esta es su guerra únicamente y no puede admitir la derrota, podría seguir redoblando la apuesta en Ucrania hasta… hasta que contemple el uso de un arma nuclear.

¿Por qué digo que la derrota en Ucrania es la única opción de Putin y que solo nos falta ver el momento y el tamaño? Porque la invasión fácil y de bajo costo que imaginó y la fiesta de bienvenida de los ucranianos que imaginó eran fantasías totales, y todo se deriva de ello.

Putin subestimó por completo la voluntad de Ucrania de ser independiente y formar parte de Occidente. Subestimó por completo la voluntad de muchos ucranianos de luchar, aunque significara morir, por esos dos objetivos. Sobrestimó por completo sus propias fuerzas armadas. Subestimó por completo la capacidad del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, para motivar la creación de una coalición económica y militar mundial que permitiera a los ucranianos ponerse en pie de guerra y devastar a Rusia en su propio país: el esfuerzo más eficaz de Estados Unidos para crear una coalición desde que George H. W. Bush hizo pagar a Sadam Husein por su locura de tomar Kuwait. Y subestimó por completo la capacidad de las empresas y los particulares de todo el mundo para participar en las sanciones económicas contra Rusia y ampliarlas, mucho más allá de lo que los gobiernos sugirieron o autorizaron.

Cuando un líder se equivoca en tantas cosas, su mejor opción es perder pronto y poco. En el caso de Putin, eso significaría retirar inmediatamente sus fuerzas de Ucrania; decir una mentira para disimular su “operación militar especial”, como afirmar que protegió con éxito a los rusos que viven en Ucrania y prometer que ayudará a los hermanos rusos a reconstruirse. Pero no hay duda de que la ineludible humillación sería intolerable para este hombre obsesionado con restaurar la dignidad y la unidad de lo que considera la patria rusa.

Por cierto, tal y como se están desarrollando las cosas en Ucrania en este momento, no se puede descartar la posibilidad de que Putin pierda pronto y en grande. Yo no apostaría a ello, pero cada día que pasa mueren más y más soldados rusos en Ucrania, quién sabe qué pasa con el espíritu de lucha de los reclutas del ejército ruso a los que se les pide que luchen en una guerra urbana mortal contra compañeros eslavos por una causa que de hecho nunca se les explicó.

Dada la resistencia de los ucranianos en todas partes a la ocupación rusa, para que Putin tenga una “victoria” militar sobre el terreno su ejército tendrá que someter a todas las ciudades importantes de Ucrania. Eso incluye la capital, Kiev, después de semanas de guerra urbana y de enormes bajas civiles. En resumen, solo podrá hacerlo si Putin y sus generales perpetran crímenes de guerra no vistos en Europa desde Hitler. Esto convertirá a la Rusia de Putin en un paria internacional permanente.

Además, ¿cómo podría mantener Putin el control de otro país —Ucrania— que tiene más o menos un tercio de la población de Rusia y con muchos residentes hostiles a Moscú? Tal vez necesitaría mantener cada uno de los más de 150.000 soldados que tiene desplegados allí, si no es que más, para siempre.

Sencillamente no veo ningún camino para que Putin gane en Ucrania de manera sostenible porque sencillamente no es el país que él pensaba que era, un país que solo espera una rápida decapitación de sus dirigentes “nazis” para poder regresar con suavidad al seno de la Madre Rusia.

Así que, o bien se da por vencido ahora y muerde el polvo —y, con suerte, se libra de las sanciones suficientes para reactivar la economía rusa y mantenerse en el poder— o se enfrenta a una guerra eterna contra Ucrania y gran parte del mundo, que minará poco a poco la fuerza de Rusia y colapsará su infraestructura.

Como parece empeñado en esto último, estoy aterrado. Porque solo hay una cosa peor que una Rusia fuerte bajo el mando de Putin, y es una Rusia débil, humillada y desordenada que podría fracturarse o estar en una prolongada convulsión de liderazgo interno, con diferentes facciones luchando por el poder y con todas esas cabezas nucleares, ciberdelincuentes y pozos de petróleo y gas por ahí.

La Rusia de Putin no es demasiado grande para fracasar. Sin embargo, sí es demasiado grande para fracasar de una manera que no sacuda a todo el resto del mundo.

9 de marzo 2022

NY Times

https://www.nytimes.com/es/2022/03/09/espanol/opinion/rusia-ucrania-arma...

 5 min


Jesús Elorza G.

Desde el pasado 2 de marzo, la ciudad de Doha (Catar) está acogiendo la segunda prueba de la Copa del Mundo de gimnasia artística de este año. En ella los deportistas rusos tienen permitido participar (hasta el 7 de marzo, fecha en la que será prohibida), aunque no lo hacen bajo la bandera de su país. La final masculina de barras paralelas quedó marcada por el desafío del hombre que acabó tercero, el ruso Ivan Kuliak y en la que, curiosamente, se ha impuesto el ucraniano Illia Kovtun.

El gimnasta de 20 años disputó toda la competición con una 'Z' de esparadrapo en el pecho en lugar del logo de su federación. Ese símbolo es el mismo que llevan los tanques que están participando en la invasión a Ucrania, lo que deja claro que, pese al vacío y las sanciones que están imponiendo a los deportistas rusos, los hay que siguen a ciegas las órdenes de Vladimir Putin.

La comentada imagen de Kuliak con la 'Z' en el pecho se ha producido porque la Federación Internacional de Gimnasia prohibió a los deportistas rusos y bielorrusos competir bajo su bandera a partir del 7 de marzo, por lo que esta Copa del Mundo de Doha era la última para ellos.

La actitud de Kuliak no es sorprendente para los que le conocen, ni a él ni al entorno de la Federación Rusa de Gimnasia. El joven gimnasta, acaba de pasar el servicio militar (obligatorio en Rusia) hace apenas unos meses; de hecho, esta ha sido su primera competición senior. Durante mucho tiempo, se ha comentado en el mundo deportivo que, el absoluto adoctrinamiento político en el que viven los gimnastas rusos se debe en buena medida al presidente de la Federación, Andrey Leonidovich Kostin. Además de ejercer de máximo responsable de esta entidad, es el presidente del VTB Bank, uno de los afectados por las sanciones internacionales a la banca rusa. Ferviente creyente en las tesis de Putin y uno de sus hombres de confianza, no duda en presionar a los deportistas (bajo amenaza de expulsión) para que se posicionen políticamente en todas las competiciones.

El detalle de la “Z” en el pecho de Kuliak se puede entender como una muestra de apoyo a la invasión rusa de Ucrania. Esta “Z” se ha visto en multitud de ocasiones en los pasados días pintada en los carros de combate, artillería y vehículos rusos que llegaban a Ucrania. Solo faltó, y no es raro que ocurra en cualquier momento que, el gimnasta al igual que lo hicieron los atletas alemanes en los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín, levantase su brazo derecho y gritara el nuevo saludo nazi-fascista “Heil Putin”.

Este nuevo o viejo dictadorzuelo Vladimir Putin, con una larga y oscura trayectoria en la criminal agencia policial soviética “KGB”, no ha escatimado esfuerzos en su enfermiza aspiración de reconstruir al imperio soviético y no ha dejado de utilizar el deporte en sus imperiales propósitos. Con la finalidad de mantener una supremacía en el mundo de los deportes, ordenó la implementación de “una política de Estado para el dopaje de los atletas” y usar sus triunfos para mostrar al mundo el poder de su imperio.

Afortunadamente, las denuncias contra esas políticas se han mantenido en el tiempo y a pesar de las ambiguas posiciones de algunas organizaciones y dirigentes deportivos, han logrado superar los silencios cómplices y se ha visto como hoy en día, las sanciones contra el gobierno ruso han prosperado. Igualmente hay que destacar que, con la invasión a Ucrania, el mundo deportivo ha expresado una solidaridad activa con el pueblo ucraniano y contra la guerra.

En fin, el deporte como un solo ser, ha asumido, como valor fundamental, frente a las agresiones, la solidaridad activa con todos aquellos que sufren los rigores de las acciones invasoras y genocidas de regímenes tiránicos y dictatoriales. El deporte está al lado de Ucrania.

 3 min


Trino Márquez

La invasión a Ucrania cambió el cuadro internacional de forma radical modificando de manera sustantiva las relaciones de Occidente con la Rusia de Putin (y con su aliado incondicional: la Bielorrusia de Lukashensko).

Después de la implosión de la Unisón Soviética, las relaciones de Europa con Rusia, aunque complicadas, se mantuvieron en un marco basado en el reconocimiento mutuo de los límites de cada centro de poder. A pesar de que Putin era un jugador rudo, respetaba las reglas establecidas. Se mantenía dentro de la cancha. Con el asalto a su modesto vecino del sur, violó todas las normas de la convivencia pacífica y civilizada. Mostró sin rubor el proyecto imperial que lo inspira. A partir de ahora sus relaciones con Europa serán tensas. Si termina por someter a Ucrania, esos nexos serán de una fricción aún mayor. No le perdonarán haberse ensañado contra esa pequeña nación. Nadie querrá asociarse con ese tirano. En poco tiempo no existirá más esa dependencia energética desmedida que ata a Alemania y otros países con Rusia. Se diversificarán las fuentes de suministro energético. En ese programa de independencia, Europa contará con el respaldo de Estados Unidos.

A Nicolás Maduro antes le resultaba relativamente sencillo aparecer aliado con Putin. El multilateralismo que, junto a la China de Xi Jin-ping, planteaba el líder ruso, les abría a los gobiernos de países pequeños la posibilidad de participar en un teatro con múltiples actores demandando un nuevo orden mundial, menos centrado en Estados Unidos y sus aliados europeos. Este panorama se modificó con la aventura de Putin en Ucrania. Rusia está convirtiéndose en un paria. Las medidas de aislamiento y las sanciones en su contra arreciarán a medida que aumente la crueldad contra Ucrania y se eleve la heroica resistencia de ese pueblo y su líder, el presidente Volodímir Zelenski.

Las afinidades ideológicas de Maduro con Putin son muy tenues. Podría decirse que inexistentes, salvo porque ambos son esencialmente antidemocráticos. Putin es un conservador en el más estricto sentido de la expresión. Mantiene una firme coalición con los jerarcas de la Iglesia Ortodoxa rusa. Siembre ha sentido desprecio por el comunismo como sistema económico. En cambio, Maduro coquetea con el marxismo, aunque a partir de un tiempo para acá lo utiliza para sonreírles a los ingenuos comunistas de su partido. Los vínculos con la Iglesia Católica son distantes. Los nexos entre Putin y Maduro solo se tejen en el plano económico y militar. La compra de armas, la asistencia a los órganos de seguridad y la mediación para evadir las sanciones norteamericanas han sido la argamasa que ha pegado a esos dos regímenes ideológicamente tan dispares. Con la batería de sanciones mundiales en todos los planos contra Putin, el escenario cambió.

Este nuevo escenario quiere aprovecharlo la administración de Joe Biden para alejar a Maduro de Putin. Por esta razón envió a Venezuela la delegación que se reunió con Maduro y con la oposición el pasado fin de semana. En el encuentro se discutieron diferentes temas, entre ellos el levantamiento progresivo de las sanciones, el reinicio de las conversaciones en México y la liberación de varios presos políticos, incluidos los de origen norteamericano. Biden está evidenciándole a Maduro que el costo de mantenerse cerca del dictador ruso es mucho más alto que los beneficios que puede obtener de esa relación. Maduro debe de sentirse alagado de pasar a ser una ficha importante en el tablero donde están interviniendo las grandes potencias mundiales.

La jugada de Biden me parece oportuna y conveniente. Entre sus intereses se encuentra alejar a Maduro cuanto antes de la esfera de influencia de Rusia. Quitarle una pieza que podría ser importante en América Latina. Un país que cuenta con reservas petroleras y gasíferas significativas y que en el mediano plazo podría convertirse de nuevo en un agente fundamental en el mercado petrolero planetario. Biden está pensando en términos estratégicos. Hay que aislar a Putin donde sea posible.

Esta estrategia confronta varias limitaciones. Unas se encuentran en Estados Unidos. Varios de los líderes más agresivos del Partido Republicano han cuestionado con severidad el acercamiento de Biden con Maduro. Probablemente entienden la importancia de esa oportunidad, pero no quieren entregarle los laureles a Biden. Dentro de su propio Partido Demócrata también han aparecido algunas reservas. No le será fácil al mandatario norteamericano sortear esos obstáculos para sacarle el máximo provecho a los eventuales acuerdos que se alcancen.

Las otras dificultades se relacionan con la ambivalencia y volatilidad del gobierno de Maduro, que es capaz de contradecirse de un día para otro sin inmutarse. De las hipotéticas negociaciones entre el Gobierno y la oposición tendría que salir un acuerdo para realizar unas elecciones transparentes en 2024. En este punto ha insistido Juan Guaidó, quien se muestra de acuerdo con comenzar un nuevo ciclo de conversaciones. Este debería ser el aspecto crucial del acercamiento, pero es al que Maduro le tiene mayores temores. Queda suficiente tiempo para presionarlo. Si Putin sale derrotado de su incursión en Ucrania, el proyecto continuista de Maduro puede sufrir un duro revés.

Biden aspira a utilizar a Maduro para cortar los tentáculos de Putin en América Latina. Maduro, a su vez, necesita un respiro adicional. Veremos.

@trinomarquezc

11 de marzo de 2022

Analítica

https://www.analitica.com/opinion/venezuela-negociar-para-aislar-a-putin/

 4 min


Alfredo Maldonado Dubuc

No creemos, como afirman algunos funcionarios de la administración de Joe Biden, que la reunión de su Asesor para Latinoamérica y otros funcionarios haya sido sólo para lograr la libertad de dos estadounidenses presos, un vago compromiso alrededor del petróleo y la exigencia que Maduro ha complacido de regresar a las conversaciones en México. Más creemos en lo que dijo –o se le “chispoteó”- un anónimo funcionario, que esta reunión lleva tiempo en preparación.

Biden quizás no quiera continuar la política de alardes y confrontación de Donald Trump, después de todo fue Vicepresidente de confianza de ese permanente negociador que fue Barack Obama, y buena parte de sus altos funcionarios de confianza se formaron a lo largo de esos ocho años. Quizás Joe Biden y Anthony Blinken piensen que reconocer a Juan Guaidó como Presidente en vez de rodear y presionar a Nicolás Maduro, fue un error, Guaidó es Presidente de una ilusión sin ministros, recursos ni armas, y Maduro es un cuestionable mandatario con todo el poder en sus manos.

No sabemos, no estuvimos en la reunión del fin de semana, no somos de la confianza de Juan Guaidó ni de Nicolás Maduro, pero nos da la impresión de que algo se está cocinando. Y no es sólo asunto petrolero, tiene un fuerte olor a geopolítica, a reestructuración y solidificación de áreas de influencia con tres capitales, Washington, Moscú y Pekin, cada quien con sus intereses y realidades.

Para Washington puede ser complicado enfrentar ahora a una China poderosa y astuta que mientras va manejando problemas internos que le crecen y desgastan el poder del Comité Central poco a poco, mantiene una poderosa situación económica que la hace apetecible para demasiados gobiernos, incluyendo el de Estados Unidos. Al menos por ahora.

Moscú se la puso más fácil a Joe Biden, Putin se empeñó en convertirse en el canalla del mundo y Estados Unidos y la Unión Europea, sin arriesgar a un solo hombre, dejan que se desgaste en una guerra que ganando o perdiendo igualmente perderá, mientras desde Washington, Londres, Berlín, Paris, etc., empiezan a salivar las bocas de una colosal industria militar que no sólo rearmará a esos países, sino que provocará una danza de billones nunca vista. Las ventajas no son sólo para Dassault, Boeing, Lockheed, Colt, etc., los trabajadores y técnicos de armas también comen hamburguesas, ordenan pizzas, van a los supermercados, compran y gastan ropa, zapatos y vehículos. La cuestión no es la inflación y el aumento del petróleo, camaradas, sino que más hombres y mujeres en Estados Unidos y Europa –y por rebote en Japón, Vietnam, Australia y la propia China tengan mas sueldos y salarios para comprar más cosas.

Por más que Elin Musk y varios grandes fabricantes de vehículos avancen con los motores eléctricos -Toyota trabaja con hidrógeno- por muchos años el petróleo seguirá siendo el gran energizador del mundo, y eso interesa a los árabes pero también a Canadá, Colombia, Estados Unidos y la devastada PDVSA, que tardará años en recuperarse pero hay tiempo y dinero en el mundo para esa recuperación, Y, así, paso a paso y mientras la oposición venezolana decide si va o no a cambiar sus liderazgos desgastados –Acción Democrática y Copei ya avanzan en eso-, el PSUV también se adapta y puede aprender la fuerza política en democracia, como una vez lo fue –y podría volver a serlo- Acción Democrática. No defendemos la corrupción, pero ¿cuántas fortunas venezolanas pueden pasar un esmerado examen de plena honestidad? Los ricos si son simpáticos, y sus vecinos también se adaptan, y un PSUV que entienda la ventaja de unos años refrescándose y revigorizándose en la oposición, pueden liderar un cambio importante en el país.

Solo estoy especulando, no pronosticando. Pero esa visita sorpresiva y esa reunión no bien explicada, hacen pensar.

Crónicas burguesas

amaldonadodubuc@gmail.com

 3 min


Jerónimo Alayón Gómez

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo

porque aún no les enseñaron

que ya es demasiado tarde.

Alejandra Pizarnik

No soy experto en conflictos bélicos ni en geopolítica ni en historia de Europa, pero si sé que las guerras nos alejan de todo lo bueno que podía habitar al ser humano, pues en ellas hasta la compasión y el amor tienen la acidia de lo que está a punto de fermentarse. No necesito saber de motivaciones oscuras o preclaras ni de intrincados argumentos históricos ni de rizomas ideológicos para entender que cuando se bombardean poblaciones civiles queda claro quién es el criminal.

En esto soy irreductible. No acepto argumentos que puedan justificar el crimen de atacar ciudadanos que no están en combate armado. La guerra es asunto de militares. Sobran los civiles… hasta que se visten un uniforme. Entonces dejan de serlo. Decir que una nación «se las buscó» por desafiar la prepotencia militar de otra me hace recordar el nefasto y peregrino argumento aquel de que una chica «se buscó» que la violaran por vestir minifalda. No hay razón que pueda validar ni una cosa ni la otra. Ambas son aborrecibles porque significan el imperio de la violencia del más poderoso sobre el más débil.

He seguido con atención el conflicto entre Ucrania y Rusia hace años. Y no pierdo de vista la influencia de esta en y desde el BRICS, tan ignorado en los análisis de por estos días, pues allí se dibuja la auténtica II Guerra Fría. Durante la última semana he mirado estupefacto lo que ocurre en esa oriental frontera eslava. Las imágenes son terribles, de lado y lado, si bien es el pueblo ucraniano el que está siendo realmente devastado. Hay, no obstante, otra confrontación que me aterroriza y avergüenza en mi condición humana: la que se libra en las redes sociales.

Casi no puedo dar crédito a la andanada de chistes de mal gusto que se hacen en torno a la tragedia civil que vive Ucrania, unos por odio político contra el Gobierno ucraniano y otros por mera estupidez humana, de la que decía Renan que era «la única cosa que nos da una idea del infinito». Decir, por ejemplo, que el bombardeo a la Escuela de Sociología de la Universidad de Kharkiv está bien porque «esos valen menos que los científicos y cuestan caros al Estado» es un acto de suprema sandez o de reptil vileza. Y de eso andan cundidas las redes sociales.

Otro tanto sucede con los que pretenden banalizar la masacre de civiles en Ucrania resaltando los ataques de Estados Unidos a Irak, Siria o Libia, o los de Israel a Palestina. Siempre dudaré de esos «intelectuales» que gritan si alguien de su cotillón ideológico es tocado, pero guardan silencio cuando es arrasado el adversario. Las injusticias no lo son porque recaigan sobre los conmilitones, señores, lo son por convertir en víctimas a los inocentes, sean de izquierda o derecha. Y sea quien sea el agresor, el deber de un intelectual es alzar la voz por los que no la tienen, por los débiles. Los poderosos se cuidan solos.

Quienes venimos de familias desoladas por la guerra, el hambre y el duelo sabemos de memoria dónde queda la tristeza. Su domicilio es fijo y nunca nos abandona. En ocasiones nos sobreviene en sueños el sonido lejano de una ráfaga y el llanto de los recién nacidos, la sopa de pan y el miedo palpitando del lado izquierdo del pecho. A veces decimos una palabra que nos recuerda que alguna vez nuestros abuelos supieron a qué olía la sangre derramada de los seres amados. Los que provenimos de ese tiempo perdido aborrecemos con todos los músculos del alma la guerra y la violencia, sea del tipo que fuere. Somos los hijos de una narrativa del dolor, y nada cambiará eso. ¿Me explico?

Hace unos días alguien me dijo, viendo una foto mía, que mi mirada se perdía en el horizonte buscando versos luminosos. Sí, a veces… Pero en ocasiones me sobreviene el horror del que también soy descendiente: el relato de mi bisabuela enloquecida después de ver a su marido fusilado, el de las fosas comunes donde se perdió mi genealogía o el de mi padre torturado por sus carceleros. También soy ese dolor. No solo la luz que se lee en mis poemas… O quizás porque me habita esa tristeza es posible también el fulgor y la rebeldía… y la soledad… y el anhelo de la belleza absoluta.

Cada vez que una bomba estalla sobre la infancia de los inocentes, se mancha de sangre el flujo de humanidad de un apellido y se merma, irreparablemente, la condición humana. He pensado mucho antes de escribir estas líneas, pero me hicieron reaccionar las palabras de una bella joven ucraniana que lloraba por sus muertos: «Hay silencios que matan igual que las balas». Yo, que he teorizado acerca del silencio y el callar, ¿acaso podía callarme como si no supiera qué decir? ¡No! Así como ni una sola gota de amor se pierde, tampoco ni una sola de dolor, y yo me siento en deuda con el de aquellos más frágiles.

Como Alejandra Pizarnik, quisiera que mis brazos sigan ignorantes de que ya es tarde para seguir abrazando el mundo, quiero no dar crédito a lo que un día publiqué: «Cuando vengan los pájaros de la tarde / diles que no me nombren / diles que me caí de mí mismo / muy lejos del mundo» (Evanescencia, p. 46, 2015). Deseo creer que no estamos tan lejos de todo y que aún es tiempo de renunciar a la violencia en cuanto que moderador cívico: para mí no hay diferencia entre la Glock que porta en su mayoría la policía de Estados Unidos o los AK-12 que llevan los efectivos del Ejército ruso. Ambas armas hacen lo mismo: imponen un orden social tanático, y en tanto sea así, estaremos tan lejos de la vida.

@Jeronimo_Alayon

7 de marzo 2022

ViceVersa

https://www.viceversa-mag.com/tan-lejos-de-todo/

 4 min