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Opinión

Humberto García Larralde

Vladimir Putin ha exhibido el arma más terrible en su criminal invasión de Ucrania: su ausencia absoluta de escrúpulos para emprender acciones que considera necesarias para alcanzar sus fines. Al violentar la soberanía e independencia del país vecino, vulnerando normas internacionales asumidas por la propia Rusia, amenazó de inmediato a la OTAN y a Estados Unidos con "consecuencias más grandes de lo que ninguno de ustedes ha visto jamás en la historia" si intervenían a favor de Ucrania. Tal amenaza la volvió a asomar abiertamente días después, al poner en alerta de combate a sus fuerzas estratégicas, es decir, nucleares. Y lo reiteró como respuesta ante cualquier posibilidad de que la OTAN accediera a la petición del presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, de imponer una zona de exclusión en el espacio aéreo de su país, para contener el incesante bombardeo de aviones rusos a su población. Hay que señalar que Putin no sacó su amenaza nuclear de la nada. Fue probando, en pasos sucesivos, hasta dónde las potencias mundiales le permitirían llegar en sus delirios imperiales a expensas de otros pueblos. El desmembramiento militar de Georgia para crear los protectorados de Abjasia y Osetia del Sur no provocó reacción alguna de occidente, como tampoco el aplastamiento brutal de la rebelión en Chechenia. La ocupación de la península de Crimea en 2014, territorio ucraniano, apenas suscitó una débil protesta. Y su apoyo a Bashar Al Assad, para disuadir a Obama de cumplir con su amenaza de intervenir si el carnicero de Siria utilizaba armas químicas contra sus adversarios, fue consentida. Por último, llegó la gran prueba, la de invadir a Ucrania para deshacerse de un gobierno incómodo a su despótica megalomanía, por ser ejemplo de democracia en un país eslavo con demasiadas semejanzas al ruso. Y, como lamentablemente se ha evidenciado en los últimos días, al encontrar una resistencia mayor a la esperada por parte de los valientes defensores de Ucrania, no ha vacilado en arremeter con bombardeos a zonas residenciales, a pesar de haberse comprometido públicamente a respetar a la población civil. Como sea, busca pulverizar la elevada moral de combate de los ucranianos. Lo que ha extasiado a Donald Trump como una genial operación de brinkmanship de Putin –el “arte” de poner al contrario al borde del precipicio para que no tenga otra opción que aceptar las demandas que se le imponen—es, en realidad, el chantaje de un sicópata quien, aterradoramente, tiene a su disposición el arsenal nuclear más grande del globo, junto al de EE.UU. ¿Quién puede garantizar que, ante acciones más contundentes en apoyo a Zelenski, Putin –mejor, Putler-- no apele a estas armas estratégicas? ¿Hay razones para confiar que este personaje, o aquellos de su círculo íntimo de poder, tengan los valores morales, políticos o humanitarios capaces de frenarlo antes de acometer lo impensable? Precisamente, por haberse revelado como sicópata, su chantaje surte efecto. Demasiado riesgoso para que los gobernantes responsables de occidente accedan a poner a prueba si se trata sólo de un bluff. Pero, precisamente por la eficacia de su chantaje, no hay seguridad alguna de que las ansias imperiales de Putler se satisfagan si, en el peor de los casos, termina aplastando la resistencia ucraniana. EE.UU. y la UE confían en que las sanciones económicas y financieras de por sí sean lo suficientemente contundentes como para ponerlo de rodillas, invalidando su acción miliar, incluyendo la opción nuclear. La clave decisiva aquí es la capacidad de resistencia del ejército y del pueblo ucraniano, uno de cuyos determinantes es, claro está, la efectividad del apoyo de occidente en el suministro de armas y servicios. Y esto necesariamente debe aumentar, si se quiere evitar que Putler se salga con las suyas. La laxitud exhibida en el trato de algunos de sus oligarcas amigos, sobre todo en el Reino Unido, y la dependencia europea del gas ruso tampoco ayudan. Los analistas recogen evidencias de creciente frustración del déspota ruso ante la no concreción en el tiempo de sus planes. Aumentan los temores respecto a su inestabilidad emocional u mental. Por otro lado, la represión emprendida en Rusia contra toda protesta por la guerra y el control draconiano de los medios de comunicación ahí se orientan a evitar que, internamente, surjan las fuerzas que lo conminen a parar su aventura criminal. Pudiera llevarlo a creer que puede ejecutar lo impensable para imponer su voluntad. De ahí las voces a favor de una estrategia que ofrezca un “puente dorado” para el repliegue e “decoroso” de Putler, sin que pierda “cara”. Pero esto implicaría, cruelmente, alguna concesión por parte de Ucrania, como la cesión de los territorios del Donbás, el reconocimiento de que Crimea es rusa o el compromiso de no entrar a la OTAN. Dudo que las heroicas fuerzas de resistencia ucraniana, que han entregado tanta sangre para evitar un desenlace de esta naturaleza, accedan. La invasión de Ucrania es la prueba suprema que ha puesto Putin sobre la mesa para saber lo que estarían dispuesto a tragarse las potencias occidentales para evitar una hecatombe nuclear. De ceder, ¿quién lo parará después? ¿Cómo garantizar la seguridad futura de los países bálticos, Finlandia, Suecia, Polonia y, en fin, del resto de Europa, si prevalece en Ucrania su voluntad? Como han afirmado tantos, lo que está en juego no es sólo la suerte de un país que, para algunos, pudiera ser “prescindible” en aras de evitar la guerra nuclear. Lo que peligra es el orden democrático liberal como paradigma del mundo actual y las posibilidades de contar con unas reglas de juego consensuadas, con base en las cuales los pueblos puedan aspirar a vivir en libertad y forjar las condiciones para su propio bienestar. Desde esta columna sería absolutamente irresponsable pretender sopesar los pro’s y los contra´s de acciones militares de la OTAN contra Putler, como sería la de asegurar una zona de exclusión aérea en Ucrania que pudieran obligarlo a parar su ofensiva criminal. La incertidumbre de la existencia de un loco en el Kremlin dispuesto a apretar el botón nuclear aterra. Pero con todo y el abrumador peso moral que enfrenta occidente ante esta decisión, las opciones a considerar son esas. Porque el dilema verdadero no parece ser si debe tomar o no una decisión que frene definitivamente a Putin, sino cuándo. El aprendizaje de Múnich, 1938, sugiere que mañana quizás sea demasiado tarde. El humor de Maduro A despecho del escenario tan dantesco como el referido arriba, Nicolás Maduro nos sorprendió el sábado cinco de marzo con una humorada. En su alocución pidió a la justicia aplicar el “máximo castigo” a aquellos funcionarios públicos del país que estén involucrados en el “fenómeno de la narcopolítica”, para concluir –miren qué ocurrente-- que es la “primera vez” que en el país se ve tal fenómeno (¡!). Vamos, Nicolás, tus sobrinos presos por narcotráfico en EE.UU., con acceso a la rampa presidencial de Maiquetía para sus andanzas, el “pana” Makled, que llegó a tener en su abultada nómina a muchos jerarcas chavistas, y los militares integrantes del tristemente notorio Cartel del Sol, amparados desde el poder durante años, te obligan a no ser tan torpe en tus sarcasmos. Porque los sarcasmos más hilarantes son los inteligentes, los que explotan la sutileza, ¡no esa burda chanza que anunciaste el sábado! Economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela humgarl@gmail.com

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José Machillanda

La guerra termina cuando cumple su finalidad, siendo el Estado el gran y único actor que decide acabar con el enemigo e imponer, a cualquier precio, la paz. La guerra es un momento de valoración, examen y visión del liderazgo político y su responsabilidad única, crítica y prospectiva como clase política dirigente de dirigir la guerra. La guerra se convierte en el examen máximo y extremo de la clase política, habida cuenta la administración y conducción de ese evento supremo. La guerra es violencia real y máxima, se expresa con el combate, combate que obedece y apunta a la reconstrucción total.

La guerra como prueba máxima de la clase dirigente del Estado requiere -en extremo- un componente armado comandado por una masa profesional específica, consecuencia de un proceso de selección, entrenamiento y formación operacional, además de ética máxima, dada su responsabilidad como combatiente en la acción militar o batalla. La guerra tiene una definición trinitaria, que relaciona en extremo la política, el Estado y su misión: acabar con el enemigo. La guerra puesta frente al peligro, la lucha se convierte en un juego y la resolución, exige valentía por todas las consideraciones previas. Quizás la guerra en Venezuela en el siglo XXI como realidad creciente e increíble, nos recuerda un héroe venezolano: Neomar Lander cuando lleno de coraje fue capaz de citar lo siguiente: la lucha de pocos, vale por el futuro de muchos.

La guerra como opuesta al peligro exige valentía y, por ello el ciudadano venezolano, sobre todo durante los últimos 20 años ha participado en medio de un peligro instrumentado por un régimen militarista socialista que distante de ser un gobierno propio de una democracia “ha generado peligro al interior de la sociedad, y nunca ha asumido su responsabilidad de la seguridad”. La guerra en Venezuela, muestra grupos cercanos al régimen accionando haciendo las veces de enemigo, trastocando la política como voluntad inteligente que se atreve a activar la violencia sometida a la voluntad inteligente y sobre todo a la Constitución y a la moral ciudadana.

La guerra en Venezuela como momento de valoración, pareciera un momento de búsqueda para promover impulsos que conduzcan a un cambio, pero ese cambio a nueva sociedad tiene dificultades en la ejecutoria de los poderes de la sociedad venezolana. Por lo tanto, lo que se verifica en la Venezuela república es la “búsqueda de un posible equilibrio”, entre una mayoría amante de la libertad y grupos operando según la verticalidad, con lo cual la búsqueda del cambio tiene serias dificultades sobre los miembros de la sociedad toda, y se amplía la posibilidad del desequilibrio.

Desequilibrio en la aplicación del poder, lo cual invita a la reconstrucción de las estructuras y, con ello, un esfuerzo colectivo que pueda generar una más favorable realidad que impulse y robustezca la paz. La paz y el crecimiento del orden, la ley y un único esfuerzo colectivo. Esfuerzo colectivo para corregir o limitar la inseguridad que multiplican sectores político sociales esperanzados para dinamizar, mediar y mostrar como la reconstrucción inteligente, política se convierte en un producto concreto de reafirmación del esfuerzo colectivo frente a la paz y en contra de la guerra. Ese es un momento político de valoración y búsqueda.

La guerra en Venezuela dio origen al actual Estado-nación en este siglo de grandes realizaciones, descubrimientos y evolución en el cuerpo social, la guerra estimula la consecución de la seguridad, seguridad de los débiles, lo cual crea una necesaria idea y maniobras para la defensa, para la defensa de los débiles, no como una guerra auténtica, pero si para encausar el progreso, mejorar la conciencia de la seguridad y el fortalecimiento de la druida. Léase una acción y pretensión liberadora.

Así… la guerra y su presencia en la política y frente a ella la paz serán instrumentos de la democracia, y se convertirán en un gran valor espiritual que en el inicio corresponde a la responsabilidad del estamento militar que estructuralmente tiene que aplicar los principios de la polemología y la estrategia. La guerra en el siglo XXI tiende a ser vista como una acción para el desarrollo y la libertad, estrictamente custodiada por la política. En especial por un ciudadano político democrático, que cree en la política, por un ciudadano demócrata inteligente que practica sobre todo la responsabilidad de un liderazgo sabio, que comprenda que la guerra como acción divina deviene rigurosamente y se ajusta a las leyes que muestran inmediatamente el hecho extraordinario de la paz.

Es original,

Director de CSB-CEPPRO

@JMachillandaP

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Eddie A. Ramírez S.

Con sobradas razones, Putin es señalado por los demócratas del mundo como un ser despreciable, culpable de la muerte de civiles, entre ellos niños, por su locura de invadir un país más débil en su ambición de querer revivir la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Además, lo señalan del asesinato de opositores y de impedir el ejercicio de la democracia en Rusia. Por si fuera poco, el tipo es antipático y no sonríe ni a su mamá. Quizá es un trauma de cuando lo llevaron al circo de Moscú y se asustó con los payasos. Probablemente sufre de coulrofobia. Como dijo Madeleine Albright, es tan frio que parece un reptil. En la historia de la humanidad han abundado los Putin. Unos peores y otros no tan malos. No son los únicos culpables.

¿Nacen por generación espontánea o los empollamos?: La generación espontánea no existe y ningún ser humano nace malo. Factores del entorno lo pervierten. A veces por actos injustos. Sin embargo, la mayoría de las veces es por no corregir a tiempo, por tolerar arbitrariedades. Es decir, los Putin, los Maduro, los Ortega, los Lukachenko y demás especímenes que atropellan a los ciudadanos y a la democracia, logran sus fechorías porque muchos lo permiten. Les dan calor, como las gallinas a los huevos, solo que no nacen pollitos sino dictadores.

¿Quiénes son también culpables? Los citados son culpables y deben pagar por sus crímenes. Sin embargo, hay otros que pocas veces son imputados, ni sufren las consecuencias. En el caso de Rusia, Serguei Shoigu, Vyacheslav Volodin y Serguei Lavrov, ministro de Defensa, presidente de la Duma y ministro de Relaciones Exteriores, respectivamente, y otros, son culpables por no frenar a Putin. Crían cuervos que generalmente solo les sacan los ojos a terceros que no tienen arte, ni parte. Los pueblos son los paganinis de las cabronerías de una minoría. Legisladores, jueces, fiscales y militares que no tienen principios y valores son los responsables de que en el mundo haya dictadores. Unos asesinan y atropellan a sus propios ciudadanos. Otros, como Putin, lo hacen con el valiente pueblo ucraniano.

En el caso Venezuela: Maduro no tendría ese poder sobre vidas y haciendas si no hubiesen los Jorge Rodríguez, Diosdado Cabello, Hermann Escarrá, Cilia Flores, Antonio Benavides Torres, Didalco Bolívar y muchos otros diputados de una Asamblea Nacional usurpadora. Tampoco, si no hubiese un Fiscal General como Tarek William; unos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia como Calixto Ortega, Mikel Moreno, Carmen Zuleta de Merchán, Juan José Mendoza y Luisa Estela Morales, entre otros; unos rectores del Consejo Nacional Electoral como Pedro Calzadilla, Tania D’Amelio y la ya retirada Tibisay Lucena, y unos militares como Padrino López, Remigio Ceballos, Fabio Zavarce, Hernández Dala y medio centenar de generales. Así mismo, tienen responsabilidad ministros del gabinete ejecutivo, presidentes de empresas del Estado, como Asdrúbal Chávez, empresarios que lo apoyan a cambio de contratos mal habidos y periodistas intelectualmente deshonestos. También despreciables rastacueros que los adulan.

Muchos salvan la honra: Afortunadamente, hay centenares de políticos que no se han doblegado a pesar de las persecuciones del régimen. Podemos estar o no de acuerdo con algunas de sus posiciones, pero hay que reconocer que siguen luchando a pesar de los riesgos que corren. Son muchos, por lo que solo citaremos al presidente encargado Juan Guaidó; magistrados del TSJ, diputados de la Asamblea Nacional y funcionarios del gobierno interino que tuvieron que exiliarse y a quienes les han confiscado sus bienes; los dos rectores no chavistas del CNE, que deben aguantar los ataques del régimen y también recibir andanadas de fuego amigo; hay 130 militares y 107 civiles presos, entre ellos trece damas, 9.420 ciudadanos tienen medidas cautelares y hay 875 civiles sometidos a tribunales militares, según el Foro Penal Venezolano; además, casi seis millones que han tenido que buscar refugio en otros países. Mientras algunos solo critican, muchos siguen enfrentando al régimen.

Responsabilidad de Organismos internacionales: Aplaudimos la reacción enérgica de la mayoría de los países de la ONU, de la OEA y del Parlamento Europeo. Sin embargo, el mundo requiere de acciones más efectivas para evitar un Putin y otros dictadores. El concepto de soberanía absoluta ya no debería tener cabida. Es tiempo de que se apliquen los tratados internacionales.

Acciones a emprender: No abogamos por intervenciones militares de una fuerza internacional, la cual solo se justifica en contados casos. El aislamiento diplomático y severas sanciones económicas deberían ser suficientes. No es posible aceptar que representantes de dictaduras sean miembros de comisiones de derechos humanos. La ONU debe eliminar el veto que tienen cinco países en el Consejo de Seguridad. La Corte Penal Internacional debe agilizar sus procedimientos. Por otra parte, es inadmisible que se despilfarren tantos billones en armas, en lugar de atender la situación de 769 millones de personas con hambre y 84 millones que han sido desplazados de sus países de origen.

Si no se tiene la voluntad para hacer cambios y aislar a los gobiernos dictatoriales, seguirán proliferando los Putin y Kim Jong-un, que ponen en peligro a la humanidad, así como los Lukashenko, Ortega y Maduro que atropellan a sus ciudadanos. China es otro caso de cuidado. Los países democráticos propiciaron su crecimiento sin medir las consecuencias. Además, hay que tener cuidado con Trump, que por su ego está minando la democracia estadounidense.

Como (había) en botica:

Hoy es el Día Internacional de la Mujer. Mi reconocimiento a la valiente mujer venezolana, en especial a las trece damas presas políticas del régimen y a las Mujeres del Petróleo, que siguen presentes y comprometidas en la lucha por la democracia.

Orlando Viera Blanco, embajador del gobierno interino en Canadá, instó al director del Saime a encontrar una fórmula para que los residentes en Canadá reciban su pasaporte,

¡ No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com

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​José E. Rodríguez Rojas

La sociedad rusa está sustentada históricamente en liderazgos autoritarios y cruentos que han dejado tras de sí millones de cadáveres. Putin es parte de esta tradición. En su intento de restaurar la Unión Soviética ha recurrido a una incursión punitiva en Ucrania que es parte también de una tradición soviética.

La unión Soviética nace como consecuencia de la llamada Revolución de Octubre impulsada por los bolcheviques en 1917. Una vez en el gobierno los bolcheviques, bajo el liderazgo de Lenin, instauraron un régimen dictatorial. Como se plantea en la novela “El hombre que amaba a los perros”, que describe en forma fabulada el asesinato de León Trotsky, los revolucionarios tenían la opción de instaurar una democracia parlamentaria pero desecharon la idea.

Rápidamente el gobierno revolucionario evolucionó hacia un régimen de terror impulsado por Stalin, un pistolero georgiano, quien asumió el poder una vez fallecido Lenin. Stalin comenzó una labor de zapa a fin de suprimir toda oposición o resistencia a su liderazgo. Una vez eliminado buena parte del Comité Central del Partido la única piedra en el zapato que impedía su hegemonía era Trotsky, fundador del ejército rojo. Trotsky, aconsejado por sus allegados, puso pies en polvorosa para huir de la ira del georgiano. Este, sin embargo, ayudado por los Partidos Comunistas (PCs) distribuidos alrededor del globo y la policía secreta rusa llevo a cabo una cacería implacable. Al final dio con su víctima en México. En el país azteca un agente secreto de la policía rusa, de origen catalán, con la ayuda de artistas vinculados al PC local, terminaron con la vida del revolucionario ruso. Los detalles de la persecución y asesinato del fundador del ejército rojo son narrados por Leonardo Padura en un formato de historia novelada, donde expresa las probables angustias del líder ruso al haber contribuido a gestar un proceso que convirtió su vida y la de su familia en una pesadilla (Padura. L. 2009)

La instauración de un régimen dictatorial por Stalin y la política de terror que le siguió, no son extraños en la historia de la sociedad rusa. Por el contrario en este país hay una larga tradición de liderazgos autoritarios y cruentos. Según Richard Pipes historiador de la Universidad de Harvard “los rusos no soportan la debilidad. Les gustan los líderes fuertes. Hay una razón histórica por detrás de esto. El Estado ruso no ha sido nunca suficientemente coherente, y la única manera de darle coherencia es mediante la intervención de un líder potente. Todos los héroes de la historia rusa son personalidades fuertes: Iván el terrible, Pedro El Grande, Alejandro III, Stalin…”(El Pais.2017) . La historia de Rusia es la historia de los liderazgos autoritarios que han moldeado la sociedad a sangre y fuego dejando tras de sí millones de cadáveres.

Como lo señala el historiador de Harvard, Vladimir Putin es parte de esta tradición del hombre fuerte. En condición de tal instauró un régimen totalitario y personalista, mediante el cual busca restaurar el régimen soviético que naufragó en 1991. A tal fin ha iniciado una ofensiva contra los países que formaron parte de la Unión soviética a fin de anexarlos de nuevo a su órbita de influencia. Las intervenciones punitivas fueron también una tradición en la relación de la Unión Soviética con las naciones que formaron parte de su órbita de influencia y que a juicio de los mandatarios rusos se convirtieron en ovejas descarriadas. Un caso paradigmático fue el de la invasión a Checoslovaquia que Teodoro Petkoff describió muy bien en su libro sobre el tema (Petkoff. T. 1990). La ocupación de Ucrania es parte de esta tradición.

Profesor UCV

Referencias

El País. 2017. Richard Pipes “No hubo nada positivo ni grandioso en la Revolución Rusa”. 27 de enero.

Padura, Leonardo. 2009. El Hombre que amaba los perros. Tusquets Editores S.A. 576 p.

Petkoff, Teodoro. 1990. Checoeslovaquia: el socialismo como problema. Monte Avila Editores. 207 p.

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Eduardo Fernández

Los dos últimos artículos los he dedicado al cambio político institucional y al cambio económico. Hoy debo abordar al cambio social.

Razones evidentes me obligan a referirme antes a la terrible situación que está enfrentando la humanidad con la crisis que se presenta por la invasión de Rusia a Ucrania. Allí se están confrontando dos imperios que disponen de armas atómicas. Armas que tienen el potencial suficiente para acabar con la especie humana.

Hago mías las palabras de Su Santidad el Papa Francisco que nos pide a todos orar por la paz. Rechazamos la guerra. Ningún motivo puede justificar la apelación a las armas. Nada justifica la guerra. Mucho menos, entre potencias que disponen de armas nucleares que pueden acabar con todo vestigio de vida humana sobre el planeta.

Apostamos por el diálogo, por la diplomacia y por la solución pacífica de los conflictos. Ojalá los líderes de las potencias en conflicto escuchen la voz y los consejos del Papa Francisco.

En cuanto a nosotros, el tema del cambio social tiene que ver con el incremento alarmante de la pobreza y de la pobreza extrema en nuestro país. Nunca habíamos tenido tantas familias venezolanas viviendo con ingresos inferiores al nivel de pobreza. Nunca los pobres habían sido tan pobres. Víctimas de la pobreza, de la desesperanza, millones de compatriotas han abandonado al país en busca de mejores horizontes.

Resolver el problema de la pobreza, de la marginalidad, de la miseria, es una prioridad nacional. Prioridad impuesta por razones éticas y morales, en primer lugar. No es justo que tanta gente esté sufriendo los rigores de la pobreza y las consecuencias de las políticas equivocadas, en un país dotado de tantos recursos y de tantas posibilidades.

Además de las exigencias de la justicia social, resolver el problema de la pobreza y de la desigualdad responde a una racionalidad económica y a una racionalidad política. La recuperación económica de Venezuela supone la existencia de un vigoroso mercado consumidor.

Convertir a los pobres en consumidores es una exigencia de la economía nacional. Desde el punto de vista político, no puede haber una democracia sólida en un país con una minoría opulenta y una mayoría depauperada.

El cambio social que proponemos combina dos elementos: Inversiones que generen empleo y educación que capacite a los jóvenes venezolanos para asumir los nuevos empleos que se van a generar con la presencia de las nuevas y cuantiosas inversiones que requerimos. Empleos modernos, productivos, estables y bien remunerados.

Los pobres saldrán de la pobreza con la dignidad que supone un trabajo bien remunerado.

Seguiremos conversando.

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David Morán Bohórquez

1. Se ha creado una alharaca con la visita de unos funcionarios gringos al régimen de Maduro. Ya están en Ccs. La visita la propagandearon Anatoly Kurmanaev del NYT y Trish Regan, ex ancla de Fox News y ahora maneja su empresa TARM holdings. Voy con mi razonamiento

2. Propagaron la idea, esos periodistas, que la visita busca acercar al gobierno de Biden al régimen de Maduro, de manera de aumentar el aislamiento mundial del régimen de Putler. Kurmanaev resalta que los visitantes son de “alto nivel” y Regan dice que es una “smart move”.

3. De ahí muchos locales han especulado que levantarán las sanciones a Pdvsa porque EEUU necesita el petróleo de Venezuela. Y levantadas las sanciones, Maduro, como Rico McPato, nadará en petrodólares.

4. ¿Qué es lo que está detrás de la visita de “alto nivel” de los estadounidenses? Una empresa: Chevron. Y específicamente una persona, su presidente en Venezuela, el peruano Javier La Rosa, quien sostiene que Chevron puede producir 800 kbpd si le levantan las sanciones a Pdvsa.

5. Con eso recuperarían la deudota de Pdvsa con Chevron, manejarían ellos la venta de los barriles y no Pdvsa y en redondo, Pdvsa sería de nuevo una empresa azul, es decir, transparente. ¿Es ello posible? NO. La Rosa brega por su negocio, no por el país. Ver Javier La Rosa es el gerente clave para intentar que Chevron permanezca en Venezuela.

6. Maduro marcó el aislamiento de Vzla con Occidente con su apoyo a Putler. Sólo 5 países lo hicieron. Como un loco no midió las consecuencias de esa histórica decisión. Antier, EEUU ratificó que considera a nuestro país como amenaza. Pero veamos el asunto energético.

7. ¿Cómo es Pdvsa hoy? Un productor marginal por esfuerzo propio ~ 200 kbpd y ~ 350-400 kbpd con las empresas mixtas. Pero Pdvsa toma y comercializa todos los barriles producidos y no paga a las socias. ¿A dónde van esos barriles? A China y Cuba.

8. ¿Hay otro socio? Si. Irán, que envía aproximadamente 30 kbpd de condensados, que permiten producir un 200 kbpd de crudo Merey para exportación, que a su vez se usa para el repago a Irán de los condensados. Irán coloca por su cuenta el Merey en los mercados de Asia.

9. Si no llegan los condensados de Irán, la producción local y las exportaciones caen porque Pdvsa destruyó la produccion de livianos y medianos en el país, y por lo tanto la capacidad de alimentar las refinerías y también la producción del Merey en los mejoradores.

10. El gobierno de Biden ha sido enemigo de las petroleras estadounidenses. Y éstas redujeron sus inversiones porque el mundo no necesitaba más petróleo sino energía verde. Pero entonces dos crisis le estallaron a Biden en la cara: la inflación y Putler.

11. Biden ha emitido más dinero inorgánico que nadie en la historia de EEUU. Y era lógico, que el petróleo que se transa en dólares, subiera de precio. Pero Biden busca culpar al suministro petrolero mundial de la inflación estadounidense. Y esa lógica es la que aprovecha Chevron para recuperar su deuda y continuar operaciones en Vzla. Business is Business.

12. ¿Hay hoy en el mundo problemas de suministro de crudo? NO. El ruso fluye no sujeto a sanciones. ¿Y el precio? Sube por la emisión inorgánica de dólares y por la incertidumbre. Es lógico. Pero los fundamentos del mercado están ahí. Ayer la Opep+ acordó bombear 400 kbpd adicionales desde marzo. Que es casi la producción total de Venezuela.

13. ¿Dónde está la crisis? En el gas. Europa tiene una notable dependencia del gas ruso y especialmente Alemania. ¿Tienen alternativas al gas ruso? Si, pero más caras, como el carbón y la importación de electricidad. Alemania pagará un alto costo energético, pero no por culpa de Vzla o Arabia Saudita. lo pagará porque decidieron depender del gas ruso. Y de esa dependencia no se sale en el corto plazo.

14. En mi razonamiento concluyo que la visita de “alto nivel” a Venezuela no tiene nada que ver con la energía propiamente. El petróleo de Venezuela no juega en Occidente, ese petróleo es de China, y en gas no tiene nada que decir. Es Biden aprovechando el lobby de Cheveron para decirle a los estadounidenses que el precio de la gasolina es culpa de los países petroleros que no quieren producir más. Y por supuesto, Chevron quiere pescar en ese río.

15. ¿A dónde nos lleva esa visita? ¿Romperá Maduro con la Rusia de Putler, que es donde maneja sus finanzas? Ustedes conocen la naturaleza del alacrán y por lo tanto el resultado.

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Ricardo Hausmann

Mientras escribo, el ejército de Rusia ha entrado en la capital de Ucrania, Kiev. Ahora está claro que la amenaza de sanciones no disuadió al presidente ruso, Vladimir Putin, de lanzar su invasión. Pero cumplir con la amenaza aún puede desempeñar otros dos roles: las sanciones pueden limitar la capacidad de Rusia para proyectar poder al debilitar su economía, y pueden crear un precedente que podría influir en el comportamiento futuro de Putin frente a otros países como Georgia, Moldavia. , y los estados bálticos.

Una de las razones por las que la amenaza de sanciones podría no haber impedido la guerra es que Rusia no las consideró creíbles. Si imponer una sanción es costoso, la voluntad política para hacerlo puede ser débil o evaporarse con el tiempo. Por ejemplo, los consumidores occidentales ya están molestos por los altos costos de la energía. Un embargo sobre el petróleo ruso reducirá el suministro mundial de energía y hará que los precios suban aún más, lo que podría desencadenar una reacción violenta contra la política.

Esa puede ser la razón por la que los países occidentales no la han impuesto, sino que han optado por sanciones financieras que, hasta ahora, han sido decepcionantes. Después de todo, posiblemente la sanción más importante hasta la fecha, la suspensión del gasoducto Nord Stream 2 que habría entregado gas natural ruso directamente a Alemania, ejercerá presión sobre el mercado de gas natural de Europa, que ya es ajustado.

Las sanciones son más efectivas y creíbles si imponen grandes costos al objetivo previsto pero implican pequeños costos o incluso beneficios para quienes las imponen. Encontrar tales sanciones es más fácil decirlo que hacerlo, como muestra el proyecto Nord Stream 2. Entonces, ¿qué instrumentos tiene Occidente en su arsenal?

Uno que ha recibido sorprendentemente poca atención son los impuestos punitivos sobre el petróleo y el gas rusos. A primera vista, imponer un impuesto a un bien debe aumentar su precio, encareciendo aún más la energía para los consumidores occidentales. ¿Derecha? ¡Incorrecto!

Se trata de algo llamado análisis de incidencia fiscal, que se enseña en los cursos básicos de microeconomía. Un impuesto sobre un bien, como el petróleo ruso, afectará tanto a la oferta como a la demanda, modificando el precio del bien. Cuánto cambia el precio y quién asume el costo del impuesto depende de qué tan sensibles sean al impuesto tanto la oferta como la demanda, o lo que los economistas llaman elasticidad. Cuanto más elástica es la demanda , más soporta el productor el costo del impuesto porque los consumidores tienen más opciones. Cuanto más inelástica es la oferta , más paga el productor –nuevamente– el impuesto, porque tiene menos opciones.

Afortunadamente, esta es precisamente la situación que enfrenta Occidente ahora. La demanda de petróleo ruso es muy elástica, porque a los consumidores realmente no les importa si el petróleo que utilizan proviene de Rusia, del Golfo o de algún otro lugar. No están dispuestos a pagar más por el petróleo ruso si hay disponible otro petróleo con propiedades similares. Por lo tanto, el precio del petróleo ruso después de impuestos está determinado por el precio de mercado de todos los demás petróleos.

Al mismo tiempo, la oferta de petróleo ruso es muy inelástica, lo que significa que grandes cambios en el precio al productor no inducen cambios en la oferta. Aquí, los números son asombrosos. Según los estados financieros del grupo energético ruso Rosneft para 2021, los costos operativos upstream de la empresa son de 2,70 dólares por barril. Asimismo, Rystad Energy , una empresa de inteligencia de negocios, estima el costo variable total de producción del petróleo ruso (excluyendo impuestos y costos de capital) en $5.67 por barril.

Dicho de otra manera, incluso si el precio del petróleo cayera a $ 6 por barril (ahora está por encima de $ 100), a Rosneft le interesaría seguir bombeando: la oferta es realmente inelástica a corto plazo. Obviamente, bajo esas condiciones, no sería rentable invertir en mantener o expandir la capacidad de producción, y la producción de petróleo disminuiría gradualmente, como siempre ocurre debido al agotamiento y la pérdida de presión del yacimiento. Pero esto llevará tiempo y, para entonces, es posible que otros se apoderen de la cuota de mercado de Rusia.

En otras palabras, dada una elasticidad de la demanda muy alta y una elasticidad de la oferta a corto plazo muy baja, un impuesto sobre el petróleo ruso lo pagaría esencialmente Rusia. En lugar de ser costoso para el mundo, imponer tal impuesto en realidad sería rentable. Un impuesto global punitivo sobre el petróleo ruso, a una tasa de, digamos, 90% o $90 por barril, podría extraer y transferir al mundo unos $300 mil millones por año del cofre de guerra de Putin, o alrededor del 20% del PIB de Rusia en 2021. Y sería infinitamente más conveniente que un embargo sobre el petróleo ruso, que enriquecería a otros productores y empobrecería a los consumidores.

Esta lógica también se aplica al Nord Stream 2. Un impuesto equivalente al 90% del precio del gas natural de la Unión Europea , que actualmente ronda los 90 € (101 dólares) por megavatio-hora, mantendría el gas ruso en el mercado pero expropiaría la renta.

Pero, ¿qué tan factible sería un impuesto mundial del 90% sobre el petróleo ruso? En 2019, el 55 % de las exportaciones rusas de combustibles minerales (incluidos el petróleo, el gas natural y el carbón) se destinaron a la UE, mientras que otro 13 % se destinó a Japón, Corea del Sur, Singapur y Turquía. China obtuvo solo el 18%. Si todos estos países, excepto China, acordaran gravar el petróleo ruso al 90%, Rusia intentaría vender todo su petróleo a China. Pero esto pondría a China en una fuerte posición de negociación. En tal escenario, a China le interesaría imponer el impuesto, porque tal instrumento extraería la renta que, de lo contrario, tendría que pagar a Rusia.

En resumen, un impuesto punitivo sobre el petróleo ruso debilitaría significativamente a Rusia y beneficiaría a los países consumidores, haciéndolo más creíble y sostenible que un embargo. La idea merece mucha más atención de la que ha recibido.

Este artículo fue publicado originalmente en Project Syndicate el 26 de febrero de 2022

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